jueves, 28 de junio de 2012

La casa sobre roca


LECTURAS DEL DÍA
             Volvemos a las andadas n el libro de los Reyes, con una de las frases más repetidas en este libro: Hizo lo que el Señor reprueba, igual que su padre.   Otras veces se acaba un relato con la expresión: peor que su padre. En el presente relato el resultado es catastrófico y uno de los referentes más duros para el Pueblo de Dios: Nabucodonosor, rey de Babilonia derrota al rey judío, profana el Templo, roba los tesoros del mismo y del palacio real, y lleva presos a los israelitas a Babilonia en una deportación masiva.  Es un momento clave para aquel Pueblo de Dios, que duró siglos y que marcó situaciones trágicas en su historia.
             El Evangelio es muy serio y se debe afrontar con mucha honestidad por parte del que lo medita.  Sobran las fáciles palabras que parecerían invocar a Jesús, familiarizarse con Jesús. No basta “profetizar” [decir palabras de la Sagrada Escritura], y si siquiera haber echado demonios o haber hecho milagros… La palabra de Jesús a quienes reclaman “sus derechos” por haber hecho todo eso, es: Nunca os he conocido. Porque la familiaridad con Él viene solamente de ponerse a buscar firmemente la voluntad de Dios y cumplirla. Esta aquí muy en directo esa situación tan moderna de los que dicen ser “creyentes no practicantes”, un absurdo que se contradice en sus propios términos. Y como Jesús suele explicarse con expresiones extremas para hacerse entender, llega a decir abiertamente:  si no es haciendo la voluntad del Padre, no os he conocido.
             Y pone delante una breve parábola que haga bien visible lo que enseña:  la vida, como una casa, tiene que estar cimentada sobre algo firme, rocoso, fuerte…, inalterable ni por oleajes, vientos o terremotos. Tiene que ser tal que, aunque sobrevengan, la casa se mantenga en pie. Lo contrario, lo que no tiene cimientos sólidos, es construir sobre arena, que se mueve al pairo del viento.  Y si las olas o el huracán vienen sobre esa casa, se hunde…, se hunde totalmente, dice expresamente Jesús.
             Y aquella manera tan verdadera de decir las cosas, entusiasmó a la gente (estaba admirada de su enseñanza), porque les hablaba con toda verdad y autoridad en sus palabras.  Lo que decía, no eran frases bonitas ni soluciones suaves.  No daba teorías ni conceptos. No filosofaba para alimentar disputas con los fariseos.  Sencillamente decía lo que tenía que decir, y precisamente eso era lo que agradecían aquellas gentes, porque vale más la verdad que el disimulo; vale más la sinceridad de su vida que todo lo demás.  Y su vida avalaba lo que decía

2 comentarios:

  1. José Antonio4:23 p. m.

    Me encanta el final de la reflexión... "... Y su vida avalaba lo que decía". Con humildad, pido al Señor que me ayude a que mi vida, mi hacer cotidiano, "avale" mis palabras, mis creencias... mi fe.

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  2. Comunidad cisterciense5:06 p. m.

    Padre Cantero. Sus reflexiones como toda su predicación y doctrina,son un fermento en la masa o como lluvia suave que empapa la aridez de la tierra.
    ¡Gracias por su ayuda y colaboración!

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