domingo, 21 de enero de 2018

21 enero: Imitar a Jesús

4º día del octavario por la Unión de los cristianos
Liturgia:
                      Estamos en el domingo 3º, del Ciclo B del Tiempo Ordinario, que está siguiendo el evangelio de San Marcos. Hoy, en 1,14-20 tenemos el comienzo de la predicación de Jesús. Han arrestado a Juan Bautista y Jesús anuncia que se ha cumplido el plazo y está cerca el reino de Dios. En consecuencia hay algo esencial para aquel momento de su aparición en la vida pública: Convertíos y creed la Buena noticia. Dos partes de una misma realidad. CONVERTIRSE, que es acabar un período de la vida y comenzar otro nuevo; dejar los ídolos que obstaculizan el paso de Dios al alma, y abrirse al Dios verdadero.
          Y eso tiene un camino: CREER EL EVANGELIO, tomarse el evangelio como norma de vida. Es el modo esencial de la conversión porque es el que abre el alma a la voluntad de Dios, manifestada por Jesucristo a través de su palabra y de su modo de actuar.
          No se trata de “creer EN el evangelio” como el que cree una verdad, el que admite lo que dice el evangelio. CREER EL EVANGELIO es incorporarlo a la vida personal hasta el punto de dirigirse por él, e irlo aplicando a la vida personal.
          Es lo que se plasma expresamente en aquellos pescadores: Simón, Andrés, Santiago y Juan, que dejan las barcas, las redes, a la familia, y se lanzan a ojos ciegas tras la llamada que han recibido de Jesús. Eso es la conversión a la que llama Jesús, en nombre de ese Reino de Dios que comienza con la aparición de Jesucristo, y que –por tanto- está cerca, está al alcance de la mano, si se abre uno plenamente a las llamadas personales que Jesús hace en cada alma. Y el evangelio entero es una llamada del Señor, que nos está imantando hacia él mismo, para que nuestra vida sea imitación de la vida del Maestro.

          Esta lectura ha atraído la 1ª, del libro de Jonás (3,1-5.10) que nos presenta la conversión de Nínive bajo la predicación de Jonás. Dios amenaza a aquella gran ciudad de un exterminio como consecuencia de su mala vida. Jonás trasmite el anuncio, recorriendo la ciudad, y se produce en sus habitantes, empezando por el rey y llegando al último, un movimiento de conversión y penitencia. Se lo toman muy en serio y Dios ve el cambio radical que se ha producido en ellos y no cumple sus amenazas. De hecho Dios amenaza con tiempo para no tener que llegar al castigo.
          Nínive es un buen espejo en el que quiere Dios que nos miremos, porque la conversión sincera da paso a una acción positiva y creadora de Dios. Eso es lo que tiene que verificarse en nuestra vida y lo que habremos de presentar ante el Señor al cabo de nuestra existencia.

          Una 2ª lectura (1Cor.7,29-31) apoya esa actitud de conversión que se requiere en nosotros. San Pablo tiene en ese momento la idea de que el mundo se va a acabar ya, y avisa de que el momento es apremiante. En consecuencia hay que ponerse en planta para un bien acabar y presentarse ante Dios. Y en consecuencia va enumerando actitudes urgentes que deben asumir aquellos cristianos: que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran, los que lloran como si no lloraran; los que están alegres, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran.
          San Ignacio de Loyola, en los Ejercicios, invita al ejercitante a imaginarse que está en su último momento. Y que entonces piense cómo querría haber vivido. En consecuencia, eso que entonces piensa que hubiera deseado hacer de su vida, ¡que lo lleve a cabo ahora!, porque un día será realidad que se ha de enfrentar a su último momento.
          Es a lo que nos invita esa 2ª lectura de hoy. No parece que el mundo se acaba ya. Pero para cada uno de nosotros se hace más cercano ese final personal. La CONVERSIÓN que se nos pide es la que trae en sí la exigencia del evangelio en la vida diaria, para hacernos más afines a la vida de Jesús, como imitadores suyos.

          Cuantos participamos de la EUCARISTÍA tenemos cada día ese botón de fuego que nos catapulta hacia un nuevo paso en la imitación de Jesús. Que nos sirva de impulso para vivir la vida de acuerdo al estilo de Jesús.



          Pedimos al Padre por nosotros y por la humanidad.

-         Por la progresiva conversión de las iglesias cristianas para que cada día se acerquen más al ideal de unidad deseado por Jesús. Roguemos al Señor.

-         Porque nosotros descubramos aquellos aspectos que deben mejorar en nuestra vida. Roguemos al Señor.

-         Porque en el mundo se produzca un movimiento de conversión que atraiga la bendición de Dios. Roguemos al Señor.

-         Para que la Eucaristía nos sea estímulo constante para crecer en nuestra vida cristiana. Roguemos al Señor.


Señor Jesús, que llamaste a unos hombres para estar contigo y continuar tu obra, impulsa en nosotros la fuerza de una renovación personal para más imitarte.

Tú, que vives y reinas con el padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

sábado, 20 de enero de 2018

20 enero: El papel de las familias

Día 3º del octavario por la unión de las iglesias
Liturgia:
                      Comienza el 2º libro de Samuel y lo hace con la muerte de Saúl. 1,1-4.11-12.19.23-27. Saúl con su hijo Jonatán han salido a la guerra y en ella mueren los dos. Se lo comunican a David al tercer día y David lo lamenta profundamente, con alabanzas hacia Saúl y con el afecto de gran amistad que le unía a Jonatán. David rasga sus vestiduras, señal de hondo dolor insufrible por la muerte de esos dos amigos queridos. David no toma en cuenta todas las veces que Saúl había actuado contra él. Sólo evoca su amistad y sus propios buenos sentimientos. Trasmite su dolor hacia el pueblo, y lamenta la pérdida de los valientes.

          El evangelio es muy breve pero significativo: Mc.3,20-21. Jesús y sus apóstoles estaban entregados completamente a la misión. La realidad es que no tenían tiempo ni para comer porque la gente se les venía encima, tan necesitados como estaban.
          Se enteran los familiares de Jesús y vienen con la pretensión de llevárselo con ellos, porque piensan que no está en sus cabales. Y el evangelio de hoy no dice más.
          Lo que es patente es que no consiguieron su intento y que Jesús continuó su obra. Que Jesús había venido a gastarse y desgastarse por el Reino. Y que había infundido en sus Doce ese celo por las almas, por el que él y los apóstoles tenían que vaciarse a favor de las gentes y de las obras liberadoras a las que habían sido enviados: predicar, echar demonios, estar con Jesús y repetir en ellos la vida de Jesús.

          No hay mucho más que se pueda decir de ese evangelio. Lo demás son ya consideraciones que surgen a propósito de esa breve narración.
          Jesús había enseñado que quien no pospone a su padre y a su madre, a sus hermanos…, en relación con él, no puede ser discípulo suyo. Y ese mismo principio lo vive él respecto del Reino y respecto de su relación con Dios: primero es la misión para la que ha sido enviado, y luego es la familia. Y la familia, en tanto en cuanto que no desvíe del orden general.
          Eso ha sido un principio que ha de haberse vivido siempre, y aún en el caso de familias religiosas donde ha habido un sentido claro de respeto a Dios. Pero hoy adquiere mucha mayor vigencia cuando las familias no se inclinan prioritariamente por poner a Dios lo primero, imbuidas por el sentido pragmático de la vida por el que pretenden asegurar antes el futuro civil de los jóvenes, y pretenden que el tema de la vocación se deje para tiempos posteriores, cuando esos jóvenes hayan conseguido ya sus carreras y su estabilización social.
          El tema que ahí se discutiría es el del “momento de Dios”, el kairós de Dios para una vocación, que está madura cuando está madura. Antes esta verde y luego se pasa. Y cuando se ha perdido el tren, no se puede volver a tomar. Puede ocurrir que Dios quiera volver a llamar, pero puede ocurrir que Dios ya no “pasa” con su llamada por la puerta de aquella persona y de aquella familia. Ahí también tenemos a esos familiares que piensan que sus deudos han perdido la cabeza cuando ellos han puesto sobre la mesa la posibilidad de una llamada de Dios.
          Avanzando más en esta reflexión: ¿fomentan las familias cristianas, la idea de la vocación en sus hijos? ¿Se crean ambientes espirituales y religiosos como para que pueda prender una vocación al sacerdocio o a la vida religiosa? Porque la gracia no transforma la naturaleza, pero “la naturaleza” se puede preparar en uno u otro sentido. Y la realidad es que la fe entra por el oído y por el estilo de vida que en una familia se ha mamado. Yo sé perfectamente que Dios pudo tocarme por cualquier resorte de los que se fueron presentando en mi vida. Pero mis raíces se hundieron en el clima familiar que tuve la suerte de vivir, y de esas raíces fue mucho más “lógico” que surgiera el árbol que ha crecido en la juventud y ha perdurado por los años.

          ¡Cuánto pueden tener de importancia las familias en la situación actual de las vocaciones!

viernes, 19 de enero de 2018

19 enero: Los Doce

2º día del octavario por la unión de las iglesias
Liturgia:
                      La 1ª lectura de hoy es larga. 1Sam.24,3-21 es la larga descripción de los muy diversos sentimientos de David y Saúl. Porque Saúl ha salido con 3000 hombres en busca de David. David estaba escondido con un puñado de hombres en una cueva de la Peña de los Rebecos. Y mire por dónde Saúl tiene necesidad de entrar en aquella cueva, sin advertir que David está dentro, en el fondo de la cueva.
          Los acompañantes de David ven llegado el momento de que David tome la justicia por su mano, saliendo sigilosamente de su escondite y matando a Saúl. Pero está muy lejos de ello el pensamiento de David, que respeta que Saúl está ungido por el Señor, y él nunca pondría las manos sobre Saúl.
          Lo que sí hace es deslizarse por la cueva hasta llegar a cortar un filo del manto de Saúl, y aún de ese acto le quedó escrúpulo a David, cuyos sentimientos eran tan distintos de los de Saúl.
          Cuando Saúl estuvo en campo abierto, David se le presentó con el trozo del manto en la mano, demostrándole al rey que podría haberlo matado, pero que él no atenta contra el ungido del Señor.
          Ahora, dice David a Saúl: Que el Señor sea nuestro juez, sentencie nuestro pleito, y defienda mi causa. Saúl reconoce que David ha sido muy noble con él, y que podía haberlo matado y no lo ha hecho, y le llega a profetizar que será rey, y que el reino de Israel se consolidará en su mano.

          El evangelio es un momento muy solemne y de especial relevancia en la vida y misión de Jesús. Mc.3,13-19 trae la elección de Doce hombres de entre los muchos discípulos que seguían a Jesús. Y constituye lo que será el colegio apostólico, ese grupo que él quiso, y que en adelante serán los doce inseparables de Jesús, testigos de sus gestas y de sus sufrimientos, y los que reciben el legado de continuar la obra de Jesús cuando él falte. Los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios.
          A mí se me llena el alma poniendo delante la lista. San Marcos nos la da de esta manera: Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges -los Truenos-. Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, que lo entregó. Y se pone el vello de punta pasando por cada nombre y saber que de ellos depende que hoy nosotros tengamos la fe de Cristo. Y que de ellos hubo uno que rompió todo el sentido, y que ahí los tres evangelistas sinópticos son los que ponen un “sobrenombre” que acaba la lista y define a un hombre elegido por Jesús, y que se apartó de esa amistad y acabó siendo “el que lo entregó”. Así ha pasado a la historia, así se le define, así se le conoce. También él estuvo elegido como compañero, para predicar el evangelio y con poder para expulsar demonios. Y sin embargo no supo predicar más que una traición contra el compañero que le había elegido, y no supo echar de sí el terrible demonio de su traición. Digo que pone el vello de punta porque demuestra la terrible verdad de una libertad mal empleada, instigada por una amargura interna que no supo dominar y que le llevó a la venganza. ¡Hasta dónde se puede llegar cuando no se ha dominado la pasión!
          Y no es que los otros hombres fueran flanes de carácter. Simón Pedro era duro de cerviz. Eso sí, muy noble. Capaz de dar la vida por el Maestro, y a la vez acobardado ante una criada cuando teme ser descubierto como discípulo del que es juzgado a muerte.
          Juan y Santiago… A Juan se le ha dibujado siempre como un jovencito dulce y casi afeminado… Nada que ver con los datos que nos dan los evangelios, del hombre que quiere impedir a uno (que no es del grupo) echar demonios, o que quiere pedir que llueva fuego del cielo porque no dejaban pasar al Maestro por Samaria. Jesús, que lo conocía bien, le llamó “Trueno”.
          Tomás un hombre de enorme carácter… Bartolomé “un israelita en quien no cabe el engaño”…

          Quiero decir que no fueron personas sin personalidad y que por eso aceptaran el camino que marcó el Señor como ovejitas de un rebaño. Sólo que usaron su libertad para fajarse con la verdad de Jesús y con la vida de su Maestro, para permanecer fieles aun en medio de sus propias debilidades de hombres del pueblo. El caso de Judas Iscariote es por eso mucho más llamativo, porque perdió la gran oportunidad de haber pasado a la historia como un apóstol que hubiera vivido de lleno la elección que el Maestro amorosamente había hecho de él.

jueves, 18 de enero de 2018

18 enero: Dejarse TOCAR

OCTAVARIO POR LA UNIÓN DE LAS IGLESIAS.
          Comienza hoy y pide porque Católicos, Protestantes en sus diferentes facciones, Ortodoxos, etc., Judíos, Mahometanos…, se unan en una sola Iglesia bajo un solo Pastor.
Liturgia:
                      El regreso de la guerra contra los filisteos, en la que David mató a Goliat, fue triunfal. 1Sam.18,6-9; 19,1-7: La gente vitoreó a Saúl y a David. Y en coplillas populares cantaron las mujeres: Saúl mató a mil y David a diez mil, en una alusión a la gran victoria obtenida y a la gesta que David había llevado a cabo.
          Pero Saúl llevó a mal aquella canción y le tomó celos a David, al que decidió matar, comentándolo con algunos jefes militares y con su hijo Jonatán.
          Jonatán, por su parte era un fiel amigo de David y fue a prevenir al amigo para que se escondiese, hasta que él tanteara a su padre.
          Jonatán habla a Saúl y le hace la cuenta de la gran victoria que había obtenido contra los filisteos, en la que David había jugado un importante papel. Y le dice a su padre: No vayas a pecar derramando sangre inocente, matando a David sin motivo. Y Saúl accede a la petición, y Jonatán se lo comenta a David, a quien lleva de nuevo ante su padre.

          Jesús no es belicoso. Hace el bien porque para eso ha venido. Y por su parte no quiere que eso sea un motivo de disgusto de nadie, sino del bien repartido a los hombres.
          Ahora se encuentra con una serie de situaciones tensas que han provocado los fariseos: lo acusaron de blasfemo por decir que perdonaba el pecado del paralítico; han llevado a mal que comiera en el banquete de Leví el publicano; le han puesto por delante el tema del no-ayuno de sus discípulos; le han conminado porque los discípulos comían aquellas espigas cogidas al paso por unos sembrados, y han explotado cuando aquella mañana en la sinagoga ha curado al hombre paralizado de un brazo, tras haber intentado entrar en razones con ellos, porque en sábado se puede y se debe hacer el bien.
          Pero el resultado ha sido que los fariseos, exacerbados, han roto por la calle de en medio y se han reunido con los herodianos para ver cómo acabar con Jesús.
          Y Jesús, que no busca pelea, opta por embarcarse y pasar a la otra orilla (Mc.3,7-12). Es una de las varias veces en las que Jesús solventa una tensión a base de atravesar el lago y poner “agua por medio” para enfriar la situación. Pasar “a la otra orilla” es dejar atrás una situación y poder seguir actuando en su línea de hacer el bien.
          De hecho lo siguió una muchedumbre de Galilea, y al enterarse que estaba por aquellas tierras, le vienen también mucha gente de Judea. Idumea, Jerusalén y Transjordania, y las cercanías de Tiro y Sidón. Era tanta gente que Jesús tuvo que prevenir advirtiendo a sus discípulos que tuvieran preparada una barca, no le fuera a estrujar el gentío.
          Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Jesús es bondadoso, y además multiplica sus dones hacia las personas. Y la gente acude allí donde hay una acogida y encuentra una solución a sus problemas. Por eso no era de extrañar que se le hubieran echado encima tantas gentes y que hubieran venido de tantos lugares, atraídos por las obras y las palabras de Jesús. El hecho de querer tocarlo es ya como una reacción natural y muy humana, que sigue existiendo ante cualquier eventualidad en que alguien quiere expresar su reconocimiento hacia otro. O porque cree la gente que “tocando” se produce la curación. Eso lo seguimos comprobando en ese afán de poseer reliquias, de besar imágenes o de rozar objetos religiosos. Es, como digo, una necesidad humana que parece que hace más cercana la relación.
          En medio de todo eso, Jesús les prohibía que lo diesen a conocer, porque precisamente se había venido a este otro lugar (a la “otra orilla”), intentando desaparecer de la mirada de los fariseos.
          ¿Cómo podía pasar desapercibido con todo ese conjunto de gentes, y mientras él seguía haciendo sus obras de liberación, no sólo de enfermedades sino aún de posesiones diabólicas?


          Ojalá nuestro roce diario de oración, contemplando a Jesús, produzca en nosotros esos efectos de admiración, de búsqueda, de no sabernos separar del evangelio, de volcarnos sobre Jesús y de necesidad de tocarlo con el alma para que se realice en nosotros ese contagio desde él hacia nosotros y de unión íntima de nosotros con él.

MAÑANA HAY ESCUELA DE ORACIÓN
en Málaga, a las 5'30,
en los Jesuitas. 

miércoles, 17 de enero de 2018

17 enero: Extiende el brazo

Liturgia:
                      Conocido relato para quienes estudiamos de niños aquella bella asignatura que era la HISTORIA SAGRADA. Y en realidad, relato universalmente conocido el que hoy nos trae 1Sam.17,32-33.37.40-51, la lucha de David con el “gigante” Goliat. Aunque no lo recoge la lectura de hoy, es presentado en la Biblia como un hombre de gran estatura. Ha desafiado a los ejércitos de Saúl, proponiéndole que en vez de luchar una guerra, Saúl nombre una persona que luche cuerpo a cuerpo con él, y el que gane hará súbditos suyos a los perdedores.
          Saúl se deprime porque no tiene a nadie que pueda competir con Goliat. Pero David se ofrece a esa lucha. Saúl se lo quiere quitar de la cabeza pero David sigue firme en su decisión, y Saúl acaba cediendo: Anda con Dios.
          Salen Goliat y David de la formación y Goliat, armado hasta los dientes desprecia a David, que sólo lleva un báculo y una honda (con 5 guijarros cogidos del arroyo). Goliat lo maldice invocando a sus dioses y lo intimida amenazándolo con echar su carne a las aves de carroña.
          David por su parte le responde que Goliat viene confiado en sus fuerzas, pero que el va con el poder de Dios. Echa mano de la honda, la bate y clava una pedrada entre ceja y ceja del gigantón, que se desploma sin sentido. David acude a él, le toma la espada y le corta la cabeza.
          Ahí acaba el relato que nos ha  mostrado la 1ª lectura. Ha dejado claro que entre la fuerza bruta que representa Goliat, con sus ventajas humanas, y la sencillez de David, que pone su misión en manos de Dios, vence esa fuerza de Dios a través del elegido que es David.

          En el evangelio estamos de nuevo en la sinagoga. Venía Jesús camino de ella cuando le salieron al paso aquellos fariseos para criticar a los discípulos que habían cogido unas espigas. En la sinagoga se va a volver a encontrar con ellos mismos, y en el propio terreno que ellos dominaban. Allí estaban al acecho. Y como estaba allí un hombre paralítico de un brazo, querían ver si curaba en sábado, (Mc.3,1-6), para tener de qué acusarlo, cogido con las manos en la masa. No se dice esta vez que fuera Jesús quien explicaba sino que estaba allí asistiendo como cualquier fiel. Pero no se le pasaba por alto la asistencia a aquel culto de un hombre que tenía un brazo paralítico. Jesús escuchó la explicación de aquel día y cuando acabó, Jesús le dijo al que tenía la parálisis: Levántate y ponte ahí en medio. La diatriba estaba servida.
          Jesús se puso en medio y mirando a los asistentes, y con evidente relación hacia los fariseos, preguntó: ¿Qué está permitido en sábado: hacer lo bueno o dejar que perdure lo malo?; ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir? Había puesto el dedo en la llaga: ¿un sábado puede justificar dejar de hacer el bien? Lo que equivalía a preguntar si las costumbres que los fariseos habían introducido en la práctica del sábado, llegaban a impedir que se hiciera un bien.
          Se quedaron callados. Digo yo que era lógico que ellos se quedaran callados porque les estaba enfrentando a la ridiculez a la que habían llegado en sus prohibiciones. Pero ¿y los asistentes aquel día a la sinagoga? –Pues también se quedaban callados por temor a los fariseos que podían tomar la represalia de echarlos de la sinagoga, algo que era el castigo humillante para un fiel judío. La gente deseaba que se hiciera el bien, pero no podían decir nada.
          Se cortaba el silencio. Se mascaba la tensión en el ambiente. Y en Jesús mismo que tuvo una mirada de ira hacia tanta ceguera, dolido por tanta obstinación. Entonces le dice al paralítico: -Extiende el brazo. Era todo el trabajo que tenía que hacer, un movimiento que habían hecho cien veces los asistentes aquellos. Extendió el brazo y quedó restablecido.
          No era el “trabajo”. Era que se habían sentido heridos en su amor propio…, porque habían quedado ridículos. Y porque Jesús les había vencido en su propio terreno. El hecho es que en cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos (por otra parte enemigos abiertos de los fariseos en el plano religioso), el modo de acabar con él. No era otra salida. Lo que planeaban era acabar con Jesús. Para eso sí era apto el sábado…

          Flaco favor el que los fariseos le hacían al día dedicado al culto de Dios.

martes, 16 de enero de 2018

16 enero: La verdadera religión

Liturgia:
                      Saúl ha fallado al plan de Dios y Samuel se lamenta (1Sam.16,1-13). Dios le dice al profeta que no se lamente porque Dios ya no acoge a Saúl. Ahora debe ir Samuel a Belén, a Jesé, porque uno de sus hijos es el elegido por el Señor. Samuel objeta que si se entera Saúl, lo mata, pero Dios le da el remedio: que se prepare como quien va a ofrecer un sacrificio.
          Samuel llega a Belén, invita a las familias a participar de aquel sacrificio y cuando tiene delante a Jesé le pide que llame a sus hijos. Van pasando unos y otros, pero en ninguno de ellos experimenta Samuel el impulso de Dios. ¿Es que no quedan más muchachos? –Sí, uno que está guardando los rebaños. Pues mándalo venir porque no nos pondremos a comer mientras no venga. Y aparece entonces David, y Samuel reconoce que es el llamado por Dios. Se levanta, toma el cuerno de aceite y lo unge en medio de sus hermanos.
          David queda invadido por Dios y ya no se aparta de él.
          Samuel regresó a Ramá.

          Mc.2,23-28 es el conocido momento en que los fariseos recriminan a los discípulos de Jesús por haber arrancado unas espigas y, frotándolas en las palmas de las manos, se comían los granos. Es que era sábado. Y la práctica del sábado, como día dedicado a Dios, había degenerado en una serie de prohibiciones que hacían ridículo el sentido religioso del día.
          El mandato del sábado estaba puesto por Dios para santificar ese día, y no para impedir la vida normal de una persona. De hecho, el sábado para los judíos o el domingo para los católicos, es una señal de advertencia para que al cabo de la semana, haya una parada en la que se descanse del trabajo y se deje un espacio libre para dedicarlo a Dios. Y no sólo el amo, el pudiente, el jefe. Abarca a los subordinados. En Israel suponía un día de parada para hombres y animales y aun las tierras…, un día que hoy calificaríamos de “higiene del trabajo”. Y juntamente, para dedicarlo al culto a Dios, a escuchar su palabra, a hacer de ese día un día dedicado al espíritu, que necesita de Dios y de las riquezas espirituales que le vienen de Dios: escuchar y meditar su palabra.
          Es para nosotros el sentido del domingo, como DÍA DEL SEÑOR, si se toma como tal y no meramente como día de vacación o simplemente la práctica de un precepto. El día del Señor (que es de donde viene el nombre de domingo [dominus=señor]) está ahí como momento en que se da de mano al trabajo diario y se da asueto a la persona para que honre a Dios en acción de gracias, en culto especial de felicitación y dedicación. Los católicos lo centramos en la participación en la Misa, que es el acto supremo de ese “Dominus”, Jesucristo el Señor Resucitado, cuya fiesta real se produjo en ese “primer día de la semana” que se ha venido a llamar “domingo”. Lo felicitamos por esa fecha solemne de su triunfo, que es nuestro triunfo.
          Pero juntamente los católicos tenemos el sentido del descanso, de la “higiene laboral”, y debemos cortar el trabajo habitual de la semana, para dejarle al cuerpo ese tiempo para rehacerse y para poder vivir más íntimamente la vida de familia, la convivencia sana social…, y poder comenzar el lunes con una fuerza renovada, desintoxicada.
          Todo es muy distinto del precepto sabático en la forma en que lo tomaban los jefes judíos, y por lo que los fariseos han llamado la atención de Jesús por lo que han hecho sus discípulos. Es una manera de hacer estúpido un precepto que estaba dedicado a Dios, cuyo sentido debía ensanchar los corazones y no achicarlos, ni suponer una práctica pesada y molesta.
          Jesús les hace la reflexión de que en las cosas de Dios hay un margen esponjado para vivirlo con un modo mucho más humano, como le ocurrió a David, la persona venerada por ellos como hombre de Dios, quien en una circunstancia concreta de su vida llega a saltarse el mandato por ser de mayor sentido el no cumplirlo que el cumplirlo.

          Y concluye con esa frase lapidaria que le da sentido a todo lo anterior: que el sábado se hizo para el bien del hombre y no al hombre como esclavo del sábado. Porque el Hijo del hombre es también mayor que el sábado. La religión no como servicio angustioso sino como modo de vivir el gozo de Dios.

lunes, 15 de enero de 2018

Boletín de Enero


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15 enero: Remiendos

Liturgia:
                      Hoy pueden apoyarse muy bien las dos lecturas, aunque no se haya previsto así. Pero pedagógicamente tiene su valor el encontrar que la revelación se va concretando en el paso de los siglos y que el mensaje de la 1ª lectura viene a tener su concreción en el evangelio.
          1Sam.15,16-23 es la historia del rey Saúl, al que Dios había ungido por medio de Samuel, que es ahora  rechazado por Dios porque Saúl no ha obedecido a Dios. Es el hecho que Saúl ha luchado una batalla a favor del pueblo de Dios contra los amalecitas. Pero debía haber consagrado al exterminio (es decir: no aprovechar nada del botín posible) todo lo que pertenecía a los enemigos. Sin embargo –pensando en ofrecer a Dios-, ha recogido lo mejor de cosechas y ganados para ofrecerlas en holocausto a Dios. Y eso es lo que Dios no había querido. Saúl se justifica con esa buena intención, y Samuel le tiene que decir que lo que Dios aprecia y quiere es la obediencia y no los holocaustos y los sacrificios. Éstos se ofrecen con “lo externo”; la obediencia anida en el corazón del hombre. Y esa obediencia del corazón es la que Dios quiere.

          Mc.2,18-22 es una nueva situación en la que vienen a Jesús a preguntarle por algo que no entiende aquella cultura religiosa del pueblo de Dios, tan dado a las formas externas de culto, formas rituales. Son ahora los discípulos de los fariseos y los de Juan Bautista los que vienen extrañados porque los discípulos de Jesús no cumplen con los ayunos rituales.
          Jesús les explica con una forma muy oriental que ha llegado el momento de la boda de Dios con la humanidad. Que él es el novio y que sus discípulos asisten a la fiesta de esa boda. Y como es natural, en plena fiesta no van estar ayunando. Tiempos tendrán de hacerlo cuando “se lleven al novio”. Quiere decirse que la religión que trae Jesús no es la de los antiguos, más basada en formas externas. La nueva fe es estar con Jesús. De ahí que ante una realidad tan nueva, hagan falta formas y expresiones nuevas. Lo que Jesús explica con unas breves parábolas: la primera es la del remiendo de paño sin remojar sobre un manto pasado. Sobre una tela vieja no se puede hacer un remiendo de tela nueva porque lo nuevo tira de lo viejo y se hace un roto peor. No es, pues, una solución para los discípulos de Juan y de los fariseos el parche del ayuno. Ha llegado un tiempo nuevo y lo que se pide es un talante nuevo, una realidad nueva. No se trataría –en el caso de Saúl- que su intención fuese buena. El hecho central es que no ha obedecido al Señor. Pretender cambiar la sumisión a Dios por holocaustos y sacrificios es pretender echar un remiendo que no encaja.
          La realidad que hace falta ahora es que el vino nuevo que trae Jesús y que constituye el reino de Dios, sea echado en odres nuevos (en otro talante de vida), Porque no se puede echar vivo nuevo en odres viejos porque revientan los odres y se pierde el vino: no sirve ya ni lo antiguo ni lo nuevo.
          Es una parábola que ha quedado mucho más como dicho que como exigencia. Y sin embargo es una exigencia fuerte en el planteamiento de Jesús. Muchas veces las “conversiones” a las que asistimos en nuestras vidas diarias, se reducen a aumentar un detalle a nuestro modo habitual de vivir: añadir una práctica espiritual, añadir una limosna, añadir o privarse de cualquier otra cosa. Pero el estado interior sigue siendo el mismo, las formas de proceder las mismas, la atención a otros es la misma…, y todo sigue siendo lo mismo pero con un añadido. Jesús dice que no es eso. Que hacen falta odres nuevos, posturas evangélicas, cambios de mentalidad, superación de prejuicios. Volvemos a Saúl: su fallo no estuvo en hacer algo malo sino en hacerlo al revés de lo que le había dicho Dios. Su pecado fue de desobediencia.

          Jesús nos planta ante un mundo nuevo, y de mucho fondo. El evangelio no es una espiritualidad. Es una exigencia. No es un añadido; es un talante nuevo ante las cosas y en el mundo interior de la persona. Lo que hay que analizar son determinadas situaciones en las que nos hemos instalado, en las que justificamos nuestras posturas ya hechas, y de las que no nos bajamos ya por nada del mundo. Estamos siendo “buenas personas” pero no al modo de Dios, en obediencia a Dios.

domingo, 14 de enero de 2018

14 enero: Vocaciones

Liturgia: 2º domingo B, T.O.
                      Es un domingo muy lleno de contenido, tanto en las lecturas que llevan el mensaje del día como en la 2ª lectura.
          Las lecturas que marcan la pedagogía litúrgica de este domingo nos ponen delante vocaciones en las que Dios cuenta con los hombres para hacer su obra en la tierra. 1Sam.3,31 a 10,19 es la vocación de Samuel (que hace unos días hemos tenido en la lectura diaria). Samuel ha sido entregado al templo por una promesa de su madre Ana, que no tenía hijos y prometió a Dios que si tenía un hijo varón lo entregaba al servicio de Dios.
          Samuel escucha de noche una llamada y cree que lo llama el sacerdote Elí. Y así por tres veces en que se presenta a Elí. El sacerdote descubre entonces que la llamada que está recibiendo Samuel es una llamada de Dios y le enseña que si vuelve a escucharla, diga: Habla, Señor, que tu siervo escucha. Y así es como Samuel es escogido por el Señor para ser profeta anunciador del Reino de Dios. Dios estaba con él y no dejó de cumplirse ninguna de las palabras que anunció Samuel.

          Jn.1,35-42 nos trae las llamadas de Jesús a sus primeros discípulos. Llamadas que empiezan en forma de invitación. Andrés y otro discípulo se interesan dónde vivía Jesús, Cordero de Dios (tal como lo ha señalado el Bautista). Y Jesús en vez de darles una respuesta concreta, les invita a ir con él: Venid y lo veis. Y aquellos dos hombres se quedan con Jesús el resto del día, tan atraídos por su palabra que se acuerdan hasta de la hora que era: la cuatro de la tarde.
          Y no sólo eso: Andrés se quedó tan cogido que apenas encontró a su hermano Simón, le comentó: Hemos encontrado al Mesías. Y lo llevó a Jesús. Y Jesús, nada más verlo venir, le marca la vida con un cambio de nombre, que expresa la misión nueva a la que Jesús le tiene destinado: Tú eres Simón, el hijo de Jonás. Tú te llamarás Cefas (=Pedro). Y bien sabía un judío que el cambio de nombre era una vocación divina, por la que ya  quedaba su vida marcada para siempre.
          Estamos, pues, al comienzo de un tiempo litúrgico, con la manifestación de Jesús a la Iglesia como el que llama, el que marca una dirección, el que nos dice a cada cual que CUENTA CON NOSOTROS, y que tenemos un nombre nuevo por el que debemos rendir nuestra vida de acuerdo con la llamada a la que somos convocados. Y por tanto que no podemos plantear nuestra vida desde nuestras personales apetencias sino contando con esa llamada que nos hace Jesús. Algo así como preguntarnos cada mañana: ¿Qué quiere Jesús HOY  de mí? ¿Cómo puedo agradarlo mejor?
          Eso será ir eligiendo las letras del nombre nuevo por las que Jesús quiere conocernos y con lo que cuenta con cada uno de nosotros.

          La 2ª lectura (1Cor.6,13.15.17-20) es muy concreta y muy práctica. San Pablo también se encontró con un mundo sexualizado, y le sale al paso advirtiéndole que el cuerpo se hizo para el Señor y no para el sexo. Porque nuestros cuerpos son miembros de Cristo, y el que se une al Señor es un espíritu con él.
          En consecuencia: huid de la fornicación: cualquier pecado que comete el hombre, queda fuera de él: el que fornica, peca contra su propio cuerpo. Y el cuerpo es templo del Espíritu Santo; él habita en vosotros, porque lo habéis recibido de Dios.
          Estamos ante una vocación concreta también. Hay quienes no se explican por qué es pecado el uso del sexo (cuando se vive fuera del ámbito marcado por Dios). San Pablo lo ha expresado muy claramente.

          Y para quienes tenemos el privilegio de COMULGAR, de unir el Cuerpo de Cristo a nuestro propio cuerpo, queda muy evidente que el cuerpo que ha de recibir al Cuerpo de Jesucristo ha de mantenerse limpio y digno de recibir la Hostia inmaculada. “Hostia” que lo es tal porque Cristo ha pagado un alto precio por nosotros (nos recuerda San Pablo), y nosotros también necesitamos tener un sentido del sacrificio para que no nos dejemos llevar de los deseos e instintos. ¿Qué necesitamos sacrificarnos? –Por supuesto. Pero es que la vida recta y digna no se puede concebir sino con un sentido del sacrificio para abordar los diversos momentos de la vida: los casados, los solteros, los hijos, los padres, los menores y los mayores. TODOS.




          Te suplicamos, Dios nuestro.

-         Para que sepamos descubrir la vocación en la que Dios cuenta con nosotros. Roguemos al Señor.

-         Para que seamos fieles al nombre por el que nos conoce Dios, sea cual sea el estado de nuestra vida. Roguemos al Señor.

-         Para que surjan en nuestras familias vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. Roguemos al Señor.

-         Para que nuestros cuerpos, que reciben la Eucaristía sea limpios y dignos de unirnos al Cuerpo del Señor, Roguemos al Señor.


Danos, Señor, conciencia de peregrinos, que comenzamos el itinerario de la Iglesia, en este proceso del año litúrgico.

Lo pedimos por medio de Jesucristo, N.S.

sábado, 13 de enero de 2018

13 enero: Médico para los enfermos

Liturgia:
                      El primer rey que tiene Israel es Saúl. Se dan una serie de providenciales coincidencias para que Saúl sea el elegido. (1Sam.9,1-4.17-19 y 10,1). A Quis, su padre, se le han extraviado unas burras, y envía a Saúl a buscarlas. Saúl, con otro criado de su padre recorre varios parajes y territorios sin encontrarlas, hasta que viene a dar con Samuel, sin conocerlo y preguntarle por el vidente. Samuel se le presenta como tal. Saúl es descrito como una persona de gran estatura y presencia. Cuando llega adonde Samuel, Dios le enseña a Samuel que ese es el elegido del Señor. Y Samuel derrama aceite sobre la cabeza del hombre aquel y lo unge como rey: El Señor te unge como jefe de su pueblo. Tú regirás al pueblo del Señor y le librarás de la mano de los enemigos que lo rodean.

          Una nueva vocación, un nuevo discípulo que Jesús une al grupo de los que ya le seguían. Y ahora es un publicano, un recaudador de impuestos, un despreciado por el mundo religioso oficial. Mc.2,13-17 nos trae la llamada de Leví, el de Alfeo. Pasa Jesús junto a él y le dice: Sígueme. La pregunta que surge es si ya se conocían de antes, o si es esa corazonada de Jesús que se ha fijado en Leví y ha querido llamarlo, sin importarle su historia y el mismo desprecio que sufría de los “espirituales” judíos.
          El caso es que Leví no se lo pensó. Como una flecha que le ha atravesado el alma, se levantó y lo siguió. No preguntó adónde le llamaba, ni para qué. Sólo pudo observar que Jesús ya iba junto a otros hombres sencillos que parecían felices en aquel seguimiento. Y Leví lo dejó todo y sin mediar palabra, se fue con Jesús.
          Pero Leví tenía unos compañeros de trabajo y quiso despedirse de ellos y organizó un banquete. Banquete al que invitaba a Jesús y al  grupo de discípulos que ya iban con él. Y se juntaron a la mesa todos. No pasaba desapercibido para los fariseos y doctores y se hicieron presentes a aquella fiesta para entrar con sus críticas. No se atrevieron a ir directamente a Jesús. Más ladinos y sin dar la cara se fueron a los discípulos para hacerles una pregunta de malas ideas: ¿De modo que come con publicanos y pecadores? Era la manera de ridiculizar a Jesús ante los hombres que le seguían.
          Jesús lo oyó y respondió: No tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos. No he venido a llamar justos sino pecadores. Evidentemente los “justos” eran los fariseos…, los que se sentían “santones” que no se entremezclaban con los parias de la sociedad. A esos “justos” no viene Jesús. Están demasiado pagados de sí mismos y lo mejor es no entremezclarse con ellos. Con los pobres hombres recaudadores, con esos publicanos que el mundo aborrecía, con esos sí puede juntarse Jesús. Viene a ellos como “médico”, porque ellos saben que necesitan la ayuda de quien quiera aceptarlos. Y Jesús los acepta y, sin compartir lo que no es justo, sí acoge a las personas como hijos de Abrahán” a los que puede hablarles y por los que es aceptado.

          Es la historia que se repite a lo largo de los años y traspasando los siglos: la gente sencilla acepta a Jesús, mientras que los “entendidos” no lo acogen. La ciencia infla, la actual “cultura del pelotazo” ni llega a planteárselo. Vive al margen de Jesús o lo rechaza como un personaje pasado de moda. E incluyo a los “entendidos” por más y a los “entendidos” por menos…, los que se lo creen que se las saben todas, inflados en su ciencia o su soberbia…, y los que ni saben ni quieren saber, habiendo escogido el camino de la ignorancia. Jesús, que vino a salvar al MUNDO, llega a decir que no ruega por el mundo. Son dos acepciones de esa realidad: el mundo de todas las personas, por la que dio su vida, y el “mundo” hostil al evangelio, que vive en contra de los principios evangélicos. El mundo de los nuevos “fariseos” que se las saben todas, y el mundo de los que viven al margen de la religión.

          Jesús vino a salvar a los justos: Te alabo, Padre, Señor del Cielo, porque has abierto estas cosas a los pequeños, y se le quedan ocultas a los entendidos y sabios de este mundo. La historia, pues, sigue siempre la misma, y lo que nos hace falta es estar en la parte de gente sencilla, capaz de CREER en Jesús y su evangelio, ser “enfermos” que necesitamos del médico, y vivir agradecidos a Jesús que ha venido a nosotros y para nosotros.

viernes, 12 de enero de 2018

12 enero: Perdonados son tus pecados

Liturgia:
                      Estamos ante un momento clave en la historia de Israel. El pensamiento de Dios sobre su pueblo era dirigirlo por medio de los profetas que comunicaran con Dios y con el pueblo, de manera que la única autoridad fuera la de Dios mismo, y su palabra la que comunicara a esos hombres elegidos por Dios.
          Pero (1Sam8,4-7.10-22) los ancianos se reunieron para ir a Samuel y pedirle que les nombrara un rey. Desagradó a Samuel aquella propuesta y la consultó con Dios. Y Dios, que no tuerce la libertad humana, le dijo a Samuel que hiciera lo que el pueblo pedía.
          Samuel reunió al pueblo y le puso delante las obligaciones que contraería si se le nombraba un rey: una serie de cargas muy fuertes para los hijos e hijas de aquel pueblo. No obstante el pueblo insiste en que le nombren un rey, para ser así como los otros pueblos limítrofes, en los que el rey salía al frente de sus ejércitos en las batallas frente a los enemigos.
          Samuel lo consultó al Señor, y el Señor le dijo que les nombrara un rey. De suyo no era ya un desprecio a Samuel; era un desprecio contra el mismo Dios, único rey válido al que debían aspirar.

          El evangelio es una de las páginas más dramatizadas de Marcos (2,1-12). Jesús hablaba a la gente, que en número muy amplio estaba escuchando las enseñanzas de Jesús.
          Al mismo tiempo un paralítico echado en una camilla es conducido hacia Jesús, esperando de él la curación. Pero se encuentran con que la notable afluencia de gente impide el paso hasta el lugar donde Jesús estaba.
          Los portadores de la camilla se las ingenian de manera que el enfermo pueda llegar a Jesús. Podemos imaginar (esto ya es imaginación, aunque con su lógica) que los hombres que lo llevaban dan la vuelta por la parte de atrás de la casa y entran en ella así. Bien sea porque así surgió, bien porque hubiera mejor acceso a la terraza, el hecho es que por allí llevaron al paralítico, que vino a estar encima del porche en donde estaba hablando Jesús.
          Quitaron unas amplias lascas que formaban el suelo de aquella terraza sobre el porche y descolgaron con cuerdas al pobre hombre, de manera que vino a estar delante de Jesús. Y Jesús se admiró de la fe de ellos. Obsérvese el plural. La fe era más de los acompañantes que del mismo paralítico. Los que se habían tomado el trabajo eran los que habían puesto toda su fe y su trabajo (consecuente a su fe), para que el enfermo viniera a estar ante Jesús.
          A Jesús le gusta jugar al despiste y en vez de referirse de primeras a la enfermedad del hombre, le dice: Tus pecados son perdonados. De hecho estaba diciendo muchas cosas: perdonado el pecado “causa” de la enfermedad, la curación de la parálisis estaba cantada, tal como era la idea del pueblo: que el mal físico procede del mal moral. Si Jesús perdonaba los pecados, estaba curando indirectamente la parálisis.
          Pero había una segunda parte: el escándalo de algunos: ¿quién era Jesús para perdonar pecados?  Solo Dios puede perdonar pecados. En consecuencia a Jesús lo tildan de blasfemo. Y Jesús entra en acción –que era lo que él pretendía- y les hace una demostración evidente: ¿Qué es más hacedero: decir “tus pecados son perdonados” o decirle “levántate, toma tu camilla y echa a andar”? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder para perdonar pecados…, le dice al paralítico: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.
          Y el hombre duda, tantea la fuerza de sus pies…, comprueba que puede erguirse…, guarda el equilibrio con cierto temor, y finalmente se siente consolidado. Carga a cuestas su camilla y sale andando.
          De lo que reaccionaran los que habían criticado no nos dice nada el texto. De las gentes numerosas que había allí, sí nos dice que quedaron atónitas y daban gloria a Dios, diciendo: “Nunca hemos visto cosa igual”.

          “Atónito” significa “sin tono”, sin voz. Es muy posible que ahí estén aquellos, que se han quedado sin nada que decir, y al mismo tiempo admirados como el resto de las gentes. Jesús había declarado algo tan importante como que tiene poder para perdonar pecados. Y eso sólo es poder de Dios. Se ha declarado Mesías ante aquella muchedumbre y ante los mismos criticones. Con un poquito de luz en sus almas, aquellos hombres tendrían que saber sacar las consecuencias. Pero los evangelios nos muestran que hubo quienes nunca llegaron a aceptar a Jesús. Buena prueba de lo que dan de sí los prejuicios irracionales.

jueves, 11 de enero de 2018

11 enero: Quiero, queda limpio

Liturgia:
                      Un relato que resulta curioso y extraño el que nos narra 1Sam.4,1-11, pues no cuenta una victoria israelita sino de los enemigos filisteos, y no sólo una primera vez sino una segunda vez y cuando han traído el Arca al campamento, tan convencidos de que esa presencia del arca de Dios les va a vengar contra sus enemigos. Los mismos filisteos tiemblan ante aquella llegada de “de su dios” al campamento porque piensan que ahora se crecerán los israelitas. Sin embargo no sólo pierden la batalla sino que los filisteos capturan el arca de Dios. Ya tuvo que ser sonada aquella situación para que los israelitas conservaran aquel relato tan humillante.
          A esa realidad se le ha puesto a coro un SALMO [43] en el que hay una queja oracional a Dios en la que se va describiendo cómo Dios no ha salido a favor de ellos, para concluir en una súplica: “Despierta, Señor; levántate; no olvides nuestra desgracia y opresión”.
          Es una reacción de un pueblo ante el dolor, acabando por echarse ante ese su Dios para rogarle en medio de la tribulación. No abandonan a Dios por el fracaso que han sufrido. En medio del fracaso Dios sigue siendo Dios y lo que hay es que recurrir a él y ponerle delante la desgracia que están sufriendo. De Dios, de ese mismo Dios que no les ha apoyado en su guerra, de él esperan y siguen esperando, y por tanto, rogando en oración.

          El evangelio nos narra la llegada del leproso (Mc.1,40-45) que se echa a los pies de Jesús, suplicándole de rodillas: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Bella y humilde y confiada oración. El leproso tiene por cierto que Jesús puede. Lo que ahora implora es que quiera, porque si quiere, puede. Es una oración que está declarando el poder de Jesús, y lo que hace es poner a Jesús ante sí mismo, y dejar actuar a su corazón.
          Porque ¿cómo iba Jesús a negarse a una oración tal? En consecuencia, la respuesta de Jesús es contundente: QUIERO, queda limpio. Y la lepra desapareció del cuerpo de aquel hombre. Ya tenía lo que era esencial: su salud. Pero Jesús mira más allá todavía. Él ha hecho lo que estaba en su mano. Pero el leproso seguiría ante el pueblo siendo un leproso, por más tersa y limpia que tuviera su piel.
          Por eso Jesús remite ahora al leproso a la certificación oficial de la curación, que había de venir del sacerdote, y el ofrecimiento que tenía que hacer por su purificación, según la ley de Moisés. Eso ya corría de parte del leproso, y era algo esencial para que el caso quedara zanjado y el leproso pudiera ya volver –sano- a la vida social.
          Jesús pretende que el leproso no diga nada a nadie. La verdad es que era cosa difícil de cumplir porque aquel hombre que vuelve a ser persona, lógicamente va a hablar entusiásticamente de aquella realidad que le ha sucedido. Y así fue: Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones. La consecuencia es que la gente se entusiasma con Jesús y Jesús ya tiene que andar de incógnito de un lugar a otro, y optar por quedarse fuera de las poblaciones. Y nos dice el evangelista que aun así, acudían a él de todas partes. Es la atracción que viene de ver al hombre que cura enfermedades y que va poniendo su mano sobre las dolencias de los hombres para levantarles aquellas cargas pesadas de su pobreza humana.
          Esa es la parte que atrae porque a cualquiera le es agradable ser salvado de su carencia. Pero nos equivocaríamos si sólo pretendiéramos encontrar a ese Jesús. A Jesús hay que tomarlo completo, y el leproso todavía no está incorporado a su vida normal. Ahora le toca a él la parte que le ha dejado Jesús a su libertad: presentarse al sacerdote y pagar el tributo que corresponde. Y esa parte es menos atractiva porque supone ya la propia labor que hay que hacer, y el ofrecer por su purificación lo que marcaba la ley.

          Para llevarlo a la parte práctica, una cosa es nuestra dulce oración que observa y goza con los hechos del Señor, y otra cosa es la exigencia que debe desprenderse de toda oración bien hecha. Y esa parte ya supone aceptar que Jesús pide actitudes y acciones que implican a la persona y que los dichos de Jesús suelen ser menos atractivos porque van al fondo de lo que debe ser la respuesta del que ora. Porque una oración que deja igual un día y otro, adolece de espiritualismo y poca concreción en la vida cristiana.

miércoles, 10 de enero de 2018

10 enero: Un día de Jesús

Liturgia:
                      Avanza con rapidez la historia de Samuel (1Sm.3,1-10.19-20) y hoy ya lo tenemos en el templo a las órdenes del sacerdote Elí, ya muy anciano. Elí estaba en su habitación y Samuel en el templo. Una noche Samuel escucha una llamada, y Samuel responde: “Aquí estoy” y sale hacia la habitación de Elí, pensando que era el sacerdote quien lo llamaba. Elí le dice que no lo ha llamado y que se acueste a descansar. Pero la llamada se repite por segunda y tercera vez con las mismas consecuencias. Pero esa tercera vez Elí cae en la cuenta de que puede ser Dios quien está llamando a Samuel y le dice: Anda, acuéstate, y si alguien te llama, dices: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”.
          En efecto se produjo la llamada por cuarta vez y Samuel, ya instruido por el sacerdote, responde tal como le había dicho.
          Crecía Samuel y Dios estaba con él y ninguna de sus palabras dejó de cumplirse, y de una parte a otra de Israel, todos vinieron a reconocer en Samuel al profeta que Dios enviaba.

          En el evangelio (Mc.1,29-39) tenemos una página curiosa porque nos pone delante un día entero de Jesús. Ha comenzado con la ida a la sinagoga (que veíamos ayer) con la liberación del poseso, y cómo la gente se admira de la palabra y la fuerza de Jesús, que ha echado a un demonio, y todo eso “con autoridad”.
          De la sinagoga pasa Jesús a la casa de la suegra de Pedro, con la particularidad de que ella estaba enferma con fiebre. Se lo dicen a Jesús y él entra en la habitación, la toma de la mano y le da la salud: se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
          Jesús, con Simón y seguramente Andrés, más posiblemente Juan y Santiago, se quedan en una de las habitaciones, departiendo impresiones, y escuchando a Jesús con un gusto muy grande, porque Jesús les hablaba de muchas cosas y les presentaba una manera de vivir la religión que sobrepasaba con claridad las exposiciones de los doctores de la ley.
          Así llegó la hora de almorzar y la suegra de Simón les sirve una comida que ella ha preparado con toda su ilusión y agradecimiento hacia Jesús.
          Hubo una amplia sobremesa. Y aunque lo normal en aquella cultura es que la mujer no se entremezclara en las reuniones de los varones, yo quiero inclinarme a inventar que Jesús optó por llamar a la suegra de Simón, una vez acabados sus servicios, para que estuviera allí junto a ellos y también ella participara de aquellas explicaciones y exposiciones que Jesús iba explicando.
          Y se pasó aquel tiempo sin darse cuenta, embobados como estaban con las palabras de Jesús. La mujer, que se levanta a ver qué ocurre pues se oye murmullo fuera de la casa, y ve el panorama de mucha gente que se ha agolpado a las puertas de la casa con enfermos en camillas. Y corre a decírselo a Jesús. Era la hora de la caída de la tarde, poniéndose el sol.
          Jesús sale y ve aquel panorama. Sus hechos de aquel día han atraído a aquellas gentes deseosas de ver a Jesús y presentarles también sus enfermos y poseídos de malos espíritus. Y Jesús curó enfermos, liberó a los posesos y les habló a todos palabras de consuelo y acogida.
          La noche se echó encima y Jesús y los hombres que le seguían se echaron a dormir. Jesús se reservó el lugar junto a la puerta de aquel aposento, porque él iba a salirse fuera en cuanto descabezara el sueño. En efecto, a la madrugada se fue a un descampado donde oró largamente esa oración de intimidad que tanto gustaba.
          Las gentes madrugaron también con el deseo de volver a ver a Jesús, añadiéndose otros que no habían venido la tarde anterior, todos ellos atraídos por la fama que se había extendido por la comarca.
          Los discípulos advirtieron que Jesús no estaba en su descanso y salieron a buscarlo por las afueras, en donde encontraron a Jesús en su oración. Y le avisaron: Todo el mundo te busca. Pero él respondió entonces que se iban a otro lugar, a las aldeas cercanas para predicar también allí, porque para eso he venido.
          Y así recorrió la Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando demonios.


          Basta contemplar el hecho. Las lecciones quedan patentes en lo que es el servicio al prójimo, el gusto por la oración retirada, y el celo de las almas de un sitio y de otro.

martes, 9 de enero de 2018

9 enero: Jesús en Cafarnaúm

Liturgia:
                      Ayer –ya lo advertí- se preparaba el núcleo de la historia. Hoy tiene en la 1ª lectura (2Sam.1,9-20) su desemboque: Ana, la esposa de Elcaná, tan afligida y humillada porque no tenía hijos, se va al templo del Señor y ora sin elevar la voz (cosa extraña en el modo habitual de orar los judíos). Su oración es al mismo tiempo petición y ofrecimiento: Señor poderoso, si te dignas mirar la aflicción de tu esclava y me concedes un hijo varón, se lo ofreceré al Señor para toda la vida. Elí, el sacerdote, la veía mover los labios sin pronunciar palabra y creyó que estaba bebida, y se lo dijo. Ana le respondió: No he bebido vino ni licores; lo que pasa es que estoy afligida y me desahogo con el Señor. Hablo al Señor movida por mi gran desazón y pesadumbre
          Elí la despidió, deseándole que Dios escuchara esa oración. Ana se volvió a su casa y ya su fe le hizo cambiar de semblante, aunque aún no había cambiado nada respecto a la realidad anterior. Había cambiado ella, que ahora está convencida de la actuación de Dios.
          Y Elcaná se llegó a su mujer y Ana concibió un hijo, al que puso de nombre “Samuel” porque “al Señor se lo pedí”.

          Mc.1,21-28 nos narra el primer episodio de Jesús en Cafarnaúm cuando el sábado fue a orar a la sinagoga y a vivir ese momento religioso que era tan deseado por los fieles. Le dieron a él el comentario de la Palabra de Dios que ese día correspondía, y Jesús explicó de una manera tan buena que llamó la atención de la gente. Estaban asombrados de su enseñanza porque él no se limitaba a repetir lo leído con poco más de aclaración. Jesús enseñaba, avanzaba sobre el texto, y lo hacía con autoridad. No era un advenedizo que inventaba historias sin contenido. Hablaba y llegaba al corazón de las personas.
          Pero tampoco era un predicador que se limitara a explicar. Cuando ante sí tiene a un poseso, Jesús actúa frente al demonio y le da órdenes de abandonar aquel cuerpo de la persona poseída.
          El demonio se le enfrenta: ¿Qué tienes tú que ver con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Y Jesús increpa al mal espíritu: ¡Cállate y sal de él! Y el demonio retuerce al poseso y gritando muy fuerte, salió. El hombre quedó en calma y sin haber sufrido malas consecuencias. Lo que sí se produce es un movimiento de admiración profunda en las gentes, porque no sólo es que habla con autoridad, sino que manda a los espíritus inmundos y le obedecen. Evidentemente la fama de Jesús se extiende. Cafarnaúm es lugar principal y de influencia. Y aunque el mundo de los negocios poco se entera de las cosas que suceden, no podía pasar por alto, de alguna manera, aquellos comentarios que corrían de unos en otros, por lo que habían oído y visto.

          Me he fijado en un punto: cuando el demonio quiere entablar disputa con Jesús en plan de preguntas: ¿Has venido a acabar con nosotros?, ¿qué tienes que ver con nosotros?, Jesús no entra en esa dinámica. Con el demonio (con la tentación) no se puede establecer diálogo. Jesús toma la postura de “corte” de la conversación: “Calla y sal de él”. Y no hay conversación.

          Muchos son conscientes de que sus fallos, a veces graves, vienen de ese flirteo con la tentación que les llega…, que se les presenta a título de “curiosidad” en la que no se quiere pecar pero tampoco hay una postura drástica de corte. Y son bien conscientes de que acaban fallando. Y es que la tentación es muy ladina, y acaba derrotando al que pretende razonar con ella. ¡Cuántas caídas se evitarían si hubiera un talante definido de no dialogar con la tentación! Jesucristo lo expresa muy claramente cuando –con su modo extremoso de expresar su pensamiento- acaba diciendo que si tu mano o tu pie o tu ojo te son ocasión de pecado, te los cortas o arrancas, porque más te vale entrar en el cielo manco, cojo o tuerto, que con los dos ojos, las dos manos o los dos pies ser arrojado al fuego! Y no es que Jesús nos quiera mancos, cojos o tuertos, pero nos está diciendo que a la tentación hay que oponer soluciones drásticas sin entrar en conversación con el peligro que acecha. Y eso está comprobado claramente, aunque el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.

lunes, 8 de enero de 2018

8 enero. Llamada

Liturgia:
                      Entramos, por espacio de poco más de un mes en el tiempo que la liturgia llama “Tiempo Ordinario”, en su versión de “año par”. Se mantendrá hasta la Cuaresma y luego se reanudará pasado Pentecostés. Su nota característica son los ornamentos verdes de los domingos y de aquellos días en los que no haya celebración concreta de algún santo o fiesta particular, o no escoja el sacerdote los ornamentos correspondientes a la Misa “votiva” que él haya elegido. Hay una gran riqueza de Misas llamadas “votivas”, bien sean por intenciones generales (la Iglesia, el Papa, necesidades, familia, vocaciones, acción de gracias, la unión de los cristianos, la propagación de la fe cristiana, etc.), y otras de sentido más particular como la Eucaristía, el sacerdocio de Jesucristo, la Misericordia, el nombre o la Sangre de Jesús, la Virgen, algunos santos relevantes de la Iglesia… Dan variedad a la pastoral, para no estar repitiendo un día y otro el formulario del domingo anterior. Las lecturas deben seguir generalmente la llamada “lectura continua” y tiene preferencia a otras lecturas, siempre que en una determinada iglesia o lugar no se celebre un Patrón o una fiesta de índole particular. La lectura continua da esa continuidad al mensaje que la Iglesia pretende para la formación de los fieles. La palabra breve con la que el Sacerdote celebrante explica el contenido de esas lecturas, ayuda a encontrar el hilo conductor que la liturgia ha buscado trasmitir.

          Comenzamos hoy la 1ª semana del año litúrgico, par, con una historia que nos cuenta el primer libro de Samuel (1,1-8). De suyo es una presentación de un suceso más importante que va a suceder después. Hoy se presenta el estado de la cuestión: Elcaná, hombre bueno y virtuoso, tenía –al estilo de entonces- dos esposas: Ana y Fenina. Fenina tenía hijos y Ana no, porque era estéril. Elcaná repartía raciones a Fenina para sus hijos e hijas, mientras que a Ana, que era mujer sola, le daba una porción. Y Ana sufría mucho con aquello, y lloraba, Elcaná le preguntaba por qué lloraba, siendo así que él la quería mucho y pretendía suplir con su cariño el que a ella le faltaba de unos hijos.
          Queda ahí planteada la historia. Sólo planteada, porque lo que seguirá es el meollo al que se ha dirigido este planteamiento.

          El evangelio (Mc.1,14-20) es el comienzo de la vida pública de Jesús. Jesús ha salido por el Lago de Galilea, y anda comunicando a las gentes que se ha cumplido al plazo y que está cerca el Reino de Dios. En consecuencia debe producirse un cambio en los corazones de aquellas gentes, y Jesús les exhorta: Convertíos y creed la Buena Noticia. La llegada de Jesús supone una novedad, y tal novedad que es la entrada de una nueva etapa de la historia: el reino de Dios, y la Buena Noticia. Hay que creer en esa Buena Noticia. Hay que creer en el Evangelio. Y creer no es solo un acto de la mente sino del corazón y una implicación en ese nuevo mundo que nos trasmite esa palabra de Dios.
          Se plasma esa novedad es la llamada a los dos primeros hombres que van a acompañar a Jesús, llamados por él: Venid conmigo y os haré pescadores de hombres. Eran Andrés y Simón, los propietarios de una barca, que se hallaban en ese momento echando el copo en el Lago. Los dos no se lo pensaron. Dejaron la labor en manos de los jornaleros y ellos se fueron con Jesús. Me quedo siempre pensando qué conversación llevaron con Jesús. Qué les habló Jesús y qué contaron ellos…

          Claro que no dio mucho tiempo a contar historias porque al pasar junto a otros dos pescadores, Santiago y Juan, que estaban repasando sus redes para la siguiente faena. Jesús los llamó. Ellos vieron que sus compañeros de trabajo, Simón y Andrés, iban acompañando al que los llamaba, y dejaron todo lo que tenían entre manos y a su padre Zebedeo y se fueron con ellos. La conversación se animó. Eran 4 pescadores con sus historias, las más recientes. Y con el misterio de ser desde ahora “pecadores de hombres”, algo que no era fácil de interpretar pero que podía entenderse de alguna manera. Hasta ahora habían vivido entre peces y negocio de venta de sus pescas. Ahora irían a hablar con los hombres y a manifestarles su emoción por la llamada de aquel hombre, Jesús, que les había invitado a realizar una misión original.