viernes, 20 de julio de 2018

20 julio: Espigas en sábado


Ignacio al P. Pedro Canisio
          Pedro Canisio fue un alma de Dios, que hoy está en lo altares, y que fue uno e lo pioneros de la espiritualidad al amor de Jesucristo, el Sagrado Corazón.
          Ignacio le escribe gozándose mucho del fruto de su apostolado y de la buena influencia que ejerce en las almas. Le manifiesta sus sentimientos de alegría y gratitud, que inundan el alma al ver el bien que realizaban los hijos de Ignacio.
          Pero como estimulando a un “más”, tan típico de la espiritualidad ignaciana, le exhorta a que avance en la perfección: examinad la vocación a la que habéis sido llamado en virtud y gracia que te fue dada en Cristo. Ejercedla, insistid, negociad con ella para que no permanezca ociosa; nunca le resistáis porque Dios es el que obra en vosotros el querer y el obrar, en virtud de su beneplácito (citando así a Filip.2-13)

Liturgia:
                      Estamos en el muy conocido episodio de los discípulos arrancando unas espigas al pasar por un sembrado. (Mt.12,1-8) Afirma el evangelista que como los apóstoles tenían hambre, se echaron a la boca unas espigas cortadas al paso, y trituradas en las palmas de las manos. La verdad que poco iban a saciar el hambre con aquello, pero era un movimiento instintivo que hemos hecho muchas veces los que tuvimos la suerte de criarnos en ambientes cercanos a lo agrícola, y tuvimos la fruición de comernos unos granos de espigas cogidas al paso de un sembrado.
          Aquello, pues, en los apóstoles no tenía ni más malicia ni más “trabajo”. Y yo pienso que ni mucho cortar el hambre que podían tener, y que aquello sonaba más a juego natural en personas familiarizadas con los campos.
          Pero era sábado. Y los fariseos, que parecen estar debajo de las piedras para acusar a Jesús o a los que van con Jesús, expresan su escándalo como de haber visto “un trabajo” hecho en sábado. Para la forma de interpretar ellos el sábado, bajando a ridiculeces que contrastan con la verdad y por supuesto con el pensamiento de Jesús, resultaba buena ocasión para presentar sus quejas al Maestro, que era como recriminar a Jesús (que es lo que a ellos les importaba). Y se dirigieron a él con la acusación por delante: Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado.
          Jesús les replicó yéndose al recuerdo del venerado de los judíos, el rey David: ¿No habéis leído lo que bien hizo David cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes presentados, cosa que no podían hacer ni él ni sus compañeros sino sólo los sacerdotes. Les ponía un ejemplo al que no podían replicar porque sabían que era verdad y que había sido  saltarse David  la ley en un caso particular.
          ¿Y no habéis leído en la ley que los sacerdotes pueden violar el sábado sin incurrir en culpa? Por tanto no es el sábado una obligación absoluta sino que admite sus excepciones. Y la principal excepción está en la expresión de Dios que afirma que quiere misericordia y no sacrificios, y por tanto no lleváis razón cuando condenáis a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado. Ahí les daba la puntilla porque no sólo es que explicaba que se puede saltar la obligación del descanso sabático sino que él se proclamaba superior al sábado. Es decir: se ponía a la altura de Dios.
          No nos dice el evangelio cómo reaccionaron ante aquello. No iba ahora el evangelista a presentarnos una diatriba entre los fariseos y Jesús sino a defender que el sábado es un instrumento y no una ley absoluta. Y todo ello está muy en consonancia con todo lo que el evangelista San Mateo ha recogido del Sermón del Monte, para trasmitirnos el pensamiento de Jesús, que va a lo substancial e interior…, lo que nace del corazón humano, y no a una absolutez de la ley. Está bien resumido en el adagio: Misericordia quiero y no sacrificios, donde se está reflejando al corazón de Dios, abierto siempre a la compasión y al amor, y que manifiesta que está harto de holocaustos y sacrificios que se ofrecen en virtud de la ley. Porque la ley está hecha para el hombre (para el bien del hombre) y no el hombre para la ley (esclavizado a la letra de la ley).

jueves, 19 de julio de 2018

19 julio: Venid a mí...


Ignacio a los Padres enviados a Trento
          El Papa Paulo III pidió a San Ignacio que designara a 3 teólogos para el concilio de Trento. Laínez, Salmerón y Fabro fueron designados pero Fabro murió antes. Se sumó Jayo como procurador del Cardenal Truchsess.
          Ignacio les da instrucciones para el trato con las almas y entre ellos mismos. Y entre ellos comunicarse los proyectos y corregirse mutuamente.
          Respecto de las almas, sean discretos, modestos, acomodándose a los que le escuchan, procurando siempre el servicio de Dios. Evitarán las controversias y sean prudentes en el trato individual, asiduos al confesionario, caritativos y serviciales en los hospitales y en la predicación.

Liturgia:
                      Hoy se completa el evangelio anterior con la llamada de Jesús, llamada de misericordia y apoyo con los más necesitados. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. (Mt.11,28-30). Se continúa aquella alabanza a la gente sencilla y humilde que se había admirado de Jesús y de las obras de Jesús, pero que estaban como ovejas sin pastor. Jesús les ofrecía ese pastor cuando les dice que el Padre revela al Hijo y el Hijo revela al Padre y acoge a todos los que lo quieren aceptar. Ahora los llama expresamente a ir a él, tanto más cuanto que están agobiados bajo unas condiciones, aun religiosas, humillantes y aplastantes. Jesús les aliviará. Y no porque Jesús les vaya a presentar una religión fácil sino porque lo que les va a presentar es verdadero, es honradamente verdadero.
          Mi yugo  no deja de ser yugo y carga. Pero es llevadero y mi carga es ligera. Aquí encontraríamos el pasaje del Cireneo pero al revés. Aquí es cada hombre y mujer, cada “Cireneo” el que no puede tirar de sus propias cruces, y Jesús mete su hombro para levantar un poco la carga y que en vez de tener que llevarla solos, encuentren en Jesús al verdadero Cireneo que ayuda a llevar la cruz de cada persona. La cruz siempre es cruz. Pero la cruz llevada con Cristo se hace más ligera y el llevarla es más suave.
          Una misma situación dolorosa, una misma forma de desgracia,  es llevada de muy diferente manera según se lleve con la fe puesta en Jesús o a palo seco. La cruz que se lleva con la mirada puesta en Jesús, es yugo llevadero. Yo recuerdo en mis primeros momentos sacerdotales de hallar a una mujer que sufría desesperadamente su situación. Y yo le dije: sufre Vd. el doble, porque sufre su propia realidad y su pelea contra la realidad. Aquella mujer podría haber padecido más serenamente si hubiera acogido pacientemente su mal, pero lo padecía con pelea, y su desesperanza era mucho mayor.
          Jesús nos da una fórmula para vivir la contrariedad con un espíritu pacífico: Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis vuestro descanso. Ese es el secreto: aprender de Jesús, unirse a Jesús en todo momento, y unirse especialmente en los momentos duros, cuando parece que se hunde el mundo alrededor. Aprender de Cristo, que es manso y humilde de corazón, y hacer del propio corazón una copia del corazón de Cristo. Manso y humilde, sin resabios, sin pelearse con la dificultad, sino asumiéndola de manera que se haga “parte amiga” de la propia vida., y de la propia cruz. Y todo se hará mucho más llevadero.
          Yo recomiendo mucho saber mirar las dificultades como pasando “por la acera de enfrente” y no cargándoselas sobre los hombros. Sobre los hombros pesan mucho y se van haciendo cada vez más pesadas. En cambio saber descargarlas y mirarlas a distancia prudente, libera mucho el peso. Ya se sabe que eso no se consigue a la primera de cambio, pero se puede trabajar en esa dirección. Y se llega a conseguir, siempre que no haya un masoquismo en querer sufrir y poder provocar la compasión de otros por el propio sufrimiento. Se puede conseguir cuando hay una visión sobrenatural y acaba uno descargando la cruz a los pies del Señor, uniéndose a su propio sufrimiento y dándole al dolor la dimensión redentora que adquiere cuando ya no se sufre solo sino unido al yugo de Cristo y a la cruz de Cristo.

miércoles, 18 de julio de 2018

18 julio: Dios revelado a los sencililos


Día del Padre Arnaiz
          Será la última vez que este día se celebre sin que llamemos al protagonista: Beato Padre Arnaiz o Beato Tiburcio Arnaiz en los anales de la Iglesia y en el martirologio de la Compañía de Jesús.
          Hoy hemos de hablar del P. Arnaiz. Hay múltiples facetas del mismo que podrían ser objeto de nuestra reflexión. Pero más nos aprovechará quedarnos en un par de ellas que intentar hacer un elenco más amplio que dispersaría la atención a la figura del Padre Arnaiz.
          El evangelio de hoy nos sirve de  asiento para detenernos en una de esas dos facetas: nos dice Mt.11,25-27 que Jesús se emocionó ante la mujer sencilla que alabó a Jesús, mientras los sabios y entendidos lo menospreciaban. Jesús se dirige al Padre y le dice: Te doy gracias, Señor del Cielo y de la Tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. El Padre Arnaiz no era ningún ignorante y no pertenecía por sus conocimientos a los que no fueran entendidos. Tenía el título de Doctor en Teología. Pero en la hora de la verdad, su espíritu no era el de un intelectual que se apoyara en sus propios conocimientos y valores, sino un hombre de corazón sencillo que se abrió fácilmente a la gente sencilla porque sentía con los propios sentimientos de esa gente.
          Sí, Padre, así te ha parecido mejor –dice Jesús en su oración de acción de gracias- y acentúa la razón de esa gratitud: porque todo se lo ha entregado el Padre y nadie conoce al Padre sino  el Hijo, ni nadie conoce al Hijo sino el Padre y aquel a quien el Padre se lo quiere revelar. Ahí entra directamente el P. Arnaiz, porque Dios le quiso revelar los secretos de la santidad, que él vivió en la realidad de la atención a las gentes sencillas para que también ellas conocieran al Padre y a su Hijo Jesucristo.

          El otro aspecto en el que me quiero fijar, y coincide en lo esencial con el primero, fue el amor y entusiasmo que tuvo el P. Arnaiz con el Corazón de Jesús, cuya espiritualidad difundió en sus acciones apostólicas y misioneras, consagrando a las familias y a los hogares –entronizando en ellos al Sagrado Corazón-, haciéndolo bandera de su predicación y acción apostólica.
          Una concreción de ese apostolado fue centrarse en el movimiento espiritual del APOSTOLADO DE LA ORACIÓN al que llevó a muchas almas, por considerarlo vehículo importante para sembrar la devoción y culto al Sagrado Corazón. Sus Primeros Viernes, que eran sagrados para él, se reservaba la plática emocionante en la que dejar constancia del amor del Corazón de Cristo, que debía ser correspondido por al amor de los fieles a ese Sagrado Corazón. A ello dedicó buena parte de su acción allí donde ejerció su labor apostólica. Y consiguió inmensos frutos de piedad, que hoy se siguen viviendo en su tumba, donde tantas personas vienen a diario a orar ante los restos del Venerable Padre Arnaiz, a quien se atribuyen tantos favores y posibles verdaderos milagros que sólo Dios sabe.

Carta de Ignacio al Doctor Pedro Ortiz
                      Pedro Ortiz comenzó siendo contrario a Ignacio, con quien estudió teología en París. Llegado a Roma con una misión del emperador Carlos V, se hizo amigo y benefactor de Ignacio y sus compañeros.
          Hizo 40 días de Ejercicios Espirituales bajo la ayuda de Ignacio y pretendió pagar el favor inmenso recibido, procurando un beneficio eclesiástico para alguno de los miembros de la Compañía.
          Es la presente carta Ignacio rehúsa cortésmente tal beneficio, mostrándole al Doctor Pedro Ortiz que eso iba en contra de la vocación que los jesuitas habían profesado. Es llamativa la manera en que Ignacio declina el favor delicadamente, llegando a halagar al Doctor con lo bien que ese beneficio podía serle a los Colegios o Casas de la Compañía. Sin embargo no se compagina eso con la profesión religiosa jesuítica y con lo prescrito en las Constituciones de la Compañía.

martes, 17 de julio de 2018

17 julio: ¡Ay de ti...!


Ignacio a Francisco de Borja, Duque de Gandía
          Francisco de Borja estaba en los asuntos del Ducado de Gandía. Mantenía correspondencia con Ignacio por razón de la Universidad de Gandía. Ignacio envió 7 jesuitas junto al P, Oviedo.
          Ignacio dedica la carta a la parte espiritual. Alaba al Duque y se abaja a sí mismo. Quiere que Francisco de Borja no encumbre ni a él, Ignacio, ni a los jesuitas.
          Le exhorta a la unión con Dios, a la frecuentación de la Eucaristía, y le pide que le apoye con sus oraciones en la labor del superiorato de la Compañía.

Liturgia:
                      Jesús recrimina a las ciudades de Corozaín y Betsaida donde había hecho tantos milagros y sin embargo no se habían convertido ni lo habían aceptado a él. (Mt11,20-24) Jesús les hace las cuentas: si en ciudades paganas como Tiro y Sidón se hubiesen hecho las obras que se habían hecho en ellas, hace tiempo que se habrían convertido haciendo penitencia. A la hora de la verdad, el día del juicio, les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a ellas.
          Pero es que no solo eran esas ciudades impenitentes. Es que también Cafarnaúm, el emporio comercial de Palestina, entra en el mismo saco. Que si en Sodoma, con todo su desastre y mala fama, se hubiesen hecho los milagros que hizo en esa ciudad, Sodoma se hubiera salvado. Por eso el juicio a Sodoma será más suave que el de Cafarnaúm.

          No puedo menos que hacer el traslado a nuestro tiempo, a nuestras ciudades, a nuestros jóvenes, a nuestros obreros, a nuestros intelectuales…, a las gentes que andan despistadas y perdidas sin norte. Pueden tener delante miles de testimonios heroicos y valientes y ejemplares de la Iglesia en sus diversos estamentos e instituciones. Bastaría buena fe y ojos limpios de prejuicios para captar la ingente labor benéfica de la Iglesia, su labor docente, su atención al tercer y cuarto mundo con sus misioneros y la ayuda económica que esos países de frontera reciben de los fieles de esa Iglesia. Con un poco de ojos desempañados, se vería la obra ejemplar de la Iglesia, y por tanto de Jesucristo a través de sus enviados.
          Y eso, cuando la Iglesia está sufriendo el desgaste de la edad en un porcentaje elevado de sus miembros, que siguen –sin embargo- dando de sí todo lo que pueden y más de lo que pueden.
          Muchas veces me han preguntado cuando me jubilo. El cardiólogo me dice que me siente en una mecedora a leer el periódico. Las gentes se extrañan de que hombres y mujeres mayores, octogenarios y nonagenarios, sigan estando ahí en la brecha, dando lo que ya saben y ya pueden. Pero ahí están. Somos conscientes de que no tenemos fácil repuesto, y seguimos haciendo lo que las fuerzas nos permiten y nuestras capacidades nos dejan. Pero permaneciendo activos, cubriendo huecos
          Y eso no lo ven o no lo quieren ver estos nuevos “Corozaín y Betsaida”, esta nueva realidad de una Cafarnaúm de ojos ciegos para ver. Y mientras tanto surgen los nuevos “pobres de Yawhé”, las gentes sencillas que son capaces de ver y de admirar la ingente obra de la Iglesia de Jesucristo, y aún de colaborar en medio de sus también avanzados años, pero capaces de hacer todavía algo por los demás.
          ¿Quién echa cuentas de los monjes y monjas de clausura, que están ahí en la retaguardia, apoyando desde la oración y su trabajo a tantas misiones de la Iglesia? Santa Teresa del Niño Jesús (o de Lisieux), una religiosa joven y enferma, es patrona de las misiones por su labor a favor de la obra misionera de la Iglesia en los lugares más deshumanizados y necesitados.
          Por eso, si Jesús apareciera en nuestras ciudades y pueblos, tendría que repetir lo mismo que ya dijo entonces. Y los creyentes no podemos quedarnos parados ante esta avalancha del mal y esta influencia malévola de los medios de comunicación en manos de los enemigos de la Iglesia. No tenemos armas para defendernos y contraatacar. Estamos en inferioridad manifiesta de medios humanos. O recurrimos a nuestra fuerza, que es la oración y a nuestro testimonio, o nos quedaremos lamentándonos inútilmente, mientras las fuerzas del mal van ganando todos los terrenos.

lunes, 16 de julio de 2018

16 julio: Paz y espadas


Nuestra Señora del CARMEN
Ignacio al P. Nicolás Bobadilla
          El P. Bobadilla era un poco difícil, aunque hombre de grandes cualidades, que trabajó maravillosamente en Alemania e Italia, en grandes empresas que le encomendaron. Ignacio, que daba mucha importancia a las cartas, y así establece en las Constituciones que haya comunicación entre los miembros de la Compañía, da unas instrucciones sobre el particular. Bobadilla, caprichoso y un tanto singular, no está de acuerdo con esas disposiciones y se lo hace saber al Santo con la sinceridad que le caracterizaba.
          Ignacio acepta en tono paternal y humilde esa postura pero se mantiene en su posición, y le expresa al P. Bobadilla con el gusto que le dedica el tiempo en estas cartas, por la estima en que le tiene, hasta el punto de que estaría dispuesto a darle su voto para que fuera el Padre General.

Liturgia:
                      Continúa el evangelio de San Mateo con una serie de planteamientos básicos de la vida del que pertenece al Reino. Estamos en una continuación de las instrucciones que da a sus apóstoles al enviarlos a la misión, y tiene un conjunto de enseñanzas básicas para la vida de los creyentes.
En 10,34 a 11,1, Jesús pone delante su celo profundo por la conversión de su pueblo. Y aunque el fondo de su vida y su enseñanza es siempre la paz, como distintivo de su obra, ahora emplea otra comparación para indicar cómo se puede vivir la realidad del Reino. Y dice entonces que no penséis que he venido a sembrar paz; no he venido a traer paz sino espadas. Parecería contradecirse pero el argumento sigue siendo el mismo. El viene a traer paz pero el mundo no entiende de paz ni quiere compromisos del dominio que cada cual debe tener de sí mismo. Y entonces hay que establecer una lucha para que llegue a dominar el bien.
          Quiere decir que la enseñanza que él hace es acogida por unos y no por otros, y así resulta que donde él quiere que haya paz, se establece la guerra. Por eso he venido a enemistar al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y los enemigos de cada uno serán los de su propia casa. Evidentemente Jesús no había querido eso. Pero el resultado acaba siendo que, según se acepta o se rechaza su palabra, se produce en las mismas familias posturas encontradas.
          Jesús no puede quedarse en un punto medio, en un dar lo mismo situarse a la derecha o a la izquierda. Ante Jesús el que quiera a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. Y yendo adelante en esta idea de la lucha que supone el seguimiento de Jesús, el que no coge su cruz y me sigue, no es digno de mí. Ya vamos comprendiendo “la espada” que ha venido a establecer el Señor: es la lucha que la persona tiene que librar sobre sí misma para poder coger esa cruz y ser así digno de Jesús.
          Por eso el que quiere conservarse a sí mismo, se pierde, y el que pierde su vida por mí, la encuentra. Y el que os recibe a vosotros (los mensajeros de Jesús) a mí me recibe, y recibe al mismo Dios que me ha enviado. Se va aterrizando en el tema de la misión y del envío de aquellos apóstoles que han de salir a llevar adelante la obra de Jesús.
          Concluirá, pues, con una palabra consoladora para aquellos hombres que salen a campo abierto, como corderos entre lobos, y al mismo tiempo acogidos por quienes tienen paz y viven en son de paz. Dice, pues, Jesús: el que da un vaso de agua fresca a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga.

          Cuando Jesús concluyó aquellas instrucciones a sus Doce, él partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
          Hay en estas palabras una novedad que no es corriente. Por lo general los evangelios no hablan de una acción de Jesús para predicar cuando los discípulos han salido para la misión. Sin embargo aquí ha dado las instrucciones, los apóstoles se supone que han salido a realizar la obra encomendada, y nos dice el texto que Jesús salió a predicar y enseñar en sus ciudades. Deja la impresión de que Jesús se fue solo por otras partes mientras sus discípulos vivían el encargo que el Maestro les había hecho.

domingo, 15 de julio de 2018

15 julio: Apóstoles laicos


Ignacio a Ascanio Colonna
          Ascanio era hombre de guerra. Y usó en la vida familiar con su esposa el mismo estilo violento. Ella, Juana de Aragón, fue muy desgraciada en su matrimonio y comenzó a frecuentar los círculos del sospechoso Juan de Valdés. El Papa se preocupó y quiso que un jesuita fuese a intentar poner remedio. Primero fue Bobadilla y luego Araoz quienes lo intentaron, aunque sin éxito.
          Ignacio interviene personalmente con esta carta, en la que no entra directamente en el asunto sino que expresa los grandes bienes que se siguen de tratar con personas espirituales, y la necesidad que hay de padecer por la causa de Cristo para llegar a triunfar después. Esta realidad, le dice a Ascanio, tiene que tocar el honor de un noble  militar.
          Tan interesado estuvo el santo en este tema que hizo una de sus pocas salidas de Roma para visitar al personaje en el ducado de Paliano. La realidad es que no sirvieron tampoco las mediaciones de Ignacio.

Liturgia:
                      Es curiosa la 1ª lectura (Amós.7,12-15) que nos presenta al primer laico que es enviado por el Señor a comunicar su Palabra. Sufre un cierto desprecio de parte del sacerdote Amasías, que ni siquiera lo acoge como profeta (simplemente lo llama “Vidente”), y que intenta que Amós se vaya a otra parte a hablar sus discursos: vete, refúgiate, pero no aquí a costa de tus profecías.
          Amós responde que no es él quien ha tomado el camino aquel. Él es un simple cultivador de higos, un agricultor…, pero el Señor es quien le ha enviado. El Señor me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo Israel. No es por tanto una invención humana. Ha sido llamado a la misión, y lo que no puede es negarse a esa misión que le encarga Dios.

          El evangelio es el envío que Jesús hace de sus apóstoles, hombres del pueblo, a la misión de predicar la palabra y hacer las obras de Jesús: Mc.6,7-13. Tampoco ellos pueden negarse a aquel envío que les hace Jesús. Los envía de dos en dos porque el testimonio valía cuando dos al menos eran los testigos. Y reciben el encargo de Jesús para tener autoridad y fuerza frente a los espíritus inmundos.
          No van con sus fuerzas, ni poder, ni sabiduría propios. Queda evidenciado en las condiciones de carencia de recursos humanos con que son mandados a la misión: pueden llevar sandalias para sus caminatas de ciudad en ciudad, y bastón para ayudarse, pero nada más: ni pan, ni alforja, ni túnica de repuesto. Como Amós, no son ellos los que hablarán por propia iniciativa, sino por la palabra y el poder que en ellos pone Jesús.
          En la casa en que entren de primeras, allí han de quedarse y desde ahí ir irradiando hacia otras direcciones. La única condición es que haya acogida por parte de esa casa. Porque si un lugar no os recibe ni os escucha, os marcháis, sacudiendo el polvo de los pies para dejar constancia de su culpa.
          Los apóstoles salieron a predicar por diversas aldeas y ciudades, y en ellas hablaban a las gentes de la conversión, al mismo tiempo que echaban demonios, y curaban enfermos. Convertirse por dentro y ser sanados por fuera…, era la misión que llevaban a las gentes aquellos hombres de parte de Jesús.

          Estamos, pues, ante la implicación de los seglares en la extensión del reino de Dios, por el encargo que Dios hace, para que hombres y mujeres del pueblo se sientan testigos vivos del mensaje cristiano. Hoy sería de una actualidad mayor todo este mensaje, cuando la extensión del Reino de Dios necesita del compromiso de los seglares para ser en su ambiente y posibilidades de influencia, los testigos que lleven el mensaje de Jesús, y contagien desde su pequeñez lo mismo que aquel Amós, cultivador de higos, pero profeta por encargo de Dios…, o como aquellos hombres simples que Jesús puso en camino para ser ellos los que predicaran la conversión y cuidaran los enfermos que encontrasen en su camino.
          Fuerza que impulsa esa vocación apostólica de los seglares es LA EUCRAISTÍA, porque no se puede participar de la Comunión en forma pasiva de devoción espiritual.




          A ti, Señor, levantamos nuestra alma

-         Que la Palabra de Dios mueva nuestros corazones. Roguemos al Señor.

-         Que los laicos tomen conciencia de su puesto activo en la trasmisión de la Palabra. Roguemos al Señor.

-         Que los pastores sientan que los laicos son colaboradores en la misión de la Iglesia. Roguemos al Señor.

-         Para que la Eucaristía nos sea una exigencia apostólica para trasmitir el mensaje de Jesús. Roguemos al Señor.


Pedimos, Señor, que la Palabra sea un estímulo en nuestras vidas, y que cada cual se sienta miembro activo para proclamarla desde su realidad personal.
          Lo pedimos por medio de Jesucristo N. S.

sábado, 14 de julio de 2018

14 julio: No tengáis miedo


Ignacio a Diego Laínez
          Ignacio había sido ya elegido Superior General de la Compañía de Jesús. Ahora había que dotarla de unas Constituciones. Pero con su prudencia habitual, no redacta unas Constituciones desde un despacho sino que va haciendo tanteos de aspectos particulares para que sea la práctica la que diga lo que ha de quedar como definitivo.
          Al P. Laínez le da instrucciones de puntos particulares en esta temporada en que escribe la carta. Manda que comience a poner el marcha dos aspectos que deberán en su día subir a las Constituciones: la dedicación a la enseñanza de la doctrina a los niños (cosa que ya constaba en la Fórmula de institución y aprobación de la Compañía) al menos por el espacio de 40 días cada año, y otra parte sobre el modo de vestir y calzar que debe tener, conforme a capítulos que estaban pergeñados. Y a la vez que se lo manda bajo obligación del voto de obediencia, le levanta la tal obligación, si razones de orden superior se le presentasen al Padre Laínez.
          Es proverbial el doble sentido de Ignacio del valor de la obediencia, y el de la prudencia en casos particulares

Liturgia:
                      Sigue la instrucción comenzada ayer: Mt.10,24-33. Jesús lanza a los apóstoles a una misión para la que deben estar prevenidos. El discípulo no es más que su Maestro, ni el esclavo más que su amo. Si a Jesús le han tildado de Belzebul, ¡cuánto más le toca a los criados! Jesús no suaviza la situación; no trata de engatusar a sus apóstoles dorándole la misión a la que han de salir. Tienen que contar con la dificultad e incluso con la incomprensión y la acusación. Eso lo han hecho con él; no se pueden extrañar de que lo hagan con ellos.
          Pero no les tengáis miedo, porque nada hay encubierto que no llegue a descubrirse, nada escondido que no llegue a saberse. La verdad ha de sobresalir y vosotros tenéis que ir con la verdad por delante, prescindiendo de lo que otros digan o hagan. Lo que os digo de noche, publicadlo a la luz del día; lo que os digo al oído, publicadlo desde la azotea. Y no es que Jesús instruyera a los suyos en secreto ni a escondidas. Es una manera de decir que la Palabra que llevan por delante –la Palabra de Jesús-, tiene que abrirse paso a las claras y promulgarse por dondequiera que vayan.
          No tengáis miedo, les repite Jesús… No les tengáis miedo a los matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. No; temed a quien puede destruir en el fuego alma y cuerpo.
          Yo recuerdo siempre a una persona que se moría de temor ante esa afirmación, atribuyendo a Dios ese poder de destrucción. Yo no he entendido nunca esa palabra como si Dios fuera el que iba a  destruir alma y cuerpo en el fuego. En realidad esa es obra que corresponde al demonio. Porque la obra que pertenece a Dios es el cuidado del hombre. Tal como se expresa en la continuación: ¿No se venden dos pájaros por unos cuartos? –Pues ni uno solo  cae sin el permiso de Dios. O sea: la obra de Dios es la providencia amorosa que se cuida aún de los gorriones y de los cabellos de nuestra cabeza. No es el Dios que manda a destruir alma y cuerpo al fuego. Pues bien: si se ocupa de los gorriones y de los cabellos de nuestra cabeza, podemos estar seguros de que se ocupa de nosotros y nos cuida. Por eso, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Pues este mensaje lo tienen que tener en cuenta aquellos apóstoles en su misión, para que vayan con plena confianza en la providencia de Dios, lo que no quita que se van a encontrar con todas las dificultades.
Como decía ayer, la instrucción tiene un sentido escatológico y habla de la misión apostólica a través de los siglos. Y bien patente queda en la dificultad con la que se está encontrando la difusión del mensaje apostólico en los momentos presentes.
Sin embargo, no pueden achicarse los mensajeros de la Buena Noticia. Tiene que ponerse de parte de Jesús y de su Palabra, porque la vergüenza sería que por temores a la realidad actual, se dejara de proclamar ese mensaje. Y el valor tiene que vivirse en ponerse de parte de Cristo ante los hombres, y Cristo se pondrá ante el Padre de parte de esos sus mensajeros. Lo contrario sería que ante unos mensajeros que no se atreven, por miedo o respeto humano, a proclamar la Palabra de Jesús, Jesús tendrá que no reconocerlos ante  el Padre.

viernes, 13 de julio de 2018

13 julio: Normas para la misión


Ignacio a Pedro Fabro
          Pedro Fabro fue el primer sacerdote jesuita, y el que tomó los votos que emitió Ignacio al constituir la Compañía de Jesús. Ahora, ya en diciembre de 1542, Pedro Fabro estaba en Alemania en la corte de Carlos V, por envío expreso del Papa Paulo III.
          Ignacio le da instrucciones de cómo proceder en las cartas que escriba a Roma, y le llama la atención de que no lo ha hecho hasta el presente. Ignacio espera que se corrija para el futuro.
          Ignacio es un buen superior, que no se deja llevar de afectos, sino que busca el mejor orden de los suyos en todas las cosas, aunque para ello tenga que hacer uso de su autoridad. Pero es que eso es ser un buen superior, a la vez que expresa con caridad y delicadeza lo que tiene que decir. [Incluso con inmensa humildad, como consta por una carta anterior a Simón Rodrígues, que le había recriminado al Santo que no se tomaba con interés los asuntos de Portugal].

Liturgia:
                      Para la misión apostólica que veíamos ayer, Jesús da a sus apóstoles unas orientaciones y advertencias. Por lo pronto tienen que saber que os mando como corderos en medio de lobos. Sabía Jesús que la labor de sus hombres no iba a resultar fácil. A él no le resultaba fácil porque tenía siempre enfrente a los fariseos y a los sacerdotes, es decir, a los mentores religiosos que manejaban la vida del pueblo. Sus apóstoles, llevando la misión de Jesucristo, no iban a pasarlo mejor, porque se iban a encontrar con los mismos opositores que le hacían la guerra a él. Ellos van en son de paz, como buenos corderos que viven la mansedumbre. Delante van a tener a lobos feroces que les van a hacer la guerra abierta.
          ¿Cómo actuar? Jesús les dice: Prudentes como serpientes y sencillos como palomas. Y no fiarse de la gente. Porque en la gente van a encontrar quienes les hagan la guerra desde las sinagogas, que están copadas por los fariseos. Incluso estén preparados porque os llevarán ante los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes. Cierto que eso no se dio en la misión apostólica actual, y que las cosas no llegaron a mayores en aquella misión. Pero Jesús se estaba proyectando hacia tiempos posteriores, que ya nos narra el libro de los “Hechos”, en donde aparecen claramente todas esas situaciones de persecución y padecimientos. Jesús les advierte que así daréis testimonio por mi causa, ante las autoridades y ante los gentiles.
          Lo que recomienda Jesús es que no lleven preparado el pliego de descargos, sino que el Espíritu Santo pondrá en su boca las palabras con las que han de responder…, les sugerirá lo que han de decir y de cómo decirlo. Vuestro Padre hablará por vosotros.
          Andando el tiempo, la persecución no va a venir sólo de los enemigos. Van a ser los mismos amigos…, los padres los que denuncien a sus hijos, o los hijos los que actúen contra sus padres.
          La historia ha dado la razón a las palabras de Jesús. Y la historia actual es buena pruebe de esos frentes contrarios a los que mantienen la fe. Dentro de la misma familia. Jesús llega a decir entonces que todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero el que persevere hasta el final, se salvará. La táctica que Jesús recomienda no es la de hacer frente y luchar por la verdad cuando el ambiente es tan contrario que las palabras verdaderas se estrellan como en un frontón de mentiras y posturas extremas. Lo que queda que hacer es quitarse de en medio del ojo del huracán y marcharse a otra ciudad. Que no se os acabarán las ciudades de Israel antes de que llegue el Hijo del hombre.
          Es evidente que este discurso tiene un sentido escatológico y que va mucho más allá que unas orientaciones para la misión inmediata. La venida del Hijo del hombre será cuando sea, y será el final de los tiempos. Mientras tanto la misión de los discípulos de Jesús es ir en son de paz…, salirse de donde no hay paz, marchar, buscar el ambiente que no sea hostil, porque a la Palabra de Dios, y a Jesús mismo, no se le introduce por la fuerza. La misión del apóstol es esparcir la semilla. Cómo se acoge es ya algo que queda al misterio de la libertad humana.

jueves, 12 de julio de 2018

12 julio: La misión apostólica


Ignacio al P. Viola
          El P. Viola fue enviado a París para perfeccionar su latín e incorporarse a la Universidad al año siguiente. Viola no obedeció tal cual porque se sentía bien preparado y buen latinista. Pero el hecho es que perdió ocho meses sin poder incorporarse a los estudios universitarios. Y escribe a Ignacio cargando las causas de su fracaso al profesor y pidiendo orientación para el siguiente curso.
          Ignacio aprovecha la ocasión para darle principios sobre la obediencia ciega, porque había perdido el tiempo por no seguir las indicaciones que llevaba de Roma. Y le dice que su obediencia de juicio no parece auténtica, pues en vez de reconocer su error trata de que los superiores se pongan de su parte. A pesar de todas sus promesas de querer someter su juicio, le dice Ignacio, en realidad le sobraba el parecer propio, por el que se había regido en vez de obedecer.

Liturgia:
                      Jesús ha elegido a sus doce apóstoles. Ahora les da instrucciones (Mt.10,7-15) para su misión apostólica, a la que los envía por aldeas y ciudades. Lo que tienen que proclamar ante todo es que el reino de los cielos está cerca. El Reino “de los cielos” es el reino aquí abajo, el que trae Jesús, que –comenzando en la realidad del día a día- va conduciendo a que el cielo se acerque a lo humano, o que los humanos se acerquen al cielo.
          ¿Cómo se proclama ese reino? –Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Exactamente la misma obra de Jesús. Lo que ya habían visto que había hecho Jesús a los largo del tiempo que lo venían siguiendo, ahora lo van a hacer ellos, los doce.
          Y como lo reciben gratuitamente, gratis lo han de dar. Los fariseos y doctores esquilmaban a viudas y gente sencilla, buscando siempre un pago económico. Aquellos doce marcharían libres de esa carga, abiertos gratuitamente a hacer el bien.
          Y no sólo lo habían de hacer sin pedir nada a cambio, sino que ellos  mismos habían de ir desprendidos de todo: No llevéis en la faja oro, plata o calderilla, ni tampoco alforja para el camino, ni otra túnica, ni sandalias, ni bastón. Lo que las gentes le quieran dar, lo toman, porque digno es el obrero de su salario. Una cosa es ir desprendidos y otra que no vivan. Pero vivirán ayudados por las mismas gentes a quienes se dirigen.
          Eso sí: sea cual sea la situación, lo que se pide ante todo es que los reciban en paz. Cuando entréis en un pueblo o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y saludad y quedaos en su casa hasta que salgáis del lugar.  Le deseáis la paz y vendrá a ellos esa paz. Que si no fuera así y no os recibieren de buenas, la paz vuelva a vosotros. Pero vosotros os salís de allí y os vais a otra casa donde sí haya paz. Sacudís el polvo de los pies para no quedaros con nada de aquellos que no os reciben, y os buscáis la vida por otras familias que sí tengan en ellas la paz y sean capaces de vivir en paz y acogeros en son de paz.

          No cabe duda que la paz era un punto central en la vida de Jesús y en la obra que dependía de Jesús. Jesús es enamorado de la paz, que él tiene en sí mismo y quiere sembrarla por dondequiera que vaya. Cuando la resurrección, su repetido saludo distintivo es: PAZ A VOSOTROS. Así se presenta de improviso, aun en medio del susto de aquellos hombres, y así se acerca a ellos cuando ya lo han reconocido y acogido. Su repetitivo “paz a vosotros” es como la radiografía de su interior, y la proyección que quiere irradiar en los suyos.
          Pues así salen aquellos doce a su misión apostólica. Y subrayo que eran los “doce” porque de toda esta experiencia participó Judas con todos los demás. Lo que queda por pensar es que Judas no llevó en su alma la paz y no pudo trasmitirla. En el fondo de su corazón había una barrera a esa paz. ¿Cómo puede entenderse que hiciera todos aquellos prodigios que se enumeran al principio, y que al final se mostrara enemigo de Jesús? Ya indicaba yo ayer el misterio de la voluntad humana, y por tanto el misterio de la libertad. Donde once pusieron su libertad al servicio de la causa de Jesús, Judas optó por el sentido contrario. Es el misterio de la libertad humana, que en definitiva es el misterio de la mente humana, capaz de envenenarse y romper los dones recibidos.

miércoles, 11 de julio de 2018

11 julio: Los Doce Apóstoles


Ignacio a Simón Rodrígues
          Simón Rodrígues –uno de los primeros compañeros de Ignacio-, introdujo la Compañía en Portugal, y fue enviado por Ignacio para ver cómo suavizar la tensión que había entre el Rey y el Papa. El Rey favoreció a los jesuitas, atraído por aquellos primeros conocidos, Francisco Javier y el P. Simón.
          Ignacio le pide a Simón que sea más claro en sus cartas sobre los estudiantes que se han de enviar a Portugal, y le explica los criterios seguidos hasta ahora. No sería poco, dice Ignacio, que perseverara la tercera parte.
          Le comenta el tenor de vida que siguen los jesuitas en Roma, y le informa de las conversaciones con el Papa.

Liturgia:
                      Llegamos hoy a un momento clave en la vida de aquel grupo de discípulos que acompañaban a Jesús, porque de entre el grupo más numeroso, el Maestro va a escoger a doce hombres, a los que llamará “apóstoles”, y que a partir de ahora harán la vida con él, y a los que dará poder para expulsar demonios (Mt.10,1-7) y curar enfermedades y dolencias. Jesús va a constituir lo que será el “colegio apostólico”, que ya serán hombres con una proyección singular, para continuar en la historia la obra de Jesucristo. Por supuesto que les queda mucho que vivir y aprender, que caer y levantarse, y que ir adelante en la difícil tarea de vivir la vida de Jesús y junto a Jesús.
          A ellos les debemos nuestra pertenencia a la Iglesia, porque ellos fueron los que continuaron la obra de Jesús. y los que expandieron la fe por todas partes. Sus nombres los fue desgranando Jesús en una elección que hizo a su manera y deseo.
          El primero de esa lista fue Simón, el llamado Pedro. Y será el primero en todo, el que recibe de Jesús el encargo de confirmar en la fe a sus hermanos. Junto a Simón Pedro, está Andrés, su hermano de sangre. Y dos discípulos que van a venir a continuación, y que serán íntimos de Jesús –junto a Pedro- para momentos excepcionales de su  vida. Son Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo.
          A continuación va desgranando otros nombres que fueron de los primeros discípulos a los que Jesús llamó a ir con él: Felipe y Bartolomé (el que en otros momentos es llamado “Natanael”). Le sigue en la lista que nos trasmite Mateo, el nombre de Tomás, cuya llamada anterior por parte de Jesús no consta en ninguna parte, pero que aquí se antepone al mismo Mateo, el publicano que aceptó la llamada de Jesús.
          Los nombres que vienen a continuación salen por primera vez en esta lista de “apóstoles”: son Santiago el Alfeo y Tadeo (el conocido popularmente en nuestros tiempos por “Judas Tadeo”). Simón el fanático ocupa el puesto once, y no hay más noticias expresas de él. Y sin embargo fue tan apóstol como Pedro o Juan a Tomás.
          Finalmente en el último lugar se nombra a Judas Iscariote, el botón negro de la lista, del que siempre se acaba apostillando que fue el que entregó a Jesús. Y ya se sabe que “entrega” es a la muerte. Dicho con otra forma, fue el traidor. Tuvo en sus manos los mismos poderes que los demás: echó demonios y curó enfermedades. Pero al final no supo echar su propio demonio y curar su propia dolencia.
          Es la gran prueba de la libertad con que cada cual aceptamos o no nuestras propias responsabilidades, y las dirigimos en un sentido o en otro. Judas tuvo en su mano ser hoy un santo al que venerar por su fidelidad a Jesús. Y tuvo en su mano revolverse contra Jesús y acabar aplastando todo el bien que había recibido. Y ¡desgraciado de él!, optó por volver la espalda a su propio destino, y acabar siendo el terrible traidor que mordió la mano misericordiosa que le tendía siempre Jesucristo, su Maestro.
          Lo que va de los Once –todos ellos santos- a Judas –el traidor- es la libertad con la que se acepta o rechaza la mano amorosa de Jesús.
          Quiere el Señor que cada uno de nosotros nos alineemos detrás de alguno de los Once, y sepamos ser personas fieles al destino que nos pone Dios por delante. Y que nuestra libertad, para ser libertad verdadera, elija lo que conduce al servicio de Dios.

martes, 10 de julio de 2018

10 julio: Obreros para la mies


Ignacio a los PP. Broet y Salmerón
          El Papa Paulo III, puesto que los jesuitas se habían puesto a su disposición, envía a los PP. Broet y Salmerón a Irlanda, donde las exigencias heréticas de Enrique VIII habían creado una situación muy lamentable.
          Ignacio les da instrucciones que deben seguir en ese apostolado: deben ponerse a disposición de todos y atraer por medio de la conversación, que debe acomodarse a la idiosincrasia de lugares y personas, carácter y modo de ser del interlocutor.
          El enemigo busca entrar con las ideas de los otros para luego traer a su campo. Sigan la misma táctica; entrar con el pensamiento del otro para luego traer el discurso al campo de la verdad.
          Utilicen siempre la prudencia y la caridad.

Liturgia:
                      Es muy variado el evangelio de hoy (Mt.9,32-38). Empieza con un endemoniado que le presentan a Jesús, que tenía mudo al hombre poseído. Mateo, como vamos viendo en sus relatos, no entra en detalles ni en historias. Simplemente cuenta el hecho. Y el hecho fue que Jesús echó al demonio y habló el hombre mudo: al salir el demonio que le tenía trabada la lengua, el hombre habló. Lo que era de satisfacción y gozo para la gente, que decía admirada: Nunca se ha visto en Israel una cosa igual.
          A la otra parte estaban los fariseos, quienes con tal de no admitir las obras de Jesús, acaban atribuyendo al poder del demonio el exorcismo que había hecho Jesús. No puede ser más absurda la suposición porque el demonio no se va a expulsar a sí mismo. Pero los fariseos reaccionan así, desatendiendo la admiración de la gente que veía los hechos sin prejuicios. Mateo no explica más ni da más detalles.
          Lo que hace es poner a Jesús en movimiento hacia otras ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas y predicando el evangelio del reino. Y como Jesús va dejando una estela de hechos que corroboren sus palabras, simultáneamente a su enseñanza va curando todas las enfermedades y todas las dolencias.
          Es que Jesús se ponía en el lugar de las gentes y se compadecía de ellas; se le antojaban multitudes carentes de orientación buena, porque los mandatarios religiosos no cuidaban de ellas, y ellas andaban extenuadas y abandonadas como ovejas que no tienen  pastor.
          Para un pueblo pastoril como el judío, la imagen del rebaño sin pastor es una imagen muy dolorosa y deprimente. Es una imagen que expresa desastre. Y Jesús recurre a esa imagen para expresar su sentir sobre aquel pueblo que buscaba a Dios y a la hora de la verdad sus dirigentes no lo llevaban a Dios sino que ellos se aprovechaban de las ovejas en vez de cuidarlas.
          Y entonces Jesús, como el que observa el paso de aquellos “rebaños” abandonados, se vuelve a sus discípulos y les exhorta a una oración a Dios, el dueño –en definitiva- de la pies, para que envíe obreros a su mies

          La visión que hoy tendría Jesús de la historia actual, sería inmensamente dolorosa. No es ya sólo que las gentes andan abandonas sino que están “cuidadas” por malos responsables que las conducen a cisternas de aguas sucias, donde ese mundo se va perdiendo, alejándose da la acción salvadora que ofrece Jesús.
          Los docentes que han copado las aulas, están –en su mayoría- alejados de los principios cristianos. Los medios de comunicación ejercen una labor de zapa sobre los valores verdaderos, creando una mentalidad incluso hostil a la mente del Evangelio ofrecida por la Iglesia Católica.
          Y del lado “nuestro”, los pastores son cada vez más ancianos, menos en cantidad, con una dificultad lógica de adaptación a las nuevas tendencias, y sin tener detrás quien les sustituya y tome en su mano la antorcha del relevo. Con razón Jesús incitaba a sus apóstoles a pedir obreros para su mies, esa mies tan abundante, que camina perdida en medio de los vaivenes de una sociedad que cada vez está más en manos de las mafias de todo tipo, que engordan con la carne de los pobres hombres y mujeres a los que manejan como a corderos mansos, sin que las gentes tengan la capacidad de reacción porque están drogadas por los malos principios de un mundo fácil, que se deja llevar por la corriente del dinero y del placer.

lunes, 9 de julio de 2018

9 julio: Dos expresiones de fe


Avería eléctrica en la zona, retrasa la llegada del blog.

Carta de Ignacio a Magdalena de Loyola
        Magdalena de Loyola, hermana de Ignacio. Escribe el Santo exhortándole a una vida piadosa y frecuencia de los sacramentos. Y porque le enviaba “cuentas indulgenciadas”, cosa muy apreciada en ese momento. Ignacio le avisa de que sean bien usadas.
          Y acaba, como en la mayoría de sus cartas, con una frase que expresa el sentir de Ignacio: Su Divina Majestad, en su infinita y suma bondad, nos quiera dar su gracia cumplida, para que su santísima voluntad sintamos y aquella enteramente la cumplamos

Liturgia:
                      El texto que hoy nos trae San Mateo cuenta sintéticamente lo que el domingo antepasado nos contó Marcos en el evangelio del día. La verdad es que poco nuevo se puede aportar, aunque hay leves variaciones en el relato.
          El “personaje” –en el texto de Mateo n se identifica- viene a Jesús cuando su hija ha muerto. No obstante acude a Jesús, esperando que baje a la casa e imponga las manos en la difunta, y vivirá. Así de cierto lo tiene este hombre.
          Jesús se adapta a la fe del personaje y camina junto a sus discípulos hacia la casa de la niña muerta.
          Pero en ese camino se tercia una mujer que padecía hemorragias desde hacía 12 años, pensando que con solo tocarle el manto se curaría. Otro modelo de fe. No requiere que Jesús sea consciente, ni que Jesús imponga las manos…, ni siquiera llegar a la persona de Jesús. Le basta con tocarle el manto y tiene la fe de que así curará.
          Aquí no hay dramatización de la escena, sino simplemente que Jesús se vuelve, y al verla, le dice: Ánimo, hija; tu fe te ha curado. Con perspicacia femenina comenta una teóloga la dulzura de Jesús con la mujer. Y es que en las diversas narraciones evangélicas en las que intervienen mujeres, Jesús siempre es muy delicado. Tan solo tuvo palabras más adustas con las mujeres plañideras que acompañaban su camino hacia el Calvario, porque Jesús entonces padecía el dolor por aquel pueblo que se había convertido en leño seco: Llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos… Toda otra ocasión con la mujer es delicada y cercana.
          Cuando llegó Jesús a la casa del personaje ya estaban los flautistas y el alboroto de la gente…, todo ese tinglado externo tan oriental, para manifestar el dolor de la muerte. Jesús vio el alboroto de la gente y dijo: ¡Fuera!, la niña no está muerta; está dormida. Casi que aquello molestó más que otra cosa y lo tomaron a burla y se reían de él. La realidad es que Jesús hablaba más de lo que iba a ser que de lo que estaba siendo. Porque era un hecho que la niña había muerto. Pero él venía a devolverle la vida.
          Echaron fuera a la gente, y él cogió a la niña de la mano y ella se puso en pie. ¡La había “despertado”! Y aquello sobrecogió a las gentes y la noticia se divulgó por toda la comarca. ¡No era para menos! Se había divulgado la muerte y allí estaban aquellas gentes haciendo el duelo. Sin embargo Jesús ha intervenido como quien es la resurrección y la vida. y la niña -recibiendo esa vida por la mano de Jesús- se puso en pie.

          La fe es aceptar la Palabra de Dios por la autoridad del mismo Dios que no puede ni engañarse ni engañarnos.
          La fe es el amor, puesto en las manos de la persona en quien se confía.
          La fe es el principio que lleva a la salvación.
          La fe es la capacidad para aceptar la duda. Y admito que es la presentación que más me mueve, porque es ese punto en que uno cierra los ojos, ante lo que parece imposible, pero acoge sin dudar porque la palabra viene de Dios.
          La fe es esa vivencia por la que, ante un pozo sin fondo, le dicen a uno: ¡Tírate! Y se lanza al vacío con la plena seguridad de que aparecerá la mano de Dios que sostiene.
          La fe es la del personaje que, ante la hija muerta, todavía cree que Jesús imponiéndole las manos a la difunta, vivirá.
          Y la fe es la de la mujer de las hemorragias, que tiene la seguridad de que con sólo tocar el manto de Jesús, casi de tapadillo, va a curar de su enfermedad, arrastrada ya 12 años sin tener remedios médicos.