domingo, 22 de mayo de 2016

ZENIT 22: Ángelus del día de la Trinidad

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy, fiesta de la Santísima Trinidad, el Evangelio de san Juan nos presenta un fragmento del largo discurso de despedida, pronunciado por Jesús poco antes de su Pasión. En este discurso, Él explica a los discípulos las verdades más profundas que tienen que ver con él; y así se delinea la relación entre Jesús, el Padre y el Espíritu Santo. Jesús sabe que está cerca de la realización del diseño del Padre, que se cumplirá con su muerte y resurrección; por eso quiere asegurar a los suyos que nos les abandonará, porque su misión será prolongada por el Espíritu Santo. Será el Espíritu Santo quien prolongue la misión de Jesús. Es decir, guiar la Iglesia hacia adelante.
Jesús revela en qué consiste esta misión. En primer lugar, el Espíritu nos guía a entender las muchas cosas que Jesús mismo todavía tiene que decir (cfr Gv 16,12). No se trata de doctrinas nuevas o especiales, sino de una plena comprensión de todo lo que el Hijo ha escuchado del Padre y que ha hecho conocer a los discípulos (cfr v. 15). El Espíritu nos guía en las nuevas situaciones existenciales con una mirada dirigida a Jesús y, al mismo tiempo, abierto a los eventos y al futuro. Él nos ayuda a caminar en la historia firmemente arraigados en el Evangelio y también con fidelidad dinámica a nuestras tradiciones y costumbres.
Pero el misterio de la Trinidad nos habla también de nosotros, de nuestra relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. De hecho, mediante el Bautismo, el Espíritu Santo nos ha metido en la oración y en la vida misma de Dios, que es comunión de amor. Dios es una “familia” de tres Personas que se aman tanto que forman una sola cosa. Esta “familia divina” no está cerrada en sí misma, sino que está abierta, se comunica en la creación y en la historia y ha entrado en el mundo de los hombre para llamar a todos a formar parte. El horizonte trinitario de comunión nos rodea a todos y nos estimula a vivir en el amor y en el compartir fraterna, seguros de que allí donde hay amor, está Dios.
Nuestro ser creados a imagen y semejanza de Dios-comunión nos llama a comprendernos a nosotros mismo como ser-en-relación y a vivir las relaciones interpersonales en la solidaridad y en el amor mutuo. Tales relaciones se juegan, sobre todo, en el ámbito de nuestras comunidades eclesiales, para que se cada vez más evidente la imagen de la Iglesia icono de la Trinidad. Pero se juegan en cada relación social, de la familia a las amistades y al ambiente de trabajo, todo: son ocasiones concretas que se nos ofrecen para construir relaciones cada vez más ricas humanamente, capaces de respeto recíproco y de amor desinteresado.  
La fiesta de la Santísima Trinidad nos invita a comprometernos en los acontecimientos cotidianos para ser levadura de comunión, de consolación y de misericordia. En esta misión somos sostenidos por la fuerza que el Espíritu Santo nos dona: cuida la carne de la humanidad herida por la injusticia, la opresión, el odio y la avaricia. La Virgen María, en su humildad, ha acogido la voluntad del Padre y ha concebido al Hijo por obra del Espíritu Santo. Nos ayude Ella, espejo de la Trinidad, a reforzar nuestra fe en el Misterio trinitario y a encarnarla con elecciones y actitudes de amor y de unidad.

Después del ángelus:

¡Queridos hermanos y hermanas!
Ayer en Cosenza, fue proclamado beato Francesco Maria Greco, sacerdote diocesano, fundador de las Hermanas Pequeñas Operarias de los Sagrados Corazones. Entre el siglo XIX y XX fue un animador de la vida religiosa y social de su ciudad, Acri, donde ejercitó todo su fecundo ministerio. Damos gracias a Dios por este sacerdote ejemplar.
Este aplauso también por los muchos buenos sacerdotes que hay en Italia.
Mañana comenzará en Estambul, Turquía, la Primera Cumbre Mundial Humanitaria, con el fin de reflexionar sobre las medidas que hay que adoptar para ir al encuentro de las dramáticas situaciones humanitarias causadas por conflictos, problemáticas ambientales y extrema pobreza. Acompañamos con la oración a los participantes de este encuentro para que se comprometan plenamente a realizar el objetivo humanitario principal: salvar la vida de cada ser humano, nadie excluido, en particular los inocentes y los más indefensos. La Santa Sede participará en este encuentro, en esta Cumbre Humanitaria, y por eso hoy viaja, para representar a la Santa Sede, el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin.
El martes, 24 de mayo, nos uniremos espiritualmente a los fieles católicos en China, que en este día celebran con particular devoción la memoria de la beata Virgen María “Ayuda de los Cristianos”, venerada en el santuario de Sheshan en Shanghai. Pidamos a María que done a sus hijos en China la capacidad de discernir en cada situación los signos de la presencia amorosa de Dios, que siempre acoge y siempre perdona. En este Año Santo de la Misericordia puedan los católicos chinos, junto a los que siguen otras nobles tradiciones religiosas, convertirse en signo concreto de caridad y de reconciliación. De tal forma promoverán una auténtica cultura del encuentro y la armonía de toda la sociedad. Esa armonía que ama tanto el espíritu chino.
¡Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos! En particular estoy contento de acoger a los fieles ortodoxos de la Metropolitana de Berat, en Albania, y les doy las gracias por su testimonio ecuménico.
Saludo a los niños de la Escuela de las Hermanas Salesianas de Cracovia; los estudiantes de Pamplona, los fieles de Madrid, Bilbao y Gran Canarias en España, Meudon y Estrasburgo en Francia, Laeken en Bélgica; y el grupo de trabajadores sanitario de Eslovenia.
Saludo a la comunidad católica china de Roma, las Confraternidaes de Cagliari y de Molfetta, los jóvenes de la diócesis de Cefalù, los ministrantes de Vall’Alta, la Acción Católica diocesana de Mileto- Nicotera-Tropea, y las Corales de Desenzano de Garda, Ca’ de David y Lungavilla.

Os deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto! 

22 mayo: SANTÍSIMA TRINIDAD

Día 26
Comienza la NOVENA AL SAGRADO CORAZÓN
DIFUNDIDLO entre vuestros conocidos.
A 6'45 Exposición, Rosario, Preces de la Novena y Bendición
7'30: SANTA MISA y predicación de la Novena.

Liturgia.- Día de la Santísima Trinidad
          Es lo más difícil de predicar. De una parte estamos ante algo tan sencillo como que Jesús nos ha manifestado esa realidad; y ante algo tan complicado que no hay mente humana que pueda explicar nada de tal misterio.
Sabemos que Jesús nos ha hablado del PADRE. Sabemos que el Padre tomará de Jesús lo que se nos anuncie. Y sabemos que lo que Jesús nos ha dicho necesitará de la venida del Espíritu Santo para llevarnos a la verdad completa. Y más allá de ello son elucubraciones teológicas o populares para querer explicar lo inexplicable. (Evangelio de hoy: Jn 16, 12-15).
Es que MISTERIO es misterio. Y el misterio es algo indescifrable. Los esfuerzos por explicarlo pueden ser meritorios, pero siempre quedarán en meras comparaciones externas, mientras que nuestra relación con Dios-Trinidad es tan simple como nuestra relación con Dios. Y como Dios se ha hecho Palabra en Jesús, Hombre que vivió nuestra humanidad, el conocimiento que podemos tener más claro es el de Jesús. Eso nos basta. Ahora Jesús nos enseña que conocerlo a él es conocer al Padre, y eso nos tiene que bastar.
Incluso ese Espíritu que nos enviará Jesús y que revelará la verdad completa, no nos revelará el misterio de la Trinidad porque dejaría de ser misterio y equivaldría a saber nosotros lo arcano de Dios. A nosotros nos basta la fe en esa obra de Dios que es Jesús. Todo lo que tiene el Padre es mío; tomará de lo mío y os lo anunciará
La 1ª lectura (Prov. 8, 22-31) nos transporta a la eternidad. Una lectura que expresa la Sabiduría de Dios, identificada con Dios mismo, y nos expresa cómo el misterio se realiza ya en esa eternidad. Dichos todos que –al modo humano- tienen necesariamente que hacer referencia al tiempo, que es lo que nosotros entendemos: “al principio”, “al comienzo”, “en tiempos remotísimos”, antes de…”. No podemos explicarlo de otra manera pero se está refiriendo a la eternidad de Dios, que no tiene comienzo. “Entonces” ya estaba realizado el Misterio en la esencia misma íntima de Dios.
Con razón desemboca en el Salmo 8: Señor, Dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra. Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos.
Salmo mesiánico porque concluye con una mirada al propio Jesús, el Hijo, al que todo lo sometiste bajo sus pies, rebaños de ovejas y toros y hasta las bestias del campo, las aves del cielo y los peces del mar, que trazan sendas por el mar.
La 2ª lectura afirma que estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo y el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. Caminamos, pues hacia Dios, por medio de Jesucristo en el amor derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo.
En la celebración eucarística comenzamos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Cantamos el himno trinitario del Gloria, y dirigimos nuestra oración a la Trinidad. En el Credo hacemos profesión de fe trinitaria, y ofrecemos luego la Plegaria al Padre, por Cristo, en la unidad del Espíritu Santo. Y concluye todo con la Bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es decir: nos movemos en un ámbito en el que la Santísima Trinidad lo encierra todo.
MARÍA

          El Padre le reveló a María la elección. Elección para que aceptara la encarnación del Verbo, el Hijo, que realizaría el Espíritu Santo cubriendo con su sombra. Y así fue concebido Jesús en el seno de una mujer, bajo la ley (es decir: una concepción real humana pero sin obra de varón). Un misterio de Dios Trinidad que quedaba envuelto en otro misterio. Pero así son las cosas de Dios, en las que el entendimiento humano no alcanza a comprender ni tiene que intentarlo. Siempre, más allá, está Dios. Y como eso sí que lo captaba María, optó por no pedir más explicaciones, y responder con un HÁGASE, que resumía toda la actitud de ella ante el gran misterio aceptado en su plena humildad de mujer.

sábado, 21 de mayo de 2016

21 mayo: La Unción de los enfermos

Liturgia
          Uno de los Sacramentos que no encuentra apoyo claro en la Palabra escrita es el de la Unción de los enfermos. Algunas unciones que aparecen en los evangelios no parecen hacer referencia a ello. El texto que más se acerca a hablar de la institución sacramental de la Unción es éste de Santiago 5, 13-20, en la que el apóstol invita a llevar al enfermo a los presbíteros de la Iglesia, que recen sobre él después de ungirlo con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo; el Señor lo curará y si ha cometido algún pecado, lo perdonará. Es realmente un texto que presenta todas las características de una acción sacramental.
          De hecho la praxis de la Iglesia avala la realidad divina de este sacramento, que quedó fijado en el canon de los 7 sacramentos de la Iglesia.
          Durante mucho tiempo se le llamó “extremaunción”, por aquello de que se administraba en circunstancias extremas  del enfermo, prácticamente moribundo. Y eso le ha creado una “leyenda negra” que provoca el rechazo, unas veces de parte del propio enfermo (que se cree que darle la Unción es antesala de la muerte) y otras de la familia que teme que se puede asustar…, y entonces deja para tan última hora la administración del sacramento que se pierde uno de sus posibles efectos: LA SANACIÓN DEL ENFERMO: la oración de la fe salvará al enfermo y el Señor lo curará.
          El Concilio Vaticano II utilizó ya la expresión de Unción de los enfermos, y se aconsejó su administración no sólo al final de la vida sino en circunstancias particulares: ante una operación quirúrgica, ante la llegada a los años de vejez, en determinadas fechas litúrgicas, ante un viaje de cierto riesgo. De esa manera se le quita esa connotación de “miedo” a recibirlo porque se ha familiarizado uno a ello en estadios normales de vida y habiendo salido fortalecido de esos trances.
          No obstante la “leyenda negra” sigue vigente y el temor instintivo de las familias priva muchas veces al enfermo cristiano de lo que para él sería un consuelo en su enfermedad.
          El evangelio (Mc 10, 13-16) es corto y presenta a las madres que traen a sus hijos pequeños a que Jesús los toque. Pero los discípulos creen aliviar el trabajo de Jesús impidiéndoles a los niños  que se acerquen. Jesús reacciona diciendo a sus apóstoles que no se lo impidan; de los que son como ellos es el reino de los cielos.
          No es lo monos que son los nenes, ni su ternura ni sus caricias lo que está poniendo Jesús de manifiesto en esa defensa de que se acerquen los niños a él. Lo que Jesús admira en ellos es la espontaneidad y la inocencia, la ausencia de malicia y de resabios. De ahí que lo que les dice a sus apóstoles a continuación es que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Se trata de esa lozanía con la que hay que acercarse al reino de Dios, sin los prejuicios o las justificaciones de los mayores, de los colmillos retorcidos, de los autoengaños con los que uno interpreta la religión a su manera y conveniencia. Jesús expone el reino con toda franqueza y quiere que la respuesta vaya en la misma línea. Respuesta de frente y acogiendo al reino como es y como lo expone Jesús, y no bajo los velos de camuflaje con que es fácil encontrarnos con los dedos cogidos por nuestras conveniencias y temores.

MARÍA
          En una canción se dice que una flor es el comienzo de un capítulo de amor. Una flor es una parte de un conjunto y de un sentido mucho mayor que la flor en sí. La flor es simbólica. El amor que hay detrás de esa flor es el que tiene importancia. Sin que hubiera ese amor, la flor sería huera, inútil y casi sarcástica. Pero lo normal es que el que obsequia con flores, quiere expresar una riqueza de sentimientos que nacen más en lo profundo de la persona. Es el comienzo de un capítulo de AMOR.

          Acudamos hoy a María con una nueva flor que vuelve a abrir un nuevo capítulo de cercanía y delicadeza, de amor y de detalles que van al fondo del corazón de la persona. Y que el amor se exprese en el mismo lenguaje de María, la dichosa porque escuchó la palabra de Dios y la vivió. Ella ofreció a Dios sus mejores flores desde el comienzo de su vida consciente y eso fue constituyendo un capítulo de fidelidades que llevó hasta el extremo. Ella amó con el más puro amor que puede ofrecer una criatura.

viernes, 20 de mayo de 2016

ZENIT 20: Jesús nunca negocia la verdad

El papa Francisco ha reflexionado este viernes por la mañana, en la homilía de la misa celebrada en Santa Marta, sobre el Evangelio en el que Jesús habla a los fariseos del adulterio. Cristo, ha afirmado el Papa, supera la visión humana que reduce la visión de Dios a una “ecuación casuística”.
Así, ha explicado que el Evangelio está lleno de “trampas”, en las que los fariseos y doctores de la ley tratan de hacer caer a Jesús para sorprenderle desprevenido, hacerle perder la autoridad y el crédito que tiene entre la gente. Y una de tantas es la que el Evangelio del día narra, cuando los fariseos le preguntan si es lícito repudiar a la mujer.
El Santo Padre lo ha definido como la “trampa” de la “casuística”, inventada “por un pequeño grupito de teólogos iluminados”, convencidos “de tener toda la ciencia y la sabiduría del pueblo de Dios”. Una trampa de la que Jesús sale yendo “más allá”, “a la plenitud del matrimonio”, ha explicado el Pontífice.
A propósito, el papa Francisco ha explicado que Jesús ya lo hizo en el pasado con los saduceos, sobre la mujer que había tenido siete maridos pero que en la resurrección no estará casada con ninguno porque en el cielo no se toma “ni mujer ni marido”.
En ese caso, tal y como ha recordado el Papa, Jesús se refirió a la “plenitud escatológica” del matrimonio. Con los fariseos, sin embargo, “va a la plenitud de la armonía de la creación”: “Dios los creó hombre y mujer” y los “dos serán una carne sola”. Ya no son dos, sino una sola carne. Por lo tanto, ha precisado Francisco, lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.
Asimismo, el Pontífice ha indicado que Jesús nunca negocia la verdad. Y este pequeño grupo de teólogos iluminados, negociaban siempre la verdad, reduciéndola a casuística. De este modo, ha insistido en que “Jesús no negocia la verdad. Y esta es la verdad sobre el matrimonio, no hay otra”.
Pero Jesús –ha añadido el Papa– es tan misericordioso, es tan grande, que nunca, nunca, nunca cierra la puerta a los pecadores. Por eso no se limita a enunciar la verdad de Dios sino que pide también a los fariseos lo que Moisés estableció en la ley. Y cuando los fariseos le repiten que contra el adulterio es lícito “un acto de repudio”, Jesús les replica que esa norma fue escrita “por la dureza de vuestro corazón”. Es decir, ha aseverado el Papa, Jesús distingue siempre entre la verdad y la debilidad humana, sin rodeos.
“En este mundo en el que vivimos, con esta cultura de lo provisional, esta realidad de pecado es muy fuerte. Pero Jesús, recordando a Moisés, nos dice: ‘Pero, hay dureza en el corazón, hay pecado, algo se puede hacer: el perdón, la comprensión, el acompañamiento, la integración, el discernimiento de estos casos… Pero siempre… ¡pero la verdad no se vende nunca!’. Y Jesús es capaz de decir esta verdad tan grande y al mismo tiempo ser muy comprensivo con los pecadores, con los débiles”, ha explicado el Santo Padre.  
Por lo tanto, el Pontífice ha subrayado que estas son las dos cosas que Jesús nos enseña: “la verdad y la comprensión”, lo que los “teólogos iluminados” no consiguen hacer, porque están cerrado en la trampa “de la ecuación matemática” del “¿se puede? ¿no se puede?”. Y así, son “incapaces tanto de horizontes grandes como de amor” por la debilidad humana.
Es suficiente con mirar la “delicadeza” con la que Jesús trata a la adúltera que va a ser lapidada: “Yo tampoco te condeno, ve y de ahora en adelante no peques más”.
Para finalizar la homilía, Francisco ha pedido que “Jesús nos enseña a tener con el corazón una gran adhesión a la verdad y también con el corazón una gran comprensión y acompañamiento a todos nuestros hermanos que están en dificultad”. Y esto es un don –ha observado– esto lo enseña el Espíritu Santo, no estos doctores iluminados, que para enseñarnos necesitan reducir la plenitud de Dios a una ecuación casuística. 

ZENIT 20: La seriedad del matrimonio

Liturgia
          La perícopa de la carta de Santiago que hoy tenemos (5, 9-12) toca varios puntos. Uno, evitar la queja contra otros, porque eso conduce al juicio y a la crítica, realidades que hay que evitar y superar desde la paciencia. ¡La paciencia!, segundo punto, que tuvieron los  profetas, y que no es el simple aguante de la contrariedad sino el fruto de una paz interior, de una actitud de aceptación de las contrariedades por razón de la fidelidad a Dios. Porque, tercer punto, Dios es compasivo y misericordioso y tenemos que imitar esa grandeza del corazón de Dios, siendo nosotros misericordiosos. Y finalmente, cuarto punto, no jurar para corroborar alguna respuesta. Vuestro sí sea sí y vuestro no, no, para no exponernos a ser juzgados.
          El evangelio (Mc 10, 1-12) es hoy más actual aún que en los tiempos de Jesús. Porque entonces podía darse en algunos casos como los que exponen los fariseos a Jesús, pero hoy está al cabo de la calle. La pregunta de los fariseos es si es lícito por alguna causa divorciarse un matrimonio. Jesús dice que no. Le aducen que Moisés lo consintió. Y Jesús responde que por la dureza del corazón lo permitió Moisés, pero al principio no fue así. Jesús se remonta a los planes primeros de Dios, que son que el hombre y la mujer se unen y forman una sola cosa. Y eso ya no se puede deshacer porque ya no son dos sino uno solo. Y lo que Dios ha unido no puede separarlo el hombre.
          Habrá leyes civiles permisivas del divorcio, pero ante Dios no hay tal ley. Y cuando los apóstoles le preguntan a solas sobre aquello, Jesús explicita la consecuencia de tal ley de Dios: que el casado que se divorcia y se casa por segunda vez, comete adulterio, sea hombre o mujer. Y la expresión “adulterio” era de mucha fuerza en aquella sociedad en la que el pueblo era considerado adúltero cuando dejaba a Dios y se iba con otros dioses y otras maneras. El sentido del adulterio adquiría un sentido sagrado de mucha envergadura, que chirriaba en las mentes de aquellas mentalidades.
          La actualidad presente se lo ha tomado un tanto a la ligera y, cambiando el nombre (que es el estilo de la “cultura” actual), permite “rehacer la vida”. Con lo cual soslaya el sentido de adulterio aunque se cae de lleno en él.
          El problema está en la raíz: en la falta de seriedad con que se viven los años anteriores al matrimonio. La superficialidad de las relaciones de la pareja, el materialismo con que se afrontan esos años previos que debieran ser de conocimiento recíproco y de planteamientos serios de futuro, de proyecto de vida, de mutuo conocimiento de virtudes y defectos, de planificación… Y cuando esa relación del noviazgo (expresión que va también desapareciendo) se va quedando en frivolidades, es evidente que los matrimonios son después un fracaso.
          El tema de fondo es que muchas parejas no tienen vocación de casados porque se han desenvuelto en un clima marcadamente egoísta, sin capacidad de ceder y sin disposición de sacrificio. Y luego no hay capacidad de aguante, de maduración en las decisiones, en actitud de superación de las naturales diferencias de psicología y carácter que necesariamente tiene que haber en el varón y la mujer.
          Por eso, si bien la lectura de este evangelio puede parecer que sobra para determinados ambientes de personas mayores o ya muy definidas en su vida, no está de más encontrarse con esta realidad y enfocarla desde parámetros evangélicos y cristianos.
          Porque luego no es raro que –el día que toca el problema en la propia familia- todos nos volamos muy condescendientes. Por vuestra terquedad ha ocurrido así. Pero al principio, en el plan de Dios, no fue así.

MARÍA

          El matrimonio de María y José no fue fácil. Incluso el mismo José estuvo a punto de dar a su esposa (prometida definitivamente en matrimonio) el acta de repudio. Y María fue consciente de a qué se exponía el día que le dijo al ángel que se hiciera en ella conforma al proyecto de Dios. José y María fueron serios en sus planteamientos y acogieron que su matrimonio había de ir por otros cauces de los normales. Y no obstante la enorme dificultad, aceptaron el envite. Y lo vivieron de por vida, aunque se habían roto todos los esquemas iniciales de una pareja judía, siempre deseosa de muchos hijos. Pero si las circunstancias habían llevado hasta allí, acogen plenamente el plan de Dios, y llevan su matrimonio a plenitud en la realidad concreta que les ha tocado vivir, y que ellos han aceptado decididamente.

jueves, 19 de mayo de 2016

ZENIT 19: La explotación laboral, grave pecado

Explotar a la gente en el trabajo para enriquecerse es transformarse en sanguijuelas y un pecado mortal. Con esta determinación lo ha asegurado el papa Francisco en la homilía de la misa celebrada esta mañana en Santa Marta, explicando las lecturas del día.
En la carta de Santiago hay una fuerte advertencia a los ricos que acumulan dinero explotando a la gente. Así, el Papa ha precisado que “las riquezas en sí mismas son buenas” pero son “relativas, no son algo absoluto”.
De este modo ha reconocido que se equivocan los que siguen la llamada “teología de la prosperidad” según la cual “Dios te hace ver que tú eres justo si te da muchas riquezas”. El Santo Padre ha precisado que el problema es no unir el corazón a las riquezas porque “no se puede servir a Dios y a las riquezas”. Porque se pueden convertir en “cadenas” que quitan “la libertad de seguir a Jesús”.
Tal y como ha explicado el Papa, Santiago en su carta dice que “el jornal defraudado a los obreros que han cosechado vuestros campos está clamando contra vosotros; y los gritos de los segadores han llegado hasta el oído del Señor de los ejércitos”.
En esta misma línea, ha indicado que “cuando las riquezas se hacen con la explotación de la gente, esos ricos explotan el trabajo de la gente y esa pobre gente se convierte en esclava”. De este modo ha explicado cómo suceden las cosas hoy: ‘quiero trabajar’ – ‘Vale: te hago un contrato. De septiembre a junio’. Sin posibilidad de pensión, sin aseguración médica… En junio le despiden y julio y agosto debe comer del aire. Y en septiembre te contratan de nuevo. “Los que hacen esto son verdaderas sanguijuelas y viven de la sangre de la gente y la hacen esclava del trabajo”, ha precisado el Santo Padre.
Estos ricos –observa Francisco– engordan en riquezas y el apóstol dice: “Se han cebado para el día de la matanza”. Asimismo, ha advertido de que “la sangre de toda esta gente que ha sido chupada” y de la que “ha sido vivida, es un grito al Señor, es un grito de justicia”.
De este modo, el Santo Padre ha subrayado que la explotación de la gente hoy es una verdadera esclavitud. “Nosotros pensábamos que los esclavos ya no existían: existen. Es verdad, la gente no va a tomarlos en África para venderlo en América, no. Pero está en nuestras ciudades. Y están estos traficantes, estos que tratan a la gente con el trabajo sin justicia”.
Esto es peor –ha advertido– que ignorar al pobre. “Esto es dejar morir de hambre a la gente con su trabajo para mi provecho”, ha asegurado. “Vivir de la sangre de la gente. Y esto es pecado mortal. Es pecado mortal. Y es necesaria mucha penitencia, mucha restitución para convertirse de este pecado”, ha observado el Pontífice.
Para finalizar la homilía, el Santo Padre ha invitado a pensar en este drama de hoy. La explotación de la gente, la sangre de esta gente que se hace esclava, los traficantes de gente y no solo los que trafican con las prostitutas y los niños para el trabajo infantil, sino ese tráfico más ‘civilizado’: ‘yo te pago hasta aquí, sin vacaciones, sin aseguración médica, sin … todo en negro… ¡Pero yo me hago rico!’.
De este modo ha pedido que el Señor “nos haga entender hoy esa sencillez que Jesús nos dice en el Evangelio del día: es más importante un vaso de agua en nombre de Cristo que todas las riquezas acumuladas con la explotación de la gente”.

19 mayo: Sumo y Eterno Sacerdote

Liturgia
          Hoy es la fiesta litúrgica de JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE. La 1ª lectura está tomada o de Isaías (52, 13-15 y 53, 1-12, o de la carta a los Hebreos 10, 12-23. La primera enumera el sacerdocio doloroso del hombre triturado por el sufrimiento, que soportó el castigo que debían llevar nuestros pecados. Y así se hizo intercesor ante Dios a favor de los hombres. Por eso le daré un lugar entre los grandes y con los poderosos repartirá sus despojos. Habrá pagado por los pecados de todos.
          Si tomamos la carta a los Hebreos (10, 12-23) el sacerdote Jesús, habiendo ofrecido su vida por los pecados de todos, se sentó  la derecha de Dios y quedaron sus enemigos como escabel de sus pies. Tenemos, pues, plena seguridad para entrar en el santuario en virtud de la sangre de Cristo, gran Sacerdote al frente de la casa de Dios, al que podemos acercarnos con un corazón sincero, liberada nuestra conciencia de lo malo y lavados en su sangre.
          Desemboca en el evangelio de Lc (22, 14-20) con la institución de la Eucaristía, el acto supremo del Sacerdote Jesús, que deseó con ansias aquel momento antes de padecer. Y tomando el pan pronunció sobre él las palabras misteriosas que lo transforman en su Cuero, y tomando al cáliz transforma el vino en su Sangre. Y constituye así en ese momento una Alianza Nueva, que ya no está sellada con sangre de animales sino con la propia sangre del sacerdote Jesús.
          Y lo grande, además, es que no se queda en su sacerdocio sino que establece el sacerdocio eterno que se prolonga a través de los sacerdotes, que repetirán el gesto de Jesús para perpetuar ese sacerdocio liberador del pecado, el mismo que Jesús realizó en la Cena y en el Calvario.

          En la lectura continua Santiago entra hoy en el tema de las riquezas mal adquiridas o mal administradas (5, 1-6), que claman contra el rico injusto. Y baja al concreto del jornal no pagado a los obreros que trabajan los campos del rico. Sus gritos llegan hasta el trono de Dios.
          En el evangelio (Mc. 9, 40-49) hay varias máximas que expresan actitudes ante la vida: el dar el vaso de agua al sediento, hecho que no quedará sin recompensa. El tema del escándalo: que más le valdría al escandaloso que le ataran al cuello una rueda de molino y lo arrojasen al mar… ¡Así de malo es el escándalo que hace caer a otros!.
          Para concluir en unas pautas de conducta de enorme importancia, y que tendrán hoy día mucho que aplicarse: si tu pie te es ocasión de pecar, córtatelo; si tu mano te es ocasión de pecar, córtatela; si tu ojo te es ocasión de pecar, arráncatelo y tíralo lejos de ti, porque más te vale entrar en el cielo cojo o manco o tuerto que con los dos ojos, las dos manos o los dos pies ser arrojado al infierno. Y me apresuro siempre a decir que Jesús no nos quiere cojos, mancos o tuertos, sino que nos da la pauta de acción: más valdría que dejarse perder la salud del alma por no tomar soluciones drásticas en la vida diaria.
          Y he dicho que hoy día es de directa aplicación cuando se tiene tan a la mano un teclado para poder ir a el y mirar lo que no se debe mirar porque induce a pecado. Ya hay de por sí peligros suficientes en la vida diaria sin ir a buscarlos. ¡Mucho delito tiene buscarlos adrede! Y ahí, en ese hecho en sí está ya la responsabilidad de conciencia y la necesidad de poner remedios tajantes.
          Lo que es válido en cualquier caso, en toda situación… Ahí donde hay un peligro de fallar, hay que aplicar un remedio cueste lo que cueste. O de lo contrario estaríamos jugando con la sinceridad de nuestra conciencia y de nuestra misma personalidad.

MARÍA

          María constituye el caso más patente de fidelidad a la voluntad de Dios. Es el alma limpia que ni tiene la ocurrencia de jugar con esa limpieza inmaculada de su alma. Ella se dio a Dios en la plenitud de su ser, lo que corroboró en la anunciación con su FIAT absoluto, por el que entregaba a Dios la libre disposición de su propia voluntad. Inmaculada en su concepción por privilegio especial de Dios, mantuvo su alma inmaculada durante toda su vida, echada en manos de esa divina voluntad: la que escuchó la palabra de Dios y la practicó.

miércoles, 18 de mayo de 2016

ZENIT 18: Lo malo de la riqueza

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Deseo detenerme hoy con los aquí presentes, en la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro. La vida de estas dos personas parece pasar por andenes paralelos: sus condiciones de vida son opuestas y del todo incomunicadas. La puerta de casa del rico está siempre cerrada al pobre, que está fuera, tratando de comer algo de lo que sobra en la mesa del rico. Este lleva vestidos de lujo, mientras que Lázaro está cubierto de llagas; el rico da banquetes todos los días, mientras que Lázaro muere de hambre. Solo los perros le cuidan y van a lamerle las llagas.
Esta escena recuerda la dura reprimenda del Hijo del hombre en el juicio final: “porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber; estaba […] desnudo, y no fui vestido; enfermo y preso, y me han visitado” (Mt 25,42-43). Lázaro representa bien el grito silencioso de los pobres de todos los tiempos y la contradicción de un mundo en el que riquezas inmensas y recursos están en las manos de pocos.
Jesús dice que un día ese hombre rico murió, ese hombre murió. Los pobres y los ricos mueren, tienen el mismo destino, todos nosotros, no hay excepciones a esto. Y ese hombre se dirigió a Abrahán suplicándole con el apelativo de “padre” (vv. 24.27). Reivindica ser su hijo, perteneciente al pueblo de Dios. Ni siquiera en vida ha mostrado consideración alguna hacia Dios, es más, ha hecho de sí mismo el centro de todo, cerrado en su mundo de lujo y de derroche.
Excluyendo a Lázaro, no ha tenido en cuenta ni al Señor ni a su ley. ¡Ignorar al pobre es despreciar a Dios! Y esto debemos aprenderlo bien. Ignorar al pobre es despreciar a Dios. Hay un particular en la parábola que hay que notar: el rico no tiene nombre, solamente un adjetivo, “el rico”; mientras que el del pobre se repite cinco veces, y “Lázaro” significa “Dios ayuda”. Lázaro, que está delante de la puerta, es un reclamo viviente al rico para acordarse de Dios, pero el rico no acoge este reclamo. Será condenado no por sus riquezas, sino por no haber sido capaz de sentir compasión por Lázaro y socorrerlo.
En la segunda parte de la parábola, encontramos a Lázaro y al rico después de la muerte (vv. 22-31). En el más allá, la situación ha cambiado: el pobre Lázaro es llevado por los ángeles al cielo ante Abraham, el rico sin embargo se precipita entre los tormentos. Entonces el rico “alzó los ojos y vio de lejos a Abraham, y Lázaro junto a él”. A él le parece ver a Lázaro por primer vez, pero sus palabras le traicionan: “Padre Abraham –dice– ten piedad de mí y manda a Lázaro –lo conocía ¿eh?– a meter en el agua la punta del dedo y a mojarme la lengua, porque sufro terriblemente en esta llama”. Ahora el rico reconoce a Lázaro y le pide ayuda, mientras que en vida fingía no verlo. ¡Cuántas veces, cuántas veces, tanta gente finge no ver a los pobres! Para ellos los pobres no existen. Antes le negaba incluso lo que le sobraba de la mesa, ¡y ahora quiere que le lleve agua! Todavía cree poder tener derechos por su precedente condición social.
Declarando imposible cumplir su petición, Abraham en persona ofrece la clave de toda la historia: él explica que bienes y males han sido distribuidos de forma que compense la injusticia terrena y la puerta que separaba en vida al rico y al pobre, se ha transformado en un “gran abismo”.
Mientras Lázaro estaba bajo su casa, para el rico había la posibilidad de salvación, abrir la puerta, ayudar a Lázaro, pero ahora que ambos han muerto, la situación se ha hecho irreparable. Dios no es llamado nunca directamente, pero la parábola advierte claramente: la misericordia de Dios con nosotros está unida a nuestra misericordia hacia el prójimo; cuando falta nuestra misericordia con los demás, la de Dios no encuentra espacio en nuestro corazón cerrado, no puede entrar. Si yo no abro la puerta de mi corazón al pobre, esa puerta se queda cerrada, también para Dios y esto es terrible.
En este punto el rico piensa en sus hermanos que corren el riesgo de terminar igual y pide que Lázaro pueda volver al mundo para advertirles. Pero Abraham replica: “Tienen a Moisés y a los profetas, que los escuchen”. Para convertirnos, no tenemos que esperar eventos prodigiosos, sino abrir el corazón a la Palabra de Dios, que nos llama a amar a Dios y al prójimo. La Palabra de Dios puede hacer revivir un corazón marchito y sanarlo de su ceguera.
El rico conocía la Palabra de Dios, pero no la dejado entrar en el corazón, no la ha escuchado, por eso ha sido incapaz de abrir los ojos y de tener compasión del pobre. Ningún mensajero y ningún mensaje podrán sustituir a los pobres que encontramos en el camino, porque en ellos viene Jesús mismo a nuestro encuentro: “Todo lo que habéis hecho a uno solo de estos mis hermanos más pequeños, me lo habéis hecho a mí” (Mt 25,40), dice Jesús.
Así en el intercambios de las situaciones que la parábola describe está escondido el misterio de nuestra salvación, en la que Cristo une la pobreza a la misericordia. Queridos hermanos y hermanas, escuchando este Evangelio, todos nosotros, junto a los pobres de la tierra, podemos cantar con María: “Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías” (Lc 1,52-53).

18 mayo: Los "NUESTROS"

Liturgia
          Las personas mayores conservamos aún la costumbre de decir: Si Dios quiere, Si Dios nos da salud, Dios mediante… Y lo consideramos la forma más normal y lógica de afrontar un determinado futuro que bien sabemos que no está en nuestras manos. A mí me impresiona negativamente escuchar esas despedidas en las que se dice un: “hasta mañana”, y casi que me sale espontáneo añadir para mis adentros “si Dios quiere”, porque me parece que es un atentado tener tan seguro que “mañana” estaremos aquí, cuando nadie puede asegurarse un solo segundo más del momento que está viviendo.
          Pues esa es la palabra que hoy nos trae Santiago (4, 13-17) en la 1ª lectura. Y nos aporta una manera de hablar mucho más certera: Si el Señor lo quiere y vivimos, haremos esto o lo otro. Debemos tener incorporado a nuestro sentir esa manera de plantear la vida. Porque la vida es como una nube que aparece un momento y en seguida  desaparece, nos dice en esta lectura de hoy. Y considera que es proyectar fanfarroneando con jactancia hacerlo de otra manera.
          En el evangelio (Mc 9, 37-39) tenemos otra enseñanza práctica. Juan, que es menos comedido que la imagen que tenemos hecha de él, y mucho más extremoso en aquellas cosas en que expresamente se le cita, viene muy ufano a comunicarle a Jesús lo que para él es un mérito personal: Hemos hallado a uno que echaba demonios en tu nombre y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros. No se ha encomendado a nadie. Ha tomado la iniciativa de querer cortar la trama a uno que es del grupo pero que hace las obras del grupo. Y Jesús le hace ver que no ha obrado bien, porque si hace las cosas en nombre de Jesús, y no está en contra, es que está a favor. Y por tanto no se le debe impedir. El que no está en contra, está a favor. Un principio de mucha importancia cuando tenemos tantas veces la tentación de pensar que quien no está totalmente de nuestra parte es que está en contra, cayendo así en esos egoísmos y personalismos que dividen tanto, que separan, que dificultan la escucha del otro y la comprensión del otro.
          Los “NUESTROS”. Puede tener un doble contenido. El que emplea Juan en esta ocasión, es un “nuestros” excluyente, pequeño, partidista, que limita. Es lo típico de esas personas o grupos que se han erigido en “únicos” y “mejores”, y que se ponen por delante de todos los otros. Entonces “los que no son de los nuestros” constituyen una amenaza, un peligro, una enemistad a la que hay que combatir o de la que hay que defenderse.
          Es lo que ocurre cuando un colectivo se endiosa tanto que se considera intangible: mi cofradía, mi congregación, mi grupo. Y los demás son vistos como adversarios. Así le ocurrió a Juan. Y por eso pretendió impedir que aquel otro echara demonios, aunque lo que hacía era bueno y lo hacía en nombre de Jesús.
          Los “NUESTROS” puede tener una buena acepción: donde yo estoy y donde nos unimos varios para obtener un fin, caminando bajo unos determinados principios o carismas. No supone menosprecio de nadie, ni anteponerse a los demás. Simplemente afirma que formo parte de un colectivo con el que me siento afín y del que participo, tanto en lo que yo aporto como en lo que yo recibo. Los demás,  bienvenidos sean, y que formen también piña (=los nuestros, los suyos) con los que quieren caminar en el camino del bien. Y ellos y nosotros somos personas que tiran en la misma dirección, aunque cada grupo tiene sus propias formas de hacer el camino. Por decirlo en ejemplo: todos vamos a un mismo sitio, pero unos a pie y otros a caballo o en moto, en barco o en avión. Ninguno se opone a nadie. No están contra nosotros; están a favor nuestro.
 
MARÍA

          María de la unidad. María de “los NUESTROS” y de todos. María Madre. Madre que ama a todos y cada uno de sus hijos aunque los hijos son diferentes y cada cual tiene sus características. María que abarca a cada grupo y a cada persona, partiendo de la diversidad de unos y otros. Y todos como hijos muy válidos y que todos caminan con sus flores en las manos para obsequiar a la misma madre de todos. Cada grupo, cada Hermandad, cada Asociación, cada colectivo camina con unas características peculiares: con claveles, con jazmines, con rosas, con margaritas, con pensamientos, con violetas… Ninguno es superior al otro, ni ninguno minusvalora a otro. Lo hermoso será llegar al pie del altar de María y entremezclar allí esas flores y que todo redunde en mostrar amor y ternura hacia la madre.

martes, 17 de mayo de 2016

ZENIT 17: Los "trepadores"

El papa Francisco  ha recordado en la homilía de la misa celebrada esta mañana en Santa Marta que el camino que indica Jesús es el del servicio, pero a menudo en la Iglesia se busca poder, dinero y vanidad. Asimismo ha subrayado que los cristianos deben vencer la “tentación mundana” que divide a la Iglesia y ha advertido sobre los “trepadores” que tienen la tentación de destruir al otro “para subir alto”.
De este modo ha recordado, tal y como se lee en el Evangelio del día, que Jesús enseñaba a los discípulos el camino del servicio, pero ellos se preguntaban quién era el más grande entre ellos. Jesús –ha precisado el Santo Padre– habla en un lenguaje de humillación, de muerte, de redención y ellos hablan en un lengua de trepadores: ¿quién subirá más alto al poder?
Al respecto, el Papa ha indicado que esta es “una tentación que tenían”, eran “tentados por la forma de pensar del mundo mundano”. Se preguntan quién era el más grande mientras que Jesús les pide ser el último, “servidor de todos”.
En esta misma línea, el Pontífice ha asegurado que “en el camino que Jesús les indica para ir adelante, el servicio es la regla. El más grande es el que sirve, el que está más al servicio de los otros, no el que presume, que busca el poder, el dinero… la vanidad, el orgullo… No, estos nos son grandes”. Y así ha advertido de que en toda comunidad –en las parroquias o en las instituciones– siempre está este deseo de trepar, de tener el poder.
También en la Primera Lectura, de la Carta de Santiago, ha añadido Francisco, advierte sobre las pasiones por el poder, las envidias, los celos que destruyen al otro.
Y este es el mensaje también para la Iglesia hoy. Mientras el mundo habla de quién tiene más poder para mandar, Jesús afirma haber venido al mundo “para servir”, no “para ser servido”.
De este modo ha explicado que la envidia y los celos destruyen todo. Por eso ha recordado que esto sucede hoy en cada institución de la Iglesia: parroquias, colegios, episcopados… “Las ganas del espíritu del mundo, que es espíritu de riqueza, vanidad y orgullo”, ha señalado.
Jesús –ha aseverado– ha venido al mundo para servir y nos ha enseñado el camino en la vida cristiana: el servicio, la humildad.
Por otro lado, el Pontífice ha precisado que “cuando los grandes santos decían que se sentían muy pecadores es porque habían entendido este espíritu del mundo que estaba dentro de ellos y habían tenido muchas tentaciones mundanas”. Ninguno de nosotros puede decir: ‘No, yo soy una persona santa, limpia’, ha precisado Francisco.
Por esto, ha explicado que todos somos tentados por nuestras cosas, somos tentados de destruir al otro para subir más arriba. “Es una tentación mundana, pero que divide y destruye la Iglesia, no es el Espíritu de Jesús”, ha añadido.

A finalizar la homilía, el Santo Padre ha invitado a pensar en las muchas veces que hemos visto esto en la Iglesia y en las muchas veces que nosotros hacemos esto. Y por esta razón, “pedir al Señor que nos ilumine, para entender que el amor por el mundo, es decir por este espíritu mundano, es enemigo de Dios”.

17 mayo: La sinceridad por delante

Liturgia
          Santiago (4, 1-10) sigue bajando a la arena y pisando realidad. Aparte de que el texto debe ser leído en sí mismo para comprender toda su profundidad, el valor del mismo está en la denuncia clara que hace de esas formas de vida que quieren aparentar una fe en Cristo y sin embargo están encendiendo una vela al diablo. No abiertamente (porque sonaría mal) pero sí en la insinceridad de esas espiritualidades que se quedan en la belleza de una frases o de unos hechos luminosos y pierden el sentido de la verdad que hay en el interior.
          La pregunta de Santiago no es teórica. Se encuentran con comunidades cristianas donde hay riñas y peleas. Y mete el dedo en la llaga: ¿De dónde proceden? –De vuestras pasiones Por eso no alcanzáis el fruto; no alcanzáis lo que pedía porque pedís mal, para satisfacer vuestras pasiones. Y se dirige a esos cristianos con el nombre genérico de “adúlteros”, que no es que vivan en adulterio formal sino que viven amando al mundo, que es una forma de odiar a Dios. ¡Cómo he pensado en esta etapa de la historia en la que se ha generalizado el recurso a la pornografía a través del Internet, y eso en personas que quieren continuar siendo fieles, pero que están metidas gravemente en esa pasión! ¿Qué les diría Santiago? –Pues exactamente lo que está diciendo. Y seguro que gustaría más que les sacáramos a flote el himno de la caridad…, pero estaríamos engañando con esos paños calientes. [Aparte de que el himno de la caridad está diciendo lo mismo pero de otra manera. E igualmente cierto que las personas entendemos mejor cuando se nos pone negro sobre blanco, como está haciendo Santiago].
          El final de esta perícopa es una llamada directa: Pecadores, lavaos las manos; indecisos, sed sinceros; llorad, haced duelo… Que vuestra alegría mundana se convierta en tristeza. Jesucristo lo dice igualmente drástico: Si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Y no es que Jesús nos quiera tuertos sino drásticos en las soluciones.
          El evangelio de Mc 9, 29-36 no lleva un argumento muy diferente. Porque Jesús va exponiendo a sus discípulo lo que le espera, porque el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres… Y la reacción de sus apóstoles es prescindir de esa enseñanza y ponerse a discutir quién de ellos es el más importante. Una huida hacia adelante. Un hacer oídos sordos a la verdad que les expone el Maestro, y un refugiarse en sus pensamientos que les resultan más gustosos que el tema de la cruz. Y Jesús tiene que volver a sentarse por enésima vez y a tomar la catequesis por el principio. Y lo hace con el símbolo de un niño, que es capaz de aceptar lo que se le dice sin huirlo ni tergiversarlo. El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí. Y no digo sólo que a mí, porque acoge al que me envió.
          Tenemos el mismísimo mensaje de Santiago, enfocado desde otra luz. Pero se está tocando el tema de la sinceridad frente a la falsía, el engaño… La verdad siempre es más dura que la amalgama con la que pretendemos huir de lo que cuesta. Pero hemos de ser veraces en medio de un mundo como el de hoy en el que vivimos tan metidos en el engaño. Y no me refiero al mundo opuesto a Dios por principio, sino a ese otro mundo al que he hecho referencia antes, y a todo ese mundo que está pretendiendo vivir la fe pero encendiendo una vela a Dios y otra al diablo. Y ese “mundo” no está tan lejos que no hayamos de cuestionarlo en nosotros mismos, precisamente para no dejarnos enredar en sus planteamientos tan llenos de medias verdades y de ambiguas actitudes.
 
MARÍA
          En María hallamos a la mujer verdadera, plena de sinceridad, que no se bascula entre medias verdades, entre pasiones que alejan de la verdad sincera. María va adelante con su frente muy alta, siempre teniendo en su norte la voluntad de Dios, y enfrentando la parte dolorosa con toda honestidad. Por eso dio su SÍ a Dios en el primer instante, y por eso estuvo al pie de la cruz al final. Porque María no entendió de soluciones a medias, de verdades a medias, de fe que carece de fuerza para vivir limpiamente de cara a Dios.

          Por eso, vayamos a Ella con flores a porfía, a ver quién da más y mejor…, quién puede ofrecer la flor más bella y más lozana, el alma más sincera y la verdad más limpia.

lunes, 16 de mayo de 2016

16 mayo: Vuelve el Tiempo Ordinario litúrgico

Liturgia
          Recuperamos hoy el Tiempo Ordinario (T.O.). Ha acabado el Ciclo Pascual con la fiesta de Pentecostés y reanudamos el tiempo litúrgico que no está centrado en el proceso de la vida de Jesús. Por definirlo de alguna manera podremos decir que ahora nos toca el tiempo de la Iglesia, el fruto de la vida de Jesús en la tierra.
          Lo tomamos en las lecturas correspondientes a la 7ª semana de año par. Y por tanto en Santiago 3, 13-18.Santiago es un escritor sagrado que baja a las realidades de andar por casa. No entra en principios teológicos sino que aplica a la vida. Y hoy lo vemos preguntándonos si hay entre vosotros algún sabio y entendido. Y si lo hay, que lo muestre  con su conducta y con la amabilidad que es propia de la sabiduría. Quiere decir que tiene que ser un corazón limpio (no amargado por la envidia y el egoísmo, y que no anda gloriándose en la falsedad, porque esa “sabiduría” no viene del cielo, la que se funda en envidias, peleas y desorden). Del cielo procede una sabiduría pura, amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera…, de personas que están en paz y viven sembrando la paz, y su fruto es la justicia. Todo un programa de examen de conciencia, más allá de las faltas diarias y mucho más adentrándose en los entresijos del alma. Por tanto apto para hacer ese examen toda persona que quiera vivir la verdadera sabiduría.
          El evangelio es de Marcos (9, 13-28) y es el que sigue al hecho de la transfiguración. Jesús bajaba de la montaña alta y al llegar al llano se encuentra con la gente arremolinada alrededor de un padre y un hijo y los 9 discípulos que no han estado en el Tabor. Cuando se está acercando, se separa del grupo el padre angustiado, que viene a suplicarle a Jesús que le ayude. Porque su hijo padece ataques y ha pedido a los discípulos que no curen y no han podido.
          Un gemido se escapa del pecho de Jesús (que el redactor del evangelio traduce por una queja, que naturalmente no tiene entrada en este momento, y que seguramente es una interpolación del copista). Jesús pide que le lleven al muchacho y en ese momento le da el ataque, echando espumarajos, rechinando los dientes, con el cuerpo rígido… Algo identificable perfectamente con un ataque epiléptico.
          Con el muchacho en el suelo y Jesús y el padre inclinados hacia él para evitar que se dañe con sus convulsiones, Jesús le pregunta al padre desde cuándo le ocurre eso, y el padre responde que desde niño, en que ha sufrido caídas en el fuego y en el agua…
          Y en su angustia de alma, dice el padre a Jesús: Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos. Jesús se hace eco de la petición pero quiere hacer caer en la cuenta que no está el secreto en si él puede sino si el padre tiene fe. Porque todo es posible al que cree. Y con toda humildad aquel padre confiesa que tiene fe, pero que las circunstancias le han puesto es duda… Yo creo, pero dudo. Ayúdame.
          Y Jesús –siguiendo la creencia de la época- “manda salir al espíritu”. Y repite el ataque con tal fuerza que la gente lo da por muerto. Pero Jesús lo tomó de la mano y lo puso en pie y lo entregó a su padre.
          Los discípulos se habían quedado molestos con no haber podido ellos hacer nada. Y cuando estuvieron en la casa, a solas, preguntaron por qué ellos no habían podido echar al espíritu. Y Jesús les respondió que ese género sólo sale con oracion (algunos códices añaden: y con ayuno). Y se e ha planteado la pregunta de si la fe en la oración en nosotros es tan verdadera que sinceramente creemos que se nos ha concedido lo que pedimos, o si no llega a tanto esa fe en la fuerza de la oración. Y creo que no es una pregunta baladí, y que merece hacerse ahí en el interior mismo del alma.

MARÍA

          Venid y vamos todos con flores a María. ¡Cuántas veces hemos cantado ese canto! ¡Cuántas veces lo hicimos en grupo que se acercó al altar de la Virgen para “rezar las flores”! ¡Cómo se va quedando en recuerdos para muchos! Pero “todos” puede ser la suma de uno más uno más uno…, y por tanto que yo por mi parte, tú por la tuya y el otro por la suya, lo verdaderamente importante es que nos vayamos acercando a ese altar privado que hemos erigido a María en este mes de mayo y ahí nos unamos todos en la ofrenda de nuestra particular flor. Que una junto a las otras constituya el ramillete que en este día nos haga vivir ese venid y vamos todos con flores a María.

domingo, 15 de mayo de 2016

ZENIT 15: El ADN de un cristiano

El Espíritu es dado por el Padre y nos conduce al Padre. Toda la obra de la salvación es una obra que regenera, en la cual la paternidad de Dios, mediante el don del Hijo y del Espíritu, nos libra de la orfandad en la que hemos caído. Así lo ha asegurado el papa Francisco, en la homilía de la misa de Pentecostés, celebrada en la Basílica de San Pedro. El Santo Padre ha recordado que la misión de Jesús, culminada con el don del Espíritu Santo, tenía esta finalidad esencial: “restablecer nuestra relación con el Padre, destruida por el pecado”; “apartarnos de la condición de huérfanos y restituirnos a la de hijos”. Y así, ha asegurado que “la paternidad de Dios se reaviva en nosotros a través de la obra redentora de Cristo y del don del Espíritu Santo”.
Francisco ha subrayado que la condición de hijos es nuestra vocación originaria, aquello para lo que estamos hechos, nuestro «ADN» más profundo,  que fue destruido y se necesitó el sacrificio del Hijo Unigénito para que fuese restablecido.
Así, de la muerte de Jesús en la cruz, “ha brotado para toda la humanidad la efusión del Espíritu Santo, como una inmensa cascada de gracia”. Quien se sumerge con fe en este misterio de regeneración –ha añadido– renace a la plenitud de la vida filial.
Por otro lado, el Pontífice ha observado que en nuestro tiempo se constatan diferentes signos de nuestra condición de huérfanos. De este modo ha hablado de “la soledad interior que percibimos incluso en medio de la muchedumbre, y que a veces puede llegar a ser tristeza existencial”, “esa supuesta independencia de Dios, que se ve acompañada por una cierta nostalgia de su cercanía”, “ese difuso analfabetismo espiritual por el que nos sentimos incapaces de rezar”, “esa dificultad para experimentar verdadera y realmente la vida eterna, como plenitud de comunión que germina aquí y que florece después de la muerte” o “esa dificultad para reconocer al otro como hermano, en cuanto hijo del mismo Padre”.
Las palabras de Jesús en la fiesta de Pentecostés, “no os dejaré huérfanos”, hacen pensar también en la presencia maternal de María en el cenáculo. Al respecto, el Papa ha indicado que “la Madre de Jesús está en medio de la comunidad de los discípulos, reunida en oración: es memoria viva del Hijo e invocación viva del Espíritu Santo.” Es la Madre de la Iglesia, ha recordado.
Y para consolidar nuestra relación de pertenencia al Señor Jesús –ha explicado Francisco– el Espíritu nos hace entrar en una nueva dinámica de fraternidad. Por medio de Jesús “podemos relacionarnos con los demás de un modo nuevo, no como huérfanos, sino como hijos del mismo Padre bueno y misericordioso”. Y esto hace que todo cambie, ha asegurado.

Finalmente, el Santo Padre ha observado que “podemos mirarnos como hermanos”, y nuestras diferencias harán que “se multiplique la alegría y la admiración de pertenecer a esta única paternidad y fraternidad”. 

15 mayo: PENTECOSTÉS

Liturgia de PENTECOSTÉS
          Llegamos a uno de los días fundamentales de la fe católica. Quizá el 2º en importancia. El primero es la Resurrección, la Pascua, el triunfo de Jesús sobre la muerte, sobre el pecado y sobre el mal; la rúbrica definitiva de su veracidad de vida y obra. Luego Jesús se va al Cielo, de donde había salido y desde allí envía al Espíritu Santo que conduzca al conocimiento de la verdad completa y fortalezca a las almas para poder llevar adelante la obra de Jesús. ¡Nada menos que el nacimiento de la Iglesia!, que ese día de Pentecostés tiene su origen, como una “segunda encarnación” en la conjunción del Espíritu y María, unida en la oración con los apóstoles. (Hech. 2, 1-11).
          La llegada del Espíritu Santo se hace sensible a través de signos: un viento recio que conmueve los cimientos de la casa. Jesús había anunciado que el Espíritu es como el viento que nadie sabe de dónde viene y adónde va, pero lo captan los nacidos del Espíritu.
          Lenguas de fuego que se posan sobre ellos, como llamaradas sobre cada uno, y que lanza a los apóstoles a hablar sin miedos y con la autoridad de personas que han llegado a ese conocimiento de la verdad. Y hablan lenguas nuevas, como también había anunciado Jesús que sería una característica de los creyentes. De hecho, hablando los apóstoles en su lengua, los entienden personas venidas de 16 países o regiones muy diferentes, uniéndose en una única voz los que antes –por el pecado- habían quedado disgregados (Babel).
          Pero Pentecostés no queda sólo en aquel día. El Espíritu Santo se manifiesta constantemente en los fieles. Ya advierte Pablo (1Cor 12, 3-7. 12-13) que sólo decir: Jesús es el Señor es una manifestación del Espíritu Santo en esa persona. Por lo demás, hay muchas formas de expresarse ese Espíritu en los llamados carismas, que son las mil formas con las que el Espíritu se manifiesta en las personas y que redunda en un bien común. De ahí que las gracias que recibimos no son para guardarlas y disfrutarlas individualmente. Los dones que recibimos de Dios están ordenados al bien de la comunidad cristiana. Todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu.

          El Evangelio recoge la última aparición de Jesús el día de la Resurrección. Allí dice el evangelista (Jn 20, 19-23) que Jesús se presentó en el Cenáculo, y exhaló su aliento sobre los apóstoles y les dijo; recibid el Espíritu Santo. Y los efectos visibles de ese “soplo” o trasmisión del Espíritu es el poder que otorga a los apóstoles (y en ellos a sus sucesores) para perdonar los pecados en el nombre de Dios. A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes no se los perdonéis, no se les perdonan. Valor inmenso de esa donación puesto que “pecados sólo Dios puede perdonarlos”. Pero Jesús trasmite a sus apóstoles ese poder divino, o –lo que es igual- delega en la Iglesia el poder de perdonar pecados en nombre de Dios.

          Es el mismo Espíritu al que se invoca en la celebración de la Eucaristía para que su presencia haga posible la transformación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Y para que –extendiendo el sentido profundo de la Eucaristía- congregue en la unidad o realice la unión en la caridad de los que participamos en esa celebración. Aspecto en el que no hacemos todo el hincapié que correspondería hacer, si tenemos en cuenta la dura advertencia de San Pablo a los fieles de Corinto cuando les hace saber que esa falta de vivencia de caridad entre los participantes en la Cena del Señor, significa que “eso no es ya celebrar esa Cena del Señor”.

MARÍA
          Hoy es un día grande en la historia de María. Su personalidad llega al completo cuando su estancia en el Cenáculo, en oración junto a los apóstoles, supone en la historia el nacimiento de la Iglesia, bajo esa venida del Espíritu. Cierto que ella era llena de Gracia, llena de Espíritu Santo. Pero se visibiliza y se proyecta hacia la humanidad en aquel sublime momento en que las lenguas de fuego se posaron sobre todos. También María habla entonces todas las lenguas (me llamarán bienaventurada todas las generaciones), es venerada en todos los rincones, y está presente allí donde está presente la Iglesia. María la ha concebido, como aquella otra encarnación en que el Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra. Nuevamente el Espíritu la ha fecundado para que la Iglesia nazca de las entrañas de la Virgen Santísima en aquel día de Pentecostés.







          Que el Espíritu Santo inspire nuestras peticiones.

-         Por el Papa y por la Iglesia. Que tu Santo Espíritu les guíe, fortalezca y conduzca. Roguemos al Señor

-         Por el mundo y por España. Que tu Santo Espíritu les abra las luces de la justicia y la paz. Roguemos al Señor.

-         Por nuestros políticos y gobernantes. Que se dejen mover por el equilibrio y el bien. Roguemos al Señor.

-         Por nosotros y por todos los cristianos. Que acojamos los carismas y busquemos el bien común. Roguemos al Señor.


Ven, Espíritu Santo: llena los corazones de tus fieles y mueve en todos el espíritu de amor.

                        Por Jesucristo N. S.