LITURGIA DEL DÍA
Las
lecturas de hoy son de una riqueza y belleza singulares. De una parte, la
primera es como el testamento de Pablo,
que a punto de ir al martirio y cuando ya no tiene nada que perder y ve las
cosas en su justa verdad, exhorta y conjura
[compromiso que implica una forma de juramento ante Dios, y ante Jesucristo] a proclamar
la Palabra de Dios a tiempo y a destiempo [habría que decir: ¿y cuándo
es “a destiempo el proclamar la Palabra de Dios?], y con esa Palabra enseñar, instruir,
animar, reprender y reprochar… Porque ya
prevé San Pablo que los mismos fieles van a “no entender” esa Palabra, mientras
van a abrir sus oídos a fábulas y patrañas que les ofrezcan unos caminos más
dulcificados…, unas formas de ¿religión? Que comprometan poco y halaguen más el
oído que plantear verdades que lleven a conocimiento de la verdad.
Cuando
Pablo ya siente que está a punto de ser inmolado, siente el gozo del alma de
haber sido honrado y fiel con esa Palabra y que se va con la satisfacción de
haber cumplido con la misión que le fue encomendada.
En el
Evangelio, el contraste entre los doctores de la Ley de los que Jesús tiene que
precaver a sus oyentes, y reprocharles su falsía, porque buscan medrar a costa
a de la religión. Y por el contrario, ese Corazón de Cristo enternecido ante el
gesto de la pobre viuda que deja al servicio del Templo la pequeña moneda que
hubiera representado el frugal sustento suyo de ese día. Ahí surge la alabanza emocionada de Jesús,
porque expresa la sencillez de un alma ante Dios, que da lo que tiene, sin
reservarse nada.
POR CRISTO, CON ÉL Y EN ÉL…
Tras la
Consagración del pan y el vino y la Presencia el Cuerpo y Sangre de Cristo, el grito de la Iglesia, como el mismo
final del Apocalipsis, es ¡VEN, SEÑOR
JESÚS! Es esa llamada de una
humanidad creyente que necesita que Jesús venga…, esté viniendo…, siga viniendo…,
y su presencia abarque toda la vida y todas las situaciones de la vida. Primero, ya ha quedado dicho, en esa plenitud
de Presencia que será tal cuando los
hermanos estén constituyendo una unidad, aglutinados por la fuerza del
Espíritu Santo. ¡Si nos hiciéramos
conscientes de esto…, de que el Pan es
Uno, y aunque somos muchos, somos UNO, los que comemos de un único Pan!
Y
porque esa unidad está exigiéndonos…, porque ese Cristo que ha muerto y ha
resucitado, y VIENE, es Vida y Salvación de todos, ahí se van aglutinando
alrededor de su Sacrificio, la Iglesia, el Papa, Obispos, fieles, los difuntos,
nosotros pecadores… Alrededor de este Cristo UNO no hay ya distinción de unos
más que otros. Por decirlo así, la Cruz de Jesucristo une a todos y nos
identifica a todos, y nos exige a todos. Y ahora, TODOS, como una sola voz, y a
través del Sacerdote oficiante, ofrece TODO, POR CRISTO, CON ÉL Y EN ÉL A DIOS
PADRE TODOPODEROSO, EN LA UNIDAD DEL ESPÍRITU SANTO. [Estas palabras de
alabanza se llaman: doxología].
Y tal
momento se hace en ELEVACIÓN del Cuerpo y Sangre de Jesús, que queda puesto así
como el absoluto y único intermediario entre Dios y los hombres…, entre los
hombres y Dios. Esta elevación trae a la
mente la expresión de la carta a los Hebreos que llama a Cristo, Pontífice (=Puente), que queda situado
entre la tierra (nosotros) y el Padre del Cielo. Puente único por el que ya es
posible que el hombre se eleve hasta Dios…, que Dios pueda llegar de nuevo a
esta humanidad… Y no sólo que el hombre
pueda llegar a dios, sino que pueda hacerlo, por la ACCIÓN AMOROSA DEL ESPÍRITU
SANTO que aleja todo sentimiento de temor, y nos conduce a la inimaginable
realidad de poder dirigirnos al Dios supremo del Cielo y de la tierra con la
ternura del hijo que balbucea la palabra: ABBA.
[La lengua hebrea, en su pobreza de vocabulario, utiliza la onomatopeya o
sonidos instintivos a los que se es asigna un contenido. El niño que aún no sabe hablar, pronuncia su “sentimiento”
balbuciendo el ba, ba, ba… De ahí sale el ABBA, por el que a dios nos
dirigimos más tiernamente aún que con la palabra: “Padre”. En realidad le estamos llamando: PAPÁ. Y cuando ABBÁ va acentuado, todavía se llega
a la muy tierna expresión de PAPAÍTO MÍO.
Por
eso, tras ese silencio atento y respetuoso que había guardado el pueblo fiel,
unido espiritualmente unida a la Plegaria que el sacerdote pronunciaba en nombre
de todo el pueblo, estalla en el sonoro AMÉN,
que supone como la adhesión plena y activa a todo lo realizado.
Y
desemboca ya, de la mano, en la sublime ORACIÓN QUE JESUCRISTO NOS ENSEÑÓ,
síntesis de toda posible recta oración. y la hacemos, con la cercanía y
confianza de hijos que no sólo nos llamamos, sino que realmente lo somos: hablamos
ya directamente con DIOS NUESTRO PADRE.
Qué ejemplo más actual para los tiempos que corren... esa viuda que lo da TODO por amor a Dios. Ojalá en estos tiempos duros para muchos, los que tenemos fuésemos tan desprendidos en lo material y en lo no tan material con los que tienen necesidades, y todo por Amor a Dios no por jactarnos de nuestra "bondad". Cuanta humildad enaltecida por el Señor en el gesto de esa viuda que matiza Jesús "que pasa necesidad".
ResponderEliminarEstoy de acuerdo contigo José Antonio son tiempos recios ,que Dios nos ayude.
ResponderEliminarA mi me suscita el evangelio de la viuda aunque sea muy simple que Jesús conoce las realidades de cada cual ;por que las apariencias engañan ;y solo el conoce lo que encierra el corazon del hombre en cada actitud y obra que realiza ,hay muchos puntos de honrra ;solo agradar a Dios ,pero para eso hay que conocerlo ,no lo ama quien no lo conoce y por tanto en consacuencia amar al projimo es una necesidad de materializar ese amor a Jesús ,los santos tienen sed de salvar almas .
;una frase del padre Pio dice asi "Reza ,ten fe y no te preocupes .