Edificados
sobre el fundamento de los apóstoles,
y Cristo es la
piedra angular
La carta a los efesios sigue
siendo un tesoro de expresiones clarificadoras. Hoy -2, 12-22- más que un
comentario merece detenerse en su lectura lenta, meditada y regustada. La
llegada de Cristo, Mesías de Dios, rompe las barreras que había entre judíos y
no judíos, barreras de odio, barreras de leyes… Las ha derribado Jesús con el
ariete de su Sangre, que ha atraído a los que estabais lejos, para crear con
los dos pueblos –ya unidos- un ser nuevo.
Un “ser nuevo” –un pueblo único- que Dios
reconcilió en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte al odio. Trajo
la noticia de la paz, paz a los de cerca y paz a los de lejos, que podemos ya –juntos-
sentir e invocar a un Dios Padre de todos, llevados de un mismo Espíritu.
Ya no hay “extranjeros”; todos somos ciudadanos de la gran
familia de Dios. Todo el cuerpo está ensamblado y edificado sobre el fundamento de
los apóstoles y profetas, en el que la piedra angular es Cristo; y se
va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor, para ser morada de
Dios, por el Espíritu.
No ya los judíos y los gentiles sino los cristianos de
diversas confesiones religiosas, habríamos de dar vida y realidad a estas luces
de Pablo. Pero voy más cerca: los grupos cristianos necesitamos a gritos
masticar y digerir este texto: Un “ser nuevo” que ya no admita diferencias que
separan. Y para más aterrizaje: dentro del mismo grupo, ¡cuánto necesitamos
experimentar que han caído los muros de los recelos, de las envidias, de los
egoísmos, de las sutiles o infantiles diferencias que nos separan absurdamente,
tirando uno de la manta sin tener en cuenta que esa manta era para un bien
común en donde no existe protagonismo particularista. Que se han derribado los
muros absurdos de “tradicionales conservadores” y de “progresistas innovadores”.
Que la túnica de Cristo no fue partida y dividida ni por los soldados de la
cruz, y sería penoso encontrarnos con que los “amigos” nos disputamos “rasgarla”
a ver quién se queda con el trozo “más verdadero”… El final de esa perícopa
vale un imperio: Por Jesús también
vosotros os vais integrando en la
construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.
El Evangelio –Lc 12, 35-38- nos trae el aviso de Jesús (que
muy bien podríamos referir igualmente a lo dicho por Pablo) que advierte de la
necesidad de que los criados estén con la cintura ceñida y las lámparas
encendidas (un simbolismo de personas dispuestas a salir en el momento) para
abrirle a su amo –a su único amo- en cuanto llegue a la puerta… Casi antes de
que llame. Y eso, aunque regrese a horas intempestivas, aunque haya obligado a
velar la noche entera… Aunque podamos ser cada uno de nuestro modo, con nuestros
pareceres o preferencias… Pero todos ahí, como fieles sirvientes.
Me pasado de la parábola a la personalización a nosotros. Y
es que es la única manera de entender las parábolas y el evangelio, cuando se
vive como realidad interactiva, que nunca se queda en sermonear al prójimo sino
en sentirse uno mismo aludido, directa y expresamente aludido. Sin eso, la
Palabra de Dios se quedará en látigo para fustigar vidas ajenas y no para corregir
y alimentar la realidad propia. Dichosos
los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra.
El deseo de Dios es de que todos sus hijos sean una sola cosa. Lo tenemos expresado en Jn 17,21. En ese texto veo claramente como Dios pone una condición fundamental para que el "mundo crea", y es que los cristianos vivan en la Unidad. En nosotros está el darle cumplimiento o no, siendo conscientes de la gravedad del asunto. ¿Cómo coopero yo en la Unidad con mis hermanos/as?
ResponderEliminarAntes no teníamos un Mesías, éramos extranjeros, pertenecíamos al clan de los Patriarcas; Abrahán,había sido elegido por Jahvé, porque estaba lleno de AMOR y deseaba comunicárselo a la Humanidad, fue este Patriarca el depositario de la Promesa: Cristo, el Mesías, la Promesa; una Realidad...Cristo es Dios. Dios y Realidad son una misma cosa. La Realidad es una prolongación de la divinidad. Y el hombre también es una realidad y por el Bautismo es una prolongación divina.
ResponderEliminarLa Inmensidad de Dios que lo llena todo, envuelve a toda realidad...El Hombre, es la Realidad que está dentro de Dios, su Creador que le ha dado la vida por puro Amor y ahora lo cuida y le da calor para que viva...pues sin Dios, la Realidad no existiría
En este punto quiero destacar que Dios es nuestro Padre, que nos creó a todos: católicos , judíos, musulmanes; que somos suyos, que nos ama a todos.Jesucristo es el Rostro de Jahvé, es verdadero Dios y verdadero Hombre; es el Fundador de la Iglesia, Pueblo de Dios, que todos los bautizados somos miembros del Cuerpo Místico y que, todos, por fidelidad a nuestro Bautismo, debemos cooperar en la construcción de fraternidad entre los hermanos separados.¡¡¡Pertenecemos a la Familia de Dios!!!
Sería deseable que los Políticos iniciaran un diálogo serio y educado con los judíos y con los musulmanes para poner fín a las guerras y a los conflicto que tantas vidas se cobran en Irak
Cristo murió por TODOS Y oró al Padre para que todos fuéramos UNO.un abrazo del alma.MªJosé Bermúdez..