17 de marzo de 2015 (Zenit.org) - La Iglesia es la casa de Jesús,
una casa de misericordia que acoge a todos, y por tanto no un lugar del cual
los cristianos puedan cerrar las puertas. Esta ha sido la advertencia que el
santo padre Francisco ha hecho esta mañana en la homilía de Santa Marta.
La reflexión del Papa ha comenzado por el agua, protagonista de
las lecturas litúrgicas del día. “El agua que sana”, la ha llamado Francisco,
que comenta la descripción que el profeta Ezequiel hace del goteo que surge en
el umbral del templo, que se convierte en el exterior en un torrente impetuoso
y en cuyas aguas ricas de peces cualquiera podrá ser sanado. Y el agua descrita
de la piscina de Betzatà, descrita en el Evangelio, cerca de la cual hay un
paralítico desde hace 38 años entristecido --y según Francisco también un poco
“perezoso”-- que no ha encontrado nunca la forma de hacerse sumergir cuando las
aguas se mueven y por tanto buscar la sanación. Así, el Papa ha explicado que
Jesús sin embargo lo sana, y lo anima a “ir adelante”, pero esto desencadena la
crítica de los doctores de la ley porque la sanación tuvo lugar un sábado. Una
historia que sucede muchas veces también hoy.
De este modo, el Pontífice ha indicado que “un hombre, una mujer,
que se siente enfermo en el alma, triste, que ha cometido muchos errores en su
vida, y en un cierto momento siente que las aguas no se mueven, está el
Espíritu Santo que mueve algo, o escucha una palabra o… ‘Ah, ¡yo quisiera
ir!’... Y tiene coraje y va”. Y cuántas veces hoy --ha advertido-- en las
comunidades cristianas se encuentran las puertas cerradas. ‘Pero tú no puedes,
no, tú no puedes. Tú te has equivocado aquí y no puedes. Si quieres venir, ven
a misa el domingo, pero quédate ahí, no hagas más’. Por eso, el Santo Padre ha
observado que lo que hace el Espíritu Santo en el corazón de las personas, lo
destruyen los cristianos con psicología de doctores de la ley.
Nuevamente, ha recordado que la Iglesia tiene siempre las puertas
abiertas. “Es la casa de Jesús y Jesús acoge. Pero no solo acoge, va a
encontrar a la gente como fue a buscar a este. Y si la gente está herida, ¿qué
hace Jesús? ¿Le regaña por estar herida? No, va y lo carga sobre los hombros. Y
esto se llama misericordia. Y cuando Dios regaña a su pueblo --’Misericordia
quiero, no sacrificios’-- habla de esto”, ha explicado el Papa.
A continuación, ha preguntado: “¿quién eres tú para cerrar la
puerta de tu corazón a un hombre, a un a mujer que quiere mejorar, volver al
pueblo de Dios, porque el Espíritu Santo ha tocado su corazón?”. Así, Francisco
ha pedido que la Cuaresma ayude a no cometer el error de quien desafió el amor
de Jesús hacia el paralítico solo porque era contrario a la ley.
Al concluir la homilía, el Papa ha invitado a pedir al Señor en la
misa “por nosotros y por toda la Iglesia”, o sea “una conversión hacia Jesús,
una conversión a Jesús, una conversión a la misericordia de Jesús. Y así la ley
será plenamente cumplida, porque la ley es amar a Dios y al prójimo, como a
nosotros mismos”.
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