Liturgia
Hech 5, 34-42 comienza un poco pobremente: En aquellos días. Y digo que “pobremente” porque parece una
situación distinta de la que venimos siguiendo en días anteriores. Sin embargo
es la continuación de aquel juicio contra los apóstoles. La diferencia es que
hoy surge un fariseo, llamado Gamaliel, que es un hombre sensato y respetado
que quiere poner un poco de orden en aquellos jefes apasionados. Y les plantea
un dilema: o los apóstoles tienen entre manos un asunto humano, o les viene de
Dios. Si es humano, dejadlos estar –dice- porque todo se deshará como un
azucarillo. Pero si viene de parte de Dios, no lograréis dispersarlos. Y os
expondríais a luchar contra Dios.
Le dieron la razón pero –al estilo de Pilato- castigaron a
los apóstoles con azotes, aunque no les habían podido argüir de culpa alguna.
Los apóstoles salieron gozosos de aquel ultraje, padecido
por el nombre de Jesús. Y continuaron predicando en el templo y por las casas
todos los días, anunciando el Evangelio de Jesucristo.
El evangelio nos trae una vez más la multiplicación de los
panes, según el relato de san Juan (6, 1-15), con un final característico: la gente al ver el signo que había hecho,
decía: -Este sí que es el Profeta que tenía que venir. Jesús, sabiendo que iban
a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró a la montaña, él solo.
VIDA GLORIOSA
Tenemos muy reciente el tema de la APARICIÓN EN EL LAGO.
Con todo lo voy a volver a tocar.
Tenemos a 7 apóstoles en el Mar de Galilea. Simón Pedro,
los dos Zebedeos (Juan y Santiago), Tomás, Natanael, y dos más no
identificados. ¿Podría ser uno Andrés, el hermano de Simón? Al otro no se le
puede poner nombre. Caracteres muy dispares y algunos, fuertes, como Pedro o
Tomás o “los Truenos por otra parte. Pedro capitaneando de alguna manera al
grupo, o sencillamente procediendo a su manera habitual de espontaneidad. Y así
de pronto dice, sin más conversación: Me
voy a pescar. A lo que los demás asienten, también con la mayor
naturalidad: Nosotros vamos contigo.
Y se embarcaron.
De entre ellos, unos son pescadores de oficio y otros no. ¿Se
han embarcado por placer y distracción o porque tienen que sustentarse? Una vez
embarcados, lo que procede es echar las redes. Para los pescadores, una faena.
Para los no pescadores una curiosidad. Para unos y otros una ilusión ver sacar
la red cargada de peces…
Pero he aquí que aquella noche no hubo pesca. Y aunque los
expertos pusieron toda su sabiduría y arte en encontrar algún banco de peces,
el hecho fue que no lograron pescar nada. Era una contrariedad pero no hicieron
de ello una tragedia. Y ni siquiera pensaron en volver a la playa. Tal como
estaban en la barca así se sentaron tranquilamente a departir recuerdos y
momentos vividos con el Maestro. Simón, ¿Andrés?, Santiago y Juan comentaron
entre sí y con los otros que ya vivieron en otro momento una escena semejante.
Pero entonces estaba Jesús y de no encontrar ni un pez se transformó todo bajo su palabra, en una pesca
abundantísima que necesitó de dos barcas a tope para sacar el pescado.
Pese a lo largo de la noche y al fracaso de no hallar pesca, no se alteraron, no hubo
ninguna cosa entre ellos que pudiera molestar, ni en broma. Nadie pensó que
para qué se habían embarcado. Uno, quizás el “sin nombre”, observaba con mucho
interés aquella paz entre ellos, sin discusiones antiguas de quién fuera el
mayor. Y fue anotando en su pensamiento aquella novedad de estar allí en sana
camaradería.
Otros ratos dormitaron; alguno se quedó más dormido…, y se
fueron pasando las horas en las que quizás hubo algún nuevo intento de pesca,
pero con el mismo resultado.
A esas horas del alba, cuando ya el sueño se hace más
pegajoso, apareció una persona paseando por la playa, que se fue acercando a la
perpendicular de la barca, y les gritó desde lejos: Muchachos, ¿tenéis algo para comer? La verdad es que no podía haber
sido más inoportuno aquello. ¡No tenían nada! No habían pescado nada.
Por eso su respuesta fue muy escueta, de quienes no quieren
dar muchas explicaciones. Un simple “NO”
que, en parte les humillaba. Y más bien preferían quedarse a la distancia y no
tener que dar razones.
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÒLICA (Continuación)
ResponderEliminarTERCER MANDAMIENTO:"Santificaràs las fiestas"
¿CÔMO TRATA JESÛS EL SÂBADO?.-Jesús respetò el SÂBADO, pero al mismo tiempo se comporta de un modo extremadamente libre y soberano ante èl:"El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado".
El hecho de que Jesús reivindique poder curar en sábado e interpretar el mandato del sábado de forma misericordiosa pone a sus contemporáneos judíos ante la opción: o bien Jesús es el Mesìas enviado por Dios, y entonces es el "señor del sábado" (Mc 2,8), o bien es sòlo un hombre màs, entonces su comportamiento ante el sábado es un pecado contra la Ley.
¿POR QUÈ LOS CRISTIANOS SUSTITUYERON EL SÀBADO POR EL DOMINGO?.-Los cristianos han reemplazado la fiesta del sábado por la fiesta del domingo porque Jesucristo resucitò de entre los muertos en domingo. Pero el "dìa del Señor" asume en sì elementos del sábado.
https://youtu.be/Q6alebOHOkM
ResponderEliminarHoy veo tu aportación de video con oración reflexiva sobre el Evangelio. Por supuesto me parece muy bien, y de seguro que habrá quienes se aprovechen de esas reflexiones que vas desmenuzando. Todo lo que sea ayudar a conocer el evangelio más allá de una lectura aséptica, es ya un avance para el gran público. Y tú trasmites oración y eso es muy válido. Por tanto te animo a seguir.
EliminarPadre Cantero S.I.