Liturgia
Salomón ha construido el Templo. El Templo estaba destinado a que el
Arca de la Alianza tuviera un ligar digno donde estar. Y ahora se organiza el
traslado del Arca al lugar Santo de ese Templo. Los sacerdotes portan el Arca. (1Reg
8, 1-7. 9-13). Dice aquí que sólo contenía las dos Tablas de la Ley que Moisés
había colocado en el Arca en el monte Horeb. En otros pasajes se habla de que también
estaba la vara de Aarón, la de los prodigios en Egipto. Y situaron el Arca en
el lugar santo y cuando salieron los sacerdotes de allí, cubrió el lugar una
densa nube, que era –por tiempos inmemoriales- el signo de la Gloria de Dios
que se enseñoreaba del lugar. Salomón tiene su satisfacción de haber construido
un lugar digno donde resida para siempre el Arca Santa.
Mc 6, 53-56 no nos trasmite ningún hecho concreto. Ha
omitido la lectura continua los dos sucesos consecutivos de la multiplicación
de los panes y Jesús andando sobre las aguas del Lago. Hoy nos lleva el relato
al desembarco posterior en tierras de Genesaret. Apenas pone el pie en tierra
las gentes lo advierten y se vienen a ir con él en sus correrías por la
comarca. Las gentes –como ovejas sin pastor- han encontrado en Jesús a quien
les atiende, les habla como personas, les explica, les muestra a Dios, que
resulta no ser aquel que casi era una amenaza en la forma en que lo presentaban
los doctores de la ley y los fariseos. Jesús les ponía por delante un Dios
misericordioso y de Corazón abierto, un Dios acogedor que no amenaza sino que
abraza a la persona, y está más abierto a perdonar.
Evidente es que las gentes se arremolinaran sobre Jesús.
Además de curarle a sus enfermos, les curaba también el alma a todos con esa
nueva presentación de Dios, o lo que pudiéramos decir –empleando palabras de
Jesus-, la “presentación del Reino de Dios”.
Aldea a la que llegaba, las gentes ya –advertidas- le
sacaban a sus enfermos a las puertas de las casas para que las viera al pasar.
El resto ya quedaba en aquel Corazón tan abierto a toda necesidad. Y Jesús
pasaba curando. Y de los que le seguían, había muchos que tenían sus carencias
de salud y le pedían a Jesús que les permitiese tocar el filo de su manto.
Esto tiene mucha más trascendencia que lo que puede parecer
a primera vista. Porque tiene su “tradición” y su significado. Ya Moisés había
dicho que los sacerdotes llevasen flecos en su manto, para que al ver esos
flecos las gentes tuvieran un recuerdo de Dios. Por eso el filo del manto no
era simplemente “rozar” algo de Jesús. Para las gentes había una referencia
mucho más importante. Jesús no llevaba flecos pero “el borde del manto” ya
evocaba una fuerza divina. No había flecos pero estaba Jesús mismo que dejaba
escapar la potencia de su Persona que ya atraía y daba confianza por sí misma.
Y las gentes, tocando aquel borde del manto de Jesús, quedaban curados de su
dolencia.
Quiera Dios que el mundo actual encuentre “signos” que le
muevan a descubrir a Dios y a poder ser sanado de tanta carencia moral y humana.
Que ya que se ha apartado de Él y que lo desconoce porque ha perdido su figura,
pueda descubrir su mano a través de esos signos. Que surja ese movimiento centrípeto
hacia el Corazón de Dios, en donde vayamos todos reconociendo la fuerza de
bondad, con-pasión, mano tendida y abrazo abierto de un Dios que es todo
misericordia, que no toma ninguna represalia. Que el mundo de hoy pueda
siquiera rozar el “borde del manto de Dios”, y dejarse así curar por el amor de
ese Dios que se hace presente de mil maneras en la historia actual de la
humanidad.
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA (Continuación)
ResponderEliminarEL PECADO.
LA MISERICORDIA Y EL PECADO:-El Evangelio es la revelación, en Jesucristo, de la misericordia de Dios con los pecadores.
"Dios que te ha creado sin ti, no te salvará sin ti"..La acogida de su misericordia exige de nosotros la confesión de nuestros pecados."Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia" (Jn 1,8,9)
¿Por qué el pecador debe dirigirse a Dios y pedirle perdón?.-Cualquir pecado destruye,oscurece o niega el bien; pero Dios es muy bueno y el origen de todo bien. Por eso cualquier pecado se dirige (también)contra Dios y, en el contacto con él, debe ser ordenado.
¿Cómo sabe el hombre que ha pecado?.-Un hombre sabe que ha pecado porque su conciencia le acusa y le mueve a confesar sus faltas ante Dios
Continuará
Jesús valoraba a cada persona y se preocupaba de los enfermos y de los despreciados y les curaba de sus enfermedades y les devolvía su dignidad, todo Él comunicaba bondad,Paz y gozo; todos los pueblos lo acogían con júbilo, porque su Presencia los transformaba.
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