Liturgia
En la 1ª lectura tenemos un caso práctico para pensar. Hech 18, 23-28
nos habla de un tal Apolo, con muy buenas cualidades oratorias y una voluntad
de oro, que pone sus conocimientos al servicio del evangelio y de Jesucristo.
Pero se dice expresamente que no tenía una formación suficiente porque toda su
experiencia religiosa se quedaba en el bautismo de Juan. Y sin embargo no se
amilanó para exponer lo que sabía de la vida y la obra de Jesús. Dos cristianos
lo tomaron a su cargo para formarlo en las verdades de la nueva doctrina e hizo
una gran labor de catequesis entre los creyentes, y rebatiendo a los judíos en
público, demostrando con las Escrituras en la mano que Jesús es el Mesías.
Jn 16, 23-28 expone un momento en que Jesús habla del Padre
y su relación con los seguidores de Jesús. Ya no es que Jesús tenga que pedir
al Padre por nosotros, sino que el Padre nos ama y nos escucha cuando pedimos
en nombre de Jesús.
En la víspera de la celebración litúrgica de la ascensión,
la última frase es muy concreta: Salí del
Padre y he venido al mundo; ahora dejo el mundo y me voy al Padre.
MARÍA
Hoy es sábado. Un día que está dedicado a María. Un día que
pudiera ser una ocasión de recordatorio para dedicar una atención particular a
María. Como otros años, yo haría fuerza en la conveniencia de dedicar alguna
atención especial a esa imagen de la Virgen que tenemos en nuestras casas.
Estamos tan familiarizados con ella que podemos incluso pasar de largo ante la
imagen por la fuerza de la rutina. Pero los hijos, los nietos, nosotros mismos,
podemos recibir una “catequesis” añadida con ese resaltar la imagen en este mes
de mayo.
EVANGELIO
Cuando Jesús expuso las Bienaventuranzas
acababa de hablar de la necesidad de arrepentimiento y conversión, como dos
pasos en la vida de todo fiel que quisiera entrar en el reino de Dios. Los
pobres que eligen ser pobres, ya tienen en sus manos ese reino: Dios es su rey.
Los mansos poseen la
tierra por cuanto que no viven peleados con nada ni con nadie, aunque otros
le hubiesen ofendido y humillado. Están también en línea de convertidos y eso
les da el señorío sobre las realidades que viven.
Hoy pasamos a otros que están en línea de conversión: los
que sufren, los que están afligidos, sea por causa de otros, sea por su propia
limitación. El afligido está sufriendo. Y puede ser un afligido que se revuelve
contra todo y contra quien le aflige y contra sí mismo. Es evidente que ese no
es feliz en su situación, y que poco consuelo admite. No pertenecería al orden
de los convertidos.
El que sufre
con paciencia, con resignación, sabiendo salir de ese estado negativo para
ponerse ante Dios y ofrecer su propio sufrimiento, ese es consolado. Tiene un resorte superior a las causas de su
aflicción y encuentra en Dios su consuelo. Acepta la vida como es, a los demás
como son y a Dios como se le manifiesta. Por eso vive en paz.
Los que tienen
ansias de bondad y justicia: hambre y sed.
No son ansias angustiosas sino deseos profundos de su corazón, por cuya razón
quisieran ser fieles a Dios en todas las cosas, y desearían que todos los
hombres y mujeres del mundo también lo fueran. Ansían vivir el término justo
que da a Dios lo que es de Dios y a los demás lo que les pertenece. Y ese
impulso también lo proyectan en los otros porque el mundo sería más feliz si
cada cual tuviera el corazón bueno y cada uno desde su realidad pusiera el
granito de arena propio.
Serán saciados. Lo más seguro que no en esta vida. Pero al
final se impondrá la justicia (la bondad). Viven convirtiéndose día a día en ese
deseo de dar a Dios la mejor respuesta, y no renuncian a pensar que todavía
queda en el fondo del corazón de la humanidad una posibilidad de cambio hacia
el bien. Piensan que el mundo se ahoga en su propia sangre y que un día ha de
resurgir de sus propias cenizas. Esas son sus ansias, y en ese sueño viven y ya
encuentran un motivo para sentirse dichosos. Aunque sólo en la otra vida serán
plenamente saciados, porque entonces habrá triunfado la bondad y Dios lo será
todo en todo.
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA (Continuación)
ResponderEliminarSEXTE MANDAMIENTO:"NO COMETERÁS ACTOS IMPUROS"
"Donde brota el amor atrapa a todos los demás instintos y los convierte en amor".
LAS OFENSAS A LA CASTIDAD.
La lujuria es un deseo o goce desordenado del placer venéreo.El placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por si mismo , separado de las finalidades de procreación y de unión. Son ofensas a la castidad: la masturbación, la fornicación, la pornografía, la prostitución y la violación.
¿ES LA MASTUBACIÓN UNA OFENSA CONTRA EL AMOR?.-La masturbación es una falta grave contra el amor, porque convierte el placer sexual en un fín en si mismo y lo desvincula del desarrollo integral personal en el amor entre varón y mujer. Poe seo el sexo con uno mismo es una contradicción en si misma.
La iglesia alerta del riesgo de quitarle importancia al autoerotismo. De hecho muchos jóvenes y adultos están en peligro de aislarse en el consumo de imágenes y películasd eróticas y ofertas en internet, en lugar de encontrar el amor en una relación personal. La soledad puede llevarles a un callejón sin salida, en la que la masturbación se convierte en adición.Pero nadie es feliz siguiendo el lema. "No necesito a nadie para el sexo; me lo hago a mí mismo, como y cuando lo necesito".
Nuestra Señora me salvó de la desesperación. Ese es el más grande peligro. La gente como yo tienen siempre la fe y la caridad necesarias; pero es en la esperanza donde puede fallar.
ResponderEliminarDurante dieciocho meses, yo no pude decir el “padrenuestro”. Hágase, Señor, tu Voluntad. No podía decir esta frase, porque no podía aceptar su voluntad. Era horrible. No se trata de decir oraciones a la ligera; sino de sentir verdaderamente lo que se dice. Entonces, recé a María. Las oraciones a María son oraciones de reserva. No hay una sola en toda la liturgia, ni una, que el más grande pecador no pueda verdaderamente rezar. En la búsqueda de salvación, el Avemaría es el último socorro. Con ella nadie se pierde.
Charles Péguy
Lettre à Joseph Lotte Carta a Joseph Lotte