Liturgia
Cerramos el tiempo ferial del ciclo pascual. Por una parte se acaba la
lectura continua de los Hechos de los Apóstoles y por la otra se coloca el
epílogo final de los evangelios que nos ha legado San Juan.
En Hech. 28 16-20. 30-31, la llegada y estancia de Pablo en
Roma, al que le asignan lo que hoy llamaríamos “prisión domiciliaria”, con libertad
de comunicación, recibiendo a todos los
que acudían, predicándoles el reino de Dios y enseñando la vida de Jesucristo
con toda libertad, sin que nadie lo molestase. Reunió a los judíos
principales para confesarles que él no ha hecho nada contra el pueblo judío,
pero queriendo ellos condenarlo sin causa, tuvo que apelar al César.
El texto del evangelio de hoy (Jn 21, 20-25) lo reconozco
como uno de los que más me subyugan y me hacen vivir la fe. Precisamente porque
fue Jesús –primeramente- y Juan –después- quienes dan la inmensa clave de la
fe: Si yo quiero…, a ti ¿qué?
Pero vayamos por partes. Jesús le dice a Pedro (parece
recuperado nuevamente el nombre de PEDRO): Sígueme.
Ha precedido la triple confesión de amor de Simón y el tripe encargo de Jesús
para llevar la responsabilidad de la Iglesia (apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas). Y Jesús ha
ratificado la elección enfrentando a Simón con la cruz: extenderás tus brazos y otro te ceñirá…
Y puesto en claro lo que Pedro ha de afrontar, nueva
llamada (o renovación de la primera llamada), con el Sígueme de este momento.
Pedro ve que el “otro discípulo” hacía ademán de ir, y
pregunta Pedro a Jesús: Señor: y éste
¿qué? Jesús le dio una evasiva que, por otra parte mostraba que las
llamadas de Jesús son personales e intransferibles: Si yo quiero que éste se quede hasta que yo vuelva, a ti ¿qué? Era
muy simple de entender. Yo te he dado el encargo a ti. Tú sígueme. El resto déjamelo a mí.
A mí me produce inmensa devoción este momento y me levanta
la fe; me hace ver que a mí no me toca querer saber los planes de Dios en lo
que no me incumbe a mí. Más aún: que yo no tengo que pedirle porqués a Dios. La
fe es mucho más sabia y más ciega: Si yo
quiero… Si yo he decidido. Y hay que dejarle todo el misterio a Dios, que
es el que lleva los hilos de la vida, y él sabe cómo administrarlos.
Los humanos inventamos y desbarramos cuando queremos
meternos en la mente de Dios. Así resultó que la interpretación que dieron los
que escucharon la respuesta fue que ese
discípulo no moriría. A lo que el evangelista se limita a responder lo más
escueto que podía y correspondía decir: No
dijo que no moriría, sino: si yo quiero
que éste se quede hasta que yo vuelva, a ti ¿qué? Y ahí se acaba la
cuestión. Ahí acaba el evangelio. Ahí queda colgada una de las lecciones más
profundas de toda la fe. Y repito que a mí me subyuga porque me da la mejor
respuesta que podría darme el especialista teológico más profundo. A eso lleva
la fe. Eso es la fe. Esa es la gran seguridad del hombre respecto de Dios.
El epílogo final es la exuberancia de la emoción del
evangelista: primero hace confesión de autenticidad de cuanto ha escrito. Y su testimonio
es verdadero. Después la explosión de su interior emocionado: Muchas otras cosas dijo e hizo Jesús. Si se
escribieran, creo yo que los libros no cabrían ni en todo el mundo. Una
hipérbole que expresa cómo ha vivido su acompañamiento del Maestro: está
pletórico y sabe que podría seguirse escribiendo sobre la vida de Jesús y no se
agotaría.
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MARÍA
Me atrevo a decir que es el libro más completo y más bello
y mejor documentado que contiene la vida y la enseñanza de Jesús. Quien se
acerque a esa biblioteca viva podrá
encontrar los mayores y mejores conocimientos sobre Jesús. Y quien sepa
acercarse al Corazón de María, estará libando la mejor enciclopedia de la vida.
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA (Continuacioón)
ResponderEliminarSEXTO MANDAMIENTO:"NO COMETERÄS ACTOS IMPUROS"
"La Iglesia afirma y defiende el derecho de un matrimonio, dentro del marco de la regulación de la fecundidad, de poder decidir ellos mismos el número de hijos y la distancia entre los nacimientos".
¿POR QUÉ NO SON BUENOS TODOS LOS MÉTODOS DE REGULACIÓN DE LA FECUNDIDAD?.-Como métodos de regulación consciente de la fecundidad la Igesia remite a los métodos perfeccionados de la autoobservación y de la PLANIFICACIÓN FAMILIAR NATUAL(PFN/RNF = Regulación natural de la fecundidad). Corresponden a la dignidad del varón y la mujer; respetan las leyes internas del cuerpo femenino; exigen ternura y unas relaciones recíprocas respetuosas y son por ello una escuela de amor.
No es indiferente que un matrimonio recurra a la anticoncepción o que aproveche e ciclo de los días fértiles de la mujer para regular responsablemente, es decir, generosamente la fecundidad. En el primer caso, ditorsiona la naturaleza propia de la relación íntima conyugal haciéndola intencionadamente infecunda; en el segundo caso, respeta la integridad de esa relación íntima personal. La Iglesia rechaza la anticoncepción realizada por medios químicos (la píldora), mecánicos (preservativos), quirúrgicos (la esterilización), y otros(la interrupción del acto) no tanto por su carácter "artificial", cuanto porque falsifica la relación conyugal privándola de su significado natural propio (ser fecunda). La mentalidad anticonceptiva, que implica una voluntad a ultranza de impedir la fecundidad puede también afectar al uso de los "métodos naturales" que entonces también son ilegítimos. Pero cuando recurre a los mencionados "métodos artificiales" la mentalidad anticonceptiva tampoco se detiene ante los daños que causan a la salud de la mujer, ni ante el carácter abortivo de algunos de ellos( la píldora o la píldora del día después), ni ante los diversos trastornos que ocasionan a la vida conyugal.
El Papa Francisco nos anima a trabajar en la viña del Señor, a no tener miedo a realizar alguna tarea apostólica, tanto los hombres como las mujeres. No es necesario ser diáconos o diaconisas, ni obispesas para acoger la invitación de Cristo para participar en su amistad, vivir en el gozo de su intimidad y para saberlo comunicar por todas partes; esto es lo que espera de los apóstoles. No se puede ser un cristiano comprometido sin ser apóstol y dar testimonio de Cristo.Nuestra vocación apostólica la reafirmamos cuando nos acercamos a la Eucaristía y quisiéramos que los hermanos separados gustaran todos este Pan .Me parece estupendo que la mujer siga haciendo lo que hace, que es mucho, como laica fiel a su Bautismo, ayudando, sin entrometerse en las tareas que son propias de los sacerdotes ordenados. Estoy preocupada porque la prensa sensacionalista ya ha interpretado incorrectamente lo que el Santo Padre les respondió a la Monjas a propósito del diaconado femenino.La Iglesia católica es apostólica y no quiere obispesas.
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