LITURGIA
Tenemos una 1ª lectura (Hech.3,1-10) que nos
muestra unos primeros efectos visibles de la Resurrección: un tullido que pedía
limosna en la puerta del templo, le pide a Juan y Pedro que entraban. Pedro le
dice: No tengo oro ni plata; lo que tengo,
te lo doy: en el nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y echa a andar. Y
el paralítico se pone en pie y entre gritos de júbilo y saltos de alegría entra
en el templo alabando a Dios.
La gente, que lo reconoce, se admira y quedan estupefactos
al ver al paralítico andando y brincando. Ha sido el testimonio de que Jesús
sigue vivo y realiza ahora de nuevo los milagros que hizo en su vida mortal,
por la acción de sus apóstoles.
Hace falta hacer una secuencia para entender el episodio de
los dos discípulos que huyen de Jerusalén, desanimados por la muerte de Jesús.
Las mujeres con Magdalena subieron al sepulcro a embalsamar
el cuerpo del Señor. Magdalena no llega hasta el sepulcro porque se espanta de
ver abierta la losa. Las mujeres sí siguen hasta arriba y tienen una visión que
les dice que no busquen entre los muertos al que vive. Pero no ven a Jesús. Y
se vienen a los discípulos a comunicar
su experiencia. Magdalena ha avisado el suceso a los apóstoles, y suben a
cerciorarse Pedro y el otro discípulo, el cual ve y cree, que testifican que no está el cadáver, pero no han visto
a Jesús. Magdalena se sube al sepulcro.
En este entreacto los dos discípulos, Cleofás y otro
(Lc.24,13-35) se vienen abajo y en la incertidumbre de las noticias que van
llegando, sacan en conclusión que todo aquello es un solivianto, y que se habla
mucho pero que hasta ahora nadie puede decir que ha visto a Jesús. Y ante esa
situación, tristes y sin fe alguna, optan por marcharse a la aldea de Emaús. Nosotros esperábamos… Pero ya no esperan.
Se quitan de en medio y se van discutiendo entre ellos con los datos anteriores
a la muerte y lo que han recogido en este primer día de la semana: A él no lo han visto.
Iban cabizbajos por el camino cuando se les sumó al paso un
individuo, que lo primero que les observa es la tristeza que llevan. Y les
pregunta por qué van tan tristes
Ellos se extrañan de que sea el único que no se ha enterado de lo ocurrido
aquellos días en Jerusalén, y se
explayan expresándole al peregrino sus sentimientos. Y en realidad su ilógica,
provocada por el estado depresivo y de desolación que llevan encima: Lo de Jesús de Nazaret, un hombre justo en
palabras y obras. Nuestros jefes religiosos lo condenaron a muerte y lo
crucificaron. Nosotros esperábamos
que él fuera el que iba a restaurar el reino de Israel. Pero he aquí que
estamos en el tercer día que sucedió esto. La referencia al tercer día
tiene su importancia en aquella cultura, pues no se certificaba la muerte
oficial hasta pasados los tres días de su fallecimiento. Cosa que aquí no había
ocurrido porque están en el tercer día, pero no se ha acabado.
Por otra parte tienen constancia de varias verdades: que mujeres de nuestro grupo nos han dicho
que han tenido hasta visión de ángeles que afirman que vive; es verdad también
que dos de los compañeros han subido al sepulcro y encontraron las cosas como
habían dicho las mujeres. Es decir: tienen señales que cuando menos,
invitan a esperar acontecimientos. Pero ellos concluyen con un PERO que echa
todo por tierra. Y en consecuencia ellos huyen del lío, pero con mucha tristeza
por todo lo que se ha perdido en una tarde de viernes aciago.
El peregrino los zarandea entonces: Necios y tardos para creer lo que anunciaron los profetas. Y les da
un repaso desde Moisés y les explica lo que estaba escrito a costa del Mesías.
Los dos discípulos se dan cuenta que se les enciende una luz en el alma; que
realmente todavía estaban en la posibilidad de que Jesus se mostrase
resucitado. Y como es cierto que se sienten a gusto con el peregrino, lo
invitan a quedarse esa noche con ellos, con el pretexto de que es ya avanzada
la tarde para seguir el camino.
Y allí, sentados a la mesa, llegan a descubrir que el tal
peregrino era el propio Jesús.
Entonces deshacen rápidamente el camino para anunciarlo a
los apóstoles, y cuando llegan se encuentran con que ya es un hecho conocido
por aquellos, y que Magdalena lo ha visto y que se ha aparecido también a
Pedro.
La fiesta de la resurrección está en plena euforia.
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