Liturgia
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Por eso cuando Dios dibuja a María como Madre de su Hijo,
ya la introduce en el mundo sin haber sido manchada ni por el mismo pecado
original. Y tal como Dios la soñó, así la hizo.
Por una parte, María no tenía mancha de pecado. Por otra
parte, la Redención que haría Jesús sería redención universal, y por tanto
también abarcaba a María. ¿Cómo se armonizaría esa posible contradicción? –Por la
aplicación adelantada a María de la redención que su propio Hijo iba a llevar a
cabo. Ella le daba a Jesús su sangre en el proceso de generación del niño en su
seno de madre. El Hijo le daba a Ella su propia Sangre de martirio y redención
que Él derramaría en la Cruz. Y María quedó así en la plena enemistad con la serpiente venenosa del
pecado (Gn 3, 9-15. 20), porque el mal del pecado llevó a la muerte al Hijo
de María, en esa lucha en la que la sangre del Hijo acaba derrotando al mal: el Hijo aplastará la cabeza de la serpiente,
mientras la serpiente le hiere de muerte en el talón.
María, pues, ha sido
elegida y bendecida en la persona de Jesucristo, con toda clase de bienes
espirituales y celestiales…, antes de la creación del mundo, cuando Dios
dibujó en el lienzo de la eternidad, la figura dulce y encomiable de aquella
muchacha que le iba a ofrecer su propio regazo de madre.
Es posible que todo ello conduzca a pensar que María tuvo
todo hecho y que su vida en el mundo fue como la pajarita de las nieves que no
tiene ni peligro de mancharse de barro. La realidad es que María fue viviendo
el momento a momento en respuestas personales a Dios, en las que ella tuvo que
poner su SÍ libremente, responsablemente,
para hacer en cada momento lo que debía hacer de acuerdo con la voluntad de
Dios. El Sí de ese evangelio del anuncio a María, no era un SÍ predeterminado.
María había de sopesar su respuesta y saber muy bien a qué se comprometía. Y su
aceptación es un acto libre de su voluntad en respuesta a la propuesta de Dios.
María hubo de realizar su papel de Madre y esposa y ama de
casa, y eso no le venía caído del cielo, sino que suponía la actitud atenta a
sus deberes de cada momento. María hubo de vivir su orfandad y viudez, y
saberse madre de quien era acogido o rechazado y constituido signo de contradicción. Y estuvo María
al pie de la cruz, erguida con valentía de mujer entera, sin doblegarse ante el
dolor, y la vergüenza de ser madre del condenado a muerte.
Todo ese vivir diario no se le regaló a María como “pajarita
de las nieves”. Todo eso tuvo que vivirlo en lucha diaria. De ahí que la
celebración de la fiesta de hoy en la EUCARISTÍA no expresa únicamente “solemnidad
litúrgica” sino el valor mismo del
misterio y privilegio que celebramos, por cuanto que la cruz y la muerte de
Jesús –que se realiza en la Eucaristía- fueron la razón misma por la que Ella
fue constituida Inmaculada en su Concepción.
Pedimos a María Inmaculada que lleve nuestra oración a la presencia de Dios.
ResponderEliminar- Que vuelva a nosotros sus ojos misericordiosos y nos haga patente la misericordia de Dios. Roguemos al Señor.
- Que la vida inmaculada de María nos sirva para limpiarnos de egoísmos de todo tipo. Roguemos al Señor
- Que nos acojamos a la misericordia de Dios sabiendo ofrecer nuestra respuesta a su amor. Roguemos al Señor.
- Que en la Eucaristía descubramos la gran misericordia de Dios con la humanidad, y con su Madre, Roguemos al Señor
Por el privilegio de la inmaculada concepción de María, haznos elevar nuestra mirada hacia los bienes del Cielo, y acoger la misericordia de Dios con nosotros. Por Jesucristo N. S.
EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA Y RECONCILIACIÒN ( Continuación)
ResponderEliminarQuien confiesa y se acusa de sus pecados hace las paces con Dios. Dios reprueba tus pecados. Si tú haces lo mismo, te unes a Dios.
" Hombre " y "pecador" son dos cosas distintas ;cuando oyes, "hombre",oyes lo que hizo Dios; cuando oyes, "pecador",oyes lo que el mismo hombre hizo.Deshaz lo que hiciste para que Dios salve lo que hizo. Es. preciso que aborrezcas tu obra y que ames en tì la obra de Dios.Cuando empiezas a detestar lo que hiciste, entonces empiezas tus buenas obras.
LA SATISFACIÔN O PENITENCIA.-Muchos pecados causan daño al prójimo. Es preciso hacer lo posible por repararlo ,(ejemplo:restituir lo robado, restablecer la reputación del que ha sido calumniado, compensar los daños o heridas...).La simple justicia exige esto.La absolución quita el pecado. pero no remedia todos los desòrdenes que el pecado causò.Por tanto hay que hacer algo para reparar los pecadon: se debe "satisfacer" de manera apropiada o "expiar"los pecados. Esta satisfaciòn se llama también penitencia,
La "penitencia" que el confesor impone debe tener en cuenta la situación personal del penitente y buscar su bien espiritual. Puede consistir en :oración.ofrendas,privaciones voluntarias, servicios al prójimo y sob re todo la aceptación paciente de la cruz que debemos llevar.Estas "penitencias" ayudan a configurarnos con Cristo que, el ÛNICO, expio`nuestros pecados , una vez por todas.
Continuarà
¡ALÉGRATE, LLENA DE GRACIA! María es modelo de acogida de la Palabra de Dios en su propia vida y modelo a seguir de buenas disposiciones para ponerla en práctica; mientras que Adán y Eva representan a los que no se fían de Dios y acaban escuchando a la "serpiente". El hombre tiene una vocación semejante a la de María. El Padre nos ama y nos ha elegido para ser santos e irreprochables, hijos suyos a semejanza de Jesucristo. La distancia entre el Proyecto de Dios y la realidad de nuestra vida, no debe entristecernos y quitarnos las ganas de luchar, sino que debe ser estímulo para caminar cada día y que en todos los miembros de la Iglesia se cumplan estas palabras. Lo mismo que el Ángel entró en casa de María, se trata de que la Palabra de Dios entre en nuestra vida, anide en nuestro corazón y vaya transformándolo.
ResponderEliminarHoy, la Iglesia se reúne con ternura filial, para felicitar a la Virgen por ser la Madre de Dios y Madre nuestra, al tiempo que alabamos y damos gracias a Dios por haberla bendecido y por haberla colmado de GRACIA.
Si hay una invocación que no podemos dejar de decir hoy es “Ave María Purísima, sin pecado concebida”. Han pasado aquellos tiempos que se utilizaba como saludo casi habitual, como se puede decir “buenas tardes”. Ahora lo hemos dejado para cuando vamos a confesarnos y romper el hielo. Cuando vamos, claro, que tampoco es tan frecuente. Pero eso es otra historia.
ResponderEliminarHay un texto de San Anselmo que quiero copiar a continuación. Creo que nos puede ayudar a entender el papel de María en la Historia de la Salvación:
“Toda la naturaleza ha sido creada por Dios, y Dios ha nacido de María. Dios lo creó todo, y María engendró a Dios. Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo de María; y de este modo rehizo todo lo que había hecho. El que pudo hacer todas las cosas de la nada, una vez profanadas, no quiso rehacerlas sin María.
Dios, por tanto, es padre de las cosas creadas y María es madre de las cosas recreadas. Dios es padre de toda la creación, María es madre de la universal restauración. Porque Dios engendró a aquel por quien todo fue hecho, y María dio a luz a aquel por quien todo fue salvado. Dios engendró a aquel sin el cual nada en absoluto existiría, y María dio a luz a aquel sin el cual nada sería bueno.”
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
ResponderEliminarDomingo 27 de mayo de 2012. Pentecostés.
Hay un texto que cayó a mis manos y me impresionó mucho: es el testimonio de una joven no creyente que escribe y relata una experiencia que me parece que puede iluminar la fiesta que celebra hoy la Iglesia (Pentecostés); el texto se llama: “Diatriba contra los cristianos”.”
“Me llamo Noemí Herrera o de cualquier otra forma. ¿Qué importa eso? Acabo de llegar de una noche extraña para mi a la cual asistí movida por la curiosidad: la llamada Vigilia de Pentecostés. Soy atea, pero he leído mucho y sigo leyendo; en realidad soy una buscadora afanosa del sentido de la vida. Experimenté en dicha ceremonia una mezcla de asombro, emoción y rabia. Y me dije: “Voy a escribir una página contra los cristianos tan pronto llegue a casa. No hay derecho...”. Sí, no hay derecho a que ustedes, cristianos, despilfarren el tesoro que se halla oculto en sus libros guías, en el Evangelio de Cristo, especialmente.
Ustedes son cobardes, hipócritas, presuntuosos y mezquinos. Viendo su vida, Carlos Marx no tenía más remedio que afirmar que la religión es el opio del pueblo y que, si lo que ustedes viven es la religión, no se puede vacilar en desterrarla del corazón de los hombres. ¿Conque creen en Jesucristo? Pero, ¿saben quién es Él? ¿Qué hizo? ¿Cómo vivió? ¿Contra quienes y a favor de quiénes se pronunció? ¿Quiénes lo mataron y por qué? ¿Lo saben? No. Definitivamente, no los reconozco como discípulos de Cristo. ¿Cómo se pueden comparar con aquellos primeros cristianos, que compartían sus bienes, se ayudaban mutuamente y llevaban una vida de austeridad y servicio? He dicho que son cobardes, hipócritas, presuntuosos y mezquinos. Tal vez he sido benévola. Merecerían adjetivos mucho más severos.
¿No son cristianos esos jefes de empresas que explotan inmisericordemente a sus obreros? ¿Y esos políticos de ‘comunión con fotógrafo', que decía Fernando González, y que se sienten capaces de todo dizque porque tienen la verdad? ¿Acaso no fueron los ‘cristianos' los que bañaron en sangre a Colombia en nombre de los partidos tradicionales? Hipócritas... ¿De dónde han sacado en el Evangelio la acérrima defensa de su propiedad privada? De la suya, porque parece que la propiedad privada del pobre no les merece tanto respeto. (...) Cristianos, los condeno y los desprecio. Deban ser testimonio de algo muy grande y muy importante que revolucionó el mundo y trazó pautas del más noble contenido humano. ¿Cómo lo traicionan así? (...).
Sin embargo, los envidio. Anoche tuve la sensación de que en medio de todo, cuentan con algo inexpresable, misterioso y sutil que llena de alegría los corazones de los jóvenes y crea una nueva atmósfera de igualdad y de paz. “Jesucristo vive”, gritaban a una y yo experimenté, sin saber por qué, un nudo en la garganta. Ciertamente, no puedo gritar lo mismo respecto de Carlos Marx; y de Lenin apenas si tenemos un cadáver embalsamado y yerto allá en Moscú. Pero, ¿de qué me sirve todo esto si son incapaces de vivirlo con la intensidad de la mística que exige un verdadero testimonio? Da rabia contemplar su mediocridad como creyentes. Si aplicaran a su fe una centésima parte del interés que ponen en sus negocios, su empuje sería arrollador; nada ni nadie los detendría. Transformarían el mundo. Cristianos, ¡cómo los envidio y cómo los desprecio!”
Nosotros tenemos un tesoro que no sabemos aprovechar. ¡El Espíritu Santo! Hermann Rodríguez Osorio es sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá