Liturgia
¡Alegraos en el Señor! El Domingo 3º de adviento es una explosión de
júbilo. Hasta 12 veces sale –a lo largo de la liturgia de este día- la
equivalencia a LA ALEGRÍA. Sólo en la 1ª lectura de Sofonías (3, 14-18) aparece
7 veces una referencia al gozo, al júbilo, a la alegría. Otras 3 veces (y
repetitivo en la respuesta), el Salmo invita al júbilo. Y la 2ª lectura (Filip
4, 4-7) insiste en esa exhortación: Estad
siempre alegres; os lo repito: estad alegres Partiendo de que Pablo escribe
eta carta en la cárcel, sus expresiones resuenan mucho más al vivo. Es evidente
que Pablo habla de una alegría que va por línea mucho más profunda…, que
sobrepasa las situaciones inmediatas y que va mucho más al interior de la persona:
alegres
en el Señor.
Porque no se está hablando de una alegría basada en razones
humanas, en consecuciones humanas, en motivos humanos… En la parte humana puede
haber momentos de sufrimiento, de luto, de dolor… Como puede haberlos de
satisfacciones que nada tocan del fondo de la persona: una diversión, una buena
suerte, un disfrute humano… La alegría de que se habla hoy es mucho más
profunda: es alegría EN EL SEÑOR…, la que nada ni nadie puede arrebatar porque
el corazón está centrado en Dios.
Ha hablado de “no preocuparse”… Una cosa es “ocuparse” (y
naturalmente nos tenemos que ocupar ordenadamente de muchas cosas), y otra es
pre-ocuparse…, vivir en preocupaciones…, una veces de algo ocurrido (pero que
ya ha pasado y no se puede enderezar ya); otras veces por algo que puede
ocurrir, pero que aún no ha sucedido y hasta puede no suceder. Preocuparse es
enemigo del gozo auténtico, porque se vive fuera de la realidad PRESENTE, que
es la que realmente se puede abordar.
Por eso Juan Bautista va al grano con cada estamento que se
le pone delante y le pregunta: ¿Qué tengo
que hacer? Es la pregunta de la sinceridad. Mi realidad es la que sea… Pero
DEBE SER de otra manera cuando se pone de cada a Jesús. ¿Qué tengo que hacer? Y
Juan –que no es teórico ni teólogo- responde con soluciones muy a ras de calle:
el que tiene dos túnicas y tiene para
abrigarse, y ve al que no tiene ninguna y está pasando frío, dé una túnica. No se mete en más
disquisiciones. ¿Tienes para comer y
el otro no tiene? –Da comida al que no tiene.
Los recaudadores de impuestos, no cobren más de lo debido. Los militares, no abusen de su poder e influencia militar. Y así sucesivamente,
Juan Bautista sale al paso de lo concreto con soluciones concretas. Por eso, si
yo me acerco a preguntarle…, o si se acerca alguien (en este domingo), y
preguntamos: Yo ¿qué tengo que hacer?,
Juan Bautista nos va a responder sin soltarnos un mitin ni aplicarnos una
teología… Por eso sería bastante posible que hiciéramos nuestro examen de conciencia
y sacáramos conclusiones prácticas.
Hace poco hablaba con alguien que comentaba que el Papa va
a los casos concretos pero no aplica principios teológicos… Y hoy se me viene a
la mente Juan Bautista, que soluciona a pie de calle porque los problemas están
a pie de calle. Sabe Juan que detrás
viene Jesús, que es más que él; de quien él es meramente un servidor, ni digno
de hacer el oficio de esclavo… Y Juan se pone a procurarle un camino más
expedito en medio de una sociedad que necesita de soluciones concretas para
abordar sus problemas concretos.
Y ese camino, que abre la entrada a Jesús, el Mesías
salvador, tendrá el gran fruto de un bautismo
con el Espíritu Santo y con fuego…, un bautismo que entre dentro de la persona
y la cambie. En este año de la misericordia en el que el Papa se ha comprometido,
lo primero es sanar llagas y dejarse entonces cauterizar por el fuego del
Espíritu de Dios. Andan muchos pretendiendo mantener por delante “la rectitud”,
como si fuera lo indispensable para que luego venga la misericordia. El Papa lo
dice al revés: empecemos por imbuirnos de la misericordia incondicional de Dios…,
y aterrizaremos en lo que es recto.
Cuando hoy comulguemos, vamos a preguntar a Jesús: ¿Qué tengo yo que hacer? Y hagamos
silencio hondo para que nos dé esa respuesta que trae ALEGRÍA EN EL SEÑOR, sin reservarnos
una parte para nosotros y nuestras conveniencias. Y admitamos, a ojos ciegas,
que lo primero que tenemos que hacer es VIVIR LA MISERICORDIA. Por supuesto que
con nosotros mismos, para vivir la confianza. Pero también con los demás –en nuestros
juicios y palabras y modos de proceder- de manera que eso nos provoque dentro
la ALEGRÍA EN EL SEÑOR.
A Dios, que por ser Dios es ya alegre, pedimos que nos conceda la
ALEGRÍA que viene de Él
-
Danos la alegría del alma, que no se pierde por situaciones humanas. Roguemos al S.
-
Líbranos de preocupaciones que nos roban alegría y equilibrio interior.
Roguemos al S.
-
Concédenos una alegría contagiosa y que sepamos alegrar a otros. Roguemos al Señor
-
Que pongamos la alegría en lo interior, y sepamos disfrutar alegrías de
fuera. R al S.
-
Comulguemos con la alegría en el alma, sintiéndonos llenos de la
misericordia de Dios. Roguemos al Señor.
Danos, Señor,
esa medida que nos haga cercanos a los otros, y testigos de la alegría y la
misericordia.
Por Jesucristo N. S.
EL SACRAMENTO DE LA UNCIÒN DE LOS ENFERMOS (Continuación)
ResponderEliminar"SANAD A LOS ENFERMOS".Cristo invita a sus discípulos a seguirle tomando a su vez su cruz. Siguiéndole adquieren una nueva visión sobre la enfermedad y sobre los enfermos. Les hace participar de su ministerio de compasión y de curación : "y,yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban"(Mc6,12,13).
La Iglesia ha recibido esta tarea del Señor e intenta realizarla tanto mediante los cuidados que proporciona al enfermo, como por la oración de intercesión con la que pos acompaña.No obstante, la Iglesia apostólica tuvo un rito propio en favor de los enfermos, atestiguado atestiguadonpor Santiago :"¿Está enfermo alguno de vosotros?.LLame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sogre él y le unjan con el óleo en el nombre del Señor.Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados , le serán perdonados". La Tradición ha reconocido en este rito uno de los siete sacramentos de la Iglesia.
Esta unciòn delos enfermos fue instituida por Cristo nuestro Señor como un sacramento del Nuevo Testamento, verdadero y propiamente dicho, insinuado por Marcos y recomendado a los fieles y promulgado por Santiago Apóstol.
Continuará
Cada año, el tercer Domingo de Advientonos llama a la alegría; lo importante es encontrar la fuente de la verdadera alegría para beber siempre de ella.Si sabemos que Dios nos ama y procuramos agradecer todo lo que recibimos de su AMOR ya tenemos un motivo suficiente para ser felices y estar alegres y vivir en PAZ.No podemos olvidarnos de los demás.Tenemos que prestar atención a la observación que nos hace el Bautista: que nuestra vida puede ser trigo de muy buena calidad o paja que se echa al fuego...
ResponderEliminar