Liturgia
La vuelta de Isaías a la 1º lectura (45, 6-8. 18. 21-26) nos deja esas
buenas sensaciones que expresan tan al vivo el Adviento. Lo vivió tanto el
profeta, que lo trasmite al vivo, poniendo las palabras en la boca de Dios: Yo soy el Señor y no hay otro, artífice de
la luz y autor de la paz. Lo digo y lo hago: Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad la victoria; ábrase la
tierra y brote LA SALVACIÓN (al Salvador). Preciosa oración de adviento
y de esperanza. No hay otro Dios fuera de
mí; volveos a mí para salvaros.
Lc 7, 19-23 nos trasmite una situación muy especial que ha
tenido dos interpretaciones. Una, la de Juan (en la cárcel) que quiere que sus
discípulos descubran de primera mano a Jesús Mesías, y por eso los envía a
preguntarle. Otra, la de Juan que está encarcelado por su fidelidad a la verdad
mesiánica (que ha creído él como llegada fuerte de un mesías que él ha creído belicoso,
y al que encuentra tan abierto al perdón y la misericordia). Y necesita
cerciorarse si Jesús es el Mesías o hay que esperar a otro. Jesús no da
respuesta de palabra sino que retiene junto a sí a aquellos discípulos de Juan,
y ante ellos hace todas las obras mesiánicas. Ahora no tienen más que ir a Juan
y contarle lo que ellos han visto y oído
por sí mismos.
RELATOS DE ADVIENTO
La vida diaria
es más prosaica que lo que son grandes momentos. El encuentro de María e Isabel
fue una explosión, y tuvo ese clímax de emociones, descubrimientos, hechos
sobrenaturales (como el feto de 6 meses que salta en el seno materno, porque el
Espíritu Santo ha actuado…). Todo, en realidad, especial, prodigioso, y como un
presagio de nuevas grandes situaciones que han de vivirse en estos momentos
culminantes de la Historia de la salvación.
Pero la vida de cada día no es así. Y –pasados aquellos
instantes- la vida de la casa de Zacarías entró en lo cotidiano, cuando los
días son unas veces más luminosos y otros menos. Isabel empezaba a sentirse más
cansada; Zacarías permanecía en su silencio, que le facilitaba mucho la
observación y la vida interior. María, con su grácil juventud, saliendo al
quite de muchas ocupaciones de una vida de familia.
Había ratos de conversación muy sentida entre Isabel y
María, a la que algunas veces se sumaba como oyente el mudo Zacarías. Comentaban
todo lo que estaba por llegar…, ese momento de Dios que va a hacer su obra en
aquel Pueblo santo, tal como el ángel le dijo a Zacarías, y tal como María
sabía que tenía que ser el Hijo que llevaba en su seno.
Se contaban cosas de la familia, después de mucho tiempo
sin haber tenido noticias unos de otros, y se pasaban así aquellas tardes de
descanso a la puerta de la casa. Y María comentaba que –a su regreso-
celebraría su boda con un muchacho excelente que se llamaba José. Eran
conversaciones muy agradables, que compartían con otras vecinas que se venían a
pasar esos ratos de descanso.
El cansancio de Isabel se iba haciendo mayor al paso de los
meses. María asumía entonces más trabajo, casi como quien no hace la cosa, pero
procurando que Isabel pudiera descansar. Alguna vez venían familiares y amigos
que se referían al futuro nacimiento de Ben Zacarías (el hijo de Zacarías). E
Isabel intervenía con firmeza para corregir el error, porque el niño se va a llamar Juan. No se explicaban
–ni aceptaban buenamente- ese nombre que no estaba en nadie de la familia, y se
dirigían al padre para que dijese cómo se iba a llamar el niño. Zacarías pidió
una tablilla y escribió: JUAN ES SU NOMBRE. Ni siquiera dijo que “iba a
llamarse Juan”, sino que JUAN es el nombre que define a la criatura. Todo ello contribuyó
a esa pregunta que se hacían las gentes: ¿Qué
va a ser de este niño? Porque era evidente que allí se estaba desarrollando
un hecho más que humano.
Y no digamos cuando de pronto se abre la boca de Zacarías y
empieza a hablar y bendice a Dios con toda su alma. Dice el texto que se espantaron todos los que vivían en la
vecindad. Y con ese típico énfasis de los grandes relatos evangélicos, se
magnifica el coro de admiración, diciendo que en toda la montaña de Judea se divulgaban estas cosas, y todos los que
las oían las guardaban en su corazón… Pues la verdad era que la mano del Señor
estaba sobre este Niño.
Yo quiero meterme en el sentir de María, porque ella era un
arca inmensa que guardaba en su corazón aun los pequeños detalles. ¿Cómo
viviría ella estos episodios y ese hacerse lenguas las gentes ante el niño
Juan, que todavía no había nacido? Ella, que estaba tan en medio de esta
historia, debía estar emocionada internamente, sabiendo que Juan iba a ir un
día delante de Jesús para prepararle los caminos… Estaba asistiendo a momentos
muy interesantes.
EL SACRAMENTO DE LA UNCIÒN DE LOS ENFERMOS (Continuación)
ResponderEliminarEFECTOS De ESTE SACRAMENTO.-
-La unión de enfermo a la apasiòn de Cristo, para su bien y el de toda la Iglesia.
-El consueli, la paz y el ànimo para soportar cristianamente los sufrimientos de la enfermedad y de la vejez.
-El perdón de los pecados si el enfermo no ha podido obtenerlo por el sacramento de la Penitencia .
-El restablecimiento de la salud corporal, si conviene a la salud espiritual.
-Preparación para el paso a la vida eterna.
Muchos enfermos tienen miedo ante este Sacramento y lo retrasan hasta el último momento porpue piensan que es una especie de condena de muerte. Pero en realidad es al revés: la Unciòn de los enfermos es una especie de seguro de vida.Quien acompaña como cristiano a un enfermo debería quitarle todo falso miedo.La mayoría de los que están seriamente en peligro de muerte, presienten de forma intuitiva que en ese momento no hay para ellos nada màs importante que arrimarse e incondicionalmente a aquel que superò la muerte y es la misma vida:JSESÛS,el SALVADOR.
EL VIÂTICO.-A los que van a dejar la vida, la Iglesia ofrece además de la Unciòn de enfermos,la EUCARISTÎA como viàtico.Recibida en este momento del paso hacia el Padre, tiene una significacuòn e importancia especiales.Es semilla de vida eterna según las palabras de Cristo "El que come mi Cuerpo y bebe mis Sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitarè en el último dìa".
La EUCARISTÎA debería ser siempre el ùltmo sacramento de la pergrinaciòn terrenal el "viàtico"para el paso a la vida eterna.
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