Liturgia
Simplificando mucho, la liturgia de hoy presenta el adviento como el
anuncio del cambio substancial que va a producirse con la venida del Mesías.
Todo va a cambiar a bueno. Lo que se anuncia con bellas imágenes en la 1ª
lectura, y se resume en el Evangelio diciendo que Jesús dio a los apóstoles el poder de sanar toda enfermedad y toda
dolencia. Y como ellos son tan pocos y la obra es tan extensa, hay que rogar al dueño de la mies que envíe obreros
a su mies.
Buena ocasión para
remover en nosotros la urgencia de pedir vocaciones para el servicio de la
Iglesia y de la obra de Dios.
SIGUE ZACARÍAS
Zacarías llega su
casa. Con el pellizco dentro porque sabe que va a dar un mal rato a su esposa.
Y con la miel en los labios por lo que le va a poder anunciar. Cuando Zacarías
entró por la puerta emitió un sonido que anunciara su presencia. Isabel salió a
recibirle con toda su alegría, y Zacarías le dio las pruebas de su cariño, en
ese silencio obligado en que estaba sumido.
Pronto surgieron en Isabel las preguntas normales: ¿Cómo te
ha ido?, ¿qué has hecho?, ¿cómo estás?, y toda esa catarata tan normal en una
esposa que recibe al marido al cabo de los días de ausencia. Quizá entraba
también una extrañeza: ¿Cómo has regresado tan pronto? Zacarías respondía con
el gesto de sosiego con que él pretendía abordar el tema. Invitaba a sentarse
juntos, pero todo aquello con sus gestos apacibles, que contrastaban con la
emoción de la esposa.
No tardó Isabel en percatarse de una situación extraña.
Zacarías no le había dirigido palabra. E Isabel cae en la cuenta de que pasa
algo. Y ahora su alegría se convierte en alarma, en querer saber qué ocurre, en
llevar su imaginación a los extremos de una enfermedad, a sentir que las
lágrimas le anegaban los ojos…
Zacarías intentaba apaciguar, que se sentara y que pusiera
atención. Él no podía hablar pero con sus expresivos gestos orientales pudo “decirle”
que no estaba enfermo y que se tranquilizara. Señaló al Cielo, hizo un gesto de
adoración y quiso mostrarle a Isabel que Dios había intervenido. Ahora cambia
el semblante de Isabel y se siente bajo el temor de lo sobrenatural… Zacarías
va pudiendo desgranar lo que ha ocurrido…, y al final, ¡la bomba más grande!:
tú y yo vamos a tener un hijo…
Isabel saltó de su asiento. No sabía si era admiración, si
era extrañeza, o era la sensación incoercible de los dos ancianos a los que se
les habla de paternidad… Y se acordó de Sara, que dudó de la palabra del
mensajero divino y Dios le corrigió porque se había reído de una supuesta
generación de un hijo. Isabel no quería reírse pero aquel anuncio de Zacarías
le vino grande a estas alturas. Y sin embargo sabía bien que Dios actúa así, y
que no sería el primer caso en el que la “esterilidad” era mucho más que un
fenómeno biológico, porque en realidad era el misterio de las cosas de Dios.
Por eso, lo mismo que había botado de su asiento, ahora
volvía a él como amansada por su misma fe. Aquello que Zacarías acababa de
anunciarle era algo inmenso que los metía de lleno en la historia de Dios con
su Pueblo. Ahora se había sosegado Isabel. Ahora había sido aplacada por un
sentimiento muy hondo. Ahora no pregunta. Se le han acabado las preguntas.
Ahora no le preocupa la mudez de su esposo. De pronto se ha sentido metida en
la inmensa burbuja de Dios, que siempre escribe derecho.
Y lo que bien puede pensarse es que nunca una unión
esponsal fue tan gratificante y gozosa como la de Zacarías e Isabel, que sabían
a ciencia cierta que aquel día pasaba ya de ellos la vergüenza de no tener
hijos, porque un hijo empezaba a existir en el seno de aquel matrimonio. Y
cuanto le había sido posible a Zacarías expresárselo a su esposa, allí en su
vientre había un gran hombre por hacerse. Si Isabel estaba entre las mujeres
que sabían leer, Zacarías le había comunicado por escrito que aquel hijo que
iban a tener, venía ya con el nombre puesto por Dios, lo que suponía una importancia
definida en la historia de la salvación de Israel. JUAN era expresión viva de
que Dios misericordioso enviaba al mundo un profeta que pusiera de manifiesto
ante aquel mundo judío, que ya llegaba a aquel Pueblo la decisiva misericordia
de Dios.
EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA Y RECONCILIACIÒN (Continuación)
ResponderEliminarLos elementos esenciales de la estructura de este sacramento son: "la persona "que se conviertey "el sacerdote"que en nombre de Dios le concede la absolución de sus pecados.
Pertenacen a toda confesiòn :EXAMEN DE CONCIENCIA , debe ser hecho a fondo, pero no exhaustivo..Para esto los textos màs aptos se encuentran en el Decálogo ( los diez mandamientos),y en la catequesis moral del Evangelio, las cartas de los Apòstoles,Sermòn de la montaña y enseñanzas apostólicas..CONTRICIÒN ,es un dolor del alma ,y una detestación de los pecados cometidos, con la resolución de no volver a pecar. Cuando este dolor brota de amor de Dios, amado sobre todas las cosas, la contrición se llama " contrición perfecta".Semejante contrición ,perdona las faltas veniales; obtiene el perdón de los pecados mortales, si comprewnde la firme resolución de recurrir, tan pronto sea posible ,
a la confesiòn sacramental
La contrición se llama "imperfecta" o " atrición" cuando nace de la fealdad del pecado o del temor de la condenación eterna y de las demás penas con que es amenazado el pecador. Por sì misma la "contrición imperfecta"o "atrición" no alcanza el perdón de los pecados graves ,pero dispone a obtenerlo en el sacramento de la Penitencia..
Contginuarà
l.
No digas.......
ResponderEliminar-No digas PADRE, si cada dìa no te portas como su hijo.........
-No digas NUESTRO, si vives aislado en tu egoísmo....
-No digasQUE ESTÂS EN EL CIELO, si sòlo piensas en cosas terrenas...
-No digas SANTIFICADO SEA TU NOMBRE, si no lo honras....
-No digas ,VENGA A NOSOTROS TU REINO, si lo confundes con el éxito material...
-No digas HÀGASE TU VOLUNTAD,si no lo aceptas cuando es dolorosa...
-No digas DANOS HOY NUESTRO PAN ,si no te preocupas por las personas con hambre...
-No digas PERDONA NUESTRAS OFENSAS, si le guardas rencor a tu hermano....
-No digas NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÒN,,si tienes intención de seguir pecando...
-No digas LÎBRANOS DEL MAL,si no tomas partido contra el mal...
-No digas AMÈN,si no has tomado en serio las palabras de esta oración.
Nosotros, como los Doce, fuimos llamados a seguir los caminos de Cristo anunciando con nuestra vida que el Reino de Dios está cerca. Él nos conoce y, a pesar de todo, confía en nosotros. No busca unos cristianos dormidos o fugaces que sólo evangelizan un día por semana.Él nos quiere muy activos porque todavía hay mucha gente que no lo conoce, que tiene sed de ´´El y busca la felicidad y nadie les explica cómo encontrarla. ¿Compartiremos con Él la tarea de ser pastores de las ovejas extraviadas?
ResponderEliminarHacen falta buenos Apóstoles que se preocupen por el bien de las almas de todos los hermanos y por el bien de la Iglesia.¡Necesitamos Sacerdotes santos!