Liturgia
Es evidente que el libro de Job, que hoy comenzamos (1, 6-22), por su
misma estructura y desenvolvimiento no es un libro de historia que narre unos
hechos que han sucedido. Es un libro didáctico que trata de abordar un tema y
de resolverlo con los conocimientos que había en aquel momento. Trata de modo incipiente
el PROBLEMA DEL MAL. Y para ello monta una gran parábola que es el desarrollo
de todo el libro.
Job era un hombre feliz. Así nos lo presenta la foto de
entrada. En hijos y en posesiones tenía todo lo que podía desear. Era hombre
temeroso de Dios (respetaba a Dios y lo reconocía como Dios). Pero surge Satán,
el principio del mal, y le dice a Dios que Job no lo adora de balde, puesto que
le ha dado todo lo que puede desear un hombre. Pero extiende tu mano, daña sus posesiones, y te apuesto que te maldice
en tu cara.
Dios le da permiso para actuar, siempre y cuando respete la
persona: a él no lo toques.
Y sigue toda esa ficción de desgracias que van arruinando
sembrados, ganados, casas, empleados…, que no da tiempo a asimilar porque antes
de que acabe una noticia viene otra peor. Finalmente hasta los hijos son
matados por la casa donde comían y gozaban, que se viene abajo por un huracán.
Y Job se levanta de su sitial, rasga su manto, se viste
penitencialmente, y pronuncia su sentencia: Desnudo
salí del vientre de mi madre y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el
Señor me lo quitó: bendito sea el nombre
del Señor. A pesar de todo, Job no protestó contra Dios.
El mal existe. En la mente de Job, Dios “le quitó” sus
bienes y sus hijos. En una mentalidad como la del momento en que esto sucede,
no se puede pensar que ocurra algo que no haya hecho Dios. Sin embargo detrás
del mal estaba Satán, el principio del mal, que fue quien privó a Job de todo
lo suyo.
Adelantando acontecimientos para iluminación de los
lectores, todo el libro está lleno de desgracias, aun personales, pero Job
sigue sin maldecir a Dios. Y el libro se resuelve con una situación de
felicidad semejante a la primera, de la que se había partido: hijos y
posesiones.
Es decir: no hay noción, ni lejana, de un “más allá”. El
mal existe pero el mal no triunfará. El autor del libro resuelve el problema
del mal con una recuperación de toda la felicidad en esta tierra. Y contra Dios
no protesta porque de Dios viene el bien. Bendito sea el nombre del Señor.
Lc 9, 46-50 narra cómo los apóstoles discutían quién era el más importante. La
respuesta viene en dos momentos: uno, con la acogida de un niño, al que pone a
su lado y con el niño delante enseña que el
que acoge a un niño en mi nombre, me acoge a mí y acoge al Padre. Para
concluir: El más pequeño de vosotros es el más importante. No es el ser
más grande lo que hace más importante sino el ser más sencillo, más humilde, “más
como niño”: El más pequeño de vosotros es
el más importante.
Esa es la gran lección, que se repite de muchas formas a
través del evangelio. Por eso el evangelio no lo entienden “los sabios” sino
los pobres y sencillos.
En contraste con el pensamiento de Jesús, Juan viene muy
ufano a contar al Señor “la proeza” que ha realizado, impidiendo a uno echar
demonios en el nombre de Jesús. Y la razón era que “no es de nuestro grupo”. No es precisamente la sencillez del niño
la que acaba de emplear Juan, sino los celos mal entendidos. Aquel que echaba
demonios les podía hacer sombra. Y Juan muy decididamente se lo impide.
Jesús le responde: No
se lo impidáis; el que no está contra nosotros, está a favor nuestro. No
está contra nosotros sino que se apoya en mi nombre para echar demonios. Por
tanto no nos hace la guerra. No está en contra. Que no sea físicamente de nuestro
grupo no significa nada; de hecho pertenece al grupo desde el momento que hace
esa obra en nombre mío.
Se me ocurre pensar en la sutileza de muchas actitudes que
aparentan bondad pero que en definitiva están defendiendo el “grupo cerrado”…, “mi
grupo”…, y por tanto el que no está en el grupo, parece que está en contra o
vale menos.
¿No se da esto en el juicio que unos que pertenecen a una
asociación, grupo, cofradía, o congregación, hacen de “los otros” que no son de
su grupo? ¿No caen en celos mal controlados?
Nosotros hemos podido conocer al hombre, mejor que otras generaciones.En realidad,¿qué es el hombre?El ser que, desde su libertad siempre decide lo que es.Él ha inventado las cámaras de gas y ha entrado en ellas con paso decidido rezando una oración.Victor Frankl, el prisionero 119,104 de Auschwitz descubrió que el hombre puede ser justo y libre hasta en un campo de concentración; dijo que sus compañeros pudieron soportar sus sufrimientos gracias a una fuerza interior, gracias a su libertad espiritual que nadie se la podía quitar y que hacía que su triste vida tuviera sentido y propósito.
ResponderEliminarNada malo ha sido hecho por Dios, fuimos nosotros los que hicimos el mal, por hacer mal uso de nuestra libertad, pero de la misma manera que lo hicimos, también somos capaces de rechazarlo.El misterio del mal y el misterio de la libertad son inseparables.
El Señor nos ha enseñado a tener una actitud de misericordia con todos, nunca de destruccióny ha procurado que sus discípulos no se contaminaran con la hostilidad de los fariseos para que ellos fueran misericordiosos aunque no fueran bien recibidos. Nosotros queremos acoger a Jesús en nuestra vida para siempre, no como cuando subió a Jerusalén, sino ya como nuestro Señor permanente, que está sentado a la derecha de Dios Padre