Liturgia
Muy ricas las dos lecturas de este día 7 de enero. San Juan (1ª, 3,
22-4, 6) invita a examinar los espíritus
porque los hay que son de Dios y los hay que son del diablo. En términos
ignacianos, ya más cultos en términos ascéticos, hay buenos espíritus y malos espíritus. O dicho de otra manera, hay “espíritus
del bien” y “espíritus del mal”. San Juan, para su tiempo, identifica al
espíritu de Dios en la confesión de Jesús como Hijo de Dios. Evidente es que
esa simple afirmación o reconocimiento sería hoy demasiado simple, porque
muchos –que viven al margen de la doctrina evangélica, no tienen empacho en
admitir que Jesús es Hijo de Dios. Hoy habría que reducir espacios y ver qué se
está diciendo CON LAS OBRAS Y LA VIDA sobre esa aceptación de Jesús, Hijo de
Dios.
Una cosa es “el anticristo” al que puede referirse San Juan
y otra realidad a pie de calle es el “anticristo del día de hoy”. Los niños que
ya en los colegios públicos no oyen hablar de Jesús…, o se les da ridiculizando
y minándoles el terreno…, los universitarios que encuentran la oposición
frontal al hecho religioso y son víctimas de profesores infestados por el odio
o aversión a lo religioso cristiano…, están padeciendo el envite del ANTICRISTO
del día a día. Y aunque luego metan el hombro bajo las imágenes de semana
Santa, o vibren por la “devoción” a determinadas imágenes…, aunque a su manera
hagan “confesión de Jesús, Hijo de Dios”, es evidente que ahí ya no quedan más
que las cenizas de un rescoldo que poca fuerza puede tener…
Los políticos se rasgan las vestiduras ante los crímenes de
tantas mujeres a manos de descorazonados varones; las naciones se quejan de los
pueblos tan insensatos que eligen a gentes sin valores y caen en nuevas dictaduras
del signo contrario, los padres y profesores se quejan de los niños y jóvenes
ingobernables… ¿Y no son capaces de plantearse que la falsa educación “laicista”
que les ha robado el referente superior de LA RELIGIÓN es lo que ha
desencadenado las fuerzas del mal, el
espíritu del mal?
San Juan concluirá: Nosotros
somos de Dios; quien conoce a Dios no escucha, quien no es de Dios no nos
escucha. En esto conocemos el espíritu
de la verdad y el espíritu de Dios.
En el Evangelio (Mt 4, 12-17. 23-25) engarza con una
lectura de ayer (Epifanía) poniéndonos delante que el pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; a los que
habitaban en tierra de sombra y de muerte, una luz les brilló. En efecto,
esa es la misión y la obra de Jesús cuando sale a la palestra y empieza a caminar
por su cuenta en lo que es su “vida pública”. Comenzó a predicar: CONVERTÍOS, porque está cerca el Reino de
los cielos. Es la primera condición para confesar a Jesús, Hijo de Dios: convertirse, Salir de donde se está
para ir a una novedad diferente. Y esa novedad es el Reino de los Cielos, algo
que no se queda en reptar en las cosas o formas terrenas sino que pide abiertamente
una elevación de la mente y de la forma de vida.
Muy en consonancia con la 1ª lectura, la llamada de Jesús,
en su mismo comienzo y salida a la vida pública, es la invitación a la
conversión. Desgraciadamente es una palabra devaluada a base de repetirla, pero
que tiene toda la fuerza de un movimiento continuo, una correa sin fin, en la
que convertirse es un primer paso para una nueva conversión, y una tercera y
una cuarta. Nuestro mundo no se arregla con medias conversiones en las que cada
cual pretende situarse cómodamente en su “fe” (en lo que cada uno entiende como
“su fe”, “su Dios”), sino que un primer paso es sólo primer paso y camino hacia
el segundo…, y así sucesivamente. De ahí el fallo que supone anquilosarse en
una posición adquirida como si ya no hubiera nada nuevo que hacer.
Por eso el evangelio avanza hoy en la línea de los cambios
profundos a los que lleva el Evangelio del Reino: que Jesús pasa curando toda enfermedad y toda dolencia del
pueblo…, y su fama se extendió por toda Siria, y le traían todos los enfermos y
aquejados de toda clase de enfermedades y poseídos de malos espíritus, lunáticos
y paralíticos. Y Él los curaba.
Jesús es el mismo. Sigue siendo el taumaturgo que cura toda
enfermedad y dolencia del pueblo. La pregunta que queda en el aire es: ¿el
pueblo acude hoy a Jesús?; ¿acude a ser curado de sus enfermedades y malos
espíritus? He ahí una explicación de por qué “el anticristo” está actuando a
sus anchas. El mundo ha perdido o ha enterrado su identidad cristiana. Y así
luce el pelo en todos los aspectos de la vida diaria, de las noticias de los
periódicos.
lOS SACRAMENTALES. (Continuación)
ResponderEliminar¿PRACTICA LA IGLESIA TODAVIA HOY EL EXORCISMO?.-En todo bautismo se realiza el llamado EXORCISMO simple, una oración en la que el niño es sustraído del poder del maligno y es fotalecido contra las " fuerzas y podedres" que ha derrotado Jesús.El EXORCISMO solemne es una oración, mediante la cual, por el poder de Jesús, un cristiano bautizado es sustraído a la influencia y al poder del maligno; este EXORCISMO se realiza en contadas ocasiones y sòlo después de un riguroso examen.
Lo que se presenta en la películas como "exorcismo" no se corresponde, en la mayoría ce los casos, con la verdad de Jesús y de la Iglesia. Se narra con frecuencia en los Evangelios que Jesús expulsaba demonios. Tenìa poder sobre poderes y podía liberar a personas sometidas a esa fuerza maligna. Jesús diò a los Apòstoles "autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.(Mt 10, 1). Lo mismo hace la Iglesia, cuando un SACERDOTE que ha recibido este encargo, pronuncia la oración del "Exorcismo"sobre una persona que lo solicita.Antes se excluye que se tratre de un fenómeno psíquico ( estos asuntos son competencia de un psiquiatra).
En el exorcis¡mo se trata de rechazar una tentación y un asedio espiritual y de la liberaciòn del poder del maligno.
Muchos acontecimientos se vivieron en aquel mundo convulso a lo largo de aquellos treinta años de Jesus en Nazaret. La paz de Augusto habia terminado y los romanos luchaban para evitar la invasión de los bárbaros, en Judea, Arquelao fué desterrado; en Roma, el Senado había divinizado a Octavio Augusto...El Hijo de Dios, vivía con su Madre, a 140 kilómetros de Jerusalén, vivía con María, José debió haber muerto en aquel tiempo. Jesús trabajaba como cualquier hombre del pueblo, y, nosotros siempre tenemos que recordar que su vida oculta y su vida apostólica, son la existencia terrenal y temporal del Hijo de Dios. La primera predicación pública de Jesús la escuchamos cuando Juan es arrestado.La predicación del Evangelio es luz en las tinieblas, llamada a la conversión, invitación a todos los hombres a seguirlo y a acoger el Reino de los Cielos.Hoy, Cristo es el mismo y nos invita a seguirle y a trabajar por la conversión de un mundo que anda desorientado.
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