Liturgia
A las predilecciones de Dios con David –que han ido viéndose en días
anteriores- sucede hoy -2Sam7, 18-19. 24-29- una oración de reconocimiento y
agradecimiento por parte de David. Una invitación que nos hace esta lectura a saber
agradecer a Dios y no tenerlo como “una ventanilla de solicitudes”.
El evangelio –Mc 4, 21-25- tiene sus expresiones un tanto
enigmáticas y dignas de parada y atención. Queda claro el comienzo: la luz se
enciende para que ilumine, y por eso se pone en el candelero y no bajo el
celemín.
Pero lo que dice a continuación no es tan claro: Si se esconde algo es para que se descubra;
si algo se hace a ocultas es para que salga a la luz. No queda tan claro.
Porque lo que se hace a ocultas se pretende que quede oculto y por eso se hace
en secreto y lo que no se quiere es que salga a la luz.
Entonces: ¿qué quiere decir ese dicho? Interpreto que nos
advierte de que nunca queda oculto lo oculto, y que antes o después se acaba
conociendo. Lo que supondría que Jesús nos hace la reflexión de que no vale
escondernos porque –aun humanamente- lo que se pretende secreto no queda
secreto. Ni lo bueno ni lo malo. Y si ya lo elevamos a la mirada de Dios, es
bien claro que para Dios nada queda secreto, por muy en oculto que
pretendiéramos actuar. Dios lee en nuestros corazones y aun lo más íntimo a uno
mismo, es patente a sus ojos.
Sigue con otra palabra que tiene su necesidad de
comprensión: la medida que uséis la
usarán con vosotros. ¿Quién unas esa “medida”? ¿Dios? No lo creo así,
porque ¡pobres de nosotros si a nuestras mezquindades respondiera un Dios
mezquino! O creemos de verdad en que MISERICORDIA es el otro nombre de Dios (y
por tanto es su misma esencia), o estamos perdidos. No puede ser que sea Dios
quien nos trata con la misma medida que nosotros usamos.
Pero sí es cierto que nuestra medida con otros se acaba “cobrando”
de los otros la misma moneda que hemos empleado. No es precisamente la
misericordia y la comprensión lo que domina y reina en los humanos. Y ahí sí
podemos pensar que vamos a recoger lo que sembremos. Y que Jesús nos lo
advierte con una reflexión muy a ras de tierra…, la tierra de la realidad
humana.
Queda en medio ese toque de atención que es propio de
Jesús: El que tenga oídos para oír, que
oiga. “El que tenga oídos PARA OÍR”. Que no es simple “oír” sino actitud de
escucha. Un oír que presta atención
y pone los 5 sentidos en lo que oye. Un oír que no es simple “oír” sino “ver”, “oler”,
responder, actuar. Porque Jesús no se queda en hablar para ser “oído” sino que
habla al fondo del alma y habla para ser ESCUCHADO con el corazón, ahí donde la
palabra halla eco y resuena más allá de los oídos. Ese “conocer” bíblico que no
queda en lo externo de los conceptos sino que se aplica para expresar la íntima
fusión del marido y la esposa (“conocer
varón”), que supone una unión de la persona en todo su ser, una adhesión plena.
Éste es el “oír que oye” en la expresión de Jesús.
Queda por decir que aunque lleva un componente humano en la
atención, en la reflexión, en la meditación y la oración, la verdad es que una
última “escucha” es más gracia de Dios que esfuerzo humano. Y que Dios lo da a
quien quiere y cuando quiere. Lo cual no nos libera de la sana tensión de la
búsqueda, porque puede querer Dios esa cooperación humana para que sirva de
bandeja donde él deposite sus bienes.
Y por hoy no se me ocurre más.
CATACISMO DE LA IGLESIA CATÒLICA (Continuación)
ResponderEliminarLAS VIRTUDES CARDINALES.
LA VIRTUD DE LA TEMPLANZA:-La cuarta virtud cardinal es la templanza que nos dispone al dominio de nuestros deseos, y, en especial, al uso correcto de las cosas que placen a nuestros sentidos.Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintoa y mantiene los deseos en el lìmite de la honestidad.Esta virtud es a menudo alabada en el Antiguo Testamento." No vayas deyràs de tus pasiones, tus deseos refrena".En el Nuevo Testamento es llamada "moderación" o "sobriedad".
Quien es intemperante se abandona al dominio de sus impulsos, arremete con tra otros por su codicia y se perjudica a sì mismo.
Además de las cuatro virtudes cardinales, hay otras virtudes morales a saber:"veracidad,,paciencia, humildad, castidad...";pero, en principio,si somos prudentes , justos, fuertes y templados estas virtudes nos acompañaràn necesariamente, como los hijos pequeños acompañan a sus padres.
Continuarà
"La luz se pone en el candelero para que dé luz, no se pone bajo el celemín". Nuestra fe, poca o mucha, ilumina nuestra vida. Y los creyentes debemos ser transmisores de esta fe, debemos iluminarnos mutuamente y trabajar para que la la Luz de Cristo se vea en todo el mundo. Hemos recibido la Fe como un precioso regalo de Dios ; y en la medida que se la agradecemos, la valoramos y la comunicamos, crece , pero si no la valoramos o si le damos poco valor y la escondemos, corremos el peligro real de perderla...
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