domingo, 20 de abril de 2014

ZENIR: Bendición Urbi et Orbi

Texto completo de la bendición Urbi et Orbi del Papa Francisco en el Domingo de Pascua
20 de abril de 2014 (Zenit.org) - A las 12.00 de este domigo, 20 de abril, desde la Loggia central de la Basílica Vaticana, el Santo Padre Francisco ha dirigido a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro y a cuantos lo escuchen por radio y televisión y las nuevas tecnologías de comunicación, el Mensaje y la felicitación pascual que publicamos a continuación.
Queridos hermanos y hermanas, Feliz y santa Pascua.
El anuncio del ángel a las mujeres resuena en la Iglesia esparcida por todo el mundo: «Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí. Ha resucitado... Venid a ver el sitio donde lo pusieron».
Esta es la culminación del Evangelio, es la Buena Noticia por excelencia: Jesús, el crucificado, ha resucitado. Este acontecimiento es la base de nuestra fe y de nuestra esperanza: si Cristo no hubiera resucitado, el cristianismo perdería su valor; toda la misión de la Iglesia se quedaría sin brío, pues desde aquí ha comenzado y desde aquí reemprende siempre de nuevo. El mensaje que los cristianos llevan al mundo es este: Jesús, el Amor encarnado, murió en la cruz por nuestros pecados, pero Dios Padre lo resucitó y lo ha constituido Señor de la vida y de la muerte. En Jesús, el Amor ha vencido al odio, la misericordia al pecado, el bien al mal, la verdad a la mentira, la vida a la muerte.
Por esto decimos a todos: «Venid y veréis». En toda situación humana, marcada por la fragilidad, el pecado y la muerte, la Buena Nueva no es sólo una palabra, sino un testimonio de amor gratuito y fiel: es un salir de sí mismo para ir al encuentro del otro, estar al lado de los heridos por la vida, compartir con quien carece de lo necesario, permanecer junto al enfermo, al anciano, al excluido... «Venid y veréis»: El amor es más fuerte, el amor da vida, el amor hace florecer la esperanza en el desierto.
Con esta gozosa certeza, nos dirigimos hoy a ti, Señor resucitado.
Ayúdanos a buscarte para que todos podamos encontrarte, saber que tenemos un Padre y no nos sentimos huérfanos; que podemos amarte y adorarte.
Ayúdanos a derrotar el flagelo del hambre, agravada por los conflictos y los inmensos derroches de los que a menudo somos cómplices.
Haz nos disponibles para proteger a los indefensos, especialmente a los niños, a las mujeres y a los ancianos, a veces sometidos a la explotación y al abandono.
Haz que podamos curar a los hermanos afectados por la epidemia de Ébola en Guinea Conakry, Sierra Leona y Liberia, y a aquellos que padecen tantas otras enfermedades, que también se difunden a causa de la incuria y de la extrema pobreza.
Consuela a todos los que hoy no pueden celebrar la Pascua con sus seres queridos, por haber sido injustamente arrancados de su afecto, como tantas personas, sacerdotes y laicos, secuestradas en diferentes partes del mundo.
Conforta a quienes han dejado su propia tierra para emigrar a lugares donde poder esperar en un futuro mejor, vivir su vida con dignidad y, muchas veces, profesar libremente su fe.
Te rogamos, Jesús glorioso, que cesen todas las guerras, toda hostilidad pequeña o grande, antigua o reciente.
Te pedimos por Siria: la amada Siria, que cuantos sufren las consecuencias del conflicto puedan recibir la ayuda humanitaria necesaria; que las partes en causa dejen de usar la fuerza para sembrar muerte, sobre todo entre la población inerme, y tengan la audacia de negociar la paz, tan anhelada desde hace tanto tiempo.
Jesús glorioso, te rogamos que consueles a las víctimas de la violencia fratricida en Irak y sostengas las esperanzas que suscitan la reanudación de las negociaciones entre israelíes y palestinos.
Te invocamos para que se ponga fin a los enfrentamientos en la República Centroafricana, se detengan los atroces ataques terroristas en algunas partes de Nigeria y la violencia en Sudán del Sur.
Y te pedimos por Venezuela, para que los ánimos se encaminen hacia la reconciliación y la concordia fraterna.
Que port u resurrección, que este año celebramos junto con las iglesias que siguen el calendario juliano, te pedimos que ilumines e inspires iniciativas de paz los esfuerzos en Ucrania, para que todas las partes implicadas, apoyadas por la Comunidad internacional, lleven a cabo todo esfuerzo para impedir la violencia y construir, con un espíritu de unidad y diálogo, el futuro del País. Que como hermanos puedan hoy cantar Xphctoc Boc9pec.
Te rogamos, Señor, por todos los pueblos de la Tierra: Tú, que has vencido a la muerte, concédenos tu vida, danos tu paz. "Christus surrexit, venite et videte!" Queridos hermanos y hermanas, feliz Pascua.
Tras la bendición, el Santo Padre ha añadido:
Renuevo mi felicitación pascual a todos los que, llegados desde todas las partes del mundo, os habéis reunido en esta Plaza. Hago extensiva esta felicitación pascual a cuantos se unen a nosotros a través de los medios de comunicación social. Llevad a vuestras familias y a vuestras comunidades la alegre noticia de que Cristo nuestra paz y nuestra esperanza ha resucitado.

Gracias por vuestra presencia, por vuestra oración y por vuestro testimonio de fe. Un recuerdo particular y agradecido por el regalo de las bellísimas flores, que vienen de Holanda. Buena Pascua a todos.

ZENIT: Vigilia Pascual

Texto completo de la homilí­a del Santo Padre en la Vigilia Pascual
El Santo Padre invita a "volver a Galilea", el momento en el que los ojos de Jesús se cruzaron con los nuestros
19 de abril de 2014 (Zenit.org) - El Evangelio de la resurrección de Jesucristo comienza con el ir de las mujeres hacia el sepulcro, temprano en la mañana del día después del sábado. Se dirigen a la tumba, para honrar el cuerpo del Señor, pero la encuentran abierta y vacía. Un ángel poderoso les dice: «Vosotras no temáis», y les manda llevar la noticia a los discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea» . Las mujeres se marcharon a toda prisa y, durante el camino, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». No tengais miedo, no temais, no temais. Es la voz que anima a abrir el corazón para recibir este anuncia porque después de la muerte del Maestro, los discípulos se habían dispersado; su fe se deshizo, todo parecía que había terminado, derrumbadas las certezas, muertas las esperanzas. Pero entonces, aquel anuncio de las mujeres, aunque increíble, se presentó como un rayo de luz en la oscuridad. La noticia se difundió: Jesús ha resucitado, como había dicho... Y también el mandato de ir a Galilea; las mujeres lo habían oído por dos veces, primero del ángel, después de Jesús mismo: «Que vayan a Galilea; allí me verán». No temáis e id a Galilea. Galilea es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver al lugar  de la primera llamada. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron.
Volver a Galilea quiere decir releer todo a partir de la cruz y de la victoria. Sin miedo, no temais. Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor.
También para cada uno de nosotros hay una «Galilea» en el comienzo del camino con Jesús. «Ir a Galilea» tiene un significado bonito, significa para nosotros redescubrir nuestro bautismo como fuente viva, sacar energías nuevas de la raíz de nuestra fe y de nuestra experiencia cristiana. Volver a Galilea significa sobre todo volver allí, a ese punto incandescente en que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino. Con esta chispa puedo encender el fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena.
En la vida del cristiano, después del bautismo, hay otra Galilea, hay también una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirlo y participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió de seguirlo; ir a Galilea significa recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba.
Hoy, en esta noche, cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Cuál es mi Galilea? Hacer memoria, ir atrás ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? Búscala y la encontrarás, allí te espera el Señor. He andado por caminos y senderos que me la han hecho olvidar. Señor, ayúdame: dime cuál es mi Galilea; sabes, yo quiero volver allí para encontrarte y dejarme abrazar por tu misericordia. No tener miedo, no temer. Volved a Galilea.
El evangelio de Pascua es claro: es necesario volver allí, para ver a Jesús resucitado, y convertirse en testigos de su resurrección. No es un volver atrás, no es una nostalgia. Es volver al primer amor, para recibir el fuego que Jesús ha encendido en el mundo, y llevarlo a todos, a todos los extremos de la tierra.

«Galilea de los gentiles»: horizonte del Resucitado, horizonte de la Iglesia; deseo intenso de encuentro... ¡Pongámonos en camino!

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

¡¡¡ALELUYA!!!

             Posiblemente es un comenzar muy tópico. Pero es lo primero que sale. Es el saludo cristiano hoy. Nos podremos decir: ¡Felicidades!, Feliz Pascua!  O podemos sintetizarlo todo en esa palabra que significa: ¡ALEGRÍA!  Y es que, en verdad, un domingo de Resurrección no tiene otra forma de iniciarse que con ese grito que sale desde los talones y se expresa con lenguaje del corazón.
             Habíamos dejado a María en la oscuridad de su luto y su aposento. Y sin embargo allí una gran luz le brilló: Jesús, su Hijo, vino deslumbrante de luz a darle un infinito abrazo, mientras en todos los aires sonaba una deliciosa algarabía de angelitos que revoloteaban cantando, casi gritando, ese saludo precioso: Reina del Cielo, alégrate; ¡ALELUYA!

             La liturgia, con su bella sobriedad, nos presenta la Resurrección de Jesucristo con las luces que se expandían por el templo, emprendidas todas en el Cirio pascual, esa imagen del Cristo resucitado, que ya luce en todos los templos como la gran luminaria que hace de signo de la Resurrección. Cristo, el que murió, ya reluce por todas partes.
             Y hoy en este DOMINGO –el más importante del año- se nos lleva a participar de ese misterio. Vuelve a sonar el “Aleluya”, y las lecturas nos van desglosando a través de una semana intensa, lo que apenas podríamos digerir en menos tiempo. Por lo pronto, un signo esencial, EL SEPULCRO VACÍO. Lo segundo, igualmente esencial, que aquel discípulo que vio igual que veía Pedro, vino a acordarse ante el inexplicable espectáculo de la ausencia del cadáver, que Él lo había dicho: QUE RESUCITARÍA. Y viendo más allá que lo que ven los sentidos, asintió en su interior profundo: CREYÓ. Simón Pedro veía igual, pero aún no veía más que lo que estaba mirando. Advirtió que el compañero SE ILUMINABA DE GOZO…, quiso que le explicara qué había visto… Y como lo que ve la fe no se puede contar con palabras, sólo pudo escuchar: ¡es que Él lo había dicho!..., es tal como lo había dicho…, no hay más explicación que la que Él dijo y repitió tantas veces.
             Cuando Simón Pedro llegó a VER Y CREER, se convirtió en un paladín de la fe en el Resucitado, y lo proclamo mil veces… Expresó a los propios judíos que ellos lo habían matado, pero que Dios lo resucitó de entre los muertos, y se nos apareció, y nos constituyó sus testigos. Por eso estaba aquel día predicando con todo el fervor y firmeza de uno que sabe la verdad de lo ocurrido y ya no puede callarse.
             San Pablo sacará la consecuencia para todos: quienes hemos resucitado con Cristo, hemos de poner los ojos arriba .donde Cristo está junto al Padre- y no quedarnos reptando sobre las cosas de abajo, porque nuestra vida ya está escondida con Cristo EN DIOS.


             Hoy vuelve a celebrarse la Eucaristía tras dos intensos días de luto sin ella –que es a fiesta de las fiestas-, y nosotros hemos de vivirla con una intensidad muy honda, como para romper toda la rutina del absurdo “oír Misa”, y entrar a participar de ella aquí…, como Cirio de Luz…, pero llevándonos nuestras luces encendidas en este celebración, y extendiéndolas a la casa, a la familia, a las relaciones con todos, al tiempo de descanso, al rato de relax, al restaurante o la cafetería, al colegio o al trabajo… Ahí es donde verdaderamente TOCA VIVIR LAEUCARISTÍA, dar testimonio de nuestra fe en que Jesús resucitó, y eso nos renovó a nosotros para reemprender la marcha de la vida diaria

sábado, 19 de abril de 2014

"Infiernos" e INFIERNO

“Descendió a LOS INFIERNOS”
             Hoy es “ese día”. Jesús, muerto, y sepultado su cuerpo, bajó a los INFIERNOS. Así lo expresamos en el CREDO. Y más de uno sigue sin entender esa “bajada”.
             Pongamos los conceptos en claro:
             “Infierno”, genéricamente expresado, indica ausencia de Dios…, donde Dios no está…, donde no puede gozarse de la felicidad de su Presencia.
             El Infierno de los condenados es la ausencia absoluta y eterna de Dios; la imposibilidad de que Dios esté presente alguna vez. Responde a la hipótesis de alguien que, en su vida, apartó a Dios de tal manera, que no lo quiso presente nunca y de ninguna forma. Rechazó a Dios y el camino enseñado por Dios.
             Por esa misma hipótesis, quien SE AUSENTÓ LIBRE Y VOLUNTARIAMENTE de Dios, será respetado en su libertad. No quiso; no tendrá nunca la imposición de Dios. NO VERÁ JAMÁS a Dios. “Condenado” es palabra derivada del latín: damnum (=daño). El daño más espantoso es perder toda esperanza (como define Dante en la “Divina Comedia”). Nadie condenó; se hizo daño a sí mismo el que no quiso a Dios…, y ahora él mismo sufre la desesperanza que le carcome por dentro [el gusano de la conciencia], porque vive una permanente ausencia…, como “empinado” siempre para poder ver…, y sin alcanzar nunca la “altura” necesaria para siquiera asomarse. “Entre vosotros y nosotros hay un abismo infranqueable, de modo que no puede pasar nadie de aquí a allí, ni de vosotros a nosotros”. (Parábola contada por Jesús).


             “Los infiernos” –así en plural- es la situación de quienes murieron antes de la redención de Cristo, y AÚN no han podido ver a Dios, porque el Cielo quedó cerrado por el pecado. Cuando Jesús ha realizado la redención por su muerte y en la esperanza cierta de su victoria, desciende a los infiernos que, automáticamente dejan de serlo, porque la Presencia de Jesús abre ya las compuertas de la muerte y subiendo Él al Cielo, se lleva cautivos de su amor a los que estaban cautivos… No sufrían pero no gozaban. Vivían, eso sí, la esperanza de la Promesa de Dios: esperaban el advenimiento del Redentor del mundo. Y en este instante en que irrumpe Jesús “allí”, la Promesa se hace PRESENCIA, los infiernos se hacen Cielo. Dios está presente.

HAY VARIAS ENTRADAS

Liturgia del SÁBADO SANTO

Liturgia de la VIGILIA PASCUAL
             Una oscuridad de muerte abre esta Liturgia. Y se iluminará a través del CIRIO PASCUAL encendido, que representa a CRISTO RESUCITADO. Y va impartiendo vida y luz, y alegría y consuelo hasta estallar en el PREGON PASCUAL, que empieza con esa palabra jubilosa:  Exulten de gozo los ángeles…
             Luego, como sosegando la emoción, las lecturas de la Historia de la Salvación van explicando lo que esta liturgia ha celebrado: una nueva creación como aquella primera…, ¡y más! Una liberación providencial por el agua, de aquel pueblo que estaba esclavo y oprimido en Egipto, y que Dios lo libera con una cadena de hechos prodigiosos: su “presencia” en la Columna de fuego y humo, y en el mar que deja paso a los hijos de ese pueblo…, y arrastra caballos, carros y jinetes de los que esclavizaban. El AGUA es elemento fundamental, y abre paso a lo que un día será el Bautismo salvador (esta Vigilia es eminentemente bautismal).
             Isaías conducirá a la esperanza de una  ALIANZA de Dios con su Pueblo, comenzando otra vez por la referencia al agua: “Oíd, sedientos todos, acudid por agua…” Para pasar a la idea –tan lejana aún para el tiempo del profeta- de una Alianza perpetua. La que Ezequiel va a expresar como algo que está mucho más allá de mandamientos y preceptos de tablas de piedra, porque va a ser escrita en los corazones, infundida por el Espíritu de Dios.
             Y saltará al Nuevo Testamento, con la lectura de San Pablo que escribe a los fieles de Roma, estableciendo un paralelismo entre la muerte de Cristo con el agua del Bautismo que arrasa a los enemigos y hace emerger a los que creen en su Resurrección. MUERTE-RESURRECCIÓN, ese binomio inseparable en la vida del creyente cristiano. Por eso, renovará sus compromisos bautismales, confesará su fe, y dará paso festivo a la CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA, la fiesta mayor –incomparablemente mayor- que puede celebrar la fe y las personas de fe que han vivido este triduo, con tantos avatares…, pero que devuelve a la maravilla del HOMBRE NUEVO, el que se va haciendo en justicia-santidad, recorriendo ahora la órbita misma de Cristo en su vida, en su pasión en su resurrección. Esa resurrección que en el creyente tiene un nombre nuevo y muy concreto LA RENOVACION DE SU MENTE, de su vida, de su persona.

Tras esta entrada hay dos más, hoy Sábado Santo:
El Vía Crucis del Papa,

La entrada correspondiente a este día de luto, dolor y espera.

ZENIT del Viernes Santo

Francisco en el Vía Crucis: El mal no tendrá la última palabra
Inmigración, crisis económica, marginación y enfermedad al centro de las meditaciones
18 de abril de 2014 (Zenit.org) - La noche del Viernes Santo el Coliseo ha estado iluminada por la luz de las velas de las miles de personas que han acompañado al Santo Padre en el Vía Crucis. Francisco, en profunda actitud de oración, ha escuchado las estaciones y las reflexiones desde la terraza del Palatino. Un Vía Crucis que ha reflexionado sobre la crisis, la inmigración, la pobreza y tantos otros males que sufre el mundo de hoy. La Cruz, cargada por algunos protagonistas de estos sufrimientos, ha salido desde el interior del Coliseo hasta la calle, mientras la multitud de fieles escuchaba las meditaciones desde los alrededores.
"En la Cruz vemos la monstruosidad del hombre, cuando se deja guiar por el mal. Pero vemos también la inmensidad de la misericordia de Dios que no nos trata según nuestros pecados, sino según su misericordia", ha indicado el Santo Padre en la reflexión final del Vía Crucis. A pesar de que no estaba previsto, el Papa ha realizado una breve reflexión. Asimismo, ha afirmado que "frente a la Cruz de Jesús vemos casi, hasta tocar con las manos, cuánto somos amados eternamente. Frente a la Cruz nos sentimos hijos y no cosas u objetos". Francisco ha realizado una oración, pidiendo al Señor: "enséñanos que el mal no tendrá la última palabra, sino el amor, la misericordia y el perdón". Finalmente ha pedido recordar a los enfermos, a las personas abandonas bajo el peso de la Cruz, "para que encuentren en la prueba de la Cruz la fuerza de la esperanza, la esperanza de la Resurrección y del amor de Dios".
Un trabajador junto con un emprendedor, dos extranjeros, dos personas en un centro de rehabilitación, dos personas sin hogar, una familia, dos presos, dos mujeres, dos enfermos, dos niños, dos ancianos, custodios de Tierra Santa, dos religiosas, y el cardenal Vallini -en la primera y en la última-, han sido los encargados de llevar la cruz en cada una de las estaciones.
"¿Y nosotros, sabremos tener una conciencia recta y responsable, transparente, que no dé nunca la espalda al inocente, se despliegue, con valentía, en defensa de los débiles, resistiendo a la injusticia y defendiendo en cualquier lugar la verdad violada?", se ha escuchado en la primera estación.
En la segunda, se ha reflexionado sobre el peso de la crisis económica. "El peso de todas las injusticias que han producido la crisis económica, con sus graves consecuencias sociales: precariedad, desempleo, despidos, un dinero que gobierna en vez de servir, la especulación financiera, los suicidios de los empresarios, la corrupción y la usura, con las empresas que dejan el propio país".
En la siguiente estación, se ha podido escuchar sobre la fragilidad que nos abre a la acogida, "con la fuerza interior que le viene del Padre, Jesús nos ayuda también a acoger la fragilidad de los otros, a no ser cruel con quien ha caído, a no ser indiferente hacia quien cae".
A continuación se ha detenido en las "lágrimas solidarias". En esta estación se recogen "todas las lágrimas de cada madre por los hijos lejanos, por los jóvenes condenados a muerte, muertos o partidos a la guerra, especialmente los niños soldado". Así como se ha pensado en las "madres vigilantes en la noche con las lámparas encendidas, con ansia por los jóvenes abrumados por la precariedad o consumidos por la droga o el alcohol, ¡especialmene el sábado por la noche!"
En la quinta estación se ha podido oír la mediación sobre la mano amiga que alivia. "Solo abriendo el corazón al amor divino, soy empujado a buscar la felicidad de los otros en tantos gestos de voluntariado: una noche en el hospital, un préstamo sin interés, una lágrima secada en familia, la gratuidad sincera, el compromiso a largo plazo del bien común, el compartir el pan y el trabajo, venciendo cualquier forma de celos o envidia".
Siguiente estación, la sexta: la ternura femenina. "La Verónica consigue tocar el dulce Jesús", "no solo para aliviar sino para participar en su sufrir".
Séptima estación: la angustia de la cárcel y la tortura. En esta ocasión se ha escuchado que "en cada cárcel, junto a todo torturado, está siempre Él, el Cristo que sufre, encarcelado y torturado".
Y a continuación ha llegado la octava estación "compartir y no conmiseración". En esta ocasión "lloramos por esos hombres que descargan sobre las mujeres la violencia que tienen dentro. Lloramos por las mujeres esclavizadas por el miedo y la explotación". Añadiendo que "las mujeres son tranquilizadas como hizo Él, son amadas como un don inviolable para toda la humanidad".
En la novena estación: "vencer la nociva nostalgia", donde se ha pedido que "nos ayude la contemplación de Jesús desplomado, pero capaz de alzarse, a saber vencer las clausuras que el miedo del mañana imprime en nuestro corazón, especialmente en este tiempo de crisis. Superemos la nociva nostalgia del pasado, la comodidad del inmovilismo, del ¡siempre se ha hecho así!".
Y ha llegado la décima estación y la reflexión sobre la unidad y la dignidad. "En Jesús, inocente, desnudado y torturado, reconocemos la dignidad violada de todos los inocentes, especialmente de pequeños".
En la undécima estación, "en la cama de los enfermos", se ha escuchado que "solo si encontramos, junto a nosotros, alguno que nos escucha, nos está cerca, se sienta en nuestra cama... entonces la enfermedad se puede convertir en una gran escuela de sabiduría, encuentro con el Dios paciente".
"El gemido de las siete palabras", motivo de reflexión en la estación duodécima. Estas siete palabra de Jesús en la Cruz, "son una obra maestra de esperanza. Jesús, lentamente, con pasos que son también los nuestros, atraviesa toda la oscuridad de la noche, para abandonarse, confiado, en los brazos del Padre. Es el gemido de los moribundos, el grito de los desesperados, la invocación de los perdedores. ¡Es Jesús!"
A continuación, decimotercera estación: "el amor es más fuerte que la muerte". Y aquí, se ha reflexionado que la piedad "significa hacer prójimo a los hermanos que están en luto y no se resignan. Es gran caridad cuidar a quien está sufriendo en el cuerpo herido, en la mente deprimida, en el alma desesperada". Y es que "amar hasta el final es la enseñanza suprema que nos han dejado Jesús y María".
Y finalmente, decimocuarta estación, "el jardín nuevo". En la última parada del Vía Crucis se ha escuchado que "la muerte nos desarma, nos hace entender que estamos expuestos a una existencia terrena que tiene un final. Pero es delante de este cuerpo de 

19 abril: Con María dolorosa

MADRE, ¡lo siento!
             Hoy no queda más que eso. Me atreveré a pedir entrada en el aposento de María, y con el alma  destrozada decirle María: Madre, ¡lo siento!  Y no son palabras. Y sabes que apenas me salen, pero mi alma y mi sentimiento hablan por mí. Jesús me dijo: Hijo, ahí tienes a tu madre. Yo hoy tengo que venir a Ella, interesarme por ella, expresarle mi dolor…, y –por supuesto- mi vergüenza…, porque detrás de todo esto…, de esa Madre de alma parida, yo soy hijo…, pero soy culpable. Quiero dar el pésame, pero no vengo tanto a consolar cuanta mi necesidad es ser yo consolado. Al menos, echarme a los pies de la Madre, y poder llorar… Lloro con ella por el dolor de Jesus muerto. Ruego ante ella por la vergüenza dolorosa de que yo estuve allí en aquellos terribles momentos… Ni siquiera como espectador; fue actor de aquella hecatombe. En mis manos hubo látigos; en mi soberbia, espinas; en mi modo de ser, cobardías y sensualidades –a lo Pilato y Herodes-, en mi pecado, lanza que apunta CONTRA el corazón de Cristo… ¿Cómo puedo presentarme ante María?  Sencillamente porque Jesús me lo ha dicho; porque Él me la ha dado. Y porque Ella es Madre y acoge y abraza, y comprende y consuela.
             Y pasado ese momento, mi pregunta: ¿Cómo pudiste, Madre, quedarte de pie allí? – Casi que ni lo sé, porque yo me hubiera derrumbado al ver la carnicería que habían hecho a mi Hijo. Pero eso mismo me daba una fuerza que yo no me puedo explicar. Dicen que es la “omnipotencia de las madres”, que ni se cansan, ni parecen sufrir (aunque estén deshechas). Yo estaba de pie, erguida, manteniendo también a mi Hijo. No podía derrumbarme… Y Dios me seguía apoyando y yo seguía gimiendo por lo bajo, y repitiendo mi “hágase”.
             María calló un poco.  Lloraba. Por sus mejillas caían dos hilos de lágrimas ininterrumpidas… Sentía el dolor y a la vez la serenidad de las lágrimas liberadoras… Y yo respeté su silencio… Yo también necesitaba ese bendito silencio, que es el tesoro de las almas espirituales.
             Luego María siguió desahogando su sentimiento más amargo: -Lo que me abatió fue aquel momento absurdo del soldado que tuvo la reacción inhumana de alancear el pecho de mi hijo muerto. ¿Cómo podía hacerse aquello? ¿Qué objeto tenía? ¿Qué falta de consideración tan brutal hacia aquellos que velábamos –hechos polvo- el cadáver de Jesús? Te aseguro que fue el momento peor. ¡Y mira que lo que habíamos vivido es espantoso! Pero todo eso “rodaba” ya por sí mismo…, no tenía ya más vuelta de hoja, aun siendo tantas barbaridades, una sobre otra… Pero lo de aquel soldado no tenía sentido; aquello fue una profanación. Y María volvió a llorar más copiosamente. Aquella era una imagen que se le había grabado en el corazón.
             Y lo que son las almas grandes… Se rehízo en su conversación conmigo, y me dijo: Yo no podía soportar dejar derramarse, sin más, aquel borbotón sanguinolento que brotó de su pecho. Hubiera querido recogerlo…; ¡me impresionaba! Pero no tuve con qué. Y más dolor me causó. Y menos sentido le encontré entonces a aquella acción que habían cometido con mi hijo muerto…
             Luego, te diré que –tras el paso de esta noche (que apenas si he dormido o descansado), se me ha abierto una luz. Lo que al principio sólo me repetía a mi misma…: “No tenían bastante…; han tenido que llegar hasta la última gota”…, y eso mismo me torturaba… Pero tras esta noche he ido viendo que ASÍ ERA MI HIJO…, que no dejaba nada a medias… Ahora era todavía más inteligible aquella su palabra casi última, que dijo con satisfacción: Todo está cumplido… ¿Le faltaría ese “algo” para que TODO fuera TODO? Por eso ahora no me tortura ya ese recuerdo… No entiendo aún pero barrunto… “No cae un cabello de la cabeza sin que Dios lo sepa y lo acepte”…: fueron palabras de mi Hijo.  Y yo ahora las tengo ahí metidas en el cofre de mi corazón… Nada sucede por casualidad… Dios sabe más… Y María suspiró muy hondo y miro por el ventanal hacia el Cielo. Y volvió a susurrar un nuevo “fiat”…, ese que tanto variaba desde el momento tierno de la Encarnación, hasta este instante en que cae ya de su peso como fruta madurada en el árbol mismo de la vida…, ¡y de la cruz!

             Me despedí de María. Mi vergüenza cubre mi rostro, y sin embargo no estoy ya abatido. Haber estado con María –y aunque ella estuviera tan dolorida- me ha sido un bálsamo de suavidad. Yo también salgo del aposento diciendo un “fiat”…, que ni sé lo que es o lo que será…, pero que me deja mucha paz en el alma. Vine a dar el pésame, y me voy con el alma abierta y serenada. ¡Con razón me la dio Jesús!

viernes, 18 de abril de 2014

TODO CUMPLIDO.- VIERNES SANTO

TODO CUMPLIDO
                Perdonadme que hoy llegue un poco más tarde a la cita; pero ALGUIEN me esperaba hoy para estar allí con Él en esas horas precisas de su condena como reo de muerte

             Y como yo había llegado ayer hasta el último suspiro de Jesús, hoy me he permitido echar moviola atrás y tratar de barruntar qué fue aquel largo silencio de Jesús en la cruz, a punto ya de muerte, antes de expresar su resumen de vida –tan satisfactorio- del que ve TODO CUMPLIDO, acabado, perfecto, sin que le falta nada. Que si bien sería gozoso –y también interminable- tomarlo desde Belén, Nazaret, pueblos y ciudades palestinas…, me reduzco a esas últimas doce horas, desde el momento en que “no aparté mi rostro a ultrajes y salivazos, y ofrecí mi rostro como pedernal”; “no abro la boca y enmudezco”…  Porque ahora –en ese largo silencio último- dejaba a Jesús un sentimiento victorioso: había hecho lo que tenía que hacer; había seguido “el guión” a la perfección. Había agradado al Padre, que siempre estuvo  su lado. Y desde la altura de la cruz, con la muerte planeando sobre su cabeza, Jesus sintió estremecimiento al recordar la causa de su condena: “Ha blasfemado; reo es de muerte”. Sí, en efecto: esto estremecía el corazón del moribundo… Toda su vida en defensa y amor de la voluntad de Dios…; no habiendo hecho otra cosa que agradar al Padre y honrarle y escucharle, ¡y ahora es condenado por blasfemo…! Realmente era esto lo que se le había grabado más en el alma. Las demás acusaciones que le habían hecho, casi las veía bagatelas cuando miraba ya desde esa altura de su cruz y esa carencia de aire en sus pulmones…
             Malhechor, alterador del orden, rey “mesiánico”, destructor del Templo…, todo eso era algo tan absurdo y superficial, que no le afectaba. Lo de “haberse hecho igual a Dios”, y sufrir por eso la condena de  “blasfemo”, sí le daba dolor… Y miró desde arriba y encontró el consuelo de su espíritu porque Él era el verdadero adorador que adoró siempre a Dios en espíritu y verdad.  ¡Ay!: salió la palabra… También le dolía aquel instante en que tuvo a flor de piel explicarle a Pilato QUÉ ERA VERDAD, pero Pilato era “hijo de la mentira” y prefirió quitarse de e medio despectivamente… ¡Hubiera tenido tanto que aprender…! Pero la verdad no era precisamente lo que brillaba en todo aquello…, y Jesús tuvo que quedarse con su gran valor de LA VERDAD, que es la que ahora recopila y le ayuda a esperar tranquilo y en paz ese momento de su entrega total…
             Se encontró con personajes que eran la antítesis de la verdad…: los sacerdotes y os ancianos defendiendo sus intereses, y mintiendo como bellacos al proclamarse fieles servidores del César… Se encontró con testigos falsos…; se encontró con la mentira personificada en Herodes… ¡Otra vez se ha estremecido Jesús en la cruz al recordar ese paso por el palacio sucio y asesino de aquella raposa…!, aquel hombre zafio, pendiente de que le adulen, le satisfagan sus pasiones y deseos, y hasta dispuesto a liberar a Jesús si Jesús hubiera condescendido… [“Todo esto te daré si te postras ante mí y me adoras”…, resonando como un alarido demoníaco en los oídos de Jesús…]. Pero Él calló; no quiso saber nada; ¡ni mirar!, ni hacerle caso. Y los sacerdotes acusaban…, y Herodes se hacía el sordo… Lo único que buscaba era divertirse… Y Jesús casi que sintió contorsionarse su cuerpo crucificado, con el sólo pensamiento de aquel antro al que lo había mandado Pilato].
             ¡Era otro…! Pilato, que lo presentó como “EL HOMBRE”, precisamente la antítesis de sí mismo, que era el no-hombre, el que no se enfrentó con nada, que no supo ser ni juez ni representante de un orden y de un derecho y una justicia… Ni quiso saber LA VERDAD, ni hizo caso a su esposa, ni supo tomar medidas de dirigente…, y fue a la deriva en todo momento… ¡El “papelón” con sus juegos con Barrabás, con las gentes del pueblo, con los lavatorios de manos…! Pilato era una vergüenza para Roma. Con una caterva así, emergía la figura de Jesús… Y Jesús sentía como el volver suave de la ola, expresándose a sí mismo la satisfacción de haberlo CUMPLIDO TODO… Él no había dado marcha atrás. No había flirteado con ninguna verdad o mentira “piadosa” (que hoy dice la gente); no había bajado de la cruz, como le retaban unos y otros; no había respondido al ladrón que lo ofendía… TODO LO QUE TENÍA QUE HABER HECHO, LO HIZO BIEN. Y en esta hora de la verdad, cuando ya los estertores le están quitando el aliento, Jesús se lleva consigo la inmensa satisfacción y consuelo de haber bebido su cáliz hasta el final…, de estar allí EN LA CRUZ sin haber bajado de ella, y no haber hecho su voluntad sino la voluntad de su Padre del Cielo. HASTA LA MUERTE.

             Y como ya no quedaba nada por hacer y su vida tenía sentido volando hacia los brazos del Padre, Jesús “se recompuso” como novia para su prometido, dio un grito terrible, que puso en pie al Centurión asustado, entregó su espíritu en las manos de Dios –que salía desde el Cielo para recogerlo… Tomó Jesús posición de entrega suprema de muerte, inclinando la cabeza…, y todo, todo, cumplido tan satisfactoriamente, EXPIRÓ.

jueves, 17 de abril de 2014

ZENIT 17 abril: Lavatorio a 12 pacientes

Francisco: el lavatorio de pies es una herencia que Jesús nos deja
El Santo Padre ha lavado y besado los pies de doce pacientes de un Centro de discapacitados en Roma
17 de abril de 2014 (Zenit.org) - El Santo Padre ha lavado los pies a 12 personas que sufren discapacidad, en la tarde de este Jueves Santo. El lugar elegido por el Papa ha sido el Centro para personas discapacitadas "Santa María de la Providencia" de la Fundación Don Carlo Gnocchi donde ha celebrado a las 17.30 la misa in Coena Domini, que conmemora la Última Cena y el lavatorio de pies de Jesús a los 12 apóstoles. Ya como cardenal, Bergoglio tenía costumbre de celebrar la misa del Jueves Santo en una cárcel, un hospital o una residencia para pobres o marginados.
Una multitud de fieles ha recibido a Francisco con gran entusiasmo a la entrada de la iglesia, con los que se ha detenido para bendecirles e intercambiar unas breves palabras. Ya dentro, también ha saludado a las personas que se encontraban a ambos lados del pasillo central. En la celebración han participado los pacientes, acompañados por sus familiares, trabajadores, voluntarios y el personal responsable del Centro. La celebración ha estado animada por guitarras e instrumentos de percusión, y el coro en el que cantaban algunos de los pacientes de "Santa María de la Providencia".
En una breve e improvisada homilía, el Santo Padre ha hablado del gesto de Jesús de lavar los pies como la herencia que nos ha dejado. Francisco ha recordado que Jesús "es Dios y se ha hecho siervo, servidor nuestro y esta es la herencia" y ha indicado que "también vosotros debéis ser servidores los unos de los otros". Asimismo, ha añadido que Jesús "ha hecho este camino por amor y también vosotros debéis amaros y ser servidores en el amor". El Papa ha recordado que Jesús hace este gesto de lavar los pies, "que es simbólico, lo hacían los esclavos, los siervos a los comensales". Jesús -ha indicado- "hace un trabajo, un servicio de esclavo, de siervo. Y esto lo deja como herencia entre nosotros". Por ello, ha observado, "debemos ser servidores los unos de los otros".
Francisco ha añadido que en este día que la Iglesia conmemora la Última Cena, "también hace en la ceremonia este gesto de lavar los pies que nos recuerda que debemos ser siervos unos de otros".
Para finalizar, el Santo Padre ha explicado que a continuación él iba a hacer ese gesto, pero ha invitado a todos a pensar en el corazón "en los otros", "en el amor que Jesús nos dice que debemos tener con los otros y pensar también cómo podemos servir mejor a las otras personas porque así lo ha querido Jesús de nosotros".
Al finalizar estas palabras, el Santo Padre se ha acercado a los doce pacientes discapacitados del Centro. Arrodillado, con dulzura y ternura, Francisco ha vertido agua en un pie de cada uno de ellos, lo ha secado y besado.
Los doce pacientes del Centro de la Fundación Don Gnocchi con discapacidad, algunos temporal y otros crónica, tenían entre 16 y 86 años. Entre ellos había 3 extranjeros -uno de ellos de religión musulmana- y los demás de nacionalidad italiana.
Al finalizar la eucaristía, el Santo Padre ha llevado las formas consagradas al Sagrario y ha rezado allí unos instantes.

El primer Papa que visitó la Fundación Don Gnochhi fue Pablo VI en 1963. También estuvo allí Juan Pablo II, que lo hizo en 1990. Además, en el Vaticano y Castel Gandolfo, Pío XII, Juan XXIII y Benedicto XVI, recibieron en distintas ocasiones delegaciones y grupos de la Fundación.

17 abril: Jueves Santo

JUEVES SANTO

Hemos llegado al JUEVES SANTO. Lo liturgia de hoy empieza fundamentando en la historia sagrada de Israel lo que hoy celebramos: el pueblo hebreo (israelita), esclavizado en Israel, es liberado por Dios por hechos prodigiosos. Ellos preparan la salida de su esclavitud con una comida en la que seguirán unos pasos muy concretos: un cordero sin tacha, que se sacrifica y se come sin desperdiciar nada, y en familia, Y su sangre, marcando las puertas de los hebreos para que nada malo les ocurra. Y se comerá como quien está para emprender camino…, el PASO, la pascua, por la que dejarán atrás la esclavitud y serán pueblo libre llevado por la mano del Señor.
Y Pablo –en el primer escrito cristiano- nos trasmite (término muy especial para expresar que nada inventa; que todo viene de la mismísima realidad que ha sucedido), y que Pablo, a su vez, ha recibido: que el Señor Jesús, la noche de su pasión, tomo pan y dijo: ESTO ES MI CUERPO que se entrega; tomó una copa de vino y la pasó, diciendo: ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE –ALIANZA ETERNA- que se derrama por vosotros. CUANTAS VECES LO HAGÁIS, vivís este momento, hasta que Yo vuelva. Había, pues, un NUEVO CORDERO que se sacrifica, Jesús en persona, una NUEVA SANGRE que se derrama y señala al creyente en Cristo, y lo pone a salvo.  Y un encargo realmente impresionante: que los apóstoles seguirán realizando el mismo gesto, la misma acción, hasta que vuelva el Señor al fin de los tiempos: EL SACERDOCIO CRISTIANO ha quedado instituido.
El Evangelio llevará todavía a más…, si “más” fuera posible…, ¡y lo es! Que Eucaristía (Cordero, Sangre liberadora, sacerdocio…, en definitiva “Pascua”) están exigiendo a todo creyente en Cristo vivir el AMOR Y EL SERVICIO DE AMOR. El “lavar los pies” es un acto a revivir también, a la par que la misma Eucaristía. Lavar los pies era un gesto de criados, siervos, esclavos… Y no habrá plena presencia de Cristo si no se expresa abiertamente en el amor mutuo y de servicio a los demás. [Que no cabe duda que es un reto tremendo a quienes vivimos h
oy el Jueves Santo].

Jueves Santo es antesala del “viernes santo”. Y por tanto de la cruz de Jesucristo. O sea: de Jesús clavado en la cruz. O SEA, DE VIVIR AL VIVO EL TERRIBLE SUPLICIO DE Cristo, que está muriéndose, asfixiado por falta de oxígeno en sus pulmones, porque respirar supone cada vez un espasmo de dolor en brazos y pies, únicos apoyos para poder levantar el pecho. Jesús, en su inmenso sufrimiento, angustiado por esa carencia de ventilación de sus pulmones, ha guardado silencio… ¡Es que no puede ni hablar! Reza. Y su rezar no puede ser otra cosa que el doloroso/confiado Salmo 21, que comienza con palabras muy explícitas del sentimiento de Jesús: Dios mío, Dios mío –doble llamada del alma que clama en dura esperanza-: ¿por qué me has abandonado?, a pesar de mi gritos, mi oración no te alcanza. Dios mío, de día te grito y no respondes…, aunque tú habitas en el santuario, esperanza de Israel… Mezcla de angustia y esperanza, de dolor extremo y de abandono. Casi que es una oración musitada, de la que quedó audible sólo el comienzo, para dejarnos sumidos en el más profundo misterio. Para darnos pie a nuestro propio rezo cuando las nubes nos cubren el horizonte y la tormenta descarga sobre nosotros. También entonces se reza…, ¡se reza!, en gemido dolorido y en abandono confiado. Un misterio que parece “contra natura”…, pero que el que mira al Cristo de la Cruz, empieza a encontrarle luz al final del túnel.
Tras ese silencio, una afirmación…, una mirada en lejanía…, una realidad evidente: ¡Tengo sed! Y el soldado caritativo que le acerca la esponja mojada, que Jesús no llegó a beber aunque agradeció el gesto tocándola con sus labios. Poco podía hacer aquel hombre…, pero ese “poco”, lo hizo. No deja de ser un “icono” de reclamo para todos. Lo fácil que es decir: “no puedo”…, rendirse ante la dificultad…, dejar la vida correr (“tirar de a vida; matar el tiempo”). Entre la mofa hacia Jesus de los otros soldados, éste de la esponja intentó hacer lo que podía hacer. Era “un poco muchísimo” aunque pareciera inútil. La sed física de Jesús por su pérdida de sangre y su fiebre tan alta, no la solucionaba aquel soldado. El gesto, la pequeña aportación delicada, HUMANA, sí tuvo su efecto en Jesús. No estaba muriendo inútilmente. No se estaba perdiendo su sangre. Entre el grupo de sus deudos y el ladrón de su izquierda, más el gesto de este soldado, empezaba a encontrar Jesús un comienzo de alivio a su boca reseca como una teja. [¿Quién se apunta? Porque no es demasiado lo que hace falta hacer… Pero HAY QUE HACER ALGO].
Con lo que ha sucedido hasta aquí –Jesús puso el 99’999% y el 0’001 que añadieron aquellos detalles…, Jesús se da por satisfecho, y ve ya que TODO LO HA CUMPLIDO. Que ahora puede ya morir en paz. Que está en marcha un movimiento liberador de Israel y del mundo entero. Y aunque su cuerpo ya apenas podía hacer nada, agarrotado por el dolor y la tensión muscular paralizante, Jesús “se compuso  sí mismo”…, se preparó a abandonar este mundo, y como un trueno que cae de pronto y deja admirados a todos, da un fuerte grito, y dice: EN TUS MANOS ENTREGO MI ESPÍRITU. A continuación, como el que domina hasta ese mismo momento de su entrega total, inclina la cabeza, se pone en posición de último descanso y expira.

Es un momento que no deja seguir… Sencilla y únicamente, caer de rodillas y adorar.

miércoles, 16 de abril de 2014

ZENIT, 16 abril: Audiencia del Papa

Francisco en la audiencia: Mirar a la Cruz y pensar 'lo ha hecho por mí­'
En la catequesis previa al Jueves Santo, el Papa ha hablado de la Pasión de Jesús y ha señalado que la Resurrección no es el "happy end" de las pelí­culas, sino la obra de Dios
16 de abril de 2014 (Zenit.org) - A un día de comenzar las celebraciones del Triduo Pascual, una repleta plaza de San Pedro ha recibido al papa Francisco para escuchar su catequesis semanal. Miles de personas, venidas de todas las partes del mundo, esperaban la llegada del Santo Padre en el jeep para poder saludarle y hacerle ver sus muestras de cariño. El Pontífice ha bendecido a los niños, sonreído, saludado e incluso firmado algunas tarjetas que los fieles llevaban consigo para poder llevarse una dedicatoria de Francisco. Acostumbrados a ver que los peregrinos entreguen al Papa banderas de sus países, camisetas, artículos religiosos... hoy un niño ha sido el más original, le ha entregado lo que llevaba consigo, un bolsa de patatas fritas. También hoy unos niños han podido subir al papamóvil y pasar unos instantes ahí junto al Papa.
Bajo las voces que gritaban ¡esta es la juventud del Papa! o ¡Francisco te queremos!, el pontífice argentino ha dado comienzo a la audiencia semanal.
La semana pasada, el Papa inició una serie de catequesis sobres los dones del Espíritu Santo; pero hoy ha interrumpido esta temática para hablar de la Pasión de Jesús, de su cruz y su dolor.
En el resumen que el Santo Padre ha hecho en español sobre la catequesis ha dicho:
"Hoy, en la mitad de la Semana Santa la liturgia nos presenta el triste hecho de la traición de Judas. Judas va a las autoridades y les dice simplemente: ¿Cuánto me van a dar si yo lo entrego? ¡30 monedas! Y Jesús tiene precio, como cualquier mercadería en un mercado. Y Jesús acepta esa humillación hasta la muerte de cruz.


En su sufrimiento y en su muerte, podemos ver el dolor de la humanidad, el dolor de nuestros pecados, y la respuesta de Dios a ese misterio del poder del mal. Dios toma sobre sí el mal del mundo para vencerlo. Su pasión no ocurre por error. Es la manera de mostrarnos su amor infinito. En esa pasión de Jesús contemplamos su grandeza y su amor.

En esta Semana Santa nos hará bien, a todos, mirar el crucifijo, besar las llagas de Jesús y decirle gracias. Porque eso lo hizo por cada uno de nosotros. Pero Dios siempre interviene en el momento en que quizás uno no lo espera, y Jesús resucita. 

La resurrección de Jesús no es el “final feliz” de un cuento de hadas, no es el “happy end” de una película, sino que es la prueba de que Dios actúa en el momento más difícil, en el momento más oscuro. La noche siempre es muy oscura un poquito antes de que empiece a amanecer. No bajemos de la cruz antes de tiempo. Y no olvidemos, en esta semana, de besar muchas veces el crucifijo". 


A continuación ha saludado a los peregrinos de lengua española lo que ha despertado un fuerte entusiasmo de los fieles que han aplaudido y gritado con fuerza. En particular, ha dicho el Papa, "a los grupos venidos de España ¡lleno de banderas!, Puerto Rico, Guatemala, México, Uruguay, ¡vi varios mates por ahí!, Argentina y otros países latinoamericanos. Invito a todos a vivir esta Pascua con la certeza  de que, en Jesús, Dios nos ama y nos perdona. Pido a la Virgen María, nuestra Madre, que nos acompañe en el camino de la cruz y del amor que Cristo nos enseña. Muchas gracias".
Al finalizar los saludos en todas las lenguas, el Santo Padre ha dedicado, como cada semana, un pensamiento especial a los jóvenes, los enfermos y los recién casados. "Queridos jóvenes, reflexionad sobre el precio de sangre pagado por el Señor para nuestra salvación", ha pedido Francisco. Por su parte, a los enfermos les ha recordado que "el Viernes Santo nos enseña la paciencia en los momentos de cruz". Y a los recién casados les ha exhortado a "llenar con la alegría de la Resurreción vuestros muros domésticos".

Para concluir, una pequeña broma del Papa que ha provocado las risas de todos. Mientras el speaker de lengua italiana presentaba a los grupos y recordaba que a continuación se rezaba el Padre Nuestro y el Papa daría su bendición, una fuerte tos le obligó a detener su lectura. El Santo Padre le dijo: "¡Esa salud! ¡Está usted envejeciendo! ¡Vaya tranquilo!".

16 abril: Todo confluyendo en la Cruz

Se toca la Pasión
             La liturgia nos deja ya al borde de la tragedia. El “siervo de Yawhé”, golpeado en sus espaldas, mesada su barba, con su rostro escupido y su dignidad aplastada por las injurias…, seguía sintiéndose capa de alentar al abatido, con el oído bien abierto para saber “escuchar” un lenguaje distinto, y dar una palabra al que sufre. Ese “siervo” –figura eminente de Cristo- puede retar a cualquiera que se sienta su rival, porque se sabe inocente y porque sabe que Dios le ayuda. (Is 50, 4-9)
             Jesús está ya en la Sala de la Cena, y se han situado todos en sus divanes para empezar la fiesta pascual. Pero Jesús empieza primero a desahogar su alma con ese pensamiento que le destroza: En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar. Aquello, así de pronto- es como un rayo que cae sobre los comensales, quienes con la más grande perplejidad empiezan a preguntar con timidez: ¿Acaso soy yo?  Es que ni se fiaba ahora cada uno de sí mismo. El cinismo saltó como un trueno cuando Judas se atrevió a preguntar: ¿Soy yo, acaso, Maestro? Y ya podemos imaginar la palabra que salió hondísima del mismo Corazón de Cristo: Así es… Pero con tal prudencia, con tal intimísima prudencia, que nadie se apercibió.

             Jesús estaba ya cosido al madero horizontal, jadeando por el dolor y por aquellos músculos del pecho tensados. Quedaba esa operación tan brutal de izar ese cuerpo hasta el mástil vertical. Por supuesto hubieron de ayudar para que el cuerpo –sólo péndulo de los clavos de sus brazos- no se desgarrara. Cuando llegaron a su posición, entre los espasmos tremendos de Jesús, pudo tener un leve incómodo “descanso” al sostener en el sedil que hacía como de “asiento” (por llamarle de alguna manera) al crucificado. No pienso que Jesús estuviera ahora mismo para sentimientos ni para pensamientos. Podría seguir repitiendo su “perdónalos, Padre…”, pero poco más en medio de aquella brutalidad que estaba padeciendo. Máxime cuando ahora viene forzar la postura de los pies para clavarlos sobre un palo que se cimbrea a cada golpe… Y simultáneamente están clavando y fijando entre sí los dos maderos…, y el letrero de la condena, sobre la cabeza de Jesús. Un cúmulo de sufrimientos añadidos que llegan a superar todo lo imaginable. Y es que tenemos tan sabido eso de la “crucifixión” que nos quedamos en la superficie de la barbarie que era aquella tortura. Jesús es un puro dolor. No puede pensar en nada. Demasiado hace con seguir viviendo y con no haber perdido la conciencia en medio de tamaño suplicio.
             Estaban ya crucificados los tres condenados, y permitieron a los deudos acercarse. María y el reducido grupo de fieles con valor suficiente, -¡con amor invulnerable!- se acercaron a la cruz de Jesús. Y la Madre, erguida pero destrozada, se pegó a la cruz de su Hijo, sin querer siquiera rozarle, porque bastaba ver la hinchazón de sus miembros para barruntar el dolor insufrible de aquel cuerpo… Las otras personas, expresaban más su dolor pero se tragaban sus deseos de manifestarlo en lamentos, por el respeto a aquella madre, tan firme y tan desgarrada. Y Jesús “volvía a sentir”, porque ahora tenía allí a esas personas padeciendo, y eso le sacaba a Él de su propio dolor para mirar la tragedia que invadía a esos seres queridos por Él.
             El ladrón de la derecha estaba callado desde hacía un rato… Observaba. En aquel “rey de los judíos” había algo que le llamaba la atención… Lo mismo en aquella madre y aquellas pocas personas que acompañaban a su compañero del Calvario. Llevaba sus ojos de ese grupo al de su compañero, desesperado, blasfemando, gritando como podía… Y se le encendió una luz a ese de la derecha. Y levantando un poco su voz, se dirigió a Jesús: Señor: acuérdate de mí cuando estés en tu Reino. Algo así como un grito en medio de la noche, que removía al corazón de Cristo. No era Él sólo con su dolor… No eran sólo su grupo de fieles… A unos metros, un hombre (que antes estaba desesperado) que ahora se ha dirigido a Él con humildad suplicante… Y Jesús movió la cabeza hacia su izquierda, en lo que pudo, y respondió: “Hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso”. Realmente le había llegado el Paraíso a ese hombre allí mismo en medio de su fracaso humano.
             Y Jesús, como ese soldado que despierta de su derrota (que dice el Salmo), ahora está volviendo a sentir con sentimientos hondísimos que se salen de su personal situación y vuelcan al alma en los que tiene delante. Y mirando a su Madre y al “discípulo”, dice: “Ahí tienes a tu hijo”; “Hijo, ahí tienes a tu madre”. Era muy denso el testamento que acababa de firmar. Legaba lo más suyo a todo discípulo amado… Su madre sería madre de cada hijo que quedaba a los pies de la cruz… Para ese “hijo” era un Cielo lo que le acababan de encargar. A mí no me gusta la traducción: “y el discípulo se la llevó a su casa”. Me resulta demasiado material. Me gusta más: “Y desde aquella hora, el discípulo la tomó por suya”. Quedaba dado ya todo. Incluso en ese momento estaban ya los soldados repartiéndose las ropas de los ajusticiados, y ya no le quedaba a Jesús ni eso.

             Luego, volvió Jesús a ensimismarse. Su garganta reseca, su soledad mucho mayor que la física…, abocada a la muerte, y con el alma más reseca que su misma boca, le llevó a rezar…

martes, 15 de abril de 2014

15 abril.: Mujeres y Calvarios

Las mujeres llorosas.
             Una fue la mujer Verónica, que hizo lo poco que hizo, y fue mucho. Otras fueron las “mujeres de Jerusalén” que se pusieron a la par de Jesús en el camino hacia el Calvario, llorando y lamentándose. ¿Por sentimientos de unión al que sufría? ¿Por “oficio”? Lo que el evangelio dice es que Jesús les dijo que no lloraran por Él sino por ellas mismas y sus hijos…, por Jerusalén y por todos los que lanzan sus lágrimas vacías que se quedan en lágrimas, y nada aportan. Ni siquiera auténticos sentimientos. ¡Leños secos!, cuyo valor de lamentos  se queda en nada…, y no llegan para nada a ayudar al leño verde, el que es vid verdadera a quien -si no se está unido- no hay fruto ni posibilidades algunas.
             Se me ha ido la mente a las otras sentimentales situaciones que hoy pueden seguir caminando junto a los pasos del vía crucis, admirándose y emocionándose cada cual con “su devoción particular”, mientras Jesús sufre miles de vías crucis porque muy pocos en su recorrido están sintonizando con el verdadero Jesús, el verdadero dolor de Cristo, con una ojeada –siquiera- al evangelio, para no ir plañendo al lado, y ajenos por completo a la realidad que representa. No puedo evitar que se me ponga delante el Cristo real que se vuelve a las filas de los que le llevan, y a la de los “espectadores” que allí, en los 900 metros del camino hacia el Gólgota, veían “el espectáculo”. Y que nos pueda decir algo muy parecido a lo que les dijo a las mujeres que iban…, pero no le acompañaban nada.
             Y así llegó al Calvario, flanqueado por los dos malhechores, que situaron a derecha e izquierda, cada cual al pie de cada mástil vertical que ya estaba hincado y bien fijado a los agujeros abiertos en la piedra del monte.
             A Jesús le habían puesto su túnica para ir la vía dolorosa. Cada paso era un reproducir sus llagas supurantes, y por otra parte resecándose con el vientecillo del aire libre. Más el cuerpo echando fuego de fiebre por la traumatización sufrida. Al llegar al Calvario lo desnudaron otra vez. Yo digo siempre: lo desollaron, porque no era otra cosa. Y sobre el suelo terrizo, con guijarros y piedras salientes, le tumbaron, de modo que su “cabezal” era el madero de la cruz, pero a la altura de su espalda. Y allí comenzó la brutalidad de la crucifixión simultánea de los dos brazos. Estirazados primero con cuerdas, que lastimaban seriamente los músculos pectorales, y con dos esbirros bien acostumbrados a dar los golpes brutales que habían de atravesar sus muñecas, y que necesariamente rompían el tendón que llega al pulgar de la mano, que quedaba agarrotado.
             Jesús, que apenas podía soportar aquel dolor agudo de sus espaldas sobre el suelo, y que gemía sin apenas levantar la voz, dio necesariamente un grito agudísimo cuando el primer martillazo le atravesaba el brazo y le provocaba un calambre inmenso la rotura de los dos tendones. Y así, también a grito entrecortado, pronunció su palabra exculpatoria: perdónalos, Padre, que no saben lo que hacen
             Evidentemente no sabían. Lo dijo Él, que no miente. Pero es que su palabra, casi sacramental, exculpaba a todos: NO SABÍAN…, no sabíamos… Aunque lo estaban haciendo y aunque lo estamos continuando. Pero esos eran sus sentimientos, sus íntimos sentimientos, y en medio de aquel tsunamis de irresponsabilidades, que habían arrasado toda humanidad, todo sentimiento del corazón de un pueblo, de unos hombres religiosos, de los poderes civiles, de muchas gentes que se implicaron directamente…, y de esta pobre humanidad de hoy y de todos los tiempos…, RESUENA el grito de Jesús pidiendo al Padre que nos perdone a todos porque no sabemos lo que hacemos.
             Cuando hace pocas horas sufrí la falsía de palabras huecas que intentaban exculpar –cada cual a su manera- su propio fallo, debí acordarme de este momento de Jesús que era brutalmente tratado, y que, en medio de todo, siguió en su papel de PERDÓN PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN. Y es lo que yo quiero hacer ahora. Que bien sé que un Cristo tiene que morir por el bien de “todo un pueblo”, para que ese “pueblo no quede arrasado por la incompetencia y la palabrería, mientras cada “sumo sacerdote”, cada Pilato, cada Herodes, seguirán “lavándose las manos” o poniendo “túnicas brillantes” (de tonto del pueblo), o pensando “dar gloria Dios”… Al final, a quién están crucificando en aras de una vacía palabra de “amor”, es al propio Jesús, que bien sabe que no saben ellos lo que hacen, y tienen que ser perdonados.  Jesús, eso sí, está retorcido de dolor en este momento.


             La liturgia de hoy nos muestra al “siervo de Yawhé”, elegido desde el vientre materno para ser quien convierta a los supervivientes de Israel. (Is 49, 1-6). Jesús en la Cena acaba denunciando que uno de vosotros me va a entregar. Con consternación preguntan varios si podrían ser ellos mismos, para acabar Jesús dando a Judas un pan untado y encargándole hacer pronto lo iba a hacer. Y Judas salió del Cenáculo con la noche hincada en su mal corazón… Y aún quedó el anuncio de negaciones y escándalos ante el dolor de Jesús, a lo que Pedro se quiso hacer fuerte, porque eso no le ocurriría nunca a él…

lunes, 14 de abril de 2014

14 abril: VERÓNICA

Lunes Santo, 14 abril
             Un mensaje esperanzado del “Siervo de Yawhé” (Is 42, 1-7), ese personaje que es como anuncio muy aproximado a la realidad posterior que acaece en Jesús. Elegido, preferido de Dios, con el espíritu de Dios para implantar bondad  sin violencias, ni apagar los rescoldos que quedan. Dios lo lleva de la mano y le hace alianza de un pueblo, luz de las naciones, que abrirá las prisiones a los cautivos y dará vista a los ciegos…
             Podríamos ir poniendo en paralelo hechos de Jesús o dichos sobre Jesús. El “siervo” es una antesala, también en sus sufrimientos posteriores. Pero eso queda para otro momento.
             En el Evangelio (Jn 12, 1-11) Marta, María y Lázaro celebran con un banquete la vuelta a la vida del que llevó 4 días en el sepulcro. María, siempre descrita como mujer afectiva e impetuosa, entra en la sala con un bote de preciso perfume y se dirige a Jesús, el que es protagonista de aquella alegría que viven, y lo agasaja derramando sobre su cabeza ese perfume, cuyo aroma llena la casa. A quien tiene la sensibilidad de María, no cuenta el “derroche”; cuenta el agradecimiento y el poder ofrecer lo mejor, lo más valioso, como “elemento vicario” de ella misma.
             Judas no lo lleva a bien. Y saca a relucir el tal inútil “derroche”, cuando –vendido- hubiera sigo muy útil para socorrer a pobres. [San Juan no deja pasar esas cosas, y apostilla que a Judas para nada le importaban los pobres, sino que era ladrón y se iba llevando dinero que tomaba de la bolsa común]. Jesús salió en defensa de la mujer “que tenía ese perfume guardado para la sepultura de Jesús”, advierte que “pobres siempre hay entre vosotros”. Y a Judas le sentó aquello como una ofensa; primero, por anteponer a la mujer a él; segundo porque se desvelaba su propio mal corazón. Y Judas se indignó por dentro, y algo pasó ya por su mente: “Ésta, me la pagas”. También algunos judíos le hicieron el juego, avisando a los sacerdotes y ancianos del pueblo.

             Ayer me paré ante Simón de Cirene. Casi por “atracción mental” me siento movido a salirme del texto evangélico y orientarme hacia el espíritu, o lo que –ya de antiguo- movió el espíritu de otros… Tenía que aparecer alguna acción “semejante” en una mujer. Y la tradición (y no podemos decir que no responda a una realidad), mete en escena a Verónica. Ella es una mujer de corazón, y práctica. Está viendo  maltratar a Jesús…, que cae constantemente al suelo…; que posiblemente es que ni ve donde pone el pie porque sus ojos van cegados por la sangre que le llega desde la corona, por el sudor de una fiebre y un esfuerzo sobrehumano. Ella ve a un hombre que va destrozado. Y con esa rapidez del corazón, más veloz que la vigilancia de los soldados que escoltan, irrumpe en medio y se planta con un paño ante Jesús y se lo aplica –simplemente lo aplica- a ese rostro. Ella no quiere ni rozarle las espinas. Se limita a secar su faz por mera aplicación de aquel paño limpio. Los soldados se le echan encima y la sacan de mala manera. Le da igual. Ella ha hecho lo que pretendía hacer. Nunca más se le verá por allí, ni quedará rastro en la Sagrada Escritura. La tradición le dejará el mejor recuerdo: en su paño ha quedado la primera fotografía de Jesús. Ese es su tesoro, su paga, el fruto de su buena obra.
             Cuando Jesús siguió su camino, y entre todo el dolor e impotencia para dar cada paso, un pensamiento quedó fijo en su Corazón, por aquella mujer desconocida, atrevida, caritativa, delicada…, que le había ayudado muy mucho con su pequeño grande gesto.
             Y como la vida de Jesús trasciende la historia de aquel momento y de aquel suceso, muchos “Cristos” hay en la vida de siglos, que emulan a la mujer aquella: ¡“Verónicas”! con su toque femenino delicado. Está el elemento sorpresa, momentáneo, que aparece en su momento y que desaparece sin más. Que acude a la necesidad, y no hace más que lo que tiene que hacer. Que no quitó peso físico pero que alivió mucho, en lo que ella podía hacer. Se me representan esas esposas que permanecen junto a la cama del esposo enfermo, con mínimas intervenciones pero con máximas delicadezas…, llegando adonde tienen que llegar, y nada más. Eso sí: el corazón está todo él allí. Como la madre a los pies del lecho del hijo/hija enfermos, sabiendo que nada puede hacer, y haciéndolo todo, pendiente de todo, sin que se advierta siquiera. Y más que nada, estar…, saber estar. Como la enfermera, auténtica profesional de la atención al enfermo, para quien no es un número de habitación de hospital… Como la maestra para quien “ese niño” es como sui fuera “su niño”… Como la médico que no se limita a mandar unas placas sino que conversa y se hace cercana al paciente  (y con ello cura más que con una receta). Me dan devoción esas “Verónicas”, sin dejarme caer en la demagogia de pensar que eso sólo lo hagan las madres y esposas, enfermeras, maestras o “médicas”… Porque lo mismo hay varones que no serán “cirenéos” cargando pesos, pero tienen un corazón que vale por todo y así hacen mucho más llevaderas las cruces del prójimo.

             Se trata sobre todo del hacer como quien nada hace…, de hacer sencillamente, de tener en el otro UNA PERSONA”, y en sí mismo ser también PERSONA. Porque eso va a aliviar muchos caminos de calvario.

domingo, 13 de abril de 2014

ZENIT 13 abril: Ángelus

El Papa en el ángelus: 'Juan Pablo II será patrono de las JMJ'
Los jóvenes brasileños pasan a los polacos la cruz de la Jornada Mundial de la Juventud. Francisco anuncia que 15 de agosto estará en Daejeon, Corea
 13 de abril de 2014 (Zenit.org) - Delante de una plaza de San Pedro con unos 90 mil fieles, el papa Francisco al concluir hoy la ceremonia del Domingo de Ramos rezó el ángelus.
“Al concluir esta celebración dirijo un saludo especial a los 250 delegados --obispos, sacerdotes, religiosos y laicos-- que han participado a las Jornadas Mundiales de la Juventud organizadas por el Pontificio Consejo para los Laicos. Inicia así el camino de preparación al próximo encuentro mundial que se realizará en julio de 2016 en Cracovia y que tendrá por tema «Beatos los misericordiosos porque encontrarán misericordia»” dijo.
Y el Papa adelantó lo que iba a suceder en breve: “De aquí a poco jóvenes brasileños entregarán a jóvenes polacos, la cruz de la Jornada Mundial de la Juventud. La entrega de la cruz a los jóvenes fue realizada hace treinta años por el beato Juan Pablo II: él les pidió que la lleven por todo el mundo como signo del amor de Cristo por la humanidad”.
Y prosiguió: “El próximo 27 de abril tendremos todos la alegría de celebrar la canonización de este Papa, junto con Juan XXIII. Juan Pablo II que fue el iniciador de las Jornadas Mundiales de la Juventud se volverá su gran patrono, y en la comunión de los santos seguirá siendo para los jóvenes del mundo un padre y un amigo”.
“Pidamos al Señor --rezó el Santo Padre-- que la cruz, junto a la imagen de María Salus Populi Romani sea un signo de esperanza para todos, revelando al mundo el amor invencible de Cristo".
A este punto un grupo de jóvenes brasileños le entregó la cruz de dimensión grande a sus pares polacos.
“Saludo a todos los romanos y a los peregrinos” prosiguió el papa Francisco y añadió: “Saludo en particular a las delegaciones de Río de Janeiro y de Cracovia, guiadas por sus arzobispos: los cardenales Orani Joao Tempesta y Stanislaw Dziwisz. En este contexto tengo la alegría de anunciar que si Dios quiere, el próximo15 de agosto en Daejeon, en la República de Corea, encontraré a los jóvenes asiáticos en su su gran concentración continental”.

Y concluyó sus palabras indicando: “Y ahora nos dirigimos a la Virgen Madre para que nos ayude a seguir siempre a Jesús, con fe y con amor”.

12 abril Domingo Ramos_Cireneo

DOMINGO DE RAMOS, ciclo A
             Una liturgia hermosa y expresiva, catequética y piadosa. Su ritmo se empieza en la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. La procesión litúrgica con los ramos bendecidos y cantos de alegría, representan aquel momento en que Jesús levanta las compuertas que tuvo ocultas durante mucho tiempo, en el deseo de que su realidad mesiánica se reconociera por sus obras y no por una proclamación pública. Hoy, en este domingo celebramos esa proclamación y aclamación emocionada de Jesús, como el hijo de David, que viene en nombre del Señor, a quien se le canta y agasaja tendiendo mantos por el camino, cortando ramas de los árboles y uniéndose mayores y niños en un canto alegre y gozoso que desemboca en la gran Ciudad.
             La liturgia hace ahora parada y lee el Evangelio correspondiente a este hecho, con esas pinceladas de autoridad de Jesús, al que le han dejado llevar y montar unos animales que estaban a la puerta e la casa de sus dueños, en la aldea de Betfagé.
             Seguirán las lecturas expresando el anuncio de una pasión de dolor (Is 50, 4-7), que es posible en Jesús, el Hijo de Dios, porque Él no ha retenido hacia afuera esa categoría, sino que se ha despojado de ella para poder entrar de lleno –totalmente- en el mundo de la humanidad, y así, como uno cualquiera, poder arrostrar la tragedia humana que acaba en la misma muerte y muerte humillante de cruz.
             En ese momento hemos ido a la lectura de la Pasión, en la redacción y detalles que le son propios a San Mateo. Con esa lectura –que debe ser sentida y vivida- vemos el primer final de la vida de Jesús. Los ornamentos rojos que hoy utiliza el sacerdote llevan –con la primera parte de la liturgia- un color púrpura regio. Con la segunda, nos lleva al rojo de la sangre salvadora de Jesucristo, derramada a lo largo de su Pasión.
             Con ello, el paso a la Eucaristía nos hace sentir que no ha sido mera lectura histórica lo que se ha desarrollado antes, sino que todo tiene su plasmación en el Santo Sacrificio de Jesucristo. La liturgia no es mera historia: es realización de un proyecto, que vuelve a revivirse a través de una acción divina que se vive por medio de la Sagrada Liturgia, en la que ya tenemos cerrado el círculo: la Pasión y muerte de Jesús no queda enterrada en el sepulcro.  Lo que se sembró en esa corrupción, se levantará y tendrá la nueva vida inmortal. Y viviremos cada instante de la vida (y pese a nuestros padecimientos) abocados a la Resurrección de Jesús, que es nuestra fuerza de nueva vida esperanzada.

             Pilato se ha lavado las manos…, pero sabe muy bien la injusticia que ha cometido. Le han ganado la partida sus enemigos naturales, los judíos. Y se retira al interior de su palacio con una sensación espantosa de si mismo. Manda hacer el cartel en que debía constar la causa de la sentencia de muerte. Y Pilato escribe: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS. Y con ese cartel –que refleja la frase que ellos pronunciaron: que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos-, queda patente por qué ha llegado Jesús a la cruz. Y daba Pilato su “coz” particular de “crucificar a vuestro rey”.
             Evidentemente no estuvieron contentos los judíos con ese letrero, y pretendieron que Pilato lo corrigiera: que él se ha dicho rey de los judíos. Y Pilato, que ahora está solo, que no está acallado por los gritos del pueblo, se hace fuerte en la minucia, y da el “puñetazo en la mesa”: “Lo que he escrito, se queda escrito.
             Y comenzó la vía dolorosa, que difícilmente podía Jesús recorrer, aunque sólo fueran 900 metros: no tenía fuerzas para caminar él; y hubo que recurrir a obligar a uno que venía del campo, muy ajeno a lo que aquí estaba ocurriendo. De los presentes no hubo nadie que aceptara llevar la cruz (que aunque no fuera cruz propia) ya les resultaba un baldón. Y echaron mano del que estaba ajeno a todo. Tomó sobre sí la cruz de Jesús –el madero transversal- (que ya le humillaba al de Cirene), un tal Simón, que acabó compadeciéndose de Jesús, y lo que había empezado obligado, se le fue convirtiendo en actitud de complicidad para poder –además del madero- apoyar al propio Jesús, que apenas podía arrastrar los pies sobre el pavimento. Simón de Cirene quedará como icono de todo el que ayuda a otro en esa labor de levantar algún peso de los muchos que aplastan a algunos hermanos. Y más cuando sus hermanos no son solo “los de su ciudad, los de su pueblo, los amigos y los buenos, sino cuando se sabe meter el hombro allí donde alguien sufre, y busca uno aliviarle su peso. No es que el Cireneo se hace “un sustituto”; ni: cada cual tiene su cruz propia y ha de vivir su vía dolorosa con esa cruz. Pero la mirada, la connivencia, la actitud solidaria y comprensiva, el saberse junto a alguien…, y los mil posibles más a los que da cauce el amor cristiano, hacen de cirenéos en medio del camino de cada persona.

             Estamos iniciando la SEMANA SANTA, y algún Cristo real no tiene Hombres de Trono, costaleros, portadores, “cirenéos”. ¿Hay alguien –que venga del “campo” (sin prejuicios) y sea voluntario en cargar con la cruz de alguien necesitado?