Liturgia
Propiamente hoy corresponden las Lecturas de la fiesta de la dedicación de la Basílica de San Juan de
Letrán, la Catedral del Papa, lecturas que –por otra parte- no son propias
sino escogidas entre las comunes de “la dedicación de una Iglesia”. Según eso
podría tomarse la 1ª lectura de 1Cor 3, 9: Sois
edificio de Dios… Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es
Jesucristo. Encima de este cimiento edifican los hombres con materiales
diversos: oro o madera, plata o paja… Sois
templos de Dios y el Espíritu Santo habita en vosotros. Si alguno destruye el
templo de Dios, se destruye a sí mismo, porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.
El Templo: la piedra angular, Cristo. Sobre Cristo viene la
edificación. Y lo importante es cada persona donde Dios quiere hacer su propio
lugar de estancia, y no quedaría impune quien destruyera ese Templo santo que
es cada alma. Luego viene la parte material
de construcción de lugares de culto, que pueden hacerse de oro o madera, de
plata o de paja…, pero siempre como lugares en que Dios se hace presente y en
donde nosotros debemos tener conciencia de que ha venido a habitarlo Dios. De ahí el respeto que
siempre debe tenerse al espacio sagrado de una iglesia, un templo, un lugar en
que se hace más sensible la presencia de Dios.
De ahí que el evangelio pueda ser el de Jn 2, 13, que
muestra a Jesús purificando al templo de Jerusalén de la profanación de quienes
han convertido el espacio santo –la casa del Padre- en un mercado.
No es el Evangelio que yo elegiría porque está tan viciado
en el modo de comprenderlo que se acaba viendo como un momento violento de
Jesús, cosa que para nada es así. Pero queda la parte esencial que es ver a
Jesús que se enciende ante aquella falta de respeto al templo. ¡Y eso que no
era aún la parte consagrada sino el patio exterior! ¿Cómo nos hablaría hoy
Jesús a quienes en el templo o sus aledaños nos comportáramos como si
estuviésemos en el mercado? A mí me duele en el alma la falta de respeto y
silencio que se va metiendo en “el pueblo fiel”…, ¡no digamos en el que ya no
es fiel! Y me duele que en aquel Templo de Jerusalén fueron los encargados de
velar por el templo los mismos que no lo respetaron.
Si siguiéramos la lectura continuada, partiendo de la 1ª
lectura, del libro de la Sabiduría (1, 1-7) que describe la Sabiduría bíblica
como justicia (=bondad, equidad), que
no puede entrar en alma de mala ley…, y que es un espíritu amigo de los hombres…,
yo pasaría a detenerme en el Evangelio (Lc 17, 1-6) en el que Jesús da por
admitido que se darán escándalos, pero ¡ay
del que los provoca! El daño que se hace a los pequeños a los que se les escandaliza, merecería mejor que al
escandalizador le ataran una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al mar.
Es mejor la muerte que poner chinitas en el camino de los “pequeños”. [Y
pequeños somos todos].
De ahí salta Jesús a un caso concreto: el del perdón, que
hay que otorgar siempre. Eso se lee con mucha facilidad, pero se vuelve chino
cuando uno es el que se siente ofendido… Y Jesús insiste en un perdón sin fin: Hasta siete veces (número bíblico de
plenitud).
Y los apóstoles ven que cada vez pide más Jesús y optan por
rogarle: Auméntanos la fe. Creo que
es una oración que se hace muy actual. Por lo pronto está diciendo que la fe no
está hecha y completa de una vez para siempre. Que la fe tiene que aumentar.
Que cada etapa de la vida y cada circunstancia nueva está pidiendo un aumento,
un crecimiento en la fe. Lo mismo que el vestido que se ha usado un tiempo se
queda pequeño y hay que sustituirlo por otro, la fe no encorseta en un “tamaño”
inmutable. Permaneciendo el hecho de estar “vestido”, no significa que no hay
que mudarlo por uno mayor.
Dios es infinito. No lo abarcamos. Se sigue revelando y eso
pide nuevas “gafas de fe” para acoger la nueva dimensión con la que Dios se
revela. Lo hizo en Jesucristo. Y los judíos de corazón pequeño se escandalizaron
y no aceptaron. Y pretendieron acabar con Jesús. Le dieron muerte temporal (que
era hasta donde podían llegar), pero Jesucristo permanece. Jesucristo nos da su
evangelio y la Iglesia empieza a desarrollarlo. Y no es el mismo desarrollo el
del siglo I y el del X o del XV: el vestido se va ensanchando. Por eso nuestra
fe de 15 ó 25 años no es la definitiva: Señor,
auméntanos la fe…, que quiere decir que necesitamos ensanchar el espacio de
nuestra fe. Que, al final, es un hecho que la fe verdadera, aunque sea como un
grano de mostaza, ya es suficiente para “trasladar nuestra morera” y poder
plantarla en un tiesto más amplio que tenga más capacidad de raíces.
EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO (Continuación)
ResponderEliminar¿Quièn puede administrar el Bautismo?.Normalmente,es el Obispo, un Presbítero, o un Diàcono quien administra el sacramento del Bautismo. En caso de necesidad , cualquier cristiano,: incluso cualquier persona, aunque no sea cristiano puede hacerlo ,sòlo tiene que tener la intención de hacer lo que hace la Iglesia , derramar agua sobre la cabeza del candidato diciendo "N.yo te bautizo en el nombre del Padre y deL Hijo y del Espíritu Santo". Para todos los que han recibido el Evangelio y han conocido que Cristo es el "camino, la verdad y la vida" el Bautismo es el único acceso a Dios y a la salvación.Al mismo tiempo, es cierto , sin embargo , que Cristo murió por todos los hombres. Por eso pueden salvarse también quienes no tuvieron oportunidad de conocer verdaderamente a Cristo, ni la fe, pero con la ayuda de la gracia, buscan a Dios con un corazón sincero y llavan una vida según su conciencia (el llamado bautismo de deseo).
Hoy celebramos el aniversario de la Dedicación a Dios de la Iglesia de Roma de San Juan de Letrán; es la primera en dignidad de las iglesias de Occidente y es la catedral de Roma.Esta fecha fue elegida por los canónicos en el sigloXII.El Señor que nos ama con ternura, quiere que nos vayamos a encontrar con Él en el Templo; un lugar santo donde la Comunidad se reúne para orar, para alabar, adorar y agradecer tantos bienes recibidos. Quiere que le dejemos un espacio, que silenciemos nuestro corazón para encontrarnos con Cristo y pedirle que habite en nosotros, que no nos deje nunca, pues queremos ser verdaderos templos de Dios. El Señor quiere que cambiemos nuestros hábitos si se oponen a su voluntad.; que no vivamos una vida superflua, como para deslumbrar a los demás.Quiere llenarnos con su Gracia y con su Amor; y esto nos exige que le dediquemos un espacio y nuestro tiempo...tenemos que entrar en el templo y dejar que Él entre en nosotros. No podemos olvidar que somos importantes para Dios y que somos verdaderos templos suyos.
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