Liturgia
Cuando lee uno la 1ª lectura (Dan 6, 11-27) acaba uno con un deseo
interno de que esa historia se repitiese hoy en nuestra realidad actual
mundial. Y no menos en la que tenemos más cercana: la que estamos viviendo en
los últimos acontecimientos internacionales, y la que tenemos ahí nosotros a
pie de calle… Darío es el tercer rey persa que nos viene en 3 días de lectura
de Daniel, y representa a un hombre de buena fe, que se inclina más a la verdad
que a las leyes. Pero están los extremosos del régimen que se aferran más a las
leyes…, y sobre todo en lo tocante a aplastar una Religión que tenga una
entidad por sí misma.
Han observado a Daniel y los tres compañeros que oran a
Dios. Y lo han denunciado al rey, bajo la acusación de que adoran a su Dios en
vez de al rey. La ley está en vigor y presionan al rey para ejecutarla, nada menos
que con la pena de muerte. Darío intenta la manera de salvar a Daniel –hombre benemérito
con los reyes anteriores- pero los incitadores no le dejan salida. Y Darío
tiene que dar la sentencia de que sean arrojados al foso de los leones. No sin
antes desear y encomendar que ese Dios de Daniel le salve.
El rey no pudo pegar ojo aquella noche. De madrugada se
acerca al foso y pregunta: Daniel, siervo
del Dios vivo: ¿ha podido salvarte de los leones ese Dios a quien veneras
fielmente? Y Daniel le responde que sí; que Dios envió un ángel que cerró
las fauces de los leones, que no les han podido hacer ningún daño.
El rey manda sacar del foso a quienes sabía que eran
inocentes y manda echar al foso a los acusadores, que no llegan al suelo y ya
los han descuartizado los leones.
Esta historia la desearíamos ver repetida en la actualidad.
Para los que son violentos (desde el plano religioso), la desearían con la
violencia incluida. Para quienes tenemos o queremos tener el espíritu de Jesús,
querríamos ver restituido el honor de Dios sin llegar a ese final violento
(porque la violencia no es admisible ni en acusadores ni en acusados). Pero que
Dios enviara ese “ángel” que liberara a sus fieles de tanta persecución abierta
o solapada…, que Dios interviniera para poner en su sitio la verdad frente a la
mentira…, la bondad frente a los odios ancestrales contra la Religión Católica…,
¡eso sí que querríamos verlo! Y es legítimo desearlo.
Lo que pasa es que el tiempo de los milagros ya tuvo su
momento, y lo que nos ha quedado es el tiempo nuestro, ese que debe salir
adelante desde la sensatez, el equilibrio humano, la inteligencia, la convivencia
pacífica de unos con otros, aunque pueda haber diferentes maneras de pensar. Y
lo terrible es que ese “tiempo” ha perdido el norte y a la sensatez ha sucedido
la locura, al equilibrio han sucedido los apasionamientos irracionales, a la
inteligencia la falta del sentido común, a la convivencia pacífica le ha
sustituido una carencia de paz de dentro de los corazones que ya no se aguantan
a sí mismos y arramblan con lo que cogen por delante, con pérdida total del
respeto al otro e incluso a la vida.
¡Cuánta falta nos haría un Darío que –cuando menos-
sospeche que hay un Dios más fuerte al que se debe respetar!, un Dios como
referente, que pone vida donde podría haber muerte, y pone bondad y misericordia
done habían surgido las violencias humanas.
Pero ese Darío no existe ahora. Y cundo Jesús plantea el
final de la vida, tiene que pedir la autodefensa de las personas, no atacando
sino poniéndose a salvo: dado que los ejércitos enemigos invadirán la Ciudad,
que los que están en el campo, no vuelvan; que los que estaban en la ciudad se
vayan cuanto antes…, porque lo que se avecina es espantoso. Los invasores, que
adoran al sol, la luna y las estrellas, también se van a quedar sin sus falsas
divinidades. Ellos van a destruir pero ellos no van a salir vencedores. Los
poderes humanos no prevalecerán.
Por encima de todo ese final espantoso, lo que brilla es la
luz de los que permanecen fieles a Dios. Entonces, cuando veáis suceder todo eso (todo eso que es tan desastroso), alzad
la cabeza… Entonces será la hora de la verdad y los que habíais sido
humillados y perseguidos, seréis los que podéis mirar con la cabeza alta. Ahora
os ha tocado la humillación, pero levantareis la cabeza con el alma llena de
esperanza, porque ESTA CERCA VUESTRA LIBERACIÓN.
Esta esperanza y certeza es el “Darío” que nos devuelve a
la verdad y a la justicia, a saber que cuanto sufrimos no es en balde; que la
muerte no dominará la historia…, que el año litúrgico que ya se extingue, es
aurora de nueva vida y de nueva realidad. Pero que es EL HIJO DEL HOMBRE,
viniendo sobre las nubes del Cielo, quien SALVARÁ VUESTRAS ALMAS.
LOS SACRAMENTOS DE CURACIÒN
ResponderEliminarPor lo sacramentos de iniciación cristiana, Bautismo ,Confirmación y Eucaristía ,el hombre recibe la Vida nueva de Cristo. Ahora bien, esta vida la llevamos en " vaso de barro". Actualmente està todavía " escondida con Cristo en Dios"( Col,3,3).Nos hallamos aùn en "nuestra morada terrena", sometidos al sufrimiento, a la enfermedad y a la muerte.Esta vida nueva de hijos de Dios, puede ser debilitada e incluso perdida por el pecado.
El Señor Jesucristo, mèdico de almas y de nuestro cuerpos, que perdonò los pecados al paralìtico y le devolvió la salud del cuerpo, quiso que su Iglesia, continuara con la fuerza del Espíritu Santo, su obra de curación y salvación incluso en sus propios miembros. Esta es la finalidad de los dos sacramentos de curación :del sacramento de la Penitencia y de la Unciòn de los enfermos.
Continuarà
El Señor no nos quiere entristecer ni asustar anunciándonos tantas calamidades...Él nos quiere animar, quiere que estemos preparados, que estemos con él, correspondiendo a su AMOR, unidos a Él y a su Palabra,. Nos quiere salvar y nos quiere ocupados en hacer el bien. En medio de la situación de angustia, de tribulación y de desorden, provocado por los hombres, aparece Jesús, con toda su majestad y nos habla de AMOR y de PAZ. Esta es la esperanza de los cristianos.. Jesús nos anima , no nos deja solos y orienta nuestra vida. En sus manos no perecemos.
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