Liturgia
Seguimos avanzando en este caminar hacia la manifestación de los
tiempos mesiánicos. Caminamos hacia esa escatología final en la que cada uno
nos hemos de encontrar con Dios. A eso apunta esta recta final de la semana
última del período litúrgico que comenzó en el pasado adviento.
Hoy es protagonista Baltasar, hijo de Nabucodonosor. [Dan
5, 1-6. 13-14. 16-17. 23.28]. Da un banquete a sus nobles, mujeres y
concubinas. Beben. Y en los vapores del vino tiene Baltasar la ocurrencia de
hacer traer los vasos sagrados que su padre había expoliado del Templo de
Jerusalén, para brindar con sus cortesanos. Y en medio de la orgía aparecen
unos dedos que escribe en la pared a la vista del rey, quien se aterra ante
aquella visión. Y pide que le traigan a Daniel para que le lea lo escrito y se
lo interprete.
Daniel lee: CONTADO, PESADO, DIVIDIDO. Y la interpretación
es: Dios ha CONTADO los días de tu
reinado y les ha señalado límite. Te ha PESADO, y te falta peso. Tu reino será
DIVIDIDO y entregado a medos y persas.
Con la que está cayendo hoy día, desearíamos los creyentes
que aparecieran los dedos misteriosos que escribieran en muchas paredes las
palabras con las que Dios hace balance de la historia actual. ¡Cómo desearíamos
que Dios interviniera y dejara “escrita” su Presencia y su juicio ante tantos
desmanes de toda índole que se están llevando a cabo contra Dios y contra los
creyentes en Dios! Y que quedara ya claro que han sido contados los días del
mal, que ha pesado el corazón de muchos y que queda dividido y abocado a su
final el conjunto de odios y maldades con que se trata a los fieles a Dios.
Pero como no parece que es la táctica de Dios ir
apareciendo de esa manera que nosotros desearíamos, sí me parece que puede
aprovecharse esta enseñanza de la profecía de Daniel si en el revoco de nuestra
conciencia dejamos que se escriban esas tres palabras. Que Dios nos dice que HA
CONTADO nuestros días. No sabemos hasta cuándo. Nuestra vida es la gran pared
en la que se han escrito tantas y tantas cosas…, y se siguen escribiendo. Y
Dios está viendo la respuesta que damos a esa “escritura de Dios”.
Dios ESTÁ PESANDO la densidad de nuestra vida. Y nuestra
vida no es un abstracto sino una realidad concreta que se desenvuelve entre
tales paredes, entre tales personas, en medio de tales actuaciones nuestras…,
en tal actitud de comprensión y acogida, en tal honradez para hacer el bien y eliminar
lo que está mal (o los peligros que pueden inclinar al mal)… A Baltasar le dijo
Daniel que “le faltaba peso”. Nosotros hemos de pararnos serenamente para ver
esa densidad de nuestra vida.
Porque lo que conduce al desastre aquel reino de Babilonia
es LA DIVISIÓN. Y es una llamada al interior nuestro, pues hemos de evitar esas
divisiones que nos ponen a caballo entre lo que debemos de hacer y lo que
hacemos, entre lo que pensamos y lo que queremos vivir en la realidad (que no
se corresponde muchas veces). Y dentro de lo pequeño de nuestro radio de
acción, muchas veces es más eficaz este examen que los lamentos por lo mal que
está el mundo.
Lc 21, 12-19 continúa el pensamiento de Jesús ante esa
destrucción de Jerusalén (que para un judío era igual que acabarse el mundo).
Jesús nos advierte de esa locura final en la que los fieles a Él van a ser
apresados y maltratados… Tendréis ocasión
de dar testimonio de mí. En efecto: en la tribulación y en la dificultad es
donde queda claro el temple de cada persona. Y eso se va a necesitar dentro de
la misma vida familiar, porque unos atacarán la fe de otros y los llevarán ante
los tribunales… No os preocupéis por lo
que tenéis que decir; el Espíritu de Dios os sugerirá la respuesta. Quiere
decir que –aun en medio de esa situación hostil que os toca vivir- algo mucho
más grande que lo humano va a salir triunfador. Que podrán haceros daño física y
humanamente. Pero ni un cabello de
vuestra cabeza perecerá; con vuestra
perseverancia salvaréis vuestra almas.
Ahí está el meollo de estos párrafos anunciadores de un
final: que ese final no será un desastre para los creyentes, para los fieles a
Dios. Ni se augura una luna de miel en la tierra. Estamos en medio de una
persecución, porque el discípulo sigue las huellas de su Maestro, y Jesús fue perseguido
y maltratado hasta morir. Pero aparecieron los
dedos que escribían sobre su vida una palabra que trasciende los tiempos y
las luchas: RESUCITADO. Y a esa realidad estamos llamados nosotros.
EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÌA (Continuación)
ResponderEliminarFRUTOS LA EUCARISTÎA.
_ La Sagrado Comunión nos une màs íntimamente con Cristo´
_Nos convierte en un miembro vivo del cuerpo de Cristo´
_Renueva la gracia que hemos recibido en el Bautismo y la Confirmación.
_Nos fortalece en la lucha contra el pecado.
Jesús prometió a sus discípulos , y con ello también a nosotros ,que nos sentaríamos un dìa a la mesa con ÊL. Por eso cada Santa Misa es " memorial de la pasión, plenitud de gracia, prenda de la gloria futura.
Hay un final y( muy consolador) que conviene que tengamos presente. Podemos comulgar co mucha frecuencia ; podemos estar preparándonos adecuadamente para la Comunión, y dar las gracias con generosidad ;Podemos estar tratando sinceramente de Comunión a Comunión de poner por obra nuestros propósitos y a pesar de todo esto ( o , quizá, por causa de esto), sentirnos insatisfechos de nosotros mismos, como debe ser. Entonces no exclamemos simplemente: "con tantas comuniones,¡ cuànto mejor debería ser !".Preguntémonos también: "Sin tantas comuniones,¿cuànto peor podría ser?
Hoy su comentario, Padre, es para hacer una honda reflexión de nuestra vida y de lo que nos espera a los que seguimos a Cristo
ResponderEliminar"También a vosotros os perseguirán".