El próximo Viernes 20,
Tercer viernes del mes
HAY ESCUELA DE ORACIÓN
Málaga. Grupo
Iglesia Sgdo. Corazón.
Liturgia
Confieso que hoy no dejan las lecturas mucho margen de explicación. No
porque no tengan enjundia sino porque lo dicen todo por sí mismas.
2Mac 2, 15-29 es una historia semejante a las de los dos
días anteriores: personas del pueblo judío que se encuentran en medio de la
persecución religiosa, a las que se les ofrece libertad y un porvenir si
apostatan de su fe y siguen el laicismo oficial (que como tal laicismo, es un
odio abierto a lo religioso profundo). Eleazar, la madre de los 7 hijos…, y hoy
Matatías, son paradigmas de creyentes, dispuestos a arrostrar el peligro y la
misma muerte, antes que cometer la felonía de abandonar su fe.
Hay en Matatías un dato nuevo: ya no es el paciente
sufridor de la persecución, que acaba sacrificado. Matatías es un activo
defensor de su fe y de su Religión, que acaba lanzándose al monte con todos
aquellos que quieran acompañarle para entablar ya la defensa activa de la
Religión de Israel. Y dará lugar a la defensa decidida que van a llevar a cabo
los descendientes, personajes que le dan nombre a estos dos libros: la saga de
LOS MACABEOS.
Hay que extraer el jugo de estos relatos. La Iglesia no va
a ser la que promueva “la guerra santa”, ni la violencia, ni va a fomentar
métodos belicosos. Pero sí incita a sus hijos a tomar partido claramente y a
ser creyentes activos que no viven cruzados de brazos ni ofreciendo pasivamente
sus vidas como carne de cañón. La fe tiene formas de defenderse y fortalecerse
desde la fortaleza con que se viva, desde la firmeza con que se practique, sin
permitirse esa postura tibia de quienes ni defienden ni atacan, ni se muestran
ni niegan como creyentes, pero que sus obras y su vida están diciendo a las
claras que no se comprometen con nada ni por nada.
Y hay que reconocer que este “híbrido” no está tan lejano
de la vida de muchos creyentes, que acaban aceptando el “nada es malo”, desde
una falsa actitud de tolerancia que, en el fondo, es la tibieza de su actitud,
la falta de fuerza y de raíz de su fe amorfa.
No se trata de echarse al monte, pero tampoco de dormirse
en el llano entre las falsas religiosidades que no comprometen a nada. Y que,
para vergüenza propia y ajena, andan tambaleándose entre el sí y el no, entre
lo fácil y lo cómodo, muy en contra del planteamiento evangélico que
expresamente definió Jesús como la imposibilidad de servir a dos señores. Porque se sirve a uno o al otro. Lo “intermedio”
es sencillamente engaño y cobardía.
Y bien encaja aquí el evangelio de Lc 19, 41-44, con Jesús
llorando a la vista de Jerusalén, porque
no ha querido acoger lo que le traía la paz. Jesús le quiso traer la paz,
la fe profunda en Dios, que es la que lleva a la paz profunda del alma…, la que
no se queda a medias y la que llega a comprometer una actitud definida ante la
vida. Pero tú no has querido. Has
pretendido quedarte en tu ser, en tu fácil fe que se conforma con “hacer”
cuatro cosas, pero que no exige una manera de vida. Chaqueteas quedándote con
lo que tienes y dejas pasar de largo la PAZ que yo te traigo (esa paz que se
consigue a través de la guerra que hay que hacerse cada uno en sí mismo).
Y el resultado es que lo que no has sido capaz de aceptar
por el camino de la paz, se te va a convertir en destrucción… Ese baluarte de
tu manera de sentir, que simboliza Jerusalén, se va a venir abajo y no va a
quedar piedra sobre piedra. No supiste hacer “la guerra” que te hubiera traído
la paz y ahora te encontrarás con otra guerra sangrienta que te va a destruir
desde los cimientos. Porque a partir de ahí, no te va a quedar ya, por siglos,
ni la fe cómoda de tus leyes, de tus esperanzas mesiánicas.
Es muy difícil expresar todo lo que significa para nosotros
este llanto de Jesús ante una plaza perdida que no acepta la paz…, y las
consecuencias que arrostra un pueblo que ha dejado a un lado su fe, sus
exigencias éticas y morales, su referencia a Dios, sus principios básicos…, y
se ha ido tras la molicie de lo fácil y de falsa libertad (que esclaviza tanto
que despersonaliza). Y así tendremos un pueblo amorfo que provoca el llanto de
Jesús, y un final de propia destrucción entre falsos algodones.
EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÌA (Continuación)
ResponderEliminarLos milagros de la multiplicación de los panes y los peces, cuando el Señor dijo la bendición, partió y distribuyò, por medio de sus discípulos para alimentar a la multitud, prefigura la superabundancia de este único pan de su Eucaristía. El signo del agua convertida en vino en Canà, anuncia ya la Hora de la glorificaci+on de Jesús.
Los tres Evangelios sinòpticos y San Pablo nos narran la institución de la Eucaristía y San Juan relata las palabras de Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm, palabras que preparan la institución de la Eucaristía :Jesús se designa a Sì mismo, como el pan de vida , bajado del Cielo.
Jesús escogiò el tiempo de la Pascua para realizar lo que había anunciado en Cafarnaúm : dar a sus discípulos su Cuerpo y su Sangre.
Al celebrar la Ùltima Cena con sus Apòstoles, en el transcurso del banquete pascual ,Jesús diò su sentido definitivo a la pascua judía. El mandamiento deL Señor, de repetir sus gestos y palabras " hasta que venga", no exige acordarse de lo que Jesús hizo.Requiere la celebración litúrgica por los Apòstoloes y sus sucesores al "memorial" de Cristo ,de su vida, de su muerte, de su resurrección y de su intercesión ante el Padre.
Así de celebración en celebración, anunciando el misterio pascual de Jesús " hasta que venga", el pueblo de Dios peregrinante "camina por la senda estrecha de la Cruz" hacia el banquete celestial, donde todos los elegidos , se sentaràn en la mesa del Reino´.
Continuarà
Jesús llora por Jerusalén. Jesús llora hoy al ver nuestro mundo, su Iglesia, el sufrimiento de quienes lo han rechazado; llora por nosotros, porque no somos capaces de descubrir a aquél que verdaderamente puede traernos la PAZ, llora porque, aún siendo sus seguidores, somos incapaces de reconocer su Presencia, de percibir sus llamadas y sentirnos acogidos. Jesus está ahi, frente a nosotros, dándonos fuerza para seguir caminando.Es necesario que estemos atentos al momento en que Dios se acerca a nosotros, porque quiere darnos algo nuevo, quiere conducirnos por caminos de Paz. No quiero hacer llorar a Cristo, perdona mis infidelidades y muéstrame tu mensaje de Paz.
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