Liturgia
Podemos escuchar hoy el mensaje, bien oyendo hablar a Malaquías (3.
13-4, 2) o bien escuchando hoy a algún orador que nos expone en la Plaza su
visión del momento actual. Y yo voy a escoger esta segunda situación. Y escucho
al conferenciante: Decís, no vale la pena
obrar bien. ¿Qué sacamos con ser gente de orden? ¿Para qué dominar nuestras
pasiones? Al contrario, nos parecen dichosos los extremistas; a los que defienden
el desorden les va bien. Tientan las bases de la convivencia y quedan impunes.
Pero este orador que está trasmitiendo una realidad,
continúa ahora y da respuesta a lo que “decís” quienes defienden el desorden,
el abuso, la vida disoluta: La gente de
bien hablaron entre sí, hallaron que la verdad es un bien propio, y que un día
se abrirá paso, y la sensatez se impondrá. Entonces veréis la diferencia entre
justos e injustos, entre los que actúan bien y los que no. Malvados y perversos
fracasarán, y no quedará de ellos rama ni raíz. Pero los que viven en orden
honrarán la verdad y les iluminará un sol de justicia que lleva el bien consigo.
Hay, pues, dos planteamientos en la vida actual, y estamos
asistiendo a esa comedia día a día. Lo más grave es que todavía están
llevándose a la gente los que proclaman y defienden lo contrario a una actitud
madura y sensata. Pero se anuncia en lontananza un tiempo en que las aguas volverán
a su cauce y ganará terreno la propuesta del bien.
Fue la experiencia de Malaquías, en torno a la acogida de
Dios o a vivir la vida al margen de sus mandamientos. Si eso lo traducimos a lo
que estamos viviendo, lo entenderemos como algo que nos toca en nuestras
propias carnes.
El evangelio (Lc 11, 5-13) nos presenta una enseñanza de
Jesús, enseñanza muy importante sobre la oración de petición. Muestra Jesús que
tenemos que ser insistentes, sin que
nunca nos desanime el hecho de no ver el fruto en las manos. La parábola que se
inventa Jesús para explicarlo es muy significativa. Un amigo recurre a su amigo
para pedirle unos panes, porque se le han presentado unos huéspedes y no tiene
cómo darles la cena. El que oye la petición ya está acostado con sus niños y se
disculpa: no puedo dártelos ya a estas horas porque estoy acostado y mis niños
duermen conmigo. El primero insiste; el segundo le dice que no lo moleste…, y
aquel no ceja en su petición. Al final, ni puede éste dormir y pueden dormir
sus niños…Más vale levantarse, darle los panes y que lo deje verdaderamente
tranquilo.
Y Jesús concluye: haced así vuestras peticiones a Dios,
hasta “importunar”. ¡Que Dios no se siente importunado! Si en lo humano acaba
dando buen resultado la insistencia, también ocurre eso ante Dios. Pedir y recibiréis, buscad y hallaréis,
llamad y se os abrirá. Es la gran lección de la fe. Nadie puede decir: “Dios
no me escucha”, pues Dios escucha siempre. Pero “se hace el dormido” (como
aquel día Jesús en medio de la tempestad). O sencillamente deja que se ejercite
la fe, que no consiste en tener a Dios como una ventanilla de oficina que le
resuelva a cada cual sus papeles conforme va llegando. A Dios también le va eso
del “Vuelva Vd. mañana”, pero por el gozo del padre que desea ver a su hijo que
le pide.
Y a lo mejor Dios ha respondido antes de lo que uno cree.
Lo que pasa es que uno buscaba un efecto concreto (lo que él creía lo mejor
para sí), y no le ha venido la respuesta por ahí. Cuando Jesús incita a pedir,
buscar y llamar, no dice que aquello –tal cual- se va a alcanzar. Sabe Dios lo
que más conviene, y no siempre sabemos nosotros qué es lo mejor. Pero “Dios dará cosas buenas” (escuchábamos
hace unos días en el texto de San Mateo), y “Dios
dará Espíritu Santo a quienes le piden”, como nos dice hoy San Lucas. Dios
da. Pero da mucho más allá de lo que se pide. Y eso es lo que muchas veces
cuesta descubrir, tanto más cuanto que nuestros ojos ven con miopía y se quedan
en una “mirada de cerca”. Dios, por el contrario tiene delante un horizonte
abierto, y da Espíritu Santo para que
la visión nuestra se vaya acompasando a la mirada de Dios. El final será que
recibimos “cosas buenas”. Y la mejor de todas será esa fe renovada, esa
grandeza de alma, esa apertura del corazón, por lo que seremos nosotros los que
acabemos entrando en el plan de Dios, y no los que pretendamos que Dios sea
cómplice de nuestros proyectos o caprichos, o cortos vuelos con los que
pretenderíamos hacer las cosas a nuestra manera.
El Señor nos enseñó de muchas maneras la necesidad de la oración y la alegría con que acoge nuestras peticiones.Él mismo ruega al Padre para darnos ejemplo de lo que debíamos hacer nosotros.
ResponderEliminarQUIEN BUSCA ,HALLA .La Virgen y San José buscan a Jesús durante tres días y lo encotraron. Zaqueo busca a Jesús y el Maestro se le adelanta.Herodes,sólo lo busca por curiosidad, por capricho y así no se le encuentra y Pilato se alegra de ver a Jesús pero Él nada tiene que decir ante la frivolidad.
"Mucho vale la oración perseverante":Busca , pide ,insiste; pidiendo y buscando obtienes el don. Por tanto conviene ORAR Y NO DESFALLECER..ÉL encabeza nuestra petición y actúa de mediador anta Dios Padre.
Este pasaje del Evangelio creo que es de los que mejor nos hemos aprendido: “Pedid y se os dará”. Y ¿qué pasa? Que nos pasamos el día pidiendo cosas. Y ¿qué cosas pedimos? Que saque buenas notas en los exámenes, que encuentre trabajo, que mejore la salud de tal o cual. Son cosas buenas, pero realmente, ¿esto es ir al paso del plan de Dios? ¿Nuestra visión va al compás de la mirada de Dios? Eso sí, rezamos mil veces el Padrenuestro “hágase tu voluntad”, pero si es posible “mira a ver si se puede hacer la mía”.
ResponderEliminarSería conveniente que al final del día hiciéramos la cuenta de las cosas qué hemos pedido al Señor y de cuántas hemos dado gracias. Seguro que ganan por goleada las peticiones. Vamos intentar darle la vuelta. Demos gracias con frecuencia y que nuestra petición sea: “Hágase tu voluntad”.
No, Dios no se siente importunado; como Padre, valora y, si lo que le pedimos, ¡aunque sea un capricho! , que no nos va a hacer ningún mal, Él nos lo concede; para Él somos unas pequeñas criaturas y, si le pedimos las cosas como hijos, no nos va a responder como si no fuera nuestro ABBA- nuestro Papaíto-
ResponderEliminarDebemos aprender a orar; nuestra Oración debe ser de acción de gracias, de Bendición, de súplica porque hemos pecado mucho y siempre tenemos que reconocer nuestra fragilidad. Por lo tanto, nuestra oración tiene que ser de reconocimiento,de adoración y gratitud por todos los Dones recibidos. Dios nos conoce y conoce nuestras pobrezas y nos regala todo lo que necesitamos sin necesidad de pedírselo.Nos da lo que nos sirve para crecer, siempre nos escucha. No debemos ser impacientes ni claudicar y no demos nada por perdido, si la cosa tarda en llegar... Si perseveramos y mantenemos la esperanza, el amor y la generosidad se acaban imponiendo.