TÉMPORAS de acción de gracias
Se ha acabado un año agrícola. Las cosechas se han recogido. Junto a
las cosechas, nuestra vida: estamos aquí y es ocasión de pararnos para DAR
GRACIAS A DIOS.
Eso son LAS TÉMPORAS, o el momento de pararse y mirar hacia
Dios, de quien recibimos tantos bienes. Deut 8, 7-18, tras enumerar un serie de
favores que han venido del Cielo, detiene el discurso y advierte: No te olvides del Señor tu Dios; no seas
infiel a sus preceptos, mandatos y decretos, no sea que al hartarte de comida y
te hayas edificado casas hermosas, etc., te olvides de Dios que te sacó de
Egipto, te libró de serpientes y alacranes, te dio agua salida de la roca y te
alimentó en el desierto. Y no vayas a decir: “por mi fuerza y poder me he creado
estas cosas”.
Que mirando al hombre de hoy no sería muy ajeno toda esta
advertencia de Dios. Que el “superhombre” del siglo XXI acabe atribuyéndose sus
logros, y se olvide de mirar hacia Dios que fue quien le dio las capacidades
para llegar adonde ha llegado.
Tuyos son la grandeza
y el poder, nos invita a repetir el salmo, para que dejemos las cosas en su
sitio, y demos a Dios ser EL GRANDE Y PODEROSO, y no endiosarse el hombre hasta
creerse omnipotente.
Una 2ª lectura -2Co 5, 17-21- nos lleva hasta el gran don
de Dios que es la Redención, que supera todos los otros dones recibidos. Porque
no sólo es que Cristo nos ha reconciliado a través de su muerte sino que no nos
pide cuentas. Más aún: nos incorpora al servicio de la reconciliación: nos
llama a ser mensajeros del gran don de Dios.
Mt 7, 7-11 nos incita ahora a seguir pidiendo. Porque Dios
nos da y quiere darnos. Pero nosotros hemos de ser conscientes de nuestra
indigencia… Se abre un nuevo período para nosotros. Junto a dar gracias por los
beneficios recibidos, somos conscientes de la necesidad que tenemos siempre:
nos toca que levantar nuestro corazón a Dios y pedirle. Que Él nos dará cosas buenas. El año que se abre es
la nueva oportunidad. Sintámonos necesitados de implorar la ayuda de Dios,
porque somos consciente y gozosamente POBRES, que dependemos de Dios. Y Dios
quiere seguir dándonos, pero que no nos atribuyamos el éxito que alcanzamos,
No me resigno a dejar de comentar la que hubiera sido “lectura
continua” de este lunes de la semana 27. Porque lleva mucha riqueza en su
contenido.
Bajo la fábula de Jonás (1, 1-2. 11) nos está viniendo una
gran enseñanza: Jonás había recibido un encargo de Dios. Jonás huye de Dios y
se embarca en otra dirección. Pero Dios no pasa por esas y sucede una tempestad
que pone en riesgo la vida de muchos. Las “suertes” recaen en Jonás como
culpable y la solución es ser arrojado al mar. Aparentemente es el final de la
historia porque Jonás morirá en su desobediencia. Pero no fue así, porque un
misterioso pez grande engulle al profeta sin hacerle daño y lo alberga en su
vientre hasta vomitarlo en la playa del lugar adonde Dios le había encargado la
misión.
Preciosa fantasía para hablarnos de la obediencia a las
inspiraciones de Dios, y cómo no podemos huir de ellas. Y también LA
PROVIDENCIA de Dios que se vale de una cosa para obtener otra. Al final Jonás
tiene que hacer lo que Dios le mandó, y no le ha valido su intento de huida.
Dios tiene caminos para hacerse entender.
Otra gran lección: Lc 10, 25-37: un doctor de la Ley
quiere cerciorarse cuáles son los principio de la actuación de Jesús y le
pregunta cuál es el mandamiento principal.
Jesús le responde con otra pregunta: ¿Qué
es lo que lees? Y el escriba recita lo que sabían hasta los niños: Dios en
todo y sobre todo. Y AMOR AL PRÓJIMO COMO
A UNO MISMO. La verdad es que no tenía que haber venido a preguntar, si no
es que había venido a tantear a Jesús. Tenía que justificarse y entonces
preguntó: ¿Y quién es mi prójimo?
Jesús era poco amigo de teorías y opta por sus famosos
cuentecillos. El hombre atacado y caído medio muerto. El sacerdote y el levita que
pasan pero no socorren (es que si aquel caído estaba muerto y lo tocaban, no
podían oficiar en el Templo). Y les vale más “lo espiritual” que acudir a la
urgencia. En cambio un cismático samaritano, sin prejuicios, atiende con toda
solicitud al caído y se gasta su dinero en atenderlo. Cuál crees tú que fue prójimo
del herido. Y el escriba tuvo que tragar saliva para responder: El que tuvo misericordia. Pues: anda y haz tú lo mismo. El verdadero
amor y servicio a Dios está por encima de la ley… Lo cual era muy difícil de
entender por un “doctor de la Ley”. Pero así era la verdad.
Témporas:Gracias sean dadas a Dios en todo tiempo y lugar.Nos llenas de bendiciones y bienes sin tener en cuenta nuestras debilidades y miserias.
ResponderEliminar" y algo más".De seguir la lectura continua el Evangelio de hoy es un relato bello y entrañable: la parábola del buen samaritano.
Cristo es elm Buen Samaritano;el hombre que cayó herido es figura de la humanidad; los ladrones son las pasiones,defectos y pecados que nos cubren de llagas y heridas; la posada es la IGLESIA lugar donde todos pueden refugiarse; las monedas que da el Samaritano son los sacramentos que nos limpian y nos dan fuerzas para seguir nuestro camino.
¿QUIEN ES MI PRÖJIMO?.Cristo quiere enseñarnos que nuestro prójimo es aquel que está cerca o lejos de nosotros sin distinción de raza. afinidades políticas o religiosas, edad ...que necesite nuestro socorro.
Las heridas de la humanidad son muchas:soledad, abandono,falta de cariño,injusticias; necesidades del cuerpo : hambre,casa, vestido,trabajo......Yla herida más profunda la de la IGNORANCIA. Desconocen o han olvidado a Dios y en nosotros estáq el " deber"de acercarlos a la Iglesia para que reciban los cuidados necesarios para seguir adelante en el camino que conduce al Corazón de Cristo.
Y nosotros que hemos emprendido el camino tener siempre presente,:amar, aconsejar, socorrer, sufrir, perdonar, y edificar.
Querida Ana; te felicito por tu Comentario extraordinario y catequético; ojalá que llegue a muchísima gente.
ResponderEliminarEl Señor nos cuida y nos ofrece cosas buenas, se deja encontrar y nos abre la puerta de su Corazón. Nosotros tenemos que vivir como unas criaturas, siempre pidiendo lo que necesitamos, buscando lo que anhelamos y llamando a las puertas cerradas. Tenemos que buscarlo y ponernos ante Él para que nos abrace, para contemplarlo, para estar con Él...Quizás no se nos ocurre nada, quizás estamos avergonzados y no nos atrevemos a decir nada...no importa Él ve lo que pasa en nuestro corazón y, nuestro silencio le va a conmover más que nuestras palabras. Otras veces lo querremos compartir todo con Él, las preocupaciones, las dudas...Dialogamos con Él. Y pedimos por nosotros, por nuestros amigos y familiares,por personas concretas a fin de unirnos en la oración con ellas y por ellas; sin cansarnos de pedir; sin cansarnos de hablar o de permanecer en silencio ante Él o de hablarle. La Oración siempre es efectiva.