Agradezco
cuantas oraciones habéis hecho por aquella intención que os confié el pasado
jueves. Lo ue yo he experimentado ha ido mucho más allá de lo que podía razonablemente
esperar.
Liturgia
Lo que hoy escribe Pablo podría constituir el marco en el que entender
e interpretar toda la Sagrada Escritura. En la plenitud de los tiempos, cuando
ya Cristo ha realizado la redención del mundo, el axioma que necesita prevalecer
y que inscribirse en el corazón de todo hombre y mujer, niño y anciano, blanco
y negro y amarillo, es la afirmación que Pablo hace a los fieles de Roma (8,
12-17): Habéis recibido no un espíritu de esclavitud para recaer en el temor,
sino un espíritu de hijos adoptivos que nos hace gritar: ABBA (PADRE). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un
testimonio concorde: que somos hijos de Dios.
Queda dicho. Lo que nos queda es que CREER de verdad en eso. Y “creer de verdad” no es
sólo decirlo, escribirlo y pensarlo. CREER en esa realidad es dar un vuelco en
nuestro sentir, y que salga así afuera en nuestro hablar. Porque el “pensamiento”
que ahí nos trasmite Pablo está muy fácilmente aceptado. Pero luego hay
expresiones y escrituras en las que no nos manifestamos tan convencidos de esa
realidad y nos salen los flecos de nuestras reticencias por las que ese
sentimiento hondo de hijos que no
temen nada en absoluto en la relación con tal Padre, queda algo velado por
otras rémoras del pensamiento.
No hay temor en el amor. No hay ni un resquicio de sospecha
de ese amor confiado que nos trasmite el Espíritu de Dios. Creemos a pie
juntillas que Dios no deja ya lugar a que lo miremos con recelo…, a ese “no sé con qué me voy a encontrar” que
surge en expresiones de personas espirituales. SABEMOS QUE NOS VAMOS A
ENCONTRAR CON UN DIOS PADRE DE TODO QUE LO TRASCIENDE TODO.
Esto es lo que se desprende de la acción de Jesús en la
sinagoga (Lc. 13, 10-17) en la que se le presentaba un dilema: podía pasar por
alto la realidad que tenía delante y no complicarse la existencia. Y podía
dejarse llevar por el Espíritu de Dios que impulsaba a curar a aquella mujer
que tenía allí delante, encorvada… Y que acude aquel día y se hace visible, con
sus 18 años de padecimiento. Y Jesús opta por arriesgar a favor de aquella
enferma: “Mujer, quedas libre de tu
enfermedad”. Le impuso las manos y la mujer se puso derecha. El gesto que
podría resultar más llamativo es que Jesús no se limitó a hablar. También le
impuso las manos, que era doblemente significativo, como signo de bendición y
como expresión de cercanía y trasmisión de esa fuerza interior que llevaba
Jesús dentro de Él.
Aparece en el relato la diferente acogida que tuvo aquella
decisión de Jesús: la gente del pueblo, se congratula, se alegra al ver aquellas
acciones, aquella grandeza de corazón que no se resiste ante la necesidad. Se
congratula también de ver ahora erguida como los demás a aquella vecina que tenían
conocida tantos años con aquel sufrimiento. Posiblemente no pudieron exteriorizar
demasiado su alegría porque tenían mucho miedo a los “puritanos” que pretendían
dar lecciones de fidelidad, aun a costa del bien de una paisana.
Es que el jefe de la sinagoga salió de inmediato al estrado
para llamar la atención a la gente. (Lo curioso es que no se enfrentó con
Jesús). A los asistentes les conmina a venir a ser curados en cualquier otro día
de la semana, pero no en sábado… Pero Jesús sale al paso y ridiculiza aquellos
tiquismiquis sobre el sábado y les pone un ejemplo que no tiene vuelta de hoja:
¿No desatáis vosotros los sábados al buey
o al asno y los lleváis a abrevar? Y a
esta hija de Abrahán, enferma 18 años, ¿no había que soltarla de sus cadenas?
Aquello no tenía vuelta de hoja. Por eso los fariseos y
puritanos quedaron abochornados porque en realidad hacían al revés de los que
pensaban, y sólo un sentido de “esclavitud” a la ley les hacía caer en lo
ridículo.
Los CREYENTES en la fe que nos ha trasmitido Jesús sentimos
superado esa esclavitud. Y aunque la finura del amor nos pone en el deseo de
ser detallosos en nuestra relación con Dios, nos desenvolvemos con una libertad
de espíritu que corresponde a haber recibido
un Espíritu de amor, y no de temor…; un Espíritu que nos hace gritar: PADRE,
en esa relación personal en la que nos encontramos con Dios y con las formas
concretas de respuesta que corresponden a tal amor.
¿ HAY SALVACIÒN FUERA DE IGLESIA CATÒLICA ?
ResponderEliminarEl dicho "fuera de la Iglesia Catòlica no hay salvación",no se refiere a los que sin culpa suya no conocen a Cristo ni a su Iglesia.
Naturalmente, no creemos que todos los no católicos, se condenen; de igual manera que no creemos que llamarse católico sea suficiente para entrar en el Cielo.El dicho "fuera de la Iglesia Catòlica no hay salvación", significa que no hay salvación, para los que se hallan fuera de la Iglesia por su culpa. Uno que siendo católico abandona la Iglesia deliberadamente, no podrá salvarse, si no retorna a ella. La gracia de la fe no se pierde a no ser por culpa propia.
un no católico que sabiendo que la Iglesia Catòlica es la verdadera y se queda fuera por su culpa , no podrá salvarse. Un no católico cuya ignorancia de la fe católica es voluntaria con ceguera deliberada,no podrá salvarse.
No obstante aquellos que se encuentran fuera de la Iglesia, sin responsabilidad suya y que hacen lo que pueden, según su entender, haciendo buen uso de las gracias que Dios le da, ciertamente en vista de su buena voluntad, esos pueden salvarse.
Dios no pide a nadie lo imposible; recompensarà a cada uno según lo que haya hecho con lo que se le ha dado.
"Nuestro Dios es un Dios que salva"
ResponderEliminarEl Señor salva siempre, se interesa por todos , se acerca a todos, mira con amor infinito y todopoderoso a todos, se conmueve cuando alguno de sus hijos tiene su corazón dolorido; a todos nos endereza, nos anima y nos devuelve nuestra identidad, la dignidad,, y nos encierra entre sus brazos para devolvernos la salud, la libertad y la paz. Él quiere el bien de las personas, quiere que seamos solidarias con los sufrimientos de los hermanos, que hagamos siempre el bien como expresión del amor, que situemos en el camino correcto a tantos hermanos que han perdido el norte y andan desorientados y colmados de angustia; que podamos ayudar a Cristo en su tarea salvadora para que podamos ser glorificados con Él.
Por si ayuda, aporto lo que dice el CATECISMO de la Iglesia
ResponderEliminar¿Qué significa la afirmación: “Fuera de la Iglesia no hay salvación”? La afirmación Fuera de la iglesia no hay salvación” significa que toda salvación viene de Cristo-cabeza por medio de la Iglesia, que es su cuerpo. Por lo tanto no pueden salvarse quienes, conociendo la Iglesia como fundada por Cristo y necesaria para la salvación, no entran y no perseveran en Ella. Al mismo tiempo, gracias a Cristo y a su Iglesia, pueden alcanzar la salvación eterna todos aquellos que, sin culpa alguna, ignoran el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan sinceramente a Dios, y bajo el influjo de la gracia, se esfuerzan en cumplir su voluntad, conocida mediante el dictamen de la conciencia.
(Compendio del Catecismo de la Iglesia católica)