Liturgia
Jonás conocía a Dios y sabía que es misericordioso. Por eso cuando Dios
lo envía a Nínive para anunciar su desastre, Jonás no quiere ir porque teme
quedar en ridículo cuando luego acabe ganando la misericordia de Dios. Y
pretende huir de Dios embarcándose en dirección contraria. No pasa Dios por
esas y sucede la tormenta, el peligro inminente de naufragio, con Jonás lanzado
al mar por la borda, y la aparición de aquel misterioso pez que traga a Jonás y
viene a vomitarlo sano y salvo en las playas de Nínive. Y Jonás vuelve a ser
enviado por Dios a aquella gran ciudad. Es la lectura de hoy: 3, 1-10. Jonás se
pasa un día entero anunciando la destrucción de la gran ciudad dentro de
cuarenta días. Y el pueblo, con su rey a la cabeza, comienza una penitencia y
ayuno total (incluidos los animales), con la esperanza de que Dios se
arrepienta de la amenaza. Y en efecto Dios ve las buenas disposiciones de
aquella ciudad y “se arrepiente” (no ejecuta la “amenaza”, que en realidad no
era la intención de Dios sino que el
pecador se arrepienta, cambie de conducta y viva).
He ahí la gran lección de la Palabra de Dios, trasmitida a
través de la fantasía de toda esa descripción, llena de detalles. Y muy
pedagógica para enseñar que la penitencia y el ayuno son expresiones exteriores
de un cambio interior, a la vez que una manera de potenciar la petición. Porque
“penitencia” incluye formas externas (vestir de sayal, no comer ni beber) pero
sobre todo mira a las actitudes internas, por las cuales el corazón de la
persona se abre a Dios, a su voluntad, y abandona las malas formas anteriores.
Un relato hecho por humanos no puede expresarse más que en
lenguaje humano. De una parte es el mandato de Dios a Jonás: anunciar la
destrucción a causa de los pecados. Algo que nosotros estamos expresando
actualmente con una sensación profunda de que los derroteros de este mundo
actual nos conducen al desastre, y que “esto no puede quedar así”. De otra
parte es el “arrepentimiento de Dios”, que es la voluntad salvadora de Dios,
que está precisamente abierta al perdón y la misericordia. Y ahí donde lo
humano camina al precipicio, Dios sigue dando sus gracias y avisos para que
haya un cambio y el mundo entre en razones. Y sucederá lo que Dios realmente
quiere: el cambio hacia lo bueno.
El Evangelio nos trae ese relato cordial y familiar de
Marta, María y Jesús. (Lc 10, 38-42). Marta es el ama de casa, la hermana
mayor. Es una mujer activa, inquieta, que tiene que expresarse haciendo, trabajando hasta cansarse. Su
hermana María aparece como más pasiva o menos activa. Su manera de expresarse
es más de escucha que de estar haciendo. Cuando Marta recibe a Jesús, quiere
agasajarlo y su actividad se hace febril preparando cosas. [Un autor interpreta
que se puso a hacer muchos platos de comida como modo de invitar a su amigo y
huésped]. Y ella va y viene y hace y deshace: se multiplicaba para dar abasto con el servicio. Mientras tanto,
María se ha situado donde Jesús esta con sus apóstoles. Y María se dedica a
escuchar las enseñanzas de Jesús, y con eso se siente feliz.
Marta llega a plantarse y a quejarse a Jesús y a querer que
Jesús tome partido a favor de ella: Señor,
¿no te importa que mi hermana me deje sola con el servicio? DILE que me eche
una mano. [A mí se me antoja siempre ese intento de manipulación con la que
alguien pretende poner al sacerdote de su parte, y pretende que tome partido “contra”
la otra parte].
La doble llamada de Jesús: Marta, Marta, es muy significativa, porque suena a toque de
atención…, a amorosa corrección: andas
inquieta con muchas coas, CON UNA BASTA. [En la interpretación del autor citado,
sería: “basta con un plato”]. Y mirando a María, dice: maría ha elegido una cosa buena y yo no se la voy a quitar.
¿No era bueno lo que hacía Marta en su deseo de agasajar a
Jesús? Era buena la intención; se pasaba en la manera. ¿Era peor lo que hacía
Marta que lo que hacía María? Jesús dice que lo que hace María es bueno. Y entre
el activismo y la escucha de la Palabra, es mejor la escucha. Entonces: ¿no
comen?
La aplicación concreta y práctica es la reflexión que nos
suscita ante esas afirmaciones de muchos y muchas para decir que “no tienen
tiempo para dedicar un rato a Dios”
(Oración, Eucaristía…) Hay una borrachera de HACER… Y una carencia grave de ORAR.
La “mejor parte” no va a ser ni la “mística” de pasarse el tiempo orando, ni el
utilitarismo de estar sin parar haciendo. La
mejor parte es el equilibrio. Y con poco de sinceridad que se eche, siempre
quedará un tiempo para ESCUCHAR LA PALABRA DE DIOS. Hay que valorar eso y
entonces se sacará tiempo.
Marta se muestra manipuladora, tal vez, en su afán de servir bien al Maestro ha hecho un trabajo excesivo y se siente al límite de sus fuerzas; se muestra acogedora, hospitalaria con Jesús, le obsequia con generosidad; pero quiere que su labor sea reconocida; ella no sabe relacionar el servicio con la escucha de la Palabra y tiene una cierta dificultad para aceptar el ser servida por Cristo.María es más espontánea y lo escucha. Como todo discípulo fiel de Cristo, María sabe que contemplación y acción son dos actitudes perfectamente compatibles y complementarias. Hay que hacer el trabajo, pero controlando nuestras impaciencias para que éstas no nos alejen de lo qque es más importante: vivir abiertos a la Palabra de Dios , que tiene que ocupar un lugar preferente en nuestra vida, acogerlo "en nuestra casa", sobre todo en nuestro corazón, quedarnos con Él, escucharle y servirle, así como también volcarmos acogiendo a los demás y compartiendo con ellos nuetra Fe y nuestra vida.
ResponderEliminarBETANIA._A los cristianos conocedores de la vida Jesús por el EVANGELIO, Betania nos da cierta paz y alegría. Nos invita a estar con Jesús.
ResponderEliminarJesús se encuentra a gusto en aquella casa de sus amigos Lázaro, Marta y María por los que sentía especial predilección. Allí quiere descansar después de una jornada de trabajo por caminos duros y polvorientos.
Quiero recordar que a Marta siempre se la presenta como imagen de la vida activa.A María como figura de la vida contemplativa.
Pero nosotros , los cristianos, que hemos de santificarnos en medio del trabajo y tareas que la vida nos acarrea, no podemos encontrar dos modos de vida contrapuestos.
La respuesta de Jesús ante la petición de ayuda de Marta :"SOLO UNA COSA ES NECESARIA " debe ser el objetivo de nuestra vida. Cuando veamos que los múltiples quehaceres,pueden restar tiempo a nuestros ratos de oración con Jesús, hemos de oir en la intimidad de nuestra alma las mismas palabras que le dirige a Marta:"sólo un cosa es necesaria".
La búsqueda de la santidad es lo primero que se debe intentar en esta vida y recordar también estas palabras de Cristo :BUSCAD,PUES,EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA Y TODO LO DEMÁS SE OS DARÁ POR AÑADIDURA ".
El Evangelio de hoy plantea un tema muy comentado. ¿Contemplación o acción? Es verdad que se suele plantear como dos formas de vida, pero en realidad la escucha de la Palabra y la misión no se contraponen. Es más, en realidad se complementan. Sin la actividad de Marta no habría cena, sin la actitud de María no habría adoración. Solución: Ser contemplativos en la acción.
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