miércoles, 15 de agosto de 2012

Dogma


EL DOGMA DE LA ASUNCIÓN
                María, la Madre de Jesús, fue llevada en cuerpo y alma al Cielo.
                “Fue llevada” (asumpta) por el poder de Dios.  Distinta de la ascensión de Jesús, que sube al Cielo por su propio poder. También en cuerpo y alma.  Y está sentado a la derecha del  Padre.  [La “derecha” o “mano derecha” se considera como preferente, (se dice  ”ser ojo derecho” la persona especialmente querida)].
                Nosotros subiremos por el mismo poder de Dios y de Cristo que elevó a María hasta la derecha del trono de Jesús.
                La declaración dogmática expresa el privilegio de María de no haber permanecido su cuerpo en esta tierra cuando llegó el designio de Dios de sacarla de este mundo.
                Ya estáis notando que he evitado hablar de muerte. También se evitó en las palabras definitorias del dogma.
                Quiere decir que en la declaración dogmática ni se afirma ni se niega que María muriera. Diversas escuelas teológicas sostenían razonamientos teológicos a favor del sí y del no.  Y no siendo el tema central al que quería referirse la proclamación del dogma, se orilló el aspecto controvertido.
                La Bula de S.S. Pío XII dice en su parte doctrinal: “La augusta Madre de Dios, unida a Jesucristo de modo arcano desde toda la eternidad…, alcanzó finalmente como coronación de todos sus privilegios, el ser preservada inmune de la corrupción del sepulcro y, a imitación de su Hijo, vencida la muerte, ser llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial…”
                La Iglesia Oriental prefiere llamar a esta fiesta: “la dormición de María”, y en otros lugares: la traslación.  San Germán de Constantinopla (uno de los Santos Padres primeros de la Iglesia) se expresa así [estamos hablando de primeros siglos, y por tanto no hay “un dogma”, aunque sí una convicción]: “Tú cuerpo virginal es todo él santo…, todo él morada de Dios, todo lo cual hace que esté exento de disolverse y convertirse en polvo, que –sin perder su condición humana- sea transformado en cuerpo celestial e incorruptible, lleno de vida y sobremanera glorioso, incólume y partícipe de la vida perfecta”.

                Varios datos salen de ahí:  El cuerpo de María no se disuelve ni se convierte en polvo. Que muriera o “durmiera”, el hecho es que no sufre corrupción (preservada inmune de la corrupción del sepulcro).  Por tanto, acabado el curso de su vida en la tierra, fue llevada al Cielo.
                Otro dato: “no pierde su condición humana” pero su cuerpo es transformado en cuerpo celestial e incorruptible.  Por eso, el cuerpo que sube –como ocurre en el mismo Jesús y como ocurrirá con el nuestro- no es un cuerpo material, no es el mismísimo cuerpo humano que vive en la tierra, sino transformado, celestial e incorruptible.  Lo que corresponde con la realidad del Cielo, no como “espacio físico”.  Y que explica perfectamente que “la derecha” no es tampoco “un lugar” sino una expresión de dignidad, preferencia, sublimidad.
                Explica también aquella famosa descripción del “Cielo” que daba un catecismo antiguo: “conjunto de todos los bienes sin mezcla de mal alguno”, que en realidad define al propio Dios, y no a “un lugar”, pues en realidad el Cielo es Dios, o DIOS ES EL CIELO.
                María, pues, se nos ha adelantado en esa subida en cuerpo y alma. Y del mismo modo que Ella ha subido y está en la Presencia de Dios, en lo más “cercano” a su Hijo, también subiremos, cada uno “en su orden”, como describe San Pablo.
                Así el DOGMA de la Asunción tiene –en palabras del mismo Papa- la fuerza de hacernos a nosotros mirar hacia el Cielo…, mirada hacia las cosas de arriba, mientras vivimos una realidad que repta a ras del suelo en el mundo tan apegado a las cosas de la tierra”.

La "Virgen de Agosto"


ASUNCIÓN DE MARÍA
                Día grande en la Iglesia y día grande en muchos pueblos y ciudades, que se han situado bajo el patronazgo de esta Virgen de Agosto.  Sea cual sea el sentido que se le pueda dar en la vida social, el hecho es que emerge María como figura determinante en la razón de festejar.
                La Liturgia de hoy pone primero la imagen del Arca de la Alianza, esa forma de sentir el pueblo hebreo las presencias de Dios, a través de objetos sagrados que se guardaban en el Arca, haciendo permanentemente presente las maravillas de Dios con su Pueblo. A María se le invoca en la letanías como Arca de la Nueva Alianza porque María no sólo fue un “arca” que guardara objetos representativos de la presencia de Dios, sino porque llevó en su claustro materno a Dios mismo, a Jesús , el Hijo del Altísimo.  Y María es identificada entonces con LA MUJER prometida por Dios en los albores de la vida, como el instrumento obediente y fiel a Dios –frente a la otra mujer, Eva, que había desobedecido-.  María ahora aparece como signo en el Cielo.  Tan por encima de aquella otra mujer que ésta lleva la luna bajo los pies (Ella está por encima); las estrellas le hacen de corona y la viste el mismo sol…  Cuando el dragón, aquel que engañó a Eva, pretende su nueva jugada, de infestar a la Mujer y tragarse el Hijo que lleva en sus entrañas, Dios mimo interviene arrebatándola hasta el Cielo, dándole alas de águila para sobrevolar sobre todo lo creado…  Y así Dios lleva al Cielo a esta MUJER sin que pueda mancillarla con su baba el dragón infernal.  María, pues, es llevada al Cielo, junto al trono de Dios.
                Llegará en su momento, por su orden.  Primero será Cristo, el que aplasta la cabeza del dragón. Y en su ascensión, llevará cautivos de amor y de gloria  todos los que permanecieron fieles.  Y , por su orden, María es la que lleva la primacía.
                Ella, que es bendita entre todas las mujeres y sobre todas las criaturas, porque es la Madre de mi Señor, como la define Isabel.  Eso sí:  Para María no es un título ni grandeza que se apropie como suyo.  Ella lo refiere todo a Dios, y con su maternidad divina proclama a Dios como el digno de toda alabanza, el que hizo en en Ella, su pobre esclava, todas las maravillas.
                Cuando hoy vivimos la Eucaristía, una mirada se eleva hacia el Cielo, atraídos por el movimiento de asunción de María, y nos ha de hacer levantarnos sobre lo terreno, que siempre apega y abaja esa llamada que Dios nos hace permanentemente a subir. Porque los que hemos resucitado con Cristo, y nos sentimos hijos de María, hemos de mirar hacia las cosas de arriba, sin detenernos tanto en las cosas de abajo

martes, 14 de agosto de 2012

Maximiliano Mª. Kolbe


Jesús, por lo pequeño
                En el evangelio de hoy se percibe en Jesús una particular preferencia por lo “pequeño”.  No sólo porque toma consigo un niño, sino por lo que un niño representaba en aquella cultura, como símbolo de lo inútil (lo que no produce, no tiene “utilidad”). Pues ese ser así es precisamente el mejor capacitado para vivir el Reino, porque no tiene prejuicios, ni maldad.  Y porque es capaz de acoger con sencillez…  Quien se hace como un niño es precisamente quien puede acoger el Reino, porque en el Reino hace falta una fe muy simple y sencilla…, una bondad innata que brota sola…, una capacidad de aceptación sin meterse en otras profundidades.  El niño es así “el más importante”.
                Suelo tener “el vicio” de darle la vuelta a las palabras del Evangelio cuando hago mi oración.  Y me brota de momento qué “lugar” ocupará en el Reino quien viva al contrario del niño… Y dado que la fe es el tesoro escondido de ese Reino, y el que tiene la potencia para abrir la puerta del milagro, es la actitud del niño la que Jesús está poniéndonos delante como ejemplar.  Y despreciar al niño y la simplicidad del niño, y pretender saber o poder más que el niño, es precisamente lo que cierra puertas en la experiencia gozosa de la vivencia cristiana.
                Todavía Jesús sigue en la línea de sus preferencias por lo bueno, lo sencillo…  Y aparte de lo que es el sentido de ese pastor que se ocupa de su oveja perdida y buscada…, y encontrada, lo realmente llamativo es la alegría por el encuentro de la oveja.  Porque esa alegría es la que expresa el “sentimiento” de Dios ante esa “oveja” que permanece en el redil.  Es que Dios no puede alegrarse sino por esa realidad de plenitud de la persona, tanto más cuanto que esos son precisamente los pequeñuelos…,  ¡otra vez “los que son como niños”!
                Por su parte, la 1ª lectura nos pone ante una bella experiencia de Ezequiel…:  aquel librito que ha de comerse el profeta por orden de Dios, y con ese “alimento” irse a hablar al pueblo.  Y a Ezequiel le supo muy dulce en la boca, como panal de miel.  Ahí se ha quedado la profecía.  Me evoca el caso idéntico –hasta ahí- que narra el Apocalipsis, pero que después –al llegar al estómago- provocó un enorme ardor.  No se contraponen las dos narraciones. Quizás se complementan y casi se identifican.  Porque la Palabra de Dios es siempre dulce al paladar; es agradable, atrayente, gozosa porque esa Palabra nos pone en contacto con Dios, el mayor bien.  Pero también es cierto que a la hora de vivir fielmente esa Palabra, se levanta el ardor que quema…, que exige, que pide sacrificio…
                Hoy precisamente celebramos a San Maximiliano María Kolbe, un profundo defensor de la Inmaculada… El buen polaco padece las brutalidades de la guerra, la invasión alemana, que –al vencer a los polacos- diezma su ejército (matando uno de cada diez).  Maximiliano Kolbe se libra de ser el “número 10”, pero a su lado está el padre de familia que ha de morir…, y se echa a llorar.  Maximiliano sabe la dulce Palabra de Dios, la que sabe como la miel…, pero elige el “ardor que quema” cuando se escoge la fidelidad a Dios, y toma la decisión de cambiarse con el padre de familia.  La palabra de Dios le da la profunda dulzura de entregar su alma a Dios…, a través del amor generoso y heroico del que da la vida por el prójimo, al que realmente le da la vida.  Y con esa dulzura de hacer lo que Cristo hizo en la última Cena –dar la vida por la persona que ama- es el Maximiliano Kolbe profundamente feliz que saborea la dulzura de Dios.

lunes, 13 de agosto de 2012

Con Ezequiel


No es fácil
                Sencillamente voy a acudir a la cita, pero confesando que en esta temporada carezco de elementos necesarios para dar una explicación de aquellos textos que necesito estudiar antes de hablar, que es norma básica de toda intervención.  La realidad es que no hablo de lo que no sé, aunque haya ocasiones en que sé pero no hablo, sea porque no construiría, sea porque prefiero no dar pábulo a lo inútil.
Y es el caso que Ezequiel tiene descripciones que son muy simbólicas y que son símbolos que están indicando situaciones concretas en las que se sabe su referencia o no se sabe. De ahí que no arriesgo una explicación que no sé.  Exactamente como ocurre en el Apocalipsis, que va metiendo simbólicamente la propia historia de Roma, y si no se lleva al lado un Comentario autorizado, no dice uno lo que realmente pretendió San Juan.
            Hoy podríamos decir muy simplemente que esta 1ª lectura pone ante los ojos de la imaginación una aparición y manifestación de Dios.  Todo envuelto en tantas comparaciones y símbolos que es fácil saber de qué habla y –al mismo tiempo- perderse uno en los detalles. De hecho aquí hay más tela que cortar porque no es un mera visión del Profeta, como podría pensarse, sino una visión en el exilio de Babilonia, junto al río Quebar, adonde Nabucodonosor había instalado a los deportados de Israel.  Y Dios quiere enseñarles (aunque están siendo idolátricos, abandonada su fe) que Dios también se manifiesta en país extranjero, y se muestra con todo su esplendor.  De hecho gran parte del libro de Ezequiel es de los más desagradables a través de 24 capítulos, porque expresa con mucha crudeza los males a los que quedará sometido ese pueblo de Dios infiel y apartado de su Dios. Evidentemente atribuirá a Dios todos esos males, como “el castigo” por su pecado impenitente.  Pero no adelantemos más. Nos quedamos con la fantasía simbólica de hoy, que expresa algo sublime y fuera de todo lo normal.  Así quiere Dios hacer saber a su pueblo que Dios siempre permanece.
            No lo pone más fácil el Evangelio. Leído tal cual, es muy simple. Jesús es fiel en pagar sus tributos, máxime cuando son religiosos (y este tributo lo estableció Nehemías para las necesidades del Templo.  Siendo Jesús el Mesías, no le corresponderá pagarlo. Pero para no hacer excepción, paga el tributo. El detalle colorista del pez es ya lo de menos en el conjunto de la narración.
Lo que sí es básico es que Jesús ha mostrado su realidad mesiánica con el nuevo anuncio que hace a sus apóstoles. Como siempre  acaba anunciando su resurrección, pero de ella nunca se hacían eco los apóstoles.  Lo que sí nos dice el Evangelio es que se pusieron muy tristes.  Desde luego no fueron ellos ni los que “inventaron” la resurrección, ni los que vivían el verdadero sentido mesiánico de Jesús.  Por eso el detalle de la moneda resalta algo que se sale de lo normal, a ver si así fueran capaces los discípulos de aceptar ya esa realidad de su Maestro.
Lo que me sale espontáneamente de ambas lecturas es descubrir la Presencia de Dios en lo más abstruso y recóndito de cada rincón bíblico. Que “leo” la Palabra de Dios y  que siempre está Dios detrás, pero no como quien dicta –porque eso es absurdo- sino como el Dios providente que comunica.  Que leo la Palabra de Dios sin que me estorben (ni divinice) los instrumentos humanos, su estilo, su idiosincrasia, su forma absolutamente diferente de expresar, a lo que haríamos nosotros. Que sólo desde el profundísimo estudio de los investigadores de siglos podemos acercarnos a esa particularidad de su narración, y que somos niños de teta en poder comprender lo que se escribió hace miles de años, en una cultura muy primitiva, rodeada de influencias de pueblos mucho más desarrollados, con figuras literarias muy particulares, y con un modo muy global de recuerdos, al cabo -tantas veces- de un siglo de lo sucedido, pero con una memoria privilegiada, aunque no esa memoria “occidental” que se detiene en el detalle histórico.  Todo eso, y mucho más, está encerrado en esos Sagrados Libros de la Biblia, y que acercarnos a ellos aplicando nuestros modos y estilos, siempre los dejamos cortos. Y los dejamos más cortos todavía cuando no sabemos entender que la HISTORIA DE LA SALVACIÓN es la que Dios realizó, saliendo muy por encima de nuestras concepciones y puntualizaciones.  Leer el hilo conductor es realmente la verdadera lectura. Pararse en que el perro de Tobías movía el rabo, y si ese detalle –que está allí descrito- es “palabra de Dios”, aleja mucho de ayudar a hacer conocer la profunda intencionalidad del Espíritu Santo al depositar en nuestras manos este conjunto de libros que se llama BIBLIA.

domingo, 12 de agosto de 2012

Al completo: domingo 19 B, T.O.


Picar la antífona:  En el antiguo rezo oficial de la Iglesia (=Oficio divino o Breviario), no se rezaba completa la antífona antes de cada Salmo. Pongo un ejemplo simbólico. Se decía simplemente: “Dios dijo”. Y se comenzaba inmediatamente después el Salmo.  Al acabar, se decía ya la antífona completa.  A eso se llamaba: Picar la antífona.  De eso me ha valido para dar las claves de este domingo, y ahora “diré la antífona completa”.

La 1ª lectura nos pone a Elías huyendo por orden de Dios, porque le persiguen a muerte. Elías camina hasta caer exhausto bajo una retama, y allí, desfallecido y angustiado por su situación, se desea la muerte…, y se queda dormido.  Dios acude a él con un alimento providencial, lo despierta y le dice: Toma y come.  Allí tenía pan y agua.  Y pretendía quedarse allí tumbado, pero “el ángel” le dice: “Levántate, come, que el camino es largo”.  Y anduvo, dice el texto “cuarenta días con sus cuarenta noches” (podría decirse: toda una vida) con la fuerza de aquel alimento.  Como puede vislumbrarse, se está preparando el terreno para el Evangelio.
En el Evangelio Jesús se encuentra con la crítica de los judíos por haber dicho Jesús que Él era “el Pan que ha bajado del Cielo”. Porque le sacan a colación que él es un humano como los demás, con su familia allí nacida entre ellos. Jesús les dice, lo primero de todo: “No critiquéis”.  Es como un primer efecto que debe llevar la Eucaristía, que es lo que Jesús está tratando de explicar, poco a poco, pedagógicamente. [San Juan puso la multiplicación de los panes, expresamente para desembocar en ello].  Y advierte que todo el que escucha a Dios, aprende.  En vez de criticar, escuchar a Dios. Y ahora da un paso nuevo: “Yo soy el Pan de la Vida; el que coma de este Pan, vivirá siempre”Por si le faltaba algo a los judíos aquellos para sentir cierto embarazo en aquella exposición, Jesús ha dado una vuelta de tuerca más para explicar lo que Él está explicando dosificadamente.  Ya hay un punto de mayor envergadura que el ser bajado del Cielo. Ahora es que no fue Moisés quien les dio pan de vida, porque aquellos hombres y mujeres murieron. El PAN DE LA VIDA es Jesús, y Él da vida para siempre.  ¡Y aún no ha acabado! La última frase de este evangelio es la que va a resultar explosiva. Han dejado cortado aquí…  Ya lo veremos más adelante.
Bien sabemos que la lectura en el “tiempo ordinario” [=de ornamentos verdes] no lleva conexión pretendida con el argumento principal de cada domingo.  Si embargo suele ser siempre una buena manera de encontrar “aterrizaje” del mensaje litúrgico del día.  En efecto, San Pablo –escribiendo a los fieles de Éfeso- nos ayudará a concretar que todo lo que nos ha dejado esa Palabra de Dios, ha de desembocar en vida cristiana que concreta la urgencia de desterrar amargura, enfados, ira, palabras molestas y maldad.  Y a  vivir –por el contrario- la comprensión, la bondad, el perdón,  hasta llegar a ser imitadores de Dios como hijos queridos, y vivir en el amor como Cristo.. . Por eso se entenderá muy mal la Eucaristía si no conduce a esa realidad en la vida diaria…  Como manos de Cristo que acuden a la necesidad…, como pies de Cristo que caminan para hacer el bien, como Corazón de Cristo abierto al perdón y al amor…, como lengua de Cristo que habla siempre para hacer el bien…, así es Jesús EN NOSOTRO Pan de vida. Nos constituye así en custodias vivientes cuando salimos de celebrar la Eucaristía. La Palabra se ha hecho Sacramento y el Sacramento actúa. Mal comulgamos si esa comunión no tiene proyección cuando salimos de haber vivido la Eucaristía.  Si el final de “la Misa” se queda en el pobre “podéis ir…” y no salta automáticamente a un encargo/mandato expreso de salir ahora al mundo real nuestro como un evangelio vivo que se va expandiendo como aceite derramado en y desde nuestros corazones.  [Por qué no lo ensayamos siquiera en nuestras palabras, conversaciones, y diversas expresiones de este día].

Bosquejo


Picar la antífona
El horario de Misa con que me he encontrado no me deja ahora mismo más posibilidad que la de dar el esquema que luego intentaré desarrollar, en la liturgia de este domingo.
La 1ª lectura sitúa ante el alimento providencial que Dios envía a Elías en medio del desierto, cuanto desfallecía y prefería morir.
En el Evangelio Jesús va avanzando en su enseñanza y promesa. De ser Pan que viene del Cielo (del domingo pasado), hoy se declara Pan de la Vida, que da vida al mundoSan Juan  está preparando el desemboque en la Eucaristía (que luego no relatará en la santa Cena, y de la que en este presente capítulo está dando todo su contenido, poco a poco, pedagógicamente…, aunque no será bien recibido cuando declara la plenitud de misterio).
San Pablo nos hará concretar que todo ha de desembocar en vida cristiana que concreta la urgencia de desterrar amargura, enfados y maldad, y vivir comprensión, bondad, perdón-  Hasta llegar a ser imitadores de Dios. Por eso se entenderá muy mal la Eucaristía si no conduce a esa realidad en la vida diaria…  Mal comulgamos si eso no tiene la proyección cuando salimos de haber vivido la Eucaristía

sábado, 11 de agosto de 2012

Habacuc


UN BOSQUEJO
                Reconozco que Habacuc no lo pone fácil, porque no se ve la línea divisoria entre lo que son sus palabras y las que vienen de Dios.  Y no obstante creo que puede espigarse en el conjunto lo que es básico y fundamental en esta 1ª lectura.  Comienza el profeta haciendo una profesión de su fe en el Señor que desde antiguo es mi santo ios que no muere.  Y emplea una expresión definitiva, de enorme resonancia bíblica:  lama al Señor: ROCA.  Esa palabra que en su original se traduciría como “El montañoso” o “El montañudo”, es como una síntesis del propio nombre que Dios se dio cuando Moisés le preguntó cómo se llamaba.  Dios respondió: SOY EL QUE SOY…, el QUE ES y no puede dejar de ser.  El inalterable.  Lo cual ya es una clave esencial para muchas expresiones bíblicas en las que los autores sagrados no tienen más remedio que proyectar en Dios sentimientos humanos, porque de alguna manera hay que expresarse. Pero si partimos de DIOS ROCA INALTERABLE, todas esas formas de hablar que describen a un Dios airado, con cólera, amenazante y arrepentido, etc., no son sino formas humanas de expresión, en las que se trata de barruntar qué puede sentir Dios ante las infidelidades, quejas, ofensas, desprecios…  Todo será válido para expresar lo inexpresable, pero deberá siempre quedar como marco que Dios es ROCA, y la roca no se altera.  Por eso el final de esta lectura es base para nuestro entendimiento:  El justo vive de la fe. Y cuando hay fe, siquiera mínima, como el grano mínimo de la mostaza, ya está la persona siendo “justa”, y ya está abriendo el paso a la acción de Dios.  ¿Qué dice Jesús, en el evangelio de hoy, a sus apóstoles, extrañados de no haber podido curar al enfermo epiléptico?  Que fue su poca fe la que cerró el paso a esa intervención de Dios.  Nos recuerda a Jesús que no pudo hacer milagros en Nazaret, porque les faltaba fe en Él.  Y a través de los evangelios, queda patente que Jesús atribuye las curaciones o perdones a la fe de ellos, los que vinieron a suplicarle.
                Vemos al mundo de hoy a la deriva.  Vemos un vivir sin sentido, hambreando las cosas más intranscendentes para tener estímulos para vivir…, el momento presente.  En realidad un mundo que NO VIVE…, que se arrastra, que busca en las cloacas…  Y la luz para comprenderlo la ha dado Habacuc:  porque el injusto tiene el alma hinchada…, y es como un globo que –en cuanto se le pinche- se queda vacío, porque había concebido… viento.  La expresión:  el justo vive de la fe será un leiv motiv en el Nuevo Testamento.  Y es que nos ahogamos si no somos capaces de pedir y buscar esa fe, que –aunque como un grano de mostaza- ya abre brecha para que Dios actúe en nosotros, y para que nosotros actuemos en dirección a Dios.

viernes, 10 de agosto de 2012

Diácono San Lorenzo


SAN LORENZO y Jeremías
                No voy a hacer despedida por unos días, pero tampoco voy a asegurar poder estar puntual a la cita mañanera en lo que resta de mes.  Mi deseo es –siquiera- aparecer y estar con cuanto buscáis cada mañana mi reflexión en este blog.

             Hoy entra en liza San Lorenzo, diácono, uno de los santos de la primitiva Iglesia, víctima de la persecución político-pagana romana, que más atención suscita desde los primeros tiempos, al que más culto se le dio en número de Iglesias y Capillas dedicadas a él en todo el orbe.  Su HISTORIA bien podría resumirse en su realidad de diácono, institución eclesial para el servicio, y muy especialmente para el servicio de los pobres y necesitados.  Las lecturas “lo retratan” como el que sembró generosamente, y por eso cosechó con amplitud, porque Dios siempre es más generoso, y tiene poder para colmar de todo bien, y aumenta la cosecha del que supo dar con amor.  Casi que eso lleva consigo ser grano de trigo que tiene que caer en tierra y morir para poder llevar fruto.  San Lorenzo, según trasmite la tradición fue “grano de trigo asado en unas parrillas”.  Lo importante y substancial es que supo “aborrecerse a sí mismo (=amarse menos) y así dejó todo el espacio al amor a Cristo y a sus hermanos los pobres. Por eso está allí donde está Cristo. Sirvió diaconalmente, y está ahora como el servidor servido, abrazo por su propio Maestro a quien ofreció su vida.

             Jeremías tiene hoy una lectura que hay que saber leer “de abajo a arriba”.  Porque varía mucho si leemos lo bueno y acabamos “con lo malo”, o si vemos lo malo que provoca todo el egoísmo humano, la falta de respeto a la enseñanza de Dios…, el mundo de hoy que va en movimiento continuo de anulación de Dios, y se va quedando como ciudad sangrienta, mentirosa, llena de crueldades, insaciable aun de los más abyecto, perdida entre sus vicios, bajezas, libertinajes y vida de “brutos animales” (como San Ignacio define en sus Ejercicios Espirituales el estado del pecados enfangado en su pecado).  En el Nuevo Testamento tenemos claros equivalentes en los “ayes” de Jesús contra la falsía de los fariseos.  Y no es que eso lo tengamos que reducir a “los fariseos”, sino a toda actitud farisáica, que menosprecia o minusvalora la llamada de Dios al bien.
Que no ha sido ni lo que Dios hizo ni lo que Dios quiere ni puede querer.  Por eso, la respuesta de Dios, ¡muy a lo Dios!, es el comienzo de esa lectura: Mirad sobre los montes los pies del heraldo que trae la paz.  Por tanto, tú festeja este llegada, y deja sin sitio al “Sin provecho”, que ya no volverá a dominar porque el mal será aniquilado, porque el Señor restaura la gloria de Israel,
El Evangelio casi que se cruza con el de san Lorenzo, porque entra en la exigencia que lleva consigo querer seguir los pasos de ese Heraldo  que ya soma por los montes, y que es el propio Jesús, Mesías, salvador. Pero “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”, que dijo San Agustín.  Dios lo pone todo en un 99’99%.  Pero Dios no invade ese espacio de libertad de acogida que le toca a cada cual.  Cuanto parecen sufrir escándalo de que se hale de condenación eterna como si eso fuera un imposible en la misericordia de Dios, no quieren ver que la misma misericordia respeta el 0’01% que está únicamente en las manos de la persona, hombre y mujer.  Y Dios no va a forzar esa libertad, precisamente por ser misericordioso y no forzar contra su voluntad al que no quiere segur a Cristo…, el que se atonta ante una bagatela que le ofrece el mentiroso mercado de la vida, y allí se pega como una mosca ante el papel de miel que la atrapa.  Jesús pone caro que todo el mundo no vale nada en comparación con el propio Jesús, Y que irse tras la bisutería es perder el oro fino que Él ofrece… Y sería arruinar el gran tesoro de la vida.  Y el que la pierda…, ¿qué puede ya ofrecer para recuperarla?

jueves, 9 de agosto de 2012

EDITH STEIN


EDITH STEIN
Santa teresa Benedicta de la Cruz
             Patrona de Europa, y santa de resonancia especial por el exterminio nazi.
             Por otra parte Jeremías está en su apogeo y voy a entrar en la que sería la lectura continua hoy. “Mirad que llegan días –oráculo del Señor- e que haré con la casa de Israel una alianza nueva.  No como la que hice con vuestros padres…, que quebrantaron la alianza… Sino que meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo… Todos me conocerán desde el más pequeño al más grande, cuando perdone sus crímenes y no recuerde sus pecados.
             Sencillamente: ¿hay quien dé más?  ¿Cabe decirlo más bonito en el Nuevo Testamento?  Sólo la diferencia de la promesa a la realidad.  Realmente, Tu eres el Mesías, hijo de Dios, que pudo decir Simón tan derechamente. Y lo más importante: Para Simón aquello fue una revelación del Padre. Lo que no significa que Simón entendiera lo que decía, y ya se vio su reacción cuando Jesús concretó qué significaba aquello. Eso –dijo Pedro a Jesús- no puede pasarte.  No le encajaba la cruz a ese hombre que había sido instrumento de Dios para declarar a Jesús como Mesías.
             Todavía no le había llegado a Pedro esa ley escrita en el corazón, esa profundidad de la alianza nueva…, y eso que estaba metido dentro de ella.

             En Santa Teresa Benedicta –al cabo de los siglos- sí le había entrado y el heroísmo de dar la vida por sus semejantes. Por eso da gracias a su Señor y a su Rey y alaba a su Dios y Salvador por haber sido su protector y su auxilio en medio de incontables, casi inimaginables tormentos y tribulaciones.  Pero no tuvo miedo a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma.  Temió a las fuerzas del infierno –aun humano- capaces de llevarla a las cámaras de gas.  Nunca temer a Dios, que se ocupa aún de los pájaros, y no deja que caiga ni un cabello sin su licencia. ¡Bien lo sabía ella!   Así vivió y así murió, reafirmando la bondad y misericordia de su Dios.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Un día para gustar


Para saltar de gozo
             No sé si es un dicho más común, pero yo he escuchado desde niño l dicho: “se me alegran la pajarillas” para expresar un alegría que bulle desde el fondo y recorre todo el ser.  Y hoy me pasa eso a mí al leer la Lectura del Antiguo Testamento y encuentro en ella una narración que podría firmarla Jesús mismo en cualquiera de sus discursos o intervenciones.  Al fin y al cabo es el mismo Dios en uno y otro caso, aunque los escritores de cada tiempo expresasen de formas diversas. Pero es que hoy ni son diversas. El “Oráculo del Señor” que recibe Jeremías es de una belleza sublime para expresar el Corazón de Dios.  Dios hace una proclama de amor para todo el pueblo, SU PUEBLO. Un pueblo que halló gracia en el desierto”, pueblo escapado de la espada, que camina hacia su descanso.  El Señor se le apareció de lejos…, con amor interno lo amó, y prolongó así su misericordia.  Israel es llamada doncella de Israel, que se adorna con sus joyas y canta con panderos a bailar… ¡Gritad de alegría, regocijaos por el amor!  El Señor ha salvado a su pueblo.
             Toda una belleza. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.  Que si ya es bella la frase para nosotros, en Israel era toda una suprema expresión de delicadeza y amor.
             Y “topamos” con un Evangelio que leído “al pie de la letra” suena mal y sienta mal.  Y sin embargo está retomando la figura del Pastor, enviado a las ovejas descarriabas de Israel.  Esa es la misión mesiánica, la recibida por Jesús. La que Él lleva a cabo con toda fidelidad.  El día que se presenta ”una oveja que no es de ese rebaño”, Jesús puede que se deshiciera por dentro en sus sentimientos, pero lo que no se ve es llamado por Dios a “salir de sus fronteras” el Pueblo de Dios.  Digamos con expresión muy humana que “hubiera preferido que se lo tragara la tierra” en ese momento, antes que parecer abandonar a su suerte a aquella mujer pagana.  Pero Dios es ese que ha descrito Jeremías, y es el que se vale “del desierto”, de lo inexplicable, de lo aparentemente contradictorio, de lo humano, para acabar manifestando el misterio de su voluntad.  Eso que el mismo Jesús llamó signos de los tiempos”, que es el conocimiento de la voluntad de Dios que nos llega desde los más inverosímiles hechos o personas humanos.  Y aquí fue la mujer cananea la que sirvió de “signo de Dios”.  Cuando aquella mujer destrozada, que ve perder su oportunidad porque Jesús no le atiende, se planta delante de Jesús, le corta el paso, y grita desgarradamente: “Señor socórreme” (como lo expresa otro evangelista), Jesús halló que Dios hablaba por boca de la mujer pagana, y que al pan de los hijos no era sólo para aquellos hijos de Israel, sino que todos era hijos de Dios, todos eran ovejas del rebaño de Dios, y todos estaban en la mente de Dios para volcarse en el amor misericordioso hacia ellos. Parece resonarnos Jeremías y el grito de alegría, y el pueblo amplio de Dios que es salvado de la espada, y que Dios adorna con joyas al mundo entero y que no hay para él judíos y gentiles, sino una sola fe, un solo Dios y Padre…  Y Jesús siente su alma henchida de alegría y regocijada en el amor cuando acaba mirando a la mujer aquella y le dice –rendido a la voz de Dios que así se ha manifestado-: Mujer, que se haga conforme a tu fe.
             Y es que es ahí donde está el gran secreto también de nuestro mundo de hoy.  No está actuando Jesús porque “conforme a la falta de fe” y rechazo de esa fe, Cristo no puede actuar a sus anchas… Los “signos de este tiempo” van en fuerza centrífuga apartándose de esa fe que debería dejar obrar a Dios.  Y en aras de una fe –que todavía debemos conservar los que creemos (conservar y aumentar)- hemos de hacer el nido donde aun pueda este mundo de hoy anidar su propia fe.  Quizás como del mínimo tamaño del grano de mostaza, pero capaz de desarrollarse y crear espacios donde pueda prender esa fe mínima.. T desde ahí pedir humildemente  Creo, Señor, pero aumenta mi fe”.


             Hoy celebra la Iglesia a un Santo Fundador, Santo Domingo de Guzmán, de tanta gloria de Dios y de la Iglesia, a la que ha dejado germen de tantas familias religiosas que se agrupan bajo el nombre de este gran Fundador.  Un santo que dejó también tantos santos y santas de gran envergadura, que llenan días y días del santoral.  Y un arsenal de doctrina como la de un Santo Tomás de Aquino y tantos otros, que ha sido pozo donde beben y beberán todas la generaciones que vinieron detrás de su ingente Suma Teológica.

             Tengo el propósito de poner COMENTARIOS sobre puntos concretos que considero de mucho interés

martes, 7 de agosto de 2012

Cuando sube Jesús a mi barca...


Ánimo, soy yo, no temáis
             Una buena prueba de que lo antiguo va preparando momentos mejores…, que incluso hay concepciones que podemos entender mucho mejor desde de nuestra mentalidad moderna y occidental, nos la brinda ho Jeremías, al que hay quien le tiene recelo por sus exposiciones.  Hoy Jeremías nos trasmite una Palabra de Dios que podemos entender muy bien: tienes una herida incurable porque tus enemigos te han puesto así. Tu llaga es incurable por el cúmulo de tus crímenes. Hasta tus amigos te olvidaron…  Una buena descripción de adónde conduce el mal hacer de una nación, de un grupo, de una persona.  Y, no obstante, a renglón seguido, aparece la acción protectora de Dios, que no abandona aunque le abandonen: Yo cambiaré vuestra suerte; me compadeceré. De ti saldrán alabanzas y gritos de alegría.  Os multiplicaré. Saldrá de ti un príncipe.  Me acercaré…: vosotros sois mi pueblo; Yo soy vuestro Dios.  Un conjunto de afirmaciones de Dios que muy bien podrían estar dichas por el propio Jesús.
             El Evangelio bien lo manifiesta, y da pautas esenciales de vida.  San Mateo ha contado la muerte del Bautista, decapitado por Herodes. Como en muchas ocasiones Jesús no hace cara a lo imposible, y opta por pasarse a la otra orilla…, al lado opuesto.  Como quien dice: ni entablar discusión con aquel engendro de zorro que es Herodes.  El alma de Jesús va amarga por aquello que ha ocurrido con quien era “más que profeta”, hombre recio, cabal y sacrificado.  Bien pueden comprobar los apóstoles que Jesús va silencioso, entristecido.  Desembarcan en la otra ribera y algo cambia completamente la situación anímica de Jesús:  multitud de personas…, enfermos en camillas…, necesidades evidentes…  Un pueblo que también sufre las consecuencias de tanta maldad del corazón enviciado de un dirigente civil, lo que lleva a esa multitud a buscar la bondad misericordiosa del Maestro que siempre hace el bien.  Jesús mismo cambia su semblante. Si Herodes es quien es, el pueblo es el rebaño que busca pastor.  Y Jesús se va derecho a las gentes, saluda, agradece…, y pasa interesándose por aquellos enfermos, y curándolos.  No: no era sólo que tocaran su manto… Era el propio Jesús quien ponía las manos sobre sus cabezas…, quien se inclinaba para atender a los más desfavorecidos…  Acabó aquel día y Jesús mandó a sus apóstoles embarcarse solos y regresar; despidió a la gente y Él se fue a orar al Monte, donde tantas cosas tenía que hablar con Dios, y esperar esa respuesta de Dios que siempre habla, aun a través de tantos renglones torcidos de lo humano.
             Los apóstoles navegaban, y no iban de buen talante. Antes que la tempestad del Lago les estaba haciendo sufrir aquel viaje sin Jesús. Y pasó buena parte de la noche así, hasta que irrumpió ya la tempestad violenta de las aguas, el viento y las olas.  ¡Y no va Jesús con ellos!  Lo que ellos no pensaban es que Jesús no los había dejado a su suerte, y que si oraba a Dios en el monte, un ojo estaba puerto es sus apóstoles.  Y cuando fue necesario, no es que Jesús dejó de orar sino que cambió su oración en servicio…, “dejó a Dios” por más servir a Dios y llevarlo allí donde ahora hacía más falta.  ¿Andando sobre el mar?  - Pues si eso es lo necesario ahora, así lo hace.  En medio de la tormenta, de las brumas, del ruido de las olas y el viento, divisar los apóstoles la silueta blanca en medio del agua, les hundió más en su terror.  ¡No podía ser otra cosa que un fantasma!  Y gritaron despavoridos.  La voz de Jesús se elevó sobre aquellos ruidos con tres palabras clase: Ánimo – no temáis – soy Yo.  Hubiera bastado. Pero allí está Pedro para pedir lo inaudito:  Si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua. No dejaba de ser original.  No me cabe duda que a Jesús se le tuvo que venir una amplia sonrisa ante aquella chiquillada… y debió ser hasta curioso el tono con que le dijo, como lo más natural: ¡VEN!  Y no menos curioso y llamativo que Pedro, ante el estupor de sus compañeros, se echó al agua y caminó hacia Jesús, con los ojos muy abiertos y fijos en Él. De pronto bramó el viento y una ola le tambaleó. Pedro se dio entonces cuenta de que la vida es la vida y que él estaba haciendo “lo imposible”.  Se miró a sí mismo…, y lo inmediato fue empezar a hundirse, porque lo humano no da para más. Un grito gutural salió de su garganta angustiada: Señor, sálvame. Estaba ya a dos pasos de Jesús.  A Jesús le bastó alargar la mano y sostenerlo.  Y otra vez con preciosa ironía y gran lección esencial, le dijo: ¡Poca fe: ¿por qué has dudado?   [Es que no se puede perder una palabra del relato].  Le tendría que haber bastado las primeras palabras, porque “ánimo, soy Yo, no temáis”, porque son como emblema de Jesús, y distintivos evidentes:  ÁNIMO, es propio de Jesús.  Jesús jamás provoca desánimo, alteración, impaciencia, angustia, ansiedad, inquietud…  NO TEMÁIS fue el constante signo de las manifestaciones de Dios, desde el Antiguo Testamento. Pero lo definitivo bíblico es el SOY YO, porque precisamente fue la respuesta de Dios a Moisés cuando Moisés le preguntó: ¿Cuál es tu nombre? Y Dios respondió:  “YO SOY”.  Bien podría traducirse: Soy quien nunca falla, quien siempre ES, quien está siempre a vuestro lado.  Por eso, al subir Jesús a la barca, todo fue ya serenidad en aquel mar que había sido turbulento.

lunes, 6 de agosto de 2012

Transfigúranos, Señor...


SE TRANSFIGURÓ ANTE ELLOS
             Hoy es fiesta litúrgica. Hoy se deja la lectura continua por el mayor rango que tiene la fiesta.  Estamos ante un hecho importantísimo en la vida de Jesús. La transfiguración se lee en Cuaresma por la necesidad de dar a ese período un matiz de gozo, de esperanza, y no el de sola  conversión, y mucho menos el de mera penitencia del pecado personal. En ese contexto, este hecho de la vida de Jesús viene a decir: vivimos una urgencia de abnegación de sí y muerte del pecado, pero todo nos conduce a la Luz Pascual…, a la luz deslumbrante de la Resurrección.  Hemos de controlar nuestra criatura vieja pero es mirando a que la Luz de Cristo nos lleva ya la criatura nueva que se va haciendo en santidad.
             Podemos decir –salvando la misma realidad evangélica- que lo que hoy se quiere insistir es en el carácter festivo de este hecho maravilloso;  en la manifestación que Jesús hizo en vida de su misma divinidad (aunque fuera en un solo destello breve, y que siempre que miremos a Jesús, aunque sea en medio de la sangre de su Pasión, la fe nos lleva a poder descubrir la Luz diáfana y humanamente imposible, de ese Jesús de rostro y vestidos resplandecientes, como no se podría lograr bajo ningún arte humano.  Más aún: Dios mismo, el Padre del Cielo, testifica que ese Jesús es su Hijo amado, a quien hay que escuchar.
             La pedagogía litúrgica va poniendo matices importantes: ya desde el Antiguo Testamento –siempre un peldaño que conduce a la mejor comprensión y concreción del Nuevo-, nos presenta una visión de Daniel en la que el Anciano (=el más grande, el Altísimo) tiene un vestido blanco como nieve, y todo su porte y lo que le rodea es llamativo, grandioso. “Un hombre avanzó hacia Él entre las nueves del Cielo y llegó a su presencia, y se le dio poder, honor y reino”.  No se nos pase que era “un hombre”…, que puede llegar hasta el trono de  Dios, y al que se le da el poder, el honor y el Reino.  Ese es precisamente Jesús, anunciado ya desde antiguo.
             La Lectura de la carta 2ª de san Pedro, testigo ocular de aquella maravilla indescriptible, confirma que esa honra y gloria la recibió Jesús, con aquella voz llegada del Cielo en el Tabor.  Esa voz la oímos nosotros en la montaña sagrada…, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta el día que ese lucero luzca en vuestros corazones.
             San Pedro puede hablar ya ahora de este suceso indescriptible porque Jesús ya ha resucitado de entre los muertos, y fue una condición que Jesús les puso a sus tres discípulos cuando bajaban de la montaña. Y dice el Evangelio que esa condición se les quedó grabada, aunque ellos –siempre sordos a lo que Jesús quería enseñarles sobre su Pasión y su muerte-, se quedaron discutiendo lo que tal afirmación querría decir.

             La historia de siempre:  todos querríamos hacer tres tiendas cuando  lo que tenemos delante es tan bello y lindo como aquellos brillos luminosos y blanquísimos de Jesús.  Hasta ahí, todos entendemos el Evangelio.  Pero si Jesús habla de su resurrección de entre los muertos ya “no se entiende lo que quiere decir”.  Si por “los buenos” fuera, lo mejor sería no hablar ni de Pasión, ni de sufrimiento, ni de calvario.  Como aquel amigo que un día me dijo que no hablara yo en delante de “sacrificio”…  Y le respondí que entonces arrancara todas las hojas del Evangelio.  Y le añadí:  y si un día te deja tu novia, o el día que muera tu madre, o que te menosprecien en tu labor social tan meritoria que llevas..., ¿yo puedo seguir con el esparadrapo en la boda sin mentar esa palabra: sacrificio…,  pero tú me dirás lo que será para ti…, y cómo podrás reaccionar en esos supuestos. Mucho sentí más tarde, haber acertado en las tres cosas.  Lo que no tuve fue la ocasión de preguntarle si me quitaba ya el esparadrapo.
             En el  Oficio de Laudes hoy rezamos un Himno que repite varias veces: “Transfigúrame, Señor, transfigúrame” porque es mi vida HOY la que necesita transfigurarse, transformarse. Pero no sólo a mí; también a los otros –dice el himno- con cataratas en los ojos y por eso no te ven. Transfigúralos…  Para acabar en un plural: Transfigúranos, Señor, transfigúranos por el mal que nos envuelve, por la vieja figura que deja en cada uno el mal…  O el mundo se transfigura y nosotros vamos en primera fila, o este mundo se droga con querer quedarse en lo lindo” de su opio, porque “se está muy bien así”.  Pero este mundo se puede morir drogado, insensible, infantilizado en su hedonismo,si no hay una transformación que vuelva blancos los vestidos sucios y ajados con los que se ha recubierto…, cuando no son ya harapos de la vida, en la que no hay ni luz que ilumine, ni Palabra de Dios que se oiga, ni querer enterarse de que hay una muerte y que sólo después de ella –cuando se ha vivido dignamente- hay una resurrección de vida.

domingo, 5 de agosto de 2012

EL PAN DE LA VIDA


Domingo 18 B, T.O.
             La historia de toda la vida.  Dios ha hecho prodigios de misericordia con su Pueblo, sacándolo de la esclavitud de Egipto. Pero cuando el desierto  -su camino de liberación- le presenta las carencias y las dificultades, el Pueblo protesta, echa de menos sus “ventajas” de la esclavitud, y protesta contra Moisés y Aarón, los dos encargados por Dios para conducirlo hacia la tierra prometida.  Ahora protestan porque les han sacado de Egipto para morir de hambre en el desierto.  Dios, entonces,  les alimenta con una extraña escarcha de la mañana que, al evaporarse deja unas semillas que vinieron por los aires (“del cielo”) que pueden alimentarles, con un parecido al pan  Es, pues, el pan que el Señor os da de comer.
             En el Evangelio la gente busca a Jesús con curiosidad porque sólo había una barca para el regreso desde el lugar desértico en donde habían comido el pan multiplicado, y en esa barca habían regresado los apóstoles, mientras Jesús se quedó orando en el monte. De ahí la pregunta extrañada de las gentes:  Maestro, ¿cómo has venido aquí?  Y Jesús les responde que le buscan no por interés por Él sino por el pan que comieron de balde en el desierto.  Se ha establecido un paralelismo entre las dos lecturas.  Pero Jesús aprovecha para enseñarles que el “pan” necesario no es ese que ellos comieron, y ni siquiera el que comieron sus antepasados en el desierto.  Hay un pan muy superior que es ocuparse en las cosas de Dios, en los trabajos que Dios quiere.  Se sigue lógicamente, por parte de los oyentes, la pregunta: ¿y qué trabajos quiere Dios?  Poco a poco Jesús va entrando en materia: - Que tenéis que creer en Mí.  –Y por qué creer en ti?; ¿qué signos das para eso?  Realmente podría Jesús haberles remitido a ese pan del que comieron miles de personas.  Pero el estilo normal de los mismos profetas no es dar como signo algo que ya a ocurrido, sino poner como signo lo que va a ocurrir.  Y Jesús establece ahora la comparación entre aquel “pan” del desierto que vino en tiempos de Moisés, que se acabó y no sació del todo. Y el Pan que Yo daré, el de Dios, el que baja del Cielo, de mi Padre..., y da vida al mundo.  Como en otro tiempo la samaritana no se enteró de qué agua que salta hasta la vida eterna era de la que le hablaba Jesús, ahora tampoco se enteran…, pero les parece algo misteriosamente sugerente y la gente acaba pidiendo: Señor Jesús; danos ese pan..  Y aquí Jesús comienza la gran revelación de sí mismo: YO SOY EL PAN DE LA VIDA, y el que viene a mí no pasará más hambre.
             Hoy queda cortada aquí la lectura. [Es curioso cómo los otros evangelistas sinópticos describieron la multiplicación de los panes a propósito de hechos que habían sucedido, y que fue como la liturgia nos trajo hasta este lugar tranquilo de descanso” hace tres domingos].  San Juan –adonde saltó la liturgia dominical- prescinde de esa circunstancia histórica de lo sucedido y  su recurso a la multiplicación de los panes dará lugar a esto que hoy hemos leído, y que traerá cola.
             Pero si queda el relato donde hoy nos brinda este domingo, dejémoslo estar, y vayamos a buscar fondo y práctica.
             Será la 2ª lectura la que nos ayude. Dos aspectos especialmente reseñables, prácticos y complementarios.  Uno:  No podéis andar como los paganos, con criterios vacíos. Lo segundo: Lo que habéis aprendido de Cristo es lo que os toca penetrar y vivir.  Ahí es donde está la verdad.  Lo que tiene que cambiar es vuestra mentalidad.  Dos conceptos sugieren esa palabra:  en nuestro lenguaje, expresaría la necesidad urgente de examinar nuestros modos de pensar, nuestros criterios, que llevan detrás una manera de actuar. Lo que pensamos es lo que acaba llevando a una manera u otra de actuar.  En lenguaje de San Pablo, la “mentalidad” no es elemento sólo de la mente.  Abarca al ser entero.  Por tanto, el cambio de “mentalidad” está llevando a una profunda renovación de actitudes y formas. Es dejar que el Espíritu renueve por dentro, y revista de una nueva condición y modo de ser, para que la vida personal se desarrolle en justicia y santidad verdaderas.  Justicia y santidad es repetir una misma actitud de vida…  Y de vivirlo verdaderamente, justamente, santamente.
             El Evangelio de hoy dejó las palabras de Jesús en los comienzos de ese capítulo.  Un capítulo que va a ser muy denso… Un capítulo que va a expresar un momento duro para Jesús…  Pero no por eso cambia su enseñanza, ni se echa atrás.
             Cuando hoy nosotros comamos EL PAN DE LA VIDA, ya sabemos que se nos pide una mentalidad nueva y renovada;  ya sabemos que se nos anuncian trabajos mayores.
             Eso es el Evangelio que nos alimenta…, esa es la Eucaristía, que nos conduce.  Pero que esto no es –en el discurso completo de Jesús- la dulce “Comunión” de cada domingo o cada día.  Hay mucho más detrás de todo ello. 

sábado, 4 de agosto de 2012

Jeremías. El Bautista. El Pastor


Conversión/”ARREPENTIMIENTO”
             Jeremías dijo lo que tenía que decir, porque así se lo había puesto en el alma la Palabra que Dios le dirigió. Como esa Palabra no les iba al gusto, pueblo y responsables lo declararon reo de muerte. Algo así como el refrán castellano: “Muerto el perro, se acabó la rabia”.  Pero Jeremías declaró dos cosas: una, que así le había llegado a él la Palabra de Dios.  Otra, que estaba en las manos de ellos, y que podían hacer con él lo que quisieran, pero que él había dicho lo que Dios le encargó.  Y que todo tenía solución si ellos se convertían.  Y los jefes acabaron planteándose –siquiera- que  NO ERA REO DE MUERTE.  Y más aún: uno de los sacerdotes tomó a Jeremías bajo su custodia para defenderlo del pueblo, esa “mas informe” que es todo y que no es nada, y donde radican tantos peligros para la defensa del juicio y de la justicia. Y Dios se arrepiente de la amenaza.  Era lo que verdaderamente Dios quería.
             No corrió igual suerte Juan Bautista, que cayó en manos del propio rey, un Herodes sin personalidad, cambiante, oportunista, adúltero…, y para más, ebrio.  Por eso San Agustín resume maravillosamente lo que ocurrió: “El premio de una bailarina fue la cabeza de un profeta”.  Hay otra lectura mucho más profunda en lo que es el hilo conductor de la Historia de la Salvación, que es el hilo detrás del cual va haciendo su obra Dios.
             Recuerdo el día que alguien me dijo que “no podía haber dos cabezas”, manifestando una clarividencia laudable. Tampoco en este momento de la llegada del Reino –con Cristo- podía haber dos cabezas, máxime cuando eran dos concepciones de la salvación. Juan Bautista, el último profeta del Antiguo Testamento, con sus normales formas de ese período que preparaba al Nuevo. Él, el Bautista, el mayor de los nacidos de mujer, pero al mismo tiempo, menor que cualquiera de quienes ya han entrado en la dinámica del Reino.  Un himno del Oficio divino que se reza el día de san Juan Bautista, lo describe: “profeta de calamidades”. [No estoy de acuerdo con esa descripción, ni me gusta, y afirmo que Juan Bautista merece mucha más veneración;  pero simplemente relato algo que está escrito y que se reza].  Era, pues, una “cabeza” de mucha importancia, muy seguido por las gentes, valorado por el propio Herodes, y con sus propios discípulos.  Pero evidentemente en otra órbita de la de Jesús.  Y en la Historia que Dios escribe derecho aunque los humanos pongamos tantos garabatos torcidos, es un hecho que ahora sólo podía quedar una sola cabeza: entraba JESUCRISTO Y EL REINADO DE DIOS.

             Hoy estamos celebrando al “Santo Cura de Ars”, San Juan María Vianney, un hombre que casi lo dejaron pasar de lástima en el seminario, simplemente porque “era bueno”, pero torpe y sin valores especiales.  Ese “cura” torpe, sin valores, llegó a ser un venerado pastor de almas, qu pasaba horas interminables en el confesionario, porque la gente acudía a él de todas partes.  Y él mismo hacía grandes caminatas para ir de un pueblo a otro, como un pastor auténtico que ha de derramar misericordia de Dios.  Yo he tenido la suerte de convivir con un pastor de almas en una ciudad en la que mi confesionario estaba frente por frente al de él.  Si digo la verdad, era hombre con el que no se podía mantener una conversación serena en un rato de charla normal, si se trataba de temas de principios morales.  Se conocía a todos los autores más clásicos de los antiguos libros de moral, y en lo que era hablar con él, angustiaba lo puntilloso, lo estricto, lo legulista, que era.
             Sin embargo su confesionario estaba siempre lleno de penitentes. Y eso significaba algo.  Si en un restaurante de carretera ve uno muchos camiones parados, ya sabe uno que allí hay buena comida, abundante y de buen precio.  Si el confesionario de mi compañero estaba siempre lleno, ya estaba diciendo que allí había UN PASTOR. Lo contrario de un leguleyo.  Y tuve ocasión de comprobarlo el día que –autorizado por un penitente mío- me fui a este Padre y le dije: No me responda a mí como sacerdote;  imagine que le llega a Vd tal caso. ¿Cómo resolvería Vd?  Empezó por darme la teoría de los libros: profeta de la estricta escueta legalidad. Luego fue “casando” textos y expresiones de los autores.  Y acabó dándome una solución que yo jamás en mi vida hubiera sido capaz de dar.  No se había salido de “la moral”.  Fue un nuevo santo cura de Ars que miró a la persona; no a la ley, al escrito y a la norma. Y como en la parábola famosa de Jesús, el padre aquel no quiso saber más, sino gozar de la vuelta de su hijo.  Y comprendí estupendamente por qué aquel Padre tenía el confesionario lleno: PORUE ERA UN PASTOR.  Y comprendo ahora muy bien por qué San Juan María Vianney fue el confesor de miles de almas que lo buscaban. PORQUE ERA UN PASTOR. Y el Buen Pastor no es el que lleva a mal a la oveja perdida sino que, por encima de todo, la carga sobre sus hombros amorosamente porque lo que le importa es el bien de la oveja.  PORQUE JESÚS FUE BUEN PASTOR.

viernes, 3 de agosto de 2012

Las barbas del vecino...


AMENAZAS. ¿Por qué y para qué?
             El día que un buen educador o un buen padre de familia amenazan ante un desmán de la familia, no lo hace para llevar a cabo la amenaza, porque lo que pretende precisamente es que no tenga que cumplirla. Lo que busca pedagógicamente es corregir el desmán y evitar así que llegue a mayores y a graves consecuencias.  En la Sagrada Escritura aparece el “género” de la amenaza e Dios en diversas ocasiones.  Una muy sonada es la de Nínive, a quien envía a Jonás para advertir que en pocos días Nínive será arrasada.  Nínive –rey, pueblo, y todo viviente- se toman en serio la amenaza condicional…, y toman la decisión de cambiar (hacer penitencia), sacrificar sus malas costumbres pecaminosas e injustas, y esperar con humildad y fe que no se cumplan las amenazas.  Y, en efecto, “Dios se arrepintió y no realizó lo anunciado”Jeremías tiene hoy en Jerusalén la misma misión que Jonás en Nínive.  Pero, al contrario de esa otra ocasión, los sacerdotes, los dirigentes, y el mismo pueblo vuelcan contra el mensajero toda la culpa…, y ellos se quedan en donde estaban. A Jeremías se le sentencia, sin más, como reo de muerte, y ellos se quedan en lo suyo. Lo que vendrá es ya explicable.  Dios lo había querido evitar. Lo había avisado. Había enviado profetas, había advertido…
             ¿Pensamos que Dios no dice nada ante el mundo de hoy, el que estamos viviendo hoy? ¿Pensamos que Dios no nos está avisando por mil medios, que este mundo va a quedar como aquel templo de Jerusalén? ¿Pensamos que nada ocurre, o que Dios no habla, porque ya hasta un niño pequeño puede quitar de en medio a Dios?  Dios habla desde los acontecimientos, que es un medio profético de Dios.  Un mundo que se devora a sí mismo, que los pobres claman desde lo hondo de su sufrimiento y miseria…, un mundo donde la violencia, las armas, las venganzas, sustituyen al entendimiento, la escucha de los que sufren, las necesidades perentorias de miles de almas en el mundo entero…  Un mundo en el que se ha ido eliminando sistemáticamente a Dios, a Cristo, a la Iglesia Católica, a los principio morales, a la vida y a la familia, al recién concebido y al anciano, etc., etc., no lo consideramos verdadera amenaza pedagógica de Dios, como para reaccionar desde el mandamás que más mande a a la familia que menos tiene?  ¿No están ahí los gritos de los que sufren como clamor de una humanidad que se va al traste?  ¿Hay penitencia y cambio que se tome en serio que Dios avisa?  Lo peor de todo es que el mundo opta por hacer oídos sordos, emborrachado, como está, de otras drogas y perniciosos opios que le tienen adormecido.
             Jesús fue a Nazaret con toda la ilusión del mundo: Había hecho tanto bien por otros sitios…, había curado a tantos enfermos…, había anunciado el Reino de Dios en tantos ligares…  Llegó a su tierra, su patria chica, lleno de deseos de volcar allí, entre los suyos de tantos años, esa bendición de Dios que llevaba en sus manos.  Y los paisanos se tomaron a mofa a Jesús…, demasiado conocido para ellos…, compañero de juegos de niño, de paseos de adolescente, de joven trabajador que iba codo a codo en el tajo…, que bien sabían que era un pobre pueblerino, de familias conocidas y no precisamente brillantes…  ¿Y ahora iba a venir a dar lecciones y a creerse enviado de Dios?  Y aquel anuncio y aviso de salvación se quedó con las manos atadas.  Jesús, que siempre actuaba desde la fe de quienes lo recibían…, se encuentra con un pueblo que no cree en él…, que no pone su fe…, que rechaza…, se encuentra que no puede actuar, no puede curar… (Sólo alguno que otro suelto, y que sí se tomó en serio a Jesús, recibió el beneficio de alguna curación).  ¡Ya se habían juzgado los propios paisanos.  Y ya se la habían juzgado.  Ellos no quisieron aceptar a Jesús.  Y sabemos por San Lucas que Jesús nunca más volvió a su tierra, al pueblo que le vio tantísimos años…  La verdad: ese es el mayor desastre que puede recaer sobre un pueblo, una nación, un mundo…, o una persona.  Mientras Dios habla, mientras Dios grite…, estamos en camino de poder ser salvados.  El día que Dios calle, el día que Jesús dijo a aquella generación perversa: ¿para qué seguir hablándoos?, ese día el mundo ha echado ya la última papeleta de su desastre.
             ¿De verdad creen aún algunas gentes que Dios no está hablando? ¿Todavía hay sordos que y ciegos que no oyen el clamor de los pobres, o el grito apagado, dormido, desesperanzado, angustiado, de una sociedad universal?   ¿Todavía no se ha entendido que los acontecimientos hablan también de dios, y que la creación entera manifiesta las obras de sus manos?

             O somos ciegos y sordos (y un poco lelos?, si no advertimos que Dios está hablando y mucho en este mundo de hoy.

jueves, 2 de agosto de 2012

Alfarero del hombre...


UN DÍA SERENO
             Las lecturas litúrgicas empiezan hoy con una visión serena del profeta Jeremías. Dios le hace ir a un taller de alfarero, y que se fije en el trabajo del que hace las vasijas.  Cómo las modela, como las deshace cuando alguna no salió a su gusto y con el mismo barro vuelve a modelar una nueva.  Dios actúa de gran Alfarero. Le es “oficio” conocido y practicado, cuando de los limos iniciales sacó a la primera criatura humana, obra de sus dedos, modelada con el amor de un Creador que quiere su obra perfecta.  Si algún barro pudiera resistírsele –hay barros que llevan chinorros entremezclados e impiden la obra perfecta del artesano, el buen artista, o bien desecha tal vasija, o bien la vuelve a amasar, una vez limpia de ese tropiezo.  El tema que queda debajo es la libertad humana, que no es la del barro.  El hombre/mujer que se empeña en dejar en su barro esos chinos que impiden el buen hacer del alfarero, quedan fuera de su colección de vasijas útiles.  Pero bien podemos vivir en la confianza de que Dios estará repitiendo la misma vasija desde la primera a la última hora, en su deseo salvador de que aquel vaso de barro pueda pasar al grupo de los que sirven.
             La red del Evangelio de hoy ya nos habla de la vida como esa realidad en que peces buenos y malos están conviviendo en los fondos…, y entran en la red del Reino.  Pero entonces hay ya una selección por parte de los pescadores que, sentados en la playa…, podríamos decir, en el lado de acá, van separando los peces buenos y desechando los malos. Cuando son tan malos que no sólo no sirven sino que dañan a los buenos, Jesús los sitúa en ese horno purificador en el que los peces peligrosos son quemados para que no infesten y no se propague.
             La frase final es muy importante: allí será el llanto y el rechinar de dientes.  El jesuita de mi juventud, P. García Alonso, testigo de tantos hechos de la guerra entre españoles, contaba emocionado el caso de aquellos marinos –ya encarcelados- y uno de ellos sin consuelo posible. Sabiendo que venían por ellos, prepararon el automóvil para salir huyendo.  Todos estaban ya en el coche subidos, y a punto de partir.  Él se acuerda de algo importante que no ha recogido y decide subir en un momento a recogerlo.  Y cuando baja, ya está rodeado el automóvil por los perseguidores.  Nadie podía consolar a aquel hombre, que se repetía: “con el pie en el estribo, con el motor en marcha y por una tontería…”  Ese es el “rechinar de dientes”.  No hacen falta castigos del más allá, porque quien obra mal y es culpable –y tiene la hidalguía de sentirse causante de algo negativo- a ese no hay que amenazarlo con “castigos eternos”. El “horno encendido” lo tiene quemándole el alma aquí abajo, y el “rechinar de dientes”, “el gusano de la conciencia”, ya es suficiente para tener el infierno metido en su alma.
[No estoy ni negando ni eludiendo.  Estoy tratando de hacer comprensible, aquí y ahora, lo que aquí y ahora es inmediato.  Porque para quienes no crean en la vida o muerte eterna, ya debe serles una llamada profunda que aquí y ahora existe el roedor de la conciencia…, ese que vuelve traumatizados –aquí y ahora- y les hace sufrir la vida entera aquí y ahora. ¡Y pobres de los que ni eso tienen…!, o de los que no reconocen que lo tienen, y son los que pretenden eludir lo que no se podrá eludir, cuando la vasija –tan llena de elementos extraños al buen barro- no se dejan modelar por las manos del Alfarero divino].

             Hoy es la fiesta de la Virgen de los Ángeles.  Hoy celebran las Hermanas de la Cruz una fiesta muy suya, con su Fundadora, Santa ÁNGELA de la Cruz.  María Virgen, MUJER bíblica en la que Dios apoyó su plan de redención de la humanidad, por el Descendiente de Ella.  María, con su principio fundamental: Hágase en mi según tu Palabra.  Y a partir de eso, sacar todas las consecuencias   Pero para sacarlas, hubo de dejar todo lo demás a un lado: tuvo que independizarse de cualquier otro proyecto en que Ella hubiera puesto su ilusión.
             Los Santos siempre han sido personas de una IDEA FUNDAMENTAL, central, decisiva.  Lo que determina luego su vida y su obra es ir siendo consecuentes, paso a paso y día a día.  Ahora bien:  eso no se puede llevar a cabo cuando hay concepciones previas, gustos personales que tiran en alguna dirección, filias y fobias, influencias de fuera (amores y desamores), pasiones soterradas (que salen a flote más o menos visibles), etc.  Porque para ser consecuente en verdad HAY QUE INDEPENDIZARSE de todo eso. Que es, ni más ni menos, el tema reciente propuesto por Jesús:  quien quiere el tesoro escondido, necesita deshacerse todo para poder comprar aquel campo.  De todo se es independiente.  Y por eso alcanza a comprar el campo, aunque muchos –aun bienintencionados- pretendieran disuadirlo.

miércoles, 1 de agosto de 2012

SUEÑOS


POR SOÑAR, NO QUEDE
             Un día para gozar. Arranca Jeremías, en una personificación del Pueblo de Dios, lamentándose de esa idiosincrasia tan de ese pueblo que parece nacido para pleitear y guerrear. Un pueblo que se ve resecado por su mismo proceder. Ni da ni recibe de los otros pueblos porque ha acabado maldecido por todos.  Y de pronto vuelve su pensamiento a sus orígenes y se da cuenta de que su felicidad está el día que encontró la Palabra de su Dios y el pueblo devoró aquella Palabra…, advirtió que en ella había vida…, que el horizonte tenía otro color…  Que Israel recobró la risa y la alegría de su corazón, porque tu Nombre fue pronunciado sobre ese pueblo…:  ¡porque ese Pueblo volvió a pronunciar el Nombre de Dios, con amor y con el alma rendida a ese Dios Fuerte (“de los ejércitos”)y a su proyecto divino de salvación).  Ese día volvió a descubrir una vena que había perdido: que no podía sentarse y ver venir…;  que tenía que romper el modo de vivir hedonista y placentero en el que parece que todo se vive en diversión y descanso… Que había que ponerse a actuar…, y que a ello me llevaba la fuerza de tu mano…  Y ¡gran descubrimiento!: cuando advertí que el SILENCIO no era un sufrimiento, ni un abandono, ni una desgracia, sino que en el silencio descubría a Dios.  Hay silencios que son aplastantes, cuando el silencio se provoca porque ni uno sabe hablar, ni tiene con quién…, ni los otros quieren hablar conmigo.  Esos silencios son dolorosos, negativos…, destruyen.  El otro SILENCIO es el que se vive en el fondo del ser…, cuando hay tanta riqueza dentro…, cuando se ha hecho un pozo sin fondo y sereno, donde las aguas siempre permanecen sin alteraciones… Es el silencio de la vida interior, el silencio que deja el espacio a Dios, para que Él sea quien hable.  Y entonces estorban las otras palabras.  ¡Cómo seríamos de felices y equilibrados si descubriéramos el VALOR de ese SILENCIO!  Creyó Israel, de primeras, que ese sentarse solitario era que Dios estaba disgustado.  Y descubrió que fue EL DESIERTO el lugar donde más presente se le hizo Dios.  Descubre Israel que se le ha hecho crónica la herida del hablar, del hablar siempre, de no saber estar callado, de no saber disfrutar de estar callado…, y llegó a sentir que era un arroyo sin agua.  Tanto habló que se resecó…, que habló lo que no debía hablar, que se fue de la boca y eso mismo le aisló.
             Y la voz de su Dios le habló, a ver si sabía Israel, escuchar el camino de rehacer su felicidad: Si vuelves, ya me tienes presente. Si regresas a tu silencio interior, si apartas de ti tu verborrea, ¡ya me has encontrado!..., ya el arroyo se ha conectado al manantial.  Si separas la escoria del buen oro, ya tú mismo serás mi boca…, hablarás palabras sabias…, pocas y oportunas…, sin sacar la cresta para “ser YO”, sino dejando al otro ser “Tú”.  Y que en vez de que sean “ellos” quienes te ganan la partida, quienes te atraen a su terreno, quienes te apartan de tu finalidad auténtica, seas tú quien los atraigas a ellos.  Mundo del siglo XXI, como “pista de entrenamiento” para comprender la realidad…  Si tú, creyente en Jesucristo retomas tus principio, vuelves a mirar a Dios, y al Dios verdadero (hay demasiados “diosecillos” esparcidos por ahí…), si en vez de irte a lo cómodo, lo placentero, lo que no requiere compromisos, a ese “cristianismo de butaca”, eres activo en pura búsqueda de Dios…, y no seas tú el que cedes sino el atalaya que vigila y da la voz de alarma, tendrás una Presencia de Dios que será activa, eficaz, liberadora.  Si en vez de perderte en ese bosque de las políticas partidistas, en esos mundos sociales falseados por los intereses, en esos otros mundos “religiosos” ausentes de los sacramentos, en ese “dios de bolsillo” que manejas a tu conveniencia…, entras en un compromiso de tu fe, que pide y exige mucho más de lo que estás dando, HAS ENCONTRADO A DIOS, lo has vuelto a situar en su sitio.
             Imagina que caminas por un campo yermo, donde apenas nace un cardo, y en tu patear descubres que algo resuena bajo tus pies…, y escarbas un poco y descubres un tesoro copioso, ¿qué harías?  Andabas perdido en noticias, en el último tema de baja sociedad, en tu pequeño mundo, en tus preocupaciones…  Y de pronto, ante tus ojos se presenta un tesoro incalculable… ¿Qué harías?  Jesús, buen tasador, dice que el hombre inteligente cubriría de nuevo ese tesoro, se iría a su casa, vendería todo lo que poseía hasta ahora, que era mera bagatela al lado de lo que le esperaba…  Y se va al dueño del erial y le regatea hasta conseguir que le venga aquel terreno.  Ahora está de pronto sin nada, “lo ha perdido todo”, no tiene ni lo suyo, ni el campo aquel… Pero cuando llega de nuevo al tesoro y empieza a sacar las nuevas joyas de una vida cristiana, de un Dios en el centro de todo, de una sociedad que se rehace: en las familias, en el sentido de la vida, en la honradez de los dirigentes de todo tipo, en una sociedad sin pobres obligados, sin personas reducidas al vicio como negocio; una sociedad sin explotación del pobre… Cada persona, leal, justa, abierta al otro para bien del otro, unos hijos y unos padres “en su sitio”, en sus valores esenciales recuperados…, ¡cómo agradece haber perdido todo para ganarlo TODO… ¡  ¡Cómo comprende ahora que no vale para nada el engallamiento, el protagonismo, el querer estar sobre…, el parecer que “ha ganado el mundo”, pero que arruinó su vida, su participación en la vida común donde todos están para todos!...

martes, 31 de julio de 2012

San Ignacio de Loyola


MARTES DE SEMANA 17
             En las Iglesias jesuíticas, hoy celebraremos como solemnidad litúrgica a San Ignacio de Loyola, Fundador de la Compañía de Jesús. Pero el blog va más allá de esas fronteras y seguirá, como –en toda la Iglesia- la LECTURA CONTINUA.  En ella, pues, me detengo.
             Los estereotipos nos llevan siempre a  esa lectura “molesta” de los profetas, o narraciones de una historia desde la visión de los hechos humanos, que –por otra parte- no sabían narrar sino desde los sentimientos de un pueblo agresivo (y los hagiógrafos (historiadores de la Sagrada escritura) que al mismo tiempo no podía explicar esa historia si no era poniendo a Dios en la cúspide de todo, y por tanto –en la narración- como autor necesario tanto del bien como del mal.  Habría que remitirse a los estudios de los especialistas, o de la Historia de las Religiones, cosa de la que libero a mis lectores y me libero yo.  Y yo, como hombre de fe, como creyente en Dios. Como sabedor de que Dios no puede hacer el mal porque eso va contra su propia esencia (“conjunto de todos los bienes s, sin mezcla de mal alguno”), leo la Biblia desde esa clave y no desde la clave judía ni primitiva de hace tantos siglos.
             Leo, pues, a Jeremías como el narrador del HOY presente…, como si Jeremías fuera el cronista de nuestros tiempos, que estuviera narrando la realidad de los periódicos de este 31 de julio.  ¿Y qué es lo narraría?  - La terrible desgracia de la doncella de Israel –del mundo de hoy, mundo amado de Dios- que sufre fuertes dolores, y que se traduce –en la realidad- en que salgo al campo y veo muertos a espada (o a bombas, o a esclavos de los poderosos) y entro en la ciudad y veo desfallecidos de hambre, y profetas y no profetas vagando por el país sin saber adónde ir.  Y veré al vulgo ignorante que se vuelve a pedirle cuentas a Dios, a echarle las culpas de los males, mientras el propio vulgo es el que produce tanta desgracia porque “el hombre se ha vuelto un lobo para el otro hombre”.  ¿Es de eso de lo que culpamos a Dios?   En el lenguaje de Jeremías no culpa a Dios, sino que no tiene otra manera de explicarse que pensando que si algo ocurre, es Dios quien lo hace.  Nosotros, con una cultura muy diferente, sabemos que el enemigo malo lo ha hecho, sobresembrando cizaña sobre la buena semilla que habían dado EL DUEÑO.  Que el Dueño jamás daría una semilla contaminada, porque NO LA TIENE NI LA PUEDE TENER. Y porque aquí abajo se manipulan las semillas y las contaminan y les quitan su naturaleza fértil y las convierten en híbridas.
             Jeremías da el paso muy acertadamente: Nosotros hemos pecado. Nosotros hemos “creado el mal”.  Nosotros nos hemos apartado de la fuente. ¿Cómo vamos ahora a echarle la culpa a que no llegue el agua que fecunda y da frutos?   Y con humilde y amorosa petición dice a Dios:  No nos rechaces…, ¡por tu Nombre Santo! (¡porque Tú eres Dios y no hombre, y porque estás muy por encima de tanta bajeza humana.  Porque Tu eres Dios y no puedes dejar de serlo, y porque Tú, al ser Dios, TODO LO CONDUCES AL BIEN, todo lo haces bueno, y de tus manos nada malo puede brotar.
             Nuestro mundo ¿qué está haciendo?  ¿Tiene Dios la culpa de que se abra el agujero de la capa de ozono, de que las naciones trafiquen con armamentos, de que se mate a los ya concebidos, de que el egoísmo de unos aplasta a los otros?  Necio sería quien echara la culpa a Dios.
             Que si uno se mira a sí mismo: ¿es que tiene Dios la culpa de que yo sea un fanfarrón, un criminal, un explotador, un vicioso?  ¿Dios es quien provoca en mí los celos y recelos, los rechazos y los malos afectos, la envidia y el rencor, la distancia con el prójimo al que ya –en mi corazón- tengo alejado por mis personales pasiones humanas?  ¿Fue Dios quien sobresembró cizaña y ocultamente?  Las respuestas –y ampliación de preguntas- es ya muy personal.  Brindo una nueva lectura de Jeremías y una purificación de nuestros sentimientos primarios, porque en cuanto dejemos razonar a nuestra inteligencia, ayudada por la fe, habremos entrado mucho más directamente en lo que es HISTORIA DE SALVACIÓN, que ocupa toda la Biblia…, y esa oscura historia humana que también refleja la Biblia…, y las emerotecas de todo el mundo.

lunes, 30 de julio de 2012

Cinturón, mostaza y levadura


PARÁBOLAS A GOGÓ
Empecemos a leer la 1ª lectura por el final.  El proyecto eterno de Dios, y su posterior historia concreta con la humanidad, en el más concreto aún Pueblo de Israel, Pueblo de Dios, es el proyecto de un Dios ceñido a la vida de cada criatura como un cinturón nuevo se ciñe a los lomos de quien lo lleva.  Y Dios no había pensado en otra cosa.  Pero le revela a Jeremías la realidad de la vida: la humanidad, concretada ahora a su pueblo ha tomado ese cinturón, lo ha maltratado y llevado a humedales que no eran su finalidad ni su destino, y ha inutilizado el cinturón.  Cuando Jeremías quiere ponerse –por encargo de Dios- el cinturón que se podrido, ese cinturón está inútil. Pero Dios lo había soñado para que fuera “su fama, su alabanza, su adorno”.
Voy a traspasar siglos para poder entender ese mismo “sueño de Dios” en concepción más afín a nuestro tiempo.  Cuando San Ignacio pone en el frontispicio del libro de sus Ejercicios lo que él llama: Principio y fundamento, escribe este comienzo: “El hombre ES (permanentemente) creado (y sostenido en la vida) pala alabar, hacer reverencia y servir a Dios, y de esta manera dar al hombre la mayor dignidad que puede tener, y que se concreta en salvar su alma (vivir la plenitud inmensa de criatura, que vive el don de su plena libertad de corazón). [Permitidme esas clarificaciones del sentido auténtico del texto].  Por tanto ese sueño de Dio, expresado a Jeremías, no es el de un Dios egoísta que busca su alabanza y provecho, sino e de un Dios que –al crear y sostener a cada persona humana en la existencia-, no es n Dios egoísta que busca su provecho, sino un Dios de amplio Corazón que al querer ser “cinturón ceñido a la criatura”, lo que está buscando y pretendiendo es la dignificación de la propia humanidad que, en tanto es más humana cuanto que se ciña más al proyecto creador de Dios.
Y sigo mirando lo real humano…  Ahora lo hago abriendo los ojos al mundo que vivo. ¿Qué hacemos con el “cinturón de Dios”?  Lo hemos utilizado así, nuevo, en la finalidad propia de ese cinturón?  ¿Lo hemos separad de nuestros lomos para meterlo en la cloaca de la vida, al margen de Dios?  ¿Nos sirve ahora para ser felices “ese cinturón” maltratado?  Con abrir los ojos lo estamos viendo.  DIOS FUE UN GAN PEDAGOGO al plantear esa extraña “parábola real” del cinturón, que expresaba –sobre todo, y ya desde aquellos tiempos- al Dios que todo lo hace con amor y para bien de la humanidad que Él creó y sigue creando con el amor de quien permanece siempre buscando la plenitud de este Hombre/mujer que Él ha soñado.
Pasamos al Evangelio y siguen las parábolas de Jesús para expresar lo que es el Reinado de Dios… (el sueño eterno de Dios).  Si en la parábola e la cizaña advertía de LO QUE RESTA y no construye…, de lo que es la acción el “enemigo malo” que entorpece la siembra buena, hoy expone en positivo la realidad de ese Reino:  empieza con la humildad y pequeñez de la semilla de la mostaza, pero –una vez sembrada- llega a constituir un arbusto capaz de cobijar aves de todo plumaje.  Todas juntas, todas formando una “colonia” variada pero todas bajo el mismo arbusto.
Pero hay más:  no es sólo n arbusto que cobija pasivamente…; el Reino es LEVADURA.  También empieza en lo pequeño…: un pequeño puñado de levadura que se mete en la masa, y la masa empieza a esponjarse… No es sólo que “esa”  masa se esponja, son que –a su vez- la nueva masa se hace nueva levadura para seguir ampliando los efectos creativos y constructivos. Como aquellos primeros cristianos que se conocían desde fuera y contagiaban a los paganos, admirado de ver cómo se amaban.  Y los cristianos eran perseguidos y ellos, en su huida y sufrimiento, seguían siendo levadura contagiosa de ilusión y amor.  <eso era su sello distintivo. Ese era su auténtico Padre nuestro.

Cuando hoy miro nuestro blog, credo con tanta ilusión y con tanto deseo de crear y ayudar a crecer, y veo cómo es seguido a diario por cientos de personas, que cada día “se desayunan” gozosamente del aporte de levadura que pude ofrecerle, cobijando a más y más bajo “sus ramas”, tengo que tener un agradecido reconocimiento a sus orígenes y finalidad, a la razón para que fue creado, a la lucha mantenida siempre por mejorarlo y mantenerlo en su pureza original, con eso que he insistid siempre de un Blog para CREAR, CRECER, AYUDAR, CONSTRUIR, REMAR HACIA ADELANTE, y SE TESTIGOS ABIERTOS de este Reino único de Jesucristo.  Por eso, las tres parábolas de hoy me son un estímulo para seguir adelante, y que el sueño de Dios de que todo cuanto hagamos redunde en su gloria y alabanza, nos haga a nosotros mismos MÁS PERSONA, MÁS CONSTRUCTORES DEL REINO.  O de menos es el “yo” y el “tú”.  Lo importante es el “nosotros” de esta familia del blog…, y el TÚ INFINITO DE DIOS Y SU REINO…, el cinturón que ciña nuestros lomos par alabanza, amor y servicio de nuestro Dios.

domingo, 29 de julio de 2012

La grandeza de alma


DAR Y SOBRAR
Desde que lee uno la lectura ya vislumbra pr dónde va a ir el tema de este domingo.  Lo que narra de Eliseo es como un anticipo en miniatura de la multiplicación de los panes por Jesucristo,.  El contexto de ese relato de Eliseo es una gran hambre en la región de Gálgala. Ante Eliseo se plantan los hijos de los profetas, unos 100 hombres, que tienen hambre, pero Eliseo no tiene para darles de comer.  En eso se presenta un forastero que trae en su alforja 20 panes de cebada.  Y Eliseo dice a su criado que los reparta entre aquellos cien. Objeta con razón el criado que con eso no hay para dar de comer a cien personas, y Eliseo le insiste en que lo haga, afirmando que habrá para todos.
Damos el salto del tiempo y tenemos a Jesús en el descampado, a donde había ofrecido a su apóstoles un descanso, pero al llegar encuentra una gran masa de personas que le están esperando, porque encuentran en Jesús ese buen corazón que se ocupa de las personas y las atiende. Y Jesús, que había pensado aquella tarde de descanso para sus apóstoles, tiene en su sentimiento más hondo la compasión de esas otras gentes que están anhelantes como ovejas que no tienen pastor, imagen muy sentida en aquella cultura.  Ahí se acaba el pretendido descanso, porque Jesús se va derechamente a aquella multitud para atenderla.  Les habla del Reinado de Dios, les habla de una forma que embelesa, que llena los corazones. Y ni Jesús ni ellos llegan a pararse a pensar que la tarde decae y que allí no hay para comer, y que es multitud necesita irse a las aldeas más cercanas para buscarse víveres.   Sabemos por otros evangelistas que fueron los propios apóstoles quienes llamaron la atención de Jesús sobre lo avanzado de la hora, y Jesús tiene la ironía de preguntarle a Felipe qué dinero sería necesario para comprar pan para todos.  Felpe abrió los ojos como platos, porque haría falta un dineral (aparte de que ¿cómo se traería el cargamento de miles de panes para tanta gente?  Quedaba, pues claro, que no había solución. Para más abundamiento Andrés había hecho sus pesquisas indagando quiénes habrían traído viandas de entre esa multitud.  Y lo único que apareció fue un muchacho con 5 panes y dos pescados.  Y vuelta a la misma reflexión: Pero ¿qué es esto para tanta gente?
Está demostrado que no hay solución humana.  Y ahora entra Jesús en acción. Con la mayor naturalidad pide que la gente se siente en la hierba de primavera (estaba cercana la Pascua).  Toma en sus manos los 5 panes y los dos peces, realiza un gesto eucarístico dando gracias a Dios,  y va dando trozos a los apóstoles para que “sigan repartiendo”. Debió ser un poema el  gesto de aquellos hombres…: ¿qué iban a repartir cuando cada uno no llevaba ni medio pan en su alforja?  ¡Repartieron!  Ya cada pedazo que daban, otro nuevo les quedaba… Y solo en varones había 5000…, y hubo para todos y todas…  Y todos y todas comieron abundantemente, sin que –mientras saciaban su hambre- llegaran a advertir plenamente lo que había pasado.  Jesús, muy intencionadamente hace a sus apóstoles recoger las sobras, y todavía llenó cada uno su alforja con los trozos sobrantes.
Ni que decir tiene que entonces es cuando se enardece esa multitud saciada y cuando piensan que Jesús sería el gran “rey” de Israel, puesto que soluciona así los problemas más graves.  Jesús se va perdiendo de la escena porque aquello no es lo que Él ha buscado, y se mete por el monte y se va a orar…  Si estuviéramos en el evangelio de San Juan, desembocaríamos ahora en la gran promesa de la Eucaristía, que Jesús multiplicará para vida y alimento de todos los siglos futuros.
La 2ª lectura nos viene como una concreción de este aspecto: Sed fieles a la vocación que habéis recibido:  humildes, afables…, con capacidad de comprensión mutua para poder sobrellevarse con amor, esforzándose por mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.  Diríamos, primero, porque coméis un mismo pan…, ese pan multiplicado, con único origen, que es Jesús, y porque si no hay comunión de ánimos, no hay Comunión auténtica en el Cuerpo de Cristo.  Que de eso ya advirtió muy seriamente a los fieles de Corinto.  Pero todavía ahonda ahora en aspectos muy profundos: Porque somos UN SOLO CUERPO, tenemos UN ÚNICO Y SOLO ESPÍRITU SANTO, y  caminamos hacia UNA SOLA Y ÚNICA ESPERANZA en la ÚNICA VOCACIÓN a la que hemos sido llamados..  Porque –dirá en otro lugar- “si os mordéis y os devoráis” os destruís, siendo así que todos estáis teniendo UN SOLO SEÑOR, UNA SOLA FE, UN SOLO BAUTISMO, UN SOLO DIOS Y PADRE que lo llena todo y los trasciende todo y lo penetra todo y lo invade todo.
Cae de su peso ese estribillo del Salmo que hemos repetido: Abres Tú la mano y sacias de favores (no sólo de pan) a todo viviente.  A corazón más grande para salir de sí y para más y mejor dar, MÁS COMUNIÓN en el Cuerpo de Cristo, más comunión de ánimos, mas construcción de bienes repartidos, más Comunión en el regazo de un mismo Padre.