jueves, 13 de julio de 2017

13 julio: Etapàs del viaje

Roma. Venecia
38. Tuvieron viento tan recio en popa, que llegaron desde Barcelona hasta Gaeta en cinco días con sus noches, aunque con harto temor de todos por la mucha tempestad.
39. Y llegados a una ciudad que estaba cerca, la hallaron cerrada; y no pudiendo entrar, pasaron aquella noche en una iglesia que allí estaba, llovida. A la mañana no les quisieron abrir la ciudad; y por de fuera no hallaban limosna, aunque fueron a un castillo que parecía cerca de allí, en el cual el pelegrino se halló flaco, así del trabajo de la mar, como de lo demás etc. Y no pudiendo más caminar, se quedó allí; y sabiendo que venía allí la señora de la tierra, se le puso delante, diciéndole que de sola flaqueza estaba enfermo; que le pedía le dejase entrar en la ciudad para buscar algún remedio. Ella lo concedió fácilmente. Y empezando a mendigar por la ciudad, halló muchos cuatrines, y rehaciéndose allí dos días, tornó a proseguir su camino, y llegó a Roma el domingo de ramos.
40. Donde todos los que le hablaban, sabiendo que no llevaba dineros para Jerusalén, le empezaron a disuadir la ida, afirmándole con muchas razones que era imposible hallar pasaje sin dineros; mas él tenía una grande certidumbre en su alma, que no podía dudar, sino que había de hallar modo para ir a Jerusalén. Y habiendo tomado la bendición del papa Adriano sexto, después se partió para Venecia.
41. Todavía por este camino hasta Venecia, por las guardas que eran de pestilencia, dormía por los pórticos. Caminando así llegó a Choza, y con algunos compañeros que se le habían ajuntado supo que no les dejarían entrar en Venecia; y los compañeros determinaron ir a Padua para tomar allí cédula de sanidad, y así partió él con ellos; mas no pudo caminar tanto, porque caminaban muy recio. Dejándole, cuasi noche, en un grande campo; en el cual estando, le apareció Cristo de la manera que le solía aparecer, como arriba hemos dicho, y lo confortó mucho. Y con esta consolación, el otro día a la mañana, sin contrahacer cédula, como (creo) habían hecho sus compañeros, llega a la puerta de Padua y entra, sin que las guardas le demanden nada.
42. Y llegados a Venecia vinieron las guardas a la barca para examinar a todos, uno por uno, cuantos había en ella; y a él solo dejaron. Manteníase en Venecia mendigando, y dormía en la plaza de San Marcos; y tenía una gran certidumbre en su alma, que Dios le había de dar modo para ir a Jerusalén, y ésta le confirmaba tanto, que ningunas razones y miedos que le ponían, le podían hacer dudar.
Liturgia
          Gn. 44,18-21. 23-29 y 45, 1-5. Sigue la historia de José. José era hermano de madre de Benjamín, los dos últimos hijos de Jacob (=Israel). Jacob quiere enviar de nuevo a sus hijos por víveres a Egipto, y Judá, el mayor de todos los hermanos, le hace saber a su padre que sólo pueden hacerlo llevando a Benjamín, condición que les impuso el virrey de Egipto.
          Todo esto se lo están contando a José cuando han llegado allá por segunda vez, y José ya no puede resistir más y hace salir a todos los cortesanos y rompe a llorar y se declara a sus hermanos: Yo soy José. Y haciendo que se acercaran, les muestra que no le queda ningún rencor, y que todo lo ocurrido ha sido un camino de Dios para salvación.
          Es la gran lección que sale de todo este tema, pues la historia completa demostraría la animadversión envidiosa de los hermanos hacia José, hasta el punto de pensar matarlo y, luego, a instancias de Rubén, dejarlo con vida. Y en plan de ganarse unas monedas, venderlo a unos comerciantes ismaelitas, que lo llevan a Egipto y lo venden allí. Y llega a ser el principal del reino, después del Faraón. Todas las malas artes de los hermanos se han cambiado en este encuentro en el que José es el que salva la situación angustiosa de su pueblo.
          Para cuantos se escandalizan del problema del mal, aquí hay una respuesta muy concreta de cómo el mal va revirtiendo en bien, al margen de la voluntad de los hombres.

          Mt 10,7-15, nos trae la misión apostólica a la que Jesús envía a los Doce para proclamar que el Reino de Dios está cerca. Y para mostrarlo, curan enfermos, resucitan muertos, limpian leprosos, echan demonios…, sin pedir nada a cambio, y yendo ellos en pobreza sin alforja, ni plata ni oro ni calderilla. Sin sandalias ni bastón. Diríamos que “a pecho descubierto” para mostrar que lo que traen no pide sino la paz. Llegan en paz, saludan con la paz, piden la paz. Y donde no haya paz, que no se queden: que se salgan y se vayan a otro lugar. El Reino de Dios es un reino de paz, y los apóstoles que lo anuncian, como precursores de Jesús, tienen que llevar en sus frentes el signo de la paz.

miércoles, 12 de julio de 2017

12 julio: Salida de Barcelona

Preparando viaje a Jerusalén
35. Y así al principio del año de 23 se partió para Barcelona para embarcarse. Y aunque se le ofrecían algunas compañías, no quiso ir sino solo; que toda su cosa era tener a solo Dios por refugio…, porque él deseaba tener tres virtudes: caridad y fe y esperanza; y que esta confianza y afición y esperanza la quería tener en solo Dios. Y esto, que decía de esta manera, lo sentía así en su corazón. Y con estos pensamientos él tenía deseos de embarcarse, no solamente solo, mas sin ninguna provisión. Y empezando a negociar la embarcación, alcanzó del maestro de la nave que le llevase de balde, pues que no tenía dineros, mas con tal condición, que había de meter en la nave algún biscocho para mantenerse, y que de otra manera de ningún modo del mundo le recibirían.
36. El cual biscocho queriendo negociar, le vinieron grandes escrúpulos: ¿esta es la esperanza y la fe que tú tenías en Dios, que no te faltaría? etc. Y esto con tanta eficacia, que le daba gran trabajo. Y al fin, no sabiendo qué hacer, porque dentrambas partes veía razones probables, se determinó de ponerse en manos de su confesor; y así le declaró cuánto deseaba seguir la perfección, y lo que más fuese gloria de Dios, y las causas que le hacían dudar si debería llevar mantenimiento. El confesor se resolvió que pidiese lo necesario y que lo llevase consigo; y pidiéndolo a una señora, ella le demandó para dónde se quería embarcar. El estuvo dudando un poco si se lo diría. Y la causa por que él no osó decir que iba a Jerusalén fue por temor de la vanagloria. Al fin, habido el biscocho, se embarcó; mas hallándose en la playa con cinco o seis blancas, de las que le habían dado pidiendo por las puertas (porque de esta manera solía vivir), las dejó en un banco que halló allí junto a la playa.
Liturgia
          Hay un salto vertiginoso en los capítulos que utiliza la liturgia, y nos encontramos en el 41,55-57; 42,5-24, con José –hijo de Jacob- ya en Egipto como administrador de las posesiones del Faraón. José abre los graneros a los egipcios para que no falte el pan. Pero el hambre se extiende y los hijos de Israel (=Jacob) (hermanos de José) han de acudir a Egipto por víveres. José (que había sido maltratado por sus hermanos) los reconoce y les habla duramente. Ellos no lo reconocieron. Y José los hace detener tres días y finalmente les da el trigo, con la condición de que lleven a la vuelta a su hermano menor, Benjamín. Ellos aceptaron y se comunicaban entre ellos diciéndose que estaban pagando por lo mal que lo hicieron con José. Lo que no sabían era que José les entendía perfectamente. Y José se retiró y lloró. Finalmente los despidió.
          Es una historia que era conocida al dedillo por las generaciones nuestras, que tuvimos la suerte de estudiar la HISTORIA SAGRADA, que nos educó en valores y en conocimientos, y nos era familiar todas estas narraciones bíblicas.
         
          En el evangelio (Mt 10, 1-7), llegamos a ese momento importantísimo de la llamada de Jesús a Doce hombres que habían de estar con él, y a los que les dio autoridad para expulsar demonios, y curar toda enfermedad y dolencia. Elegía doce hombres, siguiendo la tradición de las doce tribus de Israel. Y los doce eran igualmente elegidos e igualmente destinados a esa misión que continuaba la propia acción de Jesús.
          A continuación se van desgranando los nombres y sobrenombres de algunos. Los llamó “apóstoles”, y el primero que aparece es Simón, el llamado PEDRO, y su hermano Andrés. En el orden de las llamadas primeras, ellos son los testigos directos de pesca milagrosa. Y casi simultáneamente, Santiago el Zebedeo y su hermano Juan, también participes directos de aquel momento en que hubieron de echar una mano cuando la pesca era tan abundante que no se podían valer solos los dos primeros.

          Continúa la lista por Felipe y Bartolomé, citados por San Juan en su evangelio como de los primeros a quienes se dirigió Jesús. Tomás y Mateo el publicano. No consta el momento de la llamada de Tomás. Sí la de Mateo (cuya llamada hace poco que hemos visto siguiendo la lectura continua). Y luego va siguiendo una lista de algunos nombres de los que no hemos tenido noticia en ninguno de los 4 evangelios. Son Santiago Alfeo, Tadeo (el popularmente conocido por Judas Tadeo), Simón el fanático, y Judas Iscariote. Junto al nombre de éste, siempre aparece una coletilla en las diversas listas que nos trasmiten los sinópticos: el que lo entregó. Pero junto a esa coletilla, lo que sigue diciendo el Evangelio es: A estos Doce los envió Jesús con estas instrucciones: No vayáis a tierras de paganos, ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca.

martes, 11 de julio de 2017

11 julio: Más experiencias

Nuevas experiencias espirituales
31. Y después que esto duró un buen rato, se fue a hincar de rodillas a una cruz, que estaba allí cerca, a dar gracias a Dios, y allí le apareció aquella visión que muchas veces le aparecía y nunca la había conocido, es a saber, aquella cosa que arriba se dijo, que le parecía muy hermosa, con muchos ojos. Mas bien vio, estando delante de la cruz, que no tenía aquella cosa tan hermosa color como solía; y tuvo un muy claro conocimiento, con grande consentimiento de la voluntad, que aquel era el demonio; y así después muchas veces por mucho tiempo le solía aparecer, y él a modo de menosprecio lo desechaba con un bordón que solía traer en la mano.
32. Estando enfermo una vez en Manresa, llegó de una fiebre muy recia a punto de muerte, que claramente juzgaba que el ánima se le había de salir luego. Y en esto le venía un pensamiento que le decía que era justo [que era un santo], con el cual tomaba tanto trabajo, que no hacía sino repugnarle y poner sus pecados delante; y con este pensamiento tenía más trabajo que con la misma fiebre; mas no podía vencer el tal pensamiento por mucho que trabajaba por vencerle. Mas aliviado un poco de la fiebre, ya no estaba en aquel extremo de expirar, y empezó a dar grandes gritos a unas señoras, que eran allí venidas por visitarle, que por amor de Dios, cuando otra vez le viesen en punto de muerte, que le gritasen a grandes voces, diciéndole pecador, y que se acordase de las ofensas que había hecho a Dios.
33. Otra vez, viniendo de Valencia para Italia por mar con mucha tempestad, se le quebró el timón a la nave, y la cosa vino a términos que, a su juicio y de muchos que venían en la nave, naturalmente no se podría huir de la muerte. En este tiempo, examinándose bien, y preparándose para morir, no podía tener temor de sus pecados, ni de ser condenado; mas tenía grande confusión y dolor, por juzgar que no había empleado bien los dones y gracias que Dios Nuestro Señor le había comunicado. Otra vez el año de 50 estuvo muy malo de una muy recia enfermedad que a juicio suyo y aun de muchos, se tenía por la última. En este tiempo pensando en la muerte tenía tanta alegría y tanta consolación espiritual en haber de morir, que se derretía todo en lágrimas; y esto vino a ser tan continuo, que muchas veces dejaba de pensar en la muerte, por no tener tanto de aquella consolación.
Liturgia
          En realidad corresponde la liturgia de San Benito, Patrón de Europa. Pero no quiero perder el hilo de la lectura continuada, en el punto en que actualmente estamos, porque encierra aspèctos muy importantes en la historia del pueblo de Dios. Hoy nos encontramos con la lucha de Jacob con “el hombre” que luchó con él hasta la aurora, y viendo que no le podía, le tocó la articulación del muslo y se la dejó tiesa”.
          Jacob se aferró al “hombre”, que le pedía a Jacob: Suéltame que llega la aurora. A lo que Jacob responde que no lo suelta hasta que no le diga quién es. ¡Y era nada menos que Dios!, porque LE CAMBIA EL NOMBRE A JACOB, que en adelante se llamará Israel. Y los cambios de nombre sólo los hace Dios. Y el nombre nuevo viene porque has luchado con dioses y hombres y has salido vencedor.
          A mí me sugiere este episodio la fuerza de la oración y también la confianza con que se ha de actuar con Dios. Fuerza de la oración que se concebiría como “lucha” de la criatura que busca alcanzar de Dios (=has luchado con dioses y hombres). Y la oración es eficaz porque has salido vencedor. Es cierto que físicamente Jacob sale cojo, pero el haber luchado ha sido ya una victoria.
          Israel preguntó el nombre al “personaje”, que no le respondió. Y sin embargo le bendijo, que era una manera de decir quién era. Por eso Israel llega a decir: He visto a Dios cara a cara y he quedado con vida
          Mt 9,32-38 es la disputa de los fariseos con Jesús, a quien atribuyen un poder diabólico para echar los demonios. Un absurdo total. Pero donde hay mala fe para acoger la verdad, todo es posible.
          Jesús no le dio a aquello más beligerancia y él se fue por pueblos y aldeas enseñando en sus sinagogas y anunciando el Evangelio del Reino, curando toda enfermedad y todas las dolencias.
          Al ver a las gentes, se compadecía de ellas porque estaban extenuadas y abandonadas “como ovejas que no tienen pastor”.

          Tenemos delante dos reacciones de Jesús, que se funden en una. De una parte, atender a las gentes en sus enfermedades, y enseñarles la Buena Noticia. De otra parte, los sentimientos interiores de Jesucristo, que son sentimientos de compasión ante aquellas gentes que buscan y no encuentran…: extenuadas y abandonadas…, lo que le suscita a Jesús una de las imágenes más impactantes en aquella sociedad: que estaban como ovejas sin pastor.

lunes, 10 de julio de 2017

10 julio: Iluminación definitiva junto al río

Profundas experiencias espirituales
29. 2º. Una vez se le representó en el entendimiento con grande alegría espiritual el modo con que Dios había criado el mundo, que le parecía ver una cosa blanca, de la cual salían algunos rayos, y que de ella hacía Dios lumbre.
3º. En la misma Manresa, a donde estuvo cuasi un año, después que empezó a ser consolado de Dios y vio el fruto que hacía en las almas tratándolas, dejó aquellos extremos que de antes tenía; ya se cortaba las uñas y cabellos. Así que, estando en este pueblo en la iglesia del dicho monasterio oyendo misa un día, y alzándose el corpus Domini, vió con los ojos interiores unos como rayos blancos que venían de arriba; y aunque esto después de tanto tiempo no lo puede bien explicar, todavía lo que él vio con el entendimiento claramente fue ver cómo estaba en aquel santísimo sacramento Jesucristo nuestro Señor.
4º. Muchas veces y por mucho tiempo, estando en oración, veía con los ojos interiores la humanidad de Cristo, y la figura, que le parecía era como un cuerpo blanco, no muy grande ni muy pequeño, mas no veía ninguna distinción de miembros. Esto vio en Manresa muchas veces: si dijese veinte o cuarenta, no se atrevería a juzgar que era mentira. Otra vez lo ha visto estando en Jerusalén, y otra vez caminando junto a Padua. A nuestra Señora también ha visto en semejante forma, sin distinguir las partes. Estas cosas que ha visto le confirmaron entonces, y le dieron tanta confirmación siempre de la fe, que muchas veces ha pensado consigo: si no hubiese Escritura que nos enseñase estas cosas de la fe, él se determinaría a morir por ellas, solamente por lo que ha visto.
30. 5º. Una vez iba por su devoción a una iglesia, que estaba poco más de una milla de Manresa, que creo yo que se llama san Pablo, y el camino va junto al río; y yendo así en sus devociones, se sentó un poco con la cara hacia el río, el cual iba hondo. Y estando allí sentado se le empezaron abrir los ojos del entendimiento; y no que viese alguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales, como de cosas de la fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande, que le parecían todas las cosas nuevas. Y no se puede declarar los particulares que entendió entonces, aunque fueron muchos, sino que recibió una grande claridad en el entendimiento; de manera que en todo el discurso de su vida, hasta pasados sesenta y dos años, reuniendo todas cuantas ayudas haya tenido de Dios, y todas cuantas cosas ha sabido, aunque las junte todas en uno, no le parece haber alcanzado tanto, como de aquella vez sola. Y esto fue en tanta manera de quedar con el entendimiento ilustrado, que le parecía como si fuese otro hombre y tuviese otro intelecto, que tenía antes.
Liturgia
          Estamos [Gn 28,10-22] ante un teofanía (=manifestación de Dios) de las más claras de la Biblia. Le sucede a Jacob en aquella escalera que va de la tierra al Cielo, en la que ángeles de Dios subían y bajaban. El Señor estaba en pie sobre ella, y dijo: YO SOY EL SEÑOR, el Dios de tu padre Abrahán y el Dios de Isaac. Y le promete dar aquella tierra a sus descendientes, que se multiplicarán como el polvo de la tierra, y la ocuparán de parte a parte.
          Jacob consagra aquel lugar a Dios y alza una piedra como altar: Este lugar es la casa de Dios y la puerta del cielo. Y le promete a Dios que de todo lo que me des, te daré el diezmo.
          El evangelio (Mt 9,18-26) abarca dos hechos de la vida de Jesús: el personaje que se arrodilla ante Jesús porque su hija acaba de morir, y sin embargo le pide a Jesús que vaya, ponga las manos sobre la cabeza de ella, y vivirá. No cabe duda que la narración de Mateo nos pone una circunstancia que resalta mucho la fe de aquel personaje, porque está pidiendo directamente una resurrección. Y eso no es simplemente curar a un enfermo. Ha muerto la niña, pero el hombre tiene fe como para esperar que la ida de Jesús y la imposición de sus manos sobre la cabeza de la muerta, va a ser suficiente para que aquella hija vuelva a la vida. Y Jesús lo siguió con sus discípulos, aceptando el reto que le había puesto el personaje.
          Por el camino, apretujado por la gente, una mujer que padece hemorragias continuadas se le acerca con el único propósito de tocarle el filo del manto, segura ella de que con sólo eso curaría. Y se produce el efecto. Mateo es muy simple en su narración y sencillamente muestra a Jesús que se vuelve a ella y le dice: Ánimo, hija; tu fe te ha curado. Y continuó la marcha rodeado de las gentes.

          Cuando llegó a la casa, las mujeres lloraban la muerte e la niña y Jesús les dice que no está muerta sino dormida. Y se reían de él. Echa a la gente que le seguía y entra en la habitación de la niña, la toma de la mano y la niña se pone en pie. Mateo no explica más. Jesús se retira. Podemos imaginar a las mujeres perplejas. Y Jesús desaparece por el camino rodeado de los suyos y de las mismas gentes que habían llegado con él hasta allí. Pero no hay más comentario, que hubiera llenado el gusto de nuestra curiosidad.

domingo, 9 de julio de 2017

9 julio: VENID A MÍ

Liturgia del Domingo 14-A, T.O.
          Las lecturas que encierran el mensaje de este domingo, la primera y el evangelio, nos llevan a la idea fundamental de que el Reino de Dios no se construye sobre la fuerza y el poder, sino desde la sencillez y la humildad. En la 1ª lectura (Zac 9,9-10), el rey viene cabalgando sobre un pollino de borrica, victorioso y modesto Y será de esa manera como acabará dominando de mar a mar, desde el gran Río hasta los confines de la tierra.
La lectura de Zacarías nos ha abierto boca para entrar en esa pieza de oro del evangelio –Mt 11, 25-30- en el que Jesús se presenta a sí mismo como manso y humilde de corazón. No es el rey poderoso que se las basta por sí solo, sino que comienza con una acción de gracias al Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque las grandes cosas se las has revelado a la gente sencilla, mientras los sabios y entendido no las han captado.
El contexto lo explica todo: lo que ha precedido ha sido esa realidad de la generación que no sabe lo que quiere, que no entiende la enseñanza que Jesús trae, que son ciudades impenitentes que no han querido recoger la luz que Cristo les traía. Y en medio de esa realidad, Jesús se emociona viendo a los sencillos y humildes que son capaces de captar la verdad que les enseña. Y se goza de que así lo ha querido Dios…, y que nadie conoce al Hijo sino el Padre y aquel a quien el Padre se lo quiere revelar.
El resultado es que él se ofrece a esos sencillos, que están cansados y agobiados y él los aliviará. Que él está precisamente abierto a los débiles, a los que sufren, a los que no tienen las soluciones en sus manos ni tienen el poder para poder dominar las situaciones. A ellos se ofrece, a ellos los llama: Venid a mí… Como la madre que da confianza al hijo llamándolo a su vera porque el niño indefenso no sabe adónde ir cuando le ha ocurrido algo (cuando se ha dado un golpe, cuando el hermano le ha pegado o los amigos no lo dejan jugar). Venid a mí, que es todo el consuelo y toda la delicadeza del amparo en el momento del cansancio o del agobio.
No es que Jesús quiera prometer que –junto a él- ya no hay sufrimiento ni dificultades. Lo que enseña en que bajo su yugo, todo se hace llevadero y más suave… Y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y ahí encontraréis vuestro descanso. Enseña Jesús que desde la humildad se vive la vida, aun la vida dura de cada día, con otro talante, con otras fuerzas, con otra paz personal.
La lección es clara y sería la gran solución del mundo actual, tan lleno de violencias, de agresiones, de soberbias…, donde cada uno quiere quedar por encima del otro a costa de lo que sea…; un mundo en que es tan difícil entenderse porque siempre se está a la contra y no quiere escucharse al que piensa diferente. Cambiemos ahora mismo las noticias que recibimos a cada instante –violentas, agresivas- por esta otra BUENA NOTICIA que nos pone Jesús, ofreciendo su paz y su alivio, su humildad y sencillez de corazón, y estaremos escribiendo otra historia que no se parece en nada a la que nos llega cada día.
No se habrán acabado los sufrimientos por arte de magia, pero empezarán a mitigarse; no se acabarán las guerras de un plumazo, pero empezará a haber un principio de entendimiento. No desaparecerá el yugo, pero –bajo la acción de Jesús-, será yugo llevadero y carga ligera.

Nos lo reafirma la 2ª lectura (Rom 8, 9.11-13) que nos habla de poseer el Espíritu de Cristo, por el que fuimos salvados por la resurrección de Cristo de entre los muertos, y nos salvará también a nosotros. Si vivimos según la carne, vamos hacia la muerte; si vivimos según el Espíritu, dando muerte a las obras del cuerpo, viviremos. Y “las obras del cuerpo” son precisamente todas esas reacciones por las que la violencia, la envidia, el mal genio…, son los malos consejeros que nos ponen en contra del bien hacer.

La EUCARISTÍA es Pan de Ángeles. Es encuentro con Cristo y es llamada a la parte noble de nuestra personalidad. Desde la humildad del Pan consagrado, y de ir a él –cansados y agobiados- es encontrarse con otra visión de la vida. Si la vida de cada uno de nosotros fuera en la práctica como la podemos concebir en el momento en que acabamos de comulgar, es evidente que nuestra vida real sería muy diferente en el día a día. Iríamos como sencillos y humildes, que hemos entendido el mensaje de Jesús.




Te presentamos, Padre, nuestras súplicas.

-         Por la Iglesia, para que viva la sencillez del Evangelio, Roguemos al Señor.

-         Para que todo el que esté agobiado y fatigado vaya a Jesús, que es bueno de Corazón, Roguemos al Señor.

-         Para que yendo a Jesús, se haga más suave y llevadero nuestro padecer, Roguemos al Señor.

-         Para que seamos apoyo y ayuda a nuestros prójimos, que nos necesitan, Roguemos al Señor.


Ayuda nuestra carencia y necesidad y haznos sensibles a las penas y sufrimientos de los que tenemos más cerca.

          Por Jesucristo, N.S.

sábado, 8 de julio de 2017

8 julio: Se va formando el alma

EXPERIENCIAS DIVERSAS de Ignacio
26. Además de sus siete horas de oración, se ocupaba en ayudar algunas almas, que allí le venían a buscar, en cosas espirituales, y todo lo más del día que le quedaba libre, daba a pensar en cosas de Dios, de lo que había aquel día meditado o leído. Mas cuando se iba a acostar, muchas veces le venían grandes noticias, grandes consolaciones espirituales, de modo que le hacían perder mucho del tiempo que él tenía destinado para dormir, que no era mucho; y observando él algunas veces por esto, vino a pensar consigo que tenía tanto tiempo determinado para tratar con Dios, y después todo el resto del día; y por aquí empezó a dudar si venían de buen espíritu aquellas noticias, y vino a concluir consigo que era mejor dejarlas, y dormir el tiempo destinado, y lo hizo así.
27. Y perseverando en la abstinencia de no comer carne, y estando firme en ella, que por ningún modo pensaba cambiarla, un día a la mañana, cuando se levantó, se le representó delante carne para comer, como que la viese con ojos corporales, sin haber precedido ningún deseo de ella; y le vino también juntamente una elevación de la voluntad para que de allí adelante la comiese; y aunque se acordaba de su propósito de antes, no podía dudar en ello, sino determinarse que debía comer carne. Y contándolo después a su confesor, el confesor le decía que mirase por ventura si era aquello tentación; mas él, examinándolo bien, nunca pudo dudar de ello. En este tiempo le trataba Dios de la misma manera que trata un maestro de escuela a un niño, enseñándole. Y algo de esto se puede ver por los cinco puntos siguientes.
28. Primero. Tenía mucha devoción a la santísima Trinidad, y así hacía cada día oración a las tres personas distintamente. Y estando un día rezando en las gradas del monasterio las Horas de nuestra Señora, se le empezó a elevar el entendimiento, como que veía la santísima Trinidad en figura de tres teclas, y esto con tantas lágrimas y tantos sollozos, que no se podía valer. Y yendo aquella mañana en una procesión, que de allí salía, nunca pudo retener las lágrimas hasta el comer; ni después de comer podía dejar de hablar sino en la santísima Trinidad; y esto con muchas comparaciones y muy diversas, y con mucho gozo y consolación; de modo que toda su vida le ha quedado esta impresión de sentir grande devoción haciendo oración a la santísima Trinidad. [Continuará]
Liturgia
          Por mucho que se quiera explicar el tema de la primera lectura (Gn27,1-5.15-29), siempre será difícil comprenderlo, salvo cuando uno se pone en el hilo conductor de la Biblia y sabe que todos los relatos van ordenados en un sentido concreto: la cadena de sucesión de los personajes que va dirigida a mostrar que Dios dirige la historia hacia Jesucristo y que lo de menos es el cómo se comportan esos personajes. (También está Tamar, la prostituta, en la ascendencia de Jesús). Lo que vale es que LA DESCENDENCIA que Dios ha prometido a Abrahán va siguiendo su curso de una manera o de otra.
          San Agustín, al llegar a este episodio y no queriendo decir nada que desdore a Jacob, el hijo de Isaac, afirma que lo que hizo Jacob no fue “mentira” sino misterio. Es evidente que fue una mentira como una catedral, pero detrás de aquella mentira estaba el MISTERIO  real de que quien había de continuar la cadena no era Esaú sino Jacob. Las elecciones de Dios son el verdadero misterio, y ahí no podemos entrar sino con espíritu de fe y sabiendo que Dios dirige la vida y la va llevando a su modo. Al final Isaac bendice a Jacob y lo pone por encima de todos sus hermanos. Y bendito quien te bendiga.

          En Mt 9,14-17 los discípulos de Juan preguntan a Jesús por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos, no ayunan. Jesús les responde prácticamente que “porque están con él”. Porque Él es la fiesta y en la fiesta no se ayuna. No van a guardar luto durante la “boda”, esa relación total entre él y los suyos. Llegará el día que se lleven al novio, y ese día ayunarán, clara alusión a su muerte.

          Pero lo importante de la respuesta viene después: discípulos de Juan y discípulos de los fariseos viven aún en la antigua Ley, en las antiguas formas, en los ayunos, sacrificios y holocaustos. Es el vino viejo, el vestido viejo de una situación religiosa. Y lo que trae Jesús es un vino nuevo y un vestido nuevo, que no pueden simplemente parchearse: es un estilo nuevo y distinto: es la boda de Dios con la humanidad. Hacen falta mentalidades nuevas, actitudes nuevas, estilos nuevos. Ya no valen aquellos ayunos. Ahora vamos a algo más substancial, más interior, que coge a la persona. Por eso no se echa una pieza de tela nueva sobre un vestido viejo, ni se echa el vino nuevo en los odres viejos. Lo que ahora se pide es algo mucho más de fondo. Es una novedad. Y esa es la que están viviendo los discípulos de Jesús, que ya han superado el tema del ayuno ritual.

viernes, 7 de julio de 2017

7 julio: Los escrúpulos

PRIMER VIERNES DE MES.
En Málaga, clausura del curso a 5’30 tarde.
De la AUTOBIOGRAFÍA  de san Ignacio
          21. Después de la experiencia última empezó a tener grandes variaciones en su alma, hallándose unas veces tan desabrido que ni hallaba gusto para rezar, ni en el oír Misa…, y otras veces viniéndole tanto al contrario de esto, y tan súbitamente, que parecía habérsele quitado la tristeza y desolación, como quien quita una capa de los hombros. Y se comenzó a espantar y a preguntarse: ¿Qué nueva vida es ésta que ahora comenzamos?
          22. Es esto vino a tener muchos trabajos de escrúpulos, aunque la confesión general hecha en Manresa había sido con bastante diligencia y toda por escrito. Con todo le parecía a veces que alguna cosa no la había confesado.
          23. El confesor vino a mandarle que no confesase ninguna cosa de las pasadas que no tuviese muy claras. Pero eso no le servía porque él tenía todo por muy claro. Oraba levantándose a media noche y perseveraba siete horas en oración de rodillas, sin ningún remedio para sus escrúpulos. Y comenzó a gritos a decir: ¡Socórreme, Señor, que no hallo ningún remedio en los hombres, ni en ninguna criatura!; que si yo pensase de poderlo hallar, ningún trabajo me sería grande. Le daban ganas de suicidarse pero eso no lo haría conociendo que era pecado el matarse: Señor, no haré cosa que te ofenda, decía. Y optó por un ayuno total, hasta que Dios le diese una respuesta.
          24. El domingo, después de comulgar, comunicó al confesor que no había comido en toda la semana. El confesor le mandó comer. Y estuvo dos días sin escrúpulos, pero le volvieron al tercer día. Hasta que –con sus experiencias espirituales de la diversidad de espíritus-,  determinó no volver a confesar nada pasado, y de aquel día en adelante, quedó libre de aquellos escrúpulos, teniendo por cierto que nuestra Señor le había querido librar por su misericordia.
            N de la R. Me atrevo a llamar la atención a esas almas que dan vueltas a su pasado y que nunca quedan satisfechas ni tranquilas, porque tenemos en Ignacio un caso muy claro de cómo poder salir de esas angustiosas repeticiones de confesiones. Por supuesto, la oración a Dios, pero también el momento de descubrir que esas angustias no pueden venir de Dios, y que la solución es la decisión de dejar el pasado en las manos de Dios, y no volver sobre él.
Liturgia
          Gn 23, 1-4.19. a 24,1-8. 62-67). Sara murió con 127 años. Le sobrevivió Abrahán, que la enterró. Como era ya muy viejo, le hizo jurar a un criado suyo, el más anciano de todos,  que le buscaría esposa a su hijo Isaac entre las mujeres de aquella tierra.
          Isaac había venido al desierto y una tarde al salir de paseo vio a Rebeca. Rebeca por su parte se interesó por saber quién era aquel hombre. Ante él se echó el velo por la cara y el criado contó a Isaac lo sucedido.
          Isaac la tomó por esposa y la amó mucho.
          Como se puede ver por la cita inicial, está muy dividido el capítulo 23 y 24 para darnos la esencia de lo que nos quiere trasmitir: Isaac encuentra, sin pensárselo, a la esposa que Dios le tenía destinada. Se va haciendo la cadena de los descendientes de Abrahán, como Dios le había prometido.
          En el evangelio hallamos la vocación de Mateo (9, 9-13), el cobrador de impuestos en el que se fijó Jesús y lo llamó con su clásica llamada definitiva: -Sígueme. Y Mateo dejó de momento su puesto de trabajo y siguió a Jesús. ¿Se conocían de antemano? ¿Había habido alguna vez entre ellos una palabra, un conocimiento? El evangelio no nos dice nada de eso que para nosotros sería una curiosidad que nos gustaría descifrar.
          Pero lo que descifra mejor el hecho es la fuerza de la palabra de Jesús, quizás su mirada penetrante…, que decía mucho más que otras explicaciones. Jesús se había fijado en aquel hombre y en su mirada fue manifiesto todo su corazón. Y ese es el que ganó la partida. Mateo ya no supo más ni quiso saber más: EL CORAZÓN DE JESÚS se había expresado en su mirada, en su elección, en su llamada. Y ya no hubo más que decir.

          En la mirada del Corazón de Jesucristo nos abandonamos en este PRIMER VIERNES del mes de julio.

jueves, 6 de julio de 2017

6 julio: Montserrat y Manresa

MANRESA
          17. Ignacio había crecido en un ambiente militar. Y también en un deseo de hacer alguna gesta especial por la dama de sus sueños. Cuando llegó a Montserrat se le venían al pensamiento ideas de esas y así optó por pasar la noche en vela, sin acostarse, a ratos en pie y a ratos de rodillas, ante la imagen de la Virgen de Montserrat. Tenía determinado dejar allí sus vestidos de noble y vestir las armas de Cristo. Concertó cita con un confesor a quien le mostró su vida en confesión por espacio de tres días, y a quien le encargó que recogiese la mula, la espada, y que el puñal colgase del altar de Nuestra Señora. Este confesor fue el primer hombre a quien descubrió su determinación porque hasta entonces a ningún confesor se lo había descubierto.
          18. La víspera de Nuestra Señora de marzo, en la noche del año 22, se fue lo más secretamente que pudo a un pobre y despojándose de todos sus vestidos, los dio a un pobre, y se vistió de su deseado vestido, y se fue a hincar de rodillas delante del altar de Nuestra Señora, y unas veces de esta manera y otras de pie, con su bordón en la mano, pasó toda la noche y, en amaneciendo, se partió para no ser ser conocido, y se fue  no por el camino derecho a Barcelona donde tenía muchos conocidos, y se desvió hacia un pueblo que se dice Manresa, para vivir en el Hospital.
          19. Pedía limosna cada día. No comía carne ni bebía vino. Los domingos no ayunaba, y si le daban un poco de vino, lo bebía. Estando en el hospital le acaeció muchas veces en día claro ver una cosa en el aire junto de sí, la cual le hacía mucha consolación, porque era muy hermosa en grande manera. No divisaba bien la imagen de qué cosa era, más en alguna manera le parecía que tenía forma de serpiente y tenía muchas cosas que resplandecían como ojos, aunque no lo eran. Él se deleitaba mucho y consolaba en ver esta cosa; y cuanto más veces la veía, tanto más crecía la consolación; y cuando aquella cosa le desaparecía, le desplacía de ello. (=le disgustaba).
          20. Hasta estas “visiones” había estado siempre en equilibrio de ánimo, sin tener conocimiento de cosas espirituales interiores. Y ahora le vino un pensamiento recio que le molestó, representándose la dificultad  de la vida, como si le dijeran dentro  del ánima: ¿Y cómo podrás sufrir esta vida setenta años que has de vivir? Sintió que era el enemigo y respondió Ignacio con gran fuerza: ¡Oh miserable! ¿Puedes tú prometerme una hora de vida? Y así venció la tentación. Entró en una Iglesia y experimentó una gran consolación
Liturgia
          El texto del Gn 22, 1-19 es el punto culminante de la fe de Abrahán, padre del único hijo, Isaac, sobre el que está la promesa de descendencia, y al que Dios ahora le pide que lo sacrifique y se lo ofrezca a Dios. Y Abrahán no duda y pone los medios para sacrificar a su hijo, único hijo de la promesa, Isaac. Creyó contra toda razón. Es curioso el diálogo de Abrahán e Isaac camino del monte Moria, y queda como lección suprema de las respuestas de Abrahán aquella de que Dios proveerá. Porque sólo eso puede tener la razón de aquella situación que es de todo punto de vista humano un absurdo insuperable.
          Pero a Abrahán no le tiemblan las fuerzas cuando hace el altar, apila la leña y ata a su hijo para ofrecerlo al Señor. Y tomó el cuchillo para inmolar a Isaac. Esta narración sólo se puede leer de rodillas y en pura fe. En cuanto uno pretenda ponerla en pie, se le caen los palos del sombrajo.
          Pero en fe, se hace la luz porque Dios aparece en el último instante y detiene la mano de Abrahán: Ahora sé que amas a Dios porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo. Dios ha llevado el caso hasta el extremo… Y en el extremo mismo, ha aparecido y ha resuelto el problema.
          Abrahán ofreció allí mismo el sacrificio de un carnero, Dios lo bendijo: Juro por mí mismo, que por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu único hijo, te bendeciré y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa.

          Mt 9, 1-8 es la postura contraria de los fariseos y doctores. Cuando Jesús afirma al paralítico: Perdonados son tus pecados, ellos no investigan más, sino que declaran a Jesús como blasfemo. Jesús sale al paso de la acusación mostrando que lo que dice es verdad, y que lo prueba con aquella curación milagrosa del tullido, a quien le dice que se ponga en pie, coja su camilla y se vaya a su casa. Y el paralítico lo hace y la gente, sobrecogida, alaba a Dios por esas cosas que hacía Jesús.

miércoles, 5 de julio de 2017

5 julio: Abandona Loyola

LA SALIDA DE LOYOLA
          Cuenta la AUTOBIOGRAFÍA de Ignacio (10) que “su hermano como todos los demás de casa, fueron conociendo por lo exterior la mudanza que se había hecho en su alma interiormente”. Él no se escondía de ello y (11) perseveraba en sus buenos propósitos “y el tiempo que con los de casa conversaba, todo lo gastaba en cosas de Dios, con lo cual hacía provecho en sus ánimas… Pensaba muchas veces  en su propósito, deseando ya ser sano del todo Para ponerse en camino”.
          12. Echaba cuentas de qué haría al regresar de Jerusalén y en las penitencias que haría, pero esto lo dejaba para cuando regresase. “Hallándose con algunas fuerzas, le pareció que era tiempo de partirse y lo dijo a su hermano, el duque de Nájera”, quien lo llevó de una habitación a otra para disuadirle, lo que no logró.
          CAPÍTULO II, 13. Cabalgando en una mula –un hermano suyo lo acompañó hasta Oñate- se dirigió al Santuario de Nuestra Señora de Aránzazu, haciendo vigilia de oración aquella noche, dejó a su hermano, y repartió entre pobres una suma que le debían en Navarrete.
          14-16. Iba pensando en las grandes penitencias que hicieron los santos, y quería hacerlas mayores y experimentaba consolación en esos pensamientos, “no mirando a cosa alguna interior, ni sabiendo qué cosa era humildad, ni paciencia, ni discernimiento, sino toda su intención era hacer estas obras grandes exteriores porque las habían hecho los santos para gloria de Dios”. Y yendo de camino se le unió un moro y entablaron conversación, y llegaron al tema de la Virgen María, y el moro admitía lla concepción virginal pero no el parto virginal. Eso disgustó mucho a Ignacio. El moro se adelantó hacia una villa, fuera del camino real, e Ignacio sintió deseos de vengarse del moro por su falta de respeto a la Virgen. Y en su disgusto pensó buscar al moro pero luego reflexionó y dejó sueltas las riendas de la mula, y si se iba hacia la villa –camino muy bueno- él buscaría al moro para vengarse. Y si la mula se iba por el camino real, abandonaba la idea de su venganza. Y la mula siguió el camino real. Y así llegó a Montserrat.

Liturgia
          Abrahán tenía cien años cuando le nació su hijo Isaac. (Gn. 21, 5.8-20). Él sería quien continuara la descendencia prometida al patriarca. Sara no quiso que permaneciera en la casa la esclava Hagar y su hijo Ismael, y Abrahán la despidió, proveyéndola para el viaje. Y Dios bendijo también a Ismael, del que sacó de él un pueblo grande que habitó en la montaña.
          Mt 8,28-34 es uno de esos relatos en los que aparece la mano providencial de Dios, a la vez que la dureza humana, que desaprovecha la gran oportunidad. Tras la tempestad, la barca vino a dar –sin rumbo previsto-, en la región de los gerasenos, lugar agreste y en donde lo primero que se encontraban era el cementerio. Y en el cementerio dos endemoniados, tan furiosos que nadie había podido domeñarlos, ni nadie se atrevía a pasar por aquel camino. [No perdamos de vista que estamos en Mateo, y que su costumbre es emplear “el plural”; por eso no basta con un endemoniado, como lo hace otro evangelista, sino que pone dos].
          Cuando aparece por aquella playa Jesús y los apóstoles, los  endemoniados se encaran con Jesús y le increpan: “Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?
          Mateo no da muchos más detalles de la situación sino que se va directo al tema de los cerdos que hozaban a poca distancia, y los demonios rogaron a Jesús: si nos echas, mándanos a la piara. Era el lugar más propio para aquellos demonios, contando –además- con que el cerdo era animal prohibido y cuya crianza suponía una ofensa para el pueblo bueno. Pero como en todas partes ocurre, había quienes cultivaban esos cerdos como negocio hacia los extranjeros. Jesús permitió a los demonios irse a los cerdos, que entraron en estampida y se abalanzaron hacia el precipicio del acantilado, ahogándose aquellos animales.

          Los pastores, asustados (y al fin y al cabo eran los responsables de la piara), se fueron corriendo al pueblo para dar la noticia. Y el pueblo entero salió adonde estaba Jesús y los endemoniados ya curados y en vez de aprovechar la oportunidad de aquel Sanador, lo que hicieron fue rogarle que se marchara de su país. ¡Se perdían todo lo bueno que podían haber tenido con la presencia de Jesús entre ellos! Se perdían la acción de aquella arribada providencial.

martes, 4 de julio de 2017


Último Boletín del Curso

4 julio: Indicios de discernimiento

Elementos de discernimiento
          8.- Había todavía esta diferencia: que cuando pensaba en aquello del mundo, se deleitaba mucho; mas cuando después de cansado lo dejaba, hallábase seco y descontento. Y cuando en ir a Jerusalén descalzo, y en no comer sino hierbas, y en hacer todos los demás rigores que veía que habían hecho los santos, no solamente se consolaba cuando estaba en tales pensamientos, mas después de dejarlo, quedaba contento y alegre. Mas no miraba en ello, ni se paraba en ponderar esa diferencia, hasta tanto que una vez se le abrieron un poco los ojos y empezó a maravillarse de esta diversidad, y a hacer reflexión sobre ella, cogiendo por experiencia que de unos pensamientos quedaba triste y de otros, alegre y poco a poco fue conociendo la diversidad de los espíritus que se agitaban, el uno del demonio y el otro de Dios.
          9. Y cobrada no poca luz de aquella lección, comenzó a pensar más de veras en su vida pasada y en cuanta necesidad tenía de hacer penitencia de ella…
          10. Y ya se le iban olvidando los pensamientos pasados con estos santos deseos que tenía, los cuales se le confirmaron con una visitación, de esta manera. Estando una noche despierto, vio claramente una imagen de nuestra Señora con el Santo Niño Jesús, con cuya vista por un espacio notable, recibió consolación muy excesiva, y quedó con tanto asco de toda la vida pasada, y especialmente de las cosas de carne, que le parecían habérsele quitado de encima del ánima todas las especies (=imágenes mentales) que antes tenía en ella pintadas. Así, desde aquella hora hasta el agosto de 53, que esto escribe, nunca más tuvo ni un momento de consenso en cosas de carne. Y por este efecto se puede juzgar haber sido cosa de Dios, aunque él no osaba determinarlo, ni decía más que afirmar lo susodicho.

Liturgia
          Gn 19, 15-29.- Lot, el sobrino o cuñado de Abrahán había elegido la región fértil, en la que precisamente estaba Sodoma. Dios le envía unos ángeles para urgirle salir de allí, sin mirar atrás, con su mujer y sus dos hijas para que no perezcan por culpa de Sodoma. Y como no se decidía, lo agarraron de la mano y los sacaron y los guiaron fuera de la ciudad, y le dijeron: Ponte a salvo en los montes para no perecer. Lot suplica irse a un pueblecito cercano (Zoar) y los ángeles se lo conceden. Pero ¡pronto porque hasta que no salgas de Sodoma no puedo hacer nada contra ella!, dice el ángel.
          Sobre Sodoma y Gomorra llovió fuego y azufre y arrasó aquellas ciudades con su vega y sus habitantes. Había salvado a Lot, pensando Dios en Abrahán. Abrahán vio salir el humo de aquellas ciudades.
          La anécdota de la mujer de Lot, convertida en estatua de sal por haber mirado atrás, es mostrada por la Biblia de Jerusalén como “explicación popular de alguna peña de forma caprichosa, o de un bloque de formación salina”. Y la Biblia “oficial” de España, añade que “con la leyenda de la mujer de Lot no sólo se quiere ilustrar un fenómeno natural, sino también trasmitir la enseñanza religiosa: no dudar de la palabra de Dios, y menos, desobedecerla”. Por tanto, no un hecho histórico.
          El evangelio (Mt 8,23-27) es el de la tempestad súbita con la que se encuentran los apóstoles mientras Jesús iba en la barca durmiendo. El temporal es tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas. Y sin embargo, él dormía. Uno no puede ni imaginar que en una situación así Jesús permaneciera dormido, máxime si tenemos en cuenta que los Doce debían gritar y darse órdenes para tratar de salir de aquel peligro, achicando agua como pudieran mejor. ¡Y él dormía!
          Yo estoy seguro que no dormía. Que se hacía el dormido, que estaba esperando la reacción de aquellos hombres, y que se admiraba de su tesón y de su miedo, cuando a él lo tenían tan a la mano. Yo pienso que hay una intención clara de hacernos ver lo que es “una tempestad” en el alma, en la que parece que nos vamos a ahogar, y sin embargo Jesús está ahí.

          Cuando por fin recurrieron a él, todavía tuvo el humor de llamarles cobardes y de poca fe. Y es verdad: ¿Cómo no habían recurrido a él antes? Porque en cuanto “lo despertaron”, el se puso en pie y gritó al mar y amansó las olas. Es un ejemplo útil para pensar y para aplicar en esas “tormentas” que nos trae la vida: tener la fe de acudir a él. Y él aplacará la situación poniendo paz en nuestras almas. Y en la paz -¡discernimiento!- se halla al Señor.

lunes, 3 de julio de 2017

3 julio: Señor mío y Dios mío

Liturgia de Santo Tomás, apóstol
          Aparte de la reflexión general del día, que consta ahí más abajo, HOY CELEBRAMOS LA FIESTA LITÚRGICA DE SANTO TOMÁS APÓSTOL.
          La base fundamental de esta liturgia está en el evangelio (Jn 20, 24-29) que nos narra la aparición que hizo Jesús a sus apóstoles a los 8 días de la Resurrección, cuando ya estaba presente Tomás (que no lo estuvo el “primer día de la semana”). Ese día Tomás reaccionó mal cuando los compañeros le dijeron que habían visto al Señor. No sabemos por qué reaccionó así, aunque en el fondo puede pensarse que fue un disgusto consigo mismo por haberse ausentado y haberse perdido la vista del Señor. Y como le cogió con tan mal cuerpo, su reacción fue casi de pelea: Si yo no lo veo y no meto mis manos en los agujeros de sus llagas, no lo creo.
          A Jesús no se le gana en generosidad y en “desafíos” de este tipo, y Jesús optó por venir expresamente a Tomás, juntos con los otros Diez, para hacerle cumplir sus exageradas y deseducadas condiciones. Esperó Jesús 8 días. Quiso que amainara el temperamento de Tomás, y cuando Tomás ya estaba apaciguado (y seguro que muy arrepentido de su bravata), Jesús se le presentó lo mismo que había hecho hacía 8 días y se dirigió a Tomás para que cumpliera sus condiciones para creer: Trae tu dedo y mételo en mis manos; trae tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo sino creyente.
          Tomás se deshizo. Sintió arrepentimiento y vergüenza. Y ya no necesitaba aquellas pruebas que había exigido. Y cayó de rodillas ante Jesús, pronunciando el acto de fe más completo, que nos ha quedado a nosotros para repetirlo  siempre que nos encontramos en la Misa ante la mostración de la SAGRADA FORMA que nos hace el Sacerdote en el momento de la Consagración.
Jesús se las hizo vivir a Tomás, no ya tanto por Tomás cuanto por nosotros, porque así tenemos certeza de que era realmente Jesús el crucificado resucitado. Pero Jesús quiso dejarlo claro, afirmando que dichosos los que creen sin haber visto. Ahí estamos nosotros. Y ahí está nuestro “Señor mío y Dios mío” de cada vez que participamos en la Eucaristía.

            Estamos edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas (Ef 2,19-22) y el mismo Cristo es la piedra angular. Por Él todo el edificio queda ensamblado y levantado hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él vosotros también os vais integrando en la construcción para ser morada de Dios por el Espíritu.

3 julio: ¿Pues yo lo tengo de hacer!

INICIO DE CONVERSIÓN DE IGNACIO
          Autobiografía 5. Mas nuestro Señor le fue dando la salud, y se fue hallando tan bueno, que en todo lo demás estaba sano, sino que no podía tenerse bien sobre la pierna, y así le rea forzado estar en el lecho. Y porque era muy dado a leer libros mundanos y falsos, que suelen llamar “de caballerías”, sintiéndose bueno, pidió que le diesen algunos de ellos para pasar el tiempo.; mas en aquella casa no se halló ninguno de los que él solía leer, y así le dieron un Vita Christi y un libro de la vida de los santos en romance.
          6. Por los cuales leyendo muchas veces, algún tanto se aficionaba a lo que allí hallaba escrito. Más dejándolos de leer, alguna veces se paraba a pensar en las cosas que había leído; otras veces en las cosas del mundo que antes solía pensar. Y de muchas cosas vanas que se le ofrecían, una tenía tanto poseído su corazón, que estaba luego embebido en pensar en ella dos y tres y cuatro horas sin sentirlo, imaginando lo que había de hacer en servicio de una señora, los medios que tomaría para poder ir a la tierra donde ella estaba…
          7. Todavía Nuestro Señor le socorría haciendo que sucediesen a estos pensamientos otros, que nacían de las cosas que leía. Porque leyendo la vida de nuestro Señor y de los santos, se paraba a pensar, razonando consigo: ‘¿Qué sería si yo hiciese esto que hizo San Francisco, y esto que hizo Santo Domingo?’ Y así discurría por muchas cosas que hallaba buenas, proponiéndose siempre a sí mismo cosas dificultosas y graves y le parecía hallar en sí facilidad de ponerlas en  obra. Mas todo su discurso era decir consigo: Santo Domingo hizo esto; ¡pues yo lo tengo que hacer! San Francisco hizo esto; pues lo tengo de hacer!

Liturgia
          Hoy nos ha tocado el tema de Sodoma. (Gn 18, 16-33). Dios estaba muy disgustado con la actitud de los sodomitas (“sodomía” es el pecado de la homosexualidad) y no quiere ocultarle a Abrahán la decisión que ha tomado de destruir a aquella ciudad y se lo dice: La acusación contra Sodoma y Gomorra es muy fuerte y su pecado es grave. Voy a bajar a ver si realmente sus acciones responden a la acusación.
          Abrahán se acercó a Dios e intercedió, razonando con Dios. No negaba Abrahán la gravedad del pecado, pero intercedía por los justos que habría en la ciudad, y suplicó: Señor, si sólo hubiera 50 justos en la ciudad, no la perdonarías en atención a esos 50? Y Dios se aviene a perdonar si siquiera hubiera 50 personas rectas y limpias en la ciudad. Abrahán se acerca confiadamente de nuevo… No las tiene todas consigo, y se atreve a suplicar: Y si sólo hubiera 45. En atención a las 45 no la destruiré. Y así sigue Abrahán rebajando el número a 40. Y tomando confianza en la benevolencia de Dios, empieza ahora a rebajar de 10 en 10 hasta llegar a que sólo hubiera 10 justos en Sodoma. Y Dios misericordioso se aviene a que en atención a esos 10 -¡solamente 10 justos!-no destruirá la ciudad. Y concluye el texto diciendo que el señor se fue y Abrahán volvió a su puesto.
          ¿Hasta dónde llega la paciencia de Dios? ¿Hasta dónde su misericordia? No lo podemos imaginar. Lo que nos hace falta es buscar en nuestro corazón sentimientos semejantes a los de Dios, y ser también como Abrahán, personas orantes que busquemos salvar el mundo aunque sólo sea por diez justos Por 10 que siquiera mantengan respeto, que no profanen, que no ofendan las cosas santas, que sean personas honradas, que sepan mantenerse en actitud digna y justa, sin entrar ya más en su orientación de fondo. Se trata de que queremos el bien pero un bien que sea para todos y donde unos no ofendan a los otros ni se mofen de los sentimientos ajenos y de las creencias.

          En el Evangelio (Mt 8,18-22) tenemos la exigencia que Jesús pide a quienes quieren estar con él: al que se ofrece generosamente, y Jesús le advierte en dónde se mete: Porque el hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza. Y el otro al que el Señor expresamente llama, y ante la demora que pide el hombre para seguir a Jesús para cumplir “las normas sociales” de acompañar a su padre hasta que le llegue la muerte, Jesús le reitera la llamada y le dice que sus hermanos se encarguen de esa obligación social, pero que él le siga. Jesús no admite las respuestas a medias. Ya lo veíamos ayer en la liturgia del domingo.

domingo, 2 de julio de 2017

02 julio: Ser dignos de Jesús

Liturgia del domingo 13 A, T.O.
          Estamos ante un evangelio (Mt 10, 37-42) que es pura enseñanza, y nada menos que las condiciones para ser digno de Cristo. Tiene poco que explicar porque son afirmaciones de Jesús sin más añadidos. Podemos irlas leyendo despacio y entendiendo.
          El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. No niega ni disminuye para nada el amor que debe tenerse al padre, a la madre, al hijo o al hermano, o a cualquier persona. Lo que dice es que nunca esos amores pueden oponerse al amor superior que se debe a Jesucristo. Por agradar al padre o a la madre no puede dejar de hacerse la voluntad de Dios que descubre el hijo, por ejemplo para realizar una llamada de Dios, un bien de orden sobrenatural. En el discernimiento que hay que hacer en la vida en determinadas ocasiones, el primer valor es Dios, la voluntad de Dios manifestada por Jesucristo o, de lo contrario, no es digno de mí. Y quien dice del amor a otros, tiene que plantearse el amor a si mismo, que nunca puede estar por delante del amor a Dios.
          Y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. Hay una característica general en el seguimiento de Jesús, para asemejarse a él: la cruz. Todo ser humano tiene una cruz, que se presenta de una u otra manera. Cuando esa cruz aparece, nos está asemejando a Jesucristo y cada cual tiene que aceptar esa “su cruz” porque a través de ella camina paralelo a Jesús, que llevó su cruz (que en realidad no era suya ni le correspondía, pero en la que asumió todas las cruces de los demás). Lo que hacemos los particulares es tomar la cruz propia y llevarla junto a Cristo, perdiendo algo propio nosotros pero incorporándonos a la vida de Jesús.
          El que encuentre su vida, la perderá y el que la pierda por mí, la encontrará. El mundo de hoy es un prototipo de “encontrar la vida”, de hacerla a su antojo de vivirla cada uno para sí mismo y disfrutarla por encima de todo orden social y moral. “Encuentra su vida” pero está perdiendo la verdadera vida que tenía que vivir, que tiene que estar abierta a los demás y, sobre todo, acorde con la vida que muestra Dios. Por eso, el que sabe perder su vida POR LA CAUSA DE DIOS, ese es el que la encuentra.
          Y como no hace Jesús un planteamiento egoísta donde cada uno sólo piense en “su vida”, abre el objetivo y mira hacia los otros: El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado. Si lo recibe por ser profeta, tendrá paga de profeta. Y el que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga; os lo aseguro.
          Todo esto vendría a tener relación con la 1ª lectura en la que Eliseo recibe las atenciones de una mujer de Sunem, que le prepara una habitación para que el profeta tenga dónde retirarse cuando pasa por allí. Y Eliseo, el profeta, da “paga de profeta” (de enviado de Dios) a aquella mujer –que era estéril y su marido ya viejo- porque le promete que al año siguiente esa mujer estará abrazando a un hijo.
          Estamos ante una enseñanza básica en el seguimiento de la doctrina de Jesús. Otras veces nos encontramos ante hechos que nos dan a entender alguna lección. Aquí, en este evangelio, Jesús va por directo con frases determinantes para mostrar las exigencias que supone el seguimiento de Jesucristo.
          La 2ª lectura (Rom 6, 3-4.8-11) nos pone sobre la pista fundamental: somos bautizados y el bautismo nos ha incorporado a la muerte de Cristo, porque por el bautismo fuimos sepultados para salir vivos con la vida de Jesús. La imagen queda mucho más clara si entendemos el bautismo por inmersión, en el que el bautizado era sumergido en la piscina bautismal, para salir luego renovado en santidad por el poder de la sangre de Cristo. Los que hemos muerto con Cristo, creemos con fe que también viviremos con él, pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre, y su vivir es un vivir para Dios. La consecuencia para nosotros y en nosotros es que nosotros tenemos que haber vencido al pecado y así estar vivos para Dios, en Cristo Jesús, Señor nuestro.

          Por la EUCARISTÍA todo eso se hace una realidad y tenemos vida sobrenatural, que debe haber vencido al pecado y hacernos así hombre vivos con la vida de Dios dentro de nosotros.




            Para ser “dignos de Jesús” suplicamos:

-         Que pongamos el amor a Dios y a los deseos de Dios, por encima de todo otro amor. Roguemos al Señor.

-         Que aceptemos la cruz que no toque llevar como una incorporación a la cruz de Jesús. Roguemos al Señor.

-         Que seamos capaces de dejar perder lo propio para encontrar la vida que nos trae Jesús. Roguemos al Señor.

-         Que atendamos a otros con la mirada puesta en que estamos sirviendo a Jesús. Roguemos al Señor.



Haznos, Señor, dar a nuestra participación en la Eucaristía el sentido de ser “dignos de Jesús”. Que vive y reina…

sábado, 1 de julio de 2017

1 Julio: Extracto de Autobiografía

Mes de San Ignacio de Loyola
Concluirá el mes con la fiesta de San Ignacio de Loyola. Es costumbre en los jesuitas dedicar el mes a nuestro Fundador. Y yo lo haré en este blog con el recuerdo de su AUTOBIOGRAFÍA, que narra los pasos fundamentales de la vida de este personaje. Aunque se llame “autobiografía”, de hecho no la escribió él, sino que fue el paciente trabajo del Padre Luis Gonçalves da Cámara. Eso sí: están como escritas casi al dictado, tal como las oyó dicho Padre de boca de Ignacio, que por mucho tiempo se había resistido a contarlo, pero que un día “después de haber hablado conmigo, habiéndose recogido en su cámara, había tenido tanta devoción e inclinación a hacerlo, que se había del todo determinado, y la cosa era declarar cuanto por su ánima hasta ahora había pasado.

CAPÍTULO I
1.- Hasta los ventisiete años de su edad, fue hombre dado a las vanidades del mundo, y principalmente se deleitaba en ejercicio de armas, con un grande y vano deseo de ganar honra. Y así, estando en una fortaleza que los franceses combatían, y siendo todos de parecer que se diesen, salvas las vidas, por ver claramente que no se podían defender, él dio tantas razones al alcaide, que todavía lo persuadió a defenderse, aunque contra el parecer de todos los caballeros. Y venido el día que se esperaba la batería, él se confesó con uno de aquellos sus compañeros en las armas, y después de durar un buen rato la batería, le acertó a él una bombarda en una pierna, quebrándosela toda y porque la pelota pasó por entrambas piernas, también la otra quedó mal herida.
Caído él, la fortaleza se rindió. Él estuvo 12 ó 15 días en Pamplona, y los médicos dijeron que había que quebrarle nuevamente la pierna mal soldada, sin que él se quejara, ni mostró otra señal de dolor que apretar mucho los puños. Iba empeorando y cerca de la fiesta de san Pedro y San Pablo dijeron los médicos que si no mejoraba hasta esa noche, podían darlo por muerto. Ignacio, devoto de San Pedro, inició esa misma noche la mejoría.
No se acabó ahí el sufrimiento, porque la pierna se quedó más corta y con una prominencia, e Ignacio, vanidoso, se sometió a las pruebas más dolorosas con tal de que quedara lo mejor posible.
Liturgia
          Gn 18,1-15 es el momento en que Dios viene a Abrahán para anunciarle que “cuando vuelva a verte, Sara habrá tenido un hijo”. Sara escuchó aquello y se rió: “Cuando ya estoy seca ¿voy a tener placer con mi marido tan viejo”. El Señor dijo a Abrahán: ¿Por qué se ha reído Sara? ¿Hay algo difícil para Dios? Cuando vuelva a visitarte por esta época, Sara habrá tenido un hijo. Sara negó haberse reído y Dios afirmó contundentemente: No lo niegues; te has reído.
          Estamos ante el milagro, el misterio de Dios fiel, que realiza su promesa aunque todas las circunstancias pudieran apuntar a lo contrario. Pero Dios actúa y hace lo que ha decidido. El SALMO corroborará esa realidad, repitiendo el estribillo: El Señor se acuerda de su misericordia.
          En el evangelio (Mt 8, 5-17) tenemos el caso de aquel centurión de Cafarnaúm que tenía un criado enfermo. El relato se diferencia de Lucas en que Mateo dice que el propio centurión vino a ver a Jesús para hacerle la petición, mientras que en Lucas lo hacen intercesores.
          Jesús escucha al hombre y se decide a ir: Voy yo a curarlo. Pero el centurión arguye que él no es digno de ello, ni es necesario que Jesús vaya, porque basta que lo digas y mi criado quedará sano. Y pone sus argumentos para indicar que una orden es una orden, y que si Jesús ordena, la enfermedad quedará dominada.
          Jesús se quedó admirado y dijo a los que le seguían: Os aseguro que en Israel no he encontrado a nadie con tanta fe. Y vuelto al romano, le dice: Vuelve a casa; que se cumpla lo que has creído. Y en aquel momento quedó sano el criado.

          Yo quiero hacer parada en las palabras del centurión, porque son palabras que han quedado en la Iglesia como preparación inmediata a la Comunión, con la variante de que no se le dice a Jesús que no venga, sino que con su palabra nos sane para que venga a nosotros. Pero siempre me quedo pensando que los fieles no ponen en esas palabras la fuerza que puso aquel centurión romano. Que es frecuente tomar carrerilla y que se está quedando en una fórmula más que en una oración humilde ante el Señor que va a venir. Yo creo que cada cual debe hacerse consciente de esas palabras y HABLARLAS con el Señor que, desde la Sagrada Hostia, se está ofreciendo ya a entrar en nosotros.