viernes, 8 de marzo de 2013

Explicitando LA CONVERSIÓN


Conversión pero…
             Sí, en efecto: la conversión como tema reincidente de la Cuaresma y como constante de todo el año y de toda la vida. Pero analizar lo que es conversión nos lleva lejos.  Porque lo malo de las palabras que se repiten es que se vacían de contenido.  Imaginemos que vamos al lugar A pero que hemos tomado la carretera B.  La “conversión” –el remedio- no es ”arrepentirse” pero seguir por la carretera B, a la espera de que pueda haber más adelante –quizás- una correspondencia que le faculte a reencontrar la A.  La “conversión” en pararse, como primera providencia. Lo sensato es dar la vuelta 180º y regresar a la bifurcación donde se tuvo el despiste.  Y olvidarse ya de B y tomar decididamente la carretera A.  ¡Qué difícil se les hace eso a los conductores!  [Pues…, si siguen en B, pueden no encontrar ya la salida hacia A;  que no lo pierdan de vista].
             Pero eso no se queda sólo en eso cuando estamos metidos en el proceso cuaresmal. Porque lo que se está pidiendo hoy es mucho más. Es que hay que recomponer no sólo el camino sino la propia actitud del conductor: el reconocimiento claro de su error y la petición de ayuda. ¡Y la aceptación de esa ayuda, que puede ser que le cambie hasta el cuadro de mandos del coche!
             Eso sí: el día que eso se produce, hay un auténtico mundo nuevo de coche y conductor, y hasta del mismo panorama que se ofrece ante sus ojos. Es la belleza de la primera lectura. [Oseas, 14, 2-10].
             Y cuando pasamos al Evangelio, nos encontramos con el inmenso horizonte de la CONVERSIÓN RADICAL: cuando todo se reduce ya –como en un coche inteligente- a poner el piloto automático: amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. A partir de ahí, aquello de San Agustín: ama, y haz lo que quieras.  Jesucristo lo concreta muy bien: Y amarás a tu prójimo como a ti mismo, que vale más que todos los holocaustos y sacrificios.  Consecuencia en los oyentes: “No ha más preguntas”.  Porque ahí está encerrado todo. Esa es LA CONVERSIÓN.

             Hoy volvía yo al lugar de la flagelación. Ayer pensé cómo recoger a Jesús del suelo, y la verdad que no veía modo sin que le hiciera aún más daño.  Hoy me he acordado de la visión de los Santos Padres de la Iglesia, y he llegado a quedarme mirando, sin hacer nada.  Aquellos insignes Maestros de la primera Iglesia están viendo en ese Jesús desnudo y caído sobre su propia sangre, el icono de CONVERSIÓN de todo pecado de la carne.  A Jesús no lo puede levantar la compasión de quien no soporta verlo en el suelo.  Jesús está allí porque muchos están “en ese otro lugar” donde su “dios” es su cuerpo, su placer, su mirada sucia, sus instintos carnales y aberrantes, su sencillo embadurnamiento en la bazofia que se ha constituido en el negocio o el simple juguete de un mundo sin otras miras ni sentidos ni valores.  Que tampoco vamos a decir que sea “nuevo”.
             No se levanta Jesús de su charco de sangre porque la humanidad ha elegido revolcarse en su poza.  Y esto es ver la Pasión en su arista más hiriente, que nos obliga a nuestro propio examen.
             Y no queda ahí:  los soldados del Presidente vinieron por Él. Vinieron a burlarse de Él. A hacerlo juguete.  Lo vestirían de ridículo rey, y pasarían el rato golpeándole.  Siempre será fácil hacer leña del árbol caído.  Y cuando yo me sitúo enfrente de esa imagen viva, temblorosa (y que la ciencia admite que puede crear enloquecimiento, como en los tormentos de una checa), vuelven los Santos Padres a mostrar al Cristo que llama a CONERSIÓN de tanta soberbia, orgullo, amor propio, encerramientos sobre sí…, ese inhumano mundo en que cada uno se erige en “dios” de sí y en juez de los demás.  Ese mundo del que uno no se baja de su burro, y hace imposible la convivencia, el bienestar, el sentirse personas, el vivir como personas, el prestarse atención unos a otros.  El solado de la derecha –y no me refiero solo al romano- tiene la idea de hacer una corona para tal rey…, y tiene que inventar la que más daño haga. Y el otro de la izquierda tiene la ocurrencia de la caña…, y el otro el de golpear la corona con la caña…  El hombre que se ha hecho un lobo para el otro hombre”.  Y lo peor: que los lobos van en manada, y lo que no hace uno, lo hace el otro.
             ¿Qué está ocurriendo?  Que allí está Jesús sufriendo todo esto junto. Y como Jesús acaba de decir que amar a Dios es amar a los hermanos como a uno mismo, ya puede uno imaginar todo lo que hay aquí debajo como realidad de esa CONVERSIÓN que se pide hoy…, que será el grito de la Iglesia, porque es la llamada misma de Dios.  Todo un replanteamiento desde las bases, porque no se trata de arreglar unos sentimientos o unos deseos, que pueden ser muy nobles.  Hay que girar los 180º, volver grupas,  y retomar la carretera A.
             Fue exactamente lo que no hizo Pilato.  Porque Pilato intentó su nuevo engaño, su nueva falsa salida a campo través: a ver si encuentro un atajo en el que se produzca la compasión de la muchedumbre enardecida ya y ávida de sangre.  Y dirá estúpidamente: Aquí está el hombre…, cuando lo que tenía que haber dicho es: Aquí me tenéis a mí que no tengo ni madera de humano. Ni de juez. Ni de justo. Ni sentimientos de humanidad.

jueves, 7 de marzo de 2013

Si HOY ESCUCHÁIS la voz de Dios


ESCUCHAR la voz del Señor
             Hoy está acentuada la faceta de la escucha de la Palabra.  No sólo de “oír” la voz del Señor, ¡que eso no basta!  Sino de ESCUCHAR. “Oír” es simple función del órgano auditivo.  Oímos como quien oye llover. ESCUCHAR es aprestar el oído para enterrarse…, para sentirse cuestionado, para responder.  Y lo que hoy insiste la liturgia de la Cuaresma es una ESCUCHA atenta, tranquila, dando tiempo, dejando que profundice y penetre y saque a flote una respuesta.
             Dios habla de muchas maneras: profetas, personas honradas, acontecimientos… Dios habla día a día y muchas veces al día. ¡Se queda como quien predica en balate!, porque no solemos tener puestos “los parlantes” (como dicen los sudamericanos).  Y la voz del Señor no se escucha a esos niveles en que ha de calar su Palabra y hacernos reaccionar.
             Aquellos fariseos del Evangelio de hoy, “oían” y oían distorsionado. Donde Jesús echaba al demonio, ellos “oían” a Jesús como demonio. Es lo peor. Yo convivo con una persona que “procesa” mal lo que oye [semejante a un ordenador viejo] y parece oír siempre lo que nunca se dice. Y el diálogo (¿?) es de sordos. Así eran los fariseos. “oían” pero eran incapaces de escuchar por sus prejuicios. Y acababan diciendo sandeces tan originales como que Jesús echaba los demonios con el poder del demonio.  Es evidente que NO ESCUCHARON. Y Jesús les advierte a los tales que los finales son peores que los principios porque no hay peor sordo que el que no quiere escuchar.

             Pilato fue un gran sordo. Porque quiso anteponer su puesto, su carrera política, su escepticismo, su falta de decisión, sus miedos…, a lo que era indispensable en un juez que quiere hacer justicia.  “Oír”, oyó. Pero no quiso ESCUCHAR cuando Jesús le pretendió poner ante LA VERDAD. La “verdad” de Pilato era salvar su cuello, chaquetear con medias soluciones, nadar y guardar la ropa. Y uso “sus artes”… Pero todo el que va en mentira, acaba siendo víctima de ella.
             Ya había decretado que Jesús era inocente y –desde luego- no era para una condena de muerte.  Estaba juzgado el caso.  Pero…, ¿por qué iba a arrostrar la responsabilidad?  Y cuando aquel grupo de gente festiva viene a pedir la liberación de un preso (según la costumbre anual, por la Pascua), Pilato riza el rizo y encuentra su coartada…:  él no va a sacar la decisión de liberar a Jesús, y aquel grupete de gentes alegres le va a solucionar la cosa. Él se vuelve a “lavar las manos” y les pone delante una dilema facilísimo: o dejar en libertad a un sedicioso peligroso (hasta entremezclado en un homicidio), o soltar a Jesús, que nada malo ha hecho.  Y como encima de todo Pilato es un infeliz y no sabe calcular las malicias que encierran sus contrincantes, les deja “deliberar” para que elijan. Pilato se frota las manos por su diplomacia… La esposa le manda recado: no te metas con ese justo… Y él se sigue frotando las manos porque va a solucionar el tema sin mojarse.
             Y cuando sale a ver los resultados de la deliberación, se topa con la sorpresa desagradable, doble y gravemente desagradable, de que el veneno de los sacerdotes ha inficionado a la masa y no sólo piden la liberación del sedicioso Barrabás sino que las palabras suben de tono y para Jesús piden que lo crucifique.
             Pilato es el clásico sordo que NO ESCUCHÓ… No escuchó a su propia sentencia absolutoria, no escuchó a Jesús y LA VERDAD, no escuchó a su esposa…  ¡Mira que estaba Dios hablándole de muchas maneras!  Pero él NO ESCUCHABA sino que se mantenía en esa adormidera de su PROPIO YO, lo único que sabía escuchar.
             Y como perro que vuelve a su vómito, no resuelve tampoco ni en un sentido ni en otro…, salvo en buscar otra vereda para escapar…: que azoten a Jesús… Un castigo con lengua bífida.  O provocaba compasión…, o le estaba preparando para la cruz (porque en el fondo, Pilato ya se había tragado su fracaso y que tenía perdida la partida).
             Y la flagelación era una barbarie. O atado con brazos en alto para dejar todo el cuerpo a la intemperie, o sobre columna baja doblado el torso, para ofrecer más espaldas sobre las que golpear. Los verdugos, los normales. Los que tienen ese oficio. Ni mejores ni peores de corazón. Los que hacen eso porque así se ganan la vida.  Y sobre el cuerpo de Jesús cayó el primer golpe del flagelo de cuero con 6 bolas de hierro, y Jesús se estremeció, casi como quien bota sobre sí mismo. Traspasaba el dolor. Y si es un golpe sobre otro, enrojecía…, abría las carnes… Y si son 10, 20, 40… Claro: yo pienso que la naturaleza es muy sabia y que en un determinado momento el umbral del dolor supera la conciencia y Jesús se desmaya. Los golpes siguen como quien golpea una almohada…  Eso sí cada vez penetran más a lo hondo…  Y cuando Jesús vuelva en sí, es una pura llaga, un puro dolor.
             Yo le quisiera ayudar. Pero es espantoso que tengo que pasar sobre su sangre misma… ¿Y cómo puedo ayudarle si no tiene parte ilesa en su cuerpo, y no quisiera yo redoblarle tanto sufrimiento?
             No se me ha ido el argumento de hoy: o escuchamos la voz de Dios o nos vamos a encontrar con más de un Cristo en estas condiciones. ¿Y seré inocente de sus heridas?

miércoles, 6 de marzo de 2013

Nación grande


Los MANDATOS del Señor
             La s lectura del día están centradas en algo esencial del sentido cuaresmal…, o del profundo sentido de la vida creyente: la vida del que cree en Dios no tiene más remedio que fundamentarse en conocer lo que Dios quiere y tratar de vivirlo.  Toda sociedad bien constituida tiene que tener unos puntos básicos de apoyo y orientación para poder caminar en una dirección. Quien ha entrado en el ámbito de la vida de Dios, necesita tener la pauta de Dios.  Y cuidar esos preceptos, mandatos y decretos…, y cumplirlos, será la grandeza del hombre. Por eso Moisés llega a exclamar con inmensa satisfacción qué nación, por grande que sea, tiene unas leyes tan perfectas como las que el Pueblo de Dios ha recibido de su Dios.
             Y llega Jesús y, como auténtico creyente, no romperá ni un solo precepto y mandato de Dios…; ni cambiar el punto de una i. Porque lo que viene de Dios es demasiado grande y perfecto como para poder cambiarlo. Pero también es verdad que desde lo primitivo que corresponde a un pueblo como el hebreo hasta la plenitud de los tiempos en que Cristo viene, hay un proceso de suma trascendencia: el paso desde la ley que se cumple y ayuda y conduce hasta la interiorización del sentido de la Ley. Y lo que antes bastaba “hacer”, “realizar”…, en Jesús tiene que llegar a ser vida como la vida misma. Y por tanto no es como el soldado que cumple órdenes sino como la persona que tiene un horizonte y tanto horizonte que cabe avanzar. Ya las “leyes” no son normas que se cumplen: son indicadores de camino que abren espacios sin fin.  Y eso es lo que constituye un Reino de Dios…, un ámbito donde –como dice San Ignacio de Loyola- las leyes escritas serán orientadoras, pero la LEY que define es la interior ley que el Espíritu Santo escribe e imprime en los corazones.

             Pilato había preguntado: ¿y qué es verdad?  Pero no para averiguar sino para escaparse por la tangente. No le interesaba averiguar. Era “hombre de leyes”…, pero que no le plantearan problemas. Advirtió que los sacerdotes no iban con la ley sino con unos apasionamientos vergonzantes. Pilato no lo afrontó.  Preguntó porque le resultaba curioso que a Jesús –que era un pobre hombre indefenso- se le acusara de querer ser “rey de los judíos”. Como Pilato no entiende para nada la respuesta de Jesús, mucho menos quiere meterse en el tema de qué es verdad.
             Meterse allí suponía: que si Jesús era inocente (y Pilato lo había visto ya), tenía que tutelarlo frente a los sacerdotes. Comprometido para él. Que si era inocente, no podía seguir el juego cobarde e interesado de hacerlo moneda de cambio para recomponer su amistad con Herodes, máxime cuando conocía que Herodes era una marioneta del placer y del aparecer. Y que lo que no podría admitir un juez imparcial era exponer a Jesus (inocente) a la veleidad de una marioneta.  Pero Pilato era maestro en esos de “lavarse las manos” y –acogiéndose a que la cosa empezó en Galilea- se quita de encima el caso engorroso…, y ¡allá Herodes se las arregle! Y respira Pilato cuando ve salir el cortejo camino de Herodes.  Pero la patata caliente le vuelve a las manos.  Y es que está huyendo de LA VERDAD, y la verdad se le empina delante.
             El tema que me hace estar parado en todo esto es muy sencillo: ¿por qué no tuvo agallas aquel hombre para plantearse que había otras cosas que no eran sólo él y sus intereses políticos, y sus “ten con ten” para no cogerse los dedos?  ¿Por qué no era capaz de preguntarse a sí mismo si no será que se está equivocando? ¿Por qué no se plantea metodológicamente que SABER DUDAR es una parte auténtica del hombre sincero, y que el que se plantea una cosa y busca en el fondo de ella o de sí mismo, está mucho más cerca de obtener una verdad más verdadera?
             Si habláramos todo esto en nuestra realidad personal: ¿no seríamos capaces de mucho más de lo que damos de nosotros mismos y somos? ¿Por qué los santos han avanzado tanto? ¿Por qué nos han adelantado de esa manera?  No eran de diversa materia. Lo que supieron es cuestionarse la posibilidad del MÁS.  Como Ignacio de Loyola en su lecho de dolor, cuando lee la vida de San Francisco de Asís o Santo Domingo, y en vez de decir: “esto no es para mí” (es lo que hacen los pusilánimes o los egoístas), se dice: ¡Pues yo lo tengo que hacer!  Por eso se convierte en ser lo que fue.  Y no le cayó como una breva. Tanteó muchas cosas. Buscó mucho. Se equivocó en proyectos iniciales… Pero siempre SUPO DUDAR y preguntarse. ¿qué he de hacer por Cristo?  Y de esas dudas iban surgiendo respuestas del más y más.
             La “moviola” de “los futuribles” me lleva a una ciencia ficción: ¿cómo se hubiera desarrollado el proceso de Jesús, si Pilato llega a ser capaz de esa honradez?  Pero como eso es ciencia ficción, sí me queda la pregunta muy concreta: ¿cómo sería el proceso de mi vida, y la de muchas grandes personas que me rodean, si en vez de pretender seguir aferrados a la “barra de seguridad” de lo que tenemos, fuéramos capaces de soltarnos y dejarle a Dios hacer su obra?  Si en vez de pretender tener mis pies bien asentados para “mi seguridad”, fuera yo capaz de dejar a DIOS SER DIOS y que Él pueda levantarme mis pies del suelo…, porque quien pisa fuerte es el propio Dios, QUE ES MUCHO MÁS GRANDE QUE YO?

martes, 5 de marzo de 2013

Educación

Lo mínimo que requiere el blog es respeto y educación.
Opiniones, caben muchas.
La falta de respeto, NADA.

Remachemos el clavo


Arrepentidos y mirando hacia adelante
             El personaje que hoy abre camino en las lecturas es Azarías. Y su oración en la verdadera oración de la persona que empieza aceptando, de base, la realidad del pecado, el propio y el ajeno…: la situación de pecado. O lo que es igual: el desfase entre lo que es bueno y acorde con los proyectos de Dios y el lastre del egoísmo y la soberbia humana.
             Es muy claro que el ser humano no sale de su posición por sí mismo porque el engreimiento y la soberbia le ciega y le nubla el horizonte. De ahí que la experiencia dolorosa del hombre que mira de frente la verdad es de ser los más pequeños…, humillados por todo lo que rodea…, y que en definitiva es el la negación de sí mismo que lleva consigo lo que llamamos genéricamente pecado, y que –en realidad- abraca esa carencia radical de todo lo bueno: no tenemos ni mentores, ni profetas, ni culto digno de Dios, y nos hemos hecho estériles para alcanzar por nosotros la misericordia.
             Azarías se va derechamente a Dios y suplica. “Compromete” filialmente a Dios para que Dios mismo salga a defender su honor, y que eso se realice desde la misericordia gratuita que viene de su mano. Porque Tú lo prometiste, y eso es lo único que puede salvarnos.  Y que ahora, nuestro corazón arrepentido…, el corazón capaz de reconocer el propio error, el propio egoísmo, la propia autosuficiencia…, sea el verdadero sacrificio válido y agradable a tus ojos.
             Azarías no pone ningún mérito personal por delante; no se apoya en las “bondades” de un pueblo… Simplemente, desde la humilde actitud de quien ha de dejarse tomar por la misericordia de Dios. Dejaos reconciliar por Dios, que diría San Pablo.
             Y en el Evangelio, en medio de toda la trama de la parábola en la que Jesús se pinta solo, el argumento central es muy sencillo: la comprensión, la acogida, el perdón absoluto (“hasta setenta veces siete”), es lo que redime y obtiene el favor de Dios.  Por eso el enorme pecado de aquel siervo engreído, que para sí quería el perdón…, pero no sabía ceder ni en una minucia a favor del consiervo, está representando para Jesús la negativa a poder ser perdonado.  Que no es que Dios no tenga las manos abiertas para condonar la deuda, sino que ese engreimiento de quien ni se plantea el tema de ser él quien ceda algo, le está cerrando el paso. ¡Él mismo se está cerrando el paso!
             No es lo malo ser un pecador empedernido. Lo malo es permanecer empedernido sin capacidad para la misericordia.  Y la misericordia no es la que cabe en “mi medida”, sino la que empieza vaciando ese poso del yo-mismo para dejar entrar a bocanadas el que hay en ti…, y el que es el Dios infinito en clemencia y perdón.  El que está harto de tantos personalismos (holocaustos y sacrificios “según la ley”…), para abrirse de par en par a la NUEVA LEY, la del amor y el corazón compasivo. Porque ahí entramos ya en la órbita de Dios.

             A mí me produce impresión ver que Pilato llegó a sentirse extraño y hasta empequeñecido ante la personalidad de Jesús.  Lo acusaban de malhechor, y Jesús no se defendió. Dijeron que se hacía pasar por rey y que prohibía pagar el tributo al César y Jesús no dijo una palabra…  Y eso, cuando lo que se está jugando es una condena a muerte, sería para que ese preso quisiera aducir algo.  No lo hizo Jesús.  Fue Pilato quien necesitó tomarlo aparte y –como el juez perdido en medio de ese lío- pregunta entre sorna (posiblemente) y admirada extrañeza: ¿Eres Tú el rey de los judíos?  Y si extrañado estaba, le deja perplejo la respuesta de Jesús: Pues, en efecto soy rey.  Luego aclara que no de este mundo…, que no tiene ejércitos, y que su reino no es de aquí.  Y Pilato no sabe ya ni qué oye ni que pensar. Pero cuando Jesús le dice que ha venido a ser testigo de la verdad, ahí Pilato no quiere seguir escuchando. ¿Cuál es la verdad? ¿La de los judíos? ¿La de Jesús? ¿Cuál?  Y Pilato, que no es precisamente un paladín de la verdad, porque es un político que va nadando y guardando la ropa, se siente desbordado y huye mascullando entre dientes…  Sólo ha sacado en claro que Jesús no es un malhechor, ni mucho menos un reo de muerte.  Cómo capear ahora el temporal desde esa otra “media verdad” del que no quiere comprometer su mundo, ni condenar al inocente, es el gran problema. Y lo es porque no es Pilato el hombre de la verdad.  Y así es muy difícil afrontar una situación como ésta.
             ¿Llegó Pilato a dudar? ¿Fue capaz de ponerse siquiera un instante ante su interior profundo y barruntar siquiera lo que debería hacer?  ¿Se lió a venda ante los ojos porque más le valía no ver y no mirar y no sincerarse consigo mismo?
             Bien podemos ver en aquella historia que hubo un Cristo que fue la víctima.  Dios quiera que en nuestras otras historias no vaya a haber otras víctimas de esa misma venda con la que estamos prefiriendo no ponernos delante nuestra última profunda verdad…  Y es que en el fondo, CREER QUE JESÚS ES EL REY, está muy bien para meditarlo.  Pero “el rey león” que cada cual lleva dentro, eso es bien difícil de domesticar.

lunes, 4 de marzo de 2013

Seguimos dudando


LOS SEGUROS DE SÍ
             Tres personajes salen en principio en la primera lectura: el  rey de Siria, el de Israel y Naamán, el leproso.  Tres muy seguros de sí. El rey de Siria, con sus dones abundantes para obtener un favor. El rey de Israel que da por principio que traman contra él.  Naamán que no le salen las cosas tan solemnes, y que los tres están a punto de romper la baraja de mala manera. Ellos llevan tanta razón que no les da oportunidad a dudar de que puede haber realidades más allá de las que ellos creen evidentes. Tuvo que se la humilde sencillez de unos criados o servidores, a los que poco les iba en el invento, quienes fueran capaces de plantearle a Naamán una duda: Y siendo tan sencillo lo que te manda el Profeta, ¿por qué no lo intentas? ¿Qué pierdes?  ¡Duda de ti!, le están diciendo. Duda de tu soberbia; duda de tu idea que te habías forjado. Déjale posibilidad a a otra opción, que puede ser tan válida como la tuya…, o más.  Y Naamán hace caso y se cura. Y ahora descubre que Dios es más grande que él.
             Los paisanos de Nazaret tampoco dudaron de sí. Dudaron de Jesús. Se dejaron atar por los propios prejuicios, us ideas, sus seguridades…, y hasta en lo religioso y mesiánico…, Y Jesús no pudo hacer allí ningún milagro…, y tuvo que IRSE.

             Contemplaba yo hoy a los sacerdotes judío tan absolutamente afincados en su idea (en sus prejuicios), que van seguros de que llegan a Pilato y Pilato se les rinde a su voluntad. Y Pilato –que por este instante- parece querer ser un buen juez, no está por la labor. Y no da la sentencia porque no conoce la causa y tiene primer que conocerla.  ¡Gran ofensa para los sacerdotes, que están plenamente seguros de sí, y si no fuera un malhechor no te lo hubiéramos traído!  Y Pilato, en parte como juez imparcial…, y en parte porque estaba deseando devolver a los sacerdotes la bofetada sin manos que antes le habían dado a él denunciándolo a Roma, les espeta nada menos que un despreciativo: Si vuestra ley permite condenar sin escuchar la causa, juzgarlo según vuestra ley.  Era una bofetada directa.  Y como ellos no dudan de su decisión de matar a Jesús, y no dudan de que ellos son los que llevan razón, acaban agarrándose a su particular razón (que jamás quisieron contrastar), y salen ahora por otra razón de condena de la que traían del Sanedrín y de la que le habían dado a Pilato… Ahora será que Jesús se hace rey de los judíos y prohíbe pagar el tributo al César. Una ensartada de mentiras o de verdad no planteada nunca en términos de sinceridad.
             Razón llevaba Pilato con no fiarse de ellos ni un pelo, porque quienes se suben a su burro y no admiten otras posibilidades…, no dudan de sí mismos y de sus razones, y se autodefienden con su propia seguridad, acaban dando tumbos porque las cosas no son como ellos las habían pensado.
             A todo esto, Judas –el que tampoco fue capaz de dudar…, el que en enrocó en su idea de mesianismo nacionalista…, el que no acogió tantas explicaciones de Jesús, tantos planteamientos de otra índole, y tantas delicadezas de Jesús (que hizo hasta el final las mayores finuras a ver si Judas se abajaba de sus humos), se encuentra ahora con que se ha pasado, y las cosas han ido mucho más allá de lo que él pretendía.  Ya he expresado mi idea de que Judas no busco la muerte de Jesús. Buscó apartarlo de la vida pública. Y como no pudo ser de una manera, acabó por entregarlo a los sacerdotes –los permanentes contrincantes doctrinales de Jesús- que podían custodiarlo a buen recaudo. Y cuando quiere acudir (de seguro que había rondado aquella madrugada a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos), se encuentra con que el Maestro ha sido declarado reo de muerte.
             A eso no había pensado llegar.  Y ahora, cuando ya ha entregado, ahora es cuando se plantea haber entregado sangre inocente. ¡A buena hora duda!  Y lo peor es que no sabe salir de su propio fracaso, de su fallo radical de soberbia engreída del autosuficiente que sabe más que nadie. Y como es tan difícil ceder de sí, y más cuando ahora está mascando su propio error, ni sabe resolver, ni sabe replantear… Su propio fracaso se lo lleva a la desesperación, y acaba ahorcándose. Es la rabia contra sí mismo. Pero el texto sagrado nos deja una connotación muy expresiva y espantosa. No sólo es que se ahorca. Es que revienta por medio y sus entrañas se esparcen…  Es toda una imagen de la soberbia inflada, que precisamente explota de mala manera y acaba desparramando las propias entrañas para la vista de los de fuera, para la propia extrema vergüenza del que estuvo tan pagado de sí mismo, del que no dejó lugar a que hay otras verdades más allá de las propias…, otras realidades de vida que uno no abarca ni tiene por qué abarcar.
             No en vano está ahí esa definición de LA FE, como la capacidad para aceptar la duda.  Y cada día que pasa, cada día que más se relaciona uno, cada día que más se ve uno a sí mismo, se llega mejor a la conclusión de que sólo el que SABE DUDAR DE SÍ Y DE SUS SEGURIDADES es el que muestra un rostro de persona de fe.  O eso, o recienta uno por medio porque las cosas no son como uno las piensa. 

domingo, 3 de marzo de 2013

"SOY EL QUE SOY"


SEGUNDA OPORTUNIDAD
             Se puede definir este domingo 3º C de Cuaresma como “la segunda oportunidad”. Si así se queda uno solamente en el tema del Evangelio. Sin embargo creo que hay un horizonte de mucha más envergadura si arranca uno desde la primera lectura, que encierra la gran palabra de presentación que hace Dios de sí mismo, y de la que dependerá después todo lo demás.
             Cuando Moisés se queda admirado ante el fenómeno extraño de la zarza que arde en el monte y no se consume nunca, Moisés intenta escudriñar ese extraño suceso. Dios le sale al paso y le dice: Estás en terreno sagrado, descálzate.  Estás ante Dios; desnúdate de ti; deja de ser tú, y deja ser a Dios.  Yo he contemplado la aflicción de mi pueblo en Egipto y he bajado a salvarlo.  Y tú vas a ser mi lugarteniente.
             Moisés se queda perplejo y dice:  Pero ¿cómo me presento yo al pueblo hebreo? ¿Quién le digo que me manda? ¿Quién digo que eres Tú?  Y Dios responde con una respuesta sublime, misteriosa y expresiva: Soy el que soy.  Podría significar como una evasiva….: no te digo quién soy.  Pero significa algo muy grande: SOY QUIEN NUNCA FALLA, quien siempre es y que nunca podrá dejar de ser. SOY EL QUE SOY YO…, y nunca el que cada cual pretenda que yo sea…  No soy el que cada cual se ha fraguado en su idea…, el que cada cual quiere que yo sea y que yo haga…, y pretenda que yo sea al modo suyo. YO SOY DIOS Y NO HOMBRE. Yo SORPRENDO, yo siempre soy nuevo y siempre SOY…, lo que significa que NUNCA DEJO DE SER, nunca dejaré de ser.  Y ya podéis llevar la seguridad de que SIEMRE PERMANECERÉ.  Lo que hace falta es que vosotros me dejéis ser quien soy YO, y no pretendáis ponerme vuestros pequeños y hasta ridículos límites, con los que pretendéis siempre encerrarme cada uno en vuestro frasco humano.
             Y porque YO SOY, tengo el poder de hacer nuevas todas las cosas, de ofrecer una segunda oportunidad que podrá repetirse millones de veces mientras vosotros no pretendáis encajonarme. ¡Que es vuestra tremenda tentación diaria, pretendiendo cada uno poseer toda mi verdad, toda mi infinitud!
             Hay desgracias, hay realidades humanas de todo tipo y a todos los niveles, como aquella torre de Siloé que cae a plan y aplasta a muchos; hay bárbaros humanos que matan y torturan… Las víctimas de lo uno o lo otro no son personas castigadas por sus maldades.  Porque lo mío propio –dice el Señor- es ofrecer una nueva oportunidad, como aquel labrador que Jesús presenta en el Evangelio.  Un labrador amante de su plantío, y al que le cuesta dolor cortar la higuera frondosa que crece en el centro.  Y sin embargo la higuera solo tiene hojas y lleva años sin dar fruto.  Una solución fácil es talarla, arrancarla, y que no chupe jugo inútilmente.  Sería una solución muy humana.  La otra solución, aferrada a la esperanza es dejarle todavía un año ahí, y cultivarla más: abonarla, regarla, removerle la tierra… Y tener esperanza de que dé fruto… Que si no, la cortarás.
             Observo con dolor lo drásticos que somos, lo “perfectos”, que preferimos cortar antes que cultivar; que nos arrogamos el celo de Dios para defender holocaustos y sacrificios mientras nos alejamos de la misericordia, la paciencia y la grandeza del Corazón de Dios. Que al final de cuentas todos tenemos la tentación de ser “dioses”, a pesar del pequeño agujerito que somos, en el que no cabemos ni siquiera nosotros mismos. ¡Y ahí queremos encerrara Dios y queremos encerrar todas las manifestaciones de Dios, tan evidentemente mayores, nuevas SORPRESIVAS…, y que no tienen nunca fin, porque sería poner coto al propio Dios.
             Estamos en un momento sublime de la vida de la Iglesia. Por decirlo gráficamente ya ha hecho cada uno “el retrato robot” del papa que ha de salir.  Y por supuesto, cada uno ha hecho su “personal robot”, a la manera propia que cada cual desea, que cada cual piensa y quiere…, para que responda a los propios pensamientos o disipando los propios temores. Eso de DEJAR A DIOS SER DIOS, y dejar al Espíritu ser EL ESPÍRITU DE DIOS, ya se nos resiste.  No es precisamente el mejor exponente de la fe.  Y no digamos cuando el “retrato robot” procede de quienes no comulgan con la Iglesia, los que viven en otro círculo, y sin embargo ahora se quieren meter a ecir lo que la Iglesia ha de hacer, lo que el nuevo Papa ha de hacer.
             No está nada de eso en consonancia con la realidad sublime de que YO SOY EL QUE SOY, el inmanipulable…, con la realidad esencial de que Dios es siempre MÁS, y quiere sorprendernos.
             Luego resulta que EL QUE ES tan misterioso en la zarza, ha bajado porque ha visto el sufrimiento de su Pueblo en Egipto. También ese Dios tan Dios, es capaz de sorprendernos apareciendo COMO UN HOMBRE CUALQUIERA…, como yo mismo, para tocar desde la tierra la realidad de la tierra, viviendo desde lo más humano.
             Y al final resulta que ese DIOS DE LA ZARZA QUE ARDE, es un PAN DE VIDA que viene a las palabras del sacerdote, y lo recibimos todos ahí dentro, y es el infinito Dios pequeñito…  Ahora bien: ¿somos nosotros tan capaces de ser pequeñitos, que seamos capaces de DEJAR A DIOS SER DIOS?  Es un interrogante de mucha envergadura para plantearnos nuestra segunda oportunidad.

sábado, 2 de marzo de 2013

LO MÁS SUBLIME


DIOS
             Voy a confesaros que hoy no llevo hasta vosotros el fruto de mi oración. Hoy se me fue mi tiempo de oración personal ante el recuerdo de un compañero, amigo y confesor que ayer tarde voló hacia el Corazón de Dios.  Esta mañana a las 6’30 estaba yo celebrando la Santa Misa, en privado, para ofrecerle mi sufragio y recuerdo afectivo al amigo con el que conviví en cuatro etapas en tres diversos lugares. O yo fui destinado a donde él ya estaba, o vino a la ciudad en la que yo había aterrizado unos pocos años antes.  Eso sí. Yo en activo; él como enfermo para ser atendido y cuidado.

             Pero no estoy despegado de la maravilla sublime que hoy nos aportan las lecturas del día, para dar en el mismo centro del clavo de la Cuaresma. Lo que pasa es que habría que copiar palabra por palabra los textos de las lecturas, y el Salmo, porque ¿para qué más? si Dios mismo se ha retratado tan magistralmente que no habrá pincel que pueda añadirle un rasgo a esa fotografía que nos dejan estas lecturas.
             El Dios nuestro que pastorea a su pueblo…, que va a las alejadas o están enredadas  en la maleza…, y hasta llegando a prodigios para manifestar la sublimidad de su Corazón.  ¿Qué Dios hay como Tú, que perdonas el pecado y absuelves la culpa al resto de tu heredad?  Siempre se complace en la misericordia. Arroja a lo hondo del mar todos nuestros delitos.  Fiel, compasivo, leal…, desde tiempos remotos.
             El SALMO será un desarrollo detallado de una premisa esencial: El Señor es compasivo y misericordioso.  Merece la pena tomar el Salmo e irlo desgranando.  ¡Y cuántas angustias y sufrimientos se evitarían en esas almas que viven sumidas en el temor de si fueron o podrán ser perdonadas.
             Y nos quedaba el retrato de artista consumado que nos hizo Jesús, de primera mano, como quien bien sabe y conoce lo íntimo de Dios. Esa PARÁBOLA DEL PADRE BUENO en la que no se puede perder ni una coma. Y nos deja en las manos la paternidad de Dios…, a disposición nuestra, para que podamos sentir que Dios es ESE TAN OTRO que nos haría tanta falta penetrar desde el corazón nuestro.
             Corazón que se identificará muy pronto con el hijo menos…, el inmaduro y también recalcitrante, que cree hallar la libertad cuando deja a su padre y él se marcha a buscar mundos “más felices”, “más libres”. Pero el padre no cambió… Siguió siendo el que era y no podía dejar de ser. Por eso aquel alegre jovencito, el día que se topó con la cruda realidad de la vida, pudo pensar que aquí (lejos de mi padre) soy un desgraciado;  que allí, junto a mi padre –y aunque como simple criado- sería feliz.  La eterna canción del que salió a trotar mundos y creyó comérselos…, y a la primera vuelta de la esquina se toparon con que ese “mundo de promesas” era una mentira que agota, que agobia, que provoca hambre y necesidad…, y que para colmo, ni siquiera deja comer las sobras de los cerdos…
             El harapiento joven se viene cansinamente hacia su casa; pedirá perdón, dirá…  ¡Todavía se queda chico su conocimiento de su padre!  Porque a la hora de la verdad, fue su padre quien salió al camino, quien corrió hacia ese despojo humano, lo abrazó, lo besó calurosamente…, y le tapó la boca para que ni siquiera pudiera pronunciar su plan de quedar como el último criado.  ¡No había entrado aún en el abismo de amor de su padre!  Porque el padre le lleva a los sirvientes paraqué lo acicalen, le vistan su túnica, le pongan su anillo, sus sandalias…, y lo conduzcan a un banquete que es el símbolo precioso el Reino de Dios: a la mesa con su padre.
             ¿Cree alguien que se está mutilando el texto total? Sí: el otro hijo, el “perfecto”, el “justo”, el “celoso de la ley”…, el que se niega a entrar en los sentimientos de su padre…, y –negándose a entrar en el banquete- le espeta a su padre escupitajos de “hijo bueno”: En tantos años que te sirvo sin desobedecer una orden tuya   [medallita que se cuelga para defender “sus derechos”], no me diste un cabrito para festejar con mis amigos…; recibes a ese hijo tuyo que ha perdido dinero y vida con meretrices…
             El padre salió a por él. Con la ternura infinita: ¡Hijo mío!...; tú siempre estás conmigo; todo es tuyo; no tengo que darte permiso para coger el cabrito.  Pero ese hermano tuyo se había perdido y ha regresado… ¿No vamos a hacer fiesta?  Deberías alegrarte.
             Verdaderamente que no olemos ni de lejos el Corazón de Dios. Que nuestra mayor carencia es habernos hecho un Dios de medidas humanas que queda en nuestros bolsillos, y que nos escandaliza un DIOS tan DIOS que está por encima de esas pequeñeces de nuestro corazón. Hemos pretendido encerrar a Dios en normas y leyes, y hemos roto el retrato que nos puso en las manos Jesús.
             Por eso vuelvo a decir, como ayer: hasta que no seamos capaces de DUDAR, con esa duda constructiva del que sabe que hay un horizonte infinito (aunque sus ojos aún no puedan ni intuir) que nos desborda…, no nos acercaremos a DIOS en ese movimiento continuo que pueda aceptar que DIOS ES SIEMPRE MÁS, es SORPRESIVO y SORPRENDENTE, y que no podremos agotarlo (¡bendito sea Él por eso mismo!), porque sabremos que por mucho que bebamos, el MANANTIAL DE AGUAS VIVAS no podremos jamás agotarlo…, y siempre sigue fluyendo.

viernes, 1 de marzo de 2013

Con el corazón más ancho


Cuaresma para construir
             Un nuevo momento cuaresmal, y –como tal- constructor de un mundo mejor, donde misericordia quiero y no sacrificios.  Donde las lecturas se ensamblan adecuadamente para trasmitir no una meditación sino un camino; no un análisis sino un proyecto de Dios. Y Dios es DIOS DE VIVOS Y NO DE MUERTOS, y no quiere la condena a muerte del pecador sino que se convierta y viva.  Esa luz es la que ha de orientarnos en el proceso de reflexión de los textos, por la propia intencionalidad pedagógica de quien estudió lo que quería dejar dicho.
             La parábola del Evangelio de hoy es la defensa de Dios de su proyecto salvador, en que quiere contar con los humanos, porque Dios no se queda en su altura del Cielo para soltar sentencias y epigramas. Y Jesús dibuja en la parábola a un pueblo al que se le ha encargado (arrendado) la viña el Señor (no el cortijillo particular).  Y de ese “arrendamiento” han de dar cuenta de sus frutos, porque el dueño es Otro.  Luego viene lo típico humano: que añadido por aquí, parche por allá, ideas personales  e intereses  creados, el contrato de arrendamiento ha quedado tan alterado que ya no responde a a la voluntad del Arrendador.  Peor: que los arrendatarios se lo adueñan a su modo y manera para hacer de la viña “su reino de taifas”.
             El Dueño envía a sus criados para cobrar…  Pero son apaleados, maltrechos, y hasta matados.  No responde el Dueño con venganzas ni con ejércitos que recuperen lo que le pertenece.  Aún tiene el valor de enviar a su Hijo…  Y en el colmo del paroxismo, los arrendatarios matan al Hijo para quedarse definitivamente de la viña.  Jesús se limitó a preguntar qué sería lógico que ocurriera.  Y ellos mismos son los que dan sentencia…, a su estilo: Hará morir de mala muerte a esos viñadores malos.  Conclusión muy humana y a la que se apuntarán muchos de nuestros contemporáneos.  Pero no Jesús.  Porque al fin y al cabo lo que Él quiere es que la viña rinda sus frutos, sin necesidad de matar a nadie.
             Y es la 1ª lectura la que vuelve sobre esos sentimientos de Dios. Los hermanos de Benjamín, empapados en sus celos, sus envidias, sus deseos que quitarse de en medio a aquel hermano preferido por su padre, por haber sido hijo de su vejez, están dispuestos hasta con llevar a su padre a la tumba, por la pena, con tal de descargar ellos sus malicias internas.
             Rubén viene a ser como un trazo de Dios en medio de aquella maldad de sus hermanos. Y aunque él no puede tener una influencia decisiva, sugiere un camino intermedio (que no es el que él desearía, pero es al menos, menos malo…, y con posibilidad de esperanza…) [Aquí Dios va poniendo el matiz humano a través de uno de esos hermanos… ¡Porque Dios no quiere la muerte sino la vida!, aunque Dios no dirija la vida a golpe de milagro… Pero tiene mano más larga…, y la deja salir a través de Rubén. “No le quitemos la vida; arrojadlo a un pozo, pero no le hagáis daño”. Ahí está Dios… Lo fácil hubiera sido acabar y marcharse.  Pero Dios no es así.
             Y hasta en la maravilla que es Dios, surgen aquellos mercaderes que se dirigen a Egipto y a quienes venden a José.  ¡Hasta le han sacado su provecho económico, en vez de matarlo!   Y lo que no sabían ellos es que estaba Dios fraguando la salvación de su propio pueblo para cuando llegaran los años de hambre…

             En el Sanedrín están los “jueces” religiosos haciendo el paripé de juicio contra Jesús. Juicio prejuzgado. Falso, amañado, mentiroso (y por supuesto que “en nombre de Dios y en defensa de su causa”), con toda la teatralidad mejor: vestiduras rasgadas para sobrellevar el fuego ardiente de la blasfemia…; no entraren el Pretorio para no caer en impureza pisando suelo pagano, y poder comer la pascua…  Pero ¿debajo?  Sentencia condenatoria: es reo de muerte.  No han necesitado más.
             Luego se dan de bruces ante un Pilato que pretende ser juez justo (aunque ya conocemos que su inquina con los sacerdotes no le dejaba ser imparcial).  Aun así, guarda las formas y con la ley en la mano pide la causa y razón de la sentencia que le solicitan.  Y surgen los “perfectos” que no admiten ni que se les pregunte, porque se sienten ofendidos por la pregunta. Y como no llevan nada preparado ni enjuiciado debidamente, se dan por ofendidos, y salen por cualquier sitio: si no fuera un malhechor no te lo hubiéramos traído.  En verdad que quedaron mucho peor. Y Pilato les espetó una bofetada verbal: Pues si ya lo tenéis decidido, allá vosotros con vuestras leyes.
             Me voy a quedar aquí. Lo que me suscita es la torpeza humana que es incapaz de dudar. Que nos hemos hecho un dios tan a nuestro tamaño que hasta creemos abarcarlo con nuestro entendimiento y “aplicarlo” con nuestras formulaciones.  Que tenemos miedo de dejarle a Dios la posibilidad de SER MÁS, de poder sorprendernos, de ganarnos por la mano, de SER DIOS a lo Dios y no dios al tamaño de cada humano.  Que ya sería un paso magnífico nuestro saber dudar, ser felices en la duda, abrirle las compuertas a Dios, y dejarle SER ÉL, sin pretender encapsularlo en nuestras cortas luces (que en el fondo son nuestra soberbia y nuestra ignorancia…, o sencillamente, la llamada de Dios para abrirle espacio a Él).

jueves, 28 de febrero de 2013

Bloguero novato


ME PERMITO COPIAR Y PEGAR UN TROZO DE UN BLOG recién nacido

      Leo curioso y me va fascinando la que entiendo sinceridad sensata de Daniel, un bloguero a todas luces novel (tiene tres entradas en su blog), y que se define de esta guisa:
    «Aquí estoy. Me llamo Daniel, y soy un católico de 23 años.
El señor Ratzinger, ha renunciado toda su vida.

    Así de sencillo.
    El Papa renunció a una vida normal. Renunció a tener una esposa. Renunció a tener hijos. Renunció a ganar un sueldo. Renunció a la mediocridad. Renunció a las horas de sueño, por las horas de estudio. Renunció a ser un cura más, pero también renunció a ser un cura especial. Renunció a llenar su cabeza de Mozart, para llenarla de teología. Renunció a llorar en los brazos de sus padres. Renunció a, teniendo 85 años, estar jubilado, disfrutando a sus nietos en la comodidad de su hogar y el calor de una fogata. Renunció a disfrutar su país. Renunció a tomarse días libres. Renunció a su vanidad. Renunció a defenderse contra los que lo atacaban. Vaya, me queda claro, que el Papa fue un tipo apegado a la renuncia.
    Y hoy, me lo vuelve a demostrar. Un Papa que renuncia a su pontificado cuando sabe que la Iglesia no está en sus manos, sino en la de algo o alguien mayor, me parece un Papa sabio. Nadie es más grande que la Iglesia. Ni el Papa, ni sus sacerdotes, ni sus laicos, ni los casos de pederastia, ni los casos de misericordia. Nadie es más que ella. Pero ser Papa a estas alturas del mundo, es un acto de heroísmo (de esos que se hacen a diario en mi país y nadie nota). Recuerdo sin duda, las historias del primer Papa. Un tal… Pedro. ¿Cómo murió? Sí, en una cruz, crucificado igual que su maestro, pero de cabeza. Hoy en día, Ratzinger se despide igual. Crucificado por los medios de comunicación, crucificado por la opinión pública y crucificado por sus mismos hermanos católicos. Crucificado a la sombra de alguien más carismático. Crucificado en la humildad, esa que duele tanto entender. Es un mártir contemporáneo, de esos a los que se les pueden inventar historias, a esos de los que se les puede calumniar, a esos de los que se les puede acusar, y no responde. Y cuando responde, lo único que hace es pedir perdón. ‘Pido perdón por mis defectos’. Ni más, ni menos. Qué pantalones, qué clase de ser humano. Podría yo ser mormón, ateo, homosexual y abortista, pero ver a un tipo, del que se dicen tantas cosas, del que se burla tanta gente, y que responda así… ese tipo de personas, ya no se ven en nuestro mundo.
    Vivo en un mundo donde es chistoso burlarse del Papa, pero pecado mortal burlarse de un homosexual (y además ser tachado de paso como mocho, intolerante, fascista, derechista y nazi). Vivo en un mundo donde la hipocresía alimenta las almas de todos nosotros. Donde podemos juzgar a un tipo de 85 años que quiere lo mejor para la Institución que representa, pero le damos con todo porque “¿con qué derecho renuncia?”. Claro, porque en el mundo NADIE renuncia a nada. A nadie le da flojera ir a la escuela. A nadie le da flojera ir a trabajar. Vivo en un mundo donde todos los señores de 85 años están activos y trabajando (sin ganar dinero) y ayudan a las masas. Sí, claro.
    Pues ahora sé Señor Ratzinger, que vivo en un mundo que lo va a extrañar. En un mundo que no leyó sus libros, ni sus encíclicas, pero que en 50 años recordará cómo, con un simple gesto de humildad, un hombre fue Papa, y cuando vio que había algo mejor en el horizonte, decidió apartarse por amor a su Iglesia. Va a morir tranquilo señor Ratzinger. Sin homenajes pomposos, sin un cuerpo exhibido en San Pedro, sin miles llorándole aguardando a que la luz de su cuarto sea apagada. Va a morir, como vivió aun siendo Papa: humilde.
    Benedicto XVI, muchas gracias por renunciar.

ADIÓS, SANTO PADRE

SANTA SEDE

Bendito quien confía en Dios


Día 1 de marzo
          PRIMER VIERNES DE MES
Cultos expresamente orientados a resaltar el Corazón de Dios…, su amor hacia toda la humanidad.

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Dichas y desgracias
             Este Jueves 2º de Cuaresma puedo comenzarlo así, según la mirada que nos deja las lecturas de hoy. Me gusta más que intitular, con las palabras mismas de la 1º lectura: Malditos y Benditos.  Pienso que el día que sepamos leer la Sagrada Escritura desde la mirada de Dios, hablaremos menos de todos esos términos negativos, amenazadores, condenatorios, que constituyen muchas veces como el “coco” de la “religión”.  Y no es que no sean expresiones de algo real. Lo que digo es que fundamentar la RELIGIÓN en dardos arrojadizos para acallar y casi aplastar al que piensa de otra manera, es algo ya anacrónico.  No sé si fue mejor que hubiera tiempos que sirvieran de instrumentos coercitivos o estimuladores.  Digo que la fe de la Iglesia tendrá más luz y mejor penetración en las almas si leemos con el tono de Dios.
             Es a propósito de esas lecturas de hoy en las que evidentemente les cabe dos acentos muy diferenciados. Y yo me quiero quedar en el positivo: Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces. Cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto.
             Imaginamos por un momento este planteamiento como base esencial de nuestra predicación, de nuestra experiencia espiritual, de la razón de nuestros actos, del por qué de nuestras palabras o silencios, del modo de vivir esponjosamente la grandeza y belleza de nuestra fe y de nuestra relación paterno-filial con Dios.  Y yo siento como ese chorro de aire fresco que cambia la misma percepción que tiene de la Iglesia, de la fe, de la Religión y de Dios, el mundo que vivimos.
             Y no es que no haya que tener en cuenta que el mundo no es Jauja. Pero será “en diferido” como pueda salir esa parte. Como hace el texto, a continuación de lo citado: Nada más falso y enfermo que el corazón, ¿quién lo entenderá?   ¡Esa es la pena!  Que tenemos una bola de luz en las manos, y que podría encender toda la vida de la persona y mirar así hacia afuera…, y que el corazón enfermo, falso, es capaz de estropearlo, y donde hay luz, poner oscuridad; donde hay nitidez poner empañamiento; donde hay alegría sembrar estiércol.  Con razón se pregunta el autor: Quién lo entenderá?  Porque encima de todo es que el primer desgraciado es ese que tiene el corazón eclipsado y no puede ver el sol.
             Y al pasar al Evangelio, volvemos a la posible doble lectura. Y yo gozo viendo a ese pobre Lázaro, que no es un amargado; que todavía es capaz de estar allí, porque todavía piensa que pueden llegarle las migajas sobrantes de la mesa del rico.  Y como Jesús dibuja con rasgos de artista, llega a poner a los perros como capaces de instintos leales, que compensan la otra realidad penosa del egoísmo que ni disfruta del todo, ni sabe hacer disfrutar. “Los perros venían a lamerle las llagas”. Ponían lo que ellos podían poner. Ha dejado Jesús la pincelada que Él quería dejar. Y es en positivo.
             Luego lo deja todo todavía más claro: Muere el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán.  Queda patente lo bendito que es haber crecido con el corazón junto a las aguas…, haber echado raíces, haber crecido en la mirada de un corazón noble.  Y el contraste es rompedor: Murió el rico y lo enterraron.  Así de seco y escueto.
             Lo demás de la parábola podrá escudriñarse, sacarle otros contenidos.  Cada rasgo expresado por Jesús es un tesoro.  Porque ese mismo abismo infranqueable está hablando de la distancia imposible que hay entre el egoísmo y el amor; la comprensión y el juicio temerario, la bondad del corazón y el corazón enfermo.  Y aún ahí, todavía recalca que la solución no está en el “parche” de avisar a mis hermanos…, sino en el propio corazón de esos hermanos que tienen a los profetas para saber dónde está la acequia y dónde se pueden fecundar las buenas obras, los buenos pensamientos, las actitudes nobles de la vida.

             Cuando hoy he llegado en mi oración al momento en que Jesús es llevado ante aquellos jueces de corazón predispuesto contra Jesús, y preñados de venganza, he visto plasmado el mensaje litúrgico del día: Bendito quien pone su confianza en el Señor. Por eso, mientras aquellos “jueces” no saben por dónde tirar y tantean falsas palancas para derribar a Jesús, Jesús se mantiene señor y dueño porque su Corazón está puesto en el Dios.  Y así afronta a pecho descubierto todo el enjambre de maldades y mentiras, para callar y ni siquiera pretender una explicación…, o para hablar clara y rotundamente cuando le conjuran en nombre de Dios.  Porque es bendito quien pone su confianza en el Señor, y aunque de su respuesta se va a seguir una evidente condena, Jesús no disimula ni un punto de una i.
             En Jesús no hay corazón enfermo.  Por eso se le puede entender sin grandes dificultades, en cuanto que sea en Él en quien pongamos el acento aún en nuestras conversaciones más normales.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Miércoles 2º Cuaresma


Con las ilusiones intactas
             De nuevo con todos vosotros. Se ha roto algo del proceso que llevaba, con ese intento de sumergiros conmigo en los misterios de la Pasión. Y sin embargo hay algo que gana en cada recodo de este camino de la vida en el que siempre está el Señor.  Y es que resulta muy distinta la Pasión meditándola desde “observador contemplativo” a verse uno mismo sumergido en alguna forma de Cristo paciente. Y ya imagina uno menos, y experimenta dentro más.  Es la realidad de la vivencia, que no dice lo que ve sino que está más medular, como en propias carnes.
             Y lo sublime es que basta la media vuelta en el lecho para descubrir que el sol sigue saliendo cada mañana y que vuelve a poner brillante el horizonte que parecía fantasmagórico diez minutos antes.

             Yo sí he seguido en mi oración personal con el paso a paso de los misterios de Pasión. Prácticamente no he podido dejar de agarrarme a mi oración diaria, ni siquiera el día que hubo su conato de crisis, y aunque más garabateé mi agenda que lo que se llama escribir, no había ningún garabato como tal. Detrás estaba el misterio que contemplaba y vivía desde ese núcleo más íntimo del que “no ve la Pasión” sino que “siente en sí al Cristo del Huerto”.  Por eso, hoy enchufaría esta reflexión del blog con el momento en que estoy ante Jesús en la espantosa noche del jueves al viernes santo.  Entrecruzadas las miradas de Simón, jurando no conocer a ESE HOMBRE, y Jesús conducido exactamente en ese instante desde el patio de guardia donde ha sido maltratado, hasta la mazmorra en que lo van a dejar cerca de dos horas, hasta que llegue la madrugada y se pueda celebrar el falso juicio religioso.
             Un Jesús que casi lo veo hecho un ovillo, echado allí como un bicho al que se le deja a buen recaudo, y queda solo, bajo las mil ideas terribles y dolorosas que le embargan:  ese pobre discípulo y amigo Simón, que se ha topado de bruces, en plena negación, y la puñalada en el alma de Maestro que lo ha escuchado…, mientras el gallo cantaba como un despertador para la conciencia de Simón…, y como compuerta de llanto que se abre en cascada en ese instante…  Y Jesús, en su soledad, pensando adónde iría ahora ese pobre hombre derrotado.
             ¿Y los otros? ¿Dónde estarían los otros que huyeron ya del Huerto? ¿Adónde habrán ido? ¿Dónde estarán?  ¿Qué estarán haciendo?  Y quedaba al más trágico recuerdo: ¿Y Judas? ¿Qué habrá hecho Judas, que despreció hasta el último instante la mano tendida que Jesús le ofreció?  La soledad de la mazmorra es un bullidero en el pensamiento. Lo que ya no hay en Jesus es el agobiante pavor del Huerto.  Cuando las cosas se ven de lejos y hasta la imaginación pone su propio fantasma,  causan mucho más terror y angustia. Ahora Jesús ve muy claro que su suerte está echada; que ya rueda ese espantoso carrusel en una dirección tan evidente que sencillamente no queda sino la aceptación y entereza del que se sabe abocado a la muerte, y no da coces contra el aguijón.
Jesús no piensa ya en sí ni en lo que va a venirle, ni en lo que le ha ocurrido a manos de aquella chusma de criados.  Su pensamiento y su sentir está mucho más hacia fuera.  ¡Su Madre! ¡Aquellas mujeres fieles! Tantos discípulos de lo que pudiéramos llamar de “segundo rango” (que se habían confiado a Él)…   Todos esos son los que pasan ahora en una película dolorosa ante el pensamiento de Jesús, aunque sabiendo que no puede hacer nada por cada cual, aunque poniendo a todos ante el Corazón de Dios.  Por eso es dolor sereno, aunque muy vivo.

Por todo esto me han impactado hoy los textos litúrgicos de la Misa. Los enemigos, jugando con todo lo más sagrado… Ni ley, ni sacerdote, ni consejo del “sabio”, ni oráculo de “profeta”…, les va a cambiar su determinación de acabar con el Justo, de zaherirlo y humillarlo.  El Justo se acoge a Dios, y recurre a su protección, porque Dios sabe la verdad de todo.
Y mientras Jesús toma aparte a sus Doce para centrarles ya en la realidad de su muerte inminente y humillante, Juan, Santiago y la madre, ignoran claramente todo eso, y van a lo suyo…, a asegurar los privilegios. Todo, fuera de contexto. La clara expresión del egoísta, del que sólo piensa con “su idea”, su única idea…, y lo demás es como si no existiera. Era casi como una bofetada en rostro, pero Jesús tiene otro modo de reconducir las cosas y se limitó a cambiarles el carril, con una misteriosa pregunta: ¿Podéis beber el cáliz que YO voy a beber?   No entenderían mucho aquellos hombres (la madre ya queda en otro plano) del “enigma” que Jesús les planteaba. No obstante, en su sincera amistad, lo que entienden es que lo que el Maestro les propone es algo que Él mismo va a hacer yendo por delante.  Y aunque entender, no entienden el fondo, sí les es clara la realidad: CON ÉL, adonde Él…  Y el amor suple la torpeza y lo impertinente anterior, y acaban pronunciando la frase decisiva: PODEMOS.
Ahí queda nuestra reflexión de hoy. Aunque deberemos saber pensar y tomar nota, porque los impulsos del espíritu son fáciles…, pero la carne es débil.  Y con eso hay que contar siempre.

martes, 26 de febrero de 2013

Vuelvo tras un "descanso"

Mi ausencia de estos días ha sido obligada por un ingreso hospitalario, prolongado más de lo esperado.
Regreso hoy mismo con el "alta" clínica, pero no en plenitud de disponibilidad todavía. Aún así, antes de acostarme, envío un saludo y la ilusión de un volver a empezar.
Quienes tenemos la suerte de vivir de alguna manera la fe y sentir en el alma el Evangelio, podemos contar luego vivencias muy nuevas que se producen sin haberlas ni imaginado ni previsto.  Y ALGO DE GETSEMANÍ..., huerto del pavor, se abrocha misteriosamente con aquel otro "huerto" en el que Magdalena encontró AL JARDINERO que le iluminó la existencia.

domingo, 17 de febrero de 2013

1ª Cuaresma C


DOMINGO 1º DE CUARESMA- C
             Dos líneas complementarias lleva este domingo 1º-C de Cuaresma.
             De una parte la 1ª lectura marca un tema: la liberación de la esclavitud. El Pueblo de Dios, que había estado esclavizado en Egipto adquiere la libertad por el prodigio de Dios que lo ha encaminado hacia una tierra nueva,  tierra donde el Pueblo podrá ofrecer ya –en libertad las primicias de sus frutos al Señor.
             Jesucristo, en el evangelio de hoy, va también a la libertad que da el desierto, ahí donde no hay otros apoyos que Dios mismo, sin las influencias de intereses y esclavitudes en las que envuelve la sociedad.  Pero el Espíritu del Señor –que lo mueve- quiere hacerlo no desde lo intocable, desde la vida sin dificultades, desde una especie de Jesús encerrado en un fanal para que no le de el aire maligno.  Jesús va a tener sus imaginaciones –que como tales- pueden esclavizar, a las que tiene que responder con la oración, la privación del ayuno, y la meditación y apoyo que le da la Palabra de Dios.  Y cuando la esclavitud viene con esa sutil manera de asegurarse a sí mismo su misión de Mesías, convirtiendo una piedra en pan, Jesús se libera con la evidencia de que le basta la palabra escuchada en el Jordán, que salió de la boca de Dios.
             Hay otras esclavitudes de la vida ordinaria que son el deseo de aparecer, de ser admirado y reconocido, de vestir con piel de oveja ese lobo de la soberbia que anida en el corazón del hombre.  Y Jesús es tentado con la imaginación de una aparición al mundo de manera deslumbrante, porque si es el Mesías, ha de saberlo todo el mundo y cuanto antes.  Pero Jesús está en oración…, está en ese desierto que facilita el encuentro con Dios y con la escucha de Dios…  Y la idea esclavizadora de aparecer con un milagro llamativo queda desechada porque Él no tiene ningún derecho que obligar a Dios a hacer un milagro.   No es una esclavitud tan nueva ni tan extraña. Hay mucha gente que da pasos absurdos y hasta peligrosos, y dice tranquilamente: que Dios me salve. La esclavitud de las apariencias está a la  mano con toda frecuencia.  Pero en esas apariencias arriesgamos mucho, y no es de recibo pretender que yo me meta en el peligro…, y que Dios me salve.
             Y la gran esclavitud en la que está sumido el mismo mundo religioso de “los buenos” es tener una postura crítica contra la Iglesia, pretendiendo que la Iglesia se avenga al descarrilamiento que lleva la sociedad, bajo la piel de oveja de que la Iglesia ha perdido a las grandes masas, y lo que tiene que hacer la Iglesia es rebajar el baremo de la fe:  como todo el mundo es mío –dice la sociedad de consumo y de placeres de toda especie- o la Iglesia rebaja sus exigencias, a tiene el caso perdido.  Si la Iglesia dobla su rodilla ante esta sociedad dominante, ya puedo ofrecérselo todo… (promesa mentirosa de este engaño permanente del mundo, que cada vez pide más y cada vez esclaviza más).  Es exactamente el reto engañoso que sufrió Jesús en la cruz, cuando le ofrecieron creer en él si bajaba de la cruz.   ¡Qué más hubieran querido ver el milagro de Jesús que se desclava de la cruz, para echarle luego en cara que había hablado mucho y que luego se echaba a atrás a la hora de la verdad!  Jesús libera aquel engaño en la decidida actitud de la negativa más tajante.  Porque sólo a Dios adoraré.  Es lo más difícil en medio de un mundo de ídolos prefabricados por las multinacionales y las mafias del mal.
             Todo está resuelto por Jesús desde LA PALABRA DE DIOS. Precisamente la 2ª lectura ha afirmado esa otra línea esencial complementaria para liberar tantas mentiras o medias verdades…: la Palabra de Dios que está cerca de ti; que la tienes en los labios y en el corazón.  La Palabra de Dios que ha de iluminarse en la oración prolongada y liberada de esclavitudes previas…, que son las que desfiguran y ponen sordina a esa Palabra liberadora.  ¿Por qué se suelen poner los ejercicios y conferencias en la Cuaresma?  Porque hay que fomentar esa Palabra de Dios que está en los labios y en el corazón, pero que a la hora de la verdad no acaba de ser protagonista verdadera, porque no le dedicamos tiempo de reflexión para que penetre los poros de nuestro interior.
             Y porque esa Palabra tiene que tener unas prolongaciones constantes en la vida de cada creyente, para que no se produzca la dicotomía de orar piadosamente, y vivir luego “la realidad de la vida”. Hay quienes dicen, sin pudor, que “la Palabra está muy bien, pero que no se puede vivir en la vida”.  ¡Apaga y vámonos!; así nos luce.  Así nos luce la Comunión, que no se viva como luz emprendida en el Altar de la Palabra y del Sacrificio…, para sacarla fuera al mundo diario del que ha participado de ella…, y de la que tiene que seguir sacando vida como el padre de familia que saca de su arca cosas antiguas y nuevas.

sábado, 16 de febrero de 2013

Escuela de Oración y Ejercicios Espirituales

Ayer, como TERCER VIERNES de mes, se tuvo la ESCUELA DE ORACIÓN con buena asistencia, ¡y eso que había gripes por ahí que impidieron a algunos la asistencia.
El desarrollo -que resultó original para muchos- fue un paralelismo entre el PROCESO DE UNOS EJERCICIOS profundos y la narración que hace San Lucas de LAS TENTACIONES DE JESÚS.
Porque unos Ejercicios Espirituales no son unos días piadosos, ni un tiempo de barniz espiritual, sino un espacio serio de DISCERNIMIENTO Y BÚSQUEDA.
Jesús había recibido una palabra en el Jordán que lo señalaba Mesías, Hijo de Dios.
Y Jesús se retiró a "hacer ejercicios", con toda la profundidad de tiempo amplio, de búsqueda, de ver qué había bajo aquella voz que había escuchado.  Las "tentaciones" no son sino el proceso de duda y de resolución al que se enfrenta en la honradez de quien busca ante todo hallar la voluntad de Dios.
Queda claro que no puede ser convertir la piedras en panes, porque eso sería una pequeñez de espíritu que pretende que Dios resuelva, en vez de ser Él mismo quien enfrente su situación.
Resuelto que lo que alimenta es cumplir todo lo que sale de la boca de Dios, hay un segunda paso a discernir, y que crea una profunda cuestión en Jesús. ¿Puede salir al mundo, a pecho descubierto, afirmando sin más: Yo soy el Mesías?  ¿Quién lo iba a creer?  ¡Habían proliferado los iluminados "mesías" de tal manera que Jesús llega a plantearse la necesidad de una aparición solemne, llamativa, ostentosa... Ese lanzarse desde el alero del Templo, y que se cumpla la promesa de Dios que envía a sus ángeles para que su pie no tropiece en la piedras...
Pero horas de oración silenciosa, maduración profunda de la idea, le hacen ver que eso es un medio extraordinario que en realidad le faltaría el respeto a Dios, obligándolo a hacer un milagro... Y eso sería "poner a Dios a prueba", pedirle una señal que Dios no ha prometido...  Y uno ejercicios bien hechos encuentran en el sosiego de la oración que las cosas de Dios son más serias..., y hasta más normales.  Y que Jesús no pone a prueba a Dios, porque eso del lanzamiento desde el alero del Templo sería una temeridad. Eso no puede venir del Espíritu de Dios.  Segundo aspecto resuelto.  [Que no está de más caer en la cuenta de que Jesús pasó realmente en su vida por ese momento..., pero mucho más prosaico: estaba Jesús en la cruz, en sus últimos momentos.  La tentación viene de la gente que le hace un reto terrible: Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz, y creeremos en ti.  ¡Que tentación más terrible!  ¡Es que podría bajar y dejarlos a todos boquiabiertos..., y no tendrían más remedio que creer!  ¿Y no había venid Jesús a eso?  Sería un debatirse entre el sí y el no...  Y Jesús miró hacia el Cielo. Buscó el Corazón de Dios.  Comprendió que Él había venido a redimir, y que la redención se realizaba en la obediencia hasta la muerte de Cruz... Y Jesús renunció a "su oportunidad"..., pero realizó la voluntad de Dios]
Y queda lo más duro y terrible: ¿para qué me va a servir todo eso, si vivo en un mundo donde dominan otras fuerzas?  ¿Cabría la oportunidad de "la mitad para ti, mitad para mí?  Es la tentación tan fácil que padecemos siempre nosotros, que creemos que rebajando el tono..., que la Iglesia -aviniéndose a la "tra realidad" que reclama una sociedad tan alejada- podría ceder y abrir la mano...  "Que todo te lo doy si te postras ante mí y me adoras" (dice el mundo de hoy).  ¿Sería el camino?, pudo pasársele por la imaginación a Jesús en aquella hora casi final de sus ejercicios...   ¿No iba a ser el propio Simón, al que el Padre le había revelado..., quien pretendiera un segundo después apartar a Jesús de la cruz?  ¿Tan extraña nos parece la "tentación" que sufrimos los católicos, que pensamos que la Iglesia debería cambiar y facilitar...?  Pues Jesús dio el patadón en el suelo y, con la fuerza del Espíritu, respondió -en el monte y a Simón- : APÁRTATE DE MÍ, SATANÁS...  Apártate de mí todo ese mundo obscuro que pretende un bien a cosa de una infidelidad. A eso van unos Ejercicios bien hechos.  Que sea Dios quien es servido..., quien envía a sus ángeles para dar esa señal profunda de su Presencia, que es LA PAZ.
Aunque a sabiendas que la tentación de la mediocridad no se acaba en 40 días, y que tendremos que estar renovando siempre, y viviendo siempre una profunda honradez de nuestras posturas profundas ante Dios.

Sábado de Ceniza, y preparativos de la Cena


DOS ASPECTOS FUNDAMENTALES
          La Cuaresma se ha centrado muchas veces en un espíritu de sacrificio, dándole a ese sacrificio un valor que en ocasiones parecía un valor absoluto.  Cuando va uno desmenuzando en el día a día, ve uno la gran amplitud del mensaje cuaresmal.  Hoy tenemos dos pilares de una verdadera religión: de una parte es la realidad social: desterrar la opresión la crítica, el gesto amenazador…, y atender más a quien sufre alguna carencia…  Todo eso se agrada a Dios y uno recibe la compensación dl bien que ha hecho.
             La otra columna de este edificio es Dios mismo y la relación con Dios mismo: guardar el sábado judío no consiste en las minucias farisaicas sino el día consagrado al Señor, el día que se convierte en delicia de la persona porque tiene su oxígeno en Dios y otro oxígeno de su descanso, de su tomar fuerzas para reanudar la semana. No es día para “aprovecharlo” en “asuntos propios”, sino como profunda higiene del cuerpo y del espíritu.

Preparar la Pascua
             Nosotros estamos ya hechos a pensar que el jueves aquel era la Pascua. Pero la realidad es que la pascua judía era el sábado, el Gran Sábado, la Parasceve judía.
             Cuando aquella mañana de jueves se presentaron algunos discípulos para preguntar dónde iban a preparar la pascua, lo estaban tomando con tiempo, como sería lo normal.  Lo que no contaban ni podían contar e con el nuevo panorama que les presentaba Jesús:  Pues ahora mismo os vais a la ciudad, y al entrar, hallaréis (u os saldrá al paso) un hombre llevando un cántaro de agua.  Seguido.  Y donde entre, le decís al dueño: el Maestro pregunta: ¿dónde está la sala para comer la Pascua con mis discípulos?  Y os enseñará una sala en el piso alto, adornada, grande, alfombrada?   Allí preparáis la Pascua.
             O sea: no hay tiempo de sobra; es hoy mismo.  Y todo está previsto y dispuesto.  Pudo haber extrañeza en todos. En Jesús había un cuidado enorme de que nadie pudiera estropearle esa PASCUA, su Pascua, la única verdadera Pascua que va a haber (porque su celebración invalida ya la pascua judía posterior . Cuando los judíos pretendan celebrar la “Pascua del Señor”, la evocación sublime de la liberación del Mar Rojo, eso ya será un rito vacío, porque la Pascua auténtica, el PASO de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad, habrá sido la Cena de Jesús con sus discípulos, con el sello de la Nueva Alianza en sus Sangre.
             ¿Pero por qué aquel secreto y aquel misterio de Jesús, que no ha avisado nada, y que se encuentran de sopetón con la fiesta, y con todos los cabos atados?  Sencillamente porque Judas no debía ni poder barruntar nada, y Jesús había dejado todo muy bien dispuesto, sin que Judas pudiera estropear la fiesta.  La Pascua aquella, la verdadera Pascua, la definitiva Pascua, había de poder celebrarse con la mayor tranquilidad y plenitud. Quedaría ya siempre para la posteridad.
             El hecho es que cuando llegaron a la Ciudad los dos discípulos que hicieron de avanzadilla, todo salió como Jesús había dicho.  No era normal que un varón fuera quien llevara un cántaro de agua…  Pues  allí estaba y esperaba,,,  Y no habló palabra… Echó a andar y los dos apóstoles detrás. Entró en una casa y los apóstoles cumplieron al pie de la letra lo que Jesús les había anunciado. Y se encontraron con una sala lujosa, como para vivir una gran fiesta.  Todo eso lo había llevado en secreto el Maestro, pero realmente aquello era para los discípulos llamativo y gozoso.

             Mientras, habían quedado en Betania los demás. Y con los demás, Judas, que se encuentra solo, y que –con poco que piense- le han escatimado unos datos que él esperaba tener, porque necesitaba saber dónde daba Jesús cada paso, para encontrar Judas su momento… Pero esta vez Jesús le había ido a la mano.  Y lo que bien puede pensar Judas –que tonto no debía ser- es que aquel proceder misterioso de Jesús podría muy bien tener relación con la fechoría suya…  A Jesús tenía que haberle llegado el chivatazo…  Y mucho más enloquecido se pone por dentro aquel hombre al que –por el momento- le han ganado la partida.  Los otros ya no soportan los exabruptos de Judas, y tendrá Jesús que mediar más de una vez para hacer el quite y evitar el enfrentamiento.
             ¿Y cómo estaba el Corazón de Jesucristo?  Con mil sentimientos; los propios del que sabe que ha llegado su hora y que va a dar el paso definitivo.  Y eso lleva dos aspectos muy contrarios: el gozo de haber realizado el proyecto de Dios. El espantoso dolor del fracaso humano. Ni los dirigentes judíos han aceptado la misión de Jesús, ni sus discípulos han llegado a entender nada.  ¡Y uno se había convertido en vehículo de la entrega traidora que le iba a llevar a la muerte!  Y sin embargo, sobrevolando todo, el gran gozo de comer esa Pascua con los suyos…, los suyos de todos los tiempos…  Muchos sentimientos encontrados, y que aquel mediodía no debió dejarle mucho apetito para comer, cuando sabía que era la despedida de aquella casa, de aquellos fieles amigos…, emprender el camino sin regreso a Jerusalén…  Se mascaba una tensión, aunque nadie dijera nada.  Pero era un momento demasiado fuerte, y eso no podía pasar desapercibido.

viernes, 15 de febrero de 2013

Viernes de Ceniza. y seguimos con Judas


EL AYUNO ES SABER AMAR
          Las lecturas del Viernes de ceniza se pueden concretar en esa sola palabra; el ayuno que agrada a Dios es SABER AMAR
             “Saber amar” presupone doblegar el amor propio. Hasta evitar  el prurito de querer saberlo todo, tener explicación de todo y querer poder tener la explicación de los reductos inescrutables que se encierran en el cofre de los misterios de Dios.  Todos esos aspectos que se pueden pretender hacer “a gloria de Dios”, no son de Dios ni agradan a Dios.  Porque lo que Dios quiere es la inmensa libertad del alma que no se esclaviza ni siquiera a las dudas que uno no puede resolver. ABRIR TANTOS CEPOS interiores y exteriores que nos esclavizan y desaniman, para vivir un AMOR LIMPIO que no intenta saber más allá. Y se queda en el AQUÍ ESTOY, humilde ante Dios.
             Lo mismo que Jesús repite a las dudas de los discípulos de Juan ante el no ayunar de los apóstoles. Sencillamente ellos están viviendo el AMOR DE UNA FIESTA DE BODAS, y eso –dice Jesús- no se lo voy a negar… Ya les llegarán tiempos de soledad y sufrimiento, sin buscarlo.  Que vale mucho más que el añadido postizo de un ayuno.  [La Iglesia lo está viviendo, y más duro cuando surge de dentro que el que viene de fuera. Así lo ha dicho el Papa. Y esto es para aplicárnoslo todos. Pero todos].

LA VENTA DE JUDAS
             Podemos calcular el día que correspondería a nuestro miércoles santo, que era el día de reunión del consejo secreto del Sanedrín. Algunos autores suponen que Judas se presentó al acabar esa reunión. La libertad de movimientos del “administrador” del grupo le facilitaba aquellos “apartes” sin llamar la atención. Y como su alma envenenada huía ya del grupo, la verdad es que no caía en falta.  Casi que se liberaban cuando no estaba Judas.  Osco, huidizo, como fiera herida  porque su orgullo era excesivo, lo preferían más lejos que cerca.
             Otra cosa son los sentimientos de Jesús.  Aquí se pone en activo el dolor del pastor bueno al que se le va una oveja…, a la que Él quisiera traer al redil sobre sus hombros, a la que por nada quisiera perder.  Pero esta oveja no se deja coger.
             Por otra parte, los amigos de Jesús en el Sanedrín o Consejo de ancianos judío, han prevenido a Jesús del encuentro de Judas con los sacerdotes.  Y que Judas ha acudido como hombre despechado a buscarle un escarmiento fuerte a Jesús, a ver si lo retira de la vida pública e influyente.  Judas, en su ofuscación, puede no haber calibrado la gravedad de su acto, pero lo que los sacerdotes han urdido bajo aquella compra de treinta monedas, ha sido la prisión de Jesús con la seguridad de que no se le escapa ahora.  Y que en el corazón de los sacerdotes lo que hay es una decisión tomada de llevar a Jesús a la muerte.
             Cuando aquella tarde se reúnen todos en el retiro de Betania, Judas parece esconderse. No está su conciencia en paz, y su terror es que le puedan descubrir su fechoría.  Los demás lo están viendo tan raro, tan osco, que casi no le hacen caso. Lo que están es hartos de un hombre que amarga la convivencia.
             Jesús no lo deja solo y se va directamente a él: Judas: estás preocupado; te pasa algo. Entiendo que vienes así desde aquel día del banquete. No había nada contra ti;  sólo quería que se valorara la acción de María..
             Judas no parece oír. Lo único que desea es  estar solo y, si le fuera posible, huir.  Jesús no quiere dejar a aquella oveja que se empeña en despeñarse, y le vuelve a preguntar: ¿Te pasa algo? ¿Estás preocupado por algo? ¿Te puedo ayudar en algo?  Para un hombre que llevaba ya dentro a Satanás…, que estaba encendido en odio… (aunque habría que pensar si no era odio a sí mismo), más se envenenaba cuanto más cariño ponía Jesús y más deseo de ayudarle a desembuchar su veneno almacenado…, aquellas monedas que llevaba en su faltriquera y que le tenían que quemar más cuanto que más cercano se le ponía Jesús.  No hay peor sufrimiento que el del gusano de la conciencia, que roe y roe…, pero ni se muere ni mata. San Ignacio en sus Ejercicios llega a expresar el tormento del infierno como el gusano de la conciencia que no acaba.  Ese infierno lo estaba sufriendo Judas. Lo que pasa es que no quiso liberarse, teniendo tan a la mano a un pastor que quería recogerlo sobre sus hombros y reconducirlo al redil.  Pero él ya había cometió su fechoría y en su soberbia, no tuvo ya agallas para dar marcha atrás.
             La tarde noche de ese miércoles debió ser un infierno para él, un profundo dolor para Jesús (que veía perderse sin remedio a aquel hombre que Él mismo había elegido para tan alta misión).  Seguro que Jesús ya no pretendía su propi liberación; aunque Él fuera ya a la muerte, quien le preocupaba era aquel apóstol que se perdía… Y debió ser en los compañeros una mezcla de despecho, irritación y dejarlo ya como cosa perdida.
             El jueves es el día que se ha venido señalando tradicionalmente para la Cena de Jesús con sus apóstoles. Y por tanto ya estaba encima.  Y la situación no facilitaba demasiado.  Incluso habría ya que tener precauciones para dificultar a Judas la realización de sus planes en ese Jueves.   Jesús ya las había tomado a través de aquellos amigos que le advirtieron, y cuando llegó el momento…