sábado, 21 de febrero de 2015

21 febrero: Lo interior profundo

Se clarifica el enigma
Estos días “de Ceniza” van perfilando rasgos básicos de la Cuaresma, que ha de ser un período de conversión interior. Is 58, 9-14: Hoy sale Dios al paso del gesto amenazador, la opresión del vecino, la maledicencia…, y proyecta hacia la acción caritativa de partir el pan con el hambriento y saciar el estómago del indigente. Lo que llevará a un reposo del alma, una luz en las tinieblas, una fecundidad en la propia vida. Respecto a Dios, parar el trabajo en sábado y consagrarlo a la gloria de Dios. San Lucas –por su parte (5, 27-32)- nos hace saltar desde el ritualismo y los prejuicios sociales y religiosos al corazón abierto que acoge a todos sin distinción, y donde Jesús llega a defender su cercanía a los pecadores porque Él ha venido como médico y tiene que dirigirse a los que se hallan mal. “Los sanos”, los fariseos que se creen mejores que los demás y no quieren contaminarse con “los malos”, son los que no hallarán médico.  Y no porque no lo haya, sino porque ellos “no van al médico” por considerarse sanos.

San Marcos no había identificado a esos “algunos” que protestaron y llevaron a mal la acción de la mujer que derramó sobre Jesús el perfume de nardo. Pero casi que le pone nombre en el versículo siguiente: 14, 10-11, porque a renglón seguido del suceso anterior, nos dice que Judas Iscariote, uno de los Doce, se fue a los sumos sacerdotes para entregárselo. “Algunos” (de la narración de Marcos) se acaban personalizando en Judas. Judas había llevado muy a mal que el Maestro le corrigiera, y precisamente alabando a una mujer. Y en su orgullo y desamor no pudo ya aguantar, y dejó rienda suelta a todo el veneno que llevaba dentro de sí. ¿Y cómo podía hacer más daño? ¿Cómo podía desfogar ese volcán de malestar que le había producido aquello? En realidad “aquello” fue la gota que le colmó, porque lo que sí puede irse viendo –con poco que se le siga su trayectoria- es que Judas llevaba ya un tiempo alejado afectivamente de Jesús. Y en esas condiciones, y calentado por el último acontecimiento, no supo reaccionar más que con la bajeza y mezquindad de un corazón sucio. ¡Sucio hasta la venganza, sucio hasta la traición! Porque Judas puso a Jesús a los pies de los caballos…, en las manos de sus enemigos viscerales: los sacerdotes y los doctores de la Ley.
Dice Marcos que ellos, cuando oyeron la propuesta de Judas, se alegraron y le prometieron dinero. ¿Qué más podían querer que encontrarse con su enemigo en sus manos, y con el aval de uno del grupo de Jesús que acaba volviéndose en contra de su Maestro? [Esta ida de Judas a los sacerdotes es la que ocurre dos días antes de los Ácimos]. De hecho el banquete de Simón el leproso había sido antes, pero los flecos llegaron hasta dos días antes de la Pascua, momento en que se consuma la fechoría del discípulo. [Lo más seguro es que a Jesús le llegó muy pronto la noticia, porque había algún senador –José de Arimatea- que le advertiría del peligro de aquel “contrato” traicionero de Judas].

De hecho Judas andaba buscando manera cómo entregarle en alguna buena coyuntura. Que para más abundamiento va a trastocar las previsiones de los sacerdotes, que habían pensado mucho que los sucesos no ocurrieran durante la fiesta judía…

viernes, 20 de febrero de 2015

ZENIT 20 feb.: Primero, los trabajadores

20 de febrero de 2015 (Zenit.org) - Los cristianos, especialmente en Cuaresma, están llamados a vivir coherentemente el amor a Dios y el amor al prójimo. Así lo ha recordado el santo padre Francisco durante la homilía de esta mañana en Santa Marta. Por otro lado, el Papa ha advertido sobre los que envían un cheque a la Iglesia y luego son injustos con sus trabajadores.
“El pueblo se lamenta delante del Señor porque no escucha sus ayunos”. De este modo, el Papa ha hablado durante su homilía del pasaje de Isaías en la primera Lectura. Y así ha subrayado que es necesario distinguir entre “el formal y el real”.  Para el Señor “no es ayuno no comer carne” y después “pelear y explotar a los trabajadores”. Por esto Jesús condenó a los fariseos porque hacían “muchas observancias externas, pero sin la verdad del corazón”.
Sin embargo, el ayuno que quiere Jesús es el que rompe las cadenas injustas, libera a los oprimidos, viste a los desnudos, hace justicia. “Este es el verdadero ayuno, el ayuno que no es solamente externo, una observancia externa, sino que es un ayuno que viene del corazón”, ha explicado.
Además, Francisco ha indicado que “en las tablas de la ley está la ley hacia Dios y la ley hacia el prójimo y las dos van juntas. Yo no puedo decir: ‘Pero, no, yo cumplo los tres primeros mandamientos… y los otros más o menos’. No, si tú no haces estos, esos no puedes hacerlos y si tú haces eso, debes hacer esto. Están unidos: el amor a Dios y el amor al prójimo son una unidad y si tú quieres hacer penitencia, real no formal, debes hacerla delante de Dios y también con tu hermano, con el prójimo”.
Y como dice el apóstol Santiago, puedes tener mucha fe pero si no haces obras, no sirve de nada. Por eso el Papa ha advertido que uno puede ir a misa todos los domingos y comulgar, y se puede preguntar: “¿cómo es tu relación con tus trabajadores? ¿Les pagas en negro? ¿Les pagas el salario justo? ¿También pagas la contribución para la pensión? ¿Para asegurar la salud?”
Al respecto, el Santo Padre ha advertido sobre esos hombres y mujeres de fe que dividen las tablas de la ley: ‘sí, sí, yo hago esto’ - ‘¿pero tú das limosna?’ - ‘sí, sí, siempre envío el cheque a la Iglesia’ - ‘Ah, muy bien. Pero a tu Iglesia, en tu casa, con los que dependen de ti --ya sean hijos, abuelos, trabajadores-- ¿eres generoso, eres justo?’  “Tú no puedes hacer ofrendas a la Iglesia sobre los hombros de la injusticia que haces con tus trabajadores. Esto es un pecado gravísimo: es usar a Dios para cubrir la injusticia”, ha advertido.
De este modo, el Pontífice ha indicado que esto es lo que el profeta Isaías en nombre del Señor hoy nos hace entender: “No es buen cristiano el que no es justo con las personas que dependen de él”. Y no es buen cristiano, ha añadido, “el que no se despoja de lo necesario para él para dar al que lo necesita”.
Asimismo, Francisco ha afirmado en la homilía que el camino de la Cuaresma “es esto, es doble, a Dios y al prójimo, es decir, es real, no es meramente formal. No es no comer carne solamente el viernes, hacer algo, y después hacer crecer el egoísmo, la explotación del prójimo, la ignorancia de los pobres”.
Al respecto, el Papa ha querido poner un ejemplo: hay quien si necesita curarse va al hospital y como es socio de una mutua es atendido enseguida. “Es algo bueno, da gracias al Señor. Pero dime, ¿has pensado en aquellos que no tiene esta relación con el hospital y cuando llegan deben esperar 6, 7, 8 horas? también por una cosa urgente”, se ha preguntado.
Y así, el Papa ha reconocido que hay gente aquí, en Roma, que vive así y la Cuaresma sirve para pensar en ellos: “¿qué puedo hacer por los niños, por los ancianos, que no tienen la posibilidad de ser visitados por un médico?”, que quizá esperan “ocho horas y después te dan turno para una semana después”. “¿Qué haces por esa gente?” “¿cómo será tu Cuaresma?”
Por otro lado, ha preguntado si en esta Cuaresma hay sitio en el corazón “para aquellos que no han cumplido los mandamientos”, “que se han equivocado y están en la cárcel”. Si tú no estás en la cárcel --ha advertido el Papa-- es porque el Señor te ha ayudado a no caer.

Finalmente, el Pontífice ha pedido al Señor que nos acompañe en nuestro camino cuaresmal para que la observancia exterior corresponda con una profunda renovación del Espíritu.  

20 feb: El ayuno interior

Ayuno que Yo quiero
En la liturgia de hoy se aborda el tema del ayuno (Is. 59, 1-9), que era tan significativo en aquellas formas religiosas judías. Pero ayuno que pierde contenido cuando queda en lo sólo externo y ritual. Porque el ayuno que Yo quiero es abrir las prisiones injustas y hacer saltar los cerrojos de los cepos…, partir tu pan con el hambriento, vestir al que ves desnudo y no cerrarte a tu propia carne (a tu egoísmo). Es el paso de lo puro externo a lo que significa en la realidad, y por tanto, a lo que Dios apunta. Por eso Jesús (Mt 9, 14-15) cambia el pensamiento de aquellos que se escandalizaban de que no ayunaran sus discípulos, y responde que ellos están de fiesta porque están con Él. Hay un paso esencial desde lo ritual a lo vital. Y de lo que se trata es de un corazón que se priva PARA ESTAR ABIERTO A LOS OTROS.

PASIÓN SEGÚN SAN MARCOS
Marcos nos ha situado ya en el marco de los sumos sacerdotes y escribas que han decidido acabar con Jesús. Todavía no hay nada concreto pero se va cerrando el cerco. Y la oportunidad surge impensadamente a propósito del banquete que un tal Simón el leproso ofrece a Jesús, que estaba en Betania (14, 3-9). Una mujer viene, llevando un frasco de alabastro, lleno de perfume de nardo legítimo de subido precio y, quebrando el frasco, lo derrama sobre la cabeza de Jesús. Era toda una expresión generosa y gratuita de reconocimiento hacia Jesús. Era el dar a fondo perdido. Era amor por el gozo de ofrecer amor. Frente a ese gesto surge la mezquina reacción de “algunos” que decían entre sí: (a qué viene este despilfarro? Porque podía haberse vendido por más de 300 denarios y dárselos a los pobres. Y trinaban contra ella.
Queda patente la diferencia de sentimientos: la mujer no ha mirado el precio ni se ha planteado una alternativa. La mujer discurre con su corazón y no hace más cálculos. Al otro lado, “algunos” que están cuantificando el dinero que podría haberse obtenido. No hay ni brizna de sentimiento afectivo.
Y Jesús dicta veredicto: Dejadla en paz. Ha hecho buena obra conmigo. A los pobres siempre los tendréis con vosotros; a mí no me tendréis siempre. Se adelantó a perfumar mi cuerpo para la sepultura. Ya es un presagio de la tormenta que se avecina y que Jesus ya está anunciando con su sepultura que debe estar previendo muy cercana.
Pero antes de ese momento nos deja la perla preciosa del reconocimiento de la acción de esa mujer, porque en verdad os digo que dondequiera que se predique el evangelio por todo el mundo, se hablará también de lo que ésta hizo, para memoria suya.

Jesús había “cometido dos imprudencias”: corregir a “algunos” y defender –en cambio- a una mujer. Se la había jugado a una carta..., y “perdía la partida…” Ese es “el ayuno que Dios quiere”.

ZENIT, 19 febrero: El fracasado exitoso

19 de febrero de 2015 (Zenit.org) - En cada circunstancia de la vida, el cristiano debe elegir a Dios y no dejarse engañar por costumbres y situaciones que llevan lejos de Él. Esta ha sido la recomendación del papa Francisco al comentar las lecturas del día durante la homilía de la misa celebrada en Santa Marta.
Elegir a Dios, elegir el bien, para no ser un ‘fracasado de éxito’. Aclamado, sí, por la masa pero al final nada más que un adorador de “pequeñas cositas que pasan”. Así, el Santo Padre ha hecho referencia al pasaje de la Biblia en el que Dios dice a Moisés: “Ves, yo pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Hoy, por tanto, yo te ordeno amar el Señor, tu Dios, caminar por sus vías”.
De este modo, Francisco ha afirmado que cada cristiano debe elegir cada día como lo hizo Moisés. Una elección difícil. “Es más facil vivir dejándose llevar por la inercia de la vida, de la situación, de las costumbres”, ha advertido. Y ha añadido que es más fácil, en el fondo, convertirse en servidor de otros dioses.
Elegir  --ha proseguido el Santo Padre-- entre Dios y los otros dioses, esos  que no tienen el poder de darnos nada, solamente pequeñas cosas que pasan. Y no es fácil elegir, nosotros tenemos siempre esta costumbre de ir un poco donde la gente va, un poco como todos. Como todos. Todos y ninguno. Francisco ha señalado que hoy la Iglesia nos dice: ‘Pero, ¡párate! ¡Párate y elige!’  “Es un buen consejo. Y hoy nos hará bien pararnos y durante el día pensar un poco cómo es mi estilo de vida, por donde camino.
Y profundizando un poco más, Francisco ha propuesto otra pregunta, cuál es mi relación con Dios, con Jesús; la relación con los padres, hermanos, mujer o marido, hijos...
A continuación, el Santo Padre ha explicado que “un camino erróneo es el de buscar siempre el propio éxito, los propios bienes, sin pensar en el Señor, sin pensar en la familia”. Uno puede ganar todo --ha advertido el Pontífice-- pero al final convertirse en un fracasado. Un fracasado. Ese camino es un fracaso. Y así ha comentado: “‘pero le han hecho un monumento, le han pintado un cuadro…’ Pero has fracasado: no has sabido elegir bien entre la vida y la muerte”
Asimismo ha invitado a preguntarse cuál es la velocidad de la vida, y si alumbro sobre las cosas que hago. Además, ha invitado a pedir la gracia de tener ese “pequeño valor” necesario para elegirlo cada vez.
Para finalizar la homilía, el Papa ha propuesto el “consejo tan bonito” del Salmo 1: Beato el hombre que se fía del Señor. “Cuando el Señor nos da este consejo --‘¡párate!, elige hoy, elige’-- porque no nos deja solos. Está con nosotros y quiere ayudarnos. Nosotros solamente debemos confiar, tener confianza en Él. ‘Bienaventurado el hombre que confía en el Señor’. Hoy, cuando nosotros nos detendremos a pensar en estas cosas, para tomar decisiones, sepamos que el Señor está con nosotros, está junto a nosotros, para ayudarnos. Nunca nos deja solos, nunca. Está siempre con nosotros. También en el momento de la decisión está con nosotros”.

jueves, 19 de febrero de 2015

19 febrero: Pasión según San Marcos

Jueves de Ceniza
Hoy se abre la liturgia por un dilema que nos llega de frente: ante cada uno de nosotros están el bien y el mal. Elegir el bien –lo que Dios manda- es vivir. Elegir el mal –la resistencia a la voluntad de Dios- es morir.
            Y la voluntad de Dios, presentada al seguidor de Cristo es: el Hijo del hombre va a ser desechado… El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. ¿De qué le vale ganar el mundo entero si se perjudica a sí mismo?

LA PASIÓN SEGÚN SAN MARCOS
Como éste es el año litúrgico de Marcos voy a empezar por aquí. Voy a intentar una visión de la Pasión de Jesús que vaya siguiendo lo que cada evangelista ha dicho, para que podamos captar matices propios de tal narrador.
Para Marcos empieza su descripción en el capítulo 14: Era la Pascua y los Ácimos de allí a dos días. Y andaban los sumos sacerdotes y doctores de la Ley buscando la manera de prenderle con astucia y matarle. Porque se decían: No durante la fiesta, no sea caso que se arme tumulto del pueblo.
Los datos que quedan claros es que estamos a dos días de la fiesta solemne de la Pascua. Y que ya hay una decisión determinada de matar a Jesús. Jesús no será condenado por un juicio imparcial; ni siquiera por un juicio. La decisión está tomada de antemano y con alevosía. Porque pretenden hacerlo con astucia, muy repensado: no durante la fiesta, no sea que el pueblo sencillo se levante en tumulto.
Es una condena meditada, y condena a muerte. Hay que acabar con ese hombre que les fastidia porque “no es de ellos” ni está de acuerdo con las formas de ellos. Y encima tiene un pueblo fiel, que le sigue, y del que hay que cuidarse, no fuera a darse el caso que el prender a Jesús, el pueblo se levante.
La historia nos dirá que el “tal pueblo” (el de las multitudes, el de los panes del desierto, el que apretujaba, el que iba por la playa en busca de Jesús, el que pedía y recibía favores y veía curados a sus enfermos…), no apareció en toda la Pasión. Un aspecto que no es para dejarlo pasar por alto porque puede representar a una buena parte de “los buenos” de todos los tiempos, que al llegar las “vacas flacas” se mete en sus casas y echa el cerrojo por dentro. Jesús está muy bien para los milagros, las expulsiones de demonios, curaciones de ciegos, paralíticos…, y cualquier enfermedad que tuviesen… Jesús está muy bien para devotas contemplaciones…
Pero Jesús pidiendo clara elección (decidida elección) entre bien y mal, y tomar la cruz con clara negación del propio YO, cada día, no es el que el que entusiasma al pueblo. ¡Mucho menos para que ahora vaya a salir a dar la cara por Él! Ahí calcularon mal los sacerdotes y escribas. En realidad lo que queda en evidencia es que los hechos se sucedieron de forma muy distinta a como ellos habían planificado. Y que la Pasión de Jesús lleva un componente humano, evidente, pero que rebasó con mucho los planteamientos y previsiones humanas.

Ante la Pasión de Jesús nos hemos de encontrar con el misterio. Y a ella hemos de entrar descalzándonos, porque vamos a entrar en un terreno muy sagrado. Con mucho componente humano, y con mucho misterio que llegaba de “más arriba”.

ZENIT, 18 febrero: Audiencia Miércoles de Ceniza

18 de febrero de 2015 (Zenit.org) - El corazón del Papa sigue en oración por los 21 coptos asesinados recientemente en Libia, a manos de los extremistas del Estado Islámico. Ayer, ofreció la misa de Santa Marta por ellos y hoy, en la audiencia general los ha tenido presentes nuevamente. “Quisiera invitar una vez más a rezar por nuestros hermanos egipcios que hace tres días fueron asesinados en Libia por el solo hecho de ser cristianos. El Señor les acoja en su casa y dé consuelo a sus familias y a sus comunidades”.
Asimismo ha pedido rezar por la paz en Oriente Medio y el Norte de África, “recordando a todos los difuntos, los heridos y los refugiados”. Que la comunidad internacional --ha pedido-- pueda encontrar soluciones pacíficas a la difícil situación en Libia.
Bajo un tímido sol de febrero, miles de fieles se han reunido en la plaza de san Pedro una semana más, para escuchar y saludar al santo padre Francisco. Así, el Papa ha paseado por los pasillos de la plaza en su papamóvil y ha pasado bendiciendo y con algunos afortunados, intercambiado el solideo. Esta mañana, dos niños han tenido la oportunidad de subir al jeep y acompañar desde ahí al Santo Padre en una parte de su recorrido.
Desde hace varias semanas, el Pontífice está dedicando las catequesis de la audiencia general a la familia y esta semana ha sido el turno de los hermanos y las hermanas.
Estas son las palabras del Santo Padre en su resumen hecho en español: “Queridos hermanos y hermanas. Seguimos con el tema de la familia, en concreto hoy hablamos de los hermanos. La fraternidad era un valor esencial en el pueblo de Israel, encontrando cumplidos elogios de ella en el Antiguo Testamento”. Su ruptura --ha proseguido el Papa--, sin embargo, abre un abismo profundo en el hombre. La pregunta de Dios a Caín: «¿Dónde está tu hermano?» no cesa de resonar a lo largo de la historia.
“Es en la familia donde aprendemos a abrirnos a los demás, a crecer en libertad y en paz, siendo esa primera convivencia fraterna la que se propone como un ideal para cualquier relación dentro de la sociedad y entre los distintos pueblos”, ha asegurado el Papa.
Y así, ha recordado que “con Jesús, este vínculo de hermandad se dilata hasta superar cualquier diferencia de nación, lengua, cultura o religión. Qué mayor elogio puede haber que decir: Es como un hermano para mí. Sin este valor, la libertad y la igualdad alcanzadas por muchos pueblos se convierten en individualismo y conformismo. Cómo brilla esta virtud cuando en la familia hay un hermano más débil, con qué afecto los demás cuidan de él. También los cristianos debemos ver así a los pobres, a los pequeños, dejando que el hermano toque nuestro corazón como nos enseñó Jesús”.
A continuación el Papa ha saludado a los peregrinos de lengua española, “en particular a los numerosos jóvenes, así como a los grupos provenientes de España, Chile, Argentina y otros países latinoamericanos. Pidamos al Señor que en esta Cuaresma, que hoy iniciamos, bendiga a las familias y su generosa entrega. Que en ellas aprendamos a ser siempre hermanos. Muchas gracias”.
En los saludos a los peregrinos en distintas lenguas, hoy ha habido uno más: en ucraniano. Francisco ha saludado a los obispos de este país, que se encuentran en Roma en visita ad limina y a los peregrinos de sus diócesis que los acompañan. “Hermanos y hermanas, sé que entre las tantas otras intenciones que lleváis a las tumbas de los apóstoles está la petición de la paz en Ucrania. Llevo en el corazón el mismo deseo y me uno a vuestra oración, para que llegue la paz duradera a vuestra patria lo antes posible”, ha pedido el Papa.
Después de todos los saludos, el Papa ha dedicado unas palabras a los jóvenes de la Renovación Carismática Católica Internacional, que hoy, en distintas partes del mundo, se recogen en oración para la adoración eucarística. “Me uno espiritualmente a ellos al expresar aprecio por esta iniciativa y deseo que las nuevas generaciones puedan ir cada vez más al encuentro de Cristo”.

Finalmente ha saludado a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. “La Cuaresma es un tiempo favorable para intensificar vuestra vida espiritual”, ha recordado el Papa. De este modo ha pedido que “la práctica de ayuno os ayude, queridos jóvenes, para adquirir dominio de vosotros mismos; la oración sea para vosotros, queridos enfermos, el medio para confiar a Dios vuestros sufrimientos y sentir su presencia amorosa; las obras de misericordia, finalmente, os ayuden a vosotros, queridos recién casados, a vivir vuestra existencia conyugal abriéndose a las necesidades de los hermanos”.

miércoles, 18 de febrero de 2015

18 febrero: Una oración para la Cuaresma

MIÉRCOLES DE CENIZA
¡Señor y Dios mío!: Ante esta nueva Cuaresma siento una doble sensación; de ilusión, por una parte; de pesadumbre, por la otra. El gozo espiritual de una oportunidad que me ofrece la Liturgia para poner orden en mi vida. El dolor de saberme capaz de pasar por este tiempo como gato sobre brasas…, el dolor de repetir una vez más la inoperancia de otras cuaresmas en las que acabé lo mismo que las empecé…, y hasta sin darme cuenta –en la práctica- de haber estado en Cuaresma.
¡Señor!, hoy me condensa la Liturgia del día aspectos básicos de estos 40 días: que el luto no se lleva en “el vestido” sino en el corazón; que el cambio no es añadir un ayuno o unas privaciones. Que el cambio arranca de echarse en el Corazón de Dios, que es compasivo y misericordioso, pero que al mismo tiempo hay que dejarse reconciliar por Dios: darle a Dios la palabra para que sea Él quien realice un cambio en mí. Que ya me presenta la Liturgia a Cristo que muere por el pecado, aunque Él no conocía el pecado, pero que dio ese enorme paso para que llegue yo a la JUSTICIA santificadora de Dios, en este tiempo de Gracia
¡Señor!, todo está condensado en una realidad fundamental: que el cambio que se vaya a dar, al que Dios llama, el que Tú, Jesús, esperas, se amasa y se vive desde el interior, desde lo íntimo, ahí donde se encuentra uno con Dios mismos, el Padre que ve en lo secreto.
¡Mi Dios!: hoy vamos a acudir en grandes bloques a recibir la ceniza, el signo exterior que expresa una verdad imponente…, pero de la que necesitamos hacernos conscientes con mucha más fuerza. La Ceniza en sí no compromete a nada; no ha entrado en “lo secreto”. Todo el mundo la recibe y muchas veces como un talismán. Luego quedan los confesionarios mucho menos frecuentados, que son el modo expreso sacramental en que se concreta el sentimiento de humildad que significó la Ceniza…: ese punto en que el ser humano rinde su corazón a Dios para CONVERTIRSE CREYENDO EL EVANGELIO. De polvo y ceniza venimos y a ceniza nos encaminamos… Sí, y no es todo: porque adonde verdaderamente vamos es a SER EVANGELIO, a reproducir la vida de Jesús, a encontrarnos en COMUNIÓN PERFECTA CON ÉL, a reproducir su muerte salvadora, su resurrección definitiva. Caminamos a la Resurrección, pero no como pasos litúrgicos inexorables sino como realidades fehacientes que tenemos que vivir.
Por eso, ¡mi Dios!, siento ese doble sentimiento ante los días que tenemos delante: todo el horizonte luminoso que se abre ante mí… Toda la rémora de la rutina, del encapsulamiento de lo siempre vivido en la inercia de lo que ha llegado como todos los años, pero ante lo que yo no me he llegado aún a dejarme reconciliar por Dios. A tener oración, privaciones, penitencias y apariencias de bondad, y que eso no haya prendido en “lo secreto”, lo íntimo, lo que es capaz de transformar.

Por eso mi oración personal de este MIÉRCOLES DE CENIZA es expresarte mi deseo de salir de mi tálamo de egoísmo, de mi alcoba mullida, y saber llorar dentro de mí ese vacío que alberga mi vida, e implorar del Corazón de Dios el perdón…, que no deje que me domine el oprobio y las costumbres gentiles…, que no se diga: ¿dónde está tu Dios? Lo que te pido, Dios mío, es que no tenga nadie que preguntármelo, sino que vea y palpe en mi vida que Dios está ahí y actúa en mí, y yo me dejo reconciliar por Dios.

martes, 17 de febrero de 2015

ZENIT, 17 feb.: "Empresarios de la muerte"

17 de febrero de 2015 (Zenit.org) - Todos nosotros somos capaces de hacer el bien, pero también de destruir lo que Dios ha hecho. Esta ha sido la advertencia del santo padre Francisco durante su homilía de esta mañana de la misa celebrada en Santa Marta. Misa que ha querido ofrecer por los cristianos coptos egipcios asesinados por el Estado Islámico.  
“Ofrecemos esta misa por nuestros 21 hermanos coptos, sacrificados por el sólo hecho de ser cristianos”, ha indicado el Papa. “Rezamos por ellos, para que el Señor les acoja como mártires, por sus familias, por mi hermano Tawadros, que sufre tanto”.
Tomando la primera Lectura del día que narra el diluvio universal, el Papa ha advertido que el hombre es incluso capaz de destruir la fraternidad y de aquí nacen las guerras y las divisiones. Por eso, ha condenado a los “emprendedores de la muerte” que venden armas a países en conflicto para que la guerra pueda continuar. “El hombre es capaz de destruir todo lo que Dios ha hecho”, ha indicado.
De este modo, hablando de este pasaje del Génesis que muestra la ira de Dios por la maldad del hombre, el Pontífice ha observado que el hombre "parece ser más poderoso que Dios”, es capaz de destruir las cosas buenas que Él ha hecho.
Y así, ha recordado que en los primeros capítulos de la Biblia encontramos muchos ejemplos --Sodoma y Gomorra, la Torre de Babel-- en los que el hombre muestra su maldad. Un mal, ha advertido, que se anida en lo profundo del corazón.
“Pero padre, ¡no sea tan negativo!” dirán algunos. “Pero esta es la verdad. Somos capaces de destruir también la fraternidad: Caín y Abel en las primeras páginas de la Biblia. Destruyen la fraternidad. Es el inicio de las guerras, no. Los celos, las envidias, tanta codicia por el poder, por tener más poder. Sí, esto parece negativo, pero es realista. Tomad un periódico, cualquiera --de izquierda, de centro, de derecha-- cualquiera. Y veréis que más del 90 por ciento de las noticias son noticias de destrucción. Más del 90 por ciento. Y esto lo vemos todos los días”.
“¿Pero qué sucede en el corazón del hombre?” se ha preguntado Francisco. De este modo, ha indicado que Jesús nos recuerda que “del corazón del hombre salen todas las maldades”. Nuestro “corazón débil”, ha añadido, “está herido”.  
A propósito ha advertido que hay siempre un “deseo de autonomía”: “yo hago lo que quiero y si quiero esto, ¡lo hago! Y si para esto quiero hacer una guerra, ¡la hago!”
De nuevo se ha preguntado el Santo Padre: “¿Pero por qué somos así?” Y lo ha explicado con estas palabras: “Porque tenemos esta posibilidad de destrucción, este es el problema. Después, en las guerras, en el tráfico de armas… ‘Pero, ¡somos emprendedores! Sí, ¿de qué? ¿De muerte? Y hay países que venden las armas para esto, para que así continúe la guerra. Capacidad de destrucción. Y esto no viene del vecino: ¡de nosotros! ‘Cada intento íntimo del corazón no era otro que el mal’. Nosotros tenemos esta semilla dentro, esta posibilidad. Pero tenemos también al Espíritu Santo que nos salva, ¿eh? Pero debemos elegir, en las pequeñas cosas”.
A continuación, el Santo Padre ha advertido también sobre los chismorreos, sobre quien habla mal del vecino: “también en la parroquia, en las asociaciones”, cuando hay “celos” y “envidias” y quizá se va donde el párroco a hablar mal de otro.
Por eso, ha reconocido que “esta es la maldad, esta es la capacidad de destruir que todos nosotros tenemos”. Y sobre esto “la Iglesia nos hace reflexionar en las puertas de la Cuaresma”.
A este punto, el Santo Padre ha hecho referencia al Evangelio de hoy, en el que Jesús regaña a los discípulos que pelean entre ellos porque se habían olvidado de tomar el pan. El Señor les dice que pongan “atención”, que tengan cuidado “con la levadura de los fariseos, con la levadura de Herodes”. A propósito de esto, el Santo Padre ha dado el ejemplo de dos personas. Herodes que “es malo, asesino” y los fariseos “hipócritas”.
Por tanto, Jesús les recuerda cuando partió los cinco panes y les exhorta a pensar en la Salvación, en lo que Dios ha hecho por todos nosotros. Pero ellos, ha proseguido el Papa, “no entendían, porque el corazón estaba endurecido por esta pasión, por esta maldad de discutir entre ellos y mirar quién era el culpable de haberse olvidado el pan”.
Asimismo, el Santo Padre ha indicado que tenemos que tomarnos en serio el mensaje del Señor, “estas no son cosas raras, este no es el discurso de un marciano”, “el hombre es capaz de haber mucho bien”. Y así, ha puesto como ejemplo a la Madre Teresa, “una mujer de nuestro tiempo”.
De este modo, el Obispo de Roma ha recordado que todos “somos capaces de hacer mucho bien, pero todos nosotros somos capaces también de destruir; destruir en lo grande y en lo pequeño, en la misma familia; destruir a los hijos”, "no dejándoles crecer con libertad", "no ayudándoles a crecer bien, anular a los hijos".
Tenemos esta capacidad y por eso “es necesaria la meditación cotidiana, la oración, el debate entre nosotros, para no caer en esta maldad que destruye todo”, ha advertido el Pontífice.
Finalmente, el Santo Padre ha querido subrayar que “tenemos la fuerza, Jesús nos lo recuerda. Recordad. Y hoy nos dice: ‘Recordad. Acordaos de mí, que he derramado mi sangre por vosotros, acordaos de mí que os he salvado, os he salvado a todos. Acordaos de mí, que tengo la fuerza para acompañaros en el camino de la vida, no por el camino de la maldad, sino por el camino de la bondad, de hacer el bien por los otros; no por el camino de la destrucción, sino por el camino del construir: construir una familia, construir una ciudad, construir una cultura, construir una patria, cada vez más”.

Para concluir, el papa Francisco ha invitado a rezar durante la Cuaresma para no dejarnos engañar por las seducciones. “Pidamos al Señor, hoy, antes de comenzar la Cuaresma esta gracia: elegir siempre bien el camino con su ayuda y no dejarnos engañar por las seducciones que nos llevan por el camino equivocado”.

17 febrero: DILUVIO DE ADVERTENCIAS

Agua purificadora y panes
Aquel Día que Dios se asomó a las ventas del Cielo, vio que todo hombre había corrompido su camino y que toldas las trazas y proyectos de su corazón eran enteramente malos. (Gen 6, 5-8) y Dios se arrepintió de haber creado al hombre. ¿Habéis oído alguna vez la amargura de un hijo a quien su madre le ha dicho: Ojalá no hubieras nacido? Es espantoso el pensamiento de un Dios arrepentido de haber creado al hombre. Pero esos arrepentimientos de Dios no son de rechazo del hombre sino de los pensamientos y trazas de su corazón que se han hecho completamente malos.
            Y Dios decide salvar al hombre pero limpiar de maldad la tierra. Y vuelve a concentrar las energías sobre un hombre, Noé y su familia (7, 1-5, 10) como icono de gente buena que puedan regenerar a esa humanidad. Y con ellos, y con los animales encerrados en una inmensa hipotética arca, refugiarse de ese diluvio purificador de maldades que va a anegar el mundo habitado –una región en Asia-; al diluvio se le llamará “universal” porque inundó ese concreto “universo” (reducido, regional) donde el hombre estaba.
En la despedida de este ciclo litúrgico –mañana comienza la Cuaresma- ya no veremos el desenlace. Pero habrá un “arco” final que será señal de que nunca más sucederá… Y una historia de un pueblo rebelde que volvió a las andadas sin haber aprendido.
¿Y nos tenemos que ir muy lejos para ver cómo el hombre de hoy tiene corrompido su camino…, y cómo Dios nos hace ver frecuentes señales de que Él no se resigna a un mundo destrozado por la maldad y dominado por el endiosamiento humano? Pero, ¿entendemos?
En el Evangelio (Mc 8, 14-21) Jesús advierte a los apóstoles que se guarden de la levadura de los fariseos. Un modo de advertirles de sus falsedades religiosas e hipocresías. Como suele suceder cuando uno está centrado en su propio pensamiento, los apóstoles –que estaban dando vueltas a su olvido de haber tomado panes para la travesía- interpretan que Jesús se refiere al pan. Y Jesús tiene que hacerles ver que eso no era lo esencial. Y su pregunta final es precisamente esa: ¿No acabáis de entender?
Tiene mucha tarea esa pregunta. Porque saber, saben; milagros han visto; conocen cómo es el Maestro. Pero ¿entienden? ENTENDER es mucho más. Tanto que no es cuestión de “entendimiento” de cabeza, sino de motor de cambio en el alma. Uno entiende que algo lo hace mal, que tal cosa le lleva a pecado, que un comportamiento le aparte de los suyos… “Lo sabe” pero “no entiende”. Porque entender es poner soluciones drásticas, extremas, decisivas y eficaces. Y mientras se viva la doble vida que separa el “saber” del “hacer”, la fe de la vida…, es que sencillamente estamos sin entender.
Eso no lo soluciona ni “un diluvio porque la solución no puede venir de fuera. El diluvio (venga de la forma que venga -enfermedad, crisis familiar, economía venida a menos…-) puede ayudar a detenerse y reflexionar (o envenena más…) Pero ENTENDER es algo de dentro, es reflexivo, es comprometido, es de despertar a otra realidad y descubrir que otro modo es posible y es mejor y más gratificante.

Por eso la pregunta que necesitamos –el mundo se compone de uno más uno más uno…- es la de Jesús: ¿estamos dispuestos a ENTENDER?

lunes, 16 de febrero de 2015

16 febrero: El Génesis, paradigma de la historia

La historia repetida
El Génesis es un paradigma de la vida De modo que en vez de pretender entender el Génesis y “sacarle conclusiones”, sería mucho más real leer el periódico de hoy y ver que eso está ya escrito en el Génesis. Porque la historia de la humanidad quedó plasmada en aquellos capítulos iniciales de la Biblia. La rebeldía del ser humano, la desobediencia, la instigación hacia la pretensión de ser más que Dios y erigirse en dueños de todo el saber (como si nada se hubiera sabido antes), es un estribillo permanente en la historia de la humanidad. Y con ello, la envidia, la violencia, hasta la muerte, el encararse con Dios y acabar culpándolo a Él. ¿Nos suena muy distinto todo esto HOY, en el periódico de hoy a lo que leemos en el Génesis?
Hoy tenemos la lectura de 4, 1, 15-25. Comienza el proyecto de multiplicación de la humanidad. Adán y Eva tienen un primer hijo: Caín; un segundo hijo, Abel. Y cada uno con su característica, y sobre cada uno una mirada de Dios. Caín se siente menos favorecido y su reacción es envidiosa y criminal. Invita a su hermano al campo y en el campo, lo mata. No ha podido soportar que la ofrende de Abel hubiera agradado a Dios más que la suya propia. Y la solución no es la de superarse él para la vez siguiente sino quitar de en medio a su hermano.
            Dios le pregunta por su hermano, y con despecho responde a Dios: ¡Qué sé yo!; ¿acaso soy su guardián? Es evidente que el corazón de Caín era malo, se había podrido por dentro. Y Dios le dice que la sangre de su hermano, derramada en el campo, está gritando. Entonces Caín se enfurece…: “si obraras bien –le dice Dios- estarías animado, pero si tus obras son malas, el pecado acecha a tu puerta…, ¡aunque tú puedes dominarlo!” [Muy importante esa reflexión: el pecado no es el ganador si la persona le presenta rostro].
El Señor destierra a Caín… Caín sigue ensoberbecido y culpa a Dios de lo que ahora le pueda pasar a él: quien me encuentre me matará [La verdad es que nadie podía encontrarlo, porque no había nadie más; pero la conciencia mala ve fantasmas por todas partes]. Y Dios pone una señal en Caín para que nadie pueda hacerle daño.
Que Caín sea asesino de su hermano no va a ser causa de que otro le asesine a él. Dios sale en su defensa y lo marca con un salvoconducto para que vaya por la vida sin que nadie tome venganza de su mala acción.
Y todos se están preguntando: si no había nadie… ¡He ahí el paradigma! Hoy hay muchos Caín, muchos Abel víctimas; muchos Caín que siguen culpando a Dios de lo malo; y UN ÚNICO DIOS que no quiere que ningún otro se tome la justicia por su mano y vaya a usar con Caín el “ojo por ojo”.
¿Vamos entendiendo la historia de hoy, la del periódico de hoy? ¿Vamos siendo capaces de entender que el Génesis era un adelanto profético y como una historia universal escrita de antemano? ¿Vamos entendiendo que en vez de ponerle preguntas al Génesis, todas esas preguntas recaen en la sociedad de hoy, en el hombre y mujer de hoy, en los países de hoy, en los fanatismos de hoy, en mí y en ti y en nuestro sentimientos de hoy? ¿Por qué nos extraña el Génesis, que no hizo más que ponernos delante el tráiler de la película que iba a filmarse en la humanidad?

El Evangelio de Mc 8, 11-13 no se queda muy lejos. A Jesús se le siguen pidiendo “milagros”… No ha habido ya bastantes… Y Jesús opta por matcharse…

domingo, 15 de febrero de 2015

ZENIT, Ángelus del día 15 febrero

15 de febrero de 2015 (Zenit.org) - Después de celebrar en la basílica de San Pedro la santa misa con los nuevos cardenales, el papa Francisco desde su estudio que da a la plaza, rezó la oración del ángelus y dirigió las siguientes palabras a los miles de fieles y peregrinos allí presentes.
«Queridos hermanos y hermanas, en este domingo el evangelista Marcos nos narra la acción de Jesús contra toda especie de mal, beneficiando a los que sufren en el cuerpo y en el espíritu: endemoniados, enfermos y pecadores... Él se presenta como aquel que combate y vence el mal en donde lo encuentre. En el Evangelio de hoy, esta lucha que realiza encuentra un caso emblemático, porque el enfermo es un leproso. La lepra es una enfermedad contagiosa y que no tiene piedad, que desfigura a la persona, y que era símbolo de impureza: el leproso tenía que permanecer siempre fuera de los centros habitados y señalar su presencia a quienes pasaban. Era marginado de la comunidad civil y religiosa. Era como un muerto ambulante.
El episodio de la curación del leproso se desarrolla en tres breves etapas: la invocación del enfermo, la respuesta de Jesús, las consecuencias de la curación prodigiosa. El leproso le suplica a Jesús, 'de rodillas' y le dice: 'Si quieres puedes purificarme'. A esta oración humilde y llena de confianza, Jesús responde con una actitud profunda de su ánimo: la compasión. La compasión es una palabra muy profunda que significa 'sufrir con el otro'.
El corazón de Cristo manifiesta la compasión paterna de Dios por aquel hombre, acercándose a él y tocándolo. Este particular es muy importante. Jesús 'tiende la mano, lo toca... y en seguida la lepra desaparece y Él lo purifica”. La misericordia de Dios supera cada barrera y la mano de Jesús toca al leproso. Él no pone una distancia de seguridad y no actúa delegando, sino que se expone directamente al contagio por nuestro mal. Y así justamente nuestro mal se vuelve el lugar del contacto: Él, Jesús, toma de nosotros la humanidad enferma y nosotros de Él su humanidad sana y que cura.
Esto sucede cada vez que recibimos con fe un sacramento: el Señor Jesús nos 'toca' y nos da su gracia. En este caso pensamos especialmente al sacramento de la Reconciliación, que nos cura de la lepra y del pecado.
Una vez más el evangelio nos muestra lo que hace Dios delante de nuestro mal: no viene a darnos una lección sobre el dolor; tampoco viene a eliminar del mundo el sufrimiento y la muerte; viene más bien a tomar sobre sí mismo el peso de nuestra condición humana, y a llevarla hasta el fondo, para liberarnos de manera radical y definitiva. Así Cristo combate el mal y el sufrimiento del mundo: haciéndose cargo y venciendo con la fuerza de la misericordia de Dios.
A nosotros, hoy, el evangelio de la curación del leproso nos dice que, si queremos ser verdaderos discípulos de Jesús, estamos llamados a volvernos unidos a Él, instrumentos de su amor misericordioso, superando cada tipo de marginación. Para ser 'imitador de Cristo', delante a un pobre o a un enfermo, no debemos tener miedo de mirarlo en los ojos, y de acercarnos con ternura y compasión. Y de tocarlo y abrazarlo. Con frecuenciapido a las personas que asisten a los otros, que lo hagan mirándolos a los ojos, y de no tener miedo de tocarlos. Que el gesto de ayuda sea también un gesto de comunicación. También nosotros tenemos necesidad de ser acogidos. Un gesto de ternura y de compasión. Y les pregunto: ¿Cuando se ayuda a los otros, los miran en los ojo, los acogen sin miedo de tocarlos, los acogen con ternura? Piensen sobre esto. Cómo se ayuda, a distancia o con ternura y cercanía?
Si el mal es contagioso, también el bien lo es. Por lo tanto es necesario que en nosotros abunde siempre más el bien. ¡Dejémonos contagiar por el bien!».
El Santo Padre reza el ángelus y después dirige las siguientes palabras:
«Queridos hermanos y hermanas, dirijo un deseode serenidad y de paz a todos de los hombres y mujeres que en el Extremo Oriente y en varias partes del mundo se preparan a celebrar el año santo lunar. Tales fiestas ofrecen a ellos la feliz ocasión de redescubrir y de vivir de manera intensa la fraternidad, que es el vínculo precioso de la vida familiar y base de la vida social. Este retorno anual a las raíces de la persona y de la familia puedan ayudar a aquellos pueblos a construir una sociedad en la que se tejen relaciones interpersonales que llevan al respeto, la justicia y la caridad.
Saludó también a todos ustedes, romanos y peregrinos, en particular a todos los que han venido con motivo del consistorio, para acompañar a los nuevos cardenales. Y agradezco a los países que han querido estar presentes en este evento enviando delegaciones oficiales.
Saludemos con un aplauso a los nuevos cardenales... (aplausos)
Saludo a los peregrinos españoles que provienen desde San Sebastián, Campo de Criptana, Orense, Pontevedra y Ferrol. A los estudiantes de Campo Valongo y Porto, en Portugal. Y a los de París; al “Foro de las Instituciones Cristianas ” de Eslovaquia; a los fieles de Buren (Holanda), y a los militares de Estados Unidos de paso en Alemania, y a la comunidad de los venezolanos residentes en Italia.
Saludo a los jóvenes de Busca, a los fieles de Leno, Mussoi, Monteolimpino, Rivalta sul Mincio y Forette di Vigasio.
Están también presentes muchos grupos de escolares y de catequistas de tantas partes de Italia.

Queridos les animo a ser ser testimonios con alegría y coraje de Jesús en la vida de cada día. Les deseo a todos un buen domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mi». Y concluyó con su ya conocido «¡Buon pranzo e arrivederci!».   

15 feb.: 6 domingo del T.O., B: LA LEPRA

Lepra del cuerpo…, y del alma
La 1ª lectura pone marco a la enseñanza de este domingo. Levítico 13, 1-2. 44-46 nos describe la triste situación en que estaban los enfermos de lepra, que  estaban marginados de la vida social, con el sambenito encima de ser enfermos tan contagiosos que tenían que ser distinguidos a distancia para apartarse de su camino y evitar así el contagio. Esa era la vida de aquellos hombres que tenían que vivir en las afueras de los pueblos, o avisar de su presencia para apartarse de su camino.
En el Evangelio de hoy nos pone delante a un leproso que se ha atrevido a ponerse delante de Jesús. Su sentir es el de hombre humillado: puesto de rodillas, abatido, y a una prudente distancia. Y hasta en su súplica, no pide. No se atreve a pedir. Con bella humildad se limita a exponer un sentimiento que lleva dentro de su alma: Si Jesús quiere, el leproso está seguro de que puede.
Yo imagino a los apóstoles retirándose, espantados por ese temor al contagio. Y más espantados cuando es Jesús quien da un paso adelante y llega a toca al enfermo, para devolverle en afirmativo la exposición que el leproso ha hecho. Jesús dice: Quiero. Queda limpio. Y en ese instante el enfermo se nota sanado.
Jesús va más allá que el hecho de la curación porque este tipo de enfermedad no sólo requiere la curación sino el certificado oficial que habían de dar los sacerdotes. Por eso Jesús manda al leproso ir a los sacerdotes para que certifiquen su curación, que era el paso necesario para que ese hombre se reintegrara a la sociedad. La segunda recomendación de Jesús es muy típica de Él, como Mesías: que no diga nada a nadie. Ese imposible cuando un marginado social halla de pronto su piel sana y su futuro nuevamente abierto a una vida normal con el resto del pueblo.
Desde siempre se ha comparado al enfermo de lepra, lleno de llagas y carcomidas sus carnes con el pecador que toma conciencia de su estado de marginación espiritual y aun del mismo cuerpo de la Iglesia. El alma que se ha metido en el pecado es un alma harapienta que tiene peligro de contagiar, y del que es mejor guardar distancia por la mala influencia que puede causar.
Jesucristo viene como liberador de ese e4stado, y Jesús se acerca al pecador que le suplica ayuda y confía en el Corazón de Cristo que, si quiere, puede sanar. Jesús no se echa atrás; se acerca y toca y trasmite desde su mismo Corazón una palabra confortadora Quiero; queda limpio. Ahora bien: ha de ser a través del sacerdote como te llegue la certificación de tu curación: Para que conste. Siendo la Iglesia un cuerpo social donde unos nos influimos a los otros, no basta la pretensión de aquellos que dicen “confesarse con Dios”; necesitan –en ese cuerpo y asamblea de fieles- que haya una constatación autorizada que certifique la sanación.

Ahí entraría la 2ª lectura con esa exhortación de Pablo en la que hace ver que la vida de las personas no puede quedarse en la individualidad. Porque comáis o bebáis o hagáis cualquier cosa, hacedlo para gloria de Dios- No deis motivo de escándalo a la Iglesia de Dios. Y eso, que puede sonar a una exhortación genérica, debe ser atendida con especial cuidado por cada uno de nosotros. Estamos todos en el ojo del huracán y cuanto hacemos o dejamos de hacer, y en el modo que lo hagamos, nuestro vivir diario está en escaparate ante el mundo de hoy. Y hemos de estar muy encima de nosotros mismos para dejar buen ejemplo.

sábado, 14 de febrero de 2015

14 febrero: Génesis: El desenlace fatal

La amistad perdida
El comienzo de la lectura del Génesis (3, 9-24) enlaza con el final de ayer: Dios bajó al jardín como de costumbre a hora de la brisa de la tarde. Era, digámoslo así, “la hora del paseo”: Dios, cogido de los brazos de Adán y de Eva, a derecha e izquierda. Dios amigo que intima.
Pero aquel “día” no los encontró, y Dios los llamó: Adán, ¿dónde estás? Era raro. Y tras unos matorrales sale la voz de Adán temeroso y avergonzado: porque hemos sentido tus pasos en el jardín y estamos desnudos… Los “amigos” que temen…; que HOY se sienten desnudos…
Dios se hace el extrañado: ¿Y quién os ha descubierto hoy que estáis desnudos? ¿No será…? Dios se teme lo peor: ¿No será que has comido del árbol que te dije que no? Y Adán se quita las pulgas de encima: La mujer que me diste… Y Dios traga saliva porque Adán, el amigo, lo está culpando a Él. Y con paciencia divina se dirige a Eva: ¿Qué es lo que  has hecho? Y Eva se sacude: La serpiente que creaste… ¡Realmente estaban DESNUDOS…! Pero con una desnudez radical. ¡Se habían alejado del Dios amigo!
Y Dios tiene que ponerse serio y hacerles ver que son ellos los responsables, y que ya no pueden seguir viviendo en el paraíso. Y como “el paraíso” era ese oasis donde todo era felicidad sin dolor y sin trabajo, ahora tiene que saber la mujer lo que llevará consigo…, y lo mismo Adán.
Y Dios los viste con túnicas de piel y los hace salir del Paraíso. Un ángel con espada de fuego cubre el camino que va al árbol de la vida, porque –ya que una vez ha sido desgajado- Dios no quiere que pueda nadie volverlo a violar.
Se ha consumado la enorme historia de la entrada del  mal en el mundo…, ese mal que nunca cupo en la mente de Dios, que todo lo hizo bien; que vio que todo estaba muy bien hecho. La soberbia, la rebeldía, la desobediencia…, ha engendrado el daño, el mal.
¿Y esto es sólo la historia de un pasado? ¿O el Génesis es una enorme palestra donde estamos actuando los hombres y mujeres de la humanidad…, los “amigos” que rechazamos la mano tendida de Dios?

San Marcos (8, 1-10) nos trae una “segunda multiplicación” de panes. 7 panes en vez de cinco; unos cuantos peces, en vez de dos; 4,000 hombres (en vez de 5,000); en vez de doce canastos de sobras, siete. Los sentimientos de Jesús ante la situación de tanta gente sin comer y sin tener qué comer son dobles: lástima de esa gente  y  planteamiento a sus discípulos para que ellos den de comer a la multitud. Es lógica la pregunta de ellos: ¿De dónde, aquí en despoblado?
Pero tenían ellos siete panes y había que compartir. ¡Claro!: previo tomar Él los panes, partirlos, y darlos a los doce para que ellos siguieran partiendo… La gran lección que se pretende (dicen los estudiosos) de que las carencias de unos se han de solventar con la dadivosidad de otros. Y allí donde no hay para todos, ya Jesús se encarga de que haya. Eso corre ya de su cuenta. ¡Y Él sí que derrocha generosidad!
Comieron todos, se saciaron y sobró para llenar siete cestos.

Ahora, una vez saciados, Jesús los despide. Ya no hay miedo de que desfallezcan. Misión cumplida. Y Jesús se embarcó con sus discípulos y se fueron a otra región.

viernes, 13 de febrero de 2015

13 febrero: Cuando se rompió la felicidad

 RUPTURA DE LA ALIANZA
Cuando me hice consciente de los entresijos del relato la Creación, concebí el momento como una primera alianza (relación de amor gratuito de Dios) con la humanidad. Lo pensé como ese primer paso del Corazón inmenso de Dios que al poner al hombre ya la mujer en la vida, quiere que esa humanidad sea aliada del amor de Dios. De ahí que me guste llamar a la Creación, la primera alianza, pensando en el sueño que Dios concibió respecto de ese hombre/mujer y su descendencia, a quienes había hecho entrega del mundo entero, de aquella riqueza de la Creación que había puesto en sus manos.
Luego suceden las cosas que suceden, y la humanidad rompe el pacto de amor gratuito de Dios. Y lo que sucede es que el ser humano que podía ser feliz siguiendo el plan de Dios, opta –en su libertad mal usada- por echar mano del fruto del árbol de la vida, de la ciencia del bien y del mal, y hace lo que está mal: desgajar su fruto, romper su relación filial y amistosa con Dios, por ese prurito que ser como dioses, que le ha inoculado el orgullo, instigado por la tentación de la rebeldía…, de la duda de que Dios es Bueno, y la mala sospecha de que Dios les pretendía dominar a base de ponerles condiciones.
Y -¡pobres!- optaron por comer del fruto del que Dios les había dicho que –comerlo- era una provocación a la  muerte. Ellos no se lo habían querido creer. Pero se toparon de pronto con la desnuda realidad: a Dios, que era su amigo, le cogieron miedo; ellos sintieron vergüenza de su desnudez (que más que de ropas era de alma); de tener un jardín a su disposición se encontraron con un páramo seco (porque ya no podían seguir viviendo en su palacio feliz). El deseo desordenado de hombre y mujer entre sí se había disparado, y la mujer tendría los hijos con dolor, y el hombre tendría que arrancar a la tierra sus frutos a golpes de azada, con el sudor de su frente.
Para más espanto, uno de sus hijos mata al otro, y en vez de crecer y multiplicarse, la familia “divide”, resta… Ha ocurrido el gran cataclismo…, todo lo contario al proyecto de la alianza. La rebeldía del hombre ha frustrado el plan creador de Dios. Ya no serán nunca las cosas iguales, paradisíacas. Dios lo hizo todo bien, pero el mal ha sido creado por la rebeldía del ser humano. Y el mal seguirá siendo ya patrimonio de la humanidad caída, ahí donde el gozo y la felicidad podrían haber sido “la casa común” de la especie humana.
El Génesis ha dibujado magistralmente “la historia” de una realidad, aunque la ha elevado a parábola universal que pueda ser profundizada desde cualquier tiempo y cualquier cultura.
El Evangelio de Marcos (7, 31-37) nos muestra a un casi sordomudo. No oye y apenas habla. Se lo presentan a Jesús y Jesús –con esa “técnica” que no nos resulta ya nueva, se lo lleva aparte de la gente, realiza unos ritos expresivos como quien abre los oídos con sus dedos y agiliza la lengua con su saliva, y el hombre sale oyendo y hablando.
También conocido ese mandato imposible de que nada digan.

Por qué ese “apartar” y ese “silencio”. Hay una urgencia en Jesús de poner ante los ojos la necesidad de la intimidad, el apartamiento, y que el encuentro con Jesús no sea en medio del ruido. Ni tampoco quiere ruido después. Todo cuanto sea un encuentro con Jesús está requiriendo un silencio, un apartarse, una intimidad. Que cada uno descubra desde su mismo interior y no por contagio de “propagandas populares”. Jesús no entra en la dimensión de “la propaganda”. Las cosas del Señor son mucho más íntimas y se palpan y se gozan en el “secreto” de la intimidad…, del mundo interior.

jueves, 12 de febrero de 2015

12 febrero: DOS MUJERES

La mujer
En esa “historia” parabólica del Génesis Dios había creado al varón. A él lo había “modelado” desde algo ya anterior, a lo que se llamara “barro” o “arcilla” por ser materiales moldeables. Es un modo de decir. Pero en el conjunto de la historieta deja claro un hecho esencial: el varón fue creado por Dios, y sobre la materia no racional Dios sopló un aliento de vida, de modo que dejaba de ser pura materia inanimada y comenzaba a vivir. Y no cualquier vida, como planta o animal, sino con capacidad de elegir entre el bien y lo contrario: para eso estaba el árbol del conocimiento del bien y del mal, de la vida o de la muerte (si ese hombre cogía el fruto que debía serle la frontera de lo bueno y de lo no bueno).
Gn. 2, 18-25: El varón lo tenía todo: árboles, animales (que él dominaba =les ponía nombre), y así Dios le entregaba la creación en sus manos. Pero ¿qué hacía el varón solitario y sin perspectiva? Dios sabe que el varón necesita de una compañera, y una compañera de su mismo género; una compañera que realmente acompañara (le fuera “la otra media naranja).
Y Dios sume en un letargo profundo al varón y de su mismo ser saca Dios una mujer que, cuando se encuentran entre sí, provoca la alegría y el gozo y la atracción porque son carne de la misma carne y hueso de los mismos huesos. Y porque ahora son dos a compartir juntos la felicidad y la responsabilidad. Los dos, creados por Dios; los dos de la misma naturaleza, Los dos con la misma dignidad. Los dos, compañeros para el mismo camino.
La última nota que deja hoy la lectura tendrá su trascendencia en relatos siguientes: estaban desnudos pero no sentían vergüenza uno de otro.
El Evangelio [Mc 7, 24-30] es un texto muy iluminador desde diversos ángulos. De una parte, en la perspectiva de Jesús, que sólo se considera enviado a los hijos de Israel. [Para quienes preguntan si Jesús se lo sabía todo desde el principio, este texto es clarificador]. De otra, en la fuerza que tiene la realidad que aparece sin pensarla, y que da lugar a descubrir que Dios se vale de lo más impensable para decir algo nuevo.
Aquí “lo impensable” es una mujer pagana, y a la vez con una fe muy fuerte y persistente y humilde… Un ejemplo de lo que es CREER. Ella suplica primero como lo más normal de una madre que tiene una hija grave y descubre a ese hombre Jesús que hace maravillas y viene rodeado de fama taumatúrgica.
Jesús soslaya la petición y se acoge a un refrán para eludir la intervención: Deja que coman primero los hijos (=Israel); que no está bien echar a los perrillos el pan de los hijos. A la mujer no le vale el argumento. Ella está allí, está necesitada, y los refranes no le valen en su caso. Y con un arte de mujer, le da la vuelta al argumento y responde: Tienes razón…, pero también los perros comen –bajo la mesa- el pan que cae de la mesa de los hijos.

Jesús ya no puede resistir más los impulsos que experimentaba en su corazón… La mujer ha sido vehículo de Dios mismo para enseñar algo. Jesús llamará un día a estas situaciones: los signos de los tiempos…, signos que vienen de lo más impensable pero que son como pinceladas de Dios para decirnos que algo cambió y que hay que saber aprender de ello. Y vuelto a la mujer, cede Jesús de su propio argumento y le dice; Anda, mujer; vete en paz, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija. ¡Había hablado Dios por boca de una pagana!

miércoles, 11 de febrero de 2015

ZENIT 11 feb.: Los hijos, alegría de la familia

11 de febrero de 2015 (Zenit.org) - Queridos hermanos y hermanas, buenos días.
Después de haber reflexionado sobre las figuras de la madre y del padre, en esta catequesis sobre la familia quisiera hablar sobre el hijo o, mejor, los hijos. Hago referencia a una bonita imagen de Isaías. Escribe el profeta: “Todos se han reunido y vienen hacia ti; tus hijos llegan desde lejos y tus hijas son llevadas en brazos. Al ver esto, estarás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón”. Es una imagen espléndida, una imagen de la felicidad que se realiza en la unificación entre padres e hijos, que caminan juntos hacia un futuro de libertad y de paz, después de un largo tiempo de privación y de separación, como ha sido ese tiempo, esa historia que estaban lejos de la patria.
De hecho, hay una estrecha unión entre la esperanza de un pueblo y la armonía entre las generaciones. Pero esto debemos pensarlo bien. Hay una unión estrecha entre la esperanza de un pueblo y la armonía entre las generaciones.  La alegría de los hijos hace palpitar los corazones de los padres y reabre el futuro. Los hijos son la alegría de la familia y de la sociedad. No son un problema de biología reproductiva, ni una de tantas formas de sentirse realizado. Y mucho menos son una posesión de los padres. No, no. Los hijos son un don. Son un regalo. ¿Entendido? Los hijos son un don. Cada uno es único e irrepetible, y al mismo tiempo inconfundiblemente unido a sus raíces. Ser hijo e hija, de hecho, según el diseño de Dios, significa llevar en sí la memoria y la esperanza de una amor que se ha realizado a sí mismo encendiendo la vida de otro ser humano, original y nuevo.

Y para los padres cada hijo es uno mismo, diferente e diverso. Permitidme un recuerdo de familia. Yo recuerdo cuando a mi madre decía, nosotros éramos cinco, y ella decía: “Yo tengo cinco hijos”, pero “¿cuál es tu preferido?”, “yo tengo cinco hijos como cinco dedos. Si me golpean este me hace daño, si me golpean este me hace daño, me hacen mal los cinco. Todos son mios, pero todos diferentes como los dedos de una mano. Y así es la familia, la diferencia de los hijos, pero todos hijos.
A un hijo se le ama, no porque sea guapo, porque sea así o asá, sino porque es hijo. No porque piensa como yo o encarna mis deseos.  Un hijo es un hijo: una vida generada por nosotros pero destinada a él, a su bien, al bien de la familia, de la sociedad, de la humanidad entera.
De aquí viene también la profundidad de la experiencia humana del ser hijo e hija, que nos permite descubrir la dimensión más gratuita del amor, que no termina nunca de sorprendernos. Es la belleza de ser amados antes, los hijos son amados antes de que lleguen. Cuántas veces me encuentro aquí a las madres que me enseñan su barriga y me piden la bendición porque son amados estos niños antes de venir al mundo. Esto es gratuidad, esto es amor. Son amados antes, como el amor de Dios, que nos ama siempre antes.
Son amados antes de haber hecho cualquier cosa para merecerlo, antes de saber hablar o pensar, incluso antes de venir al mundo. Ser hijos es la condición fundamental para conocer el amor de Dios, que es la fuente última de este auténtico milagro. En el alma de cada hijo, aún vulnerable, Dios pone el sello de este amor, que es la base de su dignidad personal, una dignidad que nada ni nadie podrá destruir.
Hoy parece más difícil para los hijos imaginar su futuro. Los padres --lo indicaba en las catequesis precedentes-- han hecho quizá un paso hacia atrás y los hijos se han convertido en más inciertos al dar sus pasos hacia adelante. Podemos aprender la buena relación entre las generaciones de nuestro Padre celeste, que nos deja libre a cada uno de nosotros  pero nunca nos deja solos. Y si nos equivocamos, continúa siguiéndonos con paciencia sin disminuir su amor por nosotros. El Padre celeste no da pasos atrás en su amor por nosotros, nunca, siempre va adelante. Y si no puede ir adelante, nos espera pero nunca va atrás; quiere que sus hijos sean valientes y den sus pasos adelante.
Los hijos, por su parte, no deben tener miedo al compromiso de construir un mundo nuevo: ¡es justo para ellos desear que sea mejor que el que han recibido! Pero esto se hace sin arrogancia, sin presunción. De los hijos es necesario reconocer el valor, y a los padres se les debe honrar siempre.
El cuarto mandamiento pide a los hijos --¡y todos lo somos!-- honrar al padre y a la madre. Este mandamiento viene justo después de los que se refieren a Dios. Después de los tres mandamientos que se refieren a Dios, viene este cuarto. De hecho contiene algo de sagrado, algo que está en la raíz de cualquier otro tipo de respeto entre los hombres.
En la formulación bíblica del cuarto mandamiento se añade: “para que se alarguen tus días en el país que el Señor tu Dios te da”. La unión virtuosa entre las generaciones es garantía de futuro, y es garantía de una historia realmente humana. Una sociedad de hijos que no honran a los padres es una sociedad sin honor, cuando no se honra a los padres se pierde el propio honor. Es una sociedad destinada a llenarse de jóvenes ávidos y codiciosos.
Pero, también una sociedad avara de generación, que no ama rodearse de hijos, que los considera sobre todo un preocupación, un peso, un riesgo, es una sociedad deprimida. Pensemos en muchas sociedades que conocemos aquí en Europa, son sociedades deprimidas porque no quieren hijos, no tienen hijos, el nivel de nacimiento no llega al 1 por ciento.

¿Por qué? Cada uno que lo piense y responda. Si se mira una familia generosa de hijos como si fuera un peso, hay algo que no va bien. La generación de los hijos debe ser responsable, como enseña también la encíclica Humanae Vitae del beato Papa Pablo VI, pero tener más hijos no se puede convertir automáticamente en una elección irresponsable. Es más, no tener hijos es una elección egoísta. La vita rejuvenece y adquiere energías multiplicándose: ¡se enriquece, no se empobrece! Los hijos aprenden a hacerse cargo de su familia, maduran en el compartir sus sacrificios, crecen apreciando sus dones. La experiencia feliz de la fraternidad anima al respeto y el cuidado de los padres, a quienes debemos nuestro reconocimiento.
Muchos de vosotros aquí tenéis hijos. Y todos somo hijos. Hagamos algo, un minuto, no nos alargamos mucho. Cada uno piense en su corazón en sus hijos, si los tiene. Piense en silencio.  Y todos pensamos en nuestros padres, y damos gracias a Dios por el don de la vida. En silencio, los que tienen hijos que piensen en ellos y todos pensamos en nuestros padres. (Momentos de silencio) Que el Señor bendiga a nuestros padres y bendiga a vuestros hijos.
Jesús, el Hijo eterno, hecho hijo en el tiempo, nos ayude a encontrar el camino de una nueva irradiación de este experiencia humana así de simple y así de grande que es ser hijos. En el multiplicarse de las generaciones hay un misterio de enriquecimiento de la vida de todos, que viene del mismo Dios. Debemos redescubrirlo, desafiando al prejuicio; y vivirlo, en la fe, en perfecta alegría.  

Y digo qué bonito es, cuando paso entre vosotros, y veo a los papás y las mamás que alzan a sus hijos para ser bendecidos. Este es un gesto casi divino. Gracias por hacerlo.

11 febrero: El árbol de la vida

DESDOBLAMIENTO DE DATOS
He pretendido en los dos días anteriores dejar una panorámica completa de la gran parábola de la “historia” de la Creación, porque es la manera de poder captar el conjunto. Añádase que la presentación de la Creación del hombre tiene dos relatos paralelos en el Génesis y que cada uno aporta sus datos. Yo hice la síntesis en esas FIGURAS DE LA ALIANZA que presenté ayer para poder tener una panorámica general de las intenciones del relator de esa “historia”.
Hoy, en Gn 2, 4-9; 15-17 se hace especial parada en dos temas: Dios ha preparado un lugar de felicidad (concretada en un jardín, un paraíso, que tiene agua, flores, árboles de fruto comestible). Y cuando está ya preparado, Dios “modela un ser”, insufla vida, convierte en ser viviente a ese nuevo ser. ¿Por qué en la nariz? Porque representan orificio de entrada.
El otro tema central es ese árbol de la vida, del conocimiento del bien y del mal. Había frutales de toda especie, de todos los sabores, de toda belleza. No era distinto aquel otro árbol del centro del jardín. Pero Dios lo constituye en emblema. Hasta ahora todo ha sido regalado. Pero ¿quiere ese ser nuevo el regalo? ¿Lo quiere al modo de quien se lo regala todo? ¡Algo tiene que poner de su parte! Ese ser no es como los otros animales. Ese ser posee la libertad de elegir; escoger o rechazar, porque el aliento de vida que ha recibido llega hasta esa dignidad.
Y Dios le indica entonces: la elección de permanecer en la felicidad del jardín –con todas sus ventajas y goces- te la debes elegir tú. Por eso: tienes todos los árboles y todas las cosas a tu disposición. Pero este árbol va a servir de señal de que aceptas la felicidad por tu propia voluntad. No lo desgajes. Porque si arrancas la fruta de este árbol, estás haciendo elección contra la vida y la felicidad. Es sólo un símbolo. Pero en el símbolo tienes tu decisión. Y arrancarte del árbol de la vida es elegir la muerte.
Un pensamiento pragmático y materialista dirá que es demasiado eso de jugarse el todo por el todo por un simple fruto de un árbol. Pero ¿cuál es la vida real nuestra? ¿Cuántos árboles de conocimiento del bien y del mal tenemos a la mano al cabo del día? ¿Por qué decisión nos decantamos? La droga es “árbol” de vida o muerte. El abuso de la propiedad, la conversión del sexo en objeto, el robo de guante blanco de los poderosos…, (y cada cual pongamos nuestros puntos diversos de elección personal) son árboles de vida o muerte. Y al cabo del día “cada símbolo” de esos nos están decantando a una cosa o a la contraria. Cabía elegir bien, con entendimiento de bien y de mal. Y sin embargo se elige por la apetencia, el gusto, la inconsciencia… Lo que viene después, está bien retratado en la sociedad que tenemos a mano… Aquella “fábula” del árbol de la vida no es tanta fábula. Es el relato de cada día en cada uno de nosotros, y en ese mundo de los telediarios que abruma con sólo pasarse un rato ante las pantallas de los televisores.

No puede extrañarnos que Jesús concluya hoy el pasaje de Mc 7, 14-23, enumerando la trágica lista de las malas elecciones del corazón humano desviado, porque es del corazón del hombre de donde sale la maldad. Y tan variada, y tan sin control que Jesús no hace distinciones de “más grave” o “menos grave”. La maldad del corazón del hombre se expresa igual en los malos propósitos, las fornicaciones (abuso del sexo), robos, homicidios, adulterio, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad… Todo eso sale del corazón del hombre y lo hace malo. Todos esos son desgarros del árbol de la vida. La cosa no se quedaba en fábula…

ZENIT 10 febrero: Caricaturas de Dios

10 de febrero de 2015 (Zenit.org) - Para encontrar a Dios hay que arriesgar y ponerse en camino, porque un cristiano “quieto” no podrá “conocer nunca” el rostro del Padre. Esta es la reflexión que el papa Francisco ha desarrollado durante la homilía de la Misa de la mañana, celebrada este martes en la capilla de la Casa Santa Marta. 
Si un cristiano quiere conocer su identidad no puede quedarse cómodo en el sofá leyendo un libro, porque en el mundo “no hay un catálogo” que contenga “la imagen de Dios”. Y tampoco puede dibujarse un Dios de conveniencia que obedezca a reglas que no tienen nada que ver con Dios.
La lectura del Génesis que habla de la creación del hombre “a imagen de Dios” sugiere al Santo Padre una meditación sobre el camino correcto y los muchos equivocados que se abren ante un cristiano que quiera conocer su origen. La imagen de Dios, ha afirmado el Pontífice, no la encuentro “ciertamente en el computer o en las enciclopedias”. Para encontrarla, y entender entonces “mi identidad”, sólo se puede hacer de una manera, “sólo poniéndose en camino”. De lo contrario, ha señalado, “nunca podremos conocer el rostro de Dios”:
“Quien no se pone en camino, nunca conocerá la imagen de Dios, nunca encontrará el rostro de Dios. Los cristianos sentados, los cristianos quietos no conocerán el rostro de Dios: no lo conocen. Dicen: ‘Dios es así, así…’, pero no lo conocen. Los quietos. Para caminar es necesaria esa inquietud que el mismo Dios ha puesto en el corazón y que te anima a buscarlo”. 
Cierto, ha considerado Francisco, “ponerse en camino es dejar que Dios o la vida nos pongan a prueba, ponerse en camino es arriesgar”. Y así han hecho, desafiando los peligros y sintiéndose abatir por el cansancio y la desconfianza, también gigantes como el profeta Elías, o Jeremías, o Job. Pero hay también otra manera de estar quietos y, por lo tanto, de falsear la búsqueda de Dios, que el Papa ha indicado en el episodio del Evangelio en el que los escribas y fariseos recriminan a Jesús, porque sus discípulos comen sin haber realizado las abluciones rituales: 
“En el Evangelio, Jesús encuentra gente que tiene miedo de ponerse en camino y que se conforma con una caricatura de Dios. Es un documento de identidad falso. Estos no-inquietos han hecho callar la inquietud del corazón, pintan a Dios con mandamientos y se olvidan de Dios: ‘Vosotros, descuidando el mandamiento de Dios, observáis las tradiciones de los hombres’, y así se alejan de Dios, no caminan hacia Dios, y cuando tienen una inseguridad, inventan o hacen otro mandamiento”.
Quien se comporta de esta manera, ha concluido el Santo Padre, toma un “camino entre comillas”, un “camino que no camina, un camino quieto”:

“Hoy la liturgia nos hace reflexionar sobre estos dos textos: dos documentos de identidad. La que todos nosotros tenemos, porque el Señor nos ha hecho así, y la que nos dice: ‘Ponte en camino y tendrás conocimiento de tu identidad, porque tu eres imagen de Dios, estás hecho a semejanza de Dios. Ponte en camino y busca a Dios’. Y la otra: ‘No, no te preocupes: cumple todos estos mandamientos y este es Dios. Este es el rostro de Dios’. Que el Señor nos de a todos la gracia de la valentía de ponernos siempre en camino, para buscar el rostro del Señor, ese rostro que un día veremos pero que aquí, en la Tierra, debemos buscar”.