martes, 17 de octubre de 2017

17 octubre: Lo que sale de dentro

Liturgia:
                      Rom 1,16-25 es uno de los párrafos más elocuentes de San Pablo para describir la realidad de un mundo con Dios o un mundo sin Dios. El mundo con Dios toma el evangelio como fuerza de salvación de Dios para todo el que cree, judío o griego, porque en él se revela la fuerza salvadora de Dios.
          El mundo sin Dios es el que Dios reprueba por la impiedad e injusticia de los hombres que tienen la verdad prisionera de la injusticia, es decir: lo que tienen a la vista, Dios mismo se lo ha puesto delante: sus perfecciones, su poder, su divinidad, que son visibles para quien tiene la mente clara. Por eso no tienen excusa porque conociendo a Dios no le han dado gloria. Alardeando de sabios, resultaron unos necios, que cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes del hombre mortal, de pájaros, cuadrúpedos y reptiles.
          El hombre sin Dios es una persona que ha quedado sin inteligencia para descubrir lo bueno, lo bello y lo verdadero. Se ha obnubilado con sus ídolos y su endiosamiento, hasta el punto de adorar a los animales y defender a los animales antes que al hombre y emborracharse con una ciencia mal digerida que ciega para no ver a Dios en sus obras.
          Pero hay más: el hombre sin Dios ha caído en su propia bajeza: en la bajeza de sus deseos con la consiguiente degradación de sus propios cuerpos, por haber cambiado al Dios verdadero por uno falso, adorando y dando culto a la criatura en vez de al Creador. No hay que ir muy lejos para identificar esta realidad en un mundo que vive a ras de tierra, degradada la propia dignidad, y haciendo al cuerpo el dios al que se adora y se sirve.
          Si hubiera seguido la lectura, habría incidido en un tema tan hiriente y tan en boga como el del mundo que ha cambiado el orden natural. Invito a los lectores a ir al texto original de San Pablo, en Rom.1, 26-27 y leerlo con la misma atención y reverencia como se puede leer cualquier otro texto de la Sagrada Escritura, donde encontramos la revelación de Dios a través de la inspiración a los hombres, y en este caso, a Pablo.
          Ni que el Apóstol hubiera estado en este tiempo nuestro y hubiera vivido la aberración del hombre sin Dios. Al que finalmente describe como hombre sin inteligencia que los lleva a cometer torpezas y a llenarse de toda injusticia, malicia, avaricia, maldad, llenos de envidia, dados al homicidio, a contiendas, a engaños, a malignidad: chismosos, calumniadores, fanfarrones, inventores de maldades, rebeldes a los padres, insensatos, desleales, desamorados, despiadados… La foto es impresionante. Y no solo los que lo hacen así sino los que aplauden, defienden, amparan, justifican…
          Ese es el MUNDO SIN DIOS. Ya lo estamos viendo.

          Un fariseo invita a comer a Jesús y los apóstoles. Lc 11, 37-41. Entran Jesús y los suyos y se ponen a la mesa. Y el fariseo se sorprende de que no han hecho las abluciones de rigor –lavarse las manos antes de comer-. Y Jesús le da al fariseo la explicación: el problema no es no hacer las abluciones del ritual para cumplir una costumbre externa. Los fariseos limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro estáis cargados de malicia. El problema, pues, es no lavar por dentro la propia actitud defectuosa, la actitud crítica, porque el Dios que hizo lo de fuera, hizo también lo de dentro. Lo que vale es lo que nace del corazón, sea para bien, sea para mal, porque lo que sale de dentro es lo que define a la persona. La misma limosna que reclama Jesús aquí no es la llamativa que se hace a bombo y platillo sino la que se hace desde el corazón. Porque cuando el corazón está limpio, todo está limpio.
          La aplicación a nuestra vida es muy clara. No es sólo lo que hacemos o dejamos de hacer. Es lo que sentimos, lo que se fragua ahí dentro de cada corazón. Por eso San Ignacio insiste tanto en el tema del examen de conciencia –“mucho examinar”, dice el santo- para que no se queden los rincones del corazón en peligro de albergar resentimientos y evocaciones que perjudican.

          Mucho examinar debiera ser la manera de acercarse al Confesor, y todavía más examinar a la hora de pergeñar un propósito concreto como fruto de la confesión, para que “lo de dentro” sea lo que realmente se atiende a la hora de buscar el verdadero sentido de arrepentimiento y conversión.

lunes, 16 de octubre de 2017

16 octubre: Esta generación

Liturgia:
                      Comienza hoy la carta de San Pablo a los romanos (1,1-7) y se presenta como apóstol, siervo de Cristo, escogido para anunciar el evangelio de Dios. Evangelio prometido por los profetas en las Escrituras santas, y que se refiere al Hijo de Dios, nacido según la carne, de la estirpe de David. Podría haber dicho, como se lo dice a los gálatas, “nacido de mujer, nacido bajo la ley”, pero no tiene que decirlo porque eso ya va incluido en la expresión: “nacido en lo humano”. Lo que importa es manifestar que el Hijo de Dios tuvo un nacimiento en la vida de los hombres. Constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de Dios con pleno poder por su resurrección. Y que ahora no sólo queda en el pueblo de Dios sino que ese Pueblo se amplía con los gentiles, entre los que están los fieles de Roma a los que se dirige Pablo ahora. Y a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte del pueblo santo. A ellos saluda Pablo deseándoles la paz de Dios Padre y de Jesucristo.
            Los que asistíamos ayer al evangelio del domingo, en el que Jesús proponía la parábola de los invitados a las bodas, los que estaban en los caminos, los que no pertenecían a Israel, encontramos hoy una aplicación concreta de ese evangelio y esa apertura al mundo no judío, al dirigirse Pablo a los fieles de Roma.

            El evangelio (Lc 11,29-32) es expresión del dolor de Jesús ante una generación que no lo acepta, y que se pasa el tiempo pidiendo “señales” a Jesús, sin que le basten nunca las señales que les da y siempre pidiendo una señal nueva. Generación perversa que no va a tener más signo que el de Jonás. Primero, porque Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, que se convirtieron por la predicación del profeta. También porque Jonás estuvo “muerto” (“sepultado”) en el vientre del pez, pero salió a la vida al tercer día, lo que es signo definitivo de la resurrección que Jesús les dará a aquellos que le piden un signo para creer.
            Pero es que a esa generación la va a juzgar la reina del Sur, que se puso en camino para verificar la sabiduría de Salomón… ¡Y aquí hay uno que es más que Salomón! Y van a juzgar a esta generación los habitantes de Nínive porque para ellos bastó la predicación de Jonás, ¡y aquí hay uno que es más que Jonás!
            ¿Qué podría decir Jesús de nuestra generación? Porque ha endurecido su mente y deja aparcado, cuando no es que es beligerante en contra, el tema de la fe, de la religión, Dios, Jesucristo, Iglesia… El mundo que hoy ha emergido de hombres y mujeres que se “han liberado” de la fe y de la referencia a una Ley superior, que es un Dios que está por encima de todo lo creado y pone orden en todo lo creado. Es la generación del desorden o del orden al revés, la generación ácrata que cree haber encontrado su libertad en no tener dependencia de nada ni de nadie, gobernándose cada uno por su propio interés, su propia comodidad y su propia apetencia.
            Es la generación del no compromiso con lo definitivo, lo que se extiende incluso a la realidad del amor: los matrimonios “al tiempo” (“mientras dure el amor”), como si el amor verdadero pudiese ser temporal y no definitivo, comprometedor, capaz de llegar a la muerte en defensa de un ideal.
            Es una generación perversa en la que Jesús tendría que repetir este discurso de hoy. Y como siempre, Jesús –que sí ama hasta el final-, no condena sino que advierte; predica buscando el cambio; “amenaza” con esa pedagogía que ya tuvo Dos con Nínive, en la que el deseo de Dios fue que Nínive se convirtiera. Y cuando se convirtió, Dios perdonó, “se arrepintió” de la amenaza y se gozó de la conversión de aquella ciudad.



            Hoy es el día de SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE, difusora del culto al Sagrado Corazón de Jesús. Y por tanto del culto al AMOR DE DIOS expresado en Jesucristo, al que dibujó con las SEÑALES del amor supremo: el Corazón que salta fuera del pecho porque no puede contenerse dentro, con la cruz hincada en medio, el instrumento de la salvación y el signo del mayor amor,  la corona de espiras rodeando el corazón porque el amor es sacrificado y se expresa coronado de dolor, y traspasado por la lanza para dejar abierto el camino hacia el mismo interior del Corazón de Jesucristo, horno ardiente de amor, y por eso con las llamas que brotan del corazón. Llamas de un amor que arde dentro, y llamas que purifican las escorias que encuentra fuera en el pecado de la humanidad.

domingo, 15 de octubre de 2017

15 octubre: El Banquete del Reino

Liturgia:
                      El núcleo de este domingo es la invitación que Dios hace a participar de su Reino, simbolizado en un banquete de bodas. Dios quiere que se acepte su invitación. Isaías (25,6-10) abre la idea con ese bello párrafo en el que se afirma que preparará el Señor para todos los pueblos un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. No puede describirse mejor lo que Dios tiene preparado para su pueblo. Y la consecuencia será que levantará el velo que cubre a todos los pueblos y enjugará las lágrimas de todos los rostros y alejará el oprobio de su pueblo.
          La llegada del reino de Dios será una fiesta, que está preparada en primer lugar para Israel (la mano del Señor se posará sobre este monte), aunque todos los pueblos son también invitados.

          Aparece de una manera viva en la parábola que cuenta Jesús a los sumos sacerdotes y senadores del pueblo (Mt 22,1-14). Los primeros invitados era el pueblo de Israel. Aquel rey que celebraba las bodas de su hijo manda criados para que acuda Israel al convite. Pero los convidados no quisieron acudir y unos por una cosa y otros por otra, se excusaron para no ir al banquete de la boda. Incluso expresa Jesús la reacción de algunos de esos convidados que no sólo declinan la invitación sino que maltratan a los criados y en algún caso llegan hasta matarlos. Es una descripción de la historia del pasado en la que fueron víctimas los profetas que anunciaban la palabra de Dios. Israel, pues, primer invitado, no acude a la fiesta.
          El rey quiere celebrar de todos modos el banquete y ahora sale a las afueras de Israel –a los caminos, a los otros pueblos- y los invita a entrar en el banquete, sin distinción de malos y buenos. Todos pueden acudir y todos son igualmente invitados. En esa alusión estamos todos nosotros, que no pertenecemos al Israel antiguo. Lo que se nos va a pedir es que acudamos con el vestido de fiesta porque a la invitación no se puede ir de cualquier manera. Llamados todos, malos y buenos, hay que presentarse finalmente con el vestido limpio y en las condiciones que corresponden a un banquete solemne.
          La conclusión que saca Jesús de toda la parábola es que son muchos los llamados y pocos los escogidos…, muchos los llamados –en realidad, todos-, pero luego los hay que no acuden o no acuden en las debidas condiciones. Es la historia de la realidad, por la que Jesús dirá en otra ocasión que de dos, uno responde y otro no. Cosa que tenemos más que comprobada dentro de nuestros mismos conocidos e incluso en la misma familia. El Banquete de bodas es esta llamada a vivir la fe y la religión…, el reino de Dios, el evangelio, al que se acude o no se acude desde la libertad de cada uno. Invitados estamos todos. No todos se dejan escoger.

          El Banquete del Reino tiene su expresión más concreta en la EUCARISTÍA. A ella somos invitados y con ella ponemos el broche final a nuestra vida de fe. Pero a la Eucaristía hay que acercarse con el vestido de fiesta, bien preparados, con el alma muy limpia y el corazón purificado. En ella debemos encontrar esos manjares enjundiosos y vinos generosos que anunciaba Isaías, un maná que encierra todos los sabores. Una fuerza de fe que nos lanza a vivir una vida más seriamente vivida en el día a día.
          La Eucaristía no es el momento concreto de la celebración. La celebración es la expresión de una vida, de una semana que se ha vivido dándole vida a ese banquete del reino al que hemos sido llamados. Es el culmen de todo un modo de desenvolver la vida de cada día, que acaba con la participación en la Comunión con el Cuerpo y la Sangre del Señor.

          La 2ª lectura (Filip 4,12-14. 19-20) es una confesión de Pablo a su comunidad de Filipos a la que le dice que está acostumbrado a todo: a la hartura y al hambre, a la pobreza y a la abundancia. TODO LO PUEDO EN AQUEL QUE ME CONFORTA. Acogido a Jesucristo, se siente con fuerzas para todo lo que va viniendo y sucediendo.
Vendría hoy muy en consonancia con la celebración del día de Santa Teresa, que también exclama: Nada te turbe, nada te espante…, SÓLO DIOS BASTA. Ni pobreza ni riqueza, ni hartura ni hambre… Todo lo puedo en Jesucristo.



          Invitados al banquete del reino, pedimos a Dios.

-         Que acudamos a su llamada con el corazón limpio. Roguemos al Señor.

-         Que los hombres y mujeres de nuestro tiempo sepan escuchar la llamada de Dios. Roguemos al Señor.

-         Que suscite personas ejemplares que hagan atractivo el Banquete de Dios, como lo hizo con Santa Teresa, cuya fiesta celebramos hoy. Roguemos al Señor.

-         Que nuestra fe nos lleve a hacer posible TODO, por la fuerza de Jesucristo, Roguemos al Señor.


Venga a nosotros tu Reino y que estemos dispuestos a recibirlo con nuestro traje de fiesta en la gracia de Dios.

          Por Jesucristo N.S.

sábado, 14 de octubre de 2017

14 octubre: El reinado de Dios

Liturgia:
                      Hace Joel una descripción de las maldades del pueblo de Dios, con esa riqueza oriental para poner de relieve tanto mal. Para desembocar en la otra descripción de la bondad misericordiosa de Dios que ruge desde Sion, desde Jerusalén alza la voz. Y esa voz del Señor es acogedora y benéfica: El Señor protege a su pueblo, auxilia a los hijos de Israel; sabréis que yo soy el Señor vuestro Dios, que habito en Sión, mi monte santo. Jerusalén será santa y no pasarán por ella extranjeros. Lo que va a suceder se expresa en imágenes bellas de fertilidad y abundancia;  los montes manarán vino, los collados se desharán en leche, las acequias de Judá irán llenas de agua, brotará un manantial del templo del Señor y engrosará el torrente de las Acacias. Toda una batería de comparaciones atrevidas que indican el triunfo del bien sobre el mal, de Dios frente a los enemigos de Israel.
Joel tiene una apariencia dura  en una primera lectura sin detenimiento, pero desemboca en la belleza de la acción de Dios que va siempre salvando y abriendo esperanzas. Esa es la profecía de este hombre, que merece la pena rumiarse y gustarse.

Comprenderán todos los lectores del blog que hoy me encuentro con una papeleta no fácil, después de que hace dos días hemos tenido este mismos evangelio (Lc 11,27-28) y que me gustaría aportar ideas nuevas que no sean meras repeticiones de lo dicho.
El evangelio anterior, el de ayer, ha sido el de Jesús echando un demonio y defendiendo que ha sido con el dedo de Dios, con el poder de Dios, no con el poder del demonio como algunos pretenden, para ridiculizar la acción de Jesucristo. Si yo echo los demonios con el poder de Dios, es que ha llegado a vosotros el reino de Dios. Y pobre del que se sitúa en la parte contraria porque sus finales son peores que los principios, porque el mal espíritu que fue expulsado, se busca siete espíritus peores que él, y se vuelve al sitio de donde fue echado. De hecho, San Pablo escribe que si después de haber sido instruidos en la doctrina de Jesús, alguien se aparta, ¿cómo se le podrá volver a atraer y qué argumentos necesitará cuando los argumentos ya se los conoce y a pesar de eso ha abandonado? Es el problema del que vuelve a su vómito después que Dios le ha liberado del error.
Pues bien: esto era un discurso para los oyentes que, pese a todo, siguen pidiendo una señal del cielo que avale la obra de Jesús. ¿Y qué más señal que la que acaba de hacer: echar un demonio? ¿No es acaso evidente que para echar al “fuerte” ha sido necesario uno más fuerte que él? ¿Es poca señal del cielo expulsar al demonio? Se manifiesta claramente el dedo de Dios, la llegada del reino de Dios.
Pues fue una mujer del pueblo la que entendió; una mujer sencilla sin prejuicios, una mujer que entendió claramente. Y así se emociona y proclama a voz en grito: ¡Bendita sea la madre que te crió! Era una alabanza muy castiza y muy normal en nuestra propia cultura, en la que se reconoce lo bueno de una persona alabando a la madre que lo trajo al mundo.
Podía Jesús acoger la alabanza sin más, y agradecer el piropo. Pero quiso Jesús avanzar más en la idea y aprovechar el momento para su gran lección: más que él mismo, más que su madre, es la escucha de la palabra de Dios y llevar adelante lo que Dios enseña. Esos tales que viven esa realidad, son los verdaderamente dichosos.

EXCURSUS.
Tras los grandes patriarcas que habían conducido al pueblo de Dios en el nombre de Dios, aquel pueblo se fijó en los pueblos limítrofes y quiso que le nombraran un rey como los otros pueblos tenían. Y eso disgustó a Dios porque era menospreciarlo a él que había conducido a su pueblo como una madre conduce a su hijo: el único rey que podían tener era Dios.
Desde entonces pasaron por muchas penurias porque los reyes fueron infames y cometieron injusticias. Y Dios les fue reconduciendo por medio de los profetas a la única realidad que podía salvarles: tener a Dios por Rey.

Jesucristo viene a ser la consumación de ese proceso y anuncia ya el reinado de Dios sobre su pueblo: EL REINO DE DIOS, en el que quien lo lleva adelante es Jesús, y las leyes de ese pueblo es su evangelio. Seguir a Jesús y aceptar su doctrina es el punto en que Dios reina y en el que Jesús ha sido el instaurador de ese Reino. Por eso Jesús es REY, que no tiene nada que ver con los reyes del mundo, sino el que conduce al nuevo pueblo de Dios a vivir bajo la voluntad y reinado de Dios: venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad.

viernes, 13 de octubre de 2017

13 octubre: La penitencia

Liturgia:
           De la 1ª lectura (del profeta Joel 1,13-15; 2,1-2) yo entresaco una lección que es importante y que es tan antigua como la vida misma: la oración necesita apoyarse con la penitencia. La penitencia da fuerza a la petición. Lo comprobamos constantemente en la vida diaria. Quien pide limosna mostrará su carencia para mover a compasión: una herida, una mutilación…, que hace resaltar a la vista del que puede socorrerle. También en nuestra petición a Dios tiene su fuerza si le mostramos a Dios nuestro arrepentimiento, nuestro sacrificio voluntario… De ahí el origen de esas “promesas” tan habituales de determinados fieles, que en tanto piden en cuanto que ofrecen alguna compensación que se centra en algún sacrificio.
          Joel ha presentado un día del Señor que él define como día del azote, día de oscuridad y tinieblas, de nube y nubarrón como negrura extendida. Ante esa visión de la vida que tiene el profeta, reacciona convocando al pueblo a vestirse de luto y hacer duelo; a los sacerdotes, llorar: a los ministros del altar a dormir en esteras. Y así invita a proclamar el ayuno y congregar a los ancianos a clamar al Señor.
          San Ignacio en los Ejercicios Espirituales le dice al ejercitante que tenga algunas privaciones (con tal que no dañen la salud). Y cuando el ejercitante no siente ningún movimiento interior del espíritu, le aconseja que aumente la mortificación como un reclamo de súplica al Señor para que le conceda esos movimientos internos del alma.
          La historia de la Iglesia y de los santos está llena de ejemplos de sacrificios y penitencias –a veces muy llamativas- porque esas almas escogidas consideraron que aquello era el camino que necesitaban para hallar a Dios.
          El mundo de hoy, tan cómodo y placentero, ha ido quitando de su espiritualidad el sacrificio y mortificación voluntarios y ha optado por una forma de espiritualidad que no exige demasiado y que está montada más sobre la consolación y la dulzura, que aderezada de privaciones, que son parte importante de la relación de la criatura con el Creador. La realidad que comprobamos es que nos equivocamos porque no damos frutos de santidad, ni acabamos encontrando a Dios en profundidad.

          El evangelio es  de Lucas: 11,15-26. Jesús ha expulsado un demonio y algunos juzgan que lo ha echado con el poder del demonio. Otros, por si tal exorcismo fuera poca señal, todavía le piden una señal del cielo. Y Jesús les explica lo absurdo de esas posturas: no es lógico, les dice, que el demonio eche al demonio. Sería como una guerra civil entre iguales, y eso daría lugar a un reino dividido que acaba deshaciéndose a sí mismo.
          Otra cosa, dice Jesús, es si yo echo los demonios con el dedo de Dios, porque eso significa que ha llegado a vosotros el reino de Dios. Y eso es lo que realmente ha sucedido: que uno que es más fuerte ha lanzado al demonio y le ha quitado las armas de que se fiaba.
          La lección es clara: quien no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. El secreto de la vida es estar de la parte de Cristo y entonces dar fruto. Que cuando no se hace así, el problema es que se da marcha atrás y los finales son peores que los principios. Es lo que manifiesta Jesús al terminar esta enseñanza: el demonio que ha sido expulsado merodea si no se adoptan posturas drásticas a favor de la enseñanza de Jesús. Y como es más astuto que las personas, acaba buscando siete espíritus peores que él y vuelve con redoblada furia al sitio de donde salió.
          Esto es algo que molesta leer en esa perícopa que hemos tenido hoy. Pero la vida nos está enseñando el desastre que se ha producido en muchas almas que -por otra parte- querrían permanecer fieles, pero que han caído bajo ese envenenamiento de una sexualidad que ha tomado cartas de ciudadanía, y se ha hecho el vicio general de tantos. Y el flirteo que han aceptado del “sí pero no” y el “no pero sí”, les tiene agarrotados bajo la fuerza de esos siete espíritus peores que el primero, y de los que ahora son impotentes para liberarse.

          Jesucristo había anunciado ya esa situación. Por supuesto que abarcando muchos más aspectos de la vida de los hombres. Lo que nos toca es examinar nuestros vicios para darles solución antes de que se enraícen en la debilidad de la voluntad y nos puedan llevar adonde no queremos. También aquí tendremos que hablar de la penitencia y la urgencia de la mortificación.

jueves, 12 de octubre de 2017

12 octubre: Virgen del Pilar

Liturgia: Ntra. Sra. del Pilar
           Es evidente que la Sagrada Escritura no tiene ningún texto que se refiera directamente a la Virgen del Pilar. Tenemos que descubrir la aplicación de los textos de la fiesta litúrgica a esa advocación mariana, tan española, que hace de este día una fiesta nacional.
          En el libro de los Hechos de los Apóstoles (1,12-14) tenemos una escena de gran importancia en la vida de la futura iglesia. Los apóstoles han regresado del Monte de los Olivos desde el que Jesús ha subido al Cielo, y se recluyen en un lugar al que llaman “la casa” y que muy bien podría ser el Cenáculo. Subieron a la sala donde se alojaban, que era seguramente donde se habían producido los acontecimientos del domingo de resurrección, y allí se dedicaron a la oración, junto a otras mujeres. Y entre ellas, la madre de Jesús, que era como el bastión alrededor del cual se unían aquel grupo de testigos de la resurrección. MARÍA en el centro de aquel grupo, y María está igualmente en oración, y hace de COLUMNA fuerte sobre la que se apoyan los demás.
          “Columna” es igual que PILAR, o pared maestra que sostiene el edificio. De ahí que esa lectura tenga una mirada a la fiesta de hoy. Pero no es sólo María la que es columna, sino María en oración junto a los discípulos y demás congregados en aquel lugar. María en  oración tiene todos los componentes que consolidan y fortalecen, que hacen de pilar de sustentación del edificio. Sobre ese pilar se asentó aquel grupo de personas que pocos días después recibió al Espíritu Santo y dio paso a la Iglesia de Jesucristo, con la intrepidez de unos hombres que, poco antes, eran pusilánimes y atemorizados, y que de pronto se volvieron intrépidos y capaces de abarcar el mundo entero. Allí en medio estaba María que había quedado en la tierra para fortalecer y apoyar la fe primera de la naciente Iglesia.

          En el breve evangelio de San Lucas (11,21-28) es el propio Jesús el que nos señala a María como la columna que él ha establecido para sostener ese evangelio que él predica y al que hay que acogerse para estar firmes en la fe.
          Había predicado Jesús, había echado un demonio, y una mujer del pueblo se ha emocionado y clama a voz en grito: Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron. Una forma muy oriental de decir lo que castizamente diríamos nosotros en menos palabras: “Bendita sea la madre que te crió”. Jesús no lo niega. Es evidente que Jesús sentía veneración por su madre, y eso supone que le ha encantado la voz de aquella mujer. Como hoy sentirá una satisfacción muy fuerte cuando nosotros celebremos a María del Pilar y nos festejemos con ella. Jesús admite y rubrica ese valor inmenso de su madre.
          Pero aprieta filas y nos define por qué su madre es tan grande y tan dichosa: precisamente porque escucha la palabra de Dios y la pone en práctica ¡Ese es el PILAR que sostiene lo demás! Santa María del Pilar es más dichosa por escuchar a Dios y vivir según sus designios que por haber dado a luz a Jesús.
          Por eso cuando nosotros nos juntamos hoy para venerar a la Virgen del Pilar, necesitamos hacernos la pregunta: ¿Lo que vemos en ella es una devoción o una llamada a secundar esa vida suya de oír a Dios en la oración para luego poner en práctica lo que hemos oído?
          Vuelve a surgir la oración como plato fuerte de esta fiesta. Hablamos de una oración efectiva que confronta a la persona con su propia vida. No es una situación emocional, devota, emotiva. Es una llamada fuerte a una forma de vida que aplica a la realidad lo que ve en la oración en la presencia de Dios.
          Concluyo con el Prefacio de la fiesta:
            La Virgen, Madre de Dios, concebida sin pecado,
no fue contaminada por la corrupción del sepulcro,
pues siendo intacta en su virginidad,
gloriosa en su descendencia
y triunfante en su asunción,

fue madre de Cristo, esposo de la Iglesia, luz de las gentes, esperanza de los fieles y gozo de todo nuestro pueblo.

miércoles, 11 de octubre de 2017

11 octubre: EL Padrenuestro

Liturgia:
                      Hoy se da la explicación de por qué Jonás había huido a Tarsis para no cumplir la encomienda del Señor (4, 1-11): Porque eres compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en piedad, que te arrepientes de las amenazas, Y Jonás no estaba de acuerdo con ese perdón, y se declara enfadado con razón.
          Jonás había salido de Nínive y se había construido una choza para ver en qué quedaba la ciudad. Dios le hizo una parábola en acción, haciendo que creciera un arbolito que le daba sombra y que alegró mucho al profeta. Pero con las mismas el Señor seca aquel arbolito y le hace pasar a Jonás un bochorno de aire solano. Y Jonás vuelve a disgustarse porque se ha secado el árbol.
          Dios ahora le da la lección: ¿Con que te disgusta que se haya secado el ricino? Y Jonás dice que se disgusta con toda razón. Pues bien, y aquí está la aplicación de esa parábola: De manera que a ti te disgusta que se haya secado el árbol que ni tú plantaste ni cuidaste, ¿y yo no había de compadecerme de una ciudad entera? Ha sido la lección. Jonás no ha mirado más allá de sus narices y se ha quedado en su punto de vista, sin pensar en los demás y sin tener en cuenta que Dios tiene sus sentimientos y su amor a sus criaturas.

          Lc 11,1-4 encierra en forma corta una de las enseñanzas más importantes de Jesús: el modo de orar a la manera de él, con los centros de interés que debe tener quien cree en Dios. Le han pedido sus discípulos que les enseñe a orar una oración peculiar como Juan Bautista había enseñado a sus discípulos otra determinada manera de dirigirse a Dios. Y Jesús les dice lo que tiene que ser el centro de su oración: Dios. Por eso, cuando oréis, decid:
          Padre… Ya es una novedad particular que los hombres puedan dirigirse a Dios con esa intimidad: PADRE. Ya marca una manera de orar porque no es lo mismo dirigirse a la trascendencia de Dios que encontrarlo tan cercano como para sentirlo PADRE.
          Santificado sea tu nombre, venga tu reino… Que seas tenido como el Santo de los santos. Que nos comportemos con ánimos de mostrar en nosotros tu santidad. Que nuestra vida y nuestras obras sean un espejo limpio que refleje tu santidad. No es que deseemos que Dios sea santo, porque ya lo es, sino que lo proclamamos el santo de los santos.
          Y que, por tanto, eso sea el modo de hacer realidad tu reinado sobre nosotros. El reinado de Dios que encarna el propio Jesús, su doctrina y su obra. El Reino de Dios que se encierra en el evangelio, y que es toda una manera de vivir en la que Dios está sobre todas las cosas.
          Danos cada día nuestro pan del mañana. Como el obrero que gana hoy un jornal para tener el pan al día siguiente. O como los israelitas en el desierto, que recogían cada tarde el maná para el día siguiente. Que Dios nos conceda lo suficiente y lo necesario.
          Perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo. No perdamos de vista esa petición: podemos pedir el perdón PORQUE ya hemos perdonado nosotros… No se puede pedir perdón si yo no he perdonado. Perdón que debe ser real y tan verdadero que no queda ni el resabio de la evocación.
          Y no nos dejes caer en la tentación. Tentaciones siempre las  habrá y de muchos tipos. No pedimos no tener tentaciones porque sería como no vivir la vida real. Lo que pedimos es que no nos deje caer.
          Yo aquí hago una observación: una cosa es la tentación que se presenta y frente a la que hay que defenderse con los medios que uno tiene a su mano, además de esta petición de ayuda a Dios. Y otra cosa es la tentación que se busca, en la que la persona se expone, en la que puestos los medios para hacer lo malo, luego se pretende que venga Dios a ayudar a no caer. La tentación que se busca y en la que uno se mete, es una tentación culpable que está abocada a la caída en el pecado. Sería irrisorio pedirle a Dios que no nos deje caer en la tentación que –por otra parte- se busca. Es como el que se tira al ruedo y no quiere que lo coja el toro. Acabará cayendo bajo los cuernos.

          Por eso, rezar el PADRENUESTRO es mucho menos fácil de lo que puede parecer en la rutina del mero rezo. Orar con el Padrenuestro es ya estarse comprometiendo la persona con aquello que ora. Y no es una oración de papagayo sino una oración que distingue y señala al discípulo de Jesús.

martes, 10 de octubre de 2017

10 octubre: La parte buena

Liturgia:
                      Jonás tuvo que cumplir las órdenes del Señor como su profeta que era: 3,1-10: Anunciar a Nínive que dentro de 40 días iba a ser arrasada.
          Y los ninivitas, desde el rey hasta el último creyeron en Dios e hicieron penitencia, esperando que Dios no cumpliera su amenaza. En una hipérbole muy oriental, hasta los animales fueron incluidos en el ayuno al que se sometió la población. Y que todos invoquen al Señor –decía la orden real-, se conviertan de su mala vida y de las injusticias cometidas, y a esperar: Quién sabe si Dios se arrepentirá y nos dará respiro y se aplacará y no pereceremos.
          Era lo que Dios buscaba. Dios no pretendía castigarlos ni destruir la ciudad. La amenaza de Dios es pedagógica y va por delante para advertir y para que se conviertan, y así no ejecutar la amenaza. En efecto: Cuando vio Dios sus obras y cómo se convertían de su mala vida, se compadeció y no ejecutó la amenaza.
          Era precisamente una de las razones por las que Jonás había intentado la huida. Sospechaba que Dios era capaz de perdonar y entonces él quedaba mal con su anuncio. Ya lo iremos viendo en días sucesivos.

          Un episodio que sólo narra San Lucas (10,38-42) es el de las dos hermanas Marta y María que reciben a Jesús en su casa, y cada una tiene su modo de tratarlo, según el carácter de ellas. Marta aparece como mujer muy activa, quizás más nerviosa, queriendo tener todo muy ordenado, y con ciertas dotes de “señora de su casa”. María es mucho más apaciguada, más contemplativa, sin muchas preocupaciones por la casa, al menos en lo que no es necesario de inmediato.
          Llega Jesús de visita, aunque visita muy familiar y casi como quien entra por su casa. Marta se pone en movimiento para agasajarlo y plantea una comida de fiesta con muchos detalles. María se queda junto a Jesús, como discípula –a los pies- para escuchar al Maestro y olvidarse de todo mientras está él allí.
          Marta lo lleva a mal. Pero en vez de dirigirse a María y pedirle ayuda, intenta implicar a Jesús: Dile a mi hermana que me ayude.
Yo tengo mis experiencias de estos lances, cuando alguien pretende implicar a una tercera persona para ponerla a su favor y en contra de lo que está haciendo o expresando otra. Es el intento de ser apoyado alguien por el “huésped” o “invitado”, lo que hace a éste sentirse molesto porque está en visita y su papel no es el de hacer de juez entre dos partes, ambas amigas y queridas.
          Jesús no se puso de parte de Marta, como ella pretendía. Lo que hace es dar los “principios” con los que hay que regirse unos y otros. Lo que está haciendo Marta para festejarlo está bien, aunque exagerado: con una sola cosa bastaría; con un solo plato, sin multiplicarse para dar abasto con el servicio, como reclama Marta.
          En cuanto a María, que está escuchándolo y aprendiendo, hay que pensar que ha elegido una parte buena que no se le puede negar.
          El punto medio sería el más equilibrado: ni todo el trabajo afanoso de Marta, cuando puede reducirlo porque no se trata de lucirse ante el amigo. Ni quizás María acierta plenamente con su actitud meramente contemplativa sin participar en la preparación de algo, que podía corresponderle en aquellas circunstancias. Pero no va a ser Jesús quien haga de juez que dicta sentencia. Se limita a hacer ver a Marta que lo que está haciendo María también es una buena forma de hacerle la visita. Cada una festeja a su manera. Y el trabajo de Marta, con un poco de más sosiego, es también necesario y muy de agradecer.

          La lección que queda de este hecho es el valor de la vida de oración, que no es perder el tiempo ni ser pasivo en la vida, sino una parte buena a la que también hay que prestar atención. Y que no ocurra que el activismo se coma el tiempo que hay que dar a Dios. De ahí lo sospechoso de tantas personas que se justifican de no dedicar tiempo a la oración porque “no tienen ese tiempo”. La verdad más allá es que ordenando los tiempos y teniendo gusto de “estar a los pies de Jesús”, no es difícil sacar “los dos minutos” para retirarse a solas con él en esa oración contemplativa de escucha y cariño hacia el Señor. Es realmente UNA PARTE BUENA.

lunes, 9 de octubre de 2017

9 octubre: ¿Y quién es mi prójimo?

Liturgia:
                      Entramos en el libro de la profecía de Jonás, que comienza con una leyenda apasionante (1,1 a 2,1-11). Dios le ha encargado al profeta que vaya a Nínive y predique allí la destrucción de la ciudad por sus malas costumbres: Su maldad ha llegado hasta mí.
          Jonás no quiere cumplir ese encargo, parte porque teme la reacción de la ciudad contra él; parte porque recela mucho que Dios sea capaz de perdonar y entonces él queda mal habiendo predicado algo que no se cumple.
          Y Jonás opta por huir de Dios. Y se embarca en dirección contraria a la que tenía encargada por el Señor. Pero en la travesía surge una enorme tempestad que pone en peligro la vida de sus tripulantes, mientras que Jonás se ha bajado a la bodega y duerme.
          Los hombres rezan cada uno a su dios para que les libre de aquel peligro, y el capitán despierta a Jonás para que implore a su Dios para que intervenga a favor de ellos, a punto de irse a pique. Ya han arrojado al mar los pertrechos y sólo les queda la solución de una intervención divina.
          Echan a suertes sobre quién puede ser el causante de aquella desgracia y recae en Jonás, quien confiesa su situación y opta por la solución radical de que lo arrojen al mar. Los marineros piden perdón a Dios por tener que hacer aquello y finalmente arrojan a Jonás por la borda, y el mar se serena.
          Un misterioso pez engulle a Jonás y lo mantiene en su vientre tres días hasta llegar cerca de tierra firme en donde vomita al profeta sano y salvo.
          Queda clara la lección que nos deja este episodio: de Dios no se puede huir impunemente. Cuando Dios ha dado una orden o encomendado una misión, hay que cumplirla. Y yo me atrevo a pedirle a Dios, en estos momentos de un mundo que se ha apartado tanto de Dios, que use sus armas misericordiosas para hacer volver al camino a esa ingente multitud que huye de Dios y que no solamente huye sino que le hace la guerra y se sitúa al margen de su voluntad. Una “tempestad” tiene que descubrir la realidad y otro inmenso misterioso “pez” tiene que ayudar a establecer de nuevo el orden. Un nuevo “Jonás” hace falta en todo esto.

          El evangelio (Lc 10, 25-37) nos presenta a un doctor de la ley que quiere comprobar la ortodoxia de Jesús, y lo aborda con una pregunta básica: ¿Qué tengo que hacer para tener vida eterna? Jesús le devuelve la pregunta porque es “de cartilla” lo que tiene que hacer: ¿Qué lees es la Ley? Y el letrado no tiene más que recitar el mandamiento fundamental: Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.
          Jesús le responde: Hazlo. Y vivirás (tendrás vida eterna).
          Era tan simple la respuesta que el doctor quedaba mal con la pregunta que había hecho y quiso dar una explicación de por qué había preguntado. Y dice: ¿Y quién es mi prójimo?
          Ahí se luce Jesús que dibuja con rasgos precisos una situación a la que el propio doctor de la ley ha de responder. Cuanta Jesús el cuento de un hombre que bajaba de Jerusalén a Jericó y en le camino fue abordado por unos ladrones que le robaron, le apalearon y le dejaron en el camino medio muerto.
          Acierta a pasar un sacerdote que va camino del templo a oficiar. Si toca un cadáver queda impuro. Por eso, temiendo que aquel hombre caído esté muerto, opta por dar in rodeo y prescindir del caído. Lo mismo un levita que pasa al cabo de un rato. Hasta que viene un samaritano que no tiene prejuicios religiosos y se acerca al herido y lo atiende, le lava las heridas, lo monta en su cabalgadura y lo lleva a la posada cercana. Allí lo atiende y como tiene que seguir su camino, encarga al posadero el cuidado de aquel hombre, y le paga por adelantada. No obstante, si gastara más, él se lo pagaría a la vuelta.
          El doctor de la ley ha escuchado muy atentamente. Le duele el hecho de que sea un samaritano el que le ha presentado Jesús como el hombre caritativo, pero el ejemplo que le ha puesto Jesús por delante deja muy claro el tema. Ahora Jesús le pregunta: ¿Quién crees tú que actuó como prójimo del caído en manos de bandidos? Y el doctor tiene que responder honradamente que el que tuvo misericordia. Le dolía tener que decirlo, pero era muy claro. El samaritano había sido el verdadero prójimo.

          Jesús le dijo: Anda y haz tú lo mismo.

domingo, 8 de octubre de 2017

8 octubre: La viña del Señor

Liturgia:
           La 1ª lectura de hoy es de una gran belleza y de una gran tragedia (Is 5,1-7). Es un canto de amor a su viña por parte de Dios, que es quien revela al profeta Isaías. Es el relato de mi amigo que tenía una viña en fértil collado, y la cuida con inmenso esmero: La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas. Construyó en medio una atalaya para un centinela y cavo un lagar. Todo estaba preparado para que aquella viña –tan mimada- diese uvas buenas. Pero dio agrazones.
          Es la descripción parabólica de la obra de Dios con su pueblo Israel, al que cuidó con ilusión y esperanza para que correspondiese con buenas obras. Sin embargo aquel pueblo dio mal resultado. Y lo trágico sucede cuando aquellos hombres proceden a su antojo, y de lo que era una viña –plantel preferido-, quedase un erial…, un pueblo del que salieron asesinatos, lamentos.
          Es el resultado de un pueblo que se ha apartado de Dios, y no sigue sus caminos. Es el desastre de todo pueblo que margina a Dios y no tiene en Dios el punto de mira y de referencia para que sirva de altura moral.

          En el evangelio –Mt 23,33-43- Jesús les plantea a los sumos sacerdotes y senadores del pueblo una parábola que escuchan atentamente. Jesús les pone por delante el mismo texto de Isaías pero como viña que el amo arrienda a unos labradores, y cuando el momento de la recolección les envía unos criados para cobrar el alquiler.
          Los labradores aquellos, lejos de pagar el alquiler, maltratan a los criados, apedreando a uno y matando a otro. [Es claro que aquellos oyentes se ponen en ascuas ante tamaña injusticia].
Y el amo, paciente y bondadoso, lejos de cargar contra ellos, les envía nuevos criados –los profetas-, que corren la misma suerte que los anteriores. Por lo que decide el amo finalmente enviarles a su propio hijo, pensando que como es el hijo, lo respetarán. Pero los labradores reaccionan más violentamente aún y sacándolo de la viña, lo matan: Es el heredero; lo matamos y nos quedamos con la viña.
Ahora Jesús pregunta: ¿Qué hará con aquellos labradores? Y los oyentes responden con toda seguridad que los mandará matar a todos y arrendará su viña a otros labradores que sean fieles en pagar sus alquileres. Hasta ahí quería llegar Jesús. Los sacerdotes y senadores no se han apercibido de que Jesús les estaba contando su propia historia. Por eso fueron tan justos en dar solución al caso.
Ahora es cuando Jesús les desvela la realidad: ¿No habéis leído nunca la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular? Por eso os digo que os será quitado a vosotros el Reino de los cielos y se dará a un pueblo que produzca sus frutos. Exactamente la sentencia que ellos habían dictaminado.
La lectura litúrgica se ha quedado ahí. Pero el caso lo resuelven aquellos oyentes queriendo hacer exactamente con Jesús lo que acababa Jesús de contar que hicieron los labradores. Les contuvo a los sacerdotes que el pueblo se ponía del lado de Jesús, a quien tenía por profeta.

En la 2ª lectura –Filip 4,6-9- Pablo exhorta a aquel pueblo de Filipos a que en toda ocasión perseveren en la oración y súplica con acción de gracias, y que sus peticiones sean presentadas a Dios. El efecto positivo que se desprenderá de ello será la paz de Dios que sobrepasa todo juicio y custodia los corazones y los pensamientos, es decir: al hombre entero. De modo que todo lo que salga de ellos sea noble, justo, puro, amable, laudable…, y sea de virtud y mérito. Y la paz de Dios estará con vosotros.

La viña del Señor en la actualidad somos nosotros, los cristianos. Somos los que hemos de dar cuenta de los frutos, los que -elegidos del Señor para sustituir al pueblo infiel- somos llamados a dar buenos frutos y pagar nuestro alquiler. El punto en el que nos espera el Señor para ese encuentro es LA EUCARISTÍA, que es donde toca vivir la sinceridad plena porque es encuentro personal con Jesucristo. Es donde la parábola se hace realidad y donde el relato de Isaías tiene su plenitud de canto de amigo que planta su viña en fértil collado y la cuida con esmero para que dé buenos frutos…, para que todo lo que brote de cada uno, sea noble, justo, puro, amable, laudable…, y sea de virtud y mérito.




Acudamos al Señor que quiere de nosotros una viña que dé sus frutos buenos.

-         Por el Papa, la Iglesia y cada fiel, que somos la nueva viña del Señor, Roguemos al Señor.

-         Para que seamos nobles, justos, puros, amables, laudables…, cuya vida sea de virtud y mérito, Roguemos al Señor.

-         Para que rindamos los frutos de nuestras obras para el agrado y servicio de Dios, Roguemos al Señor.

-         Para que centremos todo nuestro vivir cristiano en la EUCARISTÍA, Roguemos al señor,



Dios Padre misericordioso: míranos y ayúdanos a dar los frutos que tú esperas de nosotros. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. AMEN.

sábado, 7 de octubre de 2017

7 octubre: Te doy gracias, Señor

LA VIRGEN DEL ROSARIO
           Como a mí me ha llegado, así lo cuento. Son hechos y aplicaciones. Cuando cayó la bomba atómica en Hiróshima, hubo destrucción devastadora, de modo que no quedó construcción en pie. Salvo una: la de los jesuitas, pese a que estaban más cerca del lugar de la explosión. Permaneció la casa en pie y vivos todos los moradores. No había explicación humana, después de la bola de fuego y las enormes temperaturas que se registraron en el ambiente. Sólo se dio una explicación: allí se rezaba el rosario todos los días.
          Podría parecer traído por los pelos. Pero se da la circunstancia de un caso similar en la otra bomba atómica de Nagasaky, donde los supervivientes y la casa que queda en pie es la de los Franciscanos. También allí se rezaba el rosario cada día.
          Interprétese como se quiera, pero es un dato coincidente que no se debe minimizar hasta el punto de negarse. Al menos da que pensar.
          Sea conveniente una conclusión moral: el rezo del Santo Rosario es agradable a Dios y a la Santísima Virgen. En concreto se ha presentado en Lourdes y Fátima con el rosario. Los videntes rezaron el rosario en aquellas esperas de las apariciones.

Liturgia:
                      Baruc (4,5-12. 27-29) comienza dando ánimos a Israel por ese nombre que llevan. Y les hace una reflexión de su vida perdida, que fue la que atrajo esas desgracias que le han sobrevenido. Porque irritasteis al Señor, vuestro Dios. Eso provoca a Israel una pena terrible, porque crió hijos e hijas, y ahora se encuentra “viuda” (solitaria, sin apoyo, “desierta”…), por sus pecados que apartan de Dios. Y vuelve a levantar los ánimos para que griten al Señor, que se acordará de vosotros. Os mandará el gozo eterno de vuestra salvación.

          El evangelio es el regreso de los 72 discípulos enviados a hacer de avanzadilla para cuando fuera Jesús a aquellos lugares, y vuelven pletóricos de gozo porque hasta los demonios se les sometían en nombre de Jesús (Lc 10, 17-24). Jesús les acoge y hace una síntesis de aquella labor que ellos han desarrollado: Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Pero al mismo tiempo les hace caer en la cuenta que no es eso lo grande que hay en ellos. Lo más importante de todo es que sus nombres están escritos en el cielo.
          Y con una alegría profunda, Jesús mismo da gracias a Dios: Te doy gracias, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Esa era la emoción interior de Jesús. Los “entendidos” –los sabios de este mundo- no captan siquiera estas realidades, sumidos como están en sus ciencias de hojarasca. En cambio la gente sencilla vive esos sucesos como acciones de Dios que se hace presente a las criaturas. Y tomando pie en lo que acaba de decir, se afirma en ello: Sí, Padre, así te ha parecido bien. Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiere revelar.
          Y vuelto a aquellos discípulos, exclama: Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis, pues muchos profetas y reyes pretendieron verlo y no lo vieron. Es que se trata de la luz que da la humildad de quienes saben acoger a Dios, y –por contra- los pagados de sí mismos que creen saberlo todo…, y pretenden saber como Dios. Esos no captan los valores espirituales porque están embotados de sí mismos. No están en condiciones de abrirse a la fe, porque ellos se consideran capaces de dar explicación a todo y que se bastan a sí mismos. Pretenden aprehender a Dios para dominarlo, y se quedan a las puertas sin poder entrar.
          Los sencillos se sienten indigentes, necesitados y, por ende, abiertos a un Dios más grande que sabe más, que puede más, que actúa a través del que no se apropia en los dones que recibe. Y están capacitados para “entender” los caminos de Dios. De eso da gracias Jesús. De gentes así se puede fiar. A gentes así les puede confiar sus dones. Sabrán sacar el fruto de ello.



Yo doy hoy mis gracias particulares a Dios y a la Santísima Virgen porque hoy cumplo 56 años de jesuita, el tesoro que –junto al sacerdocio- constituye el gran misterio del amor de Dios sobre mi pequeñez personal: Te doy gracias, Dios, Señor del cielo y de la tierra.

viernes, 6 de octubre de 2017

6 octubre: Impenitentes

PRIMER VIERNES
Jornada Mundial de Oración con el Papa
Málaga, Jesuitas: Hora Santa a las 7 tarde

Liturgia:
                      Hoy cambiamos a la profecía de Baruc (1, 15-22) que ya no es el tono de Nehemías y Esdras. Baruc confiesa que el Señor es justo; nosotros, en cambio, sentimos la vergüenza de la culpa. Y hace un recorrido del pecado que ha vivido el pueblo, desobedeciendo al Señor Dios nuestro, no siguiendo los mandatos que el Señor nos había puesto.
          Y muy acorde con el pensamiento de la época, reconoce que los males que les han sobrevenido tienen ahí su origen, porque les han cogido las maldiciones con las que anunció y conminó Dios a Moisés. Hicimos lo que Dios reprueba.

          No es más suave el evangelio de hoy (Lc 10, 13-16) en las que Jesús se refiere a las ciudades impenitentes de Corozaín, Betsaida y Cafarnaúm. Había hecho Jesús en ellas sus milagros y sus enseñanzas y, sin embargo, no se convirtieron, no acogieron el anuncio de Jesús. Por eso se les advierte de que si en Sodoma y Gomorra (ciudades malditas para el pensamiento judío) se hubieran hecho los milagros que se habían hecho en ellas, hubieran hecho penitencia. Sin embargo aquellas ciudades –Corozaín, Betsaida y Cafarnaúm- no se bajaron de su incredulidad y materialismo.
          Y Jesús enseña que quien escucha el mensaje de salvación, escucha al Mesías, y quien rechaza el mensaje, lo rechaza a él. Más aún: rechaza a Dios que ha enviado a Cristo. La cosa es muy clara y muy seria, porque el rechazo a Jesús equivale a cerrase las puertas al mensaje de salvación. Y eso equivale a rechazar a Yavéh que es el Dios de Israel, que es el que ha enviado a Jesús al mundo, y el Dios en quien creen (o dicen creer, porque la fe en alguien presupone acoger su llamada y dar respuesta a ella).



          Iniciamos el CURSO con la ilusión puesta en que este día de oración mundial por las intenciones del Papa, sea un revulsivo en nuestra participación en la RED MUNDIAL. A ella podemos asistir como espectadores que recibimos una conferencia, o como miembros que nos vamos agrupando en torno a esos 3 momentos clave de la oración diaria: el ofrecimiento de toda la persona para vivir unidos al Padre con nuestras oraciones, pensamientos, afectos y deseos, palabras, obras, alegrías y sufrimientos, que –en unión a Jesucristo- pedimos por la salvación del mundo y en particular por la intención que nos encomienda el Papa para ese mes. Concretamente este mes es el mundo del trabajo y los desempleados.
          La Eucaristía como momento central del día. Jesucristo sigue ofreciéndose y nosotros nos ofrecemos con él, y le damos a la vida personal una dirección que se corresponda a lo que la Eucaristía nos invita: la unión, la aceptación del sacrificio, la mano tendida a los otros, y ese constante crecimiento en la actitud y modo de ser personal.
          La revisión al final del día, en el que damos gracias a Dios por todo lo que hemos recibido, y hacemos balance de cómo hemos correspondido a esos dones del Señor, a esa vocación de colaboradores del Papa en sus intenciones, y todo lo que abarca nuestro día que se acaba.

          Y es evidente que nos toca plantearnos nuestra personal manera de participación como “comunidad” que tiene unos momentos comunes de vivencia de grupo. Que, andando el tiempo, puede buscar la plena participación en la Consagración al Corazón de Jesús. Pero eso tiene en el nuevo CAMINO HACIA EL CORAZÓN una vigencia mucho más decisiva que la que tuviera antes en la devoción de las personas. Consagrarse es algo de mucha envergadura y supone un compromiso muy serio de vida, que se pone en las manos de Dios en entera disponibilidad.

jueves, 5 de octubre de 2017

5 octubre: Día de acción de gracias

Mañana es PRIMER VIERNES,
día mundial de oración por las intenciones del Papa.
Málaga: Inauguración del Curso:
17’30 h., en el Salón de Actos de los jesuitas.
A las 7, HORA SANTA en la Iglesia.

Liturgia:  TÉMPORAS
           Celebramos hoy en la Iglesia lo que en algunos países suelen celebrar como “el día de acción de gracias”. El sentido de la “Témporas” es del momento en que las cosechas están recogidas y hay una parada para agradecer y para pedir. Porque esos son los dos momentos que recoge la liturgia de este día: una 1ª lectura del Deuteronomio (8, 7-18) que hace una amplia lista de beneficios recibidos del Señor por aquel pueblo israelita. Y la consecuencia lógica de ese amplio don, que debe ser el agradecimiento y la correspondencia de las personas y de los pueblos. Debemos ser conscientes de que lo hemos recibido gratuitamente; que no han sido nuestras fuerzas las que han creado tanto bien, y que nosotros nunca hubiéramos llegado a juntar tantas ventajas como Dios nos dio. Habrá quien piense que es la técnica y el trabajo humano y la ciencia humana lo que ha hecho posible esas cosechas y ese rendimiento de la tierra. El texto nos aclara entonces: “Acuérdate del Señor tu Dios: que es él quien te da la fuerza para crearte estas riquezas, y así mantiene la promesa que hizo a tus padres: como lo hace hoy. Porque Dios no sólo benefició a un pueblo en unas determinadas circunstancias, sino que su obra benefactora la sigue haciendo hoy, y nosotros somos beneficiarios de tantas dádivas del Señor, a las que podremos añadir los dones particulares que cada cual hemos recibido.
          Pero a todo eso hay que ofrecer una acción de gracias, que no se quede en palabras sino que se exprese en las obras: obras son amores, y recíproca respuesta a la magnitud de los beneficios recibidos, aunque ya se sabe que nosotros lo haremos en la pequeña medida de la que somos capaces por nuestra pequeñez e indigencia.
          La otra parte de la finalidad de las “Témporas” es sentirnos necesitados y saber que estamos siempre colgados de la mano de Dios. Por eso se nos invita a pedir: Mt 7, 7-11: Pedid y recibiréis, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá. Dios se compromete a escuchar a sus hijos y escucharlos con el corazón en la mano, porque como buen padre no va a dar una piedra al hijo que le pide pan. Pues si eso no lo haríamos nosotros, ¡cuánto menos lo hará Dios! Dios dará COSAS BUENAS. De parte de Dios siempre viene el bien. Dios nunca dará algo malo. El mal no sale de la mano de Dios. Dios dará cosas buenas, aunque no siempre sea lo mismo que le pedimos, pues muchas veces no sabemos lo que pedimos ni lo que se derivaría de ello. Dios da algo bueno y positivo.

          Entre las dos lecturas que enmarcan el sentido de este día, sitúa la liturgia el gran beneficio que hemos recibido de Dios (2Cor 5,17-21): la redención: Dios, que por medio de Cristo, nos reconcilió consigo y nos encargó el servicio de reconciliar. Dios que nos perdona y nos da capacidad de perdonar. El beneficio supremo de la salvación, por el que Cristo reconcilia el mundo consigo sin pedirle cuentas de nuestros pecados, y a nosotros nos ha encargado el mensaje de la reconciliación. Repite la misma idea, poniéndola Pablo en primera persona, porque Dios ha dado a hombres la misión de realizar la obra de Dios. Como Jesús se fue al Cielo, ha dejado ministros que continúen la obra salvadora: nosotros actuamos como enviados de Cristo y es como si Dios mismo os exhortara por medio nuestro. Y San Pablo les dice a los corintios: en nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. No puedo menos que expresar la belleza que tiene otra traducción más clásica, en la que exhorta a dejarse reconciliar con Dios. Contando con la pobreza humana, no se deja a la iniciativa de la persona el reconciliarse. Es más real el “dejarse reconciliar”, el quedarse en los brazos de Dios y el dejar que sea Dios quien va poniendo las mimbres para ese momento de la reconciliación… “Dejarse reconciliar”, como el niño que se deja en la confianza del amor de sus padres, que le perdonan sus travesuras, y le emplazan a una nueva etapa en la que puede portarse mejor. Así nosotros recibimos la salvación de Dios, como concluye la 2ª lectura.