miércoles, 16 de octubre de 2013

16 oct.: Más autenticidad

16 oct. “Bonitos” y “feos”
             Podría ser el título de un sainete, pero va más allá: es la división que se hace de textos evangélicos. Y empiezo por ahí porque hoy toca uno “feo”. ¡Vamos!: una Palabra de Dios “fea”. Naturalmente no comparto esa división que se hace desde la concepción “dulce” de la fe. Es decir, de algo que no es precisamente la fe, porque creer en Cristo es creer todo entero en el Cristo entero.  Podremos decir –eso sí- que hay evangelios “fáciles”, cuyo desarrollo sale casi solo, y evangelios “difíciles”. Y hoy nos toca uno. Pero, ¡ojo!, que no está separado del de ayer y de los días anteriores. Es toda una secuencia que proviene de ese punto y hora en que –por tal de no aceptar a Jesús- se le ha puesto en un brete, atribuyendo la expulsión que hizo de un demonio a que Él actuara con el poder del demonio. Y cuando en esta misma secuencia un fariseo lo invita a comer –en ademán de amistad- está juzgando –ya de entrada- a Jesús porque no ha limpiado el plato y la copa antes de comer.  Que Jesús rompa ya su silencio y haga la advertencia seria al mundo farisaico, no es “feo”…: es el enfrentamiento contra la falsía, la mentira, la apariencia. ¡Lo más contrario a Jesús!
             Empieza Jesús –[Lc 11, 42-46]- por su expresión de queja y pena por ese mundo hipócrita que se cuida muy mucho de la minucia del diezmo de unas especies aromáticas, mientras carece de la misericordia y la rectitud. Me vais a permitir un salto a la primera lectura, porque nos pone sobre la tierra firme: advierte Pablo a los que se erigen en jueces y “dan sentencia” contra otro, y lo condenan, mientras ellos mismos están cayendo en el mismo defecto.  Ahora el salto lo doy hacia nosotros… Con lo que ha dicho San Pablo, ya está bien explicado. Sólo nos falta preguntarnos: ¿Acaso soy yo? 
Porque el lamento de Jesús puede ser que siga resonando allí donde las palabras van por un sitio y las realidades personales por otro. Repito: ahora estoy hablando de nosotros, muy capaces de “poner puntos sobre las íes” cuando se trata del “otro”, y estar haciendo exactamente lo mismo que se juzga. Y no es que veamos “bueno” lo que no lo es. Se trata de que ¿quién eres tú que juzgas a tu hermano?  Dice hoy San Pablo que Dios podría juzgar porque ve la totalidad y con objetividad (que no deja de tener en cuenta la situación de la persona), y Dios puede dar sentencia. Y aun así la dará con bondad, tolerancia y paciencia…  Pero ¿y yo? Ni conozco toda la realidad, ni sé la situación de la otra persona, ni me dirige la bondad, tolerancia y paciencia…  Desde luego carezco de la objetividad necesaria. Y Dios, dice hoy San Pablo, hace juicios de salvación. Luego habrá quienes “porfiados, se rebelan contra la verdad y ceden a la injusticia”. A ellos van esos lamentos de Jesús en el Evangelio de hoy: no es que no se haga lo pequeño; lo inadmisible es engañarse con eso y descuidar lo verdaderamente necesario de la misericordia con el otro, y el amor a Dios.
Toca Jesús un aspecto tan típico en los fariseos de las apariencias externas…: buscar los primeros puestos en las sinagogas y las reverencias por la calle.  Seremos capaces de reírnos de esas niñerías farisaicas… Pero ¿y si lo cambiamos por otras realidades actuales de quienes buscan ser siempre el centro, ocupar siempre la cresta de la ola…, o como se dice vulgarmente, “ser Manolita la primera”?  Y si no, ya no sirve la baraja que se tenía en la mano.  ¿Tan lejos estaríamos de esa pena que siente Jesús cuando ve a los religiosos fariseos, perdidos en ridículos intentos de sacar siempre “su” cabeza?  Porque el mundo “religioso” es proclive a ello. Salen a relucir “derechos adquiridos”, “méritos personales”…, con la oculta pretensión de “primeros puestos”. Explícito o tácito. De frente o dismulado. ¿Sería digno de pensárselo?
Y como Lucas tiene esa originalidad propia, no ha sacado a cuento lo de sepulcros encalados sino de sepulcros sin señal…, porque en el fondo lo que está queriendo es hacer ver lo vacío de esas posturas de apariencias, y acaba hablando de sepulturas que han quedado perdidas a los ojos, y que la gente pasa por encima sin saber ni que están allí. Eso es lo vacuo del querer aparentar, estar encima, tener los primeros puestos…  A la vuelta de la esquina, no queda ni señal.  [Siempre me acuerdo de la sepultura en tierra de un familiar, al que visité así varias veces…, hasta que un día no se pudo ni dar con él, ni había siquiera registro en el Cementerio].  Jesús no hablaba de corrida. Sabía lo que se decía y estaba poniendo el dedo en la llaga.
No es ya sólo que queda en apariencias vacías, sino que encima de todo imponen a otros las cargas que ellos ni rozan con un dedo.  ¡Qué maravilla son las descripciones de Jesús!  Lo malo es que las tenemos ya tan metidas bajo la piel que acaban por sonarnos a “frase”. Y sin embargo Jesús está diciendo cosas que, si hoy viniera entre nosotros, las diría –al menos- exactamente igual.  O con más dolor y más énfasis, porque nosotros estamos enrolados en la doctrina suya, en su PERSONA misma… Y por eso, con muchas más fuerza querría sacudir nuestras conciencias para que viviéramos en verdad.

¿No es esa la labor que está intentando el Papa? ¿No es ese ir superando etapas para ir a desembocar en una autenticidad más honesta de nuestra fe?

martes, 15 de octubre de 2013

15 oct.: La sinceridad por delante

15 oct.: Santa Teresa de Jesús y sinceridad por delante.
             Fiesta litúrgica y –por tanto- con Lecturas propias. Una primera lectura [Ecclo 15, 1-6] acentuando la sabiduría (término bíblico de orden muy significativo en la dirección hacia a Dios…, o proveniente del mismo Dios). Se compone de sensatez, prudencia, confianza en Dios, firmeza… Y un nombre perdurable  (Con todo lo que ese “nombre” significa en el sentido espiritual). Y pasando al Evangelio [Mt 11, 25-30], la clave de toda sabiduría es conocer a Dios, “y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquel a quien Él se lo quiera revelar”.  Estamos en eso: cómo Jesús quiso revelar a Teresa al Padre, y como ella –con su nueva sabiduría- pudo escribir esas joyas descriptivas autobiográficas, o esos pozos sin fondo de sus manifestaciones místicas.  No cabe duda que Teresa había recibido esa gracia de la revelación de  Dios por parte de ese Cristo que le enamoró y por el que ella fue lo que fue.
             Sus escritos, de alto valor teológico, espiritual, descriptivo y místico, le llevaron a ser considerada Doctora de la Iglesia.

La lectura continua   (Lc 11, 17-41]
                                                           Habría momentos en que no variaría mucho si se prescinde un día de la “lectura continua”.  Pero el capítulo 11 de Lucas forma un conjunto que es un todo, si se quiere entender en su contexto cada narración, aunque pudiera aparecer como relatos separados, como un mero mosaico variado de exposición de sucesos.
             Lucas no ha perdido el hilo desde que acusaron a Jesús de echar demonios con poder diabólico. Han sucedido reacciones, y ayer veíamos la misma reacción de Jesús, muy dolido. Hoy un fariseo invita a su mesa a Jesús, cuando Jesús había acabado de hablar. ¿Por qué aquella invitación? ¿Qué pretendía aquel fariseo, tras esas situaciones tan recientes?
             Ya puede intuirse que el fariseo no fue precisamente delicado con Jesús. No aparece ninguno de los signos propios de recepción del huésped, cuando esos detalles de acogida eran tan normales. En cambio sí está pendiente el fariseo de que Jesús se dispone a comer y no hace los lavados rituales para la comida, ni limpia por fuera la copa y el plato. Todo eso era no mera higiene, sino “ritual religioso”…, obligación “de conciencia”.  ¡Y Jesús no lo hizo!  Y se sintió observado y juzgado por los comensales y por el mismo anfitrión!
             Jesús no se deja dominar por el respeto humano, y no se calla por el hecho de estar allí como invitado.  No se queja de los detalles que no tuvieron con Él.  Pero se queja de la hipocresía de aquellos hombres, y se lo dice:  vosotros limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades.  Jesús va al grano. Con Él no va la mentira, la apariencia, lo ritual… Lo de fuera puede estar brillante, pero ¿y dentro?, ¿y el corazón?, ¿y los sentimientos, los juicios…?  Ahí está el meollo de la enseñanza de Jesús. Basta ir a los capítulos 5, 6 y 7 de San Mateo para ver que Jesús está haciendo aflorar todo lo oculto –lo íntimo de la persona-, frente a la apariencia de las bondades externas.
             Lo de fuera es muy fácil de presentar con brillo…, y además darle ellos un sentido “espiritual” ritual. Pero todo eso es falso si no entramos en las bases mismas del corazón: nuestras miradas “a bote pronto”; nuestros enjuiciamientos rápidos, nuestros juicios desde ese fondo sucio nuestro, las palabras que brotan instintivas… Todo eso interno es el verdadero retrato de la persona. Lo de fuera puede ser un reflejo…, pero también puede ser una hipocresía, un aparentar, una falsa bondad.
             Por supuesto que esta mañana ya he orado largamente sobre esa realidad en mí. Y ahora proyectaría hacia afuera porque debe ayudar a otros. No lanzo dardos (que serían un boomerang contra mí mismo), sino tiendo puentes de sinceridad de cada cual.  Todos nos consideramos buenos (y por eso somos como somos y nos mantenemos siendo así). ¿Está limpio el corazón? Cuánto hacemos, omitimos, hablamos, corregimos o enseñamos, ¿es realmente salido de la limpieza de un corazón, libre de prejuicios, de celos, de orgullos personales, de complejos? En palabras de Pablo: ¿Cuánto hablamos o hacemos está hecho a pura gloria de Dios?
             Jesús transigió con todo y con todos. ¡Menos con la hipocresía!, la apariencia falsa que engendra mentira y se pone caretas para disimular el verdadero rostro.
             Y ahora sería el momento de entrar en esa revisión de vida…, de los entresijos hondos que mueven nuestra vida, nuestra religiosidad, nuestra “verdad”, nuestro sentido de hermandad, asociación, comunidad, “colectivo”, familia, relación hacia afuera… Cada uno empezaríamos por la mirada a ese peculiar pozo personal que es nuestro propio corazón…, nuestras intenciones, nuestros sentimientos.  Luego puede ser bueno mirar cómo nos proyectamos…, si “a pecho descubierto” o con la “careta” de turno para hacer “nuestra representación cómica”.  ¿O a lo peor…, la llevamos puesta?  O nuestra satisfacción es que tenemos bien lavada la cara y no hay maquillaje alguno que disimule lo que verdaderamente somos cada uno.

             Un aspecto que resaltan los escritos de Santa Teresa es su sinceridad. Teresa de Jesús es la que ella misma retrata. Ese es su magisterio espiritual.

lunes, 14 de octubre de 2013

14 oct.: Reflexión y SIGNOS

14 oct.: SIGNOS
             Jesús ha recibido la alabanza de aquella mujer que se ha entusiasmado escuchando a Jesús.  Jesús acababa de toparse con unas gentes muy particulares: unos, que piensan que Jesús echa los demonios con el poder del demonio. Otros, simultáneamente, pidiendo “un signo”. Se ve que no les ha bastado el signo del poder de Jesús frente al demonio. Y Jesús expresa hoy su hartura de tanta incoherencia, por más o por menos. Y su exclamación expresa bien ese dolor, ese cansancio, que produce ver que su predicación, su labor, su obra, no son para aquellas gentes “un signo”. Necesitan “otro”… Es lo propio de la vida diaria y de las actitudes diarias. Lo que se tiene delante, no vale. Se busca “otra cosa”. Y así sucesivamente. Y es que el problema no está en LOS SIGNOS sino en quien los ve. Y cuando la negativa es previa, ya puede llover fuego del cielo que no bastará ahora…, y se pedirá “otro signo” después.
             Y Jesús, viendo a esa generación perversa (pervertida, que ve las cosas del revés, que nunca tiene ojos claros para ver las cosas con sencillez), acaba yéndose al signo final, el que creerán o no creerán…, pero es el signo incontrovertible: el signo de Jonás…  La profundidad de ese signo está en los tres días sepultado en el cetáceo y salido con vida a la playa de Nínive, de la que él había pretendido huir.  Allí fue Jonás quien se oponía. Pero Nínive vio la luz en su predicación. En Cristo, Él es la luz…, y Él camina hacia la Luz y dando luz.
             Jesús ahonda ante aquellos que pedían el signo y les hace recordar cómo la sabiduría de Salomón hizo rendir a la reina del Sur; cómo la predicación de Jonás fue acogida por los ninivitas.  Y concluye afirmando: Y aquí hay uno que es más que Salomón, más que Jonás.
             Ya he observado que el tema no está en los signos sino en la lectura y aceptación de los signos. El mismo signo es luz para aquella mujer, y no existe para los otros…, o hasta lo atribuyen a Belcebú. Y ya vemos cómo reacciona la generación presente, la nuestra, en la que nos desenvolvemos.  De hecho, ya podemos saberlo. Para aquella  “generación” de entonces Jesús no ha sido ni el Cristo, ni el Mesías…, ni su enorme signo ha servido. ¿Qué piensa y cómo se desenvuelve la nuestra?  Habrá quien prefiera ver “los brotes verdes”. Pero entrar un poco en lo que hay ahí en ese fondo, en esos modos de vida, en esa concepción de “lo religioso” con ausencia llamativa de lo sacramental, en esa “libertad” para hacer las cosas a gusto propio y luego pretender que creen en Dios…
Es una experiencia tantas veces vivida en el trato con las gentes. La misma realidad con dos efectos diferentes y aun contradictorios. ¿Qué hay de por medio? Los prejuicios. O el juicio propio con el que uno se cree más acertado que lo que pueda decirse…, y aunque fuera un ángel del cielo quien apareciera. El mismo signo abre una luz nítida al otro. 
También un efecto curioso: el que negaba el signo, tiene de pronto esa luz y acaba cayendo… No era problema de signo. Era la oscuridad en que se mete quien cree que su verdad es la única o la más verdadera.  La luz viene cuando se acoge la “otra verdad” (la otra cara de la verdad) que ni se había visto ni se le había dado posibilidad de que existiera.
             Por eso la mujer aquella VIO, y los otros no vieron. Ella era sencilla. Los otros buscaban demasiadas patas al gato.  Y lo malo es que se quedaron sin ver.
             También hay un aspecto que Jesús nos desvela al final de su vida: que hay que tener paciencia, saber esperar, entender las Escrituras…, pero saber que hay que esperar que venga la Luz de lo alto. Que no sabremos más o mejor por esforzarnos más, ni por mucho estudiar o muchos libros leídos. Que el secreto básico es estar convencido de que uno no ha puesto ya el último punto a la frase. Lo he expresado muchas veces con la expresión: SABER DUDAR…, dejar siempre paso a otra posibilidad, en el plano dialéctico. No supone una duda que quite la base a todo, sino precisamente que la aumenta porque allí donde dudo yo, estoy dejando entrada a esa riqueza de colores del arco iris que, en definitiva, no son más que las diversas gamas del blanco.
             Cuando la sorna de algún colaborador ha insinuado alguna “seguridad” mía como si yo dictaminara, la verdad es que no conoce la realidad. Mi misión es poner a reflexión aquello. Ofrecerlo. Que cada uno tenga oportunidad de pensar sobre el particular, y bien sea que dude de mis proposiciones como de sus convicciones, esta reflexión que ofrezco habrá tenido el efecto que pretende. Cuando se presenta pecho y se quiere abrir diálogo sobre algún punto, eso es válido y legítimo. Eso es ir creando una nueva generación no pervertida, porque buscar la verdad siempre es una gracia de Dios.  Asentar la propia verdad como “el no va más” es el signo de la vaciedad. Que nunca sabe menos que quien cree saberlo todo…, y un punto más allá todavía.

             Gracias a Dios DUDO. Busco SABER DUDAR. Me encanta la buena fe de quien duda. Y pienso que ahí tendremos a la reina del Sur o a los ninivitas del siglo XXI.

domingo, 13 de octubre de 2013

Domingo 28-C, de AGRADECER

13 oct.: Expresar agradecimiento
             San Pablo escribe a sus fieles de Colosas que sean agradecidos. El mensaje de este Domingo 28-C es poner un acento sobre ese tema de finura espiritual.
             Naamán, pagano, ha sido curado de su lepra por una indicación que le ha hecho el profeta Eliseo. Ni siquiera salió Eliseo a ver al oficial sirio. Pero lo que el profeta indicó da el resultado pleno, y Naamám es curado de su lepra. Naamán quiere pagar el gran favor recibido pero Eliseo no acepta ninguna recompensa. En realidad el dador de aquella gracia de curación es Dios.  Y Naamán agradece a ese Dios de Israel, primero con su reconocimiento de que es el Dios verdadero. Y segundo con el “detalle” de agradecimiento de pedir llevarse unos sacos de tierra de Israel para que, en adelante, toda su vida religiosa pueda ejercerla él sobre “tierra sagrada”.
             El Evangelio repite el dato de un extranjero agradecido. Entraba Jesús en un pueblo. Diez leprosos –que no podían entrar en el pueblo a causa de su lepra-, se presentan ante Jesús, pidiendo compasión. Y Jesús, como en otro momento Eliseo- no hace más gesto de acercamiento sino que les da la pauta de su curación: Id y presentaos a los sacerdotes. De hecho era lo mismo que decirles que “quedáis curados”, puesto que a los sacerdotes se iba para que ellos certificaran la curación.
             Y, en efecto, conforme van caminando hacia ese destino que Jesús les ha marcado, se dan cuenta que están curados. Todos tan contentos, siguen nueve hacia ese punto decisivo de su regreso a la vida normal. Uno, sin embargo, samaritano (y por eso con marchamo de “extranjero” para aquella sociedad judía), no sigue hacia los sacerdotes. Se vuelve a Jesús, que ha sido quien tuvo la compasión que todos pedían, y vine a dar las gracias.  Jesús expresa su sentimiento porque los otros nueve ni se han hecho eco de aquella curación recibida, y se pregunta dónde están. Por tanto, le ha dolido en sus sentimientos la falta de agradecimiento. Y al samaritano –que ha vuelto- le da el gran certificado; Tu fe te ha salvado; vete en paz.
             A Jesús ni le daba ni le quitaba que aquellos diez supieran agradecer. Pero es evidente que echaba en falta ese gesto.
             A mí me ha evocado mucho esa palabra de Pablo que he citado al comienzo. Expresando aspectos substanciales de relaciones humanas, viene a caer sobre ese punto específico: Y sed agradecidos. Que no es sólo serlo sino también expresarlo. Y a eso es a lo que dirige Pablo su palabra: una finura, un detalle, una expresión…, de agradecimiento. Ese saber ponerse en la piel de la otra persona, y comprender que –aunque ella no lo ha hecho para que se le agradezca, cae de su peso que le agradará que se le reconozca lo bueno que hizo.  Hablamos de “detalles”…, pero es evidente que esos detalles hacen la vida más “sabrosa”. Y crean lazos de unión que pueden parecer invisibles…, y sin embargo son muy favorables.
             He contado alguna vez que en las “oficinas del Cielo”, miles de ángeles en una inmensa sala, tienen que atender tantas y tantas peticiones que llegan al día. Pero cuatro ángeles se bastan en una pequeña petición para recoger la gratitud de quienes se acuerdan de agradecer cuando han recibido los favores.  Y también Dios tiene un Corazón y le gusta hallar esa palabra del que sabe ser agradecido.
             Cuando Pablo exhorta a Timoteo a “hacer memoria de Jesucristo el Señor, resucitado de entre los muertos”, en realidad le está incitando a un saber agradecer la inmensa obra de Jesús. “Hacer memoria” no es un simple recordar… Es recordar agradeciendo.
             Nosotros, cumpliendo el mandato de Jesús de “hacer esto en conmemoración mía”, realidad que vivimos en cada Eucaristía, estamos yendo muchísimo más allá que “tener un recuerdo”.  Lo que hacemos es vivir el inmenso agradecimiento de nuestra salvación…, de nuestra incorporación a esta nueva etapa de ALIANZA DE AMOR.  Y participar en la MISA no es un favor que le hacemos a Jesús, sino un vivir agradecidos a Él por el gran don que nos dejó.
             Me deja cierta pesadumbre esa manera “actual” de los que han dejado a un lado la participación dominical en la MISA. No es cuestión de “cumplir” o no “cumplir”: ¡es la insensibilidad a la finura de saber agradecer! ¡Es el endiosamiento egoísta de una generación que no piensa en que tiene que agradecer a Dios!  Pero voy más lejos (o más cerca, según se mire): ¿tienen las parejas –hoy- ese recuerdo de fechas…, esos gestos de ternura, ese reconocimiento del valer de la otra persona, ese “detalle” obsequioso (que nada tiene que ver con el precio)…, que indica que “te tengo presente y me acuerdo, y por eso te obsequio, como una expresión agradecida?

             Porque posiblemente no es sólo el menor aprecio a “las cosas de Dios”, sino la deshumanización de la vida, el egoísmo que se cierra sobre sí mismo, el mundo que tiene tantas cosas “importantes” que hacer, que ha dejado atrás el detalle, la manifestación del cariño, el saber agradecer, la expresión de sentir al otro como mayor que uno mismo…, como persona con su corazoncito, que se sentiría más feliz si hubiera esos rasgos HUMANOS que hacen la vida más bonita.

sábado, 12 de octubre de 2013

12 ocr.:- COLUMNA, PILAR, ROCA

12 oct.- La Virgen del PILAR
             Comenzaré felicitando a tantas personas que llevan en su nombre la referencia a la VIRGEN DEL PILAR. A todos los españoles de pro, que siguen sintiendo la necesidad de una Patrona, fuerte como columna inamovible, ahí donde tanta arena se mueve bajo los pies. A los Cuerpos de Seguridad que celebran hoy su fiesta patronal, porque esa fortaleza de la columna enhiesta les es seguridad en el difícil cometido de su misión.
             En el Oficio religioso a rezar hoy en su fiesta, se expresa esta tradición desde los comienzos del cristianismo en España. Una ermita a orillas del Ebro, en Zaragoza, fue el comienzo de ese centro de espiritualidad, peregrinaciones y eje de unidad para todos los pueblos de Iberoamérica. Y señala el Oficio de la fiesta que, por encima de milagros espectaculares, la Virgen del Pilar es refugio de pecadores, consuelo de afligidos, Madre de España.
             En la Liturgia hay que “forzar” los textos, puesto que la revelación no va a recoger lo que fueron hechos tan posteriores.  Su se va uno por la lectura del Antiguo Testamento, se hace un paralelismo entre el Arca de la Alianza –portadora de la presencia de Dios, y centro de toda la religión judía- y la Virgen que fue real portadora de Dios, al llevar a Cristo en su seno. Su el Arca era fuerza firme para el pueblo aquel, María –asentada como columna firme e inamovible- polariza todo el sentir cristiano que halla en en Ella, en María, la seguridad para ir a Jesús.
             Si se lee la del Nuevo Testamento, se resalta la raigambre de María, sobre la roca firme de la oración, en la que aglutina a su alrededor a los Once apóstoles, tras la muerte y resurrección de Jesús.
             Y el Evangelio, que más allá de la persona en sí de María, lo que la hace dichosa y bienaventurada, ensalzada sobre todas las mujeres, es su firme actitud de escuchar y vivir la voluntad de Dios. Eso es lo que crea esa columna o pilar inexpugnable en donde hemos de acogernos.

             Da la casualidad que en la lectura continuada tendríamos el mismo Evangelio. Solo que ahí el contexto hace más expresiva la emoción de aquella mujer del pueblo que prorrumpió en alabanzas de Jesús y de su madre. Ayer estábamos ante el ridículo de aquellas gentes que, por tal de desprestigiar a Jesús, llegan a decirle que echa los demonios con el poder de Belcebú, el príncipe de los demonios. Jesús les hizo ver la estupidez de aquel juicio, y explicó… (ya lo vimos). Y al otro lado, como una reacción incoercible de una mujer sencilla, sin prejuicios, surge esta alabanza a Jesús (que en muy castizo estilo), rebota hacia la madre que le dio la primera leche. Algo de esto sucede en determinados sectores del pueblo sencillo actual, que hace frente a la descristianización y a la falta de espíritu humano y sobrenatural, potenciando de alguna manera las alabanzas externas a María o a Jesús.

             Luego está la conclusión de la lectura de la profecía de Joel, posiblemente un profeta rápido de exposición, que –tras detectar el dolor de un pueblo- sale disparado hacia una seguridad de salvación. Dos males amenazaban al pueblo; uno de índole natural (la plaga de langosta, que asola), y otro, un pueblo extranjero, una horda, que pretende asolar el país, creando oscuridad tinieblas, nubarrones y negrura extendida sobre los montes…  HOY desemboca el profeta en la alarma que Dios mismo da: ¡Alerta; vengan las naciones al valle de Josafat!, ese lugar emblemático donde Dios pone justicia (equilibrio y bondad), y donde actúa liberando del mal y dando luz a su pueblo: protege, auxilia…, donde Dios habita y defiende, y bajo cuyo poder, los montes dan leche, las acequias van llenas de agua, y brota un manantial en el templo del Señor.  [¿No evoca todo esto al propio Jesús, de cuyo costado abierto –auténtico templo de la redención consumada-  manan esos torrentes de agua y de vida?]
             Agua purificadora y sanadora. La que limpia nuestro corazón y así saldrán siempre visiones limpias de las cosas y de las personas. Y si la visión es limpia, lo posterior (en juicios, palabras, imaginaciones) irá en esa línea virgen y relajante, constructora de paz y produciendo un equilibrio profundo en la persona.
             Joel avista así una Jerusalén habitable de generación en generación. [Jerusalén es ciudad de paz), una “ciudad” en la que habitará Dios.
             Bien se ve que este profeta ha sido rápido y positivo. No niega ni puede evitar las calamidades, pero sale por encima de ellas. No se queda en un llanto inútil, sino que proyecta a la seguridad de la victoria de Dios, un Dios que asienta sus reales en nuestra misma tierra…, en esa Jerusalén que simboliza toda la fe de Israel.

             Casi que también por esta vía hemos desembocado en la ROCA SEGURA, la COLUMNA firmemente arraigada, ese PILAR que es –por antonomasia- Dios mismo, pero que Él va entregando en manos de aquellas almas que han de ejercer una labor de construcción o reconstrucción de “Jerusalén”.  Y pionera de esa nueva etapa, de ese NUEVO TESTAMENTO, estará María junto a su Hijo Redentor, en fidelidad a Él y en mano maternal extendida hacia cada uno de nosotros.

viernes, 11 de octubre de 2013

11 ocr.: El DEDO DE DIOS

11 octb.: Principios y finales
             D Jesucristo ha expulsado un demonio de un poseso. “Algunos de la multitud” dijeron que expulsaba los demonios con el poder de Belcebú, el principie de los demonios. Y otros querían que demostrara quién era con algún signo del Cielo.  Esos datos hablan por sí mismos: hasta donde llega la cerrazón y la estulticia (o la mala fe).  Porque ¿qué mas signo del Cielo que echar demonios que sólo puede hacerse con “el dedo de Dios”?. Claro: habían empezado por cerrar esa puerta, puesto que acusan a Jesús de usar poder del demonio para echar demonios.  Ahí está la locura absurda de los que empiezan por cerrar las puertas a la evidencia y se buscan mil razones para avalar su propia memez.
             Jesús les empezó razonando (porque casi no cabía otra): “¿Cómo va a echar Belcebú a Belcebú?  Si así fuera, es que está en guerra consigo mismo, y se destruye solo”  Sigue una argumentación con las mismas armas (lo que en filosofía es “argumento ad hominem”. Si Yo hecho los demonios con la fuerza del demonio, ¿con qué fuerza hacéis vosotros vuestros exorcismos? Vosotros os juzgáis a vosotros mismos. Pero si Yo echo los demonios con el dedo de Dios, ¡es que ha llegado a vosotros el reinado de Dios!
             Sería un momento para que aquellas gentes se detuvieran y reflexionaran. Porque hay cosas que de puro evidentes caen de su peso, bien  a favor de algo, bien derribando un engaño.  [Y si permanecemos tantas veces en nuestros errores o engaños, es por el miedo que no da enfrentarnos a nuestro propio razonamiento…; el terror que nos causa tener que dar marcha atrás…, que sería la gran salida del atolladero]. Si no, establecemos esa “guerra civil” dentro de nosotros mismos, porque estamos viendo lo que tenemos que hacer pero nos parapetamos en un supuesto “Belcebú” para anclarnos donde estamos.
             Jesús sigue su razonamiento: expresa la felicidad del hombre liberado del “demonio” (de las esclavitudes que le ataban a su amor propio), y que ahora ha hallado la libertad porque el dedo de Dios le ha tocado, y Dios y la verdad hace libres y felices.
             Pero Jesús no deja aquí el tema. Va más allá y previene… El peligro de la persona que ha encontrado la tranquilidad espiritual…, que goza ahora de esa paz…, es que pueda empezar a “acomodarse”, a sentirse ya plenamente segura, a no ver que el mal ronda…, y que así se duerma en los laureles. [Jesús lo expresó claro en la parábola de la cizaña: los buenos duermen satisfechos de la buena siempre, y mientras ellos duermen sin vigilar, el enemigo malo sobresiembra cizaña]. Advierte, pues, Jesús que el demonio expulsado no encuentra acomodo, y está dando vueltas por aquellos parajes, inquieto…, hasta que se decide atacar (aprovechando la pasividad del que ha sido liberado). Y como antes fue vencido él solo, ahora se busca “siete” espíritus peores que él para contraatacar y regresar a la “casa” de donde salió. Lo que siempre sería mucho más grave…
             Está Jesús advirtiendo algo tan importante como la vigilancia, tanto mayor cuanto que estamos tan sosegados con el Señor, bajo “el dedo de Dios”. Nunca podemos dar por acabada la labor, la lucha, la atención…, el mantener el espíritu muy abierto y fortalecido.
             Bien a pelo nos viene el desánimo de Pablo ante aquella comunidad a la que le había presentado a Jesucristo, el que muere crucificado para salvar, y resucita…, y tras haberlo aceptado aquellos y haberse convertido fervorosamente, de pronto llega otro predicador y les cambia los cables, y se olvidan de la enseñanza substancias de Pablo.  Y Pablo se pregunta y les pregunta: “¿Y qué os digo yo ahora?  -Si os he presentado el todo del todo, y lo aceptasteis, y ahora lo habéis dejado, ¿qué puedo daros ahora? ¿Cómo os puedo hacer reaccionar, si habéis abandonado el alimento sólido que yo os había dado?  ¿Volvemos otra vez a la leche espiritual del recién nacido? ¡Es que ya ni tiene fuerza porque la tuvisteis y la habéis abandonado…!
             Todo esto tiene un rato largo y hondo de reflexión, más que de mucha explicación. Y puede bastarnos mirar a esa masa de cristianos “buenos” que encontramos alrededor, que –sin embargo- han bebido las aguas turbias de otros “canales” y han abandonado el fervor primero. [Que también evoca eso los discursos a los siete ángeles de las siete iglesias”  a los que se refiere al principio el Apocalipsis]. Podremos concluir con la expresión de ese libro: Mirad que estoy a la puerta llamando; si alguien me abre, entraré y comeremos juntos.


             La primera lectura de hoy es del profeta Joel, un hombre que se encuentra entre dos fuegos muy diferentes: de una parte, una plaga de langosta que ha hecho estragos, lo cual provoca un duelo y una súplica. El otro campo en que se encuentra es el de un pueblo extranjero que azota al pueblo de Dios… El profeta da la alarma para que se toque la trompeta y se avise al pueblo, y el pueblo devoto clame al Señor. Es –mientras tanto- un día de oscuridad y tinieblas y nubarrones por esa horda enemiga que amenaza con la invasión.
             En la lectura de hoy no se da aún la solución. Se advierte, se da la alarma. Parecido a Jesús en el Evangelio. Pero Joel avanzará en su idea y presentará el triunfo del Señor.

             Jesús advierte… Pero Él ha llevado todo hasta un final victorioso. ¿Mantendremos nosotros la vigilancia fuerte para no ser desbordados por el príncipe de este mundo?

jueves, 10 de octubre de 2013

ORAR SIN PARAR

10 oct.- ORAR SIEMPRE
             Orar “siempre” puede tener doble sentido: no dejar de orar en ninguna circunstancia; no cesar de estar orando a cada instante. Los dos son válidos, pero no posibles al pie de la letra. Ni Jesús pretendía decir un imposible.
             “No dejar de orar” es la conciencia de cualquier creyente que se sabe dependiente de Dios, colgado de la mano de Dios. En cualquier circunstancia y situación, en lo benéfico y en lo adverso, el corazón se va a Dios. Es como un resorte interior que lleva a la persona a esa elevación de su mente: “¡Dios mío…!”  En la salud y en la enfermedad, cuando se vive la vida normal y cuando se entra en el riesgo, en la situación imprevista… Es ya como in instinto interior espiritual, que va impulsado por el motor de la fe.
             En el Evangelio de hoy –Lc 11, 5-13- Jesús está en otro aspecto muy importante: la plena confianza en ese Dios que Él acaba de mostrar como PADRE, para saber, gustar y sentir interiormente que puedo y debo dirigirme a Él siempre, insistentemente, y –si usáramos expresiones humanas- pesadamente.
             Si bien Jesús concluye en tres modos de lo mismo: Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá…, el grueso de su enseñanza lo ha expresado como a él le gusta: con un cuentecillo…, metiendo por los ojos lo que quiere que quede diáfano: que tenemos que ser constantes y permanentes en nuestra insistencia al Padre. Como aquel amigo A que se ha encontrado con una visita inesperada y se dirige al amigo B (a horas intempestivas) porque necesita unos panes para atender a los visitantes. El amigo B se escuda en la hora, en los hijos, en estar acostado…, para decirle que no. Pero el amigo A está en una necesidad y acaba haciéndose pesado y “molesto”…: hasta ahí le lleva su necesidad.
             Como el amigo B, al fin y al cabo es humano, acaba levantándose por la impertinencia del amigo A, y dándole los panes.  Y Jesús concluye: Pues hacedlo así con Dios…, hasta “importunándolo”… ¡Preciosa imagen para ponernos delante la grandeza del Corazón de Dios, que no se siente importunado…, que le agrada nuestra confianza, que escucha con gusto… Hay quien dice: tengo ya cansado a Dios de tanto pedirle.  Se equivoca. Dios no se siente cansado por ello. Diremos –si usamos nuestros sentimientos- que se siente halagado. Se goza. Le encanta.  A esa oración sin intermisión es a la que Jesús se refiere. Y en la que concluye con su triple modo de incitarnos a pedir, llamar, buscar…
             La conclusión que Jesús ofrece es que Dios siempre da cosas buenas a quienes le piden, o como dice este texto de San Lucas, Dios da Espíritu Santo. Es la contraposición a esa observación de Jesús sobre el padre que si su hijo le pide pan no le da una serpiente, ni si le pide un huevo le va a dar un escorpión. (Las típicas hipérboles de Jesús –exageraciones andaluzas- para dejar evidencia de que nunca se pierde nuestra petición a Dios, y que toda petición tiene una respuesta positiva y buena). Y al mismo tiempo una conclusión a tener muy en cuenta: que Dios dará, abrirá…, no equivale a convertir se una máquina a la que se le echa una moneda y da el chiche apetecido. Porque Dios es Dios y ve con mucho más horizonte, y sabe lo que realmente necesita la persona, y puede cambiarle el DON.
             En la oración que se ha hecho, el peticionario va modificando su primer objetivo; va centrándose más en lo principal; va abandonándose más en la voluntad amorosa y sabia de Dios; va rindiéndose ante lo inesperado y va experimentándolo con paz, con profunda paz. No le han dado “los panes” que pedía…, pero el amigo le ha ofrecido su propia mesa.

             Un aspecto que  puede ser interesante: el orar sin interrupción puede pensarse por alguien como un poco angustioso. ¡Y lo sería si se toma materialmente la expresión!  ORAR INSISTENTE no significa estar como una cinta sin fin repitiendo la petición. Se trata de un estado de oración: una forma es el ofrecimiento a Dios cada mañana de todo el día que empieza entonces, de modo que –con el dicho de Pablo a los colosenses- todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor. Desde l comienzo, todo ya está depositado en sus manos. Durante el día podré ir actualizando en momentos puntuales. Pero todo lo que hay en medio, ya es oración sin intermisión. Lo que sería estresante, imposible, inhumano,  es que el médico que está en plena delicada intervención quirúrgica, o el contable que está con sus cinco sentidos sobre los números, tuviera que estar “orando” a la vez.  Lo que pasa es que esa intervención que se pone desde el comienzo en manos de Dios, o ese zambullirse en las cuentas porque esa es la obligación…, ya es orar continuadamente.

             Al final Jesús ha puesto a la persona ante una serie de grandes convicciones y valores: el hijo de tal PADRE cuenta con agradar a su Padre; cuenta siempre; se siente siempre dependiente de su Corazón de Padre; se siente seguro confiando en Él; se abandona completamente, porque sabe que tiene ese Padre en los Cielos (y junto a él aquí en la tierra), y que siempre ese Padre le dará cosas buenas… Y sobre todo, le dará Espíritu Santo…, se dará el Padre a sí mismo, PORQUE ES PADRE.

miércoles, 9 de octubre de 2013

9 octbre.: Una oración que distingue

9 octbr: EL PADRENUESTRO
             En nuestra ESCUELA DE ORACIÓN estamos desarrollando y orando con el Padrenuestro como forma distintiva del discípulo de Cristo. A esa “Escuela de Oración” (del viernes 18 –tercero del mes-) remito para quien guste y pueda ahondar en este modo de ORAR (que no de “rezar”).
             Dice San Lucas -[11, 1-4]- que Jesus oraba en cierto lugar. No es extraño que sus discípulos veían la postura y compostura, la profundidad y hondura de todo su ser, inmerso en aquella oración. Es evidente que no era la típica oración judía ante un muro y moviendo la cabeza como un junco. No había nada de eso. Jesús no estaba “diciendo” oraciones. Veían algo muy distinto de lo que estaban acostumbrados. Jesús realmente ORABA.
             Por eso cuando Jesús se vino hacia ellos, un discípulo suyo le pidió que les enseñase, porque cada Maestro tenía como emblema de su magisterio un modo característico de orar; así lo había hecho el Bautista.
             Y Jesús les dijo: “Cuando ORÉIS, decid: Padre, santificado sea tu nombre; venga tu reino; danos cada día el pan del mañana; perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo. Y no nos dejes caer en tentación.  Ya podemos observar las variedades que presenta respecto de Mateo. San Lucas ha extraído el néctar esencial. De ahí saldrá todo lo demás. Y no sólo como modo de orar (que sería lo más fácil) sino como modo de vivir (que es –en realidad- lo que debe distinguir).
             Por lo pronto lo excepcionalmente distintivo –y casi impensable para un judío- es que a Dios se le habla como PADRE. Se le siente Padre, y eso obliga a vivir como hijo (que no es poco lo que eso pide, puesto que un hijo será quien agrada a su padre, y no “el que no lo maltrata). Junto a mí, el otro y el otro están orando igual… Varios “hijos” sintiendo a Dios “Padre”, están definiéndose HERMANOS.  Y eso no es una palabra. Es un modo de vivir lo que está exigiendo. ¡Y esto tiene mucha tela que cortar…! Cojamos cada uno nuestras tijeras.
             SANTIFICADO SEA TU NOMBRE. De por sí, Dios ya es Santo, como el oro es oro esté donde esté. Cierto que el oro en medio del vaho o del barro no brilla. El oro en una joyería, reluce. Dios es Santo. La cuestión es cómo se puede manifestar su santidad según “en dónde”… Por eso no es que yo proclamo o deseo la santidad de Dios, sino cuál el expositor en mí de esa joya que es Dios.  Yo tengo la tremenda capacidad de empañar su santidad o de hacerla relucir. Por eso “la gente” habla de Dios más por lo que ve en nosotros que por lo que es Dios mismo (a quien nadie ve). En mi santidad se manifestará la de Dios, aunque Él es Santo conmigo o sin mí.
             VENGA TU REINO. La verdad es que ve uno tal distancia con la santidad de Dios, que queda uno necesitado de suplicar. Que sea Dios quien invada con su santidad y realice su reinado en nosotros. Cierto que Jesús nos ha manifestado cómo se desarrolla el reino de Dios. Pero más pequeños nos vemos al descubrir la distancia que nos separa. ¡Que venga Dios y que reine!, que implante su reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia de amor y de paz. [Habría que desarrollar cada característica de esas].
             Dos variantes presenta Lucas ahora: no hace referencia a que se haga la voluntad de Dios, seguramente porque va implícito en lo anterior. Y otra variante más llamativa en la formulación siguiente: DANOS CADA DÍA NUESTRO PAN DEL MAÑANA.  Por lo pronto coincide en “el pan de cada día”…: todo lo que una persona necesita en el día presente…, si nos quedáramos en la formulación de Mateo, que parece bajar del plano en que estaba –Dios- al humano: el pan…  A Lucas lo veo manteniendo más la gran espiritualidad de ese ORAR que Jesús está enseñando: “el pan del mañana” es el Cielo, es el abrazo de Padre, es la herencia de hijo. Pero eso no está “guardado” para que venga “mañana” (y mientras tanto seguimos nosotros en la tierra). Lucas nos está llevando al mismo terreno en que estaba el resto de la oración: para que Dios sea glorificado por nosotros, tenemos ya que vivir con el corazón en el Cielo…, tenemos que trabajar la tierra pero mirando hacia ese Padre y lo que nos espera junto a Él. Que nos ´de HOY y cada día, la mirada, la ilusión, los brazos extendidos hacia ese MAÑANA que anhelamos, y que será el momento pleno del abrazo del Padre.
             Para eso, y siendo lo que somos PERDÓNANOS NUESTROS PECADOS. Y eso lo podemos pedir porque nosotros también perdonamos a quien nos debe algo.  Y tenemos el justificante de nuestra petición porque –siendo tan como somos-, ya hemos dado el paso de la magnanimidad.  Es nuestra credencial de buena voluntad.

             Y NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN. Cuanto pedimos, cuanto confiamos, cuanto podemos presentar como credencial…, necesita la gracia de Dios (la ayuda del Padre) para que no caigamos en la tentación.  LA TENTACIÓN viene y vendrá, y tendremos cierto flirteo con ella… Pero el que es PADRE me proteja…  Una voz desde ese Corazón de Padre me llega de inmediato: ¡Protégete tú también”; no te metas en la ocasión; salte de eso que tú sabes; corrige ese vicio subrepticio que hay en ti; sé honrado contigo y Conmigo; no juegues a “la ruleta rusa” con tus peligros conocidos. Y sabes que tienes algunos concretos… No los justifiques; no te salgas por la tangente!

martes, 8 de octubre de 2013

8 ocbre.- MARTA Y MARÍA

LA AMISTAD
             Lc 10, 38-42 nos saca un suceso que no aparece en ningún otro evangelista. Una casa, sin lugar geográfico, salvo que e en una aldea. Dos moradoras: Marta, que debe ser la mayor, porque ella es la que recibe en su casa. Y otra mujer, María [nada que ver con Magdalena], hermana de Marta. Dos caracteres muy definidos por el relato. Marta es la mujer que tiene que estar haciendo cosas, hasta con nerviosamente. María aparece como más sosegada, en ese aspecto de la actividad. Y capaz de dejar de “hacer cosas” si hay una razón más gratificante.
             A esta aldea y a esta casa llega Jesús. Y es evidente que llega como a “su casa”, y que lo tratan como “en su casa”. Sencillamente: hay una amistad, y tanto las anfitrionas como “el huésped” tienen entre sí una sintonía y una preciosa espontaneidad.
             Llega Jesús y tras los lógicos saludos y el ofrecimiento de agua para los pies cansados, Marta la emprende en un continuado ajetreo, que para ella es el modo de “hacer la visita” al amigo.  Y –como interpretan algunos comentaristas- se desata en querer preparar comiditas para ofrecer a Jesús una variedad casi festiva. Y “Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio”.
             María “hace la visita” de una manera muy diferente. Podría coger el ritmo de Marta… Pero opta por quedarse –como discípula- a los pies de Jesús, su Señor, “escuchando su palabra”.  Y, por su parte, Jesús estaba viendo el nerviosismo de Marta en su ir y venir, y hablaba a María, y respondía a sus preguntas, o bien Él le contaba parábolas, de modo que María estaba embobada escuchando al amigo.
             Pero Marta se incomoda y –con la confianza evidente que tienen los tres- se planta ante Jesús y le llama la atención: ¿No te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio?  Dile que me eche una mano.
             Se me vienen a la mente las muchísimas personas buenas y religiosas que “no tienen tiempo” para una vida espiritual sosegada y reflexiva…, porque tienen “muchas cosas que hacer”. Y pienso que en algún porcentaje será verdad que no tienen tiempo material.  Pero pienso ¡cuántas ocupaciones que no son necesarias, o con qué facilidad “se emborracha” una persona –hombre o mujer- con “sus ocupaciones”, y nunca les queda tiempo para esa necesidad que es sosegar el espíritu y cultivar el alma. Pienso qué poco se fomenta la amistad entre personas, porque todos andamos con prisa…
             Marta había comprometido a Jesús con dos temas: su soledad para sacar adelante tantas cosas; la pachorra de María que se estaba allí a los pies, escuchando, en vez de ayudarle a ella…  Jesús no tiene más remedio que responder. Y con el cariño y confianza de aquella amistad, le dice a Marta, con doble llamada: Marta, Marta, estás inquieta y nerviosa con tantas cosas; basta con una [dicen esos comentaristas: con un plato hay bastante].  Sea lo que sea, es para examinar los términos de la respuesta: una doble llamada a Marta por su nombre.  Un tono que bien podemos imaginar de cariño y de advertencia… Una constatación: estás inquieta y nerviosa… Algo que no te facilita el sosiego necesario; algo que te tensa más y más cada vez;  algo que lleva su parte de “molestia” por ver a su hermana que no le ayuda… “Inquieta y nerviosa” no es el mejor medio ni de hacer la visita a Jesús, ni de estar uno a gusto consigo mismo. Ni de saber ponerse en el lugar del otro. Se pierde objetividad. Hay ofuscación.
             Por eso “con una cosa basta”…, que bien valdría decir: lo necesario, nada más. No querer llevar la vida propia y de los otros por delante. Y supuesto todo eso, ahora la conclusión: María ha elegido una parte buena, y no se la voy a quitar.  No es reproche a Marta, aunque ya le ha advertido que pare un poco el motor…  Es definir que la persona que dedica una parte de su tiempo a estar a los pies de Jesús, escuchándolo, ha elegido una parte buena y no será Jesús quien se la impida.  A lo mejor Marta podría haber estado también un rato escuchando al amigo, y no por eso hubiera dejado de tener tiempo para hacer lo necesario. Y hasta, entonces, María también habría participado de escucha y servicio.
             Habría un amplio tema por tratar… La falta de conversación y trato de nuestra época. Falta de tiempo…, carencia de conversación que sea tal; limitación de vocabulario, egoísmos que encierran, despreocupación por el otro… ¿Puede decirse que hoy hay amistad? Hasta el uso ha modificado términos: mi colega; mi pareja, mi compañero sentimental…  Y ya oímos lo que esta gente habla en un autobús: voces, falta de enjundia, incapacidad para construir una frase…, cuando no es ese embarazoso silencio o esas voces que no vienen a qué.  Precisamente ¡la carencia de escuchar, de exponer, de intimar, de interesarse, de experimentar lo que es verdaderamente necesario…! Si Jesús apareciera entre nosotros y nos viera tan estresados que no descansan ni los niños (sobrecargados de obligaciones “extra”); ausentes los otros –aunque estén juntos- pero con el móvil entre el nervioso teclear de los dedos; las familias que difícilmente se juntan y se sienten juntas…, ¿no nos diría con cariño y dolor, que andamos inquietos y nerviosos…, y despistados con tantas cosas, mientras hemos dejado a un lado lo necesario?

             Que si hablamos de “los veteranos”: ¿no estamos matando la amistad con tantas ocupaciones…, y con tantos espantosos egoísmos? ¿No estamos construyendo castillos inexpugnables de insolidaridad? ¿No nos ahoga a uno mismo y a la convivencia el bochornoso egocentrismo que gastamos?  Doy fe de que es así. Y que el caso de Marta y María es para pensárselo.  Jesús acabó diciendo que Él no le iba a quitar a María aquella parte buena que ella había elegido. Materia para reflexionar.

lunes, 7 de octubre de 2013

Falleció el P. Carmelo Granado S.I.


EL PADRE CARMELO GRANADO S.I. 
ha fallecido en la paz del Señor en Granada a las 22:45 horas del 6 de octubre de 2013, a los 70 años de edad, 52 de Compañía y 42 de sacerdote.


El Apostolado de la Oración lo tuvo como Promotor en Andalucía. Era un ferviente entusiasta del OFRECIMIENTO DEL APOSTOLADO, y sólo hace 9 días que me dijo que -en su largo internamiento en la Clínica-, ha sido su ÚNICO MODO DE ORACIÓN.  Cuando lo nombraron Promotor, vino a Málaga y estuvo con nuestro Grupo para hablarnos del OFRECIMIENTO. 

Fue ordenado Sacerdote en Sevilla el 26/06/1971 por Mons. Antonio Montero; hizo sus últimos votos en Granada el 05/11/1976.
Primer ciclo de Teología en Granada (1968-71), 1º de licencia en Frankfurt, Alemania, (1971-72), 2º de licencia en Granada (1972-73) y doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana, Roma, 1973-75. Profesor en la Facultad de Teología (77-79), obtuvo la licencia en Filosofía y Letras en la Universidad de Granada y defendió su tesis doctoral (1979). En 1994 profesor de Patrología, Historia de la Teología, y Antropología Teológica, en la Facultad de Teología. Desde 1987.  Se ha desplazaba periódicamente a Roma para ser profesor en la Pontificia Universidad Gregoriana.
Dale, Señor, el descanso eterno. Y brille para él la luz perpetua, porque Tú eres compasivo.

EL PRÓJIMO

7 octbr.: Nuestra Señora del Rosario
             Hoy es un día muy señalado para la amplia Orden Dominicana. El Rosario tiene cuna en ella, y es proyectado al mundo como modo de orar sencillo, agradable a la Virgen, y germen y escuela de almas de oración, que hallaron en esa práctica religiosa su alimento espiritual.
             No soy ajeno a los aires de fiesta  de este día, en que fui incorporado a la Compañía de Jesús hace ya…  Un donde Dios, un beso de María, y como una evocación de mi padre, que fue el paladín del rezo del Santo Rosario en nuestra vida de familia.

             Don Ginés  R. García Beltrán es el Obispo actual de Guadix. En sus intervenciones periódicas en “Alborada” –breves minutos de reflexión que ofrece Radio Nacional- tiene chispazos interesantes que enriquecen muchas interpretaciones del Evangelio. Y como hoy se ha encontrado con Lc 10, 25-37, ha hecho un comentario que enciende un matiz en la conclusión del texto.  Vayamos por partes.
             Empezamos por el doctor de la ley que viene a preguntar a Jesús una pregunta muy simple; diríamos que innecesaria. Pero lo hace –dice el evangelista- para poner a prueba a Jesús. Como la casta farisaica estaba tan reñida con todo lo que pudiera venir de Jesús, el doctor de la Ley quiere comprobar si Jesús está en la ortodoxia de la doctrina. Y le hace una pregunta de niño: Maestro: ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?  Jesús le devuelve la simpleza y pregunta Él al doctor: ¿Qué lees en la Ley?  Y el doctor responde lo que estaba en su mente de niño y en sus responsabilidades de mayor: Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.
             Jesús se limita a decirle: Haz esto y tendrán vida.
             Es evidente que el letrado se sintió ridículo porque había venido con una “trampa” para Jesús en la que él mismo había caído. Y de alguna manera había que salir de allí. Entonces pregunta: ¿Y quién es mi prójimo?
             Ahí es donde Jesus tiene su terreno…, donde el doctor tendrá que retorcerse su mentalidad.  Jesús no le define al “prójimo”.  Jesús era poco amigo de conceptos mentales. Y se lo explicó con una parábola que, en realidad echaba chispas. Un hombre es atacado por ladrones en pleno camino. Nadie alrededor. Nadie le puede socorrer. Los ladrones le roban, le apalean y le dejan medio muerto.  Y ahora viene la intencionalidad de Jesús: Acertó a pasar por el lugar un sacerdote. Vio de lejos al caído…, y dio un rodeo y se marchó.  Y viene más tarde un levita (servidor del Templo) y hace lo mismo.  Para saber más el sentido de esas “huidas” del lugar del suceso hay que tener en cuenta que los que iban a servir al altar, quedaban impurificados (y no podían servirlo) si tocaban un cadáver. Ellos, de lejos, no saben si aquel desgraciado del camino está muerto o vivo. Para ellos vale más su servicio al altar que acudir a una necesidad (que puede ser vital).  [Ya bastaba con ese “dibujo” para que Jesús le preguntara: ¿quién es el prójimo?  Pero Jesús llevó el “cuadro a unos trazos mucho más fuertes]. Quien baja ahora es un samaritano (despreciable para los judíos y tanto más para los defensores de la Ley);  un hombre que viene a hacer sus negocios… Pero que ante el caído en el camino, deja de pensar en lo suyo y se va directo al pobre herido. Le presta primeros auxilios desinfestándole y suavizando sus heridas con aceite y vino (su aceite y su vino, que podían ser parte de su mercancía). Y luego lo sube a su propia cabalgadura, lo traslada a la posada. Allí sigue cuidándolo. Y como necesita irse, encarga al posadero, le adelanta dinero y le dice que si gastara algo de más, se lo pagará al regreso.
             Bien se ve que Jesús utilizó pinceles finísimos para perfeccionar el cuadro.  El doctor tragaba saliva porque le estaba dando Jesús donde más le dolía a su autosuficiencia de doctor judío. Pero Jesús acabó el cuadro siendo Él quien preguntaba al doctor: ¿Quién crees tú  que se portó como prójimo?  Más saliva tenía que tragar el doctor que había venido a “probar a Jesús”… Tendría que haber respondido una palabra abominable para él: ¡el samaritano! Y la eludió. Aunque daba igual, y casi que la mejoró al expresar el fondo de la cuestión: El que practicó la misericordia con el herido. Jesús se limitó a decirle: Anda; haz tú lo mismo.  [Ya llevaba bastante con tener que hacer lo que un samaritano había hecho, y que servía de modelo…]
             Don Ginés se fijaba expresamente en que “el prójimo” no era el herido, como normalmente se puede aplicar. El PRÓJIMO era el samaritano. Él fue quien se hizo próximo, cercano, inmediato.  Él fue quien acudió como la sangre a la herida. Él no preguntó quién era, de qué casta era… Él sintió el instinto natural de ser PRÓXIMO a la necesidad de quien estaba herido. Y todo su ser se puso en movimiento, y todas sus capacidades, y su mismo dinero y tiempo.  Él fue PRÓJIMO.
             La palabra final de Jesús es muy escueta: “Anda, y haz tú lo mismo”.


             Hablamos naturalmente para inteligentes. No valdría sacar la conclusión del metomentodo al que le faltara la sindéresis de la razón y anduviera con las narices en medio de cualquier situación.

domingo, 6 de octubre de 2013

Oración del pasado Primer Viernes

Sobre el pasado PRIMER VIERNES
             Varias personas me han pedido la ORACIÓN ANTE EL SANTÍSIMO que tuvimos el Primer Viernes.  Esa oración os la acompaño aquí en su original escrito.
             Pero si alguien deseara ESCUCHARLA tal cual, puedo también enviársela a través del Ordenador.


             Oración ante el Santísimo        [4.X.2013]

¡Corazón de Jesús!:

estamos comenzando un nuevo curso.
Ya es para dar gracias a Dios
para agradecerte, ¡Corazón de Jesús!, que:
-          nos has llamado a estar aquí
-          nos has dado vida para estar aquí
Te adoramos y te agradecemos

HOY, en la misa, podemos elegir lecturas por ser día de San Francisco de Asís.
·         si elegimos la lectura continuada nos encontramos con un acto de contrición de un profeta –Baruc- que reconoce la bondad de Dios que es misericordioso.

Porque -dice el profeta-:  si nos miramos a nosotros
+ Sentimos vergüenza porque del primero al último pecamos desagradando al Señor;
+ no seguimos sus deseos,
+ no hemos hecho caso,
+ no hemos obedecido a un Dios, que habló por sus profetas.

ACTUALICEMOS
¡Corazón de Jesús!:
*tú has hablado
*los Evangelios han recogido tu palabra
*tú has vivido una vida
*los evangelistas nos la han contado
*tú tienes unos sentimientos
*la oración en o con el Evangelio nos manifiesta tus detalles; nos muestra tu Corazón.

Ahora, digamos a Baruc y diríamos:
sentimos vergüenza todos    
porque aún no nos hemos metido en tu Corazón,  en tus hechos o tus palabras, meditadas, regustadas, contempladas, profundizadas…
por eso no nos metemos en tus sentimientos, no cambiamos actitudes conforme vamos mirando tu vida; no le hacemos caso porque siempre ponemos por delante nuestros gustos, conveniencias y amor propio…
no hemos obedecido a tu Corazón que salta a borbotones en los Evangelios.

Una pregunta nos hacemos
¿Hay realidades personales (sobre todo, aquellas que vemos que están defectuosas) que las estemos confrontando con el Evangelio.
            Analizar resultados en este período

¿Cambiamos alguna forma de pensar, juzgar, actuar…  porque en el Evangelio vemos que tú lo haces bien, o  enseñas de otra manera?
¿Sabríamos empezar por algún detalle -aunque sea pequeño- de modo que estrenemos curso con un objetivo para adelante?


Es evidente que nos cuesta salir de nuestros modos y plantearnos un paso nuevo, distinto.  ¡Estamos todos muy aferrados a “nuestras maneras”…!
No estamos en esa mentalidad que supone sacrificio, irme adaptando a tu modo de ser, sentir, querer…


Y sin embargo, lo que nos deja la lectura del día de San Francisco es:
-Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo
Pensando en humano es un absurdo gloriarme en la cruz. En realidad (que es absurdo) es lo que piensa el mundo.
Pensando con pensamiento evangélico en la cruz de Cristo -buscando ir asumiendo el sacrificio- es como realmente se es feliz.
y como la paz y misericordia de Dios vienen sobre cada uno: “los que se ajustan a sus normas”…, sus deseos, sus enseñanzas…

Y San Pablo exclama: “que nadie venga a creerme necio por llevar yo en mi cuerpo las marcas de Jesús”.
Fueron precisamente esas “marcas” lo que físicamente experimento Francisco de Asís con los estigmas de las llagas de Jesús.

No llegamos a tanto
pero ¿no podríamos acercarnos un poco a un cierto espíritu de sacrificio, aunque suponga cruz para nosotros?
Son las marcas de Jesús en la vida diaria:
-          enfermedad
-          edad
-          limitaciones…

Y en otros campos más dependientes de nuestra voluntad:
·          situaciones de familia,
·         relaciones humanas,
·         necesidad de algún cambio en actuaciones propias,
·         sensibilidades y afectos,
·         corazón más abierto a otros
·         carácter hacia afuera
·         capacidad de sacrificio
·         saber callar

·         saber dudar de sí mismo

LA FE VERDADERA_ 27-C

6 octubre: Domingo 27-C
             Creo que no forma parte del tema la parábola que incluye el Evangelio en su “segunda parte”. El tema que se quiere desarrollar este domingo esta ya delimitado desde la 1ª lectura. El profeta se queja a Dios: “¿Hasta cuándo…”?, lo que repite dos veces. Pienso que habría que saber qué tono usó Habacuc, porque puede hacerse la pregunta a Dios en tono de oración, y eso es válido porque en definitiva se está dirigiendo a Dios. Más que protesta puede indicar un echase en la confianza de los brazos que acogen… Y la pregunta: “hasta cuando” se convierte más bien en otra: “¿Qué quieres decirme con esto?  Es precisamente una postura interior de fe, en la que el alma angustiada se desahoga con su Dios, en el que cree. En el este caso hay humildad…, la humidad del que cree.
Pero puede ocurrir que se hagan a Dios esas preguntas “a mano alzada”, protestando contra Dios, pidiéndole cuentas. [No dejaría de ser fe, porque si protesto a alguien es porque –bien o mal- cuento con ese alguien]. Evidentemente podemos pasar así de la fe confiada y abandonada a la altanería de quien se atreve a pedir cuentas a Dios. En este segundo caso tenemos la soberbia de quien escupe al Cielo.
La respuesta de Dios sitúa los “espacios” de la fe: Dios espera su momento…; se acerca su tiempo, y no fallará.  Y no es que Dios se retrasa. Lo que pasa es que Él sigue sus ritmos, aunque no coincidan con nuestras prisas. “Para Dios mil años son como un día”.  Y esa es la maravilla del DON de la fe: que el creyente espera y no desespera. Sabe muy bien que está en las manos de un Dios Bueno, BUENO  por todas partes, sin brizna posible de mal alguno. Ante un Dios BUENO, siempre bueno, por todas partes BUENO, la fe se vive a pie juntillas, sin poderse dudar. Luego –en lenguaje humano-  habrá quien piense que tiene “poca fe”. Aquellos apóstoles que se presentaron a Jesús, le pidieron: Auméntanos la fe.  La respuesta de Jesús fue muy clara: para que la fe sea fe, no hace falta que sea “grande”, porque bastaría la fe como del tamaño diminuto de un grano de mostaza, para que ya hicierais milagros.  [Recordemos que Jesús explicó en otro momento que esa semilla, aun siendo tan pequeña, crece por su natural hasta hacerse un arbolito, al que vienen a cobijarse y anidar las aves].
Así es la fe: de hecho –cuando es fe- se retroalimenta a sí misma y, dentro de su pequeñez va sacando vigor, y es capaz de hacer milagros. Lo que necesita es ser verdadera fe y no mera “devoción” o “credulidad” (que son cascarones sin consistencia que no están fundamentados sobre la absoluta BONDAD y MISERICORDIA DE DIOS y, por tanto, en el confiado abandono en Él).
Cuando la FE es verdadera, aunque sea “poca”, es bastante y es suficiente para caminar en esperanza y seguridad. ¡Ya puede hacer milagros!
Y uno de esos milagros es vivir la alegría de la fe, ocurra lo que ocurra. Es esa plenitud que no es “tocada” y atacada ni por el sufrimiento, ni por el dolor, ni por los momentos malos de la vida, las contrariedades, los fracasos… La fe vive en otra región de nuestra persona, y lejos de sentirse “herida” por la negatividad de la vida, se crece con esas dificultades, porque más se aferra a Dios…, más comprende que –cuando todo lo humano falle, Dios sigue estando ahí, sigue siendo BUENO POR TODAS PARTES, y bien puede uno agarrarse a Él, confiar y saber que nunca fallará.
En la 2ª lectura ha exhortado Pablo a su discípulo Timoteo a “tomar parte en los duros trabajos del Evangelio”. A primera vista esa frase dice lo que dice, ¡y ya es bastante! Pero en su hondura del Nuevo Testamento está referido a LA CRUZ.  Lo que Pablo dice a Timoteo es que su fe ha de arrostrar la cruz, el sacrificio, la persecución… Y que –en definitiva- la fe está contando con ese paso de la cruz.  Y la cruz no va a dejar de serlo, ni va a dejar de estar ahí…, cada uno con la suya.  Hay que tomar parte en esos “trabajos” y no desfallecer. Y esa fuerza es la que viene de la fe auténtica.
En la MISA anunciamos la muerte de Cristo, y anunciamos nuestra “muerte”, nuestro diario sacrificio. Lo que nos añade la fe es que en ese mismo instante de la muerte de Jesús, y en fuerza de ella, anunciamos ya su triunfo de Resucitado, y con él, nuestra resurrección. ¿Quiere decir que lo que padecemos ya no lo padecemos…, que los sufrimientos dejaron de serlo?   No.  La cruz está ahí, queramos a no, la abracemos o la tiremos a la cuneta… SEGUIRÁ AHÍ. Pero la FE la supera, la traspasa.

Más aún: nuestra fe puede ser “poca” y que pidamos a Jesús: “Auméntanos la fe”. Precisamente la Eucaristía, por lo que tiene de Sacramento, no sólo es el punto culminante  de nuestra fe expresada, sino la fuente permanente que mana  en nosotros y sigue produciendo fe. Pequeña o grande esa fe, siempre está invitando a saber ceder en beneficio de otros…, a hacer algo más que trasladar una morera de sitio…. Y que, al modo que Cristo cedió su vida para darnos vida, nosotros –cediendo- estamos llevando vida a otros con los que estamos viviendo.  Y eso, o se hace en razón de una fe, o no tendrá más consistencia que la de un momento de emoción afectiva. Por eso el creyente, desde su fe, vive lo que puede vivir cualquiera…, pero lo vive con el apoyo y fuerza de su fe en Dios, a cuyas manos se ha entregado, en cuyo Corazón se ha abandonado con plena y profunda seguridad.

sábado, 5 de octubre de 2013

"Témporas": una parada en el año

SE INAUGURÓ EL CURSO
con el PRIMER VIERNES de octubre.
Algunas nuevas caras,
deseos de comenzar,
proyectos para el futuro
Se desarrolló el tema de la IDENTIDAD DEL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN,
se tuvo una ORACIÓN DIRIGIDA, ante el Santísimo (en la Iglesia),
y se concluyó con la MISA DE 7'30, con su correspondiente homilóa.

5 octbr: Día de acción de gracias y petición

             La liturgia –en su proceso pedagógico- hace hoy una parada en el paso de los días de la lectura continuada. Hoy quiere ponernos ante una actitud reflexiva sobre la historia nuestra y colectiva: ha acabado ya la recogida de la cosecha.  El labrador ha de hacer balance de su año…  Cada creyente ha de hacer balance de ese curso anterior. Ha de caer en la cuenta de cuántas cosas se le han dado. Ha de ser persona agradecida a Dios, que le dio regalos y ayudas a través de ese período de un año. Para ello, para poder recapacitar y –consecuentemente agradecer- se dedica (al menos) un día al año. Y eso día es hoy. No sobraría que tomásemos un rato de hoy para recapacitar y ser conscientes de esos concretos beneficios que Dios nos hizo.
             Mas, consciente el creyente de su necesidad, al mismo tiempo que agradece, sigue el consejo repetido que nos dejó Jesús: Pedid y recibiréis; el que pide, recibe. Hasta aquí hemos tenido un cúmulo de gracias de Dios. ¡Más de las que nos creemos y de las que tenemos conciencia!  Pero bien sabemos que no podríamos continuar el camino sin esas ayudas permanentes de Dios. De ahí que la súplica a Dios, implorando sus favores, tenga que seguir…; que Jesús ha dicho con insistencia que pidamos auxilio a Dios. Porque todo el pide, recibe…; porque Dios dará cosas buenas a quienes le suplican.  El día, pues, tiene un marcado sentido de oración en esas palabras de Jesús. Oración en dos vertientes, y que hoy –menos centrados en nosotros, comenzamos agradeciendo. Luego, también pedimos, pues muy sabemos de nuestra debilidad e impotencia.
             La lectura 2ª nos lleva a una elevación de la mente: ya no es sólo que recibimos cosecha y bienes naturales y ayudas de muchas cases: es que Dios, por medio de Jesucristo, nos reconcilió con Él… [Dios reconcilia al mundo consigo, sin pedirle cuenta de los pecados], y nos encargó el servicio de reconciliar [reconciliarnos a nosotros mismos, que sabemos que hemos sido perdonados (y por tanto no lleva a nada dar vueltas sobre nuestro pasado), y la otra gran dimensión de la reconciliación que es dejarnos reconciliar (abandonarnos confiadamente en la acción misericordiosa de Dios, sin dejar lugar a la duda, porque Dios hace las cosas perfectas, y el día que nos perdonó, echó ya al vacío nuestra culpa). De Él viene nuestra salvación.  No nos toca a nosotros el escrupuloso barrido de las pelusas, como quien así se pone a cubierto de alguna “represalia divina”)

             Si fuéramos a la lectura que hubiera correspondido al sábado, nos cuenta San Lucas (10, 17…) que regresan ya los 72 discípulos enviados. Que vienen admirados de que hasta los demonios se les sometían al invocar el nombre de Jesús.  Y Jesús les hace la advertencia de que eso no es lo más grande, sino que sus nombres están inscritos en el cielo. Comprendo, expresa Jesús, vuestra admiración…; es lógico que lo que a vosotros os ha llamado la atención son los logros externos de vuestra acción y misión. Sin embargo lo que me llena de alegría y me hace volverme a Dios, Señor del Cielo y de la Tierra, es una acción de gracias porque estas maravillas las hace Dios a través de los sencillos, los humildes.  Así le ha parecido mejor.
             Y tras ese momento de exaltación de su alma, Jesús se vuelve a sus discípulos y les llama Dichosos los que ven lo que vosotros veis…, que no lo vieron muchos profetas. Y sin embargo vosotros lo veis y lo oís.
             Es la constante del Evangelio: las personas, cuanto más “racionales”, menos entienden el Evangelio. Quieren encontrar en él un código de conducta o unos razonamientos que expliquen sus dudas. Y se encuentran con Jesús, el Hijo del hombre, con una enseñanza de felicidad del que es persona humilde…, se entiende con los humildes y tiene preferencia por los humildes.

             Los sabios y entendidos, acostumbrados a medir, pesar, comprobar…, se pierden ante el Evangelio, al que se podrá entender cuanto menos pretendamos encasillarlo en modos humanos…, cuanto más alas recibamos del Espíritu, para poder sobrevolar los atractivos de lo tangible, y encontrar la altura soberana de quien está llevado por otro sistema de valores… Cuando lo importante ya no es el “YO” (aunque sea echando  demonios), sino recibir  -en su día y momento- la revelación de Dios…, y a Dios mismo revelado a nosotros en la PERSONA DE JESUCRISTO.