domingo, 11 de enero de 2015

11 enero: Fiesta del Bautismo de Jesús

EL BAUTISMO DE JESÚS
          Es una fiesta apasionante y misteriosa. Llevados por las lecturas del día, encontramos a Isaías en la 1ª lectura con el anuncio profético de ese siervo de Dios, su Elegido, que enviará al mundo en son de paz. En bella metáfora oriental nos lo describe como el que no tronchará la caña ya cascada, ni apagará el pabilo que titila (casi a punto de apagarse). Llegará tan en son de paz que vendrá a traer la justicia o misericordia de Dios, la que establece alianza con los pueblos, y que se simboliza en esas claves mesiánicas de darle la vista a los ciegos y libertar a los encarcelados. No se trata aquí de un enviado de Dios que va poniendo en práctica ese eslogan ácrata de “presos a la calle”. Si no algo mucho más profundo y que nos llega a todos los que vivimos presos de nuestro amor propio, nuestros orgullos y nuestras pasiones. Enviará Dios al Mesías que libere de esas mazmorras que nos mantienen en lo bajo de una vida demasiado aliada con principios mundanos.
          La 2ª lectura es una descripción histórica y teológica de San Pedro: De Galilea viene al Jordán Jesús de Nazaret, y viene al Jordán, donde Juan predicaba un bautismo Y ahí queda Jesús ungido de Dios con la fuerza del Espíritu, pasando por el mundo haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal.
          El Evangelio nos mete en el misterio, porque no deja de ser misterioso que Jesús venga al Jordán a un bautismo de penitencia, al que se acercaban las gentes para confesar sus pecados. En la fila de aquellos hombres se mete Jesús para ser bautizado, y ahí ocurre el momento clave en que Juan con una inspiración del Espíritu de Dios, se resiste a bautizar a Jesús, declarando que es el propio Juan quien ha de ser bautizado por Jesús y no al revés. Y aquí está el misterio que sobrepasa el hecho en sí: Jesús replica que lo bautice Juan porque así es necesario para realizar la justicia. La justicia es la justificación o perdón de todos los pecados de la humanidad. Aquí pongo yo mi imaginación para comprender el momento: Jesús ha llegado al Jordán y allí la voz de Dios le declara MESÍAS-HIJO PREDILECTO DE DIOS. En ese instante Jesús sabe que su misión es recoger sobre sus espaldas los pecados acumulados en el Jordán y los pecados de todos los tiempos. Y la JUSTICIA consiste en que Jesús se lleva ese terrible fardo a la cruz, y en ella deja clavado el saco de pecados de la humanidad. Ha sido JUSTO, porque ha establecido LA BONDAD, la santidad en el mundo, que ha quedado liberado de su peso. ¡Convenía realmente que Juan lo bautizara!
          En todas las homilías de hoy se hablará del BAUTISMO CRISTIANO. No es una mera atracción verbal de la palabra “bautismo”, pasando del de Juan al sacramental instituido por Cristo. Es que nuestro Bautismo nos sumerge en un nuevo Jordán, cuyas aguas son el propio Cristo y la fuerza del Espíritu Santo, y somos sacados limpios y JUSTOS por las palabras indicadas por Jesús: Consagrados [dedicados]  al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

          La EUCARISTÍA es el foco original de todo sacramento: es el propio Cristo, el del Jordán, el que se lleva los pecados a la cruz y redime. La Eucaristía es el paso nuestro personal de adhesión a esa obra liberadora de Cristo. Pero entonces no se concluye cuando acaba la celebración, sino que también nosotros hemos de hacer camino y –al salir del templo- todavía con Jesús viviendo en realmente en el alma, algo nuevo tienen que llevar nuestra palabras, nuestras actitudes, nuestras obras. Ha de reflejar la NUEVA JUSTICIA que se ha producido en nosotros.

sábado, 10 de enero de 2015

FELIZ 2015.- Boletín A.O. enero

10 enero: Más sobre Nazaret

NAZARET y 4
          La vida de la Sagrada Familia no se agota en unas meditaciones o contemplaciones de Nazaret. En realidad puede uno tomar cada detalle de su propia vida y mirarla desde el prisma de aquella casa y aquella familia tan llena de enseñanzas y de misterio. Lo mismo quien trabaja en su casa como quien lo hace en la calle; el que vive la labor de una oficina o del campo, el padre o la madre de familia, el joven o el adulto. [Una vez me decía una persona que lo único que no se puede enfocar desde Nazaret es la vejez. Y es verdad, aunque no plena, porque la vejez tiene muchos puntos de contacto con la vida de una familia de un pequeño pueblo y en un tiempo en que los 30 años ya habían sobrepasado las tres cuartas partes de la existencia. Y también José y María podían estar cercanos a los 50, que era entonces una ancianidad]. Sea como sea, hemos de acercarnos a Nazaret con el alma abierta y el silencio del corazón, y seguir cada movimiento, cada hecho, cada palabra, cada silencio… María, pasándose horas ella sola, cuando ya Jesús salía a trabajar. José y Jesús en horas de su trabajo que tantas y tantas veces estaría en puntos distintos. O hay una capacidad de intimidad profunda para encontrarse con el fondo del alma –y en definitiva con Dios- o se pasan las horas en mil pensamientos o en conversaciones fútiles que marca el que sea más dicharachero de la cuadrilla.
          Pero ¿y si en el trabajo codo con codo es Jesús quien expresa sus pensamientos? ¿Y si en su paseo con sus amigos o en sus ratos de espera en la Plaza es Jesús quien deja hablar a sus sentimientos? Lo que no cabe duda es que con Jesús no cabían pesimismos, lamentaciones, quejas o críticas. Con el arte y la gracia de alguien muy vivo y con el corazón muy limpio, Jesús pronto ponía la conversación a tono. Y quienes iban con Él sentían alivio, gozo, bienestar. El que estaba triste o el que acentuaba lo negro (¡ya tenemos un punto de interés para nosotros!) veía cómo se esfumaban sus vahos al contacto con la alegría y la luz que proyectaba Jesús. Y no digo ni pienso en Jesús sermoneando. El mayor arte es hacerlo con gracia, levantar el tono sin llevar la contraria, sin quitarle importancia a las penas del otro. Pero bien claro es que hay quienes parecen meter el dedo en el ojo ajeno o propio (para el caso da igual) y disfrutar con saltar el ojo. Los hay pájaros de mal agüero que siempre ven el punto negro y no saben ver el amplio cielo azul. Y los hay quienes en medio de una tormenta saben ver el rayito de sol que filtran las nubes. Y hasta descubrir un arco iris que pone color en medio de la lluvia.
          ¿Alguien imagina a Jesús o a María o a José de otra manera? ¿Alguien piensa en un lúgubre Nazaret con tres píos entristecidos? Creo que no se le ocurre a nadie. Luego “irse” a Nazaret en oración es un antídoto a esa negatividad y enfocar luz brillante que deja entrever una familia que tiene riqueza interior. Y no dependiendo de la edad, de las circunstancias, de los momentos altos o bajos. Ni todo son unas castañuelas, pero lo que no hay jamás es un abatimiento, porque en aquella familia hay un resorte fundamental que es el Dios presente que aletea en cada respiración de José, María y Jesús.

          Es otro punto digno de tomar en cuenta. ¡Porque donde está el Espíritu de Dios, todo tiene otro sentido, todo se llena de gozo interior y se refleja en el mismo devenir diario!

viernes, 9 de enero de 2015

ZENIT, 9 enero: Relajar no es sentir a Dios Padre

09 de enero de 2015 (Zenit.org) - Sólo el Espíritu Santo hace que el corazón sea dócil a Dios y a la libertad. Es lo que ha afirmado el papa Francisco en la misa de esta mañana en la capilla de la Casa Santa Marta. Los dolores de la vida, ha recordado el Santo Padre, pueden cerrar a una persona, mientras que el amor la libera.
Una sesión de yoga no podrá enseñar a un corazón a "sentir" la paternidad de Dios, ni un curso de espiritualidad zen lo hará más libre para amar. Este poder lo tiene sólo el Espíritu Santo. El Pontífice ha retomado el pasaje del día del Evangelio de Marcos --el siguiente al de la multiplicación de los panes, y en el que los discípulos se asustan al ver a Jesús caminando hacia ellos sobre el agua-- que termina con una consideración sobre el porqué de ese miedo: los Apóstoles no habían entendido el milagro de los panes, porque "su corazón se había endurecido".
Un corazón puede ser de piedra por muchas razones, ha proseguido el Papa. Por ejemplo, a causa de "experiencias dolorosas". Le pasa a los discípulos de Emaús, temerosos de ilusionarse "de nuevo". Le sucede a Tomás, que se niega a creer en la resurrección de Jesús. Y "otro de los motivos que endurecen el corazón --ha indicado Francisco-- es el cierre en sí mismo":
"Hacer un mundo en sí mismo, cerrado. En sí mismo, en su comunidad o en su parroquia, pero siempre cerrado. Y el cierre puede tener que ver con muchas cosas: pero pensemos en el orgullo, en la suficiencia, pensar que soy mejor que los demás, incluso en la vanidad, ¿no? Existen el hombre y la mujer-espejo, que se cierran en sí mismos para mirarse a sí mismos constantemente, ¿no? Pero, tienen el corazón duro, porque están cerrados, no están abiertos. Y tratan de defenderse con estos muros que hacen a su alrededor". 
También está el que se atrinchera detrás de la ley, aferrándose a la "letra" de lo que establecen los mandamientos. Aquí, ha señalado el Santo Padre, lo que endurece el corazón es un problema de "inseguridad". Y el que busca solidez en el texto de la ley está seguro --ha apuntado el Pontífice con un toque de ironía-- como "un hombre o una mujer en una celda de la prisión tras las rejas: es una seguridad sin libertad". Es decir, todo lo contrario, ha añadido, de lo "que Jesús ha venido a traernos", la libertad:
"El corazón, cuando se endurece, no es libre y si no es libre es porque no ama: así terminaba el apóstol Juan en la primera lectura. El perfecto amor echa fuera el temor: en el amor no hay temor, porque el temor supone un castigo, y el que teme no es perfecto en el amor. No es libre. Siempre tiene el temor de que suceda algo doloroso, triste, que me haga ir mal en la vida o arriesgar la salvación eterna... Pero tantas imaginaciones, porque no ama. Quien no ama no es libre. Y sus corazones se endurecieron, porque todavía no habían aprendido a amar".
Entonces, "¿quién nos enseña a amar? ¿Quién nos libera de esta dureza? ", se ha preguntado el Papa. "Sólo el Espíritu Santo", ha sido su respuesta:

"Puedes hacer mil cursos de catequesis, mil cursos de espiritualidad, mil cursos de yoga, zen, y todas estas cosas. Pero todo esto nunca será capaz de darte la libertad de hijo. Sólo el Espíritu Santo es el que mueve tu corazón para decir 'Padre'. ¿Sólo el Espíritu Santo es capaz de ahuyentar, para romper esta dureza de corazón y hacer un corazón... blando?... No sé, no me gusta la palabra... "Dócil". Dócil al Señor. Dócil a la libertad del amor".

9 enero: Nazaret 3

Datos diversos de Nazaret
          Ya he dicho que Nazaret es escuela donde aprender porque el silencio interno de sus protagonistas enriquece las diferentes facetas de la vida. El mismo hecho –humanamente inexplicable- de que los evangelios no os trasmitan nada –casi- de esos largos años. Es mucho más enriquecedor porque el Espíritu de Dios se ha reservado las anécdotas para que podamos dar rienda suelta a nuestra contemplación. Y contemplando a tan santa familia, encontrar puntos de enfoque y desarrollo de lo que fue una realidad modélica.
          Aquella familia judía ORABA. Sus oraciones-rezo “de regla” eran la matutina y la vespertina, con Salmos al efecto y cantos correspondientes, situados en la azotea y con la posición hacia Jerusalén, como quien quisiera adentrarse en la santidad misma del Templo, el núcleo religioso de Israel, donde estaban los símbolos sagrados de la presencia del Dios Yawhé. La interioridad, la concentración, el rezo sentido, el alma puesta en Dios, eran ya una buena oración que alimentaba.
          Pero había otras profundidades en el alma de aquella familia, que Jesús fue aprendiendo y le fueron entusiasmando: el recuerdo gozoso y admirado de los hechos de Dios en la historia del Pueblo santo, que eran pilares rocosos de la fe de Israel. Y allí donde había un alma fina, una capacidad interior de silencio y de ahondamiento, eran un alimento primordial de la oración. Y bien podemos pensar que Jesús se abismaba en ello cuando tenía un tiempo sereno para detenerse sobre tales intervenciones de Dios.
          Que iban con el al TRABAJO, porque quien tiene vida interior no separa la oración de las ocupaciones. Unas veces era el taller; otras la salida a la plaza, el trabajo en las viñas o en los tajos de los pudientes… Jesús se ensimismaba en sus pensamientos en cuanto le era posible. Jesús no dejaba de compartir conversaciones, interesarse por los temas de los compañeros de trabajo o de los parroquianos que acudían al taller. La rica vida interna de Jesús se abría hacia esos detalles humanos. Pero como todo no era hablar ni siempre se estaba en conversación, había tiempos para adentrarse en el propio interior, donde rezumaba su ansia de pensar en las cosas de Dios. Máxime cuando sentía Jesús un movimiento de alma muy especial que le hacía entrar en algo más íntimo de la obra y la Persona de Dios.
          Ratos para explayar esos sentimientos eran los gozosos ratos de FAMILIA, tan deseados y tan bien aprovechados, porque eran tres almas que caminaban y sentían en la misma dirección. Sentarse los tres a comer juntos –cuando era posible- era ya un regalo. O aprovechando ratos en los que los tres podían coincidir. Una familia con conciencia de familia, con delicadeza de familia, con cariño de familia. Y con ese enriquecimiento mutuo que suponía el alma blanca de los tres.

          Y no es que todo fluyera sin más. El mismo tema religioso ya tenía sus flecos variados. Al fin y al cabo José y María estaban viviendo dentro de una religiosidad que dominaban los fariseos, aunque había cosas que no llegaban a entender. Y Jesús se atrevía a ponerlas sobre la mesa y expresar aspectos que no llenaban su alma. No se discutía pero hubo momentos en que los padres trataron de corregir… Que Jesús sentía a Dios como PADRE y se dirigía a Dios como PADRE era algo extraño, llamativo, fuera del pensamiento de Israel. Y sin embargo Jesús razonaba, explicaba, se fundamentaba en hechos bíblicos. Y María había de guardar en su corazón, y José intuía que Jesús llevaba su razón. Pero no eran momentos fáciles en medio de una fe acendrada, en la que cumplir la ley a machamartillo resultaba lo propio de personas religiosas.

jueves, 8 de enero de 2015

ZENIT, día 8: El amor de Dios no es de telenovela

'El amor de Dios no es de telenovela'
El Santo Padre explica que a través del amor al prójimo llegamos a conocer a Dios. En su homilí­a de este jueves, afirma también que para el encuentro con el Señor no basta la razón
 08 de enero de 2015 (Zenit.org) - Dios nos precede siempre en el amor. Se trata de uno de los pasajes de la homilía del papa Francisco en la misa matutina, que ha celebrado este jueves en la capilla de la Casa Santa Marta con un grupo de fieles, la primera del año 2015. El Pontífice argentino ha subrayado que el amor cristiano está hecho de obras concretas, no de palabras. Y ha reafirmado que para conocer a Dios no basta el intelecto, es necesario el amor.
En estos días después de Navidad, ha señalado el Santo Padre, la palabra clave en la liturgia es "manifestación". Jesús se manifiesta: en la fiesta de la Epifanía, en el Bautismo y de nuevo en las Bodas de Caná. Pero, se ha preguntado el Papa, "¿cómo podemos conocer a Dios?". Es precisamente este, ha apuntado, el tema del que habla el apóstol Juan en la primera lectura, subrayando que para conocer a Dios nuestro "intelecto", "la razón" es "insuficiente". Dios, ha añadido, "se conoce totalmente en el encuentro con Él, y para el encuentro la razón no basta". Hace falta algo más:
"¡Dios es amor! Y sólo por el camino del amor puedes conocer a Dios. Amor razonable, acompañado de la razón. ¡Pero amor! '¿Pero cómo puedo amar lo que no conozco?'; 'Ama a los que tienes cerca'. Y esta es la doctrina de los dos mandamientos: El más importante es amar a Dios, porque Él es amor; Pero el segundo es amar al prójimo, pero para llegar al primero debemos subir los escalones del segundo: es decir, a través del amor al prójimo llegamos a conocer a Dios, que es amor. Sólo amando razonablemente, pero amando, podemos llegar a este amor".
Es por eso, ha exhortado, que debemos amarnos "los unos a los otros", porque "el amor es de Dios" y "quien ama ha sido engendrado por Dios". Y también, ha proseguido, para conocer a Dios hay que amar:

"El que ama conoce a Dios; el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. Pero no amor de telenovela. ¡No, no! Amor sólido, fuerte; amor eterno, amor que se manifiesta --la palabra de estos días, manifestación-- en su Hijo, que ha venido para salvarnos. Amor concreto; amor de obras y no de palabras. Para conocer a Dios hace falta toda una vida; un camino, un camino de amor, de conocimiento, de amor al prójimo, de amor a los que nos odian, de amor por todos".
Francisco ha observado así que no hemos sido nosotros en dar el amor a Dios, sino que ha sido "Él quien nos ha amado y nos ha mandado a su Hijo como víctima de expiación por nuestros pecados". En la persona de Jesús, ha sido su reflexión, "podemos contemplar el amor de Dios" y siguiendo su ejemplo "llegamos --escalón a escalón-- al amor de Dios, al conocimiento de Dios que es amor". Recordando después al profeta Jeremías, el Pontífice ha afirmado que el amor de Dios nos "precede", nos ama antes incluso de que lo busquemos. El amor de Dios, ha destacado, es como "la flor del almendro", que es "la primera que florece en primavera". El Señor "nos ama primero", "siempre tendremos esta sorpresa". Y ha observado que "cuando nos acercamos a Dios a través de las obras de caridad, la oración, la Comunión, la Palabra de Dios", "encontramos que Él está allí, el primero, esperándonos, así nos ama".
El Papa ha recordado después el Evangelio de hoy, que narra la multiplicación de los panes y los peces por parte de Jesús. El Señor, ha indicado, "tuvo compasión" de la cantidad de gente que había ido a escucharlo, porque "eran ovejas sin pastor, desorientadas". Y ha asegurado que también hoy mucha gente está "desorientada" en "nuestras ciudades, en nuestros países". Por eso, Jesús les enseña la doctrina y la gente le escucha. Cuando luego se hace tarde y pide que les den de comer, sin embargo, los discípulos responden "un poco nerviosos". Una vez más, ha comentado el Santo Padre, Dios ha llegado "primero, los discípulos no habían entendido nada":

"Así es el amor de Dios: siempre nos espera, siempre nos sorprende. Es el Padre, es nuestro Padre que nos ama tanto, que siempre está dispuesto a perdonarnos. ¡Siempre! No una vez, 70 veces 7. ¡Siempre! Como un padre lleno de amor y para conocer a este Dios que es amor debemos subir por el escalón del amor al prójimo, por las obras de caridad, por las obras de misericordia, que el Señor nos ha enseñado. Que el Señor, en estos días en que la Iglesia nos hace pensar en la manifestación de Dios, nos dé la gracia de conocerle  por el camino del amor".

8 enero: Jesús de Nazaret

Personaje central: JESÚS
          Evidente es que el personaje central y medular de Nazaret es JESÚS. Tomando ya a Jesús en su juventud y adultez, yo me centraría en un aspecto que especialmente me atrae de esos largos años de Nazaret: lo que solemos describir como VIDA OCULTA, y que yo señalaría como la expresión más clara del SILENCIO DE JESÚS. Lo “oculto” de Nazaret, a mi modo de mirar esa larga etapa de Jesús, no es el hecho en sí de no salir a la vida pública, sino el de llenar una vida, una larga trayectoria de su vida, con un misterioso y rico silencio.
          Tampoco quiero decir que Jesús era un solitario y un osco personaje que no se relacionaba y como si viviera ensimismado. Nada de eso. Precisamente lo considero un temperamento jovial, alegre, dado a los demás, que atraía por su trato y su apertura, su viveza y su saber hacer familia y vivir en familia, en amistad, en comunicación. Pero yo entiendo todo eso desde una riqueza profunda interior que suponía un silencio hondo, como manantial de todo lo demás.
          Un joven que se lo rifaban los paisanos de su edad porque Jesús siempre tenía algo que contar que les llenaba el alma. Un adulto responsable de su trabajo y su compañerismo. Un amigo de sus amigos. Un hijo modélico en la relación con sus padres. Un trabajador honrado y atento, que entregaba o hacía sus encargos con una minuciosidad llamativa, de manera que quedaban las cosas perfectas.
          Pero ¿de dónde salía todo eso? ¡De su riqueza interior y su mundo interior, profundísimo, ahí donde su alma conectaba con lo más vivo de su fe y de su trato con Dios. Ahí donde se fraguaba toda su razón de ser, todo lo monótono cotidiano convertido en vida, todo lo adverso transformado en útil y todo lo gozoso en acción de gracias. Su SILENCIO no tenía que ser de no hablar (aunque no pienso en un Jesús hablador que tenga que contarlo todo), pero detrás de sus palabras había siempre una mirada positiva, un consuelo para el que sufre, una alegría para quienes se le juntaban, una flecha de fe que siempre iba hacia Dios y así lo comunicaba –sin predicar- y así lo contagiaba como salido por sus poros.
          Un silencio convertido en PALABRA, y no porque hubiera de estar hablando sino porque hablaba su silencio. Es la manifestación de una vida interior honda, que hace posible que Jesús nunca suene a hueco, nunca deje caer una palabra vacía o un silencio absurdo. Esa es la manifestación a voces de su VIDA OCULTA, que no puede quedarse oculta para las alamas espirituales, que nunca podrán pasar de largo por Nazaret, aunque los evangelios nos digan tan poco –prácticamente nada- de aquellos casi 30 años.

          Cuando José murió [ver Comentario], Jesús quedó con María, dos almas de vida interior que no hablaban por hablar y matar el tiempo, sino que conversaban sumergiéndose en los misterios de Dios. Porque no dejaba de ser misterio, y hondo para los paisanos de Nazaret), que un varón judío permaneciera en su casa paterna sin tomar estado, en una cultura donde el hombre salía cuanto antes de su casa para llenar su aljaba de flechas, su nuevo hogar de hijos. Y María sabía que no sería así, pero conversaban los dos sobre el momento de Dios… ¡Estaba María tan acostumbrada a saber esperar…! ¡Qué finales del día tan inmensos, en conversaciones tan profundas, en corazones admirados de la grandeza misteriosa del Dios de Israel!

ZENIT, día 7:- Catequesis sobre LA FAMILIA

07 de enero de 2015 (Zenit.org) - «Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En estos días la liturgia de la Iglesia ha puesto delante de nuestros ojos la imagen de la Virgen María Madre de Dios. El primer día del año es la fiesta de la Madre de Dios, a la cual sigue la de la epifanía, con el recuerdo de la visita de los Reyes Magos. Escribe el evangelista Mateo: “Cuando entraron en la casa vieron el niño con María su madre, se postraron y lo adoraron”. Es la Madre que después de haberlo generado, presenta el Hijo al mundo. Ella nos da a Jesús, ella nos muestra a Jesús, ella nos hace ver a Jesús.
Continuamos con las catequesis sobre la familia. En la familia está la madre. Cada persona humana debe su vida a una madre, y casi siempre le debe mucho de su existencia sucesiva, de su formación humana y espiritual. La madre entretanto, si bien es muy alabada desde el punto de vista simbólico, tantas poesías, tantas cosas bellas que se dicen de la madre..., es poco ayudada en la vida cotidiana, poco considerada en su rol central en la sociedad. Más aún, muchas veces se aprovecha de la disponibilidad que tienen las madres de sacrificarse por los hijos, para 'ahorrar' en el gasto social.
Sucede también en la comunidad cristiana que la madre no siempre sea tenida en la debida consideración, que sea poco escuchada. Si bien en el centro de la vida de la Iglesia está la madre de Jesús. Quizás las madres, prontas a tantos sacrificios por los propios hijos, y no raramente también por los de otros, deberían ser más escuchadas.
Sería necesario entender más su lucha cotidiana para ser eficientes en el trabajo, y atentas y cariñosas en la familia; habría que entender mejor a aspiran para expresar los frutos mejores y auténticos de su emancipación. Una madre con los hijos tiene siempre trabajo, problemas. Me acuerdo en mi casa que eramos cinco, y mientras uno combinaba una, el otro preparaba otra, y la pobre mamá iba de un lado al otro, pero era feliz. Dio tanto.
Las madres son el antídoto más fuerte a la expansión del individualismo egoista. 'Individuo', quiere decir que no se puede dividir. Las madres en cambio se dividen desde el momento en el que aceptan un hijo para darlo al mundo y hacerlo crecer. Son ellas, las madres, quienes más odian las guerras que asesinan a sus hijos. Tantas veces he pensado en aquellas mamás cuando recibieron la carta que dice que su hijo cayó en defensa de la patria. Pobres mujeres, como sufre una madre.
Son ellas quienes dan testimonio de la belleza de la vida. El arzobispo Oscar Arnulfo Romero, decía que las mamás viven un 'martirio materno'. En una homilía cuando un sacerdote fue asesinado por los escuadrones de la muerte, él dijo, haciendo eco al Concilio Vaticano II:
“Todos debemos estar dispuestos a morir por nuestra fe, mismo si el Señor no nos concede este honor... Dar la vida no significa solamente ser asesinados; dar la vida, tener espíritu de martirio es dar en el propio deber, en el silencio, en la oración, en el cumplimiento honesto del deber; en aquel silencio de la vida cotidiana; dar la vida poco a poco. Sí, como la da una madre que sin temor y con la simplicidad del martirio materno, concibe en su vientre a un hijo, lo da a la luz, lo amamanta, lo hace crecer y lo atiende con afecto. Es dar la vida. Y estas son las madres. Es martirio”.
Sí, ser madre no significa solamente traer un hijo al mundo, pero es también tomar una decisión de vida, la decisión de dar la vida. ¿Qué elige una madre, cuál es la elección de vida de una madre?, la elección de vida de una madre es dar la vida, y esto es grande, es bello.
Una sociedad sin madres sería una sociedad inhumana, porque las madres saben siempre dar testimonio, mismo en los peores momentos, con ternura, dedicación y fuerza moral.
Las madres transmiten muchas veces también el sentido más profundo de la práctica religiosa: en las primeras oraciones, en los primeros gestos de devoción que un niño aprende, está escrio el valor de la fe en la vida de un ser humano. Es un mensaje que las madres creyentes saben transmitir sin tantas explicaciones: estas llegarán después, pero la semilla de la fe está en aquellos primeros y preciosísimos instantes.
Sin las madres, no solamente no habrían nuevos fieles, pero la fe perdería buena parte de su calor simple y profundo. Y la Iglesia es madre, con todo esto, es nuestra madre. Nosotros no somos huérfanos, tenemos madre: la Virgen, la Iglesia y nuestra madre. Somos hijos de la Iglesia, somos hijo de la Virgen y somos hijos de nuestras madres.

Queridas mamás, gracias, gracias por lo que son en las familias y por lo que dan a la Iglesia y al mundo. Y a ti amada Iglesia gracias, gracias por ser madre; y a tí María madre de Dios, gracias por hacernos ver a Jesús. Y a todas las mamás aquí presentes les saludamos con un aplauso».

miércoles, 7 de enero de 2015

7 enero: Un vistazo a Nazaret

Lo que siguió…
          No puedo menos que dedicar una reflexión a NAZARET, que ocupa la mayor parte de la vida de Jesús. Tenemos recién pasada la manifestación al mundo, en la fe, de ese Niño recién nacido. Pero lo que el tal “mundo” vio con los ojos de su cara se desarrolló en una muy larga estancia de la Sagrada Familia en Nazaret. Y ahí que quiero ir con mis lectores y orantes en esta mañana del día 7.
          Cuando aquella familia regresó a Nazaret tras su ausencia, hubo parabienes de aquellos convecinos. No sólo porque habían regresado a su casa sino porque venían ya con el niño. Habían dejado a María encinta, y ahora recuperan ya la familia completa, y deseándoles muchos hijos como el bien más valorado en Israel. Máxime cuando habían comenzado aquella familia con un varón, que era la gloria de un matrimonio.
          ¿Qué veían los nazaretanos en aquella familia? Nada especial a simple vista. Un matrimonio joven que ha comenzado a traer hijos al mundo. Más allá, nada especial, salvo la finura que exhalaba aquella familia.
          Si era el padre de familia, un hombre leal, trabajador, fiel, fino en su trabajo, responsable, amante de su hogar, buen esposo y buen padre. Buen vecino, buen paisano y compañero, hombre que compaginaba sus tareas con la vida de su hogar y las relaciones sociales. Del misterio que encerraba, naturalmente no barruntaban nada. Era un padre modélico, embobado con su hijo y su hijo con él. Un esposo especial que –distinto de la tónica general- colocaba a su esposa en plano primero, sin que eso supusiera que era menos que los otros. José ayudaba a su esposa, le quitaba cargas, no la tenía como en un segundo plano. Eso podría ser un modo habitual de comportamiento patriarcal de la época, pero en aquella familia bien podía decirse que estaban en el mismo plano los dos esposos.
          María, otra persona sencilla, la esposa de José, la madre de aquel niño. La madre de familia hacendosa, que siempre tenía sus cosas a su tiempo y en orden. La vecina con la que gustaba echar el rato. La persona que no dejaba que en corrillo estuviera ella haciendo comentarios que pudieran ser desagradables. María sólo tenía ojos para ver lo bueno, para alabar, para reconocer cualidades de otras personas. Siempre disponible a servir, a ayudar, a ir a la casa de alguien que podía necesitarla. Limpia de corazón como nadie, de manera que llamaba la atención. Pero qué había detrás, nadie lo sabía, nadie barruntaba ni podía sospechar… La realidad es que era una madre que había llegado a la maternidad por una acción divina y misteriosa. Pero José servía de velo que ocultaba el misterio, y nadie sospechaba que aquella familia era tan distinta de las otras familias. ¿Y que tenía una distinción, nadie lo dudaba! Pero era otra forma más honda la que distinguía a los tres.

          Porque allí estaba aquel Niño que constituía la admiración y el encanto de todo el vecindario. En su edad, Jesús tenía “un ángel” especial. Y conforme iba creciendo, más. Despierto, vivaracho, alegre, sencillo, un niño como oytros niños pero con unos especiales sentimientos. Era igual que los otros, pero no tan igual. Y sin embargo estaba entre los demás y jugaba y reía y hacía sus travesuras como todos los niños, salvo que siempre eran de buena índole. Jesús fue yendo a la Escuela y el rabino se sentía a gusto con él. Y los niños, siendo niños, se hacían mejores cuando Jesús estaba con ellos. Jesús era un niño como los oytros niños…, ¡y sin embargo encerraba a Dios en su mundo interior!

ZENIT, día 6: ¿DÓNDE ESTÁ LA ESTRELLA?

Texto completo de la homilía del Santo Padre en la misa de la epifanía. Encontrar a Jesús en los más pequeños, en los que sufren explotación, torturas, trata o tráfico de armas
06 de enero de 2015 (Zenit.org) - En la solemnidad de la Epifanía, la fiesta de Reyes, el papa Francisco ha presidido la santa misa en la basílica de San Pedro, en el Vaticano, concelebrada con cardenales, obispos y sacerdotes, todos con paramentos color crema y dorado, y acompañada por el coro polifónico de la Capilla Sixtina.
En la homilía el Santo Padre recordó como los Reyes Magos son símbolo de las personas que buscan a Dios. Ellos no le encontraron en el palació real y no se dejaron engañar por la apariencia de fragilidad del Niño. Y guiados por el Espíritu, reconocen que Dios no se manifiesta en la potencia de este mundo, sino que nos habla en la humildad de su amor. Y el Papa interrogó: ¿Cuál es el misterio en el que Dios se esconde? ¿Dónde puedo encontrarlo? "Vemos a nuestro alrededor guerras, explotación de los niños, torturas, tráfico de armas, trata de personas... Jesús está en todas estas realidades, en todos estos hermanos y hermanas más pequeños que sufren tales situaciones", dijo. E invitó a "vivir el mismo camino de conversión que vivieron los Magos, y a rechazar las tentaciones que oscurecen la estrella".
A continuación, el texto completo de la homilía del Papa. 
"Ese Niño, nacido de la Virgen María en Belén, vino no sólo para el pueblo de Israel, representado en los pastores de Belén, sino también para toda la humanidad, representada hoy por los Magos de Oriente. Y precisamente hoy, la Iglesia nos invita a meditar y a rezar sobre los Magos y su camino en busca del Mesías.
Estos Magos que vienen de Oriente son los primeros de esa gran procesión de la que habla el profeta Isaías en la primera lectura (cf. 60,1-6). Una procesión que desde entonces no se ha interrumpido jamás, y que en todas las épocas reconoce el mensaje de la estrella y encuentra el Niño que nos muestra la ternura de Dios. Siempre hay nuevas personas que son iluminadas por la luz de su estrella, que encuentran el camino y llegan hasta él.
Según la tradición, los Magos eran hombres sabios, estudiosos de los astros, escrutadores del cielo, en un contexto cultural y de creencias que atribuía a las estrellas un significado y un influjo sobre las vicisitudes humanas. Los Magos representan a los hombres y a las mujeres en busca de Dios en las religiones y filosofías del mundo entero, una búsqueda que no acaba nunca.
Los Magos nos indican el camino que debemos recorrer en nuestra vida. Ellos buscaban la Luz verdadera: «Lumen requirunt lumine», dice un himno litúrgico de la Epifanía, refiriéndose precisamente a la experiencia de los Magos; siguiendo una luz ellos buscan la luz. Iban en busca de Dios. Cuando vieron el signo de la estrella, lo interpretaron y se pusieron en camino, hicieron un largo viaje.
El Espíritu Santo es el que los llamó e impulsó a ponerse en camino, y en este camino tendrá lugar también su encuentro personal con el Dios verdadero.
En su camino, los Magos encuentran muchas dificultades. Cuando llegan a Jerusalén ellos van al palacio del rey, porque consideran algo natural que el nuevo rey hubiera nacido en el palacio real. Allí pierden de vista la estrella, cuantas veces se pierde la vista de la estrella, y se encuentran una tentación, puesta ahí por el diablo, es el engaño de Herodes. El rey Herodes muestra interés por el niño, pero no para adorarlo, sino par eliminarlo.
Herodes es un hombre de poder, que sólo consigue ver en el otro a un rival. Y en el fondo, también considera a Dios como un rival, más aún, como el rival más peligroso. En el palacio de Herodes los Magos atraviesan un momento de oscuridad, de desolación, que consiguen superar gracias a la moción del Espíritu Santo, que les habla mediante las profecías de la Sagrada Escritura. Éstas indican que el Mesías nacerá en Belén, la ciudad de David.
En este momento, retoman el camino y vuelven a ver la estrella. El evangelista apunta que experimentaron una «inmensa alegría» (Mt 2,10), una verdadera consolación. Llegados a Belén, encontraron «al niño con María, su madre» (Mt 2,11).
Después de lo ocurrido en Jerusalén, ésta será para ellos la segunda gran tentación: rechazar esta pequeñez. Y sin embargo: «cayendo de rodillas lo adoraron», ofreciéndole sus dones preciosos y simbólicos. La gracia del Espíritu Santo es la que siempre los ayuda. Esta gracia que, mediante la estrella, los había llamado y guiado por el camino, ahora los introduce en el misterio. Esa misma estrella que les ha acompañado en el camino les hace entrar en el misterio. 
Guiados por el Espíritu, reconocen que los criterios de Dios son muy distintos a los de los hombres, que Dios no se manifiesta en la potencia de este mundo, sino que nos habla en la humildad de su amor. El amor de Dios es grande, sí; el amor del Dios es potente, sí; pero el amor de Dios es humilde, tan humilde. De ese modo, los Magos son modelos de conversión a la verdadera fe porque han dado más crédito a la bondad de Dios que al aparente esplendor del poder.
Y ahora nos preguntamos: ¿Cuál es el misterio en el que Dios se esconde? ¿Dónde puedo encontrarlo? Vemos a nuestro alrededor guerras, explotación de los niños, torturas, tráfico de armas, trata de personas... Jesús está en todas estas realidades, en todos estos hermanos y hermanas más pequeños que sufren tales situaciones (cf. Mt 25, 40.45). El pesebre nos presenta un camino distinto al que anhela la mentalidad mundana. Es el camino del anonadamiento de Dios, de su gloria escondida en el pesebre de Belén, en la cruz del Calvario, en el hermano y en la hermana que sufren.

Los Magos han entrado en el misterio. Han pasado de los cálculos humanos al misterio, y éste es el camino de su conversión. ¿Y la nuestra? Pidamos al Señor que nos conceda vivir el mismo camino de conversión que vivieron los Magos. Que nos defienda y nos libre de las tentaciones que oscurecen la estrella. Que tengamos siempre la inquietud de preguntarnos, ¿dónde está la estrella?, cuando, en medio de los engaños mundanos, la hayamos perdido de vista. Que aprendamos a conocer siempre de nuevo el misterio de Dios, que no nos escandalicemos de la “señal”, de la indicación: «un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12), y que tengamos la humildad de pedir a la Madre, a nuestra Madre, que nos lo muestre. Que encontremos el valor de liberarnos de nuestras ilusiones, de nuestras presunciones, de nuestras “luces”, y que busquemos este valor en la humildad de la fe y así encontremos la Luz, Lumen, como han hecho los santos Magos. Amén". 

martes, 6 de enero de 2015

6 enero: LOS MAGOS

LOS MAGOS
[Artículo mío publicado en “DIÓCESIS” (Málaga) en enero 2014]

Reconozco que el estudio que hace Benedicto XVI en su libro “La infancia de Jesús” deja pequeño cualquier intento de comentario. Porque es impresionante la amplitud de datos bíblicos, teológicos, exegéticos y científicos que aporta, dejando así campo abierto a una posible realidad del relato de San Mateo.
Es lógico que yo no entró en dialéctica con esa riqueza de datos que él aporta. Aunque esté mal usada la expresión, yo diré que “humanizo” y me quedo a ese nivel de lo diario, del que lee el Evangelio de San Mateo (c. 2) e intenta buscar lo que el evangelista dijo y lo que quiso decir con ello. Por lo pronto, es necesario partir de un hecho cierto: los evangelistas son catequistas; no historiadores. Lo de menos es “el suceso”. Lo importante es a dónde quieren llevar su narración, supuesto los destinatarios de su escrito. Y Mateo se dirigía a los hebreos, ese pueblo de Dios que se sintió tan privilegiado que pretendió hacerse dueño de “la verdad”.
El evangelista, desde el principio les quiere dejar claro que también los gentiles (paganos, no judíos) son igualmente beneficiarios de la salvación de Jesús. Jesús se ha manifestado a su pueblo sencillo -los pastores- con ángeles, porque ellos sabían de los ángeles. Se manifiesta a los paganos con una estrella porque era una forma que a ellos les podía llamar la atención.
Isaías había profetizado (c. 60): “levanta la vista en torno…: todos bien hacia ti… y volcarán sobre ti las riquezas de los pueblos…  Te inundará una multitud de camellos y dromedarios de Madián y de Efá… Vienen de Sabá trayendo oro e incienso” Y el salmo 71: los reyes de Sabá y Arabia le ofrecen sus dones.
Ya tenía, pues, Mateo el entramado. Lo demás podría presentarlo como llamativa parábola para que los judíos comprendieran que “estaba escrito” que “también a los gentiles les había nacido el Salvador”.
El relato, pues, se dramatiza con la visión de unos magos “orientales” (astrólogos o astrónomos) de una especial estrella que -cosa de admirar siendo ellos paganos, extranjeros, y ajenos a la fe de Israel-, la traducen por “su estrella” (la del recién nacido rey de los judíos”). No puede pasarse por alto la expresión original: “Vimos su estrella en el oriente”. ¿En tierras orientales o “en el Oriente”, ese lugar en donde nace la luz y nos conduce el pensamiento al mismo Dios?: “el sol que nace en el oriente para iluminar a los que yacen en tinieblas y en sombra de muerte”.  Y tanto les subyuga esa idea que -sin más-, organizan toda una expedición con multitud de camellos y dromedarios desde Sabá y Arabia, con dones de oro e incienso (bien que nos suena todo eso de lo que dijo Isaías o el salmista…, y así Mateo lo hacía revertir sobre aquellos judíos a quienes se dirigía). Los magos llegarían así a tierras de Israel para prestar veneración al recién nacido rey. La estrella, muy peculiar, no está tan arriba que se confunda con otras…: “va delante de ellos”…, pero al llegar a Jerusalén se eclipsa y los deja solos, a su aventura. En Jerusalén, el rey nada sabe, la gente se turba, el rey investiga…, y por fin los encamina a Belén. Ya debió provocarles dudas y sospechas todo eso a los magos, la verdad es que era para dudar si habrían sido unos visionarios). ¿Qué hacer ahora? Ya que han llegado hasta aquí, y pese a las incertidumbres, lo sensato es hacer la última etapa.
Y he aquí que la estrella reaparece y “va delante de ellos”. Más que estrella se antoja un globo brillante que les lleva casi de la mano; “y se detiene encima de la casa donde estaba el niño”. Realmente es como un cuento de hadas, pensarían los mismos magos.
La caravana se detiene allí ante los admirados ojos de las gentes de Belén. Bajan de sus camellos los señores, y unos esclavos les acompañan con unos cofres en las manos: oro, incienso y mirra (de ahí que ahora los magos sean tres, cada uno con su presente). Y ante aquella familia pobre -y para los vecinos, familia que acaba de llegar, con un niño recién nacido-, aquellos ricos señores caen de rodillas y adoran.
Verdaderamente San Mateo se nos ha manifestado un experto narrador que nos gana la atención y nos mete en la aventura. Exactamente fue lo que hizo con sus oyentes judíos para que “vieran” que los gentiles estarían en el Reino de Dios. La Iglesia lo celebra como la Epifanía (manifestación de Dios) a los pueblos paganos: Jesús ha nacido para todos y es Salvador de todos.

Me he atrevido a narrarlo así porque el Papa nos está enseñando con datos que vienen de antiguo (Santo Tomás o San Agustín), que la apertura hacia una comprensión más actualizada de la enseñanza de la Iglesia -sin disminuir el valor del Evangelio- ayudará a acompañar etapas posibles de crecimiento de las personas.

lunes, 5 de enero de 2015

5 enero; ILUSIONES

NOCHE DE ILUSIÓN
                Dice la Biblia que un día se asomó Dios a las ventanas del Cielo y vio que todo el mundo era malo y que todos sus pensamientos iban al mal. Y Dios se hizo presente en forma de lluvia purificadora que devolviera la paz a la tierra en la persona de Noé. La paloma de la paz surgió al cabo de cuarenta días.
                Pero el mundo fue llenándose nuevamente de lodo moral, de guerras y bajezas. Y nuevamente Dios se asomó y se hizo presente en forma de Estrella fulgurante que anunciaba PAZ EN LA TIERRA, y condujo a Belén la magia de unos hombres paganos que se habían quedado gozosamente deslumbrados por esa Estrella, que más que estrella era un SOL DE BONDAD Y PAZ.
                La tradición convirtió aquella magia en tres “Reyes Magos” que supieron mirar al ORIENTE (lugar de origen de LA LUZ) y descubrieron que una nueva realidad era posible en la Tierra. Y se lanzaron a ser  creadores de ilusiones. Y hoy vendrán a mi balcón y me querrán dejar, hechas realidad, las ilusiones que alberga mi alma. ¡Lástima que vienen a media noche, mientras sueño, y que esas realidades seguirán siendo ilusiones! Pero no por eso voy a despreciarlas.
                La primera ilusión es que APAREZCA LA ESTRELLA nuevamente, y que el mundo la vea y se deje conducir. Que el mundo VEA LA ESTRELLA, que es la única manera de que aparezca un diluvio de PAZ. Una paz en la que los hombres rompan esa arma mortífera de su egoísmo, esas mafias demoníacas que juegan sin conciencia con la vida de las personas, esos estamentos políticos, sindicales y patronales corruptos y abusivos, esa carencia de solidaridad y el exceso de competitividad con el que se ha encerrado la vida de muchos hasta el punto de crear un entramado de egoísmos brutales que desconocen, ignoran y desprecian la situación de sus iguales…
                Ilusiono que “los Reyes Magos” entren por el balcón de las familias y las estructure como familia y no como individuos aislados en su mundo, su capricho, su trabajo, su washaph (¿?)…, ignorándose unos a otros y jugando como críos infantilizados a ponerse mensajitos mientras son incapaces de establecer una conversación y entenderse. Sueño con unos hogares que sean verdaderos hogares en los que se sobrepone el cariño por el otro, la atención al otro, el interés por las cosas del otro. “Hogar” que calienta tan apaciblemente que gusta estarse juntos y disfrutarse y vivir una confianza de familia.
                Pido en mi carta a los Reyes Magos unas generaciones (desde 50 para abajo hasta jóvenes y niños) que sepan descubrir LA ESTRELLA y se dejen iluminar por su luz…; que reconozcan que hay una LUZ más allá de sus alicortas miradas, y que el día que se descubre hay una nueva visión de la vida que trae ilusiones desconocidas para quien vivió cegado por las gafas negras de la materialidad como única fuente de satisfacciones.
                Los Reyes Magos, que son sabios, suplirán las muchas carencias y olvidos, y pondrán en los zapatos del alma de tantos y tantas un Espíritu nuevo que pueda hacer nuevas todas las cosas. A los creyentes de verdad para que ahonden y busquen en el pozo sin fondo de ese Espíritu. A los creyentes-no practicantes la sinceridad que les descubra que en la vida del alma cabe el blanco y el negro…, y –a veces- hasta el gris. Pero el color sin color no existe. A los no creyentes, que la Estrella les envíe sus destellos, vaya delante y los encamine hacia Belén y se detenga sobre la casa en la que está JESÚS. A cada cual les supla y nos supla tantas cosas…
                A los Sacerdotes y Consagrados nos haga más testigos del hecho sublime de Belén, donde el amor es patente, la comprensión abarca todas las circunstancias, y son recibidos con admiración y agradecimiento pastores y magos. Que la vida del espíritu esté sobre toda otra ocupación y preocupación. Que el Evangelio esté sobre toda norma y que haya una nueva evangelización que todo lo envuelva en LUCES VENIDAS DEL ORIENTE.
                Ilusión de una Iglesia que se postra ante el pesebre, que vive las bienaventuranzas, que se encarama al Calvario y que reaparece gloriosa e intacta, movida por el Espíritu.
                Y que sigan supliendo Sus Majestades –o quizás acierte mejor diciendo “SU DIVINA MAJESTAD”- tantísimas cosas que se han esfumado de la vida y no se han suplido por otras, siquiera iguales o mejores… Que se supere esta etapa de ídolos e ideologías que han ido eliminando el verdadero valor de un Dios inmanipulable y lo han sustituido por muñequitos del deporte, de la música, de las mascotas, de la era digital, de las consolas y de los héroes de ficción (aunque tengan nombres propios de salvamundos).

                Noche de ilusiones de esos niños que esperan sus regalos, y que seguramente no saben advertir que detrás de esos papeles de regalo no les han puesto los “representantes” de “los Reyes” el verdadero valor que no necesita colores de celofán sino unos padres y unos educadores que les pongan en las manos LA ESTRELLA DE BELÉN, a Jesús Salvador y creador de las mejores ilusiones y realidades que hubieran podido soñar.

domingo, 4 de enero de 2015

ZENIT 4 enero: No hay futuro sin propósitos

¡No hay futuro sin propósitos y proyectos de paz!
Texto completo. 'El corazón del hombre puede rechazar la luz y preferir las tinieblas, porque la luz pone al descubierto sus obras malvadas. Quien hace el mal odia la luz, quien hace el mal odia la paz'
 04 de enero de 2015 (Zenit.org) - El santo padre Francisco, este primer domingo del año, rezó el ángelus desde la ventana de su estudio que da hacia una repleta plaza de San Pedro, donde miles de peregrinos le aguardaban. Antes de la oración dirigió las siguientes palabras:
“Queridos hermanos y hermanas, buenos días.
¡Que lindo domingo nos regala el nuevo año!, ¡que lindo día!
Dice san Juan en el evangelio que hemos leído hoy: 'En él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. Venía al mundo la luz verdadera, la que ilumina a cada hombre'.
Los hombres hablan mucho de la luz, pero con frecuencia prefieren la tranquilidad engañosa de la oscuridad. Nosotros hablamos tanto de la paz pero con frecuencia recurrimos a la guerra, o elegimos el silencio cómplice o no hacemos nada de concreto para construir la paz. De hecho dice San Juan, 'Vino entre los suyos y los suyos no lo han acogido'. Porque el juicio es éste: la luz, Jesús, vino al mundo pero los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malvadas. Quien hace el mal odia la luz y no viene hacia la luz para que no sean descubiertas su obras. Así lo dice en el evangelio san Juan: el corazón del hombre puede rechazar la luz y preferir las tinieblas, porque la luz pone al descubierto sus obras malvadas. Quien hace el mal odia la luz, quien hace el mal odia la paz.
Hemos iniciado hace pocos días el nuevo año en el nombre de la Madre de Dios, celebrando la Jornada Mundial de la Paz sobre el tema “Nunca más esclavos, sino hermanos”.
Mi deseo es que se acabe la explotación del hombre por parte del hombre. Esta explotación es una herida social que mortifica las relaciones interpersonales e impide una vida de comunión que busca el respeto, la justicia y la caridad. Cada hombre y cada pueblo tienen hambre y sed de paz, cada hombre y cada pueblo tienen hambre y sed de paz. Por lo tanto es necesario y urgente construir la paz. Seguramente la paz no es solamente ausencia de guerra, pero una condición general en la cual la persona humana está en armonía con si misma, con la naturaleza y con los otros. Esta es la paz.
Entretanto para hacer callar las armas y apagar los focos de guerra es una condición inevitable dar inicio a un camino destinado a alcanzar la paz en sus diferentes aspectos.
Pienso en los conflictos que ensangrientan aún demasiadas regiones del planeta, en las tensiones en las familias y en las comunidades. En cuantas familias y en cuantas comunidades parroquiales hay guerra. Como en las divergencias existentes en nuestras ciudades y en nuestros países entre grupos de diverso origen cultural, étnico y religioso.
Tenemos que convencernos, a pesar de las apariencias contrarias, que la concordia siempre es posible, en todo nivel y en cada situación. ¡No hay futuro sin propósitos y proyectos de paz! ¡No hay futuro sin la paz!
Dios en el antiguo testamento hace una promesa, e Isaías dice: “Romperán sus espadas y harán arados, con sus lanzas harán hoces; una nación no levantará más la espada contra otra nación, no aprenderán el arte de la guerra” (Is 2, 4). ¡Bello
La paz es anunciada, como un don especial de Dios, con el nacimiento del Redentor: “Paz en la tierra a los hombres que Dios ama” (Lc 2, 14). Tal don pide que sea implorado incesantemente en la oración. Acordémonos, aquí en la plaza ese cartel: 'En la raíz de la paz está la oración'.
y ser acogido cada día con empeño, en las situaciones en las que nos encontramos. En el alba de un nuevo año, todos nosotros estamos llamados a encender nuevamente en el corazón un impulso de esperanza, que tiene que traducirse en obras concretas de paz,
No estás bien con aquel, haz la paz; en tu casa, haz la paz; en tu comunidad, haz la paz; en tu trabajo, haz la paz. Obras de paz, de reconciliación y de fraternidad.
Cada uno, en su propio rol y en las propias responsabilidades, puede cumplir gestos de fraternidad hacia el prójimo, especialmente de quienes están probados por las tensiones familiares o por dificultades de varios tipos.

Estos pequeños gestos tienen tanto valor y pueden ser semillas que dan esperanza y pueden abrir caminos de esperanza y de paz. Invoquemos ahora a María, Reina de la Paz. Ella durante su vida terrena, ha conocido no pocas dificultades, relacionadas a la fatiga cotidiana de la existencia. Pero nunca perdió la paz de su corazón, fruto del abandono confiado en la misericordia de Dios. A María, nuestra tierna Madre, pedimos indique al mundo entero el camino seguro del amor y de la paz.

04 enero. Un domingo de altos vuelos

Problemas del Wi-Fi retrasaron la salida de esta reflexión

La Sabiduría increada
                El domingo intermedio entre la Navidad y Epifanía mira a Jesucristo como LA SABIDURÍA. A Ella dedica la 1ª lectura. Es ocasión de aclarar que esa referencia a una Sabiduría que vive desde el principio, antes de los siglos y que no cesará jamás, aunque la liturgia la aplique a la Virgen en alguna fiesta, en realidad no está dirigida directamente a ella, sino que se refiere a la Sabiduría eterna de Dios. A la vez dice que “me creó antes de los siglos” lo que corresponde a la generación eterna por la que el Verbo de Dios fue engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, la Palabra que es Dios y vive en Dios, en la santa morada…, en la ciudad escogida.
                Jesús, el Dios nacido hombre en nuestra misma humanidad, es la Sabiduría que hace su propio elogio, se gloría en medio de su pueblo, y es ensalzada y admirada en la asamblea de los santos. Ese Jesús de quien ayer hice el pobre bosquejo de que soy capaz, pero que –al mismo tiempo- es alabanza de la Gloria de Dios, porque él mismo es Dios, y en Él Dios nos bendijo con toda clase de bendiciones espirituales y celestiales para que fuésemos santos e irreprochables en su presencia por amor.
                San hablo nos desea en la 2ª lectura que se nos dé espíritu de SABIDURÍA, ¡el Espíritu de Cristo!, para que comprendamos cuál es la riqueza de gloria que da en herencia a sus santos.
                Si en la Navidad se nos decía que ha aparecido la gracia salvadora de Dios (el Salvador) enseñándonos…, ahora ruega el Apóstol que se nos dé esa enseñanza como SABIDURÍA personal, Cristo Jesús, par que vivamos la esperanza a la que nos llama.
                Es evidente que hoy se está tratando el tema de la Navidad en las alturas sublimes del Dios-Palabra infinita –el Verbo-  por quien todo fue hecho; Palabra en la que había vida –es LA VIDA- y la vida era LA LUZ DE LOS HOMBRES. Luz que brilla en la tiniebla…, a quien la tiniebla no la recibió. Pero a cuantos la recibieron les da poder por ser hijo de Dios, si creen en su nombre. Una vida que no nos llega por generación de carne y sangre, como la vida natural, sino de Dios. Es que la Palabra se hizo hombre y acampó entre nosotros y hemos contemplado su gloria, gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
                Me resisto a emplear mis ideas, mis palabras, mis sensaciones, cuando estamos metidos en esa inmensa cima de la divinidad –LA SABIDURÍA DIVINA- que nos ponen hoy las lecturas de la Sagrada Escritura en una sublime concatenación de lecturas que no elevan hasta lo íntimo de Dios.
                De la plenitud del Verbo hemos recibido TODOS gracia tras gracia… ¡TODOS!..., que no deja de ser un misterio cuando topamos con tantas personas que –dice la gente- “están dejadas de la mano de Dios”. ¡Pues Dios no dejó a nade fuera de esa GRACIA TRAS GRACIA, un amor que sobrepasa todo amor! Y hemos de reconocer el misterio que hay debajo de todo eso, que nos es imposible descifrar ni ver con nuestros ojos humanos.
                Explica Pablo: la Ley se dio por medio de los profetas (mandatos, prohibiciones, orientaciones…, que la humanidad ha manipulado y tergiversado tanto y tantas veces); la Gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. Ahí, en Él, nos ha llegado la salvación. Y si la NAVIDAD fuera tal para todos los humanos…, si los humanos reconociéramos en ese Jesús que nace, al Dios Salvador que ha venido a hacer a todos los hombres iguales, y elevados a otra realidad que no se basa en la economía, el domino, el goce, el dinero, el abuso, la explotación, la soberbia en todas sus facetas..., el mundo sería un calco de esa gracias tras gracia que es el proyecto y la acción de Dios, hecha realidad en Cristo y su venida al mundo.

                Es un domingo, pues, síntesis de la historia de la salvación, la ideada por Dios, la querida por Dios. La liturgia de este domingo la ha condensado en tres lecturas de enorme significado y envergadura. Menos atractivo y devoto para escribir o para leer, pero muy hondo para el significado que se pretende en este enfoque del año litúrgico y de la vida cristiana.

sábado, 3 de enero de 2015

03 enero: EL NOMBRE DE JESÚS

JESÚS
                JESÚS. Fiesta titular de este día 3 de enero.
JESÚS me sabe a gloria, a dulzura, a encanto, a satisfacción, a plenitud, al “no va más”, a razón de mi existencia, a amistad que nunca falla…
                JESÚS me sabe a Cielo. Al punto supremo de la vida. Al objetivo de mi existencia humana. Me sabe a DIOS, el bien supremo, el TODO, el punto omega a donde tiene y en donde empieza mi Vida. A la unidad de todo  mi ser. A la consecución de todas mis aspiraciones. Al sosiego de cualquier deseo. Al equilibrio eterno de mi Yo que, por otra parta ya está en Él.
                JESÙS es la aspiración a la que tiendo en movimiento constante. La  fruición de mi vida orante. La diana a la que apunto para tiendan quienes hablan conmigo. Es mi razón de trabajar, mi descanso en mi trabajo. El sol que calienta mi día y la sombra benéfica que protege mi sueño.
                JESÚS es mi día a día, mi paz que sostiene cada momento, mi ímpetu para seguir haciendo. Mi consuelo en mi limitación obligada. Mis ansias de seguir haciendo, aunque sepa que puedo hacer menos. Es la razón de mi paciencia, mi constancia, y el apoyo en mis debilidades y decaimientos.
                JESÚS es el punto de mira de mi oración. Es el centro y el motor de mi labor sacerdotal, de mi acción pedagógica, de mis escritos, mis libros, mi pensamiento y mi sentir interior. El núcleo de mi mundo interior, mis silencios, y lo que la gente puede interpretar como “mis soledades”- La realidad es que nunca me siento solo aun en medio de esos silencios que pueden darse porque las personas vivimos cada cual “nuestros temas”.
                JESÚS es MI AMIGO, mi acompañante, mi íntimo a mí y que jamás falla, ni cuando parece ausente. Yo sé que ESTÁ AHÍ, yo sé que es mi compañía perenne, mi confidente, quien conoce mis secretos…, aun esos secretos que lo son para mí mismo. Él siempre está más al fondo y siempre lo encuentro aunque existan neblinas y nubes y hasta tormentas. A Jesús no se le pasan por alto mis alegrías y mis penas, mis fechas clave, de las que yo mismo soy capaz de olvidarme.
                JESÚS ES MI EUCARISTÍA diaria. Yo soy lo que soy porque Jesús es quien es. Porque cada día lo encuentro en la oración. Porque ES MI MISA, y mi Misa es mi todo completo. Porque ahí lo toco, porque ahí se hace viva y vida mi fe, porque siento “temor y temblor” cuando estoy a dos Misas de ls 26,000, y yo me siento siervo y rey en el momento que consagro. PORQUE en esos minutos VEO más que creo, porque siento que brota JESÚS entre mi dedos. Porque no puedo resignarme a no Celebrar la Eucaristía mientras yo esté en condiciones de poder hacerlo.
                JESÚS, que se dignó darme su nombre el día que me llamó a ser JESUITA, de la Compañía de Jesús. Y en ella vivo feliz y con la vida completa desde hace 64 años. En ella conocí quién era Jesús, Yo sabía quién era porque tuve unos padres que me enseñaron, unos maestros que ayudaron y unos medios y ambientes que me condujeron. Pero el día que llegué a la Compañía de Jesús y tuve el tesoro de los Ejercicios de San Ignacio durante un mes seguido, JESÚS se me hizo ÚNICO, PLENO, INSUSTITUIBLE, POZO SIN FONDO. Sacerdocio y miembro de la Compañía de Jesús se hizo mi segunda piel…, por no decir la primera. Porque yo puedo perder la piel, como tantos mártires perdieron la suya…, pero JESÚS SERÁ SEMPRE EL MISMO, y convivir con Jesús bajo el mismo techo es algo que da una connotación que marca decisivamente.
                NO ENCONTRÉ NUNCA NADA QUE SUPERARA NI SUSTITUYERA A JESÚS. El es CORAZÓN, es AMOR, es GOZO, es VIDA.

                He hablado de mi experiencia de Jesús. Pero no he pretendido hacer mi panegírico. Lo que yo intento –dentro de mi acción de gracias- es trasmitir “algo” que es posible de captar por otros. Desde el cristiano de a pie al otro compañero de ministerio sacerdotal; de mi vocación en la Compañía de Jesús –cuya fiesta principal es HOY, DÍA DEL NOMBRE DE JESÚS- a cualesquiera de las otras familias religiosas, masculinas o femeninas. Lo que intento dar hoy es pistas de enamorados que AL NOMBRE DE JESÚS DOBLAN SU RODILLA y viven su gozo interior porque JESÚS es para todos y la experiencia interior de Jesús la pueden tener todos.

                Esto es como en el amor: que del roce nace el cariño y a más roce, más cariño…, hasta que se convierte en el AMOR que es más fuerte que uno mismo, más fuerte que las adversidades, y las sobrepasa..., más fuerte que la muerte. Y la entrega que hicieron y hacen miles de mártires y de creyentes firmes en su fe, de miles de almas vírgenes que ofrecen ese obsequio al que es el Virgen entre las vírgenes, es la gran demostración del imán insuperable que es JESÚS, CRISTO JESÚS, JESUCRISTO, EL MISMO AYER Y HOY Y SIEMPRE.

viernes, 2 de enero de 2015

ZENIT del día 1: María, Madre de Dios

DEBAJO ESTÁ LA MEDITACIÓN DEL DÍA 2
Marí­a Santí­sima, Madre de Dios
Francisco recuerda que 'sin la Iglesia, Jesucristo queda reducido a una idea, una moral, un sentimiento'
 01 de enero de 2015 (Zenit.org) - El papa Francisco ha comenzado el año 2015 en la Basílica de San Pedro, pronunciando la siguiente homilía:
"Vuelven hoy a la mente las palabras con las que Isabel pronunció su bendición sobre la Virgen Santa: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?» (Lc 1,42-43).
Esta bendición está en continuidad con la bendición sacerdotal que Dios había sugerido a Moisés para que la transmitiese a Aarón y a todo el pueblo: «El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz» (Nm 6,24-26). Con la celebración de la solemnidad de María, Madre de Dios, la Iglesia nos recuerda que María es la primera destinataria de esta bendición. Se cumple en ella, pues ninguna otra criatura ha visto brillar sobre ella el rostro de Dios como María, que dio un rostro humano al Verbo eterno, para que todos lo puedan contemplar.
Además de contemplar el rostro de Dios, también podemos alabarlo y glorificarlo como los pastores, que volvieron de Belén con un canto de acción de gracias después de ver al niño y a su joven madre (cf. Lc 2,16). Ambos estaban juntos, como lo estuvieron en el Calvario, porque Cristo y su Madre son inseparables: entre ellos hay una estrecha relación, como la hay entre cada niño y su madre. La carne de Cristo, que es el eje de la salvación (Tertuliano), se ha tejido en el vientre de María (cf. Sal 139,13). Esa inseparabilidad encuentra también su expresión en el hecho de que María, elegida para ser la Madre del Redentor, ha compartido íntimamente toda su misión, permaneciendo junto a su hijo hasta el final, en el Calvario.
María está tan unida a Jesús porque él le ha dado el conocimiento del corazón, el conocimiento de la fe, alimentada por la experiencia materna y el vínculo íntimo con su Hijo. La Santísima Virgen es la mujer de fe que dejó entrar a Dios en su corazón, en sus proyectos; es la creyente capaz de percibir en el don del Hijo el advenimiento de la «plenitud de los tiempos» (Ga 4,4), en el que Dios, eligiendo la vía humilde de la existencia humana, entró personalmente en el surco de la historia de la salvación. Por eso no se puede entender a Jesús sin su Madre.
Cristo y la Iglesia son igualmente inseparables, porque la Iglesia y María van siempre juntas, y no se puede entender la salvación realizada por Jesús sin considerar la maternidad de la Iglesia. Separar a Jesús de la Iglesia sería introducir una «dicotomía absurda», como escribió el beato Pablo VI (cf. Exhort. ap. N. Evangelii nuntiandi, 16). No se puede «amar a Cristo pero sin la Iglesia, escuchar a Cristo pero no a la Iglesia, estar en Cristo pero al margen de la Iglesia» (ibíd.). En efecto, la Iglesia, la gran familia de Dios, es la que nos lleva a Cristo. Nuestra fe no es una idea abstracta o una filosofía, sino la relación vital y plena con una persona: Jesucristo, el Hijo único de Dios que se hizo hombre, murió y resucitó para salvarnos y vive entre nosotros. ¿Dónde lo podemos encontrar? Lo encontramos en la Iglesia, en nuestra Santa Madre Iglesia Jerárquica. Es la Iglesia la que dice hoy: «Este es el Cordero de Dios»; es la Iglesia quien lo anuncia; es en la Iglesia donde Jesús sigue haciendo sus gestos de gracia que son los sacramentos.
Esta acción y la misión de la Iglesia expresa su maternidad. Ella es como una madre que custodia a Jesús con ternura y lo da a todos con alegría y generosidad. Ninguna manifestación de Cristo, ni siquiera la más mística, puede separarse de la carne y la sangre de la Iglesia, de la concreción histórica del Cuerpo de Cristo. Sin la Iglesia, Jesucristo queda reducido a una idea, una moral, un sentimiento. Sin la Iglesia, nuestra relación con Cristo estaría a merced de nuestra imaginación, de nuestras interpretaciones, de nuestro estado de ánimo.
Queridos hermanos y hermanas, Jesucristo es la bendición para todo hombre y para toda la humanidad. La Iglesia, al darnos a Jesús, nos da la plenitud de la bendición del Señor. Esta es precisamente la misión del Pueblo de Dios: irradiar sobre todos los pueblos la bendición de Dios encarnada en Jesucristo. Y María, la primera y perfecta discípula de Jesús, la primera y perfecta creyente, modelo de la Iglesia en camino, es la que abre esta vía de la maternidad de la Iglesia y sostiene siempre su misión materna dirigida a todos los hombres. Su testimonio materno y discreto camina con la Iglesia desde el principio. Ella, la Madre de Dios, es también Madre de la Iglesia y, a través de la Iglesia, es Madre de todos los hombres y de todos los pueblos.
Que esta madre dulce y premurosa nos obtenga la bendición del Señor para toda la familia humana. De manera especial hoy, Jornada Mundial de la Paz, invocamos su intercesión para que el Señor nos de la paz en nuestros días: paz en nuestros corazones, paz en las familias, paz entre las naciones. Este año, en concreto, el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz lleva por título: «No más esclavos, sino hermanos». Todos estamos llamados a ser libres, todos a ser hijos y, cada uno de acuerdo con su responsabilidad, a luchar contra las formas modernas de esclavitud. Desde todo pueblo, cultura y religión, unamos nuestras fuerzas. Que nos guíe y sostenga Aquel que para hacernos a todos hermanos se hizo nuestro servidor. 
Miramos a María, contemplamos a la Santa Madre de Dios. Quisiera proponeos que la saludemos juntos. Lo ha hecho el valiente pueblo de Éfeso, que gritaba a sus pastores cuando entraban en la iglesia: 'Santa Madre de Dios'. Que hermoso saludo para Nuestra Madre. 
Cuenta una historia, no sé si es verdadera, que algunas de estas personas tenían bastones en las manos. Quizás para hacer entender a los obispos lo que les sucedería si no tuviesen la valentía de proclamarla Madre de Dios. Os invito a todos, sin bastones, a levantaos y saludarla por tres veces, de pie, con este saludo de la primera Iglesia: Santa Madre de Dios. (Todos dicen con el Santo Padre: 'Santa Madre de Dios, Santa Madre de Dios, Santa Madre de Dios')". 

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2 enero 15: JESÚS ES CRISTO

JESÚS ES EL CRISTO
                He ahí el punto de partida de la primera lectura y la base de nuestra fe: confesar que JESÚS ES EL CRISTO. A partir de ahí nos entendemos en el mismo idioma. Y cuando no se afirma decididamente esa realidad estamos fuera del tema, porque quien lo niega es mentiroso, y no se pude dialogar con la mentira porque sería un despropósito.
                Nosotros partimos de esa gozosa realidad, en ella nos apoyamos, con esa base y punto de partida caminamos.
                Y a partir de ese fundamento Juan nos centra en una llamada esencial: que la vida del seguidor de Cristo no es como la quien “marcha detrás” como un segundo ser que va a la zaga. La tesis de Juan es la necesidad de permanecer EN ÉL. Y eso significa entroncarse en Él, ser una masa con Él, ser INJERTADO EN SU TRONCO, recibiendo su misma fuerza, su misma savia…, y por tanto teniendo sus mismos sentimientos y sus mismos pensamientos, su mismo estilo. Será ese modo de “hacerse una sola planta con Él” y llegar a continuar nosotros, en nosotros y hacia afuera, su misma obra. Eso es lo que aprendisteis desde el principio. Y eso será lo que dará plena confianza en nosotros mismos.
                              
                Respecto del Evangelio de hoy damos nuevamente con la confesión de sí mismo que hace Juan Bautista cuando le abordan para preguntarle quién es, Tanto esperaban al Mesías que ven en el Bautista unas formas y palabras que bien podrían ser ya mesiánicas. Juan no se aprovecha del error sino que confiesa abiertamente que él no es el Mesías, ni Elías, ni otro personaje antiguo; que el Mesías viene detrás y que él sólo es una voz que clama para que se le preparen bien los caminos a la llegada del libertador.
                Su bautismo –el de Juan-es sólo con agua, sólo simbólico, como una expresión exterior de una disponibilidad de cambio. Juan no se considera ni digno de ser un siervo de ese Mesías que va a venir.

                Es claro, pues, que entra de lleno en el tema de la 1ª lectura: confiesa a Cristo como tal Cristo. Juan no es mentiroso. Es la línea en la que tenemos que progresar nosotros. Evidentemente que el que cree, confiesa a Jesús como el Ungido y Salvador. Luego nos queda llegar a esa realidad de que nuestras formas de actuación lo manifiesten; que podamos servir de testigos a quienes nos tratan, y que ese Jesús que confesamos con nuestra boca y convencimiento llegue a marcar nuestra vida hasta transfundirlo hacia afuera. Al llegar aquí no me queda mucho más que decir, Se trata de “mirarnos al espejo” y ser capaces de que lo que decimos, lo que escribimos, lo que parce que es una convicción absoluta, llegue a ser algo que se puede comprobar a las claras. Y ni siquiera porque lo hacemos nosotros visible, sino porque rezuma solo.
              Todo esto tiene su momento importante en la EUCARISTÍA  de este día, que es la piedra de toque en la que nuestra confesión de fe en el SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO, tiene que ser una auténtica confesión práctica de que nuestras palabras se traducen en obras: recibimos a Jesús, viene a nosotros tal cual es, y ahí dentro nos obliga a sincerarnos, porque otra cualquiera manera de comulgar nos acabaría haciendo mentirosos.

jueves, 1 de enero de 2015

1 de enero: FELIZ AÑO

LA MATERNIDAD DIVINA DE MARÍA
                Hasta la reforma del Calendario litúrgico esta fiesta fue de LA CIRCUNCISIÓN DE JESÚS, o el momento de imponerle el nombre al niño. Se cumplían así los ocho días del nacimiento, que era lo mandado por la ley. Se sigue leyendo el evangelio que incluye este dato, pero la titularidad de la fiesta ha pasado a conmemorar expresamente a María, como MADRE DE DIOS, resaltando así lo que es la causa esencial de la realidad de María en la historia de la salvación y el porqué de todas las prerrogativas de María. Es, pues, la fiesta titular de Ella, incorporada así expresamente al ciclo de Navidad en que el protagonismo –evidentemente- es de Jesús.

                En las lecturas del día se utiliza una fórmula de bendición y felicitación que muy bien pude entenderse dirigido a María, y viene también a ser un deseo de la Iglesia sobre sus hijos, los fieles (y sobre todo el mundo) de la FELICIDAD PARA EL NUEVO AÑO que acaba de nacer.
                En cuanto al Evangelio María está ahí presente pero yo acentuaría el hecho de la imposición del nombre a JESÚS, nombre que le había dado ya Dios, trasmitido por el ángel, antes de la concepción. Suponía un acto de la mayor importancia porque era el momento en que el varón entraba a ser miembro  del Pueblo de Dios. Acto de especial valor para el padre de familia, que vivía con sano orgullo su responsabilidad en ese acontecimiento. José había sido expresamente encargado por Dios, y no sólo por ese hecho sino porque el nombre que José ponía al niño llevaba una carga muy fuerte ya que era Dios mismo quien comunicaba que ese niño era EL SALVADOR de Israel. [A propósito: imagino que todos sabéis que JHS no significa “Jesús hombre Salvador”, porque las letras transcritas al “castellano” no son las originales griegas: una IOTA (I o J), una ETA (que es una E) y una SIGMA (que es una S), con lo que realmente se tienen la tres primeras letras del nombre de JESÚS].

                Ahí hay una clave que siempre se me suscita y que repito a sabiendas de que lo tengo más que dicho: que a cada uno nos toca DECUBRIR EL NOMBRE POR EL QUE DIOS NOS CONOCE, que es la misión para la que nos puso en el mundo, realidad que es mucho más íntima que la del nombre de pila que nuestros padres eligieron para nosotros. Un año que nace podría ser una buena oportunidad para preguntarnos sobre ello en una línea de oración. Si ayer insinuaba yo la conveniencia de un balance que mira al pasado, hoy abro la atención a ilusiones y proyectos de futuro. No n el aire ni soñando, sino abriéndonos a realidades posibles en adelante.