jueves, 20 de agosto de 2015

19 agosto: El trabajo (Catequesis del Papa)

catequesis del Papa del 19 de agosto
Francisco recuerda que el trabajo es sagrado y da dignidad a una familia
Por Redacción
Ciudad del Vaticano, (ZENIT.org)
Publicamos a continuación la catequesis del Santo Padre en la audiencia general:
Queridos hermanos y hermanas,
después de haber reflexionado sobre el valor de la fiesta en la vida de la familia, hoy nos detenemos sobre el elemento complementario, que es el del trabajo. Ambos forman parte del diseño creador de Dios. La fiesta y el trabajo.
El trabajo, se dice comúnmente, es necesario para mantener a la familia, para hacer crecer a los hijos, para asegurar a sus seres queridos una vida digna. De una persona seria, honesta, lo más bonito que se puede decir: “Es un trabajador”, es uno que trabaja, es uno que en la comunidad no vive a costa de los otros. Hay muchos argentinos hoy, que he visto, y diré como decimos nosotros ‘no vive de arriba’. ¿Entendido?
Y de hecho, el trabajo, en sus muchas formas, a partir del de amo de casa, también cuida del bien común. ¿Y dónde se aprende este estilo de vida trabajador?
Antes que nada se aprende en familia. La familia educa al trabajo con el ejemplo de los padres: el papá y la mamá que trabajan por el bien de la familia y de la sociedad.
En el Evangelio, la Sagrada Familia de Nazaret aparece como una familia de trabajadores, y Jesús mismo es llamado “hijo del carpintero” (Mt 13,55) o incluso “el carpintero” (Mc 6,3). Y san Pablo no dejará de advertir a los cristianos: “Quien no quiera trabajar, que no coma” (2 Ts 3,10). Una buena receta para adelgazar. Si no trabajas no comes.
El apóstol se refiere explícitamente al falso espiritualismo de algunos que, de hecho, viven a costa de sus hermanos y hermanas “sin hacer nada”  (2 Ts 3,11). El compromiso del trabajo y la vida del espíritu, en la concepción cristiana, no están en contradicción entre ellas. ¡Es importante entender esto! Oración y trabajo pueden y deben estar juntos en armonía, como enseña san Benito. La falta de trabajo daña también el espíritu, como la falta de oración daña también la actividad práctica.
Trabajar --repito, en muchas formas-- es propio de la persona humana. Expresa su dignidad de ser creada a imagen de Dios. Por eso, se dice que el trabajo es sagrado. El trabajo es sagrado, y por eso, la gestión de la ocupación es una gran responsabilidad humana y social, que no puede quedar en las manos de unos pocos o descargada sobre un “mercado” divinizado. Causar una pérdida de puestos de trabajo significa causar un grave daño social. Me entristece cuando veo que no hay trabajo, que hay gente sin trabajo, que no encuentra trabajo y que no tiene la dignidad de llevar el pan a casa. Y me alegro mucho cuando veo que los gobernantes hacen tantos esfuerzos y tanto trabajo para encontrar puestos de trabajo y para tratar que todos tengan un trabajo. El trabajo es sagrado, el trabajo da dignidad a una familia. Debemos rezar para que no falte el trabajo en ninguna familia.
Por tanto, también el trabajo, como la fiesta, forma parte del diseño del Dios Creador. En el libro del Génesis, el tema de la tierra como casa-jardín, a cargo del cuidado y el trabajo del hombre (2, 8.15), es anticipado con un pasaje muy conmovedor: “Cuando el Señor Dios hizo la tierra y el cielo, aún no había ningún arbusto del campo sobre la tierra ni había brotado ninguna hierba, porque el Señor Dios no había hecho llover sobre la tierra. Tampoco había ningún hombre para cultivar el suelo, pero un manantial surgía de la tierra y regaba toda la superficie del suelo” (2,4b-6a). No es romanticismo, es revelación de Dios; y nosotros tenemos la responsabilidad de comprenderla y asimilarla hasta el fondo. La Encíclica Laudato Si’, que propone una ecología integral, contiene también este mensaje: la belleza de la tierra y la dignidad del trabajo están hechas para ir juntas. La tierra se hace bella cuando es trabajada por el hombre. Van juntas las dos.
Cuando el trabajo se desvincula de la alianza de Dios con el hombre y la mujer, cuando se separa de sus cualidades espirituales, cuando es rehén de la lógica del beneficio y desprecia los afectos de la vida, la degradación del alma contamina todo: también el aire, el agua, la hierba, la comida... La vida civil se corrompe y el hábitat se estropea. Y las consecuencias golpean sobre todo a los más pobres y a las familias más pobres. La organización moderna del trabajo muestra a veces una peligrosa tendencia a considerar a la familia una carga, un peso, una pasividad, para la productividad del trabajo. Pero preguntémonos: ¿qué productividad? ¿Y para quién? La llamada “ciudad inteligente” es sin duda rica de servicios y de organización; pero, por ejemplo, a menudo es hostil con los niños y los ancianos.

A veces, quien proyecta está interesado en la gestión de fuerza-trabajo individual, para ensamblar y utilizar o descartar según la conveniencia económica. La familia es un gran lugar de prueba. Cuando la organización del trabajo la tiene como rehén, o incluso le obstaculiza el camino, ¡entonces estamos seguros de que la sociedad humana ha comenzado a trabajar contra sí misma! Las familias cristianas reciben de esta coyuntura un gran desafío y una gran misión. Estas ponen en juego los fundamentos de la creación de Dios: la identidad y la unión del hombre y la mujer, la generación de los hijos, el trabajo que hace doméstica la tierra y habitable el mundo. ¡La pérdida de estos fundamentos es algo muy serio, y en la casa común ya hay muchas grietas! La tarea no es fácil. A veces, a las asociaciones de familias les puede parecer que son como David contra Goliat… ¡pero sabemos cómo terminó ese desafío! Se necesitan fe y astucia. Que Dios nos conceda acoger con alegría y esperanza su llamada, en este momento difícil de nuestra historia. La llamada al trabajo para dar dignidad a sí mismo y a la propia familia. Gracias.

miércoles, 19 de agosto de 2015

19 agosto: PARÁBOLAS

Liturgia del día
                Hoy vamos de parábolas. También la 1ª lectura (Jue 9, 6-15) usa una parábola para explicar que los vecinos de Siquén van a dar un mal paso. Iban a nombrarse un rey. Y Yotán les explica: no será un rey que dé aceite suave, ni higos dulces, ni mosto agradable. Será como una zarza que acoge pero pincha y amenaza. Un comentarista explica: “el ejemplo no revela simpatía por el nombramiento de un rey. Los personajes de valor no quieren abandonar sus ocupaciones para dedicarse a la vida ociosa de un rey. Sólo el que no hace cosa de provecho acepta la dignidad para molestar a los otros. Tal es la moraleja”.
            Lo que yo añado –partiendo de la Historia Sagrada- es que la elección de un rey era contraria al deseo de Dios, porque aquel pueblo sólo debía tener a Dios por Rey. Pero el pueblo se inficionó viendo a los pueblos limítrofes que tenían rey y quiso no ser menos que ellos. La historia les mostró que habían errado de parte a parte porque los reyes les trajeron la desgracia.
            Si el mundo de hoy supiera historia, respetara la historia y aprendiera de la historia, encontraría la gran lección: hoy se trata de eliminar los valores (o se han anulado ya) y se “nombran reyes” de cartón que son pan para hoy y hambre para mañana…, si es que siquiera son “pan para hoy” y no vaciedad absoluta. Lo que les espera (lo que está ocurriendo) es que el mismo rey (zarza que se presta a ser “rey”) acaba siendo fuego que les devora y les deja sin personalidad, sin criterio, sin valores de referencia. Y que es un mundo que –como el Imperio Romano- se destruye a sí mismo en la molicie y malas costumbres. Quiénes lo verán destruirse no lo sabemos, pero la historia es maestra de la vida y los derroteros actuales son una repetición de aquella historia de Israel y la más cercana del Imperio Romano.
            El Evangelio (Mt 20, 1-16) es una de esas parábolas que chirrían en los oídos de muchos, que pretenden que Dios sea como los hombres y que la justicia bondadosa de Dios sea como la justicia vengativa de esta humanidad tan reivindicativa. Jesús presenta un amo que contrata a trabajar en su viña a los hombres que esperan en la plaza. Y con amplitud generosa se ajusta con ellos en un denario por  jornada. Y como es generoso, ve a otros que están parados a media mañana y –ya sin contrato- les dice que vayan a la viña a trabajar. Pero les pagará “lo debido”. Es ventajoso y aceptan. Y otra vez sale el amo a la plaza a mediodía, a media tarde…, y sigue compadeciéndose de aquellos hombres y les envía a la viña. Y llegan las 5 de la tarde, cuando queda una hora de labor, y todavía hay zánganos que no han hecho nada y aún así se quejan de que nadie los contrató. -Pues id a mi viña, dice el amo.
            Lo que Jesús nos está plateando es la inmensa bondad de Dios que no se rinde ni ante los flojos y los que no merecen nada…, pero hacia los que Dios extiende su misericordia. Quiere explicar Jesús que no queda nunca por Dios la llamada a “la viña”, a la salvación, y que aunque sean “de la última hora” (convertidos in extremis), Dios los sigue llamando.
            Y no sólo llamando sino que a la hora de la verdad la generosidad del amo hace que aun a esos últimos les pague un denario. Y lo mismo a los de media tarde y mediodía… Los de la primera hora esperan recibir más, pero ellos ya se habían ajustado gozosamente en un denario, y eso reciben. Y surge la protesta porque “nosotros hemos aguantado el peso del día y el calor”. La respuesta es clara: ¿No nos ajustamos en un denario? Pues recíbelo gustoso y vete. Y déjame a mí ser generoso con mis bienes. ¿O es que yo no puedo ser misericordioso con lo que es mío?

            Esa es la tan traída JUSTICIA DE DIOS: pura misericordia. A nadie le perjudica y a muchos beneficia. ¿Y por qué vamos a ser tan rácanos que nos resulte mal que los “malos” puedan convertirse a última hora? Un corazón cristiano tiene que experimentar el gozo de que aquel hermano tuyo que se había perdido lo hemos encontrado. Por parte de quien estuvo “desde la primera hora”, su gozo debe ser “estar en la casa paterna”, y saber que fue digno hijo de tal padre…, digno hijo de Dios, que no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva.

martes, 18 de agosto de 2015

18 agosto: Riquezas y pobrezas

Liturgia del día
                Jueces 6, 11-24 nos narra la historia de Gedeón, a quien Dios escoge para librar al pueblo de los madianitas que hostigaban constantemente. Hasta el punto de que para recoger el trigo tenía que trillarlo a látigo dentro del lagar. El Señor se le presenta bajo la forma de un desconocido y lo saluda de una forma muy especial: El Señor está contigo, valiente. A Gedeón le faltó tiempo para presentar su queja: Si el Señor está con  nosotros ¿cómo nos ocurren tantas desgracias? ¿Dónde están las maravillas que hizo Dios con nuestros padres? El Señor, parte con ironía amorosa, parte con una demostración de que seguía haciendo maravillas, le dice: Ve tú y con tus fuerzas libra al pueblo de los madianitas, Yo te envío. Gedeón se queda perplejo, pide perdón y pegunta cómo es eso posible, siendo él tan poca cosa. Dios le da la palabra sublime: Yo estaré contigo. Gedeón muy familiarmente pidió pruebas de esa Presencia y ofreció al visitante una comida. Cuando se la llevó, el visitante toco con la punta del bastón la comida y se produjo una llamarada y la comida se evaporó, y el visitante misterioso desapareció. Gedeón ahora cae en la cuenta de que ha sido el mismo Dios quien le ha visitado y tiene el temor sagrado de que va a morir. Dios le dice: No temas, no morirás. Y Gedeón levanta allí un altar a Dios, como Señor de paz.
            Aparte de la familiaridad que expresa todo el relato, con una belleza y agilidad atractivas, hay varios momentos sublimes: “Yo te envío”, “Yo estaré contigo”, “No temas”, que son como la esencia de toda esa narración. Y finalmente, la correspondencia agradecida de Gedeón que ofrece una comida, que levanta un altar… Es lección a tomarse en cuenta porque en esa familiaridad hay un punto de agradecimiento que se concreta en algo.
            El Evangelio, Mt 19, 23-30 es la continuación y conclusión del evangelio de ayer. El joven rico se ha marchado triste. Triste consigo mismo, No ha sabido dar remate a su bonito comienzo. Y se ha marchado sin dar más respuesta. ¿Para qué?
            Jesús no se ha quedado igual. Expresa en voz alta su sentimiento: ¡Qué difícil es que un rico entre en el Reino! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja. Lo que significa la total imposibilidad para un rico mientras permanezca siendo rico y apoyado en su riqueza. Los apóstoles se extrañan; se asustan. Y Jesús les explica y matiza: A los hombres les es imposible. Pero no es imposible para Dios.
            El rico no tiene salida porque su riqueza le ciega. Le encierra en sí mismo y en su riqueza, y tiene la convicción de que con su riqueza lo saca todo adelante. De ahí que no tenga posibilidad humana de salvación de su egoísmo personal. Para Dios no es imposible porque Dios puede ayudar al rico para que no viva apoyado en su riqueza. O hasta es posible que le haga sentir la pobreza de las formas más inimaginables. La contrariedad surge en donde menos se espera y como menos se piensa. El rico puede llegar a sentir que su riqueza no le resuelve esos problemas que le sobrevienen, y puede empezar a aprender que hay otra realidad más importante que su propia seguridad.
            Nunca me canso de advertir que “riqueza” es una realidad que está mucho más allá del dinero y bienes materiales. La “riqueza” puede estar en el egoísmo de quien todo lo quiere para sí o a su manera; en llevar la razón por encima de todos; en pretender que los demás sean según el molde que traza su propia idea… “Ricos”, que da lo mismo que decir: soberbios, engreídos, celosos, avariciosos, impositores de sus propias formas, dominadores… Ese tipo de personas que no dejan espacio a nada que no sea lo suyo. Y tantas formas de “riqueza” tan malas como el mucho dinero y poder.
            Pedro se presentó a sí mismo y a los compañeros como quienes lo habían dejado todo. Y preguntaba qué les tocaría a ellos. Jesús no entró en el tema de si ellos lo habían dejado todo o no. Lo que sí hizo fue abrir esa gran lección de que DEJAR TODO AQUÍ Y AHORA es una prenda de bienes eternos y futuros. Porque Dios es siempre más generoso y el que supo abandonarse en Él y abandonar sus propias riquezas –del tipo de sean esas riquezas- encontrará multiplicado lo que dejó, aunque en otro orden de cosas y aun en medio de las dificultades que trae la vida. Luego, la felicidad plena en la vida eterna.

            Está muy clara la enseñanza.

lunes, 17 de agosto de 2015

ZENIT, 16: El Ángelus

Debajo está la LITURGIA
Texto completo del ángelus del Papa del 16 de agosto
Francisco recuerda que la Eucaristía no es una oración privada o una bonita experiencia espiritual, no es una simple conmemoración de lo que Jesús hizo en la Última Cena. La Eucaristía es memorial que actualiza y hace presente la muerte y resurrección de Jesús
Por Redacción
Ciudad del Vaticano, (ZENIT.org)
El santo padre Francisco se ha asomado a la ventana del Palacio Apostólico para rezar, como cada domingo, el ángelus con los fieles reunidos en la plaza de San Pedro.
Estas son las palabras del Papa antes de la oración mariana:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!                           
 En estos domingos, la Liturgia nos está proponiendo, del Evangelio de Juan, el discurso de Jesús sobre el Pan de la vida, que es Él mismo y que es también el sacramento de la eucaristía. El pasaje de hoy (Jn 6, 51 -58) presenta la última parte de este discurso, y habla de algunos que se escandalizaron porque Jesús dijo: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día” (Jn 6,54). El estupor de los oyentes es comprensible; Jesús, de hecho, usa el estilo típico de los profetas para provocar en la gente --y también en nosotros-- preguntas y, al final, una decisión. Primero de todo las preguntas: ¿qué significa “comer la sangre y beber la sangre” de Jesús? ¿es solo una imagen, un símbolo, o indica algo real? Para responder, es necesario intuir qué sucede en el corazón de Jesús mientras parte el pan entre la multitud hambrienta. Sabiendo que deberá morir en la cruz por nosotros, Jesús se identifica con ese pan partido y compartido, y eso se convierte para Él en “signo” del Sacrificio que le espera. Este proceso tiene su cúlmen en la Última Cena, donde el pan y el vino se convierten realmente en su Cuerpo y su Sangre. Y la eucaristía, que Jesús nos deja con un fin preciso: que nosotros podamos convertirnos en una sola cosa con Él. De hecho dice: “Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él” (v. 56). Ese permanecer en Jesús y Jesús en nosotros.  La comunión es asimilación: comiéndole a Él, nos hacemos como Él. Pero esto requiere nuestro “sí”, nuestra adhesión a la fe.
A veces, se escucha sobre la santa misa esta objeción: “¿Para qué sirve la misa? Yo voy a la iglesia cuando me apetece, y rezo mejor en soledad”. Pero la eucaristía no es una oración privada o una bonita experiencia espiritual, no es una simple conmemoración de lo que Jesús hizo en la Última Cena. Nosotros decimos, para entender bien, que la eucaristía es “memorial”, o sea, un gesto que actualiza y hace presente el evento de la muerte y resurrección de Jesús: el pan es realmente su Cuerpo donado por nosotros, el vino es realmente su Sangre derramada por nosotros.
La eucaristía es Jesús mismo que se dona por entero a nosotros. Nutrirnos de Él y vivir en Él mediante la Comunión eucarística, si lo hacemos con fe, transforma nuestra vida, la transforma en un don a Dios y a los hermanos. Nutrirnos de ese “Pan de vida” significa entrar en sintonía con el corazón de Cristo, asimilar sus elecciones, sus pensamientos, sus comportamientos. Significa entrar en un dinamismo de amor oblativo y convertirse en personas de paz, personas de perdón, de reconciliación, de compartir solidario. Lo mismo que Jesús ha hecho.
Jesús concluye su discurso con estas palabras: “Quien come este pan tendrá vida eterna” (Jn 6, 58). Sí, vivir en comunión real con Jesús sobre esta tierra, nos hace pasar de la muerte a la vida. Y el Cielo empieza precisamente en esta comunión con Jesús.  En el Cielo nos espera ya María nuestra Madre --ayer celebramos este misterio. Ella nos obtenga la gracia de nutrirnos siempre con fe de Jesús, Pan de vida.
Palabras del Santo Padre después del ángelus:
Queridos hermanos y hermanas, os saludo a todos con afecto, romanos y peregrinos: las familias, los grupos parroquiales, las asociaciones, los jóvenes.
Saludo al grupo folclórico “Organización de arte y cultura mexicana”, los jóvenes de Verona que están viviendo una experiencia de fe en Roma, y los fieles de Beverare.
Dirijo un saludo especial a los numerosos jóvenes del Movimiento Juvenil Salesiano, reunidos en Turín en los lugares de San Juan Bosco para celebrar el bicentenario de su nacimiento; les animo a vivir en lo cotidiano la alegría del Evangelio para generar esperanza en el mundo.

Os deseo a todos un feliz domingo. Y por favor, ¡no os olvidéis de rezar por mí! ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

17 agosto: Liturgia del día

Problemas de informática me han retrasado: estoy desde las 9 con el intento...
Liturgia del día
                Jueces 2, 11-19. Muerto Josué los israelitas, ya en la tierra prometida se vuelven hacia dioses falsos, y desconectan de Dios y de sus enseñanzas, y todo el entramado del sentido de su vida se les hunde, le suceden mil desgracias, los saquean bandas de malhechores. Un pueblo, por otra parte religioso, describe su situación como si Dios los hubiera entregado a esas desgracias.
            Voy a ver si me hago entender. Personas del siglo XXI, no precisamente movidos por un sentimiento religioso. Cada día nos desayunamos, comemos y cenamos con una desgracia, la mayor parte de las veces como consecuencia de la brutalidad y barbarie humana. Todavía hay quien dice: “estamos dejados de la  mano de Dios”, en vez de confesar que el mundo de hoy se ha separado de la mano de Dios. No es Dios quien lleva a cabo tantas maldades y fechorías. En verdad que lo que predomina es el rechazo hacia Dios, hacia la Religión. Y cuando esta sociedad ha dejado de tener a Dios en su punto de mira, la humanidad se ha deshumanizado y suceden las hecatombes humanas que estamos presenciando. No ha sido Dios quien las ha provocado ni quien castiga. El hombre y mujer de hoy se han castigado a vivir esta situación cuando han desconectado de Dios. Y nadie le eche las culpas a Dios cuando la culpa de todo viene de haber abandonado esa referencia tan necesaria para tener una normativa básica de vida y convivencia.
            Al final de la lectura aporta el hagiógrafo un detalle que retrata la realidad de Dios, aun en medio de aquel pueblo díscolo y adúltero (que se “ha casado” con falsos dioses). Dice que no hacían caso de los jueces, pero que Dios hacía surgir jueces y Dios estaba con el juez y salvaba a los israelitas de sus enemigos, Quería Dios agarrase al mínimo detalle favorable. Pero en cuanto moría el juez, recaían y se portaban peor que sus padres. No se apartaban de sus maldades ni de su conducta obstinada. Dios que sale al paso a la primera de cambio para intentar hacer el bien; el pueblo que a la primera de cambio se vuelve testarudo en su manera de vivir. ¿Cómo se va a quejar luego cuando se les vienen encima las consecuencias de su propio fracaso?
            El Evangelio (Mt19, 16-22) es el muy conocido relato del JOVEN RICO, el que pretendió unirse a la causa de Jesús, pero sin soltarse de sus seguridades humanas. Hombre con muchos bienes, a la par que buena persona, que había cumplido con los mandamientos de Dios, el código de conducta de todo buen israelita. Pero no se conformaba con ello. Buscaba más y por eso viene a Jesús. Cuando Jesús descubre que es un fiel cumplidor y que sin embargo anda buscando, le dice unas palabras definitivas: Si quieres llegar hasta el final… Porque, en realidad, lo que había hecho hasta ahora en su fiel cumplimiento de mandamientos, era el principio. Si quiere llegar hasta el final (si quiere emprender el camino que conduce a la plenitud), vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo- y luego ven y sígueme. Era el camino para ir hacia el “final”.
            Aquí es donde nos quedamos la mayoría. Pretendíamos llegar a la “estación-Término”, pero nos bajamos en la estación intermedia, la de “los buenos” que  nunca llegan a santos, la de los buenos que nos quedamos en mediocres… Los que creemos que podemos ser todo no dando todo, y nos parece un mundo lo que nos pide Jesús para enfilar el camino del Reino.
            Aquel joven se echó atrás. Se bajó del tren, No llegó al término. No llenó el espacio que LE FALTABA HASTA EL FINAL. Y la pregunta que queda en el aire es: ¿y yo? El relato se ha quedado cortado ahí. Mañana avanzará. Pero el paso de la liturgia nos da lugar a pararnos y pensar.
            Y no se me despinta que aquel pueblo de Dios tampoco llegó hasta el final. Le faltó aceptar al Mesías tal cual era, y reconocerse a sí mismo como en realidad era. Y la historia muestra a las claras, en 2015, que ese pueblo sigue sin tomar el camino que lo conduzca al tramo final, perdido entre contantes situaciones belicosas activas o pasivas, como quien quiere y no puede. De verdad que es tan rico en dinero avaro y en soberbia nacional, que no puede encontrar su felicidad.

            La historia enseña mucho. Y cada particular también debemos aprender de esas enseñanzas.

domingo, 16 de agosto de 2015

16 agosto: Domino 20 B, T.O.

Domingo 20 B, T.O.
                La 1ª lectura –Prov 9, 1-6- centra el tema en la Sabiduría, esa palabra bíblica tan rica como ambigua, ya que lo mismo expresa a Dios que a la Sabiduría de Dios, lo que para el caso es lo mismo. Aquí se dice que se ha construido su casa plantando siete columnas: ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la mesa…; venid a comer mi pan y a beber el vino que he mezclado. Todo esto está escogido en orden al Evangelio de Jn 6, 51-59 en donde Jesús anuncia: Yo soy el pan vivo que ha bajado del Cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo. Como todos esos párrafos de Juan, cada frase repite o explica la anterior, y la concreta. Pero no se presta a explicación sino a releer el propio texto evangélico, lo que dejo al seguidor del blog para que saboree en directo la palabra expresada por el Evangelista, que trasmite la enseñanza de Jesús.
            La 2ª lectura, Ef 5, 15-20 incide en el tema de la sensatez (una forma concreta de la sabiduría) frente a la insensatez. Vienen días malos; por eso no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere. Con una concreción muy expresiva contrapone la “borrachera” que lleva al libertinaje, a dejarse llevar del Espíritu. “Borrachera” que no sólo es de vino sino de las muchas otras cosas que atontan, hacen desvariar, esclavizan… Y contrapuesto a dejarse llevar del Espíritu, está mostrando esa gama enorme de elementos que están dominando el mundo de hoy hasta esclavizar y crear dependencias de las que el vulgo no sabe salir. Y no estará de más una reflexión a lo que no es “el vulgo”, pero en esclavitudes se va pareciendo.
            Aquel cuento de la rana que, metida en una pecera va encontrándose a gusto cuando le van templando el agua, hasta que la templanza le enerva de tal manera que ya no puede saltar y huir de ese calor que le está molestando.
            Nuestro mundo ha creadlo un sistema de atontamiento placentero que crea bobos esclavizados con gusto, incapaces de saltar cuando quisieran advertirlo… Para entonces ya es tarde. Para entonces se ha eliminado la sensatez, LA SABIDURÍA, y en realidad se ha eliminado ese resorte del espíritu, del alma, de la relación con un principio superior, con un referente mayor: Cristo, Dios, conciencia… Ya es casi imposible saltar. La droga ha hecho su efecto, aunque ni siquiera se haya advertido que estaba entrando la persona en el sopor de la idiotez.
            Al final se ha eliminado la participación digna y responsable en el PAN DE LA VIDA, el que da vida al mundo, el que ha bajado del Cielo, el que es la carne de Jesús y su sangre, que para el que la come supone una transformación: Cristo habita en esa persona y esa persona habita en Cristo. ¿Y qué significa eso en la vida de alguien? Evidentemente habría que hacerse consciente de lo que eso significa, de lo que supone comulgar de verdad. Sería haber entrado en el ámbito de la SABIDURÍA.

PETICIONES
Sabiduría eterna, Dios: concédenos la sabiduría que nos conduzca por los caminos de la sensatez.
-          Para que no nos dejemos dormir enervados por las maneras que rigen el mundo, Roguemos al Señor.
-          Para que despertemos de las pasividades en la que es tan fácil caer, y de las que es tan difícil salir, Roguemos al Señor.
-          Para que el alimento del Pan de la Vida nos dé vigor para una mayor sinceridad en nuestra conciencia, Roguemos al Señor.
-          Para que vivamos la sensatez que se contrapone a la falsa sabiduría del mundo, Roguemos al Señor.
Concédenos, Dios de la Sabiduría la luz que necesitamos para descubrir tus caminos y para desenmascarar los caminos falsos que proliferan en la vida.

            Por Jesucristo N. S.

sábado, 15 de agosto de 2015

15 agosto: Felicitación a María

ASUNCIÓN DE MARÍA
                María no estaba como siempre. Algo había en ella que dejaba la impresión de un cambio. En una de las idas y venidas de Juan a Éfeso, María le confesó que barruntaba el  momento de partir de este mundo y reunirse con su Hijo. A Juan le faltó tiempo para enviar recado a sus compañeros de apostolado: Esto y esto me ha dicho María, la Madre del Señor.
            En efecto María se había retirado a su habitación y permanecía sumida en silencio y postrada en su lecho. No sufría pero su espíritu ya no estaba en las cosas de aquí abajo. Se disponía a partir de este mundo, con la ilusión del encuentro definitivo con Jesús en el Cielo. Juan se venía junto a ella y surgían cortas pero bellas expresiones que rezumaban serena paz y gozo del alma.
            Pronto se vinieron a Éfeso los apóstoles que estaban cercanos y se reunieron alrededor del lecho de María. Le expresaron ese doble sentimiento que sentían, porque de una parte aquello suponía su plenitud, pero de otra, era la  orfandad con que ellos y la Iglesia naciente quedaba, pues ella había sido un pilar básico en el desenvolvimiento de aquellos años iniciales, como maestra que llevó siempre el espíritu de su Hijo. Ella se fue despidiendo de cada uno y les trasmitió confianza para continuar aquella labor que, en realidad, estaba inspirada y acompañada por ese Espíritu de Jesús que habían recibido el Pentecostés.
            María fue quedando en un profundo silencio, ensimismada y serena hasta que un largo y profundo suspiro les hizo ver a los apóstoles presentes que su alma había dejado de estar en aquel cuerpo, que ellos podían venerar como el cuerpo inmaculado de la Madre de Jesús. Había dejado este mundo. Habrían de darle sepultura, pensaban ellos, y se disponían a hacer los preparativos de ese doloroso trance.
            Velaron su cuerpo aquella noche. Dormitaban ya, vencidos por el sueño, cuando a la madrugada se produjo un resonar de cánticos celestiales y un alborear prematuro a los ojos de aquellos hombres que pronto comprendieron que algo extraño y sobrenatural ocurría en torno del cadáver de María.
            Y unos ángeles bajaron hasta la estancia y tomaron el cuerpo de María, que recobró su color sonrosado natural, como animada por su mismo espíritu vital. Los apóstoles cayeron de rodillas ante el espectáculo que estaban presenciando y veneraron ese momento sublime y dieron gracias a Dios, y experimentaron una alegría indescriptible por el que era el triunfo de aquella Madre y Maestra que les acompañó durante los años posteriores a la muerte de Jesús.
Los ángeles partieron hacia el Cielo. Una pléyade de otros ángeles se sumaban a aquel momento solemne y cantaban cánticos de alegría y gozo, y subían jubilosos a las alturas en un vuelo raudo que muy pronto desembocaba en la presencia de Jesús ante el trono de Dios.
Jesús se adelantó a recibir a su Madre: abrió los brazos y se fundieron en el abrazo eterno que ya no tendría nunca más las sombras de la tierra.
Jesús condujo a su Madre hasta el trono de Dios. María se encontraba cara a cara con aquel que un día la saludó en Nazaret y le abrió su gran secreto de la redención y –por tanto- de la encarnación. María cayó de rodillas y adoró a su Dios, escapándosele de entre sus labios aquel fiat renovado pero que ya en el Cielo era todo triunfal y luminoso. Los cantos angélicos arreciaban cada vez más y el Cielo entero se postraba.
Jesús tomó a su madre, la condujo a un trono que había a su derecha, y María se sentó allí, y allí permanece y permanecerá por la eternidad. Es un trono que a la vez que vive la luz brillante de arriba, se acerca más a la tierra donde María sigue extendiendo sus brazos a los hombres, esos hijos que el Hijo le encomendó en circunstancias tan distintas del momento actual. Aquellas mimbres dieron estos cestos y cada uno de nosotros tiene ahora fácil acceso al trono de la misericordia por la escala celeste de María Santísima.

MARÍA HA SIDO ASUNTA AL CIELO, y millones de almas la proclamamos dichosa y bienaventurada, Y así será mientras el mundo sea mundo, por todas las generaciones. Y cuando el mundo acabe, toda la creación seguirá proclamando a María como la Bienaventurada que recibirá las alabanzas por la eternidad.

viernes, 14 de agosto de 2015

14 agosto: Historia, matrimonio y divorcio

Liturgia del 14 agosto
                Josué 24, 1-13 es una recopilación de la historia que ha vivido aquel pueblo desde Abrahán, Sólo me fijaré en el final de esa historia, que hace ya alusión a la tierra que reciben, si bien no se ha recogido en el relato la habíais sudado, ciudades que no habíais construido y en las que ahora vivís, viñedos, olivares que no habíais plantado y de los que ahora coméis. El relato encierra todo un regalo de Dios a su pueblo, Dios fiel a su promesa, y que supone todo el misterio de la predilección de Dios, que da porque sí, y sin que podamos llegar más allá de sus razones. Porque en esto como en tantas cosas, entrar en el secreto de Dios y abismarse en una realidad que no podemos descifrar con nuestros pensamientos.
                Seguir paso por paso esa historia que nos ha mostrado ahí el autor sagrado con una meritoria labor de síntesis, es entrar en la maravilla que vivió Israel como pueblo elegido de Dios. Y cuando algo choque a nuestras sensibilidades tan críticas, no tenemos sino que adentrarnos en nuestro propio misterio y pensar por qué mi historia es la que es y no es otra; por qué la mano de Dios estuvo sobre mí en la forma que estuvo… Y cuando recorramos el propio misterio de por qué conmigo las cosas fueron como fueron, entonces empezaremos a entender por qué aquel pueblo tuvo la historia que tuvo.

                El Evangelio (Mt 19, 3-12) nos mete en un tema de enorme actualidad: el tema del divorcio y la situación en que queda cada miembro de la pareja. Lo primero que establece Jesús como punto de partida es el principio creador. Se unen el hombre y la mujer y forman una sola carne, de modo que ya no son dos sino una sola carne. Y lo que Dios ha unido, no puede separarlo el hombre. Se parte de ahí para cualquier posterior consideración. La conclusión que saca el propio Jesús es que el divorciado/a que se casa con otra/o, comete adulterio.
                Los apóstoles se extrañan y replican: Pues entonces no conviene casarse. A lo que Jesús responde con un claro pensamiento de que no todos tienen capacidad de casados: No todos pueden con eso; sólo los que han recibido ese don. Podrá extrañar, podrá querer discutirse. Sin embargo la experiencia lo da cada vez más claro en estos tiempos. No todo varón o toda mujer está en la madurez para afrontar la vida con esa capacidad de perpetuidad ni de relación de igual a igual. Los fracasos matrimoniales a los pocos meses de casados lo ponen de manifiesto. El retraso en la aceptación de un hijo es otra prueba evidente. La violencia doméstica es el grito de un fracaso humano en la relación de la pareja. No andaba errado Jesús cuando aclaró que no todos están capacitados para el matrimonio, y que en el fallo tan hondo de los matrimonios y la salida por la puerta falsa del divorcio, es una mala solución.
                El tema que se presenta es si  realmente son matrimonios una buena parte de los que creyeron emprender ese camino, quizás ya amparados en su subconsciente en esa posible salida por la puerta falsa. En cuyo caso no hay adulterio en una nueva relación. Lo que hay es engaño, inmadurez, incapacidad psicológica.

                Y punto y aparte es la vida posterior de los divorciados vueltos a casar. Nunca estuvieron excomulgados, pero sí en situación anómala por cuanto que su vínculo primero, no desatado aunque roto, les dejaba en una imposibilidad de acercarse al sacramento de la Comunión. El Papa no ha entrado directamente en ese tema sino en la pastoral de cercanía a esas personas que son muy útiles, posiblemente, en otros campos de la vida de la Iglesia. Y la Iglesia, por su parte, con los brazos abiertos para ayudarles en lo que pueden ser ayudados, Es oficializar lo que fue o debió ser la práctica en la acogida a todo hombre y mujer, sea cual sea su condición en el plano moral y personal. Muy distinto, por supuesto del aquí no ha pasado nada.

jueves, 13 de agosto de 2015

ZENIT 12 agosto: El sentido de la fiesta

12 de agosto de 2015 (ZENIT.org)
Publicamos a continuación la catequesis del papa Francisco durante la audiencia general:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy abrimos un pequeño recorrido de reflexión sobre las tres dimensiones que marcan, por así decir, el ritmo de la vida familiar: la fiesta, el trabajo, la oración.
Comenzamos por la fiesta. Y decimos enseguida que la fiesta es una invención de Dios. Recordamos la conclusión del pasaje de la creación, en el Libro de Génesis: “El séptimo día, Dios concluyó la obra que había hecho, y cesó de hacer la obra que había emprendido. Dios bendijo el séptimo día y lo consagró, porque en él cesó de hacer la obra que había creado”.(2,2-3). Dios mismo nos enseña la importancia de dedicar un tiempo a contemplar y a gozar de lo que en el trabajo se ha hecho bien. Hablo de trabajo, naturalmente, no solo en el sentido de la labor y la profesión, sino en un sentido más amplio: cada acción con la que nosotros hombres y mujeres podemos colaborar a la obra creadora de Dios.
Por tanto, la fiesta no es la pereza de estar en el sofá, o la emoción de una tonta evasión. La fiesta es sobre todo una mirada amorosa y agradecida por el trabajo bien hecho. También vosotros, recién casados, estáis festejando el trabajo de un bonito tiempo de noviazgo: ¡y esto es bello! Es el tiempo para ver a los hijos, o los nietos, que están creciendo, y pensar: ¡qué bello! Es el tiempo para mirar nuestra casa, a los amigos que hospedamos, la comunidad que nos rodea, y pensar: ¡qué bueno! Dios lo ha hecho así. Y continuamente lo hace así, porque Dios crea siempre, también en este momento.
Puede suceder que una fiesta llegue en circunstancias difíciles y dolorosas, y se celebra quizá “con un nudo en la garganta”. Y, también en estos casos, pedimos a Dios la fuerza de no vaciarla completamente. Vosotros, mamás y papás sabéis bien esto: ¡cuántas veces por amor a los hijos, sois capaces de apartar las penas para dejar que ellos vivan bien la fiesta, gusten el sentido bueno de la vida! ¡Hay tanto amor en esto!
También en el ambiente del trabajo, a veces --sin dejar de lado los deberes-- sabemos  “infiltrar” algún toque de fiesta: un cumpleaños, un matrimonio, un nuevo nacimiento, como también una despedida o una nueva llegada… es importante. Es importante hacer fiesta. Son momentos de familiaridad en el engranaje de la máquina productiva: ¡nos hace bien!
Pero el verdadero tiempo de la fiesta suspende el trabajo profesional, y es sagrado, porque recuerda al hombre y a la mujer que son hechos a imagen de Dios, quien no es esclavo del trabajo, sino Señor, y por tanto tampoco nosotros debemos ser nunca esclavos del trabajo, sino “señores”. Hay un mandamiento para esto, un mandamiento que es para todos, ¡nadie excluido! ¡Y sin embargo hay millones de hombres y mujeres e incluso niños esclavos del trabajo! En este tiempo existen esclavos ¡Son explotados, esclavos del trabajo y esto es en contra de Dios y en contra de la dignidad de la persona humana! La obsesión por el beneficio económico y la eficiencia de la técnica amenaza los ritmos humanos de la vida, porque la vida tiene sus ritmos humanos.
El tiempo de descanso, sobre todo el del domingo, está destinado a nosotros para que podamos gozar de lo que no se produce ni consume, no se compra ni se vende.
Y sin embargo vemos que la ideología del beneficio y del consumo quiere comerse también la fiesta: también a veces es reducida a un “negocio”, a una forma para hacer dinero y para gastarlo. ¿Pero trabajamos para esto? La codicia del consumir, que implica desperdicio, es un virus malo que, entre otras cosas, nos hace estar más cansados al final que antes. Perjudica el verdadero trabajo y consume la vida. Los ritmos desregulados de la fiesta causan víctimas, a menudo jóvenes.
Finalmente, el tiempo de la fiesta es sagrado porque Dios lo habita de una forma especial. La Eucaristía del domingo lleva a la fiesta toda la gracia de Jesucristo: su presencia, su amor, su sacrificio, su hacerse comunidad, su estar con nosotros… Y así cada realidad recibe su sentido pleno: el trabajo, la familia, las alegría y las fatigas de cada día, también el sufrimiento y la muerte; todo es transfigurado por la gracia de Cristo.
La familia es dotada de una competencia extraordinaria para entender, dirigir y sostener el auténtico valor del tiempo de la fiesta. Pero ¡qué bonitas son las fiestas en familia, son bellísimas! Y en particular la del domingo. No es casualidad si las fiestas en las que hay sitio para toda la familia ¡son aquellas que salen mejor!

La misma vida familiar, mirada con los ojos de la fe, nos parece mejor que los cansancios que comportan. Nos aparece como una obra de arte de sencillez, bonito precisamente porque no es artificial, no fingido, sino capaz de incorporar en sí todos los aspectos de la vida verdadera. Nos aparece como una cosa “muy buena”, como Dios dijo al finalizar la creación del hombre y de la mujer (cfr Gen 1,31). Por tanto, la fiesta es un precioso regalo que Dios ha hecho a la familia humana: ¡no lo estropeemos!

13 agosto: Sigue el perdón

Liturgia
          Pasamos al libro de Josué: 3, 7-10; 11. 13-17. Josué ha tomado la responsabilidad de conducir al pueblo y -a la muerte y por encargo de Moisés- Dios quiere mostrar la autoridad de Josué para que el pueblo “vea que estoy contigo”. Y para ello hace un prodigio semejante al del paso del Mar Rojo, pero en la más pequeña escala del río Jordán. Eso sí: se advierte que en ese tiempo el Jordán va hasta los bordes para mostrar la magnitud del prodigio.
          Josué encargará a los sacerdotes llevar el arca y cuando los pies de ellos toquen el agua, el Jordán detendrá su curso y el pueblo atravesará el río. Así –les dice Josué- sabréis que Dios está con vosotros, y que Dios os va a conceder lo que os tiene prometido.
          Así ocurrió y el pueblo pasó el Jordán, y entonces los sacerdotes salieron del agua y el río recobró su cauce normal.
          El Evangelio Mt 18, 21-19, 1 es continuación del de ayer, el de la corrección fraternal y la actitud de aquel miembro de la comunidad que es corregido. Porque Pedro llega a preguntar, consiguientemente, hasta cuantas veces debe de haber perdón… ¿Hasta siete veces? [¿Siempre, siempre?, es lo que significan las “siete veces”]. Y Jesús con énfasis muy propio de Él, con ese estilo estremoso con que quiere subrayar una enseñanza, le dice: No hasta siete veces sino hasta setenta veces siete. [Sin fin].
          Y para dejar aclarado el tema cuenta su parábola que pone de manifiesto que del perdón que uno otorgue a otro va a depender el perdón que se recibe de Dios. Siempre es un hecho que el perdón que da Dios es de mucha más envergadura: diez mil talentos era toda una fortuna.
          El perdón que tiene que dar un particular es siempre pequeño (cien denarios, casi un “perrilleo”). Pero el hecho es que esos cien denarios hay que saberlos perdonar (o saber dar salida a esas “deudas” humanas), de manera que quede patente que el hermano es capaz de perdonar al  hermano. Porque si ese hermano no sabe perdonar o ayudar a solucionar el tema de su semejante, no podrá haber perdón de Dios para él. En la parábola se expresa con toda crudeza que el perdón que el primero había obtenido, le es retirado, y se le exige ahora el pago de toda su inmensa deuda, porque él no supo condonar los cien denarios que le debía su colega.
          No cabe duda que la parábola se desenvuelve en términos muy fuertes. Y es que Jesús quiere dejar patente que está tratando de un tema muy serio. En efecto: cuando enseña a orar a sus apóstoles de manera que sea un orar distintivo de la escuela de Jesús, una de las peticiones (que es el perdón que se pide a Dios), se hace de forma condicional: perdónanos COMO NOSOTROS PERDONAMOS (o porque nosotros ya hemos perdonado). Querría decir que cuando mi perdón no es total, yo le pido a Dios que su perdón a mí no sea total; o que no se me ocurra pedir perdón si yo no he perdonado antes.
          Recuerdo a una persona que hizo ejercicios conmigo y sugerí la reflexión profunda de si DE VERDAD habían perdonado en plenitud cualquier “deuda” del pasado. Y una persona, que era muy honrada en sus planteamientos, me dijo que había descubierto que tenía en su recámara un perdón aparentemente dado, pero que no lo había sobrepasado en su corazón.

          No será el último caso. Y no se trata de perdones de ofensas. Yo me quedaría hoy mucho más en LOS RECELOS que quedan ahí en las entretelas del sentimiento, y que en el fondo suponen que NO SE HA SOBREPASADO la herida  de una determinada situación. Sólo está oculta. Quedan brasas capaces de reemprenderse al mínimo soplo de contacto con aquella persona.

miércoles, 12 de agosto de 2015

12 agosto: La comunidad y la corrección

Liturgia
          Deut 34, 1-12 nos pone delante la muerte de Moisés. Dios le mostró desde las alturas del Monte Nebo la tierra que iba a dar a su pueblo, la que prometí a Abrahán, Isaac y Jacob. Te la hago ver con tus propios ojos, pero ya no entras en ella.
          Allí murió Moisés y lo enterraron. Lo más misterioso es la afirmación del autor sagrado, que dice que nadie pudo después conocer el lugar de su sepultura. Precisamente un personaje de la envergadura de Moisés, tan especialmente tratado por Dios, queda sepultado en el valle de Moab pero nunca más se supo el lugar.
          Los israelitas lloraron a Moisés treinta días y al terminar el duelo, Josué –al que Moisés había impuesto las manos y estaba lleno del espíritu de sabiduría- tomó el mando y los israelitas le obedecieron. Advierte el texto que lo que ya no hubo fue otro profeta como Moisés, con el que Dios hablaba cara a cara, ni nadie que hiciera los prodigios que Moisés hizo ante el Faraón, o los grandes prodigios como los del mar Rojo o en el desierto.
          De hecho Moisés, como caudillo del pueblo de Dios para liberarlo, viene a ser figura de Jesús, nuevo salvador que libra al pueblo de la peor esclavitud, con una liberación que es también mucho más trascendente y sin igual.
          Mt 18, 15-20 nos trae una enseñanza muy propia de la nueva era, la de Jesús: EL PERDÓN. Ante el hermano que yerra, la labor recta es corregirlo fraternalmente. Y eso se hace a solas, entre los dos. [Que ya es un punto en que poner atención: a solas, como a hermano]. Y si te hace caso, lo has salvado. Si no te hace caso, recurre a alguien que sea testigo de la advertencia que le haces a ese hermano. Cualquier medio que pueda ser constructivo y revestido de caridad, porque con sólo uno o dos testigos ya queda patente que pretendes ayudarle. Cuando ni así se corrige, entonces se le comunica a la comunidad de hermanos, porque siempre se trata de que el círculo de personas que intervienen esté buscando el bien de esa persona, y no la difamación del mismo.
          Y con una solemnidad que hace caer en la cuenta del valor de la comunidad cristiana, Jesús dice que lo que ate (decida) esa comunidad, quedará patente en el cielo. Lo mismo que cuando dos o más se ponen de acuerdo para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
          Es evidente que esa experiencia de comunidad no es factible allí donde se reúnen gentes de aluvión. Ni donde hay un número más amplio de personas de diferentes modos de entender la vida.

          Y todavía afinando más, hay comunidades que así como tales se definen que –a la hora de la verdad- están lejos de vivir esta experiencia que propone Jesús. Es que una común-unidad requiere mucha salida del amor propio, del Yo, del propio querer y de los intereses personales, y eso no es fácil entre muchos. Por eso se queda muchas veces en entredicho esa promesa de Jesús de los dos o más reunidos en el nombre de Jesús, y por eso queda tan en el aire el encontrar a Jesús en medio. Y no es por fallo de Jesús sino porque no se ha producido ese “casi sacramento” que es vivir en el nombre de Jesús. Sobra demasiado personalismo la mayoría de las veces, y andamos muy liados con el tuyo y el mío. Eso es lo que anula la eficacia del evangelio, la misma verdad de Cristo.

A partir de mañana, 13 de agosto, aunque trataré de estar a diario con todos los seguidores del blog, no puedo prometer la puntualidad con la que salgan a la luz los comentarios de cada día. 

martes, 11 de agosto de 2015

ZENIT 11 agosto: Lema del Papa:Jornada por la paz

Jornada Mundial de la Paz: “Vence la indiferencia y conquista la paz”
Tema elegido por el papa para Jornada que se celebra el 1 de enero de 2016
(ZENIT.org)
La paz debe ser conquistada: no es un bien que se obtiene sin esfuerzos, sin conversión, sin creatividad y sin dialéctica. Se trata de sensibilizar y formar al sentido de responsabilidad respecto a las gravísimas cuestiones que afligen la familia humana, como el fundamentalismo y sus masacres, las persecuciones a causa de la fe y de la pertenencia étnica, las violaciones de la libertad y de los derechos de los pueblos, el abuso y la esclavitud de las personas, la corrupción y el crimen organizado, las guerras que causan el drama de los refugiados y de los emigrantes forzados. Así lo asegura el papa Francisco en el Mensaje para la 49ª Jornada Mundial de la Paz. El tema que ha elegido el Pontífice para esta Jornada que se celebra cada año el 1 de enero, es “Vence la indiferencia y conquista la paz”.
La obra de sensibilización y formación de la que habla el Papa, “tendrá como objetivo dirigirse, al mismo tiempo, también a las oportunidades y posibilidades para combatir estos males”, explica. Males como “la maduración de una cultura de la legalidad, de la educación al diálogo y a la cooperación, que en este contexto, son formas fundamentales de reacción constructiva”.
“La indiferencia en relación a los flagelos de nuestro tiempo es una de las causas fundamentales que va en desmedro de la paz en el mundo”, subraya Francisco al inicio del Mensaje. Asimismo recuerda que la indiferencia actual, es a menudo, “vinculada a diversas formas de individualismo que producen aislamiento, ignorancia, egoísmo y, esto lleva al desinterés”. El aumento de las informaciones de por sí --observa el Santo Padre-- no es sinónimo de aumento de atención a los problemas, si no es acompañado de una apertura de las conciencias en sentido solidario. Y para obtener tal objetivo es indispensable “la contribución que pueden dar, además de las familias, los educadores, todos los formadores, los operadores culturales y de los medios de comunicación, los intelectuales y los artistas”. De hecho, el Papa asegura que “la indiferencia se puede vencer solamente afrontando juntos este desafío”.
Por otro lado, indica que un campo en el que se puede construir la paz cotidianamente venciendo la indiferencia es “aquel de las formas de esclavitudes presentes en el mundo”, tema de la Jornada Mundial de la Paz del 2015, “No esclavos sino hermanos”.
Es ineludible --afirma Francisco-- llevar adelante este empeño, con mayor consciencia y colaboración. “La paz es posible allí donde el derecho de todo ser humano es reconocido y respetado, según la libertad y la justicia”, observa el Pontífice.
En la conclusión del texto, se indica que este Mensaje para el año 2016 pretende ser un punto de partida para que todos los hombres de buena voluntad, y en particular aquellos que operan en la instrucción, en la cultura y en los medios de comunicación, “actúen cada uno de acuerdo a las propias posibilidades y de acuerdo a las mejores aspiraciones para construir juntos un mundo más consciente y misericordioso, y por tanto más libre y justo”.

La Jornada Mundial de la Paz, fue instituida por el beato Pablo VI y se celebra cada año el 1 de enero. El Mensaje del Papa se envía a las Cancillerías de todo el mundo y es una forma de señalar la línea diplomática de la Santa Sede para el año que inicia.

11 agosto: El protagonismo de LO PEQUEÑO

Liturgia
          Moisés siente que ha cumplido su  misión (Det 31, 1-8) y que ya está todo hecho. Con sus ciento veinte años sabe que él no va a introducir al pueblo en la tierra prometida, y da al pueblo sus últimas instrucciones. Y son positivas, esperanzadoras, creándoles una autoestima. Ellos han de sentirse capaces y decididos para tomar aquellas tierras y enfrentarse a aquellos pueblos que se les opongan. Llevarán a Josué como jefe al que Moisés señala como sucesor suyo para la obra tan importante de alcanzar la tierra prometida; Se fuerte y valiente porque has de introducir a este pueblo en la tierra que el Señor tu Dios prometió a tus padres; y tu les repartirás la heredad. Él estará contigo; no te dejará ni te abandonará.
          La obra que el Señor ha comenzado la llevará a cabo. Que esa es la lección que nos queda patente. Dios no deja las cosas a medias, y Él hizo la promesa y Dios no fallará.
          El Evangelio (Mt 18, 1-5. 10, 12-14) tiene dos partes muy definidas. En la primera los discípulos preguntan quién es el más importante en el Reino de los cielos. Ese tema que a ellos les ocupa con tanta frecuencia y por el que discuten. Y Jesús les rompe la idea que ellos pretendían sacar porque Jesús toma un niño, lo pone en medio, y les dice: Os digo que si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el Reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como ese niño, ese es el más grande en el Reino de los cielos.
          Ellos buscaban distinciones, señalarse, ser grandes. Y Jesús les presenta todo lo contrario. Verdaderamente la visión de los hombres no tiene encaje en el proyecto de Dios. Hay que cambiar el chip completamente.
          La segunda parte de este evangelio es la versión breve de la parábola del buen pastor. Y hace poco alguien me hacía ver que tiene una nota que supera a la gran parábola del padre bueno. Porque en esa parábola es el hijo quien regresa, y el padre lo acoge. En la parábola de la oveja perdida es el propio pastor quien va en busca de la oveja. El resultado es el mismo en cuanto al gozo del encuentro, porque en una y otra parábola se desborda la alegría del pastor o del padre y se hace contagiosa hacia los demás. En la narración de Lucas el pastor convoca a los amigos y les hace partícipes de su alegría, y pide que se unan a eso gozo de haber encontrado la oveja perdida. O el padre hace un banquete en que todos celebren la alegría del hijo encontrado.
          En resumidas cuentas, vale el final de la narración de hoy: Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños. Punto en el que vienen a confluir las dos partes de la perícopa que hemos tenido hoy, porque “los pequeños” han venido a ser los protagonistas.

          Interesante, pues, para ponernos ante los ojos la característica esencial con la que Jesús se alegrará con nosotros, y en la que nosotros podremos alegrarnos: la pequeñez, la sencillez, el hacernos más como niños, en medio de un ambiente que está dominado por el hombre ensoberbecido y encumbrado sobre sí mismo. Por eso se eclipsa tanto en la sociedad actual la luz que querría aportar el Reino de Dios.

lunes, 10 de agosto de 2015

ZENIT, 10 agosto: Institución del "Día de la Creación"

El Papa instituye la Jornada de Oración por la Creación
Se celebrará cada año el 1 de septiembre, siguiendo la propuesta de la Iglesia Ortodoxa
(ZENIT.org)
El papa Francisco ha instituido la Jornada Mundial de Oración para el Cuidado de la Creación, y lo ha hecho a través de una carta enviada al cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, y al cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Se celebrará cada año el 1 de septiembre. Esta jornada será un nuevo signo visible de la preocupación del Santo Padre y de la Iglesia por la Creación y su cuidado, tal y como ha quedado reflejado en la recién publicada encíclica Laudato Si’.                    
El Metropolita Ioannis de Pérgamo, durante su intervención en la presentación de la Encíclica Laudato si’, contó que ya desde 1989, el Patriarcado Ecuménico decidió dedicar el 1 de septiembre de cada año para orar por el medio ambiente. Y se preguntó si no podría ser una jornada de oración para todos los cristianos. Tal y como lo explica Francisco al inicio de su carta, acogiendo esta sugerencia, ha decidido instituir también en la Iglesia Católica la «Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación».
El Pontífice recuerda una vez más que como cristianos, “queremos ofrecer nuestra contribución para superar la crisis ecológica que está viviendo la humanidad”. Para ello --asegura-- debemos ante todo extraer de nuestro rico patrimonio espiritual las motivaciones que alimentan la pasión por el cuidado de la creación.
De este modo, el Papa advierte que “la crisis ecológica nos llama por tanto a una profunda conversión espiritual”. Por eso, subraya que los cristianos están llamados a una "conversión ecológica, que implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea".
La Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, explica Francisco en su carta, ofrecerá a cada creyente y a las comunidades “una valiosa oportunidad de renovar la adhesión personal a la propia vocación de custodios de la creación, elevando a Dios una acción de gracias por la maravillosa obra que Él ha confiado a nuestro cuidado, invocando su ayuda para la protección de la creación y su misericordia por los pecados cometidos contra el mundo en el que vivimos”.
Además, también reconoce que la celebración de la Jornada en la misma fecha que la Iglesia Ortodoxa “será una buena ocasión para testimoniar nuestra creciente comunión con los hermanos ortodoxos”.
Al repecto, asegura que vivimos en un tiempo en el que los cristianos afrontan idénticos e importantes desafíos, y a los que se debe dar respuestas comunes, “si queremos ser más creíbles y eficaces”. Asimismo, el Santo Padre manifesta su deseo de que esta Jornada pueda contar con la participación de otras Iglesias y Comunidades eclesiales y se pueda celebrar en sintonía con las iniciativas que el Consejo Ecuménico de las Iglesias promueve sobre este tema.
A continuación, el Papa pide al cardenal Turkson que ponga en conocimiento de las Comisiones de Justicia y Paz de las Conferencias Episcopales, así como de los Organismos nacionales e internacionales que trabajan en el ámbito ecológico, la institución de esta Jornada, para que la celebración “se organice debidamente con la participación de todo el Pueblo de Dios: sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos”. Este dicasterio deberá llevar a cabo iniciativas adecuadas de promoción y animación, “para que esta celebración anual sea un momento intenso de oración, reflexión, conversión y asunción de estilos de vida coherentes”.

Finalmente, la petición para el cardenal Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, es que se ponga en contacto con el Patriarcado Ecuménico y con las demás realidades ecuménicas, “para que dicha Jornada Mundial sea signo de un camino que todos los creyentes en Cristo recorren juntos”. Este dicasterio se ocupará de la coordinación con iniciativas similares organizadas por el Consejo Ecuménico de las Iglesias.

10 agosto: Fiesta de San Lorenzo

SAN LORENZO
          Hoy celebra la Iglesia a San Lorenzo con carácter de fiesta litúrgica. San Lorenzo es un diácono del Siglo III, que fue martirizado a fuego. Y torturado así, aun le parecía poco e invitaba a sus verdugos a continuar su acción.
          La liturgia lo enmarca en las palabras de Pablo a los fieles de Corinto (2ª, 9, 6-10) en las que afirma: El que tacañamente siembre tacañamente cosechará; el que siembra abundantemente, recogerá con abundancia, y añade, con realismo y humanidad: Que cada uno dé según su conciencia. No se trata de da más de lo que se puede, sino dar de lo que se puede, y dar con alegría, que es una de las características con las que cada persona ha de hacer su donación, sea del modo que sea. Que Dios tiene poder para colmar de favores… Él da la semilla para sembrar, y Él dará el fruto al recoger.
          Lo que pide ese don es dar todo lo que supone el propio  ser de la persona. En el Evangelio –Jn 12, 24-26- Jesús pone el secreto del fruto que se recoge: que el grano de trigo que cae en tierra, se pudra. No basta que caiga en la tierra. Se lo pueden comer los pájaros, puede caer en terreno no fértil. El grano que fecunda es el que muere, el que se pudre. Y de su propia muerte hace una espiga que multiplica al grano sembrado y lo hace centuplicar.
          Y Jesús, entonces vuelve a insistir –como varias veces en su vida, que el que se ama a sí mismo, se pierde; el que se pierde, se hace fecundo, hasta el punto de que donde Jesús está, estará también el que ha vencido su propio yo. Y el Padre lo premiará.

          Un principio que queda establecido en el Reino, y en el que tiene que construirse el valor de cada persona. Lorenzo, diácono, hace de su diaconía un puro servicio, y un servicio generoso, respondiendo a esa vocación que tiene en la Iglesia esa misión. Y Dios lo eleva a la dignidad mayor, y Dios mismo se le vuelca en el don de sí  mismo. Que Dios, que da la semilla para sembrar, le da a Lorenzo la gran cosecha de la caridad.

domingo, 9 de agosto de 2015

ZENIT, 9 agosto: Ángelus

09 de agosto de 2015 (ZENIT.org)
Como cada domingo, el papa Francisco rezó el Ángelus desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, ante una multitud que le atendía en la Plaza de San Pedro.
Dirigiéndose a los fieles y peregrinos venidos de todo el mundo, que le acogieron con un largo y caluroso aplauso, el Pontífice les dijo:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En este domingo prosigue la lectura del capítulo sexto del Evangelio de Juan, donde Jesús, habiendo cumplido el gran milagro de la multiplicación de los panes, explica a la gente el significado de aquel “signo” (Jn 6,41-51).Como había hecho antes con la Samaritana, a partir de la experiencia de la sed y del signo del agua, aquí Jesús parte de la experiencia del hambre y del signo del pan, para revelarse e invitarnos a creer en Él.
La gente lo busca, la gente lo escucha, porque se ha quedado entusiasmada con el milagro, ¡querían hacerlo rey! Pero cuando Jesús afirma que el verdadero pan, donado por Dios, es Él mismo, muchos se escandalizan, no comprenden, y comienzan a murmurar entre ellos: “De él --decían--, ¿no conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo puede decir ahora: 'Yo he bajado del cielo'? (Jn 6,42)”. Y comienzan a murmurar. Entonces Jesús responde: “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió”, y añade “el que cree, tiene la vida eterna” (vv 44.47).
Nos sorprende, y nos hace reflexionar esta palabra del Señor: “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre”, “el que cree en mí, tiene la vida eterna”. Nos hace reflexionar. Esta palabra introduce en la dinámica de la fe, que es una relación: la relación entre la persona humana, todos nosotros, y la persona de Jesús, donde el Padre juega un papel decisivo, y naturalmente, también el Espíritu Santo, que está implícito aquí. No basta encontrar a Jesús para creer en Él, no basta leer la Biblia, el Evangelio, eso es importante ¿eh?, pero no basta. No basta ni siquiera asistir a un milagro, como el de la multiplicación de los panes. Muchas personas estuvieron en estrecho contacto con Jesús y no le creyeron, es más, también lo despreciaron y condenaron. Y yo me pregunto: ¿por qué, esto? ¿No fueron atraídos por el Padre? No, esto sucedió porque su corazón estaba cerrado a la acción del Espíritu de Dios. Y si tú tienes el corazón cerrado, la fe no entra. Dios Padre siempre nos atrae hacia Jesús. Somos nosotros quienes abrimos nuestro corazón o lo cerramos.
En cambio la fe, que es como una semilla en lo profundo del corazón, florece cuando nos dejamos “atraer” por el Padre hacia Jesús, y “vamos a Él” con ánimo abierto, con corazón abierto, sin prejuicios; entonces reconocemos en su rostro el rostro de Dios y en sus palabras la palabra de Dios, porque el Espíritu Santo nos ha hecho entrar en la relación de amor y de vida que hay entre Jesús y Dios Padre. Y ahí nosotros recibimos el don, el regalo de la fe.
Entonces, con esta actitud de fe, podemos comprender el sentido del “Pan de la vida” que Jesús nos dona, y que Él expresa así: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo” (Jn 6,51). En Jesús, en su “carne” --es decir, en su concreta humanidad-- está presente todo el amor de Dios, que es el Espíritu Santo. Quien se deja atraer por este amor va hacia Jesús, y va con fe, y recibe de Él la vida, la vida eterna.
Aquella que ha vivido esta experiencia en modo ejemplar es la Virgen de Nazaret, María: la primera persona humana que ha creído en Dios acogiendo la carne de Jesús. Aprendamos de Ella, nuestra Madre, la alegría y la gratitud por el don de la fe. Un don que no es “privado”, un don que no es “propiedad privada”, sino que es un don para compartir: es un don “para la vida del mundo”.
Al término de estas palabras, el Santo Padre rezó la oración mariana:
Angelus Domini nuntiavit Mariae...
Al concluir la plegaria, el Papa recordó a Hiroshima y Nagasaki en el 70 aniversario del trágico suceso:
Queridos hermanos y hermanas,
Hace setenta años, el 6 y el 9 de agosto de 1945, sucedieron los tremendos bombardeos atómicos en Hiroshima y Nagasaki. A distancia de tanto tiempo, este trágico suceso suscita todavía horror y repulsión. Este se ha convertido en el símbolo del ilimitado poder destructivo del hombre cuando hace un uso equivocado del progreso de la ciencia y de la técnica, y constituye una advertencia continua para la humanidad, para que repudie para siempre la guerra y destierre las armas nucleares y toda arma de destrucción masiva. Esta triste ocasión nos llama sobre todo a rezar y a comprometernos por la paz, para difundir en el mundo una ética de fraternidad y un clima de serena convivencia entre los pueblos. De cada tierra se eleve una única voz: ¡no a la guerra, no a la violencia, sí al diálogo, sí a la paz! Con la guerra siempre se pierde. ¡El único modo de vencer una guerra es no hacerla!
Además, el Pontífice manifestó su preocupación por la situación que atraviesa El Salvador:
Sigo con viva preocupación las noticias que llegan desde El Salvador, donde en los últimos tiempos se ha agravado la situación de la población a causa de la carestía, de la crisis económica, de agudos contrastes sociales y de la creciente violencia. Animo al querido pueblo salvadoreño a perseverar unido en la esperanza, y exhorto a todos a rezar para que en la tierra del beato Óscar Romero florezcan de nuevo la justicia y la paz.
A continuación llegó el turno de los saludos que tradicionalmente realiza el Santo Padre:
Dirijo mi saludo a todos ustedes, romanos y peregrinos; en especial a los jóvenes de Mason Vicentino, Villaraspa, Nova Milanese, Fossò, Sandon, Ferrara, y a los monaguillos de Calcarelli.
Saludo a los motociclistas de San Zeno (Brescia), comprometidos a favor de los niños hospitalizados en el Hospital Bambin Gesú.
Como de costumbre, el papa Francisco concluyó su intervención diciendo:

Y a todos les deseo un buen domingo. Y por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!