Hoy habrá un poquito más, supliendo lo que faltó ayer. Y como hay que ir dividiendo materia, porque Nazaret da para mucho, yo pienso que antes de hacerse un juicio a esta exposición será oportuno esperar al desarrollo que -Dios mediante- pueda hacer de la descripción de Pablo en la Carta a los Colosenses.
UNA VIDA NORMAL
Se levantan. Podemos
pensar que temprano (porque la hora de las primeras contrataciones de trabajo las
expresó Jesús en las 9 de la mañana (al contar una parábola). Desde el primer
momento hay alegría, -porque tienen paz de espíritu-, y a la vez es alegría
silenciosa, porque tienen vida interior y ahora es un nuevo momento de ponerse
a disposición de Dios, y ofrecerle ese día.
Se
suben a la azotea donde de cara al levante, hacen su oración (o parte de ella) con
las manos elevadas al cielo, símbolo de aquellos corazones que se entregan
totalmente a Dios...; y van recitando sus salmos. Jesús va aprendiendo de José y de María, de
viva voz, como todo niño. Y de observar con atención de niño, al que le va
entrando como en una esponja.
Podemos
pensar que toman algo para reponer fuerzas y realizar cada uno su labor: María
en la casa, José en el taller (o yéndose a la Plaza para esperar ser
contratado). Jesús, según su edad.... María lo llevaba con Ella a la fuente cuando
iba por agua...; luego lo tenía junto a Ella en el arreglo de la casa, mientras
hacía el pan...., o se salía a la puerta a jugar con los niños...; travieso
como lo propio de un niño..., muy noble...
Cuando
es un poquito mayor, Jesús es el que va a la fuente..., el que va a entregar o
a cobrar los trabajos de José... Y poco a poco José le va enseñando a
trabajar..., y trabajará y encallecerá sus manos en el trabajo primitivo que
entonces podía hacerse, y hasta dándose alguna vez un martillazo en un dedo...,
y equivocándose al cortar un trozo de madera... Pidámosle a Jesús que nos
enseñe sus manos encallecidas..., de niño, de joven. Y besémoslas. [Parecen gestos que se salen de “la
historia”, pero son precisamente gestos que nos meten a nosotros en ella. Y eso es de particular importancia para el
que está haciendo oración, y lo que le importa –sobre todo- es encontrarse metido
en la escena…, ¡porque hay mucho que aprender!].
María
trabaja con ilusión: quiere tener su labor a punto... José es un honrado
trabajador que tiene que ganarse el pan con el sudor de su frente... (y a veces
está parado sin trabajo), sufriendo porque no tiene para dar de comer a su
mujer y a su hijo). Compartamos con él sus sentimientos de hombre justo,
honrado, que sabe ir adónde haya donde ganar unas monedas.
María
manda a Jesús... José manda también y Jesús obedece. Es un niño obediente...
que alguna vez habría que llamarle la atención por alguna travesura.
María
cocina... Aunque alguna vez se le quemaba el pan en el horno o se le iba la
leche. Pero nadie lo llevaba a mal. También José y el Niño se metían alguna vez
en la casa con los pies llenos de barro, porque había llovido... y ensuciaban
la casa que había dejado María tan limpita.
Pero estas son las cosas normales de cada día, y nadie hacía de eso una
tragedia.
Es que es ahí donde están los
puntos interesantes de reflexionar, porque son ahí donde se producen tantas
veces las dificultades de la convivencia.
Si sabemos analizar esas situaciones de tensión en una familia, en un
colectivo, en una comunidad, en una asociación…, veríamos que son mínimas cosas
las que provocan bienestar o malestar. Cada una de por sí no tiene importancia.
Irlas “cargando”, acumulando, perdiendo pie en ellas, es lo que acaba rompiendo
armonía, paz, tranquilidad. Y cualquier
persona que piense en Nazaret con un mínimo de realismo, tiene que caer en la
cuenta que aquello no era eso de abrir la
boca y ya le meten a uno el bollo.
Cualquier familia estupenda se distingue no porque no haya ni brizna de
dificultad, sino por el talante con que se viven esas cosas.
Jesús
iba creciendo. María y José observaban lo hombrecito que se iba haciendo. Y
luego era un auténtico hombre con sus 18 y 20 y 25 años...
La
comida era un momento gozoso, reunidos los tres... Agradeciendo al Señor el
alimento de cada día... Eso sí: algunas
veces era poco. No había habido trabajo y había que reducir..., pedir prestado
a las vecinas o a algún buen amigo: “en cuanto cobre un trabajillo te lo
devolveré”. Aunque algunas veces era tan poco lo que había para comer que
María apenas comía...: “es que he comido un poquito mientras guisaba y se me
han quitado las ganas...” Era
que no había..., y Ella se sacrificaba).
Luego,
otra vez al trabajo. María estaba
deseando terminar para coger el cestillo de su costura y llevárselo al taller y
estar allí con José. Se sentían felices… Y Jesús jugaba allí junto a ellos, o
iba haciendo sus primeros trabajos..., o
llevaba ya el taller Él solo, cuando murió José.
José
se quedaba pensando muchas veces durante su trabajo en aquel niño misterioso,
que había nacido de una forma misteriosa, sin intervención suya.. Y adoraba a Dios que le comunicó aquella noche
terrible que “era obra del Espíritu Santo”. Y hasta sentía pena de que se le
hubiera a él ocurrido abandonar a María. ¡Quién iba a figurárselo!, se decía a
sí mismo..., y seguía su trabajo, echado en brazos de una Fe obscura..., la que
lo explica todo sin explicar nada...
Jesús,
de mozalbete, se iba a dar una vuelta con sus amigos, mientras José y María se
quedaban mirándolo... Vayamos con Él... Dejémosle la iniciativa de la
conversación... Que Él nos hable...
Tendrá muchas cosas que contarnos… ¡Hay tantas que nosotros ni caemos en
la cuenta, ni nos gusta imaginar…, y que hemos soñado casi con una vida
milagrosa y divina…! Eso le pasó a
aquellos primeros cristianos que recurrieron a inventar milagritos y hechos
prodigiosos a derecha e izquierda, del Niño, o de María… Nadie se resignaba a
admitir una familia normal.
A
mí, empero, lo que me embarga el alma es saber que yo puedo vivir una vida que
se acerque a la vida de Nazaret, porque yo no hago milagros de convertir
palomitas de barro en voladoras, y me estorba pensar en un Niño Jesús así. En una madre, María, que va curando las
gripes de sus vecinos con poner la mano en sus frentes… (Yo no puedo hacer ni lo uno ni lo otro, y
sin embargo la vida de aquella familia se me pone delante para que yo la imite…
¡Por algo será! Y la Iglesia, escoge
para la fiesta de la Sagrada Familia una lectura de San Pablo a los colosenses, que
a mí me encanta porque baja a la arena de lo diario con toda naturalidad, mientras estaba describiendo la sublimidad del amor entre personas. Ya nos pararemos en ello.