miércoles, 16 de enero de 2013

FALLECIMIENTO

El padre de JAVIER
 ha fallecido esta tarde.

Sabéis que Javier es el creador de este blog, y a Javier le debe mucho el APOSTOLADO DE LA ORACIÓN.
Todos los miembros del Apostolado deben ofrecer sufragios por el alma del padre de Javier.
Y cuantos tienen un sentido cristiano de la vida y de la muerte, ofrecerán también su oración por su eterno descanso.
En cuanto a JAVIER, nos unimos a él en su dolor, y pedimos que lo haga llegar a su madre y hermanos.
Con nuestro afecto fraternal

ORAR DE VERDAD


NAZARET:   ORACIÓN
                                          Soy consciente de la sensación que puede dar que se aborden temas de los que no hay ningún dato concreto, porque cualquiera llegaría legítimamente a pensar que –a propósito de Nazaret- hago una teorización doctrinal sobre un tema como la Oración, o la Fe. Cualquier otro de los que se pretendan imaginar en la vida de la sagrada Familia de Nazaret.  Y sin embargo creo tan legítimo hacerlo si aporto algún fundamento evangélico para justificar mi aparente pura disquisición.  Y puedo partir –de entrada- de datos reales.  José o María era una pareja de novios, con promesa formal de matrimonio, que ya los tenía comprometidos a una vida de nuevo hogar, al modo natural y normal de toda pareja judía. Y en esto que la Oración trae unas novedades tan fuertes que aquello cambia de la noche a la mañana.  La oración de María le lleva a una comunicación de Dios tan directa y comprometedora como la tenida en ese instante de la anunciación…, de que Dios ha contado con ella para realizar una obra tan especial como la entrada en el mundo del Mesías, Hijo del Altísimo.  Y ahí la oración se convierte en compromiso y el compromiso en un cambio de rumbo de 180 grados. ESO ES ORACIÓN: porque no se queda en piedades y rezos sino va directamente al núcleo mismo de la vida.
             José, igualmente, sueña con su hogar, con sus hijos, su esposa… Y de pronto LA ORACIÓN de un hombre justo le cambia todos los planteamientos, y se encuentra ante un misterio incomprensible…, pero que es misterio de Dios.  Y ahí se van por alto sus proyectos humanos. ESO ES ORACIÓN  Se va a Dios para escucharlo y obedecerle, aunque más de una vez hay que dejar a un lado todos los “sueños” del YO.
             Jesús, contra toda normalidad en una familia judía, se mantiene en su casa paterna 30 años… Sin moverse, sin hacer planes, sin tomar postura. Hasta que un día, ve llegado el momento de salir en dirección a…  De momento a un bautismo de conversión…, un movimiento espiritual que ha iniciado Juan en el Jordán.  Luego llegará la voz de Dios que concreta adónde ha de encaminar su existencia… ESO ES ORACIÓN: a la escucha, en la búsqueda, en la obediencia a Dios.

             Ahora, desde esas bases reales, intentaré adentrarme en el tema de la ORACIÓN de la Sagrada Familia, a sabiendas de que es entrar en un sancta sanctorum de los cristianos que creen en la oración. Es como entrar en el corazón mismo de aquella casa y aquellas personas, cuyo sentido en la vida no puede entenderse más que desde la ORACIÓN.   Podemos ir más lejos: es llegar a adentrarse en el mismo misterio de Dios, pues la Oración es un don de Dios, y ponerse en contacto con la vida de oración de Nazaret es tocar fondo en esa “debilidad de Dios” que es la de dejarse ser tocado en la oración.
             Estamos hablando, pues, de una ORACIÓN que llega a TOCAR A DIOS.  Estamos hablando de cualquier modo de oración que sea un ponerse en contacto con Dios y dejarse modificar por Dios, que se hace presente en la verdadera oración.
             La primera oración de un judío era un rezo matinal.  Pero hablando de la Sagrada Familia -José y María, al principio; luego se irá incorporando Jesús-, hablamos -inicialmente- de rezo..., pero de qué REZO..., de qué manera de rezar...  
             Por la tarde se repetía el tiempo de orar, en esa hora de final de las labores, cuando ya se pone todo el día en brazos de Dios, en quien confían y a quien le han dedicado el día entero.
             José y María, a partir de un momento oportuno, subían al Niño con ellos, le explicaban infantilmente lo que ellos iban a hacer, y le decían a Jesús: También Yavéh te oye a ti; dile cosas tuyas, y repítele:  ¡Qué bueno es el Dios de Israel!
             No hablamos de José y María repitiendo Salmos y oraciones como papagayos.  Hablamos de una Familia que sube a su azotea, mirando hacia la dirección del Templo de Jerusalén y yendo ya en recogimiento del alma, porque van a estar mirando a Dios, presente en el Templo bajo diversos signos...   
             Más aún: ellos saben que Dios, más que en los objetos sagrados del Santuario, es un Dios que está allí donde un alma se pone en actitud de contacto y relación con Él.
             Por consiguiente, Jesús y María y José, suben a la azotea y se sitúan, por decirlo así, más cerca del Cielo, en intimidad del corazón con Dios. Y van a rezar, sí, los Salmos que debían rezarse cada mañana...;  y las oraciones y bendiciones que correspondían, y que todo judío sabía de memoria.  Pero que para ellos no era un ejercicio de memoria sino un hablar del corazón.
             Seguramente ya los podemos imaginar en su misma postura exterior, sabiéndose ante Dios y escuchados por Dios, y ellos en súplica o alabanza o adoración o gratitud..., hacia Dios.   Y los tenemos que imaginar con el corazón muy abierto, el alma ilusionada, el rendimiento de todo su querer y poder y saber en la voluntad del Dios de Israel, ..., porque sólo buscan a Dios.
             Y no están allí para cumplir una devoción sino para un dejar a Dios actuar en sus vidas...; para un ponerse ellos más disponibles a Dios. Para que aquellos Salmos y oraciones que rezaban, fueran la expresión de sus más íntimos sentimientos..., y -en definitiva- del amor que tenían a Dios en el fondo más profundo de sus corazones. 
             Oraban no para cumplir..., no desde una especie de superstición (como si pudiera pasarles algo o perder algo si no oraban aquello)...  Oraban no de pura costumbre, no por promesa...   Aquella familia oraba.   Y casi bastaría decirlo así. Era una necesidad de su alma; una respiración, un oxígeno. Porque es distinto rezar pronunciando frases ya hechas, y ORAR, dejando que esas “frases” tomen vida…, se vayan haciendo personales…, y hasta –de pronto- espontáneas.

martes, 15 de enero de 2013

Trabajar en Nazaret


LA TERCERA LECCIÓN ES EL TRABAJO
Así lo decía Pablo VI.  Nazaret es una lección de TRABAJO.  De trabajo responsable, de trabajo bien hecho, de un trabajo como colaboración con el proyecto de Dios.
El trabajo diario, el de una familia que ocupa su tiempo en la labor que cada uno tiene que hacer. José, bien su carpintería (si es es el sentido normal de la interpretación del término original…; siempre se dio por válido), bien buscando trabajo en la Plaza, como honrado obrero que busca ser contratado para ganar su jornal diario.
María, en su labor doméstica, ese trabajo tantas veces peor valorado y menos apreciado, y sin embargo de tanta importancia en la vida de una familia. Una casa bien llevada, unas obligaciones familiares, una limpiea en condiciones, más los añadidos de ir por leña al campo, o por agua a la fuente del pueblo, o la atención a alguna persona ue requiere su ayuda. Y lo no menos importante y trascendental de la educación y cuidado del Niño, que donde mejor aprende y donde más persona se forma es bajo la atención de su madre, en esos años iniciales en que el niño es una esponja.
El Niño trabaja.  Trabaja jugando, que es el trabajo principal de un niño.  Juega –muchas veces , ayudando en la medida de su edad y en la pedagogía que sus padres utilizan con él.  Y como el mimetismo de un niño es tan importante, trabaja aprendiendo buenas formas, buenas maneras, buenos ejemplos.  Y no se puede dejar a un lado su trabajo en la escuela, porque Jesús acudiría a las escuelas que tenían montadas los rabinos. Porque Jesús no era un analfabeto. Es cierto que se le tildó por algunas gentes de no ser hombre de letras (es decir un Maestro como los rabinos), pero Jesus leyó en la Sinagoga cuando le presentaron un texto para explicarlo).
El trabajo de Nazaret es responsable. Ya por la propia cultura de ese Pueblo, no ni José ni María trabajan con prisas, con agobios. Cada cosa en su tiempo…, y el tiempo sin reloj.  Hacer lo que hay que hacer, y hacerlo como se debe hacer.  Y sin problemas de si una cosa tiene de posponerse para atender a otra más importante.  Por eso María estaba siempre disponible a la vecina que se presentaba a su puerta con alguna necesidad.
En José sólo había una limitación: cuando trabajaba por cuenta ajena y había que rendir el debido trabajo con un sentido sagrado del servicio, la justicia y el deber.
Todo eso era lo que le iba entrando a Jesús, como por ósmosis. Y lo que iba incorporando a su vida.  Y fue adolescente y empezó a colaborar en tareas que estaban a su alcance y que María y José le encomendaban. Y fue aprendiendo a hacer labores propias en la casa, en el taller de José…, eso que podía hacer sin riesgos, y en los que –por otra parte- la mano más experta de José le iba conduciendo.
Y todo, porque el trabajo ha de estar siempre bien hecho, bien acabado.  Jesús fue teniendo un sentido muy especial de lo que era el trabajo.  Codo con codo con jóvenes compañeros de sus salidas o trabajos, fue viendo la diferencia de trabajar a trabajar.  Aquí siempre recuerdo aquel cuentecillo que tuve en mis manos y que me impactó:  el transeúnte que se acerca a tres obreros de una misma construcción, y pregunta al primero qué hace.  Y responde mohíno: aquí estamos aperreados levando cemento, ladrillos…, todo el día  El otro trabajador, se pone erguido, se limpia el sudor y dice: aquí estoy ganándole el pan a mis hijos.  El tercero ni se seca el sudor. Mira con orgullo la obra que se está haciendo y responde: estamos construyendo una Catedral.   Esa es la diferencia substancial del sentido del trabajo y –evidentemente de la calidad del trabajo.
El que hace una catedral sabe que aquel trabajo merece la pena y pone sus cinco sentidos en hacerlo bien.  Y lo hará muy bien cuando exista además, como en Nazaret, otro estímulo de lo que se hace: cuando se tiene conciencia de que en esa labor se está completando la obra de Dios…, se están secundando los proyectos de Dios, que el trabajo no es el “castigo” que podía pensarse por el sudor de la frente…, sino el espacio hermoso que Dios mismos nos ha dejado –y encargado- para que vayamos adornando con las perlas de nuestro sudor esa diadema de Dios que es su propia Creación maravillosa.
Y Jesús lo ha mamado así en su casa, de sus padres…  Por tanto, por decirlo de manera gráfica, lo que había visto en Maria era que hasta en limpiar un suelo se esmeraba; que del taller de José no salía una silla coja...  Y eso lo llevaba Jesús es su misma sangre: lo que se hace, se hace bien hecho, como corresponde a quien trabaja con un ideal superior.  Otra anécdota recojo de la vida de san Ignacio de Loyola. Pasó por una pasillo donde un Hermano Coadjutor barría a toda prisa, y con esa prisa se dejaba pelusas a la espalda.  Ignacio, con su humor serio, se le acerca y le pregunta: Hermano: ¿por qué barre Vd.?  Y el Hermano, ante el Padre Ignacio eleva su expresión y le dice: “Paternidad: yo barro por Dios”  Ignacio finge una especial seriedad y le responde. Pues entonces tengo que darle una penitencia…  Porque si lo hiciera por mero barrer, podría dejarse atrás esas pelusas.  Pero siendo por Dios, no puede permitirse dejarlas atrás.  Éste es el secreto en Jesus, en María, en José.
Por eso Nazaret es una escuela que enseña a trabajar bien, a trabajar responsablemente, a dar sentido al trabajo y a sentir en el trabajo el sano orgullo de estar ”construyendo la gran catedral de Dios”

lunes, 14 de enero de 2013

Con el alma en el Cielo


CONCLUYENDO "COLOSENSES"
Y todavía queda la raíz y el motor de toda esa vida de amor familiar (en cualquier tipo de vida colectiva que pretenda ser asimilable a una familia).
San Pablo, tras haber bajado a esa finura de los detalles que caracterizan el verdadero sentido del AMOR, concluye: “Cantad a Dios dadle gracias de corazón, con salmos, himnos, cánticos inspirados. Y TODO LO DE PALABRA O DE OBRA REALICÉIS, SEA TODO EN NOMBRE DE JESÚS, OFRECIENDO LA ACCIÓN DE GRACIAS A DIOS PADRE POR MEDIO DE ÉL”.
Por tanto, si vamos a entender la vida familiar de José, María y Jesús, hemos de concebirla desde la posición de una familia y unas personas que miran al Cielo y refieren todo a Dios: digan o hagan, ¡siempre para agradar a Dios!  Y para agradar a Dios, es indispensable la oración, de una u otra manera. Cierto que en el mundo judío los salmos eran fuente de oración (y así los conserva la Iglesia); los cánticos inspirados por almas que rezuman a Dios y se dejan tocar por Dios, son otra fuente de comunicación con Dios. “La acción de gracias”, que es igual que decir “Eucaristía” es raíz y fuente de oración inmensa.  Y San Pablo (que ya escribe años después de la resurrección de Jesús) está refiriendo cada hecho de éstos a algo que pertenece ya al acervo cristiano fundamental. Pero si llevamos todo esto –como es la finalidad de esta reflexión, a la vida de Nazaret, esa acción de gracias es la permanente actitud de una familia que, desde su situación y su misma pobreza, vive mirando a Dios, al Dios santo de Israel, y queda colgada y prendida en Él. Y ese es su motor y su fuerza.
Lo que Pablo va concretando después para maridos, esposas, hijos…, es precisamente la vivencia diaria de Nazaret, con un padre de familia cuya referencia especial es la de ser esposo de María (y eso ya expresa la forma de relación delicada del que es hombre justo, cabal, respetuoso y basado en un amor), y por ende es “el padre de Jesús”, otra realidad que Dios le ha encargado, y que José vive con toda su fuerza.
Tantas veces se hablan de los sueños de José, siempre aplicados a situaciones extremas especiales.  Y yo me quedo pensando cada vez en que el sueño es un tiempo de “enajenación”…, un tiempo en que la persona no es ella misma… Y traslado inmediatamente esa consideración a “la bruma”, “la oscuridad”, “la enajenación” (salida de uno mismo), que es LA FE…, ahí donde uno deja de ser él mismo para dejar paso a una realidad tan distinta y sublime como es vivir “fuera de sí mismo” para dejar espacio a Dios…, o porque uno mismo vive y EN DIOS.  Y entonces no puedo menos que pensar que también María soñaba permanentemente y vivía con el cuerpo en la tierra y con el pensamiento en el Cielo…, en ir viviendo de manera que con los pies y la vida real en la tierra, en sus obligaciones, en su labor familiar…, Ella (como José), cuando hablaban de palabra o hacía en su vida, todo iba siempre pensando en agradar a Dios.
Y no dejo de pensar que nos haría mucha falta concebir así nuestra vida, en lo espiritual, en lo que vivimos, en lo que escribimos, en lo que hacemos, en la proyección de cada una de nuestras cosas.  Porque donde está nuestro tesoro está nuestro corazón, y de lo que llevamos en el corazón hablan los labios.  Y San Juan añadirá que quien es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra; el que es del cielo habla del Cielo. Así, con los pies en la tierra pero el corazón en el Cielo, concibo la vida diaria de la Sagrada Familia.  Y así sueño en la vida de una comunidad –del orden que sea, cuando se va en dirección común-: ¡que no tiene más remedio que vivir con el corazón en el Cielo!, y así superar y sobrepasar –sobrellevar, que decía Pablo- todo lo que sucede alrededor.

domingo, 13 de enero de 2013

Fiesta del bautismo de Jesús


BAUTISMO DE JESÚS
          Ayer quedó cerrado el período litúrgico de la Navidad.  Hoy entramos en la VIDA PÚBLICA DE JESÚS. Ha quedado en medio ese rico y amplio tiempo de NAZARET –( en el que seguiremos aún en el blog)- y nos topamos con otro momento tan igualmente misterioso como la salida de Jesús hacia el Jordán, allí donde tomaba auge el movimiento penitencial que llevaba a cabo Juan Bautista, Precursor que prepara los caminos al Señor, que prepara la llegada del Mesías Salvador, desde esa predicación que busca sacar al pueblo de su indiferencia, o pasividad, o abusos... Sin embargo Jesús no aparece en esa figura de Salvador, sino como uno que se mete en la fila de los pecadores y se encamina hacia las aguas del Jordán para ser bautizado por Juan.
             Juan –con inspiración de Dios- descubre en ese hombre que se acerca al agua al que es el Mesías –esto no lo recoge el evangelio de Lucas que leemos hoy- y se resiste. Porque “yo debo ser bautizado por ti, y Tú vienes a mí”.  Jesús, sin embargo, le insta: “Bautízame tú, porque es necesario para realizar la justicia total”.  “Justicia”: un término que en la Palabra de Dios tiene un sentido absolutamente diferente al que tiene en nuestro vocabulario. Mientras en nosotros “la justicia” expresa un sentido justiciero, reivindicativo, en el sentido bíblico expresa santidad, justificación, bondad.  A lo que ha venido Jesús al Jordán es a apropiarse de los pecados de toda esa humanidad representada en los que iban a recibir el bautismo de penitencia de Juan, y con ese “saco” de nuestros pecados, irse Jesús a ser bautizado con otro bautismo, el bautismo de sus sangre. De ahí que Pablo muestre a Cristo como el que ha clavado en la cruz el pliego de multa de nuestros propios pecados, y ahora, con su muerte, Él d vida al mundo. Morirá Él en lugar de todos; será sepultado, y cuando resucite, habrá dejado muerto el mal y la maldad y saldrá glorioso para dirigirse hacia el Padre.
             Nuestro Bautismo, imita la muerte de Cristo (muerte a nuestra condición de pecadores), sepultados en las aguas bautismales, donde el “enemigo” queda ahogado [como los egipcios en el Mar Rojo], mientras el Pueblo de Dios –nosotros- salimos libres de esclavitud, y nos dirigimos ya al encuentro con Dios, siguiendo al Cristo Salvador…, y por tanto para que ahora sea nuestra vida un proceso de imitación de Jesucristo en justicia y santidad (como lo define San Pablo).  O para repetir nosotros ahora lo que San Pedro expresa en la 2! Lectura de hoy: que Jesús pasó por el mundo haciendo el bien, curando a los oprimidos por el pecado [diablo=esclavitud].
             Por eso la primera lectura presenta esa elección que hace Dios de su Mesías, para destinarlo a llevar al mundo la bondad, la santidad, la misericordia.  Porque no quebrará Él la caña ya cascada, ni apagará la mecha que titila a punto de apagarse…  No ha venido a destruir sino a consolidar y salvar. Por eso no voceará, no gritará,  no amenazará. Conducido por la mano misericordiosa de Dios, viene a abrir los ojos del que no ve, los oídos al que no oye, a abrir la prisión al que está cautivo todavía, atrapado por su pecado.
             Viene con la fuera del Espíritu de Dios, que se hace presente en el Jordán, mientras Dios mismo lo proclama Mesías, Hijo predilecto, al que hay que escuchar.
             Y el Salmo vendrá a darnos una pauta esencial para discernir de qué manera actúa Dios: “El Señor bendice a su pueblo con LA PAZ”.  De donde hemos de tener como señal inequívoca de la acción de Dios en nosotros, en la paz que anide en nuestra alma.  Sea en medio del sufrimiento y la contrariedad…, sea en el pecado mismo, sea en la situación que sea, Dios se expresa solamente en la paz.  Jamás en la inquietud, la angustia, la ansiedad, la tristeza…  Cuando se da la tristeza o la angustia, aunque fuera por haber pecado, no es Dios quien está moviéndonos.  Él puede darnos arrepentimiento, ansias pacíficas de volver al Él.  Y cuando no es así…, cuando permanece un clima interno de impaciencia, malestar, no pacificación del alma, no es Dios quien está moviéndonos.  Será el amor propio, la no aceptación de nuestra realidad o la realidad que nos rodea, será el orgullo o será una alteración de nuestra psicología.  Pero no será de Dios. Porque Dios no puede estar nunca en la falta de paz.
             El Bautismo en mi Sangre que deseó Jesús, es su muerte.  Nosotros nos encaminamos a vivirla y dejarnos bañar por esa sangre redentora cuando ahora participamos de la Eucaristía, plenitud del Bautismo cristiano, que no nos deja sepultados en las aguas ni en la sangre sino que explosiona en gozo, consuelo y alegría en la Resurrección de Jesucristo. Y esa es nuestra propia resurrección.  Y nuestra máxima exigencia. Porque cuando salgamos hoy, debe clamar dentro de nosotros el mandato de Jesús de ir al mundo a vivir nuestro bautismo y a contagiar por donde vayamos, esta paz y esta alegría y este testimonio cristiano de quienes hemos sido elegidos para ir por el mundo haciendo el bien… Que para eso hemos sido llamados.

sábado, 12 de enero de 2013

Una concreción de San Pablo


             San Pablo a los Colosenses, 3, 12-19
La LITURGIA es una línea paralela en el Magisterio de la Iglesia.  Y muchas de nuestras convicciones y prácticas ordinarias de la fe que vivimos en el día a día, ha llegado más por la Liturgia que por la teología.
Y cuando llega el día de celebración de la SAGRADA FAMILIA, en el domingo siguiente a la fiesta de Navidad, la liturgia nos coloca esta parte del capítulo 2º de la carta de San Pablo a los fieles de Colosas.
En ella se describe las relaciones de amor que corresponden a una familia, a una comunidad, a un colectivo que se precie de cristiano. Y lo primero que nos pone delante es esa “sobre vestimenta” (“uniforme” lo llama Pablo), que debe identificar una relación humana cristiana: y las “prendas” de ese “uniforme” son: la misericordia entrañable (salida de las entrañas del corazón),  la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión. Lo cual indica cómo concibe la Liturgia a aquella sagrada Familia, en la que ese “uniforme” constituye una manera de vivir, un modo de sentir y de proceder. Y uno lo ve claramente real al pensar en José o María o Jesús. Y no lo podría uno pensar de otra manera.  Tres personas de características tan excepcionales, tan colgadas de Dios, tan viviendo en la voluntad de Dios, no pueden menos que vivir ese estilo de vida.
Pero Pablo es hombre muy humano que pisa tierra y no la convierte en misticismos, tanto más que la sagrada Familia es un espejo donde se han de mirar todas las “familias” humanas [y repito que “familia” debe estar aquí mirada no sólo como la familia carnal. Sino toda relación de convivencia más estable, periódica: comunidades religiosas, asociaciones y movimientos y colectivos humanos y –particularmente- cristianos].  Y Pablo se viene a la arena de las realidades normales: por mucho que se quera, la vida es mucho menos rectilínea y las circunstancias son muy variadas, y siguen variando por muchos factores más o menos esporádicos. Entonces dice Pablo: Sobrellevaos mutuamente…  Un dato que está ahí cuando la Iglesia habla de la fiesta de la Sagrada Familia, con natural proyección a la vida de cualquier familia.  Pero ¿es que imaginamos que en Nazaret todos, en todo momento, en cualquier circunstancia, pensaban lo mismo, sentían lo mismo, les parecía lo mismo cualquier cosa o cualquier intervención? ¿No había personalidad propia ni en José, ni en María, ni en Jesús (joven, adulto)?  ¿No pensamos –como en las mejores y mejor venidas familias- que habría realidades en que la solución más madura era la de saber sobrellevar algún detalle o circunstancia?  Cuando en algún momento nos deja el Evangelio constancia de datos que quieren hacer “concreta” la realidad, “el Niño se queda en el templo sin que lo supieran sus padres”, [no es fácil comprender esa “escapatoria” del adolescente Jesús…, ni “el descuido” de unos padres que se dejan atrás a su hijo “porque piensan que va en la caravana” ¿Así como así?  Pues no debió ser tan “así” cuando maría le dirigió unas palabras que no eran precisamente de terciopelo: “Hijo, ¿por qué lo has hecho así con nosotros?”   Y como la respuesta no es inteligible (“no comprendieron”), sobrellevan María y José callando, con ese silencio de lo incomprensible…, de lo que hubiera tenido respuesta por aquello del hacerlo así - con nosotros [dos acentos muy serios], pero sobrellevan, callan, dejan adentrarse el silencio en la vida profunda de sus almas…, porque hay cosas que en vez de revolverlas, como más maduramente se afrontan es así.  Y en la sagrada Familia fue así.
Todavía Pablo atornilla más, desde la realidad de lo humano: perdonaos, cuando alguno tiene quejas contra otro.  Ese “cuando” supone momentos concretos, puntuales. Puede ocurrir que haya una ocasión en que mejor es perdonar con perdón que olvida, y que no da más trascendencia a una realidad ocurrida. Y perdonar es darla por pasada, casi por no ocurrida, y por supuesto sin revolverla.
Claro: todo esto tiene sentido y consistencia honda si se llega a la frase siguiente: y sobre todo esto, EL AMOR, que es el ceñidor de la unidad consumada.  Ahí está la clave. “Sobrellevarse” no es ni fastidiarse ni resignarse, ni quedarse con amargor en el alma. “Perdonarse” es ese sobrepasar por completo. Porque lo que está marcando el ritmo es EL AMOR, como un cinturón que ciñe a unos con otros, que les da una fuerza que está por encima de todo y que lo sobrepasa todo y lo purifica todo. ¡Aquí es donde está el cuadro perfecto de la vida de Nazaret, de aquella familia de Nazaret!  Aquí es donde se entiende cualquier otro paso o circunstancia de aquella vida gozosa e la Sagrada Familia.  Ahí es donde reina la paz de Cristo como árbitro en sus corazones…  LA PAZ, que es signo y distintivo de las obras de Dios (lo contrario de la guerra, la tensión, la zancadilla, el recelo, la fobia…).  LA PAZ que hace de árbitro en el corazón…: el que detiene la jugada que ha transgredido las normas del juego, y luego deja seguir ya el lance…  LA PAZ como exigencia de toda convivencia.  Y no hablo de la “paz de los cementerios”, sino de la paz del corazón, que es donde anida Dios y la influencia de Dios.
Todavía ha dejado Pablo un dato de delicadeza y detalle que es una maravilla: Y sed agradecidos…: no sólo es que haya amor, sino que se exprese, que se haga patente… Que se alabe, que se reconozca lo bueno de la otra persona, que se le ensalce, que se le valore, y –repito- que se le exprese.  Cuesta poco y vale mucho  Es que –dice el Apóstol- la palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza.
Ahí lo dejamos ahora, aunque queda algo más, y que será el fundamento. Pero mirando la vida de aquella Sagrada Familia…, la vida de aquella Casa de Nazaret que ha llevado horas sin fin a las almas de oración, lo que queda patente es que la vida “comunitaria” no es mejor porque las personas sean estupendas en sí, sino porque son estupendas en la relación recíproca.  Y eso no quita las diferencias, las dificultades, lo incomprensible.  Lo que sí hace es sobrepasar todo eso con la mayor naturalidad. [Por eso dejé ayer esos detalles nimios de la “leche que se le pega a María”, o de las sandalias de barro que ensucian el suelo recién limpito.  Lo de menos es lo que yo concreto; lo de más, es el espíritu con que se vive.  Y eso sí me parece básico para hacer de la vida de Nazaret una realidad humana (como Dios la quiso que fuera) y no un misticismo que evidentemente no podía ser –a menos que convirtamos en “divino angelical” lo que era una vida en la tierra-.  A mí me favorece mucho más lo que tenga visos realistas. Porque de otra manera se me escapa y ya no me sirve para mi vida…, que ni es divina ni angélica].

viernes, 11 de enero de 2013

Vida diaria


                   Hoy habrá un poquito más, supliendo lo que faltó ayer.  Y como hay que ir dividiendo materia, porque Nazaret da para mucho, yo pienso que antes de hacerse un juicio a esta exposición será oportuno esperar al desarrollo que -Dios mediante- pueda hacer de la descripción de Pablo en la Carta a los Colosenses.

UNA VIDA NORMAL
Se levantan. Podemos pensar que temprano (porque la hora de las primeras contrataciones de trabajo las expresó Jesús en las 9 de la mañana (al contar una parábola). Desde el primer momento hay alegría, -porque tienen paz de espíritu-, y a la vez es alegría silenciosa, porque tienen vida interior y ahora es un nuevo momento de ponerse a disposición de Dios, y ofrecerle ese día.
             Se suben a la azotea donde de cara al levante, hacen su oración (o parte de ella) con las manos elevadas al cielo, símbolo de aquellos corazones que se entregan totalmente a Dios...; y van recitando sus salmos.  Jesús va aprendiendo de José y de María, de viva voz, como todo niño. Y de observar con atención de niño, al que le va entrando como en una esponja.

             Podemos pensar que toman algo para reponer fuerzas y realizar cada uno su labor: María en la casa, José en el taller (o yéndose a la Plaza para esperar ser contratado). Jesús, según su edad....  María lo llevaba con Ella a la fuente cuando iba por agua...; luego lo tenía junto a Ella en el arreglo de la casa, mientras hacía el pan...., o se salía a la puerta a jugar con los niños...; travieso como lo propio de un niño..., muy noble... 
             Cuando es un poquito mayor, Jesús es el que va a la fuente..., el que va a entregar o a cobrar los trabajos de José... Y poco a poco José le va enseñando a trabajar..., y trabajará y encallecerá sus manos en el trabajo primitivo que entonces podía hacerse, y hasta dándose alguna vez un martillazo en un dedo..., y equivocándose al cortar un trozo de madera... Pidámosle a Jesús que nos enseñe sus manos encallecidas..., de niño, de joven. Y besémoslas.  [Parecen gestos que se salen de “la historia”, pero son precisamente gestos que nos meten a nosotros en ella.  Y eso es de particular importancia para el que está haciendo oración, y lo que le importa –sobre todo- es encontrarse metido en la escena…, ¡porque hay mucho que aprender!].

             María trabaja con ilusión: quiere tener su labor a punto... José es un honrado trabajador que tiene que ganarse el pan con el sudor de su frente... (y a veces está parado sin trabajo), sufriendo porque no tiene para dar de comer a su mujer y a su hijo). Compartamos con él sus sentimientos de hombre justo, honrado, que sabe ir adónde haya donde ganar unas monedas.

             María manda a Jesús... José manda también y Jesús obedece. Es un niño obediente... que alguna vez habría que llamarle la atención por alguna travesura.

             María cocina... Aunque alguna vez se le quemaba el pan en el horno o se le iba la leche. Pero nadie lo llevaba a mal. También José y el Niño se metían alguna vez en la casa con los pies llenos de barro, porque había llovido... y ensuciaban la casa que había dejado María tan limpita.  Pero estas son las cosas normales de cada día, y nadie hacía de eso una tragedia.
                Es que es ahí donde están los puntos interesantes de reflexionar, porque son ahí donde se producen tantas veces las dificultades de la convivencia.  Si sabemos analizar esas situaciones de tensión en una familia, en un colectivo, en una comunidad, en una asociación…, veríamos que son mínimas cosas las que provocan bienestar o malestar. Cada una de por sí no tiene importancia. Irlas “cargando”, acumulando, perdiendo pie en ellas, es lo que acaba rompiendo armonía, paz, tranquilidad.  Y cualquier persona que piense en Nazaret con un mínimo de realismo, tiene que caer en la cuenta que aquello no era eso de abrir la boca y ya le meten a uno el bollo.  Cualquier familia estupenda se distingue no porque no haya ni brizna de dificultad, sino por el talante con que se viven esas cosas.

             Jesús iba creciendo. María y José observaban lo hombrecito que se iba haciendo.         Y luego era un auténtico hombre con sus 18 y 20 y 25 años...
             La comida era un momento gozoso, reunidos los tres... Agradeciendo al Señor el alimento de cada día...  Eso sí: algunas veces era poco. No había habido trabajo y había que reducir..., pedir prestado a las vecinas o a algún buen amigo: “en cuanto cobre un trabajillo te lo devolveré”. Aunque algunas veces era tan poco lo que había para comer que María apenas comía...: “es que he comido un poquito mientras guisaba y se me han quitado las ganas...”  Era que no había..., y Ella se sacrificaba).
             Luego, otra vez al trabajo.  María estaba deseando terminar para coger el cestillo de su costura y llevárselo al taller y estar allí con José. Se sentían felices… Y Jesús jugaba allí junto a ellos, o iba haciendo sus primeros trabajos...,  o llevaba ya el taller Él solo, cuando murió José.
             José se quedaba pensando muchas veces durante su trabajo en aquel niño misterioso, que había nacido de una forma misteriosa, sin intervención suya..  Y adoraba a Dios que le comunicó aquella noche terrible que “era obra del Espíritu Santo”. Y hasta sentía pena de que se le hubiera a él ocurrido abandonar a María. ¡Quién iba a figurárselo!, se decía a sí mismo..., y seguía su trabajo, echado en brazos de una Fe obscura..., la que lo explica todo sin explicar nada...
             Jesús, de mozalbete, se iba a dar una vuelta con sus amigos, mientras José y María se quedaban mirándolo... Vayamos con Él... Dejémosle la iniciativa de la conversación... Que Él nos hable...  Tendrá muchas cosas que contarnos… ¡Hay tantas que nosotros ni caemos en la cuenta, ni nos gusta imaginar…, y que hemos soñado casi con una vida milagrosa y divina…!  Eso le pasó a aquellos primeros cristianos que recurrieron a inventar milagritos y hechos prodigiosos a derecha e izquierda, del Niño, o de María… Nadie se resignaba a admitir una familia normal.
             A mí, empero, lo que me embarga el alma es saber que yo puedo vivir una vida que se acerque a la vida de Nazaret, porque yo no hago milagros de convertir palomitas de barro en voladoras, y me estorba pensar en un Niño Jesús así.  En una madre, María, que va curando las gripes de sus vecinos con poner la mano en sus frentes…  (Yo no puedo hacer ni lo uno ni lo otro, y sin embargo la vida de aquella familia se me pone delante para que yo la imite… ¡Por algo será!   Y la Iglesia, escoge para la fiesta de la Sagrada Familia una lectura de San Pablo a los colosenses, que a mí me encanta porque baja a la arena de lo diario con toda naturalidad, mientras estaba describiendo la sublimidad del amor entre personas.  Ya nos pararemos en ello.

miércoles, 9 de enero de 2013

Vida oculta de Jesús 2


          JESÚS está ahí en el cráter mismo de lo que es la VIDA OCULTA, tanto más llamativa cuanto que Jesús -pensaríamos nosotros- tenía tanto que salvar, tanto que hacer, tanto que enseñar..., que no sabe uno por qué se estuvo treinta años callado.
             Nos respondería Jesús que estaba haciendo todo lo que tenía que hacer, porque -en la que es expresión de Lucas- tenía que ocuparse en las cosas de Dios

             Educado en un ambiente de SILENCIO, de ESCUCHA DE DIOS, entre unos padres que eran un modelo de interioridad, Jesús se desarrolla en esa plenitud de vida que consiste en hacer en cada momento lo que hay que hacer.
             Nos dice el Evangelio que CRECÍA...   Crecía EN EDAD, lo que es lo más lógico.  Pero no era sólo crecer en edad biológica, que eso no sería reseñable; sino CRECER PSICOLÓGICAMENTE: es decir: que niño, hacía las cosas de niño:   jugaba como niño, lloraba como niño, actuaba como niño, obedecía como niño...   Adolescente, iba progresando en ayudas a sus padres, en crear amistades, en capacidades afectivas, en echar una mano en lo que podía, en aprender a trabajar en algunas cosas, obedecía con un nuevo sentido de la obediencia, más razonada, más seria.  Joven, con la madurez y la responsabilidad del joven, siempre bajo la autoridad de sus padres....   Y adulto, con la plena responsabilidad asumida, sabiéndose hijo de María y de José (como padre de familia).
             Es decir: lo que no fue nunca es el niño que todas se las sabe, ni el adolescente que se rebela, ni el joven que se cree poseer la verdad, ni el adulto aniñado que nunca asume la responsabilidad y que se la deja a otros para quedarse Él sin problemas.   Y que no es el hombre-niño que nunca madura afectiva y psicológicamente.

             Crecía EN INTELIGENCIA, porque aprendía, porque tenía interés en saber, en conocer..., porque eso le disponía mejor a intervenir y ayudar y colaborar.
             Crecía EN LA EXPERIENCIA DE DIOS, porque había vivido desde niño un ambiente de religiosidad, que le había dispuesto muy bien a ese diálogo íntimo en que se convertía su oración.  
             Y porque una particular sintonía con las cosas de Dios se daba en Jesús, que sentía esa misteriosa sensación de Dios como Padre.

             Junto a todo eso, Jesús era un niño normal que le gustaba jugar y que ayudaba en las cosas de un niño; un adolescente que empezaba a hacer amigos, un joven que paseaba con sus paisanos jóvenes, un adulto que trabajaba y descansaba y gozaba de las cosas buenas...  Un hijo ejemplar, un hijo para quien la familia era su familia y colaboraba en todo lo de su familia...   Una persona a la que se podía recurrir siempre porque siempre estaba dispuesto a echar una mano adonde alguien necesitara.

             Pero al mismo tiempo, un amante del silencio, una persona educada en ese ambiente donde el silencio era un valor, porque quien quiere estar en comunicación con Dios, no tiene más remedio que hacer espacios profundos de profundo silencio, INTERIOR y EXTERIOR.
             Dice la gente que quien mucho habla, mucho yerra.  Otra expresión que se hizo famosa fue: muchas veces te arrepentirás de tus palabras, pero muy pocas de tus silencios.  Yo todavía me atrevo a unirles una que es mía: el que mucho habla, suena a hueco.  Y desde luego lo que deja patente es que no tiene VIDA INTERIOR.  El que tiene esa vida interior agradece inmensamente el silencio: el propio, por supuesto: le sale solo.  El de los otros, cuanto sea posible.  Y es que en la vida interior hay un pozo tan hondo de riquezas en el alma, que lo que estorba es la conversación, ese ruido que es no saber dejar espacios de silencio para que el alma se sosiegue y se alimente.

             VIDA OCULTA es, por tanto, mucho más que lo que dice a primera vista.  Vida Oculta de Jesús es todo un proyecto de Dios, en el que la redención empieza.  La liberación de Israel, la Luz de los pueblos, no es solo la que llega en la predicación de Jesús o en la Cruz salvadora.  Nazaret es tan redentor como el calvario, y las enseñanzas del silencio de Nazaret tan elocuentes como los grandes sermones de Jesús.   Del Niño de 40 días que María y José llevaron a presentar en el templo, ya dijo Simeón que era la liberación del pueblo de Dios y la luz que ilumina todos los pueblos.  

             También dijo que era señal ante la que se divide la humanidad, porque unos aceptarán y otros rechazarán.   Es ley de vida esa libertad y esa toma de postura. Pero en eso mismo está ya la llamada que HOY nos trae Nazaret a quienes estamos encontrándonos con las profundidades de su misterio.

martes, 8 de enero de 2013

Primera lección


LA PRIMERA LECCIÓN ES EL SILENCIO
             He querido empezar por la palabra autorizada del Papa; por lo que es una enseñanza objetiva y –pudiéramos decir- magisterial.  Porque Pablo VI no es sólo un particular que escribe sus impresiones, sino un Maestro de la vida de los cristianos y para los cristianos. Ésta es la evidencia para todo creyente e hijo de la Iglesia.
             Su afirmación es como un resumen práctico de lo que se llama LA VIDA OCULTA DE JESÚS. Porque esa vida OCULTA tiene en el silencio  una primera expresión.  Se podría tomar simplemente como contraposición a la Vida Pública de Jesús.  O puede entrar uno en mucho más sentido de esa expresión y su contenido.  Es lo que intentaremos ahora.
             Imaginemos, cuanto más nos ayude, meternos imaginativamente en aquella Casa, de modo que no vayamos a hacer una oración meramente reflexiva, sino  -especialmente- de acompañamiento y presencia nuestra junto a aquella Sagrada Familia.  Y que nos ayude a un conocimiento interno del Señor, que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y LE SIGA.

             VIDA OCULTA equivale a decir: vida de cada día.   Lo pequeño, lo trivial, el acontecer de las cosas cotidianas.  Vida -también- de poca tendencia a lo exterior, porque hay mucha riqueza dentro.  Vida tendente a lo que es el fondo de cada persona de aquella familia, y donde cada uno vive esas profundidades del fondo de su alma. Todo eso que hoy llamaríamos con un lenguaje más actual: VIDA INTERIOR..., ese pozo profundo en donde está viviendo Dios y en donde cada persona se encuentra con Dios. 

No es igual que subir cada mañana a la azotea para hacer su oración, o rezar juntos los salmos cada tarde.   Es muchísimo más y más profundo y más definitivo.  Por eso, hablar de VIDA OCULTA no se limita a mirar casi treinta años de Jesús en una vida no dada a la acción exterior.   Es mucho más, dice mucho más, abarca prácticamente todo el mundo interior de Jesús y de María y de José.
             Por supuesto -no es menester decirlo- que José, María y Jesús no eran unos seres retirados de la vida normal, de la relación humana.  No eran unos extraños a las personas y sucesos de su pueblo y de su nación.  No estaban encerrados en su mundillo y su caparazón.  Vivían integrados en la vida normal.
             JOSÉ era persona que tenía que relacionarse, que salir y que entrar.  Tenía que trabajar codo con codo con muchos obreros, y depender de muchos patronos..., o de muchas gentes que venían a su taller a hacerle muchos encargos.  Y José estaba muy en su mundo real. 
             José salía a conversar en la plaza con otros, llevar sus trabajos a las casas, relacionarse con sus vecinos.   José era un hombre normal.
             En lo que era su vida de familia, José era íntimo, cordial...  No se eligió Dios a un hombre de carácter rudo, de modos hoscos..., a la hora de responsabilizarlo de aquella gran misión de ser el padre en la Sagrada Familia...
             Pero José era un hombre de vida profunda, capaz de escuchar a Dios, de saber discernir en medio de los sueños, de estar atento a los signos de Dios, de obedecer a Dios en medio del mayor sacrificio. Cuanto más humano era, más “divino” en sus formas.  O cuanta mayor era su vida interior de hombre justo, más viva era su relación cordial humana. Si nos atenemos al Evangelio, José es hombre del SILENCIO, hasta el punto de que no se conserva ni una sola palabra de él. [Lo que no significa que no hablara, sino que su figura bíblica es una figura de silencio.  Y hay muchas realidades en la revelación que no están dichas, pero que están ahí como aleccionando].
             MARÍA era la mujer que tenía un pozo sin fondo en su corazón.  Allí fue metiendo siempre tantas y tantas cosas que le sucedían o que ocurrían y veía...  Y que muchas veces no comprendía.   Pero en ese mundo suyo interno cabía todo para irlo después rumiando y confrontando con Dios.  El SILENCIO DE MARÍA no es tanto que no hablara -hay diversas intervenciones suyas en el Evangelio, incluido ese momento de la Vida Oculta, cuando Jesús se queda en el templo-, cuanto que su reacción “instintiva” siempre es la de callar y guardar en su corazón...   Lo propio de la VIDA INTERIOR, que cuanto más calla, más se enriquece.
             Pero no quita que María era esa mujer abierta y servicial que todo el mundo se rifa, porque siempre estaba disponible a sus vecinas, a las ayudas que pudieran pedirle...; que disfrutaban de ir con Ella a la fuente,  escuchar sus conversaciones,  salirse por la tarde a la puerta de la casa para contarse tantas cosas...  Y de su palabra salían siempre expresiones consoladoras, de mitigar dolores y penas, de elevar el tono y hacer ver siempre esa mano amorosa de Dios, ante quien sólo cabe decir que “se haga como Él quiere”...

             En aquella pareja había siempre para todos y en cualquier caso, una prudencia, una delicadeza, una comprensión, una ternura, un ponerse en el lugar de los demás, un intentar levantar ánimos, una mano tendida...;   la palabra oportuna y los silencios oportunos; la cariñosa corrección de lo que taba desviado, de lo que surgía de las reacciones apasionadas de unos y otros...  
Y estar junto a ellos era encontrar bálsamo, bondad, acogida...   Todo ello es VIDA OCULTA, o VIDA INTERIOR, la que mantiene abierta la línea con Dios, y así expresa y reacciona al modo agradable a Dios.    Hombre JUSTO, José; la que ESCUCHÓ LA PALABRA DE DIOS Y LA VIVIÓ, María.  

A Jesús le dedicaremos una reflexión aparte, si Dios quiere, el próximo día

lunes, 7 de enero de 2013

30 años de Jesús


NAZARET
          Hemos pasado la Epifanía. El próximo domingo estaremos en la fiesta del Bautismo de Jesús. Bien podría ser esta  semana una buena oportunidad para retirarnos a NAZARET, y barruntar de alguna manera lo que Nazaret es y significa.  Y hoy no voy a hablar yo.  Quiero que el marco vaya puesto por las magníficas palabras de Pablo VI cuando visitó Nazaret. Y ahí las dejo, pensando que no hay mejor síntesis que esa.

EL EJEMPLO DE NAZARET
        Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio. Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende incluso, quizá de una manera casi insensible, a imitar esta vida.

Aquí se nos revela el método que nos hará descubrir quién es Cristo. Aquí comprendemos la importancia que tiene el ambiente que rodeó su vida durante su estancia entre nosotros, y lo necesario que es el conocimiento de los lugares, los tiempos, las costumbres, el lenguaje, las prácticas religiosas, en una palabra, de todo aquello de lo que Jesús se sirvió para revelarse al mundo. Aquí todo habla, todo tiene un sentido.

Aquí, en esta escuela, comprendemos la necesidad de una disciplina espiritual si queremos seguir las enseñanzas del Evangelio y ser discípulos de Cristo.  ¡Cómo quisiéramos ser otra vez niños y volver a esta humilde pero sublime escuela de Nazaret! ¡Cómo quisiéramos volver a empezar, junto a María, nuestra iniciación a la verdadera ciencia de la vida y a la más alta sabiduría de la verdad divina!

Pero estamos aquí como peregrinos y debemos renunciar al deseo de continuar en esta casa el estudio, nunca terminado, del conocimiento del Evangelio. Mas no partiremos de aquí sin recoger rápida, casi furtivamente, algunas enseñanzas de la lección de Nazaret.

SU PRIMERA LECCIÓN ES EL SILENCIO. Cómo desearíamos que se renovara y fortaleciera en nosotros el amor al silencio, este admirable e indispensable hábito del espíritu, tan necesario para nosotros, que estamos aturdidos por tanto ruido, tanto tumulto, tantas voces de nuestra ruidosa y en extremo agitada vida moderna. Silencio de Nazaret, enséñanos el recogimiento y la interioridad, enséñanos a estar siempre dispuestos a escuchar las buenas inspiraciones y la doctrina de los verdaderos maestros.
Enséñanos la necesidad y el valor de una conveniente formación, del estudio, de la meditación, de una vida interior intensa, de la oración personal que sólo Dios ve.

Se nos ofrece además una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable, lo dulce e irreemplazable que es su pedagogía y lo fundamental e incomparable que es su función en el plano social. 

Finalmente, aquí aprendemos también la lección del trabajo. Nazaret, la casa del hijo del artesano: cómo deseamos comprender más en este lugar la austera pero redentora ley del trabajo humano y exaltarla debidamente; restablecer la conciencia de su dignidad, de manera que fuera a todos patente; recordar aquí, bajo este techo, que el trabajo no puede ser un fin en sí mismo, y que su dignidad y la libertad para ejercerlo no provienen tan sólo de sus motivos económicos, sino también de aquellos otros valores que lo encauzan hacia un fin más noble.
Queremos finalmente saludar desde aquí a todos los trabajadores del mundo y señalarles al gran modelo, al hermano divino, al defensor de todas sus causas justas, es decir: a Cristo nuestro Señor.

          En días sucesivos iremos desgranando estas enseñanzas básicas que e Papa nos puso, tan llenas de sentimiento y ternura ante este NAZARET que ha inspirado a tantas almas de oración durante siglos. Porque es evidente que 30 años de Jesús, SALVADOR, recluido en el anonimato de Nazaret, no es cosa que se pueda pasar por alto. Ahí hay mucha materia, mucha enjundia, para toda alma que desee adentrarse en las profundidades de la Vida interior.

domingo, 6 de enero de 2013

Jesús se manifiesta al mundo


EPIFANÍA
La fiesta de hoy se llama –desde siempre- la Epifanía del Señor. “Epifanía” es una expresión griega que significa manifestación.  Lo que hoy, pues, celebramos es la manifestación de Jesús como el Rey de Israel y-juntamente- a los que no son Israel, representados por esos magos extranjeros y astrónomos, sorprendidos por una extraña y especial estrella.  Si ellos no podían ni entender ni posiblemente conocer las Escrituras Santas de los judíos, Dios puede tener “otro lenguaje” para manifestarse a ellos. Y si eran astrólogos (estudiosos de los astros celestes) o astrónomos (conocedores del firmamento), un “lenguaje” inteligible para ellos era un fenómeno estelar.  Y Mateo aprovecha la existencia de estos magos para mostrar al pueblo hebreo (destinatario de su Evangelio), que el Mesías-Rey de los judíos  no venía sólo para ellos, sino abarcando el mundo entero.
Si hacemos exégesis sencilla de textos de la liturgia de hoy, la 1ª lectura [Isaías 60, 1-6] vuelve sobre el aspecto de LA LUZ, ya proclamada el mismo día de Navidad.  “Levántate ,brilla, Jerusalén, que llega tu luz, la gloria del Señor amanece sobre ti”.  Por tanto, si bien en Navidad no llegó a enterarse el pueblo de lo que había sucedido, ahora ha llegado el momento de salir de las tinieblas que envuelven al mundo.  Y comienza esa luz en Jerusalén, la Ciudad Santa de los judíos.  El resto, “los pueblos”, están cubiertos de oscuridad.  Pero esos pueblos, atraídos por la luz de Jerusalén, caminarán hacia la gran ciudad.  Levanta la vista en torno, mira:  todos vienen hacia ti…;  volcarán sobre ti las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos y dromedarios de Madián y de Efá…; vienen de Sabá trayendo oro e incienso…   [Ya tiene Mateo el punto de referencia oriental].
El  Salmo 71 expresa poéticamente que los reyes de Tarsis y de las islas le pagan tributo;  los de Sabá y Arabia le ofrecen sus dones,  Y ya tenemos “completado” el  cuadro:  hay reyes, y vienen de los dos extremos de la tierra conocida: Sabá y Arabia, por el Oriente; Tarsis [Tartesos= Huelva y Cádiz por el otro extremo].  De una parte los magos de Mateo se convierten en “Reyes”, cosa que San Mateo no ha dicho, y de otra  hay una alusión poética a Tarsis [que Benedicto XVI alude como mera cita del Salmo].
La 2ª lectura –tomada de la carta de Pablo a los fieles de Éfeso- proclama la revelación que él ha recibido:  que el Evangelio queda abierto a los gentiles, que reciben igualmente el Espíritu como coherederos de la Gracia de Dios y miembros del mismo cuerpo de Cristo.  Se va definiendo ya el sentido más particular de esta fiesta litúrgica, a la vez que la gran verdad revelada, de que nosotros, los no judíos, estamos llamados a participar de la obra salvadora de Jesús.
La estrella luminosa escenificará todo ese conjunto de datos: luz, llamada a gentiles, venida desde oriente (camellos, domedarios, Sabá…), manifestación del recién nacido rey de los judíos, tan evidente que los magos caen de rodillas, adoran, y ofrecen oro e incienso, Se añade la mirra, también producto oriental.

Es muy clara, pues, la finalidad de esta narración del evangelista de los judíos, que les quiere dejar claro que Jesús es Salvador no sólo para ellos sino también del mundo entero, incluido el mundo pagano (=no judío).  Y por tanto, fiesta muy nuestra, muy consoladora para nosotros, que nos sentimos parte integrante de la obra salvadora de Jesús.., y nada menos que coherederos de la Gracia de Dios.
Viene a plasmarse todo este proceso en la realidad de la EUCARISTÍA que estamos celebrando, que nos asegura esa elección de Cristo en la que nosotros participamos de manera tan viva.
Y en la que hemos de experimentar la parte nuestra personal, porque también nos toca que descubrir nuestra estrella, emprender camino, preguntar, indagar, adorar, ofrecer.  No estamos en este Reino para vivir cruzados de brazos, esperando que “vengan los regalos”… Nos toca una parte activa.  Y a esa hemos de aplicarnos para que la manifestación que Cristo no hace de sí mismo, no nos quedemos rezagados.

NOTA: el estudio que hace el Papa sobre el texto de San Mateo, desde los ángulos bíblico, teológico, exegético, científico, es lo más completo que yo he visto en mi vida, con una amplitud de respeto impresionante hacia las diversos estudios existentes.
AÑADO UN COMENTARIO AL TEXTO DE ESTA “ENTRADA”.

sábado, 5 de enero de 2013

Noche de reyes


FIESTA DE ILUSIONES
Hoy pensamos mucho en los niños. Los niños viven de ilusiones e impresiones.  Hoy, a la espera de los Reyes Magos, les toca vivir una noche de inmensa ilusión. Luego, pasarán los Reyes y pueden vivir la gran desilusión: o no le han traído su juguete deseado, o tal juguete no era todo lo que la propaganda les había metido por los ojos.
Yo paso instintivamente a LOS MAYORES, a los que aun manteniendo nuestro fondo de niños, en la realidad estamos ya en edades a las que no nos llenen los “juguetes”.  Y hasta pude darse el caso de que incluso no tengamos ilusiones.  ¡Esto es ya más grave!  Porque sin juguetes, las personas maduras siguen viviendo e ilusiones, y son capaces de hacer de cada día “una noche de Reyes”, y –pese a todos los pesares- seguir manteniendo las ilusiones. Y con tal fuerza que –aunque no llegue el “juguete” deseado, aún le quedan en el zurrón 12 ilusiones más… Y si falla la primera, queda la segunda, y la tercera… Y el fracaso de la vida –la depresión, el tirar la toalla, el decaimiento del ánimo…- se convierten en el macabro “juguete” de la queja, el aburrimiento, la crítica, la decepción, la desesperanza de todo y de todos, el abandono, el preferir seguir acostados, con verdadera “dimisión” de seguir viviendo.
Hay que reconocer que el horno no está para muchos roscones de reyes, y que la realidad contumaz que nos rodea, no es precisamente para estar tocando las castañuelas.  Pero aquí es donde van a bifurcarse las actitudes: a quien no tiene más “juguete” que su capricho, su gusto, su propia amargura, su espíritu de queja, su carencia de vida interior…, y entonces sólo le queda llorar y lamentarse…, y dejar que el edificio se hunda. Y el que hace de la misma duda esperanza, esfuerzo, ilusión recompuesta, hombro metido bajo esa viga que sostiene el edificio…, porque sabe que si yo meto mi hombro, hay una desgracia menos… Ese tal será una persona con una vida interior, una persona de fe, uno/ que sigue pensando que los reyes magos no tienen que venir una noche determinada, sino que van a llegar el día menos pensado…, en el momento más imprevisto… El día que ese tal es capaz de construir en vez de destruir…, de poner delante un “plan nuevo” en vez de ser escarabajo pelotero para alimentarse y hacer “crías” de los excrementos.
Ese tipo de personas –los constructores y los tiratapias se dan en cualquier ámbito, de cualquier manera, en toda ocasión. Se dan en la política, en los que hoy llaman agentes sociales [¿”agentes” (= que hacen) o demoledores que sólo tienen piquetas?], corrillos de vecinos, empresas (con los de abajo y los de arriba), participantes y no participantes en el blog, en las reuniones, en los movimientos y comunidades…
Siempre se me viene a la mente aquel dicho de una señora que contaba el caso del individuo que se acercaba al primero que se cruzaba con él y le decía:  ¿De qué va Vd hablando, que yo me oponga? Hace muy pocas fechas se ufanaba uno de ser persona que discutía…  Es el modelo de testarudo mejor que yo me he echad a la cara…, la persona que aburre con sus constantes negativas, aunque si le dan razones, cambiará e parecer, decía él como una cualidad.  Reconozco que yo prefiero retirarme antes que intentar convencerlo, porque me ha exasperado antes que llegar a intentarlo. Una persona-frontón aburre al más pintado.
Y luego tiene uno que “volver a intentar”, aunque sea saliendo por la primera bocacalle…, no dejándose aplastar por la negatividad de uno, la ausencia de interés de otro, el egocentrismo de alguno, la falta de sentido común (y aun de respeto a una colectividad) que hay en el otro.  Y toca seguir abriendo brecha aunque se atraviese el destructor de ilusiones, que sólo busca y se apoya en algo que hace otro para oponerse.
Una vez propuse una olimpiada de optimismo…, una “batalla” de emulación, a ver quién es capaz de ganarla en eso de CREAR ILUSIONES, en vez de poner trancas en las ruedas… Hoy renovaría ese deseo, esa propuesta, a ver si es posible no hacerse pájaro de mal agüero (siempre a la caza de la mala noticia…, y de ser el primero en darla).  Una olimpiada blanca que se ponga a ganar medallas de ilusiones, de trasmitir esperanzas, de crear vida, de ver con ojos limpios, de comentar construyendo, de saber acoger la propuesta del otro con más espíritu de “buenas gentes”…
PROPONGO UNA OLIMPIADA DE ILUSIONES, una permanente con “mirada de niño”…, con los ojos limpios de cataratas, y capaces de volver a ver las cosas “de colores”, aun en medio de las situaciones adversas. Pido un algo de vida interior…, de capacidad de fe (aunque sólo fura fe humana, fe en la buena fe del otro…, en posibilidades de la vida…; en tener un zurrón amplio donde siempre caben 12 ilusiones de repuesto…, y con un cedazo oportuno para dejar ir las aguas sucias que albergamos tantas veces en nuestro mal sentimiento, sin que se vayan por ese filtro las múltiples posibilidades que quedan siempre por delante de unos ojos blancos y un corazón sin metástasis de muerte.

viernes, 4 de enero de 2013

Primer Viernes de Enero


HOY ES PRIMER VIERNES DE MES
Y NOS VOLVEMOS CON EL SENTIMIENTO MÁS HONDO DEL ALMA A MIRAR AL CORAZÓN DE JESÚS.
HABRÍA COMO UNA NOVEDAD ESPECIAL EN ESTE PRIMER VIERNES DE ENERO, CON LA NAVIDAD TAN CERCANA: LO ÍNTIMO DEL CORAZÓN DE AQUEL NIÑO…, AL QUE NOS ACERCARÍAMOS HOY…, PORQUE SIN HABLAR AÚN PALABRAS ARTICULADAS, PODRÍAMOS EXPERIMENTAR LOS PÁLPITOS DE SU CORAZÓN, QUE TAMBIÉN SON LATIDOS DE DIOS, Y OTRA FORMA DE PALABRAS ELOCUENTES CON LAS QUE ÉL NOS HABLA DESDE LA ENORME INTIMIDAD DE SU SILENCIO.
Cabría perfectamente orar hoy –con la riqueza de la contemplación- imaginar que es hoy María quien nos señala a Jesús, y ns dice: Éste es el  Hijo del Altísimo, el Hijo de mis entrañas, el Jesús Salvador que viene a salvar al mundo de sus pecados. Y yo, oyendo esa palabra de María, me acerco a Jesús. A cierta distancia todavía, por el mismo respeto hacia ese misterio que María me brinda…  Y Me parece de pronto que, desde el pesebre, Jesús me dice: Ven y verás.  Y con esa invitación directa, me acerco…, me pongo a mirarlo, y me encuentro de pronto con algo que casi me hace temblar de emoción:  María saca al Niño del pesebre y me lo da en mis brazos… <pero ¿es posible que mis brazos débiles humanos puedan sostener al Autor del Universo? Y la experiencia sublime que puedo experimentar es que lo que sostengo visiblemente es ¡UN NIÑO!..., un niño como cualquier niño…, y que –sin embargo es EL HIJO DEL DIS ALTÍSIMO.., ES MI PROPIO SALVADOR! Y me doy cuenta que acerco mi rostro al suyo…, que me lo pego a mí, y que de pronto puedo sentir y gustar (con esas expresiones de los “Ejercicios” se está diciendo cosas muy profundas, vivencias muy hondas, momentos de alma transidos, en los que pierdo la noción del tiempo y hasta de mí mismo… Estoy ahora mismo en un mundo distinto) –sentir y gustar- internamente que he descubierto dónde vive el Señor.
Querría alguno –sin noción de lo que hay en todo esto- que estuviera previsto, preparado, “hecha la reserva” (con tiempo)… Ni sabe ese, ni pude entender, el terreno sagrado que pisamos (y que podemos barruntar) quienes hacemos oración de verdad. Aquí estamos en medio de algo mucho más grande…, estamos ante un lenguaje mucho más misterioso…, del que Jesús dirá un día que quien es de la tierra habla de la tierra; quien viene del Cielo, habla el lenguaje del Cielo.  Y Jesús habla lenguaje de Cielo, y lo revela a quien puede captar palabras no articuladas…, palabras de Cielo.  Y cuando uno recibe a Jesús n sus brazos…, en su alma…,  de pronto se encuentra que ha hallado DÓNDE VIVE JESÚS…, y se queda ya allí todo el día…, la vida entera, con ese calor inefable de mejilla junto a mejilla…, de rostro de aquel Niño junto al pobre rostro humano…, de Cielo que invade mi poquedad y me transporta a “un lugar” que, con toda razón no está ni definido, ni concretado, ni previsto…, porque donde habita Dios, nadie puede barruntarlo de antemano.  El día que Cristo mismo QUIERE REVELARLO, ese día ya n puede un separarse de “allí”.
El PRIMER VIERNES es momento para vivirlo desde esos “lugares” en los que Jesús se hace “visible” y a los que invita: VENID  Y LO VEIS.  Será “un lugar” su Palabra o su Silencio contemplados con el corazón. Será “un lugar” también la EUCARISTÍA-expresión esencial del Primer Viernes- porque ahí está Jesús vivo y real para poder unir corazón a Corazón…  Por supuesto que no me limito a una “materialidad” de recibir la Eucaristía, sino a algo mucho más de fondo e íntimo…, cuando ENTRAMOS EN ESE INTERIOR DE JESÚS…, y ya no podemos separarnos de Él: lo miramos, lo meditamos, lo contemplamos…, entramos en su Corazón como pozo sin fondo en el que nos quedamos ya todo el día, la vida entera, sin poder separar ya su mejilla de la mía, su ternura de mi tosquedad, su piel limpia y fina de mi cutis manchado. Pero vivo la conciencia clara de que de Él hacia mí, está pasando una fuerza que cura y sana, una energía vigorosa, que tiene el poder de limpiarme y de irme acercando aún más a Él…, casi fusionándome con Él…  San Pablo llegó a experimentarlo tanto que pudo afirmar que ya no vivo yo…; ya es Cristo quien vive en mí.

SIGUE CONTEMPLACIÓN

Belén y NACIMIENTO


ESTÁ A PUNTO LA HORA DE DIOS 
Yo me he adelantado a José y María.  He buscado por allí unas ramas y las he atado en forma de escoba, y me he puesto a barrer el lugar… Y he recogido de los alrededores un poco de musgo y de pajas, para poder servir de lecho cuando llegue María, extienda José una manta sobre aquellas pajas, y pueda allí María reclinarse y tener ese pequeña “comodidad” y reposo tras esa mañana tan difícil que ha vivido.  José ahora da esos toques propios de quien ama y de quien tiene dentro una capacidad espiritual que le sensibiliza mejor para ls finuras de corazón.  Aunque sin elementos, sin medios, sin más bagaje material que el que pudieron montar sobre la borriquilla.   Luego, el ingenio de ese amor a María y ese temblor del alma ante todo el cúmulo de lo imprevisto e imprevisible, cuando se llega a captar que es Dios quien hace las cosas a su manera, que supera y desborda cualquier planteamiento humano.
José aprovechó el tiempo para reunir ramas secas que amontonó a la entrada de “aquel lugar”, porque conforme se iba echando la tarde se iba a necesitar encender un fuego protector…, no sólo para defenderse del frío sino para ahuyentar a algún animal que pudiera merodear por allí.
Después, esperar. Hacer mil veces el paso hacia el interior para observar a María y ver si necesitaba algo.  María o se había quedado vencida por el sueño y el cansancio, o estaba viviendo en ese mundo interior de su propio corazón, Arca de vivencias internas, en donde alberga una riqueza tan grande…
Y cundo un silencio profundo lo llenaba todo, y la noche llegaba a su mitad,  tu omnipotente PALABRA descendió del Cielo a la Tierra…, y se hizo visible en los brazos de María, no sabe Ella ni cómo.  Eso que ya cité del autor que describe el momento como el paso de los rayos del sol por el cristal, que lo traspasan sin romperlo ni mancharlo.
José, que vigilaba a la entrada y se calentaba en la pequeña hoguera, oyó un llanto de niño y se quedó casi traspuesto en el alma, aunque ágil en sus pies, entrando raudo en donde estaba María…, ¡y encontrarse con que Ella abrazaba y protegía del frío… UN NIÑO…  Un Niño recién nacido…, esa pequeñez humana indefensa…, ESA OMNIPOTENCIA DE DIOS hecha tan nada y a la vez siendo el autor del universo, el Hijo del Altísimo, el Esperado de las Naciones…  José se quedó sin palabras.  Miró extasiado, y cayó de rodillas. Temblaba de emoción y por sus mejillas se deslizaban dos lágrimas… N dijo aquello que más tarde pronunciaría Simeón de que ya puedo morir en paz, ya que José sabía que sabía que Dios lo había colocado allí para algo…, y que a él le tocaba la responsabilidad de llevar adelante una misión en todo aquel misterio de Dios.  La noche no era tan noche. Brillaba en ella UNA LUZ GRANDE, aunque nadie la conocía en el mundo exterior.  El mundo dormía, aunque Belén era en este instante EL ARCA DE DIOS VIVO, que ya dejaba sn sentido los símbolos venerables del Arca del Santa Santorum del Templo de Jerusalén.

jueves, 3 de enero de 2013

EL NOMBRE


NOMBRE DE JESÚS
Un día expresamente dedicado al NOMBRE DE JESÚS desapareció con la reforma litúrgica.  Pero hace unos tres años se ha recuperado esa memoria litúrgica, y se ha situado en el 3 de enero (sin quedar en días movibles como antiguamente). Queda en rango de “memoria libre”, lo que significa que puede seguirse esa reseña del calendario litúrgico, pero no obligatoriamente.

Lo que sí me hace a mí casi obligatorio es la reflexión personal que se me viene repetitivamente al pensamiento:  ¿Cuál es mi nombre?  ¿Cuál es tu nombre? 
A Jesús le pusieron su nombre, tal como el ángel lo había nombrado antes de su nacimiento.  Para un hebreo el nombre es algo sagrado y definitorio cuando viene designado por Dios.  “Jesús” significa Salvador, porque Jesús venía a salvar al mundo de sus pecados.  Es decir, el nombre designa la misión-
“Mi nombre”, si me quedo en el de pila, no es más que el que me pusieron mis padres.  Pero mi vida tiene otro nombre cuando me pongo ante el Señor y trato de buscar por qué nombre me conoce Dios (“el Buen Pastor conoce a cada oveja por su nombre”).  Y ese nombre se va definiendo en el día a día…, en el hacer según los planes de Dios sobre mí.  Estamos, pues, hablando de personas de oración, de aquellos que son capaces de ponerse ante Dios y tratar de escuchar por qué caminos Dios me va llevando. Y bien patente es que eso no se resuelve en un rato, ni en un año, ni de una vez… Por decirlo así es que un nombre no se concluye tan fácilmente…, no tenemos de pronto, ni fácilmente todas las letras a la vez como para poder determinar mi nombre.  Es más: la vida va cambiando, los caminos de cada uno se van encontrando en constantes cruces, y todo eso supone una permanente actitud de pregunta a Dios, de escucha de Dios, de tener que cambiar el paso, de momentos de perplejidad y duda, de vericuetos difíciles. El Nombre se va haciendo… No está nunca concluido mientras vivimos, si bien es verdad que los trazos fuertes se van delimitando cada vez más.  La vida, las realizaciones, la mayor claridad que nos dejan los acontecimientos que se van viviendo, dejan ya fijados los rasgos esenciales de ese Nombre.
Esto es lo apasionante de la oración sincera, de la vida que busca realizarse como algo integral. Esta apertura del alma para ir escuchando…, para saber interiorizar, para saber que Dios es protagonista en mi vida (y al serlo, me va haciendo mucho más persona, más maduro, más reflexivo, más honrado para no dejarme llevar por lo primero que se me ocurra…), y con ese protagonismo de Dios yo voy más acorde con esa vocación bautismal, por la que fui consagrado para ser un cristiano que vive la fe de Cristo, el estilo de Cristo…, y así se va haciendo –en frase de San Pablo- “de la forma de Cristo”. [“Conforme a su imagen”]
Por eso, con gran devoción de mi alma, llego siempre a este recuerdo del NOMBRE DE JESÚS con gran gozo y con esa llamada interna que me reclama para seguir buscando esas “últimas letras” de “mi nombre”.  Cada cual puede ya saber las primeras…, las de en medio…, según su vida esté más o menos definida en la dirección de Dios…, según se está en línea con una búsqueda sincera, y hasta con esa valentía que se necesita para dudar de sí (en el sentido de que nada puedo dar por definitivo, mientras vivo, porque Dios sigue teniendo la última palabra).  ¡Eso es lo apasionante!  ¡Ese es el tesoro grande de mi amanecer de cada día, de mi vivir, de mis decisiones, de mis posturas internas, de la necesidad urgente de abandonar caminos trillados y aceptar que hay que saber volver grupas y volver  empezar…, y empezar con la misma ilusión –inmensa ilusión- de que Dios está ahí en mi vida, y sé que me conduce por cañadas oscuras, pero su vara y su cayado me sostienen.  ¿Cuál será mi última letra?  Esa es la que se dará con el final de mi vida.  O como dijo un autor: el momento de poner el AMÉN a aquel día que fui bautizado, pero no se pronunció la palabra última. Entonces se abrió mi vida.  Se cerrará en el momento de entrada en el último descanso.  Y lo que ilusiono es que ese sea con mi Nombre bien redondeado, al modo de Dios, habiendo colmado .siquiera suficientemente- el sueño que Dios tuvo sobre mí el día que me puso en la existencia.

miércoles, 2 de enero de 2013

Distancias cortas


A CORTA DISTANCIA
Hay cosas que puede ser conveniente saberlas mirar pronto para poderlas mejorar antes. No hemos hecho más que entrar en el año nuevo. Significa que sólo hace 8 días que las estábamos celebrando y que las estábamos viendo como un punto de arranque, un punto de inflexión interesante para crear novedad más coherente hacia adelante. Sólo con escuchar a Pablo en su carta a Titi, leída en la Misa de Nochebuena, ya teníamos un programa bien definido, como brotando de los labios de ese NIÑO (“Niño”, aquí, suponía nacer, novedad, posibilidades de futuro, planteamientos básicos de arranque; “aparición de la gracia de Dios” llamaba  doble movimiento: de siega que arrasa cizaña y semilla se buen trigo).
En concreto era: Hay que desterrar ese “YO” que sigue los postulados del “mundo” sin Dios y sin consideración al prójimo, y vamos a plantearnos lo que enseña Dios: dominio de sí, apertura al otro, honradez de planteamiento en el que mueva algo superior (más justo, menos egoísta, menos personalista y más capaz de empezar a pensar junto al otro…), y de esa manera hacernos más acordes al estilo de Dios.
Poco tiempo va desde la Nochebuena hasta a aquí, y no voy a dar por perdida la reflexión tan seria a que se nos llamaba…, ahondada todavía el día de Navidad por otra reflexión dl mismo Apóstol para decirnos a qué nos llama y acucia la Navidad.  Y nos decía, con una belleza genial de San Jerónimo al traducir al latín: ha aparecido LA HUMANIDAD DE DIOS…, expresión que lleva un sentido muy tierno de Dios que se mete tan de lleno en nuestro mundo, y se mete tan a nuestra manera, que lo que llama la atención es su humanidad, su cercanía, su hacerse tan humano de sentimientos y de captación de nuestras necesidades…, que acaba convirtiéndose en un grito de atención sobre el valor del nuevo nacimiento que tiene que provocar en nosotros el hecho de ese Dios tan humano, tan íntimo, tan cercano…
Pues bien:  yo invito y me invito a hacer una reflexión así a la inmediata:  ¿realmente se ha planteado ya en mí una mirada y nueva actitud, en esta doble dirección, que renuncia  a algo a favor de crear otro algo más humano, más familiar, más noble, que mejor acerque a las personas, conduzca a un bienestar más común, menos cerrado sobre mí mismo y mis personales  planteamientos?
Esa mirada sobre uno mismo es siempre lo que tiene que ir delante. Pero no deja de ser aceptable –si no se hace como crítica sino como aprender en cabeza ajena- mirar situaciones que son comprobables y concretas, en las que puede uno decir: “aquí se ha hecho todo lo contrario”. “Aquí se está separando en vez de uniendo; aquí se está provocando malestar en vez de superar individualidades y caprichos personales”, “aquí no s está teniendo en cuenta para nada el pensamiento ajeno”; “aquí se está pasando por encima del bien común, aunque caiga quien caiga”.
Si hubiera situaciones en las que algo de eso hay (y puede ser que uno mismo sea el “protagonista” de ello), podríamos concluir que “el Niño todavía no nos ha nacido…, todavía no nos hemos dejado salvar; todavía no nos hemos humanizado”.  Y estas cosas no son para hacerse derrotistas sino para coger pronto el toro entre los cuernos, y –con el Belén todavía puesto ante nosotros-, volver a repasar esos textos de la Liturgia de Navidad, y renovar actitudes de novedad en el corazón.  Tanto se habla de nueva evangelización que empezaría a sonar a hueco ahí donde –en cosas tan concretas- no está valiendo ya ni la evangelización ue ya traíamos quienes vivimos y pretendemos vivir como cristianos y creyentes en la verdad de Jesucristo.
Pongamos mano a la obra ya.  Es todavía un momento perfecto y adecuado para poder NACER, renovarnos con el baño del bautismo, con la luz y fuerza del Espíritu Santo. Que nunca es tarde mientras no sea tarde.