viernes, 19 de octubre de 2018

19 octubre: No tener miedo a Dios


ESCUELA DE ORACIÓN. Málaga. 5’30 tarde
Liturgia:
                      Hoy se recuerda en el santoral a San Pedro de Alcántara, un santo que Santa Teresa describía como hecho de raíces de árboles por su porte enjuto y su espiritualidad vivida desde una abnegación y privaciones admirables.
          En una ocasión, Teresa de Jesús estaba discerniendo sobre la pobreza de sus conventos, y consultaba a letrados y teólogos. Cuando le presentó el caso al Padre Pedro de Alcántara, éste le respondió: A mí me maravilla que ponga estos casos en manos de letrados, porque a mí me basta que lo ha dicho Jesucristo.


          Vamos a la LITURGIA DEL DÍA:
           Los días anteriores se ha venido tocando en la lectura continua  la postura de Jesús ante las prácticas y formas farisaicas. Empezó el tema en San Lucas (cap.11) con la invitación del fariseo a Jesús para que comiera con él, y Jesús le hizo saber que lo importante es lo que viene de dentro de la persona, de su corazón, y no tanto el tema de los rituales externos. Continuó esa lectura durante dos días con los “ayes” de Jesús ante las hipocresías fariseas. Y hoy desemboca en una advertencia general que hace a las gentes y a sus apóstoles: 12,1-7.
          Se agolpaban miles y miles de personas, que se pisaban unos a otros, con el deseo de escuchar a Jesús. Y Jesús se pone a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos, a quienes previene de la levadura de los fariseos, o sea de su hipocresía, todo ese mundo de apariencias en el que se desenvuelven, apariencias que son falsas porque en el fondo son de mal corazón.
          Jesús entonces advierte: Nada hay encubierto que no llegue a descubrirse, nada hay oculto que no llegue a saberse. Las apariencias se esfuman, se diluyen, y queda la verdad. Lo que se pretendió ocultar de los propios defectos, acaba saliendo a la luz. Por eso, lo que digáis de noche, se repetirá a pleno día, y lo que digáis al oído en el sótano, se pregonará desde la azotea.
          La verdad se abre paso antes o después. Todo lo que es hojarasca acaba deshaciéndose. Por eso la que Jesús llama “levadura de los fariseos” (la hipocresía), es algo que no se sostiene. Pero ¡atención!: no se sostiene en los fariseos, pero ni en la vida diaria de las personas. Lo que vale es lo sincero, lo genuino, lo que responde a la verdad.
          Añade ahora Jesús, otro principio de vida: Amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo pero no pueden  hacer más. Al cuerpo se le puede atacar desde fuera, pero no por eso se puede conseguir que la persona cambie, si está bien enraizada en los verdaderos valores y verdades. Los mártires han padecido en su cuerpo el tormento y la misma muerte, pero no se les ha podido hacer apostatar de sus convicciones profundas.
          Por eso, Jesús advierte a quien se debe temer: a quien tiene poder para matar, y puede echar en el fuego. A ese tenéis que temer. Llegado aquí, no puedo menos que recordar a aquella persona que vivía angustiada pensando que Dios podía condenarla. No es Dios el que mata y echa al fuego. No tendría el menor sentido, ni lo que Jesús quiere, bajo ningún concepto, es crear el miedo a Dios. Se trata de un enemigo maligno que ataca para condenar, al que hay que temer: al demonio, a Satanás. A ese es al que tenemos que temer.
          Hoy día se ha intentado borrar la figura del demonio, casi para dejarlo como no existente. Es la gran jugada del propio Satanás, porque quiere que se le ignore y así puede él hacer de las suyas por bajo cuerda. El demonio existe. El demonio actúa. El demonio se está posesionando de un mundo de personas inconscientes, que caen en sus redes sutiles a base de no querer aceptar que ese enemigo está ahí, el padre de la mentira y de la falsía. ¡A ese tenemos que temer!
          En cambio Dios es el que es providencia y amor a la persona, con el cuidado amoroso de las criaturas. Como expresa Jesús con sus figuras tan delicadas, ¿no se venden dos gorriones por dos cuartos? Pues ni de uno solo se olvida Dios. Por eso es muy claro que no es a Dios a quien tenemos que temer, sino –por el contrario- en él debemos confiar. Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados. Por tanto: no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.

jueves, 18 de octubre de 2018

18 octubre: El Corazón de Dios


Vísperas de la ESCUELA DE ORACIÓN (Málaga)
A las 5’30 tarde en Salón de Actos
de los PP. Jesuitas. Con Eucaristía.

San Lucas.
                      Hoy celebramos la fiesta del evangelista San Lucas, con su evangelio tan cercano, y con su maravillosa descripción de la misericordia de Dios. A San Lucas le debemos esas piezas inconfundibles del pastor que busca a su oveja perdida y cuando la encuentra, convoca a los otros pastores para que celebren con él la alegría de haber encontrado su oveja. O la mujer que ha perdido la moneda y barre y limpia hasta que la encuentra. Y cuando la encuentra no se conforma con haberla encontrado sino que llama a sus vecinas para que festejen el encuentro de la moneda. Y se saldrá San Lucas cuando describa al padre bueno de aquel hijo pródigo, al que no sólo se le recibe cuando vuelve humillado y destruido, sino que el padre organiza la fiesta del encuentro y deben alegrarse todos porque el hijo que se había perdido ha sido encontrado.
          La nota no se queda, pues, en el encuentro de lo perdido sino en la alegría contagiosa con la que quiere cada actor que los demás se unan a su alegría por el hallazgo final de aquellas realidades perdidas.
          Cierto que el artista de esas narraciones es el propio Jesús, que contó aquellas parábolas. Pero tuvo que ser la sensibilidad de Lucas quien las plasmara en su evangelio y nos diera esa maravilla de lo que es el Corazón de Dios, el Dios Bueno que no sólo perdona el pecado sino que monta una fiesta por el encuentro de lo que se había perdido. Así nos trasmite los sentimientos del propio Dios, que casi nosotros no hubiéramos sido capaces de imaginar con esas características.
          Todavía, hace sólo unos días, nos encontrábamos con otra narración emocionante para manifestarnos la delicadeza de la misericordia de Dios, en la parábola del buen samaritano que acude al herido, víctima del ataque de unos bandidos, y al que el samaritano auxilia con delicadeza y cuidados y se encarga de que se le atienda en la posada, costeándolo él. Es toda una descripción del amor de Dios, que sale en ayuda del necesitado, con una atención y ternura singulares.
          Y será luego en la cruz donde presentará al ladrón que suplica la compasión de Jesús, al que Jesús le promete estar esa misma tarde con él en el paraíso. No le exige nada. Basta que el hombre ha leído la causa de la condena: “Jesús Nazareno, REY”, y que haya recurrido a él y le ha suplicado que se acuerde de él cuando esté en su reino. Repito: es la sensibilidad del evangelista.
          Para más insistencia, gracias a Lucas tenemos la historia de los primeros pasos de la Iglesia en el segundo libro (los Hechos de los Apóstoles) donde nos deja realidades tan importantes como Pentecostés, o la presencia de María aglutinando al grupo de los discípulos de Jesús.

          La LITURGIA de la fiesta nos deja una 1ª lectura poco enjundiosa (2Tim.4,9-17) en la que no hay mucho que explicar. Está escogida por la referencia que hace San Pablo a LUCAS. En medio de una queja por infidelidades de otros, sólo Lucas está conmigo. Es lo que ha hecho que se escoja ese trozo, que es más bien descriptivo de una situación que vive Pablo.
          Y como no hay en los evangelios ninguna referencia a este evangelista, se ha tomado como evangelio de la fiesta la designación que hizo Jesús de otros 72 discípulos (10,1-12.17-20), a los que envía a predicar e ir preparando el terreno delante de Jesús, por aquellos lugares por los que luego iba a ir el propio Jesús.
          Es claro que Lucas no estaba entre ellos, porque el autor escribe su evangelio investigando los hechos de los testigos oculares, y sopesando los datos y redactándolos por su orden, con el fin de que los que vengan detrás puedan tener una narración fidedigna de las cosas que vivió Jesús de Nazaret.

          Personalmente yo recomiendo a quienes se quieren introducir en la meditación de los evangelios que empiecen por San Lucas, por la mayor posibilidad de adentrarse cordialmente en los entresijos del Corazón de Jesucristo.

miércoles, 17 de octubre de 2018

17 octubre: ¡Ay de vosotros, fariseos!


Liturgia:
                 Seguimos en el argumento de Pablo en su carta a los gálatas, en la que se esfuerza por devolverlos a la enseñanza primera que de él habían recibido, y que los grupos judaizantes le han trastornado, pretendiendo llevarlos a la circuncisión, y con ello a la ley judía con todas sus prácticas rituales y sus costumbres y normativas de tipo externo. Hoy es el final de esa carta, que encierra muchas concreciones, tanto en la advertencia contra las malas costumbres, como en el panorama que corresponde al verdadero evangelio de Jesucristo, que es el que Pablo les había predicado. Y por eso comienza este trozo de la carta con una afirmación general: Si sois conducidos por el Espíritu, no estáis bajo la ley. (5,18-25).
          Es el principio general y básico, que pretende Pablo que sea frontispicio de lo que va a venir después. Por el contrario, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, discordia, envidia, cólera, ambiciones, divisiones, disensiones, rivalidades, borracheras, orgías y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen estas cosas no heredarán el reino de Dios. Para quienes pueda parecerles un poco extremista esta enumeración, habrá que remitirles a Mc.7, en que es el propio Jesús el que viene a dar una lista de realidades anti-Reino, que abarcan muchos de esas aspectos, y todavía deja ampliada la visión con el colofón: “y como ésta, hacéis muchas”.
          Pero el que se deja llevar del Espíritu y no está bajo la ley judía, encuentra ese otro elenco de realidades positivas, que son los frutos del Espíritu Santo. En cambio, el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí. Contra estas cosas no hay ley. No hay ley humana que pueda desprestigiar este retablo de situaciones virtuosas, y por supuesto  suponen la acción de Dios, por su Espíritu, en el corazón de la vida misma
          Y los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con las pasiones y los deseos. Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu. Esa es la vocación cristiana a la que Pablo quiere restituir a los gálatas, sin que haya engaños de ninguna clase.

          El evangelio (Lc.11,42-46) recoge las invectivas de Jesús contra los fariseos, y es continuación del evangelio de ayer, en el que Jesús había sido invitado por un fariseo a comer con él, y acabó la cosa con una llamada de atención de Jesús.
          Ahora Jesús amplía el foco y concreta los verdaderos pecados de los fariseos: «¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de hortalizas, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto es lo que había que practicar, sin descuidar aquello. No pretende Jesús que se dejen de cumplir los preceptos menores que tenían en sus leyes. Lo que no quiere es que se queden en eso. “Sin descuidar aquello” del diezmo, lo verdaderamente importante donde tienen que centrarse es en el derecho (las obligaciones de justicia con el prójimo) y en el amor a Dios. Son los dos focos del primer mandamiento, que llevaban sabido de memoria.
          Luego va Jesús dirigiendo su llamada a datos de aparente menor importancia, pero que manifiestan un modo de sentir y pensar, muy común en los fariseos: ¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y los saludos en las plazas!
          Al final es que los fariseos son mera apariencia pero están hueros por dentro. Muchos detalles en sus modos de actuar, pero el interior carece de contenido. De ahí que les diga Jesús: ¡Ay de vosotros, que sois como tumbas no señaladas, que la gente pisa sin saberlo!».
          Le replicó un maestro de la Ley: -«Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros».
            Jesús replicó: «¡Ay de vosotros también, maestros de la ley, que cargáis a los hombres cargas insoportables, mientras vosotros no tocáis las cargas ni con uno de vuestros dedos! ». Era una característica de los maestros de la Ley, de la que Jesús también advirtió a las gentes que hicieran lo que decían pero que no hicieran como ellos hacían.

martes, 16 de octubre de 2018

16 octubre: Verdad frente a hipocresía


Liturgia:
                      Sigue Pablo queriendo mostrar a los gálatas el camino del verdadero evangelio que él les predicó. Y comienza (4,31-5,6) con una afirmación básica: Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Es como el paradigma de todo lo que quiere enseñar y trasmitir a aquella comunidad. Eso lleva una consecuencia lógica: Por tanto manteneos firmes y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. Pablo tiene muy claro, porque él lo ha vivido con fanatismo, que el seguir los pasos de los judaizantes que los quieren llevar a la circuncisión, es un modo de esclavización, porque todo el que se circuncida tiene que someterse a la ley judía: Mirad lo que os digo, yo Pablo: Si os circuncidáis, Cristo no es servirá de nada. Lo afirmo de nuevo: el que se circuncide tiene el deber de observar la ley entera. Habéis roto con Cristo, habéis caído fuera del ámbito de la gracia.
          Y pone la contraprestación de los que no han seguido ese camino…, la realidad del propio Pablo: Para nosotros la esperanza del perdón que aguardamos es obra del Espíritu Santo, por medio de la fe, pues como cristianos da igual estar circuncidados o no estarlo; lo único que cuenta en la práctica es el amor.

          En el evangelio tenemos una de las invitaciones que algún fariseo hizo a Jesús para comer en su casa. (Lc.11,37-41). Jesús no rehusaba aquellas invitaciones, como no rehusaba la que le hicieron los publicanos con ocasión de la vocación de Mateo. Jesús acudía adonde le querían tener consigo, pero –eso sí- con la mayor libertad de espíritu para que nadie se apropiara de él para sus conveniencias. Y ocurrió que el fariseo de turno se sorprendió de que Jesús se pusiera directamente a la mesa, sin hacer las abluciones rituales, que era un lavatorio de manos especial antes de comer.
          Los judíos cuidaban algunos preceptos externos como señales de su identidad religiosa, comenta González Buelta. Lavarse las manos antes de comer es una medida de higiene. Y lo que Jesús pretende es no quedarse ahí, mientras en el corazón se acumula la corrupción, y se esconden la mentira y la traición en las relaciones humanas, que rompen la vida, mientras se cuidan las apariencias con rituales sociales y religiosos. En los fariseos se daba esa hipocresía, que contagia la masa con sus mentiras. (cf. González Buelta).
          Jesús se dirigió al fariseo y le dijo: Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro rebosáis de robos y maldades. Esta vez es Jesús el que entra a reprobar las falsas formas de religión. Por lo general son los fariseos los que entran siempre a atacar alguna cosa de Jesús. Esta vez es Jesús quien toma la iniciativa. Y le hace caer en la cuenta a él y a los seguramente otros comensales, que Dios hizo lo de dentro y lo de fuera. Y concluye con una afirmación que va mucho más allá que lo que se estaba ventilando: Dad limosna de lo de dentro y lo tendréis limpio todo. La verdad es que la tal conclusión se va un poco del contexto general, y posiblemente tiene mucho más recorrido que el tema de la limosna propiamente dicha. O dicho de otra manera: un corazón honrado es un puñado de levadura evangélica, un regalo de vida sana para todos (ib.).

          Nos podríamos imaginar invitando cada uno de nosotros a Jesús. Y cada uno con nuestras personales maneras de entender el modo de agasajarlo. Es evidente que en más de una ocasión íbamos a estar más pendientes de detalles externos que quedaran bien. No es por decirlo así en negativo: es que mirando nuestras formas habituales religiosas, tenemos que comprender que tenemos nuestros personales “rituales” de rezos y costumbres. Si supiéramos hacer un análisis de nuestro estilo de vida espiritual, es posible que descubriéramos que más de una vez nos quedamos en lo exterior, y que aquello que hacemos no penetra en el corazón. ¿Qué nos podría decir Jesús si se hallase presente en esas “invitaciones” nuestras?
          No nos iba a decir, seguramente, ni “necios”, ni “hipócritas” pero es posible que nos dijera que andamos despistadillos. Y como es un tema que me va mucho a la mano, ¿qué podría decirnos el Señor ante esas confesiones en las que presentamos nuestra tira de fallos…, pero para repetirlos igual a la confesión siguiente? ¿No tendría Jesús que hacernos una reconvención amorosa sobre la nulidad de nuestros leves propósitos? Porque algo hay en “lo de fuera” [=la confesión], que no llega a entrar dentro del alma para adelante [=el sacramento] que exige para tener valor un serio propósito de mejorar siquiera en alguna línea. [Mañana, ¿qué?].

lunes, 15 de octubre de 2018

15 octubre: Signos del Cielo


Liturgia:
                      En Gal.4,22-24.26-27.31-5,1 Pablo utiliza una interpretación simbólica y lo hace con un razonamiento rabínico que a nosotros nos convence poco, desde nuestra mentalidad y forma de razonar. Establece dos realidades, partiendo de las dos esposas de Abrahán, una la verdadera y otra la concubina. La verdadera es la que sigue la línea de la promesa hecha por Dios. La esclava sigue el ritmo natural. De ahí que los hijos de una o de otra las interprete Pablo como las dos realidades que se expresan en la vida del pueblo de Dios. Agar, la esclava, da hijos esclavos, dependientes de la alianza del Sinaí. Sara, la libre, da hijos libres en la Jerusalén de arriba, y a esa pertenecemos nosotros. Y concluye así: Cristo nos ha liberado para que vivamos en libertad. De donde deduce para los gálatas que se mantengan firmes en esa línea para no someterse al yugo de la esclavitud, que es adonde quería llegar.

          En el evangelio (Lc,11,29-32) Jesús define a aquella generación como perversa. Está pidiendo un signo por parte de Jesús: la cantinela constante con las que se encontró el Señor, quien con tantos signos como había dado ya, nunca le bastaba a esa generación pervertida.
          Ahora dice Jesús, ya como punto final, que la señal que se le dará es la de Jonás. Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, y ellos se convirtieron.
          Y añade: Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen, porque ella vino de los confines de la tierra escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. A aquella reina del Sur le bastó ver actuar a Salomón para reconocer su sabiduría, y no necesitó ya más signos. Pues más grande que todo eso es lo que Yo hago (era el argumento de Jesús).
          Y los habitantes de Nínive se alzarán y harán que condenen a esta generación, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí a uno que es más que Jonás.
          La señal de Jonás es también otra muy significativa: Jonás, arrojado al mar, permanece tres días en el vientre del cetáceo, quien finalmente lo devuelve a la playa de Nínive, que él había intentado eludir. Jesús permanecerá el transcurso de tres días en el sepulcro, y de allí saldrá con vida nueva. Esa será la señal más llamativa y convincente de cuantas señales pudiera dar.
          La verdad es que poco más puede añadirse a esta disquisición de Jesús, y que ha sido un razonamiento perfectamente comprensible para nuestra mentalidad. No ha habido imágenes ni parábolas.
         
          El mundo nuestro contemporáneo podría también catalogarse en generación pervertida, que ignora las señales de Dios. Las normales, que van viniendo del día a día, de la santidad de tantos miembros de la Iglesia, de la ejemplaridad de los Papas, sobre todo los últimos (que son los que tenemos más en candelero, con tres canonizados –ayer lo fue Pablo VI-).
          Pero habría que tener ojos de lince y de sentido sobrenatural para saber traducir los últimos acontecimientos naturales y pensar que –como dice San Pablo- la naturaleza está retorcida y grita con dolores de parto. Porque una mirada espiritual puede intuir que hay múltiples avisos de Dios para comprender que la vida no se puede plantear solamente desde el progreso humano y la ciencia humana, tan incapaces de evitar los fenómenos naturales que dejan a la criatura reducida a la total impotencia.
          Cierto que para otros, el argumento se convertirá en una blasfemia contra Dios: ¿Por qué Dios no impide estos desastres? Y no se plantea el hombre inculto de la falsa cultura de nuestro tiempo que haría falta un milagro continuado, una vida de pleno milagro, para que la naturaleza no reviente por alguna parte, después de la violencia a la que la está sometiendo la mano del hombre. ¿Por qué no volver el argumento contra el hombre en vez de buscar en Dios una especie de chivo expiatorio al que acusar de todos los males?
          Seguirá el hombre pidiendo señales para creer en Dios, y Dios seguirá haciéndose presente…, y sin embargo no será reconocida su mano, porque el hombre endiosado ha llegado a levantar su puño contra Dios. ¡Y así nos va!

domingo, 14 de octubre de 2018

14 octubre: Riqueza y pobreza


Liturgia:
                      El seguimiento de Cristo exige una elección decidida entre dos realidades excluyentes: o Cristo o las riquezas. Es lo que plantea la 1ª lectura del libro de la sabiduría (7,7-11) en la que se pide la prudencia y le llega el espíritu de sabiduría, preferida sobre el poder de cetros y tronos, y teniendo en nada las riquezas. Todos los bienes juntos me vinieron con ella, y eso mismo le trajo la más preciada riqueza.

          El evangelio es la contraposición a esa manera de proceder. El sujeto que se presentó a Jesús queriendo saber lo que necesitaba para tener vida eterna, se encontró con una elección que le ponía por delante Jesús, en la que tenía que renunciar a los propios bienes. Y llegar hasta ahí no le daba su primera decisión. Mc.10,17-30.
          La cosa es que era una persona noble y cumplidora de sus obligaciones, que había vivido los mandamientos desde su infancia. Y eso atrajo la mirada de Jesús, que miró con cariño aquella nobleza que mostraba el individuo.
          Había llegado hasta el cumplimiento de los mandamientos…, hasta el techo de lo que se pedía a un buen judío. Y ahora Jesús le plantea “lo que le falta”, no ya para ser buen judío sino para entrar en el grupo de los discípulos seguidores de Jesús. Y lo que le falta es pasar de ser un hombre rico, que tiene muchas posesiones, a abrazar una actitud de pobreza, de renuncia, para poder seguir a Jesús.
          Y hasta ahí no está dispuesto el hombre. Se le viene el mundo abajo pero se encuentra incapaz de dar el paso de vender todo lo que tiene, darlo a los pobres, y luego venir a seguir a Jesús. Pero eso era lo que Jesús le pedía para esa plenitud del que quiere entrar en el Reino.
          Y el hombre se disgusta consigo mismo, vuelve las espaldas y se marcha. Estaba muy cogido por sus muchos bienes.
          Y Jesús se queda también contrariado y, mirando a sus discípulos, deja escapar su sentimiento: Qué difícil va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios…
          Los discípulos se extrañan de tal afirmación y Jesús no la suaviza sino que la ahonda: Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el Reino de Dios a los que ponen su esperanza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios. Como decía la 1ª lectura, hay que hacer un discernimiento entre la riqueza y la sabiduría de Dios, y saber que el que renuncia a sus bienes materiales acaba alcanzando riquezas mucho mayores de otro calibre.
          Los apóstoles se espantaron y llegaron a la conclusión de que es muy difícil entrar en el Reino. Y Jesús les explica que para los hombres ricos es imposible…, pero que para Dios es posible.
          ¿Qué significa eso? Pues que Dios va muchas veces haciendo que el rico que está pagado de sí mismo y que pone su confianza en las riquezas, se le vayan presentando otros tipos de pobrezas que acaban demostrando que el dinero no sirve para solucionarlo. Y allí donde el rico se apoyaba, se le empieza a venir abajo. Dios tiene muchos medios de ir limando a los ricos hasta hacerles comprender que su riqueza no es la felicidad.
          Hablamos de “ricos” y lo fácil es sentirse libres de esa realidad porque generalmente no somos ricos la gran mayoría de los que vivimos la fe en Cristo. Pero sí podemos encontrar que hay otras formas de riqueza que, por decirlo así, están en poder de la mayoría: el orgullo, las seguridades en uno mismo, el pretender llevar la razón sobre todo y sobre todos, la soberbia…, son formas de riqueza que pueden darse en los más económicamente pobres, y en general en toda criatura. Y son “riquezas” que dificultan vivir el evangelio porque la persona se sitúa siempre por delante. Y ahí tiene que venir el Señor  a recordarnos que los primeros serán últimos y los últimos, primeros.

          Lo que nos tiene que hacer POBRES es la Palabra de Dios como expresa la 2ª lectura (Heb.4,12-13). La Palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto en que se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos… Nada se oculta; todo está patente y descubierto a los ojos de Aquel a quien hemos de rendir cuentas. Algo que es para pensarlo en serio y dejarnos tocar por la Palabra, que tiene que hacernos humildes y sencillos, y en una palabra, POBRES.
          Palabra y EUCARISTÍA para sincerarnos con nosotros mismos, a la luz de la palabra y en la presencia de Cristo mismo.



          Supliquemos al Señor que nos dé su Sabiduría para saber elegir lo que es conforme a su voluntad.

-         Que seamos personas desprendidas, capaces de acoger la verdad del otro. Roguemos al Señor,

-         Que examinemos nuestras formas de “riqueza” para hacernos sencillos en nuestro modo de proceder. Roguemos al Señor.

-         Que nos dejemos interrogar y cambiar por la Palabra eficaz de Dios. Roguemos al Señor.

-         Que la participación en la Eucaristía nos lleve a ser generosos al compartir nuestros bienes. Roguemos al Señor,


          Concédenos, Señor, la gracia de acoger el evangelio como norma de vida, que nos va haciendo pobres poco a poco, como expresión del amor de Dios a nosotros.
          Lo pedimos por medio de Jesucristo N.S.

sábado, 13 de octubre de 2018

13 octubre: La voluntad de Dios


Liturgia:
                      Continúa la carta a los gálatas. Ahora con un tono más constructivo y pedagógico. (3,22-29). Pablo afirma que la Escritura presenta al mundo entero prisionero del pecado, para que la promesa se dé por la fe en Jesucristo a todo el que cree. El mundo está metido en una inmensa bolsa de pecado, y eso es precisamente lo que hace posible que Jesús venga a salvar, porque él se hace cargo de ese saco universal y lo lleva a la cruz y allí lo clava y así redime.
          Antes de la llegada de Jesús estábamos prisioneros de la ley, que se constituía en niñera que conduce a la persona por unos rieles concretos. Hasta que llegara Cristo que salva con su sacrificio y él se constituye en el nuevo camino a seguir. A partir de ahí ya no se necesita la ley como instrumento de salvación, sino que Cristo ha salvado y nosotros nos salvamos por creer en él y por asumir su estilo de vida. Ante él ya no hay distinción entre judío y gentil, esclavo y libre, hombre y mujer. Ahora todos estamos salvados por Cristo y nos toca vivir según el modelo que tenemos en Cristo, porque todos sois uno en Cristo Jesús. Y por tanto, herederos de la promesa.

          Ayer mismo nos encontrábamos con el evangelio de hoy. Lucas (11,27-28) nos cuenta la emoción de aquella mujer que –muy en consonancia con una psicología popular- para ensalzar a Jesús ensalza a la madre de Jesús. Es esa forma de reacción simple en la que ante una realidad llamativa de alguien, reaccionamos diciendo: ¡Bendita sea tu madre!
          Eso fue lo que hizo aquella mujer oriental, quien empleó un dicho ampuloso para alabar a Jesús: Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron. Eso que diríamos los castizos con una expresión más directa: ¡Bendita se la madre que te crió!
          Jesús no es que no acepte el dicho, pero quiere elevar la mirada de aquella mujer a algo que completa su alabanza: Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. Poco nuevo puedo añadir. Vuelvo, pues, a comentar: Jesús tenía en absoluta estima y veneración a su madre. Pero la grandeza sublime de María no está tanto en ser la madre de Jesús sino en haber sido y ser la persona que secunda plenamente los planes de Dios. Así lo hizo en el primer momento en que aparece en la historia sagrada, el momento de la anunciación, y así sigue siéndolo en todo el proceso de la vida oculta de Jesús, en que no se desvía nada del camino que Dios va marcando, aunque le suponga el anuncio de una espada de dolor que atravesará su alma. También Caná marcó un hito en la historia del propio Jesús, porque aquella fiel mujer que es María, sirvió para anunciar un paso nuevo en el proceso de la voluntad de Dios en el camino de Jesús.
          Todo eso ha sido “hasta aquí”, podía decir Jesús a aquella mujer que le alababa a su madre. Pero queda patente que el futuro de María seguirá siendo el de la que escuchó la palabra de Dios y la puso en práctica, lo que quedará patente al pie de la cruz, donde vuelve a aparecer María, con la espada de dolor que ya ha perforado su corazón, pero que la mantiene en pie decididamente para acoger a la humanidad como el nuevo hijo que su Hijo moribundo le encomienda.
          Y tendrá una labor magisterial en la naciente iglesia, cuando quede en medio de los apóstoles y discípulos como mujer orante y aglutinadora, que hace de clueca hasta que llegue el momento sublime y solemne de la venida del Espíritu Santo, en que hará eclosión la Iglesia de Jesucristo, en la que María es Madre, Tipo o Modelo y Maestra. Siempre en línea con la mujer que escucha a Dios y secunda sus planes hasta el más leve detalle.
          Incluso para morir. Porque parecería lógico que los redactores de los libros sagrados, y en concreto en los Hechos de los Apóstoles, hubieran dedicado dos líneas a trasmitirnos algún leve detalle de la labor de María y la de su muerte. Sin embargo, la Mujer que volteó hacia Dios todas las alabanzas que recibió de Isabel, también desaparece de la historia sin dejar ni el más leve rastro de sus últimos tiempos y de su tránsito hacia el Cielo. No era voluntad de Dios que la Iglesia naciente se dejara caer en detalles que no hacían al caso en el desenvolvimiento de su historia. Y María desaparece de las crónicas y cuando sabemos o intuimos de ella, queda ya a la tradición y devoción pero sin escritos que lo testifiquen. La “humillación de la esclava” llega hasta ahí. Luego será la Iglesia en el pasar de los tiempos la que nos trasmita su triunfo definitivo en su asunción a los cielos. Realmente DICHOSA, porque vivió en cada momento según la voluntad de Dios.

viernes, 12 de octubre de 2018

12 octubre: Virgen del Pilar


Liturgia:
                      Las fiestas –como ésta del Pilar- son las más difíciles de comentar porque son lecturas fijas, siempre las mismas, y que no hacen referencia directa a la fiesta que se celebra.
          Las lecturas que vamos a tener son la de Hech.1,12-14 y Lc.11,27-28.
          En la 1ª lectura se nos cuenta que –al regreso de la ascensión de Jesús- los apóstoles se vinieron desde el monte de los Olivos a la sala donde se alojaban (que se da casi por descontado que era el piso alto del Cenáculo). Allí están todos los apóstoles, dedicados a la oración en común, junto a algunas mujeres, entre ellas María, la madre de Jesús. Ahora nosotros podemos reflexionar y poner a María, allí en medio de todos, como verdadero pilar que sustenta la oración de aquellas personas. Es la referencia que podemos hacer para encajarla con la fiesta que celebramos. De hecho es una mirada a María como referente de nuestra vida de Iglesia y nuestra vida de oración.

          Lo mismo en el texto de San Lucas del evangelio, en el que aquella mujer se entusiasma con Jesús y prorrumpe en alabanzas a Jesús y a la madre que lo engendró: Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron. Alabanza a aquella Madre que dio a la vida al Maestro, cuyas explicaciones habían emocionado a aquella mujer. A lo que Jesús apostilla: Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. María es, evidentemente, paradigma de esa escucha práctica, porque fue la persona rendida a la voluntad de Dios para que Dios realizara el plan de salvación. Otra vez podemos aplicar: María fue el pilar maestro de aquella edificación, que se llevó  a cabo por su aceptación incondicional del proyecto de Dios sobre ella.
          María tipo de la Iglesia, nos trasmite su acción de plena fidelidad al Magisterio de la Iglesia, que está constituida sobre roca…, sobre columna sólida que no se tambalea. María es así columna y pilar de la edificación de Cristo.
          Es lo que se puede decir con fundamento.
Copiando la información del diccionario de WIKIPEDIA, transcribo los datos siguientes: La Virgen del Pilar es una advocación mariana de la Iglesia católica, cuya imagen tiene su principal centro de culto en la Basílica del Pilar de Zaragoza (España).
El 20 de mayo de 1642 el municipio de Zaragoza proclamó a la Virgen del Pilar patrona de la ciudad, patronazgo que se extendió a todo el Reino de Aragón en las Cortes aragonesas de 1678. Acumula otros patronazgos, como el del Cuerpo de la Guardia Civil (1913), Cuerpo de Correos y Telégrafos (1916), Cuerpo de secretarios, interventores y depositarios de administración local (1928), Sociedad mariológica (1940), Consejo superior de misiones (1948)1​ y del Arma Submarina de la Armada Española (1946).
En 1908 mediante un Real Decreto se declara Capitana General del Ejército español. El 24 de junio de 1948 se eleva a categoría de Basílica el Pilar por Pio XII (1948).
La leyenda sobre sus orígenes se remonta al año 40, cuando, de acuerdo con la tradición cristiana, el 2 de enero la Virgen María se apareció a Santiago Apóstol en Caesaraugusta. María llegó a Zaragoza «en carne mortal» —antes de su Asunción— y como testimonio de su visita habría dejado una columna de jaspe conocida popularmente como «el Pilar». Se cuenta que Santiago y los siete primeros convertidos de la ciudad edificaron una primitiva capilla de adobe a orillas del Ebro.​ Este testimonio es recogido por un manuscrito de 1297 de los Moralia, sive Expositio in Job, de Gregorio Magno, que se custodia en el Archivo del Pilar. La devoción mariana comenzó en los albores del siglo XIII, cuando comenzaron las primeras peregrinaciones a Santa María la Mayor.
            Sobre la iglesia mozárabe preexistente, se erige el templo románico del Pilar poco después de la conquista de Zaragoza por Alfonso I el Batallador (1118) que fue culminado en el siglo XIII. En esta época se documenta en el templo una capilla primitiva para alojar el Pilar, según transmite Diego de Espés en 1240.​ Para 1293 el templo se encontraba en tan mal estado que el obispo Hugo de Mataplana promovió la restauración del templo y su conversión en la colegiata gótico-mudéjar de Santa María la Mayor con recursos de una bula de Bonifacio VIII que por vez primera menciona la advocación «del Pilar». Actualmente el único vestigio conservado del templo románico del Pilar es el tímpano de la iglesia, que ha sido colocado en la fachada sur de la basílica barroca.

jueves, 11 de octubre de 2018

11 octubre: Oración insistente


Liturgia:
                      Pablo se enciende al llegar aquí (Gal.3,1-5) y prorrumpe en un: ¡Insensatos gálatas! ¿Quién os ha embrujado? Y con admiración profunda expresa su dolor: ¡Y pensar que ante vuestros ojos presentaron la figura de Jesucristo en cruz! No puede caber en un corazón ardiente como el de Pablo que después de haber tenido delante los gálatas la imagen del crucificado, ahora hayan podido abandonarlo. Pablo, que no quiere saber otra cosa que a Cristo crucificado, no puede comprender que los gálatas hayan dejado esa mirada y se hayan vuelto a “otro evangelio”. Porque en el evangelio de Jesucristo es en el que han recibido al Espíritu Santo, por aceptar con fe; no por cumplimientos de leyes. Y nueva admiración: ¿Tan estúpidos sois? ¿Empezasteis por el Espíritu para terminar en la materia? ¡Tan magníficas experiencias que hayan sido en vano…!
          No deja de tener actualidad este texto. Hay muchos que vivieron una vida cristiana, unos principios cristianos, unas bases cristianas, y que –arrastrados por la corriente de “nuevos falsos evangelios” que da el mundo-, han abandonado la fuerza aquella del Espíritu que habían recibido y en el que estuvieron. También a esos  les diría Pablo: “¡Insensatos! que conocisteis a Jesucristo en la cruz, y os habéis ido tras otras figuras sin consistencia. ¿Fueron en vano aquellas experiencias que gozasteis?” Creo que se les puede aplicar muy de frente esta diatriba del apóstol.

          Hoy volvemos al tema que se trató en las Témporas, aunque ampliado, y tomado de otro evangelista, que le da su matiz especial. Lc.11,5-13 nos habla de la fuerza y eficacia de la oración, que en este caso es una oración de petición. Lo expresa, a su estilo, con una parábola que, no por ser breve, pierde fuerza de convicción. Cuenta el “caso” de uno, al que le llegan unos huéspedes inesperadamente, y no tiene pan para darles de comer. Entonces piensa en un amigo al que pedirle que le preste unos panes que él le repondría a día siguiente cuando tuviera oportunidad de hacerlo.
          El amigo no quiere complicaciones y, de hecho, ya tiene a los niños dormidos, la puerta ya está cerrada… No puedo levantarme para dártelos. Y Jesús pone el caso en una insistencia de parte del que se hallaba en el compromiso de atender a sus huéspedes, a los que no puede desairar. E insiste e insiste, de tal modo que el amigo se ve en la necesidad de darle aquellos panes y cuanto necesite.
          Concluye Jesús diciendo que con Dios tenemos que proceder igual: insistiendo en la petición, porque eso abrirá las manos del Señor.
          Y continúa con esa enseñanza de la oración, que es tan importante: Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá, porque quien pide, recibe; quien busca, encuentra, y al que llama, se le abre. Y lo corrobora con el mismo ejemplo que puede sacarse de la vida de las personas, quienes -no siendo buenas-, aún tienen corazón para no dar una piedra al hijo que pide pan, ni dar una serpiente cuando le piden pescado; ni dar un escorpión al hijo que pide un huevo.
          Es cierto. También los humanos saben dar cosas buenas a sus hijos. ¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo piden? Estamos ante un caso de oración muy particular: pedir el Espíritu Santo, pedir la gracia de Dios. Esa oración no fallará. Dios puede no dar otras “cosas” que le pedimos, porque no van en el orden de nuestro bien, porque no siempre pedimos lo mejor que podemos necesitar. Pero cuando pedimos la Gracia de Dios, Dios se compromete a dárnosla siempre.
          En las otras peticiones tenemos que proceder con la enorme humildad de pedir “si es la voluntad de Dios”  aquello que pedimos. Y tenemos un caso muy concreto en la misma oración de Jesus en el Huerto, cuando a gritos y con lágrimas suplicó al que podía salvarlo del tormento, pero siempre añadió: pero que no se haga mi voluntad sino la tuya. Y no fue voluntad de Dios liberarlo de aquella angustia que le venía por su pasión inminente. Sin embargo nos dirá en el mismo texto de la carta a los hebreos que fue escuchado, y en el evangelio se nos dice ese misterioso ángel que le confortaba, no para dejar el camino de la pasión sino para enfrentarlo. Fue escuchado. Pero no en la línea de la petición, sino en la línea de recibir Espíritu Santo.
          Pues esa es la conclusión de este evangelio. Como al niño pequeño que se empeña en coger el cuchillo, y su padre no se lo da, pero le da ya el pan cortado.

miércoles, 10 de octubre de 2018

10 octubre: PADRE


Liturgia:
                      Sigue Pablo presentando su biografía ante los fieles de Galacia. Hace el recuento de su periplo y con él su subida a Jerusalén, junto a Bernabé y Tito, y manifiesta que se presentó ante los más responsables de la Iglesia, y a ellos les expuso el evangelio que predica, siendo aceptado plenamente por apóstoles tan importantes como Pedro, Juan y Santiago, que expresaron su solidaridad. Y quedó la cosa clara de que Pablo se dirigiría a los gentiles y Pedro a los judíos.
          Pablo observa en Pedro una anomalía, en la que es arrastrado el propio Bernabé; era una cuestión de sinceridad sobre el modo de comportarse ante los gentiles, en que Pedro incurre en una simulación por el deseo de no escandalizar. Pablo no considera apta aquella manera de proceder y se la corrige a Pedro delante de los demás, porque aquello no cuadraba con la verdad del Evangelio.
          Quiere así mostrar a los gálatas su ortodoxia, incluso llegando a corregir al jefe de la Iglesia. Pero todo era para que quedara intacta esa verdad del único verdadero evangelio, que es el que ha predicado en aquella comunidad.

          Jesús oraba. Lc.11,1-4. Los discípulos lo observaban a cierta distancia y les llenaba el recogimiento y la vivencia que se mostraba en el mismo porte exterior. Cierto que Jesús no llenaba un tiempo, ni su oración era como la de los fariseos, de apariencia externa.
          Y cuando Jesús dejó de orar, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos. Cada Maestro tenía su peculiar modo de orar y de trasmitir a sus discípulos una manera específica de dirigirse a Dios.
          Y Jesús hizo algo que distinguía especialmente a sus discípulos: podían empezar su oración dirigiéndose a Dios como PADRE. Él les dijo: cuando oréis, decid: Padre… Ya era una novedad, y novedad inesperada. Dirigirse a Dios como Padre no era cosa ni normal ni que encajara en la forma de tratar a Dios, cuyo mismo nombre no se pronunciaba por el respeto supremo que les  merecía. Pues ya que los discípulos de Jesús le piden un modo de orar, reciben ese impacto tan fuerte como el poder hablar a Dios con la intimidad de hijos a su padre.
          Santificado sea tu Nombre. Es santo. Debe ser honrado por sus hijos, que declaran santo el NOMBRE de Dios. El Nombre es expresión de la persona. Santo es Dios. Sea reconocido santo el Padre Dios.
Venga tu reino. El reinado de Dios, ansiado por Israel desde tiempo inmemorial. Que sea Dios quien lleva la vida de sus hijos. Que venga sobre todos el reinado de Dios.
          Danos cada día nuestro pan del mañana. En medio de la oración, toda ella de orden espiritual, el “pan del mañana” es el encuentro definitivo con Dios. Pero el pan del mañana es también el alimento inmediato. No se pide tener la vida resuelta. Se pide, como en el maná (que duraba un día), que Dios nos dé lo que necesitamos mañana. Que mañana ya pediremos. [La otra formulación es la que pide “el pan de cada día”, expresando la misma realidad].
            [Cabe pensar aquí en algo tan íntimo como pedir la Eucaristía de cada día. Que entre los bienes espirituales que suplicamos, una petición especial sería la de tener cada día a Jesús, y la seguridad de que “mañana” también. Personalmente yo experimento esta “acepción” cuando rezo en la Misa el PADRENUESTRO, ya cercano a la Comunión, y tengo la emoción de que un día nuevo, se me da el pan de cada día].
          Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo. Oración al Padre bueno: “perdónanos nuestros pecados”. Y ya se pone por delante el aval de ese perdón que se pide: que hemos perdonado a quien nos hubiera hecho algo. Es condición de obtener el perdón de Dios, como Jesús explicó muy gráficamente en una ocasión, a propósito del empleado infiel que no supo perdonar.
          Y no nos dejes caer en la tentación. Tentaciones las habrá. Lo que se pide no es no tener tentaciones sino no caer en ellas. Lo que debe suponer no meterse en ellas, defenderse de ellas a capa y espada.
          Debemos sentirnos muy llenos de alma cada vez que oramos con el Padrenuestro, pues usamos las palabras y sentimientos que Jesús nos puso en la boca.

martes, 9 de octubre de 2018

9 octubre: Marta y María


Liturgia:
                      Gal.1,13-24 no nos da muchas pistas de comentario. Pablo, que tiene que presentar sus credenciales ante una comunidad que de alguna manera le ha vuelto las espaldas, cuenta su vida de manera que quede claro que no es un intruso que inventa sino un llamado del Señor para dar a conocer el evangelio de Jesucristo. Y está avalado por los cristianos de Judea, admirados de la transformación del Saulo perseguidor en Pablo misionero de la verdad de la revelación. Él había sido un judío fanático y seguidor de las tradiciones judías de sus antepasados y perseguidor de la Iglesia de Dios. Pero Dios lo escogió. Y lo escogió desde el seno de su madre, de modo que andando el tiempo se dignó revelarle a su Hijo para que el lo anunciara a los gentiles. Y eso es lo que ha hecho con los gálatas. Y para eso les ha venido a anunciar el evangelio de Jesucristo, afirmando –como veíamos ayer- que no hay otro evangelio posible, ni aunque viniera a proclamarlo un ángel del cielo.

          Lc.10,38-42 nos trae un relato único, que no tiene paralelo en los otros evangelistas. Nos viene a presentar a dos hermanas, Marta y María (las que luego San Juan nos presentará como hermanas de Lázaro). Nos las describe a las dos con rasgos perfectamente identificativos del carácter de cada una. Marta aparece como una mujer muy dispuesta, muy afanosa, muy activa, y en parte con una personalidad de mando.
          María es mucho más pasiva, menos preocupada por el orden, más afectiva, y –no sé si puede decirse- más espiritual.
          El día que Jesús se presenta en casa de las dos hermanas, quedan patentes los dos modos de ser de una y otra. Parece ser que María quiere agasajar a Jesús con una comida muy variada y no para de trabajar en esa línea, pendiente de que todo esté en su punto. María por su parte se ha situado a los pies de Jesús y lo escucha y le pregunta y se aísla del trabajo de la hermana. Por eso Marta llega a incomodarse y pretende que Jesús le diga a María que le ayude en la faena.
          Aquí ya interviene Jesús que cariñosamente le hace ver a Marta que está muy liada con muchos detalles (algún autor lo identifica con “muchos platos”), y que con una sola cosa basta. Y que no va a levantar a María del lugar que ha escogido, porque eso que hace María también es cosa buena.
          Dos detalles comento: lo corriente que es en la vida que alguien pretenda implicar a “la visita” para que dirima en caso de conflicto, bien sea entre los esposos, bien en relación con los hijos: “Dígale a…” (al marido o a la esposa, al hijo…). Y por supuesto lo que se pretende es que “la visita” sea la que tome el partido del solicitante y en contra de la otra persona. Pone en un compromiso y violenta una situación, porque “la visita” no es la que está facultada para resolver temas que son de mucha mayor amplitud que la que se vive en ese momento. Esos temas que no se han resuelto por las buenas, en buena convivencia de esposos o familia, no se van a resolver ahora “de matute”.
          El otro detalle es entender la respuesta de Jesús: María ha escogido la mejor parte, no es una contraposición entre la vida activa y la contemplativa. Cada cual tiene una vocación diferente, y el activo cumple su misión con su trabajo ordenado, y sus rasgos posibles de persona espiritual; y el contemplativo está dando gloria a Dios desde su posición “a los pies de Jesús”. Ha elegido una parte buena, o ha sido elegido para una cosa buena, que –para el tal sujeto- es la mejor.
          Lo que Jesús está queriendo poner en valor es que Marta se afana sin necesidad y que podía estar mucho más descansada, dentro de su labor como ama de casa: con una sola cosa, basta y Jesús se siente igualmente agasajado.
          Por su parte, deje a María que le está haciendo la visita, y que va muy de acuerdo con el modo de ser de ella. Ha elegido una parte buena y no se la va a quitar.
         
          Cada uno de nosotros habrá de servir según su temperamento. Nadie puede pensar en un Pablo modoso y suave. Pablo era un ciclón y así dio gloria a Dios, y esa fue su mejor parte.
          Teresa del Niño Jesús fue una monja en un convento, que sintió la vocación de ser “el corazón de la Iglesia” (mi vocación es el amor). Y ahí se santificó. Y no porque se encerrara en su devoción: con su alma fue tan lejos que fue una misionera. También ella, desde su bondad y corazón de niño, había elegido su mejor parte.