domingo, 22 de enero de 2017

ZENIT 22: En el Ángelus, con las víctimas

El papa Francisco antes de rezar la oración del ángelus desde la ventana de su estudio, explicó este domingo a los miles de fieles y peregrinos allí reunidos, las lecturas del día. Después pidió plegarias en la Semana de oración por la unidad de los cristianos; manifestó su cercanía a los familiares de las víctimas del alud en el centro de Italia; saluldó a quienes en oriente festejan el año lunar y a diversos grupos allí presentes.
A continuación el texto completo.
Antes de la oración del ángelus
“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de hoy (cf. Mt 4.12 a 23) narra el inicio de la predicación de Jesús en Galilea. Él deja Nazaret, un pueblo en las montañas, y se establece en Cafarnaúm, un centro importante en las orillas del lago, habitado en su mayoría por paganos, punto de cruce entre el Mediterráneo y el interior mesopotámico.
Esta opción indica que los destinatarios de su predicación no son sólo sus compatriotas, sino cuantos arriban a la cosmopolita «Galilea de los gentiles» (v 15; cf. Is 8,23): así se llamaba.
Vista desde la capital Jerusalén, aquella tierra es geográficamente periférica y religiosamente impura, porque estaba llena de paganos, debido a la mescolanza con los que no pertenecían a Israel.
De Galilea no se esperaban desde luego grandes cosas para la historia de la salvación. Sin embargo, precisamente desde allí – justo desde allí- se difunde aquella “luz” sobre la que hemos meditado en los domingos pasados: la luz de Cristo. Se difunde precisamente desde la periferia.
El mensaje de Jesús reproduce el del Bautista, proclamando el «Reino de los Cielos» (v. 17). Este Reino no implica el establecimiento de un nuevo poder político, sino el cumplimiento de la alianza entre Dios y su pueblo, que inaugurará una temporada de paz y de justicia.
Para estrechar este pacto de alianza con Dios, cada uno está llamado a convertirse, transformando su propio modo de pensar y de vivir. Esto es importante: convertirse no es solamente cambiar la manera de vivir, sino también el modo de pensar. Es una transformación del pensamiento. No se trata de cambiar los vestidos, sino las costumbres.
Lo que diferencia a Jesús de Juan el Bautista es el estilo y el método. Jesús elige ser un profeta itinerante. No se queda esperando a la gente, sino que se mueve hacia ella. Jesús está siempre por la calle.
Sus primeras salidas misioneras se producen a lo largo del lago de Galilea, en contacto con la multitud, en particular con los pescadores. Allí Jesús no sólo proclama la venida del reino de Dios, sino que busca compañeros que se asocien a su misión de salvación.
En este mismo lugar encuentra a dos parejas de hermanos: Simón y Andrés, Santiago y Juan; los llama diciendo: «Síganme y los haré pescadores de hombres» (v. 19). La llamada les llega en medio de sus actividades cotidianas: el Señor se revela a nosotros no en modo extraordinario o enseguecedor, sino en la cotidianidad de nuestra vida.
Ahí debemos encontrar al Señor; y ahí Él se revela, hace sentir su amor a nuestro corazón; y allí – con este diálogo con Él en la cotidianeidad de nuestra vida – cambia nuestro corazón.
La respuesta de los cuatro pescadores es inmediata y rápida: «Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron» (v. 20). Sabemos, de hecho, que eran discípulos de Juan el Bautista y que, gracias a su testimonio, ya habían empezado a creer en Jesús como el Mesías (cf. Jn 1,35-42).
Nosotros los cristianos de hoy en día, tenemos la alegría de anunciar y de dar testimonio de nuestra fe, porque existió ese primer anuncio, porque existieron esos hombres humildes y valientes que respondieron generosamente a la llamada de Jesús. En las orillas del lago, en una tierra impensable, nació la primera comunidad de discípulos de Cristo.
Que la conciencia de estos inicios inspire en nosotros el deseo de llevar la palabra, el amor y la ternura de Jesús a cada contexto, inclusive a aquel más inaccesible y resistente. ¡Llevar la Palabra a todas las periferias! Todos los espacios del vivir humano son terreno en el que arrojar las semillas del Evangelio, para que dé frutos de salvación.
Que la Virgen María nos ayude con su maternal intercesión a responder con alegría a la llamada de Jesús y a ponernos al servicio del Reino de Dios”.
El Papa reza la oración del ángelus y después dice las siguientes palabras:
“Queridos hermanos y hermanas,
Estamos en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Este año tiene como tema una expresión de San Pablo, que nos indica el camino a seguir. Y dice así: “El amor de Cristo nos empuja a la reconciliación” (cfr 2 Cor 5,14).
El próximo miércoles concluirá la Semana de Oración con la celebración de las Vísperas en la basílica de San Pablo Extramuros, en la que participarán los hermanos y las hermanas de otras Iglesias y Comunidades cristianas presentes en Roma.
Les invito a perseverar en la oración, con el fin de cumplir el deseo de Jesús: “Que todos sean uno” (Jn 17,21).
En los últimos días, el terremoto y las fuertes nevadas han puesto de nuevo a dura prueba a muchos de nuestros hermanos y hermanas en el centro de Italia, especialmente en Abruzzi, Marche y Lazio. Estoy cerca con la oración y el afecto a las familias que han tenido víctimas entre sus seres queridos.
Animo a todos los que se dedican con gran generosidad en los esfuerzos de ayuda y de asistencia; así como las Iglesias locales, que están trabajando para aliviar el sufrimiento y las dificultades. Muchas gracias por esta cercanía, por vuestro trabajo y la ayuda concreta que aportan. ¡Gracias! Y les invito a rezar junto a la Virgen por las víctimas y también por los que con gran generosidad se comprometen en las operaciones de socorro.
(Reza un Ave María)
En el lejano Oriente y en varias partes del mundo, millones de hombres y mujeres se preparan para celebrar la conclusión del Año lunar el 28 de enero. Que mi cordial saludo llegue a todas sus familias, con el deseo de que se conviertan cada vez más en una escuela donde se aprende a respetar al otro, a comunicar y a cuidar los unos de los otros de un modo desinteresado. Que la alegría del amor pueda propagarse dentro de las familias y que se irradie a toda la sociedad.
Saludo a todos los fieles de Roma y peregrinos de varios países, en especial al grupo de chicas de Panamá y a los estudiantes del Instituto “Diego Sánchez” de Talavera la la Reina en España.
Saludo a los miembros de la Unión Católica, maestros, directivos, educadores y formadores, que terminaron el 25 ° Congreso Nacional, y espero para ellos un trabajo educativo fructífero en colaboración con las familias. ¡Siempre en colaboración con las familias!
Y a todos les deseo un buen domingo. Y por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buon pranzo e arrivederci!”.

22 enero: Entender LA CONVERSIÓN

Liturgia.- Domingo 3º A, T.O.
          Han arrestado a Juan Bautista y Jesús se retira a Cafarnaúm, con lo que se cumple una profecía de Isaías (9, 1-4), que ha sido la 1ª lectura y que se repite –en parte- en el evangelio (Mt 4, 12-23), para confirmar que la llegada de Jesús es una luz grande que brilla ante los que habitaban en tinieblas y sombras de muerte. La llegada de Jesús es iluminación en medio de la oscuridad. Una parte de la oscuridad era que Cafarnaúm, ciudad comercial, estaba más en manos de los negocios de unos y otros. Y otra parte es la oscuridad de la propia religión judía, que necesitaba de una luz diferente, y esa es la que aporta el reino de Dios, y por tanto es la que aporta Jesús.
          Esa luz está condensada en una exhortación que hace Jesús: Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos.
          Nos hemos acostumbrado a escuchar la palabra “conversión” y a la llamada de Jesús: Convertíos. Pero la realidad es que bajo esa palabra se encierra toda la posibilidad de abrirse a la acción de Jesucristo y recibir la gracia de Dios.
          Convertirse es, en principio, el abandono de los ídolos para abrirse al Dios verdadero.  Por tanto, en principio es el paso del paganismo a la fe. Pero los ídolos pueden no ser solamente los que son tales (fetiches, animales divinizados, representaciones de falsas divinidades). Ídolos pueden ser el dinero, el orgullo, la falsa religión, las supersticiones que atribuyen poderes mágicos a cosas materiales, e incluso las falsas apariciones). Ídolos más “de andar por casa” es el YO, el amor propio, los propios caprichos, el pretender llevar siempre la razón, el no ceder nunca de la propia visión de las cosas… Y aquí ya nos podemos encontrar metidos nosotros y que la CONVERSIÓN no es algo que pasa “a lo lejos” sino que somos expresamente llamados a abandonar tales ídolos personales (que causan oscuridad) para abrirnos a esa luz grande que nos trae Jesucristo, con una religión verdadera que nos presenta el Reino de los Cielos.
          La CONVERSIÓN puede apuntar a determinados cambios de vida. A abandonar la vida que diríamos “vida diaria”, “vida vulgar”, y que seamos llamados a pasos de más altura. Es el caso de quien experimenta el impulso a salir de su vida “normal” para colaborar en unos fines más altruistas: servicio a los pobres, ayuda a enfermos. O puede ir más allá y pedir un seguimiento de Jesús. Es lo que nos presenta la segunda parte del evangelio de hoy. Simón, Andrés, Santiago y Juan, eran pescadores que vivían su vida honradamente en su trabajo en el Lago, con sus barcas, sus redes y sus jornaleros. Pero un día pasa Jesús junto a ellos y les llama expresamente: Venid y seguidme y os haré pescadores de hombres. Ésta es una forma de conversión, de cambio en la vida, de dirección nueva en el desenvolvimiento de la propia vida. Y Jesús también llama a ello. Han de dar un giro de 180 grados porque de pescadores en el Lago, con su independencia y su negocio, son llamados a ser “pescadores de hombres, en seguimiento de Jesús”. Y eso ha de cambiar sus vidas, lo mismo en la labor, que en la libertad, que en la vida de familia. A eso puede llamar Jesús y de hecho ha llamado siempre desde el principio y sigue llamando. El tema que se plantea hoy día es hasta dónde recibe cada uno la llamada personal y hasta dónde se chafa uno de esas llamadas, atraídos por los negocios, el dinero, la comodidad, el intento de evitar complicaciones que saquen de las propias casillas.
          Otra realidad de conversión es la que Pablo pide a los fieles de Corinto en la 2ª lectura (1ª, 10, 13-17), y es LA UNIÓN: el abandono del ídolo del individualismo y de los asentamientos en la personal “verdad”, para abrirse a algo mucho más amplio y fructífero que es la unión entre todos, la búsqueda de la unidad en vez de las fuerzas centrífugas del propio orgullo. En concreto se refiere Pablo a un hecho que se repetirá mil veces en la vida y en nuestros días: el que se adhiere tanto a una persona y a la forma de exposición de una persona que ya no acepta, no se adapta, o no acoge lo mismo lo que viene de otra, tan valiosa como la primera. El problema que se había producido en Corinto era que unos se ponían de parte de Pablo y otros de parte de otro gran apóstol que era Apolo. Y Pablo advierte que ni Pablo ni Apolo han dado su vida por la fe, y que en realidad ha sido en Cristo en el que han sido bautizados y en el que tienen que depositar su fe y no en los meros instrumentos humanos. Lo que tiene que unir es la fe, la doctrina, el objeto directo de la fe, que es Cristo.
          No está todo esto muy lejos de realidades actuales en las que hay demasiados bandos y demasiadas fobias. Lo importante es Jesucristo, que se predique a Cristo y que se siga a Cristo.
          La EUCARISTÍA es fundamental medio de UNIÓN.


          En estos días que la Iglesia pide por la unión de todas las iglesias que creen en Jesucristo, unamos nuestra oración por la unidad que pidió Jesucristo.

-         Por la Iglesia católica para que sea vehículo de unidad, Roguemos al Señor.

-         Por las otras Iglesias cristianas para que superen sus diferencias y vivan una única y verdadera fe, Roguemos al Señor.

-         Porque tomemos en consideración la llamada a la conversión que propició Jesucristo, Roguemos al Señor.

-         Por las vocaciones consagradas al servicio de Dios y por las familias donde nace una vocación, Roguemos al Señor.


Da, Señor, a tus fieles la gracia de la conversión en las cosas de cada día, y envía vocaciones a la Iglesia para que pueda perpetuarse la Eucaristía, los Sacramentos y los carismas de santidad.

          Por Jesucristo N.S.

sábado, 21 de enero de 2017

21 enero: La vocación

Liturgia
          La carta a los Hebreos es la carta del Sacerdocio de Jesucristo. Va contraponiendo los elementos de la antigua alianza con los de la nueva. Ayer se centraba en ese punto. Hoy lo hace en el tema del Templo y del propio sacerdocio. Con una muy sintética exposición (Heb, 9, 2-3. 11-14) nos presenta las dos dependencias más nobles del templo de Jerusalén: La parte anterior a la cortina, que es el “Santo”, y la que hay detrás de la cortina del misterio de lo sagrado, que es el “Santísimo” o Sancta Sanctorum. Para concluir que mucho más noble es el nuevo Templo, que es el propio Jesucristo, porque  no está construido por manos humanas de este mundo creado.
          Tampoco el Sacerdote que penetra “la cortina” va a ofrecer sangre de animales vicarios para consagrar a los fieles y perdonarlos de sus pecados, sino que es la propia sangre de Jesús la que se ofrece. Y ya no es el sacerdote que tiene que entrar muchas veces en el Santuario para ofrecer la ofrenda, sino que Jesús ha entrado de una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna.
          Y hace el autor una consideración evidente: si la sangre de toros y machos cabríos y el rociar de las cenizas de una becerra tienen el poder de consagrar a los profanos devolviéndoles la pureza externa (era la base de los sacrificios expiatorios de la antigua ley), ¡cuánto más la sangre de Cristo en virtud del Espíritu eterno, ofrecida a Dios en sacrificio, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo!
         
          El evangelio es muy corto: Mc 3, 20.21. Jesús está enfrascado en su misión de enseñar y curar y liberar de malos espíritus. Las gentes se han volcado de tal manera que Jesús no tiene ni tiempo para comer. Estaba metido de lleno en su vocación salvadora. Pero eso no lo captan sus familiares, que acaban preocupándose al ver el trabajo y la dedicación de Jesús. Y optan por pretender llevárselo con ellos y apartarlo de aquel trabajo exhaustivo que está teniendo. Y el argumento que a ellos les cabe para tal intento es que Jesús ha perdido ya la medida y está fuera de sí. Desde la visión puramente humana la vocación y las exigencias de la vocación no se entienden. Lo fácil es pensar que aquello se sale “lo corriente” y que lo mejor es quitarlo de la cabeza.
          Recuerdo el caso de una joven de valía que se sintió llamada a consagrarse en la Vida Religiosa. Estudiada su posible vocación se concluyó que en efecto era apta para dar el paso. Su madre no aceptó aquella posibilidad y la chantajeó amenazándola con quitarse la vida si la hija se iba al convento. Y la muchacha cedió. Siempre me ha hecho pensar mucho aquel caso. ¿Cómo hubiera procedido Jesús ante aquella presión? Desde luego Jesús no cedió ante sus familiares que pretendían llevárselo y apartarlo de su camino.
          Otro caso recuerdo de un joven seminarista que se apartaba del resto de la familia para hacer su oración. La familia no sabía lo que era “hacer oración” y llegó a preocuparles que aquellos ratos prolongados de “pensar” que podía ser “un desgaste de la materia gris del cerebro”. El joven continuó su modo de orar hasta que la familia asimiló aquella realidad, que entendería o no entendería, pero que era un “modus operandi” que formaba parte de la vida del seminarista.

          La familia, con frecuencia obstaculiza la vocación de los hijos. En los tiempos actuales, y en el mejor de los casos, obliga a hacer una carrera antes que entrar en el seminario o en un noviciado. Otras veces usan de artes poco ortodoxas para conseguir apartar de la idea a sus hijos, dándoles largas o convenciéndoles de lo contrario. Lo que no saben es que el “tren” de las llamadas de Dios pasa cuando pasa, en el tiempo que pasa…, y que nadie puede asegurarse un “viaje posterior”. Y quien tenía una estación de destino más definida por el Señor, puede no tener nueva combinación de viaje cuando se ha desaprovechado la hora y el momento en que ese “tren” pasa por su puerta. Es la enorme responsabilidad de muchas familias en los tiempos actuales, tan materializados y tan poco densos en la fe, en los que se pretende compaginar religiosidad con conveniencias humanas y planteamientos sociales. La verdad es que una familia religiosa no debe ser nunca obstáculo para que un hijo o hija siga el camino de la vocación. Una cosa es buscar las garantías prudentes para tener una mayor seguridad de que no son ensoñaciones de juventud, y otra cosa muy distinta dificultar que una vocación posible tenga su prueba de fuego en la realización de esa posible llamada del Señor.

viernes, 20 de enero de 2017

ZENIT 20: Dios no recuerda nuestros pecados

El papa Francisco, en la homilía de la misa celebrada esta mañana en Santa Marta, ha invitado a vencer la mentalidad egoísta de los doctores de la ley que siempre condena. Haciendo referencia a la primera lectura del día, el Papa ha subrayado que la nueva alianza que hace Dios con nosotros en Jesucristo nos renueva el corazón y nos cambia la mentalidad. Dios renueva todo –ha asegurado el Papa– desde la raíz, no solamente en la apariencia.
El Pontífice ha indicado que la ley del Señor no es una forma de actuar externa, entra en el corazón y “nos cambia la mentalidad”. En la nueva alianza “hay un cambio de mentalidad, hay un cambio de corazón, un cambio de sentir, de forma de actuar”, “una forma diferente de ver las cosas”.
Siguiendo en esta línea, ha precisado que la nueva alianza “nos cambia el corazón” y “nos hace ver la ley del Señor con este nuevo corazón, con esta nueva mente”. El Santo Padre ha invitado a pensar en los doctores de la ley que perseguían a Jesús. Hacían “todo, todo lo que estaba prescrito en la ley” pero “su mentalidad estaba lejos de Dios”. Tal y como ha explicado el Papa era una mentalidad egoísta, centrada en sí mismos. Su corazón –ha lamentado– era un corazón que condenaba, siempre condenando. Mientras que “la nueva alianza nos cambia el corazón y nos cambia la mente. Hay un cambio de mentalidad”.
El Santo Padre ha recordado que “va adelante”, “nos asegura que perdonará las iniquidades” y “no se acordará más de nuestros pecados”. Bromeando, Francisco ha indicado que “es la debilidad de Dios” que cuando perdona, olvida.
Finalmente, el Pontífice ha reflexionado sobre “el cambio de pertenencia”. Nosotros –ha subrayado– pertenecemos a Dios, los otros dioses no existen, son estupideces. De este modo, ha invitado a pedir la Señor “ir adelante en esta alianza de ser fieles”.

Cambiar el corazón, cambiar la vida, no pecar más o no hacer recordar al Señor lo que ha olvidado con nuestros pecados de hoy, cambiar la pertenencia: “nunca pertenecer a la mundanidad, al espíritu del mundo, a las estupideces del mundo, solamente al Señor”. 

20 enero: La llamada

Liturgia
          Resumiendo hasta lo más la lectura de Heb 8, 6-13, el autor trata de exponer la contraposición entre la antigua alianza y la nueva. La antigua, que es imperfecta porque –hecha con aquellos padres del Pueblo de Dios- ellos fueron infieles y yo me desentendí de ellos. En cambio en la nueva alianza pondré mis leyes en su mente y las escribiré en sus corazones; Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. La “alianza nueva” deja anticuada a la anterior; anticuada y vieja y en desaparición. Nuestro Sumo Sacerdote ha realizado una alianza tanto más excelente cuanto mejor es el mediador; una alianza basada en promesas mejores. Ahora ya no tendrá que enseñar uno a su prójimo, diciendo: Conoce al Señor”, porque todos me conocerán, pues perdonaré sus delitos y no me acordaré de sus pecados. San Ignacio de Loyola lo expresa con una preciosa formulación: “La interior ley de la caridad que el Espíritu Santo escribe e imprime en nuestros corazones”. Ésta es la realidad más hermosa: que la vivencia de la fe y la actitud de respuesta de la persona a Dios no viene de leyes y mandatos externos, sino que brota del interior mismo de la persona. Dios actúa en el corazón de cada uno, y cada uno responde a Dios desde el fondo de su propio corazón.

          Jesús va seguido por una muchedumbre. Lo veíamos ayer. De entre ese gentío, un grupo también numeroso es ya fiel seguidor de Jesús y viene estando presente en sus diferentes actuaciones. Llegado el momento en que Jesús puede quedar libre de aquellas muchedumbres que le han seguido y a las que ha atendido, Jesús busca su “refugio” en la montaña. El grueso de las gentes ya se ha ido y Jesús sube con un grupo de discípulos que son más asiduos y han ido aprendiendo más de cerca las enseñanzas del Maestro.
          Jesús se retira ahora también del grupo y se va a orar, esa oración profunda en la que se pone en comunicación con Dios, al que le presenta sus pensamientos y proyectos. Fue una noche muy intensa. Jesús estaba preparando algo de enorme importancia, y con más razón oró a Dios. Y allí fue planeando algo especial. Israel se había constituido sobre las Doce tribus. Ahora él creaba un nuevo Israel e iba a elegir a Doce hombres para que –en adelante- hicieran la vida junto a él.
          Llegada la mañana llamó a los que él quiso. Fue un rato muy emocionante. Porque había ciertamente un grupillo que ya estaba siguiéndolo más de cerca: Simón (Pedro), Andrés, Santiago y Juan (los Truenos), Felipe, Bartolomé (Natanael) y Mateo. Pero quedaban aún diferentes “vacantes” que él fue llenando con aquellas llamadas particulares. Salieron nombres nuevos, hasta ahora desconocidos: Tomás…, Santiago Alfeo, Judas Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote. Todos los que él quiso. Todos, llamados con la emoción contenida del alma…, todos destinados a una misión maravillosa de continuar un día la obra del Maestro. Cuando bajaran de la montaña, aquel grupo formaría ya una piña con Jesús, y en adelante formarían un todo con Jesús.
          Los evangelistas nos dan la lista de aquellos a los que Jesús llamará “apóstoles”, y dentro de variaciones de menor importancia en los nombres de algunos, coinciden siempre en una apostilla cuando nombran a Judas Iscariote en último lugar. Añaden: que lo entregó. Es el “carné de identidad” del desgraciado hombre que traicionó la llamada del Maestro. Destinado como los demás a una misión tan sublime como la del “apóstol”, Judas Iscariote se apartó del camino. No supo comprender a Jesús. No estuvo de acuerdo con el planteamiento de Jesús, no entendió al Mesías con el pensamiento bíblico… Y acabó apartándose esencialmente, hasta el punto de ser el que lo entregó. Así ha pasado a la historia.

          Nunca me substraigo a la idea de imaginarme entre aquel grupo amplio de discípulos que subieron a la montaña con Jesús, y oír aquella madrugada los nombres de los Doce… Y “detrás” de aquellos nombres (y sobrenombres), seguir escuchando tantísimos otros nombres de otros apóstoles del evangelio: Pablo, Bernabé, Agustín, Domingo, Francisco, Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Teresa de Calcuta… y cientos y miles más. Y ahí entre esos nombres, también el mío, porque yo también fui llamado por Jesús. Y ahí invito a cada lector a “escuchar” su nombre de labios de Jesús, porque cuenta con cada uno de nosotros. Lo que puede ser interesante es el “sobrenombre” (el “carné de identidad”) con que nos recogería a cada cual el evangelio prolongado que llega hasta nuestros días.

jueves, 19 de enero de 2017

ZENIT 19: Vida cristiana con tentaciones

El papa Francisco, en la homilía de la misa celebrada este jueves en Santa Marta, ha recordado que la vida cristiana “es un lucha”, ha advertido sobre las tentaciones que nos llevan por el camino equivocado y ha recordado que Jesús vino a destruir la influencia del mal en nuestros corazones.
El Santo Padre ha reflexionado sobre el pasaje del Evangelio que narra de la gran multitud que seguía a Jesús con entusiasmo y que venía de todas las partes. Al respecto, el Pontífice ha invitado a preguntarse: “¿por qué venía esta multitud?”. El Evangelio cuenta que eran “enfermos que buscaban sanarse”. Pero también había personas a las que les gustaba “escuchar a Jesús, porque hablaba no como sus doctores, sino que hablaba con autoridad” y “esto tocaba el corazón”. Esta multitud “venía espontáneamente”, ha comentado con amarga ironía, “no la llevaban en los autobuses, como hemos visto muchas veces cuando se organizan manifestaciones y muchos tienen que ir allí para ‘verificar’ la presencia, para no perder los puestos de trabajo”. Esta gente “iba porque sentía algo” al punto que Jesús tuvo que pedir una barca para ir un poco lejos de la orilla. A esta multitud –ha añadido– le atraía el Padre: era el Padre que atraía la gente hacia Jesús. Y a este punto Jesús no permanecía indiferente, como un maestro estático que decía sus palabras y después se lavaba las manos, ha subrayado el Papa. Esta multitud, ha asegurado Francisco, tocaba el corazón de Jesús. El Pontífice ha revelado que no son las argumentaciones las que mueven a las personas, no son “los argumentos apologéticos”. Es necesario “que sea el Padre el que atrae hacia Jesús”.
Por otro lado, el Santo Padre ha observado que es “curioso” que en este pasaje del Evangelio de Marcos en el que “se habla de Jesús, se habla de la multitud, del entusiasmo” y del amor del Señor, termina con los espíritus impuros que cuando lo veían gritaban: “¡tú eres el Hijo de Dios!”.
En esta línea, Francisco ha reconocido que una vida cristiana sin tentaciones no es cristiana: es ideológica, es gnóstica, pero no es cristiana. “¡Cuando el Padre atrae a la gente hacia Jesús, hay otro que atrae de forma contraria y te hace la guerra dentro!”, ha advertido. Un lucha “para vencer, para destruir el imperio de satanás, el imperio del mal”, ha proseguido Francisco.
Asimismo ha recordado que para esto vino Jesús para destruir “a satanás”, “su influencia en nuestros corazones”. El Santo Padre ha invitado a interrogarse: ¿yo siento esta lucha en mi corazón? ¿Entre la comodidad o el servicio a los otros, entre divertirme un poco o hacer oración y adorar al Padre, entre una cosa y otra, siento la lucha? ¿Las ganas de hacer el bien o algo que me para, me vuelve escéptico? ¿Yo creo que mi vida conmueva el corazón de Jesús?

Finalmente, el Pontífice ha invitado a buscar en el corazón cómo va la situación allí. Y pidamos al Señor –ha exhortado– a ser cristianos que sepan discernir qué sucede en el propio corazón y elegir bien el camino sobre el cual el Padre nos atrae a Jesús. 

19 enero: La "otra orilla"

VIERNES 20, ESCUELA DE ORACIÓN. Málaga.

Liturgia
          La 1ª lectura (Heb. 7, 25 a 8, 6) es bastante clara en su primera parte: Los sacerdotes del Antiguo Testamento tenían que ofrecer sacrificios por sí mismos y por el pueblo, porque ellos mismos estaban sujetos a debilidades. Hacía falta un Sacerdote santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbrado sobre el cielo, que no tuviese que satisfacer por sus propios pecados y que pudiera rescatar al pueblo de sus pecados. Ese es Jesucristo, Sumo Sacerdote, sentado a la derecha de Dios (el trono de la Majestad en los cielos), puesto para ofrecer dones y sacrificios…, un ministerio tanto más excelente cuanto mejor es la alianza de la que es mediador. Los sacerdotes de la nueva alianza seguimos siendo débiles y pecadores pero en nuestro sacerdocio no ofrecemos “sacrificios” que haya que estar repitiendo una y otra vez para pagar por los pecados propios y ajenos, sino que Cristo se sigue ofreciendo a sí mismo por medio del sacerdote en el único eterno Sacrificio que se ofreció de una vez para siempre. La redención ya está hecha y los sacerdotes no “repiten Misa” sino que REVIVEN la única “Misa” que existe en la vida, que es el Sacrificio triunfante de Jesucristo, que se perpetúa en la Iglesia día tras día y hora tras hora, “alianza de la que Jesús es único mediador”.

          Jesús ha sido informado del conciliábulo de fariseos y herodianos para acabar con él. Y Jesús opta por poner “agua por medio” y se retiró con sus discípulos a la otra orilla del lago. Mc. 3, 7-12. Había que dejar enfriar los ánimos y el mejor procedimiento es quitarse de en medio.
          No se pudo separar de la gente porque esas gentes sencillas estaban entusiasmadas con él, y vinieron desde Galilea. Y no sólo de Galilea sino de Judea y de la otra parte del Jordán. Un verdadero movimiento de masas. Mientras los fariseos se unían a los herodianos para ver cómo acabar con Jesús, el pueblo iba a Jesús en largas peregrinaciones desde los diferentes puntos de la geografía palestina. Hasta tal punto aquel gentío se venía a Jesús, que tuvo que prevenir que tuvieran una lancha disponible para evitar que el gentío le estrujara. Y da la explicación de aquel entusiasmo popular: como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Pienso que aquella sinagoga silenciosa y callada (cuando lo del hombre paralítico de una mano) por el temor a sus “jefes religiosos”, se alegraron sobremanera al ver que Jesús había curado al hombre. Y que ahora eran los primeros en buscar a Jesús, fuera donde fuera, con una necesidad imperiosa de ser ellos mismos los beneficiarios de aquel poder sanador.
          De entre tantos que lo buscan porque lo necesitan, surgen los que lo rechazan: los demonios que tenían poseídas a sus víctimas. Y como esos demonios tampoco podían aceptarlo, salían gritando, postrados ante Jesús: Tú eres el Hijo de Dios. Hay como una contradicción en aquellos posesos. De una parte, el rechazo instintivo porque el demonio y Jesús no pueden tener nada en común. De otra parte, un humillarse a los pies de Jesús, postrándose…, adorando contra la propia voluntad… Tal era la fuerza que desprendía Jesús. Y lo confesaban: “Tú eres el Hijo de Dios”. Eso tenía una doble vertiente. De una parte era un reconocimiento contra la voluntad diabólica. De otra, el tema repetitivo del demonio que quiere poseer y adueñarse de Jesús, lo que intentaba conseguir nombrándolo. Por eso Jesús les prohibía severamente que lo dieran a conocer.
          Suele ocurrir en las diversas ocasiones que Jesús es amenazado por los jefes y que él se retira a distancia (pasando a la otra orilla), que se produce un efecto salvador. Y deja ver que la providencia de Dios va mucho más lejos que los intentos humanos. Mientras los hombres pretenden el mal, Dios acaba sacando un bien. Y mientras fariseos y herodianos traman quitarle la vida, Jesús está esparciendo vida entre muchedumbres que, de otra manera o en otras circunstancias no se hubieran encontrado con Jesús.

          Es una lección. ¡Con cuánta frecuencia se oyen protestas contra Dios porque no impidió un mal! Y dando vueltas la vida resulta que se sigue un bien mucho más amplio, de orden mucho más superior, de efectos mucho mayores… Es que lo humano es miope y sólo ve a corta distancia, mientras que Dios planifica para largo y para lo mejor.

miércoles, 18 de enero de 2017

ZENIT 18: Esperanza no defraudada

El papa Francisco, como cada semana, ha recibido este miércoles en el Aula Pablo VI a miles de fieles para celebrar la audiencia general. De este modo, ha proseguido hoy con las catequesis dedicadas a la esperanza cristiana. Los peregrinos, venidos de todas las partes del mundo, se acercaban al pasillo para poder saludar de cerca y dar la mano al Santo Padre
El Pontífice, en el resumen que hace en español de la catequesis, y haciendo referencia a la lectura leída precedentemente, ha indicado que “el profeta Jonás nos invita a reflexionar sobre el vínculo entre esperanza y oración”. Tal y como ha señalado, Jonás es enviado a Nínive, ciudad enemiga de Israel y por tanto “indigna de la misericordia de Dios, para predicar su conversión”. Jonás –ha observado–no lo entiende y huye. Asimismo, Francisco ha recordado que “en el barco encontrará a unos paganos que al verse en peligro por una tempestad se ponen a rezar e invitan al profeta a unirse a ellos”.
Ante la muerte –ha aseverado– el hombre reconoce su fragilidad y se abre a Dios con una oración llena de esperanza. El Papa ha explicado que Jonás asume su responsabilidad y “se sacrifica para que los paganos se salven”. En ellos, ha añadido, se opera un milagro aún más grande: “gracias a esta experiencia de muerte logran encontrar al Dios de la vida, transformándose su oración en una acción de gracias”. Finalmente, ha señalado que más tarde, el rey de Nínive tras oír la predicación de Jonás, “se confía a la misericordia divina y llama a todos a la oración y a la penitencia, salvando así la ciudad”.
A continuación, el Santo Padre ha saludado a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. En la oración –ha explicado el Papa– nuestra esperanza no se ve defraudada. Asimismo ha exhortado a que en esta Semana oración que hoy iniciamos “pidamos insistentemente al Padre por la unidad de todos los cristianos”.
Al respecto, al finalizar la audiencia, en el saludo a los jóvenes, los enfermos y los recién casados, ha recordad que hoy inicia la Semana de oración por la unidad de los cristianos. Este año, ha indicado, nos hace reflexionar sobre “el amor de Cristo que empuja a la reconciliación”. Por eso ha invitado a los jóvenes a rezar para que “todos los cristianos vuelvan a ser una única familia”. Asimismo ha pedido a los enfermos que ofrezcan sus sufrimientos “por la causa de la unidad de la Iglesia”. Finalmente, a los recién casados ha invitado a hacer experiencia “del amor gratuito como es el de Dios por la humanidad”.

18 enero: Hacer el bien o no hacerlo

Comienza el octavario por la UNIÓN DE LAS IGLESIAS
El Próximo viernes, ESCUELA DE ORACIÓN.-Málaga
Liturgia
          No estamos hechos a la mentalidad simbólica que desarrolla hoy la carta a los Hebreos (7, 1-3. 15-17) y puede parecernos un poco forzada la disquisición de su autor. Pero era el modo de pensar y razonar de una cultura a la que se adhiere el autor de esta misiva a la comunidad cristiana.
          “Melquisedec” –dice- tiene varias etimologías: rey de Salem, rey de paz, rey de justicia, y es sacerdote del Dios Altísimo. No se dice ni el origen de su vida y su genealogía ni su final.  Lo que es como un símbolo de eternidad. Todo son misterios que bien se pueden ver realizados en Cristo, cuyo sacerdocio es eterno, y es rey de paz y de justicia. Por eso se dice que Jesús es “sacerdote eterno según el rito de Melquisedec”. Su sacerdocio no proviene de las dinastías sacerdotales como la de Aarón, sino que le es conferido de lo alto.
          Valga la paráfrasis que he ofrecido, si es que puede iluminar algo. Pero ya he advertido que son razonamientos que van por otra línea diferente a nuestra manera de argüir.

          Mc 3, 1-6 es un nuevo episodio de Jesús ante los fariseos, y a propósito de un sábado. Estaba en la sinagoga un hombre con parálisis en un brazo. Y debía estar muy visible porque la atención de las gentes se centró en ver qué hacía Jesús ante aquello. ¿Estaba allí y en aquel lugar por pura casualidad? ¿O porque los fariseos tendían así un lazo a Jesús para tener de qué acusarlo? ¿O porque el propio hombre había procurado situarse donde pudiera ser visto?
          El hecho es que hay una expectativa en las gentes, que bien conocen que Jesús reacciona ante la enfermedad que se le presenta a los ojos.
          Y en efecto Jesús lo vio. Podría hacerse el ciego… Pero eso no va con la honradez de Jesús. Ha visto al que sufre e inmediatamente se ha dirigido a él. Le dice: Levántate y ponte ahí en medio. Jesús quiere que quede patente la enfermedad de aquel hombre, y que todos los asistentes lo vean y se tengan que enfrentar en sus conciencias a una limitación humana como la que padece aquel hombre.
          Cuando lo tiene allí bien visible, Jesús se dirige a la concurrencia y les hace una pregunta para que todos se impliquen en la situación. Y pregunta Jesús: ¿Qué está permitido: hacer lo bueno o dejar que siga lo malo; ¿salvar a un hombre o dejarlo padecer hasta la muerte? Jesús se esperó a que hubiera respuesta. Aguanto un rato. Paseó la mirada por los religiosos cumplidores del sábado… Y no hubo respuesta.
          Jesús, nos dice el evangelio, echó en torno una mirada de indignación. Nadie fue capaz de hablar. Los fariseos, porque tenían que defender a capa y espada su concepción del sábado. La gente porque sabía que podían ser echados de la sinagoga para siempre si tomaban partido a favor de aquella pregunta que había hecho Jesús. Indiscutiblemente la mayoría pensaban que se podía hacer el bien y que lo que no debía hacerse era dejar a aquel hombre con su parálisis cuando Jesús, prácticamente, estaba ofreciendo una curación. Pero nadie se atrevió a decir nada. Bajaron los ojos porque no podían soportar aquella mirada de Jesús.
          Y Jesús optó por lo que él estaba decidido hacer. No “trabajaba” nadie en aquella curación: Jesús se limitaba a decir: Extiende el brazo. Eso no violaba el sábado porque los brazos de todos se estaban moviendo sin que eso fuera contra el sábado. El paralítico no hizo ningún trabajo. Simplemente movió el brazo como cualquier persona. Se había hecho el bien sin ninguna acción especial que supusiera esfuerzo o trabajo.
          Y los fariseos se indignaron porque habían perdido la ocasión de atacar a Jesús. Pero también había ocurrido una curación en sábado y Jesús había salido indemne de la causa. Más les indignaba a ellos. Y como su ansia contra Jesús necesitaba desfogarse agresivamente, se reunieron para planear con los herodianos el modo de acabar con él.

          No hay proporción entre el hecho en sí (aunque hubiera habido violación del sábado) y la decisión de darle muerte. Pero es lo que nos consta que pretendían. Hasta ahí llega la ofuscación de la mente, y hasta dónde el ser humano es capaz de perder los estribos. 

martes, 17 de enero de 2017

ZENIT 17: La esperanza hace valientes

El papa Francisco abordó en la homilía de la misa matutina que celebró este martes en la Residencia Santa Marta, el tema de los cristianos que encuentran en la Iglesia un buen estacionamiento, cuando en cambio deben  ser valientes y estar anclados a la esperanza cristiana.
Partiendo de la Carta a los Hebreos, el Santo Padre señala que “la del cristiano es una vida valiente”, como los que se entrenan en un estadio para vencer. Aunque la lectura habla también de la pereza que es lo contrario del coraje: o sea “Vivir en la heladera” para que “todo se quede así”.
“Los cristianos perezosos, los cristianos que no tienen ganas de ir hacia adelante, que no luchan para que las cosas cambien por situaciones nuevas que nos harían bien a todos”. Para ellos “la Iglesia es un estacionamiento que les protege la vida y van hacia adelante con todas las aseguraciones posibles. Pero estos cristianos parados, me recuerdan una cosa de que niño nos decían los abuelos: ‘Cuidado con el agua estancada, la que no corre, porque es la primera que se corrompe”.
Es la esperanza lo que vuelve valientes a los cristianos, en cambio los cristianos perezosos no tienen esperanza, “están jubilados”, dijo el Papa. Y si bien es lindo irse en pensión después de muchos años de trabajo, “pasar la vida como jubilado es feo”.
La esperanza en cambio es el ancla a la cual atarse en los momentos difíciles: “Aquella esperanza que no desilusiona, que va más allá”. La esperanza “es luchar agarrado a la cuerda” en la “lucha de todos los días”, como una “virtud de horizontes, no de cierre”. Y en los momentos oscuros, “aférrate a la cuerda y soporta”.
Los cristianos estacionados se miran solo a sí mismos, porque son egoístas, asegura Francisco. Aunque reconoce que los cristianos valientes muchas veces se equivocan, añade que “todos nos equivocamos”. Y advirtió sobre el hecho de que “quien está quieto pareciera que no se equivoca”.
El Pontífice ha concluido la homilía invitando a preguntarnos. ¿Cómo soy yo? ¿Cómo es mi vida de fe?, es una vida de horizontes, de esperanza, de coraje, de avanzar, o una vida tibia que ni siquiera sabe soportar los momentos difíciles? El Papa invitó así a pedir al Señor que nos de la gracia de superar nuestros egoísmos, porque los cristianos parados son egoístas.

17 enero: El sábado para el hombre

Liturgia
          Dios no se olvida, ni puede olvidarse, de lo bueno que hemos hecho (Heb 6, 10-20), trabajo y amor que habéis demostrado sirviendo a los santos ahora igual que antes. Lo que es deficiente, “se lo echa a las espaldas para no verlo más”. Creen algunos que es que Dios “carga a sus espaldas” los males nuestros. No es eso. Lo que hace Dios es ponerlo a “su espalda”, que es donde ya no se ve lo que hay detrás. En cambio lo bueno lo tiene siempre presente, porque Dios es Dios de vida y no de muerte. Lo que ahora toca es que cada uno demuestre el mismo empeño hasta el final (la perseverancia final) para que se cumpla vuestra esperanza.
          Luego entra en una cuestión “jurídica” al estilo rabínico para mostrar el valor de un juramento. Y todo ello va destinado a mostrar que Dios juró por sí mismo su promesa a Abrahán: “Te llenaré de bendiciones y te multiplicaré abundantemente”. Abrahán lo consiguió. Ahora somos nosotros los que hemos de cobrar ánimos y fuerza para vivir la esperanza que se nos ha ofrecido, ancla segura y firme del alma que penetra más allá de la cortina…, que llega hasta el mismo corazón de Jesucristo, el Sumo Sacerdote para siempre.
          Es toda una invitación a vivir esperanzados en que esa perseverancia final se va a dar en nosotros, porque nosotros seguimos en esa línea de trabajo y amor sirviendo a los santos (cumpliendo nuestro deber diario), y –sobre todo- por la fidelidad de Dios que no falla a su promesa. Es la gran fuerza del poder de Dios. De ahí que hoy haya una tendencia general a sustituir el término “todopoderoso” por el de “misericordioso” en nuestra forma de expresarnos en nuestras oraciones. [Desconozco si el nuevo Misal ha adoptado ya esas formas, aunque me temo que esos “libros oficiales” no son sensibles al pensamiento extendido por la pastoral católica. De todas formas no nos puede extrañar si los Sacerdotes empiezan a fomentar esa expresión en sus celebraciones hacia el pueblo].

          Llegamos a una “tercera etapa” (van siempre unidas) en que se acosa a Jesús con el tema de lo ritual. Ya lo hemos visto en su banquete con los publicanos en casa de Leví; ayer eran los extrañados de que los discípulos de Jesús no ayunaban. Hoy son los fariseos los que salen al paso materialmente de aquella expedición de Jesús con sus discípulos, en medio del campo (Mc. 2, 23-28) para afearle a Jesús “el trabajo” que aquellos hombres estaban realizando en sábado, porque trituraban entre sus manos unas espigas arrancadas al paso de un sembrado de trigo.
          Jesús fue mucho más allá que una respuesta explicativa. Fue a la base misma para demostrar que las leyes están sujetas al beneficio del hombre y no son cárceles para no dejarle actuar. Y responde con un hecho real acaecido a David, el venerado rey al que le tenían tan fuerte respeto y devoción. Pues David y un grupo de los suyos, se encontró una vez exhausto tras una escaramuza. Y teniendo necesidad de comer se dirigió al sacerdote Abiatar para que les diera de comer. Pero Abiatar no tenía nada suyo para darles. Solamente disponía de los panes presentados al Señor en el altar, y que habían sido retirados aquel día para sustituirlos por los nuevos. La norma era que sólo los sacerdotes podían comer de esos panes. Pero en las circunstancias concretas aquellas, David considera que son buenos para alimentarse él y sus hombres y comen, en efecto, aquellos panes.
          ¿Tenían aquellos fariseos, que les han atosigado en el camino,  alguna cosa que objetar a David? Pues por la misma razón no tienen nada que objetar a los discípulos. Porque el sábado se hizo para el hombre (para el servicio y descanso y bien del hombre) y no el hombre para el sábado  (hombres esclavizados a unas normativas de los sábados).

          Por ahí debe marchar todo sentido profundo de las “leyes” religiosas: que sean un vehículo que ayuda y conduce y facilita. Nunca que sean barrotes que impiden desenvolver el espíritu. Las “normas” religiosas van orientadas al bien común: a que siguiendo una determinada manera de proceder, no nos estorbemos ni impidamos unos a otros. Y nadie se impida, por causa de “la norma” lo que el espíritu pide espontáneamente lo que es un bien superior. La normativa debe hacer de “señalizador de camino”; no de pivotes en la carretera para impedir el paso. Lo externo tiene el valor de la expresividad, puesto que somos también materia. Pero quedarse solo en eso es privar a la religión de su verdadero valor de relación personal con Dios.

lunes, 16 de enero de 2017

16 enero: Una riqueza litúrgica

Liturgia
          Hoy vienen las lecturas cargadas de contenido. La 1ª, de Heb. 5, 1-10, es para leerla a solas y meditarla y gozarla porque es muy fácil de entender y no se le debe perder puntada. Empieza describiendo la misión del sumo sacerdote en una religión, y lógicamente en la judía: está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Es un “puente” entre los hombres y Dios, y él asume su misión de intercesor entre Dios y los hombres, entre los hombres y Dios. Tiene la ventaja de ser un hombre entre los hombres y por tanto puede comprender a los ignorantes y extraviados porque él mismo está sujeto a debilidades. En consecuencia, y porque es débil él mismo, ofrece sacrificios por sus propios pecados, además de los que ofrece por los pecados del pueblo.
          El oficio de sacerdote no es algo que se arroga cualquiera a sí mismo sino que hay una elección de Dios, una llamada.
          Pues bien: así ha ocurrido con Cristo, que no se apropió por su cuenta el oficio de Pontífice, o dignidad de Sumo sacerdote, sino se la dio Aquel que le dijo: “Tu eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy”. Dios constituye a Cristo “Sumo Sacerdote”, Sacerdote eterno según el rito de Melquisedec. Y ahora Cristo, hombre sacerdote, puesto entre Dios y los hombres, asume la salvación de la humanidad. Pero lo hace desde su plenitud e hombre, y por tanto desde su plenitud de sufrimiento: A gritos y con lágrimas –en los días de su vida mortal- presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte… Nos está representando al Jesús de Pasión, y muy concretamente al del Huerto de los Olivos o al desgarrado Jesús de la cruz: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Lo novedoso de esta narración de Hebreos es que se nos dice que fue escuchado en su angustia. Y no porque no padeciera sino porque salió de ella triunfante en la resurrección, llevando así cautivo el dolor del mundo y dándole luz final, luz de triunfo. A pesar de ser Hijo, aprendió –sufriendo- a obedecer…, o vivió su obediencia fecunda en el propio padecimiento. Y llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de la salvación eterna. Así ha sido el SUMO SACERDOTE definitivo, no como los otros sumos sacerdotes de la antigua ley sino según el rito de Melquisedec.
          Mc 2, 18-22 no representa un ataque a Jesús y sus prácticas por parte de algunos que, más bien está extrañados y quieren saber. Cómo es que los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan, y los discípulos de Jesús no ayunan el ayuno ritual?  Jesús lo explica primeramente con una comparación: es que los discípulos de Jesús están de fiesta y en la fiesta no se ayuda. Son los amigos del novio y están en el banquete nupcial. Por eso no ayunan. Tiempos vendrán en que tengan que ayunar, aunque entonces será otro ayuno muy diferente.
          Porque –y aquí llega el meollo de la cuestión- la línea de los antiguos sacrificios y ayunos representan un estilo que se ha quedado viejo. Ahora llega un estilo nuevo y diferente, que no es mera mejoría del anterior sino algo nuevo, muy nuevo. Es como un vino nuevo que no puede ser acogido por unas barricas viejas, porque la fuerza del nuevo vino reventaría las barricas. A vino nuevo, hacen falta odres nuevos, nueva actitud, nueva disposición de alma. “nuevo ayuno” que ya no se queda en el ayuno ritual. Va mucho más a fondo, coge a la persona y no es una mera práctica exterior.
          Es comprensible: a un vestido viejo no le cabe componerlo con una pieza nueva porque lo nuevo desgarra lo viejo. Se trata, pues, de una nueva disposición, una nueva manera de enfocar la relación hombre-Dios. Ya no se relaciona el hombre con Dios a base de ofrecimientos de víctimas externas, de ayunos exteriores. A Dios ahora se le adora y sirve y agrada desde el ofrecimiento de la propia persona, el dominio de los propios estados personales, el ayuno de las apetencias humanas, el sacrificio de las pasiones… A Dios se le adora en espíritu y verdad, y no en el culto meramente exterior como el que se centraba en Jerusalén o en el monte Garicín (un culto que ponía el acento en situaciones materiales concretas)

          No deja de ser todo esto un reclamo muy importante también en nuestros tiempos, porque siguen muchas gentes aferradas a cultos exteriores, de cierta hojarasca, de muchas referencias exteriores, mientras se deja un poco lateral lo que es substancial de la vida auténtica cristiana. Sigue valiendo hoy el adagio que Jesús acuñó del VINO NUEVO EN ODRES NUEVOS para hacer cierta revisión de determinadas devociones externas, a las que personas devotas son fácilmente proclives.

domingo, 15 de enero de 2017

ZENIT 15: En el Ángelus de hoy

El papa Francisco, como cada domingo, ha rezado el ángelus desde la ventana del estudio en el Palacio Apostólico junto con los fieles reunidos en la plaza de San Pedro.
Estas son las palabras del Papa para introducir la oración mariana:
Queridos hermanos y hermanas,
En el centro del Evangelio de hoy (Jn 1, 29-34) está la palabra de Juan Bautista: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (v. 29). Una palabra acompañada por la mirada y el gesto de la mano que le señalan a Él, Jesús. Imaginamos la escena. Estamos en la orilla del río Jordán. Juan está bautizando; hay mucha gente, hombres y mujeres de distintas edades, venidos allí, al río, para recibir el bautismo de las manos de ese hombre que a muchos les recordaba a Elías, el gran profeta que nueve siglos antes había purificado a los israelitas de la idolatría y les había reconducido a la verdadera fe en el Dios de la alianza, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob.
Juan predica que el reino de los cielos está cerca, que el Mesías va a manifestarse y es necesario prepararse, convertirse y comportarse con justicia; y se pone a bautizar en el Jordán para dar al pueblo un medio concreto de penitencia (cfr Mt 3,1-6). Esta gente venía para arrepentirse de sus pecados, para hacer penitencia, para comenzar de nuevo la vida. Él sabe, Juan sabe, que el Mesías, el Consagrado del Señor ya está cerca, y el signo para reconocerlo será que sobre Él se posará el Espíritu Santo; de hecho Él llevará el verdadero bautismo, el bautismo en el Espíritu Santo (cfr Jn 1,33).
Y el momento llega: Jesús se presenta en la orilla del río, en medio de la gente, de los pecadores –como todos nosotros–. Es su primer acto público, la primera cosa que hace cuando deja la casa de Nazaret, a los treinta años: baja a Judea, va al Jordán y se hace bautizar por Juan. Sabemos qué sucede –lo hemos celebrado el domingo pasado–: sobre Jesús baja el Espíritu Santo en forma de paloma y la voz del Padre lo proclama Hijo predilecto (cfr Mt 3,16-17). Es el signo que Juan esperaba. ¡Es Él! Jesús es el Mesías. Juan está desconcertado, porque se ha manifestado de una forma impensable: en medio de los pecadores, bautizado como ellos, es más, por ellos. Pero el Espíritu ilumina a Juan y le hace entender que así se cumple la justicia de Dios, se cumple su diseño de salvación: Jesús es el Mesías, el Rey de Israel, pero no con el poder de este mundo, sino como Cordero de Dios, que toma consigo y quita el pecado del mundo.
Así Juan lo indica a la gente y a sus discípulos. Porque Juan tenía un numeroso círculo de discípulos, que lo habían elegido como guía espiritual, y precisamente algunos de ellos se convertirán en los primeros discípulos de Jesús. Conocemos bien sus nombres: Simón, llamado después Pedro, su hermano Andrés, Santiago y su hermano Juan. Todos pescadores; todos galileos, como Jesús.
Queridos hermanos y hermanas, ¿por qué nos hemos parado mucho en esta escena? ¡Porque es decisiva! No es una anécdota, es un hecho histórico decisivo. Es decisiva por nuestra fe; es decisiva también por la misión de la Iglesia. La Iglesia, en todos los tiempos, está llamada a hacer lo que hizo Juan el Bautista, indicar a Jesús a la gente diciendo: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Él es un el único Salvador, Él es el Señor, humilde, en medio de los pecadores. Pero es Él. Él, no es otro poderoso que viene. No no. Él.
Y estas son las palabras que nosotros sacerdotes repetimos cada día, durante la misa, cuando presentamos al pueblo el pan y el vino convertidos en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Este gesto litúrgico representa toda la misión de la Iglesia, la cual no se anuncia a sí misma. Ay, ay cuando la Iglesia se anuncia a sí misma. Pierde la brújula, no sabe dónde va. La Iglesia anuncia a Cristo; no se lleva a sí misma, lleva a Cristo. Porque es Él y solo Él quien salva a su pueblo del pecado, lo libera y lo guía a la tierra de la vida y de la libertad.
La Virgen María, Madre del Cordero de Dios, nos ayude a creer en Él y a seguirlo.
Después del ángelus, el Santo Padre ha añadido:
Queridos hermanos y hermanas,
hoy se celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, dedicada al tema “Menores migrantes, vulnerables y sin voz”. Estos nuestros hermanos pequeños, especialmente si no están acompañados, están expuestos a muchos peligros. Y os digo, ¡hay muchos! Es necesario adoptar toda medida posible para garantizar a los menores migrantes la protección y la defensa, como también su integración.
Dirijo un saludo especial a la representación de distintas comunidades étnicas aquí reunidas, en particular a las católicas de Roma. Queridos amigos, os deseo vivir serenamente en las localidades que os acogen, respetando las leyes y las traiciones y, al mismo tiempo, cuidando los valores de vuestras culturas de origen. ¡El encuentro de varias culturas es siempre un enriquecimiento para todos! Doy las gracias a la oficina Migrantes de la diócesis de Roma y a los que trabajan con los migrantes para acogerlos y acompañarlos en sus dificultades, y animo a continuar esta obra, recordando el ejemplo de santa Francisca Javier Cabrini, patrona de los migrantes, de la que este año se celebra el centenario de la muerte. Esta religiosa valiente dedicó su vida a llevar el amor de Cristo a los que estaban lejos de la patria y de la familia. Su testimonio nos ayude a cuidar del hermano forastero, en el cual está presente Jesús, a menudo que sufre, es rechazado y humillado. Cuántas veces en la Biblia el Señor no ha pedido acoger migrantes y forasteros, recordándonos que también nosotros somos forasteros.
Saludo con afecto a todos vosotros, queridos fieles procedente de distintas parroquias de Italia y de otros países, como también a las asociaciones y a los distintos grupos. En particular, los estudiantes del Instituto Meléndez Valdés de Villafranca de los Barros, España.
A todos os deseo un feliz domingo y buen almuerzo. Y nos os olvidéis de rezar por mí. ¡Hasta pronto!

15 enero: Quitar el pecado del mundo

Liturgia
          Reanudamos los domingos del Tiempo Ordinario, los que nos ponen ante los ojos la vida de la Iglesia, desgranada a través de 33 domingos durante el año.
          Hoy es como una apertura general a la salvación universal, que comienza por la vocación de Israel, el pueblo elegido por el Señor. Isaías 49, 3. 5-6 es una manifestación de Dios sobre ese pueblo del que está orgulloso. Pero es poco que Dios se quedase sólo en la llamada a Israel. Israel ha de ser luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra. Por eso la elección de Israel es como una condensación de fuerzas para que luego ese pueblo sea el mentor del mundo entero, la chispa que prende en el cañaveral.
          Esa realidad se verifica en Jesús. Juan Bautista (Jn 1, 29-34) va delante y cuando ve venir hacia sí a Jesús, lo declara ante los demás como el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. El “cordero” era una figura muy utilizada en el Antiguo Testamento para expresar –de muchas formas- expiación por el pecado. El “Cordero de Dios”, en boca del Bautista, es la presencia ya entre los hombres del Salvador, el que va a quitar el pecado de toda la humanidad.
          Se va a pasar del bautismo de agua de Juan Bautista, meramente simbólico y que no realizaba ningún efecto, al Bautismo con Espíritu Santo, que sí es efectivo porque realiza lo que expresa. Porque es el Bautismo que trae Jesús, por el que asume él el pecado de la humanidad y lo deja perdonado por su muerte en la cruz.
          Desde entonces el bautismo cristiano es una repetición de esa muerte de Cristo para quitar el pecado, porque lo que muere es el pecado y lo que queda es la vida misma como la de Jesucristo resucitado por la fuerza del Espíritu de Dios.
          La Iglesia nace desde esa muerte de Cristo, y la resurrección es ya la vida que el Espíritu de Dios hace presente en nosotros, y que realiza dentro de nosotros porque para eso Jesús ha nacido hombre y ha tomado sobre sí la vida de la humanidad.
          El Bautista es testigo del momento en que todo eso se hace posible, y dice expresamente que él no conocía al Cordero de Dios, pero que “he contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él”, y el Bautista había recibido una revelación por la que descubría que “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que va a bautizar con Espíritu Santo”.
          Nosotros hemos entrado a ser miembros vivos de la Iglesia porque hemos sigo ungidos y consagrados por el Espíritu Santo, que se nos infundió el día de nuestro Bautismo. Hemos recibido en ese instante el germen de la fe que se ha ido desarrollando en nosotros y que nos hace hoy miembros de Cristo. Y agradecemos a nuestros padres aquella nueva vida que nos procuraron llevándonos a ser nuevos miembros de la Iglesia, en la que estamos y de la que nos sentimos hijos.
          ¡Qué pena la de esas criaturas a quienes sus padres no dan la oportunidad del bautismo cristiano y de la fe! ¡Qué pena la de esas familias que han perdido el norte de su propia fe, y no saben descubrir el valor de proporcionar a sus ambientes ese don inestimable del bautismo con el Espíritu Santo…, y el conocimiento de ese Jesús, Cordero de Dios que quita el pecado del mundo! Porque con ello cierran el paso a la participación de la Eucaristía, el misterio mismo del amor.
          Nosotros hoy viviremos esta Eucaristía en acción de gracias por poderla participar…, por la plenitud que nos ha dado nuestro Bautismo…, por la fe con que ahora vamos a encontrar a Cristo presente, y porque en este sacrificio único de Jesucristo, nuestro pecado ha sido quitado.

          Se celebra hoy el día de LA MIGRACIÓN y se pone el acento concretamente en los niños migrantes y refugiados, que son los más vulnerables en toda esta tragedia humana. La Iglesia quiere hacerse oración por ese mundo tan doloroso, y elevar así sus peticiones a Dios para que se resuelvan esos problemas favorablemente.


ORACIÓN DE LOS FIELES

Roguemos con fe y confianza para que todos los hombres y pueblos sientan la salvación que Jesús ofrece a todos.

- Por el papa, los obispos, sacerdotes, religiosos y laicos, para que movidos por el Espíritu Santo trabajemos por la novación del mundo en que vivimos, Roguemos al Señor

- Por los políticos y los organismos internacionales, para que adopten todas las medidas necesarias que aseguren a los niños emigrantes protección y defensa; Roguemos al Señor.

- Por todos los fieles y comunidades cristianas para que sean luz para nuestro tiempo, y de esta manera trabajen en favor de mayor justicia y fraternidad en nuestro mundo; Roguemos al Señor

- Por todos los menores migrantes que a causa de la guerra han tenido que huir de sus países y especialmente por aquellos que han sido violados y utilizados; Roguemos al Señor.

- Por esos otros migrantes menores que se arriesgan a pasar al otro lado de la frontera, solos y sin defensa; Roguemos al Señor.

- Por todos nosotros aquí reunidos, para que nuestros corazones estén abiertos al drama de las familias y sus hijos menores que sufren por las barreras y las fronteras entre las naciones; Roguemos al Señor


Oración: Señor Jesucristo, danos la determinación y el valor para ser luz en medio del camino de tantos que buscan la dignidad y la paz. Envíanos tu Espíritu, Señor, y sé nuestra fortaleza ahora y por los siglos de los siglos. Amén

sábado, 14 de enero de 2017

14 enero: Palabra viva y eficaz

Liturgia
          Uno de los momentos culminantes de la carta a los Hebreos es el que tenemos hoy como 1ª lectura (4, 12-16). Hace una descripción magnífica de la fuerza de la PALABRA DE DIOS. Dice que es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. (No he querido cortar la cita porque es sublime).
          Palabra VIVA. Nunca pierde vigor. Nunca está dormida. Siempre aporta algo nuevo. No se agota. No se acaba.
          Palabra EFICAZ. Actúa. Abre horizontes. Influye. Nunca vuelve vacía. Conscientes de ello o no conscientes, la Palabra siempre deja un poso en el  alma del que la recibe.
          Palabra TAJANTE, PENETRANTE. Horada en el alma. Mueve e incluso zarandea. Pone al sujeto ante una luz que le deslumbra gozosamente. Llega hasta las coyunturas y tuétanos…, lo más recóndito. Es una “descarga interior” para quien la recibe de verdad.
          JUZGA LOS DESEOS E INTENCIONES DEL CORAZÓN, nada se le oculta, todo está patente y descubierto a los ojos de Aquel a quien hemos de rendir cuentas. Es imposible ir a la Palabra y mantener una actitud falsa o ambigua: enfrenta a la verdad, a la honradez profunda del espíritu. Pone de cara a Dios, ante el que no cabe mentirse.
          Luego personaliza la PALABRA y pasa a hablar de Jesús, ante quien debemos mantener la confesión de la fe, ya que tenemos en él un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo: Jesús, Hijo de Dios. Un sacerdote que no es incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que él ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. [Otro párrafo impresionante y grandioso, que hay que orar mucho, porque nos cuesta enorme trabajo aceptarlo en la práctica y digerirlo como realidad revelada. Por mucho que se quiera ver la humanidad de Jesús, siempre le pondremos sordinas y acabaremos haciendo un demiurgo que no es plenamente hombre. Pues conste que, menos en el pecado (que él no podía tener) en lo demás es exactamente probado como nosotros].
          Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente. [Leamos en oración esta maravilla que tenemos hoy ante los ojos].
          El evangelio (Mc. 2, 13-17) es la vocación de Mateo o Leví, uno nuevo que es llamado a formar parte del grupo que sigue a Jesús. Otra vez no se ha ido Jesús a las gentes importantes y cultas. Ahora ha sido la llamada a un publicano. Estaba Leví sentado en su despacho de impuestos y allí se asoma Jesús para decirle nada menos que cuenta con él. Una llamada con la misma palabra y modo con que había llamado a los anteriores. Un escueto: Sígueme. Pero esa Palabra viva, eficaz, penetrante, tajante…, le llega a Leví como un dardo que le penetra “hasta las coyunturas y tuétanos, hasta el lugar donde se divide alma y espíritu” [principio de vida y resorte espiritual de la persona], como espada de doble filo que profundiza en lo más íntimo y no se puede ya ofrecerle resistencia. Y Leví (Mateo) deja de momento el dinero, la oficina, el puesto de trabajo…, y se va tras de Jesús. Algo tenía Jesús que era irresistible, y que provocaba el seguimiento de aquellas gentes, que lo dejan todo y se echan en manos de él. Y lo hacen gozosamente, festivamente.
          Lo cual queda demostrado en aquel banquete de despedida al que Leví invita a sus compañeros de fatigas (recaudadores y otra gente de mala fama), y a Jesús y a los nuevos compañeros que va a tener junto a Jesús. Aquella asistencia de Jesús junto a los publicanos  escandaliza a los fariseos, tan santones, y protestan por ello.

          Jesús les responde que ha venido a llamar a los pecadores; los sanos no necesitan del médico, sino los enfermos. Y Jesús así zanja la cuestión. Con un poco de penetración en la palabra “sanos”, puede ser que Jesús ponga una cierta ironía, porque esos falsamente “sanos” eran los propios fariseos. Y ellos no recurrían a Jesús, ni lo entendían, ni lo querían. En cambio los publicanos se les van a adelantar en el reino de los cielos porque parten desde su propia miseria que necesita tanto de la misericordia. ¡Y Jesús es misericordia! No he venido a llamar a los justos (los que se consideran “justos” aunque no lo son), sino a los pecadores.