MES DEL CORAZÓN DE JESÚS
CONVERTÍOS; EL REINO DE DIOS… DENTRO DE VOSOTROS ESTÁ.
Una serie de expresiones de Jesús en
el Evangelio, y que necesitamos irlas poniendo en su contexto para que sea
verdad la graduación que hay en ellas.
Cuando Jesús se presenta en público,
en su primera salida, la palabra inicial es; CONVERTIOS, se acerca el Reino. No está aún. En realidad es esa
aparición de Jesús en medio de su Pueblo lo que va a ir produciendo la gran
riqueza del Reino que ES ÉL, que irá desglosando Él, y que todavía no está establecido: se
acerca. Y en tanto llegará a establecerse en cuanto que la CONVERSIÓN
SE PRODUZCA. Tiene gran importancia este
momento concreto de la salida de Jesús al ministerio, y tiene la no menor
trascendencia de la condición para que el Reino sea realidad: CONVERTIRSE, ese
cambio profundo que ha de darse en la persona, si quiere que le llegue el
tesoro escondido. Tal importancia que cuando Juan Pablo II establece los Misterios Luminosos del Rosario, sitúa
éste tema como el primero,
A mi juicio es de demasiada
importancia que no se capta sin una honda reflexión. Porque para nosotros, por
ejemplo, damos ya por supuesto que “nos hemos convertido”, y que ese REINO DE DIOS ya está establecido en
nosotros, casi “por naturaleza”.
Nosotros nos aplicamos ya directamente
la otra expresión; El Reino de Dios,
dentro de vosotros está. Y yo pienso
que hay un trecho entre nuestra realidad y lo que es el REINO. Pienso que en nosotros ha habido una
conversión, al contagio con la fe abrazada, y “ciertas conversiones” que se han ido realizando.
Pero cuando hablamos de CONVERSIÓN, como la pedía Jesús, en la
radicalidad de una salida del YO para que ese “yo” acabe “absorbido” por el
estilo, formas y exigencias, ya es otra cosa. Sentir que Dios reina en mí.
Dejar que Dios reine. Llevar a otros el
Reino del Evangelio de Jesucristo…, me deja el alma colgada de un hilo.
Quizás por ello los grandes Maestros
ascéticos plantearon una segunda conversión, que suponía que los muchos momentos
perdidos, engañados dentro de uno mismo, encubridores de pasiones, egoísmos,
orgullos, vanidades…, un buen día “se
descubren” como tales, y ese día se comienza a sentir la enorme belleza y
“la otra cosa” que es el REINO DE DIOS, que tan poco se parece a lo que hemos
creído vivir desde el lado de personas evangélicas. Dice un autor que combatimos contra Dios los años enteros, y por el temor a no ser
felices, permanecemos desdichados.
LITURGIA
Celebramos la fiesta de San Pedro y San Pablo,
los dos grandes apóstoles de la Iglesia, columnas de la misma, cada uno en su
función: Pedro, el designado directamente por el Señor para ser su continuador
en la obra del Reino de Dios, como vicario suyo y cabeza visible de Jesucristo
en la continuidad de la Iglesia. A ello responde el evangelio de hoy
(Mt.16,13-19): Dichoso tú, Simón, hijo de
Juan, porque estas cosas no te lo ha
revelado la carne y la sangre sino mi Padre que está en el Cielo. Y yo a mi
vez, te digo que tú eres Pedro y sobre
esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te doy las llaves del reino de los cielos;
lo que ates en la tierra quedará atado
en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.
Lo que supone poderes divinos, los mismos de Jesucristo.
El otro “Apóstol” (así se le designa como apelativo propio)
está reflejado en la 2ª lectura (2Tim,4,6-8.17-78) donde él se retrata a sí
mismo como elegido del Señor: El Señor me ayudó y me dio fuerzas para
anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me
libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará
y me llevará a su Reino del Cielo. Podrían haberse aducido otros textos
igualmente definitorios de la personalidad de Pablo. A él se le debe una gran
parte de la ampliación del mensaje, porque sus cartas son todo un fundamento
teológico de la fe que profesamos. Y más aún es significativo para nosotros,
porque él fue el que abrió el Reino a la “gentilidad”.
A Pedro se le representa con las llaves, por la frase misma
de Jesús, que se las entrega para que en sus manos esté la Iglesia. A Pablo se
le representa con espada porque fue un gran luchador por esa fe.
Los dos murieron mártires por la fe que vivieron y
defendieron.
Debajo hay una
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