domingo, 16 de febrero de 2020

16 febrero: Los mandatos de Dios


LITURGIA        Domingo 6º-A,  T.O.
                      Aunque la 2ª lectura va por sus caminos, puede servirnos hoy como el marco donde se encaja perfectamente el tema de la liturgia, que viene  señalado por la 1ª lectura y el Evangelio.
          Dice la 2ª lectura (1Cor.2,6-10) que hablamos entre los perfectos, es decir, entre quienes quieren vivir más perfectamente de acuerdo con Dios, y lo que hablamos es una sabiduría que no es de este mundo, que no se aprende en los libros de ciencia: enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria.

          Esa sabiduría especial es la que trasmite el evangelio de hoy (Mt.5,17-37) en el que Jesús explica y aplica los mandamientos de la ley de Dios a la realidad nueva del Reino, preceptos que hay que vivir y que quien los cumpla y enseñe, será grande en el Reino de los cielos.
          Una manera de vivir según la voluntad de Dios, que tiene que ser distinta y superior a la de los doctores de la Ley y los fariseos.
          En concreto: si antes se dijo en la ley de Moisés que el que mate será procesado, ahora os digo yo que el que esté peleado con su hermano, será procesado. Ya no es el hecho de matar físicamente. Ahora basta que en el corazón de la persona ya “haya matado” el amor que debe a su hermano, por estar peleado con él.
          En otro mandamiento antiguo se decía: no cometerás adulterio. Pues bien, para un seguidor del Reino de Dios basta con la mirada lasciva a la mujer para que ya se haya cometido adulterio en el corazón. Porque la Ley nueva, la de Cristo, la del Evangelio, mira no sólo al hecho exterior sino a lo profundo de la persona.
          Lo mismo en el juramento: antes se podía jurar por el cielo o por la tierra en el nombre de Dios. Pero yo os digo: no juréis; a vosotros os basta decir: SÍ o NO. Que lo que pasa de ahí, viene del maligno.
          Es toda una concepción nueva que trasmite Jesús en el sermón del Monte para los que quieren ser seguidores suyos y entrar en la nueva realidad del Reino de Dios. En este punto es en el que Jesús advierte que si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo, que más te vale perder un miembro que ser echado al infierno. Palabra que tiene hoy día una actualidad muy grande, y que no debiera perderse de la conciencia de nuestros fieles, en un tiempo en el que parece haberse caído en una laxitud muy fuerte y que se tiene el peligro de llegar al “peco y me confieso”.

          La 1ª lectura del libro del Eclesiástico (15,16-21) expresa la libertad con la que hay que cumplir los mandatos de Dios. El Señor nos los pone delante, y nuestra responsabilidad está en elegir lo que Dios manda, como se elige con libertad entre el fuego y el agua, o como el que elige entre la vida y la muerte. La sabiduría del Señor es inmensa; sus ojos ven nuestras acciones y conoce nuestros movimientos. La maldad no queda impune.

          Que veamos la vida a través de la EUCARISTÍA para verla con los ojos mismos de Jesucristo, y para vivir acordes con la voluntad del Señor.


          Pidamos vivir con grandeza de ánimo la voluntad de Dios.
-         Que vivamos con finura los preceptos de Dios, aun los más pequeños. Roguemos al Señor.
-         Que no nos limitemos a “no pecar gravemente”, sino vivir los detalles del amor a Dios. Roguemos al Señor.
-         Que nos acerquemos a la Eucaristía con el alma limpia de rencillas con los prójimos. Roguemos al Señor.
-         Que sepamos vivir la verdad, sin ocultarnos en mentiras de disimulo. Roguemos al Señor.

          Concédenos la gracia de la fidelidad a los mandamientos de Dios de acuerdo con las enseñanzas de Jesús.    Lo pedimos por mismo Jesucristo N. S.

sábado, 15 de febrero de 2020

15 febrero: ¿Dos multiplicaciones?


LITURGIA       
                      Salomón acabó fallando a Dios creando lugares de culto para los dioses de sus esposas, por lo cual Dios le retiró su favor y lo hizo a través del profeta Ajías de Silo que hizo una parábola en acción dividiendo su manto en 12 piezas: dos para la dinastía de Salomón en su hijo Jeroboán, y 10 que entregó a otros. Los dos que dejó a Salomón y a Jeroboán eran en atención a David, en quien la promesa de dinastía sin término seguía vigente.
          Pero Joroboán se convirtió en un idólatra empedernido, creando dos becerros de oro y diciéndole a la gente: Éste es tu Dios. Y aparte otros muchos lugares de culto idolátrico (1Reg.12,26-32; 13,33-34), que llevó al pecado a la dinastía de Jeroboán y motivó su destrucción y exterminio de la tierra.

          En el evangelio de Marcos tenemos la narración de una segunda multiplicación de panes y peces, aunque la descripción es tan similar a la de la más conocida, que puede pensarse que es una nueva redacción del mismo hecho.
          Había mucha gente, no tenían que comer, Jesús sintió lástima de esta gente que llevan tres días sin comer y si los despido en ayunas se van a desmayar por el camino; algunos han venido de lejos. Como pude observarse hay un calco de exposición con lo que ya conocemos más normalmente.
          Los discípulos preguntan de dónde van a sacar panes en despoblado para tanta gente y que queden satisfechos. Y aquí viene la diferencia: Jesús pregunta cuántos panes tienen y responden que siete.
          Mandó Jesús que se sentaran en el suelo (lo que indica que estamos en primavera lo mismo que en la otra ocasión), tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias y los fue dando a los discípulos y los discípulos a la gente. Tenían también unos cuantos peces: Jesús los bendijo y mandó que se los sirvieran también.
          La gente comió hasta quedar satisfecha y de los trozos que sobraron, llenaron siete canastas. Los que comieron eran unos 4,000.
         
          Los paralelismos de las dos narraciones son tan acusados que muestran que más que dos multiplicaciones hay dos tradiciones que le llegan al evangelista, y que él las incorpora a su narración, pero que una es un calco de la otra, y sólo varían los números de los panes y de los comensales. Lo cual no es extraño porque una responde a las “doce tribus de Israel” [las 12 canastas recogidas en una multiplicación], y la otra al número 7 simbólico de una cantidad más indefinida.
          Los 5,000 varones o las 4,000 personas no son una variación tan notable en un cálculo de esa envergadura.

          Luego tenemos el capítulo 8 (14-21) donde las cosas se ponen complicadas, pues sería Jesús mismo, según el evangelista, el que hace alusión a las dos multiplicaciones en el razonamiento con que Jesús les quiere hacer ver a los discípulos que se guarden de “la levadura de los fariseos”.
          Yo no tengo elementos para dirimir el caso pero he preguntado a personas más especialistas en conocimientos bíblicos, que dan por descontado que en realidad sólo hubo una multiplicación. No sé decir más. El lector se acogerá a lo uno o a lo otro, y podrá llevar la misma razón el que acoge una solución o la otra.

viernes, 14 de febrero de 2020

14 febrero: "Effetá" (ábrete)


        Con mucha mayor rapidez de lo esperado, estoy de nuevo con vosotros, aunque hoy me voy a limitar a un comentario breve del evangelio.

LITURGIA       
                      .Mc.7,31-37 nos narra la curación de un sordo y casi mudo que le presentaron al Señor en tierras de la Decápolis. Le pidieron a Jesús que le impusiese las manos. Era la fe de aquellas personas. La imposición de manos era un signo de bendición, y a eso es a lo que aspiran aquellas gentes, porque una bendición de Jesús equivaldría a una sanación.
          Jesús, sin embargo amplía el “ritual” y no se limita a bendecir. Lleva aparte al sordomudo y le mete los dedos en los oídos y con la saliva –otro elemento de sanación en el creer de las gentes- le toca la lengua. Pero aquello no era un fetichismo. Era una fase previa de algo mucho más alto: mirando al cielo, suspiró y dijo: “Effetá” (esto: ábrete). Mirando al cielo y suspirando es oración de Jesús, es lo sobrenatural del momento, que no se reducía a una acción humana.          Y al momento se le abrieron los oídos y se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar sin dificultad.
          El deseo de Jesús era que no se publicase aquella acción, pero cuanto más pretendía que se callase, más lo divulgaba a grandes voces. ¡Y no era para menos!
          El entusiasmo crecía y la gente decía: Todo lo hizo bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

          Que sea ésta la conclusión para nosotros: que el encuentro con Jesús nos haga OÍR, escuchar su palabra dentro de nosotros. Oír por fuera es más fácil. Escuchar por dentro y dejar que la Palabra de Jesús se adentre en el alma, es ya labor de interioridad.
          La segunda parte es hacer hablar a los mudos: hablar palabra de Dios, convertirnos en altavoces de Jesucristo, de su obra, de su bondad: hacernos apóstoles de sus maravillas.

martes, 11 de febrero de 2020

11 febrero: Virgen de Lourdes


LITURGIA       
                       Me limito a copiar la plegaria del rey Salomón: 1Reg 8, 22-23. 27-30 porque es muy bella y porque poco se puede añadir a lo que es una oración tan personal:  En aquellos días, Salomón se puso en pie ante el altar del Señor frente a toda la asamblea de Israel, extendió las manos al cielo y dijo:
          «Señor, Dios de Israel, no hay Dios como tú arriba en los cielos ni abajo en la tierra, tú que guardas la alianza y la fidelidad a tus siervos que caminan ante ti de todo corazón. ¿Habitará Dios con los hombres en la tierra? Los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte, ¡cuánto menos este templo que yo te he erigido!
          Inclínate a la plegaria y a la súplica de tu siervo, Señor, Dios mío. Escucha el clamor y la oración que tu siervo entona hoy en tu presencia. Que día y noche tus ojos se hallen abiertos hacia este templo, hacia este lugar del que declaraste: “Allí estará mi Nombre”. Atiende la plegaria que tu servidor entona en este lugar. Escucha la súplica que tu siervo y tu pueblo Israel entonan en este lugar. Escucha tú, hacia el lugar de tu morada, hacia el cielo, escucha y perdona».

          Entramos en uno de los capítulos más significativos de San Marcos (7,1-13) en los que Jesús tiene que tomar postura ante la actitud de los fariseos. Se escandalizaron ellos de que los discípulos de Jesús no seguían los rituales propios de las comidas, con lavatorios interminables de las manos y brazos, incluso hasta el codo o restregando bien, y consideraban que esos discípulos comían con “manos impuras”. Era para ellos una impureza legal (según la ley) y se lo reprochan. Y le dan las quejas a Jesús.
          Aclara el evangelista para que todo quede en su punto que los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse las manos, restregando bien, aferrándose a las costumbres de sus antepasados; y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes y se aferran a otras tradiciones de lavar jarros, vasos,  platos y ollas.
          Según eso, los fariseos y los doctores de la ley le vinieron a preguntara Jesús: ¿Porqué tus discípulos comen con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?
          Jesús reacciona con fuerza y no sólo defendiendo sino acusando: Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan es un culto vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos. [¡Cuánto hay que aprender de aquí! Porque muchas formas religiosas también actuales necesitarían de una purificación para que no se queden en culto vacío. Hay muchas “religiosidades” que carecen de fondo, carecen de fe; son amuletos, fetiches, meras exterioridades que no llevan ninguna enjundia interior que mire realmente a Dios. Que se quedan en supersticiones, sincretismos religiosos, pero carentes de vida de relación personal con Dios…].
          Jesús lo explica perfectamente: Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a las costumbres (tradiciones) de vuestros mayores. Y añadió: Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Ese es el problema. En nuestra religión y actitud cristiana no cabe cambiar tradiciones y costumbres y situarlas delante de los sacramentos. Peor aún: prescindiendo de los sacramentos, y del Evangelio y de la auténtica oración que honra a Dios.
          Y les puso un caso muy concreto delante de sus ojos: tenéis un mandamiento de Dios, trasmitido por Moisés por el que hay que honrar a padre y madre. Vosotros os apoyáis en una costumbre de antepasados por la que podéis dejar de atenderlos declarando vuestro dinero “ofrenda al Señor”, y con eso quedáis libres para acudir a sus necesidades, invalidando la palabra de Dios con la tradición que os trasmitís.
          Y como ésta, hacéis muchas.
          Esta última palabra es la que a mí me retumba siempre más porque es perfectamente aplicable a muchas realidades actuales nuestras. Y ahí es donde cada uno tenemos que indagar para no ser vistos y tildados como hipócritas.


          Esta mañana a la 10 ingreso en URGENCIAS. Acompañadme con vuestras oraciones.

lunes, 10 de febrero de 2020

10 feb: Modos de tocar


LITURGIA       
                      1Reg.8,1-7.9-13: Salomón había construido un Templo al Señor. Ahora quedaba la parte más sagrada, que era trasladar al Templo el Arca de Dios. Todos los israelitas se congregaron en torno al rey.
          En el proceso del traslado, Salomón ofreció muchos sacrificios al Señor.
          En el Arca estaban las dos tablas de la Ley que Dios entregó a Moisés. En otro tiempo estuvo también el bastón de Aarón.
          Cuando los sacerdotes salieron de depositar el Arca en su lugar, se cubrió el Santo con una nube densa que no dejaba permanecer en ese sitio. Era un modo habitual de hacerse Dios presente. La gloria de Dios llenaba el templo.
          Salomón dijo entonces: Dios quiere habitar en las tinieblas; y yo te he construido un palacio, un sitio donde vivas para siempre. No es propiamente “vivir en las tinieblas” sino en el misterio, en lo recóndito y oculto, porque Dios no puede ser abarcado por los ojos humanos.

          En Mc.6.53-56 no se recoge ningún episodio particular sino lo que pudiéramos llamar los hechos del día a día. Lo habíamos dejado “al otro lado” en el intento de descanso y en la realidad de tener que atender a las muchedumbres que andaban como ovejas sin pastor.
          Ahora, vuelta a embarcarse hacia el lugar de origen y tocaron tierra de Genesaret.
          Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron y se pusieron a recorrer con él toda la comarca, y él iba curando enfermos que le llevaban en camillas.
          En la aldea o pueblo donde entraba, las gentes sacaban a sus enfermos y los ponían en las plazas, con el deseo de que siquiera la sombra de Jesús les tocase, en la confianza de que curarían. Otros le pedían que les dejase tocar el manto con la fe que era bastante para la curación de sus enfermedades. Y los que lo tocaban, quedaban sanos.
          Por eso yo no llevo tan a mal la tendencia de las gentes a “tocar”: tocar las reliquias, tocar las tumbas, tocar las imágenes de los santos. Hay como una reminiscencia de aquellas situaciones en las que un “tocar” incluso lo más externo de Jesús -su manto- ya era una ocasión de recibir los beneficios de la curación. Donde establezco la diferencia es en la fe. Con qué fe se toca, o con qué superficialidad se toca; con qué sentido religioso y de veneración, o en qué aspecto fanático y supersticioso. He ahí la diferencia.
          Yo lo compararía con el abrazo. El abrazo es una muestra de cercanía, una necesidad de expresar un sentimiento. Pero hay abrazos y abrazos. Los hay llenos de ternura y afecto, y los hay fríos y rituales. Los primeros expresan mucho, Los otros, no expresan nada. Los primeros, “tocan”. Los otros golpean con aparente efusividad pero no trasmiten nada. Hacen ruido. Pero la persona abrazada se siente lejos del que abraza.

domingo, 9 de febrero de 2020

9 febrero: Sal y luz


LITURGIA       
                      En el evangelio de San Mateo nos hemos adentrado en el Sermón del Monte, el núcleo constitutivo de la vida cristiana. El domingo pasado se hubieran meditado las Bienaventuranzas si no hubiera sido la fiesta de la presentación del Niño en el Templo.
          Hoy sigue con esa doble enseñanza (5,13-16) tan significativa en la vida real: ser SAL de la tierra y ser LUZ del mundo.
          La sal por sí misma no es nada. Un tarro de sal no es nada. Para que la sal tenga su efecto necesita entremezclarse con los otros alimentos, y entonces les da sabor, o les protege –en grandes cantidades- de que se echen a perder.
          Del mismo modo el cristiano, entremezclado con las gentes tiene que dejar un buen sabor. Pero tiene que relacionarse y que incrustarse con su ser de SAL al que Jesús le ha destinado. El Papa insiste mucho en que no podemos ser cristianos de sacristías, encerrado en nosotros mismos, sino que hemos de salir hacia los otros para serles ejemplo de vida y sabor agradable al paladar.

          Lo mismo la otra comparación de ser LUZ del mundo. Una luz no tiene sentido si está escondida o si está apagada. La luz está destinada a iluminar. Sin la luz el Sol hay oscuridad y hay muerte. El cristiano tiene que ser sol en medio de la vida en la que se desenvuelve.

          Y la 1ª lectura identifica esa luz con las obras (Is.58,7-10): Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que ves desnudo y no te cierres a tu propia carne. Eso será una aurora en medio de la oscuridad, que abrirá camino a la justicia, y a la gloria del Señor. Ser LUZ no es una poesía. Ser luz es todo un modo de vivir en medio de la vida, desarrollando el bien que mejor podamos realizar. Hoy lo vivimos de alguna manera concreta en esta participación activa con la que colaboramos con MANOS UNIDAS en su Campaña contra el hambre en el mundo. Pero nuestras “manos unidas” no pueden reducirse a un día ni a una colaboración económica especial. Vivir la caridad cristiana, la mano extendida a las múltiples necesidades que vamos encontrando por el camino, es lo que hace de la vida de cada uno de nosotros un verdadero foco de luz, donde la mano izquierda no sabe lo que hace la derecha, pero en donde nos estamos jugando el núcleo mismo de nuestro ser cristiano.
          El Papa insiste una y otra vez: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrase a las propias seguridades.         Y en este tipo de actitudes aseguradas porque por boca cerrada no entran moscas, podemos estar demasiado cerrados en nuestros mundos espirituales, que no dan fruto, que no iluminan.
          Continúa la 1ª lectura, diciendo: Cuando destierres de ti la opresión, el  gesto amenazador y la maledicencia…, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará TU LUZ en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.

          En la 2ª lectura (1Cor.2,1-5) nos deja Pablo el fundamento esencial de todo ello: que nunca he querido saber entre vosotros otra cosa sino a Jesucristo, y éste crucificado. No elocuencias. No razones. No apariencias. Sino el fundamento que está por encima de todo, y es Jesucristo, pero el Jesucristo de la cruz. Que es un hecho que no lo tenemos tragado, ni mucho menos, y que queremos tener un Jesucristo cómodo, devoto, espiritual…, pero que no nos exija tomar sobre nuestra vida real la vida real suya: la de ser un Cristo austero, sacrificado, y en definitiva crucificado.

          Que la EUACRISTÍA no se nos quede en el acto sacramental de la participación, sino que nos lleva a ser sal que da buen sabor y que se aleja de lo podrido; y luz que se traduce en obras fehacientes de ejemplaridad cristiana.

sábado, 8 de febrero de 2020

8 febrero: Me da lástima


LITURGIA       
                      Salomón subió al trono de Israel cuando todavía era muy joven. Empezó ofreciendo holocaustos al Señor en gran cantidad para honrar al Señor y obtener su beneplácito. Estaba muy agradecido por los beneficios concedidos por Dios a su padre David, y por lo que él recibe siendo tan joven y teniendo por delante una labor tan ingente como la dirección de un pueblo numeroso.
          El Señor le ofreció concederle lo que le pidiera. Y Salomón pidió un corazón dócil para gobernar a ese pueblo, para discernir el mal del bien. Agradó a Dios aquella petición porque no había pedido una vida larga, un éxito en sus empresas, la victoria sobre sus enemigos, sino el acierto para gobernar, y Dios le concedió esa sabiduría, cual no la ha habido antes ni la habrá después, y le añadió otra serie de favores en riquezas y fama que sobrepasarían las de cualesquiera otros reyes.
(1Reg.3,4-13).
          Una pauta de oración nuestra puede ser ésta de Salomón. Podemos tender a pedir cosas muy concretas y a veces muy personales, que hacen de nuestra oración una oración egoísta. Y no  es que no valga, y no es que Dios no la escuche. Jesús no ha puesto condiciones al “pedid y recibiréis”. Pero de la oración de salomón y  de la respuesta de Dios, se sigue que hay una oración más agradable a Dios por ser más altruista, más desprendida, más de miras abiertas. Cuando menos nos hace reflexionar.
          Ni la vida está para echarse basura encima como si todo lo propio fuera deficiente, ni para buscar que lo único que hay que pedir es por uno mismo y sus situación. Dios nos quiere más humanos, como Salomón que, de una parte presenta su juventud como un hándicap para el gobierno acertado de la nación, y por otra parte pide el acierto y la prudencia para saberlo gobernar. Ambas cosas están planteadas en positivo.
         
          Los apóstoles regresan de la misión a la que habían sido enviados por Jesús, y vuelven pletóricos de entusiasmo por todo lo que han hecho, y con unas ganas inmensas de contárselo al Señor. No era lugar oportuno aquel en que estaban, al que acudían muchas gentes y no dejaban sosiego para explayarse aquellos hombres. Y Jesús decide irse a un lugar apartado y tranquilo. Se tenían así dos fines: uno, quitarse de en medio y del ojo del huracán que suponía en aquellos momentos la muerte del Bautista y los pensamientos de Herodes. La otra razón, dar a sus discípulos la oportunidad de contar sus aventuras apostólicas. Y se fueron en barca a un lugar apartado y tranquilo.
          Lo que nos dice el texto es que muchos vieron dónde se dirigía y se fueron con él en otras barcas, aparte claro está, de los que lo buscarían de otro modo, yendo a pie por la ribera del Lago.
          El hecho es que de tranquilidad y lugar apartado poco pudieron disfrutar. Eso era para el grupo de los Doce una contrariedad porque ellos venían ilusionados en ese poder estarse a solas con el Maestro y poder contar sus experiencias de aquella misión.
          Para Jesús no era sino un momento más de la realidad de su vida, en la que no podía planificar por su cuenta porque dependía de las gentes, que era –en definitiva- depender de la voluntad de Dios. Por eso lo que a Jesús se le suscita no es la idea de un plan fracasado sino el pensamiento mucho más alto de ver un mundo de gente ansiosas que andan como ovejas sin pastor. Y lo que experimentó en su alma fue lástima de ellos. Y olvidándose ya del descanso y la tranquilidad, se puso a enseñarles con calma. Era lo que le salía del alma.
          El texto en cuestión no dice más. Lo que dice nos debe entrar en el corazón porque expresa la actitud de plena disponibilidad para hacer el bien dondequiera que se presente. Había parecido que lo bueno era aquel descanso en sitio apartado. Pero las circunstancias han dicho lo contrario. Y sin hacer más problema, Jesús se ha dejado llevar del sentimiento de su corazón, que traduce la voluntad de Dios. Es la lección. Nosotros hacemos nuestros planes, y tenemos que hacerlos, pero luego surge el bien mayor, la necesidad más inmediata y tenemos que estar por encima del proyecto. Porque primero es el hombre y sus necesidades.

viernes, 7 de febrero de 2020

7 febrero: La cabeza del Bautista


PRIMER VIERNES.- Málaga a 5’30
LITURGIA       
                      La 1ª lectura (Ecclo.47.2-13) es un panegírico de David, que sintetiza al estilo bíblico la vida y la obra del gran Profeta y Rey de Israel. Desde su infancia en los apriscos, en que se le presenta hiperbólicamente jugando con leones, hasta su lucha real con el gigante, removiendo la afrenta del pueblo. Sus luchas contra los enemigos, que le valió la copla de que David había matado a diez mil,  hasta las otras empresas en las que así dio gloria a la causa de Dios.
          El Señor perdonó su pecado y exaltó su nombre por siempre, y le concedió el poder real, y el trono de Jerusalén.
          David es un personaje venerado por el pueblo israelita, y lo ha de ser por nosotros, que seguimos ya al Hijo de David.

          La fama de Jesús se había extendido (Mc.6,14-29) y llegó a oídos de Herodes. Las gentes decían que Jesús era Juan Bautista resucitado y que por eso las fuerzas del cielo actuaban en él. Otros decían que era Elías o un profeta de los antiguos. Y el propio Herodes pensaba que Jesús era Juan Bautista al que él había mandado decapitar.
          Y comienza la macabra historia de aquella muerte a manos de Herodes. Este rey andaba su vida viviendo en incesto con la mujer de su hermano, y Juan Bautista le decía al rey que no le era lícito ese modo de vida. Herodes respetaba a Juan, pero lo metió en la cárcel.
          Herodías –la mujer con la que convivía Herodes- le tomó una inquina muy fuerte a Juan Bautista, y su pensamiento giraba en torno a la idea de quitarle la vida, para callarlo y que no aconsejara más al rey.
          Y la ocasión llega en un banquete que da Herodes a sus magnates. A los postres sale Salomé la hija de Herodías que desarrolla una voluptuosa danza que agrada mucho a Herodes, quien parte por lo atractivo del caso, parte porque ha bebido más de la cuenta, toma la iniciativa desproporcionada de prometer concederle a la muchacha lo que le pida, aunque sea la mitad de su reino.
          Salomé se va a su madre y le pregunta qué puede pedir. Y Herodías ve la gran oportunidad de su vida: Di que te entreguen en una bandeja la cabeza de Juan Bautista. La muchacha va y se lo dice a Herodes, que lamenta la situación –se puso muy triste-, pero ya que lo ha prometido ante sus comensales y lo ha jurado ante la muchacha, da orden a sus esbirros de que inmediatamente le entreguen a la muchacha, en una bandeja, la cabeza de Juan.
          Los discípulos de Juan recogieron el cadáver y lo enterraron.

          El momento era delicado. Si Herodes pensaba que Jesús era Juan Bautista resucitado, lo mismo podía alegrarse que tomar represalias. Por ello Jesús se embarcó a la orilla opuesta y se quito de en medio, porque más valía poner distancia ante aquel monstruo sin personalidad.
          La verdad es que Herodes pasa a la historia con el penoso bagaje de haber decapitado al Bautista y de pretender hacer juego con Jesús en la Pasión. Esos son los dos emblemas de ese personaje. En cambio Juan Bautista pasa a la historia como un personaje de enormes valores de austeridad, fidelidad, consejo y el bautismo de agua anunciadora de una nueva era… Juan, el mayor de los nacidos de mujer. Juan, que no es una caña agitada por el viento sino hombre recio y ejemplar.
          De Jesús, no digamos, porque pasaríamos las horas definiendo sus características, su grandeza, su obra, su Corazón abierto a la misericordia, su arte para presentar el Reino con aquellas sencillas parábolas que escuchaba la gente con tanta atención… Su poder sobre los espíritus inmundos, sobre la muerte, sobre las olas y el mar…
          Verdaderamente el personajillo Herodes no resiste comparación con ninguno de estos dos personajes, a los que él menospreció desde la altura de su poder humano.

jueves, 6 de febrero de 2020

6 febrero: Misión apostólica


          Por circunstancias diversas, se retrasa mi ingreso.
          Por ello suplo de forma breve la liturgia, continuando la labor habitual
PRIMER VIERNES día 7, 5’30 tarde. Málaga
LITURGIA       
                      1Reg.2,1-4.10: Se acercaban los días de la muerte de David y éste aconsejo a su hijo Salomón: «Yo emprendo el camino de todos. Ten valor y sé hombre. Guarda lo que el Señor tu Dios, manda guardar siguiendo sus caminos, observando sus preceptos, órdenes, instrucciones y sentencias, como está escrito en la ley de Moisés, para que tengas éxito en todo lo que hagas y adondequiera que vayas. El Señor cumplirá así la promesa que hizo diciendo: “Si tus hijos vigilan sus pasos, caminando fielmente ante mí, con todo su corazón y toda su alma, no te faltará uno de los tuyos sobre el trono de Israel"».
          Es el testamento espiritual del hombre de Dios, que traspasa a su hijo el reino e incluso el encargo de construir un Templo al Señor en Jerusalén, para lo que le ha dejado preparado un ingente material, y especialistas de la construcción. Esa parte no está recogida en este texto, pero así lo explica en otro lugar.
          David se durmió con sus padres y lo sepultaron en la Ciudad de David. Cuarenta años reinó David sobre Israel: siete en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén.
          Salomón se sentó en el trono, de David su padre y el reino quedo establecido sólidamente en su mano.

          En Mc.6,7-13 tenemos el envío de Jesús a sus Doce a la misión apostólica. Habían de ir de dos en dos porque el testimonio de lo que habían de trasmitir tiene que ir sobre la fuerza de dos testigos. Y habían de ir a echar de los posesos a los espíritus inmundos, con ese poder que es sólo poder de Dios, y que se les trasmite a estos hombres pobres y rudos, para que quede claro que no son ellos los que realizan aquella obra, sino el poder de Jesucristo que se les trasmite en misión.
          Han de ir muy desprovistos de apoyos humanos, aun en lo meramente material para que quede claro que no son artes humanas las que ellos pueden usar. Deben ayudarse de un bastón, y llevar sandalias para sus caminatas en las que han de recorrer muchos caminos. Pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja. Y no llevar túnica de repuesto. Es decir: ir con lo necesario y nada más.
          Y les advierte que en la casa en la que entren y sean acogidos, allí establezcan su cuartel general.
          Donde no los acojan, no porfiar sino marcharse a otro sitio, sacudiéndose hasta el polvo de los pies para no llevarse nada de aquel lugar, y como una manera de hacer presente la culpa de aquellos que no los habían acogido.
          Los apóstoles salieron a predicar la conversión, echaron demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los curaban. Hay quien ve en esta unción un presagio de la unción de enfermos, aunque no parece que sea, porque el sacramento  supone sacerdotes y aquellos hombres no lo eran. El hecho es que era un signo exterior y que los enfermos curaban.
          Cuando menos es una llamada de atención para muchos enfermos actuales y sus familias, que parecen recelar de ese sacramento, cuando en la realidad está instituido para sanación. Otra cosa es que administrado en circunstancias extremas venga a coincidir algunas veces con la muerte del enfermo. Que aún entonces deben llamar al sacerdote para que ayude al enfermo grave con un subsidio como ese que instituyó el mismo Señor, aunque no nos conste en el momento que lo hizo. Pero es lógico que quien instituyo el sacramento de entrada, en el Bautismo, el del alimento en la Eucaristía, el del matrimonio para la mayoría de los mortales y el del sacerdocio para perpetuar su obra –es decir: llenó todos los espacios vitales del ser humano- también le dejara el de la despedida en ese momento tan importante de enfrentarse a la enfermedad o incluso a la muerte, el paso definitivo del fiel creyente.

miércoles, 5 de febrero de 2020

PRIMER VIERNES

Permanece la reunión del PRIMER VIERNES

Y yo, seguramente seré internado hoy para la cura de choque que me toca cada equis tiempo.
Espero vuestro apoyo.

5 febrero: La falta de fe


Primer Viernes, día 7
LITURGIA       
                      El servicio de la causa del Señor debe ser siempre a fondo perdido y no bajo los cálculos humanos. Ese fue el fallo de David (2Sam.24,9-17) pretendiendo el censo de sus siervos disponibles. Y tan reconoció David que se había equivocado que, después de hecho el censo, sintió remordimiento de conciencia.
          El profeta Gad se presenta ante David y le propone tres penitencias posibles. David ha de elegir una. Y opta por echarse más en manos de Dios que depender de los hombres. Y escoge tres días de peste en su territorio, confiando en la misericordia de Dios. Por eso, en medio de la plaga que mató a miles de israelitas, David ruega a Dios misericordia, porque el que ha pecado ha sido él y no aquellos que son inocentes. Y cesó la plaga, extendiendo el Señor su mano para que cesara aquel mal.

          Como ya he comentado en otro momento, la narración que hace Marcos (6,1-6) sobre la ida de Jesús a Nazaret, es mucho menos dramatizada que la que nos narra San Lucas. Presentan el mismo fondo pero su desarrollo es diverso.
          Jesús llega a Nazaret, rodeado de la fama de sus obras en todos los lugares y pueblo cercanos. Departe con las gentes del pueblo, que han sido sus compañeros de trabajo durante tantos años, y el sábado es invitado a hablar al pueblo desde la cátedra. Y Jesús expone la Palabra de Dios con toda su fuerza y una originalidad que llama la atención, tanto más cuanto que lo conocían de la vida diaria de muchos años.
          Y se preguntaba la gente de dónde saca todo eso y que sabiduría es esa que le han enseñado. Porque Jesús, realmente, habla con una nueva profundidad, que no es lo que ellos conocían de otros momentos de conversación con el hijo de María y de José. Y la gente se pregunta: ¿No es este el hijo del carpintero, el hijo de María y el pariente de todos los hermanos y hermanas que conocemos y viven entre nosotros? Esa era la realidad de la historia pasada y conocida. Lo que no saben es todo el cambio que se ha producido en la misión de Jesús desde que salió de Nazaret. Ya no es sólo “Jesús de Nazaret”; ya es el Mesías enviado por Dios, el mensajero de la nueva alianza. Es aquel que conocen de la vida de 30 años, pero es otro que trae una misión.
          Jesús se lo decía: Un profeta es despreciado en su tierra, entre sus parientes y en su casa. Llevaba toda la razón. Y es un hecho que podemos tener comprobado, cada cual en su dimensión de mayor o menor envergadura, que es allí donde somos más familiarmente conocidos donde tenemos menos ascendencia. Siempre se acepta con más facilidad al que viene de fuera que al que es “de casa”. Y con Jesús no fue distinto.
          Las consecuencias sí fueron distintas: Jesús, que se volcaba haciendo sus milagros en otras partes, allí en Nazaret no pudo hacerlos porque no tenían fe en él. Impuso las manos a algunos enfermos y los curó. Y se extrañó de su falta de fe. Precisamente Jesús “montaba” siempre sus milagros en la fe de las gentes: “Tu fe te ha curado”; “Grande es tu fe”; “que se haga conforme has creído”. En Nazaret no hubo esa fe. Se quedaron en la visión del Jesús que conocieron tantos años y no avanzaron en su conocimiento, ni siquiera valiéndose de la fama que traía por sus actuaciones en otros lugares.
          De hecho Jesús salió de Nazaret y se fue recorriendo otros lugares enseñando, y siendo acogido por las gentes.

martes, 4 de febrero de 2020

4 febrero: La fe


LITURGIA       
                      .En la persecución de Absalón contra su padre David, vino a dar con un destacamento de David y se metió con su cabalgadura bajo una encina frondosa y se quedó colgado de la garganta entre las ramas, mientras la mula seguía su camino. (2Sam.18,9.10.14,24-25, 30-19-3].
          Vinieron a avisarle al jefe del ejército que estaba Absalón allí colgado y lo  remató con tres flechas en el corazón.
          David estaba sentado entre las dos puertas y vino un etíope a anunciarle la noticia, y lo hizo con toda su alegría porque había quedado a salvo David. El rey pregunta por su hijo y al saber que ha muerto, se echa a llorar por Absalón, su hijo, y dice que hubiera preferido morir él antes que la muerte del hijo.
          Y el ejército de David, vencedor, sabiendo que el rey estaba de luto, entró en la ciudad casi a escondidas, como cuando los soldados huyen de la guerra.
          Todo ello nos muestra el talante de David, que había sido el perseguido por aquel hijo, al que, sin embargo llora cuando se entera de su muerte. Y eso que suponía la tranquilidad para su reinado.

          Un evangelio amplio con dos historias paralelas y las dos como historias de fe: Jairo, cuya hija está en las últimas y que recurre a Jesús finalmente con la esperanza de que Jesús vaya a la casa, imponga las manos sobre la enferma, para que pueda sanar. Y Jesús acepta el planteamiento de Jairo y se adapta a su fe, y se pone en camino hacia la casa de la enferma.
          Pero se entrecruza otra historia de una mujer que se deshacía en hemorragias y que había gastado todo su dinero en médicos y toda clase de tratamientos, sin resultado alguno.
          La mujer busca su última solución. Y con una fe más espiritualizada, piensa que si ella se acerca y toca –sin más advertencia por parte de Jesús- la orla de su manto, quedará sana. Y dicho y hecho: se mete entre la multitud que acompaña a Jesús y empujando y abriéndose paso como buenamente puede y sabe, llega hasta él y toca el filo de su manto, y en ese momento cesan sus hemorragias.
          Intentaba ahora retirarse y pasar desapercibida. Pero Jesús se detiene –con el nerviosismo de Jairo que ve perderse segundos tan esenciales- y pregunta: ¿Quién me ha tocado? No entendían los discípulos aquella pregunta cuando iba empujado a derecha e izquierda por una multitud y casi que le reprochan la pregunta: ¿Cómo preguntas quién te ha tocado? Vas empujado por todas partes… Pero Jesús insiste en que no habla de eso. Hay alguien que no ha empujado sino que ha tocado con un toque distinto…, con fe. Porque yo he notado que ha salido fuerza de mí.
          Y seguía detenido y buscando con la vista. La mujer no pudo menos que darse por aludida y vino temerosa de haber hecho alguna cosa mal hecha que desagradara al Maestro, y se echó a los pies de Jesús y le confesó todo. Jesús le dice: Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.
          Yo imagino a Jairo contrariado con aquella demora, y que quisiera tirar de Jesús para ganar tiempo. Pero se le vino el alma abajo cuando le llega el recado de que su hija ha muerto; que no moleste más al Maestro. Y Jesús, que escucha la misiva, se dirige a Jairo para decirle: No temas. Te basta que tengas fe. Y continuaron en silencio camino de la casa fúnebre.
          Allí estaban ya las plañideras con sus gritos y ademanes, cuando llega Jesús y les dice: ¿A qué vienen estos lloros? La niña no ha muerto. Está dormida. Y se reían de él.
          Él echa afuera a todos, y se adentra con los padres de la niña y  sus discípulos. Se dirige a la cámara mortuoria y coge a la niña de la mano y le dice en arameo: Talitha qumi (que significa: Contigo hablo, niña; levántate). Y la niña –que tenía 12 años- se incorpora, se pone en pie inmediatamente y echa a andar.
          Se quedaron todos como quien ve visiones. Jesús rompe aquel espasmo diciendo que le den de comer a la niña, que es lo que importa ahora, después de los días de debilitación de la enfermedad. Quizás ni los padres habían caído en el detalle.
          Y Jesús sale ahora de la casa entre el silencio admirado de quienes antes se han reído de él, y se marcha a seguir haciendo el bien.

PRIMER VIERNES, el día 7

lunes, 3 de febrero de 2020

3 febrero: Le rogaron que se marchara


LITURGIA       
                      Absalón era hijo de David. Un grupo de gentes lo toma como jefe. Y David, lejos de hacerle la guerra, opta por huir con su gente, (2Sam.15,13-14.30; 16,5-13) no sea que se presente Absalón y los mate a todos. Subía David la Cuesta de los Olivos llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos.
          Llegado a un determinado lugar, sale uno en plan ofensivo contra David, acusándolo de haber matado a la familia de Saúl, y tirando piedras contra el rey y contra los que iban con él.
          Uno de los amigos de David se ofrece a ir a cortarle la cabeza pero David no se lo consiente, porque piensa que lo que le pasa es una penitencia por sus pecados y que Dios así lo ordena todo a su bien. Por eso piensa que todo esto puede acabar en bendiciones. Y David y los suyos siguieron su camino.

          La tormenta del Lago que veíamos el sábado desvió la dirección de la barca hacia un lugar inhóspito, la zona de los gadarenos o gerasenos (Mc.5,1-20). Allí atracaron los discípulos con Jesús. Y les salió al encuentro un endemoniado furioso, casi en estado salvaje, al que no habían podido atar ni con cuerdas ni con cepos. El endemoniado se dirige a Jesús amenazante porque sabe que Jesús viene a perder al demonio, y así se lo ordena: Espíritu inmundo, sal de este hombre.
          Y Jesús para dominarlo le pregunta su nombre: Me llamo “Legión”, porque somos muchos. El espíritu se ve dominado y ahora en vez de amenazar, suplica: No nos eches de esta región; si nos echas, mándanos a los cerdos. Y Jesús asiente. El negocio de los cerdos era un negocio ilícito en Israel. Enviar los demonios a los cerdos no era ninguna injusticia sino una labor de purificación.
          Y Jesús se lo permitió. Y la gran piara de cerdos, unos dos mil, endemoniados, se lanza acantilado abajo y se ahoga en el Lago. Ni que decir tiene que los porquerizos se espantan por todo lo que han visto, y tienen que ir al pueblo a justificar ante los dueños de aquella piara la pérdida de tanto valor.
          Y el pueblo se viene a ver lo que ha pasado, y lo primero que se encuentra es al que estuvo endemoniado y salvaje, que está en su sano juicio y que está vestido. Ya debiera de ser esta realidad un dato a favor de Jesús. Pero la otra mirada es a los dos mil cerdos ahogados y la ruina económica que les suponía aquello. Y entonces se vienen a Jesús y le piden que se vaya de allí.
          A mí me impresiona mucho esta escena: ha liberado Jesús a un endemoniado furioso y se lo devuelve al pueblo como un hombre normal. Y lo que obtiene es el ruego de que se marche del país. Puede más lo material.
          El hombre curado quiere irse con Jesús, pero Jesús no se lo permite. Comprende que ese hombre hace más falta en su pueblo como testimonio vivo de la obra liberadora de Jesús, y así se lo encarga: vete a tu casa, a los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia.
          Jesús se volvió hacia la playa con su pena dentro; los discípulos iban callados porque veían la contrariedad de que era víctima el Maestro. Lo que supone el rechazo de lo que traería la paz y las curaciones a aquel pueblo.
          El hombre curado se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él. Y dice el texto que todos se admiraban. Era lo propio ante un hecho liberador por el que había vuelto a ser persona normal, liberado del demonio. Es lo que se perdió el propio pueblo, donde Jesús podría haber curado tantas enfermedades y haber hecho tanto bien como lo hacía por dondequiera que pasaba.
         
          La lección que se desprende es clara: los bienes materiales son contrarios a la realidad de Jesús. Los que se aferran a la materialidad de las cosas, acaban pidiendo a Jesús que se retire de su entorno. Se pierden muchas oportunidades pero la vida es así.
          Es impresionante decirle a Jesús que se retire del país. Es como una maldición que se echa uno sobre sus espaldas. Y la privación de tantos bienes como podrían recibirse.

domingo, 2 de febrero de 2020

2 febrero: Fiesta de la Luz


LITURGIA Presentación de Jesús en el Templo
                      Hace 40 días que celebrábamos la Navidad. María ha estado en cuarentena y hoy, al cumplirse los días de su purificación, acuden al Templo José y María llevando al Niño, para presentarlo en el Templo de acuerdo con la ley de Moisés. (Lc.2,22-40). La fiesta tiene una connotación específicamente centrada en Jesús, que es el que tiene que ser presentado por ser el hijo primogénito de una familia.
          La piedad popular la ha convertido en fiesta de la Virgen, a la que dan el apelativo de “Candelaria”, pero la realidad es que la luz o candela que se celebra es la de la llegada de Jesús al Templo de Jerusalén, luz para alumbrar a todos los pueblos.
          De hecho la liturgia completa de esta fiesta comienza en una capilla exterior al templo donde se va a celebrar la Eucaristía y se va en procesión con las candelas encendidas, para indicar la entrada en el Templo de Jesucristo, luz de las naciones.
          Así es como es descrito por el anciano Simeón cuando al llegar José y María con el Niño, sale al encuentro para dar gracias a Dios de ver al Mesías prometido, cumpliéndose así la promesa que Dios le había hecho de que no moriría hasta ver llegar al Salvador. Y allí, con el Niño en sus brazos, pronuncia sus palabras de agradecimiento y confesión: Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar ir en paz a tu siervo, porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos, luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel. Ésta es la fiesta que celebramos, la fiesta de la luz.

          La 1ª lectura (Mal.3,1-4) ha presentado el hecho de una forma solemne: Mirad que yo envío mi mensajero; de pronto entrará en el santuario el Señor, mensajero de la alianza. Pero la realidad es distinta: cuando Jesús es llevado al Templo, no salen a recibirlo los sacerdotes, representantes de la religión judía; ni los doctores de la Ley, ni nadie importante. Lo reciben dos ancianos, Simeón y Ana, que representan al pueblo y que los dos no tienen más ideal que servir a Dios y darlo a conocer. Así nos presenta Lucas a los dos ancianos del Templo, que son los que reciben al Niño a la entrada del templo.

          En la 2ª lectura, de Heb.2,14-18 nos hace caer en la cuenta que somos de la misma familia humana, y que de esta familia humana participó Jesús. Por lo que la luz que él ha venido a traer tiene que iluminar en cada uno de nosotros, que somos hechos partícipes de la luz que es Cristo. Nuestras obras, nuestras palabras, nuestro trato en la vida diaria tienen que iluminar. Que al contacto con nosotros, la gente salga mejor, porque buscamos evitar la crítica, porque vivimos con una conciencia digna que aparta las ocasiones de pecado, porque somos justos con nuestros subordinados… Todo un ejemplo de lo que supone ser de la misma familia de Jesús.

          Que la EUCARISTIA encienda en nosotros esa luz y la mantenga encendida en toda ocasión y situación, pese a las contrariedades de la vida, que necesariamente tienen que presentarse. También Simeón anunció a la Madre una espada de dolor que le iba a atravesar el alma, precisamente porque el mundo iba a tomar partido ante Jesús, y unos lo harían a favor y otros en contra. Pero María habría de seguir con la cabeza erguida en medio de la realidad que le tocaba vivir.


Pidamos al Señor en esta fiesta de Jesús, Luz del mundo.
-         Para que el Papa nos conduzca por caminos de luz en medio de las tinieblas del mundo, Roguemos al Señor.
-         Para que nosotros seamos humildes en recibir la luz que nos aporta la Iglesia. Roguemos al Señor.
-         Para que llevemos la luz dondequiera que vayamos. Roguemos al Señor.
-         Para que la Eucaristía sea foco de luz para toda nuestra actuación. Roguemos al Señor.
          Infunde, Señor en nuestros corazones la luz que no se extingue, para que lleguemos felizmente a ver el resplandor de tu gloria. Por Jesucristo N.S.