lunes, 20 de agosto de 2018

20 agosto: ¿Qué me falta?


LITURGIA
                        Hoy tenemos un evangelio muchas veces comentado y de una profundidad muy fuerte, que algunos comentaristas reducen a llamadas especiales de Jesucristo a un alma en concreto, pero que está ahí en el evangelio de Mateo (19,16-22) abierto a todo fiel cristiano que quiera dar pasos en el camino del Reino.
            Se trata de un muchacho que se llega a Jesús para preguntarle “qué tengo que hacer para obtener vida eterna”. La pregunta es muy amplia y admite una respuesta muy amplia: Si quieres tener vida eterna, guarda los mandamientos.
            Hay que tener en cuenta que preguntaba un judío. La respuesta que da Jesús es la que puede corresponder a todo judío de buena fe. Para un judío el techo de sus perfecciones está en el decálogo, que expresa la voluntad esencial de Dios. Por tanto si este joven quiere vida eterna, el camino que ha de seguir es el de guardar los mandamientos.
            Todavía pregunta él: “cuáles”, como si esperara de parte de Jesús una concreción mayor de esos mandamientos del Señor, que no se reducirán a los enunciados en el Decálogo. Y la verdad es que no estaba lejos del planteamiento de Jesús, que amplió el ámbito de los mandamientos hasta la interioridad misma del corazón de la persona.
            Pero Jesús, como respuesta al que es judío, recita los mandamientos de la segunda tabla: No matarás, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo. No cabe duda que ya es un ideal de vida, y que nos incumbe a cualquiera de nosotros. ¡Ya fuera un modo de vivir por parte de tantos cristianos! ¡Ya se tomara este techo como actitud habitual de muchas personas que se declaran creyentes, pero que en su vida real quedan aún lejos de la fidelidad a esos mandamientos de Dios!
            El muchacho declaró que esos mandamientos los había vivido y practicado desde niño. Por tanto intuye que ese no es el ideal que está predicando Jesús, y pregunta entonces: ¿Qué me falta?
            Jesús advierte entonces que lo que pide aquel muchacho es el seguimiento de la vida que enseña él, y ante ese ofrecimiento generoso que se ve que está planteando al joven, Jesús le abre un panorama insospechable: Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo- y luego vente conmigo.
            Se trata de uno que no se conforma con lo que conlleva la vida piadosa de un judío. Se trata de que aquel joven se ha presentado a Jesús buscando algo que le falta. Y por tanto que espera de Jesús lo equivalente a un “sígueme”, como el que le había presentado a varios de sus apóstoles actuales, sin haberle puesto condiciones en la llamada y, por tanto, en la respuesta. Ahora sí ha puesto condiciones: el joven aquel debe desprenderse de lo que tiene, antes de dar el paso para estar con Jesús.
            Concluye hoy el relato con la tristeza del joven que ha oído aquellas exigencias, y se siente incapaz de dar ese paso, porque era  muy rico. Ahí es donde puede estar el núcleo de la cuestión: en la imposibilidad de vivir la fidelidad a las llamadas de Dios cuando está uno aferrado a “sus riquezas”. Y las tales “riquezas” que, para aquel joven eran de tipo económico y material, pueden traducirse en nuestros casos concretos hacia otras “riquezas” de tipo humano: creerse superior, no admitir más verdad que la propia, pretender siempre llevar la razón, querer que lo propio sea lo mejor, no conceder al otro su parte de verdad y bondad… Riquezas del amor propio que hace sobresalir el YO por encima de cualquier otra cosa. Es bastante claro que todo eso impide esa “vida eterna” a la que teóricamente se aspira, pero que en la práctica se deja perder entre las debilidades y las pasiones.
            “Ser rico” es el gran enemigo de las llamadas de Dios y de los propios buenos deseos, que acaban quedando ineficaces por el conjunto de actitudes personales apegadas al Yo con que se vive frecuentemente, y que contradice en la práctica los aparentes buenos deseos del cristiano de a pie.

domingo, 19 de agosto de 2018

19 agosto: Comer mi cuerpo


LITURGIA:  Sabiduría de Jesús
                        Seguimos en el evangelio con el discurso del PAN DE VIDA (Jn.6,51-59). Enlaza con el domingo anterior con un versículo repetido: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, para completar la idea y el sentido profundo, afirmando que: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.
            Es lógico y natural que aquello extrañaba  y aun escandalizaba a los judíos, que se peguntan cómo puede éste dar a comer su carne. La afirmación así era poco aceptable y hubieran deseado una aclaración en el terreno que ellos pudieran comprender. Pero lejos de ello, Jesús da una vuelta de tuerca y afirma sin más que Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. Jesús se reafirmaba pero no explicaba lo que estaba queriendo decir y trasmitir con aquellas palabras. No nos puede extrañar que sus mismos discípulos se escandalizaran, como ya aparecerá más adelante.
            Para nosotros es un tema dominado, fácil de entender, como algo vital. Pero nosotros ya hemos vivido el sentido completo y entendemos perfectamente lo que Jesús dijo. Pero para aquellos oyentes que no veían más que a un Hijo de hombre, y sólo se les decía que tenían que comer su carne y beber su sangre, era algo extraño y hasta repugnante.
            Jesús no aclaró nada. Insistió: El que coma mi carne y beba mi sangre, yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. Éste es el Pan que ha bajado del cielo, no como el de vuestros padres, que comieron el maná y murieron. El que come este pan, vivirá para siempre.
            Podemos imaginar lo que aquellas gentes pensaban, y toda la extrañeza que originaban aquellas afirmaciones de Jesús. Y repito: el escándalo para los propios discípulos que no llegaban más allá que el sentido de la palabras…, y las palabras hablaban de comer la carne y beber la sangre de aquel hombre. La verdad es que necesitaban de una “sabiduría” muy nueva para poder asimilar aquello.

            Es precisamente lo que ha querido enmarcar la 1ª lectura (Prov. 9,1-6) que nos remite a la Sabiduría, que se ha construido su casa, plantando siete columnas. Para pasar al renglón siguiente a presentarnos el banquete para anunciar a todos: Venid a comer mi pan y a beber mi vino; dejad la inexperiencia y viviréis; seguid el camino de la prudencia. Nos ha adelantado –para la comprensión del evangelio-  que hay otra sabiduría que lleva a comprender el nuevo banquete. Se trata de la sabiduría de la fe, que es la que nos puede hacer que acojamos el anuncio misterioso del Evangelio que hemos tenido hoy.

            Todo eso tiene su aterrizaje práctico con la enseñanza de la 2ª lectura, en la que Pablo advierte a los efesios (5,15-20) que se fijen bien en su modo de proceder. Deben saber comprar la ocasión porque vienen días malos. Por eso, no estéis aturdidos, sino daos cuenta de lo que el Señor quiere. A eso, realmente, nos lleva el Pan de Vida, del que el hecho de participarlo, ya debe crear en el alma una distinta manera de proceder: darse cuenta de lo que el Señor quiere. He ahí el secreto de la participación en el pan de la vida.
            Advierte después sobre determinados excesos que pueden cometerse, para concluir que hay que dejarse llevar del Espíritu. Y así cantar y celebrar constantemente la Acción de Gracias (=EUCARISTÍA) a Dios Padre, por todos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

            Pidamos a Dios la sabiduría de la fe para adentrarnos en la realidad del Pan de la Vida.

-          Por la Iglesia y el Papa para que vivan permanente actitud de fe y nos trasmitan el mensaje de Jesucristo. Roguemos al Señor.

-          Por todos nosotros, los creyentes en Cristo, para que vivamos la riqueza de la Eucaristía. Roguemos al Señor.

-          Para que sembrando ahora la semilla del cuerpo y la sangre de Cristo, obtengamos vida eterna. Roguemos al Señor

-          Para que la acción redentora de Jesucristo a través de su Cuerpo y Sangre convierta las actitudes erróneas del mundo, Roguemos al Señor.

Danos, Señor, participar activamente del misterio del Cuerpo y Sangre de Jesucristo, para que te agrademos siempre con obras y pensamientos dignos de ti.
                Por Jesucristo N.S.

sábado, 18 de agosto de 2018

18 agosto: Los niños


LITURGIA
                        Hoy tenemos una 1ª lectura de Ezequiel (18,1-10.13.30-32)  que corrige pensamientos anteriores en los que había la idea de que el pecado de los padres se pagaba por los hijos y los nietos y más generaciones, lo que había conducido a la expresión de que los padres comieron agraces y los hijos sufrieron dentera. Hoy la lectura amplia está dedicada a mostrar que cada uno paga por su vida. Cuando los padres son buenos, cumplen con sus obligaciones de justicia y demás compromisos sociales, ellos quedan justificados ante Dios. Y si los hijos salen malos y pecan, ellos son lo que cargan con la culpa que cometieron. Yo os juzgaré a cada uno según sus obras, cosa que es consoladora y que incita a vivir una vida ordenada. Cuando se proceda mal, se pagará por el mal que se ha hecho.
            La conclusión de esta lectura es una invitación a convertirse, es decir, a vivir la vida de la manera que es acorde con los mandatos del Señor. Porque “convertirse” indica volverse a Dios. Quiere decir que quien ya está vuelto a Dios ya está en esa línea de “conversión”.
            Cada uno somos responsables de nosotros mismos y a cada uno nos toca ponernos en la presencia de Dios con el corazón bien abierto a él, buscando no sólo “mantenernos” como “buenas personas” sino buscando el modo de agradarlo aun en pequeños detalles.

            El evangelio es corto (Mt.19.13-15) y nos lleva una vez más a la defensa que Jesús hace de los niños, y de los que se hacen como niños. Había unos niños que se apegaban a Jesús. El niño descubre dónde está la bondad y la ternura. Los apóstoles pensaban que aquello era una  molestia para el Maestro e intentan impedirle a los niños llegar hasta Jesús. Jesús les dice a los apóstoles que no le impidan a los niños llegar hasta él, pues de ellos es el reino de los cielos.
            A Jesús le atraía la espontaneidad del niño, su mirada sin malicia, su sencillez, la inocencia de sus reacciones, sus juegos sencillos… Eso que Jesús quisiera ver también en los mayores, a los que invita a ser como niños para vivir el Reino. Es que el Reino de Dios, que parece hacerse tan difícil de entender a los mayores, en la práctica es el que vive un niño en su simplicidad para ver las cosas con una mirada virgen, con unos pensamientos limpios y unos sentimientos sin malicia.
            Cierto que hoy descubrimos al niño que llega a estar viciado por el ambiente social en el que se desenvuelve. Desgraciadamente el niño no crece en esa limpieza de ambiente en el que crecían aquellos niños a los que Jesús quería tener junto a sí.
            Al niño de hoy se le pone en las manos, desde el uso de razón, en comunicación con las tecnologías modernas y no siempre con las cautelas necesarias para que no se meta en camisa de once varas. En tiempos muy jóvenes aún se le da un televisor que maneja a su antojo y le entran imágenes de todo tipo, que no son precisamente las que facilitan su crecimiento armónico correspondiente a su edad. Y el niño crece –se suele decir-“con los colmillos retorcidos”, dejando atrás esas bondades propias de su edad, y esos juegos que le desarrollan la creatividad y la inteligencia.
            ¿Cómo va a ser igual el niño que crece ya con la consola de juegos –generalmente violentos- que el que crecía distrayéndose con un caja de cartón a guisa de “camión” que le llevaba la imaginación a mundos diferentes? ¿Cómo va a ser lo mismo el niño que “inventaba” sus juegos y eso le llevaba varias fases de su creatividad, que el que ya no tiene más que darle a una tecla para encontrarse el juego hecho?
            Pues todo eso tiene su importancia a la hora de pensar en los niños en los que encontraba Jesús una imagen del Reino, y unos modelos para las personas mayores, tan necesitadas de dejar a un lado los prejuicios, los temores, los intereses inmediatos, los recelos y hasta los rencores y rencillas… En todo eso hace falta volverse a ser como niños, como esos niños capaces de creer lo más fantástico, porque aun tienen su imaginación capaz de crear mundos extraordiarios.

viernes, 17 de agosto de 2018

17 agosto: Lo que Dios une


Liturgia:
                      Hay dos opciones en la 1ª lectura. Una es Ez.16,1-15.60.63, narración que resulta desagradable para ser leída en público, aunque tenga unas connotaciones muy bellas en su sentido profundo. Porque es la doble narración de Israel desnudo y abandonado por su pecado, chapoteando en su propia sangre, y luego mirado por Dios como una moza de juventud a la que atrae y viste y arregla con el amor que es propio de Dios, que hace con él una alianza, acordándose de la alianza que ya había hecho anteriormente. Lo que la lectura concluye es que en adelante no vuelva a abrir la boca por la vergüenza del mal hecho.

          Dado que esa lectura suena mal, se da la oportunidad de leer otro texto (16,59-63) que contiene el mismo argumento pero muy distintamente presentado. Israel menospreció a Dios con sus acciones y quebró la alianza. Pero Dios se acordará de la alianza que él hizo cuando era moza y llegaré a hacer alianza eterna. Tú te acordarás de tu conducta y te sonrojarás. Vuelve a repetirse el sentido de la vergüenza por el mal hecho. Un sentido que puede muy bien encajarse con el sentimiento que debe tener la persona que ha abandonado el camino de Dios, y que no debe quedarse tan tranquila porque se confiesa. La vergüenza debe llenar el alma, máxime cuando se es reiterativo en el fallo, y realmente no se ha alcanzado el arrepentimiento verdadero o el propósito verdadero.
          Existe el “síndrome de la confesión”… La persona se mantiene suficientemente bien durante un tiempo, pero llegado el día en que se va a hacer la confesión, se bajan todas las guardias y se cae en lo mismo que se había evitado durante un tiempo. Y es que falta el sentido auténtico de que la confesión no es una pastilla tranquilizante, ni se puede jugar con el sacramento. Y por tanto, dentro de la ventaja de una confesión frecuente, no se puede bajar la guardia porque está llegando al final ese período que se ha trazado la persona para volver al Sacramento y renovar fuerzas.

          El evangelio (Mt,19,3-12) es la cuestión que los fariseos plantean a Jesús sobre el matrimonio y el divorcio: ¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo? El planteamiento está hecho sobre la mujer por la cultura patriarcal judía. Pero lo mismo podríamos hoy plantearlo en el varón. ¿Es lícito divorciarse?, sería la pregunta. Se trata no sólo del hecho del divorcio en sí, que puede tener sus razones graves y de peso. Se trata del divorcio y nuevas nupcias.
          A lo que Jesús responde con referencias bíblicas: ¿No habéis leído que el Creador en un principio los creó hombre y mujer, y dijo: “Por eso se abandonará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne? De modo que ya no son dos sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.
          Insistieron los fariseos con la excepción que permitió Moisés de dar el libelo de repudio y divorciarse. Respondió Jesús: Por vuestra terquedad os permitió Moisés, pero al principio no fue así.
          Ahora os digo yo que si uno se divorcia (hombre o mujer) y se casa con otro, comete adulterio.
          Los discípulos replicaron que si es esa la situación de los casados, más vale no casarse. A lo que Jesús respondió con algo muy serio: No todo el mundo tiene vocación de casado. No todo el mundo sirve para casarse. Y pone el ejemplo de eunucos, a los que él llama así genéricamente, para expresar los que desde el vientre de su madre no están para casados, y los que lo hacen por propia convicción. Y esos miran al Reino de los Cielos y a unos motivos superiores. Para concluir con una afirmación que es para pararse a pensar: El que pueda con esto, que lo haga.

          Me limito ahora a una cuestión ante la que no tomo partido pero que está ahora mismo en manos de los estudiosos del tema: ¿qué debe entenderse por una unión que ha hecho Dios? ¿Ha hecho Dios una unión de hombre y mujer que no se soportan, ni se entienden, ni se quieren? ¿No será que “lo que Dios ha unido” tiene que desenvolverse en el amor verdadero de la pareja? Lo que explicaría la mayor facilidad con que la Iglesia declara nulos matrimonios que en efecto no estuvieron unidos bajo el amor de Dios

jueves, 16 de agosto de 2018

16 agosto: Perdona como perdonamos


Aunque intentaré permanecer fiel a la cita, no os extrañe que haya anomalías en los próximos días, porque me ausento de mi base habitual de operaciones.
Liturgia:
                      Como ya he expresado, la profecía de Ezequiel está llena de imágenes. No se queda en profetizar algo sino que son imágenes vivientes las que vive el profeta por encargo de Dios, y a través de esas imágenes Dios quiere enseñar a su pueblo, ese pueblo que tiene ojos pero no ve, tiene oídos pero no oye, porque son casa rebelde. Por eso Dios les muestra la realidad de otra manera más llamativa que si les hubiera explicado.
          Ez.12,1-12 es una larga narración y muy repetitiva en la que Dios quiere que el profeta salga de la ciudad pero a la vista de todos, haciendo una serie de movimientos y formas que deben levantar la curiosidad del pueblo. De hecho, después de todas aquellas maneras de huir “a la vista de todos”, la pregunta de Dios es si nadie le ha preguntado qué es lo que hacía, pues eso era lo que Dios buscaba: que la gente sintiera la curiosidad y quisiera saber qué eran todos aquellos gestos de sacar el hatillo como quien va de paso, sacarlo abriendo un boquete en el muro, sacarlo de noche…, y por otra parte sin esconderse sino -una vez más- hecho a la vista de todos.
          Y si le preguntan o si no le preguntan, lo que Dios ha querido mostrar es la salida que van a hacer todos hacia el destierro, cautivos, empezando por los príncipes.

          El evangelio (Mt.18,21-19,1) es una de las páginas más serias en las que Jesús muestra el enorme valor del perdón, que viene a ser condición que hemos de vivir si queremos ser perdonador por él.
          Y lo hace, como en las ocasiones importantes, con una parábola. El deudor de una inmensa suma de dinero que ha defraudado en el día a día a su amo. La primera providencia de éste es que vendan a la mujer y la familia del deudor y al propio deudor para resarcirse de la cantidad que le adeudaba. Representa al pecador, cuya deuda con Dios es siempre enorme por la distancia inmensa que hay entre el deudor (pecador) y Dios, el Amo y Señor con quien se tiene contraída la deuda.
          Pero el hombre se echa a los pies del dueño y le suplica y le promete, y le asegura que le pagará todo… Sabe el dueño que eso no podrá hacerlo nunca por la gran cantidad que le debe [por la distancia que hay entre el hombre y Dios]. Y en un arrebato de compasión con el subordinado, le perdona la deuda. Y deja saldada la cuenta.
          El hombre perdonado sale de allí con esa alegría y al mismo tiempo con el mal rato que ha sufrido cuando le estaban exigiendo el pago. Y con esa psicosis encima viene a toparse con otro más pobre que él, que le debía una pequeña cantidad. [Las “deudas de los hombres entre sí]. Y lejos de continuar la cadena de perdón, lo agarra por el cuello y casi lo estrangula, exigiéndole que pagara lo que le debía. El otro se echa a sus pies y repite la misma escena que el anterior, suplicándole paciencia para que pueda pagarle. Pero el perdonado no tiene compasión y manda al otro a la cárcel hasta que pague.
          Los que vieron la escena quedaron consternados y se lo comentaron al amo, que llamó al ingrato y le dijo: Yo te perdoné una deuda tan superior y ¿tú no has podido perdonar la deuda a tu compañero? Pues ahora tú tienes que pagar toda tu deuda, para que aprendas a ser generoso con los demás.
          La lección está dada. Podemos pedir perdón pero necesitamos al mismo tiempo perdonar. Lo que concluye es muy serio y no fácil de entender completamente: Así hará con vosotros vuestro Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.
          ¿Significaría que el perdón otorgado por Dios se vuelve atrás? Es difícil de comprenderlo así. Pero sí es comprensible que sería mucha desfachatez ir a pedirle perdón a Dios mientras uno no es capaz de perdonar.
          Y no es un caso raro el que se presenta diciendo que “no puede perdonar” a alguien, a quien incluso odia o le tiene rencor, y no está el penitente dispuesto a solucionar el caso o a poner vías de solución. La verdad es que aquí entra de lleno la parábola en cuestión, y que hay que plantearla al que así siente que rezar el Padrenuestro está ya exigiendo perdonar y que ese perdón que pedimos a Dios tiene que ser porque nosotros ya hemos perdonado. De lo contrario se está cometiendo una petición injusta porque malamente puede acercarse a Dios a pedirle perdón quien no está dispuesto a perdonar o a poner los medios para irse acercando al perdón.

miércoles, 15 de agosto de 2018

15 agosto: Las mil Vírgenes


Liturgia: Asunción de María
                      El día que Pio XII proclamó el dogma de la Asunción de María, expresó su pensamiento de que una realidad así debía servir para que la humanidad mirara hacia arriba en vez de perderse en las realidades de la tierra. María, subiendo por el poder de Dios, nos levanta a nosotros la mirada para mirar al cielo, donde queda colocada María a la derecha de Jesús en lo más alto del Cielo.
          Naturalmente la Escritura no hace referencia directa  a ese hecho, pero habremos de ir interpretando el contenido de las lecturas para situar el hecho imponente de una criatura que ya ha subido al Cielo en cuerpo y alma, y que –junto a la ascensión de Jesús- nos es garantía de nuestra propia subida junto a Cristo, el día que abandonemos esta vida.

          La 1ª lectura es el texto primordial del Apocalipsis para mostrarnos el triunfo de Maria (11,19; 12,1-6.10). Empieza mostrando el Arca de la Alianza, y aquí tiene una aplicación directa a la Virgen que llevó en su seno a Dios, y por tanto es la nueva arca de la alianza, y ¡con qué verdad y realidad tan grande! María no sólo contuvo en su seno unas imágenes representativas de Dios sino que llevó a Jesús mismo, el Hijo de Dios vivo. Y se presenta con nubes, tormentas y terremoto, que son signos de potencia fuera de las posibilidades humanas y que, por tanto, muestra la grandeza de Dios.
          En ese marco, se narra la presencia de LA MUJER, figura portentosa en el cielo: vestida de sol, la luna por pedestal, coronda con doce estrellas. El sol le sirve de manto, la luna de apoyo de sus pies, y las estrellas orlan su cabeza a modo de corona. Una manera de presentarnos lo sobrenatural, lo elevado de María.
          Hay una lucha entre el dragón o serpiente infernal y María, a la que acude Dios y la defiende para que la baba del mal no pueda tocarle. Y se oye una gran voz que proclama que ya llega la victoria, el poder y el reino de nuestro Dios, y el mando de su Mesías. La MUJER ha triunfado y ha dado a luz un varón que lleva en su cintura el bastón de mando real para regir a los pueblos. Y la MUJER puede huir al desierto donde es protegida por Dios frente a la serpiente.
          El triunfo de María apunta hacia el que es definitivo, y por tanto a su asunción a los cielos, donde no podrá jamás ser inficionada por el mal.

          San Pablo lo traducirá en 1Co.15,20-26 como unión a la resurrección de Jesucristo, porque él ha resucitado y los demás resucitaremos, cada uno por su orden. Primero Cristo, luego, los cristianos. Pero en ese orden de la resurrección de los muertos, va a ocupar un lugar preeminente María


El Evangelio será ya el canto triunfal de María (Lc.1,39-56) que eleva a Dios su agradecimiento humilde por la maravilla que él ha hecho en ella, Ella era una mujer del pueblo. Dios la predestinó a ser la Madre del Hijo de Dios. Y concibiéndolo en sus entrañas, acabó siendo Madre del mismo Dios. Por eso proclama mi alma la grandeza del Señor y se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la pequeñez de su esclava. Es la admiración de María. Ella se ve y se siente esclava, casi ni persona… Pero Dios se ha dignado abajar sus ojos hacia ella y levantarla y encumbrarla sobre todas las mujeres de la tierra. Es el gusto de Dios por lo pequeño, por lo humilde, por lo que se siente nada…, pero Dios levanta al pobre y lo enriquece.
Por todo lo cual Dios hace proezas con su brazo y ha realizado en María el gran acontecimiento de la asunción a los cielos, completando así, en lo más sublime. La importancia de aquella sencilla MUJER, que llena todas las  esperanzas señaladas en el inicio de la Historia, cuando Dios prometió una NUEVA MUJER, alejada de toda infección del pecado y del egoísmo humano, para constituir un Corazón abierto a la grandeza del bien y, por tanto, abocada a un triunfo inmediato de su persona, elevada sobre las demás criaturas, y sentada a la derecha de su Hijo en lo más alto del Cielo.

martes, 14 de agosto de 2018

14 agosto: El más importante


Liturgia:

Sigue la profecía de Ezequiel. (2,8 a 3,4). Hoy es un pasaje que tiene un paralelismo casi total con otro del Apocalipsis. A Ezequiel se le hace comer un librito que contiene ayes, lamentos y elegías. Abre la boca el profeta y le dan a comer aquel librito, que dice Ezequiel que le supo dulce al paladar.
En el Apocalipsis también le sabe dulce al paladar pero le entra amargo y con ardor de fuego en el estómago. Quizás indicando que la vida cristiana lleva un componente amargo de cruz y sacrificio. Aquí en Ezequiel no se dice eso. Lo que recibe el profeta es el mandato de ir a anunciar al pueblo las palabras de ese libro y queda en la boca ese dulzor de la Palabra de Dios que toca trasmitir.

El SALMO (118) recoge el buen sabor de la palabra y preceptos del Señor: ¡Qué dulce es al paladar tu promesa!, es lo que nos recoge el “coro” que comenta poéticamente el contenido de la lectura. Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata, Qué dulce al paladar tu promesa, más que miel en la boca.

En el evangelio (Mt.18,1-5.10.12-14) los discípulos se le acercan a Jesús para preguntarle cuál es el más importante en el Reino de los cielos. Era una obsesión constante de los apóstoles, de una u otra manera, porque en el fondo era el punto de mira al que tendían.
Jesús opta por la parábola en acción. No una simple respuesta de quién es el más importante, porque está visto que aquellos hombre no se enteran, sino llamar a un niño, ponerlo en medio, y decirles: os digo de verdad que si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Esa es la importancia que busca Jesús. La de la sencillez, la ausencia de malicia, la inocencia, la candidez…, del niño. Por tanto el que se haga pequeño como este niño, es el más grande en el Reino de los cielos.
        Quiere Jesús dejar claro cuál es lo importante en el nuevo reino. No lo que sobresale sobre los demás, no el situarse delante de los otros, ser más y llevar más razón, sino proceder con la bondad de un niño y con esa simplicidad del niño.
        De donde la acogida de los demás como se acoge a un niño, es la pauta. Añade Jesús una nota particular: acoger en mi nombre. Y advierte el cuidado que se ha de tener con los niños, porque sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial.
        Ahora hay un aparente salto a otra realidad: el cuidado del pastor sobre sus ovejas. Y lo hace en forma de pregunta para crear más atención en sus apóstoles: ¿Qué os parece? Suponed que un pastor tiene cien ovejas y se le pierde una. ¿No deja las noventa y nueve y va en busca de la perdida? La respuesta que se espera es naturalmente la de estar de acuerdo con el planteamiento que acaba de hacer. Es natural que el pastor deja a buen recaudo a esas noventa y nueve y pone ahora todo su interés en encontrar  y recuperar la que se le ha perdido.
        Y cuando la encuentra, toda su alegría está en haberla encontrado. Las otras ya estaban seguras. Encontrar la perdida provoca la alegría. Lo que nos trasmite el sentimiento de Dios ante cada pecador que se arrepiente y vuelve: cusa una inmensa alegría en el corazón de Dios.
        Y expresamente lo concreta en la alegría del corazón de Dios por el pequeñuelo que es recuperado después que se ha perdido. Dios no quiere que se pierda ni uno solo de los “menos importantes”, por la sencilla razón de que para Dios no cuentan esas diferencias de grandes y pequeños. Lo que él quiere y desea es que todos estén en el redil.


        Al comenzar este año la Cuaresma se hizo un cambio en la expresión de la consagración del cáliz, expresando el ofrecimiento de Jesucristo por muchos, sustituyendo al “por todos los hombres”. Un cambio poco inteligible, por cuanto que la redención de Jesucristo es universal y se dirige a todos  y no excluye a nadie.
        Se dio la explicación correspondiente en su momento y la verdad es que lo que se venía a decir era simplemente que  Jesús usó el “muchos”, pero que el “muchos” eran “todos”. Lo que significa que ha sido un cambio que sólo afecta a la palabra pero no al objeto. Jesucristo dio su vida en rescate por muchos, pero los muchos es la humanidad entera.
Luego queda la otra parte y es que el mundo se ha situado tan contra Dios y tan contra su propia salvación, que la intención de Jesús para que todo el mundo se salve y llegue al conocimiento de la verdad, se queda reducido a un “muchos” que no abarca a todos porque esos “todos” se han situado al margen de la salvación que Jesucristo ha venido a traernos. Jesús sigue ofertando continuamente la salvación a “todos”, y queda a la libertad de esos todos el acoger los frutos de la redención.

lunes, 13 de agosto de 2018

13 agosto: Morirá y resucitará


Liturgia:
                      Me declaro incapaz de comentar toda la larga lectura de Ezequiel (1,2-5.24 a 2,1) porque es toda una profecía simbólica que bien me gustaría dominar, pero que considero poco serio que yo intente ahora interpretar debidamente. Es una narración de una belleza extrema con imágenes y presentaciones muy orientales para expresar lo inexpresable de la venida de Dios sobre las nubes del Cielo, y que desemboca finalmente en una profecía mesiánica cuando el que aparece es Una figura como de hombre, nimbado de resplandor. También puede ser que como Dios no tiene figura, el profeta reciba una especie de visión de apariencia humana para expresar de alguna manera inteligible la presencia del mismo Dios.  Para acabar en lo que sería la explicación y la síntesis de toda la visión, que es la apariencia visible de la gloria del Señor. Y como corresponde a la presencia de lo divino, el profeta cae rostro en tierra al contemplarla. Es el terror a lo divino y al mismo tiempo la adoración profunda.

          El SALMO (148) vendrá a cantar esa maravilla: llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. Por tanto, alabad al Señor en el Cielo, en lo alto, todos sus ángeles, todos sus ejércitos. [Se ve claramente el estilo de frases paralelas: “en el cielo”-en lo alto; sus ángeles=sus ejércitos].
          Deben adorarlo todos los reyes y pueblos del orbe=príncipes y jefes del mundo; los jóvenes, las doncellas, los viejos y los niños. Adoren el nombre del Señor, único nombre sublime, su Majestad sobre el cielo y la tierra.
          Dios, por su parte, aumenta el valor de su pueblo y hace digno de alabanza a Israel, su pueblo escogido.

          Nuevo anuncio de la pasión en Mt.17,21-26, que hace Jesús a sus apóstoles mientras recorrían el mar de Galilea: Al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres y lo matarán, pero resucitará al tercer día.
          El anuncio no es nuevo. Los apóstoles se olvidarían de esos anuncios en la medida en que veían a Jesús triunfando sobre la enfermedad, las posesiones diabólicas, e incluso sobre las olas y los vientos. Por eso Jesús recuerda de vez en cuando la realidad que se avecina. Y eso puso muy tristes a los Doce, que se encontraban ante un pensamiento repetido del Maestro. Pero nadie se atreve a intervenir, después de la experiencia con Simón Pedro, el alabado primero y rechazado después porque se permitió intentar apartar al Maestro de aquella idea.
          Cuando llegaron a Cafarnaúm, se presentan los cobradores de los impuestos de las dos dracmas. Era un impuesto del templo y se hacía en honor de Dios. Venía de tiempos muy antiguos y luego se dejó. Pero se había restaurado la costumbre, y comenzaba a cobrarse 15 días antes de la Pascua y durante un tiempo después.
Los cobradores se dirigieron a Pedro para preguntarle si el Maestro pagaba el impuesto o no. Pedro contestó que sí, porque no era la primera vez y ya sabía que Jesús era fiel en dar al templo lo que debía contribuir a la realización de los cultos en honor de Dios.
          Otra cosa es que no tenían para pagar. Y Jesús aprovecha una situación “casual”, providencial, y en el fondo misteriosa, por la que dice a Simón Pedro que se vaya a pescar y en el primer pez que pique encontrará en su boca un estater o moneda de plata con el doble valor del impuesto. Lo tomas y pagas por ti y por mí.
          No deja de ser un tema curioso y poco normal, que Jesús realice un hecho casi milagroso a favor propio. Pero tiene su relación con la pregunta que ha hecho Jesús anteriormente a Pedro, de si los reyes del mundo cobran impuestos a los hijos o a los extraños. Es evidente que a los extraños. Por eso Jesús, que es Hijo del Padre, del Dios del templo, no tiene que pagar. Pero para no crear discusión ni escandalizar a los cobradores de las dos dracmas, prefiere recurrir al milagro y pagar así.

domingo, 12 de agosto de 2018

12 agosto: Yo soy el Pan de Vida


Liturgia: Domingo 19-B del T.O.
                      Elías ha vivido una emocionante presencia de Dios cuando la discusión con los profetas de Baal, a los que ha ganado la partida porque a la hora de la verdad quien ha salido triunfador ha sido el Dios de Israel.
          Pero consecuencia de ello ha quedado amenazado de muerte por la comunidad de los profetas de Baal, y Elías entra en una fuerte depresión (1Re.19,4-8) y se lanza al desierto una jornada de camino, echándose a la sombra de una retama y deseándose la muerte, diciendo: basta ya, Señor: quítame la vida, pues yo no valgo más que mis padres. Y en su depresión, se acostó y se quedó dormido.
          De pronto un ángel del Señor le tocó y le dijo: Levántate, come. Y Elías se encuentra de nuevo de cara con Dios, que le ha preparado un pan cocido en las brasas y una jarra de agua. Elías se levanta, come, bebe y se echa de nuevo en tierra, Pero el ángel del Señor le toca por segunda vez, diciendo: Levántate, come, que el camino es superior a tus fuerzas.
          Se puso en camino Elías con la fuerza de aquel alimento y caminó 40 días por el desierto hasta el monte de Dios.

          Esta lectura está preparando el terreno para acoger el evangelio (Jn.6,41-52) en el que Jesús habla del PAN DE LA VIDA. Criticaban los judíos que Jesús hubiera dicho que yo soy el pan bajado del cielo porque lo conocían y sabían que era el hijo de José, y conocían a su madre, a sus parientes…, como había sido tantos años reconocido y tratado. ¿Cómo dice ahora que ha bajado del Cielo?
          Jesús les conmina: No critiquéis. Y advierte que conocerlo a él va más allá de los conocimientos humanos. Necesitan de la iluminación de Dios. Porque nadie puede venir a mí si el Padre no lo trae; el Padre es el que me ha enviado. Es una nueva procedencia, algo que está más allá de lo que conocéis con conocimientos humanos. Todo el que escucha lo que dice el Padre, y aprende, viene a mí. Os lo aseguro: el que cree, tiene vida eterna. Estamos, pues, en otra dimensión de los conocimientos naturales. Hay que entrar en el camino de la fe para poder tener la otra visión. Y en esa otra visión, Yo soy el Pan de la Vida. Vuestros padres comieron del mana y murieron; éste es el pan bajado del cielo para que el hombre coma y no muera. Queda claro que estamos en otro lenguaje, y que Jesús ha dado el salto a otra dimensión.
          Lo que se hace mucho más llamativo cuando Jesús afirma que el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo. Enlaza con la 1ª lectura en ese nuevo alimento que da fuerzas para recorrer el desierto de la vida. Elías recorrió su desierto y cada creyente en Cristo, PAN DE VIDA, ha de recorrer su propio desierto con la fuerza de la EUCARISTÍA. A eso es a lo que nos ha llevado la liturgia de hoy.

          Al lado de esa realidad del alimento espiritual y de la presencia de Cristo en la vida del creyente, la 2ª lectura (Ef.4,30 a 5,2) nos concreta actitudes propias del que cree en Cristo: No pongáis triste al Espíritu Santo. Dios os ha marcado con él para el día de vuestra liberación final. Consecuencia, pues, de esa presencia permanente de Dios en nosotros, que es el Espíritu Santo, desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda clase de maldad. Eso, es lo que hay que dejar. Pero hay una tarea creativa por delante: sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos. ¿No es poner el listón tan alto que se hace inasequible? ¿Cómo imitar a Dios si a Dios nadie le ha visto?
          Pues tiene su respuesta a continuación: vivid en el amor. El que vive en el amor, ya imita a Dios, que Dios es amor. y un amor que se manifiesta en el amor de Cristo, que se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave olor. Ese es el amor que hay que imitar. Lo tenemos vivido y manifestado por Cristo, que nos exhorta a vivir en esa línea de amor y sacrificio o de amor sacrificado. Lo más parecido en la tierra al amor de una madre, que es amor que da de sí misma la vida, la sangre, el tiempo, la dedicación, el cuidado, el mimo y todo lo que da de sí amar más que a uno mismo. Es lo que Pablo ha expresado en ese: vivid en el amor.


          Danos, Señor, el saber pedirte para ser por ti escuchados.

-         Que la Iglesia viva la fe en Cristo, atraída por la mano del Padre: Roguemos al Señor.

-         Que seamos “discípulos de Dios”, que escuchamos su palabra y aprendemos, Roguemos al Señor.

-         Que más aún, seamos “imitadores de Dios” viviendo en el amor, Roguemos al Señor.

-         Que demos valor y respuesta a nuestra participación del Pan de la Vida, Roguemos al Señor.

Señor Dios nuestro: danos tu  gracia para recorrer el desierto de cada día, en el que sin tu alimento, no podremos sobrellevar.
          Por Jesucristo N. S.

sábado, 11 de agosto de 2018

11 agosto: La paciencia de Dios


Liturgia:
                      Los profetas menores tienen mucha más dificultad de explicación porque son escritos más sintéticos que en poco espacio quieren decir mucho. Hoy toca Habacuc (1,12 a 2.4) y presenta el profeta el problema de que los malos salen ganando. ¿Cómo puede Dios, que es mi santo Dios que no muere, dejar que esas cosas ocurran? Tus ojos son demasiado puros para mirar el mal y no puedes contemplar la opresión. ¿Por qué contemplas en silencio a los bandidos, cuando el malvado devora al inocente?
          El problema siempre antiguo, siempre interrogante del mal que triunfa. Y la respuesta de Dios: La visión espera su momento, se acercará su término y no fallará; si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse. El tema de la paciencia de Dios. Del Dios que no actúa por impulsos. El Dios que deja siempre tiempo a la conversión. El Dios que siempre espera, pero que ha de llegar con su solución en su momento. Aquello de que “para Dios mil años son como un día y mil días como un año”: Dios no tiene el reloj y el calendario de los hombres. Dios tiene su tiempo (=kairós) y esos tiempos de Dios no podemos medirlos nosotros. Dios actuará, aunque no cuando nosotros lo quisiéramos y con la rapidez y el modo que quisiéramos. Donde menos se espera, surgen soluciones al problema.
          Hace unos días comentaba yo el texto de la mujer cananea como un descubrimiento progresivo del propio Jesús de su misión más completa. A alguien le puede extrañar que Jesús tuviera que ir descubriendo y no se las supiera todas de momento. Hablamos de la experiencia del Jesús hombre, que sí iba encontrando nuevos caminos para responder a la voluntad de Dios. A propósito, creo ser de mucho interés la reflexión del Papa Francisco en su Exhortación GAUDETE ET EXULTATE (=Alegraos y regocijaos), a propósito del proceso de discernimiento que necesitamos tener todos en nuestra vida y en nuestro crecer diario. Copio el texto:
171.-Sin embargo, podría ocurrir que en la misma oración evitemos dejarnos confrontar por la libertad del Espíritu, que actúa como quiere. Hay que recordar que el discernimiento orante requiere partir de una disposición a escuchar: al Señor, a los demás, a la realidad misma que siempre nos desafía de maneras nuevas. Solo quien está dispuesto a escuchar tiene la libertad para renunciar a su propio punto de vista parcial o insuficiente, a sus costumbres, a sus esquemas. Así está realmente disponible para acoger un llamado que rompe sus seguridades pero que lo lleva a una vida mejor, porque no basta que todo vaya bien, que todo esté tranquilo. Dios puede estar ofreciendo algo más, y en nuestra distracción cómoda no lo reconocemos.
172.Tal actitud de escucha implica, por cierto, obediencia al Evangelio como último criterio, pero también al Magisterio que lo custodia, intentando encontrar en el tesoro de la Iglesia lo que sea más fecundo para el hoy de la salvación. No se trata de aplicar recetas o de repetir el pasado, ya que las mismas soluciones no son válidas en toda circunstancia y lo que era útil en un contexto puede no serlo en otro. El discernimiento de espíritus nos libera de la rigidez, que no tiene lugar ante el perenne hoy del Resucitado. Únicamente el Espíritu sabe penetrar en los pliegues más oscuros de la realidad y tener en cuenta todos sus matices, para que emerja con otra luz la novedad del Evangelio.
Habrá que leerlo más de una vez y habrá que irlo sabiendo leer para que nos deje la gran riqueza de contenido que encierran esas reflexiones. Pero hagámoslo con mirada hacia dentro y veremos que nos es útil para poder comprender más de “un misterio” de la acción de Dios, y su “lenguaje” a través de la oración, de las cosas, de las personas, de las situaciones, de las circunstancia, del Magisterio y de la Sagrada Escritura. De todo eso habla ahí el Papa, enseñándonos a descubrir la paciencia de Dios y los secretos ocultos tras las cosas.

El evangelio de Mt.17,14-19 sucede al bajar Jesús de la transfiguración. En el Tabor había habido luces y brillos. En el llano esperaba la pobreza humana. Y es aquel muchacho de los ataques epilépticos, para quien su padre se hinca de hinojos ante Jesús para rogarle por la salud de aquel pobre niño, que padece tanto y que ya ha estado a punto de perecer por caerse junto al fuego o junto al agua.
Jesús increpó al demonio y salió, y desde ese momento quedó curado el paciente. Es curioso que lo que el propio texto expresa como enfermedad clara, quede luego en que Jesús “expulsó al demonio” Debe ser un modo de expresar que el mal nunca viene de Dios, y que la fuerza de Dios libera tanto del demonio, fuente del mal, como de la enfermedad.
Los apóstoles no habían podido sanar al chico, y se extrañan. Jesús les hace caer en la cuenta de que el tema no está en el poder que se puede ejercer desde fuera sino en la fe con que se actúa. Porque la fe, aun siendo pequeña como un grano de mostaza, hace milagros. En efecto da otra lectura de los hechos. Como ha dicho Habacuc y como indica el Papa.

viernes, 10 de agosto de 2018

10 agosto: Dar generosamente


Liturgia:  San Lorenzo
                       Es una liturgia que va dedicada a la generosidad, reproduciendo en palabras de la Escritura la actitud del mártir San Lorenzo, diácono de la Iglesia de Roma del siglo III, martirizado por Valeriano.
          Como diácono, su misión era servir, ejercer su diaconía en el servicio de los hermanos, y San Lorenzo lo ejercitó ampliamente. Es el tema que recoge la 1ª lectura 2Cor.9,6-10: Hermanos, el que siembra tacañamente, tacañamente cosechará y el que siembra generosamente, generosamente cosechará.
          La conclusión de Pablo no es la que caería de su peso: recibiremos de acuerdo con lo que hemos dado, que muchas veces se presta al escrúpulo o al masoquismo. Pero Pablo lo concluye en positivo, exhortando: Cada uno de cómo haya decidido en conciencia, no a disgusto ni por compromiso, porque al que ama de buena gana lo ama el Señor.
          ¡Qué ley más práctica para forma la conciencia y eliminar angustias! Tengo que soportar con frecuencia constante la llamada de una persona atormentada que nunca tiene algo de importancia, ni de contenido moral, pero que nunca está tranquila y quiere que sea el sacerdote el que asuma la responsabilidad del sí o del no de sus mínimas cuitas. La ley que da Pablo sería la gran solución: que dé de buena gana lo que puede dar, y que se deje de preocupaciones de cuatro detalles nimios que le agobian constantemente.
          Continúa Pablo: Tiene Dios poder para colmaros de toda clase de favores, de modo que teniendo lo suficiente, os sobre para obras de caridad. Como dice la Escritura: Reparte limosna a los pobres, su caridad es constante, sin falta. El que proporciona semilla para sembrar y pan para comer, os proporcionará y aumentará la semilla y multiplicará la cosecha de vuestra caridad.
          Queda claro el pensamiento litúrgico en esta fiesta de San Lorenzo.
          Pero si ya he hecho antes una disquisición en el sentido de la conciencia angustiada, ahora me iría por otro problema que se multiplica cada vez más: el de la ansiedad de muchas personas, y muchos jóvenes entre ellos, que compran sin control y cosas que no las usan ni la primera vez. Es el síndrome del vacío. Unas veces humano, otras afectivo, otras de pura ansiedad, que no saben rellenar de otra manera que comprando sin control. También Pablo les ha dado su receta. Y ya les sería una manera de ir dominando ese impulso comprador si se plantearan el tema de las muchas personas que podían ayudarse con el gasto inútil que ellas hacen.

          Claro: lo que pasa es que según Jesús (Jn.12,24-26) el grano de trigo tiene que caer en la tierra y morir para llevar mucho fruto. Y si no cae en tierra, queda infecundo, pero si muere da mucho fruto. Y morir no le gusta a nadie. Todos querríamos tener los frutos a la mano sin haber enterrado nuestro grano de trigo. San Lorenzo enterró su vida y –según la tradición- muriendo a fuego.
          Continúan las palabras de Jesús: el que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece [el que no se ama menos] a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. Y la vida eterna comienza aquí, se va fraguando aquí, también a “fuego lento”, que es como dicen los entendidos que se hacen mejor los manjares.
          En las dos anécdotas que he comentado,  hay un camino marcado por Jesús para hallar esa “vida eterna”. Jesús habla de “amarse menos a uno mismo”, estar menos pendiente de uno mismo…, perder vida egoísta o egocéntrica y abrirse a mundos que esta ahí fuera reclamando una mirada de servicio, de oración por las grandes cosas de la Iglesia y del mundo y tendremos que decir nosotros –en este momento- que en España.
          Finaliza el evangelio con palabras de oro de Jesús: El que quiera servirme, que me siga y donde yo esté, estará también mi servidor, y a quien me sirva, mi Padre lo premiará.
          Vaya una tercera anécdota: los correos rastreadores, esos que te amenazan si no reenvías a tus contactos alguna calamidad, algún niño enfermo o madre que no puede costear algún tratamiento, o si te avergüenzas de no compartir un mensaje religioso, Jesús se avergonzará de ti, son trampas que nos tienden para averiguar contactos a los que luego enviar sus promotores nuevos correos, e incluso virus. La gente buena cae en la trampa y nos ponen a los demás en el foco de atención de esos desalmados que venden nuestras direcciones a empresas que nos meten sus propagandas o sus suciedades.

jueves, 9 de agosto de 2018

9 agosto: Bienaventurado Simón


Liturgia:
                      Otra bella página de Jeremías: 31,31-34. Llegan días en que haré una alianza nueva, no como la que hice con vuestros padres y fallaron.
          La historia de Dios con su pueblo encierra varias alianzas, que el pueblo fue violando una tras otra, y así no mantuvo la confianza con Dios.
          La alianza que yo haré ahora con la casa de Jacob la meteré en su pecho y la escribiré en sus corazones: yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Y no tendrá que enseñar uno a su hermano, porque desde el pequeño al grande conocerán que perdono sus pecados.
          Un anuncio de la ALIANZA NUEVA Y ETERNA que tiene su realización en Cristo en el Nuevo Testamento, que ya no dependerá de lo que hagan los hombres porque recibirán el regalo del mismo Dios.

          La súplica de parte del hombre es que Dios haga en mí un corazón puro (SALMO 50)

          El evangelio que recoge la liturgia (Mt.16,13-23) nos vuelve a lo ocurrido 6 días antes de la transfiguración, y que originó aquella manifestación sublime en el Monte alto, el Tabor.
          Jesús se había dirigido a sus apóstoles para preguntarles. Quién dicen los hombres que soy yo. Y los apóstoles responden según que han oído, siempre identificándolo con algún personaje central del Antiguo Testamento. Por tanto, dentro de un ámbito religioso.
          Pregunta Jesús a ellos personalmente, quién decís vosotros que soy Yo? Y Pedro se adelanta Para confesarlo El Hijo de Dios vivo, a lo que Jesús responde con un reconocimiento de aquella respuesta porque eso que Pedro ha dicho no puede venir de lo que ve con sus ojos sino de la revelación que le ha hecho Dios.
          Y apoyándose en esa bendición de Dios, Jesús declara a Pedro Piedra de su futura Iglesia, y lo que tú hagas en la tierra como tal PIEDRA quedará avalado en el Cielo. Ha declarado Jesús el primado de Pedro sobre los demás, que quedarán incorporados a esa Iglesia bajo el cayado de Pedro.
          Hasta aquí. Miel sobre hojuelas. Pero viene ahora el complemento de todo ello, y que Jesús manifiesta como la persecución que va a padecer a manos de los sacerdotes y de las autoridades de Jerusalén, que lo van a ejecutar. Aunque al tercer día resucitará.
          Yo pienso siempre que se ofuscó Pedro de tal manera ante el anuncio de Jesús que ya no escuchó lo de la resurrección. O lo escuchó pero quedaba tapado por el primer anuncio del padecer. El hecho es que sale a relucir el mero Simón Pedro, el que no está bendecido por la promesa del Padre, y trató de quitarle de la cabeza a Jesús lo que había dicho que le iba a suceder. Increpó a Jesús: Eso no puede pasarte; ¡no lo permita Dios!
          Y ahora Jesús, vuelto hacia los apóstoles, recriminó a Simón y le llamó Satanás, porque se hace tentación para Jesús.