viernes, 9 de octubre de 2015
Hablando de la Gracia
De ANA CIUDAD
Concédenos, Señor, a nosotros tu "gracia", le pedimos en nuestras oraciones.
LA GRACIA. Y ahí voy a entrar.¿Conocemos o sabemos qué es la Gracia? Ante la imposibilidad de hacerlo en un día, lo haremos en varios, para no cansar.Si como sugiere el padre algunos quieren preguntar, pueden hacerlo.
La palabra gracia tiene diversas acepciones o significados.Puede significar "encanto".Tiene gracia para bailar ; o bien "benevolencia" cuando decimos :es gracia que deseo alcanzar de Ud ;También puede significar "agradecimiento" cuando damos las gracias por cualquier favor recibido
Pero la palabra "GRACIA" ( que es el tema nos interesa) en teología , tiene un significado muy estricto y definido.Antes que nada la "gracia" es un don de Dios.No cualquier don, sino uno muy especial.
La vida misma es un don de Dios.
Dios no estaba obligado a crear a la humanidad ni mucho menos a ti ni a mí como individuos.Todo lo que acompaña a la vida es un don de Dios :el poder ver, hablar, la salud, los talentos,caminar, cocinar ,dibujar etc, todo -absolutamente todo- es don de Dios.
Pero a estos dones los llamamos " naturales", forman parte de nuestra naturaleza humana. Hay ciertas cualidades que acompañan necesariamente a una criatura humana tal como la designó Dios y propiamente no puede llamarse "gracia ".
Continuará..
9 octubre: La derrota del demonio
UNA OFERTA del blog
La experiencia pastoral de años, no sólo en lo personal
sino en las mismas directrices a niveles más amplios, es que estamos partiendo frecuentemente
de una idea que ya no responde a la realidad general; estamos hablando en
lenguaje espiritual a una sociedad e incluso a unos grupos cristianos que ya no
vienen de unas bases formadas en los fundamentos primarios del CATECISMO.
Hablamos de realidades que constituyen “el techo” de nuestra
fe, y nos desenvolvemos en alturas gozosas de espiritualidad. Y el tema que se
me ha venido tantas veces a la mente es si no estaremos construyendo el techo
sin tener ya manejados los pilares del edificio. Unas en aspectos menos
doctrinales, como puede ser saber llamar a cada elemento litúrgico por su
nombre (alba, cíngulo, custodia, dalmática, genuflexión, palia, patena…, etc.),
y otras en aspectos básicos de aquellos conceptos esenciales sobre los que estamos
hablando frecuentemente, pero con cierta carencia de base de lo que estamos
hablando: la Gracia, la fe, los Sacramentos, los diez mandamientos…, más allá
del sentido popular, enraizándolos con las enseñanzas de la Iglesia a través
del CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA.
El blog va a intentar colaborar con sus lectores a ahondar
en este aspecto. Para ello contamos con Ana Ciudad, Catequista de muchos años y
varias generaciones, que –en sus COMENTARIOS- irá tocando estos puntos. Siempre
abiertos a los otros comentarios, a las preguntas que pueden hacerse a
propósito de…, y con el deseo de prestar un servicio a nuestros lectores.
Vosotros tendréis la palabra para que esta sección progrese.
Liturgia
Creo que Joel y Baruc son dos profetas de muy distinto signo. Baruc nos
abrió el alma con una visión optimista y esperanzadora. Joel acentúa el mundo
negro de los creyentes que no viven su fe, empezando por los pastores: ya no hay profeta ni sacerdote, ofrenda y
libación (1, 13-15. 2, 1-2). Hay que proclamar un ayuno (una actitud
penitente) para poder salir delante de la situación: ¡Ay de este día! Que está cerca el día del Señor, como azote del Dios
de las montañas! Día de oscuridad y tinieblas, de nube y nubarrón, como negrura
extendida sobre los montes…
Me he puesto delante a Jesús cuando leyera a uno y otro
profeta. Y admitiendo que su alma se inclinaría por la esperanza de Baruc, no
puedo negar que el mismo Jesús tuvo que recurrir a las profecías apocalípticas
de la destrucción de Jerusalén. Y es que la verdad de la vida se va
confeccionando de las dos realidades. Una viene sintetizada en la Pasión y
muerte de Jesús, consecuencia de ese mal y esas pasiones que hay en la vida
real. Y la otra parte está iluminada por la Resurrección, ahí donde queda
patente la victoria de Dios. De una parte el demonio consiguió poner en los
jefes el odio contra Jesús, y pensó haber ganado así la partida a su gran
enemigo Jesús. Y sin embargo aquel
momento de la Redención constituyó el supremo fracaso del mal, porque la
primera gota de la Sangre redentora fue suficiente para derrotar el poder
diabólico.
El evangelio (Lc 11, 15-26) pone de manifiesto esas dos
realidades. Jesús domina al demonio y lo expulsa. Algunos dijeron: Si echa los demonios es por arte de Belzebú,
el príncipe de los demonios. La cosa no podía ser más absurda, pero es el
estilo del mal: intentar volver los argumentos contra la misma evidencia, y así
influir en un pueblo que no piensa, que se deja embaucar e influir.
Jesús sale al paso para poner de manifiesto lo absurdo de
ese juicio que han lanzado algunos. Y explica que lo único que puede echar al
demonio es el poder de Dios, el dedo de Dios. Y si aquel demonio ha tenido
que salir del hombre es porque en Jesús está esa fuerza de Dios. Y si el
demonio es vencido, ha llegado a vosotros
el Reino de Dios.
Lo que deja perplejo es el final: derrotado y despechado el
demonio, se busca a 7 espíritus peores que él y vuelve a la carga y se
establece de nuevo. Precisamente aquí veo lo que he explicado antes: el demonio
no ceja, no quiere perder posiciones. Ha salido del hombre y ya no puede volver
a él. ¿Cómo ganar la guerra ya que perdió una batalla? Atacando más
endemoniadamente al que le expulsó. Atacando al propio Jesús. Y entonces el
final parece peor…, pero en la aparente victoria del demonio en la muerte de
Jesús, encuentra su definitivo fracaso. La muerte, el demonio, la esclavitud,
han sido vencidas en la victoria de Jesucristo.
jueves, 8 de octubre de 2015
ZENIT 8 oct.: Alegría en la ley del Señor
, (ZENIT.org)
Dios no abandona nunca a los justos, mientras quienes siembran el mal
son como los desconocidos, de ellos el cielo no recuerda su nombre. Así lo
recordó este jueves el santo padre Francisco durante la homilía de la misa
celebrada en Santa Marta.Una madre coraje, marido, tres hijos, menos de 40 años y un tumor “de esos feos” que te deja en la cama. ¿Por qué? Un mujer anciana, persona con la oración en el corazón y con un hijo asesinado por la mafia ¿Por qué? De este modo, el Papa ha planteado estos pensamientos de tanta gente que con una fe convencida y arraigada, es probada por los dramas de la vida.
Y preguntó "¿qué ventaja hemos recibido por cumplir los mandamientos de Dios, mientras que los 'soberbios' aun haciendo el mal, se multiplican y, aun provocando a Dios quedan impunes?".
Por eso, recordó que muchas veces vemos ésto en la gente mala, en gente que hace el mal y parece que en la vida le va bien: son felices, tienen lo que quieren, no les falta nada. “¿Por qué a este que es un descarado a quien no le importa ni Dios ni los otros, que es una persona injusta y mala, le va todo bien en la vida, tiene todo lo que quiere y nosotros que queremos hacer el bien tenemos tantos problemas?
La respuesta la encontramos, indicó el Papa, en el salmo del día, que proclama 'dichoso' al hombre “que no sigue los consejos de los malvados” y que “encuentra su alegría” en “la ley del Señor”.
Y lo explicó así: “Ahora no vemos los frutos de esta gente que sufre, de esta gente que lleva la cruz, como en ese Viernes Santo y ese Sábado Santo no se veían los frutos del Hijo de Dios Crucificado, de sus sufrimientos”. Asimismo, interrogó el Pontífice: "Qué dice el Salmo sobre los malvados, sobre los que pensamos que les va todo bien? ‘No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal’”.
Un acabar mal, subrayó Francisco, citando la parábola evangélica de Lázaro, símbolo de una miseria sin salida, y del rico que le negaba incluso las migas que caían de la mesa.
Para finalizar su homilía de hoy, el Santo Padre indicó: “Es curioso que de ese hombre no se dice el nombre. Solamente un adjetivo: es un rico. De los malvados, en el Libro de la Memoria de Dios, no hay nombre: es un malvado, es un estafador, es un explotador…”. Y precisó que “no tienen nombre, solo tienen adjetivos. Sin embargo, todos los que procuran ir sobre el camino del Señor, estarán con su Hijo, que tiene el nombre, Jesús Salvador. Pero un nombre difícil de entender, también inexplicable por la prueba de la cruz y por todo lo que Él ha sufrido por nosotros”.
ZENIT 7 octubre:.- Familia y espíritu familiar
catequesis completa del Santo Padre en la audiencia general del miércoles 7
de octubre
Queridos hermanos y hermanas, buenos días.
Hace pocos días comenzó el Sínodo de los Obispos sobre el tema “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”. La familia que camina en la vía del Señor es fundamental en el testimonio del amor de Dios y merece por ello la dedicación de la que la Iglesia es capaz. El Sínodo está llamado a interpretar, hoy, esta solicitud y esta atención de la Iglesia. Acompañemos todo el recorrido sinodal sobre todo con nuestra oración y nuestra atención. Y en este período las catequesis serán reflexiones inspiradas por algunos aspectos de la relación --que podemos decir indisoluble-- entre la Iglesia y la familia, con el horizonte abierto para el bien de la entera comunidad humana.
Una mirada atenta a la vida cotidiana de los hombres y de las mujeres de hoy muestra inmediatamente la necesidad que hay por todos lados de una robusta inyección de espíritu familiar. De hecho, el estilo de las relaciones --civiles, económicas, jurídicas, profesionales, de ciudadanía-- aparece muy racional, formal, organizado, pero también muy “deshidratado”, árido, anónimo. A veces se hace insoportable. Aún queriendo ser inclusivo en sus formas, en la realidad abandona a la soledad y al descarte un número cada vez mayor de personas. Por esto, la familia abre para toda la sociedad una perspectiva más humana: abre los ojos de los hijos sobre la vida - y no solo la mirada, sino también todos los demás sentidos - representando una visión de la relación humana edificada sobre la libre alianza de amor. La familia introduce a la necesidad de las uniones de fidelidad, sinceridad, confianza, cooperación, respeto; anima a proyectar un mundo habitable y a creer en las relaciones de confianza, también en condiciones difíciles; enseña a honrar la palabra dada, el respeto a las personas, el compartir los límites personales y de los demás. Y todos somos conscientes de lo insustituible de la atención familiar por los miembros más pequeños, más vulnerables, más heridos, e incluso los más desastrosos en las conductas de su vida. En la sociedad, quien practica estas actitudes, las ha asimilado del espíritu familiar, no de la competición y del deseo de autorrealización.
Pues bien, aún sabiendo todo esto, no se da a la familia el peso debido --y reconocimiento, y apoyo-- en la organización política y económica de la sociedad contemporánea. Quisiera decir más: la familia no solo no tiene reconocimiento adecuado, ¡sino que no genera más aprendizaje! A veces nos vendría decir que, con toda su ciencia y su técnica, la sociedad moderna no es capaz todavía de traducir estos conocimientos en formas mejores de convivencia civil. No solo la organización de la vida común se estanca cada vez más en una burocracia del todo extraña a las uniones humanas fundamentales, sino, incluso, las costumbres sociales y políticas muestran a menudo signos de degradación --agresividad, vulgaridad, desprecio…--, que están por debajo del umbral de una educación familiar también mínimo. En tal situación, los extremos opuestos de este embrutecimiento de las relaciones --es decir el embotamiento tecnocrático y el familismo amoral-- se conjugan y se alimentan el uno al otro. Es una paradoja.
La Iglesia individua hoy, en este punto exacto, el sentido histórico de su misión sobre la familia y del auténtico espíritu familiar: comenzando por una atenta revisión de la vida, que se refiere a sí misma. Se podría decir que el “espíritu familiar” es una carta constitucional para la Iglesia: así el cristianismo debe aparecer, y así debe ser. Está escrito en letras claras: “Vosotros que un tiempo estabais lejos – dice san Pablo – […] ya no sois extranjeros ni huéspedes, sino conciudadanos de los santos y familia de Dios” (Ef 2,19). La Iglesia es y debe ser la familia de Dios.
Jesús, cuando llamó a Pedro para seguirlo, le dijo que le haría “pescador de hombres”; y por esto es necesario un nuevo tipo de redes. Podríamos decir que hoy las familias son una de las redes más importantes para la misión de Pedro y de la Iglesia. ¡Esta no es una red que hace prisioneros! Al contrario, libera de las malas aguas del abandono y de la indiferencia, que ahogan a muchos seres humanos en el mar de la soledad y de la indiferencia. La familia sabe bien qué es la dignidad de sentirse hijos y no esclavos, o extranjeros, o solo un número de carné de identidad.
Desde aquí, desde la familia, Jesús comienza de nuevo su paso entre los seres humanos para persuadirlos que Dios no les ha olvidado. De aquí, Pedro toma fuerzas para su ministerio. De aquí la Iglesia, obedeciendo a la palabra del Maestro, sale a pescar al lago, segura que, si esto sucede, la pesca será milagrosa. Pueda el entusiasmo de los Padres sinodales, animados por el Espíritu Santo, fomentar el impulso de una Iglesia que abandona las viejas redes y vuelve a pescar confiando en la palabra de su Señor. ¡Recemos intensamente por esto! Cristo, por lo demás, ha prometido y nos confirma: si incluso los malos padres no rechazan dar pan a los hijos hambrientos, ¡Imaginémonos si Dios no dará el Espíritu a los que – aun imperfectos como son – lo piden con apasionada insistencia (cfr Lc 11,9-13)!
Queridos hermanos y hermanas, buenos días.
Hace pocos días comenzó el Sínodo de los Obispos sobre el tema “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”. La familia que camina en la vía del Señor es fundamental en el testimonio del amor de Dios y merece por ello la dedicación de la que la Iglesia es capaz. El Sínodo está llamado a interpretar, hoy, esta solicitud y esta atención de la Iglesia. Acompañemos todo el recorrido sinodal sobre todo con nuestra oración y nuestra atención. Y en este período las catequesis serán reflexiones inspiradas por algunos aspectos de la relación --que podemos decir indisoluble-- entre la Iglesia y la familia, con el horizonte abierto para el bien de la entera comunidad humana.
Una mirada atenta a la vida cotidiana de los hombres y de las mujeres de hoy muestra inmediatamente la necesidad que hay por todos lados de una robusta inyección de espíritu familiar. De hecho, el estilo de las relaciones --civiles, económicas, jurídicas, profesionales, de ciudadanía-- aparece muy racional, formal, organizado, pero también muy “deshidratado”, árido, anónimo. A veces se hace insoportable. Aún queriendo ser inclusivo en sus formas, en la realidad abandona a la soledad y al descarte un número cada vez mayor de personas. Por esto, la familia abre para toda la sociedad una perspectiva más humana: abre los ojos de los hijos sobre la vida - y no solo la mirada, sino también todos los demás sentidos - representando una visión de la relación humana edificada sobre la libre alianza de amor. La familia introduce a la necesidad de las uniones de fidelidad, sinceridad, confianza, cooperación, respeto; anima a proyectar un mundo habitable y a creer en las relaciones de confianza, también en condiciones difíciles; enseña a honrar la palabra dada, el respeto a las personas, el compartir los límites personales y de los demás. Y todos somos conscientes de lo insustituible de la atención familiar por los miembros más pequeños, más vulnerables, más heridos, e incluso los más desastrosos en las conductas de su vida. En la sociedad, quien practica estas actitudes, las ha asimilado del espíritu familiar, no de la competición y del deseo de autorrealización.
Pues bien, aún sabiendo todo esto, no se da a la familia el peso debido --y reconocimiento, y apoyo-- en la organización política y económica de la sociedad contemporánea. Quisiera decir más: la familia no solo no tiene reconocimiento adecuado, ¡sino que no genera más aprendizaje! A veces nos vendría decir que, con toda su ciencia y su técnica, la sociedad moderna no es capaz todavía de traducir estos conocimientos en formas mejores de convivencia civil. No solo la organización de la vida común se estanca cada vez más en una burocracia del todo extraña a las uniones humanas fundamentales, sino, incluso, las costumbres sociales y políticas muestran a menudo signos de degradación --agresividad, vulgaridad, desprecio…--, que están por debajo del umbral de una educación familiar también mínimo. En tal situación, los extremos opuestos de este embrutecimiento de las relaciones --es decir el embotamiento tecnocrático y el familismo amoral-- se conjugan y se alimentan el uno al otro. Es una paradoja.
La Iglesia individua hoy, en este punto exacto, el sentido histórico de su misión sobre la familia y del auténtico espíritu familiar: comenzando por una atenta revisión de la vida, que se refiere a sí misma. Se podría decir que el “espíritu familiar” es una carta constitucional para la Iglesia: así el cristianismo debe aparecer, y así debe ser. Está escrito en letras claras: “Vosotros que un tiempo estabais lejos – dice san Pablo – […] ya no sois extranjeros ni huéspedes, sino conciudadanos de los santos y familia de Dios” (Ef 2,19). La Iglesia es y debe ser la familia de Dios.
Jesús, cuando llamó a Pedro para seguirlo, le dijo que le haría “pescador de hombres”; y por esto es necesario un nuevo tipo de redes. Podríamos decir que hoy las familias son una de las redes más importantes para la misión de Pedro y de la Iglesia. ¡Esta no es una red que hace prisioneros! Al contrario, libera de las malas aguas del abandono y de la indiferencia, que ahogan a muchos seres humanos en el mar de la soledad y de la indiferencia. La familia sabe bien qué es la dignidad de sentirse hijos y no esclavos, o extranjeros, o solo un número de carné de identidad.
Desde aquí, desde la familia, Jesús comienza de nuevo su paso entre los seres humanos para persuadirlos que Dios no les ha olvidado. De aquí, Pedro toma fuerzas para su ministerio. De aquí la Iglesia, obedeciendo a la palabra del Maestro, sale a pescar al lago, segura que, si esto sucede, la pesca será milagrosa. Pueda el entusiasmo de los Padres sinodales, animados por el Espíritu Santo, fomentar el impulso de una Iglesia que abandona las viejas redes y vuelve a pescar confiando en la palabra de su Señor. ¡Recemos intensamente por esto! Cristo, por lo demás, ha prometido y nos confirma: si incluso los malos padres no rechazan dar pan a los hijos hambrientos, ¡Imaginémonos si Dios no dará el Espíritu a los que – aun imperfectos como son – lo piden con apasionada insistencia (cfr Lc 11,9-13)!
8 octubre: Pedid y recibiréis
Liturgia
Podemos escuchar hoy el mensaje, bien oyendo hablar a Malaquías (3.
13-4, 2) o bien escuchando hoy a algún orador que nos expone en la Plaza su
visión del momento actual. Y yo voy a escoger esta segunda situación. Y escucho
al conferenciante: Decís, no vale la pena
obrar bien. ¿Qué sacamos con ser gente de orden? ¿Para qué dominar nuestras
pasiones? Al contrario, nos parecen dichosos los extremistas; a los que defienden
el desorden les va bien. Tientan las bases de la convivencia y quedan impunes.
Pero este orador que está trasmitiendo una realidad,
continúa ahora y da respuesta a lo que “decís” quienes defienden el desorden,
el abuso, la vida disoluta: La gente de
bien hablaron entre sí, hallaron que la verdad es un bien propio, y que un día
se abrirá paso, y la sensatez se impondrá. Entonces veréis la diferencia entre
justos e injustos, entre los que actúan bien y los que no. Malvados y perversos
fracasarán, y no quedará de ellos rama ni raíz. Pero los que viven en orden
honrarán la verdad y les iluminará un sol de justicia que lleva el bien consigo.
Hay, pues, dos planteamientos en la vida actual, y estamos
asistiendo a esa comedia día a día. Lo más grave es que todavía están
llevándose a la gente los que proclaman y defienden lo contrario a una actitud
madura y sensata. Pero se anuncia en lontananza un tiempo en que las aguas volverán
a su cauce y ganará terreno la propuesta del bien.
Fue la experiencia de Malaquías, en torno a la acogida de
Dios o a vivir la vida al margen de sus mandamientos. Si eso lo traducimos a lo
que estamos viviendo, lo entenderemos como algo que nos toca en nuestras
propias carnes.
El evangelio (Lc 11, 5-13) nos presenta una enseñanza de
Jesús, enseñanza muy importante sobre la oración de petición. Muestra Jesús que
tenemos que ser insistentes, sin que
nunca nos desanime el hecho de no ver el fruto en las manos. La parábola que se
inventa Jesús para explicarlo es muy significativa. Un amigo recurre a su amigo
para pedirle unos panes, porque se le han presentado unos huéspedes y no tiene
cómo darles la cena. El que oye la petición ya está acostado con sus niños y se
disculpa: no puedo dártelos ya a estas horas porque estoy acostado y mis niños
duermen conmigo. El primero insiste; el segundo le dice que no lo moleste…, y
aquel no ceja en su petición. Al final, ni puede éste dormir y pueden dormir
sus niños…Más vale levantarse, darle los panes y que lo deje verdaderamente
tranquilo.
Y Jesús concluye: haced así vuestras peticiones a Dios,
hasta “importunar”. ¡Que Dios no se siente importunado! Si en lo humano acaba
dando buen resultado la insistencia, también ocurre eso ante Dios. Pedir y recibiréis, buscad y hallaréis,
llamad y se os abrirá. Es la gran lección de la fe. Nadie puede decir: “Dios
no me escucha”, pues Dios escucha siempre. Pero “se hace el dormido” (como
aquel día Jesús en medio de la tempestad). O sencillamente deja que se ejercite
la fe, que no consiste en tener a Dios como una ventanilla de oficina que le
resuelva a cada cual sus papeles conforme va llegando. A Dios también le va eso
del “Vuelva Vd. mañana”, pero por el gozo del padre que desea ver a su hijo que
le pide.
Y a lo mejor Dios ha respondido antes de lo que uno cree.
Lo que pasa es que uno buscaba un efecto concreto (lo que él creía lo mejor
para sí), y no le ha venido la respuesta por ahí. Cuando Jesús incita a pedir,
buscar y llamar, no dice que aquello –tal cual- se va a alcanzar. Sabe Dios lo
que más conviene, y no siempre sabemos nosotros qué es lo mejor. Pero “Dios dará cosas buenas” (escuchábamos
hace unos días en el texto de San Mateo), y “Dios
dará Espíritu Santo a quienes le piden”, como nos dice hoy San Lucas. Dios
da. Pero da mucho más allá de lo que se pide. Y eso es lo que muchas veces
cuesta descubrir, tanto más cuanto que nuestros ojos ven con miopía y se quedan
en una “mirada de cerca”. Dios, por el contrario tiene delante un horizonte
abierto, y da Espíritu Santo para que
la visión nuestra se vaya acompasando a la mirada de Dios. El final será que
recibimos “cosas buenas”. Y la mejor de todas será esa fe renovada, esa
grandeza de alma, esa apertura del corazón, por lo que seremos nosotros los que
acabemos entrando en el plan de Dios, y no los que pretendamos que Dios sea
cómplice de nuestros proyectos o caprichos, o cortos vuelos con los que
pretenderíamos hacer las cosas a nuestra manera.
miércoles, 7 de octubre de 2015
7 octubre: LA VIRGEN DEL ROSARIO
Liturgia
Nínive ha sido perdonado. Su penitencia y cambio de vida han hallado el
favor de Dios. Es el triunfo de la
pedagogía divina que amenaza para evitar las consecuencias de una mala
vida. Pero a Jonás le sienta mal. ¡Ya se lo temía él y por eso pretendió huir
de hacer el pregón que Dios le encargaba! (4, 1-11), pues ya se sospechaba él
que Dios es compasivo y misericordioso, lento a la cólera
y rico en piedad, que se arrepiente de las amenazas… Está enfadado porque
él ha quedado mal anunciando algo que no se ha cumplido. Ahora prefiere
morirse: más vale morir que vivir.
Le tocaba a Dios seguir con su pedagogía, pero dirigida
ahora expresamente a que aprenda Jonás. Jonás se retira de la ciudad. Se hace
una choza y e queda mirando a ver en qué queda Nínive. Crece un ricino que le
da sombra y Jonás se alegra. Se seca el ricino y viene un viento solano que
derrote los sesos y se vuelve a irritar. Y vuelve a desearse la muerte. Y Dios
le sale al paso y le pregunta: ¿Crees que
tienes derecho a irritarte por el ricino que se ha secado? Y Jonás se
afianza en su pataleta y responde: Con
razón siento un disgusto mortal. [Yo digo que Jonás era un niño mal educado
y caprichoso]. Ahí lo esperaba Dios.
Tú te lamentas por el
ricino que no cultivaste… Y yo ¿no voy a sentir la suerte de Nínive, con miles
de niños inocentes? La lección estaba dada. Jonás podría continuar en su
disgusto. Pero mucho mayor sería el disgusto de Dios si Nínive hubiese sido
destruida.
Tiene su punto práctico en los disgustos que nos cogemos
por cuatro minucias y perdemos de vista situaciones de mucha mayor envergadura,
que son las que nos deberían preocupar. Pero somos niños mimados y maleducados
que estamos encaprichados con nuestro juguete y dejamos de mirar hacia afuera,
donde tantas cosas importantes y muy serias están ocurriendo.
Lc 11, 1-4 nos presenta un Padrenuestro “vertiginoso”, en el que evita el evangelista todo lo
que no es puramente substancial. PADRE, y no añade más. Se supone que cuando lo
enseña a todos como algo distintivo, todos
(=cada uno) deben experimentar que es un Padre NUESTRO. SANTIFICADO SEA TU
NOMBRE: que hagamos visible en nuestras buenas obras la santidad de Dios. Él ya
es Santo. Pero nosotros hemos de reconocerlo y hacerlo reconocer. VENGA TU
REINO. Siguen las frases cortas. Lo dice todo. El Reinado de Dios es toda la
razón de ser y de vivir de Jesús, y lo ha de ser de todo seguidor de Jesús. Y aunque
Lucas no lo expresa, ese Reino de Dios se realiza cuando cada uno hace la
voluntad de Dios.
DANOS CADA DÍA EL PAN DEL MAÑANA: el que comeremos en ese
Reino eterno de Dios. El que no se acabará. El que será alimento sublime de los
bienaventurados. PERDONA NUESTROS PECADOS PORQUE
NOSOTROS PERDONAMOS A TODO EL QUE DEBE ALGO. Damos una razón básica para
poder pedir perdón a Dios: es que nosotros hemos empezado perdonando y vamos
entonces con el alma abierta a solicitar el perdón de Dios. Y NO NOS DEJES CAER
EN LA TENTACIÓN. Tentaciones siempre habrá y no pedimos que no las haya. Sino
que nos tenga Dios de su mano para que no caigamos.
HOY ES DÍA DE LA VIRGEN DEL ROSARIO. Una advocación mariana de
grandes proyecciones, tanto históricas como populares. Con razón se ha llamado
al ROSARIO “el evangelio del pueblo”.
Podemos encontrar a muchísimos devotos del Rosario que posiblemente no han
cogido un Evangelio en sus manos, pero a los que no se les cae el rosario de esas
manos. El Rosario tiene un embrujo peculiar, de efectos espirituales que no
sabremos calibrar y que debemos venerar con gran respeto. Es un hecho que está
ahí y lo que no vale es elucubrar sobre ello. La Virgen está también ahí y se
ha mostrado más de una vez con el Rosario en las manos. Es como una escala por
la que la criatura sube hasta Ella, y desde Ella sube hasta Dios. Una atadura
santa que podría pensarse poco fuerte para sostener a una criatura cuando María
tira de ella y la va elevando hacia su Corazón maternal…, y sin embargo ¡hay
que ver que es más fuerte que cualquier cadena de grandes eslabones!
En María, Santísima Virgen del Rosario, nos sentimos
acogidos y atraídos como los hijos que vamos caminando hacia nuestro destino, que
encierra misterios de todo tipo: unas veces gozamos, otras experimentamos las
luces de Dios, otras vivimos el dolor de la vida…, pero abocados a una gloria
que nos espera. Y eso –que es resumen de la vida de cada uno- está desgranado
día a día por las cuentas de nuestro inmenso personal Rosario.
martes, 6 de octubre de 2015
ZENIT.- Apertura del Sínodo de la Familia
El Papa: el método
del Sínodo es abrirse al Espíritu Santo
El Santo Padre, en su discurso al inicio del la primera Congregación General
del Sínodo, recuerda que si no se dejan guiar por el Espíritu Santo,
“todas nuestras decisiones serán solo decoraciones que en vez de ensalzar el
Evangelio, lo cubren y lo esconden”El Sínodo es un caminar juntos con espíritu de colegialidad y sinodalidad, aceptando con valentía la “parresía, el celo pastoral y doctrinal, la sabiduría, la franqueza y poniendo siempre delante de nuestros ojos el bien de la Iglesia y de las familias”. El Sínodo no es un congreso, ni un parlamento o un senado donde hay que ponerse de acuerdo. El Sínodo es una expresión eclesial, “es la Iglesia que camina junta para leer la realidad con los ojos de la fe y con el corazón de Dios”, “es la Iglesia que se interroga sobre la fidelidad al depósito de la fe que por eso no representa un museo para verlo o cuidarlo sino una fuente viva de la que la Iglesia se sacia para saciar el depósito de la vida”.
Con estas palabras, el santo padre Francisco se dirigió esta mañana a la Asamblea General del Sínodo, en el primer día que se reúnen para comenzar la primera Congregación General. Durante las próximas tres semanas, obispos y expertos de todo el mundo hablarán sobre La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo en el Vaticano.
Aunque no estaba previsto en el programa, el Pontífice ha querido saludar a los participantes y recordarles el sentido de este encuentro y el objetivo principal. Sin escuchar a Dios --advirtió-- todas nuestras palabras serán solamente palabras, que no sacian y no sirven.
Sin dejarse guiar por el Espíritu Santo, “todas nuestras decisiones serán solo decoraciones que en vez de ensalzar el Evangelio, lo cubren y lo esconden”.
De este modo, señaló que el Sínodo se mueve necesariamente en el seno de la Iglesia y “dentro del Santo Pueblo de Dios del que formamos parte en calidad de pastores, o sea, servidores”. El Sínodo --prosiguió Francisco-- es un espacio protegido, donde la Iglesia experimenta la acción del Espíritu Santo. “En el Sínodo el Espíritu habla a través de la lengua de todas las personas que se dejan guiar del Dios que sorprende siempre, del Dios que se revela a los pequeños, lo que esconde a los sabios y a los inteligentes. Del Dios que ha creado la Ley y el sábado para el hombre y no al revés. Del Dios que deja a las 99 ovejas para buscar a la única oveja perdida. Del Dios que siempre es más grande que nuestras lógicas y nuestros cálculos”, explicó el Santo Padre.
Por otro lado, quiso recordar también que el “Sínodo podrá ser un espacio a la acción del Espíritu Santo solo si nosotros, participantes, nos revestimos de valentía apostólica, de unidad evangélica y de oración confiada”.
Y continuó: “la valentía apostólica que no se deja asustar por las seducciones del mundo que tienden a apagar en el corazón de los hombres la luz de la verdad sustituyéndola con pequeñas luces temporales”. La valentía apostólica de “llevar vida y no hacer de nuestra vida cristiana un museo de recuerdos”.
El Santo Padre también habló de la humildad evangélica que sabe vaciarse de las propias convicciones y prejuicios para escuchar a los hermanos obispos y llenarse de Dios”.
Humildad --indicó-- que lleva a no apuntar a los otros con el dedo para juzgarlos sino para tenderles la mano y levantarles sin sentirse nunca superiores a ellos.
“La acción confiada es la acción del corazón cuando se abre a Dios, cuando hace callar todos nuestros ruidos para escuchar la suave voz de Dios que habla en el silencio”, observó el Papa.
Al concluir su intervención, Francisco volvió a insistir en que el Sínodo no es un parlamento donde para llegar a un consenso o acuerdo común se recurre a la negociación o a los compromisos. “El único método del Sínodo es el de abrirse al Espíritu Santo con valentía apostólica, humildad evangélica y con oración silenciosa para que sea Él quien nos guíe, nos ilumine, y ponernos delante de los ojos con nuestras opiniones personales la fe en Dios, la fidelidad al Magisterio, el bien de la Iglesia y la salus animarum”.
Para finalizar dio las gracias a todos los que de una forma u otra y con distintos tipos de responsabilidad, participan y trabajan por este Sínodo. En este sentido, agradeció también a los periodistas “su atención” y “su participación”.
6 octubre.: La mejor parte
Liturgia
Jonás conocía a Dios y sabía que es misericordioso. Por eso cuando Dios
lo envía a Nínive para anunciar su desastre, Jonás no quiere ir porque teme
quedar en ridículo cuando luego acabe ganando la misericordia de Dios. Y
pretende huir de Dios embarcándose en dirección contraria. No pasa Dios por
esas y sucede la tormenta, el peligro inminente de naufragio, con Jonás lanzado
al mar por la borda, y la aparición de aquel misterioso pez que traga a Jonás y
viene a vomitarlo sano y salvo en las playas de Nínive. Y Jonás vuelve a ser
enviado por Dios a aquella gran ciudad. Es la lectura de hoy: 3, 1-10. Jonás se
pasa un día entero anunciando la destrucción de la gran ciudad dentro de
cuarenta días. Y el pueblo, con su rey a la cabeza, comienza una penitencia y
ayuno total (incluidos los animales), con la esperanza de que Dios se
arrepienta de la amenaza. Y en efecto Dios ve las buenas disposiciones de
aquella ciudad y “se arrepiente” (no ejecuta la “amenaza”, que en realidad no
era la intención de Dios sino que el
pecador se arrepienta, cambie de conducta y viva).
He ahí la gran lección de la Palabra de Dios, trasmitida a
través de la fantasía de toda esa descripción, llena de detalles. Y muy
pedagógica para enseñar que la penitencia y el ayuno son expresiones exteriores
de un cambio interior, a la vez que una manera de potenciar la petición. Porque
“penitencia” incluye formas externas (vestir de sayal, no comer ni beber) pero
sobre todo mira a las actitudes internas, por las cuales el corazón de la
persona se abre a Dios, a su voluntad, y abandona las malas formas anteriores.
Un relato hecho por humanos no puede expresarse más que en
lenguaje humano. De una parte es el mandato de Dios a Jonás: anunciar la
destrucción a causa de los pecados. Algo que nosotros estamos expresando
actualmente con una sensación profunda de que los derroteros de este mundo
actual nos conducen al desastre, y que “esto no puede quedar así”. De otra
parte es el “arrepentimiento de Dios”, que es la voluntad salvadora de Dios,
que está precisamente abierta al perdón y la misericordia. Y ahí donde lo
humano camina al precipicio, Dios sigue dando sus gracias y avisos para que
haya un cambio y el mundo entre en razones. Y sucederá lo que Dios realmente
quiere: el cambio hacia lo bueno.
El Evangelio nos trae ese relato cordial y familiar de
Marta, María y Jesús. (Lc 10, 38-42). Marta es el ama de casa, la hermana
mayor. Es una mujer activa, inquieta, que tiene que expresarse haciendo, trabajando hasta cansarse. Su
hermana María aparece como más pasiva o menos activa. Su manera de expresarse
es más de escucha que de estar haciendo. Cuando Marta recibe a Jesús, quiere
agasajarlo y su actividad se hace febril preparando cosas. [Un autor interpreta
que se puso a hacer muchos platos de comida como modo de invitar a su amigo y
huésped]. Y ella va y viene y hace y deshace: se multiplicaba para dar abasto con el servicio. Mientras tanto,
María se ha situado donde Jesús esta con sus apóstoles. Y María se dedica a
escuchar las enseñanzas de Jesús, y con eso se siente feliz.
Marta llega a plantarse y a quejarse a Jesús y a querer que
Jesús tome partido a favor de ella: Señor,
¿no te importa que mi hermana me deje sola con el servicio? DILE que me eche
una mano. [A mí se me antoja siempre ese intento de manipulación con la que
alguien pretende poner al sacerdote de su parte, y pretende que tome partido “contra”
la otra parte].
La doble llamada de Jesús: Marta, Marta, es muy significativa, porque suena a toque de
atención…, a amorosa corrección: andas
inquieta con muchas coas, CON UNA BASTA. [En la interpretación del autor citado,
sería: “basta con un plato”]. Y mirando a María, dice: maría ha elegido una cosa buena y yo no se la voy a quitar.
¿No era bueno lo que hacía Marta en su deseo de agasajar a
Jesús? Era buena la intención; se pasaba en la manera. ¿Era peor lo que hacía
Marta que lo que hacía María? Jesús dice que lo que hace María es bueno. Y entre
el activismo y la escucha de la Palabra, es mejor la escucha. Entonces: ¿no
comen?
La aplicación concreta y práctica es la reflexión que nos
suscita ante esas afirmaciones de muchos y muchas para decir que “no tienen
tiempo para dedicar un rato a Dios”
(Oración, Eucaristía…) Hay una borrachera de HACER… Y una carencia grave de ORAR.
La “mejor parte” no va a ser ni la “mística” de pasarse el tiempo orando, ni el
utilitarismo de estar sin parar haciendo. La
mejor parte es el equilibrio. Y con poco de sinceridad que se eche, siempre
quedará un tiempo para ESCUCHAR LA PALABRA DE DIOS. Hay que valorar eso y
entonces se sacará tiempo.
lunes, 5 de octubre de 2015
5 oct.: TEMPORAS y algo más
TÉMPORAS de acción de gracias
Se ha acabado un año agrícola. Las cosechas se han recogido. Junto a
las cosechas, nuestra vida: estamos aquí y es ocasión de pararnos para DAR
GRACIAS A DIOS.
Eso son LAS TÉMPORAS, o el momento de pararse y mirar hacia
Dios, de quien recibimos tantos bienes. Deut 8, 7-18, tras enumerar un serie de
favores que han venido del Cielo, detiene el discurso y advierte: No te olvides del Señor tu Dios; no seas
infiel a sus preceptos, mandatos y decretos, no sea que al hartarte de comida y
te hayas edificado casas hermosas, etc., te olvides de Dios que te sacó de
Egipto, te libró de serpientes y alacranes, te dio agua salida de la roca y te
alimentó en el desierto. Y no vayas a decir: “por mi fuerza y poder me he creado
estas cosas”.
Que mirando al hombre de hoy no sería muy ajeno toda esta
advertencia de Dios. Que el “superhombre” del siglo XXI acabe atribuyéndose sus
logros, y se olvide de mirar hacia Dios que fue quien le dio las capacidades
para llegar adonde ha llegado.
Tuyos son la grandeza
y el poder, nos invita a repetir el salmo, para que dejemos las cosas en su
sitio, y demos a Dios ser EL GRANDE Y PODEROSO, y no endiosarse el hombre hasta
creerse omnipotente.
Una 2ª lectura -2Co 5, 17-21- nos lleva hasta el gran don
de Dios que es la Redención, que supera todos los otros dones recibidos. Porque
no sólo es que Cristo nos ha reconciliado a través de su muerte sino que no nos
pide cuentas. Más aún: nos incorpora al servicio de la reconciliación: nos
llama a ser mensajeros del gran don de Dios.
Mt 7, 7-11 nos incita ahora a seguir pidiendo. Porque Dios
nos da y quiere darnos. Pero nosotros hemos de ser conscientes de nuestra
indigencia… Se abre un nuevo período para nosotros. Junto a dar gracias por los
beneficios recibidos, somos conscientes de la necesidad que tenemos siempre:
nos toca que levantar nuestro corazón a Dios y pedirle. Que Él nos dará cosas buenas. El año que se abre es
la nueva oportunidad. Sintámonos necesitados de implorar la ayuda de Dios,
porque somos consciente y gozosamente POBRES, que dependemos de Dios. Y Dios
quiere seguir dándonos, pero que no nos atribuyamos el éxito que alcanzamos,
No me resigno a dejar de comentar la que hubiera sido “lectura
continua” de este lunes de la semana 27. Porque lleva mucha riqueza en su
contenido.
Bajo la fábula de Jonás (1, 1-2. 11) nos está viniendo una
gran enseñanza: Jonás había recibido un encargo de Dios. Jonás huye de Dios y
se embarca en otra dirección. Pero Dios no pasa por esas y sucede una tempestad
que pone en riesgo la vida de muchos. Las “suertes” recaen en Jonás como
culpable y la solución es ser arrojado al mar. Aparentemente es el final de la
historia porque Jonás morirá en su desobediencia. Pero no fue así, porque un
misterioso pez grande engulle al profeta sin hacerle daño y lo alberga en su
vientre hasta vomitarlo en la playa del lugar adonde Dios le había encargado la
misión.
Preciosa fantasía para hablarnos de la obediencia a las
inspiraciones de Dios, y cómo no podemos huir de ellas. Y también LA
PROVIDENCIA de Dios que se vale de una cosa para obtener otra. Al final Jonás
tiene que hacer lo que Dios le mandó, y no le ha valido su intento de huida.
Dios tiene caminos para hacerse entender.
Otra gran lección: Lc 10, 25-37: un doctor de la Ley
quiere cerciorarse cuáles son los principio de la actuación de Jesús y le
pregunta cuál es el mandamiento principal.
Jesús le responde con otra pregunta: ¿Qué
es lo que lees? Y el escriba recita lo que sabían hasta los niños: Dios en
todo y sobre todo. Y AMOR AL PRÓJIMO COMO
A UNO MISMO. La verdad es que no tenía que haber venido a preguntar, si no
es que había venido a tantear a Jesús. Tenía que justificarse y entonces
preguntó: ¿Y quién es mi prójimo?
Jesús era poco amigo de teorías y opta por sus famosos
cuentecillos. El hombre atacado y caído medio muerto. El sacerdote y el levita que
pasan pero no socorren (es que si aquel caído estaba muerto y lo tocaban, no
podían oficiar en el Templo). Y les vale más “lo espiritual” que acudir a la
urgencia. En cambio un cismático samaritano, sin prejuicios, atiende con toda
solicitud al caído y se gasta su dinero en atenderlo. Cuál crees tú que fue prójimo
del herido. Y el escriba tuvo que tragar saliva para responder: El que tuvo misericordia. Pues: anda y haz tú lo mismo. El verdadero
amor y servicio a Dios está por encima de la ley… Lo cual era muy difícil de
entender por un “doctor de la Ley”. Pero así era la verdad.
ZENIT, 4 oct.: Ángelus: ¿Qué es EL SÍNODO?
04 de octubre de 2015 (ZENIT.org)
El papa Francisco rezó este domingo la oración del ángelus desde la ventana
de su estudio en el Palacio Apostólico, delante de miles de fieles que le
esperaban en la Plaza de San Pedro. El Santo padre acababa de abrir el
Sínodo sobre la Familia, con
una solemne misa en la basílica de San Pedro.Así el Papa explica qué es un Sínodo y pide oraciones para ser dóciles al Espíritu Santo en el defender la familia. Y también solicitó a los papás y a los educadores a acoger a los niños, recordando el drama de tantos pequeños que pasan hambre, sufren violencia o tienen que escapar o sufrir las guerras. Invitó asi a no ser una sociedad-fortaleza, sino una sociedad-familia, capaces de acogerlos con reglas adecuadas, pero acogerlos.
A continuación las palabras del papa Francisco:
«Queridos hermanos y hermanas, ha concluido hace poco en la basílica de San Pedro la celebración eucarística con la cual hemos dado inicio a la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. Los padres sinodales provenientes de todas las partes del mundo y reunidos entorno al sucesor de Pedro, reflexionarán por tres semanas sobre la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en la sociedad, para lograr un atento discernimiento espiritual y pastoral.
Tendremos la mirada fija en Jesús para individuar, basándonos en sus enseñanzas de verdad y de misericordia, los caminos más oportunos para un empeño adecuado de la Iglesia con las familias y para las familias. De manera que el plan ordinario del Creador para el hombre y la mujer pueda realizarse y obrar en toda su belleza y fortaleza en el mundo de hoy.
La liturgia de este domingo propone justamente el texto fundamental del Libro del Génesis, sobre la complementariedad y reciprocidad entre el hombre y la mujer. Por ello --dice la biblia-- el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su esposa y los dos se vuelven una sola carne, o sea una sola vida, una sola existencia. En tal unidad los cónyuges transmiten la vida a los nuevos seres humanos: se vuelven progenitores. Participan de la potencia creadora del mismo Dios.
¡Pero atención!, Dios es amor y se participa a su obra cuando se ama con Él y como Él. Con tal finalidad --dice san Pablo-- el amor ha sido puesto en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos ha sido dado. Y ésto es también el amor que es dado a los esposos en el sacramento del matrimonio.
Es el amor que alimenta su relación a través de alegrías y dolores, momentos serenos y difíciles. Es el amor que suscita el deseo de general hijos, de atenderlos, acogerlos, hacerlos crecer, educarlos. Es el mismo amor que en el Evangelio de hoy, Jesús manifiesta a los niños: “Dejen que los niños vengan a mi, no se lo impidan: a quien es como ellos de hecho pertenece el reino del Cielo".
Pidamos hoy al Señor que todos los papás y los educadores del mundo, como también la sociedad entera, sean instrumentos de aquella acogida, de aquel amor con el cual Jesús abraza a los más pequeños. Él mira en sus corazones la ternura y la solicitud de un padre y al mismo tiempo de una madre.
Pienso a tantos niños hambrientos, abandonados, explotados, obligados a la guerra, rechazados. Es doloroso ver las imágenes de niños infelices, con la mirada perdida, que huyen de la pobreza y los conflictos, que llaman a nuestras puertas y a nuestros corazones implorando ayuda.
El Señor nos ayude a no ser una sociedad-fortaleza, sino una sociedad-familia, capaces de acogerlos con reglas adecuadas, pero acogerlos, acogerlos siempre, con amor.
Les invito a apoyar con la oración los trabajos del Sínodo, para que el Espíritu Santo vuelva a los Padres sinodales plenamente dóciles a sus inspiraciones.
Invocamos la materna intercesión de la Virgen María, uniéndonos espiritualmente a quienes en este momento, en el Santuario de Pompei, recitan la 'Súplica a la Virgen del Rosario'».
(El Papa reza la oración del ángelus)
«Ayer en Santander, en España, fueron proclamados beatos, Pío Heredia y 17 compañeros y compañeras del 'Orden de los Cistercienses de estricta observancia y de San Bernardo', asesinados por su fe durante la Guerra Civil Española y la persecución religiosa de los años treinta del siglo pasado. Alabemos al Señor por estos valientes testimonios, y por su intercesión súpliquemos de librar al mundo del flagelo de la guerra.
Quiero dirigir al Señor una oración por las víctimas del alud que ha arrasado a todo un pueblo en Guatemala, así como a los del aluvión en Francia, en la Costa Azul. Estemos cerca de las poblaciones duramente golpeadas también con la solidaridad concreta.
Agradezco a todos ustedes que han venido y son tan numerosos, desde Roma, Italia y de tantas partes del mundo. Saludo a los fieles de la arquidiócesis de Paderborn en Alemania, y a los de Porto de Portugal, y al grupo del colegio Mekhitarista en Roma.
En el día de san Francisco de Asís, patrono de Italia, saludo con particular cariño a los peregrinos italianos, en particular a los fieles de Reggio Calabria, Bollate, Mozzanica, Castano Primo, Nule y Parabita. Saludo a los jóvenes de Belvedere di Spinello y a la asociación de los derechos de los peatones de Roma y del Lazio.
Y a todos les deseo un buen domingo, y por favor no se olviden de rezar por mi. 'Buon pranzo e arrivederci'».
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Arriba
Miles rezan en la plaza de San Pedro junto al Papa por el
Sínodo de la familia
Francisco les recuerda: “La familia es lugar de santidad evangélica”. La
vigilia inició como una fiesta y prosiguió con cantos y oraciones
Por Sergio Mora
Ciudad del Vaticano, (ZENIT.org)
En la plaza de San Pedro se realizó este sábado con la alegría de una
fiesta, la vigilia de oración convocada para rezar por el Sínodo de la Familia,
y que contó con la presencia del papa Francisco.Cantos, aplausos, y diversas persona, jóvenes, ancianos, de media edad, dieron su testimonio sobre la familia, sus experiencias, o su conversión.
Ente ellos una pareja de jóvenes, ella italiana, él cubano, refirieron que“en el encuentro las diferencias nos obligan a abatir nuestros muros”.
También un matrimonio relativamente joven próximos a celebrar los 25 años de su boda, dio su testimonio, y hablaron de la importancia de lograr momentos de oración, mismo en la vida cotidiana. Sus hijos se presentaron: Emanuel de 23 años, indicó su experiencia y dificultades de estudio y trabajo; Martina de 21 años se presentó con su novio Sandro y contó del itinerario que iniciarán este año hacia el matrimonio. Y su hija de 17 mencionó a su otro hermano que estudiaba en Australia.
Habló además un matrimonio que recordó las dificultades cuando la enfermedad visita la familia, y al mismo tiempo de la experiencia de fraternidad en los momentos difíciles.
Otro matrimonio, más anciano, casados hace 35 años, acompañados por hijos y nietos, contaron algunas dificultades, de una enfermedad rara en ella y con un hijo en una silla de ruedas. Y que en las dificultades la señora una vez reprendió a Jesús por permitir la enfermedad. Añadió que en cambio hoy le es clara la visión sobre la vida eterna y la misericordia de Dios, mismo tenga que morir.
El cardenal Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, recibió al papa Francisco, y en sus palabras señaló la importancia del Sínodo y le pidió su bendición. El Santo Padre rezó y bendijo una lámpara de aceite, símbolo de la construcción de un mundo de amor, la cual fue puesta a los pies del cuadro de la Sagrada Familia que presidía la vigilia.
“Queridas familias, buenas tardes. ¿Vale la pena encender una pequeña vela en la oscuridad que nos rodea?” interrogó el Papa a los presentes refiriéndose a las velas que se encendían mientras iniciaba a oscurecer. “¿No se necesitaría algo más para disipar la oscuridad? Pero, ¿se pueden vencer las tinieblas?”.
Y delante “de la tentación de echarse para atrás”, el Santo Padre ha ilustrado la experiencia del profeta Elías: “La gracia de Dios no levanta la voz, es un rumor que llega a cuantos están dispuestos a escuchar la suave brisa: los exhorta a salir, a regresar al mundo, a ser testigos del amor de Dios por el hombre, para que el mundo crea...”.
Recordó que el año pasado “en esta misma plaza, invocábamos al Espíritu Santo” pidiendo que ilumine a los Padres sinodales y “esta noche, nuestra oración no puede ser diferente”.
Delante de los presentes que le seguían con gran atención, el Papa citó al patriarca Atenágoras, que decía: “Sin el Espíritu Santo, Dios resulta lejano, Cristo permanece en el pasado, la Iglesia se convierte en una simple organización, la autoridad se transforma en dominio, la misión en propaganda, el culto en evocación y el actuar de los cristianos en una moral de esclavos”.
Y así pidió oraciones para que el sínodo que se abre este domingo “sepa reorientar la experiencia conyugal y familiar hacia una imagen plena del hombre” así como “abrazar las situaciones de vulnerabilidad”.
Y que “los Padres sepan sacar del tesoro de la tradición viva, palabras de consuelo y orientaciones esperanzadoras para las familias, que están llamadas en este tiempo a construir el futuro de la comunidad eclesial y de la ciudad del hombre”. E invitó así a cada familia a ser “siempre una luz, por más débil que sea, en medio de la oscuridad del mundo”.
Francisco, tras recordad a Charles de Foucauld que como pocos intuyó “el alcance de la espiritualidad que emana de Nazaret” señaló que “la familia es lugar de santidad evangélica, llevada a cabo en las condiciones más ordinarias”, donde “se ahondan las raíces que permiten ir más lejos”, el lugar “de gratuidad, de presencia discreta, fraterna, solidaria, que nos enseña a salir de nosotros mismos para acoger al otro, a perdonar y ser perdonados”.
Deseó así que el Sínodo “más que hablar sobre la familia, sepa aprender de ella”, dijo, no obstante las muchas “penalidades y contradicciones que la puedan caracterizar”.
Al concluir invitó a encontrar una Iglesia “que es madre, capaz de engendrar la vida y atenta a comunicar continuamente la vida, a acompañar con dedicación, ternura y fuerza moral”, y señaló que una Iglesia “que es familia sabe presentarse con la proximidad y el amor de un padre, que vive la responsabilidad del custodio, que protege sin reemplazar, que corrige sin humillar, que educa con el ejemplo y la paciencia. A veces, con el simple silencio de una espera orante y abierta”.
Y que sea “de hijos, que se reconocen hermanos”, y que “nunca llega a considerar al otro sólo como un peso, un problema, un coste, una preocupación o un riesgo: el otro es esencialmente un don, que sigue siéndolo aunque recorra caminos diferentes”.
Porque "la Iglesia es una casa abierta, lejos de grandezas exteriores, acogedora en el estilo sobrio de sus miembros y, precisamente por ello, accesible a la esperanza de paz que hay dentro de cada hombre, incluidos aquellos que –probados por la vida– tienen el corazón lacerado y dolorido".
Tras cantar el Padre Nuestro, el Santo Padre impartió su bendición.
domingo, 4 de octubre de 2015
4 octb.: Domingo 27: Divorcio; nulidad
Liturgia del Domingo 27 B
Al principio fue de esta manera… Gn 2, 18-24 muestra el proyecto de
Dios en relación con la especia humana. Dios crea al varón. Pero el varón está
solo y aunque dueño de toda la creación (=pone nombre a todas las criaturas;
toma posesión de la Creación), ve que no hay otra persona igual a él para
hacerla su compañera. Dios lo sume en un letargo y forma una mujer, de la misma
especie del varón (=salida de él, “de su costilla”). Con lo cual se encuentran
varón y mujer con gran satisfacción porque cada uno se siente parte del otro: carne de mi carne y hueso de mis huesos.
Y en adelante varón y mujer serán una
sola carne, un solo sentimiento, un solo espíritu. Formarán una unidad
irrompible. Salidos ambos de la misma mano de Dios, tienen igual dignidad y
recíprocamente han de tratarse con el mismo amor, con el mismo respeto, a la
misma altura.
Cuando los fariseos vienen a Jesús a plantearle el tema del
divorcio (Mc 10, 2-16), Jesús se ratifica en el proyecto inicial de Dios: que lo que Dios ha unido no puede separarlo el
hombre. Los fariseos objetan que Moisés permitió el acta de repudio por la
que el varón podía dejar a su esposa. Y Jesús les responde que fue por vuestra terquedad, porque al
principio no fue así. En el proyecto de Dios hay una fusión total en la
pareja humana que queda unida entre sí con soldadura autógena. De tal manera
que un divorcio (separación de la
convivencia, que puede producirse por causas comprensibles), no deja camino
abierto a una nueva pareja. Porque el que [la que] se divorcia y se casa con
otra [con otro], comete adulterio.
El Papa ha tocado este punto bajo dos aspectos. El (la) divorciado/a
y que han unido sus vidas en nuevas parejas, han de ser acogidos como parte de
la Iglesia, como cualquier otra persona que tuvo su fallo en cualquier otra
materia. Ni están, ni nunca han estado excomulgados
por la Iglesia, aunque ellos mismos se han situado al margen de la ley de
Dios, y por esa causa no pueden acercarse al Sacramento de la Comunión. Como
cualquier otra persona que –en el tema que sea- no ha resuelto su problema de
conciencia.
La Iglesia no margina a los divorciados vueltos a “casar”,
y debe ofrecerles todas las ayudas que están en su mano. Incluso contar con
ellos en determinadas situaciones. Son miembros de la Iglesia aunque no pueden
participar de todos sus bienes espirituales.
Esto lleva de la mano al otro tema que ha abordado el Papa:
el de los procesos de nulidad del
matrimonio. Obsérvese –y téngase en cuenta la palabra: proceso de nulidad,
que no significa de anulación, porque
la Iglesia no anula nada de lo firmemente ligado en un matrimonio válido.
Lo que el Papa quiere es agilizar los procesos de nulidad…,
la realidad de muchas parejas que realmente no llegaron al matrimonio con las
debidas disposiciones para contraer matrimonio. Somos conscientes cualquiera de
nosotros de hay muchas parejas a las que ya de antemano las vemos tan poco
maduras, tan poco serias, tan inestables en sus respectivos noviazgos, que
decimos: esto no puede salir bien. Lo que el Papa quiere ahora es agilizar esos
procesos de declaración de nulidad (¡que aquel matrimonio fue nulo…, no
existió), de tal manera que no queden colgados los procesos por años y a costa
de muchos gastos civiles, que provocan la mayoría de los casos esos “adulterios”
de los hable Jesús en el Evangelio. El Papa pretende que sean procesos que se
estudien y resuelvan en el ámbito eclesial, con muy inferiores costes, y sin alargarse
intencionadamente las presentaciones de declaraciones y pruebas.
Por tanto el Papa no facilita las “anulaciones” porque no
se anula lo que no existe. El Papa quiere agilizar los procesos verdaderos en
los que no hubo condiciones de compromiso matrimonial. Basta un dato: hoy día
hay un terror a lo que es permanente. En la “cultura” del usar y tirar, muchas parejas plantean para sus adentros: mientras nos dure “el amor”. Con sola
esa condición interior, el matrimonio ya es nulo. Con solo poder demostrar que
fueron así a la boda –mintiendo las dos veces en que se les solicitó
previamente y ante testigos ese dato- el proceso de nulidad ya ha ahorrado
mucho tiempo y dinero. Eso es lo que el Papa quiere agilizar.
Con las lecturas ante nosotros, y tratando de hacer
práctica la homilía, ya tenemos en los datos bíblicos una base de reflexión y
juicio sobre esa facilidad con la que hoy se justifican las anomalías
matrimoniales, sobre todo si toca vivirlas en nuestras familias.
Llevado a terrenos aplicables a nuestra realidad práctica,
sería un momento de ejercicio de adhesión a la Iglesia, al Papa, y que no se
produzca un divorcio entre nuestra fe y la fe de la Iglesia. Se entiende mal
pretender estar por encima de sus enseñanzas.
sábado, 3 de octubre de 2015
ZENIT, 3 oct.: Orando por el sínodo de la FAMILIA
“La familia es lugar de santidad evangélica”. La vigilia inició como una
fiesta y prosiguió con cantos y oraciones
En la plaza de San Pedro se realizó este sábado con la alegría de una fiesta, la vigilia de oración convocada para rezar por el Sínodo de la Familia, y que contó con la presencia del papa Francisco.
Cantos, aplausos, y diversas persona, jóvenes, ancianos, de media edad, dieron su testimonio sobre la familia, sus experiencias, o su conversión.
Ente ellos una pareja de jóvenes, ella italiana, él cubano, refirieron que“en el encuentro las diferencias nos obligan a abatir nuestros muros”.
También un matrimonio relativamente joven próximos a celebrar los 25 años de su boda, dio su testimonio, y hablaron de la importancia de lograr momentos de oración, mismo en la vida cotidiana. Sus hijos se presentaron: Emanuel de 23 años, indicó su experiencia y dificultades de estudio y trabajo; Martina de 21 años se presentó con su novio Sandro y contó del itinerario que iniciarán este año hacia el matrimonio. Y su hija de 17 mencionó a su otro hermano que estudiaba en Australia.
Habló además un matrimonio que recordó las dificultades cuando la enfermedad visita la familia, y al mismo tiempo de la experiencia de fraternidad en los momentos difíciles.
Otro matrimonio, más anciano, casados hace 35 años, acompañados por hijos y nietos, contaron algunas dificultades, de una enfermedad rara en ella y con un hijo en una silla de ruedas. Y que en las dificultades la señora una vez reprendió a Jesús por permitir la enfermedad. Añadió que en cambio hoy le es clara la visión sobre la vida eterna y la misericordia de Dios, mismo tenga que morir.
El cardenal Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, recibió al papa Francisco, y en sus palabras señaló la importancia del Sínodo y le pidió su bendición. El Santo Padre rezó y bendijo una lámpara de aceite, símbolo de la construcción de un mundo de amor, la cual fue puesta a los pies del cuadro de la Sagrada Familia que presidía la vigilia.
“Queridas familias, buenas tardes. ¿Vale la pena encender una pequeña vela en la oscuridad que nos rodea?” interrogó el Papa a los presentes refiriéndose a las velas que se encendían mientras iniciaba a oscurecer. “¿No se necesitaría algo más para disipar la oscuridad? Pero, ¿se pueden vencer las tinieblas?”.
Y delante “de la tentación de echarse para atrás”, el Santo Padre ha ilustrado la experiencia del profeta Elías: “La gracia de Dios no levanta la voz, es un rumor que llega a cuantos están dispuestos a escuchar la suave brisa: los exhorta a salir, a regresar al mundo, a ser testigos del amor de Dios por el hombre, para que el mundo crea...”.
Recordó que el año pasado “en esta misma plaza, invocábamos al Espíritu Santo” pidiendo que ilumine a los Padres sinodales y “esta noche, nuestra oración no puede ser diferente”.
Delante de los presentes que le seguían con gran atención, el Papa citó al patriarca Atenágoras, que decía: “Sin el Espíritu Santo, Dios resulta lejano, Cristo permanece en el pasado, la Iglesia se convierte en una simple organización, la autoridad se transforma en dominio, la misión en propaganda, el culto en evocación y el actuar de los cristianos en una moral de esclavos”.
Y así pidió oraciones para que el sínodo que se abre este domingo “sepa reorientar la experiencia conyugal y familiar hacia una imagen plena del hombre” así como “abrazar las situaciones de vulnerabilidad”.
Y que “los Padres sepan sacar del tesoro de la tradición viva, palabras de consuelo y orientaciones esperanzadoras para las familias, que están llamadas en este tiempo a construir el futuro de la comunidad eclesial y de la ciudad del hombre”. E invitó así a cada familia a ser “siempre una luz, por más débil que sea, en medio de la oscuridad del mundo”.
Francisco, tras recordad a Charles de Foucauld que como pocos intuyó “el alcance de la espiritualidad que emana de Nazaret” señaló que “la familia es lugar de santidad evangélica, llevada a cabo en las condiciones más ordinarias”, donde “se ahondan las raíces que permiten ir más lejos”, el lugar “de gratuidad, de presencia discreta, fraterna, solidaria, que nos enseña a salir de nosotros mismos para acoger al otro, a perdonar y ser perdonados”.
Deseó así que el Sínodo “más que hablar sobre la familia, sepa aprender de ella”, dijo, no obstante las muchas “penalidades y contradicciones que la puedan caracterizar”.
Al concluir invitó a encontrar una Iglesia “que es madre, capaz de engendrar la vida y atenta a comunicar continuamente la vida, a acompañar con dedicación, ternura y fuerza moral”, y señaló que una Iglesia “que es familia sabe presentarse con la proximidad y el amor de un padre, que vive la responsabilidad del custodio, que protege sin reemplazar, que corrige sin humillar, que educa con el ejemplo y la paciencia. A veces, con el simple silencio de una espera orante y abierta”.
Y que sea “de hijos, que se reconocen hermanos”, y que “nunca llega a considerar al otro sólo como un peso, un problema, un coste, una preocupación o un riesgo: el otro es esencialmente un don, que sigue siéndolo aunque recorra caminos diferentes”.
Porque "la Iglesia es una casa abierta, lejos de grandezas exteriores, acogedora en el estilo sobrio de sus miembros y, precisamente por ello, accesible a la esperanza de paz que hay dentro de cada hombre, incluidos aquellos que –probados por la vida– tienen el corazón lacerado y dolorido".
Tras cantar el Padre Nuestro, el Santo Padre impartió su bendición.
En la plaza de San Pedro se realizó este sábado con la alegría de una fiesta, la vigilia de oración convocada para rezar por el Sínodo de la Familia, y que contó con la presencia del papa Francisco.
Cantos, aplausos, y diversas persona, jóvenes, ancianos, de media edad, dieron su testimonio sobre la familia, sus experiencias, o su conversión.
Ente ellos una pareja de jóvenes, ella italiana, él cubano, refirieron que“en el encuentro las diferencias nos obligan a abatir nuestros muros”.
También un matrimonio relativamente joven próximos a celebrar los 25 años de su boda, dio su testimonio, y hablaron de la importancia de lograr momentos de oración, mismo en la vida cotidiana. Sus hijos se presentaron: Emanuel de 23 años, indicó su experiencia y dificultades de estudio y trabajo; Martina de 21 años se presentó con su novio Sandro y contó del itinerario que iniciarán este año hacia el matrimonio. Y su hija de 17 mencionó a su otro hermano que estudiaba en Australia.
Habló además un matrimonio que recordó las dificultades cuando la enfermedad visita la familia, y al mismo tiempo de la experiencia de fraternidad en los momentos difíciles.
Otro matrimonio, más anciano, casados hace 35 años, acompañados por hijos y nietos, contaron algunas dificultades, de una enfermedad rara en ella y con un hijo en una silla de ruedas. Y que en las dificultades la señora una vez reprendió a Jesús por permitir la enfermedad. Añadió que en cambio hoy le es clara la visión sobre la vida eterna y la misericordia de Dios, mismo tenga que morir.
El cardenal Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, recibió al papa Francisco, y en sus palabras señaló la importancia del Sínodo y le pidió su bendición. El Santo Padre rezó y bendijo una lámpara de aceite, símbolo de la construcción de un mundo de amor, la cual fue puesta a los pies del cuadro de la Sagrada Familia que presidía la vigilia.
“Queridas familias, buenas tardes. ¿Vale la pena encender una pequeña vela en la oscuridad que nos rodea?” interrogó el Papa a los presentes refiriéndose a las velas que se encendían mientras iniciaba a oscurecer. “¿No se necesitaría algo más para disipar la oscuridad? Pero, ¿se pueden vencer las tinieblas?”.
Y delante “de la tentación de echarse para atrás”, el Santo Padre ha ilustrado la experiencia del profeta Elías: “La gracia de Dios no levanta la voz, es un rumor que llega a cuantos están dispuestos a escuchar la suave brisa: los exhorta a salir, a regresar al mundo, a ser testigos del amor de Dios por el hombre, para que el mundo crea...”.
Recordó que el año pasado “en esta misma plaza, invocábamos al Espíritu Santo” pidiendo que ilumine a los Padres sinodales y “esta noche, nuestra oración no puede ser diferente”.
Delante de los presentes que le seguían con gran atención, el Papa citó al patriarca Atenágoras, que decía: “Sin el Espíritu Santo, Dios resulta lejano, Cristo permanece en el pasado, la Iglesia se convierte en una simple organización, la autoridad se transforma en dominio, la misión en propaganda, el culto en evocación y el actuar de los cristianos en una moral de esclavos”.
Y así pidió oraciones para que el sínodo que se abre este domingo “sepa reorientar la experiencia conyugal y familiar hacia una imagen plena del hombre” así como “abrazar las situaciones de vulnerabilidad”.
Y que “los Padres sepan sacar del tesoro de la tradición viva, palabras de consuelo y orientaciones esperanzadoras para las familias, que están llamadas en este tiempo a construir el futuro de la comunidad eclesial y de la ciudad del hombre”. E invitó así a cada familia a ser “siempre una luz, por más débil que sea, en medio de la oscuridad del mundo”.
Francisco, tras recordad a Charles de Foucauld que como pocos intuyó “el alcance de la espiritualidad que emana de Nazaret” señaló que “la familia es lugar de santidad evangélica, llevada a cabo en las condiciones más ordinarias”, donde “se ahondan las raíces que permiten ir más lejos”, el lugar “de gratuidad, de presencia discreta, fraterna, solidaria, que nos enseña a salir de nosotros mismos para acoger al otro, a perdonar y ser perdonados”.
Deseó así que el Sínodo “más que hablar sobre la familia, sepa aprender de ella”, dijo, no obstante las muchas “penalidades y contradicciones que la puedan caracterizar”.
Al concluir invitó a encontrar una Iglesia “que es madre, capaz de engendrar la vida y atenta a comunicar continuamente la vida, a acompañar con dedicación, ternura y fuerza moral”, y señaló que una Iglesia “que es familia sabe presentarse con la proximidad y el amor de un padre, que vive la responsabilidad del custodio, que protege sin reemplazar, que corrige sin humillar, que educa con el ejemplo y la paciencia. A veces, con el simple silencio de una espera orante y abierta”.
Y que sea “de hijos, que se reconocen hermanos”, y que “nunca llega a considerar al otro sólo como un peso, un problema, un coste, una preocupación o un riesgo: el otro es esencialmente un don, que sigue siéndolo aunque recorra caminos diferentes”.
Porque "la Iglesia es una casa abierta, lejos de grandezas exteriores, acogedora en el estilo sobrio de sus miembros y, precisamente por ello, accesible a la esperanza de paz que hay dentro de cada hombre, incluidos aquellos que –probados por la vida– tienen el corazón lacerado y dolorido".
Tras cantar el Padre Nuestro, el Santo Padre impartió su bendición.
3 oct.: Una nueva manera de ver
Liturgia
Baruc hizo ayer al pueblo un examen de conciencia. Dejó al pueblo con
esa reflexión para que rumiara. La liturgia se detuvo ahí para hacernos a
nosotros mirar la parte que nos corresponde en un examen personal de nuestras
actitudes, y no pasar de largo como quien resbala sobre su propia realidad.
Defecto fácil por esas prisas de la vida o porque nos cuesta mirarnos dentro. “No
tenemos tiempo” para ese ejercicio de sinceridad, y “llegamos tan cansados a la
noche” que ya no hay lugar a ese examen diario. Y así arrastramos un día y otro
las misma carencias, la misma “ignorancia” de lo que realmente hay dentro de
nosotros en el transcurso de un día y de un tiempo.
Hoy (4, 5-12. 27-29) da un paso adelante, sin quitarle
hierro a lo que dijo ayer. Sigue siendo verdad que llevamos encima el peso de
nuestras culpas, que nos cierran la visión de Dios. Pero la solución no es el
desánimo, los golpes de pecho y el culpabilizarnos. Reconociendo nuestra
realidad (la que nos da un examen de conciencia objetivo, serio y responsable),
lo que ahora nos toca es el ánimo, porque
llevamos en nosotros el nombre de Dios; ánimo, hijos: gritad a Dios, volveos a
buscarlo con redoblado empeño. Él os mandará el gozo eterno de vuestra
salvación. [Todo eso sigue envuelto en la idea de entonces de un Dios que “se
cobra” la deuda que el pueblo se ha adquirido por sus pecados, y por esa idea
de que todo procede de Dios, incluso los males que han de padecerse. Pero “Dios
que manda la desgracia, manda también el remedio”.
La idea primitiva no puede entender el mal de otra manera, porque
cuanto sucede en el mundo tiene que estar bajo el control del Dios supremo.
Entonces concluyen que el mal es enviado por Dios, que a continuación aplica la
venda a la herida.
Cuanto más afina el estudio teológico, menos admisible es un Dios que
envía el mal, pues es una contradicción básica que Dios –la BONDAD substancial-
realice el mal. El mal viene por otros caminos. Y Dios es quien sabe “leer” el
mal que sucede en la vida, y lo dirige hacia el bien, porque esa es la acción
propia de Dios.
Lc. 10, 17-24 narra el regreso de aquellos 72 discípulos
que Jesús envío de misión por los pueblos y aldeas, preparando la llegada del Reino de Dios que ya está cerca.
Aquellos hombres –hombres el pueblo- vienen admirados y eufóricos porque los demonios se les sometían. Sabían ellos
muy bien que la fuerza diabólica dominaba a los posesos, o que las enfermedades
“incurables” quedaban fuera de la ciencia de los médicos (y se atribuían al
demonio). Pues en su misión, ellos han podido dominar la fuerza del demonio, y
lo han echado, o han curado a los enfermos sin remedio. Y emocionados, lo
cuentan a Jesús, como el no va más.
Jesús, sin embargo, les eleva el pensamiento y les hace
caer en la cuenta de que hay algo más grande todavía: que sus nombres están escritos en el Cielo. Grand es el poder de
echar al demonio. Pero más grande es ese abrazo de Dios hacia ellos, que han
hecho la obra de Dios, haciendo la voluntad de Dios. [Ante las personas que
vienen con la carga de sus fallos, y que encuentran la paz con la confesión y
con haberse quitado la carga de encima, yo intento abrirles una luz más
importante: lo que ahora importa es mirar hacia adelante. Y no sólo con el propósito
de “no pecar” sino con el deseo de agradar a Dios. ¡Es mucho más
grande! ¡Es mucho más atrayente! El “no pecar” es un planteamiento en términos “negativos”:
“NO pecar”. Lo que intento abrir cauce es a algo muy constructivo: vivir ahora
la vida con un objetivo POSITIVO: agradar
a Dios, que es algo que abre horizonte y que no tiene un límite corto e
inmediato: abarca la vida. ¡Y eso sí que es un propósito rico y enriquecedor.
Y Jesús se emociona ante aquella nueva realidad y da gracias y alaba al Dios del Cielo, porque
esas cosas las entienden los sencillos. Así le ha parecido mejor al Dios del
Cielo. Los engreídos, los sabelotodo, los pagados de sus ideas
(religiosas), no pueden entender. Están muy aferrados a los que supieron y no
quieren bajarse de su propio entender. Los sencillos tienen el corazón abierto
para aprender y aceptar una nueva visión de las cosas. Y el Padre lo revela a
través del Hijo, y el Hijo lo revela a quienes quiere revelarlo. Es evidente
que Jesús quiere abarcar al mundo entero. Dichosos
los ojos que ven lo que vosotros veis; lo que muchos profetas quisieron ver y
no pudieron. Estos discípulos están viendo la novedad del Reino de Dios.
ZENIT del día 2: El ángel de la guarda
02 de octubre de 2015 (ZENIT.org)
En la fiesta de los ángeles de la guarda, el santo padre Francisco ha
recordado que Dios ha dado a cada persona la “compañía” de un ángel para
aconsejarla y protegerla, un ángel al que debemos escuchar con docilidad.
Lo dijo en la homilía de la misa celebrada este viernes en la capilla de la
Casa Santa Marta.De este modo, recordó que la prueba de una paternidad que todo ama y cubre se encuentra en las primeras páginas de la Biblia. Cuando Dios hecha a Adán del paraíso no le deja solo, no le dice “arréglatelas como puedas”.
Y así, citó oraciones y salmos para recordar cómo la figura del ángel de la guarda está siempre presente en cada situación de la relación entre el hombre y el Cielo. “Voy a enviarte un ángel por delante, para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que he preparado”, afirma el pasaje del Libro de Éxodo propuesto por la liturgia. Una liturgia dedicada a esas particulares presencias divinas que “el Señor nos ha dado a todos”, indicó el Papa. Por eso, recordó que “cada uno de nosotros tiene uno” que “nos acompaña”.
Y lo ha explicado así: “¡Está siempre con nosotros! Y esto es una realidad. Es como un embajador de Dios que está con nosotros. Y el Señor nos aconseja: ‘¡Ten respeto por su presencia!’ Y cuando nosotros --por ejemplo-- hacemos una cosa mala y pensamos que estamos solo nosotros: no, está él. Ten respeto por su presencia. Escucha su voz, porque él te aconseja. Cuando escuchamos esa inspiración: ‘Pero haz esto… esto es mejor.. esto no se debe hacer…’ ¡Escucha! No te rebeles”
Tal y como subrayó el Santo Padre, el ángel de la guarda nos defiende siempre y sobre todo del mal. A veces, aseguró, “pensamos que nosotros podemos esconder muchas cosas”, “cosas feas”, que al final acabarán viendo la luz. Y el ángel está ahí “para aconsejarnos”, para “cubrirnos”, exactamente como haría “un amigo”. Un amigo -- explicó-- que no vemos, sino que sentimos. Un amigo que un día “estará con nosotros en el Cielo, en la alegría eterna”.
Prosiguió el Pontífice, asegurando que “solamente pide escucharlo, respetarlo. Solamente esto: respeto y escucha. Y este respeto y escucha a este compañero de camino se llama docilidad. El cristiano debe ser dócil al Espíritu Santo. La docilidad al Espíritu Santo comienza con esta docilidad a los consejos de este compañero de camino”.
Y para ser dóciles, el Santo Padre aseguró que es necesario ser pequeños, como niños, o como aquellos que Jesús dijo que son los más grandes en el Reino de su Padre.
Así, finalmente, explicó que el ángel de la guarda es un compañero de camino que enseña la humildad y se les escucha como a un niño: “Pidamos hoy al Señor la gracia de esta docilidad, de escuchar la voz de este compañero, de este embajador de Dios y que está junto a nosotros en su nombre, que somos sostenidos por su ayuda. Siempre en camino… Y también en esta misa, con la que alabamos al Señor, recordamos lo bueno que es el Señor que justo después de haber perdido la amistad, no nos ha dejado solos, no nos ha abandonado”.
viernes, 2 de octubre de 2015
2 oct._ Examen profundo de sí mismo
Liturgia
Hoy pasamos al profeta Baruc (1, 15-22). Hace un examen de conciencia
de aquel pueblo, y un examen que descubre las múltiples flaquezas en que ha
incurrido: desobedecimos a Dios no siguiendo
sus mandatos… No hemos hecho caso al Señor nuestro Dios, que nos hablaba por
medio de sus enviados, los profetas. Todos seguimos nuestros malos deseos,
sirviendo a dioses ajenos, haciendo lo que el Señor reprueba. Todo eso no
ha acarreado desastres, por cuanto que nos destruimos a nosotros mismos y nos
atraemos desgracias. Es que no se hace el mal sin que tenga consecuencias, pues
el mal siempre lleva una semilla destructora. El hombre acaba por volver esa
idea sobre Dios, como si fuera Dios quien envía esas desgracias. Pero la
realidad es que el obrar mal lleva siempre consecuencias en la vida de la
persona y de los pueblos que se autodestruyen.
La liturgia del día no ha aportado soluciones. Se ha
quedado en poner delante el examen de conciencia, y no ha aterrizado en alguna
recomendación o exhortación. A mí me parece que muy intencionadamente, porque
no se trata de aplicar fórmulas desde fuera cuando se le ofrece a alguien unas
pautas para examinar su vida. Lo primero que hace falta es que esa persona, esa
nación, ese pueblo, recapacite y haga suyas las enseñanzas que se le han dado.
Que las acepte y las digiera. Y que rumiando sobre ellas, genere en su mismo
interior las reacciones que le lleven a
enfrentar su propia realidad.
La experiencia en el trato con almas deja patente que no
son las cosas que se orientan desde fuera las que ayudan a cambiar. La persona
interesada necesita interiorizarlas, y sólo cuando llega a sentirlas como “descubrimiento”
propio, llegan a tener una eficacia y llevan a unas decisiones prácticas. De lo
contrario, el sermón no ha servido para nada. Rebota en las almas que, a los
sumo, piensan “lo bien que aquello le viene a otro…”
Jesucristo remacha el clavo ante aquellas ciudades impenitentes
–Corozaín y Betsaida (Lc 10, 13-16)- en las que Jesús ha volcado enseñanzas y
acciones salvadoras, y sin embargo no han salido de sus propios fallos. Jesús
llega a decirles que si en Sodoma y Gomorra –ciudades proscritas del Antiguo
Testamento- se hubiere hecho lo que se hizo en Corozaín y Betsaida, hubieran
hecho penitencia…, hubieran cambiado, hubieran salido de su pecado. Sin embargo
esas ciudades por las que pasó Jesús –Cafarnaúm incluida- no han cambiado para
nada.
Se le viene a uno a la cabeza la parábola del sembrador,
con las semillas cayendo al borde del camino, pisadas por la gente, comidas por
los pájaros…, estériles y sin fruto. Y no deja de evocarse aquí ese discurso de
Baruc que trata de mover al pueblo a un examen de conciencia, porque sin ese
examen personal, no habrá acogida de la Palabra de Dios. Escucharemos mil veces
las mismas cosas y –sin advertirlo- tendremos puesto el impermeable. Quien rechaza o no escucha la Palabra de
Dios, rechaza o no escucha a Jesús; rechaza o no escucha a Dios. Así
concluye Jesús este discurso. Lo dicho: no basta oír, gustar, admirar, emocionarse con la Palabra de Dios. Hay que escuchar, que ya es un eco interior de
esa Palabra, que tiene que tocar profundamente y dar su fruto en la vida real
de la persona.
Hoy es la fiesta litúrgica de los ángeles de la guarda,
esos espíritus de Dios que tienen asignada a cada persona, a cada pueblo, a
cada nación o continente… El ángel de la guarda que tiene esos dos ojos con los
que –con uno- mira a Dios, y con el otro mira a quien tiene encomendado. El
ángel de la guarda que trasmite secretamente a la persona, a los pueblos…, esa
Palabra y obra salvadora de Dios, y extiende sus alas para protección; que
trasmite íntimamente deseos de Dios para la seguridad y bien del encomendado.
Solemos representarlo como el cuidador de los niños, y el mismo Jesús habló del
ángel protector mientras tenía un
niño junto a sí. Es la manera de presentar la fuerza de la protección ante la
mayor debilidad, ante la mayor impotencia. Pero la acción protectora del ángel
de la guarda se extiende a todos. Cuantos buenos impulsos hay en nosotros,
cuantas inspiraciones nos tratan de alejar de un peligro –de cualquier clase-,
cuanto vivimos y hacemos, están siempre bajo la mano del ángel de la guarda, “instrumento”
del que se vale el propio Corazón de Jesús para realizar su obra de salvación y
amor sobre cada persona, cada pueblo, cada nación.
jueves, 1 de octubre de 2015
ZENIT 1 oct.: NO perder la nostalgia de Dios
01 de octubre de 2015 (ZENIT.org)
Un cristiano nunca debe dejar de sentir la nostalgia de Dios, sino, nuestro
corazón no puede hacer fiesta. Así lo aseguró el santo padre Francisco en la
homilía de la misa celebrada en Santa Marta este jueves, en la que también
recordó que la alegría del Señor es nuestra fuerza, en Él encontramos nuestra
identidad.El pueblo de Israel, tras largos años de deportación, vuelve a Jerusalén. El papa Francisco tomó como referencia la primera lectura, del libro de Nehemías, para ofrecer una reflexión sobre la sustancia de la identidad de un cristiano.
Así, señaló que, también en los años de Babilonia, el pueblo siempre recordaba la patria. Y después de muchos años, llegó finalmente el día del regreso, de la reconstrucción de Jerusalén y pide al escriba Esdras leer delante del pueblo el Libro de la Ley. El pueblo estaba feliz: “estaba alegre pero lloraba, y escuchaba la Palabra de Dios; tenía alegría, pero también llanto, todo junto”.
¿Cómo se explica esto?, se preguntó el Papa durante la homilía. Simplemente, “este pueblo no solo había encontrado su ciudad, la ciudad donde había nacido, la ciudad de Dios, este pueblo al escuchar la Ley, encontró su identidad, y por esto estaba feliz y lloraba”, explicó.
De este modo, Francisco prosiguió: “pero lloraba de alegría, alegría porque había encontrado su identidad, había reencontrado esa identidad que con los años de deportación se había perdido un poco. Un largo camino este. ‘No estéis tristes --dice Nehemías-- pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza’. Es la alegría que da el Señor cuando encontramos nuestra identidad. Y nuestra identidad se pierde en el camino, se pierde en tantas deportaciones o auto-deportaciones nuestras, cuando hacemos un nido aquí, un nido allí, un nido... y no en la casa del Señor. Encontrar la propia identidad”.
A propósito, el Papa se preguntó de qué forma se puede encontrar la propia identidad. “Cuando has perdido lo que era tuyo, tu casa, lo que era propio tuyo, te viene la nostalgia y esa nostalgia se lleva de nuevo a tu casa”, indicó Francisco. Y este pueblo --añadió-- con esta nostalgia, ha sentido que era feliz y lloraba de felicidad por esto, porque la nostalgia de la propia identidad le había llevado a encontrarla. Una gracia de Dios.
El Pontífice dio un ejemplo: “si nosotros estamos lleno de comida, no tenemos hambre. Si estamos cómodos, tranquilos donde estamos, no necesitamos ir a otro sitio. Y yo me pregunto, y estaría bien que todos nosotros nos preguntáramos hoy: ‘¿estoy tranquilo, contento, no necesito nada --hablo espiritualmente-- en mi corazón? ¿Se me ha apagado la nostalgia?’”
De este modo, invitó a mirar a este pueblo feliz, que lloraba y estaba alegre. “Un corazón que no tiene nostalgia, no conoce la alegría. Y la alegría, precisamente, es nuestra fuerza: la alegría de Dios. Un corazón que no sabe qué es la nostalgia, no puede hacer fiesta. Y todo este camino que comenzó desde hace años termina en una fiesta”.
Finalmente, el Obispo de Roma observó que el pueblo exultó con gran alegría porque había “entendido las palabras que habían sido proclamadas. Habían encontrado lo que la nostalgia les hacía sentir e ir adelante”. Por ello, invitó al concluir la homilía a preguntarnos cómo es nuestra nostalgia de Dios: “¿estamos contentos, estamos felices así, o todos los días tenemos este deseo de ir adelante?” Que el Señor --dijo Francisco-- nos dé la gracia. Que nunca, nunca, nunca, se apague en nuestro corazón la nostalgia de Dios.
1 Octubre: Mensajeros de paz
Liturgia
En el texto de hoy (Neh 8, 1-12) se funden los dos libros de Esdras y
de Nehemías en un relato emocionado del momento en que se trae el libro de la
ley de Moisés para leerlo ante el pueblo congregado como un solo hombre. Esdras lo trae ante la asamblea de hombre y
mujeres, y lee el libro en la plaza, con todo el pueblo en pie, en señal de
respeto profundo, que llega incluso –en un determinado momento- a ponerse con
el rostro en tierra, con Esdras sobre un estrado, abriendo el libro y
pronunciando la bendición de Dios. El pueblo eleva sus brazos y acoge con un
doble amén las palabras de la Ley.
Nehemías, Esdras, los levitas trasmiten al pueblo un
mensaje de alegría porque hoy es día
consagrado a nuestro Dios. Y lo han de celebrar también desde la parte
humana, con una invitación a la fiesta, con una comida más especial. Porque a
Dios se le rinde culto con el alma y con el cuerpo, y el festejo humano forma
parte de esa alegría que el pueblo debe sentir ante esta situación en que de
nuevo se venera públicamente la Palabra que Dios le trasmitió a Moisés.
Pasamos al Evangelio (Lc 10, 1-12) con un nuevo envío
misionero de parte de Jesús. Pero esta vez no envía a sus apóstoles. Ahora le
toca el turno y la misión a discípulos que venían siguiéndolo. En concreto a
72, en binas que han de servirse de mutuo apoyo. Irían por los pueblos y aldeas
y lugares a los que luego iba a ir Jesús. Les exhortó diciéndoles que la mies es mucha y hay pocos obreros.
Por eso ellos –lo que hoy llamaríamos laicos-
han de ser parte de esa obra de evangelización. Hay que pedir al Dueño de la
mies que mande obreros a su mies, y mientras tanto esa avanzadilla de 36 binas
irá repartiéndose por unos y otros lugares, con un mensaje muy claro: está cerca de vosotros el Reino de Dios.
Era una ilusión de aquellas gentes que llegara hasta ellos el poder salvador de
Dios. De ahí esa idea de un mesías vencedor en las batallas, que vendría a
liberar al pueblo de la opresión de sus enemigos.
Por eso el anuncio era de una satisfacción muy grande: ya
está cerca esa realidad que esperáis. Sea que significara que Dios va a tomar las
riendas y el poder sobre los enemigos, bien que ese Rey que viene es Jesús
mismo, que ya esta cerca. Lo que pasa es que es un rey que se presenta en debilidad:
sus mensajeros han de llegar no como poderosos sino sabiéndose como corderos en
medio de lobos, y sin apoyaturas humanas: sin talega, ni alforja, ni sandalias…
Van en debilidad y en pobreza. Van a lo que van y no han de detenerse por el
camino en aquellas típicas interminables conversaciones que se producían cuando
dos orientales se encontraban.
Han de ir a una casa y allí saludar con el saludo de PAZ, y
allí quedarse como “cuartel general” para luego expandirse por diversos
lugares. Allí comer, allí crear una base de operaciones. El obrero merece su salario, y en una cultura donde el huésped es
bienvenido, no hay que estar cambiando de casa.
Pero no siempre van a encontrarse con esas disposiciones.
Puede haber lugares donde no son acogidos. Jesús no les incita a discusiones ni
a poner derechos por delante, sino les dice que se salgan de aquella casa, sacudan
el polvo de los pies para no llevarse nada de allí, y que vayan a otro lugar
donde sean acogidos. Si van como pobres, han de proceder como pobres, que no se
defienden sino que humildemente buscan el lugar en el que sean recibidos.
Llegaron a una casa saludando con la paz, y no van a crear guerra por el hecho
de no ser bien recibidos. El mensajero de Jesús irá por la vida con la humildad
de Jesús. El Reino de Dios que Cristo trae es un reino de paz, y cuando llegue Jesús
a aquellos lugares, seguirá siendo el rey de paz que camina en la paz, y si no
se le recibe, se irá a otro sitio en el que sea recibido. [Recordemos el reciente
episodio del paso por Samaria, cuando Juan pretende pedir fuego del cielo para
que abrase a quienes no les dejan pasar, y Jesús se lo quita de la cabeza y
opta por tomar otro camino. ¡Y no ha pasado nada!] Ahora les enseña a sus
mensajeros a actuar así.
Y buena lección será para nosotros tomarnos muy en serio
que sólo desde la paz estamos en el ámbito de Jesús, y ser así mensajeros de la
Buena Noticia. Donde hay resabios, celos, espíritu de discusión o de porfía, “largas
conversaciones por el camino”, y empeño de dominar una situación…, no estamos
en la línea de esos obreros de la mies del Señor, los que Él necesita. A lo
peor hay situaciones en las que los fracasos apostólicos de los miembros de
Iglesia, se deben a no haber concebido la misión en los términos en que Jesús
quiso que fueran de su parte aquellos misioneros.
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