viernes, 9 de mayo de 2014

ZENIT, 9 mayo: En Santa Marta

Ser santo no es ser faquir, la santidad es un don de Jesús
El papa Francisco: Hay que llevar con humildad la cruz, dando testimonio todos los días. Y recuerda a san Juan Pablo II, destruido y humillado por la enfermedad
 09 de mayo de 2014 (Zenit.org) - Los santos son personas que practicaron las virtudes con heroísmo, pero no hay que confundirlos con los superhéroes, porque los santo son pecadores que han seguido a Jesús en el camino de la humildad y de la cruz, pues nadie pude santificarse por sí mismo.
Lo recordó el Santo padre en la homilía de este viernes en la Casa Santa Marta. Partió de la primera lectura: la conversión de San Pablo que de perseguidor de los cristianos se transforma en santo. Y se interroga ¿si somos todos pecadores y estamos dentro la Iglesia cómo es posible que ella sea santa?

“Nosotros -precisa el Papa- somos todos pecadores, pero ella es santa. Es la esposa de Jesucristo y él la ama, la santifica, cada día con su sacrificio eucarístico”. O sea “nosotros somos pecadores pero dentro de una Iglesia santa, y nosotros también nos santificamos por el hecho de pertenecer a la Iglesia, somos hijos de la Iglesia y la Madre Iglesia nos santifica con su amor, con los sacramentos de su esposo”.
“San Pablo en sus cartas --recuerda el Papa-- se dirige a los santos y a nosotros: pecadores pero hijos de la Iglesia santa, santificada por la sangre y cuerpo de Jesús”.
“En esta Iglesia santa --prosigue el Santo Padre-- el Señor elige a algunas personas para hacer ver mejor la santidad, para hacer ver que es él quien santifica y que nadie se santifica a sí mismo, que no hay un curso para volverse santo, que ser santo no es ser un faquir o algo de este estilo... ¡No, no lo es!”
Y precisa: “La santidad es un don de Jesús a su Iglesia y para hacer ver ésto Él elige personas en las cuales quede clara su labor santificadora”.
En el evangelio, indica el Papa, existen muchos ejemplos de santos: está la Magdalena, de la cual Jesús había expulsado siete demonios; está Mateo, “que era un traidor de su pueblo y le quitaba el dinero para dárselo a los romanos”; está Zaqueo y tantos otros que hacer ver a todos cuál es la primera regla de la santidad: “es necesario que Cristo crezca y nosotros nos abajemos. Es la regla de la santidad. La humillación nuestra para que el Señor crezca”.
Así Cristo elige a Saulo, un perseguidor de la Iglesia. “El Señor lo espera. Lo espera y le hace sentir su poder”. Saulo “se vuelve ciego y obedece” y de grande que era “se vuelve como un niño y obedece”. Su corazón cambia: “es otra vida”. Pero Paolo no se transforma en un héroe, porque el que había predicado el evangelio en todo el mundo “concluye su vida junto a un pequeño grupito de amigos, aquí en Roma, víctima de sus discípulos”.
Y una mañana “fueron 3, 4, 5 soldados en donde él estaba, se lo llevaron y le cortaron la cabeza, simplemente. El grande, aquel que había ido por todo el mundo termina así”.
El papa recuerda que “la diferencia entre los héroes y los santos es el testimonio, la imitación de Jesucristo. Es el ir por el camino de Jesucristo”, el camino de las cruces. Y añade que muchos santos “terminan de manera tan humilde. Los grandes santos. Pienso por ejemplo a los últimos días de Juan Pablo II... Todos lo hemos visto”. No podía hablar este gran atleta de Dios, este gran guerrero de Dios que termina así: demolido por la enfermedad, humillado como Jesús. Este es el recorrido de la santidad de los grandes”.

“También es -concluye el papa Francisco- el recorrido nuestra santidad. Si nosotros dejamos que el corazón se convierta por este camino de Jesús, el de llevar la cruz todos los días, la cruz ordinaria, la cruz simple, y dejamos que Jesús crezca. Y si no tomamos este camino no seremos santos. Pero si lo tomamos, todos nosotros daremos testimonio de Jesucristo que nos ama tanto. Y daremos testimonio de que, aunque pecadores, la Iglesia es Santa, es la esposa de Jesús”.

09 mayo: Crisis galilea

Unas lecturas muy llenas
             Hoy tenemos una riqueza  en las dos lecturas del día: en Hech 9, 1-20, un momento crucial en la historia del cristianismo. Saulo, el ensañado contra los cristianos, el que disfrutó –siendo aún muchacho- con el martirio de Esteban, ahora –ya adulto- ha tomado por su cuenta la misión de acabar con los cristianos. Se busca salvoconducto y autorizaciones para ir a detener cristianos a mansalva y llevarlos detenidos a Jerusalén: una persecución de exterminación. No se ha podido de otra manera; ahora él se arroga el poder para dar el golpe de gracia a esa nueva religión.
             Iba camino de Damasco con ese fin. No contaba con que  Dios, a quien servía o quería servir (aunque tan erróneamente) le iba a buscar en ese camino, y precisamente iba a hacerlo a través de Cristo, el fundador de esa “secta” cristiana que Saulo pretendía derruir. Y le salió al paso en forma violenta para Saulo, en forma humillan para el soberbio, en la forma que más podía detener ese gas de odio mortífero que Saulo respiraba  contra los cristianos. Iba Saulo engreído, apoyado en sí mismo, en su fuerza, en “sus razones”… Y de pronto se encuentra que, sin venir a qué, cae rodando por el suelo como un niño chico…, y además el día se le hace noche en sus ojos…, y se queda hecho una piltrafa. Era evidente que no había habido una causa humana; era claro que algo –Alguien- superior le derrumbaba y le dejada incapacitado.
             Pudo reaccionar desde su enorme soberbia. Pero la verdad es que Saulo más que soberbio en sí era un fanático total y fanático “por el nombre de Dios” (fariseo, al fin y al cabo). Y en vez de protestar, de buscar culpables, de hacer rebelde su soberbia, no le queda otra que preguntar: ¿Quién eres, Señor? Evidentemente Saulo era hombre de profunda religiosidad, y pregunta en esa línea… Lo que le acaba de pasar no tiene razón humana. Luego hay que buscar en otro plano. Y de ahí su pregunta.
             La respuesta que recibe es para abajar la testa o para protestar ruidosamente. Porque la voz –que la oían también los otros acompañantes- dice: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Podría protestar Saulo: -NO, Señor; yo no persigo a Jesús que está muerto y bien muerto… Pero Saulo era inteligente y se dio cuenta del misterio…, el que él desarrollará un día como CUERPO MÍSTICO de Cristo, en el que Cristo es la cabeza de un cuerpo total en el que están todos LOS CRISTIANOS. Y si él perseguía a los cristianos, estaba persiguiendo a Cristo… Y tuvo que callar… No habló, no protestó. Y Jesús le siguió diciendo –ahora era Jesús quien tomaba las riendas- lo que tenía que hacer… Y ni siquiera le dio solución… Un cristiano de los que Saulo perseguía, habría de ser quien solucionara su caso de hombre caído y ciego. Creo que es una de las lecciones más impresionantes que nos han trasmitido las Escrituras Santas. Y una necesidad de aprender que Dios tiene sus procedimientos de actuación, en momentos determinados, y que –a primera vista- se les puede protestar y blasfemar…, o si hay sensatez, se puede besar su “mano izquierda” porque con ella recupera a los díscolos, a los soberbios, a los recalcitrantes…
             El Evangelio es otro gran capítulo para nuestra fe. Jn 6, 53-58 es el estallido de la crisis. Por fin Jesús ha aterrizado en lo que quería decir, aunque poniendo a prueba la fe/confianza en Él: Yo soy el Pan de la Vida…, y os aseguro que si no coméis mi carne y no bebéis mi sangre, no tendréis vida en vosotros. Hay que reconocer el efecto natural de repugnancia y rechazo que provocó esta afirmación. [Para nosotros, que ya tenemos “traducido” esto, no es familiar y devoto, pero escuchado sin más por aquellos oyentes, era rechazable]. ¡Y lo rechazaron! “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna…; mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida…”
             Mañana tendremos la solución: Muchos discípulos de Jesús consideraron insoportable todo esto; incluso dentro de “las filas” de los íntimos hubo sus protestas… hasta el punto que Jesús siente la angustia de aquellas deserciones y pregunta a sus apóstoles si también ellos quieren marcharse… Menos mal que Pedro, se adelanta y se hace portavoz de quienes ni han expresado su parecer, y rompe por medio aquella situación respondiendo a Jesús en nombre de todos: “Señor; ¿adónde íbamos a ir sin ti, si sólo Tú tienes palabras de vida eterna? Es la respuesta que yo buscaba hace unos días en medio de mis muchas preguntas… Sólo buscar a Jesús POR SER ÉL QUIEN ES…, no tanto por lo que me da o me llena mi capacidad de amor y de sentido… No POR MÍ es lo que yo quiero decirle “quién digo que es Él”. Sólo pretendo decirle que Él es Él MISMO, y esa es mi razón de ser, mi confesión de fe.


             Imaginemos por un instante que María, la Madre de Jesús hubiera estado allí en aquella sinagoga, y hubiera visto la estampida de muchos y la amargura de alma de su Hijo. ¿Qué hubiera sentido y pensado? Mientras Jesús estuvo en candelero, daba gusto verlo seguido de muchedumbres entusiasmadas. Pero hoy de pronto se derrumba el mito, y Jesús pierde apoyos. Ha llegado la crisis, que va a marcar el resto de su acción. ¿Cómo hubiera vivido María todo esto, si hubiera estado presente? Acompañemos a María en este día y apoyemos con cariño y generosidad cuanto podemos hacer por el amor a nuestra Madre.

jueves, 8 de mayo de 2014

ZENIT, 8 de mayo: en Santa Marta: homilía

es Dios que evangeliza, no la burocracia
El papa Francisco este jueves en su homilía pide confiar la docilidad al Espíritu Santo; el diálogo; y la confianza en la gracia
 08 de mayo de 2014 (Zenit.org) - El papa Francisco en su homilía de la misa cotidiana de este jueves en Santa Marta recordó que “quien hace la evangelización es Dios”, oponiendo esta verdad al exceso de burocratización que puede obstaculizar el acercarse de las personas Dios.
Y el Santo Padre indicó el modelo seguido por el apóstol Felipe, que como indican los Actos de los Apóstoles, pone en luz tres cualidades cristalinas de un cristiano: la docilidad al Espíritu Santo; el diálogo; y la confianza en la gracia.
El primer caso es cuando el Espíritu le indica a Felipe que interrumpa sus actividades y alcance la carroza en la que está viajando entre Jerusalén y Gaza, el ministro de la reina de Etiopía.
“Felipe obedece, es dócil a la palabra del Señor. Seguramente ha dejado tantas cosas que debía hacer, porque los apóstoles en aquellos tiempos estaban muy ocupados con la evangelización. Deja todo y va. Y esto nos hace ver que sin esta docilidad a la voz de Dios nadie puede evangelizar, nadie puede anunciar a Jesucristo, o como máximo anunciará a sí mismo. Es Dios que llama, es Dios que a Felipe lo pone en camino. Y Felipe va, es dócil”.
El encuentro con el ministro etíope es para Felipe una ocasión de anuncio del evangelio. Pero este anuncio -explicó Francisco- no es una enseñanza que llega desde lo alto, una imposición. Se trata de un diálogo que el apóstol tiene el escrúpulo de iniciar, respetando la sensibilidad espiritual de su interlocutor que esta legendo, sin lograr entender una estrofa del profeta Isaías.
“No se puede evangelizar sin dialogar, no se puede. Porque uno debe partir justamente desde donde está la persona que debe ser evangelizada”.
El Papa recuerda que alguien podría decir: 'Pero padre, se pierde tanto tiempo, porque cada uno tiene su historia, viene con esto, con sus ideas...' Y Francisco añade: “Más tiempo ha perdido Dios en la creación del mundo y lo ha hecho bien”.
Y nos pide “perder el tiempo con la otra persona, porque aquella persona es la que Dios quiere que uno evangelice, a la cual uno le dé la noticia de que Jesús es lo más importante. Pero como esa persona es ahora, no como deberá serlo”.
Las palabras de Felipe suscitan en el ministro etíope el deseo de ser bautizado y en el primer curso de agua así sucede. Felipe bautiza al etíope, “lo pone en las manos de Dios y de su gracia”. Y el Papa añade: el ministro además pasará a transmitir la fe y “esto quizás nos ayudará a entender mejor que quien hace la evangelización es Dios”.
Y el Santo Padre invitó por lo tanto a meditar sobre estos tres momentos de la evangelización: la docilidad para evangelizar y hacer lo que Dios nos manda; el diálogo con las personas, aunque es neceario partir desde donde ellas están; y tercero, confiar en la gracia: es más importante la gracia que toda la burocracia.

E invitó a recordar que “muchas veces nosotros en la Iglesia somos una empresa para fabricar impedimentos de manera que la gente no pueda llegar a la gracia. Que el Señor nos haga entender esto”.

08 mayo: ¿Quién dices que soy yo?

SIGO CON LA MISMA PREGUNTA
             La belleza de algunas narraciones bíblicas nos deben impactar, por aquello de que empiezan siendo un relato y deben provocar un reto. Los cristianos han tenido que huir de Jerusalén. Aunque Felipe se había ido a Samaría, de hecho no ha sido el “patrón que abandona el barco”, y de nuevo lo vemos en el camino que va de Jerusalén a Gaza. (Hech 8, 26-40). Por el mismo camino pasa una carroza con un eunuco de la reina de Etiopía, y el hombre va leyendo un capítulo de Isaías. Poco podía enterarse puesto que su fe no era la de Israel. Y más aún cuando el relato era del “siervo de Yavhé”, en el que lo único que podía sacar en claro era una “emocionante novela” trágica.
             El Espíritu incita a Felipe a pegarse a la carroza, y preguntarle al etíope si entendía lo que leía. Y la respuesta: -¿Y cómo voy a saber si no me lo explica alguien? Y Felipe le declara el gran hecho de Cristo Salvador, que padeció como aquel relato que leía el eunuco, incluyendo la explicación del Bautismo como puerta d entrada a esa fe en Jesús. De ahí que, llegados adonde había agua, el pagano insinúa su deseo de ser bautizado en esa fe que Felipe le había presentado. Felipe lo bautiza y desaparece, arrebatado por el mismo Espíritu que le había puesto allí.
             Un reto a buscar explicación de la Palabra de Dios…, un reto a querer comprometer la vida en la fe que el Bautismo nos dio; una convicción de que Dios pone “el medio” en el momento oportuno, hasta cuando parece que todo se ha convertido en tragedia o en mera “novela” para quien está golpeado por la contrariedad y allí, en ese recodo del camino, el Espíritu pone una luz.
             En Jn 6, 44-52, sigue Jesús avanzando en la idea del Pan de Vida, que es Él mismo. Y a quien llega aquel que el Padre trae… (como en el eunuco etíope). Y todo lo que me da mi Padre, aprende, viene a mí. Y Jesús dará un paso más cuando llega a afirmar ya que “Yo soy el Pan vivo que ha bajado del Cielo… Y el pan que Yo daré ES MI CARNE para la vida del mundo”. Hay que reconocer que ahí ha llegado ya a un punto muy difícil para los que le escuchan.

             En el “mes de mayo” que nos ha brindado el Movimiento Apostólico familia, “San Juan de Ávila”, hoy nos lleva al Nacimiento de Jesús, de María Virgen: “Jesucristo Dios-Hombre. Una de las maravillas de Dios, que hemos de meditar y que hemos de agradecer a este Señor que ha venido a traer la paz en la Tierra a los hombres que quieren unir su volintad a la Voluntad buena de Dios: Todos somos en Jesús, hijos de Dios, hermanos de Cristo: su Madre es nuestra Madre”. Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María, tener momentos de encuentro íntimo con mi familia celestial, para agradecer y seguir sus inspiraciones, y recibir sus gracias.

             No se me ha pasado “el mono” de la pregunta que le hago a Jesús: “Y tú, ¿quién dices que soy yo? En texto de Marcos, más escueto que el de Mateo (véase 16, 13-23), nos muestra con qué espontaneidad Simón declara a Jesús “Mesías”, y que bien nos dice el contexto que Simón no se había salido del esquema de creencia vulgar de Israel. El que había visto a Jesús hacer aquellos signos, echar demonios, llevarse detrás a las muchedumbres…, bien podía pensar que Jesús reunía todas las características de aquel mesías liberador poderoso que esperaba Israel. Jesús ve muy claro que –tras la gran afirmación de Pedro- no estaba el sentido real de su misión. Y Jesús no deja el engaño (aunque le fuera favorable visto de tejas abajo). Y aquella manifestación que Simón ha hecho  la aprovecha Jesús para declararles la verdadera realidad: “El Mesías, el Hijo del hombre, tiene que padecer muchas cosas, y ser desechado por los ancianos y por los sumos sacerdotes y por los escribas, y ser entregado a la muerte…” Simón miró a los compañeros, y los compañeros a Simón… La impresión que tuvieron era que el Maestro desvariaba…; que a Jesús había que sacarlo de aquella fantasía… Y Simón, siempre arrojado, se encarga de “despertar” al Maestro…; se lo lleva aparte y le hace reconvenciones para “bajarlo a la realidad”. Pero Jesús no desvariaba, y se vuelve a todos y reprende a Pedro muy fuertemente: “Vete de aquí, quítateme de delante, Satanás, pues tus miras no son las de Dios sino las de los hombres”. Estoy segurísimo que aquel final de la exposición de Jesús, que anunciaba que “el tercer día resucitaré”, ni la han escuchado.

             Pero a mí me importaba hoy ¿qué dice Jesús de mí? Porque es un hecho que yo estoy más de acuerdo en mi vida con el Mesías triunfador que con el que me aguijonea en el día a día con los detalles y situaciones que me fastidian. Que yo me siento muy bien cuando estoy admirado y reconocido, y que lo que no quiero para mí es la contrariedad, el silencio, la “ignorancia”, el pasar desapercibido… Y estoy teniendo que pensar ahora que no es ese el seguimiento de Jesús-Mesías. Y que tengo que dar mi brazo a torcer… Que en lo pequeño diario es donde voy a hallar la respuesta de lo que Jesús me diría HOY, quién dice Él que soy yo.

miércoles, 7 de mayo de 2014

ZENIT, 7 mayo: Catequesis del Papa

Texto completo de la catequesis del miércoles. El don del consejo
El Santo Padre contó cuando una mamá, la Virgen y un joven resolvieron un problema escuchando el consejo del Espíritu Santo
Por Redacción
CIUDAD DEL VATICANO, 07 de mayo de 2014 (Zenit.org) - Queridos hermanos y hermanas, ¡buen día! Hemos escuchado la lectura de esa estrofa del Libro de los Salmos, que dice: 'El Señor me aconseja, el Señor me habla internamente'. Es éste otro de los dones del Espíritu Santo, es el don del consejo.
Sabemos cuánto sea importante en los momentos más delicados, poder contar con el consejo de las personas sabias que nos quieren mucho. Ahora, a través del don del consejo, es Dios mismo con su Espíritu que ilumina nuestro corazón, de manera que podamos entender el modo justo de hablar, de comportarnos y el camino que debemos seguir.

Pero, ¿cómo actúa este don en nosotros? En el momento en que lo recibimos y hospedamos en nuestro corazón, el Espíritu Santo comienza enseguida a volver sensible su voz, a orientar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras intenciones, de acuerdo con el corazón de Dios. Y al mismo tiempo nos lleva siempre más a poner nuestra mirada interior en Jesús como el modelo de nuestro modo de actuar y relacionarse con Dios Padre y con los hermanos.

El consejo es entonces el don con el cual el Espíritu Santo vuelve capaz a nuestra conciencia de tomar una decisión concreta en comunión con Dios, según la lógica de Jesús y de su evangelio. De este modo el Espíritu crece interiormente, positivamente, en la comunidad. Y nos ayuda a no caer en el yugo del egoísmo y en el modo de ver las cosas. Así el Espíritu nos ayuda a crecer y también a vivir en comunidad.
La condición esencial para conservar este don es la oración. Pero siempre volvemos a lo mismo: la oración. Y es tan importante la oración, rezar; rezar las oraciones que conocemos desde niños, pero también rezar con nuestras palabras, rezarle al Señor: ¡ayúdame! ¿Señor qué debo hacer ahora? Y con la oración hacemos espacio para que el Espíritu venga y nos ayude en ese momento y nos aconseje sobre lo que nosotros debemos hacer.
La oración, nunca olvidarse de la oración, nunca. Nadie se da cuenta cuando nosotros rezamos en el autobús o en la calle, rezamos en silencio con el corazón, aprovechemos estos momentos para rezar. Rezar para que el Espíritu nos de este don del consejo.
En la intimidad con Dios y en el don de su palabra, poco a poco dejamos de lado nuestra lógica personal, dictada la mayoría de las veces por nuestro encerrarnos, por nuestros prejuicios y nuestras ambiciones. Aprendamos en cambio a pedirle al Señor '¿Cuál es tu deseo?', pedirle consejo al Señor. Y esto lo hacemos con la oración.
Y de esta manera madura en nosotros una sintonía profunda, casi natural con el Espíritu y se experimenta cuanto sean verdaderas las palabras de Jesús reportadas en el evangelio de Mateo: 'No se preocupen de qué o que cosa dirán. porque les será dado en esa hora lo que deberán decir. Porque de hecho no serán ustedes a hablar, pero es el Espíritu del Padre vuestro que hablará en vosotros'. Es el Espíritu que nos aconseja, pero nosotros nosotros debemos darle espacio al Espíritu para que nos aconseje. Dar espacio es rezar, rezar para que el venga y nos ayude siempre.
Y como todos los otros dones del Espíritu, el consejo constituye también un tesoro para toda la comunidad cristiana. El Señor no nos habla solamente en la intimidad del corazón, nos habla sí, pero no solamente allí, pero nos habla también a través del consejo y testimonio de los hermanos. Es verdaderamente un don grande poder encontrar a hombres y mujeres de fe que especialmente en los momentos más complicados e importantes de nuestra vida nos ayuden a hacer luz en nuestro corazón y a reconocer la voluntad del Señor.
Me acuerdo una vez que estaba en el confesionario con una fila larga adelante, era en el santuario de Luján, la diócesis de ese obispo que está allí. Estaba en la cola un muchachón, todo moderno, con aros, tatuajes y todo lo demás. Vino para decirme lo que le pasaba, era un problema grande difícil, ¿y tú que harías?. Y él me dijo: “Le he contado todo esto a mi madre y ella me dijo, 've a lo de la Virgen y ella te dirá lo que tienes que hacer'. Estaba allí una mujer que tenía el don del consejo. No sabía como salir del problema del hijo, pero le indicó el camino justo. Ve a lo de la Virgen y ella te dirá. Este es el don del consejo, dejar que el Espíritu hable. Y esa mujer humilde y simple le dio a su hijo el consejo más verdadero, porque este muchacho me dijo: 'Hablé con la Virgen y Ella me dijo, tienes que hacer esto, esto y esto'. Y yo no tuve necesidad de hablar. Todo lo hicieron la mamá, la Virgen, y el joven. Este es el don del consejo. Y ustedes mamás, que tienen ese don, pidan este don para sus hijos, el don de aconsejar a los hijos. Es un don de Dios
Queridos amigos, el salmo que hemos oído nos invita a rezar con estas palabras: 'Bendigo al Señor que me ha dado consejo. También de noche mi ánimo me instruye, yo pongo siempre delante de mi al Señor que está a mi derecha, no podré vacilar'.

Que el Espíritu pueda siempre infundir en nuestro corazón esta certeza y colmarnos así de su consolación y de su paz. Pidan siempre el don del Consejo. Gracias.

De los comienzos hasta aquí

Boletín nº 1

07 mayo: ¿Qué dicen de mí?

¿Quién dicen que soy yo?
             Los relatos de Mateo y Marcos en Cesarea de Filipo me dejan mucha cola, aparte de lo que es la narración evangélica…, o precisamente por ella.  Empezando hoy por dar la vuelta al relato y ser yo quien pregunto: ¿Qué dicen los demás de mí? Y por supuesto, la respuesta que más me interesaría es la del propio Jesús. ¿Qué es lo que Jesús diría de mí, de quién soy yo? Por muchas horas de oración que se hagan, no llegaremos a poder dar respuesta cumplida. Nos cabe más bien pensar en nuestras obras, que son las que da testimonio de mí. Y dentro de eso, la mirada penetrante de Jesús, pienso que daría resultados más benévolos de los que yo puedo tener de mí mismo…, ¡y eso que cada uno somos tan suaves en juzgarnos y tan decididos en justificarnos!
             Pero antes que preguntarle a Jesús, quién dice Él que soy yo, me valdría preguntarme qué dicen las gentes que soy yo. Y es natural que “gentes” hay muchas; juicios, muchos; afectos/desafectos, muchos; y conocimientos muy parciales, por aquello de que cada uno habla de la feria como le va en ella.
             Pero reconozco que en los juicios de otros, los favorables, los desfavorables, los exaltados, los “devotos” y los “críticos”, siempre hay una parte de verdad, y que hay que hacer pie en ellos para ir succionando esa síntesis que nos acerque a cada uno a nuestra propia realidad. Porque en el fondo, ¿quién digo yo que soy yo?, ¿cuál es el juicio que me hago de mí mismo?, ¿qué filtros empleo a mi favor que –sin embargo- no aplico a otros, o los aplico al revés…, como en unos prismáticos que acercan o alejan la imagen, según por donde se mire?
             A mí me hace bien “mirarme” en el espejo de otras personas que me conocen, con quienes convivo o trato más, porque la cercanía y el roce hacen más vivo el descubrimiento de los defectos o de los valores. Aunque reconozco que tenemos la mala capacidad de acentuar más los defectos. Como eso lo hago yo, puedo pensar que les ocurre algo semejante a los demás. Mi imagen “de altar” es una. Mi día a día, mi palabra o mi silencio, mi juicio y mi reacción…, me ponen mucho más de cara a la verdad. Por eso ¿quién digo que soy yo? me ruboriza porque no se parece en mucho a lo que mis amigos pueden pensar de mí. Y ¿quién dice Jesús que soy yo? Me avergüenza y me da paz, porque sé que Jesús me ve tal como soy y me ama tal como soy. Pero bien tengo yo que afinar mi espíritu y mis formas, porque a la bondad misericordiosa de Jesús, necesito irme acercando en mis realidades diarias: mis pensamientos, reacciones, juicios, afectos…

             La liturgia de HOY lleva el sello de la PERSECUCIÓN contra la Iglesia, declarada ya oficialmente tras el martirio de Esteban y vivida ya en ese mismo martirio. Ahora se implica Saulo de una manera directa, y con saña. Los cristianos tienen que huir a otros lugares. Felipe, apóstol, se aventura a predicar en Samaría (siempre hostil a todo lo procedente de los judíos), y es bien recibido. Y él hace “signos” de curaciones y liberaciones de malos espíritus…, y de la persecución salen unas nuevas adhesiones de gentes que abrazan la fe.
             En el momento actual nuestro la persecución contra la Iglesia está declarada; en los países “cultos”, desde la falsa cultura del ningunéo, el ataque a las instituciones, a los más representativos de la Iglesia, al método de la ignorancia de la religión desde la niñez, el solapado sistema de resaltar un defecto y ocultar cien virtudes… Y para ello está la envenenada “cultura” de los medios de comunicación para fomentar los antivalores, lo que más puede hacer daño a la Iglesia. Y no dejan de estar en ese grupo los de la “cultura de la marcha atrás”, gentes “muy religiosas” que torpedean desde dentro, kamikaces de la fe y en nombre de la fe.
             Luego, en los países “no cultos”, la persecución que lleva al martirio, al rapto, al hostigamiento, a repetir la crucifixión en creyentes en Cristo: en una palabra: la persecución declarada y a “lo tradicional” (lo inculto, la barbarie, la terrible “cultura” del Gólgota: quitar de en medio a quien no se quiere ni escuchar, ni ver, ni nombrar. NO LO TENEMOS LEJOS.


             MARÍA, REINA DE LOS MÁRTIRES, ruega por esta tu Iglesia, que tu Hijo de encomendó. “Nuestra Señora escuchaba las palabras de su Hijo, uniéndose a su dolor: ¿Qué podría hacer ella? Fundirse con el amor redentor de su Hijo, ofrecer al Padre el dolor inmenso –como una espada afilada- que traspasaba su corazón puro”. Ofrezcamos hoy a nuestra Madre, la Virgen María, entregar los “imposibles” a Dios. [Tomado del “El mes de tu Comunidad”, revista del “Movimiento de apostolado familiar “San Juan de Ávila”].

SE PUEDE VER YA EN EL BLOG EL BOLETÍN DE MAYO

martes, 6 de mayo de 2014

ZENIT, 6 mayo, en Santa Marta

06 de mayo de 2014 (Zenit.org) - El cristiano que no da testimonio se convierte en estéril. Lo ha recordado esta mañana el Santo Padre en la misa celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta. Durante la homilía, Francisco ha reflexionado sobre el martirio de san Esteban, narrado en los Hechos de los Apóstoles.
El Papa ha indicado que la Iglesia no es "una universidad de la religión", sino el pueblo que sigue a Jesús. Añadiendo que solo así "es fecunda y madre".
"El martirio de Esteban es un calco del martirio de Jesús", ha observado. Y así, el Santo Padre ha recorrido el camino que ha llevado a la muerte al primer mártir de la Iglesia. También él como Jesús había encontrado "los celos de los dirigentes que buscaban eliminarle", ha dicho el Papa. También para él hay "falsos testimonios" y un "juicio hecho un poco deprisa". Y Esteban les advierte, como dijo Jesús, que ellos están poniendo resistencia al Espíritu Santo.
El Papa ha proseguido indicando que "esta gente no estaba tranquila, no estaba paz en el propio corazón". Esta gente, ha añadido, "tenía odio" dentro del propio corazón. Francisco ha explicado que "este odio ha sido sembrado en su corazón por el diablo", que se trata del "odio del demonio contra Cristo". Este odio del demonio "que ha hecho lo que ha querido con Jesús en su Pasión, ahora repite lo mismo con Esteban". Y en el martirio se ve claramente "esta lucha entre Dios y el demonio".
Por otro lado, Jesús había dicho a los suyos que debían alegrarse de ser perseguidos por causa de su nombre: "Ser perseguido, ser mártir, dar la vida por Jesús es una de las bienaventuranzas", ha recordado. Por eso, "el demonio no puede ver la santidad de una Iglesia o la santidad de una persona sin hacer algo". Y es eso lo que hace con Esteban, pero "él muere como Jesús: perdonando", ha precisado.
El Pontífice ha explicado que: "Martirio es la traducción de una palabra griega que también significa testimonio. Y así podemos decir que para un cristiano el camino va sobre las huellas de este testimonio, sobre estas huellas de Jesús para dar testimonio de Él y, muchas veces este testimonio acaba dando vida. No se puede entender un cristiano sin que sea testigo, sin que dé testimonio. Nosotros no somos una 'religión' de ideas, de pura teología, de cosas bonitas, de mandamientos. No, nosotros somos un pueblo que sigue a Jesucristo y da testimonio de Jesucristo, y este testimonio algunas veces llega hasta dar la propia vida".
Se lee en los Hechos de los Apóstoles, que al morir Esteban "comenzó una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén". El Papa ha explicado que estas personas "se sentían fuertes y el demonio les suscitaba hacer esto" y así "los cristianos se dispersaron en la región de Judea y Samaria".
Y ha proseguido la homilía indicando que las persecuciones hacen que esta "gente se fuera lejos" y allí donde llegaban, explica el Evangelio, daban testimonio de Jesús y así "comenzó" la "misión de la Iglesia". Y muchos se convertían escuchando a esta gente. Francisco ha recordado que uno de los Padres de la Iglesia explicaba ésto diciendo "la sangre de los mártires es la semilla de los cristianos".
Francisco ha señalado a continuación que "el testimonio tanto en la vida cotidiana con sus  dificultades y también en las persecuciones con la muerte, siempre es fecunda. La Iglesia es fecunda y madre cuando da testimonio de Jesucristo. Sin embargo, cuando la Iglesia se encierra en sí misma, se cree --digamos así-- una 'universidad de la religión', con muchas ideas bonitas, con muchos templos, con muchos museos bonitos, con muchas cosas bonitas, pero no se da testimonio, se vuelve estéril. El cristiano lo mismo. El cristiano que no da testimonio, se vuelve estéril, sin dar la vida que ha recibido de Jesucristo".
Hablando de la figura de Esteban, el Papa ha señalado que "estaba lleno del Espíritu Santo" y ha advertido que "no se puede dar testimonio sin la presencia del Espíritu Santo en nosotros". "En los momento difíciles, donde debemos elegir el camino justo, donde debemos decir 'no' a tantas cosas que quizá intentan seducirnos, está la oración al Espíritu Santo y Él nos hace fuertes para ir sobre este camino del testimonio", ha animado.

Para concluir, el Pontífice se ha preguntado: "Y hoy pensado en estas dos figuras: Esteban que muere; y la gente, los cristianos, que huyen, huyendo por todas partes por la violenta persecución, preguntémonos: ¿cómo es mi testimonio? ¿Soy un cristiano testigo de Jesús o soy un simple numerario de esta secta? ¿Soy fecundo porque doy testimonio, o permanezco estéril porque no soy capaz de dejar que el Espíritu Santo me lleve adelante en mi vocación cristiana?".

Boletín Mayo

Boletín 56

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06 mayo: Misterios de amor

EL PAN DE VIDA
                De la Revista “El mes de tu Comunidad”, del Movimiento de Apostolado familiar “San Juan de Ávila”: Día 6 de mayo: La Encarnación María se convierte en el primer tabernáculo: Si buscas a María, encontrarás a Jesús. Y entenderás un poco lo que hay en ese corazón de Dios que se anonada, que renuncia a manifestar su poder y su majestad, para presentarse en forma de esclavo. Hablando a lo humano, podríamos decir que Dios se excede, pues no se limita a lo que sería esencial o imprescindible para salvarnos, sino que va más allá. La única medida que nos permite comprender esa manera de obrar de Dios es darnos cuenta de que su amor carece de medida,  Ofrezcamos HOY a nuestra Madre, la Virgen María, que tratemos a las personas porque son templo del Altísimo, aunque a veces ese templo esté descuidado y abandonado.

             Se consuma hoy la historia de Esteban [Hech.7, 51-59] como primer mártir consciente de la era cristiana. Esteban fue osado. Se enfrenté abiertamente a la plebe, al Senado de los “ancianos” [el Sanedrín], y a los doctores de la ley. Les dijo verdades como puños, enfrentándolos a una realidad que ellos no querían admitir de ninguna manera: que aparentando ser fieles a la doctrina de sus mayores, de hecho rechazaban a los mismos profetas… ¡Bueno!: en eso era “fieles a sus mayores” porque esos mayores hicieron igual… Ellos, en la historia muy reciente, mataron al Justo, traicionando y asesinando…
             Hay que comprender que era demasiado… Y que aquellos rechinaban por dentro, llenos de rabia.
             Para colmo, Esteban queda arrobado en una visión y dice que “veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios”. ¡Había llegado muy lejos! No sólo había desenmascarado a los culpables sino que ahora “veía el cielo abierto y a Jesús en el triunfo supremo junto a Dios”. Y la reacción fue un alarido de escándalo y rabia y un linchamiento hasta la muerte de aquel osado seguidor del odiado Jesús.
             Esteban no odió. Por el contrario oró por ellos a Dios: “Señor: no les tengas en cuenta este pecado”.

             El evangelio es otro desafío: Jn 6, 30-35. San Juan había traído el tema de la multiplicación de los panes no tanto por narrar un hecho cuanto por irle sacando las lecciones que el evangelista quería enseñar. Y hoy ya se va decantando hasta caer en la afirmación que presidirá el resto de este largo capítulo: el Pan de Vida.
             Hay todavía un diálogo de las gentes y Jesús, en el que esas personas muestran interés por escuchar. Preguntan de buena fe. Ayer preguntaban qué trabajo es el que Dios quiere, y Jesús les respondió que acoger al que Dios envía.
             Hoy preguntan qué signo da ese “enviado” –Jesús- para que crean en Él. Y le razonan: creemos en nuestros antiguos padres porque ellos comieron pan en el desierto, porque Dios les dio a comer pan del cielo. Y Jesús se apoya en esa respuesta para dirigir la conversación adonde Él quiere dar EL SIGNO: “No fue Moisés quien os dio el verdadero pan del cielo, porque el Pan de Dios es el que baja del Cielo y sa vida al mundo”.
             Como en el caso de la mujer samaritana podemos concluir claramente que no se enteraron –ni por asomos- de lo que Jesús les estaba hablando. Jesús utilizaba los mismos dichos pero con un sentido de trascendencia que ellos no olían. Pero que les sonaba bien. Y acaban pidiendo inocentemente: Señor, danos de ese Pan.
             Ahora entra la respuesta que se va a convertir en el leiv motiv del capítulo…, y en la gran enseñanza y promesa de Jesús…,y en el escándalo de muchos, incluso discípulos. Jesús les contestó: YO SOY EL PAN DE VIDA. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.

             Nosotros ya tenemos esto como una posesión que está asentada en nuestra fe, y nos parece lo más sublime y maravilloso. Pero tiene tarea cuando oyes eso a un igual que tú que, aun haciendo signos extraordinarios en sí, no tienen que llegar a tanto como para decir ese “Yo soy…”
             Yo me pongo siempre en la tesitura –que he vivido más de una vez- de quien se presenta a hablar con el sacerdote y dice: “Yo soy la reencarnación del Mesías para este tiempo tan pecador”. O quien va por la calle vestido a lo emperador, con su mano al pecho, y dice: “Yo soy Napoleón”. ¿Qué pudo sonarle a aquellos hombres a quienes Jesús les suelta de pronto: “Yo soy el Pan de Vida; el que viene a mí, no pasará hambre”…?

             Por lo pronto me admiro de mi fe y de la fe de todos los que hemos recibido tal inmenso don de Dios, y podemos acoger esa expresión como una gozosa realidad. Y doy gracias a Dios.

lunes, 5 de mayo de 2014

ZENIT: 5 mayo.- En Santa Marta.

El Papa en Sta. Marta pide cristianos sin vanidad, sin sed de poder o de dinero
Francisco afirma que hay que seguir al Señor con rectitud de intención
 05 de mayo de 2014 (Zenit.org) - En la Iglesia hay personas que siguen a Jesús por vanidad, sed de poder o de dinero; que el Señor nos de la gracia de seguirlo sólo por amor. Ésta es la enseñanza que el papa Francisco ha extraído de las lecturas de hoy, y que el Pontífice ha explicado en su homilía de la misa celebrada esta mañana en la capilla de la Casa Santa Marta. 
A partir del Evangelio del día, en el que Jesús reprocha a la gente que lo busca sólo porque se había saciado después de la multiplicación de los panes y de los peces, el Santo Padre ha invitado a preguntarse si seguimos al Señor por amor o para tener alguna ventaja. “Porque nosotros –ha señalado– somos todos pecadores y siempre hay algo de interesado que debe ser purificado en el seguimiento de Jesús; y debemos trabajar interiormente –ha añadido– para seguirlo por Él, por amor”. “Jesús –ha afirmado el Papa– alude a tres actitudes que no son buenas para seguirlo a Él o para buscar a Dios. La primera es la vanidad”. En particular –ha explicado el Pontífice–, se refiere a aquellos notables, a aquellos “dirigentes” que dan la limosna o ayunan para hacerse ver:
“Estos dirigentes querían hacerse ver, a ellos les gustaba –para decir la palabra correcta–, les gustaba pavonearse ¡y se comportaban como verdaderos pavos! Eran así. Y Jesús dice: ‘No, no: esto no va. No va. La vanidad no hace bien’. Y algunas veces, nosotros hacemos cosas tratando de hacernos ver un poco, buscando la vanidad. La vanidad es peligrosa, porque nos hace caer inmediatamente en el orgullo, la soberbia, y después todo termina ahí. Y me pregunto: Yo, ¿cómo sigo a Jesús? ¿Las cosas buenas que yo hago, las hago a escondidas, o me gusta hacerme ver?”.

“Y también pienso en nosotros, en nosotros los pastores” –ha indicado Francisco– porque “un pastor que es vanidoso no hace bien al pueblo de Dios”: puede ser un sacerdote, o un obispo, pero “no sigue a Jesús” si “le gusta la vanidad”. “La otra cosa que Jesús reprocha a aquellos que lo siguen –ha proseguido el Pontífice– es el poder”: 
“Algunos siguen a Jesús, pero un poco, no del todo conscientemente, un poco inconscientemente. Porque buscan el poder, ¿no? El caso más claro es Juan y Santiago, los hijos de Zebedeo, que pedían a Jesús la gracia de ser primer ministro y viceprimer ministro, cuando viniera el Reino. ¡Y en la Iglesia hay trepadores! Hay muchos que usan a la Iglesia para… ¡Pero si te gusta, vas al Norte y haces alpinismo: es más sano! ¡Pero no vengas a la Iglesia a trepar! Y Jesús reprocha a estos trepadores que buscan el poder”.

“Sólo cuando viene el Espíritu Santo –ha observado el Santo Padre– los discípulos cambiaron. Pero el pecado en nuestra vida cristiana permanece y nos hará bien hacernos la pregunta: ¿Cómo sigo yo a Jesús? ¿Sólo por Él, incluso hasta la Cruz, o busco el poder y uso a la Iglesia un poco, a la comunidad cristiana, a la parroquia, a la diócesis para tener un poco de poder?”. “La tercera cosa que nos aleja de la rectitud de intenciones –ha subrayado el Papa– es el dinero”: 

“Los que siguen a Jesús por dinero, con el dinero tratan de aprovecharse económicamente de la parroquia, de la diócesis, de la comunidad cristiana, del hospital, del colegio… Pensemos en la primera comunidad cristiana, que tuvo esta tentación: Simón, Ananías y Safira… Esta tentación existió desde el inicio, y hemos conocido a tantos buenos católicos, buenos cristianos, amigos, benefactores de la Iglesia, incluso con condecoraciones varias… ¡Muchos! De quienes después se descubrió que hicieron negocios un poco oscuros: eran verdaderos especuladores, ¡y ganaron tanto dinero! Se presentaban como benefactores de la Iglesia pero recibían mucho dinero y no siempre era dinero limpio”.

“Pidamos al Señor la gracia –ha concluido Francisco– que nos de al Espíritu Santo para ir detrás de Él con rectitud de intención: sólo por Él. Sin vanidad, sin deseos de poder y sin deseos de dinero”.

05 mayo: Lejanías alarmantes

Me buscáis porque…
             La fiesta litúrgica del sábado ha cortado la trama del “argumento” que lleva la lectura continua. Tras la multiplicación de los panes, hay un movimiento emocional e interesado de aquella multitud que pretende que Jesús sea su rey, porque –al fin y al cabo- les saca de apuros y sin pedir nada a cambio. Los apóstoles debían estar metidos en esa interesada emoción, porque ellos pillaban su buen tajo como acompañantes que eran de Jesús. Por eso Jesús les obliga perentoriamente a embarcarse solos en la única barca que les había traído hasta allí.  Se levantó una doble tempestad en ellos: una, la del Lago; otra, el embolado que llevaban dentro… Y Jesús vino hasta ellos andando sobre el agua.
             Ahí engarza el evangelio de hoy (Jn 6, 22-29). Unas barcas llegan desde Tiberíades buscando a Jesús en el lugar de la multiplicación, y no lo encuentran. Y ellos sabían que sólo hubo entonces una barca allí. ¿Cómo había venido Jesús hasta Cafarnaúm?
             Jesús les advierte que no lo buscan por Él mismo sino por haber comido los panes.
             Me ha “tocado” mucho esa advertencia –quizá queja- de Jesús. Porque es una pregunta que podría extenderse a muchos “espirituales” de hoy. ¿Buscamos a Jesús por Él mismo y en cualquier estado de ánimo y situación? ¿Lo buscamos porque “nos da panes”? ¿Lo buscamos a Él mismo por ser Él quien es, o demasiado dependientes de “las mediaciones”, las personas, tales personas?
                No puedo menos que recordar a aquel paralítico fraile que obtuvo de Dios el milagro diario de poder mover sus brazos solamente al celebrar la Misa. Al final aquello se convirtió en una atracción turística y en vez de que las peregrinaciones vinieran a participar de la Eucaristía, venían a ver al fraile paralítico que –sin embargo- podía mover sus brazos durante la Misa. Y el buen fraile tuvo que ir a Dios a pedirle que se acabara el milagro, porque él había pretendido lo más gratificante de su vida y para gloria de Dios, y ahora la “gloria” era para el turismo y para el fraile milagrero.
             Me da escalofrío la pregunta de Jesús: ¿No ocurrirá demasiado que la realidad práctica se acabe centrando demasiado en “los panes” y no en Jesús…, o en “Jesús que da panes”, más que en Jesús por sí mismo. ¿No ocurrirá que se detiene más de uno en los rostros humanos y pierden la perspectiva de Dios…, de Jesús, enviado de Dios?
             El pensamiento se me va a María Santísima: el día que Isabel se deshace en alabanzas y bendiciones sobre Ella, María desvía toda la atención hacia Dios y proclama la grandeza misericordiosa de Dios, que es quien hace maravillas. Ella se ha echado a un lado y “desaparece” entre las grandes gestas de Dios…, aunque una de esas gestas haya repercutido en Ella. [Valga esta consideración como flor de este día de Mayo, en alabanza de la Madre del Cielo, en cariño filial, en atención y aprendizaje desde la gran lección de la Maestra y Madre…]
             Jesús ha tratado de que aquellos reflexionen… ¿Por qué ese interés por buscarlo? Deben poner su fuerza en trabajar por el alimento que no perece…, el que os da el Hijo del hombre…, el alimento que Dios quiere: que creáis en el que Él ha enviado. No era poco presentar a aquellas gentes un planteamiento de fe en Jesús… (no simple “admiración”). Y todo esto tiene mucho más meollo del que parece. Porque ¿adónde conduce CREER en Jesús? La cosa tiene mucha más enjundia que la que se lee en simple lectura, y compromete mucho más de lo que parece la frase si se lee de corrida.
             Un claro ejemplo de ese CREER lo da Esteban: firme y valiente en la predicación y defensa de Jesús, acaba encontrándose con la oposición y aversión de los judíos, a LOS QUE ESTORBA (¡buena definición para uno que CREE!; porque cuando no “estorbamos” al mundo pagano y ausente de la fe, es que no estamos siendo “aguijón” o levadura que penetra e influye en la mas). Entonces los judíos recurren a testigos falsos, a juicio falso, a acusaciones falsas… Lo que, sin embargo, deja Esteban salir a su rostro es lo que llegan a ver los “jueces”: que les parece un ángel. Es que, en efecto rezumaba a Cristo…, y la cara es el espejo del alma.


             Me ha tocado mucho mi oración sobre la pregunta de Jesús: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? En una sociedad religiosa (aunque estuviera despistada), todas la referencias son de tipo religioso: un profeta… Pero recorro las dos o tres últimas generaciones: niños, adolescentes, jóvenes (y ya quizás lo no tan jóvenes), y me pregunto: ¿qué dicen ellos HOY DÍA que es el Jesús, que es Dios, que es la Iglesia, que es el orden sobrenatural trascendente…, y mucho me temo que sus respuestas son demoledoras. El dios de hoy es el balón, el ídolo deportista, el cantante de moda, el sexo, el dinero, el último medio de comunicación personal (“móviles” en sus sofisticadas gamas), los alienantes “fines de semana”… Y mucho más allá de eso, ¿cuenta Dios de alguna manera real?

domingo, 4 de mayo de 2014

ZENIT: Con el retraso con que lo he recibido

El Papa en Sta. Marta: 'He llorado por los cristianos crucificados'
El Santo Padre en la homilía de este viernes habla de tres imágenes: el amor de Jesús por la gente, la hipocresí­a de algunos dirigentes religiosos y la alegrí­a de los mártires cristianos
02 de mayo de 2014 (Zenit.org) - El papa Francisco en la homilía de Santa Marta de este viernes, ha recordado a los cristianos que en diversas partes del mundo también hoy son asesinados en nombre de Dios o que terminan en la cárcel por llevar un Evangelio o una cruz. Y así, el Santo Padre ha confesado haber llorado al leer la noticia de algunos cristianos que han sido crucificados.
El Pontífice además ha reflexionado sobre el Evangelio del día sobre la multiplicación de los panes y los peces y la lectura de los Hechos de los Apóstoles en la que los discípulos de Jesús son flagelados por el Sanedrín.
El Papa ha propuesto tres imágenes: la primera es el amor de Jesús por la gente, su atención a los problemas de las personas. El Señor no se preocupa de cuántos son los que le siguen, no le pasa por la cabeza hacer un censo para ver si ha crecido en número la Iglesia; Él habla, predica, ama, acompaña, camina con la gente, mansa  y humilde, ha observado. Y habla con autoridad, es decir, "con la fuerza del amor".
La segunda imagen de la que ha hablado son los 'celos' de las autoridades religiosas de la época. "¡No toleraban que la gente fuera detrás de Jesús! ¡No lo toleraban! Estaban celosos. Esta es una actitud fea. Y de los celos hacia la envida, y nosotros sabemos que el padre de la envidia es el demonio, por cuya envidia ha entrado el mal en el mundo", ha afirmado el Papa.  Y ha añadido que "esta gente sabía bien quién era Jesús: ¡lo sabía! Esta gente era la misma que le había pagado a los guardias para decir que los apóstoles habían robado el cuerpo de Jesús".
Y Francisco lo ha explicado de este modo: "Habían pagado para silenciar la verdad. Pero, la gente es mala, ¡de verdad! Porque cuando se paga para esconder la verdad, estamos en una maldad muy grande. Y por eso la gente sabía quién eran éstos. No les seguían, les toleraban porque  tenían la autoridad: la autoridad del culto, la autoridad de la disciplina eclesiástica de aquella época, la autoridad sobre el pueblo... y la gente seguía. Jesús dice de ellos que ponían pesos opresivos sobre los fieles y hacían cargar éstos sobre las espaldas de la gente. Esta gente no tolera la mansedumbre de Jesús, no tolera la mansedumbre del Evangelio, no tolera el amor. Y paga movida por envida, por odio".
El Pontífice ha recordado que durante la reunión del Sanedrín hay un hombre sabio, Gamaliel, que invita a los líderes religiosos a liberar a los apóstoles. Así, el Papa subraya que están estas dos primeras imágenes: Jesús que se conmueve al ver a la gente "sin pastor" y a las autoridades religiosas.
A continuación, el Santo Padre ha señalado que éstos "con sus maniobras políticas, con sus maniobras eclesiásticas, quieren continuar a dominar al pueblo.. Y así, hacen venir a los apóstoles, después de que habló este hombre sabio, llamaron de nuevo a los apóstoles y les hicieron flagelar y les ordenaron no hablar en nombre de Jesús. Después les dejaron en libertad.
'Pero, debemos hacer algo: ¡les golpearemos y después los enviaremos a su casa!'. Injusto, pero lo han hecho. Ellos eran los dueños de las conciencias, y se sentían con el poder de hacerlo. Dueños de las conciencias... También hoy en el mundo hay muchos".
Al respecto, el Papa ha reconocido haber llorado cuando ha visto en los medios la noticia de "cristianos crucificados en un cierto país no cristiano. También hoy existe esta gente que en nombre de Dios, mata, persigue". Porque también hoy vemos muchas personas que "como los apóstoles" son "felices de ser juzgados dignos de padecer por el nombre de Jesús". Y esta es la tercera imagen de la que el Papa ha hablado hoy en su homilía: "la alegría del testimonio".

Así ha concluido Francisco: "primera imagen: Jesús con la gente, el amor, el camino que Él nos ha enseñado, sobre el cuál debemos andar. Segunda imagen: la hipocresía de estos dirigentes religiosos del pueblo, que habían encarcelado al pueblo con todos estos mandamientos, con esta legalidad fría, dura y que habían pagado para esconder la verdad. Tercera imagen: la alegría de los mártires cristianos, la alegría de tantos hermanos y hermanas nuestros que en la historia han escuchado esta alegría, esta felicidad de haber sido juzgados dignos de padecer en nombre de Jesús. ¡Y también hoy hay muchos! Pensad que en algunos países, solamente por llevar el Evangelio, se termina en la cárcel. No es posible llevar una cruz: porque hacen pagar una multa. Pero el corazón es feliz. Estas tres imágenes: mirémoslas, hoy. Es parte de nuestra historia de salvación".

4 mayo: DOMINGO DEL CAMINAR

Domingo del caminar
                Voy a empezar por otro aspecto de este domingo primero de mayo. Voy a empezar por dirigirme a MARÍA, Santísima, a María em la celebración continuada de este mes dedicado a ella; a María-MADRE, con la más alta maternidad que pueda concebirse en mente humana. Y que en Ella y por Ella ha tomado pie la celebración de todas las madres, que deben ser particularmente veneradas por su maternidad y por el agradecimiento de los hijos que recibimos de ellas la vida y tantas cosas más. (A las que ha patrocinado una idea comercial para que se regalen obsequios materiales).

             El núcleo del domingo es el Evangelio de hoy (Lc 24, 13-35). Un texto para estudiarlo renglón por renglón, como un espejo de muchas situaciones que siguen siendo hoy las mismas. Son el prototipo de los desesperanzados, de los impacientes, de los incapaces de esperar para ver, de los que se encierran en ellos mismos y elevan a “real” lo imaginado, lo temido, lo fantasmal que se ha creado en sus mentes calenturientas.
             Aquellos dos discípulos estaban en ascuas aquel primer día de la semana. Estaban junto al grupo de discípulos. Posiblemente en la casa del cenáculo. A Jesús al que ellos habían seguido con entusiasmo- lo habían crucificado. Había muerto. Y ahí se le vienen abajo todos los palos del sombrajo. Ahí echan los barrotes a sus ojos, se ponen sus orejeras, y ya no hay razones que valgan.
Han llegado muy temprano “dichos” de mujeres que afirman haber visto ángeles que anuncian que Jesús ha resucitado. Dos apóstoles comprueban que realmente no hay cadáver de Jesús en la sepultura en que lo habían dejado. Y esos apóstoles confirman que la idea de Jesús resucitado toma verosimilitud. Ellos, tristes, depresivos, obcecados, saben que es el tercer día, y que –por tanto- aún no se puede certificar la defunción definitiva. ¡Pero a Jesús no lo han visto! Y haciendo lo que jamás se debe hacer –tomar resoluciones en tiempos de decaimiento- optan por huir de allí.
La pregunta que vale hacerse es: ¿de qué huyen?, ¿a dónde huyen? Porque la verdadera huida que hacen inconscientemente es de ellos mismos. Y hacia dónde… Hoy es a Emaús. Mañana necesitarán irse a Cafarnaúm. Pasado a Tiberíades… Y como el fantasma lo llevan ellos, no les bastarían todas las ciudades de Palestina. El problema de ellos no está fuera. Está en ellos. Y ellos, abatidos, ¡discutiendo entre ellos! [no deja de ser curioso que discutan entre ellos, que parecería que están de acuerdo en su huida], viendo negro aún lo blanco, metida la cabeza en ese tonel de su propia negatividad, salen a caminar pesadamente hacia Emaús.
¡Ventaja para ellos que alguien les salió al encuentro! Y alguien que ya vio de lejos que eran unos hombres hundidos (y realmente sin razones objetivas). Buen psicólogo pregunta… Escucha… Descubre “el pastel”…, el embolado mental y cordial de aquellos dos pobres fugitivos (de sí mismos). Y cuando han desembuchado toda su amargura (tan irracional que lo blanco lo vuelven negro), les entra de frente con un schoc que va a las raíces mismas de aquella situación: ¡Duros de mollera y cerrados de corazón!  Necios y tardos… Y aquella forma de enfrentarles a ellos mismos les sentó bien. ¡Basta de lamentos y engaños y paños calientes!: el problema sois vosotros. ¡Y lo curioso es que ellos se sintieron bien cuando alguien les desenmascaró!
Y ahora vino la parte constructiva. Necesario fue derribar el muro, pero si no se construía, poco fruto podía dar. Y CONSTRUYÓ SOBRE BASES RELIGIOSAS: lo primero que es necesario es ir a la palabra de Dios…, a eso que está escrito desde hace mucho tiempo… Y comenzando desde Moisés y siguiendo por los profetas, les fue poniendo delante que ellos se habían escandalizado sin razón, porque todo lo ocurrido tenía que ocurrir…, y que Cristo, el Mesías, tenía que padecer para entrar en su gloria. Lo que dicho de otra manera sería: la vida no es una autocontemplación cerrada sobre sí mismo. Hay que abrir la ventana y ver el sol, el viento, las flores, las moscardas, los hombres y mujeres, los sufrimientos de tantos, el rostro alegre de la vida… PORQUE TODO ESO TIENE QUE SUCEDER para poder luego DISFRUTAR DE LA VIDA.
El peregrino ha entrado en el meollo de la cuestión: la realidad de la vida de cada cual, como punto primero de aceptación para poder ser feliz. Y consiguió el efecto de tal manera que los dos fugitivos sentían así mucho mejor. Pero sin querer aún enfrentarse  a la verdad verdadera, justifican en “ser tarde” para invitar al peregrino a cenar con ellos. ¡AHÍ ESTABA EL SECRETO! Dejar entrar a Jesús en su problema…, aunque aún no sabían que era Jesús, pero habían palpado sus efectos, que les habían hecho arder el alma…, ¡se habían abierto de nuevo  a la esperanza! Y allí, cenando, se les caen los barrotes de sus ojos, y VEN A JESÚS.

¿Cómo habían ido cambiando? – CAMINANDO…, haciendo camino…, dejando entrar otras ideas distintas de las suyas…, dando cabida al pensamiento de quien veía desde fuera… Escuchando al “peregrino” que les cambiaba el chip…

sábado, 3 de mayo de 2014

3 de mayo: Dos Apóstoles y...

Santos Felipe y Santiago
             Otro día que la liturgia corta el discurso continuado al llegar la FIESTA de los apóstoles Felipe y Santiago. Y nos sitúa en una primera lectura ante el texto más primitivo de la revelación cristiana: lo que ha llegado hasta Pablo de la Resurrección  de Jesucristo, y de sus manifestaciones fehacientes de esa resurrección, pues se apareció resucitado a…, y después se apareció a Santiago… Por eso se ha escogido este texto para 1ª lectura [1Co 15, 1-8].
             En el Evangelio es Felipe quien pide a Jesús que les muestre al Padre. Lo que el evangelista toma como punto de partida para una de las páginas más claramente reveladoras de la divinidad de Jesús: Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre; Yo estoy EN el Padre y el Padre EN mí. El Padre permanece en mí. Lo que yo digo no lo hablo por mi cuenta; el Padre, que permanece en mí, Él mismo hace las obras. Si no queréis creer en mí, creed a las obras. Él hará las obras que Yo hago. Si me pedía algo, Yo os lo daré.

             Hoy, quiero también dedicar un rato a MARÍA, nuestra Madre. Y así celebrar con ella este tercer día de mayo. Y así cumplir con el encargo recibido de Jesús en la cruz. Él nos dice expresamente: Ahí tienes a tu madre. En un singular para que cada uno sienta a María como madre suya. Y para que cada uno sea quien mete a María en su propia alma porque experimenta la dulce responsabilidad de “ocuparse de María”…, que es –en realidad- introducir a María en la propia vida para que ella pueda actuar como madre. “Madre y Maestra”…, Madre y Tipo de la Iglesia. Y cada cual en su sentimiento personal de hijo de María. Ella nos irá conduciendo, Ella nos irá protegiendo y enseñando, en una labor muy personal y muy adaptada a la capacidad y posibilidades de cada hijo. Curioso y admirable: para unos, parece tener más fuerza esos mensajes privados de “la Virgen que ‘se aparece’ aquí o allí”. Para masas necesitadas de “algo sobre lo natural”, se presta María… Para otros son las romerías muy variadas en fondo, forma y latitud. Para otros es el rezo del Rosario, una determinada imagen… Para otros es seguir el camino del Evangelio de la mano de María y desde los sentimientos de María, en sus presencias o ausencias físicas en las idas y venidas de Jesús. Siempre MARÍA…, casi milagrosamente María, la mano de María que está detrás de todo don… Bien cumple Ella su misión: Ahí tienes a tu hijo. Más que nunca tiene pleno sentido saber que “el discípulo amado” –en directo, y no “en diferido”- somos cada uno de nosotros, en quienes adquiere absoluta vigencia esta acción maternal y magisterial de la Virgen María.

             Al reseñar Pablo las apariciones incontrovertidas de Jesús, ha citado por dos veces a los apóstoles: los Doce…; después a los apóstoles. Voy a centrarme en la magistral redacción de Juan en el capítulo 20, 19.
             Era “tarde”. ¿Por qué fue precisamente “tarde”, cuando ya habían visto al Señor María Magdalena, Simón Pedro y los de Emaús? No se me ocurre sino que Jesus empezó acudiendo a lo más urgente, a lo que se le iba de las manos. De una parte, María Magdalena, en el culmen de su desesperanza y casi desesperación. A Simón, hundido tras la mirada aquella de Jesús mientras él negada y juraba no conocerlo. Los otros dos, porque se iban, porque habían perdido la fe en Él, porque estaban derrotados… Y todo eso precipitaba la necesidad de salirles al encuentro.
             Otra explicación –no precisamente acorde con la teología de la Gracia- porque ven más tarde a Jesús quienes estuvieron más alejados de la cruz.
             Pero llegó esa tarde y los Once –en realidad eran ahora mismo diez- estaban reunidos y con las puertas cerradas. Y Jesús se presenta y da su santo y seña para que no se asusten: PAZ A VOSOTROS. Y les presenta “su carné de identidad”: les mostro las manos y el costado. Ya no había duda. Quizás pudieron pensar que volvían a la vida  de antes…; que Jesús había regresado para quedarse ya de nuevo, y poder volver a salir juntos por aquellas ciudades y aldeas. Evidentemente no. Comenzaba otra era. Y pronto pudieron comprobarlo. Ellos se mostraron llenos de gozo. Ahora Jesús puede repetir, con un sentido mucho más profundo su mismo saludo y presencia: Paz a vosotros.
             Y empieza la descripción sublime de San Juan. Lo primero que hace Jesús es traspasarles todo su poder: el mismo que recibió de su Padre en la misión redentora de la humanidad. Y en gesto supremo transformante, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.
             No hay lenguas de fuego ni viento impetuoso, ni testigos ni gentes que se admiren. Aquí es profundamente íntimo. Aquí está PENTECOSTÉS. Y en él hay la entrega del poder de la nueva Iglesia: poder espiritual para actuar sobre las almas. Y –aun dentro de lo que es TODO- hay una explicitación de inmenso valor: era claro que nadie podía perdonar pecados sino Dios. Pues exactamente se les da ese poder: A quienes vosotros perdonéis os pecados, les quedan perdonados; a quienes vosotros no les perdonéis os pecados, no se le perdonan.

             Jesús, después se marcha. Esta nueva era es tan fácil de entender como que la estamos viviendo. Jesús viene cuando viene y como viene; actúa…, y “se va”.  Y los que quedamos somos los pobres hombres, lo mismo los situados para perdonar con todo el poder de Dios, como los beneficiarios (o escandalizados) de ser solo humanos y tener una Iglesia en la que sólo estamos “humanos”… (aunque unos y otros, habiendo recibido el Espíritu Santo, seamos o no buenos administradores de esa Gracia). Una vez quisieron denigrar a un Sacerdote y le dijeron a voz en grito: Tú eres una M…  Y él respondió: -Sí; una M…, pero con el Espíritu Santo dentro.

viernes, 2 de mayo de 2014

2 mayo: Oración y servicio

PRIMER VIERNES de Mayo
             HOY, A LAS 5’30 de la tarde, el APOSTOLADO DE LA ORACION celebra su reunión mensual, con
-          Instrucción y formación (Salón de Actos)
-          Rosario en el Templo ( 6’35)
-          ORACIÓN DIRIGIDA (ante el Santísimo)
-          EUCARISTÍA, a las 7’30.
-           
***   ***   ***

Dos lecturas para la reflexión de hoy: en Hech 5, 34-42, una reflexión de un Maestro judío sensato. Como sea de Dios lo que estos hombres enseñan, es inútil que os opongáis. Saldrá adelante, a pesar vuestro. Cuando no es de Dios, se deshace como azucarillo en el agua. Y ejemplos de ello –recientes (dice Gamaliel)- los tenemos ahí.
     Una pauta de discernimiento que es interesante. A Dios no se le puede combatir. Lo humano no tiene fuerza de perseverancia por mucho tiempo.
     La “pataleta” final…, el “inútil golpe de fuerza” viene a repetir lo que Pilato hizo con Jesús: los mandaron azotar…  La diferencia es que luego los soltaron, “prohibiéndoles hablar en nombre de Jesús” (como pretender poner puertas al campo). Y los apóstoles salieron gozosos de haber sudo ultrajados EN NOMBRE DE JESÚS.
El Evangelio –Jn 6, 1-15- de lo muy poco que se repite en los cuatro evangelistas, San Juan lo orienta a un sentido fundamental: sólo compartiendo se arregla una necesidad. Pero compartir, supone sacrificio, desprendimiento, desasimiento… Y así, cuando el “joven aquel”, que tenía asegurada su comida con 5 panes y 2 pescados, se decide a entregarlos y quedarse él a dos velas, y cuando Jesús ORA AL PADRE, es cuando se produce el milagro: todos comen…, aunque “todos” sean más de 5,000 personas. El muchacho ha prestado el “servicio”; Jesus la Oración. Y los efectos, un pueblo amplio que se sacia y hasta sobra.
Ambas lecturas tienen hoy una “segunda lectura” en un Primer Viernes. Si esta obra es de Dios, tiene que prosperar, tiene que seguir adelante. Necesariamente tiene que repercutir en más personas que se sientan llamadas a compartir este bien que es el Apostolado de la Oración.  Seguro que hay muchos más que entrarían a formar esta RED UNIVERSAL DE ORACIÓN…, y participarían de la formación correspondiente durante los meses del año. Y seguro que más personas entrarían a tomar conciencia de que no basta con orar ni con hacer el Ofrecimiento diario… Porque en “multiplicar” y compartir está la otra rueda de esta RED: es la actitud de SERVICIO. No vivimos para nosotros mismos, ni para estarnos mirando en nuestras ventajas espirituales. Habremos de sentir la necesidad de SERVIR, de ser útiles en el plano en que cada cual puede y los otros le necesitan.

     MARÍA, en este mes de Mayo, viene a decirnos cómo es el servicio verdadero a la Iglesia y a su Hijo. También Ella tuvo que discernir. Una muchacha judía enamorada, con ilusiones de un hogar amplio, se encuentra de pronto con una llamada que le cambia sus ideas. Si lo que le han anunciado es de Dios, saldrá adelante… Y ha de padecer el disgusto de José, la renuncia a sus proyectos conjuntos… Y se atreve a asentir plenamente a Dios… Y queda demostrado que Dios llevaba la iniciativa. A María le ha tocado ORAR MUCHO…, discernir…, abandonarse a lo impensable…, creer…
     Y una vez que queda descubierto que es Dios quien ha entrado en su vida, no habrá ya otro punto que ese desarrollo de su “sí” en el día a día. En lo monótono de años de Nazaret, sin manifestaciones especiales; en la finura de Caná en la que le presenta a Jesús una necesidad que Ella ha descubierto antes que nadie, y en la osadía de preparar a los sirvientes a “algo”…, aunque Jesús le ha dicho que “aún no ha llegado su hora”. Y María piensa: ¿Y por qué no puede ser ahora?
     María está AL SERVICIO. No le ha bastado ORAR al presentar a Jesús la situación, porque María no ora para la galería, para quedarse tranquila, para “haber cumplido”. Su oración es efectiva. Y pone los medios que a Ella le pueden corresponder, bien a sabiendas de que el resto es ya “de la hora de Jesús”. Su SERVICIO es el que es…
     Buena llamada a todos los que estamos comprometidos con el Apostolado de la Oración. Orar nos será siempre fácil… Hacer el Ofrecimiento diario, casi un emblema… El SEVICIO es algo que puede quedar ahí también como algo que discernir… Porque si nuestra pertenencia al APOSTOLADO es obra de Dios, eso va a seguir adelante. Si es un servil seguimiento de una idea…, el globo se desinfla a la primera de cambio. Cosa que no es una teoría que inventamos ahora, sino la realidad de la que tenemos evidentes signos a través de tantos años.

     En definitiva, no es ya la pertenencia o no al “Apostolado de la Oración”, sino a la fidelidad a unos compromisos bautismales y también personales, que se diferencian mucho de “los ojos del Guadiana”.

jueves, 1 de mayo de 2014

1 de mayo

RACIÓN MÚLTIPLE
             Empecemos por la Lectura continua, que encierra una riqueza grande. El Consejo y los sacerdotes judíos van a más en su persecución a los apóstoles. Los han “sentado en el banquillo” Los acusan de no haber obedecido sus órdenes de que no hablaran más de “ese”; y sin embargo habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza, y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre. ¡Ni nombrar a Jesús” Y se acusa a los apóstoles de nombrarlo… [Es que todo el empeño de que muriera en la cruz era por aquello de que al que fuere crucificado no le puede ni nombrar! Así se quitaban de en medio aquella engorrosa situación que se les había presentado en vida de Jesús].
             Los apóstoles responden: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. “Y no podemos callarnos”. Y no es que os hacemos responsables…; es que lo sois, porque vosotros matasteis a Jesús colgándolo de un madero; y Dios lo resucitó para otorgarle a Israel la  salvación. Y somos testigos de ello.
             Por tanto: la muerte de Jesús y su resurrección de entre los muertos es algo que no podemos callar. Somos testigos del hecho más inmenso de la historia, y eso nos brota a borbotones como una necesidad del alma a publicarlo a los cuatro vientos. Y con ello obedecemos a Dios, que fue quien lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador.
             En el Evangelio, con un Nicodemo embobado con la exposición de Jesús, tenemos también un plato fuerte y práctico: El que es de la tierra, habla de la tierra. El que viene de lo alto, está por encima de todo. Basta poner un poco de atención a cualquier conversación que nos topemos al paso: ¿de qué se habla? O apenas si se lleva una conversación como tal (no hay fondo en las personas…), o se va hablando contra alguien (hay mal fondo), o se va ensuciando la conversación con basura y bajeza (hay estiércol en las bocas). ¡Hablan de la tierra!
             Si nos quedamos solamente en el segundo caso, encontramos una penosa tendencia a criticar, murmurar, quejarse…, y significa una mirada sucia que está siempre empañada para “descubrir carencias”. Y puede haber carencias. Pero una mirada limpia ve y pasa por alto. Como la paloma de Noé que no quiso nunca posarse sobre el barro. Repito: es penoso ese constante encuentro con la negatividad, que –quieras que no- “comentarla” es criticar, desdorar a la otra persona.
             El que viene del cielo, está por encima de todo. Y no sólo es Jesús. Del cielo viene quien sabe “subirse a la altura”, mirar hacia arriba, y no mancharse con la basura de abajo. Que la haya, no significa que se le remueva. Quien tiene el corazón limpio, verá con ojos limpios, y revoloteará por encima de todo… Así fue Jesús, así es quien cree en Jesús, quien hace verdadera oración, quien se sitúa por encima de las cosas de la tierra, porque su mirada está puesta en el CIELO.

             Hoy podemos tener también la Liturgia de SAN JOSÉ, OBRERO. Se han escogido las lecturas que expresen la intención de la Iglesia en esta dignificación y elevación del día del trabajador. La Iglesia se pone de parte del trabajador, pero no lo hace ni vociferando, ni levantando consignas ofensivas, ni fomentando violencias reivindicativas. La Iglesia “bautiza” la llamada fiesta del trabajo presentando a un SAN JOSÉ TRABAJADOR, OBRERO, que fue reconocido como tal en su aldea. Y cuya obra fue la de un hombre justo, cabal, honrado, que trabajó con el sudor de su frente y su mirada alta, a sabiendas de que era un colaborador con la primera Creación de Dios… Aquella Creación se hizo con el “trabajo” diario de Dios, que descansó el séptimo día, y pudo mirar su trabajo como algo bien hecho.
             La labor de San José fue la de un padre y esposo honrado, que mantuvo con su trabajo una familia, y que de sus manos salió siempre el trabajo bien acabado, porque ser obrero y digno obrero, es ser lo que se es (con la cabeza alta) y hacer lo que se hace pero siempre bien hecho. Y al llegar “el séptimo día”, poder descansar con la conciencia muy tranquila, y el disfrute de la familia y de las bellezas de la naturaleza…, y del tiempo que se le puede dar ese día –más sosegadamente- a Dios.

             Y ¡tercer tema hoy!: EL MES DE MARÍA. Ha pasado el invierno. Ha explotado la primavera. Los campos muestras su esplendor. La belleza de las flores múltiples, de insospechada belleza, revientan por todas partes. Y en ese parterre universal, como FLOR destacada, surge la Virgen María, la más bella entre todas, la que Dios cuidó como obra de sus manos, la que diseñó para ser Madre suya, la que eclosionó como la Mujer fiel que devolvió a Dios toda la belleza que ella tenía, con su entrega absoluta para que luciera en el jarrón precioso de la voluntad de Dios: como Él quiera…, como Él diga

             Por eso no hay flor más hermosa, ni de mejor aroma, ni de pétalos más exuberantes… Por eso se le ha cantado: Flor de las flores… Por eso iniciamos con Ella el periplo de este mes de Mayo, en el que cada día queremos ofrecer nuestra pequeña flor silvestre…, la que tenemos, la que no se compra ni se vende…, la que brota solamente en el jardín del AMOR.