domingo, 25 de marzo de 2012

TRAS LA MUERTE

DOMINGO 5º DE CUARESMA

Viene marcado por la promesa firme de Dios de infundir en los corazones un espíritu nuevo, una ley interna metida en los corazones, donde ya no marcará ritmo el mandamiento escrito en tablas de piedra sino ese Espíritu de Dios que adoctrina desde dentro y da profundidad a la vida del creyente en Dios: del que reconoce a Dios como su Dios. Y con ese Espíritu, todos conocerán a su Dios, desde el pequeño hasta el grande, que verán perdonados sus delitos y abierta una puerta grande de gozo y salvación. ¡Oh Dios, crea en mí un corazón puro, es el clamor que expresamos con el Salmo.

También Jesús clamó a gritos y con lágrimas, y presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte. Que se expresa en elm Evangelio con ese doble sentir de Jesús cuando dice que mi alma está agitada, y tiene a pedir: ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero sobre la marcha reacciona y acepta porque para esta hora he venido. Entonces te pido la glorificación que lleva dos etapas; una dolorosa, pero que devolverá la Gloria a Dios. La del grano de trigo que cae en tierra y tiene que morir. Pero no es para quedarse allí podrido, sino porque así es como da mucho fruto. Jesús sabe que ha venid para ello, y que el fruto se dará tras la muerte que ha de venir. Y la voz del Padre se deja oír: Lo he glorificado y volveré a glorificarlo. Una gloria que es la obediencia fiel que culminará en la muerte, y otra Gloria sin ocaso que será luz y triunfo en la Resurrección. Dos pasos en la vida, en la que Jesús va a ir delante. Y nosotros quedamos asegurados de que nuestro grano de trigo, que necesariamente tiene que morir –tiene que irse dejando morir (que eso nos lo tare la Cuaresma y nuestro particular viernes santo)- dará fruto de gozo, triunfo y esperanza.

TRAS LA MUERTE

María sigue aferrada a los pies de su Hijo. Hace lo que no podía haber hecho antes. Ni le hubiera dejado, ni Ella hubiera cargado un mínimo más de dolor sobre aquellas piernas hinchadas. Pero la muerte hace saltar cerrojos. Ya han saltado muchos: el centurión que reconoce la divinidad de Jesús; la naturaleza que vive su luto particular ante su Creador muerto; las gentes despavoridas y dándose golpes de pecho, el velo que ocultaba la verdad de Dios, rasgado y abriendo así el misterio sublime de Dios, en la persona del Redentor. Los malhechores, en silencio temeroso.

Los jefes judíos siguen en su legalismo inútil y lo único que les preocupa es que, ante la fecha solemne de “su pascua” [ya ha quedado huera de contenido, porque ya no es la Pascua de Dios], no queden los cuerpos en la cruz. Un piquete sube, enviado por Pilato, y al llegar al Calvario examinan a los cuerpos de los crucificados. Jesús ha muerto ya. Pero los malhechores, mucho más enteros, viven todavía. Y la brutalidad se traduce en varios mazazos en sus piernas para quebrárselas, y que al no poder apoyarse para tomar aire, mueran en pocos momentos asfixiados. Un espectáculo horrendo a los ojos de aquel grupo que acompañaba a Jesús, y si algún familiar acompañaba a sus otros deudos, y que maldijeron a los hombres que hacían aquella brutalidad.

Jesús estaba muerto. Bien hacían con retirarse y respetar el dolor de aquella familia. Pero en esos actos inútiles, salvajes, de gentes sin corazón y acostumbrados a la barbarie de la muerte, el jefe de a patrulla, de a caballo, enristra su lanza bajo su brazo y da una lanzada en el costado izquierdo de Jesús. Lanzada tan fuerte que atraviesa todo el pecho y deja abierto el propio Corazón del cadáver, así profanado sin el menor respeto. Un ¡ay! sonoro se escapa de aquellas almas… La lanza ha penetrado más en el Corazón de María que el daño que hubieran querido infligir al cadáver de Jesús. A María también le ha abierto el Corazón. Su llanto callado es copioso.

Del aquel Costado abierto brota un río caudaloso –místicamente caudalosos- de agua sanguinolenta. La lanza ha entrado en el mismo Corazón de Jesús, y ese Corazón ha devuelto su última gota de sangre, su último acto de amor, entremezclado con el suero pericadial que protege al corazón. Una fuente que allí parece más pequeña, pero que encierra toda la vida de una Iglesia que nacerá del costado abierto, como Eva del costado de Adán. El AGUA, que limpia y purifica y baña las almas con el Bautismo; la Sangre que alimenta y sacia, a la vez que deja la necesidad de volver a beber de ella una y otra vez: mi Sangre de la Nueva Alianza. Ya sin velos que cubren. Ya a las claras; a la vista de todos; invitando a a entrar dentro. Porque la lanza sacrílega no sabía que abría un camino derecho hasta el propio Corazón de Jesucristo, el Corazón de la Vida, el Corazón de la Iglesia a punto de nacer. La fuente donde las almas hemos de saciarnos, el manantial que ya nunca se agota. El Santuario de todo el que quiera adentrarse en los secretos infinitos del Amor de Dios.

María s apresuró, en movimiento instintivo a recoger aquella fuente en un paño, pero tuvo que desistir de alcanzarlo, porque el mundo entero tendría que ser regada por ese torrente sin final: ese que ya no se puede vadera, y que a su paso fecunda y crea arboledas frutales y vida que explosiona, y que nadie podrá agotar.

sábado, 24 de marzo de 2012

ENTREGAR LA VIDA

EN TUS MANOS ME ENTREGO

Cuando todo está acabado, completo, perfecto, cuando –aun en medio de esa tortura de la muerte inminente- puede tener constatado que ha hecho cuanto debía de hacer, según los misteriosos proyectos de Dios-, Jesús se sabe ya en la última hora. Pero nadie me quita la vida, sino que Yo la doy. Y en plena conciencia de ello, toma su vida en sus manos (por decirlo así) y lo deposita en las del Padre: En tus manos pongo mi espíritu. Todavía no es la muerte. Ahora, da un grito tan fuerte, impropio e imposible en un crucificado, que queda admirado el centurión que estaba al frente de aquella patrulla de vigilancia (y tan acostumbrado a ver morir crucificados, con casi leves suspiros, sin poder sacar ya fuerzas de sus pechos). E inclinó la cabeza, como gesto previo del que se va a echar a dormir cuando “ha llegado SU HORA”, y expiró. Dueño total de la vida y de la muerte. El centurión, pasmado, exclama: Verdaderamente este hombre era HIJO DE DIOS. Había abierto San Marcos su Evangelio diciendo: “Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”. Concluye ahora el centurión romano que verdaderamente lo era.

Y por si fuera a quedar duda, la naturaleza entera se conmueve ante la muerte de su Creador. El sol de mediodía se eclipsa totalmente y suceden las tinieblas; un terremoto hace chocar las piedras y abre los sepulcros. Los muertos salen deambulando por Jerusalén. Y las gentes se aterrorizan y echan a correr en aquella oscuridad hacia la ciudad dándose golpes de pecho. Si el demonio había dejado a Jesús “para otra ocasión” pensando entonces vencerlo, y se había creído vencedor en la muerte de su adversario Jesús, ahora también ha perdido la partida. La estampida de aquellas turbas que se habían mofado de Jesús, es la confesión más clara de que –por decirlo así- “el Hijo de Dios ha bajado de la Cruz”, porque realmente ese Hombre, Jesús, ha aplastado la cabeza de la serpiente, y las lenguas viperinas y blasfemas que se valieron del anonimato de la masa para retar al propio Dios, tiene que golpearse el pecho en petición de perdón.

Todavía hay una señal más fuerte que todas éstas. El velo del Templo se rasgó por medio. ¡Aquello tocaba de lleno en los jefes religiosos que promovieron la injusticia! Ellos, los defensores” del Dios Yawhé, a quien guardaban celosamente en sus símbolos más sagrados contenidos en el Arca, en el Santuario, oculto a las miradas profanas con aquel velo, ven rasgarse su Presencia sublime, como el Dios mismo que rasga el misterio porque ahora se ha hecho patente y tangible en la persona de aquel Crucificado que ellos han despreciado y han pretendido quitar de en medio. Lo que ahora ha quedado superado ha sido el período de la Alianza Antigua, y Jesús ha inaugurado una nueva y ya eterna Alianza de Dios con la humanidad, en la persona de Jesús, Hijo de Dios. El “velo” que era Jesús-Hombre ha quedado desvelado y Dios ha quedado al descubierto en JESÚS. Se aterrorizarán los demonios y los que le hicieron de diablos humanos. Descansará Jesús en los brazos de su Padre. Y María –con el grupo de incondicionales-, abrazada ahora a los pies de ese hijo muerto, dejando correr sus lágrimas serenas por sus mejillas, también entran en ese regazo de serena paz que da el final de unos tormentos tan terribles de la persona querida. Ni huyen ni se asustan, ni se sorprenden. Allí están contemplando la gloria de Dios.

Los malhechores crucificados también guardan imponente silencio. Hasta el que había atacado con sus palabras. Ahora está callado. Mirando en todas direcciones como quien está viendo lo que nunca pudo sospechar. El otro sabe ahora que es hoy mismo cuando volverá a encontrarse con ese “Rey de los judíos” que está desplomado en la cruz de al lado, pero que tiene un Reino diferente. Los soldados, pasmados. Sin atreverse a moverse de donde están. El centurión, anonadado. El silencio, que sólo rompe el jadear agónico de los otros crucificados, y quizás los sollozos más expresivos de María Magdalena, es la adoración del mundo hacia aquel JESÚS NAZARENO, QUE VERDADERAMENTE ERA EL HIJO DE DIOS.

UN PRESAGIO VIVIDO EN LA ACTUALIDAD

El sábado 4º de Cuaresma nos mete en una actualidad palpable. La Liturgia está ya tocando la causa de la inminente Pasión de Jesús. Jeremías expresa el sentimiento del Justo. Y dice de sí mismo que el Señor le instruyó y él pudo comprender lo que hacían quienes buscaban su muerte. No era que él hubiera hecho algún mal. Es simplemente la otra pasión humana que convierte al inocente en víctima. Y el inocente es llevado al matadero, y camina como cordero manso, que no podía imaginar la malicia de los hombres homicidas, que estaban dispuestos a quitarlo de en medio porque así no habría una voz que se alzase contra ellos: arrancarlo del suelo vital; talar el árbol en su base; arrancarlo en plena lozanía, para que su nombre no se pronuncie más.

El Evangelio es exactamente la realidad de aquella figura: Jesús está condenado de antemano. Simple prejuicio que de Galilea no puede salir un profeta. Y si los enviados a prenderle no le prenden porque se han quedado admirados de su enseñanza, son unos malditos de los fariseos y jefes del pueblo. Si Nicodemo, que era fariseo, da un principio básico de justicia, que es la oportunidad que se le debe dar al perseguido para que pueda explicarse, también es despreciado por galileo… Está todo tan amañado que nada otra cosa vale si no se entra por el aro de los que mandan y ordenan. Se trata, en efecto, de ignorar a Jesús, y para ello vale ya cualquier aplastamiento del que no piense así. Borrar su nombre es el objetivo.

¿No nos suena esto muy cercano a nosotros, en nuestro tiempo, en nuestro siglo? ¿Nos es muy ajena la táctica de silenciar todo lo que hable de Jesús? ¿No se trata de talar el árbol, arrancarlo del suelo de los vivos, arrinconar sus imágenes, ignorarlo desde la primera enseñanza, para que su nombre no se pronuncie más, y llegue a sonar sólo como mito, como fantasma de otras épocas? Posiblemente estamos asistiendo a la Pasión en vivo. No hace falta representarla. Ya está ahí y la estamos viviendo en carnes propias.

viernes, 23 de marzo de 2012

PRESAGIOS DE MUERTE

Del Viernes 4º de Cuaresma

Hoy me ha llamado la atención la 1ª lectura porque es como presagio evidente de lo que le ocurrió después a Jesús. Jesús era un noble defensor de la verdad. No tenía que echar nada en cara, ni hacía las cosas para tirarlas en rostro. Hacía lo que hacía porque así lo debía hacer. Porque así estaba bien hecho.

El acoso de los sacerdotes y doctores de la Ley que lo oyeron hablar o lo vieron actuar, ellos mismos se lo dijeron todo a sí mismos y según la mala conciencia que tenían. Opinan que el Justo, obrando el bien o hablando la verdad, era un reproche a las ideas de ellos, y sólo verlo ya les molestaba. Las buenas acciones del Justo las juzgaban con absurdas suspicacias que Él los consideraba a ellos de mala ley, y que se atribuía a sí mismo una relación filial con Dios.

Y, aunque todo eso está escrito antes siglos antes y podría aprovecharse, en vez de hacer ellos su propio análisis y pensar si ellos tendrían que plantearse algún aspecto personal, retan al mismo Dios: que Dios salga a favor del Justo si tanto le quiere. Que, mientras sí o mientras no, aquellos jefes optarán por afrentarlo, torturarlo, y quitarlo de en medio. Que es concurrente al pie de la letra con el Evangelio de este Viernes 4º de Cuaresma. Lo que el libro de la Sabiduría refería al “justo”, en general, viene a verse reflejado en el intento de quitarle la vida a Jesús. Todavía no había llegado la hora de ello, pero se va caldeando el horno.

También la primera lectura saca su conclusión final, muy objetiva y útil para toda ocasión.

claves interesantes para vivir nuestra vida según Jesucristo

Ya lo dice el Apostol que fue declarado por Cristo como la piedra sobre la que Dios edificaría el edificio espiritual que representa la IGLESIA, es decir, Pedro, aquel que dijo al Señor, "Yo no te negaré nunca", pero que derramó las lágrimas del arrepentimiento después, y no sólo fue perdonado, sino que esa negación de Cristo, fruto de la cobardía humana, del miedo a dar a conocer que eres cristiano, lo cual es en si, una negación del Señor, no le supuso que el Señor le apartara de aquella misión que le tenía reservada desde el principio. Me consuela mucho esto. El amor y misericordia de Dios se manifiesta en ese perdón-olvido de la negación de Pedro, sabida de antemano por Jesús, como el mismo le anunció.


El Apostol nos dice unas claves interesantes para vivir nuestra vida según Jesucristo, el dice 1 Pedro 1,13, y esas palabras acaban con una promesa que nos debe dar el ánimo necesario para vivir aquí abajo.


Como apuntaba ayer, y hoy profundizo, el creyente en Cristo se reconoce primero como pecador, pero una vez que ha sido acogido por Dios enfoca o debe enfocar su vida como dice en 1 Pedro 1,14, teniendo presente 1 Pedro, 1,15-16, que es y debe ser para un cristiano el objetivo de su vida cristiana. Es imposible e incompatible, y ciertamente algo irracional, afirmar la fe en Cristo, declararse uno cristiano, y no tener en cuenta este principio. O hacer como hacen algunos, según he podido constatar, y es, escudarse en el purgatorio para no poner toda la carne en el asador en esta vida y no vencer esas pequeñas batallas personales. 


El purgatorio, que es dogma de fe, no es una excusa para relajar nuestras costumbres en nuestra vida cristiana. Es más, ya enseña la Iglesia, que si uno no se arrepiente verdaderamente de sus pecados, el riesgo de caer en cosas graves es mayor. 



El tema de los anónimos

Hace algunos días, si leen más abajo, escribió el P. Cantero, que es junto conmigo administrador de este blog, además de Director del Apostolado de la Oración en Málaga, acerca de los comentarios anónimos.

Quisiera yo profundizar en el tema en el día de hoy y proponerles una reflexión acerca del tema, ya que observo que los "anónimos" siguen siendo mayoritarios en el blog.

Mi reflexión es la siguiente:

¿Que sentido tiene ocultar tu identidad cuando pones un comentario?
¿Cuál es el motivo por el cual no quieres que te reconozcan?

Si eres uno o una de las que comentan como anónimo te invito a responder anónimamente en esta entrada del blog.

Agradecemos todas las participaciones en el blog. De hecho hay muy pocas, y desearíamos más, y sabemos que pueden ser más, y esa es otra pregunta a la que me gustaría poner respuesta. ¿Porqué no se participa más? ¿No hay nada que decir? ¿Ni siquiera gracias?

Esto de ser administrador de un blog tiene su ventaja. Pues se que estáis ahí, y que se entra en el blog. Lo que no logro saber es porqué no se participa más.

De cualquier forma, el blog sigue su camino hacia delante, pero los perjudicados al no aportar nada, sois vosotros mismos.

jueves, 22 de marzo de 2012

Todo cumplido

EL COMPLETO DE UNA VIDA

Nuevo silencio. Jesús ve que ya es su hora. Y se sume en una mirada a su vida entera. Belén…, que ya llevó su parte de cruz…, y era el inicio de etapa de esa carrera que Él había de recorrer… Nazaret: ese misterio de silencio activo, de crecimiento, de un misterio en el que tantas almas entrarían, se quedarían, hallarían lecciones de todo tipo: familia, trabajo, oración, fe, convivencia… El Jordán, un hito muy peculiar en su salida a la vida pública, la manifestación de Dios que lo constituye Mesías…, y una vida llena de realidades diversas, que Él vivió haciendo el bien. Los pobres, los enfermos, los pecadores, las mujeres, los amigos, los discípulos, la elección de unos apóstoles… (y al llegar aquí se le escapa un suspiro grande: ¿dónde estarán, qué harán ahora mismo?). Luego se precipitan las cosas y su caminar se va haciendo más duro, menos aceptado, con más oposición…, y con los jefes ya dispuestos a acabar con Él. Judas, el pueblo, las personas…, ¡su Madre!, su sufrida Madre, la auténtica Mujer que Dios modeló desde el comienzo de la Creación, tras la caída de la humanidad… El Huerto, las horas terribles vividas ayer… Pilato…
Jesús va pasando por muy diversos sentimientos en todo este recorrido de su vida. Sufre, siente volcado su Corazón a la pobre humanidad. Piensa mucho en esa Madre traspasada pero allí erguida, que Él mismo ha donado a esa humanidad para que Ella, con ternura de Madre siga en la obra de la salvación…
Él… Su más profundo sentimiento es de gozo. Ante Dios, su Padre amado, por quien ha hecho todo para devolverle el honor arrebatado por el pecado y los pecados de todos los siglos, de todas las clases, de todas las edades, de cada persona…; ese Padre suyo al que ha agradado siempre, para el que vive y para el que muere… Ese Dios misterioso que ni le levantó la losa que le aplastaba en el Huerto, ni se ha hecho presente en el Calvario…, y en el que Jesús CREE PLENAMENTE, porque es el Dios Bueno, el Padre de toda misericordia… Es un gozo inmenso en este instante último de su vida, casi entre estertores de muerte, porque HIZO TODO LO QUE TENÍA QUE HACER.
Y ahí, a sus pies, la humanidad, con la que Él se hizo una masa, y muere asumiendo el dolor, la enfermedad, el pecado, la maldad, la desgracia, y cuanto esa humanidad ha dado de sí y dará de sí. Hecho Él uno de tantos, y hasta emborrizado en ese pecado para levantar la maldición que caía sobre ella… Una humanidad a la que ama, a la que perdona, a la que eleva, por la que pasaría mil muertes, si fuera necesario…
Y con toda esa visión complexiva ante sus ojos ya nublados, una satisfacción inenarrable, de quien ha corrido bien su carrera, ha combatido bien su combate, ha mantenido su fe… Lo que ya le queda es esa corona divina que no se marchita, que le siente a la derecha de Dios, de donde salió. Y como el astronauta que regresa a la tierra y ha realizado una misión arriesgada y titánica, y vuelve pisar tierra firme y haber prestado un gran servicio, Jesús pronuncia el gran resumen de su vida: TODO ESTÁ ACABADO. Acabado, perfecto, sin que le falte nada, encajada cada pieza en el lugar asignado por Dios. No puede sentir un gozo más fuerte en medio de su agonía de muerte. “Todo lo hizo bien” dirán después de Él. Y realmente es que Jesús es la maravilla de lo bien hecho.

De mi oración personal

Delante del Señor, que me ve en cualquier lugar que esté, y se que conoce mi corazón. Me reconozco pecador, pero 1 Juan 5:18.

No desgastarme inútilmente.

Si me comporto con afabilidad y amabilidad y el otro no me responde...si un cristiano o una cristiana, hermano o hermana en la fe, que debería tener vínculo conmigo por que estamos juntos en el mismo lugar, pasa por mi lado, y ni siquiera es capaz de saludarme, a pesar de hacer un tiempo de no verme, a pesar de que tenemos tareas comunes dentro del mismo lugar, entonces se me viene a la mente el pasaje de la primera carta de San Juan 4:19-21. 

Y entonces comprendo que esa actitud es cuando menos egoísta y le pido a Dios que yo no actúe así, porque el que pasa por mi espalda, rozándome incluso la ropa, y no es capaz de decirme ni buenos días, ¿cómo voy a poder ir más allá con esa persona? ¿En que situación nos encontramos con experiencias así? ¿Cómo vamos a poder ir más allá? ¿Dónde tenemos puesta la mira? ¿En la escoba? ¿En mi interés personal? ¿En la escalera de acceso al ambón de las lecturas quizás?

Yo se que debo hacer las cosas sin esperar nada a cambio, y de hecho no quiero que me den porque yo de. Que a veces es posible que yo no llegue a dar lo que otro espera de mi. Me cuesta admitirlo, lo reconozco, porque ya les digo que me veo a mi mismo como una persona capaz de ser afable y amable, y tengo tendencia a retraerme cuando después de varios intentos, observo que la otra persona no me da lo que yo espero, y que en definitiva es un comportamiento igual o mejor.

Examino mi conciencia y veo en el fondo, que yo he recibido capacidad de ser afable y amable con los demás. Traigo a mi mente recuerdos recientes de situaciones con personas a las que he dado un saludo, una palabra de ánimo. He tratado de hacerme cercano incluso a sus problemas, sin siquiera conocer a la persona realmente. Incluso veo más allá, pero no todo lo voy a expresar aquí.

Al escribir, uno se expone, y si encima no lo hace como anónimo se expone más. Podría haber escrito una tontería y ser señalado por ello. En cualquier caso, se que alguien verá mi escrito de forma distinta a otro.

¿Entonces porque escribo? Yo no quiero nada más que hacer lo que enseña Cristo, Dios y Hombre verdadero. ¿Que no llego? Pues me quedaré corto, pero poner toda la carne en el asador, de la que sea capaz, y pedir a Dios que me de lo que el quiera.

¿Entonces porque escribo? Porque no tengo miedo del que dirán, ni de la opinión que puedan tener de mi. De lo contrario no escribiría. No tengo miedo de si piensan mal y me juzgan un sabiondo que ni siquiera tiene un título religioso que poner por delante. Allá tu, si te encuentras entre estos. Yo se porque escribo, que persigo y cual es mi trabajo, y se que ese trabajo no está exento de persecuciones y tribulaciones, así que voy con ventaja al saberlo.

SED ARDIENTE DE UN MORIBUNDO

EL SILENCIO PROLOGADO

Siguió un largo silencio, sólo entrecortado por el jadear de un pecho que cada vez podía inspirar menos aire. La parálisis de los músculos pectorales por la excesiva tención de los brazos estirazados y la asfixia por la falta de aire en los pulmones, hacía más instintivo y prolongado el silencio. No le iban quedando fuerzas, por la misma carencia de aire. Y cada vez podía inspirar menos porque apenas podía ya tirar de los brazos y apoyarse en sus pies atravesados por los calvos, hinchados y más traumatizados. La fiebre subía, la sangre resecada en sus espaldas expuestas al aire de la colina, le producía mucho más dolor al roce con la madera.

Su Madre, mirando de hito en hito aquel rostro que parecía no tener más que un hilo de vida, contenía su respiración ante la muerte que venía

Apenas si ya salía alguna gota de sangre, parte por la coagulación, parte porque poca le quedaba en su cuerpo lívido. Jesús parecía estar ya abandonado a su propia suerte, en la hiriente soledad de sus sentimientos.

Y entonces alza la voz, cuanto es posible y murmura una palabra: Tengo sed. Era evidente como realidad natural. Con la pérdida de sangre y la fiebre ardiente, la sed le acuciaba. Y casi como una ráfaga de aire fresco en el ardor de aquella soledad, un soldado es capaz de separarse de la actitud del resto y se pone en pie, se va al agua con vinagre de efectos más refrescantes, moja una esponja y la pone en la punta de su lanza para alcanzar los labios del crucificado. Los compañeros no habían sabido a qué iba. Y cuando vieron el gesto, le espetaron un despreciativo y burlesco: Déjalo; ha llamado a Elías; deja a ver si viene Elías a salvarlo. No habían entendido aquella oración de Jesús en su lengua materna dirigiéndose a Dios, y habían creído que era una delirante invocación a Elías… El compañero que había sentido compasión con el ajusticiado, alargó la esponja. Jesús, todo delicadeza, aun en estos momentos de insufrible sed, agradeció acercando sus labios a la esponja. Pero nos dice el evangelista que no bebió. No se puede interpretar más que como ese sufrir y querer sufrir que nos señala San Ignacio de Loyola. Poco podría atemperar su sed haber chupado un poco de la esponja empapada, pero el líquido refrescante (y los que interpretan que era hiel en vez de vinagre, incidirían en el aspecto un poco lenitivo de aquella mezcla), Jesús no lo bebió porque no estaba allí ni obligado ni contra su voluntad. Jesús sufría a conciencia de estar realizando la obra a la que había venido: LA REDENCIÓN DE LA HUMANIDAD. Y esa quiere llevarla a cabo sin paliativos. Está sabiendo que tras toda esa barbarie humana, Dios sigue escribiendo su melodía salvadora, y no será Jesús quien quiera poner sordina a ninguna nota de aquel pentagrama.

No bebió. No perdamos de vista el comienzo de San Juan, tan lleno de enseñanzas simbólicas. Era el comienzo de su salida a la vida pública cuando expresó ya a la mujer samaritana la sed que tenía…: Mujer, dame de beber. Y si leemos aquello fijamente, la mujer no le acercó nunca el cántaro a los labios. Incluso se fue, dejando el cántaro allí junto al pozo. Estamos en la misma realidad. Jesús sediento, sin beber… Así comenzó su obra en el pueblo judío. Y la acababa con la misma sed. A sus pies ese pueblo “contemplaba el espectáculo”, se reía y retaba al crucificado. No estaban con Él. La sed acuciante sigue en el momento de su muerte inminente. Aquella palabra, expresada casi imperceptible, sabe a grito tremendo cuando, desde la atalaya de la cruz, mira a la humanidad.

Tengo sed nos llega a cada uno. “Tengo sed” es una queja y un dolor, y una súplica. Hay mucha sed en Jesús crucificado, y el mundo se aleja, se mofa, quita los crucifijos, y prescinde de Él. La sed de Jesús suena a tragedia. No se arregla con la esponja del soldado compasivo. Necesita Jesús mucho más. Yo, tú, cada uno con su nombre personal, está allí presente y provoca esa ser ardiente. Y esa queja, pide. De ahí que San Ignacio exprese en sus Ejercicios una pregunta que hemos de hacernos a nivel muy personal: Y yo, ¿qué he de hacer y padecer por Cristo? Más de uno pensará que a estas alturas ya Cristo no sufre sed, ni fiebre, ni dolor… Nos falta perspectiva para comprender que Cristo sigue en cada hombre, mujer, niño o anciano, feto descuartizado o inyección letal que acaba con el estorbo del viejo de la familia. Y en cada pobre que no tiene para dar el vaso de agua a sus hijos… Y en mi comodidad culpable. Y en mi endulzamiento de la vida, de la misma oración. Y en el egoísmo recalcitrante que ansía patológicamente sobresalir y estar por encima del otro. Et., etc.

La inmensa sed de un mundo que se deshidrata mortalmente porque ha dejado de beber en las fuentes del Salvador.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Ejercicios

Es mi intención  a ver si en esta semana puedo colgar todos los archivos de los Ejercicios. Les aviso que lo encontrarán si pinchan en la pestaña de arriba donde dice "Ejercicios", y no en esta zona del blog como he realizado hasta ahora. La razón es: "motivos prácticos".

Les ruego encarecidamente que transmitan a todos sus conocidos la existencia de este blog, para a más personas alcance, para M.G.D.D.

Gracias.

martes, 20 de marzo de 2012

¡DIOS MÍO, DIOS MÍO...!

REZANDO EN PURA FE

Dado el perdón total, ofrecido incondicionalmente el Paraíso, rifadas sus ropas, entregada su propia Madre, ya ha quedado Jesús en la desnudez plena, la que ya no es sólo externa sino la de una humanidad que lo lanza en alto, y un Cielo que le está cerrado.

Esos momentos en que le sale espontánea su lengua materna, y ora como único recurso: Elí, Elí…, Dios mío Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Queda uno sumido en el sumo misterio que no se puede explicar. Cuando siente Jesús esa desnudez absoluta, no le queda ya más apoyo que rezar. ¿Y qué se le viene al alma rezar? ¿Qué puede expresar mejor su desolación, vaciamiento (=kénosis, “despojado de sí”, de Filipenses 2, 6) que el Salmo 21? Y Jesús reza. Podría haber escogido otro Salmo, pero aquel era el que le reflejaba más hondamente su momento actual). Los místicos que han pasado por la que llaman “noche obscura”, saben muy bien la terrorífica experiencia de sentirse como dejados de Dios, cuando en realidad sólo en Dios tienen su confianza, y siguen sabiendo que Dios no les ha dejado. Jesús vive esa “noche obscura”: reza, porque sabe que Dios está con Él. Pero al mismo tiempo sufre esa íntima sensación de estar abandonado, cuando en realidad todo lo que ha hecho y hace es por Dios y por entrega absoluta en las manos de Dios, a quien ama y del que se sabe amado. Pero Dios está tras ese velo tupido que no puede traspasar el que vive la “noche obscura”.

No podemos ni entender ni comprender. Primero, no podemos entender la mayor parte de los fieles porque para comprender tendríamos que tener la experiencia inmensa de Dios, tan sentida como el vaso de agua fresca en el estío, o el calor que templa en el invierno, que son fáciles y gozosas sensaciones placenteras. Eso supone tener una familiaridad interior con Dios, como algo que se paladea con la satisfacción que invade todo el ser.

Y no podemos comprender cómo Jesús está acudiendo a ese Salmo como la expresión más semejante a su realidad. Demás está comprobar que Jesús fue totalmente hombre y que no echó nunca mano de su “paraguas” protector de la divinidad. Quiso pasar por lo que puede pasar cualquier fiel, porque quiso vivir su encarnación como uno de tantos, en la obediencia suprema que llega a la muerte en la cruz.

Luego queda algo que todavía es m´s grandioso, si cabe: que el Salmo 21 no se puede llamar “el salmo del abandono” sino el Salmo de la confianza en medio del abandono. Porque basta tomarlo completo para ver que junto a esas expresiones desgarradas que va describiendo, de pronto parece que llega a un oasis de confianza y seguridad en ese mismo Dios. Y así se repetirá más veces. Por tanto, la fe de Jesús está en plena fuerza, no entra en crisis por el sufrimiento que padece, tan espantoso, y que Jesús es el prototipo de creyente que precisamente entra en entrega confiada cuando llega el momento de posible duda. Y es que la fe no está en sentir devoción, ni en el gusto, ni en la facilidad para estar unido a Dios… La fe es auténtica fe cuando permanece en la desnudez sin agarradero… Cuando la fe sólo es LA FE. Y lo es cuando sigue creyendo aunque el mundo se volviera del revés en la vida de la persona.

Cree Jesús. Está asido totalmente a Dios. Y –más allá de lo que da de sí el desgarro que sufre- se sabe asido totalmente por Dios. Es que yo tengo la enorme tentación de traspasar el velo de lo infinito y ver a Dios con la respiración contenida,…, con las lágrimas en los ojos, y casi saltando de su trono empíreo para acudir en ayuda de Jesús… Claro que estoy poniendo en Dios lo que yo oro. Pero, aparte de la osadía de mis expresiones humanas traspasadas a lo inescrutable de Dios, digo que “acierto” porque mi sentir de Dios es el de un Padre tan inmensamente Padre, que este momento se me clava en el alma así, y no puedo menos que desvariar al expresarlo.

¡Inmenso Dios! Nos es imposible a los humanos saber unir las piezas de tus misterios. Pero cuando alguien te echa en cara su sufrimiento y dice que Tú se los has mandado, yo siento la seguridad absoluta de que eso es imposible. Y lo que sé en lo profundo de mi ser es que Tú, Dios maravilloso y Padre, estás escribiendo una melodía inefable con las notas más desgarbadas y absurdas del pentagrama humano. Por eso soy capaz también, si llega el caso de rezarte sangrando ese Salmo 21, y saber de sobra que Tú no me has abandonado..

PROCESION

Hola de nuevo a todos :
Van pasando los dias y poco a poco nos vamos acercando a la tan esperada Semana Santa.
Para muchos de vosotros que me consta sois Hombres de Trono de diversas Hermandades y Cofradias son sin duda de los dias mas esperados de todo el año.Y para los que no participais en ningun puesto de las diversas procesiones lo son tambien porque el que mas o el que menos gusta de ver ese desfile en nuestras calles que nos hace a muchos (seguramente una gran mayoria) volver a revivir la penosa pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo,nos hará estremecernos ante esas imagenes tan reales de lo que aconteció en los momentos previos de un acto de Amor como no se ha vuelto a conocer en toda la historia de la humanidad ;porque mas de 2000 años despues sigue redimiendo y salvando a todos los que en el creen ,perdonando a quienes se arrepienten de sus pecados,aliviandolos en sus penas por duras que estas sean.No debemos olvidar que somos humanos y estamos en manos  Dios pero tampoco podemos olvidar que Dios es Nuestro Padre y no nos va a dejar solos en ningun momento de nuestra vida,por eso nos ofrece la salvación a traves de su hijo Jesús.
Ese Jesús que somos capaces de conocer al detalle en de cada imagen que se procesiona y que de alguna forma a traves de ellas hace que no olvidemos su vida y sobre todo su Pasión.¿Que hombre aun siendo hijo de Dios sería capaz de dejarse inmolar como un cordero solo para salvar al resto de la humanidad?
Pues yo creo que solo alguien con un gran Corazón.
No puede haber ni habrá un Corazón mas grande que el de Jesús,pero no es para que nos perdamos en esa grandeza sino para que quepamos todos ,porque creedme que todos tienen cabida en ese gran Corazón.
Por eso yo os sigo animando a que os acerqueis a conocerlo .CONOCERLO ES QUERERLO.
Aprobechad cualquier ocasión que tengais para acercaros un poco mas a El.
Hay muchas formas de hacerlo y aqui se os ofrece una que podeis ir formando entre todos,porque no hay nada establecido y solo un gran deseo de que todos los que llevais al Sagrado Corazón de Jesús lo sintais mas cerca para que de verdad llegue a ser vuestro gran AMIGO.
un cariñoso saludo para todos.

Violeta


MADRE DOLOROSA

EL DOLOR DE UNA MADRE
Parándonos en este momento, veo cómo la espada anunciada por Simeón, ya está entrando en los repliegues del alma de la Madre. Es, sobre todo, el intenso dolor de ver al Hijo en aquella situación de humillación por el mismo hecho de haber sido condenado a la muerte ignominiosa de la cruz. Pero a la vez, y aunque poco podían llegarle cuando su alma estaba hecha jirones, allí la turba desaforada gritaba y gritaba como energúmenos, desafiando al Hijo: ¿No decías que destruyes el Templo y lo reedificas en 3 días? Pues sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios… Y la mofa burlesca y satírica siguiente: A otros salvó y a sí mismo no puede… Has confiado en Dios; ¡pues que te salve ahora…! Eran espadas que se añadían… Por eso, quizás, la representación de María en muchas expresiones de la imaginería es un corazón atravesado por siete espadas que se entrecruzan. Querrían arroparla los amigos como para evitarle escuchar aquellas burlas. María permanecía en pie, bebiéndose sus lágrimas y dejando que su corazón sangrara a la par que la misma sangre de su Hijo.

Reconozco mi mala memoria al no saber localizar aquel verso: Mirad vosotros, los que pasáis por el camino si hay dolor semejante a mi dolor. Lo que sí es verdad es que, expresando tan gráficamente el desgarrón de esa Madre, juntamente me pongo en el lugar de tantas madres que han visto sufrir a sus hijos, ser marginados, pasar necesidad, morir desangrados ante sus ojos…, simplemente ¡perder a un hijo o hija! Y creo que cualquiera de ellas diría exactamente lo mismo. Y quiere por igual a todos sus otros hijos, y ellos pretenden hacerle ver que ellos están allí. Y sin embargo esa madre no se consuela porque el que ya no tiene es el que le ocupa todo el dolor de su corazón. Es aquello que se aplica a las madres de Belén en la matanza de sus hijos: Un grito se oye en Ramá: son las madres que lloran a sus hijos y no quieren consolarse, porque ya no existen. Cuando se ve al vivo, entiende uno que ese sentimiento no tiene parangón. Entonces, a la expresión citada más arriba, que es bíblica con la mayor seguridad, yo me atrevería responder: “Sí, María: muchas madres están mirándote y apoyándose en tu dolor de madre que pierde un hijo; y su dolor es tan semejante al tuyo, que son dos gotas de agua. Y pienso lo original que es cuando se quieren comparar dolores, o hay quien rivaliza en hacer el suyo más grande y más pesado. Yo digo que cada dolor es tan fuerte como el otro…, que cada uno sufre en totalidad el suyo, y no hay ni palabra ni razonamiento que ayude a consolar…, porque esa madre o padre que sufren el desgarro de un hijo que muere, es “el más grande dolor que hay sobre la tierra”.

Lo que también afirmo es que eso lo sabía María. En sus años de Nazaret había asistido a situaciones así, y Ella puso siempre su mayor esmero en acompañar a aquellas madres que sufrían, pero con el inmenso respeto de saber que no quieren consolarse…, que no hay quien las consuele. Lo que también a mí me hace sentir un escalofrío de silencio que me deja cogido por dentro, y simplemente puedo hacer lo que aquel grupito que estaba junto a Ella: arroparla, unirse a su dolor. Y parangonando la petición de Ignacio en la Pasión, sufrir el dolor de María; sentir su mismo quebranto, y dejar salir lágrimas de profunda pena interna, por lo mucho que Ella padece por causa de ese pecado –también el mío- que la ha puesto en esta encrucijada.

Y tomarla conmigo, y meterla en mi alma, y tenerla como tan mía, que Ella me enseñe a sentir los nobles sentimientos del amor puro de una madre.

Y voy escuchando la gritería infernal de la gente, de los mismos jefes de Israel, y quisiera gritarles yo a ellos: ¡ya que no sois capaces de respetar la muerte de un hombre, mirad el desagarro de esta Madre! Luego me pongo un espejo delante… Y siento el miedo de verme yo gritando también contra ese “Cristo” que tengo a medio metro mío. Al que no comprendo, del que me mofo, al que le tengo una mala reacción, al que es posible que aquello también le duela en el alma…, y me extraño de cómo no soy capaz de darme cuenta. Porque si me doy cuenta, es que yo no tengo ni corazón humano.

Son muchas las preguntas que me hago. Mirar alrededor es abrir una Enciclopedia del despropósito. Es la gran necedad y deshumanización en la que se es capaz de caer cuando el amor propio entra a ser protagonista. Y voy a tener que volver a la primera palabra de Jesús: “perdónanos, Madre, porque no sabemos lo que hacemos”.
EL AGUA PURIFICADORA Un día en que liturgia de la Eucaristía de este MARTES 4º, rezuma belleza por todas partes: el el agua en torrentera de que mana del Templo. Al principio, es poca y, aun así, va fecundando a su paso, creando un vergel. Cuando quiere uno acordar, es ya un océano que abarca lo que uno no podía ni sospechar. La imagen preciosa del Bautismo de Cristo, que tiene en sí la potencialidad de hacer santos, héroes, algo tan grande que sobrepasa toda realidad. La piscina de los 5 soportales, con el “poder mágico” de curación al removerse el agua…, pero de poder tan reducido que sólo alcanzaba al primero que entrara. Pero aparece Jesús, que es agua viva bajada del Cielo, torrente en crecida de aguas dulces, y aquel desesperanzado enfermo paralítico encuentra la avalancha superior de su sanación inesperada. Antes, no tenía a nadie. De pronto TIENE TODO. La diferencia, Jesús, que ha puesto en marcha el dinamismo fecundo de su Agua salvadora, la que hemos recibido nosotros y hasta hemos cambiado de naturaleza, porque éramos antes solamente humanos, y ahora –como el hierro en la fragua que se hace ascua ardiente, a nosotros nos hacho ya partícipes de la divina naturaleza. Ese es el inmenso efecto del Bautismo cristiano.

Baldassare Galuppi - Credo in unum Deum in C major (1781)

lunes, 19 de marzo de 2012

AHÍ TIENES A TU MADRE

DESPOJOS DE GENEROSIDAD

El de la derecha –Dimas le llamó la tradición- está silencioso. Mira mucho y viene observando que aquel Jesús, compañero de suplicio, es de otra clase. Su padecer silencios, su no responder a los agravios, sin que se le vaya una sola palabra, escuchándosele solamente los gemidos de dolor que se le escapan… Y “Rey de los judíos”, como puede Dimas leer en la cabecera de la cruz… Y se atreve a apoyarse él en el despojo de Jesús, volviendo hacia ese hombre su mirada y suplicándole que te acuerdes de mí cuando estés en tu Reino. Era como agua fresca en medio de la fiebre que le ardía a Jesús. Y con un hilo de voz, porque más no podía, vuelve Jesús el rostro hacia su izquierda, y con mirada acogedora le susurra: Hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso.

No podía Jesús tirar de sí mismo. Más necesitaba que alguien le ayudara. Pero Jesús, siempre Jesús, se olvida de sí y sale de su propio dolor para ocuparse de aquel hombre que le suplica con buna fe.

Quizás es el llamado de la última hora Quizás es el gran ladrón profesional que supo robar hasta última hora, y que ahora roba el Corazón de Cristo.

Los soldados permitieron a los deudos de los ajusticiados que se acercaran a los que les quedaba ya muy poco tiempo de vida. De entre las gentes, arrostrando las vergüenzas de la turba embrutecida, se adelantaron María, la Madre de Jesús, María de Magdala, María la de Cleofás, y alguna otra. “Un discípulo” –siempre innominado, e intencionadamente innominado por el evangelista- estuvo también allí. Un momento muy duro para ellos, que ahora contemplan desde muy cerca el despojo de aquel Jesús, convertido en gusano y oprobio del pueblo. Y muy duro también para Jesús, por el sufrimiento que causaba en aquellas personas tan queridas. Al mismo tiempo, el consuelo de sentirse acompañado por un grupo de almas fieles que habían llegado hasta allí y se presentaban ante todos como personas que amaban al que todos vituperaban. María Magdalena, se apariencia mucho más afectada, porque era una mujer de extremosas manifestaciones de su dolor y de su amor. La de Cleofás, pariente de Jesús y sintiendo desde las llamadas de la misma sangre, y juntamente queriendo hacer sentir a la Madre del que tanto sufría, ese apoyo de la cercanía. Y María, de pie, sin aspavientos, dejando salir sus lágrimas por las mejillas, pero con plena serenidad, acercando sus labios a los pies del Hijo, casi en bese tan suave que no fuera a aumentar el intenso dolor de aquellos pies tan hinchados por el traumatismo de los clavos. Y el “discípulo amado”… El representante de una humanidad al pie de la cruz. El “innominado” porque lleva tu nombre y el mío, el nombre de cada criatura… El “discípulo” que encarnaba a todos los discípulos fieles de todos los tiempos, en toda la humanidad, que estábamos allí y que asistíamos así a nuestra propia salvación. Y –queriéndolo o sin querer- también la humanidad en pleno, aunque desconozca y quiera ignorar a Jesús. Innominada también, pero por quien se derramaba la Sangre salvadora: por vosotros y por todos

Y también aquí da Jesús el paso hacia un nuevo despojo… Ya se han rifado sus vestidos; ya ha dejado salir de su Corazón el perdón para todos, porque no saben lo que hacen. Ya se ha olvidado de sí para otorgar al ladrón aventajado el Paraíso, hoy mismo. Y ahora, arrancando su propio Corazón, otorga al mundo a su propia Madre. MUJER –título bíblico que la une al propio sacrificio redentor- AHÍ TIENES A TU HIJO. Al “discípulo”: AHÍ TEINES A TU MADRE.

El cambio era muy desfavorable para aquella MUJER, porque ahora recogí en su regazo a tantos hijos tan distintos del suyo… Pero era el inmenso regalo de aquella hora privilegiada para la humanidad. Dice el evangelista que el discípulo la recibió en su casa. Es el brindis de puerta abierta que se nos pone ante los ojos a cada uno de nosotros, para acoger a María como cosa muy nuestra. Por supuesto, en el cariño. Pero más en esa lección inmensa de quien hizo siempre lo que debía hacer, porque así lo ofreció a Dios en el mismo momento de la encarnación:

A LOS PORTADORES DE LA IMAGEN DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS EN MÁLAGA

Por Javier, 41 años.

Queridos amigos, permitirme que os llame amigos a pesar de que no nos conozcamos personalmente. Os llamo amigos porque todo aquel que tiene a JESÚS como amigo, es también amigo mío.

El Corazón de Jesús es una preciosa imagen que representa a aquel que nació en Belén, se hizo hombre, y vivió dejándonos un Testimonio y una Enseñanza clara de cómo debemos sentir también nosotros en medio de este mundo. Llevando la Imagen en el trono, le estáis diciendo a Málaga, ESTE ES EL HIJO DE DIOS, "seguidle".

Cuando hace ya unos años, yo me decidí a seguirle, noté que mi vida cobraba sentido. Que la frustración de vivir en un mundo que no comprendía, cobraba sentido. Todos los "falsos dioses" de este mundo se caen al suelo frente al Dios verdadero, encarnado en la persona de JESÚS.

Dentro de unos meses, volveréis a sentir el gozo de portar la Imagen del que lo dio todo por ti. Hasta su propia vida.

Hoy quiero revelarte algo que yo conocí hace un tiempo, y es lo que Dios quiere de ti, que lees esto ahora.

Dios quiere que conozcas cada día más y mejor a Jesús, para que te salves de este mundo que al igual que hicieron muchos hace 2.000 años, hoy le dan la espalda. Unos por desconocimiento, de ahí la oportunidad a la que estás llamado. Y otros por que no quieren ver. Estoy seguro que no es el caso de ninguno de vosotros. Por eso os escribo hoy.

Un abrazo en CRISTO.



«Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí»


«Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí» 
- San Agustín

¿Quién lo ha creado todo? ¿Quién te ha creado a ti mismo? ¿Qué son todas estas criaturas? ¿Quién eres tú? ¿Y cómo decir qué es el que ha creado todo esto? Para decirlo, hace falta que tu pensamiento lo conciba: qué tu pensamiento se vuelva hacia él, acercate a él. Para ver bien algo, te acercas a eso... Pero Dios es percibido sólo por el espíritu, se le obtiene sólo por el corazón. ¿Y dónde está este corazón por el cual se puede ver a Dios? "Dichosos los corazones puros, verán a Dios" (Mt 5,8)...

Leemos en un salmo: "Acercáos y seréis iluminados" (Sal. 33,6 tipos de Vulg). Para acercarse y ser iluminado, hace falta que detestes las tinieblas... Eres pecador, debes volverte justo; pero no podrás recibir la justicia si el mal todavía te gusta. Destrúyelo en tu corazón y purifícalo; caza el pecado de tu corazón donde quiere venir a vivir al que quieres ver. El alma humana, nuestro " hombre interior " (Ef 3,16), se acerca a Dios tanto como puede, nuestro hombre interior que ha sido recreado a imagen de Dios, él que ha sido creado a imagen de Dios (Gn 1,26) pero que se alejó de Dios en la desemejanza.

Cierto, no es en el tiempo donde nos acercamos o alejamos de Dios: si no te pareces más a él, te apartas de Dios; si te le pareces, tú te acercas a él. Mira pues cómo el Señor quiere que nos acerquemos: nos hace primero semejantes a él para que podamos estar cerca de él. Nos dice: "Sed como vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y deja caer la lluvia sobre justos e injustos". Aprende pues a amar a tu enemigo (Mt 5,44-45). A medida que esta caridad crece en ti, te devuelve y te reforma a semejanza de Dios; y cuanto más te acercas a esta semejanza avanzando en amor, más comienzas a sentir la presencia de Dios. ¿Pero a quién sientes? ¿Al que viene hacia ti o a aquel al cuál tú vuelves? Él jamás se alejó de ti; eres tú quien se ha alejado de él.


San Agustín (354-430) Discurso sobre los salmos, Salmo 99, §5

domingo, 18 de marzo de 2012

Vivid en la caridad y en la unidad

Segundo Libro de Crónicas 36,14-16.19-23. 
De la misma manera, todos los jefes de Judá, los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, imitando todas las abominaciones de los paganos, y contaminaron el Templo que el Señor se había consagrado en Jerusalén. 
El Señor, el Dios de sus padres, les llamó la atención constantemente por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada. 
Pero ellos escarnecían a los mensajeros de Dios, despreciaban sus palabras y ponían en ridículo a sus profetas, hasta que la ira del Señor contra su pueblo subió a tal punto, que ya no hubo más remedio. 
Ellos quemaron la Casa de Dios, demolieron las murallas de Jerusalén, prendieron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. 
Nabucodonosor deportó a Babilonia a los que habían escapado de la espada y estos se convirtieron en esclavos del rey y de sus hijos hasta el advenimiento del reino persa. 
Así se cumplió la palabra del Señor, pronunciada por Jeremías: "La tierra descansó durante todo el tiempo de la desolación, hasta pagar la deuda de todos sus sábados, hasta que se cumplieron setenta años". 
En el primer año del reinado de Ciro, rey de Persia, para se cumpliera la palabra del Señor pronunciada por Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, el rey de Persia, y este mandó proclamar de viva voz y por escrito en todo su reino: 
"Así habla Ciro, rey de Persia: El Señor, el Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y él me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén, de Judá. Si alguno de ustedes pertenece a ese pueblo, ¡que el Señor, su Dios, lo acompañe y que suba...!". 


No conozco bien la historia de la Biblia, pero conozco de memoria cual es el mandamiento más importante de la Ley. Leyendo esta primera lectura de la Misa del 4º domingo del tiempo de Cuaresma, veo lo siguiente:

Los sacerdotes siendo cada vez más infieles a Dios. El pueblo, siendo infiel a Dios. Todos los que tienen alguna autoridad, siendo infieles a Dios. Dice la Escritura, que aquellos "multiplicaron" sus infidelidades, es decir, que la infidelidad si no se detiene se multiplica. Y es que si los sacerdotes no dan ejemplo, no le pidan al pueblo demasiado. Y si los que mandan, no dan ejemplo, no le pidan demasiado al pueblo.

No se enojen por mis palabras, que no estoy diciendo que no haya buenos sacerdotes. Digo lo que digo. El que tenga oído que oiga.

¿Cual es el problema?

Lo dice la Escritura. Existe una tendencia a hacerse mundano por caer en el error de imitar las costumbres de los paganos. Al final tanto hablan algunos en la televisión, en los medios, en las tertulias, etc, que para algunos ciertas cosas se convierten en palabra de Dios. Y ni se dan cuenta que lo que están es imitando las costumbres de los no creyentes. Mezclar lo mundano con lo divino no es del agrado de Dios. Con eso, contaminan el Templo. Contaminan a la Iglesia. No entráis vosotros, y no dejáis entrar a los que quieren entrar.

Y vienen mensajeros y los desprecian. No les toman en serio, y luego pasa lo que pasa. Llegan los tiempos de los ¡AY! ¡AY! ¡AY!

¡AY que nos faltan vocaciones!
Lo digo porque hoy es el día del seminario.
¡AY que los sacerdotes son ya muy mayores y dentro unos años...!

Pido por todos los sacerdotes, y por todos los que se preparan para serlo. Que sepáis discernir el papel que os ha tocado vivir en este tiempo de crisis.

A vosotros jóvenes seminaristas os digo:


"Que seáis imitadores de Jesucristo y seáis santos en toda vuestra manera de vivir, porque sólo de esta forma llegaréis al pueblo". Sed alegres, transmitid la alegría del cristiano. Que en vuestros rostros resplandezca la luz de Cristo. Sed valientes en medio de un mundo que cada vez oprimirá más al cristiano. Plantad cara a las tinieblas con la luz de la verdad. Tened en cuenta que el que acoge atrae, pero el que no acoge, aleja. Vivid en la caridad y en la unidad, para que los más recelosos crean en Dios al ver vuestras buenas obras.

Saludo a todos
Francisco Javier Madueño

Ejercicios Espirituales - Dia 2º - Parte 1

Queridos hermanos:

Aquí me encuentro, recién desayunado, sentado junto a la ventana. Y me he acordado de vosotros. Así que os pongo aquí el día 2º de los Ejercicios Espirituales. Para los que asistieron, servirá como repaso y revisión. Para los que no asistieron, una oportunidad de hacer de un hecho pasado, un presente permanente, gracias a la tecnología y por supuesto, a mi. Pero todo es Gracia de Dios. Yo me he acordado de vosotros. Si pueden, acuérdense ustedes de mi.


La vorágine del mal

EL TORMENTO DE LA CRUZ
Llega Jesús a la Colina de “la calavera”. Extenuado. Como con una extraña sensación de alivio, porque ya no puede caminar más.
Allí estaban enhiestos los tres mástiles verticales preparados para los condenados. Ante el vástago central, sitúan a Jesús y le desnudan. Podríamos decir que le desuellan, porque sus vestidos se han pegado a la sangre reseca de la llaga inmensa de sus espaldas. Y con las mismas, obligado a tenderse en el suelo , -sobre esas mismas espaldas, Un suelo desigual, arenoso, raspeoso y con algunos guijarros, como propio de una colina terriza. Aquello es insufrible.
Ya hay ahí un punto que obliga a parar la cámara, y observar que para ser crucificado ha tenido que ser desnudado. Que no llega uno a dejarse crucificar si primero no queda desnudo de sí, de todo su YO, e incluso de muchos apoyos del tipo que sean. ¡Es lo más difícil! Porque sabe uno que no es quitarse plácidamente, con el mimo con que uno se trata a si mismo hasta en los mismos sufrimientos, que siempre se busca mitigarlos de alguna manera, aunque sea el simple comunicar ese dolor que se padece. Cualquiera necesita apoyos, y por supuesto afectivos. Y llega ese momento en que lo que ocurre es que le arrancan a uno la misma piel, o uno tiene que arrancarse tanto de sí que tiene que perder la vida para poder recuperarla. Y que el propio Jesús ya lo había anunciado así. Y, consecuente siempre, ahora va Él por delante, en carnes vivas, padeciendo también la vergüenza de aquel despojo público, con tantos espectadores ávidos de sangre y de muerte.
Y colocado el madero casi a guisa de almohada, le estiran los brazos con cuerdas, has descoyuntarlo, para que sus brazos lleguen a los orificios ya abiertos para los clavos en la madera. Y con horrorosa inhumanidad –todo aquello era inhumano-, atraviesan sus muñecas a golpe de martillo, con aquellos clavos tan irregulares. El dolor contorsiona todo el cuerpo. Jesús llora de dolor, Los tendones rotos engarrotan sus pulgares, y el pecho jadea al sufrir sus músculos la tensión enorme del estirazamiento. Golpe a golpe, estremecido todo el cuerpo, queda fijado por las manos el cuerpo de Jesús. Y ahora toca izarlo hasta el mástil, con la única sujeción de los clavos que atraviesan sus manos, y, casi péndulo todo el cuerpo.
Encajados los maderos, clavan uno al otro, cimbreándose el cuerpo ante cada golpe, a la vez que otro de los soldados-verdugos le fuerza los pies para situar uno sobre el otro y volver a esa brutal acción de atravesarlos con un clavo de mayores dimensiones. Y todavía unos golpes más al poner sobre la cabeza de Jesús el letrero con la causa de su condena: Jesús Nazareno, rey de los judíos., con esa nueva repercusión sobre el ya inmenso dolor que está padeciendo Jesús, el condenado por inocente. Ha quedado Jesús, por fin, puesto en alto
La pregunta que uno se hace es cómo se puede soportar todo eso. ¿Cómo hay persona que resista tamaña tortura? Desde luego basta mirar el rostro desencajado del crucificado para hacerse una lejana idea de lo que está sufriendo. Y que, asfixiándose por no poder tomar aire para respirar, no tiene más puntos de apoyo que los brazos clavados, para tirar de ellos y sí henchir mínimamente sus pulmones, y apoyándose en unos pies forzados uno sobre otro, y atravesados por el mismo clavo. Lo que el crucificado padece son espasmos terribles porque nunca pude respirar a fondo, porque le vence el dolor antes de poder inspirar el aire.
A derecha e izquierda los dos malhechores. Siempre nos los han presentado sin clavos que fijen a la cruz, sino amarrados fuertemente con gruesas cuerdas por todo el antebrazo. La verdad que no sabría decir por qué. O dicho de otra manera, ¿por qué a Jesús se le clavó y a ellos no? No es pregunta que ahora nos va a llevar a mucho, pero pude quedar ahí, y sacarnos conclusiones. El de la izquierda, protesta, se desespera, blasfema contra Jesús. En su desesperación se suma al reto infernal de la muchedumbre que le grita a Jesús: Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz y creeremos en ti. No puedo menos que hacer presente ahora aquella escena –más simbólica que real- del demonio que lleva a Jesús al alero del Templo y lo desafía a tirarte de aquí abajo, y Dios enviará a sus ángeles para que tu pie no se estrelle contra las piedras. Aquello es ahora evidente tentación real: los sacerdotes, el pueblo, el malhechor, instigan a Jesús crucificado a bajar de la cruz, y creerán en Él. ¡Qué tentación más enorme! Y Jesús tiene que agachar la cabeza y demostrar que es el Hijo de Dios, precisamente porque no baja de la cruz…, porque está llevando hasta el final, a consumación, la obra comenzada. Jesús está hecho de esa pasta. Jesús se ha dejado desnudar, y no sólo de unos vestidos que cubrían su cuerpo. Es ahora la desnudez rasgante de la humillación asumida de ser así mofado en lo más vivo de su ser y su razón de ser.
Y encima de todo , se le ocurre expresar en voz audible: Perdónalos, Padre, que no saben lo que hacen. ¿Estás delirando, Señor? ¿Cómo puedes decir eso? Es evidente que Jesús no miente. Los verdugos hacían su trabajo. Pero no sabían lo que hacían en este momento. La masa amorfa que gritaba, ¿qué hacía sino dejarse mover por ese instinto animal, por otra parte instigado por los jefes, por los sacerdotes, los representantes del pueblo? ¿Pilato, el que dio la sentencia? ¡Tenían más culpa los que le habían entregado a Jesús! Así lo había declarado el propio Cristo. Entonces, los culpables son los sacerdotes… Y sin embargo, seguía siendo verdad que no sabían lo que hacían, porque si lo hubieran sabido, nunca habrían crucificado al Señor de la Gloria. Al final, Jesús ha dicho una verdad. “No sabían lo que hacían” ¿Acaso sabe la desbocada sociedad y la inhumana humanidad lo que está haciendo al cabo de siglos de aquella tragedia? ¿Es que yo sé lo que hago cuando estoy dando los martillazos sobre el Corazón de Cristo, hasta hundirle mi pecado, a golpe de inconsciencia y culpable ignorancia, en lo más profundo de su alma? Tendrá Jesús que seguir diciendo hoy, ante este mundo sin corazón: “Perdónalo, Padre, porque NO SABE LO QUE HACE”.
DOMINGO 4º DE CUARESMA
Lo difícil de digerir a primera vista son las expresiones que recitamos en el Salmo: Que se me pegue la lengua al paladar; que se me paralice la mano derecha si no me acuerdo de Ti. En una sociedad hedonista donde no hay ni sentido real de lo que supone alejarse de Dios, es muy difícil entenderlo. Posiblemente lo podían captar mejor aquella as generaciones que expresaban su sentir profundo con un Antes morir que pecar, que ha dado tantos santos y héroes anónimos que lo han vivido, posiblemente, en el mayor de los silencios y aceptaciones impresionantes. A lo mejor lo expresarían muy bien muchas de aquellas madres de familia y amas de casa, y jóvenes de corazón limpio, que tuvimos en una historia no demasiado lejana.
Responde el Salmo a esa historia penosa de un pueblo que dejó que su corazón se ausentase de Dios, cometiendo desmanes contra su propia Ley, y siguiendo las costumbres abominables de los paganos. Y pagaron su degradación con la invasión de un pueblo que los deportó fuera de su patria y les arrasó lo más querido y más sagrado para ellos: patria, templo, identidad… Al final, también sale Dios a través de otro Rey que llega al trono y devuelve al pueblo hebreo a su patria, y que pueda adorara su Dios.
Nos dirá San Pablo que fue, en efecto, Dios, rico en misericordia, quien no por nuestros méritos sino por pura gratuita bondad suya, nos ha dado, en Cristo, la salvación, porque al Cristo que matamos con el pecado, Dios lo ha resucitado, y en su Resurrección ha levantado a la humanidad caída. Ese Dios –dice Jesús- que tanto amó al mundo que le entregó a su Hijo que, puesto en alto, en la Cruz, se hace estandarte liberador de salvación. Porque Dios no juzga a nadie. Y no significa que no hay juicio. Pero el juicio nos lo hacemos nosotros a nosotros mismos, porque el que elige la luz, el resplandor de la bondad y de la enseñanza de Dios, ya tiene la sentencia que le declara inocente. En cambio, quien elige la oscuridad de la mentira, de la escapatoria, del camuflaje…, y así se aparta de la luz, ya ha dado su propia sentencia de condena. Porque las obras de cada uno son las que quedan como testigos de la verdad.
La Cuaresma nos está enfrentando a la Luz. Una Luz que va a brillar en el Cirio Pascual. Pero que enciende la mecha en esa hoguera de amor ardiente de la Cruz y del Costado abierto de Jesús, testigo fehaciente del amor de Dios a la humanidad, en esa torrentera de sangre salvadora que mana de Jesús, el Crucificado.

sábado, 17 de marzo de 2012

POR qUÉ DIOS ACTÚA ASÍ

SÁBADO 3º DE CUARESMA

Después de dos días de pedagogía divina, hoy salta el Señor el cerrojo del misterio y explica lo que ha perseguido.

Queja muy fuerte, dolor muy grande, y casi desesperanza ante un pueblo al que es inútil hablarle y explicarle porque siempre cae en saco roto cuanto se le dice. Y sin embargo, se abre el Corazón de Dios a la misericordia y a la promesa generosa de dones, que tendrán su mayor expresión en hacerse presente Dios mismo. “Los amaré sin que se lo merezcan”.

Hoy se explica el Señor ante ese pueblo: ¿Por qué habéis sufrido? ¿Por qué os he dejado sufrir? Porque como buen padre he tenido que provocar en vosotros ese vacío, ese castigo de padre hacia su hijo para que deje las malas prácticas y reconozca que es volviendo al buen camino como puede ser feliz. Mi Corazón quería para vosotros MISERICORDIA. No quería el sacrificio, ni el dolor, ni la muerte. Y vosotros habéis recapacitado y habéis madrugado para volver, dándoos cuenta de que era conmigo con quien encontraríais. Salvación…, aurora que anuncia el día, luz que brilla en vuestro horizonte.

Escenificación preciosa la que hace Jesús de esta realidad, en la parábola del Evangelio. El fariseo es el representante genuino del pagado de sí mismo, del afán de protagonismo, del sentirse más que otro. Es el que se sitúa delante, el que ora de pie, el que trae por delante sus “títulos”, y el que espera así la recompensa. No es precisamente el modelo de gratuidad. Y Jesús declara –que esta es la fuerza de la parábola- que no salió de allí justificado. No; al contrario. Tan delante se había puesto, tan engreído, tan con “derechos”, que sale peor que entró.

El publicano es la hormiguita pequeña que se sitúa al final, postrado, sin siquiera levantar los ojos, sin buscar “la paga”, salvo que el Señor tenga misericordia del que no ve en sí más que su vida de pecador. Aquí no hay protagonismos, si no es el de su humildad, su súplica humillada. Pero Jesús lo declara justo. Que ahí está la fuerza de la parábola y la conexión de las dos lecturas para expresar una urgencia del período cuaresmal.

IMAGEN QUE ILUSTRA LA ACTITUD DEL FARISEO y el prublicano






SIGUE, APARTE, LA MEDITACIÓN DE LA PASIÓN.