martes, 14 de febrero de 2012

Entendimiento y corazón

Pensar por uno mismo
Mc 8, 14-21
Por el mismo precio, dos.
Porque el comentario del día es el correspondiente a San Cirilo y San Metodio, que quedó ya colgado muy temprano. Pero tengo especial devoción por el seguimiento del Evangelio de cada día, y no quiero que el de hoy se quede atrás. Sobre todo porque yo no entiendo ni quiero entender el texto evangélico como un monolito sin vida, que ya quedó escrito, y ahora se lee y ya está. Y así nos pasamos la vida la gente piadosa, con el evangelio a cuestas pero sin saberle sacar punta en lo cotidiano.
A mí me ha llamado la atención que los apóstoles se vayan por la tangente: “Esto lo dice por…” No entienden lo principal y buscan atajos que no vienen a qué. A ellos, ciertamente se les había olvidado tomar panes para la travesía. Y cuando Jesús –que va en otra órbita- les previene de la levadura de los fariseos, que es esa intención hipócrita constante (ya patente y varias veces vivida) de querer meter en la masa sus formas humanas; su saltarse a piola lo que Dios manda (el amor a Dios, el amor al prójimo, aun al enemigo; su quebrantar el mandamiento de Dios por seguir las propias tradiciones; su carencia de objetividad ante el sábado –convertido en ídolo, en “tabú”-, que impide hasta curar a un enfermo, etc.), los apóstoles están en la minucia de su olvido del pan, y entonces “traducen” la palabra de Jesús: “Esto lo ha dicho por…”

Esto es lo malo. Que cada uno vivimos encerrados en nuestro pequeño mundo, sin apertura a las cosas grandes, a las advertencias sublimes evangélicas, y somos capaces de perdernos en aplicaciones ridículas. Que Jesús está hablando de realidades sublimes del Reino, y nosotros parece que creamos nuestra “pequeña aldea peculiar y cateta” de beaterios sin contenido. Jesús tuvo que decirles: ¿Pero es que no tenéis cabeza? Podría también podría haberles advertido de su fallo de corazón, porque en el fondo, es el corazón el que determina la riqueza o carencia del entendimiento. La gente podrá decir que alguien “no tiene cabeza”, pero eso no suena tan mal, y a veces hasta disculpa. Pero cuando dicen que alguien “no tiene corazón”, o “tiene mal corazón”, está tocando algo mucho más serio.
Por eso, al leer hoy este evangelio (y prescindiendo del tema de la doble narración de una misma multiplicación de panes), lo que se me viene más fuerte ante los ojos es que vivamos con los ojos tan abiertos a se dijo por”, y tan cegatos a mirar dentro de nuestra propia realidad diaria.

San Cirilo y San Metodio

SAN CIRILO Y SAN METODIO. Patronos de Europa

Hoy se corta el ritmo litúrgico normal porque la celebración de estos Santos tiene rango de fiesta litúrgica, y entonces han de seguirse.

En la 1º lectura, de los Hechos de los Apóstoles (13, 46-49) se expone ese momento de apertura de la predicación a los otros pueblos no judíos. Hubiera correspondido a los judíos recibir la Palabra de la Salvación y ser ellos quienes la difundieran, como la levadura hace fermentar la gran masa. Pero los judíos la rechazan y es como la señal de salida, y realización del propio mandato del Señor: “que lleves la salvación hasta el confín de la tierra”.

El EVANGELIO (Lc 10, 1-9) es el típico en estas festividades: Jesús designa 72 discípulos para sean avanzadilla en la predicación y acción de Jesús. Pero ese privilegio no es tan gratuito que ellos puedan actuar a su antojo. El que es mensajero de la Palabra y prepara la llegada del Reino (la de Jesús, si hablamos en forma personal), tiene que ir en mucha humildad, pobreza, carencia de propios bienes…, y a sabiendas de que va como cordero en medio de lobos. No va en paseo triunfal. Se puede llevar las bofetadas de los de una parte y los de la otra. Pero ellos han de ir siempre en son de paz, saludar con la paz, vivir en la paz. Y cuando surgiera quien no tiene ni quiere paz, Jesús les da una orden muy clara: Os vais de allí, y hasta sacudís su polvo para no quedaros con nada. Otros habrá que os reciban. Allí os quedáis, allí curáis a los enfermos y allí anunciáis el Reino como realidad cercana…, tan cercana, que en la paz, ya ha llegado a vosotros.

No me resisto, sin embargo, a recurrir a la carta de Santiago, en ese párrafo que hoy hubiera correspondido al martes, porque Santiago es la claridad hecha palabra. Dichoso el sometido a prueba porque la prueba aquilata y asegura la verdad. Por eso es dudoso el que camina en palmitas.

El que se crea tentado, no diga: Dios me tienta, porque Dios nunca tienta al mal. La tentación de cada uno viene de su propio deseo. [Por eso yo no dejo pasar de largo a los que tienen el “demonio” siempre en la boca para coartada fácil de sus fallos; “cosas más importantes tiene que hacer el demonio”, les digo]. Tenemos que ser honrados para admitir que somos nosotros mismos los que nos metemos en la boca del león. Y entonces uno queda arrastrado, seducido, y peca y engendra muerte; son palabras del apóstol Santiago.

En consecuencia: NO OS ENGAÑÉIS, nos dice. Que el Padre es Padre de luz y de Él no hay sombra. Él nos engendra con la Palabra de la verdad, para que seamos avanzadilla de verdad ante todas las criaturas.

lunes, 13 de febrero de 2012

A LA OTRA ORILLA

A LA OTRA ORILLA

Mc 8, 11-13

Es típico de Jesús huir del cuerpo a cuerpo. Varias veces a través de los evangelios, y cuando a los fariseos se le suben los humos, Jesús para a la otra orilla. O incluso en momentos, como quien n dice la cosa, “a la orilla opuesta”. Aquí venían los fariseos pidiendo un signo del cielo. “Para ponerlo a prueba”. No les bastaba lo que hacía constantemente. Al fin de cuentas, no querían admitir y ponían siempre alguna nueva petición, ídem de lo mismo.

Jesús, sin enfrentarse, sí que sintió ese dolor de la incomprensión y dio un profundo suspiro. Y sin enfrentarse, susurró su pena: “¿Por qué esta generación reclama un signo?” Y acaba remitiéndose a su muerte y resurrección, que ya en lo único que puede hacerles ver…, siempre que quieran ver… Porque si no, ni eso les bastará. [Y ya se vio en la realidad].

Por eso yo creo que hoy hay que irse a la 1ª Lectura para comprender lo más profundo de la situación: es cuestión de fe, pero no esa fe que quiere que ella le sea un escudo que facilita, sino la fe que supone prueba, la fe que exige capacidad de fondo para aceptar que la vida cristiana no es un paseo gozoso “espiritualista”. Porque, sigue diciendo Santiago, el apóstol que tocó las fibras más comprobables de la verdad interna, que el peligro es pretender una riqueza de seguridades o modos, que –a la hora d la verdad- lo que está faltando es la humildad del “pobre”. Y cuando es así, lo demás se esfuma como flor de mañana que se ha secado por la tarde.

domingo, 12 de febrero de 2012

MANOS UNIDAS

LA LEPRA

Para entendernos hoy con el Evangelio de este 6º domingo del tiempo ordinario, tenemos que partir desde la 1ª lectura, que nos describe lo que entendieron por lepra aquellas generaciones: toda afección de la piel, como erupciones o manchas o inflamación. No se está hablando –ni de lejos- de la realidad de la terrible enfermedad que carcome las partes blandas extremas del cuerpo. Bastan esas otras afecciones, aunque pudiéramos llamarlas “menores”, para que ya se tema un peligro de contagio, epidemia…, que amenaza a la sociedad común. Para evitar tal peligro, la persona debe quedar fuera del campamento, vestirse de harapos, y mantenerse alejado. Y si entra donde pueda haber gente, él mismo ha de anunciarse y denunciarse gritando: Impuro, impuro [Es la palabra “tabú”, que ha quedado como sinónimo de “intocable”].

Cuando el “leproso” se acerca a Jesús y ora humilde y confiado: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”, lo primero que deja claro es que es una persona “sucia”. Segundo: necesitada. Alguien tiene ue echarle una mano. Y acude a Jesús, que tiene fama de sanador. Y Jesús responde con las mismas palabras en afirmativo: QUIERO; QUEDA LIMPIO. A la par que, aunque quedan horrorizados los discípulos, Jesús alarga su mano y toca al oficialmente contagioso. Ahora bien; aunque es Jesús quien sana, envía al sacerdote porque el sacerdote es el “notario” que certifica que el antiguo enfermo ha quedado limpio: ve al sacerdote que certifique tu curación, para que así puedas reintegrarte a la vida social común de tu pueblo.

Hay dos puntos que me saltan a la vista: la “lepra” que mantiene “sucio” no tiene que ser un enfermedad tan grave que sea evidentemente contagiosa o grave. Basta “la mancha”, “la erupción”, aunque fueran accidentes temporales. Desde los primeros siglos de la Iglesia, los Santos Padres que interpretaron y profundizaron los “detalles”, vieron en esa “lepra” en pecado que mancha y tiene peligro de contagiar. Ni porque sea la lepra que desgarra la figura de la persona, sino porque mancha y porque puede ser motivo que induce a quedar otros contagiados.

Prescindiendo de nuestras distinciones moralistas de “grave”, “mortal”, “venial”, lo que se trata es de si mancha y provoca “peligro de contagio”. Segundo: hace falta el médico, el tutor, la persona que compruebe, ayude, recete o certifique que ha pasado el peligro, y puede reintegrarse a la sociedad cristiana, y dejar sus harapos y vestir el nuevo vestido de ciudadano de ese pueblo de Dios.

San Pablo nos lo va a concretar aún más claramente: no dice: “no pequéis”, sino “cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo para gloria de Dios”. Quedaría muy corto, y muy alejado del sentido cristiano el “no pecar”, el “no estar manchado”, el “no tener la lepra”… Sino cualquier cosa que hagáis o dejéis de hacer, que se a gloria de Dios, y para el agrado de Dios. Se trata, concluye Pablo, de SEGUIR EL EJEMPLO DE CRISTO. Y queda claro que Cristo habló de hacer siempre lo que agrada al Padre, y no simplemente de “no pecar”, de no tener el vacilo que destruye la vida, el cuerpo, la dignidad, el amor…

Hoy, MANOS UNIDAS nos lleva al Jesús de mano extendida sobre “el leproso”: el marginado, necesitado, harapiento, herido por la sociedad egoísta. MANO EXTENDIDA, MANOS UNIDAS de muchos, que acuden como la sangre a la herida. Y todo lo que hagáis, comáis y deis de comer, toda MANO QUE UNÁIS para salir al paso del Cristo e hoy necesitado, HACEDLO PARA GLORIA DE DIOS, como la misma mano de Dios que se extiende y toca y nos va dejando a todos más limpios.

sábado, 11 de febrero de 2012

SOLIDARIDAD

SOLIDARIDAD

Mc 8, 1-10

No me extiendo. Esta semana pretendo estar en otros menesteres. Pero teniendo un Evangelio por delante, no pudo menos que dejar una pincelada.

Hay dos formas de concebir la vida: una es la del TO y PARA MI. Otra: los demás cuentan tanto como yo. Es principio evangélico esencial.

Para le gente contaba tanto Jesús que le seguían y le seguían…, y llegan olvidarse de comer. Al otro lado, está la misericordia de Jesús, que siente compasión por ellos, y si los despide, es dejarlos en ayunas.

¿Hay alguien que tenga algo? Sí…: siete panes. Y van cuatro mil personas… La verdad es que ni compartiendo… Pero Jesús si va a dar. Y haciendo que todos se sienten en el suelo, realiza gestos que bien nos llevan la mente a la Eucaristía…, y les da a comer a todos, Y sobra. [Esto de remitirnos a la Eucaristía no es una invención o mera aplicación. Si nos vamos al relato de S. Juan, de episodio equivalente –si no es que es el mismo-, Juan relata esa multiplicación de panes para hablar precisamente del grn futuro milagro: la MULTIPLICACIÓN DE L PAN DE LA VIDA].

Siempre hay un aspecto esencial: que el que da, recibe y con creces. El egoísta que se guarda para sí, no tiene ni para sí mismo, y pierde aun lo que tenía.

Yendo hoy a la lectura 1ª, encuentra uno esa realidad. Por si queréis verlo en su propio texto del Libro 1º de los Reyes, 12, 26-32 y 13,, 33-34.

Hoy es día de la Virgen de Lourdes, un ejemplo muy claro de dar. Ella a nosotros. Muchas personas a otras que llegan allí.

viernes, 10 de febrero de 2012

EL SORDOMUDO

OIR…, Y HABLAR

Mc 7, 31-37

Un episodio singular por el detalle con que se narran los diversos pasos de la curación de un sordomudo. A Jesús bastaba “tocarle la orla de su manto”, “imponer las manos” (como aquí expresamente le piden), “decir una sola palabra…” Pero aquí Jesús dramatiza de un modo singular. Y yo siempre defiendo que el Evangelio no está escrito para curiosidades, y que cada narración está dándonos pautas y no sólo relatos de “lo ocurrido”.

Por tanto, que Jesús aparte de la gente al sordomudo es ya un punto a cuestionar. Diría, en simple humana observación, que es una sabia decisión de Jesús, porque a un sordomudo, si se le da la capacidad de oír en medio de la algarabía de una muchedumbre, en realidad el oír le sería un tormento, como un estallido de ruido insoportable. Sacarlo fuera, llevarlo a donde no le explote el sonido en sus oídos, es una visión humana genial, propia de la delicadeza de Jesús. Que ese toque de los dedos de Jesús, vaya solamente acompañado de la propia palabra de Jesús, que mira al cielo, suspira y susurra una palabra… La primera que escuchan aquellos oídos. Una voz que no desagrada, que llega como sonido agradable, que se hace eficaz porque AHORA OYE.

Luego, la saliva par romper la traba de la lengua. La saliva era elemento sanador en aquella cultura. (De hecho, también es instintivo ahora, en nosotros, ante una rasguño o leve herida que nos hacemos, aplicarle la saliva). Pero aquella era saliva que sanaba y al ser de Jesús, era más que sanar curativamente. Lo primero que pudo decir aquel hombre, repetía la única palabra oída: ¡Ábrete! Ahora irá acercándose al grupo y casi sólo sabrá decir, y en tono bajito: “ábrete”.

La gente, absorta, escucha hablar articuladamente al que era sordomudo. Quien tuviera la finura de Jesús, también le hablaría bajo para no herirle la escucha… Y palabras sencillas, sueltas… Ayudarle a empezar a hablar. El sordomudo arranca –lógicamente- desde su eterno silencio, y ha de ir captando poco a poco, pausadamente. Debe escuchar palabras que susurran más que gritan… Ha de observar que el oír le es favorable, amable, amigo, no agresivo. Ha de experimentar la delicadeza del que sabe hacerse cargo de su situación. Y en el poco a poco, irá balbuciendo palabras, que –a su vez- le hagan sentirse a gusto, no molesto a nadie. Es un proceso.

Y digo de nuevo: este relato no es mero contar historia. Si ahora fuera yo el sordomudo qu empieza a escuchar sonidos, necesito la delicadeza de todos los que me rodean. Si hablo, voy a repetir miméticamente sonidos suaves, delicados…

Y se me viene al pensamiento –a la oración…, a esa inspiración que Dios pone cuando oramos de verdad-, ¡qué agradable será “aprender a escuchar” susurros, sonidos amigos, y recibir saliva curativa que me enseñe igualmente a hablar delicada y prudentemente. ¿Por qué vamos a tener que pensar –como decía Rousseau- que el hombre es lobo para el otro hombre, donde cualquier conversación acaba inexorablemente en una murmuración, en una exposición negativa, en un radar de los defectos ajenos (tantísimas veces no reales sino imaginados), en vez de hacerse todo a todos para agradar siquiera a alguno? ¿Por qué no vamos a poder salir luego todos al unísono proclamando la maravilla de Jesús que cura los corazones destrozados, o pone palabras de gozo que curan y suavizan?

Jesús hubiera querido que todos callaran, porque Él parece querer pasar desapercibido. Pero eso no lo podrá lograr, porque el que ha sido sanado por el Señor, necesariamente proclama la grandeza del Señor, en su oír, hablar, ver, callar… Salió el Evangelio de lo tieso de una hoja de papel, y se nos hizo vida nuestra, realidad que nos hace felices, y que casi soñamos que esto se haga realidad en nosotros mismos y en los demás.

El final, como una verdadera llamada, acaba este evangelio diciendo;

Todo lo hizo bien. Qué bonita conclusión para los capítulos diversos de nuestra vida.

jueves, 9 de febrero de 2012

SIGNOS DE LOS TIEMPOS

ME SUBYUGA
Mc 7, 24-30
Confieso que este evangelio me subyuga. Cierto que puede meditarse píamente y llegar a la conclusión de la eficacia de la oración perseverante. Es la forma más simple, y quizás la que –como dicen muchos- “nos sabemos el Evangelio de memoria”. Y si el Evangelio se nos queda tan simplificado, es cierto que la segunda vez ya merece menos la pena detenerse en un suceso. Yo buceo, trato de bucear, trato de ir más allá.
En ese sentido un día me salta al alma una reflexión que me subyuga y se me hace viva y actual. Jesús no quiere ni ser advertido. Esta en límites geográficos de Israel y prefiere que no se sepa de su presencia. Pero no lo consigue. Y precisamente quien aparece en escena es una pagana. Y una pagana que le pide a Jesús que cure a su hija enferma. Por supuesto que el Corazón –los sentimientos inmediatos- de Jesús en ese momento son los de acudir a la necesidad. Pero algo le detiene ahora: “que Él ha sido enviado solamente a las ovejas descarriadas de Israel”, dice en otro evangelista. Y eso es algo que no depende de Él el cambiarlo. Y con todo el dolor de su alma tiene que echar mano del refrán popular: “no es bueno que el pan de los hijos se le dé a los perros”. Un simple dicho que Él aprovecha para explicar por qué no actúa, aunque se le va el alma por actuar.
La mujer le rearguye con las mismas palabras, pero dándoles la vuelta: “También los perrillos comen las migajas que caen de la mesa de los amos”. Ella no entiende de las otras leyes. A ella le bastan las migajas. Pero las necesita Por eso insiste. Su necesidad, su dolor, su urgencia, acaba por cortarle a paso a Jesús y, de rodillas, casi le grita de dolor: “Señor. ¡socórrenos!”
Hoy se habla de “los signos de los tiempos”…, de que Dios comunica su voluntad no sólo desde la revelación que viene de arriba sino desde la realidad que clama, y a través de la cual Dios hace presente su voluntad, en el momento tal, en el siglo tal, en la circunstancia tal. Y para Jesús también valen esos “signos del tiempo presente” que Él había enseñado a escudriñar. Y descubre. Y ahora le dice a la mujer: "Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio de la enfermedad ha salido de tu hija”.
¿No nos estará hablando Dios a todos desde los signos del tiempo presente, mostrándonos lo que hasta ahora ni nos habíamos tenido que plantear? A mí me subyuga este hecho, y me cuestiona muchas cosas.

miércoles, 8 de febrero de 2012

LO QUE SALE DEL CORAZÓN

LO QUE SALE DEL CORAZÓN…

Mc. 7, 14-23

A mi me da pena que en la proclamación de la Palabra en la Misa, este texto quede separado del de ayer, porque todo va en una “sola emisión de voz”, por decirlo de una manera gráfica. Ayer nos quedamos en la incisiva frase de Jesús a los hipócritas fariseos, que se las daban de perfectos por sus “exactitudes”, y con esas mismas “exactitudes” estaban planchando a todo el que no iba en su cuerda. Y con su perfeccionismo (a su modo), eran capaz de fallar al mandamiento de Dios, y quedarse tan campantes mientras fallaban a lo que Dios manda. Podríamos decir: muy perfectos a costa de las elementales llamadas del amor.

Y cuando están en ese contexto, Jesús aborda con sus discípulos que el problema no era comer con las manos ritualmente lavas o no; ni el comer una cosa u otra por aquello del concepto de “alimentos puros o impuros”. Que todas esas zarandajas quedaban fuera del corazón… Que eran excrementos que al final van a la letrina. Pero que el corazón… Ese es el pozo que da agua pura o contaminada; el que hace buenos o expresa la suciedad que hay dentro; que en el corazón se fragua la actitud que luego echa fuera la vida de la persona. Y ¡eso sí que mancha, cuando el corazón es el que crea “excrementos” (sentimientos sucios)! Y haciendo énfasis en lo que está diciendo, y que parece que ellos no captan aún, Jesús les dice: ¿Es que vosotros también estáis sin inteligencia?

Y aquí viene lo que, para mí, es la más inmensa clase de “moral cristiana” que se ha dado en la vida (y mal se ha aprendido, eso es la verdad): que Jesús va detallando “sin orden” de lo que es “más” o de lo que es “menos”, una serie de malos sentimientos/actitudes del corazón. Y es que Jesús está en ese plano que no distingue categorías de vicios y acciones, porque en definitiva todas son realidades que desagradan a Dios. Y si lo desagradan, a una persona que sabe lo que es amar, le basta saberlo así. Observemos detenidamente: “De dentro del corazón de la persona salen los malos propósitos, las fornicaciones, los robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, engaños, desenfreno, envidia, crítica, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro”.

Invito a releerlo. Invito a ir diciendo: “yo no robo”, yo no mato”, yo no cometo adulterio”… Vale. ¿Y otras cosas que suenan menos malas…? ¿Yo no tengo malos propósitos?, ¿no difamo ni critico?, no tengo orgullo? Y hasta nos debemos atrever a preguntarnos, en términos de Palabra de Dios: ¿yo no robo estima de otros?, ¿no mato en el corazón? [“Para mí, como si se hubiera muerto”]. ¿Tampoco hay ese “adulterio” bíblico del que ha pospuesto a Dios y el querer de Dios, para entronizar su YO…, falso dios que nos separa del AMOR CRISTIANO?.

Por eso no puedo pasar por alto este tema, así como el que lee un índice de un libro. No lo puedo pasar por alto como si no fuera conmigo. ¿O tendrá que decirme Jesús: ¿También tú estás sin entendimiento?

Va a depender mucho de la forma de “leer” el Evangelio, de “orar el Evangelio”…, y del propio corazón que, al fin y al cabo, es el que manda en mi vida, mis afectos…, mi vivir el Evangelio. Los sentimientos de mi mismo corazón, un corazón que abraza o escupe, y así es como se define a sí mismo.

martes, 7 de febrero de 2012

y como ésta, hacéis muchas

Y COMO ÉSTA, HACÉIS MUCHAS

Mt 7, 1-13

Llego un poco retrasado porque he tenido al técnico actuando. Ahora ya entro yo. Y hoy se me suscita –hablemos así- una “técnica” para empezar, y es empezar precisamente por ese final que me ha servido de título. Porque a lo mejor es el marco en que debe desarrollarse hoy la reflexión.

Jesús está bajando a lo cotidiano, está partiendo de .los hechos mismos de la vida: y un hecho que le da en rostro es esa religiosidad externa y sin compromisos que llevan tan felices los fariseos. Ellos “purificarán” sus manos y brazos, sus ollas, jarras y vasos, hasta lo exagerado: “restregando bien”, “llegando hasta el codo”. Y con eso ya pueden comer tranquilos y vivir tranquilos. Y por supuesto pueden escandalizarse “con mucha razón” de que los discípulos de Jesús no hagan esos lavatorios rituales. Y, “lógicamente”, a quien le llaman l atención es a Jesús, el maestro que no ha enseñado bien a sus discípulos. De camino desprestigiaban a Jesús y su enseñanza, que para ellos era tan carente de “espiritualidad”.

Y Jesús ya no se calla, y les saca los colores: “vosotros limpiáis por fuera las cosas pero vuestro corazón está lleno de inmundicia”. Es la clave. Es adonde Jesús quiere llegar. Porque muchos lavatorios, muchas costumbres, muchos preceptos de hombres…, pero abandonáis el precepto de Dios. Y les pone delante un caso muy evidente: Dios ha mandado honrar a tu padre y a tu madre; es mandamiento del Decálogo, que Moisés formula tan crudamente: El que maldiga a su padre y a su madre tiene pena de muerte. Y vosotros le habéis buscado las vueltas para saltároslo a piola: determináis dar vuestra ofrenda al Templo, y ya no “podéis” hacer nada por vuestros padres. Y le sale del fondo del corazón una expresión contra aquellos fariseos: ¡Hipócritas!... Con razón está escrito: este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de Mí… Ha citado a Isaías.

¿Habrá más pena de muerte del alma que no saber vivir lo más elemental de la vida?. Por eso el final: “Como ésta hacéis muchas” es un aldabonazo en nuestra conciencia dormida o equivocada, ahí donde parece que ponemos mucha religión pero dejamos enfriar la fe que debe vivirse en los detalles normales de la vida.

¡Ah! Y mañana bajará más al concreto todavía, por si acaso es que no nos hubiéramos enterado de esas otras “muchas cosas”

lunes, 6 de febrero de 2012

ORACIÓN DEL PRIMER VIERNES FEBRERO

PRIMER VIERNES DE FEBRERO Oración ante el Santísimo

Estamos en tu Presencia, AMOR DE DIOS, CORAZÓN DE JESUCRISTO, en la REALIDAD DEL SACRAMENTO. ¡Seas bendito por siempre!

Hoy pensaba y disfrutaba recordando cómo es el amor de las madres. Para una madre-madre, su hijo –sea él como sea- SIEMPRE ES BUENO.

¿Es mujeriego? -¡Pero tiene muy buenos sentimientos!

¿Es un despegado que nunca la llama? - Es que tiene mucho que hacer.

¿Bebe y la maltrata? - Pero tiene un corazón de oro cuando se le pasa.

¿Es ladrón? - Son las malas compañías; él nunca haría eso.

¿Es mal padre para sus hijos? - Es que está muy agotado

¿Es flojo? - Pero es muy guapo.

AMOR DE MADRE. O sencillamente: AMOR.

Y esto es lo que hoy vengo a sentir aquí, Corazón de Jesús. Que aunque todos me condenaran, a Ti te oigo decir: YO NO TE CONDENO. Porque para Ti, mi pasado ya ha pasado. MAÑANA PUEDO SER MEJOR. Así lo sientes Tú, así lo piensas Tú. En tu pensamiento no cabe una duda,, un desánimo, un desaliento, una desesperanza sobre nosotros. Tu palabra es:

EN ADELANTE… Sigues confiando.

Tu AMOR es el de un Padre, una madre… Tu AMOR no pone peros. No te das por aludido. Tú ves el corazón de cada uno, y sabes poner siempre esa “disculpa” de la esperanza.

¡Ahí es lo grande!: que ves dentro de nuestro corazón y ves que hay esas famosas “salbandijas” reptiles de que hablaba Santa Teresa. Y las estás viendo a las claras. Y Tú dices que de lo que hay dentro del corazón habla la lengua. ¿Y todavía me disculpas?

Sí, dice Jesús. En mi Corazón hay un FILTRO DE AMOR.

Un filtro hace que el agua que llega con sus suciedades a nuestros grifos, filtre las bacterias, los suaves lodos…, y salga limpia por el grifo un agua como de manantial. Y el Corazón de Jesús, POR ESO DE QUE ES AMOR, ya lleva incorporado “de fábrica” el filtro que purifica la mirada, el pensamiento, la palabra… Por eso Jesús es capaz de seguir confiando en la adúltera, cogida en claro adulterio. Y todavía le dice: YO NO TE CONDENO.

CORAZÓN DE JESÚS: dame la marca de ese filtro. Me hace falta.

Y Él me dice: ese filtro es AMAR DE VERDAD, es el amor cristiano, el único verdadero amor.

Y m dice al oído: desenrosca tu filtro y mira las bacterias que tiene atrapadas, mira los lodos que le llegan. Mira que ese corazón necesita limpiarse, porque si se entrapa, no filtra. Y si no filtra, no sirve. Y si no sirve saldrán a tu pensamiento, tus juicios, tus palabras, esas suciedades que envenenan poco a poco.

La suspicacia, la desconfianza, el egoísmo, ATORAN EL FILTRO DEL AMOR.

Por eso, San Pablo supo definirlo tan estupendamente:

El amor es comprensivo y es servicial; el amor no tiene envidia, no es maleducado ni egoísta. Claro: estaba diciendo verdades de Perogrullo. Porque o es comprensivo o no es amor. O está abierto a hacer el bien como servicio típico del que ama, o no es amor. Entre otras cosas porque no domina su Yo, su propio sentir, y no se pone en el lugar del otro. “Contra envidia, caridad”, aprendido desde niños. Por eso es imposible la envidia en el amor. Como es contradictorio amor y egoísmo. Son los dos extremos de la vida humana. Y si no es egoísta, tampoco será maleducado. San Pablo no había descubierto mucho… PERO HABÍA DICHO MUCHO. Por eso sigue diciendo que no lleva cuentas del fallo, sino que siempre echa a buena parte. Que por eso siempre disculpa, siempre tiene fe en el otro, y eso lo distingue del falso querer, el que se resiente a la primera palabra, al primer gesto, a la primera de cambio.

Me dices Jesús, cuando piensas que “en adelante…” es mi momento –NO EL ATRÁS-, que esperas sin límites, que aguantas sin límites; que JAMÁS RETIRAS EL AMOR, sencillamente porque el amor no pasa nunca.

Éste es TU CORAZÓN. Esto es tu amor, el que tienes y vives; el que enseñas, el que contagias. Esto me hace sentir dentro de mí que ha de ganar quilates mi amor. A Ti, primero; pero simultáneamente, a los prójimos, porque –si no- mi amor a Ti sería mentiroso.

Yo, Jesús, soy el que me pongo a tus pies, a lavarte tus pies. Y lo hago para que tú laves los pies de tu hermano. Laves tu corazón limpies tu filtro.

Yo, Jesús, AMO A FONDO PERDIDO. No entiendo el amor “condicional”. Si amo, amo. Ese es mi Corazón. Esa mi Misericordia…, que significa: CORAZÓN Y ENTRAÑAS DE MISERICORDIA. O sea: algo que no puede dejar fuera absolutamente a nada ni a nadie.

Mírame a los ojos. Descubre mi AMOR. Ama así. Que lo demás, como San Pablo dice, aunque hicieras milagros, aunque te dejases quemar vivo, aunque llegaras al séptimo cielo de la devoción, SI NO TIENES AMOR, DE NADA TE SIRVE.

Es como la campana que suena y el címbalo que retiñe. Como mirarse al espejo y olvidarse de la propia figura.

Y YO SOY DIOS, QUE –AUNQUE UNA MADRE SE OLVIDARE DEL HIJO DE SUS ENTRAÑAS- YO NUNCA ME OLVIDARÉ DE TI.

MANIPULACIONES, NO. GRACIAS

LA PROVIDENCIA DE DIOS

Mc 6, 53-56

A veces se queja la gente de “que no entiende a Dios”. Claro: es como aquello de San Agustín qu pretendía meter en un hoyo el agua del mar. Hoy las Lecturas nos llevan ahí, y me permito tomar de la primera lo que yo creo que es clave para la segunda (y toda la secuencia que se viene narrando los últimos días).

Salomón ha construido, por fin, el Templo suntuoso para poner allí el Arca de Dios, con los símbolos sagrados de su presencia entre los israelitas. Y cuando ha entrado el Arca el Templo se llena de humo y tienen que salirse los sacerdotes. Salomón concluye que “el Señor quiere habitar en la tiniebla”. Traducido a un lenguaje nuestro: Dios está siempre tras esa “tiniebla” –aunque luminosa- de la fe. O Dios está siempre más allá de los proyectos humanos. O Dios es inmanipulable. Y el pecado inmenso de la sociedad avanzada del siglo XXI es que como se cree ya capaz de todo, no acepta no poder manipular a Dios. Entonces, sencillamente lo echa de su vida.

Hoy tendríamos un Evangelio un tanto anodino, muy general, inconcreto, de amplia exposición sin decir algo en particular. Pero si tomamos el contexto de días anteriores, podremos descifrar “la tiniebla” del entramado qu se oculta tras ella.

Primero fue la imprevista y hasta curiosa tempestad del Lago. Y los apóstoles –que han sufrido pavor y extrañeza de Cristo “dormido”, atracan en la playa más inmediata para sosegar sus nervios. Y vienen “casualmente” a un paraje inhóspito donde “una legión de demonios” tiene atrapado y embrutecido a un pobre hombre. Un creyente podrá llamara providencia a todo lo ocurrido, para que así ese desgraciado encuentre a un salvador.

Simultáneamente, un pueblo al que le interesaban más sus negocios sucios –que se le han venido a pique- optan por prescindir del paisano vuelto en sí, vuelto a ser persona, capaz de convivir con los de su pueblo, y pedirle a Jesús que se vaya de allí. Ellos no pueden ya evitar “la desgracia” en sus negocios, pero no quieren entre ellos al “culpable”, a Jesús. Le es una tiniebla inadmisible lo que ocurrido, y no se fijan en la luz del hombre del pueblo que vuelve a ser humano, normal, en su juicio.

Y Jesús se ha de embarcar y marcharse… No sé si con rumbo fijo o no. Pero “casualmente”, la expulsión que ha sufrido viene a ser salud, gozo, ilusión nueva, precisamente porque ha llegado Jesús. Si los de Gerasa lo hubieran aceptado, la historia de este momento sería otra. Pero es la que es, con un Jesús cercano, liberador, iluminador de una nueva realidad que les levanta el sentido de la vida. Repito que a eso, los creyentes le llamamos PROVIDENCIA.

Y “Providencia” e define como el cuidado amoroso que tiene Dios de todas las cosas”. Entendiéndolo o sin llegar a entender tantas cosas, detrás está Dios, en la bruma de la fe, en “la tiniebla” que no entiendo, pero que es un lenguaje de Dios, del Dios inmanipulable, pero siempre BUENO, porque nada ocurre en la vida que Dios no lo dirija al bien de los que ama. Otra cosa es que nuestra miopía no pueda verlo…, que “el humo de la fe” no nos deja hacer a Dios a nuestra medida, sino que nos muestra a las claras que Dios lleva su planes adelante “de otra manera”. Aquella que hizo exclamar a la mujer sencilla: “Bendita sea la madre que te parió”. Y es que es ahí, en la sencillez y humildad –en la que nos sumerge la fe, donde Dios se ha escogido a los débiles para confundir a los fuertes. Sencillamente, o admitimos “la tiniebla” o nunca alcanzaremos la Luz.

domingo, 5 de febrero de 2012

NOTA AL MARGEN

Perdonad que esté al margen de los últimos comentarios, que ni he querido abrir. Están fuera de mi ámbito, sin desprecio de nadie sino por el respeto a todos. Estoy sobre el caso pero por otros caminos.
Agradecido a cuantos participáis y hacéis vivo nuestro blog. Lo vivo con respeto. Y tengo los años suficientes como para ver pasar...

LA VIDA COMO SERVICIO

LA VIDA COMO SERVICIO GOZOSO
Domingo 5º B.- del Tiempo Ordinario
Tenemos a Job con su discurso sobre el papel de su vida… Es UN SERVICIO. Y está muy bien dicho. Se ve como el jornalero que ha de realizar la labor que le han encomendado, para recibir su jornal al final del día. Pero cuando llega a “definir su salario”, lo hace exactamente como mero jornalero sin ilusión ni perspectiva: su herencia son noches de fatiga, dando vueltas en la cama, haciéndosele interminable la noche, y acabando en un desesperanzado sentido de vacío: como un globo de aire.
Al otro lado, se ilumina la vida desde Jesús, incansable, dándole valor a cada minuto y colgado de las manos de Dios. Una mañana en la sinagoga (evangelio del domingo pasado), y cuando podría retirarse, con el deber cumplido, se encuentra con la suegra de Simón enferma. Y Jesús se acerca, se está un rato con ella, se interesa, le bromea…, y la acaba curando. Ella se levanta, hace la comida y les sirve.
¿Ya es hora de descansar? - Pues lo que se ha producido es un movimiento de entusiasmo popular y la gente –con sus enfermos- está agolpada a la puerta. ¡No va a perder la ocasión! Y para Jesús no hay sensación de jornalero al que le obligan a echar “horas extraordinarias, lamentándose de sus fatigas y vida de devanadera. Con el gozo de seguir en su SERVICIO, sale a atender a aquellos enfermos, a interesarse con su cercanía y su mano extendida curando…, y luego volviéndose a todos y quedarse con ellos para ayudarles a dar sentido pleno a su vida, mostrándoles el Reino de Dios.
Cuando llegó la hora de dormir y cada uno se arrebujó como pudo, a Jesús le quedaba una labor fundamental por hacer: ¿y qué quiere ahora Dios de Él? Y muy de mañana, a oscuras aún, mientras los demás duermen, Él se sale fuera y se retira por algún campo cercano y se pone en oración silenciosa en la que va dejando entrar el Soplo divino, la inspiración que indica camino, pasos nuevos acordes con el deseo de Dios.
Era más fácil haber tenido una piadosa “oración” y salir como había entrado, y estarse allí en Cafarnaúm ya que allí tenía el terreno abonado y la gente dispuesta a escucharlo Lo cómodo era una oración pía y seguir en donde estaba, sin influencia alguna de esas horas ante Dios.
Sus discípulos se han despertado y se encuentran la manta de Jesús doblada donde se había acostado. Y Simón ve que la puerta está entreabierta y pronto da con Él en la serena paz de la mañana: Maestro, ¡todo el mundo te busca! Y con extrañeza de Simón, Jesús le responde: “Vamos a otros lugares, porque para esto he venido”…, no para asentarme donde me va bien sino para seguir el camino que marca la voluntad de Dios. Y es que la oración hace ese efecto cuando es verdadera: que le cambia a uno el paso, por muy bueno y bonito que fuera el que se llevaba. Pero Dios no deja la vida baldía, como la sentía Job. Para el creyente, siempre hay un nuevo escalón que subir en esa escalera de la vida.
San Pablo tiene esa misma visión, al modo del Maestro. Él podría predicar el Evangelio y quedarse tranquilo en el mismo lugar y con el mismo talante. Con expresión que rasga a primera vista, dice que él tiene que predicar el Evangelio aun a pesar mío. No; no es que le pese. Es que él no puede cruzarse brazos, ni manipular la Palabra de Dios, ni trocearla para que diga lo que podría gustarle a él. La Palabra de Dios no está encadenada y nadie tiene derecho a usarla en su provecho, para su tranquilidad, para su conveniencia, con su sordina, o su vocerío. Lo que Pablo sabe muy bien es que si va a vivir ahora la Cena del Señor, no puede ser que unos estén saciados de sí, mientras otros quedan en ayunas y apartados. Porque eso no sería celebrar la Cena del Señor. Lo cual nos traslada con toda facilidad del ambón al Altar. Estamos en la misma realidad. Y ya hay que tomárselo en serio, para que al final no convirtamos en globo de aire vacío esta participación litúrgica que estamos viviendo.

sábado, 4 de febrero de 2012

Desde mi sentir

El botón de arranque
Mc 6, 30-34
Regresan los apóstoles de su misión. Y se pone en marcha de nuevo el motor. Jesús vuelve a entrar en acción. “Desaparecido” ayer cuando se habían ido los apóstoles, hoy volvemos a tenerlo en acción. EL GRUPO ha sido el motor de arranque. Es argumento en el evangelio de Marcos: a Jesús se le entiende CON EL GRUPO.
Vienen los apóstoles con unas ganas locas de contar sus experiencias en aquel periplo apostólico. Necesitan contar… Y Jesús los invita a un lugar apartado, a solas, en grupo familiar que puede desahogarse, cada uno desde su experiencia y cada uno desde su personalidad. Y Jesús cuenta con ese grupo precisamente, de caracteres tan variados, de estilos tan diferentes, pero todos en una misma dirección. En definitiva la de echar demonios y hacer así hueco a la entrada del Reino de Dios.
En esa marcha a lugar solitario Jesús no interviene directamente más. Ellos son los que conducen la barca, los que toman la dirección hacia un determinado sitio; los que reman y los que dejan de remar, porque en su ilusión de comunicar en positivo, crean entusiasmo y embobamiento con tanto bueno como han hecho. Y naturalmente, cada uno desde su modo y manera, desde su carácter y su estilo. Y si se quitan la palabra unos a otros, no ofende a nadie, sino que hay tantas cosas buenas que contar que se atropellan sin mala fe. Habla cada uno de lo que lleva en el corazón y en su sentimiento en ese instante.
Imagino a Jesús disfrutando, observando, sintiendo la alegría de cada uno, y muy comprensivo con las que podrían concebirse como “indelicadezas” de no dejar acabar, porque el otro sale con algo que le brota del alma. Y Jesús no piensa que hay que establecer turnos ni compartimentos estancos. El grupo está disfrutando como compañeros, amigos y apóstoles que van en la “barca del Reino de Dios”. Y si todos reman en la misma dirección, o dejan de remar porque les emociona lo que cada cual ha podido hacer, a Jesús se le abre una sonrisa en sus labios y le brillan los ojos de alegría al verlos unidos. Realmente ahí se puede ya adelantar aquello de que "donde hay caridad y amor (y comprensión y grandeza de alma), allí está Él”.
En efecto: allí está Él. Y en la expresión de Tertuliano: “Mirad cómo se aman”, las otras multitudes se adhieren. Primero, con tal entusiasmo y atracción que no les dejan tiempo ni para comer. Después, cuando ven que se han embarcado y que se les van, siguen desde la orilla observando, intuyendo hacia donde… Aquel grupo atrae. Y atrae tanto (aunque de momento crea la gente que todo se centra en el interés de ellos por Jesús), que van ganando terreno por la playa van haciendo al mismo tiempo su propio apostolado comentando su entusiasmo por las aldeas, villorrios y ciudades, que se atraen a miles de personas…, y a tantos enfermos…, para acabar esperando que llegue LA BARCA DEL GRUPO DE JESÚS.
Cierto que ellos esperaban a Jesús, porque todos tendemos al sol que más calienta. Lo que no podían imaginar aquellas muchedumbres era que EL GRUPO jugaría un papel esencial y distribuidor de panes, cuando llegase el momento oportuno.
Que si nos metiéramos en San Juan, entenderíamos que Juan dirige todo el relato a la EUCARISTÍA, la COMÚN UNIÓN, donde únicamente encuentra uno a Jesús real, y así tiene vida eterna. Luego, ya sabemos, avanzando el relato, que hubo escandalizados porque el lenguaje de Jesús no era el que ellos hubieran querido. Y fue el grupo que se apartó, cortó las comunicaciones con Jesús, porque ellos habían soñado con algo más a su manera.

viernes, 3 de febrero de 2012

ALABARÉ, ALABARÉ, ALABARÉ

ALABARÉ…

¡Alabaré, alabaré, alabaré… a mi Señor!. Hoy es PRIMER VIERNES de mes y empiezo por ahí. Si hace unos días titulaba: “Critica, critica, que algo queda”, hoy lo empiezo por el lado contrario. Y no es por simple “gusto”. Es porque me ha llevado hasta ahí la primera lectura de hoy. Siento siempre que tiene “ala suerte” este Primer Viernes concreto, al que le caen unas lecturas tan poco a propósito… Aunque yo le decía al Señor –al comenzar mi oración- que Él llevaba la batuta cuando quería iluminar lo que uno ve oscuro y no sabe por dónde tirar.

Y realmente la luz de Dios me llega cuando veo esa preciosa lectura primera, pura alabanza a David: enjundia en su capacidad de amar, bálsamo en el sacrificio, sencillez de niño y bondad de niño que jugara con los cachorrillos de leones como con corderillos, muchacho que saca fuerzas de flaqueza frente al gigante contrario, liberador de la esclavitud de un pueblo; protegido y amado del Señor y alabado por las gentes, vencía al mal y daba gracias a Dios en todas sus empresas, alabándolo, cantando en su honor en sus versos, y capaz de hacer música de la vida, fueren cuales fueren las circunstancias.

Y si sale al final su pecado –que no fue pequeño ni momentáneo, fruto de un mal instante-, lo que queda es que Dios lo perdonó. Y en los Hechos de los Apóstoles, lo definirán –aunque pecador- como “Hombre según el Corazón de Dios”.

Me quito el sombrero, Señor. Se cumple el ALABARÉ, ALABARÉ, ALABARÉ…, y cae por tierra la mugre del “Critica, critica…”

El Evangelio no es para tirar cohetes de gozo en un primer Viernes que celebra el AMOR. Y sin embargo es muy significativo que el día que Jesús ha enviado a sus discípulos a predicar y está en este momento sin ese SU GRUPO, el evangelio se va a contarnos una historia de dolor, abuso, borrachera, sangre y venganza. Es “otro mundo” ese momento sin tener protagonista a Jesús. Y no lo tiene porque Jesús no se concibe a sí mismo como un ser individual. San Marcos, desde luego, no puede concebir evangelio de Buena Noticia –a Jesucristo- si no están LOS OTROS, y en “los otros” no tuviera Él su propia existencia viva entre los hombres.

Para un PRIMER VIERNES, recordatorio mensual del AMOR DE DIOS en Cristo, no está mal la lección.

jueves, 2 de febrero de 2012

HOMBRES DE TRONO del Corazón de Jesús


Cuantos podáis,
a cuantos conozcáis,
COMUNICADLE

que el próximo viernes 10
podemos y queremos
encontrarnos para contarnos nuestras cosas.

Teléfonos de contacto:
658 50 38 07
952 285678

LUCES EN LA SOMBRA

DÍA DE LA LUZ

Hoy nace los cuarenta días desde Navidad. La cuarentena de la mujer que dio a lu. De ahí que tantas veces se hable del día “de la purificación”. En realidad no es ningún rito ni acción sino que la mujer sale ya de la casa nuevamente. Sí es el día litúrgico de la PRESENTACIÓN DEL SEÑOR, según lo mandado en la ley de Moisés para los varones primogénitos, que son llevados al Templo para ofrecerlos a Dios. Aunque no es que se queden allí. “Se rescatan” haciendo una ofrenda al Templo. En el caso que nos ocupa, dos tórtolas o dos pichones. Y los padres se llevan a ese hijo para criarlo y educarlo en la Ley del Señor.

La liturgia va explicitando más. En Navidad se decía: El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; una luz les brilló”. Hoy esa LUZ sale a la vista de todos, como luz que alumbra y como lejía que lava y purifica, como el fuego que refina el oro.

Jesús es llevado al Templo por sus padres. De entre la gente que pulula por aquellos patios, un anciano se adelanta, toma al Niño y hace una emocionada oración a Dios: Ahora ya puedo morir en paz, porque mis ojos han visto al Salvador, Luz para el mundo entero. Ya está en marcha la Luz.

Por eso la liturgia solemne comienza con una procesión de luces o antorchas (=candelas) desde una Capilla próxima hacia el templo principal. La Luz ya va caminando para extenderse. Pero Simeón advierte que no es un camino de rosas. Ante la luz, unos quedan iluminados, porque la aceptan; otros deslumbrados, porque no la aceptan. Y la Luz de salvación, viene a convertirse en dilema, y se hace sino ante el que la humanidad se divide. Los que aceptan, son iluminados y hallan el gozo del camino de salvación. Los que no aceptan, se vuelve de espaldas a la Luz. Y eso, naturalmente, constituirá un intenso dolor en el corazón de aquella madre, que sentirá la espada que le atraviesa el alma, y que ser irá clavando hasta penetrarle su ser entero el Viernes Santo.

También hay una mujer, una viuda más de noventa y un años, con 84 de viuda a sus espaldas. Pero no como viuda que se echa a llorar su soledad, sino volcando en el servicio del Templo, y en el optimismo de la salvación, toda su capacidad de amar y dar. Y ahora, en concreto, anunciando al Niño a todos los que entran allí.

Un día como hoy atrae varias miradas y patronazgos, o sentidos ejemplares. LA VIDA CONSAGRADA encuentra en la presentación de Jesús en el Templo, para Dios, el sentido de su vida; su razón de ser. Se dejan muchas cosas, y se da la vida y el trabajo en amor a Dios y servicio a su causa. Es cierto que el Evangelio es para todos, pero afina más quien no se queda en vivir avanzando en ese género de llamada general, sino escogiendo las características más típicas y exigentes del Reino, las que Jesús pidió a quienes quisieron seguirlo de cerca: los llamados “consejos evangélicos”.

Las personas mayores encuentran en Simeón un ejemplo de hombre fiel y ejemplar. Con lenguaje moderno diríamos “los jubilados” activos, que saben que mientras hay vida, hay que dar algo de sí a favor del Reino de Dios. En los múltiples movimientos de Iglesia, la llamada “Vida ascendente”, o vida que avanza, encuentra en Simeón y Ana un estímulo para saberse llamados a una misión activa, según las posibilidades de cada cual. Simeón y Ana, las dos personas mayores de este momento evangélico, les están llamando a mostrar a Jesús en sus ambientes.

Ana, la viuda –la verdadera viuda-, la que de suyo sufre las inclemencias sociales…, y tantas más, ofrece a las Viudas Cristianas una razón para vivir con sentido activo, servicial, pacífico, y anunciador de esperanza.

TODO FIEL CRISTIANO es LUZ y está llamado a trasmitir luz por dondequiera que vaya. Luz que no está para guardarla en el pañuelo como los inútiles y los cobardes espirituales, sino para ponerla en el candelero y así alumbre a cualquiera que mire…, no contentos en quedarse pasivos a verlas venir, sino queriendo emprender en esa llama de Luz al mundo entero…, el de su entorno, en la acción; a todo el mundo, en su oración.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Al día...

CRITICA, QUE ALGO QUEDA

Mc 6,1-6

Demasiado corto el espacio de esta explanación para decir con viveza todo lo que se puede decir. Venía Jesús precedido de fama “por la comarca de Galilea”. Nazaret está en Galilea. Viene Jesús con toda su ilusión a su patria chica en a que ha vivido casi 30 años, y siempre con buena amistad con sus paisanos. Se va a encontrar con ellos y con su Madre y su familia.

Hoy va a la Sinagoga. Es sábado y tienen con Él la deferencia de ofrecerle la cátedra para leer y explicar la Palabra de Dios. En los demás sitios se han admirado de sus palabras y su “autoridad” en la presentación de esa Palabra. Aquí surge la voz viperina de uno que pregunta, como si no dijera nada: “¿De dónde le vienen a éste esa sabiduría y esas palabras? ¿No es el hijo del carpintero, y no conocemos de sobra a su familia? Y se escandalizaban de Él. Eso era lo que pretendía el que habló.

Salgo del piso, encuentro en el ascensor al vecino del 7º. Ni una palabra en la bajada de los 7 pisos. Veo a mi esposa: ni un piropo, ni una alabanza. “Mi marido es un manta”. Llego a la calle…, me encuentro a Fulanito: “¡Qué antipático es el compañero de trabajo que me tocado”. Y voy en el autobús. Oigo a unos que son conocidos por su estar en la iglesia, y van diciendo pestes de otros compañeros del grupo. Más allá… Así sucesivamente.

En cambio un probo señor va comentando la elegancia de su vecina. “Tiene mucha clase”. Los hijos de este matrimonio están en la guardería desde que acabó el permiso de maternidad, y cuando los recogen por la noche de la casa de los abuelos,…: ¡A ducharse, cenar y acostarse!, dicen sus padres, “rendidos por sus trabajos del día”. Ella se queda viendo en un televisor el programa basura, y él su partido de fútbol.

¡Otra vez Nazaret! Otra vez toda la fama “en Galilea” (allí fuera)…, y los paisanos “escandalizados de Él”! Y se pone la carne de gallina, cuando Jesús pronuncia aquella sentencia: “Un profeta no es despreciado sino en su tierra, en su patria y en su casa”. Y se añade, como si hubiera un cortocircuito en la posibilidad de Jesús: “No pudo hacer allí ningún milagro”. Se extrañó de su falta de fe, y se fue a recorrer los pueblos del alrededor.

San Lucas, que escribe en griego, utiliza un tiempo y un modo verbal de enorme fuerza: Se alejaba. Expresión de que se fue alejando para no volver más. Es escalofriante. E interrogante cien por cien. Misas muchas…, obras pocas y aun contrarias. Comunidades de mil tipos, y distanciamientos viscerales entre miembros del mismo grupo, o entre unas comunidades y otras. ¡Aunque se hagan milagros! Con las gafas negras y el árbol del propio egoísmo delante, somos incapaces de ver lo bueno que tenemos a nuestro lado. A nuestro lado somos siempre el mero hijo del carpintero…, y nos escandalizamos. Y nos extraña que “allí no se puedan hacer milagros”.

El Evangelio al día. Sencillamente.

martes, 31 de enero de 2012

A FONDO PERDIDO

A FONDO PERDIDO

Mc.5, 21-43

Desde siempre se me ha ido el corazón más hacia el modo de fe que siente la mujer de las hemorragias. Aquí Marcos enchufa dos situaciones de fe. Jairo, angustiado porque su hija se muere, y llega a Jesús y le da los pasos que él piensa que hay que dar para que Jesús actúe. Si leemos el texto, observaremos que el hombre no se limita a pedir. Él dice cómo debe actuar Jesús.

Por el contrario, la mujer querría pasar desapercibida. Su fe en Jesús, ciertamente que ya a la desesperada de que doce años de enfermedad la han arruinado económica y anímicamente, se ciñe a un oculto deseo: llegar siquiera a rozar el filo del manto de Jesús. Y quedaré curada”. Así de simple.

Cuando ve uno desde la atalaya del acompañante de almas, ve uno la enorme diferencia que hay entre la manera de vivirse la fe en unos y en otros. Y no tengo la osadía de decir que es mejor una que otra. Pero sí recojo unas sensaciones especiales. Y si fe tiene un paralelismo con el amor, en lo humano y en lo divino, más veo las diferencias.

Jairo viene a lo suyo y lo que le estorba es que se detenga el paso porque la mujer irrumpe en medio. Por su parte, ella no hubiera interrumpido nada, al mismo tiempo que alcanzaba en silencio su objetivo. Fue Jesús, que está por encima de todo esos modos humanos, quien detuvo la marcha, quien quiso saber qué había pasado, porque de mí ha salido energía de salud. Y la mujer, que se había escurrido entre la gente –desapercibida- lo mismo que llegó, tiene que presentarse, temblando, pensando que haya podido molestar y disgustar al Maestro. No, no le había molestado: se había gozado en aquel silencioso hacer como quien nada hace, pero lo ha hecho todo. Su fe, esa fe, le ha devuelto la salud.

Imagino a Jairo nervioso. Se están perdiendo minutos valiosos en su petición concreta: “ven”. Y Jesús tiene que hacer una corrección a su impaciencia. Tú cree; nada más. Eso es lo que creo que le diferencia de la mujer. Que su fe encerraba “condiciones” a su modo de pensar.

Punto y aparte son ls plañideras, las que van a lo suyo (es su modo de vivir); las que se ríen de Jesús porque dice Jesús que “la niña simplemente duerme”.

Cuando Jesús salió de la casa, habiendo hecho lo que Él sabía que tenía que hacer, las que se habían reído debieron quedarse más calladas que la muerta de antes. Jesús no dijo nada. Simplemente e alejó ya. No había nada que decir. A Jesús se le debe dejar hacer, y no estar tan encima que luego haya que tragarse la risa o el llanto, porque todos habían sido “más listos”…

A veces se me ocurre si no habrá que pensar que el Sacerdote vive situaciones semejantes… [Porque Jesús no era de palo tampoco].

lunes, 30 de enero de 2012

TERCER VIERNES DE FEBRERO

POR UN ERROR MÍO -CONFUSIÓN CON MARZO- NO HE DADO EN EL BOLETÍN DE FEBRERO LA FECHA DE LA ESCUELA DE ORACIÓN DE FEBRERO.

SERÁ, D.m., EL VIERNES 17.
NO HE PENSADO TEMA. pero se puede sugerir.

Tendremos un inconveniente: SE NOS HA MONTADO ESE VIERNES PRECISAMENTE EL CINEFORUM que se ha organizado precisamente para ese día, tercer viernes, A LAS 7'30.