lunes, 16 de abril de 2012

2º lunes de Pascua

LITURGIA DEL DÍA

Comenzamos el “modo normal” del tiempo pascual. Y lo más señalado es el tema del Evangelio. Conversación de os personas de buena fe: Jesús y Nicodemo (éste, doctor de la Ley, que llega a Jesús con sinceras alabanzas de hombre cabal y leal. Jesús le saca un poco de su mundo al plantearle de entrada una cuestión muy seria: El que no nazca de nuevo, no puede entrar en el Reino de Dios. Nicodemo, acostumbrado a “sus leyes”, se encuentra desplazado…, y con puro estilo rabínico que –con preguntas casi infantiles- busca ahondar en lo que le han dicho, plantea el absurdo: ¿Es posible a un viejo volver a entrar en el seno de su madre para nacer de nuevo?. Y Jesús se adapta a ese estilo y le avanza y un dato más claro…, pero también más difícil… Quien no nazca del agua y del Espíritu… El Espíritu es como el viento: que sopla, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es el que renace del Espíritu. Vosotros, en vuestras leyes muy escritas y muy concretas, no comprenderéis fácilmente lo sutil del Espíritu de Dios. Pero sólo así se da el salto desde lo antiguo a la novedad de ese “renacer”.

En la 1ª lectura está ya al vivo esa realidad de los renacidos. Oran ante Dios, agradecen los prodigios que realiza. Y al acabar la oración, el lugar retumba, como un Pentecostés en el que el Espíritu es viento fuerte que sopla y se hace presente. ¿Adónde va? A fortalecerlos para nuevas realidades que les esperan.

domingo, 15 de abril de 2012

Camino de luz 6

SE APARECIÓ A PEDRO (Lc 24, 34; 1 Cor 15, 5)

Confieso que de todas las narraciones de la vida gloriosa, lo que más me subyuga y me sobrecoge es la escueta afirmación: “Y se apareció a Simón”, de Lc. 24, o “se apareció a Cefas” de la primera carta a los Corintios. En clave de interpretación bíblica es también lo que indica mayor exactitud de lo afirmado.

Tendemos –naturalmente- a visualizar y representar. A “dramatizar” para “ver mejor”, Un momento tan esencial como éste, se expone sin dramatismos. Sencillamente se afirma. Se deja caer con el peso específico de un hecho real.

Pensemos en la situación de Simón Pedro. La última vez que vio a Jesús fue en aquel cruce de miradas de la madrugada del jueves al viernes, cuando Pedro gritaba y juraba -ya fuera de sí por el temor- “no conocer a Jesús”; “ni entiendo ni sé lo que dices”, responde los criados que ya lo tienen acorralado, identificado como discípulo de Jesús. El “otro discípulo” ve lo que ve (lienzos, sudario, sepulcro vacío), y CREE. Simón ve lo mismo, pero no le ha llegado su hora de la fe, no llega más allá.

Regresa Magdalena en el paroxismo de la alegría afirmando ahora haber visto vivo al Maestro, y hasta trae un mensaje de Él: “ha dicho esto y esto”.

Y Simón siente una quemazón interior. Necesita salir. Necesita “buscar”, sin saber qué ni adónde. ¿En el sepulcro?; ¿en las afueras de la Ciudad? No es posible decir nada. Más bien puede decirse que Simón sale del Cenáculo y vaga de acá para allá. Su mente piensa sin poder pararse. Sereno y sufriendo. Él sabe que no sabe dónde ir más que a Jesús “que es quien tiene palabras de vida eterna” Pero ¿adónde está Jesús? ¿Dónde se le puede encontrar? Simón sabe muy bien que él ha negado. Pero conoce muy bien al Maestro, el de la descripción del padre que recogió con el alma al hijo perdido…

Hay por ahí una postal (Ed. Paulinas, serie ACONTECER, 3) que enternece. Una silueta, más que una figura, de uno que se deja hundir su cabeza en el regazo de Jesús, mientras Jesús -también sin rostro expresado- cubre amorosamente con su mano derecha la cabeza humillada del que se ha echado en su Corazón.

He pensado mil veces cómo sería el momento en que Jesús se apareció a Simón…, el momento en que Simón se dio de cara con Jesús, su Maestro. He pensado a veces si vio Simón una ráfaga de luz, si se echó a los pies de Jesús, llorando de amor y arrepentimiento. He pensado en las palabras que pudo decir… Nunca llegué a “ver”.

Hoy, al caer esta silueta en mis manos, me explico mejor aquel encuentro de Simón y Jesús. Si Pedro se echó a los pies de Jesús, dejado aquel primer instante de necesario desahogo, imagino a Jesús que se inclina, coge de los hombros a Simón, y lo levanta. Lo siguiente es ya esa silueta inmensamente expresiva: Jesús no reprocha nada, no miró al pasado, no dijo palabra. Simón tampoco. Jesús recogió a su amado Pedro y lo llevó hasta su Corazón. Pedro hundió su cabeza en el regazo de Jesús. Jesús, como la madre más tierna, cubrió con su mano derecha la cabeza de Simón… ¡Y ya no hay más! Ahí está todo. ¡Todo!

Cuando Simón Pedro regresó al Cenáculo no hubo que preguntarle. La paz de su rostro, el brillo de sus ojos, la alegría que rezumaba, lo decía todo.

Tendré que pedir perdón a los autores sagrados por haber osado yo explicar en imagen lo que ellos no quisieron explicar. Pero soy también de los que necesitan “imagen”. Para mí y para trasmitir sentimientos, siquiera con alguna aproximación… Al fin y al cabo esto es hacer oración e intentar ayudar a hacer oración: bucear en “esa palabra”…, barruntar el hecho…, descubrir el fondo inmenso que la revelación de Dios nos ha dejado consensado en la brevedad de las narraciones evangélicas, que –aun breves- están preñadas de vida, y son una enciclopedia viviente. Nunca olvidemos el horizonte abierto que nos dejó San Juan en los últimos renglones de su Evangelio, y pensemos que ahí tenemos nosotros nuestra oportunidad de poner un “nuevo libro” (historia personal) en esa gran biblioteca que imagina Juan, porque lo que “fue” sigue siendo hoy, y por eso HOY es “cosa muy linda quedarnos ahí, haciendo esa choza” en la que quedarnos mirando a Jesús embobados. Y de ahí…, a salir a contagiar a los hermanos de la alegría que rezuma nuestro corazón.

A VOSOTROS LOS HOMBRES DE TRONO......

Hola de nuevo a todos:
Vuelvo a dirigirme a vosotros tras el impas de la Semana Santa que como siempre de seguro ha dejado nueva huella sobre todos y cada uno de los que amamos esta manifestación de fe tan arraigada en nuestra ciudad.
Porque tiene la grandeza de ser cada año distinta y a la vez no ha cambiado en lo que fueron en sus origenes todas y cada una de las Cofradias,algo que a mi entender es llevar a la calle como manifestacion de la Fe cristiana alguno de los momentos de la Pasion y Muerte de nuestro Señor Jesucristo para dar testimonio ante todas las personas que lo quieran ver de nuestra pertenencia al pueblo de Dios ,de la Alegria que sentimos de ser cristianos ,sobre todo sabiendo que al final Resucitará.
Ahora que en estos dias todavia celebramos la Resurrección de nuestro Señor la Alegria se acrecienta mucho mas porque para nosotros se va acercando la fecha de nuestra procesión.
La máxima expresión de que Jesus está vivo  sobre todo en nuestros corazones,porque al ofrecernos  su Corazón ,nos demuestra el Amor que tuvo por todos nosotros.
 Honramos publicamente su Sagrado Corazón sacandolo en procesión por las calles de nuestra ciudad.pero a buen seguro que se sentirá mucho mas honrado si seguimos su mandamiento: QUE OS AMEIS UNOS A OTROS COMO YO OS HE AMADO ,EN ESO CONOCERAN QUE SOIS MIS DISCIPULOS

Es por eso que nos gustaria veros antes cuando recibais la proxima citación que será para el mes de Mayo ya que este mes de Abril no ha habido reunión por la cercanía de la Semana Santa.
Como ya sabeis en estas reuniones queremos conoceros y compartir vuestros sentimientos por el Sagrado Corazón De Jesús .
Sabemos que cada uno de vuestros corazones alberga algun sentimiento hacia El.



Sois sus Hombres De Trono.Pero podeis ser mucho mas porque de seguro que si lo conoceis mas profundamente ,será vuestro amigo y vuestro ejemplo a seguir.




Os dejo por hoy esperando que estas letras sean de vuestro agrado y os haga ver que tras los varales de su Trono está ni mas ni menos que el Sagrado Corazón De Jesús.


Sabeis que os aprecio de todo corazón.

Camino de Luz, 7

5º.- LOS DE EMAÚS (Lc 24, 13-35)

Todavía no había regresado María Magdalena. Los dos discípulos aquellos, más precipitados que reflexivos, más dejándose influir de sus presentimientos negros que del clima más general (que de hecho se va despejando levemente), deciden irse. Jesús dijo que ciegos, guías de ciegos, los dos van al precipicio. Y aquí hay evidente ceguera (dice el texto, con una expresión de inmenso calado, que sus ojos estaban presos; que es mucho más que no ver; es la obscuridad de la mazmorra obscura, encerrada y con barrotes de hierro). Es la ceguera de un estado de hundimiento anímico, de una sensación de fracaso –lo que encierra en sí una dosis de amor propio que se siente defraudado porque cree haber perdido el tiempo tontamente por seguir a Jesús-. Es el fruto de un estado depresivo, no controlado, y no capaces de esperar que escampe. O más peor: han perdido la fe en Jesús. Y se han quedado entre el cielo y la tierra. En esa situación, lo mejor es huir, quitarse de en medio, poner distancia.

Y lo más curioso es que, los que parecen estar de acuerdo en irse y huir-, van discutiendo por el camino. Y se ocurre preguntarles: ¿Por qué discutís? ¿No es que habéis querido iros?

El hecho es que en ese estado, cuando lo típico es no querer ver a nadie y quedarse “en lo suyo” (por oscuro que sea), un caminante que viene en la misma dirección acelera el paso para unirse a ellos…, para no ir solo. Y lo que advierte inmediatamente, y les pregunta es: ¿Por qué vais tan tristes? Y muy típico de los hundidos (y en el fondo peleados consigo mismos), es una respuesta en nueva pregunta, casi agresiva: ¿Tú eres el único peregrino (=despistado) que no sabes lo ocurrido estos días en Jerusalén? Y el “despistado” caminante se hace “más despistado” todavía, con una finísima psicología… Aquellos hombres van muy cargados. Llevan muchas bilis acumuladas. Lo que necesitan es vomitarlas. Y el caminante dice un escueto y humilde: ¿Qué?

Y comienza el vómito… Toda una alabanza a Jesús, el que nosotros esperábamos (en pretérito muy imperfecto). Y ahora viene lo bueno: ES VERDAD que mujeres de nuestro grupo nos han soliviantado diciendo que han ido al sepulcro, que no está allí su cuerpo, y hasta visión de ángeles han tenido. ES VERDAD que han ido dos de los discípulos y han hallado todo como las mujeres decían. PERO… A Él no lo han visto. Todo es verdad, pero… Lo más típico de los “ojos presos” que ni ven ni quieren ver.

En “despistado caminante” toma ahora la iniciativa, y no lo hace suavemente. Los zangarrea de lo lindo, como entrada inicial: Necios y duros de corazón. Lo curioso es que no rechazaron aquello. En el fondo lo necesitaban y hasta estaban deseando que les plantaran cara. No se sintieron mal por aquellas palabras. Luego aquel compañero que se les había añadido en su camino, resulta que sabe mucho más de lo que parecía, y que les mete de lleno en el misterio llevándolos por el recorrido de las Escrituras antiguas y recientes. Y la conclusión era evidente que era necesario que el Mesías padeciera y así entrar en su gloria.

Algo de ellos está bullendo dentro… Sus corazones se van calentando. En cuanto alguien les ha mostrado el verdadero fondo, ven que ellos estaban empedernidos en su interpretación y su decisión. Y que ahora, cuando alguien les expone serenamente la realidad. Sus mismos corazones arden por dentro con emoción y esperanza. Tanto que cuando llegan a la encrucijada que se desvía hacia la aldea, el caminante “se despide” para seguir su camino… Y ellos le ponen una excusa para que no siga: quédate con nosotros; es tarde y no vas a ir solo por el camino… Había mucho más que lo que decían. ¡Necesitaban de él!

Lo invitaron a cenar. Con la deferencia propia hacia el huésped, tan típica de aquellos pueblos, le dan a repartir. Y ahora entre el evangelista con lo que era su esencial intención en todo el relato. El peregrino toma el pan, lo bendice, lo parte y se lo da. Exactamente las palabras con que se describió la Santa Cena con la institución de la Eucaristía. Y como el evangelista-catequista quería enseñar este punto como fundamental para hallar a Jesús, reconocieron a Jesús al partir el pan.

Ahora se abalanzan los dos discípulos a echarse a los pies de Jesús. Pero Jesús desaparece. Tal como puede ocurrirnos a cualquiera. La fe está en lo esencial: la eucaristía como núcleo que engendra y trasmite fe. Lo e menos ahora era “abrazar a Jesús” en su Persona aparecida. Hay una aparición mucho más real, más extendida a través de la historia, y que así llega a nosotros. Cuanto más obscura se nos hace la vida, más necesidad tenemos de ir a la Eucaristía. Porque no vamos a ella porque estamos rebosantes, sino porque ella tiene que ponernos a rebosar…, a devolvernos la fe, a cambiarnos nuestros ojos “presos” por esos ojos que ven, y con solo ver lo que no se ve, ya están viendo El resto es querer anunciar la alegría. Querer mostrar lo mucho que se habían equivocado el reaccionar tan primariamente en aquel momento de su huida.

PUBLICO DOS ENTRADAS MÁS A CONTINUACIÓN DE ÉSTA.

Liturgia del día

Cerramos hoy el DOMINGO DE RESURRECCIÓN. Siendo ese día en que resucitó el Señor, el acontecimiento más grandioso y trascendental de toda la historia de la humanidad, se ha extendido –como un solo día- hasta este Domingo 2º, en que se lee el Evangelio o gran noticia de la tarde del DOMINGO DE LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO.

Fue llamado Domingo IN ALBIS desde los primeros tiempos de la Iglesia, porque los recién bautizados asistían a la EUCARISTÍA vestidos con túnicas albas (=blancas), mostrando por fuera la limpieza que les dejó su Bautismo por dentro.

Desde Juan Pablo II se le ha llamado DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA, por la inmensa misericordia y condescendencia de Jesús con su apóstol Tomás, viniendo expresamente por él a los 8 días de la resurrección, cuando el díscolo apóstol exigió condiciones drásticas para creer la gran noticia que le habían comunicado sus diez compañeros: HAMOS VISTO AL DEÑOR.

En las lecturas, el gran milagro de ser CREYENTES: daban testimonio de la Resurrección de Jesús, no sólo porque hablaran de ella y la comunicaran, sino porque en sus vidas y actitudes dejaban patente que algo muy grande había cambiado en el mundo: todos pensaban y sentían lo mismo; no había necesitados entre ellos porque quien tenía, repartía con el que carecía; porque tenían UN SOLO DIOS Y PADRE, UN SOLO BAUTISMO, UNA SOLA FE. Porque no se destruían unos a otros con las palabras, las actitudes, las envidias y los celos.. Porque, en la expresión de San Juan (2ª lectura), vivían el mandamiento de Jesús. El amor que es inseparable en sus dos vertientes, una que va a hacia los hermanos, apoyándose en el amor a Dios; y porque el amor a Dios iba de inmediato proyectado en los hermanos.

Tomás, el díscolo, el soberbio, el valiente, nos hizo un gran favor con tanta exigencia (aun irrespetuosa y falta de caridad con los compañeros), al exigir pruebas exageradas para CREER. Pero gracias a Tomás, que palpó a Jesús y reconoció EN FE que era Señor y Dios, también nosotros vemos la Hostia de Pan, y sin embargo nos rendimos a la fe total y pronunciamos ante ella la misma palabra de Tomás: Señor mío y Dios mío. Y somos más dichosos aún porque CREEMOS SIN HABER VISTO.

En la parte del Evangelio que corresponde al Domingo de Resurrección, hay algo esencial (en el que San Juan se despega de la narración misma hecha por San Lucas. En San Juan SÓLO ESTÁN LOS APÓSTOLES. y sobre ellos, y sólo sobre ellos, Jesús dice De la misma manera y poder con que me envió a mí mi Padre, os envío yo a vosotros .Y soplando sobre ellos, en trasmisión sublime del Espíritu de Dios, les dijo A quienes vosotros perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes vosotros –como Sacerdotes constituidos así en la santa Cena- no se los perdonéis, no les serán perdonados

DOS AVISOS

ALGUNOS AVISOS.

Como queda dicho en la cabecera del blog, ha quedado abierto nuevamente para aquellas personas constructivas y con deseo de hacer el bien, que deseen colaborar en una obra tan buena como la difusión de la fe y pensamiento católico, a sabiendas de que una buena palabra va a llegar a los rincones más lejanos de nuestro globo terráqueo.

Animaos quienes tenéis cosa buena que trasmitir, comunicar, contagiar…, siguiendo la palabra de Jesús: Id al mundo entero y proclamad la Buena Nueva a toda criatura

OTRO AVISO

Ya están en el blog TODAS LAS MEDITACIONES DE LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES impartidos en la Iglesia del Sagrado Corazón, de Málaga, en la pasada Cuaresma.

sábado, 14 de abril de 2012

Camino de la Luz, 5

5º.- APARECE A MARÍA MAGDALENA (Jn 20, 11-18)

El evangelista Juan se luce en la descripción de este relato. María Magdalena, hundida y desesperanzada, ha dado el recado del robo del cuerpo del Señor, que ella se ha figurado. Han subido dos discípulos al sepulcro. Ahora, una vez repuesta de su asfixia anímica, Magdalena se va otra vez al sepulcro, porque ya que no tiene al Maestro, al menos allí está el sepulcro. ¡No se encuentra con los dos discípulos qu han subido! (Este dato sirve muy bien para comprender que nosotros “componemos” lo que los evangelistas no intentaron –ni de lejos- hacer). Magdalena llega al sepulcro y se asoma. Y se pone a llorar. Nuevamente se asoma y se topa de bruces con unos ángeles que le hablan. En cualquier texto evangélico en que salgan los ángeles, se produce temor y echarse por los suelos. Aquí no: para ella es como andar por casa. Y hasta le hablan los ángeles (Mujer, ¿por qué lloras?), y ella responde como lo más normal con su idea fija: Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. Y abatida se retira a llorar a es corta distancia en que se había situado, con sus ojos clavados en el sepulcro, y llorando en sus desconsuelo.

Oyó ruido muy cerca. Ella da por supuesto que es el jardinero, y ni mira. El “jardinero” le hace la misma pregunta…, pero “más completa”: Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas? Y sin mirarlo siquiera le dice: “Señor: su tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo iré y lo tomaré”. Analizar este párrafo es de un regusto peculiar. Al “jardinero” le llama: “señor”. Le dice, como lo más normal si tú TE LO HAS LLEVADO El “jardinero” tendría que decirle: ¿de qué o de quién hablas? Porque él no podía saber el pensamiento de aquella mujer, y en qué está pensando. Si él se lo hubiera llevado, resultaría absurdo pedirle que “me digas dónde lo has puesto”. Es que suena a “la guerra de Gila). “Y yo iré y lo tomaré”. Otra vez el absurdo total, porque aquella mujer está hablando de ir por el cadáver y echárselo a cuestas para recuperarlo. Ni que decir tiene que el verdadero “Jardinero” debió sentir una serie de sentimientos muy diversos: de una parte, esa amorosa sonrisa de quien ve dónde está el único pensamiento que le cabe a aquella mujer, y que ese pensamiento se centra y se cierra en el amor al Maestro. Si pensamos lo que podría pensar quien fuera el “jardinero”, no hay más remedio que aceptar que él la considerase un mujer “loca” (enloquecida, disparatada, obsesionada, sin lógica).

En Jesús se levantó el único sentimiento que cabía en Él: con un tono y un matiz, y un énfasis irrepetibles –yo les aseguro que “me lo intento imaginar” y hasta “pronunciar dentro de mí”, pero jamás lo puedo expresar hacia afuera, porque siempre me quedo corto), Jesús hizo lo que era más significativo en ese momento: ¡MARÍA…! Nombrarla, pronunciar su nombre; encerrar en esa palabra todos los matices de admiración, ternura, emoción…, y mostrarle “la locura” que ella tenía…: “Estás loca…” Pero en Jesús era una alabanza profunda, porque Él conocía muy bien cuál era la “locura” de aquella mujer.

“¡MARÍA!” fue el revulsivo más grande. María ni miró. Se giró sobre sí, y se tiró alocadamente (no podía ser menos) a los pies de Jesús, los asió fuertemente, y pronunció la otra expresión correspondiente: “¡RABBONÍ! (con la Í acentuada). Era mucho más que el título normal: “Rabboni”, Para el hebreo, esa acentuación expresaba posesión. No era simplemente “Maestro”, sino ¡Maestro mío! Y allí siguió llorando –ahora de muy diferente forma- asida a los pies de Jesús como quien pretende que ya no se le pueda ir más. Jesús la dejó. Sabía bien que tenía que desahogar todo el dolor y angustia de muchas horas. Aguardo Jesús que aquel llanto se sosegara. Y cuando ya fue el momento, Jesús la constituye apóstol de sus apóstoles: Suelta ya. Ahora ve y dile a mis hermanos… Se trataba de una embajada de esperanza, y ella –la desesperanzada- iba a ser así testigo fidedigno de que había visto al Señor, y me ha dicho esto y esto.

Misión específica de Jesús Resucitado, EL SEÑOR, es CONSOLAR y CREAR PAZ. Y ya ha empezado esa carrera vertiginosa del DOMINGO de la Resurrección…: sí, ya escribo DOMINGO, porque ya es LA HORA NUEVA DEL SEÑOR (=Dóminus, de donde se deriva “domingo” o día del Señor). Hemos entrado en otra ERA…

LITURGIA DEL DÍA

El paso de los hechos va poniendo las cosas y a las personas en su sitio. Los sacerdotes reconocen que aquello que han hecho Pedro y Juan es un milagro, y no lo pueden discutir. Y que aquellos hombres son gente sin letras y que, sin embargo, no tienen los sacerdotes razones para rebatir sus argumentos, es otro hecho evidente. Solución: intentar silenciarlos. Que no sigan divulgando y mencionando ese nombre. Razones, ningunas. Pero si están callados, a ellos no les hace daño.

Y Pedro tiene que dar una humilde y contundente respuesta: Decidnos vosotros si es lícito obedecer a vosotros antes que a Dios. Otra vez no tienen respuesta. Se anclan en la sinrazón y simplemente repiten la prohibición. No hallaban manera de castigarlos razonablemente.

El Evangelio es de San Marcos. La hermenéutica (o ciencia de la interpretación) bíblica) tiene un principio básico: el relato cuanto más corto, más real. El Evangelio de Marcos, considerado generalmente como el más primitivo –y por ello más breve que los demás- se limita a una enumeración rápida de ese DOMINGO, sin abrirse en dramatizaciones explanadas. Su resumen se completa con un encargo esencial del Resucitado, que nos tiene que emocionar, porque ahí entramos nosotros: Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda persona. [Habrá un añadido simbólico muy interesante; pero eso lo veremos en el desarrollo del “Camino de Luz”, cuando llegue su momento].

viernes, 13 de abril de 2012

Camino de la Luz, 4

4º.- PEDRO Y “EL OTRO DISCÍPULO” [Jn 20, 2-11]

NOTA PREVIA. Yo no soy un especialista bíblico. No soy “Doctor” en Sagrada Escritura. No soy un científico ni un “estudioso” de libros. Si de algo puedo presumir –como esa expresión de San Pablo- es ser (lo diré quizás con petulancia), hombre de oración. En mi vida ha sido el todo de mi “ciencia”. Y por lo mismo, ávido discípulo de quien me ha trasmitido amor a la Sagrada Escritura y me ha abierto portillos de reflexión, profundización y riqueza en el desarrollo de la materia de OARACIÓN. Y –eso sí, vaya en honor de ellos, mis maestros de oración- puedo permitirme VIVIR Y VOLAR por las páginas del Evangelio, “reflictiendo” –palabra típicamente ignaciana, y de mucho más contenido que “reflexionando”-, y sacando provecho.

Siempre estuve en el grupo general que lee “JUAN” donde no se escriben sino expresiones amplísimas de “discípulo amado”, “al que quería el Señor”, “el que recostó su cabeza en el pecho de Jesús”. Y uno de mis Maestros de oración me dio una meditación, mientras yo realizaba la gran experiencia del MES DE EJERCICIOS, a 5 horas completas diarias de oración, que se titulaba: El discípulo anónimo. Y ahí fue desmenuzando la materia de tal forma que, tras las expresiones evangélicas, siempre aparecía una realidad “anónima” pero concreta y real: YO MISMO…, cualquier cristiano que puede perfectamente sentirse “el otro”, el “amado”, “el que ha llegado a sentir los pálpitos del Corazón de Jesucristo”. Por lo demás, yo no siento cátedra ni hablo “ex cátedra”. Repito que simplemente intento ser hombre de oración, ahí donde el Espíritu sopla donde quiere y va donde quiere, y nadie sabe ni de dónde viene ni adónde va; sólo quien ha nacido del Espíritu”.

María Magdalena llegó al lugar donde estaban reunidos y encerrados todos, por su miedo a los judíos. Dio su tremendo recado sobre el imaginado robo del cadáver de Jesús. Pedro (no perdamos de vista la época en que ya está escrito este evangelio) es el que tiene que subir porque es el que siente la responsabilidad primordial. “El otro discípulo” (no perdamos de vista tampoco aquí en qué año está escrito este evangelio), sube con Pedro. Y sube más aprisa, aunque con el respeto a Pedro, sólo se asoma al sepulcro y ve. Pero no entra. Le deja la primacía a Pedro, que es el que entra sin más. Luego, el “otro”. Y allí “estamos” mirando. Los lienzos, el sudario… ¿Iban a desnudar el cadáver para robarlo? ¿Iban a dejar plegados los lienzos, como se pliega la piel que muda una serpiente, mientras el animal se marcha con su nueva piel?

Pedro está absorto. Pero “el otro discípulo” ve que se le empieza a encender una luz… ¡Lo había dicho antes el Señor! Había advertido siempre –cuando hablaba de su muerte, y en toda ocasión- que resucitaría al tercer día. Y están ya en el “tercer día”. Se alegran sus entrañas… Ve lo mismo que Pedro, pero VE MÁS ALLÁ, y CREE. Pedro advierte aquella mudanza en el rostro y en el profundo suspiro de paz de aquel discípulo. Y aunque Pedro sólo VE lo que ve, se queda, cuando menos, preguntándose qué ha ocurrido.

Bajaron en silencio. Pedro iba con los ojos clavados en el suelo… Intuía algo de lo que pudo experimentar aquel “otro”… El “otro”, aunque respetando mucho el silencio de Pedro, va cara al viento, como quien bebe el aire fresco y renovador de aquella mañana, que ahora es mucho más luminosa…

La llegada al Cenáculo –tan esperada por los demás- no descubre expresamente datos especiales: el sepulcro está vacío (como han dicho las mujeres). El cuerpo de Jesús no está allí.

La diferencia es que “aquel otro discípulo amado del Señor”, gran testigo de cómo es el Corazón de Cristo, tiene un semblante muy distinto. A él le ha pasado algo, observan los demás. Él respira paz y sentido de consuelo en su alma. Pedro no habla. Ahora Pedro eso sí está más relajado aunque tenga su preocupación personal, sus ansias, su deseo. Pero un aura de sosiego ha entrado en el Cenáculo… Empiezan a sentirse los efectos de la Resurrección, aunque aún nadie ha visto a Jesús.

LITURGIA DEL DÍA

Comienza la persecución, por el momento solapada. Dado que Pedro está rodeado de gentes por aquella curación del lisiado, los sacerdotes y comisarios del Templo vienen por Pedro y Juan y los arrestan, porque es tarde y ya no pueden hacerles juicio. A la mañana siguiente les preguntan con qué poder y en nombre de quién han hecho eso. Pedro responde que no se explica por qué tienen que dar cuenta de un bien que han hecho sin faltarle a nadie. Pero si quieren saberlo… Pedro retomó el kerigma, les dijo expresamente que ellos fueron los que crucificaron a Jesús, pero que Jesucristo Nazareno es el Nombre y el poder con el que han hecho la curación,, y no hay otro poder bajo el Cielo en que pueda alguien salvarse, si no es en el de Jesús.

Me quedaría en el Evangelio con una substancia muy especial: ha habido muchos detalles, más o menos curiosos de los que caben en tantas horas y fracasos de pesca en una pequeña barquilla… Y sin embargo ha habido un clima insospechable en la unión entre ellos, cuando Jesús vivía. Y eso lleva al “discípulo amado” a descubrir en ese conjunto de hechos que “el muchacho de la orilla”, ES EL SEÑOR. Yo diría que es la más grande lección para la vida. Y eso que quienquiera que piense sin prejuicios el penúltimo párrafo de esta lectura, podría plantearse mucha más enjundia de la narración de la pude saltar a primera vista.

jueves, 12 de abril de 2012

Camino de Luz, 3

3ª.- LAS MUJERES EN EL SEPULCRO

Cuando sepultaron a Jesús no hubo tiempo de hacer los honores fúnebres a su cadáver, en una cultura donde el enterramiento va rodeado de perfumes y una preparación muy delicada del muerto. Dos mujeres, al menos, de las que acompañaban a Jesús, lo han visto y –la verdad- les ha quedado muy mal sabor. Pero ni allí tenían aromas ni había tiempo. Hubieron de conformarse con la mezcla que llevó José de Arimatea, más esparcida sobre el cuerpo de Jesús que debidamente embalsamado. Y así tuvieron que bajarse a toda prisa, para estar en sus casas antes de las 6 de la tarde.

María Magdalena y la de Cleofás se pusieron juntas en aquella triste bajada desde el Gólgota y comentaron que ellas tenían que subir en cuanto apuntara el primer día de la semana, una vez acabado el gran Sábado. Y es posible que antes de irse a sus casas, ya se proveyeron de los ungüentos necesarios.

Muy de mañana, todavía a obscuras de se primer día, se reunían con otra María (que aparece en los diversos relatos) y emprendían la subida al sepulcro. De seguro no sabrían que el sepulcro estaba custodiado por soldados enviados por Pilato a instancias de los sacerdotes.

La única duda –que ni siquiera preocupación- era quién les ayudaría a remover la pesadísima piedra redonda que cerraba el sepulcro. Pero como si aquello no fuera más que un trámite (y la verdad es que ¿quién podría haber a aquellas horas por aquellos parajes? Subían codo con codo por el mismo miedo de la obscuridad que todavía había, aunque empezara a despuntar una ráfaga de la aurora. Y enfilaron finalmente el sepulcro, y –de lejos- observan con estupor que la losa está quitada.

María Magdalena no se lo piensa. Se hace “su película”, deja en el suelo su hatillo con lo que llevaba, y grita: Se han llevado al Señor… Aumentó el miedo de las otras mujeres. Y María se lanza a correr cuesta abajo, camino del Cenáculo, adonde llega jadeante y llorosa, sin poder hablar, aporreando la puerta para que le abran a aquellas horas. También dentro sienten pánico temiendo lo peor de una persecución. María grita: ¡Abridme! Y sin poder hacerse entender por su nerviosismo y falta de oxígeno tras su carrera, puede dar –por fin- su terrible recado Se han llevado el cuerpo del Señor y no sabemos dónde lo han puesto.

Si dejamos ahora ese lugar y nos vamos al sepulcro, lo primero que extraña es que lo soldados guardianes no están. También ellos han sufrido un ataque de pánico cuando en medio de la noche se ha rodado sola la gran piedra, y se han quedado como petrificados. Y luego, de inmediato, a huir. A dar cuenta a los sacerdotes. Y los sacerdotes le dan una gran cantidad de dinero para que guarden silencio. Ya que no puedan negar los hechos aquellos jefes, al menos que no se diga nada. Que callando es como si nada hubiera ocurrido. “Que si llega a oídos del Presidente”, decís que mientras dormíais, se lo llevaron sus discípulos. Muy curioso: unos vigilantes, dormidos. Y unos dormidos que testifican que fueron los discípulos quienes se llevaron el cadáver.

Si nos acercamos a las mujeres, van aterradas pero haciendo de tripas corazón, y se atreven hasta llegar al sepulcro, y se asoman. Para un evangelista, dentro hay ángeles; para otro, hay un joven vestido de blanco. Poco varía la cosa. El mensaje ya lo sabemos, y es el nuclear: Ved que no está aquí, porque HA RESUCITADO. Id a anunciarlo a sus discípulos. No era plato de gusto para unas mujeres que, por ser mujeres no eran testigos válidos de nada…, y porque poco confiaban que les fueran a creer. [Por supuesto no ven a Jesús, como compendiaba Mateo en su narración incluyendo momentos posteriores que aún no han sucedido (si seguimos el relato en su complejidad, y escuchamos más tarde a los discípulos que huyen a Emaús, que declaran que unas mujeres les han soliviantado diciendo que hasta visiones de ángeles han visto…, pero a Él no).

Nuevamente se dividen las narraciones evangélicas: unos dicen que fueron a los apóstoles; otro que no se atrevieron. De todas formas, ni que fueran, las creyeron.

¿Y no os preguntáis cómo aquellas mujeres no se encuentran en su descenso con los dos discípulos que ya van de camino, ante el terrible anuncio de María Magdalena? [Y sólo había una vía, la vía dolorosa]. Sería mucho preguntar a estos relatos y a la finalidad de sus relatores.

LITURGIA DEL DÍA

La curación del lisiado da nuevos vuelos a Pedro para proclamar la RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO, que se hace cada vez más patente entre aquellos oyentes y testigos de hechos tan peculiares. Quiere decir que lo que toca ahora es arrepentirse y convertirse para recibir el consuelo del Señor.

En el Evangelio, con la llegada emocionada de los huidos que regresan convertidos, tenemos un relato que es el mismo de Juan 20, pero con diferencias esenciales. Aquí el miedo, la sorpresa, la facilidad de imaginar fantasmas, se dan en un grupo donde están otros discípulos además de los apóstoles. Y entonces se desenvuelve por caminos muy diversos. Jesús, con su cuerpo resucitado come… ¿…?, para hacerse “real” y que no vean fantasmas… Y les abre el entendimiento para comprender las Escrituras…, ¡pero advirtiendo muy mucho que aún no saben nada, porque para saber (con sabiduría cristiana), necesitan esperar la fuerza de lo Alto. [Aparecerá si se sigue leyendo unos renglones más debajo de donde queda cortada la lectura de hoy].

miércoles, 11 de abril de 2012

Santos, Santa Margarita María


fragmento de la CARTA ENCÍCLICA
HAURIETIS AQUAS
DE SU SANTIDAD
PÍO XII
SOBRE EL CULTO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
AÑO 1956


Santos, Santa Margarita María
26. Si queremos indicar siquiera las etapas gloriosas recorridas por este culto en la historia de la piedad cristiana, precisa, ante todo, recordar los nombres de algunos de aquellos que bien se pueden considerar como los precursores de esta devoción que, en forma privada, pero de modo gradual, cada vez más vasto, se fue difundiendo dentro de los Institutos religiosos. Así, por ejemplo, se distinguieron por haber establecido y promovido cada vez más este culto al Corazón Sacratísimo de Jesús: san Buenaventura, san Alberto Magno, santa Gertrudis, santa Catalina de Siena, el beato Enrique Suso, san Pedro Canisio y san Francisco de Sales. San Juan Eudes es el autor del primer oficio litúrgico en honor del Sagrado Corazón de Jesús, cuya fiesta solemne se celebró por primera vez, con el beneplácito de muchos Obispos de Francia, el 20 de octubre de 1672.
Pero entre todos los promotores de esta excelsa devoción merece un puesto especial Santa Margarita María Alacoque, porque su celo, iluminado y ayudado por el de su director espiritual —el beato Claudio de la Colombiere—, consiguió que este culto, ya tan difundido, haya alcanzado el desarrollo que hoy suscita la admiración de los fieles cristianos, y que, por sus características de amor y reparación, se distingue de todas las demás formas de la piedad cristiana [98].
Basta esta rápida evocación de los orígenes y gradual desarrollo del culto del Corazón de Jesús para convencernos plenamente de que su admirable crecimiento se debe principalmente al hecho de haberse comprobado que era en todo conforme con la índole de la religión cristiana, que es la religión del amor.
No puede decirse, por consiguiente, ni que este culto deba su origen a revelaciones privadas, ni cabe pensar que apareció de improviso en la Iglesia; brotó espontáneamente, en almas selectas, de su fe viva y de su piedad ferviente hacia la persona adorable del Redentor y hacia aquellas sus gloriosas heridas, testimonio el más elocuente de su amor inmenso para el espíritu contemplativo de los fieles. Es evidente, por lo tanto, cómo las revelaciones de que fue favorecida santa Margarita María ninguna nueva verdad añadieron a la doctrina católica. Su importancia consiste en que —al mostrar el Señor su Corazón Sacratísimo— de modo extraordinario y singular quiso atraer la consideración de los hombres a la contemplación y a la veneración del amor tan misericordioso de Dios al género humano. De hecho, mediante una manifestación tan excepcional, Jesucristo expresamente y en repetidas veces mostró su Corazón como el símbolo más apto para estimular a los hombres al conocimiento y a la estima de su amor; y al mismo tiempo lo constituyó como señal y prenda de su misericordia y de su gracia para las necesidades espirituales de la Iglesia en los tiempos modernos.

Camino de la Luz, 2

2º.- Jesús aparece a su Madre

San Ignacio de Loyola comienza la vida gloriosa en su libro de los Ejercicios Espirituales [299] con la APARICIÓN de Jesús a su Madre. Y dice: “Esto, aunque no se diga en la Escritura, se da por supuesto al decir que se apareció a tantos otros; porque la Escritura supone que tenemos entendimiento, como está escrito: También vosotros estáis sin entendimiento”.

Es, pues, momento que la persona que sabe lo que es la oración aprovecha con devoción especial de su espíritu. ¿Dónde estaba María? Cuando el día de la Cena dio Jesús las claves a la avanzadilla de discípulos que habían de prepararla, les habló de una sala arriba, lo que significa al menos “un arriba” y un “abajo”. Eso, por lo menos. Y puede pensarse que María está allí, como lo estuvo después en su tiempo de oración, junto a los apóstoles (“se subieron a la habitación superior”). María está, pues, esta madrugada del primer día –como más lógico, a solas, como lo ha estado buena parte del tiempo, desde el regreso del sepulcro. A solas con su dolor profundo; a solas con su sentir de fe abandonada y expectante. Descansa en su lecho tras las horas duras de su soledad, de su luto…

Ya más hacia la madrugada, algo le pone en dormivela de modo que percibe un resplandor inusual en medio de la noche. Como una esperanza que empieza a tomar cuerpo, María se incorpora… Mira a la ventana. Pone atención. Una aurora se atisba en su horizonte, aunque no es aún la hora para el alba. María se echa al suelo. Mira. Algo así como melodía de canto celeste percibe. Y como aquel resplandor que vieron los pastores de Belén y que se transformó en legión del ejército celestial, lo que se hace ahora es una luz diáfana, brillante…, de PRESENCIA. No son ángeles. ¡Es su Hijo que se le viene a los brazos!, que la aprieta contra su pecho…, mientras suena fuera un “Alégrate, Reina del Cielo, porque el que llevaste en tu seno, HA RSSUCITADO!” Y un sonoro eco de ALELIYAS va marcando la noche, los aires…

María se siente en el cielo, acogida por aquellos anchos brazos de Jesús. Los mismos de Nazaret…, pero con marcas de agujeros brillantes en manos y pies… ¿Es su Hijo!, que –como lo dijo tantas veces, HA VENIDO EN PLENITUD DE VIDA Ella no estuvo en la transfiguración, pero ahora brillaba todo con esa luminosidad que transfundía el Cristo triunfante de la muerte. Y las dos mejillas permanecieron unidas un buen rato… Ella no diría nada a los apóstoles, porque bien conocía la repetida advertencia de Jesús –en su vida mortal- de no declararlo Mesías… Cada cual tenía que descubrirlo, a través de las obras de Jesús. Y ahora, con aquellos discípulos hundidos, perdida toda esperanza, desconsolados y hasta algunos que ya estaban dispuestos a huir de Jerusalén, María sabe que debe dejar toda la iniciativa a su Hijo, que sabe –mejor que nadie- los tiempos, las situaciones, las enseñanzas que ha de ir completando.

Por otra parte, al ser María “Tipo de la Iglesia” –como al cabo del tiempo declararon los Padres Conciliares-, esta aparición a María es considerada como APARICIÓN A LA PRIMERA CREYENTE, y por tanto, en Ella, aparición a la Iglesia, a los creyentes.

De ahí que nosotros podamos ver ya a Jesús en la Iglesia, a Jesús triunfante y vencedor, con esa fuerza imponente de la Liturgia Pascual, que se mete por los poros de cada uno. ¡De aquella Comunidad naciente, que experimentaba fehacientemente, que Cristo vivía en ellos, y actuaba en ellos… Ahí está esa descripción de LOS CREYENTES, como testigo de la Resurrección del Señor, con mucha fuerza, que nos describe San Lucas en el libro de los Hechos.

Ahora ya se ha dado el salto desde Caná, en que aún no había entre tú y Yo, como dijo entonces Jesús (porque no había llegado “su hora”). Pero ya HA LLEGADO SU HORA, “Mujer” en Caná; “MUJER” en el encargo de la cruz… YA María queda incorporada a la obra misma de Cristo, el Señor, aunque cada cual en su rango. Pero Ella, la primera de los CREYENTES y prototipo de la Iglesia. La aparición a Ella es también prototipo de la aparición (experiencias de Resurrección) en la Iglesia, en nosotros.

LITURGIA DEL DÍA

Para más abundamiento, a Pedro y Juan le pide el lisiado una limosna a la puerta Hermosa del Templo. Pedro le dice: Míranos. No tengo plata ni oro, pero lo que tengo, te lo doy En el nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar. Pedro, la Iglesia, en nombre de Jesucristo que está presente y vivo allí en ellos, hacen la misma obra de Jesús, de levantar al lisiado de su camastro. Y el hombre da brincos, alabando a Dios, y entrando en el Templo por su pie. ¡Eso es experiencia de Resurrección en la Comunidad primitiva.

Los de Emaús huyen. Esperábamos… Ya no esperan. Todos los datos que tienen, no les sirven. A Jesús no lo ha visto nadie aún. [Ya se ve que Lucas va por otro lado que Juan, que ya había relatado que María Magdalena sí había visto a Jesús]. El “peregrino” va desvelando, abriendo la luz de la esperanza… Y –como en intencionada catequesis eucarística (basta leer la descripción final con idénticas palabras y gestos que la Cena)-, los dos discípulos “descubrieron a Jesús al partir el pan”. Y como por arte de magia, Jesús desaparece. No –simplemente- se va… He ahí la gran diferencia de estos relatos apologéticos.

martes, 10 de abril de 2012

Camino de la Luz 1

EL CAMINO DE LA LUZ
Partimos de lo dicho ayer, que es realidad admitida totalmente por la Iglesia Católica, conocedora de las entrañas de la Revelación y el modo de proceder de cada evangelista. Partimos de una Iglesia VIVA, que no se anquilosa, que sabe que el Espíritu de Dios aletea y enseña, y nos ayuda a progresar. Que tiene aquella autoridad del Maestro, que admiraba a las gentes, frente a las ideas fijas, repetitivas y pobres de los fariseos, que sólo sabían decir lo que estaba dicho. Con esa autoridad recibida del Padre e insuflada por Jesús en sus apóstoles la noche de Resurrección, y abierta a toda la Iglesia de forma patente el día de Pentecostés, la Iglesia nos trasmite un CRISTO VIVO, que sigue viviendo, y que tiene aún tantas facetas por descubrir como la misma infinitud del Hijo de Dios, sentado a la derecha del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero. Y como el Padre me envió, así os envío Yo: ID AL MUNDO ENTERO…
Así, con los datos evangélicos, la experiencia viva de la Resurrección de la primera Comunidad cristiana, encontramos un primer aspecto común:
1º.- EL SEPULCRO VACÍO (Mt 28, 1)
“No busquéis entre los muertos al que está vivo”
Jesús HA RESUCITADO. Por eso se encontraron las mujeres –y nos encontraremos- con el sepulcro vacío en aquella madrugada del primer día de la semana. Por eso “los ángeles” preguntan a la mujeres por qué buscan entre los muertos al que vive.
Acerquémonos al sepulcro. Comprobemos. Sintamos la ALEGRÍA de CRISTO VIVO…, vivo entre nosotros, con una vida que progresa HOY. Y sintamos la alegría de quienes resucitan también ahora, de los que se levantan, de los que están alegres por cualquier causa.
A Jesús hay que buscarlo en los hombres y mujeres de hoy, y servirlo en ellos... Son los que hoy lo necesitan. Y Dios es Dios de vivos. No necesita de perfumes el cadáver de Jesús...Aparte de que no está allí, lo que ahora toca es vivir la VIDA que Él enseñó: amar a los hermanos, dar de comer, o beber o vestir a los hermanos necesitados. Crear vida y esperanza y no destruirla con la negatividad. Es la gran prueba de que Jesús permanece vivo entre nosotros, hasta el fin de los tiempos.
LITURGIA DEL DÍA
El discurso de Pedro -1ª lectura- es el siempre mensaje esencial cristiano (=kerigma): Cristo, al que crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías. Y esas palabras conmueven a los oyentes y preguntan: ¿Qué debemos hacer? - Convertíos y bautizaos en nombre de Jesucristo. Recibiréis el Espíritu Santo, vosotros, vuestros hijos, y todos los llamados.
En el Evangelio, Juan individualiza lo que ayer Mateo pluralizaba: la que realmente ve a Jesús, es María Magdalena, y no en el primer momento, sino tras idas y venidas de ella y de otras y otros. Va a ser la primera testigo y la primera apóstol para los mismos apóstoles. [Si vais a ir siguiendo el “CAMINO DE LA LUZ”], intentaremos “racionalizar” –a lo occidental- lo que pudiera ser “un orden” posible de compaginar…, que –desde luego- ni se les ocurrió a los primeros trasmisores de la fe en la Resurrección]

lunes, 9 de abril de 2012

Lunes de Pascua

LITURGIA DEL DÍA
Pedro demuestra a los judíos algo fundamental: Vosotros tenéis vuestra fe en David. Pues David dijo que no moriría ni caería en la corrupción del sepulcro. Es un hecho –les dice- que David murió y fue enterrado. Luego profetizaba de otro. Ese otro es Cristo, a quienes vuestros jefes mataron. Pero Él ha resucitado. Por tanto la Resurrección de Jesús crucificado y muerto es un hecho, y ha sido visto vivo por nosotros.
San Mateo condensa en un solo relato lo que está en varios relatos de otros evangelistas, uniendo mujeres y Magdalena a las que se aparece Jesús. A su estilo, pluraliza. Y es de mucho valor el resto del relato: los guardas vigilantes del sepulcro se han encontrado -sin saber cómo- que el sepulcro se abre solo y que cuando acuden a ver, ya no hay nadie. El aviso a los sacerdotes se convierte en soborno de ellos para ocultar una evidencia.
Parece como que estamos en los tiempos presentes: todo vale con tal de engañar y trasmitir algo tan demoledor como el silencio alrededor de Jesucristo. Y callando, que no se hable de Él.

GENERALIDADES

EXPERIENCIAS DE RESURRECCIÓN
Los Evangelios de la Vida Gloriosa son otra realidad muy diversa a los de la Pasión. En la Pasión hay descripción pormenorizada de hechos y casi se puede establecer una cronología, unos caminos de idas y venidas.
En la Vida Gloriosa saltamos a un estilo absolutamente distinto. Basta leer lo que cuenta cada evangelista e inmediatamente se ven unas diferencias notorias.
Se trata de que no es una historia, sino una profunda experiencia de los testigos de la Resurrección. Y cada uno la trasmite con un esquema diferente, según lo que pretende comunicar a sus comunidades cristianas.
Nosotros buscamos compaginar unas narraciones con otras para tratar de barruntar “una línea lógica” de aquel “primer día de la semana”, pero conscientes de que estamos procediendo con mentalidad occidental y “material”, en lo que -en realidad- son vivencias de fe, catequesis puntuales, y “hechos” que podrían reducirse a pocas líneas.
El orden cronológico vendría a reconstruirse así:
- las mujeres van al sepulcro
- Magdalena ve quitada la piedra y no sigue adelante; se baja angustiada a dar un recado (imaginado) por ella.
- Van a comprobar Pedro y “Juan”. Jesús. “Juan” vio y creyó.
- En ese entreacto, las mujeres en el sepulcro, tienen visión de ángeles”: “no está aquí; ha resucitado; avisad a los hermanos”.
- Magdalena se vuelve al sepulcro. Nunca se encuentran en el camino unos con otros.
- Los discípulos de Emaús se van. Sólo saben que “las mujeres han tenido visión de ángeles...”; “que dos de los discípulos fueron y comprobaron...”
- Aparición a Magdalena. (1ª aparición de Jesús en persona).
- Pedro se va del Cenáculo. No se sabe nada más, sino la afirmación de que se le ha aparecido Jesús.
- Tomás se va del Cenáculo.
- Por la tarde, Jesús aparece a los Diez.
En Juan, sólo a los apóstoles. Aparición básica.
En Lucas, muy dramatizada
- Llega Tomás y NO CREE en la aparición.
- A los 8 días, Jesús viene expresamente a Tomás.
Si tomamos la descripción más primitiva, la de San Pablo, las apariciones que quedan en la mente de aquella Iglesia son:
- Pedro
- “Los Doce”
- Quinientos hermanos juntos.
- Santiago
- Los apóstoles
- Pablo.
Mateo y Marcos, muy escuetos, muy genéricos, sobre el hecho que les interesa: SEPULCRO VACÍO. Y desembocan más en los efectos de la Resurrección.
Lucas, reduce gran parte a la aparición en el Cenáculo,  hasta la Ascensión [enlace con los “Hechos”];
y la aparición a los de Emaús, que es una catequesis eucarística: conocer al Partir del Pan.
Juan, hace una narración sobre la aparición a María Magdalena,
Y la del Cenáculo, a solas los apóstoles, a los que da el poder.., y el Espíritu Santo.
También a Tomás (con acento en que la base de la fe no es ver; dichosos los que creyeron sin ver).
Y finalmente un capítulo añadido donde volcó enseñanzas fundamentales:
- cambio de actitudes tras la resurrección. [Es el Señor].
- Si me amas, apacienta mis corderos... [amor a Cristo se proyecta en el servicio a la Iglesia].
- Pedro ya no se escandaliza de la cruz, su propia cruz
- El seguimiento de Jesús es un misterio personal.

En ningún momento se narra el hecho mismo de la resurrección..., el momento... Nadie lo vio, ni necesitaba verlo. Bastaba que Jesús lo había dicho..., que las Escrituras lo habían anunciado. Ese es el valor de cada relato, incluido el de Pablo.
Si extrajéramos el jugo, la esencia, de todo esto, llegaríamos a lo que Pablo expone en 1Co 15: que Cristo ha resucitado es elemento fundamental para la fe. Si Cristo no hubiera resucitado, seríamos desgraciados y necios con creer, porque ¿en qué nos fundamentábamos para la fe?
Pero la fe no es ver.
La fe es admitir lo revelado por Dios, porque así lo dijo Dios. Y lo que Dios ha dIcho es más evidente que lo que tocamos.
Y el punto nuclear de esa fe es que Cristo tenía que padecer para entrar en su gloria...; que por muchos padecimientos tenía que pasar el Mesías de Dios...., y así en su nombre se predicará la conversión.

domingo, 8 de abril de 2012

ALELUYA

VIDA GLORIOSA
DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

DOMINGO DE RESURRECCIÓN
Amanece el primer día de la semana, según el calendario judío. COMINZA EL DOMINGO, o DÍA DEL SEÑOR en el calendario cristiano. Comienza la plenitud de la NUEVA ERA, el día que anunció el Señor, y que marca toda una línea divisoria en la historia de los CREYENTES EN CRISTO. Tan divisoria, que sin este día, sería vacía y absurda nuestra fe, y con este día somos las más felices criaturas de toda la historia humana:
JESUCRISTO HA RESUCITADO
Y en su Resurrección, la única completa y verdadera RESURRECCIÓN, todos somos resucitados, abocados a resucitar, a vivir una realidad diferente de vida, en la nos vayamos renovando de día en día, para vivir en justicia y santidad verdaderas.
LA LITURGIA DEL DÍA
El Evangelio de hoy es mucho más de lo que parece a primera vista. San Juan es mucho más largo de lo que parece expresar, y muy intencionadamente ha situado a Pedro y “al otro discípulo” como los primeros visitantes del sepulcro donde fue colocado el cadáver de Jesús, en la noche del Viernes Santo.
La fe en Jesús, el Maestro, se ha quedado tan debilitada que hasta habrá quienes opten por marcharse lejos y no querer saber más, porque esperaban…, pero ya se ha acabado la esperanza. Porque testigo tan presencial como María Magdalena, ha llegado a avisar a los apóstoles que se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. Y con esos alarmante datos, se ponen en movimiento dos representantes fundamentales de todo el nuevo período que comienza: De una parte, Pedro. Así: Simón Pedro, un ser concreto de carne y hueso, que –al mismo tiempo- ha sido constituido PIEDRA y roca inamovible de la Iglesia que Cristo quiere fundar. De la otra parte “el discípulo amado”, que es esa misma realidad, ya en ciernes, de la propia Iglesia.
Suben. Corre más ese otro discípulo, y es el primero en llegar, en asomarse, en ver que los lienzos que envolvieron el cuerpo de Jesús. Pero respetuoso con Pedro, no entra. Lo espera. Pedro llega un poco después. Y directamente entra. Y tras él, el otro discípulo. Se quedan mirando, pensativos. En Simón Pedro, todo es perplejidad. En el otro discípulo, se enciente una luz. Los lienzos no están tirados. (Alguna traducción que dice que estaban en el suelo, en realidad no da el sentido real. La palabra usada por el evangelista es “plegados”; y plegados no es “doblados” como el que dobla una sábana, sino la parte superior que cubrió el cuerpo, caída sobre la parte inferior; o sea: como “extraído” el cadáver sin tocar las sábanas; como esfumado el cuerpo).
Y el discípulo VIO Y CREYÓ. No vio nada que no viera Simón Pedro. Pero su “ver” estuvo iluminado por la Palabra de Jesús, más elocuente que lo que dan los ojos de la cara. Porque VIO a la luz de lo que había dicho tantas veces el Maestro. Y ahí sí que está la fuerza de la fe. “Dichosos los que creen sin haber visto”, que dirá Jesús a Tomás, y que es precisamente la FE DE LA IGLESIA, la del otro discípulo la fe que no ve con un ver palpable, pero ve con un ver de la fe. Precisamente la fe nuestra, la fe de nosotros, dichosos, que creemos sin haber visto…, y sin embargo HEMOS VISTO mucho más allá.
Cuando Pedro, en la primera lectura de hoy, habla a los judíos, da por evidente el ACONTECIMIENTO CRISTIANO [“Acontecimiento es más que “un hecho”. Un “hecho” ocurre y pasa. Un “acontecimiento” ocurre y permanece, perdura. Y ese ACONTECIMIENTO es que lo ocurrido y conocéis es que Jesús pasó por el mundo haciendo el bien, de lo que nosotros somos testigos; que lo mataron en una cruz, pero que Dios lo resucitó al tercer día, y así se mostró a muchos testigos, y Dios lo exaltó como SEÑOR de vivos hy muertos. Y eso es lo que predicamos.
Y San Pablo saca la consecuencia ineludible: nosotros somos el fruto de ese acontecimiento. Y los que HEMOS RESUCITADO CON CRISTO, tenemos que vivir ya con el corazón puesto en el Cielo, en Cristo, en la manera de vivir de Cristo: no reptando en los bienes terrenos sino –viviendo- en este suelo, tener ya la mirada fija en los bienes de arriba, en los valores supremos que nunca se agostan.
La gran celebración de la resurrección de Jesús es LA EUCARISTÍA. En ella revivimos y sentimos actual todo el inmenso acontecimiento cristiano. AUNCIAMOS LA MUERTE DE CRISTO, como semilla de grano que cae en tierra y mure, pero es para eclosionar hacia afuera y CRECER en una vida nueva…, juna espiga que ya no para hasta APROCLAMAR LA RESURRECCIÓN y granar en el mismo Cielo adonde estamos abocados quienes creemos en la RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO, ya vivimos en el momento presente con nuestra renovación en bondad y lealtad en la vida presente.
Desde entonces es inexcusable para quien es ese “otro discípulo”, la IGLESIA como comunidad de los creyentes en Cristo Resucitado, celebrar el DOMINGO como EL DÍA DEL SEÑOR

sábado, 7 de abril de 2012

LUTO EN LA IGLESIA

LA SOLEDAD DE MARÍA

La Iglesia vive su luto peculiar en este SÁBADO SANTO. La expresión máxima de esa orfandad la sensibiliza en lo más llamativo que puede haber en la vida de la Iglesia: Hoy NO SE CELEBRA LA EUCARISTÍA. Hoy es, en verdad, el día del más grande ayuno. Hoy la Iglesia se vuelca en María, y centra en Ella todo su dolor y toda su necesidad de consuelo.

Sí: de una parte es el propio dolor de la Madre. Ella vive en su Corazón la ausencia del Hijo de sus entrañas, que ha quedado allí arriba en el sepulcro. Ella ahora rumia todo lo que ha sufrido Jesús en las últimas horas. Ella, a la prudente distancia, le ha seguido los pasos, y ha podido vivir en sus entretelas del alma, cada dolor, cada tormento, cada expresión del rostro del Hijo… Cada expresión de aquellos que intervinieron en ese trance. Ella ha ido sintiendo entrarle el puñal en su propia alma, hasta clavársele hasta la empuñadura. Ella ha dejado a su Hijo cadáver, puesto en un sepulcro de modo precipitado porque no hubo tiempo ni para los últimos detalles que se dedican a cualquier cadáver.

Acompañar hoy a María me es una obligación filial…, un encargo que he recibido de Jesús, allí al pie de su Cruz. Mi compañía no puede tener palabras, que me resultarían ridículas. Sólo compañía. Sólo estar allí. Sólo acoger si algo me quiere Ella expresar. Y no puedo negar, que mi luto personal necesita también de Ella, y que sé que Ella tomó muy en serio el encargo de Jesús en la Cruz.

El mundo interior de María es un pozo sin fondo. María pasó su vida con mil lagunas que no pudo entender, pero que supo ir guardando en su Corazón. Y si muchas veces rumió tantos y tantos aspectos vividos misteriosamente en su vida, hoy –en ese silencio doloroso de su orfandad- parecen irse regurgitando y aclarando…

Aquellos misterios lejanos desde el momento del anuncio del ángel…, a aquel Belén inexplicable… Aquellos años silenciosos de Nazaret en los que parecía como esfumarse todo sentido especial de su Hijo allí escondido en una vida como cualquiera de la aldea. El extraño gesto del hijo de 12 años, que bien les dio a entender que ese Hijo no les pertenecía…, aunque aquello fuera un fogonazo suelto en medio de tantos años. O aquella despedida costosa cuando su Hijo sintió el impulso que le movía.

CANÁ se le hacía ahora mucho más claro. Ella fue allí alma de una situación muy particular. Hoy María siente el gozo de haber estado allí, porque Dios la tuvo a Ella como intérprete, y allí jugó un variado papel de mujer: observadora, Madre, corazón sensible a la necesidad ajena, sana mano izquierda para que los criados no pusieran resistencias a lo que no entendieran. Y María pudo ver actualizado aquel hecho de Moisés que hace brotar agua de la roca seca… Y un agridulce se le pasa por el sentimiento a María, recordando ahora el agua brotada también del Costado de su Hijo…, algo tan reciente, tras un hecho tan doloroso para el corazón de una Madre…

Pero aquel agua se hizo un vino tan sabroso y de tan alta gradación, que levantó extrañezas en los entendidos. Tenía un efecto muy especial, no emborrachaba pero allá en sus efluvios de aroma peculiar, creaba adicción…, embriagaba en otro sentido…: apegaba, se hacía un licor que engendraba virginidad, fortalecía mártires, alentaba fe en muchos, y llegaba –en su momento- a convertirse en Sangre salvadora, cuando el Sacerdote pronunciaba sobre ese vino las palabras mismas que Jesús puso en su boca el día que –con el poder del Padre- les dio a sus sacerdotes la potestad de REVIVIR aquella Cena, y TRAER de nuevo a Cristo a la Tierra en la forma real del Sacramento máximo… Y otra vez se va el sentimiento de la madre hacia aquel boquete del Costado abierto, donde Ella pudo recoger con su propio manto una parte de la Sangre que brotó de aquella nueva ROCA…, en realidad tan blanda y generosa como el propio Corazón del Hijo. Cierto que ya muerto, y sin embargo haciéndose allí fuente permanente de vida.

La soledad de María iba dejando salir destellos de luz. Una fuente que mana siempre, es una fuente viva. Una soledad que revive ilusiones, no es soledad dolorosa. Una Madre que sabe que aquel Hijo que ha dejado sepultado, anunció múltiples veces el MISTERIO DE LA VIDA al tercer día, es una soledad y un luto muy especiales. San Bernardo lo dice muy claro: Dolor de María, como mayor dolor, porque era Madre a la que le habían matado su Hijo. Luz en el horizonte porque era creyente, y esperaba.

La Iglesia vive hoy ese doble sentir. No tiene Eucaristía. Pero está mirando a la medianoche, preparándose de antemano en vela o vigilia, porque una aurora se presiente, y la Iglesia encenderá un fuego en medio de la noche para traer a su calor a los caminantes que aún van en tinieblas y en sombras de muerte… La Iglesia vive ya expectante.

viernes, 6 de abril de 2012

MUY VIERNES SANTO

Muy Viernes Santo. Para Jesús ha amanecido un día al que no le verá ponerse el sol, porque se apagará mucho antes en su mismo personal horizonte. Ha visto la madrugada… El “juicio” religioso, tan amañado de antemano, y muy tempranero para pronto llegar al final deseado por los criminales deseos de Sumo Sacerdote y el Senado del Pueblo. Las 6 de la mañana, muy probablemente. Intentos den “dar forma legal”: testigos (eso sí: falsos, sin estar acordes), y Caifás en provocador para acabar pronto con el asunto. “Reo de muerte” para las 6’30 o poco más, y mensajeros a Pilato para que reciba aquella causa urgente, y fuera del Pretorio, para ellos, los santones, no contaminarse pisando suelo pagano. El corazón sucio no les contaminaba para comer ellos “su pascua”. Antes de las 7 está Jesús maniatado ante Pilato. Y Pilato se ve todavía entero y pide la razón de la condena. ¡Una ofensa para los Senadores!, que si no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos traído. Tira y afloja, acusación de “”hacerse rey”, e interrogatorio directo de Pilato que saca la conclusión de que o aquellos están llenos de odios y envidias, o que Jesús es un iluso loco que sueña en un reino que no es de este mundo y con “la verdad”. ¿Y qué es verdad para un escéptico romano? Evidentemente no hay causa de muerte. Y el tiempo avanza…

“Es que altera al pueblo, empezando por Galilea”. Y ahí se agarra Pilato para quitarse el engorro. Remite a Herodes, entre el disgusto de los jefes judíos. Muy temprano es para un hombre de tanta molicie. Le llega la embajada que le anuncia. Y mientras se dispone –por cierto muy contento- y mientras levanta de sus lechos a la corte, a la que quiere presente en el juego, se echan encima las 8 u 8’15. Para Herodes es una fiesta que ofrece a sus cortesanos; una diversión con el hombre de los milagros. En los judíos impaciencia no contenida. Cuando entran con el preso en el Salón del Trono y con la corte situada en aprisco, Herodes ni se interesa por la causa. Le interesa divertirse, cumpliendo su sueño de conocer a Jesús, y dispuesto a soltarlo al precio de unos milagros hechos allí en su presencia. En Jesús, silencio total; ojos clavados en el suelo. Dolor en su alma por estar ante aquel engendro de vicios. Los sacerdotes acusando sin parar. La corte con sorna porque el “jefe” no sale con su intento. Y Herodes que cambia una fiesta por otra –al fin y al cabo se trataba de divertirse, y manda traer una túnica brillante de burla y así, mofándose de aquel tonto que no ha sabido sacar su libertad de forma tan barata, lo reenvía a Pilato. Podría ser las 8’45. Un regreso con las gentes ya levantadas y viendo pasar la comitiva, entre juicios de muchas clases, y la b burla del árbol caído, que es lo más fácil.

A las 9 se encuentra Pilato con lo que pretendió evitarse. Sólo ha conseguido la vuelta a la amistad con Herodes. Pero la patata caliente le vuelve a sus manos. Y mientras declara la no culpabilidad del acusado –ratificada por Herodes-, irrumpen en la plaza –en ritual anual- el grupo de gente bullanguera que viene a pedir la liberación de un preso, por ser la víspera de la “pascua”. Pilato juega la baza de proponerles dos personajes tan contrarios como Jesús (sin causa pendiente) y Barrabás (un sedicioso), seguro de su victoria sin mojarse las manos.

No contó con la serpiente reptante del mundo judío, de los sacerdotes que odiaban a Jesús y que tenían ascendencia sobre el pueblo y que envenenaron a los jóvenes festivos, y cundo Pilato sale a ver el veredicto, se lleva el disgusto y la sorpresa de que Barrabás es indultado y para Jesús se pide la cruz. No se lo explica. Forcejea, pero reculando siempre. Y la pendiente hacia abajo ya no tendrá vuelta atrás. El recurso absurdo al “castigo” no hace sino prolongar los sufrimientos de Jesús. Las 9’45…

Cuánto duró el castigo, debió ser mucho tiempo, incluyendo el proceso de la flagelación y luego la coronación burlesca de lo soldados. Nos hemos metido muy fácilmente en las 10’30. En el nuevo tira y afloja de presentar al pueblo al pobre hombre, y todo ese juego trágico de Pilato, que no quiere y recurre a un ridículo intento de “picarles el amor propio”, de la esposa que le manda recado de que no se implique en ese asunto, del pueblo exaltado cada vez más… Y las 11 en que pronuncia, aburrido de ver que no adelanta nada, la terrible sentencia: IRÁS A LA CRUZ.

Toca sacar precipitadamente a dos malhechores de la prisión, a preparar todo el cortejo para emprender la marcha al Calvario que, aunque cerca, va a hacerse muy lento por el agotamiento de Jesús, la búsqueda del hombre que va a tener que llevar el madero (porque Jesús no puede), y el trayecto que se podía hacer en poco tiempo, se retrasa necesariamente, por mucho que la soldadesca pretendiera meter ritmo a aquella lúgubre procesión y vía crucis. El hecho es que son casi las 12 cuando están ya clavando las manos de Jesús al madero, entre las convulsiones de su cuerpo entero, y las 12 cuando izan el cuerpo y fijan el madero al mástil vertical.

El resto, quedaría resumido y reducido a las siete palabras de Jesús, mientras una masa de hienas vociferantes y blasfemas se mofan de Jesús y le retan a bajar de la cruz…

Las 3 -la hora nona- será el momento de expirar, una vez depositada su alma en las manos del Padre.

Aún han de soportar sus deudos la profanación del cadáver, cuando aquel soldado tiene la ocurrencia de coger su lanza con la mano izquierda (costumbre normal en posición de combate, en que embrazan el escudo con la derecha), y asesta el golpe certero que atraviesa de izquierda a derecha y abre el Corazón de Cristo.

Puerta abierta para nosotros. Fuente de AGUA VIVA de nuestro Bautismo de identificación con Jesús, y SANGRE DE EUCARISTIA para acercarnos allí mismo y comulgar EN EL COSTADO ABIERTO del Salvador.

Soledad de MARÍA. Providencial llegada de dos amigos que estaban ocultos pero que ahora se siente fuertes; DESCENDIMIENTO de la cruz y SEPULTURA allí cercana. Y precipitada, porque se echan encima las 6 de la tarde, en que comienza el gran día –aunque ya vacío de contenido- de los judíos.

REDENCIÓN CONSUMADA, aunque pendiente de ese “después”…

jueves, 5 de abril de 2012

JUEVES SANTO

JUEVES SANTO
Hoy no es tema de Pasión de Jesús expresamente. Hoy es, nada menos que JUEVES SANTO. Y aunque sea el momento de salida de la Pasión cruenta de Jesús, me voy a quedar en mis pensamientos con esa cara especial de este día, que es el invento de Jesús para quedarse siempre con nosotros: LA EUCARISTÍA.
Momento vivamente deseado por Jesús, sabiendo también que ya no volverá a celebrar una Pascua con sus discípulos. Momento en el que habiendo amado siempre, hoy le revienta el Corazón en amor. Momento de ternuras extremosas y de golpes también extremos en su alma. Unas horas que –dirían los corredores ciclistas- es una “etapa rompepiernas”: subidas y bajadas que, antes de reponerte de una situación, encuentras la otra: los anuncios de traición o de negaciones, Jesús a los pies de sus apóstoles, Cena solemne (“comer la Pascua”), presagios de pastor herido y ovejas dispersas, mientras Judas consuma su mala acción, Y Jesús siente sobre sí la doble “glorificación” de paz…, de quedar ya entre amigos…, de muerte segura…, de Gloria del Padre por la fidelidad y la obediencia…, pero ¿a costa de qué?.
Y LA EUCARISTÍA, el inmenso acto de amor de dar a comer su Cuerpo y dar a beber su Sangre para que podamos tener vida eterna. Anuncio del hecho sangrante y terrible de ese Cuerpo que va a morir dentro de unas horas, y esa Sangre que va a ir quedando por el camino.
Pero en los siglos, quedará LA PRESENCIA, el tesoro de REVIVIR aquel momento CUANTAS VECES LO HICIÉREIS.
Eucaristía que tenemos ahí día tras día, siglo tras siglo…, “multiplicada” en mil partes del mundo, en la intimidad y en la cercanía de cada Celebración a la que acude fielmente Jesús, para estarse con nosotros, ayer, hoy y siempre. Permanente. Sin fallar.  Sin resentirse. Unas veces amado, adorado, ablandando sentimientos y provocando amor sin medida…, y otras veces profanado, maltratado, indignamente recibido. Pero Jesús, sin faltar a la cita. Jesús convierte ya cada día en Jueves Santo, rodeado de sus Once fieles, o en una catedral abarrotada, o en un pueblecito con dos ancianos…, y uno de ellos –quizá- el propio sacerdote. Pero allí acude Jesús, cada vez que el sacerdote pronuncia las PALABRAS DE LA CONSAGRACIÓN.
Y ya estamos ante el otro inmenso misterio de amor: EL SACERDOCIO. Que Jesús hiciera aquel día aquel prodigio de darse en el pan y el vino de aquella mesa pascual, ya es grande. Pero que al mismo tiempo creara el modo de seguir perpetuando también ese milagro indecible, es OTRO MILAGRO que hace temblar. Jesús tuvo el poder recibido del Padre para –en aquel momento- decirle a sus Once: Cuantas veces hagáis esto, revivís mi muerte hasta que Yo vuelva. Palabras eficaces que transformaban al hombre en OTRO CRISTO, otro poder de HACER EL MILAGRO de que una criatura débil, indigna, un nadie…, tuviera en sus manos y en su boca el poder de Cristo. Que una pobre criatura hiciera que Jesús obedeciera a su palabra, cundo él pronunciara sobre el pan y el vino las mismas palabras consecratorias de Jesús.
Es para sentir temblor. Para caer de rodillas en admiración amorosa. Verdaderamente EL SACERDOCIO es un milagro que rebasa cualquier pensamiento. Es un don supremo de Dios sobre aquellos a los que llama.
Podría preguntarse si hoy es la mano de Dios más cicatera en suscitar vocaciones al Sacerdocio…, de extender a más hombres sus poderes divinos… Evidentemente NO. Dios no cambia. Y la prueba es cómo proliferan esas vocaciones en otras latitudes. Lo cicatero está en el hombre y en el mundo hedonista de hoy. En la necedad de haber querido hacerse dueños de sí mismos y de “su felicidad”, y haber secado la fuente en sus orígenes. Pero podemos estar bien seguros que Dios está detrás de esas compuertas, ilusionado en invadir nuestras acequias de AGUA VIVA a la menor señal de las familias, las sociedades, los educadores auténticos, que abran el cerrojo de sus mortales egoísmos. Y Dios desbordará, como es lo propio de su infinita infinitud.
LA LITURGIA DE ESTE DÍA
La 1ª lectura sitúa el origen de la pascua judía. Allá en los albores del pueblo hebreo, en su esclavitud de Egipto. Ha llegado el momento en que Dios decido liberar al pueblo que Él se ha escogido para ser germen de liberación universal. La opresión de Egipto, con todo su simbolismo de pecado opresor personificado, ha llegado a su colmo, y Dios saldrá en defensa de ese pueblo suyo oprimido. La libertad va a suponer un éxodo, una salida, una etapa de camino largo. Y apremiante el momento. Por eso el pueblo se va a concentrar en una celebración festiva y dolorosa: todas las familias van a tomar un cordero o cabrito sin defecto, y van a hacer una última comida en Egipto, con una densa significación religiosa y pascual (=de salida, de paso desde la esclavitud a la libertad; de la muerte a la vida). La sangre del animal servirá de señal sobre los dinteles de las puertas, como señal de seguridad para quienes son miembros del pueblo elegido. Ese día es tan importante que va a marcar el primer mes del año judío. Y se lo comerán como quien está a punto de salir de viaje: de pie, calzados, vestidos y ceñidos. Y será fiesta por siempre, en honor del Señor.
San Pablo nos da el salto de siglos en la 2ª lectura. Aquella pascua era sólo un símbolo de la gran liberación. Aquella sangre, una señal. Pero Cristo lleva a plenitud lo simbólico al hacerse Él a sí mismo el verdadero Cordero que quita la esclavitud del pecado del mundo. Y la noche de Pascua, la Pascua nueva y ya eterna, Jesús ofrece su Cuerpo y lo da en signo de pan partido y repartido: MI CUERPO QUE SE ENTREGA. y “entrega” es a la muerte. Y LUEGO SEÑALA LA VIDA DEL CRISTIANO CON SU PROPIA Sangre: MI SANGRE QUE SE DERRAMA, por toda la humanidad, para la liberación de la más profunda esclavitud: el pecado de todos. Y esa copa con la Sangre salvadora, de eterna ALIANZA, irá también pasando de uno a otro de aquellos Once que están con Jesús a la mesa, en su Cena de despedida. Pero con algo muy singular: que no es un acto aislado ni que queda encerrado en aquel Cenáculo. Los Once, y cuanto ellos vayan designado…, y así a través de los siglos, CUANTAS VECES LO HAGAN, SERÁ VIVIR DE NUEVO AQUEL INSTANTE.
San Juan, en el Evangelio dice: Todo eso es un hecho y es verdad. Pero todo eso no tiene más remedio que tener una permanencia viva EN EL AMOR DE CRISTO QUE SE HA DE PERPETUAR POR CADA CRISTIANO, como distintivo de ser su discípulo. Porque para Juan Eucaristía es ponerse a los pies de los demás, tal como Él ha hecho. Y la Eucaristía se vaciará de contenido cuando el cristiano esté reñido con el amor a sus semejantes, amigos y enemigos.
JESÚS SACRAMENTADO quedará en solmene Exposición para la adoración de los fieles, hasta el día siguiente. De una parte, asimilando el gran mensaje múltiple de PRESENCIA y de EJERCICIO DEL AMOR. De otra parte, comienza la Pasión cruenta de Jesús, donde realmente su Cuerpo va quedar deshecho y su Sangre derramada… Quedan terribles horas de sufrimiento (y verdadero amor). El creyente necesita apegarse al Cristo Eucaristía, Cristo del dolor en su Pasión, y acompañarlo en la Presencia real del Sacramento.