viernes, 13 de abril de 2012

Camino de la Luz, 4

4º.- PEDRO Y “EL OTRO DISCÍPULO” [Jn 20, 2-11]

NOTA PREVIA. Yo no soy un especialista bíblico. No soy “Doctor” en Sagrada Escritura. No soy un científico ni un “estudioso” de libros. Si de algo puedo presumir –como esa expresión de San Pablo- es ser (lo diré quizás con petulancia), hombre de oración. En mi vida ha sido el todo de mi “ciencia”. Y por lo mismo, ávido discípulo de quien me ha trasmitido amor a la Sagrada Escritura y me ha abierto portillos de reflexión, profundización y riqueza en el desarrollo de la materia de OARACIÓN. Y –eso sí, vaya en honor de ellos, mis maestros de oración- puedo permitirme VIVIR Y VOLAR por las páginas del Evangelio, “reflictiendo” –palabra típicamente ignaciana, y de mucho más contenido que “reflexionando”-, y sacando provecho.

Siempre estuve en el grupo general que lee “JUAN” donde no se escriben sino expresiones amplísimas de “discípulo amado”, “al que quería el Señor”, “el que recostó su cabeza en el pecho de Jesús”. Y uno de mis Maestros de oración me dio una meditación, mientras yo realizaba la gran experiencia del MES DE EJERCICIOS, a 5 horas completas diarias de oración, que se titulaba: El discípulo anónimo. Y ahí fue desmenuzando la materia de tal forma que, tras las expresiones evangélicas, siempre aparecía una realidad “anónima” pero concreta y real: YO MISMO…, cualquier cristiano que puede perfectamente sentirse “el otro”, el “amado”, “el que ha llegado a sentir los pálpitos del Corazón de Jesucristo”. Por lo demás, yo no siento cátedra ni hablo “ex cátedra”. Repito que simplemente intento ser hombre de oración, ahí donde el Espíritu sopla donde quiere y va donde quiere, y nadie sabe ni de dónde viene ni adónde va; sólo quien ha nacido del Espíritu”.

María Magdalena llegó al lugar donde estaban reunidos y encerrados todos, por su miedo a los judíos. Dio su tremendo recado sobre el imaginado robo del cadáver de Jesús. Pedro (no perdamos de vista la época en que ya está escrito este evangelio) es el que tiene que subir porque es el que siente la responsabilidad primordial. “El otro discípulo” (no perdamos de vista tampoco aquí en qué año está escrito este evangelio), sube con Pedro. Y sube más aprisa, aunque con el respeto a Pedro, sólo se asoma al sepulcro y ve. Pero no entra. Le deja la primacía a Pedro, que es el que entra sin más. Luego, el “otro”. Y allí “estamos” mirando. Los lienzos, el sudario… ¿Iban a desnudar el cadáver para robarlo? ¿Iban a dejar plegados los lienzos, como se pliega la piel que muda una serpiente, mientras el animal se marcha con su nueva piel?

Pedro está absorto. Pero “el otro discípulo” ve que se le empieza a encender una luz… ¡Lo había dicho antes el Señor! Había advertido siempre –cuando hablaba de su muerte, y en toda ocasión- que resucitaría al tercer día. Y están ya en el “tercer día”. Se alegran sus entrañas… Ve lo mismo que Pedro, pero VE MÁS ALLÁ, y CREE. Pedro advierte aquella mudanza en el rostro y en el profundo suspiro de paz de aquel discípulo. Y aunque Pedro sólo VE lo que ve, se queda, cuando menos, preguntándose qué ha ocurrido.

Bajaron en silencio. Pedro iba con los ojos clavados en el suelo… Intuía algo de lo que pudo experimentar aquel “otro”… El “otro”, aunque respetando mucho el silencio de Pedro, va cara al viento, como quien bebe el aire fresco y renovador de aquella mañana, que ahora es mucho más luminosa…

La llegada al Cenáculo –tan esperada por los demás- no descubre expresamente datos especiales: el sepulcro está vacío (como han dicho las mujeres). El cuerpo de Jesús no está allí.

La diferencia es que “aquel otro discípulo amado del Señor”, gran testigo de cómo es el Corazón de Cristo, tiene un semblante muy distinto. A él le ha pasado algo, observan los demás. Él respira paz y sentido de consuelo en su alma. Pedro no habla. Ahora Pedro eso sí está más relajado aunque tenga su preocupación personal, sus ansias, su deseo. Pero un aura de sosiego ha entrado en el Cenáculo… Empiezan a sentirse los efectos de la Resurrección, aunque aún nadie ha visto a Jesús.

LITURGIA DEL DÍA

Comienza la persecución, por el momento solapada. Dado que Pedro está rodeado de gentes por aquella curación del lisiado, los sacerdotes y comisarios del Templo vienen por Pedro y Juan y los arrestan, porque es tarde y ya no pueden hacerles juicio. A la mañana siguiente les preguntan con qué poder y en nombre de quién han hecho eso. Pedro responde que no se explica por qué tienen que dar cuenta de un bien que han hecho sin faltarle a nadie. Pero si quieren saberlo… Pedro retomó el kerigma, les dijo expresamente que ellos fueron los que crucificaron a Jesús, pero que Jesucristo Nazareno es el Nombre y el poder con el que han hecho la curación,, y no hay otro poder bajo el Cielo en que pueda alguien salvarse, si no es en el de Jesús.

Me quedaría en el Evangelio con una substancia muy especial: ha habido muchos detalles, más o menos curiosos de los que caben en tantas horas y fracasos de pesca en una pequeña barquilla… Y sin embargo ha habido un clima insospechable en la unión entre ellos, cuando Jesús vivía. Y eso lleva al “discípulo amado” a descubrir en ese conjunto de hechos que “el muchacho de la orilla”, ES EL SEÑOR. Yo diría que es la más grande lección para la vida. Y eso que quienquiera que piense sin prejuicios el penúltimo párrafo de esta lectura, podría plantearse mucha más enjundia de la narración de la pude saltar a primera vista.

jueves, 12 de abril de 2012

Camino de Luz, 3

3ª.- LAS MUJERES EN EL SEPULCRO

Cuando sepultaron a Jesús no hubo tiempo de hacer los honores fúnebres a su cadáver, en una cultura donde el enterramiento va rodeado de perfumes y una preparación muy delicada del muerto. Dos mujeres, al menos, de las que acompañaban a Jesús, lo han visto y –la verdad- les ha quedado muy mal sabor. Pero ni allí tenían aromas ni había tiempo. Hubieron de conformarse con la mezcla que llevó José de Arimatea, más esparcida sobre el cuerpo de Jesús que debidamente embalsamado. Y así tuvieron que bajarse a toda prisa, para estar en sus casas antes de las 6 de la tarde.

María Magdalena y la de Cleofás se pusieron juntas en aquella triste bajada desde el Gólgota y comentaron que ellas tenían que subir en cuanto apuntara el primer día de la semana, una vez acabado el gran Sábado. Y es posible que antes de irse a sus casas, ya se proveyeron de los ungüentos necesarios.

Muy de mañana, todavía a obscuras de se primer día, se reunían con otra María (que aparece en los diversos relatos) y emprendían la subida al sepulcro. De seguro no sabrían que el sepulcro estaba custodiado por soldados enviados por Pilato a instancias de los sacerdotes.

La única duda –que ni siquiera preocupación- era quién les ayudaría a remover la pesadísima piedra redonda que cerraba el sepulcro. Pero como si aquello no fuera más que un trámite (y la verdad es que ¿quién podría haber a aquellas horas por aquellos parajes? Subían codo con codo por el mismo miedo de la obscuridad que todavía había, aunque empezara a despuntar una ráfaga de la aurora. Y enfilaron finalmente el sepulcro, y –de lejos- observan con estupor que la losa está quitada.

María Magdalena no se lo piensa. Se hace “su película”, deja en el suelo su hatillo con lo que llevaba, y grita: Se han llevado al Señor… Aumentó el miedo de las otras mujeres. Y María se lanza a correr cuesta abajo, camino del Cenáculo, adonde llega jadeante y llorosa, sin poder hablar, aporreando la puerta para que le abran a aquellas horas. También dentro sienten pánico temiendo lo peor de una persecución. María grita: ¡Abridme! Y sin poder hacerse entender por su nerviosismo y falta de oxígeno tras su carrera, puede dar –por fin- su terrible recado Se han llevado el cuerpo del Señor y no sabemos dónde lo han puesto.

Si dejamos ahora ese lugar y nos vamos al sepulcro, lo primero que extraña es que lo soldados guardianes no están. También ellos han sufrido un ataque de pánico cuando en medio de la noche se ha rodado sola la gran piedra, y se han quedado como petrificados. Y luego, de inmediato, a huir. A dar cuenta a los sacerdotes. Y los sacerdotes le dan una gran cantidad de dinero para que guarden silencio. Ya que no puedan negar los hechos aquellos jefes, al menos que no se diga nada. Que callando es como si nada hubiera ocurrido. “Que si llega a oídos del Presidente”, decís que mientras dormíais, se lo llevaron sus discípulos. Muy curioso: unos vigilantes, dormidos. Y unos dormidos que testifican que fueron los discípulos quienes se llevaron el cadáver.

Si nos acercamos a las mujeres, van aterradas pero haciendo de tripas corazón, y se atreven hasta llegar al sepulcro, y se asoman. Para un evangelista, dentro hay ángeles; para otro, hay un joven vestido de blanco. Poco varía la cosa. El mensaje ya lo sabemos, y es el nuclear: Ved que no está aquí, porque HA RESUCITADO. Id a anunciarlo a sus discípulos. No era plato de gusto para unas mujeres que, por ser mujeres no eran testigos válidos de nada…, y porque poco confiaban que les fueran a creer. [Por supuesto no ven a Jesús, como compendiaba Mateo en su narración incluyendo momentos posteriores que aún no han sucedido (si seguimos el relato en su complejidad, y escuchamos más tarde a los discípulos que huyen a Emaús, que declaran que unas mujeres les han soliviantado diciendo que hasta visiones de ángeles han visto…, pero a Él no).

Nuevamente se dividen las narraciones evangélicas: unos dicen que fueron a los apóstoles; otro que no se atrevieron. De todas formas, ni que fueran, las creyeron.

¿Y no os preguntáis cómo aquellas mujeres no se encuentran en su descenso con los dos discípulos que ya van de camino, ante el terrible anuncio de María Magdalena? [Y sólo había una vía, la vía dolorosa]. Sería mucho preguntar a estos relatos y a la finalidad de sus relatores.

LITURGIA DEL DÍA

La curación del lisiado da nuevos vuelos a Pedro para proclamar la RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO, que se hace cada vez más patente entre aquellos oyentes y testigos de hechos tan peculiares. Quiere decir que lo que toca ahora es arrepentirse y convertirse para recibir el consuelo del Señor.

En el Evangelio, con la llegada emocionada de los huidos que regresan convertidos, tenemos un relato que es el mismo de Juan 20, pero con diferencias esenciales. Aquí el miedo, la sorpresa, la facilidad de imaginar fantasmas, se dan en un grupo donde están otros discípulos además de los apóstoles. Y entonces se desenvuelve por caminos muy diversos. Jesús, con su cuerpo resucitado come… ¿…?, para hacerse “real” y que no vean fantasmas… Y les abre el entendimiento para comprender las Escrituras…, ¡pero advirtiendo muy mucho que aún no saben nada, porque para saber (con sabiduría cristiana), necesitan esperar la fuerza de lo Alto. [Aparecerá si se sigue leyendo unos renglones más debajo de donde queda cortada la lectura de hoy].

miércoles, 11 de abril de 2012

Santos, Santa Margarita María


fragmento de la CARTA ENCÍCLICA
HAURIETIS AQUAS
DE SU SANTIDAD
PÍO XII
SOBRE EL CULTO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
AÑO 1956


Santos, Santa Margarita María
26. Si queremos indicar siquiera las etapas gloriosas recorridas por este culto en la historia de la piedad cristiana, precisa, ante todo, recordar los nombres de algunos de aquellos que bien se pueden considerar como los precursores de esta devoción que, en forma privada, pero de modo gradual, cada vez más vasto, se fue difundiendo dentro de los Institutos religiosos. Así, por ejemplo, se distinguieron por haber establecido y promovido cada vez más este culto al Corazón Sacratísimo de Jesús: san Buenaventura, san Alberto Magno, santa Gertrudis, santa Catalina de Siena, el beato Enrique Suso, san Pedro Canisio y san Francisco de Sales. San Juan Eudes es el autor del primer oficio litúrgico en honor del Sagrado Corazón de Jesús, cuya fiesta solemne se celebró por primera vez, con el beneplácito de muchos Obispos de Francia, el 20 de octubre de 1672.
Pero entre todos los promotores de esta excelsa devoción merece un puesto especial Santa Margarita María Alacoque, porque su celo, iluminado y ayudado por el de su director espiritual —el beato Claudio de la Colombiere—, consiguió que este culto, ya tan difundido, haya alcanzado el desarrollo que hoy suscita la admiración de los fieles cristianos, y que, por sus características de amor y reparación, se distingue de todas las demás formas de la piedad cristiana [98].
Basta esta rápida evocación de los orígenes y gradual desarrollo del culto del Corazón de Jesús para convencernos plenamente de que su admirable crecimiento se debe principalmente al hecho de haberse comprobado que era en todo conforme con la índole de la religión cristiana, que es la religión del amor.
No puede decirse, por consiguiente, ni que este culto deba su origen a revelaciones privadas, ni cabe pensar que apareció de improviso en la Iglesia; brotó espontáneamente, en almas selectas, de su fe viva y de su piedad ferviente hacia la persona adorable del Redentor y hacia aquellas sus gloriosas heridas, testimonio el más elocuente de su amor inmenso para el espíritu contemplativo de los fieles. Es evidente, por lo tanto, cómo las revelaciones de que fue favorecida santa Margarita María ninguna nueva verdad añadieron a la doctrina católica. Su importancia consiste en que —al mostrar el Señor su Corazón Sacratísimo— de modo extraordinario y singular quiso atraer la consideración de los hombres a la contemplación y a la veneración del amor tan misericordioso de Dios al género humano. De hecho, mediante una manifestación tan excepcional, Jesucristo expresamente y en repetidas veces mostró su Corazón como el símbolo más apto para estimular a los hombres al conocimiento y a la estima de su amor; y al mismo tiempo lo constituyó como señal y prenda de su misericordia y de su gracia para las necesidades espirituales de la Iglesia en los tiempos modernos.

Camino de la Luz, 2

2º.- Jesús aparece a su Madre

San Ignacio de Loyola comienza la vida gloriosa en su libro de los Ejercicios Espirituales [299] con la APARICIÓN de Jesús a su Madre. Y dice: “Esto, aunque no se diga en la Escritura, se da por supuesto al decir que se apareció a tantos otros; porque la Escritura supone que tenemos entendimiento, como está escrito: También vosotros estáis sin entendimiento”.

Es, pues, momento que la persona que sabe lo que es la oración aprovecha con devoción especial de su espíritu. ¿Dónde estaba María? Cuando el día de la Cena dio Jesús las claves a la avanzadilla de discípulos que habían de prepararla, les habló de una sala arriba, lo que significa al menos “un arriba” y un “abajo”. Eso, por lo menos. Y puede pensarse que María está allí, como lo estuvo después en su tiempo de oración, junto a los apóstoles (“se subieron a la habitación superior”). María está, pues, esta madrugada del primer día –como más lógico, a solas, como lo ha estado buena parte del tiempo, desde el regreso del sepulcro. A solas con su dolor profundo; a solas con su sentir de fe abandonada y expectante. Descansa en su lecho tras las horas duras de su soledad, de su luto…

Ya más hacia la madrugada, algo le pone en dormivela de modo que percibe un resplandor inusual en medio de la noche. Como una esperanza que empieza a tomar cuerpo, María se incorpora… Mira a la ventana. Pone atención. Una aurora se atisba en su horizonte, aunque no es aún la hora para el alba. María se echa al suelo. Mira. Algo así como melodía de canto celeste percibe. Y como aquel resplandor que vieron los pastores de Belén y que se transformó en legión del ejército celestial, lo que se hace ahora es una luz diáfana, brillante…, de PRESENCIA. No son ángeles. ¡Es su Hijo que se le viene a los brazos!, que la aprieta contra su pecho…, mientras suena fuera un “Alégrate, Reina del Cielo, porque el que llevaste en tu seno, HA RSSUCITADO!” Y un sonoro eco de ALELIYAS va marcando la noche, los aires…

María se siente en el cielo, acogida por aquellos anchos brazos de Jesús. Los mismos de Nazaret…, pero con marcas de agujeros brillantes en manos y pies… ¿Es su Hijo!, que –como lo dijo tantas veces, HA VENIDO EN PLENITUD DE VIDA Ella no estuvo en la transfiguración, pero ahora brillaba todo con esa luminosidad que transfundía el Cristo triunfante de la muerte. Y las dos mejillas permanecieron unidas un buen rato… Ella no diría nada a los apóstoles, porque bien conocía la repetida advertencia de Jesús –en su vida mortal- de no declararlo Mesías… Cada cual tenía que descubrirlo, a través de las obras de Jesús. Y ahora, con aquellos discípulos hundidos, perdida toda esperanza, desconsolados y hasta algunos que ya estaban dispuestos a huir de Jerusalén, María sabe que debe dejar toda la iniciativa a su Hijo, que sabe –mejor que nadie- los tiempos, las situaciones, las enseñanzas que ha de ir completando.

Por otra parte, al ser María “Tipo de la Iglesia” –como al cabo del tiempo declararon los Padres Conciliares-, esta aparición a María es considerada como APARICIÓN A LA PRIMERA CREYENTE, y por tanto, en Ella, aparición a la Iglesia, a los creyentes.

De ahí que nosotros podamos ver ya a Jesús en la Iglesia, a Jesús triunfante y vencedor, con esa fuerza imponente de la Liturgia Pascual, que se mete por los poros de cada uno. ¡De aquella Comunidad naciente, que experimentaba fehacientemente, que Cristo vivía en ellos, y actuaba en ellos… Ahí está esa descripción de LOS CREYENTES, como testigo de la Resurrección del Señor, con mucha fuerza, que nos describe San Lucas en el libro de los Hechos.

Ahora ya se ha dado el salto desde Caná, en que aún no había entre tú y Yo, como dijo entonces Jesús (porque no había llegado “su hora”). Pero ya HA LLEGADO SU HORA, “Mujer” en Caná; “MUJER” en el encargo de la cruz… YA María queda incorporada a la obra misma de Cristo, el Señor, aunque cada cual en su rango. Pero Ella, la primera de los CREYENTES y prototipo de la Iglesia. La aparición a Ella es también prototipo de la aparición (experiencias de Resurrección) en la Iglesia, en nosotros.

LITURGIA DEL DÍA

Para más abundamiento, a Pedro y Juan le pide el lisiado una limosna a la puerta Hermosa del Templo. Pedro le dice: Míranos. No tengo plata ni oro, pero lo que tengo, te lo doy En el nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar. Pedro, la Iglesia, en nombre de Jesucristo que está presente y vivo allí en ellos, hacen la misma obra de Jesús, de levantar al lisiado de su camastro. Y el hombre da brincos, alabando a Dios, y entrando en el Templo por su pie. ¡Eso es experiencia de Resurrección en la Comunidad primitiva.

Los de Emaús huyen. Esperábamos… Ya no esperan. Todos los datos que tienen, no les sirven. A Jesús no lo ha visto nadie aún. [Ya se ve que Lucas va por otro lado que Juan, que ya había relatado que María Magdalena sí había visto a Jesús]. El “peregrino” va desvelando, abriendo la luz de la esperanza… Y –como en intencionada catequesis eucarística (basta leer la descripción final con idénticas palabras y gestos que la Cena)-, los dos discípulos “descubrieron a Jesús al partir el pan”. Y como por arte de magia, Jesús desaparece. No –simplemente- se va… He ahí la gran diferencia de estos relatos apologéticos.

martes, 10 de abril de 2012

Camino de la Luz 1

EL CAMINO DE LA LUZ
Partimos de lo dicho ayer, que es realidad admitida totalmente por la Iglesia Católica, conocedora de las entrañas de la Revelación y el modo de proceder de cada evangelista. Partimos de una Iglesia VIVA, que no se anquilosa, que sabe que el Espíritu de Dios aletea y enseña, y nos ayuda a progresar. Que tiene aquella autoridad del Maestro, que admiraba a las gentes, frente a las ideas fijas, repetitivas y pobres de los fariseos, que sólo sabían decir lo que estaba dicho. Con esa autoridad recibida del Padre e insuflada por Jesús en sus apóstoles la noche de Resurrección, y abierta a toda la Iglesia de forma patente el día de Pentecostés, la Iglesia nos trasmite un CRISTO VIVO, que sigue viviendo, y que tiene aún tantas facetas por descubrir como la misma infinitud del Hijo de Dios, sentado a la derecha del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero. Y como el Padre me envió, así os envío Yo: ID AL MUNDO ENTERO…
Así, con los datos evangélicos, la experiencia viva de la Resurrección de la primera Comunidad cristiana, encontramos un primer aspecto común:
1º.- EL SEPULCRO VACÍO (Mt 28, 1)
“No busquéis entre los muertos al que está vivo”
Jesús HA RESUCITADO. Por eso se encontraron las mujeres –y nos encontraremos- con el sepulcro vacío en aquella madrugada del primer día de la semana. Por eso “los ángeles” preguntan a la mujeres por qué buscan entre los muertos al que vive.
Acerquémonos al sepulcro. Comprobemos. Sintamos la ALEGRÍA de CRISTO VIVO…, vivo entre nosotros, con una vida que progresa HOY. Y sintamos la alegría de quienes resucitan también ahora, de los que se levantan, de los que están alegres por cualquier causa.
A Jesús hay que buscarlo en los hombres y mujeres de hoy, y servirlo en ellos... Son los que hoy lo necesitan. Y Dios es Dios de vivos. No necesita de perfumes el cadáver de Jesús...Aparte de que no está allí, lo que ahora toca es vivir la VIDA que Él enseñó: amar a los hermanos, dar de comer, o beber o vestir a los hermanos necesitados. Crear vida y esperanza y no destruirla con la negatividad. Es la gran prueba de que Jesús permanece vivo entre nosotros, hasta el fin de los tiempos.
LITURGIA DEL DÍA
El discurso de Pedro -1ª lectura- es el siempre mensaje esencial cristiano (=kerigma): Cristo, al que crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías. Y esas palabras conmueven a los oyentes y preguntan: ¿Qué debemos hacer? - Convertíos y bautizaos en nombre de Jesucristo. Recibiréis el Espíritu Santo, vosotros, vuestros hijos, y todos los llamados.
En el Evangelio, Juan individualiza lo que ayer Mateo pluralizaba: la que realmente ve a Jesús, es María Magdalena, y no en el primer momento, sino tras idas y venidas de ella y de otras y otros. Va a ser la primera testigo y la primera apóstol para los mismos apóstoles. [Si vais a ir siguiendo el “CAMINO DE LA LUZ”], intentaremos “racionalizar” –a lo occidental- lo que pudiera ser “un orden” posible de compaginar…, que –desde luego- ni se les ocurrió a los primeros trasmisores de la fe en la Resurrección]

lunes, 9 de abril de 2012

Lunes de Pascua

LITURGIA DEL DÍA
Pedro demuestra a los judíos algo fundamental: Vosotros tenéis vuestra fe en David. Pues David dijo que no moriría ni caería en la corrupción del sepulcro. Es un hecho –les dice- que David murió y fue enterrado. Luego profetizaba de otro. Ese otro es Cristo, a quienes vuestros jefes mataron. Pero Él ha resucitado. Por tanto la Resurrección de Jesús crucificado y muerto es un hecho, y ha sido visto vivo por nosotros.
San Mateo condensa en un solo relato lo que está en varios relatos de otros evangelistas, uniendo mujeres y Magdalena a las que se aparece Jesús. A su estilo, pluraliza. Y es de mucho valor el resto del relato: los guardas vigilantes del sepulcro se han encontrado -sin saber cómo- que el sepulcro se abre solo y que cuando acuden a ver, ya no hay nadie. El aviso a los sacerdotes se convierte en soborno de ellos para ocultar una evidencia.
Parece como que estamos en los tiempos presentes: todo vale con tal de engañar y trasmitir algo tan demoledor como el silencio alrededor de Jesucristo. Y callando, que no se hable de Él.

GENERALIDADES

EXPERIENCIAS DE RESURRECCIÓN
Los Evangelios de la Vida Gloriosa son otra realidad muy diversa a los de la Pasión. En la Pasión hay descripción pormenorizada de hechos y casi se puede establecer una cronología, unos caminos de idas y venidas.
En la Vida Gloriosa saltamos a un estilo absolutamente distinto. Basta leer lo que cuenta cada evangelista e inmediatamente se ven unas diferencias notorias.
Se trata de que no es una historia, sino una profunda experiencia de los testigos de la Resurrección. Y cada uno la trasmite con un esquema diferente, según lo que pretende comunicar a sus comunidades cristianas.
Nosotros buscamos compaginar unas narraciones con otras para tratar de barruntar “una línea lógica” de aquel “primer día de la semana”, pero conscientes de que estamos procediendo con mentalidad occidental y “material”, en lo que -en realidad- son vivencias de fe, catequesis puntuales, y “hechos” que podrían reducirse a pocas líneas.
El orden cronológico vendría a reconstruirse así:
- las mujeres van al sepulcro
- Magdalena ve quitada la piedra y no sigue adelante; se baja angustiada a dar un recado (imaginado) por ella.
- Van a comprobar Pedro y “Juan”. Jesús. “Juan” vio y creyó.
- En ese entreacto, las mujeres en el sepulcro, tienen visión de ángeles”: “no está aquí; ha resucitado; avisad a los hermanos”.
- Magdalena se vuelve al sepulcro. Nunca se encuentran en el camino unos con otros.
- Los discípulos de Emaús se van. Sólo saben que “las mujeres han tenido visión de ángeles...”; “que dos de los discípulos fueron y comprobaron...”
- Aparición a Magdalena. (1ª aparición de Jesús en persona).
- Pedro se va del Cenáculo. No se sabe nada más, sino la afirmación de que se le ha aparecido Jesús.
- Tomás se va del Cenáculo.
- Por la tarde, Jesús aparece a los Diez.
En Juan, sólo a los apóstoles. Aparición básica.
En Lucas, muy dramatizada
- Llega Tomás y NO CREE en la aparición.
- A los 8 días, Jesús viene expresamente a Tomás.
Si tomamos la descripción más primitiva, la de San Pablo, las apariciones que quedan en la mente de aquella Iglesia son:
- Pedro
- “Los Doce”
- Quinientos hermanos juntos.
- Santiago
- Los apóstoles
- Pablo.
Mateo y Marcos, muy escuetos, muy genéricos, sobre el hecho que les interesa: SEPULCRO VACÍO. Y desembocan más en los efectos de la Resurrección.
Lucas, reduce gran parte a la aparición en el Cenáculo,  hasta la Ascensión [enlace con los “Hechos”];
y la aparición a los de Emaús, que es una catequesis eucarística: conocer al Partir del Pan.
Juan, hace una narración sobre la aparición a María Magdalena,
Y la del Cenáculo, a solas los apóstoles, a los que da el poder.., y el Espíritu Santo.
También a Tomás (con acento en que la base de la fe no es ver; dichosos los que creyeron sin ver).
Y finalmente un capítulo añadido donde volcó enseñanzas fundamentales:
- cambio de actitudes tras la resurrección. [Es el Señor].
- Si me amas, apacienta mis corderos... [amor a Cristo se proyecta en el servicio a la Iglesia].
- Pedro ya no se escandaliza de la cruz, su propia cruz
- El seguimiento de Jesús es un misterio personal.

En ningún momento se narra el hecho mismo de la resurrección..., el momento... Nadie lo vio, ni necesitaba verlo. Bastaba que Jesús lo había dicho..., que las Escrituras lo habían anunciado. Ese es el valor de cada relato, incluido el de Pablo.
Si extrajéramos el jugo, la esencia, de todo esto, llegaríamos a lo que Pablo expone en 1Co 15: que Cristo ha resucitado es elemento fundamental para la fe. Si Cristo no hubiera resucitado, seríamos desgraciados y necios con creer, porque ¿en qué nos fundamentábamos para la fe?
Pero la fe no es ver.
La fe es admitir lo revelado por Dios, porque así lo dijo Dios. Y lo que Dios ha dIcho es más evidente que lo que tocamos.
Y el punto nuclear de esa fe es que Cristo tenía que padecer para entrar en su gloria...; que por muchos padecimientos tenía que pasar el Mesías de Dios...., y así en su nombre se predicará la conversión.

domingo, 8 de abril de 2012

ALELUYA

VIDA GLORIOSA
DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

DOMINGO DE RESURRECCIÓN
Amanece el primer día de la semana, según el calendario judío. COMINZA EL DOMINGO, o DÍA DEL SEÑOR en el calendario cristiano. Comienza la plenitud de la NUEVA ERA, el día que anunció el Señor, y que marca toda una línea divisoria en la historia de los CREYENTES EN CRISTO. Tan divisoria, que sin este día, sería vacía y absurda nuestra fe, y con este día somos las más felices criaturas de toda la historia humana:
JESUCRISTO HA RESUCITADO
Y en su Resurrección, la única completa y verdadera RESURRECCIÓN, todos somos resucitados, abocados a resucitar, a vivir una realidad diferente de vida, en la nos vayamos renovando de día en día, para vivir en justicia y santidad verdaderas.
LA LITURGIA DEL DÍA
El Evangelio de hoy es mucho más de lo que parece a primera vista. San Juan es mucho más largo de lo que parece expresar, y muy intencionadamente ha situado a Pedro y “al otro discípulo” como los primeros visitantes del sepulcro donde fue colocado el cadáver de Jesús, en la noche del Viernes Santo.
La fe en Jesús, el Maestro, se ha quedado tan debilitada que hasta habrá quienes opten por marcharse lejos y no querer saber más, porque esperaban…, pero ya se ha acabado la esperanza. Porque testigo tan presencial como María Magdalena, ha llegado a avisar a los apóstoles que se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. Y con esos alarmante datos, se ponen en movimiento dos representantes fundamentales de todo el nuevo período que comienza: De una parte, Pedro. Así: Simón Pedro, un ser concreto de carne y hueso, que –al mismo tiempo- ha sido constituido PIEDRA y roca inamovible de la Iglesia que Cristo quiere fundar. De la otra parte “el discípulo amado”, que es esa misma realidad, ya en ciernes, de la propia Iglesia.
Suben. Corre más ese otro discípulo, y es el primero en llegar, en asomarse, en ver que los lienzos que envolvieron el cuerpo de Jesús. Pero respetuoso con Pedro, no entra. Lo espera. Pedro llega un poco después. Y directamente entra. Y tras él, el otro discípulo. Se quedan mirando, pensativos. En Simón Pedro, todo es perplejidad. En el otro discípulo, se enciente una luz. Los lienzos no están tirados. (Alguna traducción que dice que estaban en el suelo, en realidad no da el sentido real. La palabra usada por el evangelista es “plegados”; y plegados no es “doblados” como el que dobla una sábana, sino la parte superior que cubrió el cuerpo, caída sobre la parte inferior; o sea: como “extraído” el cadáver sin tocar las sábanas; como esfumado el cuerpo).
Y el discípulo VIO Y CREYÓ. No vio nada que no viera Simón Pedro. Pero su “ver” estuvo iluminado por la Palabra de Jesús, más elocuente que lo que dan los ojos de la cara. Porque VIO a la luz de lo que había dicho tantas veces el Maestro. Y ahí sí que está la fuerza de la fe. “Dichosos los que creen sin haber visto”, que dirá Jesús a Tomás, y que es precisamente la FE DE LA IGLESIA, la del otro discípulo la fe que no ve con un ver palpable, pero ve con un ver de la fe. Precisamente la fe nuestra, la fe de nosotros, dichosos, que creemos sin haber visto…, y sin embargo HEMOS VISTO mucho más allá.
Cuando Pedro, en la primera lectura de hoy, habla a los judíos, da por evidente el ACONTECIMIENTO CRISTIANO [“Acontecimiento es más que “un hecho”. Un “hecho” ocurre y pasa. Un “acontecimiento” ocurre y permanece, perdura. Y ese ACONTECIMIENTO es que lo ocurrido y conocéis es que Jesús pasó por el mundo haciendo el bien, de lo que nosotros somos testigos; que lo mataron en una cruz, pero que Dios lo resucitó al tercer día, y así se mostró a muchos testigos, y Dios lo exaltó como SEÑOR de vivos hy muertos. Y eso es lo que predicamos.
Y San Pablo saca la consecuencia ineludible: nosotros somos el fruto de ese acontecimiento. Y los que HEMOS RESUCITADO CON CRISTO, tenemos que vivir ya con el corazón puesto en el Cielo, en Cristo, en la manera de vivir de Cristo: no reptando en los bienes terrenos sino –viviendo- en este suelo, tener ya la mirada fija en los bienes de arriba, en los valores supremos que nunca se agostan.
La gran celebración de la resurrección de Jesús es LA EUCARISTÍA. En ella revivimos y sentimos actual todo el inmenso acontecimiento cristiano. AUNCIAMOS LA MUERTE DE CRISTO, como semilla de grano que cae en tierra y mure, pero es para eclosionar hacia afuera y CRECER en una vida nueva…, juna espiga que ya no para hasta APROCLAMAR LA RESURRECCIÓN y granar en el mismo Cielo adonde estamos abocados quienes creemos en la RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO, ya vivimos en el momento presente con nuestra renovación en bondad y lealtad en la vida presente.
Desde entonces es inexcusable para quien es ese “otro discípulo”, la IGLESIA como comunidad de los creyentes en Cristo Resucitado, celebrar el DOMINGO como EL DÍA DEL SEÑOR

sábado, 7 de abril de 2012

LUTO EN LA IGLESIA

LA SOLEDAD DE MARÍA

La Iglesia vive su luto peculiar en este SÁBADO SANTO. La expresión máxima de esa orfandad la sensibiliza en lo más llamativo que puede haber en la vida de la Iglesia: Hoy NO SE CELEBRA LA EUCARISTÍA. Hoy es, en verdad, el día del más grande ayuno. Hoy la Iglesia se vuelca en María, y centra en Ella todo su dolor y toda su necesidad de consuelo.

Sí: de una parte es el propio dolor de la Madre. Ella vive en su Corazón la ausencia del Hijo de sus entrañas, que ha quedado allí arriba en el sepulcro. Ella ahora rumia todo lo que ha sufrido Jesús en las últimas horas. Ella, a la prudente distancia, le ha seguido los pasos, y ha podido vivir en sus entretelas del alma, cada dolor, cada tormento, cada expresión del rostro del Hijo… Cada expresión de aquellos que intervinieron en ese trance. Ella ha ido sintiendo entrarle el puñal en su propia alma, hasta clavársele hasta la empuñadura. Ella ha dejado a su Hijo cadáver, puesto en un sepulcro de modo precipitado porque no hubo tiempo ni para los últimos detalles que se dedican a cualquier cadáver.

Acompañar hoy a María me es una obligación filial…, un encargo que he recibido de Jesús, allí al pie de su Cruz. Mi compañía no puede tener palabras, que me resultarían ridículas. Sólo compañía. Sólo estar allí. Sólo acoger si algo me quiere Ella expresar. Y no puedo negar, que mi luto personal necesita también de Ella, y que sé que Ella tomó muy en serio el encargo de Jesús en la Cruz.

El mundo interior de María es un pozo sin fondo. María pasó su vida con mil lagunas que no pudo entender, pero que supo ir guardando en su Corazón. Y si muchas veces rumió tantos y tantos aspectos vividos misteriosamente en su vida, hoy –en ese silencio doloroso de su orfandad- parecen irse regurgitando y aclarando…

Aquellos misterios lejanos desde el momento del anuncio del ángel…, a aquel Belén inexplicable… Aquellos años silenciosos de Nazaret en los que parecía como esfumarse todo sentido especial de su Hijo allí escondido en una vida como cualquiera de la aldea. El extraño gesto del hijo de 12 años, que bien les dio a entender que ese Hijo no les pertenecía…, aunque aquello fuera un fogonazo suelto en medio de tantos años. O aquella despedida costosa cuando su Hijo sintió el impulso que le movía.

CANÁ se le hacía ahora mucho más claro. Ella fue allí alma de una situación muy particular. Hoy María siente el gozo de haber estado allí, porque Dios la tuvo a Ella como intérprete, y allí jugó un variado papel de mujer: observadora, Madre, corazón sensible a la necesidad ajena, sana mano izquierda para que los criados no pusieran resistencias a lo que no entendieran. Y María pudo ver actualizado aquel hecho de Moisés que hace brotar agua de la roca seca… Y un agridulce se le pasa por el sentimiento a María, recordando ahora el agua brotada también del Costado de su Hijo…, algo tan reciente, tras un hecho tan doloroso para el corazón de una Madre…

Pero aquel agua se hizo un vino tan sabroso y de tan alta gradación, que levantó extrañezas en los entendidos. Tenía un efecto muy especial, no emborrachaba pero allá en sus efluvios de aroma peculiar, creaba adicción…, embriagaba en otro sentido…: apegaba, se hacía un licor que engendraba virginidad, fortalecía mártires, alentaba fe en muchos, y llegaba –en su momento- a convertirse en Sangre salvadora, cuando el Sacerdote pronunciaba sobre ese vino las palabras mismas que Jesús puso en su boca el día que –con el poder del Padre- les dio a sus sacerdotes la potestad de REVIVIR aquella Cena, y TRAER de nuevo a Cristo a la Tierra en la forma real del Sacramento máximo… Y otra vez se va el sentimiento de la madre hacia aquel boquete del Costado abierto, donde Ella pudo recoger con su propio manto una parte de la Sangre que brotó de aquella nueva ROCA…, en realidad tan blanda y generosa como el propio Corazón del Hijo. Cierto que ya muerto, y sin embargo haciéndose allí fuente permanente de vida.

La soledad de María iba dejando salir destellos de luz. Una fuente que mana siempre, es una fuente viva. Una soledad que revive ilusiones, no es soledad dolorosa. Una Madre que sabe que aquel Hijo que ha dejado sepultado, anunció múltiples veces el MISTERIO DE LA VIDA al tercer día, es una soledad y un luto muy especiales. San Bernardo lo dice muy claro: Dolor de María, como mayor dolor, porque era Madre a la que le habían matado su Hijo. Luz en el horizonte porque era creyente, y esperaba.

La Iglesia vive hoy ese doble sentir. No tiene Eucaristía. Pero está mirando a la medianoche, preparándose de antemano en vela o vigilia, porque una aurora se presiente, y la Iglesia encenderá un fuego en medio de la noche para traer a su calor a los caminantes que aún van en tinieblas y en sombras de muerte… La Iglesia vive ya expectante.

viernes, 6 de abril de 2012

MUY VIERNES SANTO

Muy Viernes Santo. Para Jesús ha amanecido un día al que no le verá ponerse el sol, porque se apagará mucho antes en su mismo personal horizonte. Ha visto la madrugada… El “juicio” religioso, tan amañado de antemano, y muy tempranero para pronto llegar al final deseado por los criminales deseos de Sumo Sacerdote y el Senado del Pueblo. Las 6 de la mañana, muy probablemente. Intentos den “dar forma legal”: testigos (eso sí: falsos, sin estar acordes), y Caifás en provocador para acabar pronto con el asunto. “Reo de muerte” para las 6’30 o poco más, y mensajeros a Pilato para que reciba aquella causa urgente, y fuera del Pretorio, para ellos, los santones, no contaminarse pisando suelo pagano. El corazón sucio no les contaminaba para comer ellos “su pascua”. Antes de las 7 está Jesús maniatado ante Pilato. Y Pilato se ve todavía entero y pide la razón de la condena. ¡Una ofensa para los Senadores!, que si no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos traído. Tira y afloja, acusación de “”hacerse rey”, e interrogatorio directo de Pilato que saca la conclusión de que o aquellos están llenos de odios y envidias, o que Jesús es un iluso loco que sueña en un reino que no es de este mundo y con “la verdad”. ¿Y qué es verdad para un escéptico romano? Evidentemente no hay causa de muerte. Y el tiempo avanza…

“Es que altera al pueblo, empezando por Galilea”. Y ahí se agarra Pilato para quitarse el engorro. Remite a Herodes, entre el disgusto de los jefes judíos. Muy temprano es para un hombre de tanta molicie. Le llega la embajada que le anuncia. Y mientras se dispone –por cierto muy contento- y mientras levanta de sus lechos a la corte, a la que quiere presente en el juego, se echan encima las 8 u 8’15. Para Herodes es una fiesta que ofrece a sus cortesanos; una diversión con el hombre de los milagros. En los judíos impaciencia no contenida. Cuando entran con el preso en el Salón del Trono y con la corte situada en aprisco, Herodes ni se interesa por la causa. Le interesa divertirse, cumpliendo su sueño de conocer a Jesús, y dispuesto a soltarlo al precio de unos milagros hechos allí en su presencia. En Jesús, silencio total; ojos clavados en el suelo. Dolor en su alma por estar ante aquel engendro de vicios. Los sacerdotes acusando sin parar. La corte con sorna porque el “jefe” no sale con su intento. Y Herodes que cambia una fiesta por otra –al fin y al cabo se trataba de divertirse, y manda traer una túnica brillante de burla y así, mofándose de aquel tonto que no ha sabido sacar su libertad de forma tan barata, lo reenvía a Pilato. Podría ser las 8’45. Un regreso con las gentes ya levantadas y viendo pasar la comitiva, entre juicios de muchas clases, y la b burla del árbol caído, que es lo más fácil.

A las 9 se encuentra Pilato con lo que pretendió evitarse. Sólo ha conseguido la vuelta a la amistad con Herodes. Pero la patata caliente le vuelve a sus manos. Y mientras declara la no culpabilidad del acusado –ratificada por Herodes-, irrumpen en la plaza –en ritual anual- el grupo de gente bullanguera que viene a pedir la liberación de un preso, por ser la víspera de la “pascua”. Pilato juega la baza de proponerles dos personajes tan contrarios como Jesús (sin causa pendiente) y Barrabás (un sedicioso), seguro de su victoria sin mojarse las manos.

No contó con la serpiente reptante del mundo judío, de los sacerdotes que odiaban a Jesús y que tenían ascendencia sobre el pueblo y que envenenaron a los jóvenes festivos, y cundo Pilato sale a ver el veredicto, se lleva el disgusto y la sorpresa de que Barrabás es indultado y para Jesús se pide la cruz. No se lo explica. Forcejea, pero reculando siempre. Y la pendiente hacia abajo ya no tendrá vuelta atrás. El recurso absurdo al “castigo” no hace sino prolongar los sufrimientos de Jesús. Las 9’45…

Cuánto duró el castigo, debió ser mucho tiempo, incluyendo el proceso de la flagelación y luego la coronación burlesca de lo soldados. Nos hemos metido muy fácilmente en las 10’30. En el nuevo tira y afloja de presentar al pueblo al pobre hombre, y todo ese juego trágico de Pilato, que no quiere y recurre a un ridículo intento de “picarles el amor propio”, de la esposa que le manda recado de que no se implique en ese asunto, del pueblo exaltado cada vez más… Y las 11 en que pronuncia, aburrido de ver que no adelanta nada, la terrible sentencia: IRÁS A LA CRUZ.

Toca sacar precipitadamente a dos malhechores de la prisión, a preparar todo el cortejo para emprender la marcha al Calvario que, aunque cerca, va a hacerse muy lento por el agotamiento de Jesús, la búsqueda del hombre que va a tener que llevar el madero (porque Jesús no puede), y el trayecto que se podía hacer en poco tiempo, se retrasa necesariamente, por mucho que la soldadesca pretendiera meter ritmo a aquella lúgubre procesión y vía crucis. El hecho es que son casi las 12 cuando están ya clavando las manos de Jesús al madero, entre las convulsiones de su cuerpo entero, y las 12 cuando izan el cuerpo y fijan el madero al mástil vertical.

El resto, quedaría resumido y reducido a las siete palabras de Jesús, mientras una masa de hienas vociferantes y blasfemas se mofan de Jesús y le retan a bajar de la cruz…

Las 3 -la hora nona- será el momento de expirar, una vez depositada su alma en las manos del Padre.

Aún han de soportar sus deudos la profanación del cadáver, cuando aquel soldado tiene la ocurrencia de coger su lanza con la mano izquierda (costumbre normal en posición de combate, en que embrazan el escudo con la derecha), y asesta el golpe certero que atraviesa de izquierda a derecha y abre el Corazón de Cristo.

Puerta abierta para nosotros. Fuente de AGUA VIVA de nuestro Bautismo de identificación con Jesús, y SANGRE DE EUCARISTIA para acercarnos allí mismo y comulgar EN EL COSTADO ABIERTO del Salvador.

Soledad de MARÍA. Providencial llegada de dos amigos que estaban ocultos pero que ahora se siente fuertes; DESCENDIMIENTO de la cruz y SEPULTURA allí cercana. Y precipitada, porque se echan encima las 6 de la tarde, en que comienza el gran día –aunque ya vacío de contenido- de los judíos.

REDENCIÓN CONSUMADA, aunque pendiente de ese “después”…

jueves, 5 de abril de 2012

JUEVES SANTO

JUEVES SANTO
Hoy no es tema de Pasión de Jesús expresamente. Hoy es, nada menos que JUEVES SANTO. Y aunque sea el momento de salida de la Pasión cruenta de Jesús, me voy a quedar en mis pensamientos con esa cara especial de este día, que es el invento de Jesús para quedarse siempre con nosotros: LA EUCARISTÍA.
Momento vivamente deseado por Jesús, sabiendo también que ya no volverá a celebrar una Pascua con sus discípulos. Momento en el que habiendo amado siempre, hoy le revienta el Corazón en amor. Momento de ternuras extremosas y de golpes también extremos en su alma. Unas horas que –dirían los corredores ciclistas- es una “etapa rompepiernas”: subidas y bajadas que, antes de reponerte de una situación, encuentras la otra: los anuncios de traición o de negaciones, Jesús a los pies de sus apóstoles, Cena solemne (“comer la Pascua”), presagios de pastor herido y ovejas dispersas, mientras Judas consuma su mala acción, Y Jesús siente sobre sí la doble “glorificación” de paz…, de quedar ya entre amigos…, de muerte segura…, de Gloria del Padre por la fidelidad y la obediencia…, pero ¿a costa de qué?.
Y LA EUCARISTÍA, el inmenso acto de amor de dar a comer su Cuerpo y dar a beber su Sangre para que podamos tener vida eterna. Anuncio del hecho sangrante y terrible de ese Cuerpo que va a morir dentro de unas horas, y esa Sangre que va a ir quedando por el camino.
Pero en los siglos, quedará LA PRESENCIA, el tesoro de REVIVIR aquel momento CUANTAS VECES LO HICIÉREIS.
Eucaristía que tenemos ahí día tras día, siglo tras siglo…, “multiplicada” en mil partes del mundo, en la intimidad y en la cercanía de cada Celebración a la que acude fielmente Jesús, para estarse con nosotros, ayer, hoy y siempre. Permanente. Sin fallar.  Sin resentirse. Unas veces amado, adorado, ablandando sentimientos y provocando amor sin medida…, y otras veces profanado, maltratado, indignamente recibido. Pero Jesús, sin faltar a la cita. Jesús convierte ya cada día en Jueves Santo, rodeado de sus Once fieles, o en una catedral abarrotada, o en un pueblecito con dos ancianos…, y uno de ellos –quizá- el propio sacerdote. Pero allí acude Jesús, cada vez que el sacerdote pronuncia las PALABRAS DE LA CONSAGRACIÓN.
Y ya estamos ante el otro inmenso misterio de amor: EL SACERDOCIO. Que Jesús hiciera aquel día aquel prodigio de darse en el pan y el vino de aquella mesa pascual, ya es grande. Pero que al mismo tiempo creara el modo de seguir perpetuando también ese milagro indecible, es OTRO MILAGRO que hace temblar. Jesús tuvo el poder recibido del Padre para –en aquel momento- decirle a sus Once: Cuantas veces hagáis esto, revivís mi muerte hasta que Yo vuelva. Palabras eficaces que transformaban al hombre en OTRO CRISTO, otro poder de HACER EL MILAGRO de que una criatura débil, indigna, un nadie…, tuviera en sus manos y en su boca el poder de Cristo. Que una pobre criatura hiciera que Jesús obedeciera a su palabra, cundo él pronunciara sobre el pan y el vino las mismas palabras consecratorias de Jesús.
Es para sentir temblor. Para caer de rodillas en admiración amorosa. Verdaderamente EL SACERDOCIO es un milagro que rebasa cualquier pensamiento. Es un don supremo de Dios sobre aquellos a los que llama.
Podría preguntarse si hoy es la mano de Dios más cicatera en suscitar vocaciones al Sacerdocio…, de extender a más hombres sus poderes divinos… Evidentemente NO. Dios no cambia. Y la prueba es cómo proliferan esas vocaciones en otras latitudes. Lo cicatero está en el hombre y en el mundo hedonista de hoy. En la necedad de haber querido hacerse dueños de sí mismos y de “su felicidad”, y haber secado la fuente en sus orígenes. Pero podemos estar bien seguros que Dios está detrás de esas compuertas, ilusionado en invadir nuestras acequias de AGUA VIVA a la menor señal de las familias, las sociedades, los educadores auténticos, que abran el cerrojo de sus mortales egoísmos. Y Dios desbordará, como es lo propio de su infinita infinitud.
LA LITURGIA DE ESTE DÍA
La 1ª lectura sitúa el origen de la pascua judía. Allá en los albores del pueblo hebreo, en su esclavitud de Egipto. Ha llegado el momento en que Dios decido liberar al pueblo que Él se ha escogido para ser germen de liberación universal. La opresión de Egipto, con todo su simbolismo de pecado opresor personificado, ha llegado a su colmo, y Dios saldrá en defensa de ese pueblo suyo oprimido. La libertad va a suponer un éxodo, una salida, una etapa de camino largo. Y apremiante el momento. Por eso el pueblo se va a concentrar en una celebración festiva y dolorosa: todas las familias van a tomar un cordero o cabrito sin defecto, y van a hacer una última comida en Egipto, con una densa significación religiosa y pascual (=de salida, de paso desde la esclavitud a la libertad; de la muerte a la vida). La sangre del animal servirá de señal sobre los dinteles de las puertas, como señal de seguridad para quienes son miembros del pueblo elegido. Ese día es tan importante que va a marcar el primer mes del año judío. Y se lo comerán como quien está a punto de salir de viaje: de pie, calzados, vestidos y ceñidos. Y será fiesta por siempre, en honor del Señor.
San Pablo nos da el salto de siglos en la 2ª lectura. Aquella pascua era sólo un símbolo de la gran liberación. Aquella sangre, una señal. Pero Cristo lleva a plenitud lo simbólico al hacerse Él a sí mismo el verdadero Cordero que quita la esclavitud del pecado del mundo. Y la noche de Pascua, la Pascua nueva y ya eterna, Jesús ofrece su Cuerpo y lo da en signo de pan partido y repartido: MI CUERPO QUE SE ENTREGA. y “entrega” es a la muerte. Y LUEGO SEÑALA LA VIDA DEL CRISTIANO CON SU PROPIA Sangre: MI SANGRE QUE SE DERRAMA, por toda la humanidad, para la liberación de la más profunda esclavitud: el pecado de todos. Y esa copa con la Sangre salvadora, de eterna ALIANZA, irá también pasando de uno a otro de aquellos Once que están con Jesús a la mesa, en su Cena de despedida. Pero con algo muy singular: que no es un acto aislado ni que queda encerrado en aquel Cenáculo. Los Once, y cuanto ellos vayan designado…, y así a través de los siglos, CUANTAS VECES LO HAGAN, SERÁ VIVIR DE NUEVO AQUEL INSTANTE.
San Juan, en el Evangelio dice: Todo eso es un hecho y es verdad. Pero todo eso no tiene más remedio que tener una permanencia viva EN EL AMOR DE CRISTO QUE SE HA DE PERPETUAR POR CADA CRISTIANO, como distintivo de ser su discípulo. Porque para Juan Eucaristía es ponerse a los pies de los demás, tal como Él ha hecho. Y la Eucaristía se vaciará de contenido cuando el cristiano esté reñido con el amor a sus semejantes, amigos y enemigos.
JESÚS SACRAMENTADO quedará en solmene Exposición para la adoración de los fieles, hasta el día siguiente. De una parte, asimilando el gran mensaje múltiple de PRESENCIA y de EJERCICIO DEL AMOR. De otra parte, comienza la Pasión cruenta de Jesús, donde realmente su Cuerpo va quedar deshecho y su Sangre derramada… Quedan terribles horas de sufrimiento (y verdadero amor). El creyente necesita apegarse al Cristo Eucaristía, Cristo del dolor en su Pasión, y acompañarlo en la Presencia real del Sacramento.

miércoles, 4 de abril de 2012

A punto...

ORACIÓN ANTE CRISTO CRUCIFICADO

Hoy necesito aislarme de todo lo que hay alrededor de la Cruz. Necesito orar a solas ante el Cristo inerte de la cruz, ya derrumbado. Cuando ya su alma ha volado y está amorosamente abrazada por el Corazón de su Padre, que repite con fruición: Éste es mi Hijo muy amado. Mientras el cuerpo pende sin vida de aquella cruz, ese Espíritu de Jesús también está realizando los primeros efectos de la Redención: ese descenso al lugar de los muertos (que todavía no tienen abiertas las puertas del Paraíso –que por esa carencia aún de la visión de Dios se les llama los infiernos­-), que esperaban ansiosamente este momento de la llegada del Salvador. Allí se presenta ya el destello de una Luz que está a punto de alumbrar. En los corazones de aquellas almas, se está rezando algo así como Alma de Cristo, santifícanos, llévanos ya a tu posesión, a tu santidad.

En el Calvario no hay nada de eso todavía, sino que se despliega el inmenso grito de la naturaleza que se altera en sus cimientos ante la muerte de su Creador. No sé si decir que me espanto con las gentes despavoridas. o que admiro con el Centurión. Me envuelve esa oscuridad que ahora mismo agradezco. Tengo ganas de llorar. Siento un peso que se me va agrandando. Querría llorar ahora, pero no puedo. Por muy a obscuras que haya quedado aquel lugar, me siento con los ojos clavados al Cuerpo muerto de Jesús, y me salta un profundo Cuerpo de Cristo, sálvame. Me sale de las entrañas. Estoy triste. Veo que no lloro por fuera pero que estoy llorando, ¡necesito llorar! No sé si se parezca en algo al llanto pausado de la Madre. Lo que si sé es que ahora mismo la necesito y me apego a Ella, y no voy, desde luego, a consolarla, sino estoy anhelando que Ella me consuele. Ha recibido el encargo de su Hijo, y voy a acogerme a él. Por supuesto que veo que las manos de María están llenas de sangre, aunque ya casi seca. Pero yo necesito que me toque con esas manos, que me abrace con esas manos, porque algo que me está llevando a necesitar como ese Vino sagrado…: Sangre de Cristo, embriágame. No pretendo beberlo para olvidar. Al revés: lo que necesito es sentir ese dolor más intenso que a Jesús le costó tanto. Embriágame, Sangre sagrada. Consuélame Tú, Madre de los afligidos.

Estoy necesitando sentir al contacto con esa Sangre, sentir toda… -¡qué digo!- “algo” de toda esa Pasión inhumana que ha sufrido Jesucristo. Necesito, entrar en los sentimientos del Corazón de aquella Madre, que ha sufrido punto a punto y paso a paso, la inhumanidad contra su Hijo, la incomprensión de aquel mundo que le rodeó a Él. Necesito salir de mi tristeza y que lo que me embargue sea esa Pasión de Cristo. Me arranca del lo hondo del alma una plegaria: Pasión de Cristo, confórtame; es decir: que me empuja hacia arriba con esa fuerza de Él mismo, de sus mismos sentimientos, porque yo no puedo dejarme abatir por una tristeza. Tengo que estar de pie con María, junto a María.

Y aunque Jesús ya no siente ni sufre, aunque su Cuerpo inerte ya se viene adelante por propio peso…, aunque alguien me sugiriera que ya qué voy a decirle, no puedo menos que expresarle con mis lágrimas: Oh buen Jesús, ¡óyeme! Ya no me oyen esos oídos. Pero Tú espíritu revolotea por entre tantos que estamos sufriendo. Claro: me creo que mi pena es la más grande. El que está a los pies de la cama de un deudo muy suyo, ¿cómo está sufriendo? El inmigrante sin acogida y sin medios, ¿qué está sintiendo? La madre maltratada por su esposo o por su hijo o hija, ¿dónde lleva su dolor? El anciano solo, el concebido que es atacado por los forces asesinos, la muchacha que vive hastiada vendiendo su cuerpo, el hombre honrado que ha quedado fuera por no ser de un partido político, el padre de familia que se enloquece porque no tiene pan para llevarle a sus hijos… (y la fila es tan interminable y trágica, que no podría agotarse), ¿cómo estarán viviendo los mismos sentimientos de Cristo Jesús? Y sé que no estoy precisamente yo para llorar, cuando lo mío es una bagatela al lado de tantas realidades. Si algo me puede explicar mi urgencia del alma son las llagas de Jesús. Por eso pido rendidamente, ansiosamente: Dentro de tus llagas, escóndeme, acógeme, apriétame… Ayúdame a sentir que yo también acojo, aprieto, y quiero poder como “esconder” con amor fraternal, a toda esa fila sufriente de criaturas, niños y ancianos, blancos y negros, mujeres y hombre, justos y pecadores, culpables e inocentes… ¡Es que necesito, Señor, salir de mí, que soy tan encerrado en lo mío, y ser capaz de ver la hilera de “tullidos” de alma y cuerpo que se están acercando –quizás sin saberlo- a este Cristo muerto…, como intuyendo todos que ahí está a punto de brotar un manantial de vida.

Por eso, Cristo mío, no permitas que me separe de Ti; del maligno que me acecha –de este mal que me oprime, de este dolor del mundo- defiéndeme (que quiere decir: defiéndelos). Ahora que vivimos aquí en el mundo de los vivos. Y luego, en la hora de mi muerte, llámame. Mándame ir a Ti. Tus brazos ya no pueden abrazarme, pero se han quedado abiertos como en signo de abrazo eterno que dura siempre. Mira a esta humanidad. Mira cada rostro dolorido, exhausto, aunque esos ojos ya no vean… Pero tu Alma vive y despide ya perfume de esperanza.

MIÉRCOLES DE LA SEMANA SANTA

La suerte esta echada. La 1ª lectura pone al “Siervo de Yawhé” como el hombre de lengua de iniciado: el que está adentrado ya en la voluntad de Dios para vivir de acuerdo con sus proyecto, aunque sabiendo muy bien la que se le viene encima: espaldas golpeadas, mejilla abofeteada, barba mesada, rostro escupido y afrentado. Pero sin retirarlo y seguro de no quedar avergonzado, porque su causa la lleva el Señor.

El Evangelio parecería que vuelve atrás respecto a ayer, pero es que San Mateo narra desde otro ángulo la declaración de Jesús sobre Judas el traidor. Es a él mismo a quien Jesús le manifiesta que sabe la felonía que va a cometer. Y no obstante, Jesús no le dice que se vaya, ni Judas se va… Jesús mantiene su confianza en el hombre hasta que el hombre es el que definitivamente revienta dentro de sí mismo. Quizás por eso cuando se hable de la muerte de Judas, se dirá que reventó por medio y se esparcieron sus entrañas.

martes, 3 de abril de 2012

Martes de Semana Santa

PADRE: EN TUS MANOS ENTREGO MI ESPÍRITU

¡Hasta última hora! Siempre abandonado en el Padre, orando, echándose en sus brazos, sintiéndose filialmente acogido, y sintiéndose en el calor del Corazón del Padre. ¿Niega todo esto la realidad de su pasión terrible, su agonía del Huerto sin que pase el cáliz espantoso, o el abandono expresado en las horas difíciles de la Cruz? No niega nada. Reafirma su fe que nunca dudó, que nunca declinó, que siempre estuvo firme aunque no hubiera “facilidades devotas” de la fe. Tuvo LA FE con mayúscula, la que sigue intacta cuando alrededor falla todo y hasta cuando parece que Dios no lo escucha. Porque LA FE, al revés de lo que creen algunos, es más verdadera fe, como tal fe, cuando se vive en la oscuridad.

La FE que está viva en medio de la duda. No sólo que está viva sino que se acendra, que echa raíces, que se adentra mucho más en lo sincero de la fe. Cuando la fe está vivida en el amor, y el amor no depende de estar en triunfo o debajo de la losa. Cuando el amor es amor a fondo perdido, y no porque se reciben prebendas afectivas o compensatorias.

En tus manos pongo mi espíritu es toda una palabra de gozo y confianza. Es que realmente te entrego libremente mi vida. Es que te la doy con el mayor gozo. Es que no doy por fracasado ni perdido un solo instante de mi vida, de mis actos, de mis sufrimientos, de mi obediencia…, de no haber hecho nunca lo que a mi me hubiera parecido, de no abominar haber sido mandado y haber obedecido como el modo más perfecto del amor.

Obediente en Nazaret: sumiso (=sometido) a unos padres que –objetivamente- eran menos que Él. Eso lo decimos nosotros, que vemos ya la película empezando por el final. Obedeció, se sometió, como un niño normal se somete a sus padres, a sus maestros, a sus mayores.

Obedeció en su salida al mundo. Cuando Dios puso en Él el impulso porque era el momento de Dios. Y no hizo nada por su cuenta, sino lo que vio hacer al Padre. Nunca sabremos cómo hubiera hecho Jesús de otra manera, porque a Jesús sólo se le puede entender y conocer por lo que realmente fue, por lo que hizo o por lo no hizo, o cuando lo hizo. No tuvo la sensación de que no debían mandar sobre Él, y que El no aceptara que le mandaran, porque lo que tuvo muy claro es que vino a servir y no a ser servido.

Obedeció y se plegó en el Huerto a aquel cáliz que no quería, que tanto rogó insistentemente que pasara de Él. Y no pasó…, aunque dice la Escritura que fue escuchado por su obediencia. Y nosotros nos quedamos perplejos, preguntándonos: ¿y cómo o cuándo le escuchó Dios? Dándole más vigor en la fe seca y dolorosa de todas aquellas horas que venían detrás y que eran como fantasmas a amenazadores. Tan le escuchó que fue Él, en figura casi espectral (tras su sudor de sangre), el que puso en pe a los apóstoles dormidos, para enfrentarse al traidor y a sus huestes que venían a prenderle.

Obedeció. TODO QUEDÓ CUMPLIDO obedeciendo, dejándose mandar hasta la muerte. Ahora sabe que es Él quien entrega su vida; nadie se la quita. Y Jesús, el que no desclavó sus brazos para bajar de la cruz cuando le retaron desde abajo, ahora desclava sus brazos para adelantarlos en gesto de oblación y holocausto de su vida, siendo Él personalmente quien alarga esos brazo hacia adelante para decirle al Padre: TOMA, en tus manos deposito mi alma. Oblación libre, voluntaria, generosa, final. Ya lo ha hecho todo, y por tanto ya no queda nada más. La obra está perfecta, concluida.

Entonces inclina la cabeza. Y luego expira. No al revés. Porque no fue vencido por la muerte. Venció Él a la muerte y la mantuvo a raya hasta que hubo llegado exactamente el momento de SU HORA.

MARTES DE SEMANA SANTA

Muy expresiva la primera Lectura de que Jesús se supo amado desde el principio, escogido y predilecto. No quitó aquello el momento duro en que se pasa por la cabeza: “En vano me he cansado”, para volver inmediatamente a la convicción de que su salario lo llevaba en las manos su Dios.

Momentos álgidos en la Cena: declaración secreta de que Judas en el traidor. De que su alma era ya llevada por el diablo. Que su corazón y su futuro era negro como la noche. Y gozo liberador por una extraña glorificación, la que es primero “gloria de muerte” en obediencia al Padre, y será plena glorificación para Él y para el Padre, porque la muerte no tendrá dominio sobre Él.

El pobre Pedro, con sus seguridades y su fiarse de sí…, con el pecado de su orgullo de pensarse más y mejor y más valiente que los demás… Y la negra realidad de que es uno como cualquiera, al que Satanás zarandeará como el trigo, y será precisamente quien reniegue del Maestro. ¡Qué malo es creerse más o sobre otros, en vez que fiase de Cristo que le avisa!

lunes, 2 de abril de 2012

María y Judas

TODO CUMPLIDO

Es el grito del triunfo. Bueno: propiamente “grito” no es, porque a Jesús no le sale más que un hilito de voz porque ya no puede apenas tener aire en sus pulmones. Pero me suena a grito inmenso, hondo, profundo, y “grito” de victoria. Sediento como está, con esa sed que es más un vacío, un fracaso de su obra, sin embargo es la gran expresión de victoria.

Ha tenido Jesús tiempo de hacer una pasada por toda su vida, por cada una de sus acciones y palabras conforme a lo recibido de Dios. Ha perdonado todo a todos; ha prometido su Reino al ladrón de última hora. Ha dado a su madre. Ha quedado tan desnudo de alma como de cuerpo, porque ni siquiera experimenta el calor o la aprobación de Dios. Como dije en otro momento, ni los hombres lo quieren, ni Dios lo arropa. Pero sabe El que TODO LO HA HECHO COMO LO TENÍA QUE HACER. Y ahí lo dice.

Es la plena satisfacción de UN HOMBRE CABAL. Es la rendición de cuentas ante Dios, ante quien las cosas son como son. Es el último balance que “comunica” a su Padre, y con esa clarividencia de la muerte encima. Es su gozoso: “Misión cumplida”.

La vida de Jesús fue estar cumpliendo siempre lo que quería el Padre. Todo exactamente como el Padre quiso, todo, siendo Él LA VERDAD sin trampa ni cartón, sin demagogias de los que se creen hacer la voluntad de Dios mientras atropellan principios básicos del amor. El programa de Jesús fue obedecer y su vida, sumisión. UN HOMBR, todo un hombre. Lo que Pilato dijo con sentido tan estúpido, y sin embargo –sin imaginarlo- profético.

UN HOMBRE al que hoy se le consideraría un bobo de pies a cabeza porque se dejó pisar para Él no pisar a nadie. Fuera de la estupidez de muchos que recurren tan fácilmente al inexistente “látigo”, que fue expresión simbólica del simbólico Juan, para traer a la mente de sus lectores una “figura mesiánica” tan antigua como distinta en su origen. [Ya desde niño la usaron conmigo quienes querían presentarme la maldad de “los curas”; no es nada original de quienes hoy la siguen utilizando para sus provechos…, para justificar sus cóleras, tan extremadamente distintas de aquel TODO UN HOMBRE que fue Jesús, el verdadero HIJO DE DIOS]..

Para un moderno, Cristo es el hombre sin personalidad. No fue a atacar, y cuando tuvo que discutir fue porque la verdad de Dios -¡de Dios!- se había puesto en juego. El que tantas veces prefirió “pasar a la otra orilla” antes que buscar camorra.

Un “hombrecillo” que se dejó vencer, ser vituperado, hacer silencio, antes que presentar pecho. Él lo presentó luego mucho más al vivo. Ahí está SU CORAZÓN. Para amar. Nunca para presentar batalla. Se rebeló contra la injusticia cuando tocaba a los demás, pero no para defender la injusticia de su condena, ante una muerte absurda, ante una agonía de horas. Empleó ese tiempo en perdonar, dar y orar.

Un HOMBBRE PASADO DE MODA… Porque hoy hay que sacar la cabeza aunque sea pisando al vecino. Y quien así lo hace es “el valiente”, el “que sabe vivir”, el que “denuncia”, el que pega el puñetazo en la mesa…, el que protesta airadamente y “justificadamente”… Y ese es el que hoy tiene valores añadidos ante la sociedad. Jesús fue el “inútil niño bueno” que antes que disgustar, molestar, herir, tomar partido caiga quien caiga, prefiere ser él mismo quien padece la humillación, la burla, la “media palabra” hiriente y el juicio negativo del violento.

En el Evangelio del convite de Betania, es el que defraudó a Judas, porque Jesús no regañó a María, la hermana de Lázaro, aludiendo Judas, por pura demagogia, la defensa de los pobres. Ya se encarga Juan de desenmascarar, y decir que es que Judas era ladrón. Es verdad que Jesús parece que vino al mundo a recibir las bofetadas (y no van muy lejos los que lo expresen así, porque quieren decir que Jesús no dio ninguna, ni para defenderse).

El TODO CUMPLIDO, y cumplido sin rechistar, con al alma muy limpia y el Corazón en la mano, ese fue el DUEÑO: el que es dueño de sí; el que no está al pairo del primer impulso; el que se le viene instintivo: el que contó 20, 40 y 100, antes de hablar. Y no tuvo que contar ni “uno” cuando se trató de ir a hacer el bien.

TODO CUMPLIDO es la palabra-testamento más feliz que se ha pronunciado en la historia, y de la que participan cuantos están en los umbrales de la muerte y pueden sintetizar así su propia vida: “los hijos de Dios”, con la panorámica resumen de la suma delicadeza, el sumo amor, el sumo sufrimiento, el sumo perdón, la suma grandeza, el sumo equilibrio de todo su ser.

El triunfo de LA OBEDIENCIA A DIOS, por plena responsabilidad. Hoy dirían “los listos”: el hombre “subdesarrollado”, no competitivo. Lo que no entienden ni entenderán nada de lo que es ser verdaderamente feliz, porque TODO LO HE CUMPLIDO.

LUNES DE PASIÓN

Más de lo mismo: “Lengua de INICIADO”: que no clama, no grita, no vocea, no quiebra la caña cascada ni apaga la mecha que aún humea. El que defiende el derecho y el amor auténtico, que será el que gane sobre todo. Y Dios responde que “Yo te he cogido de la mano para que abras los ojos de los ciegos…, liberes a los cautivos y saques de las mazmorras a los que aún están en tinieblas”.

Y ahí está el Evangelio, en el que se decreta la entrega de Jesús porque Judas, el que nunca supo amar, encontró el pretexto en lo que él juzgó humillación suya el que Jesús saliera en defensa de una mujer (¡nada menos que de una mujer…, y frente a él, el “tesorero” ladrón!).

La mujer tuvo el gesto femenino del cariño y agradecimiento. Judas, el del hombre sin corazón, que decidió tirar por la calle de en medio porque no le dieron la razón a él.

domingo, 1 de abril de 2012

Comienza Semana Santa

DOMINGO DE RAMOS

Un proceso litúrgico muy completo. Comienza con la Procesión de Ramos, que evoca a la triunfal entra de Jesús, Hijo de David, en la Ciudad Santa. Nunca quiso Jesús que se le declarara abiertamente Mesías. Ahora deja que se le aclame y proclame como tal. Un gesto de última instancia ante un pueblo que no lo ha reconocido, y unos responsables religiosos de la fe de Israel, que se le han opuesto frontalmente, dificultan la salvación que venía a traerles. Ahora deja rienda suelta a sus discípulos y gentes emocionadas, que crean una gran fiesta de alegría con cánticos, agitar de ramas, mantos tendidos por el suelo, en una explosión de júbilo. Llegará al Templo y allí le saldrán al paso los sacerdotes para que haga callar aquellos cantos t aclamaciones. Jesús profetiza que aunque ellos callen, hablarán las piedras, o los mismos niños de pecho.

De ahí se pasa a la lectura primera en que se expresa el sentir mesiánico que viene a pronunciar una palabra de júbilo al que está abatido. Y es el propio Jesús quien ofrece sus espaldas para recibir los golpes que corresponden a los otros, y las humillaciones y mofas, los salivazos y los insultos, pero muy a sabiendas de no quedar en destrucción vergonzosa. La realidad es que –como expresa la 2ª lectura- Cristo entra en el mundo como un hombre cualquiera. Por decirlo llanamente, se ha dejado a la puerta de este mundo su categoría y potencia de Dios, y se ha abajado hasta la misma debilidad humana, hecho tan igual a todo hombre que es ahora uno de tantos. Así padecerá desde la misma basura humana el sufrimiento de la humanidad, para desde abajo, izarla de nuevo hacia una nueva realidad de salvación. Esa se realiza en la dura Pasión en que los hombres lo destruyen humanamente llevándolo al tormento espantoso, humillante y despersonalizador de la cruz. ¡Obediencia que destruye la desobediencia humana –encarnada en Adán-¡, y por la que Dios le ensalza sobre toda criatura, y le da el Nombre sobre todo nombre, ante el que caigan postrados en el Cielo, en la Tierra y en el abismo..

Jesucristo es ahora exaltado en Gloria, que es precisamente la Gloria de Dios Padre, que le recibe a su derecha y pone al mundo bajo sus pies. Y queda así cerrado el círculo, con una humanidad envuelta ya en la Humanidad de Cristo, y por tanto en vías de victoria y triunfo. Aunque por el camino de la Cruz.

TENGO SED

En ese dolorido rezo de Jesús, que ha experimentado la misteriosa ausencia de Dios, Jesús ha rezado y ha quedado serenamente mirando su vida y su historia. Y encuentra un sentimiento ardiente de sed. Tengo sed es como un resumen de sensaciones de su vida. Vino al mundo para llenar al mundo del manantial de la Gracia, y muere, lanzado por ese mismo mundo hacia “lo alto”. El mundo no lo quiere, Y Dios –desde “lo alto”- tampoco sale al paso.

Ha perdido mucha sangre. Una fiebre altísima por todo el traumatismo de su cuerpo, le ha producido una sed real espantosa. La lengua se le pega al paladar; sus labios son como una tea. Instintivamente susurra ese “Tengo sed”, porque verdaderamente la tiene. Hubo un gesto de humanidad en el soldado que moja una esponja en agua y vinagre – mezcla más refrescante- y se la acercó a los labios, aunque se mofaran los compañeros. Jesús, delicado siempre, agradece el gesto y acerca los labios, pero no bebe. Cierto que le abrasa la sed natural, pero hay otra sed que no mitiga su angustia en esos momentos. El trabajo realizado con aquel pueblo, el amor efectivo con que se acercó a pobres, pecadores, enfermos y a toda clase de necesidad, no ha sido correspondido. Una vida dedicada a dar, y no ha recibido más respuesta que la que ahora mismo tiene delante. Y eso provoca sed ardiente.

TENGO SED es palabra que pronunciamos todos los mortales. Ansiamos mucho más de lo que recibimos. El egoísmo propio y ajeno nos conduce a una espantosa sed. Ni en la familia, ni en la amistad, ni en la forma de comunidad y comunicación en que nos desenvolvemos…, llega a quedar saciada nuestra sed legítima de correspondencia. Otras veces, no tan legítima, cuando es mi propio egoísmo, mi encerramiento en mi pequeño mundo, lo que provoca esta ansiedad.

TENGO SED de sentirme persona y no instrumento. De ser amado sin que pretendan poseerme. De ser yo capaz de amar a fondo perdido. De que el vecino se haga cargo de mi sed y yo de la suya, pero volando los dos con la libertad del pájaro, y no esclavizados a ridículos modos que coartan, que obligan a replegarse para defender un último bastión de sí mismo.

TENGO SED de una fe desprendida, que no “utilice” a Dios, sino que vaya sólo a amar y servir. Que esté convencido de que vine no a ser servido sino a servir, pero no a que cada cual –yendo a lo suyo- no tome en consideración que el amor es reciprocidad y no ordeñar la ubre del bueno, del justo, del que pretende tener un corazón abierto.

TENGO SED de un mundo más humano, más justo, más comprensivo, que tome más en consideración a los necesitados de cualquier tipo, sin demagogias con la palabra “pobres”, sino descubriendo otras terribles pobrezas que no aparecen tanto, y que “socialmente” quedan impermeables al sentir de muchos. Sed ardiente de un mundo sin guerras, sin facciones políticas, ni sociales, ni religiosas, ni regionales, ni partidistas. Sin el negocio trágico de la vida de los no nacidos y de los ancianos “inútiles” (para producir), ni la inconsciencia del sexo bruto y sin contenido de un hedonismo destructor de la persona.

TENGO SED…, me abraso de sed. Vivo así en la propia sed de Jesús, que está casi expirando y el mundo se divierte blasfemamente a su costa.